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Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

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Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 22, 2015 2:08 pm

....Los caminos se habían vuelto más inseguros desde que los mercaderes y viajeros ya no tenían que preocuparse nada más por bandidos y ladrones, sino también por los infames emergidos. Ya era bastante común recibir encargos en los que una persona o grupo solicitaba los servicios de La Guardia para ser escoltados desde un punto hasta otro con seguridad, y estaba seguro de que su grupo no era el único que conseguía llenar un poco sus bolsillos de esa forma. Y si bien el líder del gremio lamentaba un poco que obtuviesen tantas monedas a cambio de un hecho tan lamentable como lo era el crecimiento en la inseguridad de los caminos, no se negaba a aceptar tales trabajos sino que, por lo menos, ofrecía un servicio más o menos económico. A fin de cuentas proteger a quien lo necesita era uno de los máximos objetivos de La Guardia.

....Pocos días atrás una carta había llegado a manos del mercenario, y de acuerdo a lo que le comunicó el mensajero ésta provenía de uno de los puertos cercanos. Curioso, el pelirrojo se sentó, abrió la carta y leyó su contenido:


Para: Líder de La Guardia
Neusdar

Estimado compañero:



Lamento molestarle y distraerle de sus ocupaciones, sin embargo me veo en la penosa necesidad de acudir a su grupo para ofrecerles un trabajo con el cual puedan solucionar un problema que me importuna. En las últimas semanas varios mercaderes procedentes del puerto de Neusdar han sido atacados en su camino a Sienne. Por falta de supervivientes desconocemos si esto se debe a algún bandido o a los así llamados "emergidos", aunque la presencia de algunos objetos de valor en los lugares de la tragedia nos hacen pensar que es más probable lo último que lo primero.

Necesito trasladarme a la ciudad capital de Sienne con urgencia, pero me temo que no poseo el valor para realizar el viaje yo solo. Asimismo me he reunido con varios hombres y mujeres, todos ellos buenas personas, que tienen la misma necesidad y los mismos temores. Varios de nosotros hemos oído sobre los servicios prestados por su grupo a este este puerto y otros pueblos cercanos, y deseamos contratarles para que nos ayuden a realizar tan importante viaje con seguridad y confianza. Entre todos los miembros de la comitiva hemos reunido algo de dinero que consideramos suficiente para poder pagarles.

Si aceptan no hace falta que comunique su decisión mediante otra carta sino que le esperaremos por acá hasta de semana y media, tiempo que debe bastar para que la presente carta sea entregada y ustedes puedan viajar hasta el puerto; de acuerdo a lo que nos informaron su base no se debe encontrar muy lejos de aquí. Cuando llegue búsqueme, me encontraré en hospedado en la posada "El viejo roble".
Ardric
Mercader de Sienne





....Realizó la lectura en silencio asintiendo con la cabeza de manera ocasional. Ya antes había estado en el puerto mencionado, a veces para realizar algunos encargos y otras por motivos personales, así que conocía bastante bien su ubicación. Si la mente no le fallaba, y estaba casi seguro de que no lo hacía, trasladarse desde la base hasta el puerto le tomaría unos tres días, y desde ahí hasta Sienne tomaría alrededor de una semana si marchaban sin apuro. No parecía un trabajo complicado, y aun si lo fuera estaba en contra de su ética el rehusarse a un pedido de ayuda. Decidió publicar un anuncio en el tablón que se encontraba a las afueras del palacio para reclutar a una docena de voluntarios que llevaría al puerto con él. Las solicitudes no se hicieron esperar y en cuestión de medio día ya tenía un grupo preparado para partir.

....Lograron recortar la duración del viaje a dos días y medio gracias al vigor de sus compañeros y el deseo por llegar tan pronto como le fuese posible. Varios de ellos, entusiasmados, creían que alguna deidad en el cielo debía de estar sonriéndoles al bendecir ese primer viaje y permitir que pudieran llegar sin ningún contratiempo ni la presencia de enemigos. Al llegar buscaron la posada mencionada en la carta, y al encontrarla vieron que no muy lejos de ahí había una taberna. El pelirrojo autorizó a sus muchachos a ir a ésta mientras él trataba personalmente los detalles del encargo con el tal Ardric.

....El dueño de la posada escuchó la breve explicación del mercenario y accedió a buscar a su cliente cuando supo que tenía que reunirse con él. En cuestión de minutos el hombre estaba regresando en compañía de quien, presumía el corpulento espadachín, debía de ser su contratista: se trataba de un varón cuya edad debía rondar los cuarenta años, su cabello, no tan abundante, conservaba una tenue tonalidad castaña, y sus ojos verdes se veían dotados de una mirada jovial que hacía juego con su rostro bonachón y sonriente. Vestía telas de elegantes y de calidad que cubrían su robusto cuerpo pasado d peso, y en algunos de sus dedos podía apreciarse uno que otro anillo. Al situarse frente al mercenario se pudo comprobar que el pelirrojo fácilmente le superaba por dos cabezas.


....- ¿Señor Ardric? - Interrogó el mercenario con una amable sonrisa mientras extendía su mano ofreciéndola como saludo. Rápidamente el mercader contestó con la mano propia, estrechando la ajena de manera enérgica. - ¡El mismo que viste y calza! ¿Con quién tengo el gusto de hablar? - El hombre ya había sido informado de que se trataba del mercenario al que contrató, pero seguía sin conocer su nombre. - Argus, amigo mío, soy el líder de La Guardia y quien leyó su carta. Por lo que me informaste hemos de escoltar una caravana hacia Sienne, ¿estoy equivocado? ¿De cuántos está compuesto tu grupo? - Ambos hombres se soltaron la mano y el mercader hizo un gesto en dirección a una mesa cercana para que ambos pudiesen sentarse a platicar con comodidad. - ¡Ah, directo al grano! Muy bien, muy bien. Tal como expliqué en mi carta el trabajo consta simplemente de protegernos durante nuestro camino. Somos diez, si no me equivoco: seis hombres y cuatro mujeres, entre ellos mi esposa. - El pelirrojo asintió con la cabeza. Diez cabezas que proteger, y ellos por su parte eran trece. No debería de haber mayor complicación, en especial si el grupo era dócil y obediente. - Bueno, como te has de imaginar hemos aceptado el encargo, razón por la cual nos encontramos aquí. Si no tienes problema nos gustaría partir a la brevedad posible, antes del anochecer. Lo único que me gustaría pedir con vehemencia es que durante el viaje sepan hacer caso. Si los cuidaremos necesitamos que nos obedezcan, no les daremos órdenes inverosímiles sino relacionadas con su seguridad: apagar el fuego en determinado momento, evitar hablar en una circunstancia u otra, etcétera. ¿No habrá problema con eso? - El mercader guardó silencio por casi un minuto mientras repasaba mentalmente a los miembros de la caravana. No estaba seguro de si realmente todos aceptarían obedientemente hacer caso si recibían una instrucción, en especial al venir de un mercenario, pero sabía muy bien que si le decía al espadachín que eso no sería posible éste podría retractarse de trabajar con ellos. De modo que solo recobró su sonrisa bonachona y negó con la cabeza. - No, ningún problema. Entonces, ¿ya debo ir preparando todo? - El mercader hizo amago de levantarse, y el mercenario contestó haciendo lo mismo y poniéndose en pie. - Sí, preparen todo. Alisten sus cosas, recojan sus pertenencias, etcétera. Cuando estén preparados vayan a la taberna de aquí al lado; tú puedes buscarme para avisarme, estaré por ahí.

....Ambos hombres volvieron a estrecharse la mano por educación y amabilidad. El pelirrojo cruzó el umbral de la posada mientras el mercader regordete subió las escaleras hacia las habitaciones para informarles a algunos de los miembros de la comitiva. Luego saldría del establecimiento para buscar a los otros que se hospedaban en lugares distintos.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Mar Nov 24, 2015 11:33 pm

La habitación huele a canela y especias, a flores y a picante, dulce y madera. Hay un recipiente pequeño humeante en el alféizar de la ventana. La piedra está algo desgastada en su superficie, pulida por el uso y aun algo húmeda por la brisa mañanera. Al momento que Suzuki se mueve por la habitación hay gotas que corren por el vidrio de la ventana, pronto desaparecerán y será como si nunca hubiera humedad en absoluto. Un incienso pequeño arde suavemente, el viento exterior empujando el aroma al interior sin viciar el aire del cuarto y combatiendo el aroma a sal que parecía impregnar todo hasta que Suzuki decidió contraatacar con algo más placentero para sus sentidos refinados.

Las cortinas ondeaban suavemente con el aire que entra de la ventana entreabierta. Es un cuarto pequeño para lo que está acostumbrado, pero la posada era de las más limpias de aquel lugar y la cama había sido lo suficientemente cómoda para no hacer más alboroto al respecto. Sobre la mesita de noche descansa un tosco (a su ver) juego de té y los restos de un desayuno que apenas ha sido probado. Ha sido una larga semana previa al viaje, llena de preparativos previos, armar un pequeño pero práctico equipaje que le recordó con amargura los tiempos en los que estaba en campaña, viajando con poco, siempre atrás de las líneas, protegido entre los números, pero con la tensión presente, que de moverse debían hacerlo con prisas, con poco encima. Solo lo esencial.

Lo peor de todo era la comida. Demasiada grasa, demasiados condimentos, mucha sal o mucho picante. Desagradable en general. Y el noble era bastante peculiar con lo que ingería. ¿Aquellos platillos regionales? no cumplían en lo absoluto sus expectativas, eran un insulto.

Todo se sumaba a los motivos por los cuales ya estaba de bastante mal humor. Sabedor, de que en cualquier momento de los próximos días tendrán que partir y aguantar a un grupo de personas de baja cuna y peores modales. Había intentado relajarse y prepararse para lo que sabía sería un tedioso y molesto viaje. Debía obligarse a entrar en un estado mental más… apto… para tratar con un grupo numeroso de personas.

No. No solo de personas. Plebeyos.

Apartó el destello de irritación. Desde su encuentro con el ladrón, se encontraba más agresivo de lo normal en lo que se refiere a los demás. Era un ardor incontrolable que le tenía quemándose por algo de actividad física. No se rebajaría a bailar en el hostal, oh no, pero la tentación de ir a patear algo era mucha. ¿dónde estaban los perros callejeros cuando se necesitaban?

Fue en ese momento que tocaron a la puerta. Sonaba casi tímido. Siendo que no tenía sirvientes, tuvo que ir a abrirla él mismo, tampoco iba a dejarla abierta para que cualquier mequetrefe pudiera entrar a sus anchas. Le recibió el organizador autonombrado de la caravana mercante, Ardric.

-¿Si?- Su tono de voz y su ceja arqueada denotaba que era mejor que fuera importante.



Y lo era. Tan importante, que unas horas más tarde estaba de muy mal humor junto a un acobardado mercader que no dejaba de mandarle miradas nerviosas al ceñudo noble. Era Suzuki quien pagaba la mayoría de los gastos después de todo.  O al menos su familia lo hacía, con tal de verle sano y salvo de regreso. Así que el pobre hombre estaba entre la espada y la pared, o entre dos espadas.

La sola idea de tener que obedecer a unos simples mercenarios era mas allá de irritante para el joven noble. ¿Creían que no podía defenderse en absoluto? si bien estaba a favor de contratar perros de ataque por si algún zarrapastroso grupo de ladrones, asesinos y peor se cruzaba en el camino de la caravana, no estaba en absoluto satisfecho con la idea de darle tanto poder de decisión a quienes, desde su punto de vista, solo alcanzaban a tener trabajo de mercenarios porque eran de muy baja cuna e incapaces de nada mas que de violencia física. Algo que no encontraba para nada respetable. Ya era bastante malo que nacieran pobres, pero además de pobres, se armaban y vendían sus servicios de protección contra otros pobres mas maliciosos.

Era un maldito círculo vicioso horrible. Se sentía víctima. Y eso era aún mas horrible. Esperó fuera de la taberna mientras el rechoncho mercader entraba a entablar los últimos detalles con el grupo de la Guardia, o eso tenía entendido Suzuki que eran. Él no pondría el pié en ese sitio. No de nuevo. Podía encontrarse a alguien familiar.

Finalmente les vió salir ¿Era ese hombre enorme de pelo rojo quien iría con ellos? con él iban un grupo variopinto de personas armadas. Al menos se veían lo bastante capaces de asustar a un grupo escuálido de ladrones. No se dejó impresionar. Tenía guardias de verdad en casa, entrenados a la antigua manera, honorables, decentes y bien equipados.

Solo con ver a quien estaba al mando se sintió aun más molesto.

-¿Estás seguro de que sirven? no pienso desperdiciar mi dinero en quien no podía ni cuidar mi equipaje- declaró venenosamente. Era infantil, malcriado y egoísta en ese momento. - Aunque bien podrían cargarlo-
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 25, 2015 10:47 pm

....En lo que su empleador se dedicaba a informar al resto de la comitiva que debían de preparar todo para viajar, el mercenario hizo acto de presencia en la taberna justo a tiempo para evitar que algunos de sus compañeros invirtieran unas cuantas monedas en vino y cerveza. El camino que tenían por delante era largo y requería de toda su atención, además de que sabía muy bien la mala imagen que podrían dar si unos cuantos del gremio se presentaban pasados de copas. Hubo uno que otro abucheo amistoso entre los demás integrantes que luego fueron seguidos por risas. Los pedidos rápidamente fueron cancelados y en su lugar se pidieron algunas jarras con jugo, con agua o con leche. Otros emplearon su dinero en algo de comida tanto para ahora como para el viaje. En general se les veía bastante animados ante el nuevo trabajo que estaban por realizar, bien sea por la sed de acción o de poder ayudar a otros.

....Poco más de una hora fue el tiempo que transcurrió antes de que el mercader bonachón se presentara en la taberna. Localizó con bastante facilidad a la escolta que había contratado y se acercó hasta el líder del grupo con una sonrisa enmarcando sus labios. -
¡Señor Argus! Ya todo está listo, la gente espera allá afuera. ¿Podemos salir? - Si bien se mostraba tranquilo y educado la prisa era evidente en sus palabras y sus gestos, cosa que no le extrañaba al pelirrojo al considerar que seguramente sus negocios dependían de cuán pronto llegase a la capital del reino. Pero había algo más, una especie de nerviosismo ahí latente que el mercenario no supo terminar de identificar o justificar. Y era que el mercader sabía que dentro de toda la comitiva existía un individuo en particular de carácter sumamente fuerte, a quien todos los demás habían sabido tolerar por sus enormes aportes económicos al viaje, pero temía que los mercenarios fuesen menos pacientes o tolerables.

....El líder silbó e hizo gestos con las manos para exhortar a sus muchachos a dar por finalizado el descanso. Cada uno de ellos pagó su parte lo más pronto posible. A quienes les quedaba alguna bebida la apresuraban rápidamente por su garganta, y a los que les quedó algo de comida la metieron en una bolsa, sin importar si se trataba de pan o de pollo, para poder hincarle el diente más adelante. En cuestión de minutos todos se encontraban listos y saliendo organizadamente por la puerta del local.

....Los guerreros se acercaron al grupo de viajeros para conocerlos, ver sus caras y grabarlas en su mente, además de hacerse una idea de la clase de personas que escoltarían. Varios de ellos se veían como individuos de dinero, fuese mucho o poco, aunque definitivamente el bailarín destacaba entre todos ellos no solo por su porte altivo y engreído sino por la exquisitez de sus prendas e incluso su porte. Éste no tardó en demostrar su supremacía a través de sus palabras. Sus comentarios no parecieron ser bien recibidos entre los mercenarios, quienes se miraron las caras y luego observaban al muchacho.

....Pero fue el líder quien tomó la palabra, no sin antes soltar una tremenda carcajada y acercarse hacia el chico. -
¡Ja, ja, ja! ¡Calma, muchacho, calma! Te puedo garantizar que mis muchachos y yo estamos más que capacitados para proteger a tan noble compañía. - Con ese exceso de confianza que le caracteriza el varón dio una fuerte pero moderada palmada en la espalda del bailarín al mismo tiempo en que soltaba una segunda risa. - Por desgracia, amigo mío, tenemos más entrenamiento en combate que el que tenemos como burros de carga, así que en eso último no te podremos ayudar. Pero, ¡estoy seguro que señores tan instruidos como ustedes sabrán cuál es la forma más eficiente de cargar sus cosas, así que suerte con eso! - Puede que no tuviera los modales para tratar con la etiqueta apropiada a un noble, pero sí que tenía algo de experiencia lidiando con esa clase de gente, por lo que esa clase de comentarios ponzoñosos tenían un poco menos de efecto en él que el que tenía en sus compañeros, más jóvenes y e inexpertos en esa área.

....Con la misma naturalidad con la que se le acercó a aquel hombre que seguramente le superaba por mucho en la escala social, se alejó para poder reunirse con el resto de su grupo. Todos se agruparon en torno a su líder para poder oír las instrucciones y la manera de proceder. Finalmente los viajeros fueron guiados hasta la salida del pueblo, y una vez allí inició una formación sencilla pero eficaz para la situación: las personas a las que tenían que escoltar viajarían en el centro mientras un grueso del grupo de mercenarios se encontraría en la parte de atrás cubriendo cualquier posible ataque por sorpresa o ayudando a quien tuviese alguna complicación. Los costados contarían con menos soldados, apenas los suficientes para vigilar y defender, y los restantes, un grupo de menor tamaño que el que se encontraba detrás, iría al frente a poca distancia de los mercaderes, y encabezados por su líder. Tres hombres, bastante conocedores de aquellas tierras en particular, irían mucho más al frente del grupo para poder explorar el camino por el que transitarían para que pudiesen enterarse con anticipación sobre la presencia de alguna clase de enemigo.

....El ambiente, en el momento en que comenzó el viaje, se mostró ligero. Los soldados platicaban entre sí aunque procurando mantener un ojo en los alrededores, y los propios viajeros parecían un poco más cómodos y relajados en presencia de los mercenarios contratados. Aquellos que se conocía entre sí se agrupaban y platicaban. El más rechoncho de la comitiva, Ardric, se acercó con cautela al bailarín con una sonrisa un poco nerviosa. -
¿Gusta de algo mientras caminamos, señor Suzuki? Mi esposa trajo algo de buen vino, por si tiene sed, y unas frutas deliciosas y frescas que compró antes de partir.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Nov 29, 2015 9:28 pm

Entre mas tiempo observaba a los supuestos mercenarios, guardias o como quisieran llamarles, que iban a "cuidarlos" en el trayecto, menos seguro le parecía el asunto. ¿Qué le decía que no eran unas traicioneras serpientes? una vez en lo salvaje igual de fácil les protegían, les robaban o les mataban en el camino para no tener que cargar con ellos el resto del trayecto, quedándose las mercancías y demás cosas que tuvieran encima.

Bueno, lo que estuviera en el carromato. Porque… en serio, Suzuki no iba a mover un dedo para cargar equipaje, propio o ajeno.

Posiblemente necesite mas belladona antes del final de este horrendo viaje . Por algo nunca salía de la capital. La muy segura, esplendorosa y por sobre todas las cosas, abastecida capital.  Si no hubiera matado ya a sus secuestradores estaría contemplando torturarlos un poco mas. Pero en vista de que no tenía para desquitarse a los principales causantes de su desdicha, todavía quedaba como blanco el resto de la humanidad.

En especial los que le rodeaban.

Ver al mercader actuando todo zalamero y sumiso era bastante para molestarle. Pero que el mercenario se acercara a él con tales confianzas estaba a un nivel diferente. Al nivel en el cual consideraba sacar una daga para clavársela en un pulmón. Era lo bastante grande como para no perder el blanco así arrojara el arma desde diez o doce metros de distancia.

-¿Qué intentas? - Y por su tono de voz, nada mas le faltó el gesto con el que uno espantaría a un perro callejero. ¿Por qué se estaba acercando tanto? ¿Qué iba a hacer? si creí que simplemente podía golpearle o algo así iba a estar en un gran problema, uno enorme, haría que le arrancaran la cabeza, que le cortaran las manos, de dedo en dedo por supuesto, para luego hacérselas comer bien fritas en aceite de cocina de mala calidad, de ese que le gusta usar a los plebeyos y.. y…

Fue un shock. Un completo y horrible shock. ¿Le había tocado? ¿Se había atrevido? su mente se había quedado en blanco de la pura ira que corría por sus venas. Y encima de todo, le había llamado muchacho y mi amigo, con tales confianzas.

Creo que voy a desmayarme del disgusto . No, no se desmayó. Pero cerca estuvo. Igual de cerca de ir hacia el pelirrojo descarado y patearle las pelotas por atreverse a tocarle con tales confianzas.

Descarado, sucio mercenario.

Zalamero, inútil mercader.

Y terrible clima.

Porque una vez que llevaban buen tramo de camino andado, fue solo en ese momento que decidió que era tan bueno como cualquier otro para empezar a nublarse. Lo único que le faltaría sería que comenzara a llover. ¿Caminar él con sus zapatos en un camino mojado? ¿Con el lodo? ¿Y los bichos en el lodo? era bastante que se dignara a caminar hasta el momento, y solo porque pocas cosas serían mas indignas que ir bamboleándose entre la mercancía del carro tirado por dos pesados y lentos bueyes.

-No… no me interesa el vino en este momento-  O fruta, o comida en general. No confiaba en lo que pudieran ofrecerle. Podía decir que era de buena calidad, pero las posibilidades no estaban a su favor.

-Un mago que pudiera controlar el clima… por otra parte- miró con recelo extra las nubes que comenzaban a acumularse en el horizonte. Lluvia ahora, o lluvia mas tarde. ¿Qué sabía él de lluvia? esas nubes igual venían que iban. Pero si los mercenarios creían que un Suzuki en estado natural era irritable o gruñón, esperen a ver uno mojado.

Uno mojado y rodeado de plebeyos mojados. Esperaba que se hubieran bañado u olerían a chivo muerto al anochecer.

-No puedo creer que esté haciendo esto, rodeado de… uggggr- desagradables, sucios. Pateó especialmente duro una pequeña e inocente piedra en el camino. Y… ups, directo hacia el pelirrojo.

A la cabeza.

Había sido un accidente. En serio.

Desvió la mirada y fingió inocencia, pese a la mirada horrorizada del mercader a su lado. ¿Qué? no lo hizo a propósito. ¡El hombre había atravesado su cabezota en el camino!

Fue un evento fortuito, serendipia entre la piedra y el pelirrojo.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 29, 2015 11:21 pm

....El viaje transcurría con aparente calma, y el único contratiempo con el que tenían que lidiar por el momento era el cómo el cielo empezaba a poblarse de densas nubes grisáceas. Esa misma mañana ninguno de los mercenarios hubiera previsto que su trayecto se vería acompañado por la lluvia, aunque tampoco es que tuviesen alguna clase de preparación sobre el estudio del clima. Pero, más allá de eso, el camino hasta Sienne prometía ser sereno y seguro. Con esta sensación de tranquilidad el líder de los mercenarios se tomaba algo de tiempo, de vez en cuando, para voltear y observar por encima del hombro a aquel noble con el que había tenido el pequeño roce. Más que preocupación le producía algo de gracia. No era el primer noble pedante que conocía, y estaba seguro de que tampoco iba a ser el último. Y, por sus gestos, podía adivinar que no se sentía en lo absoluto cómodo con cómo estaban transcurriendo las cosas.

....Había decidido, sin embargo, restarle importancia a sus berrinches. Sabía que no valía la pena darle demasiada cuerda a esa clase de gente. Pero la situación cambió un poco cuando sintió, de pronto, cómo algo sólido y de pequeño tamaño golpeaba su nuca. No fue un golpe demasiado fuerte como para hacerle sangrar o siquiera hacerle una marca, pero sí lo suficiente como para producir cierta punzada de dolor. Sus pasos se hicieron un poco más lentos y su rostro volvió a girarse para contemplar a la comitiva. Nadie dijo nada ni delató al culpable, o por lo menos no de manera intencional. Pero la forma en la que varios observaban con nerviosismo al bailarín y al mercenario daba a entender quién había sido el que arrojó el malicioso proyectil, como él lo había considerado.

....Su sonrisa no se borró ni su gesto se endureció. Si realmente aquello había sido con toda la intención de agredirlo, sabía que mostrarse afectado solo iba a alimentar el ego del muchacho y motivarlo a continuar. Además, ya antes había recibido tratos similares. Se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia el chico con un paso sereno. Su mano, mientras tanto, se metía en una de las bolsas que colgaba de su cintura y de allí sacaba un par de manzanas que había comprado en la taberna antes de iniciar el viaje. Cuando se encontraba a una corta distancia del bailarín arrojó en su dirección una de las frutas. No la lanzó con fuerza, por lo cual no se produciría ningún golpe doloroso, pero suponía que dejaría al noble en un dilema: o atrapar la manzana y, con ello, aceptar siquiera por un momento el regalo, el cual posiblemente no se encontraría en su mejor higiene al considerar el estado en el que se encontraban las manos del pelirrojo ese momento, o no atrapaba la fruta y ésta le golpearía, cosa que no lastimaría su cuerpo pero seguramente sí su orgullo. -
Come algo, muchacho, y tal vez tu humor mejore un poco. - Cuando finalmente llegó a él se situó a un costado suyo y igualó su ritmo al del contrario. Las miradas de nerviosismo por parte del resto de los viajeros se hicieron más notorias, e incluso Ardric, con el mayor disimulo posible, trataba de hacerle gestos al mercenario para que no le hablara al bailarín, que no se le acercara, que no le dirigiera la mirada. No lo hacía precisamente por respeto al noble y para mantener lejos de él a los plebeyos, sino más bien para evitarle un rato amargo al mercenario, quien, en el fondo, le había caído hasta mejor que el berrinchudo adinerado.

....El pelirrojo, no obstante, hizo caso omiso de cualquier advertencia y esgrimió su mejor y más despreocupada sonrisa. -
¿Sabes, chico? No deberías amargarte tanto. Ya hay bastantes problemas hoy en día asediándonos, queramos o no, como para pasar de mal humor por pequeñeces, ¿no lo crees? - Dio un amistoso codazo en el costado de su interlocutor y luego se llevó la manzana sobrante, que conservó para sí, a la boca. Dio un buen mordisco y dejó que algo de jugo escurriera por su barba. - Por cierto, creo que no tuvimos el placer de presentarnos antes. Me llamo Argus, y como ya sabrás me dedico a organizar a estos muchachos. ¿Y tú, colega? ¿También eres mercader? - Ya había consumido gran parte del bocado que había dado, pero todavía tenía algo de manzana en su boca y hablaba despreocupadamente mientras lo masticaba.

....De pronto lo que ya muchos habían estado esperando ocurrió: lentamente algunas gotas empezaban a caer, humedeciendo a viajeros y mercenarios por igual. Pero, como si el destino o la vida estuviesen empeñados en ir en contra de los deseos del noble, lo que inició como una suave llovizna fue transformándose paulatinamente en una violenta y feroz lluvia a una pasmosa velocidad. Algunos de los viajeros se valieron de prendas o telas de su equipaje para cubrirse las cabezas, mientras que varios de los mercenarios parecieron recibir de buena gana la lluvia. No era la primera vez que viajaban bajo esa clase de clima sin contar con algo bajo lo cual cobijarse.

....El pelirrojo le hincó los dientes a la manzana para mantenerla sujeta con su boca, y ahora con ambas manos desocupadas se desabrochó la capa que traía consigo. Luego caminó con paso tranquilo hacia una señora que traía a un muchacho de muy escasa edad en brazos, y cubrió a ambos con la gruesa tela. Era lo suficientemente grande y abrigadora como para evitarles empaparse demasiado y brindarles algo de calor. Ardric, viendo lo ocurrió, no pudo sino sonreír en agradecimiento al varón. Se trataba de su esposa y de su hijo.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Lun Nov 30, 2015 2:45 am

Y siguió fingiendo inocencia. Total y completa inocencia. Pese a los ojos acusadores de media docena de mercaderes sobre su persona. ¿Qué no tenían decencia? deberían de dejar de violarle con la mirada. Vale. Se notaba dónde estaba la preferencia del grupo. Bola de zánganos malagradecidos, a la próxima esperaría a que pudieran mandar a uno de sus obedientes guardias para rescatarle. Eso al menos le ahorraría tener que tratar con esos pobres con garras demasiado largas y manitas avariciosas. Como goblins de cuentos.

Toda aquella situación iba a provocarle un legendario dolor de cabeza, lo presentía desde aquella mañana. Y tan luminosa y bonita que había parecido. Como bien dicen, no te fíes de las apariencias. Un día claro puede volverse horrible y nublado. Y un mercenario con una sonrisa puede arrojar cosas en su dirección. Cosas redondas, rojas y… definitivamente sucias, si habían estado en el morral del pelirrojo

-¡Ey! ¿Qué? - Miró el arma infractora. Una manzana. Una manzana de apariencia saludable para cualquier persona, menos para Suzuki por supuesto. Era solo un fruto rojo con una cáscara molesta de masticar y un relleno no lo suficientemente delicioso para su gusto.

No. Nunca le habían gustado mucho las manzanas. Dejó la fruta en manos del rechoncho mercader con un gesto levemente desdeñoso. Igual de fácil pudo esquivar el fruto en primer lugar, pero no quería andar ejercitándose a esas horas del día. Encima de todo, parecía que necesitaría todas sus energías y paciencia para tratar con ese sujeto.

-Hump… difícilmente me conoce usted lo suficiente como para juzgar mi estado de ánimo - y ahí tuvo que contener un estremecimiento de disgusto al ver el modo en que comía esa -inocente- manzana, ahora le tenía simpatía, pobrecilla, terminar la mitad derramada en la barba de un mercenario debía ser suficiente castigo para cualquier fruta, sin importar lo desagradable y plebeya que sea.

Y le tocaba de nuevo. No, no podía contenerse, le dio un pisotón lo mas discretamente posible.

- Suzuki Uzume… y no soy un mercader- Le miró evaluadoramente, de nuevo. Y no, no respondió a su pregunta. Por lo que sabía se hacía el inocente para recopilar información para ver si valía la pena secuestrarlo o directamente matarlo. No iba a hacerlo fácil para él. Entre menos supiera de sus habilidades mejor. Miró muy digno hacia el frente, alzando un poco mas la barbilla. -Y deja de tocarme… o de invadir mi espacio personal, ambos serían muy apreciados- ¡Oh! ¿Dónde estaba uno de sus guardias cuando les necesitaba?

En la capital con sus otros hermanos… cierto.

Y finalmente, el agua caía. Las primeras gotas aterrizaron y prontas les siguieron mas y más. Con un gesto enfadado desprendió lo que parecía solo otra parte del fajín que llevaba desde casi las caderas hasta debajo del pecho. Solo era tela, pero era bastante resistente a mojarse así que serviría para el propósito. Le lanzó una mirada venenosa al pelirrojo con la mujer y el niño. Ahí había un carro cubierto donde podrían guarecer a los obviamente poco capaces de valerse por si mismos, pero como siempre, los plebeyos no eran capaces de pensar por su cuenta.

¿Él? ¿Dar una mano? Pfff ¡si claro! como si tal cosa fuera a suceder. Oh no, no sería culpa suya si enfermaban. Cada quien se rascaba con sus uñas, a menos que les pagaran por lo contrario.

- Estoy rodeado de idiotas- masculló adelantándose algunos pasos, el camino todavía no se enlodaba, pero no tardaría mucho. Incluso subirse en el carro no ayudaría mas adelante. ¿Y si tenían que parar? ¿Ahí? en medio de la nada. Sacudió la cabeza sin dejar de cubrirse. El agua resbalaba por la pañoleta pero aun así empapaba sus pies. Era de lo mas irritante. Y ciertamente, Suzuki parecía un niño y no un hombre joven, alejándose berrinchudamente entre los mercaderes que apenas le toleraban por el bien del dinero que aportaba.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 02, 2015 2:00 am

....El pelirrojo contestó con una sonrisa propia a la del mercader, y habiendo concluido su buena acción del día se dedicó a regresar hacia donde había estado con el noble. Éste, sin embargo, ya no se encontraba ahí. Notando aquello el mercenario soltó una risa en voz baja al suponer que el mal humor había sacado lo peor de su compañero y que éste, seguramente, había buscado marcharse de ahí para no verle más. Ver aquel comportamiento le producía una pizca de ternura y compasión, y es que era como si el bailarín fuese todavía un niño atrapado en el cuerpo de un hombre más adulto. Algo que había visto bastante a menudo en la alta alcurnia, por cierto, aunque no en toda.

....Decidió dejarlo en paz durante un rato mientras regresaba con los viajeros para ayudarlos a cubrirse con cuanto tuviesen a la mano, o a subirse al carromato a aquellos que deseaban refugiarse debajo de un techo, por frágil que fuera. A él en particular no le molestaba en lo absoluto empaparse. No era la primera vez que le tocaba estar bajo la lluvia, y recordaba cómo en su época en el ejército hasta le tocó dormir bajo la dureza del clima sin sitio en el que refugiarse. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Pescar un resfriado al concluír la jornada? Nada de lo que tuviese miedo o desagrado.

....El viaje continuó bajo aquellas condiciones que, en vez de mejorar, empeoraban poco a poco. La lluvia se tornaba más fuerte y al sonido de las gotas cayendo sobre el escenario se le sumó la de los feroces relámpagos que iluminaban el suelo y emitían aquel ruido ensordecedor. Alcanzó a oír cómo un par de viajeros hasta comentaban con disimulo que aquello debía de ser un mal presagio.

....Tal vez tuvieron razón, pues unos segundos después las desgracias comenzaron a hacer acto de aparición para complicar aquel viaje que había iniciado tan pacífico. Un grito se escuchó de pronto entre las filas de los mercenarios cuando uno de los soldados cayó hincado sobre una de sus rodillas con una flecha incrustada en el muslo. Otro más le siguió con un grito y unos cuantos insultos en voz alta cuando un proyectil le hirió en el hombro. Otras tantas fueron a parar contra el suelo o la madera del propio carromato. Casi de inmediato todos los mercenarios voltearon hacia el origen del ataque para así contemplar al causante: un grupo de hombres fuertemente armados, demasiado para parecer bandidos. Además portaban consigo un estandarte al que no se le podía identificar ni con Begnion, ni con Daein o Crimea. Eso solo podía significar una cosa.


....- ¡EMERGIDOS! ¡Que nuestros acompañantes tengan cobertura! ¡Los heridos se quedarán atrás con ellos para cuidarlos! - Rugió aquella orden y sus soldados no demoraron en obedecer. Varios de los mercaderes emitían gritos de angustia o consideraban correr lejos, pero rápidamente los mercenarios fueron agrupándolos junto al carromato, en el costado opuesto al de los emergidos. La madera serviría de escudo para la pequeña comitiva y la tela que lo cubría actuaría como pantalla para que no pudieran apuntarles con certeza. Un reducido grupo se quedó con ellos para cuidarles de cualquier enemigo que se acercara, y los restantes se mantuvieron al frente, aunque dispersándose para que no fuese tan fácil dispararles a todos.

....El pelirrojo evaluó con un rápido vistazo a todos los hombres con los que contaba, y fue cuando notó cómo el bailarín, quien se había adelantado del resto, no había sido conducido por sus muchachos al sitio que debía. Aislado, como se encontraba en ese momento, era el objetivo perfecto para ser atacado, en especial cuando no parecía contar con ninguna armadura o escudo. El varón intercaló brevemente la mirada entre los arqueros, que preparaban sus armas y de entre los cuales algunos se preparaban a apuntar al noble, y éste, quien parecía expuesto al peligro.

....Corrió tan rápido como le fue posible, con sus pies en ocasiones resbalando con el húmedo suelo aunque sin llegar a caer, y cuando quedó a una corta distancia del chico se lanzó sobre él con todo su peso, buscando derribarle al piso en compañía suya. Seguramente la caída podría doler, y definitivamente la ropa se llegaría a manchar, pero estaba más que seguro que el noble preferiría unas manchas de lodo a unas hechas por su propia sangre. Casi al instante pudieron oír el silbido de las flechas pasar por encima de ellos y seguir de largo su trayecto hasta perderse de vista.


....- Corre con los demás, muchacho. Nosotros nos encargaremos de esto, déjaselo a la gente grande. - Por su rostro y su físico estaba claro que su interlocutor no era ningún crío, pero, como ya había reflexionado antes, en su actitud sí que parecía serlo, en especial con cosas como querer que otros cargaran su equipaje. Dicho eso, el mercenario se colocó en pie y volteó su cuerpo en dirección al enemigo.

....Los arqueros se llevaron una sorpresa cuando otros, aunque estos pertenecientes a La Guardia, dejaron volar sus saetas y acertaron éstas en la cabeza o cuello de algunos emergidos desdichados. Se creó una muy breve conmoción cuando comprendieron que también sus víctimas contaban con ataques a distancia, y fue entonces cuando los soldados armados con espadas, hachas y lanzas comenzaron a cargar hacia la comitiva, y los mercenarios les imitaron, corriendo hacia sus atacantes. Él no fue la excepción y, desenvainando su espada inmediatamente, se lanzó al combate, siempre dedicándoles una rápida mirada a los arqueros enemigos para conocer cuándo estaban por hacer de las suyas.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Miér Dic 02, 2015 3:47 am

El clima se ponía peor. Pero bueno ¿Qué mas podía salir mal con ese viaje? ya le odiaba la guardia completa, no que le importara, deberían besar el piso donde caminaba. Y la lluvia seguía y seguía con sus truenos y su rabieta encima de ellos.

No notó la aparición de los emergidos hasta que el segundo mercenario fue derribado. ¿Qué podía hacer? era un bailarín, no un curandero. Y había hombres fuertemente armados al frente, con arcos apuntándole. Eran muchos. Eran tantos y tantos. Con arcos y espadas y hachas.  Claro, estaba demasiado asustado para ver realmente números, solo le parecían una cantidad aterradora para el número de mercenarios que traían con ellos. Suzuki estaba congelado como si fuera un ciervo acorralado por un wyvern. Hasta que el peso de lo que le pareció un dragón completo se estrelló contra él, mandándole al piso bajo su salvador y dejando que las flechas pasaran como saeta por encima de sus cabezas.

Oh diosa, gracias, gracias. Y para el pelirrojo le miró con terror y furia.

-¡Tú! enorme bruto, me romperás las costillas-  si no es que las había roto ya con semejante caída. Le empujó y al ver la cantidad de emergidos frente a ellos el frio miedo bajó por su espalda. El comentario del mercenario no ayudó a aliviar su orgullo herido.

Pero no había tiempo de lamerse las heridas cuando debía ponerse a salvo. Lo intentó, ocultarse era lo mas lógico, esconderse tras uno de los mercenarios. Que para ello le pagaran. Pero le alcanzaron antes.

Repentinamente estaban ahí, alrededor y en todas partes. Resbalaba en el lodo al agacharse para esquivar un hacha hábilmente dirigida, los bueyes estaban encabritándose a su espalda, inquietos y poco dispuestos a quedarse cerca de la zona tan peligrosa que olía a sangre y se escuchaba violenta.

La pelea estallaba al frente y a su alrededor, otros miembros de la Guardia acudían a defender a los mercaderes. Y ahí estaba él, en medio de todo, con las piernas temblando, en medio de una batalla una vez mas, con la lluvia fría empapándole y el sonido del metal chocando contra el metal o la madera compitiendo con el trueno. Una de sus dagas estaba en su mano antes de saber cómo la había sacado de su escondite.

No iba a morir, no se dejaría morir. No cuando ya había estado tan cerca de un destino peor que la muerte. No iba a morir. Menos cuando no había tenido la oportunidad de patearle las pelotas a ese pelirrojo molesto, irritante y ridículamente monstruoso en tamaño. Estaba asustado, pero estaba furioso. Y dancer o no dancer, había estado en el ejército, había visto suficientes batallas para tener pesadillas sobre soldados cayendo mas allá, enfrente suyo, mientras él seguía bailando fríamente.

Y dolía recordar. Opacaba la memoria de bailes suaves en la corte. No eran en nada similares, la rabia de un baile de batalla, la energía; en comparación con la sutileza de una danza para entretener.

Con un grito de rabia clavó la daga en el primer costado descuidado que no perteneciera a los suyos. La arrancó de nuevo con un repugnante sonido a carne desgarrada, la gemela estaba en su otra mano y su ropa ya se había salpicado de sangre, pero no había tiempo para pensar o tener pánico. Debía bailar. Si se detenía iba a temblar y esconderse, gritar como antes, pedir auxilio. Con dagas en mano, solo podía bailar entre los atacantes y cortar cuando tenía un blanco abierto. Intentar bloquear un hacha con sus pequeñas dagas era ridículo, solo podía esquivar y dejar ese enemigo a alguien mas. Una espada todavía sería posible, si tenía cuidado de no quedarse sin dedos. Pero la cercanía del metal hiriente era peligrosa.

No. Debía bailar cerca y lejos del acero. Rogar que nada acertara y que los arqueros no le encontraran como un muy interesante blanco en movimiento mientras el baile obraba su magia.  

Y bailó. Bajo la lluvia, rodeado de enemigos y aliados que no le cuidarían la espalda, en el piso enlodado que le hacía resbalar si no tenía cuidado.

Arrojó incluso uno de sus zapatos cubiertos de lodo en la cabeza del siguiente emergido que se acercó al carromato. Era mejor así, los pies descalzos no resbalaban tanto, pero tenía uno cubierto por si debía patear algo demasiado duro. Los dedos se aferraban a la superficie suave y le permitían giros imposibles sobre su mismo, agacharse e impulsarse hacia un lado para evitar el filo del bronce que pasó silbando a un lado de su cabeza. E iba congelarse de nuevo, quería arrojarse al piso y esconderse lejos. Que su hermano viniera a salvarle otra vez antes de que uno de los arqueros le atravesara con una flecha y destrozara su hombro.

Que idiotez. No podía tirarse y esperar que nadie le ayudara. Había crecido rodeado de nidos de víboras. Así que todavía de pie, se enfrentó al siguiente atrevido que se acercaba con un arma en su dirección. Usó a uno de la guardia como trampolín para patear y clavar el par de dagas a ambos lados del esternón. El ruido de hueso cediendo era grotesco y la sangre era suficiente para manchar sus manos y su ropa.

Escuchó un grito desde el carromato.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 02, 2015 10:18 pm

....El primer objetivo de los mercenarios fue evidente: los arqueros. Era difícil mantener a salvo a los viajeros cuando había flechas volando por doquier. Detener una espada o bloquearle el camino a un enemigo era algo que podía solucionarse, pero atajar o desviar un proyectil en pleno vuelo resultaba una tarea mucho más complicada. Conforme avanzaban algunos de los guerreros se quedaron detrás deteniendo el avance de los emergidos que se dirigían hacia la comitiva, mientras que el resto, ahora un grupo más reducido, continuaba el avance hacia sus víctimas. No pasó demasiado tiempo para que pudiesen recortar la distancia hasta ellos y alcanzarles. Los segundos que siguieron fueron una auténtica masacre. A pesar de que los arqueros trataron de volver a alejarse, los mercenarios fueron mucho más rápidos y les abatieron sin la menor piedad. Unas muertes fueron más rápidas que otras, pero todos y cada uno de ellos cedieron ante el filo del bronce.

....El corazón del pelirrojo latía a toda fuerza, la adrenalina inundaba su torrente sanguíneo y las ansias y la preocupación hacían de las suyas en su mente. Era algo bastante natural en él al momento de la batalla. Dudaba que existiera un guerrero capaz de combatir de esa manera y de acabar con la vida de otros seres sin sentir siquiera un mínimo de remordimiento, o sin temer que en algún momento un error o el puro azar hicieran que él mismo fuese el siguiente objetivo de la muerte. De existir alguien así, seguramente le produciría una profunda repulsión, o una enorme lástima. Tampoco resultaba fácil pelear sabiendo que la vida de otros dependía de él, y de que cualquier equivocación quien sufriría sería alguien más. Sabía que el detalle no estaba en no sentir nada, sino en dejar, como él estaba haciendo en ese momento, que sus sentimientos se mantuvieran a raya y no nublaran su juicio ni le hicieran temblar el pulso al momento de blandir la espada.

....En total sincronía el grupo que había avanzado para hacerse cargo de los arqueros se dio la media vuelta y cargó en dirección hacia los soldados que se habían detenido a combatir contra los mercenarios que quedaron detrás. Si bien la cantidad emergidos con arco había sido relativamente escasa, no podía decirse lo mismo de aquellos preparados para el combate cuerpo a cuerpo. Varios ya habían logrado avanzar hacia el carromato y ahora lidiaban contra las flechas de los arqueros de La Guardia o contra los mercenarios que se habían quedado con los viajeros para ayudarlos a refugiarse. La mirada del pelirrojo rápidamente captó que había alguien más combatiendo. Un hombre que no era ni un emergido, ni uno de su propio gremio, y que si bien no parecía todo un experto en el combate lograba moverse con agilidad y soltura por el campo de batalla, evadiendo así los inminentes ataques y localizando el momento oportuno para atacar en algún punto vital. Era nada más y nada menos que el bailarín.

....Viendo que la situación se estaba poniendo particularmente complicada alrededor de sus protegidos, el líder del grupo se abrió paso entre los enemigos que le rodeaban y se aproximó tan rápido como le era posible hacia aquel sector de la batalla. Se dirigió hacia un enemigo que comenzaba a aproximarse peligrosamente hacia el bailarín, y tan pronto le tuvo al alcance de su arma realizó un profundo corte en la espada del emergido. Éste emitió un grito de furia y se giró, listo para contraatacar, pero poco fue el tiempo que tuvo para hacerlo. Apenas se había visto frente a frente con su atacante, la espada de éste le atravesó el pecho limpiamente.


....- No está mal, muchacho. ¿Quién lo diría? Sí que tienes agallas para defenderte por ti solo, y sabes usar esos cuchillos para algo más que afeitarte. - Sujetó por el cuello el cadáver y desenterró la espada de su pecho, arrojando luego el cuerpo sin vida a los pies del bailarín. Su comentario parecía jocoso, aunque a diferencia de ocasiones anteriores no se le veía sonriendo. En esa ocasión en particular le costaba esbozar una sonrisa.

....De pronto un grito logró opacar al sonido de la lluvia y de las armas chocando entre sí. Era una voz femenina poseída por el pánico y parecía provenir del costado del carromato en donde los viajeros se refugiaban. Agitado, el pelirrojo se apresuró en correr hacia aquel punto, llegando justo a tiempo para ver cómo algunos emergidos habían logrado llegar a ese lugar. Uno de los flancos se encontraba todavía defendido por dos miembros de La Guardia, pero el lado opuesto podía apreciarse a dos mercenarios tendidos en el suelo, gravemente heridos, y a cuatro emergidos que avanzaban con oscuras intenciones hacia los mercaderes.

....Rugió como un animal, con tal fuerza que creyó, por un instante, que su garganta se desgarraba, y se lanzó hacia los cuatro hombres. Uno de ellos, el más cercano a él, se giró para contemplar la procedencia del grito, y al ver a semejante coloso abalanzándose sobre él interpuso su espada. La hoja no tuvo el menor problema en atravesar el costado ajeno, pero ni eso bastó para detener al varón. Embistió al primer emergido, y tensando la mandíbula para contener el dolor, siguió de largo su trayecto hasta empujar a este enemigo contra un segundo, y hasta un tercero. El último logró separarse a tiempo mientras contemplaba cómo los otros cuatro caían como fichas de dominó ante sus ojos.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Miér Dic 09, 2015 4:15 pm

El joven dancer se siente algo oxidado en eso de clavar la daga a alguien. Claro, podía moverse con agilidad y las dagas eran lo suficientemente ligeras para él. Pero escapaba por los pelos de las afiladas y peligrosas armas de los enemigos y las flechas le comenzaron a crispar los nervios cuando provocaban un grito cercano a él tras impactar contra alguien. Demasiado cercano. El choque de los mercenarios con los arqueros alivió un poco ese asunto, pero el temor seguía ahí. Las flechas y él no se llevaban muy bien.

Una cosa era un buen y discreto envenenamiento, o directamente las prácticas de danza con espadas y dagas; el choque de metal contra carne y hueso es desagradable y los líquidos que escurren por las manos lo hacen todo resbaladizo y difícil de manejar. Y peor aún, comenzaba a cansarse. No sabía ejercitarse de ese modo, comenzaba a esquivar cada vez más y a contraatacar cada vez menos. Era más sencillo centrarse en los pasos adecuados para evitar el siguiente corte y mandar al soldado de bruces al suelo.

Con algo de suerte se clavará en su propia espada.

Con un pequeño grito se agachó para huir de un espadachín especialmente tenaz ¿Qué tenía contra su persona? Una daga pasó zumbando a un lado suyo y sintió más que vió a uno de los mercenarios que había contratado caer herido.

Solo un brazo. No pasaba nada. Era un arma barata. La arrancó al pasar y la lanzó de vuelta por donde había llegado, sin molestarse en ayudar al caído. De curación sabía lo básico, pero centrarse en ayudar heridos podía terminar en dos muertos y no solo uno. El grito del carromato le daba escalofríos. Si comenzaban a morir ahí atrás significaba que estaba en un muy mal lugar.

Estoy tirando mi dinero, oro bien ganado en un grupo de gandules con mucha palabrería y poco respaldo .

Todos acabarían muertos. Solo lo sabía. Su pobre cuerpo noble se quedaría ahí entre el lodo para que se lo comieran las bestias salvajes como si fuera un animal común, un plebeyo de baja cuna. Y el pelirrojo comentaba algo sobre su manejo de las dagas. ¡No era el momento! Hizo un amago de darle una patada por atrevido, pero el cadáver aterrizó justo enfrente a sus pies y… y era asqueroso, muy asqueroso. Como un gato llevándole un pájaro muerto, o un perro, y moviendo el rabo después como si hubiera hecho una gracia.

-¡Cállate y haz tu maldito trabajo! Si tienes aliento para burlarte tienes aliento para seguir usando esa espada- Debería aplicarlo a él también. Pero Suzu nunca había sido muy justo en esos asuntos.

-Si me muero no obtienen un maldito pago completo-  Se aseguraría de ello. Porque si los mercaderes morían, posiblemente los mercenarios le dieran por muerto también. O terminarían de cortarle la garganta para no escucharle señalarles sus verdades.

¿Qué sabían ellos de honor? ¿De estrategia?

Nada. No sabían siquiera como atacar sin asegurarse de casi morir en el intento. Se estremeció al ver el ataque violento y tomó del carromato una pesada tapa de madera que servían para cubrir un barril.

Era tan bueno como cualquier escudo improvisado que pudiera conseguirse en ese lugar. Tal vez ya no hubiera arqueros, pero no quería probar si podía seguir desviando espadas otra vez, aunque el número de atacantes con el que tenía que lidiar había bajado muy rápidamente.

Tal vez vivirían, la mayoría de ellos al menos. Pensó, mirando a los otros mercenarios heridos.

Sanar a tanta gente iba a salir caro.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 10, 2015 11:56 pm

....La tensión comenzaba a palparse en el aire. Los nervios y la agitación empezaban a apoderarse de los viajeros que se refugiaban detrás del carromato, lugar al que ya habían accedido los emergidos. Aun así no se movían de su lugar, y es que a pesar del terror sabían que en ese instante el único lugar seguro, o por lo menos el menos inseguro, era ese en el que se encontraban. Por un lado los mercenarios continuaban repeliendo a los atacantes, y por el otro el líder de los escoltas parecía estar tomando cartas en el asunto. Aunque no había salido ileso de su intento, valía la pena decir.

....El mercenario se levantó de su lugar tan pronto como le fue posible. El emergido que había caído debajo de él estuvo por levantarse también, pero dos o tres de pisotones en el rostro por parte del enorme y enfurecido espadachín bastaron para sumir en la inconsciencia al pobre desgraciado. Una punzada de dolor se hizo presente en su torso ante los movimientos bruscos, y le bastó con situar la mano en el origen del dolor para darse cuenta de la causa: su palma se empapó en sangre, había sido herido y solo ahora se daba cuenta. Rápidamente llevó la mano hacia su espalda, comprobando con alivio que la espada no había atravesado en su totalidad el costado.


....- No es momento para distraerme con pequeñeces. - Murmuró para sí mismo en un intento por darse fuerzas. Necesitaba restarle importancia a la herida y volver a concentrarse en el asunto que verdaderamente importaba: la gente que estaba a su cuidado. De los cuatro emergidos que habían alcanzado el carromato y que habían dejado fuera de combate a dos de sus muchachos, tres se encontraban ya en pie, rodándole y con toda intención de lastimar a los civiles que tenía detrás. El varón condujo su espada hacia el frente y con su mano desocupada, y ensangrentada, les hizo un ademán a sus enemigos para invitarlos a acercarse. Estos no se hicieron esperar, y pronunciando gritos ininteligibles se lanzaron sobre él.

....Los dos primeros se encontraban armados con espadas. Uno de ellos se adelantó y ejecutó una estocada contra el torso del pelirrojo, pero éste se hizo rápidamente a un lado para evadirle y contratacó con un brutal puñetazo al rostro usando por arma la empuñadura de su propia espada. El emergido gimió por el doloroso golpe y cayó de espaldas, aturdido y desorientado. Su compañero no se hizo esperar y se abalanzó, aunque optó él optó por ejecutar un corte que se dirigía al costado herido del varón. Un impacto en esa zona sin lugar a dudas empeoraría la herida y debilitaría todavía más al mercenario.

....El hombre apenas pudo reaccionar a tiempo y colocar su espada en el trayecto de la ajena, bloqueando el ataque por cuestión de segundos. Y antes de que su rival pudiese prepararse para un segundo golpe, el pelirrojo avanzó la corta distancia que le separaba de él y ejecutó un fuerte rodillazo en el estómago de éste. El emergido expulsó todo el aire que tenía en su cuerpo y se encorvó hacia adelante, debilitado. En ese instante el mercenario le sujetó por la cabeza, obligándole a bajarla todavía más y propinándole un segundo rodillazo, aunque éste directamente en el rostro. El enemigo se desplomó en el suelo con la nariz empapada de sangre.

....Quedaba todavía un último enemigo, y éste no le dio tiempo al pelirrojo a recuperar el aliento. Se trataba de un emergido casi igual de alto que el mercenario, y avanzó hacia él con un hacha sujeta entre ambas manos y alzada por encima de la cabeza. La dejó caer con todas sus fuerzas contra su víctima, y el líder de la escolta apenas logró colocar su espada de por medio. El agudo sonido del metal chocando contra el metal resonó en el aire, y por la fuerza empleada en resistirse volvió a sentir cómo su costado herido se resentía. Su respiración se agitó todavía más y sus piernas flaquearon ligeramente. Sabía que si las fuerzas le fallaban esa hacha no tardaría en partirle el cráneo en dos.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Dic 20, 2015 1:48 am

¿Pequeñeces? ¿Pequeñeces? se erizó todo y lanzó una mirada furibunda al muy ocupado mercenario. ¿Qué sabía el otro de prioridades? pateó con saña a un emergido derribado, no satisfecho con ello clavó el talón un par de veces en las zonas blandidas y pasó por encima dejando atrás la mayoría del conflicto. Quería alejarse de tanta sangre y porquerías innombrables. Su olfato se sentía ofendido a esas alturas, no recordaba que un campo de batalla oliera tan mal, tan intenso el aroma a sangre. Y eso que había agua cayendo del cielo, no tenía sentido.

Claro, había más sangre en sus ropas y eso no era algo a lo que estuviera acostumbrado.

El número de atacantes había sido disminuido en gran medida, al parecer los mercenarios no eran tan inútiles como le había parecido en un principio. Pero aún había muchos heridos. Eso no sería bueno para el viaje.

Dejó caer todo el peso de la tapa contra la parte de atrás del emergido del hacha, disfrutado del sonido de metal contra madera y mirando a la figura tambalearse bajo el peso del golpe. Tan satisfactorio ver esa expresión en el pelirrojo, casi tanto como sería patear sus espinillas. Dejó caer de nuevo el peso de la tapa contra el cuello del tambaleante individuo. Era buena para mantener a alguien quieto mientras le clava la daga en los riñones ¿quien iba a saberlo?. Clavó la daga una vez más en la zona blandita, para estar seguros. Y a sus espaldas se movió algo, uno que había caído antes por un puñetazo en la cara.

Le tocó también su dosis de tapa de madera en la cara, seguido por un poco de apuñalamiento gratuito.

-¡JA!- Eso se había sentido grandioso, no tanto como bailar, pero muy satisfactorio aun así, delicioso. Se levantó orgulloso y giró la tapa hasta apoyarla en su cadera, no se separaría de ella, evidentemente era bueno contar con un objeto con los cuales distraer a sus atacantes, o al menos bloquear la visibilidad. Bajo ese supuesto podría usar una de sus mascadas para bailar, pero si de por si su ropa era un desastre, no quería pensar en lo que pasaría si se involucraba directamente en batalla.

Como en ese momento.

Cosa que no quería.

-¿Pequeñeces?, nada es una pequeñez conmigo- ya había olvidado incluso cuál era el problema inicialmente.  Reacomodó su cabello con una sacudida de cabeza, los mechones claros apartándose de su rostro. Escuchó un nuevo ruido y levantó de inmediato la tapa, más que dispuesto a dejarla caer sobre el infractor si este se encontraba cerca de él.

-M.. maldita sea ¡No me asustes así!- Evidentemente no estaba acostumbrado a batallas de ningún tipo, por mas que fuera bueno para reaccionar, una cosa era tener entrenamiento y otra era tener el caracter para ello. Al menos no se había quedado congelado, ni había dudado en matar a nadie (cosa que debía ser perturbadora solo por si misma). Mas allá había ruido de espadas, pero cesó muy pronto, los otros mercenarios haciendose cargo de sus propios atacantes. Miró alrededor con un poco de preocupación (por si mismo claro), había varios caidos, los mercaderes parecían bien, pero había algunos emergidos por ahí todavía medio vivos, arrastrándose. ¿Ese tenía una espada aun en la mano semimutilada? era grotesco y de pesadilla.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 20, 2015 10:47 pm

....Jamás creyó que se iba a sentir agradecido con el bailarín, pero el destino así lo había decidido. El guerrero del hacha se encontraba tan concentrado en acabar con el pelirrojo que no prestó la más mínima atención a la presencia del noble hasta que éste le asestó un fuerte golpe con la tapa. El emergido quedó aturdido, tanto por el golpe como por la sorpresa, y no fue capaz de esquivar el segundo golpe que le terminó por derribar, dejándolo a completa merced de las dagas de su atacante.

....El mercenario rápidamente apoyó un lado de su cuerpo contra el carromato y colocó una mano sobre el costado lastimado. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios mientras observaba a su inesperado salvador. -
Muchas gracias, muchacho. Pensaba que eras muy hábil con las dagas, pero tu habilidad con las tapas de madera ha opacado todo lo demás. - Pudo haberle dado las gracias nada más, pero por alguna razón no podía evitar bromear un poco con aquel muchacho, molestarlo un poco de manera inocente.

....Pero no era momento para divertirse. Los gritos de los emergidos y el sonido de las armas al chocar entre sí dejaban bastante claro que la batalla continuaba y que todavía quedaban cosas por hacer. El mercenario volvió a armarse de fuerza y se incorporó, dirigiendo la mirada hacia los mercaderes. -
Todos, escóndanse debajo del carromato. Ahora. Así por lo menos no estarán tan a la vista. ¡Rápido, rápido! - Con varios ademanes de la mano en dirección a la parte inferior del vehículo exhortó a los viajeros a obedecerles. Varios de ellos intercalaron miradas entre sí y el líder de los mercenarios, pero eventualmente terminaron por obedecer, ayudándose los unos a los otros a ingresar apropiadamente en el estrecho espacio que había.

....El pelirrojo se encargó de sujetar cuidadosamente a los dos miembros heridos de su grupo y los arrastró hasta el carromato, sitio en el que los dejó sentados y recostados contra las ruedas. Luego llamó hacia sí a dos guerreros más para que hicieran guardia en aquel sitio. Él todavía tenía trabajo por hacer, aunque por lo que podía apreciar el combate no duraría demasiado, y poco a poco la ventaja numérica del enemigo comenzaba a desaparecer, causando que los mercenarios pasasen a ser los más numerosos.

....Pudo comprobar cómo, no muy lejos de donde se encontraba, uno de sus compañeros luchaba arduamente contra un emergido. Sus espadas chocaban una y otra vez sin lograr herirse el uno al otro. Pero la situación prometía cambiar muy pronto cuando un segundo enemigo se aproximó por la espalda. El muchacho de su comitiva seguramente sería letalmente herido si no intervenía. El cuerpo del líder se motivó prácticamente de manera inconsciente, acercándose a la escena tan rápido como sus piernas se lo permitían. No hubo palabras de advertencia ni gritos de guerra, tomó totalmente por sorpresa al emergido que atacaría a traición y le embistió con semejante fuerza que el esbelto cuerpo del guerrero salió proyectado una buena distancia y resbaló por el húmedo suelo otro tanto más.

....Tanto el miembro de su gremio como el emergido con el que luchaba voltearon súbitamente a observar al recién llegado, contemplándole con sorpresa y extrañeza. Su mano zurda, desocupada, sujetó el hombro del chico que estaba bajo sus órdenes y le haló fuertemente hacia atrás para que se apartara, adelantándose él un par de pasos para sustituirle. Y, sin darle tiempo al emergido de reaccionar, alzó su pierna y aprovechó el impulso del avance para patear con la planta del pie el pecho de la criatura, quien cayó inmediatamente sobre su espalda.


....- Malditos sujetos sin honor. - Escupió esas palabras mientras avanzaba hacia el caído. Se colocó encima de él mientras el hombre, desorientado, trató de reafirmar su arma para atacar al corpulento rival. No le dio tiempo. La base de su bota aterrizó con fuerza sobre el rostro del emergido una, dos, y hasta tres veces. La nariz del sujeto quedó empapada en sangre, y la misma suerte tuvo su boca de la cual posiblemente perdió unos cuantos dientes.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Miér Dic 23, 2015 3:33 am

- Eres un bruto, engreído, presuntuoso - Frustrado a un nuevo nivel, lanzó la tapa en dirección general del pelirrojo, más que dispuesto a avanzar y atacarle con sus propias manos si era necesario, darle unas buenas sacudidas para que dejara de hablarle en ese tono. Si fuera sincero consigo mismo sabría que no estaba enojado con el hombre, solo con toda la situación en general. Ser atacado no era bueno para sus nervios delicados. Era como un conejo, uno con colmillos y...

- ¡AAAIIEEEE! ¡Me ha tocado! - su chillido no había sido femenino en lo absoluto, era masculino, muy masculino, como en castrati masculino.

Y las piernas de cualquier dancer que se respete deberían ser catalogadas como armas mortales, porque el joven bailarín no se detenía, pateó y pateó, una y otra vez la cabeza del atrevido que había sujetado su tobillo e intentado acuchillarle. Eso último fue una ocurrencia tardía al ver la espada en la otra mano semidestrozada. ¡Se suponía que murieran! no que siguieran arrastrándose horriblemente por ahí con intentos de asesinar inocentes y dulces dancer desprevenidos.

Un escalofrio le recorrió al pensar en muertos que nunca morían. No, eso no podía ser, el emergido solo no había estado muerto del todo. Le pateó de nuevo, solo para ver si reaccionaba, pero lo que fuera que le hubiera mantenido vivo se había agotado.

- Esto… no es bueno para mí - ni para nadie que se respetara. Miró hacia el carromato y la zona donde estaban escondidos los mercaderes. Había lodo ahí abajo.

Mucho lodo.

- No hay modo que vaya a meterme ahí - Declaró muy digno, estampando su pie en el suelo como un crio. Si, no era la persona más sensata en cuanto a momentos para ciertas actitudes. El pelirrojo no parecía prestarle más atención de todos modos. Muy ocupado destrozando enemigos con sus propias manos.

A puñetazos.

Toda venita noble del cuerpo de Suzuki se estremeció en una mezcla de pavor, desagrado y un poquitito de admiración.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 26, 2015 11:42 pm

....La lluvia no parecía tener siquiera la menor intención de cesar, y en su lugar con el transcurso de los minutos daba la impresión de adquirir más fuerza. De vez en cuando el sonido de los gritos y el choque entre las armas era silenciado por el ruido violento y ensordecedor del trueno, acompañado de un relámpago que iluminaba la carnicería que estaba ocurriendo en aquel lugar. La tierra se hidrataba de agua y de sangre, adquiriendo una tonalidad carmesí en algunos puntos. Era como si el clima se encontrase envuelto en el mismo frenesí que poseía a los guerreros en la batalla que ocurría.

....El costado del mercenario continuaba lastimado, y delgados hilos de sangre escurrían de la herida, aunque ésta se encontraba cubierta por la armadura. El dolor estaba siempre presente, pero en aquel instante se encontraba opacado gracias a la adrenalina; además el pelirrojo ya había aprendido a lidiar con el dolor, no era la primera vez que era herido en batalla y estaba seguro que tampoco sería la última. Su corazón latía con fuerza y su cuerpo se encontraba tenso y en constante alerta. El combate parecía estar llegando a su fin conforme el número de enemigos se reducía, pero sabía muy bien que bajar la guardia o confiarse podría ocasionar pérdidas innecesarias.


....- ¡Pst, tú! ¡Maestro de las tapas de barril! - Le gritó el noble, quien se encontraba a unos cuantos metros de él. Luego realizó un gesto con la cabeza hacia el carromato. - ¡Anda, mueve tu delicado trasero adinerado y reúnete con los demás! Ya has hecho mucho, no me haré responsable si sales lastimado por pelear junto a nosotros. - Si bien sus palabras iban acompañadas por un tono bromista y burlón, algo de verdad se ocultaba en ellas. Si bien era cierto que el bailarín había sabido defenderse hasta el momento, igual de cierto era que cada segundo que permanecía en el campo de batalla se arriesgaba a salir herido o peor. No sabía qué tanta experiencia tenía en la lucha, y más problemático aun resultaba que carecía de cualquier protección a excepción del ridículo pedazo de madera. Proteger a la comitiva era su trabajo, y no pensaba cobrar ni una moneda de oro menos si uno de ellos salía herido por insistir en actuar como un guerrero más.

....Un par de emergidos aprovecharon que el mercenario había centrado su atención en otro punto y se acercaron a él más de lo que era seguro. Uno de ellos se encontraba empuñando una pesada espada de dos manos, mientras el otro, apuntaba con con su lanza al grandulón. La mirada vacía de los enemigos se cruzó con la del pelirrojo mientras éste llevaba su propia espada al frente, en actitud defensiva. Dio un paso al frente, y éste causó que el lancero adelantara su arma para imponer distancia. De pronto el varón dio un segundo paso, ahora una gran zancada, y acompañó aquel movimiento por un corte rápido con su espada contra la punta de la lanza. Esta última fue empujada hacia un lado para así permitir que le mercenario diese un segundo, tercer y hasta cuarto paso.

....La cercanía producida por el guerrero fue recibida por el otro emergido con un brutal golpe de su espada. La pesada arma cayó violentamente sobre el pelirrojo y éste se apresuró en interceptarla con la propia. El golpe emitió una violenta sacudida que hizo vibrar la mano y el brazo del mercenario. Sin embargo no se dejó amedrentar, y rápidamente pisó el pie de su rival. Se trataba de una maniobra bastante sencilla, pero vaya que existía una buena diferencia entre el enorme pie del corpulento varón y el de su enemigo, quien inevitablemente tensó la mandíbula y bajó la guardia por el dolor y la sorpresa.

....Vio de reojo cómo el lancero se preparaba para realizar un ataque a traición, y se apresuró en sujetar el cuello del sorprendido espadachín y girarse para utilizarlo de escudo humano... o casi humano, al menos. La lanza penetró el torso ajeno de lado a lado y su punta alcanzó la armadura del pelirrojo, aunque sin penetrarla.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Ene 17, 2016 2:12 am

- ¡Tú! no te atrevas a decirme que hacer - Tenía frío, sus pies estaban enlodados y empaparse hasta el ánimo no le gustaba tanto cuando no era una tina caliente con sales aromáticas. Su cabello y sus ropas eran pesadas contra su piel. Ahora sin su fiel escudo de tapa de barril se sentía algo desprotegido. Aferró sus dagas en sus manos y miró con nerviosismo alrededor. No, ningún soldado le prestaba atención. Perfecto. Estaban muy ocupados con la principal amenaza. Cubierto de heridas y sangre por todas partes, había tanto rojo que ni siquiera la lluvia torrencial y el ambiente gris podrían disimular.

No lo admiraba, para nada, en absoluto. Se negaba a admirar la brutalidad de ese hombre tosco de malos modales y exceso de vello corporal, nunca en su vida aceptaría eso. Negó con la cabeza y maldijo.

- No estoy peleando junto a ustedes- rezongó de inmediato. - Estoy peleando por mi cuenta… defendiendome ya que evidentemente son muchos para quedarse sentado - alzó la nariz respingona, muy engreido. - Tengo suficiente sentido común para saber que gritar y hacerse una bola cobarde no va a mantener a nadie vivo si un enemigo se cuela por mi escolta - Incompetente escolta o no. Y seguía parloteando, incluso para si mismo, ya que era obvio que el pelirrojo no tenía tiempo  para las tonterías parlanchinas de un noble nervioso, dagas en mano o no.

Eso y que ya había distancia entre ellos. Cuán vergonzoso era todo aquello. Iba a seguirlo para continuar su perorata, en serio que si, pero luego vió una lanza involucrada en todo el asunto y el modo en que el mercenario usó a sangre fria a otra persona como escudo de carne.

Muy bien, tal vez deba darle espacio.

Retrocedió despacio hasta el carromato y se apoyó contra la madera empapada, las piernas le temblaban un poco. Había estado cinchando a alguien que usaba a otros como escudo, enemigos o no. Mucho espacio . Decidió. Los soldados que les habían atacado estaban esparcidos por ahí, muertos todos, excepto el de la lanza, pero no se atrevería a augurarle mucho tiempo de vida.

Escuchó a uno de los mercaderes preguntarle algo, pero apenas prestó atención. Miró sus dagas, la lluvia comenzaba a lavar la sangre de la hoja y las empuñaduras, su ropa estaba algo rosa en algunos sitios donde había terminado manchado de sangre, la lluvia lavaba todo.
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 18, 2016 4:31 am

....El mercenario arrojó el cuerpo sin vida del emergido hacia un costado, y junto con éste también terminó por caer la lanza de su enemigo. No esperó a que éste pudiese retroceder, huir, o buscar una nueva arma, pues tan pronto como nada le separaba de su víctima el pelirrojo avanzó un par de pasos hacia éste y atravesó con la hoja de su arma el pecho de la víctima. El acero hirió de muerte al emergido, quien solo pudo emitir un quejido de agonía y retroceder un par de pasos en un intento por alejar el filo ensangrentado de sí.

....La fatiga comenzaba a hacerse presente en el hombre, y por lo que sus ojos podían contemplar no era el único en quien el arduo combate comenzaba a hacer mella. En el rostro de los demás mercenarios podía contemplarse el cansancio que aparecía poco a poco, y es que la batalla se había mostrado más ardua de lo que se esperó en un principio, además de que la lluvia no colaboraba en lo absoluto. Por fortuna el destino o el azar parecieron decidir favorecer a los viajeros y su escolta, pues los pocos enemigos que quedaban en pie, mucho menos que la décima parte de los que eran originalmente, decidieron optar por la retirada.

....Los mercenarios se mantuvieron atentos y con sus armas en mano durante los primeros minutos mientras veían a sus atacantes huir, pero cuando estos terminaron por perderse en el horizonte parecieron aceptar la certeza de que el combate había terminado, dejando tras de sí un montón de cadáveres que decoraban el escenario alrededor del carromato.


....- ¡No tenemos tiempo, rápido, todos prepárense! ¡Estos enemigos no suelen ser unos cobardes, y si se han marchado no me sorprendería que fuese para buscar refuerzos! ¡Que los sanos ayuden a los heridos a acercarse al carromato, y quien tenga a mano algunos vendajes o medicina que hagan lo posible con los que estén más graves! Debemos retomar la marcha tan pronto como nos sea posible para evitar alguna confrontación más. - Tan pronto como terminó de realizar las instrucciones el mercenario se llevó una mano a la bolsa que colgaba en su cintura y retiró de allí un frasco. Retiró el tapón con una mano y con la otra acercó el recipiente hasta sus labios para beber del contenido tan rápido como le fuera posible, sin detenerse a degustar el repugnante sabor de la pócima.

....Volvió a guardar la botella en la bolsa y esperó con paciencia a que surtiera efecto, si bien sabía que lo haría de forma más lenta. Luego, sin perder más tiempo, comenzó a caminar de vuelta hacia el carromato, ayudando a cada uno de los mercaderes a salir del refugio improvisado que habían hallado debajo del vehículo, y por último aproximándose hacia el más noble del grupo, quien además se había mostrado sumamente útil durante la defensa. -
¿Estás bien, muchacho? ¿No te hicieron daño?
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Jue Feb 18, 2016 1:41 am

Y el pelirrojo había despachado a otro emergido. Así como así. Bien, si le admiraba. Pero nunca lo aceptaría en voz alta. Ya era bastante difícil aceptarlo a medias en su cabeza. ¡A medias! todavía quería sacudirlo para tratar de entenderlo; había tantas situaciones irracionales en todo aquello que le dolía la cabeza tratar de adivinar los motivos reales para ponerse en peligro en una misión tan absurda. ¿Cuidar de un grupo de mercaderes? ¡Vamos! ni con el oro que había gastado en aquella misión le parecía un precio digno de morir. ¿Qué le llevaba a tomar aquellas misiones peligrosas? no todas eran situaciones suicidas claro, pero las posibilidades de que las cosas se desencadenaran de mala manera eran muy altas.

Esos mercenarios podían morir, cualquiera de los mercaderes (o él mismo) podría morir en ese viaje. Entonces ¿Por qué aceptaba alguien una misión tan demente? lo esperaba de sus guardias, pero habían crecido debiéndole todo a sus padres. ¿Aquellos hombres y mujeres? no tenían razones para sentir ni una pizca de lealtad hacia ellos por algo de oro. Mucho oro, pero sin duda no sustituirían una vida o curarían un miembro amputado.

Oh diosa, dime que no hay miembros amputados cerca mio . Cubrió a medias su mirada con una mano, respirando profundamente para calmarse. Por tanto no notó al lider acercarse hasta que estuvo enfrente. Lo primero que vió fueron los pies, mucha sangre. Sacudió la cabeza y se pasó las manos por el cabello violeta, girándose para evitar verle. Había sido demasiado tiempo sin estar en una situación así (los secuestradores o el ladrón no contaban como algo sangriento, los primeros habían muerto sin necesidad de derramamiento de sangre, el segundo no se quedó a ver la sangre).

- Yo… bien, si claro... - estaba aterrado, tenía un par de moretones de usar el escudo de madera contra su antebrazo para reforzar su agarre y una astilla en su mano por sus esfuerzos de lanzador de disco. Revisó la mano pinchada, mirando con odio la pequeña astilla de madera, la cual retiró con cuidado y muchas pequeñas maldiciones. Era un noble delicado, eso ya había quedado más que claro.

-¿Cómo?... no ¿Por qué rayos tienes un trabajo tan horrible?- le miró con una expresión de fascinada incomprensión.

- ¿Qué puede tener de gratificante? -
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Feb 21, 2016 3:20 pm

....A decir verdad, muy a pesar de que se acercó al noble para comprobar en qué estado se encontraba, creyó que el chico le iba a recibir con insultos o una actitud bastante agria como había estado haciendo la mayoría del día. Tan predispuesto se encontraba a enfrentar con estoicismo el mal humor del bailarín que tan pronto éste le respondió de manera dócil, e incluso le formuló esa extraña pregunta, el pelirrojo quedó unos cuantos segundos en silencio y con un claro gesto de extrañeza dibujado en el rostro. ¿Podía ser que en ese instante, ese momento tras la terrible experiencia en la que ambos expusieron sus vidas, el chico le estaba mostrando una nueva faceta de sí e incluso le permitía atisbar un poco de lo que era realmente? Es decir, alguien que era mucho más que un chico malcriado y mimado.

....- ¿Trabajo horrible? ¿Lo dices por...? Bueno, por todo esto que pasó, ¿no? - Volteó la mirada a un costado y luego al otro para observar los cadáveres que tapizaban el suelo que actuó como campo de batalla, mientras la lluvia caía con inclemencia y los limpiaba de la sangre que escurría de sus heridas. La mano masculina, mientras tanto, se situó en el costado que segundos atrás se encontraba lastimado y una vez allí logró notar cómo la piel había cerrado, aunque seguía existiendo algo de sensibilidad y dolor en ese punto. - Si te enfocas en los riesgos que corro, sí, es un trabajo de porquería. Pero si te enfocas en lo que uno obtiene la cosa cambia un poco. No me malinterpretes, no hablo del dinero que obtenemos, hablo de esto. - Conservando una mano sobre todavía sobre el punto que estuvo herido, empleó el brazo contrario para realizar un gesto hacia el carromato y así abarcar a todos los mercaderes que concluían los preparativos para continuar partiendo. - La gente. Ahí está lo gratificante, verlos vivos, saber que mi vida pudo servir para algo más grande y no sencillamente para la satisfacción propia. - Su mirada se posó en el rostro del noble y una cálida sonrisa regresó al rostro del bonachón. - ¿Acaso no lo sentiste? ¿No sentiste siquiera un ápice de orgullo o de satisfacción cuando le salvaste el pellejo a alguien en el combate que hubo? No me burlaré si así fue.

....Poco a poco los heridos eran conducidos hasta el carromato para que se subieran en él, y cuidadosamente cada persona se acomodaba lo mejor posible para que en el poco espacio que había en el vehículo entraran hasta más personas de las que éste podía contener. La compañía se encontraba casi lista para partir pero el mercenario decidió que todavía quedaba una cosa por hacer y realizó gestos hacia sus muchachos, por lo menos hacia quienes todavía se encontraban sanos. - ¡Apresúrense y recojan todas las armas de los caídos que puedan, así como sus pertenencias! Tal vez podamos encontrar algo que nos hable un poco más de ellos, e incluso de no ser así no podemos dejar armas tiradas a mitad de la nada, arriesgándonos a que algún grupo de pillos se adueñe de ellas y les dé un mal uso! ¡Rápido, rápido, ahora!
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Re: Un viaje teñido de carmín [Privado/Campaña] [Suzuki, Argus]

Mensaje por Suzuki Uzume el Jue Feb 25, 2016 4:43 am

No era dócil, nunca dócil, pero debía ser evidente para el gigante pelirrojo que la batalla que acababan de librar había asustado al joven noble, lo había sacudido lo suficiente para olvidar las líneas divisorias que él mismo había dibujado para su interacción con otros. Era tan fácil olvidar alzar la nariz respingona y mirar a los otros con desprecio cuando estaba temblando bajo la lluvia y caminado entre el lodazal. Los senderos no eran nada como los caminos de una ciudad, era tierra suelta, eran hierbas donde se les dejaba crecer, eran piedras escondidas que lastimaban los pies con zapatos inadecuados. Aquel no era su ambiente. El hombre aquel tampoco era como los que acostumbraba a tratar. No era grosero a propósito, pero tenía su orgullo. Era extraño a sus ojos.

- Tu gente es herida o muere… para salvar a otros ¿Y si no logran su cometido? será tu vida y la vida de quien protegías- no le veía la ganancia a ese intercambio, le confundía y le molestaba por cómo le hacía sentir.  - Sigue pareciendo un trabajo horrible - murmuró tras mirar a los mercaderes. Un mohín se formó en sus labios mientras su cabeza trataba de albergar aquella extraña forma de ver las cosas. Se había sentido extrañamente satisfactorio usar aquella arma improvisada para salvar a otros, más lo negaría, lo negaría hasta la muerte. Y así se lo hizo saber al pelirrojo con un bufido de molestia. - Ttth… absurdo, ustedes los plebeyos tienen las prioridades muy desubicadas, pero mientras sirva a mi propósito -

Aparte de ello, estaba en tensión, esperando recibir un ataque en cualquier momento de los emergidos ¿cómo funcionaban esos sujetos? era muy diferente enfrentarlos en una batalla bajo el mando de generales, entre soldados que le protegían, siempre atrás, a salvo de la mayoría de los ataques, fuera de la vista de los enemigos. Aquello había sido un choque. Escuchó al mercenario dar órdenes nuevamente, no necesitaban su ayuda. En cambio volvió la vista al horizonte y observó con atención, buscando algún movimiento extraño, cualquier cosa que les avisara del acercamiento de otra unidad de avanzada. Se sentía como un ave expuesta en pleno lago en temporada de migración, presa fácil. No era una sensación agradable.

-¿A esos sujetos les molesta la lluvia?- con el diluvio que caía, era una pregunta importante. - Al menos las huellas desaparecerán rápido si nos movemos - murmuró y se resignó a patear al caído más cercano y buscar armas o cosas interesantes. No traían joyas de ningún tipo, así que perdió su interés. Tomó una lanza en sus manos, cosa inútil para él, pero estaba entera, así que la pasó al mercenario. Si quería recoger basura perfecto, pero no sería su mulo de carga. Ya se sentía bastante molesto por obedecer sus órdenes, por mas sensatas que fueran y por mas buen lider que hubiera demostrado ser.
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