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Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

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Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 26, 2015 12:58 am

....En los últimos días había descubierto algo preocupante: la guerra de los emergidos no era un asunto que se limitaba simplemente a los reinos. No era, en otras palabras, un combate de humanos contra humanos. Por alguna razón los emergidos también se encontraban invadiendo las cuevas de Kauku y eso significaba que estaba buscando ingresar a Goldoa, y posiblemente a cualquier otro territorio Laguz. ¿Qué estaban buscando con eso? ¿Conquistar esos territorios, liquidar a esa especie? Cada vez le resultaban más misterioso los motivos detrás de ese enemigo surgido sin aviso y sin razón. Pero en los días que siguieron al combate en las cuevas lo que más le preocupó y ocupó su mente fue la idea de que esa especie, en su opinión tan cercana a los propios humanos, se encontrara en problemas, y quizá involucrados en una guerra que en realidad no les pertenecía en lo absoluto.

....Empezó a sentir la imperiosa necesidad de confirmar si las cosas realmente eran así, pero sabía muy bien el ingreso a Goldoa no era un asunto fácil, y que incluso de tener éxito sería peligroso. Además su propia condición física no estaba al máximo desde las numerosas heridas sufridas en la última lucha contra los emergidos. Se produjo una lucha en su mente entre la curiosidad y la preocupación contra la razón y el instinto de supervivencia. Eventualmente terminó ganando, como casi siempre, la pasión y el impulso. Iba a ir, fuera como fuera, así consistiese nada más en echar un vistazo.

....Los días siguientes a su decisión preguntó a compañeros del gremio sobre Goldoa. Él, en particular, sabía poco de aquellas tierras, pero entre los miembros de La Guardia existían algunos rumores, historias y datos. Supo cómo se hablaba de la ferocidad de los dragones con respecto a los invasores, y de cómo existía un lugar en el que las naves solían naufragar, pero que se encontraba bastante próxima a la tierra de esa tribu. Ese último dato en particular captó su atención: ¿existía una forma de llegar a Goldoa por mar? De ser así, ¿cómo se podía llegar?

....Sabía que esa información no podrían dársela sus compañeros, por lo que se trasladó a uno de los pueblos costeros. Brindándole algunas copas a un par de pescadores pudo enterarse en mayor profundidad sobre el estrecho de los náufragos. Se enteró que el propio terreno resultaba sumamente peligroso para los navíos por lo cual corrían el riesgo de encallar. Ellos mismos, por lo visto, llegaron a recibir náufragos que fueron víctimas de tales tragedias. Justamente uno de esos náufragos, aparentemente, se había vuelto habitante de la zona. Le indicaron de quién se trataba y él le buscó. Éste no quiso hablar demasiado al respecto, pero luego de una extensa charla con lisonjas y algunas monedas de oro en la mano logró saber en qué dirección se encontraba la costa de Goldoa. Y así, con ese dato en la cabeza, regresó a donde los dos pescadores, y ahora nuevos amigos, comprándoles uno de sus botes por un precio que resultaba más que suficiente como para comprar uno nuevo y en mejor estado.

....Esa misma noche partió tan pronto como el sol se ocultó en el horizonte. Sus brazos, dotados de más fuerza por el deseo de descubrir qué tan en lo cierto se encontraba sobre si los laguz se encontraban involucrados o no en la guerra, remaron y remaron de manera incansable por las tranquilas aguas. Su mirada no perdía de vista la dirección que debía seguir, salvo unas pocas ocasiones en las que miraba detrás de sí para observar cómo el pueblo se hacía cada vez más pequeño a sus espaldas.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Jue Nov 26, 2015 7:49 am

Su mente estaba demasiado bloqueada, tiempo atrás habría decidido reanudar su viaje y continuar progresando pero el príncipe se encontraba demasiado dividido en esos momentos. No quería tomar una decisión sin haberla meditado detenidamente antes de llevarla a cabo y era bastante consciente que en aquellos momentos si optaba por abandonar Goldoa no sería como anteriormente había supuesto algo positivo y para adquirir nuevos conocimientos y conocer nuevas tierras que le proporcionarían nuevas ideas para solucionar posibles problemas. No. Ahora era distinto, estaba decepcionado consigo mismo y salir de sus tierras significaría que solamente quería alejarse de sus problemas e irse a un lugar lejano para no poder ser culpado de nada... incluso de traición contra su padre. ¿Era aquello en lo que se había convertido después de todo?

Quería pensar que no. Que era más fuerte y que tal y como algunos de los laguz más cercanos al dragón negro habían dicho; era capaz de cambiar cosas, emprender sus propios caminos y debía ser fuerte para avanzar hacía sus ideales. Pero aquellas palabras no eran más que ideas a las cuales el joven príncipe quería aferrarse, después de todo, no podía evitar pensar que si no era capaz de pensar que podía luchar por sus ideas no le quedaría nada más. No quería vivir los milenios que le quedaban de vida con el conocimiento que se había rendido a la mitad de la pelea... No. Incluso ni eso. Se había rendido antes de intentarlo.

Últimamente había estado tan perdido en sus propios pensamientos que cada vez que tenía oportunidad de ello; se aislaba él mismo para estar solo. No era una buena idea porque pensar más sobre las cosas no iba a solucionar nada y realmente podría decirse que le hacía más mal que bien pero no se sentía como para estar rodeado de otros en palacio. Además era algo ya bastante común que desapareciera de vez en cuando aunque era algo de lo más evidente solamente esperaba que su padre no terminase descubriendo la verdadera naturaleza de sus ausencias... pero por suerte el Rey era alguien bastante ocupado, incluso para su propio hijo.

Le gustaba acudir al estrecho de los náufragos, era un sitio solitario donde podía pensar sin que nadie le molestara. Era una zona que solía estar custodiada por algunos dragones ya que el paso frecuente de barcos mercantes beorcs era bastante habitual y solían quedarse atascados en aquel lugar más de lo que Goldoa hubiera querido pero era algo inevitable por el tamaño de alguno de aquellos navíos. Tiempo atrás había algún que otro dragón guardando la zona y empujando aquellos barcos, ya que no querían que fuera una vía de fácil acceso a Goldoa y que los marines se quedarán allí no era algo beneficioso para ninguna de las dos partes. Pero desde que llegaron aquellos extraños beorcs cuyo ejercito no podían determinar cual era, aquella zona marítima había quedado de lo más desolada. Para bien o para mal, el príncipe había decidido que aquella era la zona donde solía escaparse del peso que conllevaba estar en palacio.

No le importaba que el sol hubiera desaparecido y no se pudiera ver con claridad a su alrededor, ni tampoco que la temperatura empezara a disminuir. A Kurthnaga le gustaba aquel lugar, podría decirse que era uno de los pocos lugares que podía transmitirle la tranquilidad que Goldoa había mantenido como ideal fundamental durante tantos milenios. Aunque absorto en sus pensamientos, estando de pie mirando al horizonte, un ruido no demasiado familiar hizo que dejara atrás las ideas en las que se encontraba perdido. El dragón miró atentamente a su alrededor. ¿Habría sido su imaginación?
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 27, 2015 11:32 pm

....El trayecto en bote resultó más largo de lo que esperaba, aunque era posible que también tuviera que ver con el hecho de que, ya cerca del estrecho, comenzó a remar con más lentitud y cuidado para evitar dañar el pequeño vehículo que le trasladaba. Si se rompía no tendría manera de regresar por sus propios medios al puerto, y por las cosas que escuchó de los dragones dudaba mucho de que aceptasen darle un aventón de buena gana.

....De alguna forma la ansiedad fue calmándose, y sus nervios desapareciendo poco a poco. El escenario en sí invitaba a relajarse y liberar la tensión. La luna, en un cuarto menguante, apenas se encontraba elevándose, de manera majestuosa, por la bóveda celeste. Delgadas nubes recorrían el cielo, envolviendo como mantos de seda a las numerosas estrellas que asomaban, curiosidad, para espiar lo que ocurría en la tierra y en el mar. El silencio era casi absoluto, y apenas era interrumpido por el oleaje o los remos al golpear las calmadas aguas. Una parte de él deseaba simplemente detenerse y echarse a lo largo del bote a descansar, y a olvidarse de los problemas. Una lástima que no fuese capaz de algo así.

....Pasó cerca de una hora para que terminase el recorrido hacia la costa, y cuanto más se acercaba con más fuerza volvía a latir su corazón. Haberse encontrado con un dragón hubiese sido bastante motivo para alterarse, pero lo que contemplaban sus ojos era algo mucho peor: un par de barcos, no muy grandes, se encontraban detenidos en la orilla, y en lo alto de sus mástiles podía apreciarse banderas d reinos que le resultaban desconocidos. No eran de Crimea, de Begnion o de Daein, por lo cual solo podía tratarse de reinos extranjeros. Sabía lo que eso significaba, y lo preocupante que era.

....Cuando el bote tuvo contacto con la orilla el pelirrojo se apresuró a atarlo a cualquier cosa firme que tuviese a la mano, de modo que éste no terminase yéndose. Inmediatamente después desenvainó su espada y comenzó a caminar, de manera lenta y silenciosa, hacia el barco más cercano. Su cuerpo permanecía inclinado para intentar disimular su colosal estatura. Su mirada tardó un poco en acostumbrarse a la oscuridad que predominaba en ese lugar, hasta que finalmente fue capaz de vislumbrar un par de siluetas que se trasladaban con parsimonia. Dos hombres con un fulgor antinatural en su mirada. El mercenario procuró controlar su respiración y acercarse más y más hasta lograr escudarse detrás de una enorme roca.

....Recogió una piedra a sus pies y se concentró en escuchar los pasos del guardia más cercano. Cuando notó que el enemigo se encontraba lo suficientemente cerca, arrojó la piedra al agua y ésta rebotó un par de veces en la superficie, produciendo pequeños sonidos que terminaron por hacer eco en la silenciosa costa. El guardia se alarmó, pero inseguro de si había sido su imaginación o no caminó en la dirección del ruido. Pasó por al lado de la roca, y en el proceso también al lado del espadachín, aunque no fue totalmente consciente de él por las sombras, y porque éste se encontraba tan agazapado como le era posible. Y cuando lo creyó oportuno se lanzó como un depredador a la espalda de su víctima.

....Su mano desocupada se situó sobre la boca del emergido para que éste no diese la alarma. En respuesta recibió furiosos mordiscos, pero ni estos fueron suficientes para liberar a su prisionero. Le jaló con violencia hasta la roca para que no estuviesen a la vista del segundo guardia, y solo entonces atravesó el pecho del contrario con su espada. Un golpe limpio al corazón que le daría fin con prontitud y le evitaría más dolor del necesario, la única muestra de piedad que podía mostrar hacia esa clase de enemigos, que ni siquiera compartían una lengua con él.

....Abandonó su escondite y comenzó a caminar despacio hacia el segundo enemigo. Éste, por el momento, se encontraba de espaldas a él observando en dirección a la ciudad de Goldoa. Cuando la distancia que les separaba fue lo bastante escasa el guerrero corpulento empezó a moverse con mayor celeridad, aunque delatando su posición por el ruido de sus pasos. El guardia se volteó a contemplar, a la defensiva, el origen del sonido, pero apenas alcanzó a darse la media vuelta cuando la empuñadura de una espada golpeó brutalmente su boca hasta despedir un par de dientes al suelo. Aturdido por el inesperado golpe, quedó lo suficientemente vulnerable como para que el mercenario pudiese patear fuertemente sus piernas para hacerle caer al suelo, y una vez ahí atravesó la armadura de cuero con el metal de su espada. Otra vida más que había sido extinguida por aquellas manos impías que cargaban con la culpa de docenas de asesinatos.

....Echó un vistazo al barco al que se había acercado. No parecía haber ni un alma, lo cual indicaba que ya los soldados habían abandonado el lugar y se dirigían a cualquiera que fuese su destino. Miró en la misma dirección que miraba el guardia recién asesinado. ¿Era esa la dirección tomada por los emergidos? Solo tenía esa pista, y bien podía estar errada. Consideró la posibilidad de darse la media vuelta y remar de regreso al puerto, pues a fin de cuentas ya había comprobado que los emergidos efectivamente estaban pisando el territorio de los laguz. Pero... ¿Estaría bien hacer eso? ¿No sería mejor, por lo menos, comprobar que la situación no fuese incluso más grave de lo que pensaba? Como solía ocurrir, la prudencia y la razón no salieron victoriosas y el espadachín comenzó a trasladarse a grandes zancadas hacia la orgullosa ciudad de Goldoa. Solo esperaba que el ejército enemigo no estuviese le llevase demasiada ventaja.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Dom Nov 29, 2015 9:29 am

No podía ser simplemente su imaginación; tenía que admitir que últimamente no se sentía con la capacidad de poder concentrarse en nada en particular por la multitud de pensamientos que recorrían su cabeza sin que el príncipe pudiera darles solución y aquello simplemente hacía que se fueran acumulando desordenadamente causando un caos sobre qué es lo que debería hacer y qué era lo que estaba al alcance de ser cumplido en aquellos momentos. Incluso si en aquel mar de dudas había algo que pudiese hacer en aquellos momentos, probablemente no se sentiría capaz como para realizarlo así que tampoco tenía demasiadas opciones en particular de realizar por su cuenta. Pero que estuviera tan dividido por sus propios conflictos no quería decir que se imaginara cosas; su enemigo estaba allí fuera, fuera cual fuera su objetivo, seguían siendo una amenaza para Goldoa y el príncipe tenía que ser consciente de que tenía que estar al tanto de que aquel ejército no se acercara más de la cuenta a la ciudad de Goldoa, protegida por una muralla porque entonces no solamente el propio príncipe tendría un sentimiento de caos, sino probablemente todos los dragones en general.

Sabía que ir al núcleo de aquello que podía sentir que algo andaba mal no era la idea más lógica en aquel momento… Pero aunque el estrecho de los náufragos se encontraba en una zona algo apartada de la ciudad en sí, el dragón negro también era consciente de que no había ningún obstáculo hasta llegar al centro de su país por lo que los enemigos no tendrían ningún problema hasta llegar allí. Lo único que les bloquearía a poder acceder a la ciudad era la muralla que se encontraba rodeando toda la ciudad, y aunque al menos era un mínimo símbolo de protección y de aislamiento a todo su alrededor, Kurthnaga no sentía como en la situación en la que se encontraban en aquellos momentos fuese algo que pudiera defenderlos por mucho tiempo más.

No quería pelear y todavía menos quería pelear solo. Aunque después de haber herido por error a su subordinado durante un entrenamiento, el hecho de que alguien pelease junto a su lado le provocaría más temor a que acabaran heridos por su culpa que un símbolo de apoyo. Era consciente en aquellos momentos que si volvía a Palacio a la única persona que podía contactar para ayudarle era Gareth, pero no había tiempo suficiente como para que el ejército desconocido no supusiera una amenaza mientras él iba a buscar a su subordinado en aquel periodo de tiempo. Pero era el príncipe de Goldoa; debía ser capaz de proteger a su gente y después de todo, aquella era la principal razón por la que había empezado a actuar por su propia cuenta. Debía ser capaz de mantener sus ideas incluso en tiempos peligrosos como aquellos.

Se acercó más a la orilla, sintiendo una mala sensación recorrerle el cuerpo pero no eran por las armas que portaban ni por su objetivo de pelea de aquellos seres; era porque algo había empezado ya, podía sentir aquella sensación de batalla recorrerle por su sangre. Kurthnaga se sentía asqueado por aquella sensación y no estaba acostumbrado a ella para nada. Mientras andaba rápidamente en aquella dirección pudo vislumbrar la apariencia de aquellos seres que parecían beorcs pero tenían una extraña particularidad en su rostro que parecían como si no fueran de aquel mundo. Se llevó una mano a la cabeza, con pesadez sobre todas las sensaciones negativas que un campo de batalla le podía transmitir. El príncipe sabía que debía avanzar e involucrarse él mismo en aquella batalla pero se sentía demasiado asqueado de repente y no podía sobrellevar todo aquello que percibía, incluso el olor de sangre que había estado en aquellas armas que portaban cada uno de ellos le producía nauseas.

Pero recordando las palabras de apoyo que cada uno de sus compañeros le había transmitido, dieron el valor suficiente como para salir de su escondrijo y también de su caparazón mental para intentar parar aquella multitud que se dirigía a su ciudad. Sus pasos avanzaron rápidamente todo lo que su pequeño cuerpo sin transformar le permitía avanzar y una vez a una distancia considerablemente del grupo armado, dudó unos instantes, asustado, para después su cuerpo empezar a brillar e ir transformándose, aumentando de tamaño. Su pequeño cuerpo cambió hasta estar recubierto de escamas, grandes alas que le permitían volar con facilidad y unas garras recubiertas con las escamas típicas de un dragón de la familia real; escamas negras con tonalidades rojas.

Rugió una vez se vio en su forma draconiana delante de todos aquellos enemigos pero se quedó inmóvil por encontrarse involucrado en tal inesperada situación. Así que… ¿Esto es lo que se siente al estar en una batalla? …Que Terrible. – No era como si estuviera hablando con alguien en concreto, formulaba la pesadez que le producía aquello en voz alta. Con sus pies plantados en el suelo como si clavados con clavos estuvieran, Kurthnaga esperó que aquellos seres fueran a por él. No sabía cómo reaccionar, todo aquello era desconocido y nauseabundo para un dragón joven como el así que prefería atacar después de analizar su comportamiento unos instantes.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 01, 2015 6:43 pm

....Los primeros pasos los dio con duda e incertidumbre, sin estar seguro de estar tomando el camino correcto, o siquiera la decisión adecuada. Pero conforme avanzaba su determinación cobraba más ímpetu. Sentía que estaba haciendo lo correcto, los emergidos no eran una buena noticia en ningún lugar, fuera el que fuera, y si podía ayudar de alguna forma en lo que fuese que estaba ocurriendo en ese instante entonces debía de tender una mano. Luego, de hacer falta, trataría de escapar sin ser detectado o improvisaría alguna mentira para justificar su presencia en esos lares.

....No pasó demasiado tiempo para que pudiera contemplar a unos cuantos metros a un pequeño grupo de emergidos que, en su marcha, estaban por integrarse a un ejército mayor. No cabía duda, parecía que se encontraban agrupándose, y por la dirección hacia la que se dirigían posiblemente tenían por objetivo la ciudad amurallada que veía en la distancia. ¿Esos enemigos eran valientes, estúpidos o ignorantes? No eran pocos los rumores que circulaban sobre la raza de dragones de Goldoa. Criaturas capaz de transformarse hasta alcanzar proporciones inimaginables, con alientos capaz de reducir a cenizas a sus enemigos y fauces que masticarían hasta la más gruesa armadura como si estuviese hecha de papel. Ellos eran muchos, sí, pero no se imaginaba cómo le podían hacer frente a algún equipo de cinco o seis de aquellos guerreros dracónicos.

....Pero él no era el único que parecía acercarse a los invasores. En medio de la oscuridad logró vislumbrar, aunque muy vagamente, una figura baja y menuda apresurándose hacia los enemigos. No tuvo tiempo a preguntarse quién era o qué hacía ahí, pues en cuestión de segundos la respuesta se presentó por sí sola. Lo que parecía ser un simple muchacho de pronto se transformó en una criatura antropomórfica que fácilmente le duplicaba en estatura y constitución, si es que no más. Su cuerpo parecía fundirse con el resto de la noche a causa de la tonalidad ónice de las escamas, y de no ser por las áreas rojizas sería sumamente complicado distinguirlo.

....Mientras en el pelirrojo la reacción fue de asombro, los emergidos parecieron menos impactados por el recién llegado. No era de extrañar considerando que estaban invadiendo las tierras de los dragones y que, por lo tanto, sabían que tarde o temprano tendrían que cruzarse con estos y liquidarlos. El ejército no tardó en organizarse y en comenzar a formar un círculo alrededor del príncipe, evaluándole y buscando algún punto ciego o un talón de Aquiles. Los primeros que entraron en acción fueron los arqueros, quienes se encontraban en una segunda línea protegidos por lanceros y soldados fuertemente equipados. Tensaron sus arcos y dejaron que las flechas comenzaran a volar en dirección a su enorme objetivo.

....El mercenario había tenido la ventaja de haber estado siguiendo a los emergidos a una distancia prudente. No había sido descubierto por los enemigos y ahora tenía la oportunidad de aproximarse cuidadosamente a los arqueros por la espalda. No sabía qué tanta era la fuerza de los dragones, ni qué tan alejada estaba de los rumores, pero no quería detenerse a comprobarlo y arriesgarse a que un simple muchacho, pues eso es lo que parecía cuando le vio en su forma humana, se lastimara por cuidar su hogar.

....Cuando los invasores comenzaban a preparar nuevas flechas en sus arcos el pelirrojo logró llegar hasta ellos. Su espada se hundió sin el menor problema en la espalda de uno de ellos, asomándose la punta por el abdomen, y el gemido de dolor y agonía llamó la atención de los más cercanos. El hombre desenterró su arma del cuerpo ajeno caminó un par de pasos hacia el arquero más próximo, quien ya se encontraba listo para huir, pero un profundo corte en la pierna le evitó dar el paso que hacía falta y terminó por precipitarse al suelo. Antes de poder pensar en reincorporarse el pesado pie del mercenario se posó en su pecho, y el frío metal de la espada terminó el trabajo al realizar un segundo corte, aunque éste en el cuello.

....El resto de los arqueros se terminaron de dispersar, en busca de un nuevo ángulo desde el cual disparar con seguridad. Los lanceros, mientras tanto, se giraron hacia el pelirrojo y comenzaron a apuntarle de manera amenazante con sus armas, e incluso un par trataron de herirle con las puntas de sus lanzas. El hombre, por el momento, no pudo hacer más que retroceder para tomar algo de distancia, y esperar a que el dragón causase un poco más de caos ahora que él había logrado distraer la atención de los enemigos, o al menos de aquellos capaces de atacarle a distancia.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Mar Dic 08, 2015 11:34 am

Se sentía terriblemente mal rodeado de todo aquel caos, si Kurthnaga hubiera podido, en aquellos momentos simplemente hubiera huido y se hubiera ido en busca de un agujero para esconderse y no salir jamás. Estaba delante de aquellos que suponían una amenaza para su país, aquellos extraños beorcs que le habían forzado a salir de su cascarón para madurar rápidamente y cambiar la ideología que su país le había inculcado por ideas de realizar alguna cosa al respecto. Pero había sido algo demasiado repentino, incluso si estaba allí, transformado en forma de dragón... adoptado una forma que en cuanto a tamaño se refería, era mucho más grande que aquellos beorcs portando armas; no se sentía valeroso suficiente como para hacer nada en absoluto. En su mente, no podía evitar opinar que realmente no podía pasar algo terrible como anteriormente; no había ninguno de sus dragones en aquellas zonas, o al menos, no deberían estar allí y en cuanto a la ciudad estaba algo lejos todavía. No debería poder quemar algo sin querer o causar más consecuencias con sus acciones de lo necesario. Pero sin embargo, no podía moverse, aterrorizado. Como si algo le impidiese moverse de donde se encontraba y aquello, no hacía más que frustrar al dragón: quería ser capaz de cambiar las cosas, ser capaz de luchar y proteger a su gente pero eran solo meras ideas que a la realidad no podía conseguir.

Estaba rodeado de enemigos y aunque el dolor frío y punzante que le producían las flechas de los beorcs, le hacía volver a la realidad en la que se encontraba era extraño como no conseguía poder reventar la burbuja de sus pensamientos y poderse involucrar en la pelea. Rugió confuso, llevándose las garras a los lados de su cabeza. El príncipe dragón sabía que si simplemente seguía comportándose de aquella forma acabaría gravemente herido por los enemigos pero por un lado no podía desaparecer dejando a su gente desamparada pero nunca había arrebatado la vida a nadie, tampoco herido de gravedad. ¿Podría seguir calmado una vez sus garras se manchasen de sangre? Se sentía nauseabundo ante toda aquella batalla, la sola idea de cargar con vidas que tenía que arrebatar era demasiado duro. Incluso si era un hecho que todos los gobernantes tendrían que cargar algún día; la paz milenaria en Goldoa ya no podía ser una realidad... no en la situación en la que se encontraban. Era irónico como las cosas habían cambiado demasiado en tan solo un siglo.

Pero cuando los arqueros se disponían a atacarle de nuevo, hubo un revuelo que hizo que aquellos beorcs cambiaran el objetivo de sus ataques. Incluso el mismo príncipe dragón pudo notarlo por el desagradable olor a sangre que de repente se intensificaba que antes de notarlo visualmente; un beorc parecía estar atacando a los que formaban parte de ese ejercito desconocido. Pero el beorc de melena pelirroja parecía ser distinto a aquellos que iban en contra de Goldoa, podía notarlo en su mirada, era distinta... y su esencia parecía distinta aunque la sangre que manchaba su arma lo confundía totalmente. No podía ser que un beorc estuviera más determinado a combatir contra aquellos seres que el príncipe del país en si; Kurthnaga emprendió el vuelo sin alejarse demasiado de la zona. - ¡Beorc! Unamos fuerzas para pelear contra estos seres. - Incluso si era algo evidente al estar el beorc peleando contra ellos y Kurthnaga también querer hacerlo... No podía evitar recordar todas las cosas horribles que había escuchado sobre los beorcs y tender a desconfiar de ellos; pero no tenía muchas más opciones en aquellos momentos. Solo esperaba poder controlarse y no herir al beorc pelirrojo por error.

Recordó las palabras de Gareth en su mente, si se acostaba no tendría tantos problemas en ser preciso con sus ataques así que eso hizo; sus alas empezaron a abanicar con más fuerza que antes, no solamente tenía que mantener su postura en el cielo sino que debía acercarse más a aquellos beorcs que portaban lanzas y se encontraban cerca del que iba en contra de ellos. Inhaló aire en sus pulmones para instantes después dejar soltar el aire que ahora había transformado en una llama de aliento de color azulado que producía quemaduras a los enemigos y les hacía retroceder, al mismo tiempo que las quemaduras producían que no pudieran moverse ni con precisión ni instantes después de ser atacados, debido a que necesitaban algo de tiempo para recuperarse del aliento que habían recibido. La vista del dragón negro se empezaba a nublar pero simplemente no podía rendirse y marearse en un momento así, debía mantenerse por lo menos transformado. Aunque los arqueros le habían vuelto a disparar, sus duras escamas le protegían algo de los impactos... una protección que no tendría si volvía a su pequeño cuerpo parecido al de un beorc.

Descendió el vuelo y volvió a mantenerse sobre suelo firme, cerca de donde se encontraba el beorc pelirrojo y los enemigos que ahora estaban aturdidos por el efecto de las llamas, ladeó suavemente su cabeza durante unos instantes. ¿Porqué no podía simplemente dejar de pensar y pelear por su causa? Él no quería herir a nadie, pero no quería tener que ver como su gente salía herida... tenía que pelear para preservar la paz. Era todo demasiado irónico...
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 10, 2015 11:56 pm

....Los lanceros se encontraban demasiado ocupados intentando agujerear el colosal cuerpo del guerrero mientras éste lo evitaba tan bien como le era posible: a veces moverse a un lado, a veces brincar hacia atrás, otras veces golpear con la espada, y unas tantas tomando distancia. A causa de esto no le prestaron la atención necesaria al dragón y quedaron totalmente vulnerables a la sorpresa ígnea que éste les había preparado. Una intensa llamarada había golpeado el campo de batalla y quebró la cuidadosa formación que los emergidos habían creado. Y mientras los lanceros emitían gritos de dolor e intentaban apagar el fuego que les consumía, aquellos soldados que lograron ser alcanzados por las llamas se dispersaban para conseguir nuevos lugares seguros en los que ubicarse y preparar sus ataques.

....Algunos de los guerreros próximos al mercenario que estaban incendiándose se lanzaron al suelo para intentar apagar el fuego con el peso de su cuerpo. Otros tantos se apuraban en intentar quitarse las armaduras o incluso la ropa. Otros tantos, más osados y desesperados, se lanzaron contra el pelirrojo para obligarlo a unirse a la macabra escena. El hombre logró esquivar a uno de ellos y realizarle un profundo tajo en detrás de la rodilla para evitar que volviese a correr hacia él. Al segundo que lo intentó lo recibió con una patada en el estómago que lo hizo caer de espaldas al suelo. El tercero fue menos afortunado, y es que se le había acercado lo suficiente al mercenario como para intentar sujetarlo, y éste tuvo que reaccionar rápidamente, ejecutando en el acto un corte al cuello de su víctima y decapitándole en el acto.

....Su respiración de pronto se encontraba algo agitada. Estuvo bastante cerca de tener que lidiar por sí mismo con aquel terrible fuego. Además, le era imposible no sentirse admirado e intimidado en igual medida por el podr que había desplegado el dragón. Era la primera vez que veía con sus propios ojos el potencial de esas criaturas, y ahora podía ver que no solo poseían una estatura descomunal y una fuerza digna de ser respetada, sino que eran capaces de rivalizar con cualquier hechizo de fuego, o eso pensaba él, gracias a su aliento.

....Logró volver a estar en control de su cuerpo y de su mente en poco tiempo. Alcanzó a ver cómo el laguz se situaba cerca de él al descender, y el pelirrojo se apresuró en recortar la distancia para que estuviesen el uno al lado del otro, cuidando, por supuesto, de no salir lastimado por algún movimiento brusco o inesperado por parte de su compañero de armas. -
Para eso he venido, colega. Noté que algunos visitantes indeseados venían a tocar la puerta, así que se me ocurrió pasar por aquí para ayudar a echarlos. - No detalló, sin embargo, qué hacía él en primer lugar en aquellas tierras en las que era un extranjero igual de indeseado, pero suponía que ese tema en particular podía tratarse mucho después, una vez finalizado el combate. - Puedes llamarme Argus. Asumiré que al menos mientras estemos peleando nos encontramos en confianza. - Procuró emplear un tono amable y despreocupado en aquella presentación. Por lo menos durante un breve período de tiempo estarían luchando contra un enemigo en común y serían compañeros de armas. Creía un buen comienzo para eso el por lo menos dar su nombre, incluso si el dragón no le correspondía en aquel gesto. Tampoco sabía qué tan bien se tomaría un miembro de aquella especie al ser tratado con tanta familiaridad por un humano, en especial un integrante de la especie dragón que, por lo poco que tenía entendido, se encontraba bastante aislada de la especie humana.

....Los emergidos habían terminado de reagruparse alrededor de los dos luchadores. Los arqueros en esta ocasión habían tomado una distancia mucho más segura, y los flancos que conducían hacia estos se encontraban reforzados por los soldados. Ya no le sería posible al mercenario alcanzarlos ni detener los ataques a distancia. Ese, sin embargo, no debía de ser un problema para el nativo de Goldoa. -
¿Crees que te puedas encargar de los arqueros de allá? Supondrán un verdadero problema para nosotros si los dejamos hacer de las suyas. No te preocupes por ti, yo procuraré lidiar con los otros mientras tanto. - Era más fácil decirlo que hacerlo. La desventaja numérica era bastante y evidentemente él no sería capaz de derrotar a todos los otros soldados. Pero su tarea no consistía necesariamente en derrotarlos a todos. Simplemente necesitaba distraerlos, contenerlos.

....Le quedaba bastante claro que en aquel combate quien realmente importaba era el dragón. Él y solo él contaba con la fuerza y el potencial suficiente como para causarle bastantes problemas a los invasores. El pelirrojo, en cambio, era solo un hombre. Un hombre que ni siquiera estaba bien equipado con armas poderosas o una armadura resistente. Por esa razón sabía que la única ayuda que podía ofrecer era la de ganarle tiempo a su compañero y evitar que éste saliera gravemente herido.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Vie Dic 11, 2015 7:37 pm

Se quedó atónito durante unos segundos, sin saber bien bien que decir. El joven príncipe de Goldoa no estaba acostumbrado a que le tratasen de una forma tan directa, y todavía menos, había tratado antes con un beorc por lo que no sabía que esperar de este pero la manera tan directa en la que se dirigían sus palabras... Era un concepto demasiado lejano para él, pero después de unos segundos de confusión el dragón negro volvió en sí. No podía escapar ahora que ya se había involucrado en la pelea y el beorc llamado Argus no parecía tener mala fe con sus intenciones, así que por el momento tendría que confiar en él durante aquella batalla. Si el dragón tenía que luchar el solo contra aquellos seres... probablemente no tendría ninguna posibilidad. No podía permitirse el lujo de dejar a su gente sola contra aquella amenaza cuando él si podía intentar pararlos. - Mi nombre es Kurthnaga, será un placer luchar a su lado, Argus. Y no se preocupe por asuntos políticos entre razas en estos momentos, no dejar que nos venzan es prioritario.

Le escuchó mientras le preguntaba si podía encargarse de los arqueros, ya que probablemente el pelirrojo beorc se iba a encargar de los extraños seres que portaban armas de corta distancia. Algo dentro de él le decía que no podía ganar, que no estaba preparado para arrebatarle la vida a nadie, que las batallas no eran lo suyo.... ¿Pero a caso tenía más elección que tratar de hacer algo? Levantó el vuelo, separándose del suelo a penas poco más de un metro; probablemente si extendía una de sus patas traseras podría llegar a tocar el suelo sin ningún problema. No quería separarse demasiado del beorc, porque aunque pudiera sonar de lo más absurdo para un laguz; se sentía protegido si estaba cerca de aquel guerrero que portaba aquella espada pero también tenía que estar en otra posición que no la que el suelo le ofrecía si quería atacar a los enemigos de la retaguardia. - Intentaré encargarme de los arqueros si es eso lo que usted cree conveniente. - Después de todo, de la manera que parecía moverse con la espada, no sería la primera ni la última batalla de aquel beorc... Pero no podía decir aquello sobre él mismo: era su primera batalla real y lo único que quería en esos momentos era poder terminar con todo aquello para poder volver al Palacio a esconderse el tiempo que fuera necesario como para quitarse aquella asquerosa sensación de su cuerpo. - Pero le daré un consejo: si nota que mi aliento se encuentra demasiado cercano a su posición; huya. No soy un guerrero, el único poder que he tenido que usar hasta el momento ha sido el de la palabra – Era toda una barbaridad pensar que un dragón de Goldoa se encontraba en una batalla y más un dragón negro, no eran seres que estuvieran preparados psicologicamente como para enfrontarse a algo de aquel calibre.

Volvió a inhalar aire como momentos atrás pero Kurthnaga era consciente de que seguía con la mente nublada, algo mareado. ¿Era por la batalla? ¿Por la horrible hedor a sangre que impregnaba la espada del beorc? No podía concentrarse en absoluto; sabía que tenía que atacar. No tenía ninguna otra opción y aquellos extraños seres que no parecían ni ser beorcs se habían reorganizado a su alrededor y blandían sus armas dispuestos a atacarles sin tener ninguna clase de miramientos. Cuando con fuerzas soltó nuevamente su azulado aliento sobre los enemigos en frente de él, debido al mareo y al poco control que tenía sobre sus habilidades acabó hiriendo a parte de los arqueros, sí, pero también el fuego prendió sobre parte del terreno donde realmente no había nada en absoluto.

No se sentía bien físicamente, conocía que desde que había podido estar delante de aquellos enemigos a pocos metros de distancia la sensación desagradable le había inundado por completo pero era distinto... Notaba su cuerpo demasiado cansado pero su transformación en forma de dragón debería poder aguantar un poco más de tiempo, pero esa lógica no podía aplicarsele a la práctica. Descendió un poco y su cuerpo empezó a brillar hasta volver a reducirse a lo que parecía ser un niño beorc pero con sus marcas que le delataban ser un dragón de Goldoa; orejas ligeramente puntiagudas y su marca en la frente. Su respiración era algo entrecortada y no había podido evitar cogerse de la capa que le cubría el pecho con su puño, con fuerza. Le estaba costando demasiado no perder la cordura en aquel lugar, además todavía tardaría unos minutos hasta volver a poder intentar transformarse de nuevo. Agachó la mirada, sabiendo que se encontraba cerca del otro beorc pero sin querer ver la figura de aquellos seres que aunque parecían beorcs, eran como seres sin alma. - L-lo lamento... No puedo. No puedo transformarme... Incluso si quiero intentarlo nuevamente necesito que ganes algo de tiempo. Entenderé que creas que soy una causa perdida si quieres irte de aquí, esta no es tu pelea. - Sabía que necesitaba tranquilizarse si quería poder hacer algo. Su gente... podía estar en grave peligro y sin embargo, él ni siquiera podía aprovechar el tiempo en el que podía ser un dragón. Si realmente aquel beorc decidía abandonarle allí probablemente no tendría ninguna posibilidad de conseguir nada en absoluto.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 12, 2015 1:32 pm

....- Muy bien, Kurth. Es un placer conocerte, aunque sin duda hubiera sido mejor en circunstancias distintas. - Contestó con sencillez. Quizá tuviera que ver con que no sabía que aquel muchacho al cual le acortaba el nombre era el príncipe de los dragones, o quizá con el hecho de que, príncipe o no, solía tener una forma de ser bastante simple y confianzuda con nobles y plebeyos por igual. Fuera cual fuese el caso, "Kurth" se le hacía más corto y más cómodo de pronunciar que el nombre completo. - Así que eres primerizo, ¿eh? - Pronunció, más para sí mismo, en voz baja. No le extraña esa noticia, y es que a pesar de cualquier historia o mito que pudiese haber por parte de los dragones, lo que más se comentaba de ellos era su neutralidad y su aislamiento. Era normal que si buscaban no entrar en conflicto algunos de sus miembros jamás hayan tenido que batallar. Además, si la memoria no le fallaba aquel chico cuando adoptó forma humana tenía la apariencia de un simple muchacho. ¿Sería algo así como una cría?

....El tiempo para pensar terminó. El dragón ya había alzado vuelo y se preparaba para rociar sus intensas llamas sobre los enemigos e incluso el campo de batala, y él mientras tanto tenía otros asuntos que atender. La formación que los rodeaba se acercaba cada vez más y más, encerrándolos, y algunos soldados se adelantaron, con sus armas en mano, para abatir al pelirrojo. El hombre emitió un furioso rugido, una suerte de grito de guerra, mientras avanzaba él también por su cuenta para hacerle frente a sus rivales. Un hacha cayó peligrosamente sobre él, pero el varón logró apartarse a tiempo para hacer que la hoja siguiese de largo su trayecto hasta el suelo, clavándose ahí. Y mientras el emergido hacía un intento por desenterrar el arma la espada del varón se hundió en el cuello de la criatura, dejándole una herida mortal a su paso.

....Un súbito golpe en la espalda le hizo tambalearse y girar. Uno de sus enemigos había logrado golpearle desde atrás, aunque la armadura había logrado resistir lo suficiente como para evitar que el corte alcanzara su piel. Apenas el emergido alzó sus manos para arremeter por segunda vez, el mercenario apuñaló el estómago de su atacante. Éste tensó la mandíbula e intentó hacer acopio de sus últimas fuerzas para dejar caer la espada sobre el cráneo del pelirrojo, pero rápidamente la vida le abandonó y la espada cayó al suelo.

....Le fue todavía peor a los arqueros. Estos habían tensado ya sus arcos y apuntado tanto al dragón como al mercenario, cuando el primero había alzado vuelo y preparado su aliento. Varias flechas fueron disparadas pero se cruzaron con la ráfaga de fuego que brotó del príncipe. Los proyectiles se redujeron a cenizas en el acto, y las llamas continuaron de largo su camino hasta alcanzar a los emergidos. Gritos de dolor y de desesperación, cuerpos incendiados corriendo a un lado y a otro. Ya los arqueros no serían un problema.


....- ¡Vas bien, Kurth! Sigue as--... - Se volteó hacia el dragón al momento de felicitarle, y lo hizo justo a tiempo para contemplar cómo el muchacho poco a poco perdía su tamaño colosal y su intimidante apariencia para dar paso a la figura que ya habia visto antes: la de un niño, uno que parecía perdido y abrumado por estar en medio de lo que ocurría. Súbitamente la balanza se había inclinado en contra de ambos. Su compañero no estaba en condiciones de pelear así, y a él le costaría combatir y cuidarle al mismo tiempo. Si lo que hacía falta era tiempo, necesitaban ganarlo. - Que me parta un rayo si te llego a dejar abandonado. Te garantizo que de esta los dos vamos a salir con vida. - Envainó su espada, sin importarle cuán ensangrentada se encontrase, y corrió hasta el príncipe. Sin titubear ni perder tiempo le alzó como un simple costal y se lo echó al hombro, para acto seguido comenzar a correr tanto como sus piernas se lo permitiesen. Atravesó la brecha que se había creado en la formación enemiga gracias al aliento de fuego, y empezó a huir sin un rumbo fijo. Detrás de ello podía oírse a los enemigos persiguiéndole. - Muy bien, chico, no tengo ni la más remota idea de hacia dónde voy. Si tienes una mejor idea que yo de cómo es este lugar, tú dime hacia dónde ir para que los perdamos y ganemos un poco de tiempo.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Sáb Dic 19, 2015 7:20 am

Estaba agradecido de que aquel beorc le estuviera ayudando en aquellos momentos porque si no hubiese sido así probablemente aquellos enemigos le habrían quitado la vida al joven dragón y jamás hubiese podido volver a su hogar. No tenía demasiado claro si el pelirrojo beorc y el podrían efectivamente salir de allí impunes, desde lo profundo de su ser esperaba que así fuera pero racionalmente no podía evitar pensar que no tenían muchas opciones. No tenía una idea formada sobre los beorcs, no podía considerar si eran buenos o si eran seres malvados como las historias contaban; fuere cual fuere la realidad, la cuestión en ese momento es que tendría que confiar en Argus. Quería cerrar los ojos y que cuando los volviera a abrir nada de aquello estuviera sucediendo, pero era consciente de que aquello era la realidad. Encima del hombro del beorc podía notar como detrás suyos aquellos seres seguían siguiéndolos; probablemente les habrían hecho enfurecer intentando parar sus ataques. Era normal que ahora ambos de ellos fueran marcados como una amenaza para el propósito que tuvieran fuera realmente completado.

Pero encontrar una zona donde esconderse no era tan fácil como otros territorios de la Alianza Laguz, después de todo Goldoa no predominaba por su vegetación o similares como podría hacerlo Gallia. - Todo el territorio alrededor del acantilado predomina por no tener ningún obstáculo tales como bosques... Así que da directamente a la ciudad de Goldoa. Sin embargo, si se desvía hacía la izquierda hay un resalto en el subsuelo  que quizás nos ofrezca algunos instantes para despistarlos hasta que me pueda volver a transformar. - Siempre había sido influenciado por las historias donde se hablaba de una forma negativa de los beorcs, historias donde atacaban a sus compañeros beorcs y se hablaban de batallas y zonas arrasadas. Pero sin embargo aquel beorc no le había dejado perecer allí solo ante aquellos enemigos... Y probablemente desconocía que él mismo era el tercer príncipe de Goldoa, no es que Kurthnaga tratase de ocultar aquella información de alguna forma u otra, pero de la misma forma tampoco veía necesario tener que presentarse usando el titulo real de su familia. Después de todo, era un dragón negro y era un color de dragón que solo pertenecía a la familia real de Goldoa: probablemente otro dato que los beorcs desconocían.

Era extraño como todo el mundo trataba a los beorcs como seres que inferiores a ellos y en aquel momento el príncipe dragón estaba totalmente confiando en las habilidades y capacidades de uno. Quizás eran seres que necesitaban de armas de diferentes metales para pelear y que debían cubrirse con diferentes tipos de armadura porque su resistencia a los ataques era mucho menor a que la que los laguz poseían. ¿Podrían realmente escapar en ese momento de aquellos seres para después derrotarlos? Quería pensar que sí pero siendo solamente ellos dos, el dragón tendría que pelear mejor de lo que había hecho. Tenía demasiadas debilidades y puntos débiles, muchos más de los que le gustaría asumir y sin embargo aquel beorc era capaz de pelear y seguir adelante aun con su arma manchada de sangre.  - Lamento que tenga que cargar conmigo... Espero que tras volver a tener energía para transformarme pueda luchar mejor. Debo proteger a los míos aunque esta situación me supere. - Aunque la disculpa fuera dirigida al beorc, el restante no era más que palabras dirigidas a si mismas aunque fueran pronunciadas en voz alta.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 20, 2015 12:07 am

....El mercenario corría tan rápido como sus piernas se lo permitían, pero esto no era mucho decir si se tenía en cuenta que su cuerpo no era precisamente atlético y que cargaba sobre su hombro a una persona, por muy ligera que fuera. Los emergidos habían tardado en iniciar la persecución gracias a las llamas que había propagado segundos atrás el dragón con su aliento. Pero minuto a minuto la distancia que les separaba de los enemigos se hacía menor, e incluso algunas flechas habían silbado bastante cerca de donde el dragón y el pelirrojo se encontraban.

....Tan pronto el príncipe le indicó que tenía que ir por la izquierda él así lo hizo, y buscó desesperadamente con la mirada el punto mencionado. Con cada segundo que demoraba su corazón latía violentamente y con desespero, pero finalmente logró dar con la irregularidad en el terreno y se apresuró en ir hacia alla para ocultarse junto con su compañero. Tal vez no era el mejor escondite pero la oscuridad de la noche ofrecía una ayuda adicional, y eso por lo menos podría ayudarlos a ganar unos pocos minutos.

....Solo entonces volvió a bajar al piso al laguz y él mismo se tomó el tiempo de respirar, aunque de forma lenta y silenciosa. -
Eres primerizo, ¿eh? - El mercenario se pasó una mano por la frente para secarse el sudor y volteó para observar al muchacho. - Hablas de que la situación te supere, y antes te veías bastante dudoso de pelear. O es tu primera vez, o por lo menos es una de tus primeras. En caso de ser así no tienes de qué avergonzarte. - Le sonrió y le ofreció un par de palmadas suaves en la cabeza.

....Agudizó un poco el oído y escuchó cómo los pasos finalmente se aproximaban. Comenzaba a oír los gritos e intercambios de palabras ininteligibles. Algunos soldados habían seguido de largo su trayecto, buscando tanto al príncipe como al pelirrojo, mientras que otros permanecieron en la zona al estar seguros de que les perdieron de vista justamente ahí. El espadachín se llevó una mano al rostro y posó el dedo índice sobre los labios para indicarle a su compañero que no hiciera ruido. Los pasos cada vez estaban más cerca y hasta el menor sonido les podría delatar.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Dom Dic 20, 2015 6:56 pm

No pudo evitar sentirse aliviado cuando el beorc fue capaz de encontrar la irregularidad en el terreno que le había indicado; su corazón latía a cien por hora y sentía como toda aquella adrenalina acabaría con él de un infarto antes de que viniera uno de aquellos beorcs a ensartarlo con una de sus armas de metal. Cuando Argus lo dejó en el suelo, el dragón negro no pudo evitar desplomarse sobre el mismo, dejando caer todo su peso como si fuera un peso muerto. ¿Sería capaz de recuperar sus energías para poder volver al campo de batalla? Realmente se sentía como si ya hubiera perdido. Su energía estaba como... apagada y realmente se sentía mal al respecto con solamente estar allí. Escuchó atentamente al beorc pero sus palabras no lo hicieron sentir mejor sobre su comportamiento. - Es... mi primera batalla real. Y no puedo evitar sentirme avergonzado: debo ser capaz de pelear para defender a mi gente. ¿Qué voy a hacer si solo soy capaz de estar encerrado en palacio mientras estos seres nos atacan? - Suspiró pesadamente después de pronunciar aquellas palabras.

Hubiera continuado añadiendo alguna información que realmente no era necesaria de revelar ante el pelirrojo beorc pero la presencia de aquellos seres acercándose a ellos nuevamente era un peligro. Con un gesto con la cabeza hizo caso de la sugestión de Argus sobre que mantuviera silencio para que no les descubrieran en su escondrijo que no dejaba de ser nada más que un resalto y no era realmente favorecedor para su seguridad. Estaba demasiado nervioso; por un lado seguía teniendo dudas. Si bien le habían comentado en algún que otro momento que era capaz de realizar algún cambio y que siendo un dragón, aunque ahora no era fuerte; con el tiempo podría llegar a ser como su hermano o su padre. Cosa que dudaba pero al mismo tiempo sonaba de lo que más convincente.

Pero tenía miedo. Mucho miedo. Podía decir todas aquellas palabras serias y con las cuales quería sentirse identificado con su patria y su gente, con la necesidad que tenía de protegerles pero a la hora de la verdad no era capaz de hacer nada en absoluto. Probablemente si no estuviera aquel beorc delante suyo, hubiera roto a llorar como un bebé dragón. Se pasó la mano por el rostro, agobiado sobre todas las sensaciones que recorrían su cuerpo en aquellos momentos. Y entonces seguramente se dejó llevar por sus sensaciones descontroladas, sin realmente pensar que es lo que estaba haciendo; su cuerpo empezó a brillar nuevamente y en cuestión de instantes volvió a transformarse en el grandioso dragón que el beorc había visto momentos atrás.

Emprendió el vuelo para ser capaz de ver más bien a quienes pertenecían las presencias de los extraños que podía sentir y fijar sus ojos en aquel terreno oscuro. Había un grupo de aquellos extraños beorcs dirigiéndose a donde ellos se encontraban, seguramente se había separado de los que iban a intentar atemptar contra la ciudad. Eran un pequeño grupo de cuatro berocs que llevaban armas de metal de corto alcance, tales como espadas y hachas. Estaba desesperado, solamente quería que aquello terminase de una vez a otra. Volvió a inspirar aire y a atacar a aquellos enemigos delante suyo, esta vez con una precisión con la que si fue capaz de acertarles y hacerles graves heridas a la misma vez que los derribaba.

Volvió a bajar a tierra firme, cerca de donde se encontraba el espadachín beorc, mientras que con sus zarpas se tapaba el rostro. - No pude contenerme.... Tengo miedo. - No se sentía tan mareado como instantes atrás pero igualmente podía notar aquella pesadez en su cuerpo. Volvió a rugir con gran dolor, aunque no tuviera ninguna herida física aparente. Después meneó su cabeza intentando calmarse hasta que lo consiguió levemente y fijó su mirada en el beorc. - Tienes más experiencia en las batallas que yo. Te seguiré... Solamente quiero ser capaz de volver con vida.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 20, 2015 11:19 pm

....Hubiera deseado tener la oportunidad de ofrecerle un poco más de consuelo al muchacho al escuchar el tono de voz que empleaba al admitir que era su primera vez combatiendo. Pero sabía muy bien que si emitía siquiera una palabra en ese momento lo único que conseguiría sería alarmar a los enemigos. Nada más pudo sonreír con calidez al chico y luego regresar su mirada hacia la dirección hacia la que escuchaba los pasos. Su mano diestra bajó hasta la empuñadura del espada, preparado para desenvainarla e iniciar la lucha ante el primer indicio de que habían sido descubiertos.

....Algo inesperado ocurrió, sin embargo. Un tenue brillo se hizo presente a un costado del mercenario, y en medio de la oscuridad de la noche su intensidad resultaba imposible de ignorar. El espadachín giró la cabeza para observar qué era lo que ocurría con su protegido cuando éste, de repente, comenzó a mutar. Su figura menuda e indefensa comenzó a dar paso a una silueta colosal y de rasgos intimidantes, una apariencia que ya había conocido bastante bien: su forma de dragón. La sonrisa del pelirrojo se tornó un poco melancólica; resultaba una buena noticia para ambos que el chico hubiese recuperado sus fuerzas lo suficiente como para continuar combatiendo, pero sabía muy bien lo duro que era eso para él y lo difícil que le sería el matar.

....Una intensa llamarada iluminó el escenario y abrasó a los cuatro soldados que se habían quedado explorando esa zona. El fuego impregnó sus atuendos y comenzó a subir aceleradamente la temperatura de sus armaduras y sus armas. Los gritos desgarradores se oyeron con claridad e incluso hicieron eco a causa de la quietud del lugar. Era un sonido para nada agradable pero al que el mercenario, de una forma u otra, lamentablemente había estado acostumbrado.


....- Acabemos con esto pronto para que no tengas que lidiar con ello por demasiado tiempo, ¿está bien? - Posó su mano izquierda sobre una de las inmensas patas del dragón y dio un par de palmadas en ésta mientras alzaba la vista, con dificultad, hasta su rostro. - Todavía deben quedar algunos, aunque seguramente estarán dirigiéndose a tu ciudad. No sé qué planean, pero dudo que quieras quedarte a averiguarlo. Será mejor que los interceptemos antes de que lleguen. - Lanzó un vistazo hacia el sitio del que ellos habían venido. No sabía cuánto corrieron o a qué distancia estaban del resto de los emergidos, pero sí tenía segura una cosa: a pie no llegaría a tiempo. - Kurth, ¿será que podrías sujetarme? Creo que si los queremos alcanzar lo mejor será por aire, pero como te imaginarás todavía no me han crecido las alas, ¡ja, ja, ja!
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Jue Dic 24, 2015 10:51 am

Miró a su alrededor para darse cuenta que no habían más de aquellos enemigos cerca de ellos, así que tal y como su aliado beorc había dicho, el otro grupo debería estar siguiendo el camino directo que les llevaba hacía la ciudad central protegida por la muralla. No quería perder más tiempo; por un lado porque no quería que llegaran a acercarse hasta un punto que fuera peligroso para sus gentes y porque por otro lado, si se acercaban seguramente podrían enterarse de que él estaba peleando allí. O más bien, intentando pelear. Y lo que menos quería en aquellos momentos era una re-afirmación expresa de que el príncipe se escapaba de palacio no solamente por no soportar el peso de las responsabilidades y decisiones que allí se habían acordado, sino para pelear por su propia cuenta. No era el momento para que delante de la Corte se revelasen las conductas y los actos que estaba realmente haciendo allí.

Las acciones de aquel beorc le tranquilizaban un poco aunque fuera algo irónico debido al pequeño tamaño que ahora Argus parecía tener en comparación a él y las palmadas en su pie no eran más que un toquecito imperceptible. Kurthnaga asintió con la cabeza; claro que tenían que acabar con aquello antes de que se complicaran las cosas. - No podemos dejar que se acerquen demasiado a la ciudad. No quiero que la paz de los civiles se vea importunada por algo así... por culpa de la presencia de estos enemigos.... - Después de todo, nadie le había dado demasiado información al respecto. Aunque sabía que parecía que aquellos enemigos no solamente estaban localizados en su país, carecía de la información necesaria para saber cual era el motivo de que aquellos seres fueran atacando a todo aquello que se interpusiera en su camino.

Se puso nervioso ante la risa del beorc y su pregunta; si bien sabía que tenía razón y aquella sería la forma más rápida de alcanzarlos... El príncipe seguía sin estar demasiado acostumbrado a estar en su forma dragón, tampoco había cargado con nada en particular y en absoluto había sujetado a alguien. Movió nerviosamente sus garras mientras se convencía a si mismo que podía hacer aquello. - E-entiendo. No estoy acostumbrado a tales cosas, así que mejor será que te sujetes bien. ¡No es que vaya a soltarte ni nada por el estilo, no me malinterprete! - Su voz sonó algo nerviosa y titubeaba bastante pero no podía evitar sentirse demasiado fuera de lugar en una situación como aquella.

Con una de sus garras cogió a Argus por debajo de sus hombros, sin apretar demasiado para no herir a su aliado temporal pero a la misma vez sin que pudiera perder al beorc por el camino por no sujetarle correctamente. La diferencia de tamaño todavía le impresionaba bastante y poco a poco se daba cuenta de que las historias que hablaban de grandes y poderosos dragones negros aunque él no fuera más que un niño, era diferente a los demás dragones. - Vamos. - Sus alas empezaron a abanicar con fuerza y en cuestión de segundos ya estaban alzados en el cielo dejando el suelo firme atrás. Kurthnaga conocía bien la zona donde se encontraban; después de todo era donde solía escaparse cuando no quería estar bajo la influencia de palacio y últimamente parecía necesitar pensar mucho más que todas las décadas anteriores.

No le costó demasiado localizar de nuevo al grupo de extraños beorcs que se habían separado del resto, por alivio se encontraban algo alejados de la muralla todavía así que era su momento de interceptarlos para que no pudieran avanzar mucho más. Eran un grupo bastante numeroso y aunque espadas y hachas no le daba tanto respeto aquellos beorcs portando arcos y flechas le asustaban en cuantía. - A-allí están... - Sus palabras fueron acompañadas de un cabeceo. - Debo dejarte en el suelo... No soy capaz de combatir correctamente así que será más seguro para ti, guerrero beorc. Seguro que nos han visto ya pero prefiero que nos situemos algo alejados cuando pisemos suelo firme por el momento...  - Seguramente los beorcs se acercarían para atacarles y si no era así, ya tendrían margen de maniobra para atacar como fuere.

Con la muralla a kilómetros de sus espaldas, Kurthnaga empezó a descender su vuelo y cuando posó sus piernas en suelo firme se inclinó un poco para dejar a Argus en el suelo también. Estaba asustado y quería correr pero al mismo tiempo sentía algo de valor como para poder intentar afrontar la batalla que iba a transcurrir delante de sus ojos.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 27, 2015 4:31 pm

....Cuando escuchó al príncipe recomendarle que se sujetara con firmeza para evitar cualquier accidente la sangre abandonó el rostro del mercenario, y de pronto la idea que él mismo había propuesto ya no le parecía tan buena. Sin embargo su preocupación no se debía a que realmente creyese que el dragón fuese capaz de soltarlo o que él resbalase; su preocupación se encontraba en que a mitad de vuelo ocurriese el mismo contratiempo que ocurrió durante el combate varios minutos atrás, y que el muchacho por los nervios o la falta de energía perdiese su transformación en un momento inadecuado. Por lo que había visto esa clase cosas no dependían enteramente del chico, o no de manera consciente.

....Sintió las garras de su compañero rodearle debajo de los brazos, y su propio cuerpo elevarse por encima del suelo sin ningún problema. Una fuerte sensación de vértigo anidó en su pecho y con algo de nerviosismo el pelirrojo se sujetó a las garras con tanta fuerza como le era posible, si bien sabía que eso de poco serviría si realmente el chico recobraba su forma humana en el aire. Su mirada bajó y contempló la altura a la que se encontraban, y su respiración se comenzó a agitar un poco. Empleó toda la fuerza de voluntad que poseía para evitar hiperventilar.

....Luego de unos segundos logró centrar su atención en algo más: los enemigos. Gracias a la altura y al hecho de que Goldoa no poseía un terreno con sitios en los que ocultar a grupos numerosos el varón fue capaz de observar al ejército enemigo trasladándose hacia la ciudad amurallada. Elevó la mirada hasta la cabeza del enorme dragón, y comprobó que éste también parecía haberlos visto. -
Por mí no hay problema, muchacho. Aún no he aprendido a exhalar fuego, solo sé usar mi espada y mis manos, así que si no me dejas en el suelo de poca ayuda te podré ser. - Comentó con tono nervioso y bromista, buscando no dejar demasiado en claro lo incómodo que se sentía en el aire, al menos en esa situación.

....Notó el descenso y eventualmente sintió el suelo firme a sus pies. Un suspiro de alivio y tranquilidad escapó de sus labios mientras los latidos de su corazón recuperaban el ritmo normal. Su mano, ya más firme, sujetó la empuñadura de la espada y la desenvainó para prepararse a luchar; los enemigos se acercaban cada vez más y ya podían vislumbrar al dragón y al mercenario que se interponían entre ellos y la ciudad que buscaban asediar.

....El aire se inundó de los gritos de los emergidos mientras estos avanzaban con sus armas ya preparadas hacia el dúo que buscaban detenerles. El mercenario contestó con su propio rugido mientras se lanzaba en una frenética carrera hacia sus rivales. Era una locura, pero confiaba en que el dragón se encontraba detrás de él cubriéndole la espalda, y por experiencias previas sabía lo hábil que era éste rompiendo las formaciones enemigas o sembrando el pánico y la confusión en las filas de los contrincantes.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Miér Ene 13, 2016 4:53 pm

No pudo evitar retroceder unos pasos cuando oyó los gritos de aquellos extraños enemigos avanzar hacía ellos y a Argus de la misma manera rugiendo mientras se armaba contra ellos. Kurthnaga podía notar como sus garras posadas en el suelo temblaban un poco ante la situación que estaba viendo delante suyo. ¿Como podía estar tan seguro de querer defender a su gente pero de la misma forma paralizarse de aquella forma tan inmadura en un campo de batalla? Quería quitarse de la mente todas aquellas enseñanzas sobre paz y neutralidad que durante tantas décadas le habían implantado como bases irrenunciables.

Debía ayudar al pelirrojo beorc y lo sabía. Era evidente que un solo beorc no podría atacar contra todo un ejercito formado que quería adentrarse en un país y que de alguna forma u otra, había establecido una formación para atacarlos y no había sido fruto de un ataque esporádico. El dragón negro respiró hondo e intentó tranquilizarse lo mínimo que en una situación así le permitía. Debía terminar con aquellos enemigos y no procesar en aquel momento lo que estaba realizando con esas acciones o de lo contrario no podría pelear contra ellos. Un juicio moral lo único que aportaría a la situación es que el dragón quisiera volver a abandonar la pelea otra vez más y por lo tanto, debía intentar procesar los mínimos pensamientos sobre las consecuencias de aquellos actos en la medida de lo que pudiera.

Emprendió el vuelo, no dejando demasiado atrás el suelo firme en el cual estaba instantes atrás. No quería salirse demasiado del rango de ataque de los enemigos porque aquello también significaría dificultades para él cuando les atacase porque todavía no era capaz de controlar demasiado bien su precisión, solamente quería elevar su perspectiva un poco para que su ataque fuera más eficaz intentando ayudar al beorc que por el momento parecía ser su aliado. Y aunque hacía rato que sentía aquella nauseabunda sensación de pelea a su alrededor, el príncipe había tratado de repeler aquella sensación; pelear contra ella. Pero solo era una pérdida de tiempo y de energía en una batalla.

Todo estaba pasando demasiado deprisa y la sensación era terrible pero no tenía más tiempo. No. Puso una mano encima de su pecho, preocupado, mientras inhalaba aire y miraba la situación a su alrededor pero no podía concentrarse. Mantenía su mente en blanco a propósito, no quería procesar nada, ni pensar ninguna táctica. Solo quería atacar, pero le costaba demasiados esfuerzos. Proyectó su aliento contra los beorcs que estaban en la retaguardia mientras también tumbaba algún que otro beorc de la vanguardia, rompiendo con la formación que querían seguir, ya que el fuerte aliento hacía que o bien tuvieran que esquivarlo o el ataque les desplazaba hacía atrás.

Se llevó ambas manos a los lados de la cabeza. Era terrorífico lo que su raza podía llegar a hacer con sus habilidades de pelea... y nunca había sido consecuente de eso. Kurthnaga sacudió su cabeza levemente para quitar sus pensamientos, debía centrarse en su situación. Terminar aquello y salir con vida de allí. -  No puedo... concentrarme. Atacaré a la retaguardia, es lo único que puedo hacer en mi estado...
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 18, 2016 4:30 am

....Pudo sentir cómo durante su desquiciada carga hacia el ejército enemigo una llamarada descomunal pasó a unos cuantos metros por encima de su cabeza, siguiendo de largo hasta dar de lleno contra las tropas de emergidos. Una vez más el fuego sembró el caos entre los soldados. Lo que comenzó siendo una formación bastante organizada se vio forzada a romperse, con soldados dispersos por doquier para intentar no ser víctimas del fuego abrasador. No todos fueron igual de rápidos, hábiles o afortunados, y a estos desgraciados las llamas les alcanzaron y envolvieron. El fuego se encargó de encender cualquier material que se lo permitiese, como la tela de sus ropas o la madera en el asta de ciertas armas, haciéndoles sentir un auténtico infierno. Todavía peor para aquellos que poseían alguna armadura y que podían sentir cómo el metal comenzaba a calentarse a una velocidad vertiginosa, horneándoles.

....Si bien el escenario se había tornado a favor de los defensores de Goldoa, el pelirrojo tendría que moverse con suma cautela en adelante para evitar que los enemigos incendiados se hicieran cargo de prenderle fuego a él también. De modo que poco a poco su andar fue haciéndose más lento conforme alcanzaba a los enemigos, evadiendo tan bien como podía a los que eran víctimas de las llamas, o apuñalándoles tan pronto como intentaban recortar distancia con él. No pasó demasiado tiempo para que se viera a sí mismo en el centro de un círculo de enemigos, si bien se trataba de un círculo bastante caótico y repleto de dudas.

....Por tan solo unos instantes el mercenario se tomó el tiempo de voltear a ver a su aliado, presenciando cómo éste se sostenía la cabeza, aparentemente afligido por lo que ocurría. No le sorprendía en lo más mínimo, no tras saber que era un simple neófito en el campo de batalla. De haber tenido la oportunidad le hubiese ahorrado la tarea de tener que acabar con vidas ajenas, pero sabía muy bien que no podía darse ese lujo, no cuando el dragón era lo único que mantenía la balanza estable, en lugar de en contra suya. -
¡Tú puedes, muchacho! ¡No pienses, sólo déjate llevar! ¡Piensa en las vidas que estás protegiendo, en los seres queridos que estás cuidando! - No era un consejo demasiado elaborado, y tal vez tampoco muy útil, pero en esas circunstancias no podía tomarse el tiempo de sentarse y darle unas cuantas lecciones al chico.

....Los emergidos más audaces finalmente avanzaron hacia el pelirrojo para atacarle en cuanto éste se mostró distraído, aunque el espadachín fue capaz de regresar la atención hacia sus futuros atacantes y evitar un ataque por sorpresa. Con su espada bloqueó un corte que se dirigía por enfrente, e inmediatamente pateó en el estómago al emergido para obligarlo a retroceder. De soslayo alcanzó a ver cómo otro más se acercaba por la espalda, por lo que tan rápido como pudo se hizo a un lado para evadir una estocada, y casi al instante llevó hacia atrás su codo derecho para impactarlo contra el tabique del emergido, desplomándolo unos segundos en el suelo por la sorpresa y la fuerza del golpe.

....La determinación se marcó en el rostro del mercenario conforme transcurrían los segundos. No parecía existir atisbo alguno de duda o remordimiento en cada uno de sus ataques o sus acciones, aunque tampoco parecía existir orgullo o emoción. Solo podía apreciarse una ferocidad latente. Cada golpe iba cargado de fuerza y brutalidad, haciéndolos eficaces a pesar de lo rústicos que eran sus movimientos.

....Su espada continuaba moviéndose con precisión para repeler tantos ataques como le fuerza posible, o hundirse en el cuerpo de los enemigos a la menor oportunidad o ante cualquier defensa baja, pero repentinamente algo llamó su atención: una lanza pasó peligrosamente cerca de su cabeza, y otra más impactó a sus pies. Un rápido vistazo le permitió observar cómo algunos lanceros, distanciados a unos cuantos metros, aprovechaban a atacar de lejos al varón. En respuesta el mercenario silbó tan fuerte como sus pulmones se lo permitían y agitó la mano por encima de la cabeza para llamar la atención del príncipe, haciendo gestos hacia los arqueros y lanceros para que se encargase de ellos mientras él comenzaba a correr de forma errática para tratar de no ser un blanco fácil, algo bastante complicado cuando no solo tenía que huir de ellos sino también escabullírsele a los soldados que peleaban cuerpo a cuerpo y le daban caza.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Mar Feb 02, 2016 7:21 pm

Volvió a apoyar sus pies sobre suelo firme; quizás era una estupidez no aprovechar la oportunidad que le otorgaba ser un laguz alado para sacar todos los beneficios posibles a aquella cualidad, pero en aquel momento el príncipe de Goldoa necesitaba sentir que aunque no fuera capaz de controlarse a sí mismo en el campo de batalla había detalles que si le hacían sentirse mejor consigo mismo. Sentir sus garras sobre suelo firme era una de ellas, después de todo aquel suelo era territorio dragón y era el motivo por el que estaban peleando contra aquellos extraños beorcs. Con sus garras traseras dio un par de golpes sobre el terreno, como si quisiera comprobar que efectivamente podía mantener su peso allí. Respiró profundamente.

“No estás solo Kurth. Este guerrero beorc está de tu lado.” Tenía mucho miedo. Era su primera batalla real y los sentimientos encontrados que tenía en el campo de batalla le superaban, era un gran blanco en aquel extenso terreno que no daba lugar a poderse proteger con nada. Una llanura extensa y con alguna deformidad en el terreno, pero nada más; después de todo, lo que caracterizaba a Goldoa era su terreno rocoso. Era un gran dragón y aquello le ofrecía ventajas como poder tumbar a más oponentes por su grandioso tamaño que era proporcional a la fuerza de sus llamas pero también era un gran inconveniente: su gran tamaño también era una gran diana para que los enemigos centrasen sus ataques en él.

Un chillido de lo más agudo se escapó de sus labios cuando flechas de los enemigos acertaron entre sus escamas. Kurthnaga carecía de una formación militar, así como la mayoría de los dragones de su país y no tenía ni la menor idea de cómo debía protegerse de los ataques. Lo único que podía hacer era plantarse en aquel lugar y esperar que sus ataques fueran lo suficientemente poderosos como para no necesitar una defensa: pero lógicamente no fue así. Movía sus alas con dificultad, no por querer emprender el vuelo sino porque el dolor era algo nuevo para él y algo difícil con lo que lidiar. Empezaba a sentirse de lo más ansioso por terminar con aquella lucha pero el dragón negro no quería dejarse llevar por los instintos más negativos, ante todo lo último que quería era perder la calma.

Recordaba las palabras del beorc e intentaba repetírselas una y otra vez para no perder el hilo de la verdadera razón por la que se encontraba allí. – Kurthnaga. Debes proteger a tus gentes. Padre lo entenderá, no hay porque temer. Hay que instaurar de nuevo la tranquilidad… - No esperaba que nadie le respondiese aunque emplease un tono de voz que cualquiera que estuviera cerca de él pudiera escucharlo era un discurso para convencerse a sí mismo. Parecía como si el dragón negro inhalase aire para respirar hondo y tranquilizarse, pero instantes después volvió a emprender el vuelo para proyectar su aliento contra los beorcs que se encontraban más retirados: aquellos que con sus flechas le habían provocado un dolor que no era capaz de acabar de sobrellevar. Los extraños beorcs empezaron a correr hacia todas direcciones intentando apagar el fuego que les estaba consumiendo, rompiendo así su formación.

Una mueca de dolor se vio reflejada en el rostro del príncipe, quien volvió al suelo porque sus alas dolían cuando las empleaba para volar. Podía notar aquellas heridas vivas, como si existiese fuego dentro suyo. - ¡Duele mucho! – Odiaba que lo tratasen de niño, pero en aquel momento no podía reprimirse a actuar como uno. Siempre había sido apartado del dolor y la desesperación, era normal que no fuera a contenerse. Sus ojos rubí se fijaron en una roca de varios metros que se encontraba cerca de él, era de un tamaño considerable y motivado por el odio, Kurthnaga en aquel momento necesita canalizar su ira de alguna forma. El dragón levantó el gran peñasco y comprobando que el pelirrojo beorc no estuviera en su trayectoria, la lanzó contra algunos de los humanos enemigos, provocando que estos quedasen sin respiración alguna aplastados por este. -Por favor... Que dejen de acudir aquí más refuerzos humanos...
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 12, 2016 2:58 am

....El agudo quejido del dragón no solo llamó la atención del mercenario, sino también de más de un enemigo presente que, temeroso, se vio obligado a contemplar a la colosal figura para asegurarse de que tal sonido no hubiese sido el preludio de algo aterrador. Pero sí lo había sido, para desgracia de los emergidos. El príncipe había salido herido a causa de los arqueros, justamente esos a los que el pelirrojo le había señalado a su compañero para que derribara. A causa de esto aquellos enemigos habían llamado la atención del laguz, y no de la mejor forma. Una llamarada intensa y despiadada se propagó por las filas de los arqueros, quienes, sin haber sido capaces de evadir, comenzaron a verse envueltos en las abrasadoras flamas del muchacho.

....El escenario se plagó por los gritos de dolor de quienes perecían a manos del fuego, e incluso de aquellos que, aún vivos, habían quedado terriblemente marcados y con la carne apestando a quemada. Dicha escena no produjo ni alivio ni orgullo en el mercenario, muy a pesar de que estuviese viendo cómo el número de enemigos disminuía rápidamente. No era agradable ver herido a un compañero en combate, y tampoco lo era ver cómo éste se dejaba llevar por la ira en su primera batalla. Sin embargo, sabía muy bien que no podía hacer nada al respecto, sólo continuar blandiendo su espada y esmerarse para que la carnicería terminara lo más pronto posible.

....Los mismos lanceros de antes se dispusieron a volver a arrojar sus armas, a modo de jabalina, para herir de gravedad al pelirrojo, pero algo súbitamente se los impidió: una roca de respetables proporciones cayó brutalmente contra varios de ellos, aplastándolos en el acto mientras su sangre comenzaba a hidratar el suelo reseco de Goldoa. Se pudo oír el sonido de huesos quebrarse y metal abollarse, junto con los gritos de pánico, cuando el arma improvisada rodó tras su impacto inicial, embistiendo a otros tantos soldados y aplastando a uno que otro más.

....La participación del dragón había causado un impacto indescriptible en el combate. Muy a pesar de que los emergidos contaban con una ventaja numérica, el poder del dragón fácilmente rivalizaba con la de una docena o dos de aquellos soldados. Cada vez que el príncipe había arremetido tuvo como resultado multitud de heridos, por no hablar también de los muertos, y por ese motivo lo que quedaba ante el dúo que defendía la ciudad de Goldoa no era más que unas tres decenas de soldados, aproximadamente.

....El mercenario no demoró en volver a unirse a la escaramuza. Con su espada en mano, se arrojó hacia los soldados más próximos mientras estos apenas se recuperaban de la sorpresa y la conmoción causadas por el dragón. Su espada se hundió con inclemencia en el costado desprotegido de uno de los arqueros, y su cuerpo continuó avanzando, con el cadáver sostenido con la mano desocupada, en dirección a un espadachín cercano. No esperó ni siquiera a que este segundo enemigo reaccionara, pues arrojó sobre él el cuerpo sin vida de su compañero como si no fuese más que un costal de arroz. El emergido se hizo a un lado y evadió el cadáver, pero a causa de eso bajó totalmente su guardia por un instante, instante que aprovechó el pelirrojo para golpear con todas sus fuerzas la espada enemiga hasta hacerla caer al suelo, y seguidamente ejecutar un segundo mandoble dirigido hacia el cuello del contrincante.

....De pronto los contrincantes volvían a recordar por qué ese humano, de colosal estatura, era una amenaza para ellos incluso en presencia de un dragón. Varios soldados, unos mejor equipados que otros, se agruparon para dirigirse en conjunto contra aquel defensor y abatirlo, mientras otro grupo, mucho más grande, empezó a rodear al dragón para tratar de localizarle algún punto débil, o ciego, desde el cual atacar, siempre manteniendo una distancia prudente para no perecer a causa de sus patas.
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Re: Un enemigo en común [Campaña] [Kurthnaga, Argus]

Mensaje por Kurthnaga el Mar Feb 16, 2016 1:07 pm

No sabía si era el dolor que le estaba afectando negativamente o si realmente el cansancio que sentía era real; era su primera batalla y hasta el momento Kurthnaga no había tenido que probar cual era el límite de su desgaste físico en su forma transformada. Tampoco había realizado demasiadas tareas que requiriesen su gran forma de dragón negro así que aquello era algo totalmente nuevo para él. Veía los enemigos que se habían vuelto a establecer una formación entorno a ellos, probablemente viéndole como un enemigo de considerable peligro por su gran tamaño, se habían dividido en dos grupos pero la formación contra el príncipe dragón era más numerosa.

Podía notar que la cantidad de enemigos había descendido considerablemente, las tierras que pisaban se encontraban llenas de destrucción, tierra oscura debido al efecto arrasador de sus llamas y sangre de los enemigos que ya habían caído. Realmente eso no era lo que había querido, pero de la misma forma pensaba que prefería que eso ocurriese a las afueras de Goldoa, donde pocos dragones necesitaban salir fuera de murallas que los enemigos hubieran podido adentrarse a la fortaleza de a ciudad y hubieran causado el caos allí dentro. Las opciones de las que disponía no eran muchas y era el momento para aceptar que tenía que actuar... incluso si tenía que involucrarse en una batalla como aquella, porque como había tenido la oportunidad de ver: los enemigos no iban a parar porque él no pudiese pelear y la cuestión era fácil: o los enemigos terminaban con los dragones o los dragones con los enemigos. En momentos como aquellos no había una opción al alcance que pudiera evitar una pelea, era evidente que aquellos seres no estaban dispuestos a parar para dialogar.

Tenía bastantes enemigos alrededor y tenía miedo de que su energía decayese totalmente antes de que pudiera al menos haber acabado con una cantidad considerable de ellos. Si se destransformaba otra vez, probablemente no tendría fuerzas para huir muy lejos de allí y tampoco sería capaz de hacer nada de utilidad en su forma más parecida a la beorc. No sabía si funcionaría aquella idea pero no tenía nada más que intentar que no fuera proyectar fuego contra los enemigos; no quería no poder derrotar a los enemigos delante de sí y dejarle la carga a su aliado temporal porque el tuviera que reponer fuerzas antes de volver a poder transformarse de nuevo.

Apoyó sus garras en suelo firme y viendo como los enemigos se habían retirado un poco, con miedo al alcance de sus ataques, tuvo que acercase un poco más antes de darles la espalda durante unos segundos para dar media vuelta otra vez y golpearlos con su cola, haciendo que tuvieran que retroceder e incluso algunos cayendo aturdidos en el suelo. Aquel movimiento le ayudó a ganar unos instantes de margen para retroceder un poco hacía atrás y proyectar sus llamas azuladas otra vez hacía los enemigos que todavía estaban dispuestos a dar todo lo que pudieran en aquella lucha.

Se sentía agotado y no tardaron demasiados segundos hasta que empezó a emitir una luz que era familiar por haber ocurrido varias veces en aquel día ya y su gran tamaño empezó a reducirse hasta parecer un pequeño beorc. Kurthnaga agradecía de no haberse encontrado volando en aquellos momentos o se hubiera dado de bruces contra el suelo, todavía quedaba un grupo de enemigos con el que el pelirrojo beorc parecía estar lidiando en aquel momento, no quería ser una molestia... porque Kurthnaga tenía claro que no podía pelear en aquel estado, además estaba cansado y magullado, así que si algún enemigo decidía ir a por él: tenía muy pocas esperanzas. Intentó aprovechar que estaban ocupados para ocultarse nos segundos en alguna irregularidad del territorio.
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