Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

FE:LW - Awards













TWITTER
afiliados



Crear foro

Maiden of Hresvelg — [Edelgard ID]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Empty Maiden of Hresvelg — [Edelgard ID]

Mensaje por Edelgard el Lun Ago 26, 2019 11:47 am

Edelgard von Hresvelg
Lord
"I will follow you... but I bow to no one"

Datos
Nombre: Edelgard von Hresvelg

Edad: 17 años

Clase: Lord

Especialización: Hacha

Afiliación: Viejo Imperio de Valm (Adrestia)

Ocupación: Estudiante en Garreg Mach y heredera del ducado de Adrestia

Personalidad
Tal y como corresponde a alguien de su posición, el decoro perpetuo, junto a la solemnidad en las formas, son las principales señas de identidad que caracterizan a la figura de Edelgard von Hresvelg. Ya sea atendiendo a sus obligaciones como delegada en la Academia de Oficiales del monasterio Garreg Mach, o aplacando una revuelta en el territorio del ducado de Adrestia en nombre de su padre, jamás pierde ese aire de dignidad y elegancia que sirve de inspiración a todos aquellos que la siguen. Posee unos modales exquisitos, y no le son en absoluto desconocidos los entresijos de la diplomacia o los protocolos de palacio. Desde su niñez se le han inculcado los valores que debe encarnar todo miembro de la Casa Hresvelg, al igual que se le ha brindado una educación excelente cuyos estudios espera concluir en el monasterio Garreg Mach.

Edelgard no soporta ver cómo aquellos con talento desaprovechan su potencial, hecho que la lleva a ser tan exigente con los demás como lo es consigo misma. En más de una ocasión se la ha visto recriminar a otros estudiantes por no esforzarse lo suficiente, lo que inevitablemente ha desembocado en que muchos la describan como una persona fría y arrogante en exceso. No obstante, la heredera de los Hresvelg prefiere seguir aferrándose a sus convicciones a pesar de todos esos rumores, ya que en realidad desdeña la idea de un sistema de clases en la que los gobernantes son elegidos en función de la familia noble en la que han nacido, y en su lugar ansía establecer una meritocracia en el ducado de Adrestia.

A pesar de la ingenuidad inherente a su juventud, Edelgard es una muchacha que se ha visto obligada a madurar muy deprisa. Entiende que algún día se convertirá en duquesa y que, como tal, será responsable directa del bienestar de su pueblo. En ocasiones siente que su futuro se convierte en una carga muy pesada de sobrellevar, pero bajo ningún concepto permitiría que otro la asumiese en su lugar. Percibe su estatus social como una herramienta para hacer realidad sus ambiciones, entre las que se encuentra la fundación de un reino nacido de la unificación de Adrestia con los territorios adyacentes.

Aunque Edelgard no es partidaria del dicho ancestral que afirma que el fin justifica los medios —sobre todo si involucra el sufrimiento de inocentes—, tiene pocos reparos a la hora de mancharse las manos en aras de cumplir con sus pretensiones. Hay pocas líneas que no se atrevería a cruzar, y ni siquiera le importa recurrir a la fuerza bruta si es por defender sus ideales. Por otro lado, la idea de rendirse ante un enemigo para preservar su vida le resulta prácticamente inimaginable, y preferiría la muerte antes de tener que renunciar a sus ambiciones.

En el campo de batalla demuestra ser una comandante sumamente calculadora. Aunque prefiere atacar de frente en lugar de depender de tácticas demasiado enrevesadas, si cuenta con el asesoramiento estratégico de su fiel consejero, Hubert von Vestra, no titubea a la hora de utilizar las trampas y emboscadas diseñadas por él para minar primero la moral del enemigo, tan solo para destruirlo después con el poderío militar de los batallones adrestianos bajo su comando. Sin embargo, con sus súbditos y aliados muestra una cara mucho más compasiva, llegando a permitirles retirarse de una batalla perdida sin acusarles de ser desertores.

Huelga mencionar que a pesar de la imagen impecable que la heredera de los Hresvelg suele proyectar en presencia de los demás, a veces se permite el capricho de comportarse de una manera más relajada y casual que de costumbre, algo que llega a sorprender a quienes no la conocen lo suficiente.

Es diestra en el manejo de la lanza y la espada, si bien su especialidad es el hacha de guerra. Utiliza un estilo de combate tradicional de la Casa Hresvelg consistente en movimientos gráciles y rápidos, al que ha incorporado un amplio abanico de técnicas modernas para hacerlo más efectivo en combate. Por otro lado, tiene un talento innato para la magia que aún no ha sido explotado. Dado a que una parte importante del ejército de Adrestia está compuesta sobre todo por magos elementales, se la ha educado en la comprensión de los fundamentos básicos de las disciplinas animistas para la movilización de tropas y ejecución de estrategias. Por lo tanto, el valor de estos conocimientos sobre la magia es puramente estratégico para ella.

Historia del personaje
Cabría esperar que, siendo la Casa Hresvelg dueña y protectora del próspero Gran Ducado de Adrestia, la vida de sus miembros tendría de estar repleta de las más ostentosas comodidades. El dominio de la mayor parte de los territorios costeros de Valm era sin duda favorable para el comercio, al igual que la posesión de un poderoso ejército capaz de repeler bandidos y piratas brindaba la seguridad necesaria para que la plebe hiciese su vida en paz. La creciente riqueza del ducado y la ausencia de descontento entre el pueblo llano, principalmente debidas a la estabilidad política que proporcionaba la autoridad de la Casa Hresvelg, era sin lugar a dudas sinónimo de un futuro aún más prometedor.

Pero la naturaleza humana demuestra ser siempre inconformista, por lo que fue inevitable que empezasen a surgir anhelos de expansión territorial entre los ministros y los aristócratas más allegados al Gran Duque Ionius IX. Se hablaba de preparar una ambiciosa invasión para anexionar Santo Faerghus y la Alianza Leicester a Adrestia, principalmente con el objetivo de convertir el ducado del águila bicéfala en un reino en pleno derecho. Pero Ionius IX —que comulgaba con las enseñanzas de su antepasada: la santa Seiros— se oponía radicalmente a esos métodos de conquista tan violentos. Con la intención de evitar que los otros nobles se sublevasen, Ionius IX decidió impulsar una serie de medidas políticas para centralizar el poder de su ducado entorno a su figura. Su postura bastó para ganarse la enemistad de la mayoría de las casas nobles vasallas a su régimen, que tras ver mermada su influencia, empezaron a cuestionar su autoridad. La semilla de la discordia acababa de ser sembrada en el círculo de confianza del duque, pero éste no supo reparar en ella a tiempo.

Fue durante ese periodo de tiempo convulso, en el que las intrigas palaciegas estaban a la orden del día, en el que Edelgard von Hresvelg nació. Era la novena hija de los once que tendría el duque Ionius IX, y desde muy pequeña empezó a comprender que, a pesar de no ser la primogénita, el hecho de mantener un estatus tan privilegiado como el suyo implicaba tener que cumplir con unas obligaciones determinadas. Aprendió a ser responsable y exigente consigo misma fijándose en sus padres y en sus hermanos, aunque en secreto envidiaba la libertad que tenían los niños plebeyos a los que espiaba desde su balcón. Ellos no estaban atados a las formalidades de palacio, y podían correr y jugar todo lo que quisiesen sin temor a recibir una reprimenda por parte de una estricta institutriz.

Con cuatro años de edad, y tal y como dictaban las costumbres de los Hresvelg, su padre le asignó un joven vasallo de la Casa Vestra llamado Hubert para que la protegiese. Al principio Edelgard se sentía intimidada por el carácter taciturno de aquel otro niño, pero con el tiempo y una vez superadas las diferencias existentes entre ambos, Hubert von Vestra se terminó convirtiendo en su primer amigo.

Sin embargo, la tranquila y monótona vida de Edelgard cambió radicalmente cuando años más tarde, el fruto del rencor y de la ambición desmedida de las casas vasallas de los Hresvelg tomó forma de golpe de Estado. El primer ministro, con el apoyo de otros aristócratas que se oponían a las políticas centralistas del duque, arrebató a Ionius IX de casi todo su poder ante la mirada impotente de la plebe y del ejército, convirtiéndolo en una figura meramente representativa a la espera de un heredero digno. Los libros de historia posteriores darían a conocer este evento bajo el nombre de "La Insurrección de los Siete".

Ver a su padre convertido de la noche a la mañana en un títere del primer ministro fue algo que impactó mucho a la pequeña Edelgard, pero no tuvo tiempo para lamentarse antes de descubrir que, para organizar su gran revuelta, los traidores habían pactado con una poderosa secta valentiana de magos oscuros que adoraba a Duma. La moneda de cambio por la ayuda recibida resultó ser la vida de los vástagos del duque, que a partir de ese momento pasarían a ser propiedad del culto del dios dragón de la guerra. Fue así como Edelgard y sus hermanos fueron arrojados a las mazmorras del palacio de Enbarr, donde fueron sometidos a dolorosos experimentos durante meses. Cegados por una interpretación radical de las doctrinas religiosas de Duma, los cultistas anhelaban utilizar a su favor el lejano parentesco existente entre los Hresvelg y la santa Seiros. Querían crear una especie de profeta, mucho más fuerte física y espiritualmente que un ser humano normal y corriente, al que educarían bajo las enseñanzas de Duma para que en un futuro expandiese su religión mediante la conquista.

Así fue como Edelgard presenció horrorizada desde sus barrotes cómo sus hermanos, uno tras otro, quedaban tullidos, perdían la razón, o morían entre terribles estertores. Los magos oscuros que profanaban sus cuerpos con rituales ancestrales no mostraban compasión alguna, e iban descartándolos motivados por una fe tan inquebrantable que les impedía ver la verdadera naturaleza de sus acciones. Primero empezaron a trabajar con el hermano mayor, y cuando este dejó de poder mover las piernas y los brazos, pasaron a experimentar con el siguiente. Cuando le llegó el turno a una traumatizada Edelgard, la pequeña no hizo más que aceptar su terrible destino con resignación.

Para regocijo de sus verdugos, la novena hija del duque de Adrestia respondió positivamente a los experimentos. A cambio de que el color castaño de su cabello se tornase para siempre blanco como la nieve, desarrolló una afinidad especial para la magia, al igual que una fuerza ligeramente superior a la media.

Sin embargo, las vidas de sus hermanos no fueron las únicas destrozadas en el proceso. Con el beneplácito del primer ministro de Adrestia, hubo inocentes que perdieron la vida en manos de los cultistas sin saber el por qué. En estas circunstancias, y dado a que el rey Ionius IX no podía ayudar a sus hijos por no ser nada más que una marioneta, la madre y el tío de Edelgard, pertenecientes a la Casa Arundel, decidieron intervenir bruscamente. Irrumpiendo en las mazmorras del palacio, rescataron a la pequeña, y huyeron a Santo Faerghus procurando que el primer ministro y sus secuaces no pudiesen seguirles el rastro. Edelgard tenía nueve años, y no volvió a saberse nada de ella hasta que cumplió los doce y se presentó un buen día frente a las puertas del palacio de Enbarr. Los cultistas de Duma ya no estaban en la ciudad, y dado a que sus hermanos mayores supervivientes ya no estaban en condiciones de gobernar en un futuro, al primer ministro no le quedó más remedio que aceptar su retorno permitiéndole reclamar su posición como legítima heredera del ducado de Adrestia.

Para sorpresa de algunos, la personalidad de Edelgard parecía haber cambiado mucho con el tiempo. Solía hacer gala de una actitud reservada y muy madura para su edad, además de que no temía ser excesivamente crítica con los demás si estimaba que tenía que serlo. Ni el primer ministro ni los otros conspiradores temían que la joven adolescente estuviese maquinando alguna especie de venganza por todo lo ocurrido, principalmente porque la Casa Hresvelg, antaño admirada por la plebe, había perdido mucha credibilidad ante todos los habitantes del gran ducado. Las cosas eran tan diferentes ahora, que muchos se atrevían a cuestionar en voz alta la capacidad de gobernar de Ionius IX y su heredera. Pero a pesar de las circunstancias, Edelgard se limitó únicamente a guardar silencio y a retomar sus estudios con diligencia. Su rutina diaria ni siquiera se vio perturbada cuando, años más tarde, la súbita aparición de los emergidos sacudió al mundo entero. El ejército adrestiano estaba más que capacitado para hacer frente a la amenaza y proteger las fronteras, mientras que el consejo de ministros se reunía cada semana para establecer rutas de comercio seguras para que así la economía del ducado no se viese muy afectada.

Tras cumplir los diecisiete años, y siguiendo la vieja costumbre de la familia Hresvelg que la comprometía a asistir a la Academia de Oficiales de Garreg Mach, Edelgard puso rumbo al monasterio sin rechistar. Allí asumiría el papel de delegada de la clase de las Águilas Negras, conformada principalmente por alumnos del ducado de Adrestia. La mayoría de nuevos estudiantes veían el hecho de poder estudiar en el monasterio de Garreg Mach como todo un honor, pero los ojos de Edelgard solo eran capaces de considerar su nueva vida académica como un peldaño más de la larga escalera que algún día le permitiría hacer realidad sus ambiciones.

Extras
o Debido a los experimentos a los que fuese sometida de niña, posee unas aptitudes físicas por encima de la media a pesar de su complexión delgada, lo que le permite desenvolverse en el campo de batalla con bastante destreza.

o A menudo se despierta en mitad de la noche por culpa de terribles pesadillas en las que rememora el sufrimiento de sus hermanos. Para tratar de conciliar de nuevo el sueño, necesita dar largos paseos nocturnos en solitario.

o La persona en la que más confía es Hubert von Vestra. Se conocieron cuando él tenía aproximadamente seis años, y ella cuatro. Hubert no es solo su consejero, sino también su mano derecha.

o La clase en la que es delegada es conocida en el monasterio como la casa de las Águilas Negras. La mayoría de los alumnos pertenecen a la aristocracia y son hábiles con la magia.

o Entre sus intereses se encuentra la lectura. También le gusta explorar los alrededores por su cuenta, especialmente si el paisaje es llamativo.

o Le aterran los roedores, y la simple mención de que puede haber alguno merodeando por los alrededores basta para ponerla muy tensa.

o Su hogar es el palacio de Enbarr, una emblemática construcción colosal que destaca sobre los demás edificios de Adrestia.

o El escudo del ducado de Adrestia representa a un águila bicéfala dorada sobre un fondo de esmalte sanguíneo.

o Le gusta bailar. Nunca niega un baile a todo aquel se lo pida durante un banquete formal.

o Mide 158 cm y cumple años el vigesimosegundo día de la luna protectora.

o No sabe nadar, y le avergüenza reconocer que le asusta el mar.

o Adora debatir sobre historia y estrategia militar.

Prueba de rol
Nnng…. Arg… Pad…. Sálv… —murmuró Edelgard con voz tenue mientras se revolvía entre las sábanas de su lecho. Estaba teniendo un mal sueño. La misma pesadilla que llevaba acosándola cada noche desde los nueve años.

Podía ver a su hermano mayor inmóvil y abandonado en alguna oscura celda de las profundidades del palacio de Enbarr. También a su hermanita sollozando detrás de unos barrotes… Pero lo que de verdad la aterraba era la imagen de esas desgarbadas figuras que la acechaban desde las sombras.

Llevaban túnicas largas de color negro, y escondían sus rostros detrás de tétricas máscaras de cuero. De vez en cuando se acercaban a su celda y hacían tintinear los manojos de llaves de cobre que colgaban de sus cinturas. Cuando la cerradura chasqueaba y la puerta se abría finalmente con un chirrido agudo, sabía que no le quedaba más alternativa que incorporarse del frío y sucio suelo del calabozo para seguirles.

La conducirían como siempre a una sala destartalada que estaba acondicionada para ser una especie de laboratorio. Allí tenían muchas hierbas guardadas en botes de cristal, y viales que no tardarían en llenar con su sangre. Tan pronto como ella se tumbaba sobre el camastro, y las figuras enmascaradas la encadenaban al mueble con grilletes, Edelgard se despertaba súbitamente en mitad de la noche. Esa vez tampoco fue una excepción.

Jadeante y con la frente empapada de un sudor frío, la muchacha de cabello blanco tanteó la oscuridad en busca de una vela que encendió. La luz iluminó la amplia tienda de campaña en la que se encontraba. Sobre una mesa descansaban algunos volúmenes sobre estrategia militar que estimaba que le serían muy útiles una vez llegase al monasterio de Garreg Mach, al igual que en el suelo podían verse los baúles que contenían su equipaje cuidadosamente apilados. Una brillante hacha de plata con el símbolo de la santa Seiros yacía apoyada sobre un pilar de madera cerca de la entrada.

Edelgard esperó unos minutos, tratando de que su respiración recobrase un ritmo regular, antes de incorporarse y salir de la tienda sin nada más que su camisón. Siempre que tenía una pesadilla sentía la imperiosa necesidad de pasear. Quería despejarse sintiendo la brisa nocturna en la cara sin que nadie la molestara, así que evitando las patrullas de guardias adrestianos que la escoltarían hasta el monasterio, dejó que sus pies descalzos la condujeran hasta un claro apartado del bosque. Ya había estado en ese mismo sitio durante la tarde, pero el paisaje era mucho más espectacular con la luna llena alumbrando una montaña lejana, sobre todo si se tenía en cuenta que sobre ésta se hallaba erigido Garreg Mach.

Desde esa distancia podían distinguirse con claridad las torres puntiagudas del característico edificio, al que llegarían muy posiblemente al día siguiente. Edelgard frunció el ceño impaciente al recordar que algunos de los estudiantes que conformarían la clase de las Águilas Negras ya se encontraban instalados en el internado. Como futura delegada, era su responsabilidad haber llegado la primera para guiar y ayudar a los demás a familiarizarse con la academia, pero la comitiva adrestiana que la acompañaba enlentecía el viaje más de lo previsto.

Supongo que ya me encuentro algo mejor —murmuró al cabo de un rato tras reparar en que volvía a sentirse ella misma—. Debería regresar a mi tienda antes de que empiece a amanecer.

Y sin decir nada más, la joven de largo cabello blanco volvió a internarse en la espesura del bosque. El claro desde el que podía verse en la distancia el imponente monasterio de Garreg Mach pronto quedó en quietud, sin más ruido que el del viento meciendo la hierba y las ramas de los árboles.
Edelgard
Edelgard
Afiliación :
- VALM -

Clase :
Lord

Cargo :
Heredera a duquesa

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Hacha de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Hacha-1

Experiencia :
Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Jm5byz1

Gold :
129


Volver arriba Ir abajo

Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Empty Re: Maiden of Hresvelg — [Edelgard ID]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 26, 2019 12:44 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenida!
No olvides pasar por el Registro de Físicos para reclamar el personaje que ocupas oficialmente.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
espada de acero [5]
.
.
.
.

Support :
Marth Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Iwzg0SR
Lyndis Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] JEIjc1v
Nils Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] JEIjc1v
Izaya Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] JEIjc1v

Especialización :
Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Espada%202

Experiencia :
Maiden of Hresvelg —  [Edelgard ID] Iu4Yxy1

Gold :
799


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.