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[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR

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Mensaje por Azazel el Lun Oct 28, 2019 3:34 am

El sueño infinito:

Sería ese un día nublado, frío y ventoso como ningún otro. Su cuerpo, aquel que lo había acompañado al nacer. El enemigo, las criaturas que su rey tanto deseaba muertas. Su mente, sin embargo, apenas aguantaba sobre el punto de quiebre. Fatigado y herido, el manakete no podía sino exhalar fuego hacia delante y en todas direcciones, el cual cada vez perdía más y más fuerza. Sus escamas, las más sensibles, se hallaban partidas y dobladas, revelando la carne que se escondía tras de ellas. Alrededor de cien jabalinas estaban incrustadas sobre su piel, sobre todo en sus costados más descubiertos. Y de estas heridas nacía la sangre impoluta de la bestia, la cual no daba apariencia de nunca acabar de drenarse. Atrapado y aislado de las tropas aliadas, completamente inmiscuido en territorio enemigo, el dragón rugía a los aires sin que hubiera quien respondiera a su llanto.

Recordó algo, una memoria todavía latente, palabras que jamás había creído podría redescubrir. Una voz que argumentaba que la forma y vida humana sólo podía significar desdicha y muerte. ¿Quién hablaba, quién? Lo importante en verdad era que tenía razón. Pues, no importando cuán dura pudiera ser su piel, o cuánto pudiera soportar el dolor, no había manera posible en que pudiera recuperarse del filo del acero sobre su cuerpo si volvía a su verdadera forma. Y no tenía la fuerza, menos el valor de permanecer en su cuerpo dragón con esas heridas.

Su último esfuerzo lo entregó para escapar, atropellando a sus enemigos e hiriéndose más en sus intentos. Corrió, saltó y marcó una estela de sangre a sus pies hasta que, desesperado, cortó con su rastro lanzándose por la precipitada cuesta de una cumbre. La enorme criatura derrapó y se torció sobre su propio cuerpo, arrastrándose y quedando finalmente varada a pies de la montaña. De inmediato, su forma pereció, dejando tras de sí la tímida imagen de su primer cuerpo destartalado.

Tenía los ojos abiertos y los brazos cruzados uno sobre otro. Sus piernas eran incomprensibles, se hallaban mutiladas entre la ropa y la carne abierta. Tras unos minutos, Azazel se agitó con violencia, intentando tan solo quedar boca arriba. Soltó un chillido al sentir el dolor, el cual no tenía descanso en ninguna parte de su cuerpo. Toda su piel se hallaba abierta, y todos sus cortes habían atravesado con la intención de llegar a sus huesos. Su piel se veía ya casi de un gris oscuro, mientras aún intentaba abandonarlo la sangre. A su alrededor, las armas que lo habían recubierto se habían desprendido, salido despedidas en todas direcciones. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.

Azazel intentó respirar, más solo logró escupir. Hizo un esfuerzo por encorvarse, más comprendió que las cicatrices de su espalda habían sido también reabiertas. Y por lo tanto, su cuerpo no respondía a sus comandos, no le permitía levantar sus brazos, ni siquiera doblar su cuello. El manakete lo entendió, pero eso no impidió que intentara una y otra vez volver a ponerse de pie, tambaleándose sobre la tierra, golpeando a su alrededor con toda la fuerza que le quedaba. No podía, no podía. No importara cuánto hiciera, no podía levantarse. ¡Imposible! Debía seguir intentando. Su cuerpo no podía fallarle. Jamás habría imaginado que su propia existencia podría traicionarlo. Años y años y años y años, ¿Por qué entonces fallaba? ¿Cómo? Sus manos se aferraron al suelo, raspando la hierba y las piedras. Su rostro se contorsionó entonces, desesperado. No debía de haber dejado su forma dragón, no debía. Pero no encontraba su piedra. No la hallaba en ninguna parte. Abrió sus ojos, asustado, y volvió a ahogarse en un intento de hablar. La había… la había perdido...

¡No, no, no! ¡Debía haber una manera... una manera, una salvación! ¡Debía ser posible pelear! ¿No... no importaba? ¿No importaba cuánto moviera sus brazos, cuánto gritara? ¡No, no podía! ¡No podía ser tan estúpido, tan simple…! ¡NO!

Apretó sus dientes, abrió su boca, e ignorando todo lo que lo acomplejaba, logró desgarrar el aire con su voz. -¡UGH--AHGHHHHHHH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH! -rugió, doblándose de un lado a otro, quedando finalmente su espalda contra el suelo.

En su rostro no había paz en absoluto. En sus ojos abiertos de par en par, sus pupilas se dilataron inmediatamente . Sus dedos completamente trizados, sus piernas y brazos abiertos. Y la boca aún dando la apariencia de soltar un grito, de tronar por sobre el viento, aún con la intención de aclamar que algo más sucediera. Pero a medida que su vista se oscurecía, no fue capaz de oír nada más que la respiración agitada de su garganta y el balbuceo incomprensible de sus labios. Apretó todo su rostro,el cual se volvió inocente, indefenso. No era más que una criatura sin memoria, un ser que, en el momento más crucial, no era ni siquiera capaz de recordar por qué estaba allí. Un hilo de lágrimas tenues fundió su expresión, la cual poco a poco, comenzó a calmarse. Azazel cerró su boca, pero mantuvo sus ojos abiertos hacia el cielo. Y su rostro nunca dio la apariencia de apagarse por completo, como si tan solo se hubiera sumido en el más profundo de los letargos.
Azazel
Azazel
Afiliación :
- SENAY -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Guardia Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Dragonstone [1]
Elixir [3]
Tónico de Resistencia [1]
Pócima Entumecedora
.
.

Support :
Thoth [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Piedra%202

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 IN979RC

Gold :
598


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Mensaje por Nikola Tesla el Lun Oct 28, 2019 8:20 pm

I'm stoppable!:
Después de tanto tiempo viajando, tomando barcos que le alejaban cada vez más de su destino, visitando lugares remotos y participando en conflictos que no le incumbían, por fin había vuelto a casa. Llevaba tanto tiempo esperando ese momento que le costaba creerlo y por eso las últimas millas las hizo en la cubierta del barco, sintiendo el aire frío de Jugdral y observando la hilera de montañas nevadas que se divisaban al fondo.

¡Ya estamos llegando! Tengo muchas ganas de presentarte a todos, Copo de Nieve —le dijo al caballo, una vez entró en la bodega para ensillarle. Había pasado tantos años viajando con ese animal que ya era mucho más que una simple montura, era su compañero de fatigas, con el que se había recorrido medio mundo y ganado numerosas batallas.

La nave desembarcó en el puerto de Thracia y tras dar las gracias al amable mercader que se había ofrecido a llevarle a cambio de unas monedas, bajó la pasarela seguido por Copo de Nieve. Una vez fuera del pequeño pueblo de pescadores que formaba el puerto, se montó en el caballo y puso rumbo a su tierra, donde estaba el cuartel y la gente que tenía tantas ganas de volver a ver.

Ya verás cuando conozcas a Isabelle. Trabaja en las cocinas y es la chica más bonita que visto —contaba al caballo, siempre con la sonrisa culminando su rostro —. Sus postres son los mejores y siempre me guarda una porción extra ¡Oh! Y el mozo de cuadras también es muy simpático. No es alguien muy charlatán, pero tiene una voz genial y canta muy bien. Los caballos se tranquilizan cuando le escuchan y dicen por ahí que logró dormir a un wyvern con su canto ¿te imaginas?

Copo de Nieve echaba las orejas hacia delante cada vez que Tesla terminaba una frase y de vez en cuando resoplaba. Nunca supo si en verdad le estaba escuchando (y entendiendo) o era simple casualidad, pero ambos coincidían que las largas distancias se hacían más amenas con una conversación. Cuando le tocaba hablar a Copo de Nieve, empezaba a relinchar y normalmente su discurso terminaba consiguiendo una manzana o escarbando entre las hojas de un arbusto.

Hicieron una pausa cuando estaban atravesando los Picos de los Dragones y mientras Copo de Nieve se quedó pastando las frescas pero escasas hierbas que había entre el suelo rocoso, Tesla se alejó para buscar un río o un lago en el que llenar la cantimplora. Sin embargo; apenas había avanzado unos metros y notó la proyección de una enorme sombra alargada sobre su figura. Alzó la cabeza y observó un wyvern, enorme y con las escama rojas sobrevolar por encima de él.

Siguió la trayectoria del bello animal con la mirada y al rato escuchó un relincho desesperado por parte de Copo de Nieve. Echó a correr sin dudarlo y cuando torció la esquina de una pared rocosa un grito se escapó de sus labios. El wyvern rojo había decidido comerse su montura y sus grandes garras habían apresado al animal contra el suelo, mientras abría la mandíbula con la intención de arrancarle la cabeza.

¡Alto! ¡Suéltalo! —gritó muy enfadado y unas chispas se liberaron de su cuerpo, haciendo que su capa y sus cabellos se levantasen a causa de la electricidad estática. La luz de aquella magia incontrolable fue suficiente como para llamar la atención del wyvern y éste se dio la vuelta, liberando a su presa al mover la zarpa. Copo de Nieve se puso en pie de inmediato y en vez de huir, se colocó detrás de Tesla. El animal había aprendido que ahí estaba seguro.

El wyvern soltó un rugido inmenso, como si pretendiese dispersar la energía del mago soplando y Tesla sintió como el aire vibraba a su alrededor, pudo oler el aliento de aquella bestia y sentir cómo el estómago se le encogía por el miedo. Cerró los ojos y alzó las manos para colocarlas a cada lado del hocico del wyvern, soltando su magia eléctrica y provocándole un buen calambrazo.

El animal retrocedió, y Tesla sintió el suelo temblar. ¿Era él o ese wyvern era mucho más grande que los demás? Como sea, ahora era un wyvern enfadado y la situación no pintaba nada bien. Miró hacia atrás, pensando en la posibilidad de huir a lomos de su corcel, pero en ese momento recibió un fuerte latigazo, provocado por la cola del lagarto, que le apartó y le hizo chocar contra la pared rocosa.

¡Ngh! — sintió como la espalda le crujía, pero el dolor no fue tan intenso como para que no se pusiese de pie. El wyvern iba de nuevo hacia Copo de Nieve, estaba claro que estaba jugando de una manera muy cruel. Tesla silbó y el animal corrió de nuevo, esquivando una vez más las mandíbulas del dragón, las cuales se cerraron en el aire con un ruido seco y se colocó de nuevo detrás del mago.

Un nuevo rugido que hará temblar al más valiente, pero la determinación de Tesla seguía ahí y esta vez no perdería de vista su cola. La bestia estiró el cuello con las fauces bien abiertas, y de nuevo, el mago colocó la manos en el morro y lanzó otra descarga, esta vez directamente a su boca. El ataque, mucho más fuerte que el primero, hizo que el wyvern retrocediese y moviese la cabeza hacia los lados, con la lengua colgando al quedarse paralizada.

¡Corre! ¡Nos veremos al final del paso de montaña! —ordenó a Copo de Nieve, aprovechando el momento y golpeando en su trasero para que echase a correr en dirección al pueblo. Era al final de ese camino recto, no tenía pérdida.

El wyvern se percató de la huida de su presa y quiso alzar el vuelo, pero Tesla ya tenía el hechizo preparado y lo soltó. Las chispas salieron directamente de sus manos e impactaron en la enorme figura del dragón. El chispazo le hizo caer, pero el mago no se quedó ahí, siguió desprendiendo su energía. La electricidad fluía por su cuerpo como si fuese un grifo abierto, sin control. Tesla rugió, como si él fuese la nube de tormenta que descarga los truenos y con la fuerza de su magia, pura al cien por cien, sin un tomo que la canalizase, sometió al wyvern contra el suelo de roca.

Una gota de sangre cayó al suelo, el preludio de otras muchas, que fueron tiñendo las piedras. La sangre provenía del chico, quien estaba gastando toda su energía en mantener a raya al dragón que osaba merendarse a su caballo. Había perdido tantos compañeros que no podía tolerar perder otro más, lucharía con todo, aunque eso le llevase a la tumba. La sangre brotaba por su nariz, al principio pequeñas gotas, luego un denso hilo de color carmín.

No sólo la sangre era un problema, la electricidad recorría todo su cuerpo, no discriminaba entre el wyvern y el propio mago y los mordiscos de esta empezaban a pasarle factura. Sentía los dedos paralizados y un tremendo dolor de cabeza que le hizo guiñar los ojos. Su pelo rubio empezó a adquirir un color tostado, debido a que la magia le estaba quemando y la marca en forma de relámpago en su cabeza se había dispersado y ahora se mostraba la fea cicatriz donde se encerraba el origen de aquella magia.

Un último grito, en su cabeza similar al rugido de un trueno, y toda su magia se liberó, como si fuese una gran burbuja de energía eléctrica. El momento fue breve pero intenso y cuando finalmente la energía se dispersó, Tesla cayó al suelo, entre pequeños temblores y espasmos. El wyvern hacía tiempo que había dejado de moverse y Tesla sólo tuvo tiempo de extender la mano y colocarla sobre el hocico del cadáver. Lo había conseguido. Había vencido él solo a un wyvern de color rojo enorme.

Nada mal... para el mejor mago... del mundo.

Y tras murmurar estas palabras, dejó escapar su último redaño de energía y pasó a ser un segundo cadáver en aquel paso de montaña. Más carroña para los wyverns. ¿Alguien recordaría a ese muchacho?
Nikola Tesla
Nikola Tesla
Afiliación :
- THRACIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Soldado

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tomo de Trueno [2]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Tomo-1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 NdTOcva

Gold :
961


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Mensaje por Marth el Mar Oct 29, 2019 12:44 am

EXTENSIÓN DE PLAZO.

El nuevo plazo será hasta el 8 de Noviembre inclusive.


Debido a que los admins estamos pasando por unas semanas muy complicadas y ocupadas no hemos tenido tiempo de participar nosotros y mucho menos de leer todos los minifics posteados... y ya vemos que no lo tendremos en esta semana tampoco. Por el buen recibimiento y por las ganas que tenemos de participar, extenderemos el plazo una semana más.

Gracias a todos por la participación y sigan escribiendo que prometemos que los leeremos todos cuando no estemos tan ahogados!


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 5SuOmoZ

[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 2hzhmok

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[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Mejor-10
Marth
Marth
Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord | Pegasus Knight

Cargo :
Príncipe de Altea

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★ ★ ★ ★

Inventario :
lanza de bronce [2]
Espada de plata [4]
Espada de plata [5]
Tomo de Elfire [4]
.
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Eugeo [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

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Gold :
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Mensaje por Luzrov Rulay el Dom Nov 03, 2019 6:33 pm

En primer lugar, gracias por aumentar el plazo del evento. Y ahora....

notas antes de leer:

En la muerte se hace referencia a otro pj. Se a consultado previamente con el usser sobre el pj mencionado y en que se le menciona

muerte  :
Luz se había mantenido al margen hasta el momento. Durante el viaje,desde la frontera con Altea hasta la capital de Plegia, había dedicado todos y cada uno de sus esfuerzos en sanar a sus acompañantes. Veía con dolor como se encontraban con un grupo de emergidos tras otro, como tanto sus aliados de Caelin como sus compañeros de Altea tenían que abrirse paso a la fuerza.El metal se mezclaba con la sangre y los chillidos y el no podía hacer nada... porque si luchaba no tendría energías para reconstruir lo que quedaba cuando todo acababa, para cerrar las heridas ... Así que ignoraba los gritos,enterraba en lo profundo de el el dolor de observar las batallas ... y recibía a todos.Con radiantes sonrisas y palabras amables... con báculos y vulnerarys listos... y el alivio de ver a todos vivos manifestándose en el brillo de sus ojos...

... y entonces llego el cambio.

Aquel día no tendría que esperar. Su deber aquel día era otro. El plan era invadir el castillo , y para ello primero había que tomar la cuidad... En esa ocasión Luz iba a acompañar a Khigu y a Lyn en el ataque a la fortaleza. Aquel día no podía ser otro sanador,no tenia que quedarse atrás. Tenia que estar en primera fila,rodeado de sus personas mas preciadas... El estar al lado de ellas le aliviaba. Porque las tendría cerca,porque podría verlas en todo momento...

Pero eso no hacia la tarea mas fácil.

El clérigo nunca había participado en una batalla de esa magnitud. No importaba a donde mirase, solo era capaz de ver el brillo de las armas bailando sin descanso, la sangre que las manchaba y que teñía el suelo. Los cuerpos cayendo... había tantos... tantos soldados,tantos enemigos,que costaba diferenciarlos unos de otros. Incluso desde su posición ligeramente elevada al estar sentado sobre la silla de Maotelus,le costaba distinguirlos. Solo podía diferenciarlos por las armaduras, pero con tanto movimiento,con tanta sangre, hasta eso se le complicaba...

Se sentía confundido,abrumado... eran los soldados que por ordenes de Lyn le acompañaban,era Maotelus que aun estando en tierra avanzaba,y era la magia en su interior que le hacia reaccionar por instinto ,lanzando destellos luminosos de luz en los momentos críticos, lo que de una manera y otra le permitían mantenerse en pie. No era del todo consciente de lo que ocurría a su alrededor, no era capaz de procesarlo por completo. Pero se mantenía en pie,  y por el momento no era una molestia para nadie...

Entonces lo vio. Todo lo que le rodeaba no eran mas que masas emborronadas, todo menos una figura. Una de la que sus ojos apenas se habían despagado desde que la batalla por tomar la cuidad comenzó,una que podía observar con total claridad a través del caos. Una claridad dolorosa... pues le permitió observar como su abdomen era atravesado,como la espada que lo atravesaba salia por su espalda completamente cubierta en sangre. Como la espada de la figura abandonaba su mano,incapaz de sostenerla,como aquella espada que la heria era retirada del cuerpo... y como el cuerpo caía de su montura. Como un maniquí,como un peso muerto...

-No...

Apenas fue un susurro,pues no le salia la voz. Su garganta contraída,sus oídos pitando impidiéndole escuchar nada, su cuerpo... su cuerpo intento paralizarse por el miedo,pero algo superior no lo permitió. Así que en su lugar se movió por propia voluntad.

Soltó su tomo,dejando que cayese al suelo. Bajo de un salto del pegaso ,gracias a que el mismo no había alzado el vuelo en ningún momento, y corrió hacia la figura derribada. La voz de los pocos soldados que se habían percatado de sus movimientos y le gritaban que volvía no llego a el. Los cuerpos de aquellos que luchaban uno contra otro por salvar su vida no fueron una molestia, pues sin saber como fue capaz de esquivar a cada uno de ellos,cada arma que volaba en su camino... Pero no fue consciente de nada. Solo fue consciente del momento en el que dejo su cuerpo caer de rodillas en el suelo,golpeándose las mismas en el proceso. Del cuerpo derribado. Inmóvil,pálido,frió... con una enorme mancha de sangre sobre su abdomen y una mancha aun mayor bajo ella,expandiéndose...

-No... no, no.. por favor...

Era la primera vez que Luz se arrepentía de haber estudiado tanto,de haber dedicado tanto tiempo a sanar cuerpos y conocer los mismos. Pues un simple vistazo basto para que el hombre comprendiera la gravedad de las heridas ajenas, su impotencia ante ellas... Se inclino levemente,pasando un brazo por detrás de la espalda ajena, elevando con cuidado el cuerpo cuya vida se escapaba... hasta poder incorporarlo levemente y acercarlo hasta su propio cuerpo. Una de los brazos de Luz abrazándolo contra si,llenando su vestido azulado y los mechones de cabello blanco que caían de sangre. Su mano libre sobre el abdomen ajeno,empapando su guante...

Se moría... se moría y nada mas de lo que ocurría a su alrededor importaba en esos momentos.Solo importaba que se moría, por eso el mover el cuerpo ajeno o no poco importaba a esas alturas... lo importante era que Luz no tenia sus báculos a mano, pues su deber en aquella batalla no había sido sanar... por eso habían quedado en la silla de Maotelus...tan cercanos, y tan lejanos... si se iba ahora a buscarlos,si dejaba el cuerpo solo... no le daría tiempo a volver... moriría mientras no estaba y... los objetos de su bolsa no eran suficientes para una herida tan profunda... No había nada que pudiera hacer...

Notaba la desesperación recorriéndole,como una energía nerviosa. Su estomago y su corazón contraídos, el miedo haciéndole respirar con dificultad mientras abrazaba aun mas el cuerpo.Mientras sus ojos comenzaban a humedecerse y las lagrimas a caer... por sus mejillas, por sobre el cuerpo ajeno...

-Por favor... no quiero que te mueras... no aquí... no así...

Porque ella? Porque ella y no...

Y entonces cayo en la cuenta... no tenia sus báculos a mano pero eso no significaba que no pudiera hacer nada por su ser mas preciado... aun había algo que podía hacer... algo mas que resignarse a verla morir entre sus brazos... Sus ojos aun estaba bañados en lagrimas y aun así sonrió,mientras dejaba el cuerpo una vez mas sobre el suelo. Con cuidado...

Intento mantener los ojos abiertos,clavados en el rostro ajeno, mientras se centraba en la magia en su interior, las dos manos apoyadas sobre el abdomen de la mujer. No tardo mucho en sentirlo. El dolor en su propio cuerpo, su propia sangre comenzando a manchar su vestido...

Los segundos avanzaban con lentitud. Su cuerpo comenzó a inclinarse hacia adelante por el dolor, sus manos sudaban y temblaban,su respiración se entrecortaba y su mente se nublaba... la sangre llego a su boca y sintió como un hilo de la misma se escapaba por la comisura de sus labios... mezclándose con su sonrisa,con sus lagrimas... Una sonrisa que aumento al ver como la herida ajena se cerraba al robarla para si, al hacerla suya,como el color volvía al cuerpo de la mujer.

Llevo sus manos temblorosas y ensangrentadas al rostro ajeno,acariciando sus mejillas. Su voz sonó débil,entrecortada y cargada de dolor...

-Perdóname... por favor perdóname... por ser tan egoísta, por robar esto de ti pero... pero yo... no podía ver como morías... perdóname... por irme antes...

Dejo escapar una ligera risa que le hizo escupir algo de sangre, una risa mezclada con el dolor,con el sollozo. Pues allí,a las puertas de la muerte,en esos momentos, solo deseaba una cosa. Solo se arrepentía de una cosa.

-Soy un egoísta.... no quiero que despiertes... no ahora... no con... conmigo... no conmigo a tu lado... porque no quiero que me veas así... duele... duele mucho pensar que... que puedes verme como yo te he visto a ti... porque te quiero... Te quiero Lyn... mas que a nada ni nada en el mundo... Eres lo que mas quiero y nunca te lo he dicho ... y nunca podre decírtelo... perdóname... porque nunca pudimos hablar...

Se inclino una ultima vez y poso sus labios sobre los ajenos, en un casto y ensangrentado beso. Sonriendo ante el contacto. Su cuerpo se enfriaba,el de la mujer se calentaba... aun necesitaría mas sanación,aun no estaba del todo curada, pero... estaba viva... iba a vivir... Y el... el tendría que cuidarle desde otro lugar. Junto a Santa Elimine,junto a Hanon...

Su cuerpo se desplomo,ya sin fuerza,a un lado de la mujer,boca abajo. Uno de sus brazos bajo al abdomen ajeno,lo mas parecido a un abrazo que en esos momentos podía permitirse.En esos momentos donde sentía su vida irse... cerro los ojos,sonrió por ultima vez.Murmuro con su ultimo aliento.

-Te quier....

notas para después de leer:
Luz muere a causa de usar el skill de sacrificio, porque para eso están las skills chulas!
Luzrov Rulay
Luzrov Rulay
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Saint | Dancer | Pegasus Knight

Cargo :
Clérigo (Iglesia de Elimine)

Autoridad :

Inventario :
Herensuge [3]
Tomo de Shine [2]
Tomo de Ellight [2]
Tomo de Shine [4]
Gema Destello
.

Support :
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Khigu [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
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Experiencia :
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Mensaje por Pelleas el Dom Nov 03, 2019 7:21 pm

Al fin tuve tiempo de terminarloooooooo. :D

If I had a voice, said the dark, I would sing:
Campanas de alarma otra vez. Tres, desde distintos extremos de la ciudad. La señal que ese sonido transmitía era clara: tenían enemigos en el interior, Nevassa estaba siendo invadida a cuenta nueva. Los ataques de emergidos eran cada vez más frecuentes y, últimamente, cada vez resistidos por un margen más estrecho, demasiadas ya las instancias en que atravesaban las murallas y debían ser combatidos al interior de la ciudad. Algunas veces, como aquella, ni siquiera tenían la oportunidad de contenerlos antes de que cruzaran. Seis años de guerra dañaban más de lo que podía ser reparado, después de todo.

Al menos, Pelleas tenía la fortuna personal de que ese ataque ocurriese durante la noche. Estiró la mano para tomar con reverente cuidado el pesado volumen de Baalberith, que ni en vigilia ni en descanso separaba de su persona; apenas lo hizo, percibió a la voz en su interior celebrar la hora, el momento, tan clara como jamás la escuchara al interior de los oídos. Recorrido por una suerte de escalofrío premonitorio, se detuvo a escucharla. Tenía una deuda que pagar, lo sabía, una deuda que había estado aumentando tanto más el último año de guerra. El día de dar su parte parecía colgar sobre su cabeza, pero, contra todo indicio, no terminaba de imaginarlo arribando, mucho menos ya. Repentinamente presuroso por verse a sí mismo, se abstuvo de salir de la cerrada estancia y en cambio se giró hacia el espejo de plata junto a la puerta.

La imagen que le recibió era, en efecto, peor que el día anterior: la marca de su pacto se había expandido aún más. No estaba seguro de en qué modo, pues lo que alguna vez había sido una mera y única runa en su frente, fácilmente oculta bajo su cabello, se había transformado con el tiempo en una hilera de caracteres y otra, y otras decenas más, hasta que la maraña de escritura le recorría casi todo el cuerpo en formaciones verticales, apretadas y casi ininteligibles. Un repaso de los pasajes distinguibles no le permitía discernir dónde estaba viendo más, qué era lo que había aparecido ahora, pero tenía la seguridad de que así era. Bajó los hombros con un suspiro. Las líneas de trazo oscuro se movían sutilmente con los cambios en su expresión.

- ¿No me perdonarás un año más…? - Dijo. No era mucho lo que podía alegar, tan sólo pedir. Había sabido las condiciones del trato espiritista desde el momento en que había entrado en ello, varios años antes de los emergidos, lo había aceptado como tal y no se quejaba, verdaderamente. Se había servido de cuanta magia negra había podido ostentar en aquel tiempo, cuanta arte y maldición existía. Las marcas sólo reflejaban cuanto él mismo se había sumergido. No sentía sino gratitud; la oscuridad que lo habitaba libremente por seguro pudiese ver eso. Pero deseaba tiempo, y podía intuir a la perfección que no se le concedía. Ni un año, ni un mes. - Unos días más, cuanto menos… - Persistió, apretando los dedos en torno a Balberith. De nada le servía la magia si no podía aniquilar a los enemigos de Daein con ella. A ello, pese a jamás oír palabras claras de su constante compañía, creyó percibir un tenue cambio en el humor predatorio de lo que dormía en los libros, una respuesta interesada. “Veamos cuanto más.” Pelleas asintió y finalmente dejó la habitación.

Descendió a toda prisa de la torre en que residía ya permanentemente. Su consejero le aguardaba en el recibidor, informado, como siempre, de la situación y las condiciones, de donde debía Pelleas dirigirse para reducir al enemigo. Le escuchó con ciega confianza en que sus recomendaciones eran las correctas. - Judal, ¿las luces…? - Fue todo lo que necesitó preguntarle. El bailarín le confirmó que habían sido apagadas en la muralla de la ciudadela, donde estaría yendo. Entre más progresaba su pacto, más incómodo y difícil le resultaba estar allí donde la luz pudiese caer sobre él; en oscuridad profunda, por otro lado, la inmensidad de la magia que ahora ostentaba se movía con el mayor ímpetu. Nunca había sido tan poderoso y nunca había pagado tanto por ello. Pensó en decir algo más al joven junto a la puerta, una palabra de qué esperar, mas decidió contra ello. - Muchas gracias. - Tan sólo sonrió, los caracteres en su rostro torciéndose con ese pequeño gesto también.

Bajo el azul oscuro de la entrada noche, alcanzó la gruesa muralla que protegía el área más interior de Nevassa. Oía la presencia del enemigo, oía el clamor del combate que lo repelía, mas no cerca. Se adentró bajo la bóveda de la puerta Norte. Fue allí que, si bien no halló con sus propios ojos a las presencias que se aproximaban, la agitación de las sombras a su alrededor se las hizo saber. Abrió a Baalberith, apenas posando los dedos al interior de las vetustas páginas y conjurando en voz alta. Dos cosas ocurrieron a la vez entonces: el ruido en cascada de pasos repentinamente incontables, revelada la tropa de emergidos que intentaría cruzar por aquella puerta, y la pérdida completa del entorno a sus ojos. Las murallas grises, la nieve en las cimas, la capa de azul pintada sobre todo el paisaje a aquella hora, la luna apacible; todo se hizo negro. El suelo bajo sus propios pies parecía dejar de estar allí por un momento. Baalberith se manifestaba.

Con las palabras exactas de conjuro y un movimiento cerrando la mano, el hechicero cerró la negrura en torno a los seres que hallaba cerca, sosteniéndolos, aplastándolos mientras la magia los sofocase. La oscuridad lo era todo a su alrededor. No importaba ya de cuantos emergidos se tratase, la magia que le había sido otorgada se extendía con sumo goce contra ellos, fortaleciéndose más por cuanto más de su vida consumiese. Si alguno alcanzaba a Pelleas, si alguna hoja se hundía en su carne o magia hería su piel, no necesitaba más que retener al ofensor y llamar a la magia a liquidarlo, para que aquel mismo flujo regresara a él la salud y deshiciese lo dañado. Hacía mucho tiempo que había perdido el temor al dolor. Había reparado su cuerpo sobre maldiciones de ese tipo demasiadas veces como para titubear ante lo que pudiese ocurrirle. El fuego le lamía los brazos; lo deshacía gracias al próximo mago al que daba muerte. Las lanzas conseguían empujarlo, atravesarlo; la herida se perdía apenas daba muerte al próximo soldado.

Hasta que notó que el negro jamás se disipaba, ni siquiera en los bordes más lejanos de su visión. Notó que él, también, se sentía sofocado, que el cuerpo le pesaba. Bajó la vista al libro del que conjuraba. Así como la magia surgía a su alrededor, esparciéndose en todas direcciones, se disparaba sin control sobre él, trepándole los brazos, metiéndose en su pecho. No estaba pudiendo dirigirla fuera. Respondía aún a su voluntad, captando en el más mínimo de sus gestos hacia donde abalanzarse al ataque y cobrando inusitada fiereza bajo la más mínima de sus palabras de conjuro, pero no cesaba de invadirlo en oleadas frías. Sentía que lo colmaba, que esparcía un dolor sordo y entumecedor en él. No cesaba ni cesaría. Pelleas comprendió finalmente lo que estaba sucediéndole.

- Está bien. - Dijo, pese a ello. Tragó espeso, doblando los dedos helados, algo tiesos, en torno al tomo. - Esto es lo que quiero hacer. Está bien. Es todo lo que puedo...  - Deteniendo su hilo de habla, dejó que la corriente a su alrededor pasase con libertad las páginas, buscando y recitando las palabras de hechizo más letales y absolutas que conociese. Seguir peleando era más importante. Era lo que él podía hacer. Daein tenía todavía a su rey, en quien su unidad dependía. El trabajo del príncipe era destruir a los enemigos del reino. No podía irse, no podía dar eso por terminado si no los llevaba consigo. La oscuridad debía de saberlo también: que al continuar conjurando, permitiendo a toda aquella magia librarse, no renegaba en lo más mínimo su destino. Y sin embargo, con los oídos embotados, la sensación de que todo se distanciaba y de que tan sólo la oscuridad podría escucharlo, lo aseguró. - Siempre… me esperó esto... no temo… -  

Hasta que, en un instante, no hubo más. La muerte le tomó tan repentina como una mano puesta ante los ojos, como si tan sólo se hubiese quedado sordo. El combate, el tomo, hasta sus propias manos, en que todo ese tiempo habían estado trepando las marcas arcanas, todo le dejó. Su cuerpo cayó con lentitud en la vorágine de magia negra, que se revolvía y retorcía sobre sí hasta no hallar más ser vivo que consumir, que tardaría aún, más allá de su muerte, en despejarse.. Su cuerpo habría perecido sin herida alguna, consumido desde el interior, y Pelleas habría de ver finalmente a los ojos aquello que tanto tiempo le había acompañado.
Pelleas
Pelleas
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sorcerer | Priest

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Nosferatu [4]
Báculo de heal [2]
tomo de Worm [1]
Baalberith [4]
.
.

Support :
Judal [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 OaIUyNL
Virion [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v
Yuuko [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v
Aran [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Tomo-4[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Staff-1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Iu4Yxy1

Gold :
375


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Mensaje por Arngeir el Lun Nov 04, 2019 9:41 am

Agradezco de verdad que se alargara el plazo! Y ahora, sin más preámbulos...

Music:
The Hel's Presence:
El frío, ese maldito y conocido sentimiento que se expandía por las tierras del Norte. Esa sensación de perder el calor, la energía... De combatir contra aquello, de sobrevivir... No, de querer vivir realmente. ¿En qué momento pudo creer que se iría apagando ese instinto de supervivencia como un fuego a la intemperie de los elementos? Hielo y fuego... Sin duda, se necesitaba tener de ambas cosas para poder sobrevivir. Para poder pensar con la mente fría y el corazón caliente.

Pero a veces... No era suficiente...  Simplemente, no era suficiente.

La presencia gélida de la muerte le estaba pisando los talones con facilidad... Presencia reencarnada en oscuros guerreros de aspecto ceníceo y ojos rojos como la sangre que ansiaban derramar. Desde que esas presencias llegaron a Mitgard, nada había vuelto a ser igual. La guerra civil producida hacía escasos dos años parecía no haber sido nada, y los rastros de ella habían desaparecido con el viento ante la macabra escena que se unificaba en las nevadas tierras de la isla de Niftheim. Cadáveres colgando de los árboles, expuestos al frío que los conservaba como una mala broma mientras las bestias y cuervos aprovechaban. El vacío de vida que se sentía, como si el fin de esa tierra hubiera llegado para quedarse, sin posibilidad de florecer. Y ahí, se encontraba también el Hersir. Sintiendo cómo el frío se colaba hasta sus huesos. Un frío no solo físico... Un frío total. Inamovible. Absoluto y agónico.

Pequeñas gotas de sangre ensuciaban con un ligero vaho la inmaculada nieve al accidentado paso del pelirrojo, el cual avanzaba pobremente entre los gruesos troncos de los árboles del bosque que mantenían el silencio absoluto. Silencio solo roto por los característicos sonidos metálicos de las armas y armaduras. De vez en cuando, algún gruñido similar al de una bestia también se dejaba escuchar mientras el aliento cada vez más débil de Arngeir parecía querer unirse al bosque, flotando en pequeñas nubes de vaho antes de desaparecer. Se sentía agitado... Agitado y a la vez débil, inquieto y a la vez calmado. Sentimientos encontrados llenaban su pecho aún cálido. ¿Estaba haciendo bien con aquello? ¿Lograría, al menos, que su intento, su plan, surtiera el efecto que él había planeado? No podía parar de pensar en eso mientras su brazo derecho, herido, aferraba con fe el arco que tantas veces le había ayudado, que tan fielmente le había servido. Ahora solo podía contar con él... Con él y consigo mismo. Triste consuelo para quien había escogido ese camino solo. Para quien había condenado de aquella forma su destino.

Su cabeza volteó, sintió cómo la capucha de pelaje blanco caía y le permitía mejor visión pero peor camuflaje en el níveo bosque. No vio nada. Pero el sonido inconfundible que le perseguía como una sinfonía de terror era un claro indicativo de lo que le esperaba. Lo sabía, era consciente de ello. Se detuvo, apoyando su espalda a duras penas en uno de los árboles e intentó recuperar el aliento. En vano, pues pronto una flecha pasó tan cerca suyo que solo pudo echarse hacia atrás, perdiendo el equilibrio y necesitando sujetarse mejor del tronco del árbol para no caer abruptamente sobre el suelo helado. Su cuerpo se quejó ante ese gesto, el dolor rápido invadió sus terminaciones nerviosas, al punto de casi cegarle por un momento. Pero haciendo caso omiso, se incorporó y su mano fue a buscar en su carcaj una flecha. Sabía de antemano que no poseía muchas, pero a esas alturas poco iba a importar.

Tenía que distraerlos. Llamar su atención. Que le persiguieran como si de un zorro a punto de ser cazado por los perros de presa era bueno. Era lo que buscaba. De esa manera, sabía que dejaría un camino libre para la huida de aquellos supervivientes que aún podía salir de aquel inframundo helado. Estaba creando una salida a aquello con sus acciones. Con su sufrimiento. Con su decisión. Con su abandono. Su flecha voló, rauda, en la dirección de donde había visto provenir la anterior saeta, más no pareció surtir ningún efecto significativo más que algunos gruñidos y exclamaciones.

Se dispuso a huir de nuevo, pero cuando estaba dando media vuelta sintió cómo su hombro derecho era destrozado. Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y la impresión, y con ahogado jadeo escapó de su garganta. El metálico sabor de la sangre estaba llegando a sus labios, candente e intenso, y su mirada bajó hacia su clavícula, por la que se veía asomar ligeramente la punta de una jabalina. Al menos no le había traspasado por completo... Pero ya no podía mover su brazo. No podría disparar...

Sangre bañando la inmaculada nieve... Como un ritual, un sacrificio que ofrecer a la tierra.

Su mirada volteó hacia atrás. Oscuras figuras se acercaban, mas para la nublada vista del pelirrojo, no eran ya soldados... Era la mismísima Muerte yendo a por él.

Y ahí... una sonrisa curvó sus labios mientras sentía cómo sus piernas fallaban y caía de rodillas al suelo. No le temía a la muerte... Temía perder todo lo que estaba dejando atrás. Temía no haber hecho suficiente. No haber logrado todo lo que quería conseguir. Su corazón, cada vez más frío, se sentía presionado, encogido bajo ese sentimiento de angustia. Y aun así, la sonrisa seguía manteniéndose, pura y sincera, en los labios manchados de sangre. Le costaba respirar, cada vez más... Como si se estuviera ahogando en un lago. Tosió y, de nuevo, el intenso color de la sangre fresca manchó la nieve, congelándose al instante. Sentía frío... Un frío que nunca había sentido.

- Padre... Madre... - Logró murmurar entre gorgoteos mientras su dorada mirada, cada vez más apagada, se alzaba hacia el cielo. Ni siquiera esa tierra le permitiría ver el azul del cielo en ese momento... Solo densas nubes se podían ver, tapando todo el firmamento. - Yo... ¿...logré mantener vuestro honor...? ¿Me perdonáis... por no haberlo hecho mejor...? - Pequeñas lágrimas empañaron sus ojos, más ninguna se derramó, solo se mantuvieron en el limbo de sus pestañas mientras los emergidos estaban cada vez más próximos. Sus ojos se cerraron, tomando un último aliento. - Espero... que descanséis en paz... Igual que todos los que fueron llevados con vosotros... De verdad que lo anhelo...

Sintió cómo su cuerpo era destrozado por diversas armas. Incluso creyó que algún tipo de magia estaba siendo lanzada contra él, pero ya todo lo sentía lejano, ajeno a sí mismo. No había marcha atrás. Su último pensamiento fue a aquellos que murieron por el bien de Mitgard, y a los vivos que ahora la abandonaban por su bien... Su cuerpo inerte cayó, y su alma, como una última plegaría, se perdió entre aquellos bosques que tan bien conocía, haciéndose uno con ellos. Él podía haber caído, pero su espíritu seguiría vivo. Caliente. Ardiendo entre aquellas tierras gélidas.
Arngeir
Arngeir
Afiliación :
- MITGARD -

Clase :
Tactician

Cargo :
General

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Arco de bronce [1]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Espada de bronce [2]
.

Support :
None.

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Arco1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 VO4IE4z

Gold :
1098


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Mensaje por Sissi el Lun Nov 04, 2019 5:16 pm

Dedicatoria y notas:
Quiero dedicar esta carta minific a todos aquellos personajes que, en la actualidad, significan algo muy importante para Sissi: Chrom, Seraphiel, Virion, Isamu, Zephiel y Kuroyuki. Le dedico también esta historia a los usuarios particulares de esos personajes. Gracias por formar conmigo tramas maravillosas. Es un honor poder rolear con vosotros y haber creado amistades tan bellas entre nuestros personajes. Gracias de todo corazón.

También quiero agradecer a los admins que hayan hecho un evento tan interesante, duro y precioso de escribir. Gracias también por el plazo extra <3

Notas técnicas
AU: Carta escrita al menos 1000 años en el futuro; en un universo en el que Sissi es la única sobreviviente a sus seres queridos y se queda como guardiana de la Falchion gemela.
Título: La Necrópolis.
Número de palabras totales: 1183.
Playlist: en spotify y en youtube.
Portada:
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Os1e0Z3

Para vivir morir en este mundo
debes ser capaz de hacer
tres cosas:

amar lo inmortal;

sujetarlo contra
tus huesos sabiendo
que tu vida
depende de ello;

y, cuando llegue
el momento, no dejarlo ir.

Dejarte ir.
La Necrópolis, antigua Ciudad Redonda, Hatari.

A los que ya no estáis conmigo:

¿De qué mueren las criaturas inmortales?

Cuando era joven, ¿cuántos siglos han pasado desde entonces?, creía que mi única maldición era la longevidad de mi raza. En esa época no entendía del todo la amplitud de las habilidades de los manaketes, aquellos que llegan al culmen de su poder. En mi ignorancia fui haciéndome cada vez más fuerte, sin saber que eso me marcaría para siempre. Tomé el poder de la lágrima de Naga y en más de una ocasión logré incluso sortear a la muerte. Esa es la verdadera maldición de los manaketes sagrados: no poder morir hasta que nos llegue la hora, milenios y milenios en el futuro.

Pero no hay nada peor que quedarse atrás cuando todos los seres que amas se han ido. He sobrepasado con creces las vidas de todos aquellos que me importaron. Naga no me dejó morir antes. Yo tampoco me lo permití a mí misma: tenía un reino al que proteger, hijos a los que cuidar y amigos a los que acompañar en sus viajes vitales. Pero en un abrir y cerrar de ojos ya no estabais ninguno conmigo. Los seres humanos os fuisteis primero, como corresponde a la mortalidad beorc. Mis amigos laguz poco después. Luego, mi compañero, padre de mis hijos… Ellos aún perduran en este mundo, al igual que mi querida Kuroyuki, que regresó hace tiempo a su letargo; pero mis hijos tienen sus vidas y un reino que dirigir ahora que mi tiempo como reina ha terminado. Ya no pertenezco a su mundo.

Si hubiera podido, me habría arrancado la inmortalidad a tiras. Me habría reunido con vosotros allá por los siglos donde aún existían hijos de vuestros hijos que sabían quién era Sissi de Sindhu. Ahora nadie sabe dónde estoy o lo que ha sido de mí. Soy una reliquia más del pasado. Aparezco en libros que los jóvenes estudian en las escuelas y universidades. Hablan de nuestra amistad, de nuestras alianzas, victorias y derrotas. Pero, como vosotros, solo soy un objeto de eras atrás. Ya no pertenezco al presente de nadie. Los océanos de tiempo que me separan del resto son demasiado grandes. Hace mil años habría sido capaz de leer el corazón de la gente que me rodea, pero ahora son para mí lugares recónditos e invisibles.

Ahora prefiero la compañía de las ruinas sepultadas que se esconden bajo las arenas del desierto. Mi primer hogar. Aquí no hay nada que me engañe o me confunda. Entre las dunas solo sobresalen las columnas más altas de los edificios que hay debajo. Obeliscos en la nada. Pero en el interior hay túneles y pasadizos, abiertos por ladrones y saqueadores de tumbas, que llevan a una ciudad que duerme. Esta será mi tumba. Como las piedras que me rodean, espero el día en que me transforme en polvo, en estrella, en pensamiento. Pero el tiempo pasa. Nadie más se atreve a internarse en las catacumbas oscuras y frías, donde la negrura es tan espesa que los habitantes de la superficie la llaman La Necrópolis. Pero a veces dejan ofrendas para los muertos.

Pan.
Cerveza.
Carne.
Cuatro escudillas de leche.
Cuatro de sangre.  

A veces rezan. ¿No saben que estas ruinas son un mausoleo, que no estoy aquí para otorgar vida sino esperar la muerte?

A veces me cuentan lo que sucede en el exterior.

Los tiempos de gloria han concluido y los de decadencia están próximos. Ha vuelto el invasor. El enemigo ha regresado bajo un nombre diferente, pero el mal es siempre el mismo. Me cuentan las visiones de desastres que se siguen unas a otras. Y dicen que se escucha en todas partes el ruido de templos que se derrumban y de dioses cuyo rostro y estatuas se destruyen con los mangos de las espadas. Los enemigos han resurgido en todas partes del mundo. A su paso han ardido las ciudades y las poblaciones han sido saqueadas. Los dioses ya no habitan en sus templos, los sacerdotes y sacerdotisas, los nobles, los inocentes, han sido masacrados. La población va desapareciendo. No les digo que este ruido se prolongará hasta el fin de los tiempos. No les digo nada, ni hago nada.

Nunca más quiero residir entre la gente viva del mundo. No quiero sentir el sol. No quiero volver a luchar. Eso lo hizo una yo del pasado, una yo que ya no existe. Ahora mi hogar es la Necrópolis. Un lugar para seres que vivimos como un cuerpo en el fondo de una ciénaga: incapaces de deteriorarnos, incapaces de respirar.

Intenté ir con vosotros tantas veces que me convertí en alguien que anhelaba la muerte. Pero el veneno desaparece de mi cuerpo y las heridas profundas, a pesar de que serían mortales en otros seres, a mí me sumen en un sueño del que no despierto hasta que son simples cicatrices. En una ocasión, antes de volver a Hatari, le rogué a un mercenario que utilizara su hacha para separarme la cabeza de los hombros, pero aquel buen hombre se negó. “¿Qué manera es esa de reunirse con los muertos?”, me preguntó. Tenía razón.

Así que espero mi hora aquí. Recorro y bailo en los pasadizos de piedra y las salas funerarias de la Necrópolis. Aquí siempre es de noche, y es una noche llena de agua, de arena y de muertos. Mis ojos se han quedado casi ciegos, acostumbrados mucho más a las sombras que a la luz. Apenas puedo ver la pluma y la tinta que escriben esta carta. La cera de mi última vela pronto se acabará y con ella concluirá mi viaje. Siento que podré reunirme pronto con vosotros. Por momentos escucho vuestro llamado en las profundidades. Los tambores que destruyen el silencio son lo único que me acompaña aquí abajo. También me acompañan vuestros recuerdos, pero me avergüenza admitir que hay cosas que no logro recordar:

¿Cómo eran vuestras voces, vuestros ojos, la curva de vuestra sonrisa, vuestro olor? A veces lloro hasta quedarme sin lágrimas porque no recuerdo nada de eso. Pero sé que en poco tiempo desapareceré en algo indefinible. Siento cómo huyen el tiempo y el espacio en torno a mí. Ahora me tumbaré en la cripta desnuda y fría, pondré las manos sobre la espada sagrada que guardo desde hace siglos de la avaricia del mundo exterior y cerraré los ojos por última vez. Soñaré con vosotros. Aquí reposaré hasta que los dioses me vuelvan a llamar a la vida, pero antes de que eso ocurra os volveré a ver.

Seraphiel; mi luz y mi guía.
Chrom; mi más querido amigo.
Kija; mi amado hermano perdido.
Yrumir; mi pequeño hermano perdido.
Zephiel; mi aliado, mi escudo.  
Virion; mi rosa, mi bailarín.  
Thoth; mi igual, mis alas.

Isamu; mi compañero... Si el amor te hubiera salvado habrías vivido para siempre.

Pronto estaré con vosotros. Pronto, pronto. Es el momento de dejarme ir.
Sissi
Sissi
Sissi
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [2]
DragonStone Plus [4]
Lágrima de Naga
Tónico de def [1]
Escrito Mítico
DragonStone [1]

Support :
Sera [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Iwzg0SR
Chrom [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v
Zephiel [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Piedra%202

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Fy4uE7I

Gold :
5836


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Mensaje por Kuroyuki el Lun Nov 04, 2019 5:44 pm

El caos y el fuego habían consumido una parte de la ciudad, pero la amenaza acababa de ser reducida. La dragona negra y magenta se había debilitado por las flechas, jabalinas y cadenas, cayó al suelo entre su propia sangre y la de aquellos que murieron tratando de inmovilizarla. Su enajenación no había cesado aun cuando sus fuerzas estaban a punto de extinguirse, y por ese motivo sus captores se mantenían alejados de sus fauces para que el hálito no pudiera consumirlos. La victoria estaba lejos de celebrarse, pues la realidad de haber combatido con tanta fiereza a una antigua aliada aún era difícil de asimilar. Después de años de convivencia, la ancestro lucía mas como una enferma que como un traidora: En un abrir y cerrar de ojos, un extraño aura oscura e inestable se había apoderado de su cordura y sin previo aviso comenzó a arrasar edificios y los ciudadanos que allí vivían. El número de muertos era indeterminado por el momento, pero se estimaba por varios cientos.

La dragona se revolvió para aflojar las cadenas, pero no había ninguna parte de su cuerpo que pudiera separarse del suelo. Rugió iracunda ante aquella subyugación, sin demostrar debilidad o miedo, ni siquiera arrepentimiento. Sus heridas se agravaban con el forcejeo y la energía maldita que extraía de su dragonstone la estaba consumiendo rápidamente. Como si de ácido se tratase, su piel y escamas se marchitaban mientras desprendían un vapor hediondo, abriendo todavía más las heridas provocadas por los proyectiles ajenos. Aunque no se percatase, se estaba encaminando a un punto de inevitable retorno. Las argollas resistieron todos los empujones del preso quien, en su testarudez, terminó rompiendo su exoesqueleto y cortando su cuerpo con ellas. Se estaba desangrando. Tras incesantes minutos de infructuosa hostilidad, de forma inesperada, la debilidad general hizo que su perturbada mente volviera a la claridad poco a poco.

- Esto ya pasó antes. Naga entró en guerra con los que se opusieron a ella, pero también con aquellos que simplemente no podían seguirla. Razas como la de mi padre, como yo... También las exterminó ¿no es así? No respetó la voluntad de los moribundos. Asesina, como lo son sus descendientes. Éste es el precio que hay que pagar por vivir en este mundo, y si no me hubierais arrastrado hacia vosotros quizá no habríais sufrido las consecuencias.

Kuroyuki hizo un esfuerzo final para revertir su estado dracónido, aún sabiendo que aquello era lo único que la mantenía con vida. Su aspecto humano estaba demacrado por la corrupción y laceraciones. Sus piernas no podía con el peso del cuerpo, sus alas presentaban fracturas y amputaciones. Esperó de rodillas a que su momento llegara, que la incontrolable energía oscura de su dragonstone consumiera su cuerpo definitivamente.

- Por suerte, el tiempo de los dragones primigenios ha terminado. Sus delirios de supervivencia sólo serán recordados por los mortales, ilusos ellos, quienes piensan que la inmortalidad no es una maldición. La última matriarca se ha ido, y con ella el sello que evitaba nuestro marchitamiento. Por fin, la caída de esta estirpe se ha iniciado. Con cada generación la pureza se diluirá y nuestra raza acabará siendo un recuerdo infinito... Como debió ser desde el principio... La naturaleza siempre se recupera de las anomalías... Ella es más sabia que nadie, perfecta y perpetua. Me alegro tanto...

Cada pulso mágico desintegraba su cuerpo: Las membranas de sus alas se desprendían como arena, descubriendo la estructura ósea que le daba forma. Su piel presentaba grietas en una estructura homogénea y grisácea, como si un hechizo oscuro estuviera forzando su envejecimiento.

- Padre, Madre, Sissi... Os estuve esperando por siglos... Os he echado de menos, pero, por fin... Puedo reencontrarme con vosotros.
Kuroyuki
Kuroyuki
Afiliación :
- Sindhu -

Clase :
Manakete

Cargo :
Sirvienta real

Autoridad :

Inventario :
Dragonstone [1]
.
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Piedra-1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 XyoARbx

Gold :
100


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Mensaje por Morgan el Mar Nov 05, 2019 2:56 pm

You will see me again:
Morgan se arrastró fuera del cuerpo del wyvern cuando este todavía se removía y soltaba mordidas rabiosas a su alrededor, sus atacantes centrándose afortunadamente en terminar con él, más que en buscarla a ella. La caída le había golpeado en más lugares de los que podía parar a contar y arrastrar sus heridas contra la arena al salirse de la montura había resultado mucho más tortuoso de lo imaginable, pero tenía que moverse, ponerse a cubierto. Apoyó la espada que le quedaba en el suelo para asirse, apretó los dientes e ignoró todo lo que sentía, para sólo lanzarse hacia lo primero que pudiera parapetarla. El animal que mataban tras ella le daba igual, realmente. Nunca lo había tratado con cariño; era sólo cosa suya, que le enfadaba que le quitaran pero nada más. Ahora que lo habían bajado del cielo y lo liquidaban, no había más pensamiento que dedicarle. La estratega se metió entre los inmensos huesos semi enterrados en el desierto, única refugio en un kilómetros, y al llegar al otro lado del tórax se ocultó tras una de las costillas blanqueadas por el sol. Presionó la espalda contra la superficie, mascullando imprecaciones bajo sus jadeos cansinos.

Tenía que pensar, pensar cómo seguir, qué hacer ahora. Podía estar la ciudad entera en llamas, cantada la derrota, pero no podía decirle nadie cuando parar de luchar. Porque mientras caminaran alteanos por Plegia, Morgan no había terminado. No les dejaría tomarla en paz. Tenía que admitir que lo habían jugado bien, metiéndose en plena guerra entre reino y emergidos con un contingente tan preparado; era un oportunismo y una intención conquistadora que no habría esperado, pero había resultado efectivo. Los plegianos no habían podido reaccionar. Habían perdido la ciudad demasiado rápido y aunque la Hija de Grima había salido de inmediato a intentar contraatacar, ni ella ni las fuerzas que habían podido acompañarla, ni siquiera los emergidos que lograba comandar, habían bastado para cambiar las cosas. Ni siquiera con el poder de las dos legendarias espadas que portaba, cubriendo el cielo desértico tras nubes de tormenta con su Levin y empleando hasta a la Siegfried que le había sido confiada, pudo hacer mella real. Había combatido con el fervor de quien conoce y goza su poder, con cuanto podía poner de sí, y en efecto había matado a incontables, pero en el escenario total nada había mutado. Eventualmente, al resto los habían asesinado y a ella la habían echado abajo con su montura. Había quedado a solas entre un enemigo demasiado numeroso, sin idea de donde encontraría tropas a las que unirse, unidades con que trabajar. Y estaba herida. Nada que no pudiese soportar, un par de flechas la habían alcanzado sobre el wyvern, ninguna letal, pero ya todo dolía, había perdido sangre y sus extremidades reclamaban descanso. Las probabilidades no estaban a su favor.

- Padre… hermanito… - Exhaló con frustración, posando la vista en los despojos de la ciudad casi sobre el horizonte, una mezcla de llamas y humo negro bajo el sol. Comenzaba a sospechar que no habría más de ambos para ella. Que no volvería a hallarlos. Tan sólo podía esperar que se hubiesen decidido y logrado huir. Empujó el pensamiento fuera de su mente con rapidez; no sabía lo que sería de ella si se permitía mantenerlo. En cambio, reacomodó su agarre en torno a Siegfried. Iba a tener que pelear por sus propios medios, iba a hacerlo, de eso no cabía duda.

- Los mataré, al montón de-- ¿quién creen que soy? - Gruñó, en tanto se despegaba de la columna. Encararla le hacía seguirla con la vista. Ante los ojos no cabía el esqueleto dracónico, aquello que los alteanos tanto habían estado temiendo, por ningún motivo. - Soy más… que estos estúpidos… ¡huesos! - ¡Y tendrían que haberla temido a ella todo ese tiempo, no a unos fósiles, que nada habían hecho en siglos! Morgan les propinó una patada a la parte más cercana, alzando una pequeña oleada de arena que llovió secamente sobre la superficie. - ¡¿Cuando despiertas, dragón inútil?! ¡Lo tengo que hacer todo yo! Uuggghh, ¡quédate muerto, para lo que me importa! ¡Jódete! - Le gritó, a sabiendas de que no habría la más mínima reacción. Esa cosa estaba muerta. La única fuerza que venerar era la suya. Que la llamaran Grima a ella, si era lo que hacía falta. El verdadero Grima, su supuesto padre, nunca había hecho una sola cosa por ella ni por nadie.

No había punto en seguir esperando. Asomándose, buscó a los primeros alteanos que pudiera agarrar desprevenidos para hacerse de alguna ventaja, porque con los emergidos no quería perder tiempo, y partió. Esperó a que rebasaran los huesos junto a ella y, con una blandida de Siegfried, soltó el primer ataque en la forma de una fina oleada violácea. De inmediato fue ella misma, la espada cerca del cuerpo pero el filo hacia adelante, llegando a hundirlo en el más cercano antes de que este pudiera siquiera girarse. Empujó el cuerpo para alejarlo de sí y retirar la espada.

- ¡Heh! Más despiertos, nenitas alteanas. - Se jactó por lo bajo, volviéndose con rapidez hacia el resto. Estuvieron sobre ella en meros instantes. Ahora bajo el sol, bajo el opresivo calor que seguramente sofocase más a los extranjeros en sus ropas buenas y armaduras que a ella, la joven debió de blandir fuerte contra el asta de una lanza que casi le alcanzaba, para enseguida moverse fuera de la trayectoria de una seguidilla de flechas, que con un marcado sonido chocaron contra los huesos detrás. Dejó de moverse apenas un instante, sólo el tiempo que le retuvo otro apareciendo ante ella, esquivar su espada y hundir la propia en el estómago ajeno, cortando bruscamente hacia un lado para abrir una herida irreparable. En ese intervalo, una nueva flecha se clavó tan certera en su espalda que la punta asomó en su torso. Gritó en voz alta; el impacto le había destrozado una costilla, estaba segura. Otra más entró en su pierna derecha. No podía actuar lo suficientemente rápido. Miró a su alrededor, buscando, y apenas halló emergidos cerca, eligió al que mejor armado lucía. La criatura la miró de regreso. Morgan inmediatamente le apuntó a los alteanos. - ¡A ellos! - Bramó en voz comandante. Sin instante de duda, el hombre de ojos rojos obedeció, entablando combate.

La sorpresa de todo ello le compraba unos segundos de tiempo. Pero no había mucho que hacer con ello. Frenando como podía a aquellos que venían sobre ella con el grueso filo de Siegfried, forzándose a moverse sobre la pierna herida, esta pronto le falló, súbitamente temblando y cediendo en mitad de un paso. Morgan cayó, su espada separada de sí. Respiraba tan superficialmente que apenas sentía el aire llegar, hasta la ropa empapada de sudor y sangre le pesaba, pero se rehusaba a terminar aún. Pateó las piernas del primer alteano que se le acercaba, logrando que sus botas reforzadas removieran la arena y lo hicieran caer. Enseguida se le lanzó encima, y con sus propios puños le dio en la nariz hasta sentirla crujir, esa y dos veces más. Hasta que, todo a la vez, un dolor terrible se clavó en su espalda, su boca se llenó de sangre y un filo de espada emergió de lo alto de su pecho, poco debajo del cuello.

Apenas percibió cómo, pero la empujaron, la movieron. Había guardias reales a su alrededor, una figura vigía sobre un pegaso más atrás, la silueta de una corona sobre la cabeza. Se sentía paralizada, no podía escupir la sangre fuera de su boca, tan sólo sentirla fluir. Estaba muriendo. Pero al menos, esos alteanos seguían teniéndole miedo. Lo veía en sus ojos; los más cercanos la miraban como si mirasen al Oscuro a la cara. Al menos, eso podía disfrutarlo. Paseó la vista crecientemente desenfocada por ellos, dibujando en sus labios una media sonrisa, antes de reparar con particularidad en el más próximo de todos, seguramente aquel que la había herido. - Cuidado… con enterrarme… poco profundo… hereje. - Le murmuró, ahogándose entre palabras. Merecía reconocimiento por lo que acababa de conseguir, vencerla a ella, pero seguía bastante segura de que algo más tendría que haber. Verlo estremecerse no estaba mal. - ... será mejor… que caves… -

No aceptaba morir. No se quedaría muerta. Algo tendría que ocurrir, algo tendría que lograr, que la mataran dos veces si realmente querían mantenerla abajo. Los gigantes huesos descansando inútilmente en el desierto eran una cosa, ella sería más. Grima nunca había sido nada como ella, por todos los demonios. Empecinada en aquellas ideas, Morgan intentó dirigir los ojos hacia la figura de la corona más allá, aunque su visión era ya un túnel cada vez más estrecho. Reunió el aire que pudo. - Me volverás a ver. - Soltó, segura, antes de desplomarse sobre la arena caliente. Si los alteanos eran sensatos, quemarían su cuerpo y verían que ni huesos quedasen.
Morgan
Morgan
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Grandmaster | Wyvern Rider

Cargo :
Estratega | Figura Sagrada (religión de Grima)

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Espada de plata [1]
Concoction [3]
Levin Sword [3]
Siegfried [4]
Espada de acero [3]
Llave maestra [1]

Support :
Marc [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Espada-4[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Hacha-1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 SjqgM22

Gold :
342


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Mensaje por Roxanne el Miér Nov 06, 2019 6:16 pm

I said that I'm sorry:
Roxanne apoyó una de sus manos en un árbol, un viejo, magnífico y enorme roble que había resistido tanto a los elementos como a los emergidos que habían puesto sus pies en Gallia, un simple árbol había aguantado muchísimo más que la población laguz y beorc en su tierra natal y aquello era como un soplo de aire fresco para la leona. Respiraba agitada con las manos y la zona inferior del rostro teñidas de rojo producto de la sangre ajena de los enemigos que había conseguido hacer frente en cuanto arribó después de tanto tiempo a su tierra. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que escapó? ¿Tres años? ¿Dos? Nunca había sido buena contando los días, ella simplemente vivía acorde al nuevo estilo de vida que tuvo que adoptar con tal de poder seguir viviendo y volverse todo lo fuerte que pudiera.

Había vuelto a Tellius después de tanto tiempo apenas escuchó los rumores que prácticamente gritaban que Gallia había caído nuevamente al igual que Goldoa y el resto de las naciones miembros de la alianza laguz. En todo ese tiempo, por fin dejó de beber, de teñirse el cabello y lo había dejado crecer hasta la altura de los omóplatos, incluso de cubrir sus orejas y su cola, más pelirrojas que nunca. Necesitaba recuperar el aliento; había buscado toda la ayuda posible a medida que sus aventuras habían transcurrido, mas, no había tenido el coraje como para pedirle ayuda a Ranulf. No iba a exponerle a aquella situación, la leona prefería evaluar antes de regresar en la búsqueda de aliados y de contactar a aquellos que sabía que podrían echarle una mano.

La historia de su vida: pasar de ser una cachorra que con suerte sabía lo que estaba pasando a ser una leona lo suficientemente fuerte como para poder enfrentar a varios enemigos a la vez y sobrevivir. Si bien la llegada de los emergidos había sido su boleto de salida de una vida llena de pomposidades y cuchicheos a sus espaldas, también fue la forma de aprender todos y cada uno de los secretos de su raza, ver con sus propios ojos a los "humanos" como mal decían sus congéneres basándose en los prejuicios e historias negativas. El ver que muchos de ellos la miraban más bien con curiosidad era un bálsamo bien recibido frente a las miradas que emitían un juicio completamente negativo.

Sí, Roxanne podía vivir con ello.

Una vez pudo recuperarse lo suficiente, se enderezó y avanzó con la marcha forzada que había aprendido imitando a los ejércitos de beorcs que, por muy cansados que estuviesen, no perdían el ritmo. La leona avanzaba por la vegetación a medio cremar con agilidad, saltando y escabulléndose en el momento justo, abriéndose paso a base de zarpazos ya fuese contra la propia vegetación o contra algún emergido solitario que encontrase. Aumentaba la velocidad de su carrera, moviéndose como solamente alguien que había vivido toda la vida en terreno abrupto sabría hacerlo; esquivando a más de algún pájaro que había asustado sin querer. Un único objetivo ocupaba su mente y era el de liberar a su pueblo.

Por fin había conseguido una meta real, una meta que valiese la pena, algo que no dejaría ir incluso si Ashunera esperaba su alma con los brazos abiertos. —"Ashera, guía mi camino para lograr mi empresa. Yune, dame el poder para cumplirla. Ashunera, por favor, que el resto del mundo siga bien"—. Por primera vez en cincuenta años, rezó con todo el fervor que tenía mientras se abría paso a través del enorme bosque que ya comenzaba a sentir sofocante incluso si la mayor parte había sido quemado. Los pulmones le ardían producto del esfuerzo, mas, seguía corriendo en dirección al palacio real, a donde solía ser su antiguo hogar. Si el palacio de Gallia había caído, entonces no había esperanza para su raza. Si Caineghis y Skrimir perecieron, entonces ella era la única laguz león que quedaba en el mundo, nadie era más fuerte que aquellos dos, ellos dos y nada más, tenían la esperanza de los laguz de Tellius en sus manos, no podían fallar.

De un manotazo, se retiró las lágrimas que, producto del miedo, había empezado a derramar con muy poco control. Pasó a través de cada ejército de emergidos que intentaron detenerla, pasó a través de cada intento por detenerle sin siquiera molestarse en transformarse por tomarlo como una pérdida de tiempo. Tampoco se detuvo para confirmar que el pequeño poblado beorc que había en su país estaba prácticamente desmoronado y que más de una vez tuvo que saltar por sobre los escombros de lo que alguna vez fue un fuerte o un simple muro. No se detuvo hasta llegar al palacio cuyas puertas parecían quemadas y rotas por culpa de algún hechizo de fuego o de trueno, el peor escenario hilándose poco a poco en su mente y que le obligó a detenerse con tal de recuperar el aliento pese a que no lo quería.

Aún respirando agitada y no dándose cuenta de que su hombro izquierdo sangraba por un corte con una espada, se adentró en el palacio, buscando cualquier señal de que hubiese alguien vivo. Era la última resistencia de su gente, debía haber alguien, ¿verdad? Lo que no se esperaba fuese a que algunos guardias tigres, leones y gatos tuviesen el brillo carmesí característico de los emergidos, no se esperaba a que fuese a por ella aprovechando su ventaja numérica y que tuviese que transformarse con tal de tener una mejor oportunidad de pelea. Cada zarpazo, cada mordida, Roxanne la esquivada y contraatacaba con todo lo que tenía, yendo a matar derechamente. Le costó, pero, lo logró, pudiendo recuperarse de sus heridas con algunas pociones de curación que obtuvo tras revisar algún botín que tuviesen. Así fue por cada pasillo, por cada rincón, sin dejar a ningún laguz emergido sin eliminar ni laguz aún aliado sin salvar al echarles una mano para huir lo más a salvo que pudiera.

Hizo y usó todo lo que tenía a mano con tal de no caer, con tal de no desfallecer, pero, en cuanto llegó a la sala de trono, se desmoronó de golpe. Los dos más grandes leones en la historia de Gallia estaban tirados en el suelo por culpa de un hechicero emergido que, al escucharle, la miró con sus ojos rojos y, si bien la leona pudo devolverle la mirada amenazante con actitud desafiante, estaba aterrada. Se suponía que aquellos eran los más fuertes de su territorio, los que tenían la gloria de su país bien en alto y que les daban esperanzas a una nación entera, ahora la presión era suficiente como para hacerle dudar aunque fuese un par de segundos. Y bastó un cortísimo momento en el que se detuvo a olfatear el aire y fijar la vista al frente cuando el fuerte olor de carne y pelo quemados y el de la sangre al cocinarse de más la obligaron a mover la cabeza de un lado a otro, bufando con fuerza al intentar quitarse aquella peste de sus pulmones.

Los habían quemado hasta la muerte y era casi seguro que el siguiente cadáver cremado fuese ella, mas, no se iría sin haber peleado antes. Fuera de su terror y la adrenalina, la laguz estaba lo suficientemente furiosa y ofendida como para pensar en otra cosa que no fuese pelear. Estaba harta de huir, estaba harta de sentirse poca cosa y había perdido su única oportunidad para demostrarse a sí misma lo mucho que había podido avanzar desde que escapó de su hogar. Se transformó y, soltando un rugido lleno de cólera, simplemente se dejó llevar por su lado más salvaje y atacó con toda la intensión de ir a matar. Sin embargo, aquel emergido que estaba frente a ella, simplemente alzó una mano y, abriendo su grimorio, le lanzó un torrente de fuego lo suficientemente fuerte como para achicharrarle el pelo y la piel, ambos despidiendo en demasía el característico olor a quemado y obligándole a tomar su forma humana.

Entre gritos, se frotó los ojos, dándose cuenta de que se había quedado parcialmente ciega por culpa del fuego y, antes de que siquiera pudiera intentar algo más, el emergido terminó el trabajo, dejándole las extremidades inutilizables por culpa de las quemaduras de cuarto grado y lo mismo hacia el resto de su cuerpo. Intentó dar una bocanada de aire y contenerla lo suficiente como para expresar lo que serían sus últimas palabras, al menos le dieron ese lujo. —Mi Gallia... Mi gente... Perdón—. Quería llorar, pero, el balbuceo apenas y era audible, como un susurro que le requirió una enorme cantidad de esfuerzo. Con los ojos ahora ciegos y su rostro ennegrecido que dejaba ver parte de los huesos de su cráneo, el mago emergido terminó el trabajo, ejecutando a Roxanne en una llamarada lo suficientemente fuerte como para hacerla gritar hasta que sus pulmones y garganta se achicharraron al igual que el resto de su ser.
Roxanne
Roxanne
Afiliación :
- GALLIA -

Clase :
Lion

Cargo :
Ladrona

Inventario :
Vulnerary [2]
Concoction [2]
Símbolo de Satori
Gota de Veneno [2]
Pócima Entumecedora
.

Support :
None.

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Claw1

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 NdTOcva

Gold :
295


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Mensaje por Marc el Vie Nov 08, 2019 10:49 am

Sumo mi granito de angst también con Marc~

Spoiler:

Oscuridad. La realidad de Marc era una sombra completa, un mar negro que cubría, envolvía, todo.

Tiempo, distancias... Todo había perdido significado, sentido, dirección.

Como despertando de un largo sueño sus ojos se adaptaron: podía identificar pequeños matices de negro en la infinita oscuridad. Sí, no eran matices de gris, sino de negro.

Negro contrastando sobre negro de una forma que cualquier vástago de luz jamás podría entender, cegados por la oscuridad y el color.

Notó al fin la ausencia de gritos, ensordecedores hasta instantes atrás pero que no pudo terminar de comprender hasta que cesaron.

Solo quedaron los susurros de su padre, de las sombras, de su magia. El murmullo habitual se arremolinaba, apresurado, sediento...

Desesperado.

Sentía dolor en el pecho... ¿Sentir? Sus sentidos lentamente volvían y su mente comenzaba a aclararse; en el rabillo de su ojo podía jurar que por un instante pudo ver un tono de gris.

-M...-

Inconscientemente abrió la boca para pronunciar una palabra casi instintiva, una palabra que salía de alguna parte profunda, una palabra con significado y peso para él... Y de la misma forma que la palabra se perdió en sus labios antes de siquiera formar una silaba, de encontrar una vocal apropiada a acompañar la primera letra, la idea se esfumó.

El calor se extendía ahora en su pecho y fue así como notó el frió que sentía en todo su cuerpo.

Aun así sus brazos no temblaban, sus dientes no tiritaban.

El gris ahora era claro en su visión, los grados de negro pasando a una escala de grises que lentamente prometían color.

Las formas cobraron lentamente sentido... Pero junto con ello volvió el dolor.

La herida en su pecho era mortal pero era el dolor de saber lo que ello implicaba lo que dolía aun más: el saber las consecuencias de su fin.

Por sobre todas las cosas le dolía haberle fallado.

-L... Sie... He...-

La sangre se acumulaba en su boca al tiempo que la oscuridad volvía a envolar su visión.

Una oscuridad sin matices esta vez.

La oscuridad absoluta y eterna.
Marc
Marc
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Grandmaster

Cargo :
Maestro Inquisidor (religión de Grima)

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Ruina [3]
Vulnerary [2]
Esp. de bronce [2]
Llave Maestra [1]
Página oscura [1]
.

Support :
Morgan [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v
Corrin [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v

Especialización :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 Tomo%202

Experiencia :
[EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 YvwSTdF

Gold :
2878


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Mensaje por Kyleb el Vie Nov 08, 2019 2:00 pm

Me emociona en hacer esto que se ligue con otra muerte de otro usuario <3 pero por orden, yo voy primero uvu
fue un lio pasarse de las 1500 y luego resumir para que luego terminaran en 1499  según word XD

Maldigo mis ocupaciones y la vida (?)
Al ser un AU hubo cierta libertad y eso me hizo sufrir mientras escribía ;v;
Aqui vamos ~

Cuando el sol se apaga, la luna sola se queda:
La vida puede ser radiante, puede ser opaca y por mas que lo fuera, cierto pelirrojo avanzaba a pesar de los obstáculos, iluminando, sin que la luz que poseía se marchitara, amable, sereno, alegre como el sol, manteniendo su calor a pesar del frío, a pesar de las nubes y donde parecía poder brillar más, todo se nubla. Un chico de cabellos oscuros no lo reconoció tras su reencuentro, aquel sol de cabellos rojos sabía perfectamente quién era, qué era para él, sin embargo, el espadachín de ojos azules no sabía su nombre, haciendo que la sonrisa de aquel sacerdote fuese ahogada entre aquellas nubes lluviosas que separaban la cercanía de ambos.

Aquel espadachín era como la Luna, perdida, solitaria, errante, por más que fuera el mejor amigo del Sol, no recordaba nada, absolutamente nada de su pasado, seguía perdido entre las nubes mientras que el sol seguía al tanto de él cada vez que se cruzaban, manteniendo su amabilidad con él, preocupación, ayuda, con una sonrisa cálida mientras todo parecía oscurecerse hasta sentir su confianza, su cercanía, una amistad fuerte como la anterior, no de la misma manera pero lo apreciaba el sacerdote. El sol brillaba nuevamente a pesar de las nubes y la luna podía asumir que ya no estaba tan solo, todo se desarrolló, todo fluyó, todo avanzó a pesar de las distancias, a pesar de las nubes cuando se reunían, seguían acompañados, seguían juntos.

No importaba lo que pasara, las nubes parecían nunca irse, el cielo se mostraba grisáceo en cierto lugar de Ilia, aún había luz y a pesar de las circunstancias se veía un trio de siluetas entre la niebla. En el frente se encontraba Kyleb, aquel sacerdote pelirrojo usando sus habilidades en lo que podía para dar paso entre la niebla y encontrar un refugio con prontitud, sentía a su acompañante cerca, Stanley, un espadachín que se mantenía lo que podía a su lado mientras un perro de tonos marrones de nombre Sparky seguía su paso. A pesar de lo que estaba ocurriendo en Ilia, ambos están conscientes de los peligros que podían acechar a los alrededores, emergidos en ciertos lugares, buscaban llegar a su pueblo natal (siendo lo más cercano) para refugiarse en alguna casa abandonada o algo, donde pudieran pasar el frío y las condiciones climáticas que presenciaban ya que no podían movilizarse lo suficiente e ir más allá del país — Hay demasiada neblina, me cuesta... despejar lo suficiente — dijo el sacerdote mientras mantenía el paso y evitaba cansarse en lo posible debido a lo poco estaba acostumbrado a conectarse con los espíritus para poder avanzar en estos obstáculos que se presentaban , aún no nevaba del todo a su suerte pero podía notarse la nieve que se encontraba a sus pies  «y hace mucho frío» se frotó las manos un poco mientras pensaba, solo por un momento antes de mantener la atención en el camino — No te preocupes Stanley, estaré bien — sonrió al chico pelinegro quien parecía atento a sus condiciones — solo debemos encontrar refugio, llegar pronto y …… — siendo interrumpido, unos gruñidos se escucharon cerca de ellos, se mantuvieron alerta y en silencio, a pesar de la neblina no podía verse lo suficiente sino sentirlos mediante los gruñidos que emitían — ¿Emergidos? ¿Justo aquí? — murmuró hacia su compañero —Si avanzamos con cuidado entre niebla es posible que no nos detecten... aunque no sabemos en dónde rayos están exactamente — manteniendo su volumen bajo mirando a ambos lados atento — No te separes de mí ¿Sí? — siendo lo primero que se le vino a la mente queriendo la seguridad de su compañero y perruno acompañante, habían pasado por tanto , parecía serle una costumbre decirle eso al pelinegro, no le importaba en lo absoluto, realmente le tenía estima y cariño.

Las siluetas entre la niebla se hacían más notorias, peor aun dándole una sensación al pelirrojo como si fuesen perseguidos, avanzaban sin dudar ni un segundo y en poco los gruñidos eran más notorios , más fuertes, el corazón del chico latía con rapidez, cuando menos lo esperaban uno de ellos los atacó haciendo se hicieran a un lado separándose entre sí, aquel emergido poseía una espada y entre sus dos acompañantes, uno poseía dagas y el otro poseía una lanza, ambos iban a pie al igual que el par de chicos así que por el momento parecía una batalla aparentemente justa. — ¡Ten cuidado!— advirtió Kyleb cuando el emergido entre ellos estaba dispuesto a atacar sin piedad hacia el chico pelinegro. El pelirrojo conjuró su magia al surgir runas junto con luces alrededor de su brazo y atacó por la espalda al espadachín enemigo para desestabilizarlo un poco logrando darle a su compañero una ventaja, sin embargo, aquel emergido con dagas atacó a sacerdote con cercanía logrando que lo esquivara por poco recibiendo un corte en uno de sus brazos — Agh...— Se quejó de dolor « Debo moverme, debo moverme » Soltando rápidamente en su mente evitando quedarse quieto y comenzar a dar movimiento en la nieve, sin darse cuenta que mientras la pelea ocurría más se separaban, más niebla se presenciaba.

El ágil asesino comenzaba a lanzar dagas en las cuales Kyleb hacía lo posible por contraatacar entre fuego, ardiente fuego que lanzaba desde sus manos, aquellos ataques iluminaban su alrededor y a pesar de haber recibido unos cuantos cortes tras sus impredecibles ataques, era una suerte que aun seguía en pie — Seres como tú no merecen existir— dijo repentinamente mientras el emergido gruñía por más que su boca era cubierta por una larga y, en parte, calcinada bufanda « Debe haber un punto débil o algo...¡espera un momento! » Miró a los lados entre la neblina — ¿Stanley? — llamó al nombre del compañero hasta que una daga por poco le rozaba el cuello, comenzó a desesperarse — ¡Stanley! ¡Stanley! — alzando la voz mientras se movía intentando escuchar su voz o algún sonido que lo ayudara a orientarse. El sacerdote comenzó a moverse mientras el asesino lo seguía en un intento de acabar con su vida, Kyleb hacía lo posible por darle de baja pronto — ¡¿Dónde estás?! ¡Agh! — gimió de dolor al llegarle una daga cerca del pecho llegando a cortarle bastante, aquel ser sin vida hacía lo posible por matarlo y al oír la voz del contrario, con la fuerza que aún intentaba mantener, Kyleb, entre luces rojas, una bola de juego golpeo de inmediato al emergido haciéndole caer hacia atrás quedándose en el suelo. Con este hecho fue rápidamente a lo que ahora podía divisar, un par de siluetas entre la neblina, el pelirrojo se sentía agitado, adolorido y debido a los cortes tenía mucho más frío que antes, cuando finalmente vio al chico pelinegro, este se encontraba con desventaja frente al enemigo que poseía lanza — ¡No lo harás! — exclamó atacando rápidamente mientras el enemigo estaba distraído calcinando la vida que le quedaba de una vez.

Cuando parecía estar todo terminado, fue rápidamente hacia Stanley para verlo — Oh por Mila, creí que te iba a perder — dijo inmediatamente abrazándolo soltando unas cuantas lágrimas, las condiciones del ambiente era lo que más temía Kyleb, saber que una pelea de este tipo implicaría separarlos y posiblemente sin saber del otro, no quería perder a quien más apreciaba, sin importar cómo salieran las cosas, no quería perderlo. Se acurrucó un poco sintiendo su calor, era reconfortante, por alguna rara razón, no quería separarse pero....tuvo que hacerlo. Sintiendo un ruido por su espalda, empujó a Stanley hacia atrás con rapidez hasta que una flecha bastante gruesa rápidamente le atravesó el pecho, justo en el corazón, llenando de carmesí su alrededor — yo...quiero que estés bien...— sonrió leve entre lágrimas a pesar del dolor y cayó rodillas adolorido sintiendo como le costaba respirar poco a poco, el emergido con dagas era el responsable de dicho ataque, siendo lo único que le quedaba de armamento secundario a esa distancia, se levantaba con dificultad intentando avanzar revisar si a quien le dio había muerto aún con daga en mano.

Apenas sentía su alrededor tras caer, su gran herida le ardía bastante, tosía sangre por la boca pero sentía algo tan cómodo y cálido cerca de su cabeza, cerca de él — Tan cálido… tan suave… — soltó apenas logrando respirar adecuadamente e intentando mantenerse fuerte en lo que sus fuerzas pudieran — Siempre...estuve feliz de verte...Stanley... — soltaba lágrimas sin fuerza alguna — Prometo...estar contigo...Ser el viento…que te guía...ser los árboles...que te susurran.... — sus manos débiles se aferran a algo que no sabía que era, pero oía aquella voz que lentamente se apagaba — Te quiero...aunque... no lo creas, te admiro…te quiero…mucho...— dijo mientras cerraba los ojos perdiendo contacto con su alrededor, con Stanley.

«Diosa Mila...hice mi trabajo aquí… por favor... cuida bien de ellos...»

Ya no había calor, ya no había vida, comenzó a nevar y aquel Sol de cabellos rojos se apagó entre la niebla y cerca de la Luna, de quien no se arrepentía en lo absoluto en estar a su lado.
Kyleb
Kyleb
Afiliación :
- CHON'SIN -

Clase :
Mage

Cargo :
Sacerdote (Templo de Mila)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Viento [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
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Experiencia :
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Mensaje por Stanley Marshwalker el Vie Nov 08, 2019 2:11 pm

Sufrí mucho escribiendo la muerte de este personaje y resumiendo el mini-fanfic para estar dentro del limite. Pero, estoy muy satisfecha con el resultado. Aquí les dejó el escrito que hice, ligado con la muerte del personaje del usuario de arriba <3

Mientras el sol brille no preguntamos por la luna:
La vida puede ser radiante u opaca. Y por más que lo fuera, cierto pelinegro seguía adelante junto a su perro Sparky a pesar de los obstáculos, fiel a sí mismo, sereno y rebelde como él era. Aún en las más oscuras circunstancias, Stanley mostraba fuerza, plenitud y tranquilidad, porque, vivía en un mundo en constante guerra y no podía mostrar temor o debilidad. Sin embargo, este espadachín de ojos azules podía relajarse junto a la persona que consideraba como su mejor amigo, un mago de cabello rojo que era capaz de reflejar su luz como nadie que conociera.

Aquel mago era como el Sol, amable, alegre y brillante. Una persona que lo conocía desde que ambos eran niños, pero que el espadachín no podía recordar debido a que sus memorias del pasado estaban opacadas por unas nubes negras que no desaparecían. Sin embargo, aún con todos los secretos y la oscuridad que rodeaba a la Luna, esta podía brillar gracias al Sol, quien lo inspiraba y lo ayudaba en ocasiones. Desde su reencuentro, los dos astros mantuvieron una relación a distancia y se cruzaron varias veces, construyendo una amistad casi tan fuerte como la anterior.

El cielo se mostraba grisáceo en cierto lugar de Ilia, donde el frío y la niebla invadían la zona. Con algo de luz se podía ver a un trío de siluetas caminar en la nieve. En el frente, estaba Kyleb, aquel mago pelirrojo que usaba sus habilidades para iluminar el camino, de cerca lo acompañaba Stanley, un espadachín que se mantenía a su lado junto a Sparky, un perro de tonos marrones. Conscientes de los peligros que podían acechar a los alrededores, los tres caminaban con cuidado buscando llegar a su pueblo natal (siendo lo más cercano), o por lo menos, encontrar un lugar para refugiarse del frío.

- Si estás cansado, solo dilo- Comentó, mientras caminaban.

De pronto, Sparky detectó algo entre la neblina, haciendo que los tres se detuvieran y callaran para escuchar atentamente. No podía verse lo suficiente, pero podía escucharse “algo” entre la neblina, como pasos en la nieve y unos gruñidos amenazantes. Stanley desenvainó su espada en caso de que algún emergido saliera, y avanzaron con cuidado para no separarse- Iré en el frente, cubre mi espalda- Informó Stanley, adoptando una posición más seria y protectora con sus acompañantes, debido a la alta estima que les tenía- Sparky, ven.

Los tres comenzaron avanzar con algo más de prisa para así perder aquellas entidades extrañas, pero las siluetas siguieron acechándoles, haciéndose cada vez más notorias. Consecuentemente, un emergido espadachín apareció y los atacó a los tres, haciendo que tuvieran que separarse para esquivarlo- Mierda- Maldijo el pelinegro, con su capa ahora rasgada- Kyleb, ¿te encuentras bien? - Preguntó preocupado, más no tuvo tiempo de prestar atención a lo que el pelirrojo hacía pues el espadachín emergido atacó a Stanley.

Sparky se mantuvo cerca del pelinegro para no perderse, evitando salir herido o estorbar. Habían tres emergidos, uno que poseía dagas, otro una espada y el último poseía una lanza. Stanley tuvo que luchar contra estos dos últimos al mismo tiempo, desconociendo cuál era la ubicación de Kyleb y las acciones del tercer emergido. Los enemigos tenían una clara ventaja sobre Stanley, llegando a producirle cortes y leves heridas durante el combate. A mitad de este, el espadachín enemigo perdió el equilibrio y Stanley aprovechó ese momento para acabar con él. Sin embargo, esto ocasionó que el lancero se perdiera de vista.

- “Joder, esto no es bueno” Se quejó en silencio, sintiéndose agitado y adolorido después del combate- ¿Kyleb? ¡Kyleb!- Llamó, alzando levemente la voz- “¿Dónde está?

En ese momento, el lancero atacó de frente a Stanley, clavando su lanza justo en su hombro derecho- ¡Agh! Hijo de…- El pelinegro apretó los dientes por el dolor, y el emergido desclavó su lanza justo después y con rapidez- Grr…- Sangre comenzó a brotar de la herida, y el emergido se dispuso a atacar de nuevo, esta vez, en el estómago.

Stanley logró bloquear el ataque a tiempo, pero el anterior había conseguido debilitarlo. Mientras el enemigo estaba distraído queriendo acabar con la vida del espadachín, un ataque de fuego se dirigió hacia el emergido, calcinando la vida que le quedaba.

- “Ky…”- Pensó Stanley, mirando como el emergido caía y luego en la dirección por la que vino el hechizo.

Cuando finalmente logró ubicar Kyleb, fue rápidamente hacia donde se encontraba- Kyleb, ¿estas…?- En ese momento, el chico se sorprendió al ver cómo su amigo lo abrazaba de repente y soltaba unas cuantas lágrimas del rostro- Todo está bien Kyleb- Intentó tranquilizarlo mientras colocaba su mano sobre su gorro verde- Se acabó.

Stanley dejó que el chico se acurrucara un momento sobre él, sintiendo su calor reconfortante y la tranquilidad del momento. No quería separarse, pero se vio obligado a hacerlo.

Kyleb lo empujó de repente y Stanley cayó en el suelo. Todo lo que sucedió después pasó en cuestión de segundos.

No…

Una flecha atravesó el pecho del mago. Stanley no podía creer lo que veía, no quería creerlo, pero estaba sucediendo frente a sus ojos.

¡No!

El emergido con dagas era el responsable de dicho ataque, siendo esa flecha lo único que le quedaba de armamento secundario a esa distancia. El emergido avanzó con dificultad, con daga en mano para asegurarse de que su objetivo estuviera muerto. Pero Stanley logró levantarse y corrió hacia el enemigo en cuanto pudo- No permitiré que te le acerques, bastardo- Nublado por el rencor y la ira, dejó que el enemigo lo lastimase levemente a un costado solo para tener oportunidad de cortar su vientre con su espada.

Stanley respiró profundamente y ya sin emergidos a la vista, guardó su espada. Luego, se volteó hacia donde se encontraba Kyleb, viendo que este se encontraba ahora en el suelo y esto lo asustó mucho. Antes de creer lo peor, se sentó junto a él y comenzó a revisarlo con prisa, colocando su cabeza sobre sus rodillas para que estuviera más cómodo- Esto no puede estar pasando- Susurró en voz baja, buscando medicinas en su bolsa que pudieran sanar a su amigo- Idiota, ¿por qué hiciste eso? ¡¿Por qué…?!- Una vez que sacó la flecha de su pecho, sacó un Vulnerary y lo destapó para usarlo en la herida ajena- Por favor, resiste un poco más… ¡No puedes morir primero que yo! ¡¿Entiendes?!- Sostuvo la mano del chico con algo de fuerza, esperando que las medicinas hicieran efecto- “Por favor, funciona… Funciona…”- Suplicó llorando- Estarás bien, Ky…- El pelinegro intentó forzar una sonrisa y confortarle, pero entonces, vió como los ojos del mago se cerraban- ¿Kyleb…?- Entre el dolor y la tristeza empezó a nevar, y aquel Sol de cabellos rojos se apagó entre la niebla y cerca de la Luna.

Sparky aulló con tristeza.

- “Ha sido mi culpa…”- Se lamentó en silencio- “Ni siquiera, pude decirle que lo amaba

Una vez que sanó sus propias heridas, Stanley se levantó del suelo- Te llevare hasta Ilia, te lo prometo- Susurró seriamente, luego tomó el cuerpo de su amigo y lo cargó en su espalda.

Tras lo sucedido, el espadachín empezó a caminar junto a su perro en esa nevada. La tristeza lo invadía, apenas dejándolo sentir lo que sucedía a su alrededor. Le costaba respirar, moverse y su cabeza le dolía mucho. Al cabo de unos minutos, el cansancio lo sobrepasó y su cuerpo comenzó a fallarle- “No… me siento… bien…”- En ese momento tuvo que inclinarse para vomitar y al limpiar su boca descubrió que había sangre- “El último emergido… Esa daga…” Confundido y con la vista borrosa el chico cayó de rodillas en el suelo- Sparky…- Susurró débilmente y Sparky caminó de inmediato hacia su amo- Tienes… que seguir sin mí- El perro se acercó para lamer el rostro del pelinegro, gimiendo para intentar llamar su atención- L-lo siento… Lo siento, amigo- Respondió- No puedes quedarte aquí, ¿entiendes?- Abrazó brevemente a su perro y lo observó fijamente- Busca ayuda… Y, no regreses hasta encontrarla- Ordenó con suavidad, esperando que pudiese entenderlo.

Sparky ladró y se alejó rápidamente hasta perderse por completo entre la neblina. Stanley se acostó en la nieve junto a Kyleb, sintiendo la nieve cayendo, el miedo y la debilidad invadirle sucesivamente.

- ¿Kyleb?- El viento sopló mientras trataba de mantenerse despierto- Lo siento… No podré… cumplir mi promesa…- Se acercó hacia el chico, observándolo brevemente en silencio- Pero sé… que nos… volveremos a ver…- Estiró su brazo hacia el pelirrojo, tomando su mano una última vez- Cuando el destino… nos quiera juntos…- Suspiró, antes de cerrar los ojos y dejar que la penumbra lo invadiera.

La luna es una fiel compañera. Nunca se va. Siempre está ahí, observando, firme, conociéndonos en nuestros momentos de luz y oscuridad. Cambiando para siempre tal y como lo hacemos. Todos los días es una versión diferente de sí mismo. A veces débil y pálido… Y a veces fuerte y lleno de luz.
Stanley Marshwalker
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Mensaje por Kurthnaga el Vie Nov 08, 2019 3:35 pm

Mejor tarde que nunca, que dicen (?)

I guess I'll die:
Hasta la llegada de los emergidos como un fenómeno mundial, la neutralidad política de Goldoa no había sido motivo de gran preocupación para el joven príncipe de los dragones. Podía no estar de acuerdo con la posición aislacionista de su padre, pero indudablemente Kurthnaga había crecido con aquella serie de valores y a cambio había recibido una vida de gran paz espiritual. Esa tranquilidad había sido rota con la aparición de unos enemigos desconocidos los cuales no se había podido quitar de su mente desde el primer momento, movido totalmente por el temor de lo desconocido.

No todo había sido negativo en esa época; el miedo que no le permitía moverse a Kurthnaga también le había mostrado quienes verdaderamente estaban a su lado, preocupados por él de una forma genuina y no por ser un dragón negro, parte del linaje real. Quizás no había conseguido ser más cercano a su padre, el Rey, pero no estaba dentro de sus grandes esperanzas que eso ocurriera; después de todo, no era más importante que las desconocidas tareas que el monarca llevase entre manos.

Aquella confianza en sus allegados había generado que el joven príncipe empezase a viajar por el mundo exterior; el gran desconocido por haber cumplido con una de las ideologías de su país que, consistía en no salir fuera de las fronteras del país e incluso, aunque no era el caso personal del príncipe Kurthnaga, algunos de los dragones ni siquiera habían salido fuera de las murallas de la ciudad central. Así que aprovechando un periodo de tiempo donde la presencia de los emergidos había bajado considerablemente, Kurthnaga viajó junto a su guardaespaldas tanto andando por largas distancias, zarpando en navíos y llegando también a sobrevolar el cielo en su forma dragón.

Viajar no estaba hecho para todo el mundo y el joven dragón también había podido sufrir de la peor faceta de la vida: los humanos y su creencia de superioridad.

Había terminado regresando a su hogar con una peor sensación en el cuerpo de la que tenía cuando se había ido. Al principio le había dado la sensación que era su propio pesimismo el que le hacía ver que la situación con la amenaza emergida había empeorado durante todo el tiempo que Kurtnaga había estado fuera del país, sin embargo, no tardó más que varias semanas en percatarse que no era una opinión subjetiva: Los emergidos volvían a aparecer con más frecuencia tras las murallas de la ciudad central, probablemente la única zona que era segura en su totalidad y motivo por la cual no había ningún tipo de alarma generalizada entre la población de dragones, pues su vida cuotidiana residía en moverse entre murallas.

Pero él no había nacido para ser un guerrero: ¡Ni siquiera existía el ejército como institución en su país! Kurthnaga siempre había sido el más joven de la corte real, el que se escondía tras sus hermanos mayores y estos le protegían. Nunca había tenido que aspirar a ser un príncipe heredero y solo había aprendido materias más que teóricas para ser un dragón culto, no un valeroso luchador. Siglos atrás había tenido una curiosidad por los humanos con los que nunca había cruzado palabra que, al conocerlos, había sido transformada en puro terror hacia ellos por todo el potencial daño que podían causar. ¿Y lo peor de todo? Todavía no era capaz de mantener bajo control su hemofobia y aunque Kurthnaga era capaz de pararse en una batalla, sus movimientos nunca involucrarían derramamiento de sangre porque el simple olor le seguía dando nauseas.

Las políticas de su padre no cambiaron en absoluto en unos tiempos que se acechaban mucho más oscuros, pero Kurthnaga tampoco sabía cómo abordar el tema con él; ¿Cuestionar la política actual podía ser considerado como traición? No tenía una respuesta, pero temía que fuera que sí y permaneció callado. Como todas las decisiones anteriores, Kurthnaga actuó a espaldas del Rey y continuó con un grupo de dragones más cercano a tratar de reducir la presencia de enemigos; en algunas ocasiones participando de primera mano, en otras ocasiones esperando impacientemente la llegada de los valerosos guerreros dentro de los muros de palacio real.

Aquel día era uno de esos en los que el príncipe tenía que ir a la batalla personalmente; era algo que detestaba pero que él mismo había impulsado para el bienestar de sus ciudadanos, así que se sentía obligado a participar cuando era necesario. Además, siempre solía estar más resguardado que otros dragones aun cuando si en su forma genuina era un dragón mucho más grande que el resto.

No tardaron mucho en estar listos, después de todo no eran humanos, no necesitaban de grandes equipajes ni equipamiento para marchar a una guerra: Solamente a ellos mismos. Como solía ser habitual, el príncipe no se separó demasiado de su guardaespaldas, incluso cuando se acercaron a los acantilados; zona que los emergidos tomaban para establecer sus campamentos provisionales. Los emergidos empezaron a ponerse a la defensiva y los laguz reaccionaron tomando su forma draconiana, siendo Kurthnaga uno de los más lentos en adoptar dicha forma, rezagado del resto del grupo.

Al inicio todo parecía ir según lo que era habitual: El campamento estaba siendo resguardado por emergidos que portaban armas de cuerpo a cuerpo, lo que les daba una ventaja estratégica al poder atacar con su aliento a distancia. No podían evitar que algunos dragones salieran heridos pero la superioridad en cuanto a fuerza era evidente hasta que llegaron refuerzos desde la distancia: Magos.

Kurthnaga solía ser más lento que el resto de dragones, no solamente por la inexperiencia en batalla sino también porque en determinados momentos, el miedo le paralizaba. Sí que había una sensación de adrenalina que le recorría el cuerpo y en determinados momentos, se sentía en sintonía para poder avanzar y pelear en sincronía con los demás; desgraciadamente eran mucho más numerosos los casos que le pasaba el caso opuesto.

El tipo de magia que estaban empleando los emergidos era una fuerza que el príncipe nunca había visto jamás, pero tampoco era que un dragón tuviera grandes conocimientos en magia beorc. Lo único que sabía es que la fuerza de aquel fuego arrasador era algo que nunca había visto jamás y, que un grupo reducido de magos estaban consiguiendo terminar uno por uno con sus compañeros dragones: El fuego les cortaba el paso como para huir, tanto por tierra como por aire, además la coraza de escamas no era suficiente para protegerse de las quemaduras que se colaban a través de ellas y los espadachines emergidos aprovecharon ese momento de caos para dar con el golpe final a gigantescos dragones.

En un abrir y cerrar de ojos, Kurthnaga se encontró solo en un campo de desesperanza y caos, con un terror en su cuerpo que le había hecho regresar a su forma que se parecía más a la humana, incapaz de retomar el control como para transformarse en dragón. Era inevitable, no tenía gran voluntad y había perdido toda esperanza en salir de allí con vida: Se había dado por vencido antes de pelear por su supervivencia. Cerró los ojos para no tener que ver los cuerpos inertes de sus compañeros y el último pensamiento que se formó en su mente fue la imagen de sus hermanos; ¿Quizás ahora sería el momento en el que se reencontrarían?

Kurthnaga dejó escapar un grito desgarrador cuando sintió el filo de una espada atravesarle y aunque no había sido su voluntad, sus ojos se abrieron instintivamente siendo su enemigo lo último que vería antes de morir desangrado. Qué irónico, había evitado durante toda su vida el derramamiento de sangre y su muerte involucraría la misma.
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Mensaje por Chrom el Vie Nov 08, 2019 6:23 pm

AU: Como si nos encontrásemos justo al comienzo de este nuevo capítulo, siguiendo con los eventos justamente del final~

...Then I suppose there is nothing more to say:

El arrastrar de una silla se escuchó de manera amortiguada en la planta superior del Palacio de Ylisse. Unas fuertes puertas de madera maciza, cuidadosamente elaboradas y decoradas con intricados relieves dorados, tan férreas como su fe por Naga, confinaban en su interior a un cansado príncipe. Mantenía los codos apoyados sobre la larga mesa, mesa que se mantenía exactamente igual que la última vez que la había utilizado su hermana mayor. Su fragancia aún flotaba en la estancia, y sin embargo a cada día que transcurría, esta se iba desapareciendo. O quizás era eran sus propios sentidos, su propia mente, los que se estaban acostumbrando a la desaparición de la Venerable. No quería acostumbrarse.

Suspiró profundamente, recostándose sobre el respaldo de la silla. Era pequeña en comparación con su cuerpo, pero a pesar de las sugerencias de varios mayordomos de traer su propia silla a la estancia que ahora debía ocupar, no había podido sino rechazar cada una de ellas. Él no pertenecía a esa estancia, de la misma manera que tal habitación no llevaba su nombre. La necesidad de su presencia entre aquellas cuatro paredes era tan solo temporal, hasta que la mayor de sus hermanas regresara.

Porque IBA a regresar.

Y se encargaría personalmente de ello.

Sus ojos vagaron por toda la estancia, empapándose de los detalles de cada rincón, hasta posarse sobre un pedazo de pergamino, no más grande que la palma de su mano. Mordiéndose el labio por dentro, aun sin despegar la mirada de la misiva, se levantó de golpe. Cómo algo tan pequeño podía causar un dolor tan inmenso incapaz de describir con palabras. A pesar del esfuerzo en contener la ira, la impotencia, incluso la culpabilidad que sentía de ese momento, la pila de libros que ahora poblaba el suelo de la habitación eran testigos de cómo había fracasado en el intento. Sencillamente era incapaz de calmarse, de pensar en frío, de buscar la mejor alternativa sobre cómo abordar el problema que ahora debía enfrentar. Y era un problema propio, suyo y de su familia, pero que ahora como cabeza de la misma debía afrontar por sí mismo. No estaba seguro de cuántas generaciones duraba ya el enfrentamiento con el país vecino, pero esa noche iba a terminar.

No se preocupó en volver a doblar el pergamino que había recibido en extrañas condiciones. Lo dejó sobre la mesa, bocarriba. Nadie estaría despierto a altas horas de la madrugada.

El eco sordo de sus pasos por el suelo de piedra se acercaba a la salida de la fortificación. Lanzo una mirada hacia la planta superior, donde toda su familia descansaba plácidamente. Una mirada seria pero llena de determinación cruzó su rostro. Aquello no era una despedida, sino un hasta luego. Antes del amanecer regresaría Emmeryn, solamente de ese hecho no tenía duda alguna.


[…]


¡Chrom, es un trampa, huye! —Una voz más que conocida resonaba en lo alto de un saliente prominente, en medio del desierto plegiano. Allí estaba. Era ella, viva. Preocupándose por su bienestar como siempre lo había hecho desde que tenía uso de razón, y especialmente desde el fallecimiento de sus padres. No solo había actuado como Venerable, como hermana, sino como madre, lidiando con dos conflictivos y traviesos hermanos menores. Por si no fuera poco el peso que recaía sobre sus hombros, su corazón solo podía regalar amor, no solo a su propia sangre, sino a todo el Sacro Reino de Ylisse. Y precisamente por Ylisse él también estaba a punto de cometer lo que cualquier estratega calificaría como una locura.

Solamente podía estar feliz.

Ya lo sé, pero es lo único que puedo hacer —Esbozó una sonrisa sincera. El sonido metálico de las armaduras se hizo presente a su alrededor. Sabía de la presencia del ejército plegiano, no era tonto. Pocas personas tenían tanta experiencia como él en combate. Y, aun así, había decido entregarse. Jamás permitiría que se derrochara sangre inocente si en su mano existía alguna posibilidad de evitarlo. Fuera cual fuese.

Continuó caminando hacia delante sin llevar las manos a sus armas. Portaba una única espada desgastada, no la Falchion. La había dejado a buen recaudo, esperando a su futura heredera. Ella no tendría que arrastrar con un problema generacional, con una cuestión que la persiguiese a sol y a sombra. Los emergidos habían dejado de ser un problema, por el momento, pero confiaba en personas fuertes e importantes para que lidiasen con ello en su posible ausencia. Y lo que era más importante, le había legado a su hija la solución a todos sus problemas futuros: una serie de valores que la acompañarían durante el resto de su vida, incluyendo el sacrificio.

A veces era necesario, no obstante, sufrir y padecer para conseguir un objetivo mayor.

Liberaréis a la Venerable en cuanto yo me haya entregado. La dejaréis marchar, permitiendo que cruce la frontera de Ylisse y que soldados de mi reino la escolten de vuelta a Ylisstol. He dejado órdenes claras de cómo deben actuar mis hombres si ninguno de los dos regresamos —Su tono de voz se volvió más áspero, más adusto. Procuraba no mirar hacia el rostro de su hermana. Nunca se lo perdonaría, pero él tampoco si la dejaba perecer a manos de sus enemigos, de aquellos que habían jurado vengarse por los actos que cometieron sus padres. Pero Emmeryn se caracterizaba por su bondad, por su enorme corazón, nunca permitiría que su dolor personal, que su mayor sufrimiento, se tornara en contra del bien superior de Ylisse. Cuán diferentes eran y qué egoísta se sentía en ese momento. No se merecía ni ser príncipe ni Capitán de los Custodios.


¿Sus oídos habían captado un fuerte chillido femenino a lo lejos? Quizás.

¿Su lengua había reconocido el férreo sabor de la sangre? Muy probablemente.

¿El tacto de su propio puño cerrado con rabia? Casi imperceptible.

¿Y el olor metálico de diversas armas? Cómo no reconocerlo.

Pero todo se volvió negro antes de poder seguir lamentándose sobre su persona. Tan oscuro como los restos de tinta apenas visibles en el dorsal de su mano derecha.


[…]


“Querida Lucina,

No estoy seguro de cómo debería empezar a escribir esta carta, tampoco sobre cómo terminarla. Las palabras nunca han sido lo mío, y dudo mucho conseguirlo en este momento, pero eso ya lo sabes.

Los tiempos que corren son difíciles, y aunque nuestra situación haya mejorado relativamente con hace unos meses, no sabemos qué nos puede deparar el futuro. Hemos ganado una batalla, pero no la guerra. No obstante, esa batalla es importante para Ylisse como reino. Debemos mantenernos todos unidos, y para ello es necesario un buen líder. Una líder como tú. Y una líder como la tía Emmeryn, dirigiendo el país, manteniéndolo unido y luchando por mantener florecido el lugar que llamamos hogar. ¡Ayúdala todo lo que puedas! Sé que tanto tú como Lissa seréis sus máximos pilares, su principal apoyo, porque tu valor y la sonrisa de Lissa son capaces de mover no solo a un país, sino a un continente entero.

Siempre has sido una chica independiente, inteligente, con ganas de vivir y de construir tu propio camino. Has pasado de ser una pequeña niña traviesa que quería comerse el mundo a una mujer capaz de conseguir aquello que se plantea, con unos valores envidiables y la capacidad de reponerse ante cualquier contratiempo.

Vive. Vuela. Lucha por aquello que quieres.

Siento no ser capaz de dejarte más que un mundo de problemas y una espada, pero confío en que con la espada seas capaz de resolver los problemas de tu mundo. De nuestro mundo.

Apóyate en Frederick para todo, no encontrarás una mejor mano derecha. Si te encuentras en Valentia, deja que las alas de la Reina Sissi te acompañen, su sabiduría te ayudará a crecer aún más como persona. Deja que Alanna te acompañe como una igual y ayudaos la una a la otra. Recuerda que en Altea tienes familia, acude a Marth cuando lo necesites. Busca la sonrisa de tía Lissa y no dejes que su llama se apague nunca, dile que viva su vida y sea feliz. Confía en las estrategias de Daraen, no solo su cabeza es prodigiosa, también lo es su corazón, y eso que no entiendo demasiado de esos temas pero gracias a ella un poco más sí. Alivia lo que puedas el peso de tía Emmeryn, pues aunque no lo admita, en su corazón sentirá que es por su culpa. No es por culpa de nadie, todo esto es causa de los actos pasados que debían quedar enterrados de una vez por todas, así que no busques venganza. Se mejor que ellos.

Me siento afortunado de ser tu padre, y orgulloso de todo lo que has conseguido y lo que conseguirás. Solo recuerda que no hay nada más fuerte que el amor por los seres queridos, por eso rodéate de personas que te quieran, a los que consideres familia y lucha con ellos, por ellos y para ellos, pero sobre todo por ti.

Te quiero.”



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Mensaje por Veronica el Vie Nov 08, 2019 8:41 pm

OST:


La niña de la capa morada:
Cuando Veronica abrió los ojos, en el hogar solo había brasas a punto de extinguirse. La única luz de la tienda se iría con ellas. La bruja se incorporó en la cama improvisada; apenas un conjunto de mantas de piel colocadas encima de una tarima de madera para que no se helaran con el frío que llegaba del suelo. Miró a su alrededor, ajustando sus ojos para poder ver en la oscuridad. Feh no estaba allí con ella, pero Veronica supuso que había salido en una cacería nocturna, algo que no era extraño en su amiga. Fue a arrebujarse de nuevo entre las pieles, cuando notó que estaba durmiendo sola. Corrin, con quién compartía tienda, no estaba allí. La niña avanzó a gatas por la pequeña cama, suficiente solo para dos personas menudas, y comprobó que, efectivamente, la princesa ya no dormía allí. ¿Se habría levantado al baño o para hablar con urgencia con algún general? Pero era noche cerrada y no había razón para hacer nada así. Además, ¿no la habrían llamado a ella también si era algo concerniente a las tropas nohrias?

Las tropas de Emblia eran muy importantes en la misión que estaban llevando a cabo: la búsqueda del príncipe Xander a lo largo del Imperio Blanco. Ese era el lugar donde se le había visto por última vez; y allí se había dirigido Veronica tan pronto como supo de su desaparición. La Princesa Corrin se había unido a ella con su propio ejército. En total, el número de soldados no era muy alto, pero todos habían demostrado en las anteriores batallas que un nohrio peleaba como cinco emergidos. Nadie más se les había unido, así que Corrin y ella eran las que estaban al mando como los miembros más importantes de la nobleza y líderes respectivas de sus regimientos. A Veronica le extrañaba que, de haberse dado una noticia urgente, Corrin no la hubiera despertado para ir con ella. El mero pensamiento le hizo apretar los labios, enfadada. Tiró todas las mantas a un lado y salió de la cama. La sensación de haber sido dejada de lado se mezclaba con la preocupación de que la princesa no estuviera en la tienda con ella.

El suelo frío y húmedo, a pesar de las alfombras que lo forraban, hizo que sus pies se encogieran. Tan rápido como pudo fue a buscar sus medias y sus botas de nieve, que aguardaban frente a las brasas casi asfixiadas. Se colocó una capa morada sobre los hombros, agarró su fiel tomo de ruina y prendió un farol de aceite con los restos del hogar que aún podían encender la vela del interior. Al abrir las cortinas de la tienda, el aliento de Veronica se tornó en una nube blanca, casi tan densa como la nieve del suelo. Sus pasos crujieron por los copos recién caídos, aunque pronto se convirtieron en el barro que había debajo. A su alrededor habían decenas de tiendas como la suya que pertenecían a las tropas nohrias. Por el pequeño espacio que Mitgard ofrecía en sus bosques helados, habían tenido que reducir el número de cobijos. Además, el frío cada vez se hacía más difícil de soportar. Veronica solo había andado unos pasos fuera del calor de su tienda cuando los dientes comenzaron a castañearle y sus dedos se quedaron tiesos contra su libro de magia.

–¿Corrin? –preguntó, pero no hubo respuesta.

No había un solo alma allí afuera. No había tampoco luces, ni siquiera podría decir dónde se hallaban los vigías. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Acaso habían ojos rojos en la negrura? Pero volvió a parpadear y no había nada. Veronica avanzó más deprisa. Quería llegar cuanto antes a la tienda-cuartel donde se solían reunir con los generales para trazar estrategias. Allí habían planificado Corrin y ella sus próximos pasos; habían leído juntas y tomado el té como hermanas. Quizás Corrin estuviera allí, pero la falta de luz y sonido alguno le provocaron latidos dolorosos en el pecho. No podía tragar. Tenía un grito atascado en la garganta. Al girar la vista un momento hacia atrás vio una sombra. Comenzó a correr más rápido y el farol de aceite se movió de forma violenta de un lado a otro en su mano. Ya podía ver la tienda-cuartel a lo lejos. Solo un poco más… Pero una figura se puso en medio. Veronica se sobresalto, dio un paso atrás y dejó caer la lámpara al suelo, donde el cristal se rompió y la vela se apagó con la nieve convertida en barro. –Tú no eres Corrin –dijo ante la visión del emergido. Solo había necesitado el último destello de la llama para distinguir a su enemigo.

Quiso abrir su tomo, pero una bola de fuego la hizo tener que lanzarse al suelo para evitar ser calcinada. El fuego alcanzó a las tiendas de tela y cuerno que había detrás y pronto comenzaron a ser devoradas en una soflama enorme; que se fue propagando por las carpas continuas. Alguien comenzó a gritar que había fuego y que estaban bajo ataque, pero Veronica apenas podía escuchar. Uno de sus brazos había sido alcanzado por una de las llamaradas. Entre gruñidos de dolor, la joven bruja llamó a la oscuridad para que acabase con el enemigo de Nohr. Pronto, el mago emergido fue consumido. Sin esperar a ver si había sido derrotado del todo, Veronica comenzó a correr en dirección a la tienda-cuartel. –¡CORRIN, CORRIN! –gritó mientras esquivaba a soldados que iban de un lado a otro, armándose y atendiendo a las órdenes de los generales. Pero nadie parecía verla. Pasó entré caballeros, sacerdotisas y magos y ninguno se giró a mirarla.

En su loca carrera se enfrentó a varios emergidos, ellos fueron los únicos que fijaron sus ojos en ella. Les atacó uno a uno con magia arcana hasta que comenzó a ver puntos negros y le comenzó a costar respirar. Sus hechizos dejaron de funcionar. Las voces en su cabeza le dijeron que debía acabar con todos, que no tenía que dejar a ninguno vivo. Pero ella solo quería llegar hasta Corrin, estuviera donde estuviera. No podía desaparecer ella también después de Xander. No sabía qué sería de ella si eso sucediera. Al girar en una esquina, un ladrón logró apuñalarla en el hombro en una escaramuza certera y directa, pero la bruja logró placarle con mal augurio para que no pudiera ir hacia ella. Su magia aún no respondía. A pesar de la sangre que le empapó el camisón blanco y la capa morada, Veronica continuó avanzando. –…¿Crees que esto puede terminar con Veronica de Emblia…? ¡Sois criaturas débiles y estúpidas! Os mataremos a todos… No hay nada que se meta en el camino de la Gloria de Noh–…

En su pecho una flecha. Dos.

Veronica tosió rojo y se tambaleó hacia los lados. Con la mirada borrosa pudo percibir cómo un arquero volvía a apuntarla. Parpadeó y una tercera saeta se clavó en la figura alada de Feh, que había acudido a interceptar el ataque. No pudo siquiera gritar, la voz no le salía. No podía respirar. Con los ojos llenos de lágrimas, Veronica estiró la mano en dirección al cuerpo caído de su buhita, yacida e inmóvil.  El tomo de ruina se le cayó de las manos al suelo y se llenó de barro. Veronica dio varios pasos en su dirección, pero no llegó a abrazar a Feh contra ella. Su mejor amiga. Solo pudo desplomarse tan cerca como pudo; si estiraba los dedos podía tocar las plumas frías y manchadas de sangre. Volvió a toser sangre y sus ojos vagaron sin rumbo al cielo nocturno. Las estrellas parecían brillar con más fuerza que nunca entre las nubes que pasaban raudas, una detrás de la otra. Comenzó a nevar, pero Veronica ya no podía sentir el frío. No podía sentir nada. –No quiero volver… a estar sola… –Giró la cabeza hacia la tienda-cuartel. Estaba ardiendo como el resto de carpas. Nadie había ido a por ella. Ni camilla, ni Xander ni Corrin. Veronica lloró, su capa morada lo único que la separaba del fango gris. Me habría gustado sentir ese calor… una última vez…
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Mensaje por Corrin el Vie Nov 08, 2019 8:49 pm

La chica de blancos cabellos:
¡NO! —Un rugido apenas humano reverberó contra la imponente cumbre nevada que se alzaba más allá de las nubes. El cielo se encontraba completamente encapotado, de la misma forma que su corazón, a pesar de que la oscuridad de la noche no facilitaba la visión. La ventisca azotaba con mayor virulencia a cada minuto que pasaba, sacudiendo con furia a los presentes en el lugar. O, por lo menos, a los que quedaban en pie.

Un pequeño cuerpo inerte comenzaba a ser cubierto por los copos de nieve, los cuales parecían llorar por la pérdida de un alma tan joven. ¿Cómo había podido suceder? ¿Cómo había podido permitir que ocurriera? Estaba en sus manos el cuidar de ella, pero la promesa que tiempo atrás había realizado la acababa de romper. Y todo era por su culpa. Si, para empezar, no la hubiese permitido abandonar la seguridad de Nohr, si la hubiese alentado a continuar con sus lecciones sobre política, geografía, magia, protocolo… Si hubiese permanecido al lado de Elise, persiguiendo adorables ardillas por las habitaciones del castillo de Krakenburg. Quién pudiera regresar a aquellos momentos en los que todos eran felices, donde toda la familia estaba unida, cuando las risas podían llegar a escucharse entre las húmedas y antiguas paredes del castillo.

¿Por qué aquella madrugada no había sido capaz de conciliar el sueño? La acumulación de cansancio, de malestar por la dilación en el tiempo de la situación, el desasosiego por no encontrar a Xander, todo ello era el causante de aquel desastre. Desaparecer en la noche era una rutina que había empezado a adoptar desde su llegada a aquellas tierras heladas. Tan solo un par de horas servían para que la impotencia que residía en lo más profundo de su ser se apaciguara aunque fuese durante el resto de la jornada, hasta que nuevamente la noche se fundía consigo misma, volviendo a despertar sus preocupaciones e inseguridades. Pero desearía que hubiese sido distinto. ¿Por qué sus pies descalzos, completamente rojos y congelados, la habían llevado tan lejos? ¿POR QUÉ?

Como si de un pequeño copo de nieve se tratase, su vista se desplazó hasta el cuerpo inerte de Veronica. Primero una pata delantera, luego una trasera. Después, las opuestas. Corrió hasta posicionarse a su lado, comprobando cómo la temperatura de su cuerpo se fundía con la del ambiente. Ni siquiera las tímidas ascuas que desprendían las tiendas de campaña, calcinadas por la agresividad de los emergidos, aportaban una pizca de vida al escenario. Acarició con el hocico la rostro de la menor. Era incapaz de pedirle perdón, y no por encontrarse en su forma verdadera, sino porque el nudo en su interior era tan grande que ni siquiera conseguía procesar con claridad la situación que se le presentaba. Se fijó en que sus pies también estaban descalzos y sintió una punzada donde, supuestamente, debería encontrarse su corazón laguz. Acababa de perder lo último que le quedaba de Xander, el último resquicio al que aferrarse para proseguir con la búsqueda. Y lo más gracioso era que se parecía mucho más a ella que a su propio padre.

Consiguió tapar el cuerpo de la pequeña con una capa morada que siempre solía llevar. Era su color favorito, el de Nohr. No conocía a nadie más orgullosa y con unos sueños tan grandes como ella, con una mente tan clara a pesar de su corta edad y del sufrimiento al que había sido sometida. Un único y apenas audible quejido lastimero consiguieron emitir su garganta y sus pulmones.

El crujir de la nieve revelaba que no se encontraba sola. El grueso de las tropas con las que habían partido al norte habían perecido durante la emboscada nocturna. Los cadáveres desperdigados por la nieve, acribillados por los emergidos, teñían de rojo el blanco puro de la nieve virgen, poco a poco convirtiéndose en parte del escenario según la fina capa de hielo los cubría sin demora.

Se giró bruscamente hacia el emergido que lideraba el grupo. Lo embistió con el cuerpo, utilizando la cola para desestabilizar a los siguientes. Una furia no conocida para ella se apoderaba de su cuerpo y de su mente. No existía ninguna otra opción que la de aniquilar. No. Sus extremidades cobraban vida, reaccionaban sin necesidad de emitir una orden. Su instinto de supervivencia y la búsqueda de venganza guiaban todos y cada uno de sus pasos, incluso estaba siendo el objetivo de los ataques enemigos.

Una flecha primero. Luego una segunda.

El arquero emergido parecía saber dónde tenía que apuntar. No era la primera vez que acababa con la vida de un ser vivo. De un ser humano. Quizás sí de un manakete.

Moriría como Princesa de Nohr, como regente de Hoshido. Como hija de Garon, y como hermana de Xander, Camilla, Leon y Elise. Como amiga y cuidadora de Veronica, como compañera de aventuras de Alanna y de Eugeo. Como quien mete en apuros a Marc. Pero especialmente iba a perecer como lo que realmente era, una joven manakete cuya única meta en la vida había sido tratar de buscar su propio hueco en la familia, de procurar que su progenitor estuviera orgulloso. De conseguir el reconocimiento y el cariño de sus hermanos. De hacerse con un nombre propio, el cual le había sido arrebatado durante tantos años de cautiverio en una torre. No quería ser recordada con pena ni lástima, tampoco con terror, sino como aquella joven de cabellos blanquecinos cuya máxima aspiración había sido cumplida: darlo todo por su familia.

Si estuviese en su forma humana, una lágrima podría resbalar por su mejilla, pensando en el dolor que nuevamente tendrían que sufrir sus hermanos, sobre todo Elise. No se merecía perder a parte de su familia, se odiaba por provocarle dolor al ser más puro sobre la faz de la tierra. Ojalá un día la pudiera perdonar.

Por lo menos ahora tendría la oportunidad de decir un secreto que llevaba tantísimo tiempo esperando decir: ¿Ves, Veronica? Xander está orgulloso de nosotras, ¡sonríe! De mí, como su hermana menor, pero sobre todo de ti, como su hija.


Porque después del invierno, la primavera florece de nuevo
.
Corrin
Corrin
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- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Great Lord | Manakete

Cargo :
Princesa de Nohr

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★ ★ ★ ★

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DragonStone [4]
Sangre de Dragón de Tierra
.
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.

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Alanna [EVENTO] HE AQUÍ EL DESTINO, LUCHADOR - Página 2 JEIjc1v
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Mensaje por Izaya Orihara el Vie Nov 08, 2019 8:58 pm

OST:


We live by waters breaking out of the heart:
Un párpado blanco de hielo se había formado sobre el río durante la noche. Izaya lo observó desde el borde, sus botas negras en contacto con la capa helada que llegaba a la tierra de la orilla. Bajo la escarcha, podía ver el el agua moverse. Era de un color tan oscuro que si lograba rozarle en algún momento podría teñirle la piel. En el cielo se podía sentir la formación de una tormenta: el aire tenía la presión y el color de un bloque de granito. Y el agua se removía inquieta, en corrientes tan negras y tan profundas que parecían un reloj cuya maquinaria estaba esperando un momento específico en el tiempo. Empezó a caer la nieve antes de que Izaya pudiera dar el primer paso. Pero ahora no podía detenerse. A su espalda avanzaban los ejércitos enemigos llegados desde Phoenicis; querían conquistar Ilia para ellos.

La nieve caía en patrones regulares, casi tímidos, sin saber que facciones de emergidos destruían toda la tierra que los copos tocaban. Más allá del río congelado se alzaba una ciudad de piedra, con sus torres sin vigías y sus casas abandonadas hace tiempo. Fantasmas en la bruma. Desde la vera contraria, Izaya prestó atención y se llenó los oídos con el sonido de la blancura y del filo de las armas que susurraban desde lejos. El tiempo pareció detenerse unos instantes e Izaya avanzó sobre la superficie de hielo rugoso. Caminó por el pecho negro del río, sus estrías como olas congeladas en pleno movimiento. La orilla quedó atrás y delante comenzó a formarse el fantasma de la ciudad desertada.

Un crujido. El agua partiéndose en dos.

Ahora podía ver los pinos azules que se escondían bajo el hielo; junto a ellos reposaban rocas mojadas y cubiertas de algas negras y una niebla blanca que avanzaba bajo la superficie fría. Izaya trató de tomar aire, pero sus manos solo pudieron tocar un techo  de hielo tan duro como el granito. Afuera, nevaba. Izaya se dejó caer más y más hacia el fondo, llevado por el peso de su abrigo y guiado por una fuerza que no comprendía. Entre las raíces de los árboles, rojas, había un fuego extraño. ¿De dónde venía ese fulgor naranja, en medio del gris y de la muerte? Parecía el fuego de una hoguera, de un hogar. Ah, cómo desearía salir del agua y que alguien lo arrullara con una toalla, que despejara el sabor glacial de su esqueleto. ¿Era eso un fragmento de su niñez, o solo un sueño?

Pero allí no había gente.

Había habitaciones iluminadas con un brillo que nacía de la nada. La quietud invadió el todo. ¿Podía soñar el río con la luz dorada del sol, aunque no lo hubieran conocido nunca?, ¿podía soñar un río a pesar de estar solo en el mundo? Izaya ya no sentía la columna vertebral, ni las funciones primitivas de su cuerpo como la temperatura o el apetito.  Poco a poco, la luz le tocó la cabeza donde los huesos comenzaban a oprimirse, tratando de explotar a través de la carne. E Izaya se imaginó sumergiéndose en un río silencioso, frío y muerto. Imaginó cómo podrían teñirle de negro esas aguas primigenias y antiguas. Y, de repente, se dio cuenta de que no estaba en su mano decidir si se ahogaba.

O el porqué.
Izaya Orihara
Izaya Orihara
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- ILIA -

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Grandmaster

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Informante

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Mensaje por Mishael el Vie Nov 08, 2019 9:23 pm

OST:



Spoiler:
El corazón de Mishael palpitaba con fuerza contra su pecho, sintiendo incluso cada latido resonar entre sus oídos. Una extensa lluvia de sudor recorría su frente, encontrando un recorrido hacia su mentón y formando pequeñas gotas que caerían al suelo, desapareciendo en cuanto tocase tierra. Por primera vez en su vida estaría vistiendo un traje de gala, especialmente hecho para su fisionomía, pues la ocasión ameritaba que uno de los principales personajes del día no anduviese como los dioses lo trajeron al mundo. A pesar de estar en contra de ese detalle, la pequeña niña insistió tanto al moreno que no tuvo más indicio que ceder y dejar que le tomasen la medida. Pero contrario a ella, que estaría siendo contenida por sus familias y amigos, el laguz se encontraba solo esperando a un lado del altar, haciendo que el tacón de su zapato hiciese un sonido constante y algo molesto para el clérigo que esperaba, al lado de una especie de un mueble todo raro, para la visión del peliblanco.-
 
Él estaba consciente de la decisión que dio en el momento en que la niña solicito realizar la unión, bajo las condiciones de los beorcs. Estaba dispuesto a pagar cualquier precio, si eso lo dejaba estar con el ser que ilumino sus días y apaciguo las tormentas de soledad, que asolaban su alma lastimada por el mundo. A diferencia de su pareja, que era contenida por su familia, amigos o incluso sirvientes, nuestro lobo yacía solitario en la iglesia sin poder hacerle saber a alguien su nerviosismo o la enorme alegría que desbordaba en su interior. Sus ojos recorrían el escenario, notando como de a poco los humanos comenzaban a llenar los espacios de esos asientos y de a poco, el edificio empezaba a llenarse con un murmullo molesto para las orejas de nuestro personaje principal. En sus pensamientos deseaba que Artemis o incluso la loba Okami estuvieran a su lado, porque con ellos podía ser tan natural y hablarle de su inconveniente sin preocupaciones a que lo tildaran de raro o loco. Hasta que, de un momento al otro, una música suave por parte de un enorme piano comenzó a ser tocada, ocasionando que todos se callaran. Acto seguido una seguidilla de soldados con enormes armaduras harían acto de presencia, marcando el sendero a seguir por la novia, justo sobre la alfombra de telas rojizas. La gente no tardo en levantarse para observar hacia la entrada principal y ver como la realeza de Ylisse empezaba aparecer, siendo primero el hermano de Lissa, Chrom, seguido por su fiel arquero, la espadachina de cabellos dorados y así, beorcs poderosos y reconocido en ese reino.  
 
Mishael trago en grueso, podía sentir un cosquillo desagradable sobre sus palmas que no cesaban aun cuando lo rascaba con fuerza. En cuanto, el asombro y la alegría inundo el ambiente, pudo darse cuenta que la hora finalmente había llegado. La pequeña princesa estaría acompañada por una especie de sacerdotisa laguz, o eso alguna vez escucho de ella. No podía ver sus facciones debido al velo blanco que cubría su rostro, pero podía reconocerla por su aroma, por su presencia. Tanto tiempo a su lado, le era imposible a sus sentidos no reconocer a alguien que le hacía palpitar el corazón como si de un tambor de guerra se tratase.
 
Por inercia su cuerpo se movió de su sitio, queriendo ser él quien tomase la mano de la peli-rubia pues a su lado se sentía seguro y confiado, que podía hacer todo y nada a la vez. Un sentimiento raro que aún le provocaba incomodidades a Mishael pero a la vez, le traía una enorme felicidad. Ya solo faltaba unos pocos metros … 7 metros, 6 metros, 5 metros y hasta ahí llegaría su intento por acercarse hacia su amada princesa. Los caballeros que actuaban como una barrera entre los nobles y ellos, impidieron sus pasos cruzando sus armas en forma de "X". La molestia se hizo notable en el rostro del lycan pero recordó que estaba escapando al protocolo de lo que, para ellos, era una ceremonia muy importante y chasqueando su lengua contra su paladar, regresaría sobre sus pasos a su sitio. Pero nunca llegaría …
 
En cuanto le dio la espalda, sintió como un empujón le tiraba su hombro izquierdo hacia adelante y poco más, le haría perder el equilibrio. En cuanto quiso notar que ahora aquello que lo molestaba, sintió un pinchazo sobre su abdomen en la parte derecha acompañado por un líquido que no tardo en brotar de la herida. Con el segundo golpe cayo de rodillas al suelo, notando como dos lanzas aún seguían clavadas sobre su cuerpo y los culpables serían los guardias reales.- ¿Qué está pasando? ¿Qué es esto? -Pensó para sí mismo, el moreno. Para ver como otro ataque de parte de un espadachín, quería cortarle su cabeza de su cuerpo. Sus sentidos reaccionaron rápido, inclinándose hacia atrás esquivo el ataque para apuntar sus afiladas garras al cuello de su enemigo, donde no tardo en brotar la sangre que ahogaría el grito de dolor por parte de ese soldado.- ¡¿QUE SIGNIFICA TODO ESTO!?[/i] -Gritó a los cuatros vientos mientras se daba la vuelta y buscaba a Chrom o a su hermana para recibir alguna explicación. Pero los sujetos con armaduras le impedían la visión de su prometida, más la figura del masculino fue clara, tan clara como el día en cuanto indico con un leve ademan de su mentón, que siguiera con el ataque.  
 
Mishael sabía que su relación con un beorcs y mucho más alguien de la nobleza le traería conflictos, pero no se imaginaba que el enemigo estaría muy cerca suyo. Necesitaba sacar a Lissa de ahí, si él estaba en peligro nada le aseguraba que ella saldría ilesa de ahí. Quebraría los largos palos de esas lanzas para poder moverse mejor y sin mediar palabra alguna, arremetió con una poderosa embestida a la columna de hombres que impedía su paso, logrando tumbarlos a la primera. La furia, la preocupación, el enojo le servía para que el dolor de sus heridas pasase a segundo plano, pero … Para su sorpresa pudo ver cómo, aquella persona que decía estar a su lado tan solo levanto su mirada para verlo y salía por donde ingreso, siendo acompañado por la sacerdotisa laguz y aquella espadachina. Que le impedían al lobo ver como se marchaba. ¿Ella también había participado en esa treta? ¿Acaso todo lo vivido juntos, no le era suficiente? Y por el contrario ¿Seguiría las leyes tonta de su tan odioso Reino?.- ¡LISSA! ¡LISSA! ¡¿QUE HACES?! -Vociferó en un intento porque su voz fuese escuchada, peleando contra los guardias que lo abrazaban y con fuerza, lo empujaban hacia el interior de la iglesia. Efectivamente ella lo ignoraba y se limitaba estar al margen, sabiendo todo lo que estaba ocurriendo.
 
Inmerso en la furia no pudo evitar llorar por la decepción, por sentirse un idiota al ser usado por una beorcs, por creer que iba a ser feliz con alguien que no fuera de su clase. Una espada clavándose sobre su espalda le haría saber que estaba rodeado y que ahora debía preocuparse por su persona. Empujo a 4 soldados que yacían a su derecha para lograr despejar ese brazo y de esa manera, empezar a clavar sus dedos en los ojos ajenos, escuchando como gritaban con dolor, perdiendo uno de sus sentidos a manos del moreno. A continuación, los más cercano a su boca caerían víctimas de sus aperlados colmillos, que se enterraron en la garganta ajena, cortando un pedazo de carne que sería escupida a los pies de los nobles de Ylisse.- ¡Los maldigo! -Murmuró para erguirse y notar como numerosas cortadas y apuñaladas yacían distribuidas en su cuerpo, donde la sangre no tardo en salir al exterior ocasionando que sus piernas flaquearan y cayera de rodillas al suelo.- ¡¡LOS MALDIGO A TODOS!! ¡A SU GENTE! ¡A SUS REYES! ¡A LOS NOBLES! ¡MALDIGO A TODO YLISSE!! -Grito otra vez mientras las lanzas serian clavadas sobre sus hombros, espalda y su estómago, ocasionando que desde los labios de Mishael dejase escapar un poco de aquel líquido vital.- ¡LA CODICIA, EL EGOISMO Y ESOS SENTIMIENTOS OSCUROS SERAN LA PERDICION DE ESTE REINO! ¡JURO POR LA SANGRE DERRAMADA DE ESTE LAGUZ, QUE VOLVERE! ¡NO ME IMPORTA SI ME CONVIERTO EN UN EMERGIDO, PERO VOLVERE PARA TRAERLES LA RUINA! ¡HAN JUGADO CONMIGO! ¡Y SI NO ES EN ESTA VIDA, SERA EN LA OTRA QUE ME VENGARE DE TODOS! -Prosiguió con su habla sintiendo como de a poco, el escenario comenzaba oscurecerse y un misterioso frio opacaba el baño de sangre que se estaba dando.- Lo único que me siento estúpido … es … en no haber acabado con ustedes cuando pude … -Susurró con algunas lágrimas que escapaban de sus ojos. Se sentía decepcionado, triste. Todos sentimientos negativos que necesitaba descargarse de alguna manera u otra para lograr su venganza, si es que alguna vez la tendría.-
Mishael
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Mensaje por Alice Schuberg el Vie Nov 08, 2019 9:38 pm

Draugr:
La luz que envolvía la habitación se apagó tras el embate final, y los pétalos dorados flotaron hasta la empuñadura de la Fragrant Olive Sword, restaurando así su hoja. El caballero de la rosa azul yacía a sus pies, y junto a él, los cuerpos de sus progenitores. - Jamás pensé que volverías a casa, hermano. Y menos que nos reencontraríamos. Y a pesar de todo, no has cambiado. Frío, obstinado, condescendiente... Como la herida que dejas en mi abdomen, tsk. - Dio dos pasos para aproximarse al brebaje curativo que aliviaría sus heridas, y con su greba derecha lo rompió en mil pedazos. - Y aunque impusiste tus ideales por encima de los del resto, siempre agradaste a todo el mundo y tuviste la conciencia tranquila. La verdad es que te envidio.

[…]

Alice se convirtió en la cabeza de su familia, cuyo apellido estaba extinto al igual que su patrimonio. Desde el cielo se veían a la perfección las llamas que consumían su mansión, permitiendo que sus seres queridos trascendieran al otro lado. ¿Pero que sería de ella? ¿Quien se encargaría del ritual de su alma? Estaba harta del dolor físico, fue incapaz de dejar que el fuego la devorara. La consecuencia de su cobardía era ser prisionera de este mundo, volverse un espectro para el resto de sus días. A una parte de ella le aterraba la idea, mientras que la otra asumía que sus acciones ameritaban tal destino.

Sea como fuere, ya no podía corregir su sino. Si no lo hacían los emergidos, las heridas y el inclemente tiempo los que la harían desfallecer. Todo esfuerzo por evitarlo sólo conseguiría agotar a su pegaso, el único que tenía posibilidades de sobrevivir. Aquellos animales tenían una lealtad ciega a su jinete, ella sabía que debía abandonarlo abruptamente. Jamás se permitiría llevar a otro a la muerte. Alice se despidió de Eúl mientras lo guiaba hasta el lugar donde decidió que acabaría todo. La densidad del bosque se truncaba por la presencia de un gran lago helado, uno cuya cubierta jamás vio derretirse. Era la prisión perfecta en la que encerrar a su espectro y evitar la corrupción de su cuerpo. Eso, y que el frío le arrebataría la conciencia antes de experimentar la agonía de la asfixia.

Cuando el pegaso llegó al centro, ella lo traicionó cortando bridas y riendas, abandonándolo y precipitándose al vacío. Empuñó la rosa y el osmanto, las reliquias familiares, cuyo poder le permitía atravesar la capa de hielo y restaurarla de inmediato. Todo lo que quedaba por hacer era encarnar su último deseo.

- "Este mundo de pesadilla y de locura ya decidió cómo debía vivir y cuánto dolor soportar. Ahora me toca a mí decidir el final. Cómo morir, dormir, o despertar... Quién sabe..."
Alice Schuberg
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Fragrant Olive Sword [3]
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