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[Campaña de liberación] Limón y miel entre los viñedos. [Privado: Leila]

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Mensaje por Mallory el Dom Sep 08, 2019 12:50 pm

El cambio de latitud a veces podía jugar una mala pasada entre los que son foráneos de las tierras que les toca habitar por un buen tiempo. Y aunque a Mallory le ha maravillado de a ratos conocer el continente de Valentia, o mas precisamente Rossane -que no descarta la ilusión de conocer un poco mas allá-, reconoce que puede volverse un poco difícil el establecerse. No solo por el ser consciente de que el sueño plácido con la que su amada Daien la ha malacostumbrado ya no existe, sino porque el mismo clima resulta ser algo diferente a lo que se ha acostumbrado. El clima a veces en exceso seco puede hacer mella al cuerpo si es que no se lo cuida adecuadamente de tales inclemencias. Para suerte, esa desventura no es algo de lo que Mallory debiera de penar en ese instante, pues de hecho es bastante cuidadosa. ¡La voz de un mago oscuro lo puede ser todo! Sobretodo para ella, que no sabe canalizar muy bien la magia sin palabras de por medio.

Pero, eso deja abierto la posibilidad de que alguien mas hubiera corrido la desgracia de verse afectado, por un descuido -o una negligencia-, por alguna enfermedad. Ese parecía ser el caso de una de las campañas que mantienen guardia sobre las fronteras de Rossane, de esas que dicen están "resguardadas". Lo peor que puede pasar en esos casos es que los suministros se vean algo escasos, sobretodo cuando la enfermedad a tratar no es precisamente peligrosa, pero no era cuestión de dejarla estar. ¡Un dolor de garganta podía ser un problema de no cuidarse! Mallory lo entendía a la perfección.

La misión que tiene por delante ahora, es cruzar un viñedo muerto, y llevar al otro lado, provisiones para unos desdichados a los que el polvillo de ese lugar les ha pasado una mala pasada. La encomienda no es excesivamente pesada, al menos para ella, pero si frágil en su contenido. No obstante, y para su suerte, no es una tarea que deba de hacer sola. Para la mala suerte tanto de su acompañante, como suya, lo tienen que hacer a pie. ¡No hay wyverns, ni pegasos disponibles para tal viaje! Y aunque caminar entre caminos áridos y polvorientos, para Mallory no es tan malo como que tener que hacer ese trayecto en bote. O eso era lo que su optimismo la hacía sentirte ligeramente satisfecha. Además de que en efecto, el viaje no era excesivamente largo. ¡Distancias más largas había hecho!

Aun así, lo que le ocupaba ahora era el poder hallar la persona con la que esa travesía haría. Luego de cargarse al hombro un bolso con las cosas y el hechizo a preparar, era lo único que en realidad le faltaba. El comentario giraba en torno a una arquera de Akaneia de muy buena puntería, pero no muchas palabras con desconocidos. ¿Alcanzaría un viaje a pie para saldar esas pequeñas incomodidades? Porque para Mallory, la gente tímida siempre podía ser la que mas podría hablar, de sentirse seguros con quien lo hicieran. Pero tomarse atribuciones sobre su persona, como el dar una imagen agradable, no era algo con que contar de manera incuestionable. ¡Ella al menos siempre trataba de dar su mejor esfuerzo! Ademas, debía de arreglar el hecho de que a su compañera le tocaba cargar con los insumos de ambas, al estar ella ya cargando el paquete.

-¡Ah…! ¿Debí haber pedido que me acompañen para buscarla…?- Es lo que se pregunta a si misma, con un poco de preocupación mientras camina entre las bases y una que otra taberna, buscando el rostro de alguien que no conoce. ¿Y si la joven ya estaba en la salida de la ciudad…? Mallory sintió languidez de pensar que solo tendrían la mitad del agua que necesitaran, o… ¿Podría cargar un poco mas de equipaje hasta que la viera…? No podía arriesgarse durante la expedición, y tampoco era la idea de que alguna se viera deshidratada cuando menos durante el camino. Con un poquito de pesar, y haciendo mas fuerzas de las que últimamente había hecho, decidió optar por ello…

Un toro arando un campo quizás se veía menos sacrificado que el rostro que llevaba Mallory cuando finalmente llego a la salida de la ciudad, dando entrada a los parajes de los viñedos muertos. ¡Increíblemente, no porque era tan pesado, pues su fuerza campestre aun la acompañaba! Pero fuerza y delicadeza eran otro tema, y bajo ninguna circunstancia podía bambolear demasiado los frascos que consigo llevaba. Pero la suerte sonreía, al menos al poder ver a una joven ni muy a lo lejos, en aparente espera. Suspiro aliviada, mientras su voz un poco agitada salía sin pensarlo mucho.

-¡Hey… hey! ¡Hola!- Dijo, apurándose un poco para llegar a su encuentro. -¿Eres tu… la arquera que viene conmigo…?- Preguntó tomándose un respiro, dejando uno de los bolsos en el suelo. -¡Soy Mallory… ah, perdón!- Tomo otra bocanada grande de aire. –La encomienda es frágil, y hace bulto con las provisiones…- Se disculpo. -¿Eres tu quien viene conmigo….verdad?- Dijo un poco ofuscada, y avergonzada. ¡Habría de pasar mucha vergüenza de no ser ella!
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Mensaje por Leila el Dom Sep 08, 2019 5:08 pm

Hacía ya varios meses que había dejado su tierra natal, Akaneia, al lado de un escuadrón más o menos grande, con el pretexto de ganarse la vida y gozar de lujos en el continente vecino. En su caso, había accedido a unirse al grupo por otros intereses, quería explorar, salir de la rutina y de las tierras que había conocido toda su vida. Fue una decisión apresurada, y no muy meditada y el viaje, a decir verdad, le había afectado. No se imaginaba que dejar atrás sus costumbres y tierra la afectaría tanto. Se sentía en deuda con su padre, por no haberse despedido, aunque el contacto entre ellos había sido enterrado años atrás.
Pero por otro lado, el viaje había sido interesante, la sensación de adrenalina que provocaba la aventura la dejaba extasiada, y siempre hambrienta por más. Los nuevos paisajes la habían cautivado, pero todo lo bueno tiene un punto negativo, la cantidad de polvo y el clima diferente la habían afectado levemente, haciendo que sus ojos se irritaran de vez en cuando y ofreciéndole una tos realmente molesta. Los días pasaban, y su condición mejoró, ya que su cuerpo se había acostumbrado, finalmente, al clima de Valentia.

Al llegar al nuevo continente, varios de sus compañeros de escuadrón dejaron el grupo. Nuevos rostros aparecieron y así sucesivamente. El grupo mutaba, cambiaba de forma, aumentaba su número de personas o disminuía. Casi todos sus conocidos habían abandonado el grupo, lo que hizo que ella se cerrara sobre sí misma. Naturalmente, al no tener a sus puntos de referencia cerca, se sentía vulnerable. Estaba un tanto desesperada, y sentía la creciente necesidad de dejar atrás el grupo. Tal vez para ir en busca de alguien que estaba en el mismo barco que ella, o alguien con quien había finalizado una misión. No porque había construido ninguna relación de verdad o una amistad “duradera”, pero más por la necesidad de sentirse segura teniendo cerca a alguien que conocía levemente, a un rostro familiar. Un nombre que conocía.

Al llegar a Rossane, pasaba sus días en el campamento, levantándose ocasionalmente para ir a caminar, lanzar algunas flechas y probarse a sí misma. Se ponía retos curiosos que ponían en juego su habilidad y puntería. Otros días contaba sus flechas, una y otra vez, esperando con cierta desesperación salir de ahí. Después de algunas tardes estando completamente rendida al aburrimiento y dudando fuertemente en partir y dejar el grupo atrás, una joven un tanto particular comenzó a aparecer por el campamento del grupo. No le había hecho mucho caso a la chiquilla, pero le parecía particular ver a alguien tan delicado en un ambiente como ese. El karma jugó sus cartas en su ventaja al ser asignada en una misión junto a la joven, una misión de aprovisionamiento. Lo que significaba que podría al fin salir de ese ciclo de aburrimiento -y pereza, siendo sinceros- en el que se encontraba. Las dos jóvenes debían llevar al otro lado de un viñedo seco y abandonado cierta cantidad de provisiones para un grupo de personas que se habían visto muy afectadas por el clima árido y la cantidad indecente de polvo de la atmósfera.

Se había levantado a la hora del alba ese día, y se había alistado con cierto entusiasmo, había trenzado su cabello, y lo había acomodado de forma en que no le estorbase. La empujaba el querer cambiar de aires. Se apresuró por hacer sus tareas matutinas, como todos los días. Salió del campamento, y se dirigió hacia la salida de la cuidad. Esperaría allí, le parecía oportuno y lo más lógico. Al caminar hacia la salida de la ciudad, el sol había salido completamente. Era un día cálido, y todo indicaba que iba a estar caliente más cerca del medio día. Habían unas cuantas nubes en el cielo, que proporcionaban de vez en cuando una que otra sombra. Se había sentado encima de una piedra calcina, al lado de la entrada de la ciudad. Había arrancado una pequeña flor que crecía al lado de la piedra sobre la cual estaba sentada, y arrancaba los pétalos para entretenerse.

-¡Hey... hey! ¡Hola!
Finalmente, alzó la mirada y percibió la presencia de la joven, quien estaba ahora delante suyo.
-¿Eres tu... la arquera que viene conmigo...?
La joven dejó la bolsa que cargaba a sus pies. En ese instante se levantó y acomodó el arco, poniéndolo cruzado sobre su pecho, con el agarre de este en la espalda.
-¡Soy Mallory... ah perdón! La encomienda es frágil, y hace bulto con las provisiones... ¿Eres tu quien viene conmigo... verdad?

Soltó un pequeño suspiro, antes de asentir con la cabeza para evitar el habla. Tragó saliva. No podía evitar mostrar su nerviosismo, quien provocaba que acariciara rápidamente una de sus flechas que estaba en su carcaj, que llevaba a un costado. Era un bonito cilindro de madera de almendro, que estaba forrado de piel. Un obsequio de su hermano mayor.

-¿Lo llevo yo?... -Balbuseó, se refería a la bolsa acercando levemente su bota, miró a la joven esperando indicaciones. Sabía que la jovencilla no podría todo el viaje sola, y en parte ya se había mentalizado para la tarea, pero esperaba una confirmación. Por mucho que le hubiese costado hablar, tenía que mostrar que tenía, a pesar de todo, modales.


Última edición por Leila el Lun Sep 16, 2019 1:34 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Mallory el Miér Sep 11, 2019 10:51 pm

-¡Qué suerte que eres tú!-Exclamo con una sonrisa llena de alegría y alivio que se dibujo en su rostro. Tal como le habían anticipado, la muchacha no era dada a las palabras, pero su afirmación era más que suficiente. ¡No se había equivocado al verla! Sus hombros se relajaron un segundo, al menos mientras descansaban del peso que llevaban sobre si. Mallory aun estaba sujetándose de sus rodillas para recuperarse, mientras pensaba que tantos segundos le valdrían para poder recomponerse del todo. Fue entonces cuando noto la punta del pie de la muchacha, señalando el bolso con las provisiones. Las medicinas, quedaban a un lado.

-¿Ah…?- Dijo tratando de ubicarse nuevamente en el espacio. Hasta que reacciono, erguiéndose de nuevo, un poco mas ventilada de su esfuerzo. -¡Ah, si, por  favor! La verdad es difícil llevar todo esto.- Dijo en un primer lugar. –Más que nada porque aquí están los frascos con ingredientes para las pociones… No puedo ser brusca con ellos.- Explico señalando el otro bolso, al cual nuevamente tomo, con delicadeza. Y aun así, se pudo escuchar débilmente el sonido del vidrio golpeándose de forma suave entre ellos. Mallory se habría asustado, de no ser porque ya reconocía ese repiqueteo como algo inofensivo. Cuando un frasco se rompía, el ruido de un cristal estallando o partiéndose era muy fácil de hasta percibir en el equipaje.

Respiro profundo, asegurándose que todo lo que tenía que llevar consigo, lo cargaba encima. Su preciado grimorio, justo al alcance de su mano para cualquier eventualidad, le hacía sentir a salvo; y conforme a ello, sonrió con cierta seguridad antes de levantar nuevamente su mirada hacia su compañera. Ya viéndola a los ojos, le entro un poco de pena, que disimulo con una pequeña risa, típico de cuando alguien no tiene palabras para ese instante... -¿Pues bien… vamos...? El camino no es imposible hacer de pie, pero es mejor apurarnos. Si nos atrapa la noche, la helada nos caerá de lleno.- Añade antes de tomar la delantera en el sendero, sin procurar apartarse mucho de ella, pues será su idea que pudieran caminar ambas al lado. No obstante, antes de seguir dando mas pasos, se detuvo, siendo consciente de un pequeño detalle que casi olvidaba. La necesidad surgía conforme las ideas iban agolpando en su mente.

-Por cierto, no me dijiste tu nombre. ¿Cómo puedo llamarte…?- Pregunto un poco tímida. Si es que la muchacha no se había presentado antes, podía asumir que en realidad no tenía demasiadas intensiones de hablar, tal como le habían anticipado los comentarios antes de salir del actual asentamiento. Y hasta el momento, fue ella quien estuvo atosigándola aun siquiera antes de poder reconocer mejor las facciones de su rostro. Un leve rubor se pinto en sus mejillas, a la vez que su boca se torcía en una sonrisa un poco nerviosa.

–Perdón, creo que he hablado de más. Solo quería decirte que, si necesitas decirme o pedirme algo, puedes hacerlo con confianza…- Diría, con una voz no muy segura realmente de lo que estaba haciendo. Estaba volviendo a hablar de mas ¿Por qué insistía con una persona que no parecía muy dada a la charla…? Bajaría su cabeza, sintiendo el bochorno que empezaba a taladrar sus pensamientos y consumir su pecho, una sensación demasiado familiar, como cuando un superior la observaba hacer un hechizo… y el mismo salía mal. Cualquiera fuera la situación, no creía que fuera la imagen que un mago oscuro de Daien debiera proyectar para generar confianza. ¡Habia tantas cosas que tenia que aprender aun!
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Mensaje por Leila el Lun Sep 16, 2019 2:08 pm

La joven, Mallory, parecía entusiasmada por la misión. Lo que la dejaba más tranquila. Trabajar con alguien que no está motivado siempre es más difícil, y más para ella. Al no ser muy capaz de entablar conversación las primeras veces, siempre es complicado intentar poner en un plano de trabajo positivo a su compañero. Estaba aliviada, y tenía esperanzas por la misión. Era cierto que la pelinegra era del tipo de personas que disfrutaban trabajar y ocuparse de las tareas en solitario, pero un compañero positivo y agradable siempre era una compañía que apreciaba.

-¡Qué suerte que eres tú! -Malloy le recordaba incluso a su hermano mayor, quién siempre estaba entusiasmado por hacer las tareas que su padre les ponía a ambos. Se le llenó el pecho de una sensación agradable, al recordar a su hermano mayor. Hacía bastante que no pensaba en ellos, las veces que lo había hecho habían resultado siempre en un nudo en la garganta, y un sentimiento bastante amargo, por lo que le tomó por sorpresa aquella sensación cálida que crecía en su pecho.

-¿Ah…? ¡Ah, si, por  favor! La verdad es difícil llevar todo esto. Más que nada porque aquí están los frascos con ingredientes para las pociones… No puedo ser brusca con ellos. -Se arrimó entonces para recoger el resto de la encomienda, dejándole a Mallory la parte más frágil. Se levantó, había improvisado una especie de bolso, para que llevar la encomienda fuese más cómodo. Técnica que había aprendido en sus días de caza, años atrás.

-¿Pues bien… vamos...? El camino no es imposible hacer de pie, pero es mejor apurarnos. Si nos atrapa la noche, la helada nos caerá de lleno. -Asintió ante la proposición de su compañera y echó a andar. Siguió a la joven, que había tomado la delantera. Su compañera estaba en lo correcto, si no empezaban la marcha ya, la noche las alcanzaría. Y con ella, la posibilidad de ser atacadas por algún emergido aumentaba considerablemente. Además de lo que apuntaba ella, no estaban listas para pasar la noche en la intemperie.

-Por cierto, no me dijiste tu nombre. ¿Cómo puedo llamarte…? -Tragó saliva, antes de que su compañera volviese a añadir -Perdón, creo que he hablado de más. Solo quería decirte que, si necesitas decirme o pedirme algo, puedes hacerlo con confianza…

Apretó la mano, nerviosa. No sabía muy bien que hacer o cómo reaccionar, su intención no había sido incomodar a Mallory, era lo último que quería hacer. Pero era cierto que no había dicho absolutamente nada desde que se conocieron formalmente… Alejó la mirada, un poco avergonzada por su actitud, ¿cómo era posible que le siguiese costando tanto socializar? Suspiró discretamente, antes de responderle a la joven.

-Puedes llamarme Leila. -Subió la mirada para encontrarse con la de ella, y esbozó una sonrisa, llena de pena. -Disculpa, mi intención no era incomodarte… -Volvió a bajar la mirada, y con un tono más bajo añadió -No has hablado de más…

Esperó a que la joven retomase la marcha, para así colocarse a su lado. Ni tan cerca, ni tan lejos de su costado izquierdo. Respetaba su espacio, pero se mantenía cerca. El paisaje era particular, los viñedos secos daban la impresión de estar en un territorio completamente desolado e inhabitado. La tierra que pisaban estaba seca, por lo que a cada paso, se elevaba una pequeña nube de polvo. Entonces entendió el sentido de la misión, las personas que vivían al otro lado del viñedo recibían todo el polvo de la hacienda que estaban atravesando. Al no haber muchos árboles alrededor del viñedo, el polvo viajaba con libertad. Sintió entonces un pequeño malestar en los ojos, le empezaban a picar levemente.
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