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Tested Professor — [Byleth ID]

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Mensaje por Byleth el Vie Ago 30, 2019 9:35 am

Byleth Eisner
Tactician
I feel I am grasping for a purpose in life. Perhaps someday I will know what it is.

Datos
Nombre: Byleth Eisner

Edad: 21 años

Clase: Tactician

Especialización: Espadas

Afiliación: Viejo Imperio de Valm

Ocupación: Profesor en Garreg Mach

Personalidad
Byleth es una persona sin pasado, sin recuerdos felices, sin ambiciones ni sueños que le guíen en el día a día para construirse un futuro. Byleth es alguien que vive por y para el presente, como si el tiempo se hubiese detenido para él.

Es callado, silencioso y con una falta de expresión tan grande que puede resultar incómoda o exasperante. Muchos se preguntan la causa de tanto secretismo y no es raro escuchar especulaciones acerca de su persona por los pasillos del monasterio, lo que hace que sea también alguien muy solicitado. Ese aura de misterio que le rodea continuamente hace que la gente se acerque e intente averiguar más cosas sobre él. Bylteh no los culpa, al fin y al cabo, el ser humano es curioso por naturaleza. Además, él mismo se siente intrigado por su propia persona, por ese pasado que por algún motivo olvidó y que su padre se esfuerza en ocultar.

Cuando eres una persona sin recuerdos, pierdes una gran parte de tu identidad o al menos es así como Byleth lo siente. Continuamente, se ve como un extraño, como si alguien se hubiese metido dentro de su cuerpo y estuviese teniendo el control de su vida sin permiso. No es un monstruo, tiene humanidad, por supuesto, pero a veces le cuesta identificar sus sentimientos.

Sabe que la persona a la que llama padre, es alguien muy valioso y querido en su vida, pero sin embargo no siente tristeza ni añoranza las pocas veces que han nombrado a su madre, ni tampoco le invade la nostalgia cuando reconoce una comida o un olor del pasado. Es complicado de explicar, es como si su instinto se esforzarse en recordar, pero su mente se negase a superar esa oscuridad que cubre desde el nacimiento hasta gran parte de la adolescencia.

Al no tener recuerdos, no tiene claro hacia dónde dirigir sus pasos y por eso se adapta a las exigencias o caprichos de su padre. Es su único guía y está convencido de que tarde o temprano responderá a todas sus preguntas y saldrá de aquel extraño letargo.

Y como su futuro es cambiante y confuso, sólo le queda aferrarse al presente. Desde que entró en la academia en calidad de docente, ha descubierto muchas cosas de sí mismo. Como por ejemplo, que puede hablar durante horas de estrategia, técnicas de combate y tipos de té, cuando normalmente, sus respuestas son monosílabos y sus conversaciones muy cortas. Es como si las paredes del aula le diesen seguridad y el sentimiento de guiar a los estudiantes y ayudarles en lo que pueda es sumamente gratificante.

Otra cosa que ha descubierto recientemente es que es bastante protector, sobre todo cuando se trata de sus alumnos. Sigue siendo exigente y muy estricto con sus lecciones, pero si se entera que alguien está acosando o pretende herir a alguno de sus alumnos tendrá que vérselas con su espada. Y ojo, un Byleth enfadado no es plato de buen gusto. Es como si tiras del rabo a un mastín rabioso entrenado para lanzarse al cuello.

Los sentimientos complejos, como amistad, afecto y amor, aún le cuesta entenderlos y por supuesto, su respuesta suele ser lenta y torpe. No sabe cómo responder a un halago, más allá de un escueto agradecimiento y aunque las caricias y cariños le resultan agradables lo máximo que puede hacer es frotar la mejilla como si fuese un gatito.

Historia del personaje
Aunque actualmente Byleth sólo es el hijo de un mercenario y no posea ningún título nobiliario, sus padres fueron unas figuras bastante influyentes en el viejo Valm. Su padre, Jeralt, era un caballero que nació y se crió antes de que cayese el Imperio de Valm. El territorio se fue dividiendo, como consecuencia de las interminables guerras que ocurrían en el propio imperio y Jeralt pasó a formar parte de Santo Faerghus en calidad de caballero.

Gracias a la fuerte influencia de la religión de Naga en este territorio, el reino puso a disposición de la Arzobispa, una pequeña parte de su fuerza militar, la cual se desplazó hacia el centro del viejo Valm en dirección al Monasterio Garreg Mach, lugar de residencia de la Arzobispa. A estos caballeros se unieron otros, procedentes de distintas partes del Viejo Imperio y que procesaban una fe hacia Naga inquebrantable, naciendo así la orden de los Caballeros de Seiros. Jeralt no sólo formó parte de este grupo militar, sino que más tarde fue nombrado capitán.

La madre de Byleth, era una joven que había decidido dedicarse en cuerpo y alma a Naga. Vivía en el monasterio, junto a otras devotas y sus tareas eran rezar, pedir por el pueblo atormentado por las guerras, el hambre y la enfermedad y socorrer en nombre de Naga y de la Santa Seiros, a todo aquel que lo necesitase. Su fe y determinación eran tan fuertes, que se ganó el respeto y la estima de la propia Arzobispa, hasta el punto de que ésta se obsesionó con ella.

La ubicación del monasterio era muy accesible para los plebeyos, mercaderes y nobles que acudían en calidad de estudiantes. Sin embargo, la orden no se contentaba con ayudar y acercar la religión de Naga a la gente que estaba próxima. Su objetivo era convertir a muchas personas a aquella religión y por eso, se organizaban partidas en las que figuras de la iglesia, escoltadas por caballeros, recorrían el viejo imperio en busca de adeptos.

Así fue como conoció Jeralt a su mujer y a base de estar casi todo el día juntos, terminaron enamorándose y posteriormente casándose.  Tiempo después, la mujer quedó embarazada y llenó de alegría y emoción a Jeralt y a sus amigos más cercanos, la Arzobispa incluida. Sin embargo, una terrible gripe complicó el embarazo y empezó a consumir las fuerzas de la madre. Las salidas del monasterio tuvieron que cesar y poco después la joven no podía salir de la cama, estaba completamente consumida.

Sabiendo que se acercaba su final, le rogó a la Arzobispa que le provocase el parto y salvase al niño. En su delirio a causa de la fiebre, dijo que había visto a la Santa y que ésta le había pasado el mensaje de que Naga la quería con ella y que su hijo sería bendecido. Había sido una discípula excelente y ahora se merecía un descanso. La Arzobispa al principio se mostró reticente, pero había tanta convicción en las palabras de la madre que terminó cediendo. Una potente medicina y la magia de la propia Arzobispa bastaron para que Byleth naciera.

El bebé no lloró, ni siquiera se agitó y la Arzobispa temió por un instante que el niño hubiese muerto. Sin embargo, en cuanto la madre dejó de respirar, el bebé abrió los ojos y llevó su pequeña manita a la mejilla de la Arzobispa. Ésta, le abrazó y por un momento, se sintió tentada de no dar al niño a su padre y encargarse ella de su educación.  Pero claro, viviendo en el monasterio y siendo el capitán de los Caballeros de Seiros, sería provocar un conflicto por un capricho personal. Naga no estaría de acuerdo.

Jeralt recibió la amarga noticia de la muerte de su mujer, pero también le entregaron al niño, envuelto en unas mantas. A pesar de que las matronas le contaron lo ocurrido, que había sido su propia mujer la que había pedido aquello, Jeralt pensó que todo fue una jugada sucia de la Arzobispa, pues era ya sabida la obsesión que tenía con su mujer. Juró proteger a su hijo y apartarle de las garras de la iglesia. Naga ya tenía a su mujer, que dejase tranquilo a su hijo.

El paso del tiempo sanó parte del dolor de la pérdida, pero Jeralt seguía bastante incómodo. El bebé nunca lloraba, ni reía, era casi como un muñeco. Además, su pulso era bastante leve y dormía tanto que a veces le daba la impresión de que estaba muerto. La Arzobispa preguntaba todos los días por el pequeño Byleth y eso acrecentaba la paranoia del caballero. Un día, estaba tan harto de esa situación que provocó un incendio en los establos del monasterio, aprovechando el caos para huir con el bebé.

Quería que la iglesia pensase que ambos estaban muertos, así que se refugió en una de las muchas ruinas del territorio de los viejos imperios, donde sabía que no se arriesgarían a buscarles. Más tarde, reclutó a otros forajidos o gente que sabía luchar pero no tenían un sitio al que acudir y formó un pequeño grupo de mercenarios.

Ocuparon una antigua fortaleza, la cual apenas contaba con un par de muros y una torre medio derruida. Poco a poco, la vida regresó a aquellas ruinas y Byleth creció entre ellas, aprendiendo mil y una astucias por parte de los mercenarios y siempre bajo la atenta mirada de su padre. Ese mundo tan limitado y sin contacto con otras personas fuera del grupo forjó la tranquila y silenciosa personalidad de Byleth.

Sin embargo, el sitio en el que se habían asentado no era para nada seguro y aunque todos eran muy capaces, con la llegada de los emergidos cada vez fue más complicado proteger esa fortaleza. Ya no era enfrentarse a un grupo de maleantes, piratas o bandidos, sino a un ejército que salía de la nada y cuyos soldados no parecían humanos. Aguantaron un años, desde la aparición de los emergidos, protegiendo su hogar, pero al ver que esas criaturas no hacían más que aparecer, Jeralt ordenó desplazarse a otro territorio.

Y fue justo en esa huida, cuando a Byleth le impactaron con un hechizo de viento, saltó por los aires y chocó contra los restos de la muralla. Perdió el conocimiento y estuvo inconsciente la friolera de cinco días.

Al despertar, había perdido todos sus recuerdos. Lo único que recuerda claramente es un sueño, la imagen de un trono esculpido en una piedra, una luz en un tono verde que iluminaba la estancia lo justo para ver a una niña pequeña sentada en ese trono. Las piernas le colgaban del mismo y aunque su apariencia fuese tan infantil, su expresión altiva y su manera de expresarse indicaban que era mucho mayor de lo que aparentaba. Incluso, puede que fuese más mayor que el propio Byleth.
Preguntó a su padre sobre esta niña, pero él le aseguró que no le sonaba de nada, que la única diosa que conocía era Naga y estaba convencido de que la santa Seiros no era una chiquilla. Era un sueño, no tenía por qué significar algo.

Las preguntas de Byleth acerca de su persona quedaron sin respuesta. Al parecer, era mejor que no supiese nada y por algún motivo, cada vez que sacaba el tema su padre se entristecía. Poco a poco, Byleth empezó a aceptar su situación y optó por mantenerse en silencio y encontrar él mismo las respuestas a esas preguntas.

Aproximadamente un año después, Byleth estaba junto a Jeralt buscando un grupo de bandidos que se escondían en el bosque, cerca del monasterio Garreg Mach. Los bandidos habían aprovechado el revuelo de un ataque inesperado (como casi siempre) de unos emergidos en una granja y tras robar todo lo que pudieron huyeron mientras los mercenarios se ocupaban de los emergidos. Jeralt y Byleth se dieron cuenta de esa sucia maniobra y fueron tras ellos.

Sin embargo, no estaban solos en el bosque. Unos estudiantes del monasterio estaban practicando unas maniobras y fueron sorprendidos por los bandidos, los cuales intentaron usarlos como escudo para salir de allí. Pero Byleth no estaba dispuesto a dejarles escapar y mientras su padre intentaba negociar, él aprovechó su falta de presencia para ocultarse en la espesura y sorprenderles por detrás.

Justo cuando dieron parte del último bandido, un grupo de Caballeros de Seiros acudió al lugar, preocupados por  la ausencia de los estudiantes. El que comandaba el grupo identificó a Jeralt, y fue tal su sorpresa y alegría que  le rogó que les acompañasen a Garreg Mach. Jeralt aceptó a regañadientes y Byleth le acompañó en silencio, aunque mirando con curiosidad el monasterio. La arzobispa les recibió y mostró lo contenta que estaba de ver que ambos seguían con vida. A Byleth le pareció que una mujer muy amable y bondadosa, pero Jeralt no compartía la misma opinión y cuando estuvieron a solas, le advirtió que no bajase la guardia en su presencia.

El monasterio estaba escaso de personal docente y propusieron a Byleth impartir clase. Sin duda aquello sería un cambio radical en su vida y dejaría su labor de mercenario pero el monasterio tenía una gran biblioteca donde podría encontrar mucha información y seguramente las respuestas que necesitaba. Decidido, aceptaría su puesto de profesor, ayudaría a los jóvenes a defenderse de los molestos emergidos y entre tanto, descubriría su verdadera identidad.

Extras
• Su desconocimiento acerca de sí mismo es tal, que no sabe los años que tiene. Si toma como referencia la fecha de la muerte de su madre, puede calcular que está cerca de los 21, pero no sabe si esa fecha es del todo correcta.

• La causa de su sueño profundo, su pulso tan bajo y los repentinos ataques de sueño que le dan (pero que combate con entereza), es porque padece narcolepsia.  

• Cuando era un bebé, fue examinado por los médicos del monasterio para ver si era especial, ya que los delirios de su madre aseguraban que sería un santo, pero no a parte de su calmada respiración y su pulso bajo, no encontraron nada fuera de lo normal. Cuando regresó al monasterio, volvió a ser examinado, pero tampoco se encontró nada relevante. La amnesia que padece fue por el golpe en la cabeza. En conclusión, sólo fueron delirios de su madre a causa del agotamiento y la fiebre alta.

• Le gusta coleccionar tazas de té. Ha descubierto ese pasatiempo a base de tomar tés con sus alumnos o con otros profesores. Al parecer, es una práctica bastante usual entre la nobleza.

• Le encantan los animalitos. Cuando llueve, deja que los gatos y perros que rondan por el monasterio se refugien en su habitación y siempre comparte su desayuno con ellos.  

• Su madre está enterrada en Garreg Mach y sólo ha visitado la tumba en una ocasión, junto a su padre. No le gusta acudir a la tumba de una persona que no conoce y de la cual no puede hacer preguntas, le incomoda bastante.

Prueba de rol
Después de las clases, había acudido a la biblioteca para estudiar un poco de historia y conocer un poco más la política que se tejía en ese territorio. Por el camino, casi chocó con uno de los estudiantes. No era de su clase, pero le conocía. Era el hijo de un mercader y sus padres le habían sobrecargado, seguramente sin querer, con grandes expectativas. El chico no quería luchar, le daban miedo las batallas y  aún tenía que utilizar las dos manos para levantar una espada. Estaba bien, no todos estaban hechos para ser guerreros. Había muchas ramas y manera de ayudar en un ejército. Desconocía porqué el profesor al cargo de ese alumno se empeñaba en entrenarle en el combate físico, pero algún motivo tendría y no sería él quién pusiese en tela de juicio el trabajo de un compañero.

El chico se disculpó con palabras atropelladas y le miró con una expresión que parecía estar al borde del llanto. Luego, se hizo a un lado y echó a correr, al parecer tenía mucha prisa. Byleth se quedó un rato en silencio, quieto en el sitio pensativo hasta que finalmente retomó su camino hacia la biblioteca. Escogió un par de libros muy pesados y fue a sentarse en una de las mesas. Sin embargo, no pudo concentrarse en su lectura, pues continuamente acudía a su cabeza la imagen del chico. No podía evitarlo, sentía que debía ayudarle ¿pero cómo?

"Ese chico necesita ayuda, antes de que sea demasiado tarde" pensó, pasando distraídamente las hojas. "Seguramente, él tenía pensado su futuro, uno muy distinto al que sus padres le han preparado y eso es lo que le atormenta."

Resignado a que no podría centrarse para estudiar, alzó la cabeza y mantuvo la mirada en una de las estanterías de enfrente. Lo que menos necesitaba ese chico eran palabras vacías, de nada servía decirle que todo iría bien, si no estaba haciendo lo que le gustaba. Necesitaba un consejo o ver una vía alternativa a su adiestramiento, algo en lo que pudiese volcar su potencial. De pronto, abrió los ojos al dar con la solución. Se levantó de golpe, provocando que la gente que estaba a su alrededor lanzase una mirada entre sorprendida y enfadada.

¡Ya lo tengo! — dijo en un tono de voz más alto de lo usual en él y fue con paso rápido hacia la sección de fábulas. Sacó uno de los libros de las polvorienta baldas y echó una ojeada a la portada. El tomo estaba tan manipulado que apenas podía leerse el título, pero en la contraportada aparecía una ilustración de un bardo. —Siempre mostramos grandes guerreros o espadachines como referentes, pero ignoramos que existen los bailarines y bardos — abrió el libro, buscando una página y cuando la encontró sonrió para sí, convencido de que aquello funcionaría. Los bardos no sólo aumentaban la motivación de sus compañeros para volver al campo de batalla y hacerse con la victori, sino que también, gracias a ellos, se pueden presenciar batallas que tuvieron lugar hace muchos años.

Fue a pedir prestado el libro al bibliotecario. Consultó cuál era el dormitorio del asustadizo estudiante y dejó el libro en la puerta, sin más. A raíz de aquel día, el joven estudiante fue la viva imagen de la alegría; y no sólo eso. Empezó a contar historias a sus compañeros y logró hacer esos amigos que tanto necesitaba.


Última edición por Byleth el Sáb Ago 31, 2019 8:56 am, editado 1 vez
Byleth
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Mensaje por Marth el Lun Sep 02, 2019 2:00 am

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