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[Campaña de liberación] Surprise encounter at the forest [Priv. Leila]

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Mensaje por Izan el Mar Sep 10, 2019 10:55 am

Sobrevivir al paso por un reino ya invadido por los emergidos era ya difícil de por sí, aunque no lo era más que intentar convencer al capitán del barco que me dejara en alguna costa del susodicho (con tal de escaparme de los trámites de desembarque de Shindu…a causa de la carga/ mercancía que llevaba conmigo: Tesoros del arca de Kilvas). Chon’Shin, o Zofia como me lo nombró el viejo cuando me hablo de este, era considerado como el reino de origen y centro del culto de Naga. Ahora no habían más que sombras de esa descripción, las aldeas destruidas y abandonadas eran evidencias de ello, y más las advertencias respecto al puerto, plagado de emergido, que a la mínima tripulación incauta que embarcaba allí era emboscada sin atisbo de piedad.

Por ello que pedí que fuera en costa, y no en puerto, dejándome en la que estaba más al noreste, desde donde iría al centro del reino, y de allí a mi próximo destino y motivo del cambio de este, el reino de Valm.  En el barco, había escuchado sobre un curioso monasterio en el centro de este, y tengo la intención de ir a ver como es (si, es más que evidente la curiosidad es una fuerza mayor a la hora de tomar mis decisiones)

Mientras caminaba, no hacia otra cosa sino recordar lo que me ha pasado hasta ahora: desde que comencé mi viaje he pasado por Magvel dos veces, participé en el coliseo de Regna Ferox (aunque no por completo), me reencontré con mi familia, retomé mi viaje yendo a Kilvas, y ahora...estoy en Valentia…y mi curiosidad vuelve a influir, no me parece suficiente, aún me queda tanto por ver y que experimentar, y pensar en gran parte de ello me llenaba de emoción.

Con el paso de mis pensamientos, también lo fueron los de las horas, ya estaba anocheciendo, estaba dentro de un bosque, lo cual me era muy conveniente sabiendo que podrían haber emergidos cerca, pudiendo improvisar mi…digamos ‘’escondite’’. Subía a un árbol grande (a veces usando mis dagas para agarrarme) hasta una rama que pudiera aguantar mi peso, usaba una cuerda para mantenerme en esta, y procedía a descansar o incluso dormir. Pero...a pesar de que uso ese método con frecuencia…no me gusta por un solo motivo…remarca mi reducida estatura, ventajosamente, sí, pero era como delatar abiertamente que tenía tal, pero tal era mi cansancio que el sueño no me permitió seguir pensando en ello, y solo podía esperar que  fuera a dormir tranquilamente… demasiado optimista sabiendo lo que abundaba por aquí.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Thief

Cargo :
Orfebre

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :
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Experiencia :
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Gold :
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Mensaje por Leila el Mar Sep 10, 2019 9:42 pm

Habían pasado unas semanas después de su cambio de escuadrón, con el cual se adentraba cada vez más en las profundidades de Valentia. Le había tomado su tiempo, el encontrar un grupo cuándo no se conoce a nadie era, de esperarse, todo un reto. Habían viajado durante semana y media, sin descanso. Y para celebrar tal hazaña, decidieron pasar algunos días en el la Aldea de Espadachines. Aquella idea no le entusiasmaba del todo, porque se vería obligada a interactuar con algunos de sus compañeros de grupo (quiénes habían organizado una expedición a la taberna de la aldea, no muy frecuentada por los nativos). Pero, no era del tipo de personas que rechazaban una visita a una taberna. Se había forzado un poco -debido a su timidez-, indudablemente, pero hacía siglos que no tomaba un buen trago de cerveza.
Para su pesar, se había vuelto el chiste del grupo, debido a su cambio drástico. Su alter ego floreció con el alcohol, dejando salir a un personaje completamente distinto. Una gama de colores opuesta. Se volvía atrevida, con la lengua suelta, pero sobre todo, burlona e incluso infantil. Se reía por todo, y al darle vueltas -por su exceso con la bebida- el escenario, soltaba carcajadas, fuera del contexto en el que se encontraba.

Al día siguiente de la salida, no logró levantarse temprano, como acostumbraba hacer. Lo que causo, de nuevo, que sus compañeros simpatizaran con ella. Se reían, lo que provocaba en ella un disgusto muy pronunciado. Aun estando un poco mareada por las actividades de la noche anterior, realizó sus tareas matutinas. El escuadrón se había asentado a las afueras de la aldea, en un pequeño bosquecillo del que los pueblerinos sacaban madera para atender sus necesidades. Varios mercenarios que estaban en el escuadrón hablaban entusiasmados de una zona no muy alejada del pueblo, en medio de un bosque de gran tamaño, dónde se encontraba un templo sagrado y venerado años atrás. Aparentemente, los emergidos habían devorado la zona, con el plan de talar un árbol de tamaño gigantesco, dónde en la cima se encontraba dicho santuario.
El querer tomar un papel heroico y llenarse el pecho de orgullo había tomado la cabeza de varios, que anhelaban volver a tomar control de la zona. Por lo cual, no mucho tiempo pasó antes de que se ideara un plan para retomar la zona. Se sabía que al sur del bosque se encontraba la mayor concentración de emergidos, y que más al norte de este se encontraba el gran árbol. ¿La misión? Defender este importante monumento cultural y religioso. Y no podía faltar la pregunta de la mayoría de interesados, ¿la recompensa? No era mucho, pero se ofrecía oro, con el cuál se podían comprar mujeres. El plan consistía en que los miembros más fuertes se encargarían los primeros días de la limpieza del sector, rodeando el bosque y adentrándose poco a poco, irían en parejas.

Los días pasaban, y la zona se veía cada vez más limpia. La joven pelinegra no se había involucrado mucho, pero aceptó -finalmente- la simple tarea de asegurarse que ya no hubiesen más emergidos en uno de los sectores del bosque. A decir verdad, no se había involucrado más temprano en la tarea por la sencilla razón de que sentía muchísima pena y le costaba volver a ver a sus compañeros, relativamente nuevos, tras el suceso de su borrachera unos días atrás.
La tarde brindaba una temperatura exquisita, lo que le daba un infinito gusto, se acercaba la noche. El atravesar el suave sotobosque la llevaba a hacer memoria. Recordaba las incontables veces en las que se adentraba con su querido hermano mayor en los bosques para cazar. Se veía relajada, y avanzaba con naturalidad. Era un bosque hermosísimo, y se entretenía contando las veces que veía cierto tipo de animal. Aunque, tanto relajo no era normal en su actitud. Aun estando en un ambiente sereno, no dejaba de pensar en la posibilidad de que un emergido le saltara encima, y sobre todo, tenía muy al fondo de su mente, el recuerdo ardiente de la caída que sobrevivió -con una muñeca rota- años atrás.
Mientras más se adentraba,este último se hacía cada vez más denso. Perdió rápidamente el sentido de la orientación. Lo cual era indudable, y realmente predecible. Pero, era el precio que tenía que pagar por insistir en avanzar sola en su ‘simple’ misión. El desafío se encontraba allí, en saber ubicarse en este bosque de cualidades feéricas. Se había perdido, pero, tal vez para su suerte, se convencía de que ese no era el caso.

Llegó el punto en el que paró su expedición, con clara ansiedad. Era evidente que era de noche -y sobre todo que se había perdido-, y que tenía que volver si apreciaba su vida y no quería ser devorada por un grupo de emergidos. Tragó saliva en ese momento, tenía miedo. El bosque era terriblemente grande, y la noche en tal ambiente era sinónimo de una muerte segura. Intentó calmarse, pero su respiración agitada la delataba. Miro alrededor, se encontraba en un claro, rodeada de árboles robustos, eran varios laureles y uno que otro sauce llorón. Optó por acercarse al tronco de uno de estos últimos, decidió que pasaría allí la noche, no tenía de otra. Razonó y llegó a la conclusión de que aquel árbol le brindaría la seguridad necesaria para pasar la noche, debido a sus largas ramas, y ya que sus hojas crecían de tal manera que formaban una cortina de vegetación. Lo que no sabía, era que alguien más había tenido esa misma idea.
Mientras más se acercaba, la forma de un bulto sobre una de las ramas principales del sauce mejor se dibujaba. Se le formó un pequeño nudo en la garganta, y el miedo provocó un escalofrío que bajó por su espina dorsal. Agarró su arco ágilmente, y tomó una de las flechas para ponerla sobre la cuerda del arco. Tensó esta y se acercó lentamente. ¿Se trataba de un emergido? No estaba segura, pero a medida que avanzaba, más tensaba el arco. Se estaba dejando llevar por sus emociones, estaba sumamente estresada. Se había llevado un susto tremendo.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Archer

Cargo :
Sirviente

Autoridad :

Inventario :
Arco de bronce [2]
Vulnerary [3]
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Support :
None.

Especialización :
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Experiencia :
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