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[Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana]

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Mensaje por Narrador el Sáb Jul 27, 2019 8:28 pm

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[Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana] TeoDaqW

Advertía el diario de Kaltrina sobre los Fire Emblems: artefactos y armas de poder inmenso, inestables por ese mismo motivo, cuya aparición en la antigua gran guerra trajo la ruina. Es preciso resguardarlas del caos y evitar que la historia se repita.

La espada del fuego sagrado, la Espada de Sellos, descansa desde los mismísimos tiempo de La Batida entre los humanos y los dragones, en un pequeño altar cerrado, en una isla fuera de la costa de Lycia a la que la liga regularmente no permite viaje marítimo ni ningún tipo de acercamiento. Sin embargo, dadas las circunstancias actuales, se ha permitido a quienes claman desear sólo estudiar o proteger este místico artefacto acceder a aquella isla brumosa y de pequeño tamaño. No obstante, en esta hay señales de otros botes que han estado encallando furtivamente y fogatas de campamento recientes, que no pueden pertenecer a más que emergidos.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada. Comenzarán la misión entrando por el lado Este del mapa.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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[Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana] Empty Re: [Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana]

Mensaje por Mallory el Vie Ago 09, 2019 9:49 pm

El encargo de una misión desde la cabeza más importante -y sin ser exagerados- de su nación, a la que juro honrar y demostrar ser una digna Daeinita, ha puesto de momento patas para arriba la vida de Mallory. La premisa que traía consigo la misiva era interesante desde cualquier punto para alguien como ella, dispuesta a aprender de cada experiencia que tenga en frente. No obstante, la información seguía siendo apabullante considerando sus recientes inicios en casi todo lo que apuntaba: magia, historia, geografía, entre otras cosas que nunca creyó importarle demasiado como la orfebrería y los diversos procesos que puede tener una espada para ser forjada. Esto último no era algo que le cautivara de manera exagerada… ¡Pero existiendo espadas mágicas, la cosa cambiaba completamente! ¿Cómo podría aspirar a la excelencia de mago arcano si es que dejaba detrás algo tan importante como los procesos de ejecución de elementos tan curiosos? Por supuesto que el comprender como funcionaba no estaba en las prioridades de los objetivos de su misión –o de momento creía eso-, como el de encontrar dicho artefacto en sí. Si no, ¿Cómo podría saber más de eso si ni siquiera podía verlo? En todo caso, necesitaba tomar medidas para cualquier eventualidad.

La preparación es indispensable para poder encarar cualquier tarea de la forma más profesional posible. Su padre, al menos uno de ellos, solía repetirle que “la anticipación es la hermana del éxito”, a tal punto que era un lema que mas que en su memoria, casi lo tenía tallado en su piel.
Quizás no se notaba demasiado en su rostro los desvelos que tuvo leyendo sobre Lycia y los registros que se tenían de La Batida en Nevassa; ni las horas que pasó sentada para interiorizarse sobre armas y artefactos mágicos. Mucha de la información que había repasado durante los días anteriores a su viaje, terminaban evocando a historias de tiempos lejanos, sin un seguimiento posterior a las hazañas que hacían que tales cosas cobraran su fama. La mayoría de las cosas que se detallaban con un poder increíble en sus fuentes; quedaban plasmadas como una leyenda mas que como una certeza real de lo que pudo haber significado una victoria importante en los anales de la historia. Ahora en ese instante, la Espada de Sellos, terminaba siendo una de esas grandes incógnitas que por alguna razón, luego de haberse creado un nombre, desapareció sin dejar rastro. Al menos hasta ese tiempo.
Si las ordenes del Príncipe Pelleas la mandaban a un territorio tan lejano como lo era Lycia, confiaba ciegamente que tanto Él, como que el criterio de Judal, no habrían permitido que hicieran un viaje tan largo solo por una “vaga posibilidad” de hallar algo tan importante. Aun si ella no era precisamente uno del los estudiantes más importantes bajo sus órdenes.

Eso sí, de poco había valido tanta preparación, al menos física, antes de emprender su viaje. Tratar de verse descansada, o de no enfermarse y comer bien… Mallory ahora ya en su destino, sentía que todo esos cuidados se habían sido anulados con mas crueldad que una maldición sobre su cuerpo. ¡Los viajes en Wyvern si que maltrataban si no se estaba acostumbrado a ello! Sentía que necesitaba ponerse con urgencia un poco de ungüento en su nariz que había quedado roja por el viento helado de las alturas, siendo esa al menos su mayor prioridad de momento. Ni siquiera quería sentir que clase de nudos ya habrían quedado en su naturalmente alborotado cabello luego de eso. ¿Debería contemplar el cortárselo un poco para mayor comodidad a futuro…? ¡Ah, eso era un predicamento que lo podría resolver mucho mas luego, por supuesto! Ahora mismo estaba lidiando con la consternación que le significaba tener que subirse a un bote y ese vaivén que el agua producía. O al menos eso era lo que dictaban las indicaciones de la carta que sostenía en sus manos, no pudiendo evitar tener un pequeño temblor a pesar de que ella misma se consideraba tranquila. Pero los ojos de Mallory no dejaban de ver con algo de terror el agua que golpeaba tanto a aquel barco como la orilla que casi casi quería salpicar sus pies. Navegar era una linda experiencia, pero mientras mas pequeña la embarcación, mas sufría ese bamboleo que le daba un mareo inevitable. En perspectiva, el lomo del Wyvern ya no se veía tan rudo.

-Seguramente será un viaje rápido de todos modos…- Se dijo a si misma, tratando de inyectarse confianza. No podía permitirse ahogarse con algo tan pequeño, cuando el verdadero reto venia una vez encayado en la orilla de la isla a la que se dirigían. ¡Recien ahí podía permitirse estar algo nerviosa…! Aunque sin querer dar mayor peso a sus inseguridades, pronto retomo la muy importante ausencia de quienes debían viajar con ella. ¿Estaban ya los involucrados en ese lugar…? Mallory vio con algo de duda a su alrededor, considerando que incluso lo mejor sería intentar asomarse mas a la orilla, a buscar su capitán en lo posible.

-Ehem…- Aclaro su garganta en un comienzo, parándose firme para dar una apariencia mas experimentada y segura. -¿Hola….? – Llamo sin querer ser muy escandalosa, pero obviamente tratando de llamar la atención de quienes estuvieran a cargo del viaje. –Ah, mis modales…- Dijo por lo bajo, tratando de acercarse aun mas al bote al meterse a la orilla, manteniéndose seca a base de saltar con mucha precaución sobre piedras que se levantaban arriba del lecho. –Me llamo Mallory, y vine para hacer una expedición a pedido de una carta. ¡También busco al encargado de ella…! Pero, creo que si encuentro un compañero de viaje, estaría bien también.- Fue explicando, tratando de ver por dentro del bote. Al menos, solo para llevarse la novedad de que solo era un simple bote atado, sin nadie dentro.

-Aunque quizás debería bajar las expectativas…- Termino diciendo, contemplando el bote vacio, salvo por en apariencia, algunas cuerdas y otras cajas de modesto tamaño dispuestas en su interior. -¿Alguien…?- Volvió a preguntar al aire, esperando una mágica respuesta. Una que esperaba no llegara de sorpresa, o sino terminaría cayendo al agua.



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Mensaje por Narrador el Sáb Ago 24, 2019 10:49 am

[Pasado el plazo de respuesta de misión y a falta de contacto del user, el turno de Valkoinen es saltado.

Dada la falta de presencia apenas iniciada la misión, su puesto en esta queda liberado y en breve se permitirá la inscripción de otro personaje en reemplazo, de modo que la misión pueda comenzar con un equipo completo.]
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Mensaje por Hana el Jue Sep 05, 2019 7:13 am

La pequeña embarcación que la joven samurái pretendía utilizar para navegar rumbo a la isla de la Espada de Sellos, se tambaleaba ligeramente a merced de las olas que se rompían nada más alcanzar la costa. A pesar de que su madera estaba ya muy vieja, el bote parecía lo suficientemente robusto como para resistir las inclemencias del tiempo, por lo que el pescador del muelle no se había contentado con menos de diez monedas de oro antes de vendérselo. Un precio bastante elevado en realidad, pero que al que Hana accedió pagar por vergüenza y desconocimiento del arte del regateo. Al menos, la consolaba saber que ya lo tenía todo preparado y que el viento soplaba a su favor. Tan solo le faltaba dirigirse al cobertizo y conseguir un par de remos antes de emprender la expedición, y eso fue precisamente lo que hizo una vez dejó en el bote su equipaje: un par de katanas de bronce —una de ellas para que le sirviese de sustituta en caso de que se rompiese la otra— y una caja de bambú con provisiones compradas en Sindhu, la nación a la que había decidido jurar lealtad durante su exilio.

Aquella era la primera vez que Hana ponía el pie sobre las lejanas tierras de Elibe, tan distantes y diferentes del reino oriental de Hoshido como lo eran la noche y el día. No cabía la menor de duda de que la arquitectura de los edificios era mucho más parecida a la de Nohr, al igual que el peculiar estilo de vida de sus habitantes. Quizá en otras circunstancias más favorables, Hana habría aprovechado para mimetizarse y tratar de aprender de la cultura local. Sin embargo, la verdadera razón que la había motivado a abandonar su refugio para visitar esos territorios era una cuestión mucho más personal que todo eso. Las noticias y rumores sobre los emblemas de fuego y su relación con los emergidos habían empezado a extenderse por todos los rincones del mundo, por lo que tras descubrir la existencia de uno tan cerca del continente de Valentia, le había resultado imposible contener su curiosidad, y no partir de inmediato hacia los territorios de la Liga de Lycia con urgencia. Después de haber presenciado en su propio hogar lo que los emergidos eran capaces de hacer si no se les detenía, no cabía en ella mayor deseo que el de cobrarse su venganza. Quería hacerles pagar a esas repugnantes criaturas toda la sangre hoshidana que habían derramado sin miramientos, y si encontrar esa dichosa espada legendaria ayudaría a frenar su avance, estaría más que dispuesta a prestar sus servicios a cualquier bando con el que compartiese ese mismo objetivo en concreto.

El viaje había sido largo y pesado. Tres días y tres noches a bordo de un voluminoso barco mercantil, que sirvieron de precedente para casi una semana de viaje a pie bordeando la costa meridional de Lycia. Su procedencia extranjera había demostrado ser un lastre a la hora de superar los controles fronterizos de los principales marquesados de la liga, por lo que, para evitar problemas con las autoridades, la samurái había preferido adoptar un perfil bajo manteniéndose alejada de las poblaciones durante su viaje.

¡Ajá! ¡Así que aquí se escondían los remos! —exclamó Hana de repente al encontrar en el cobertizo lo que estaba buscando. El sitio estaba destartalado, con aparejos de pesca, cajas de madera y redes polvorientas tiradas por doquier. Juzgando el desorden, costaba creer que aquel que le había vendido el bote utilizaba ese almacén con frecuencia. Los remos estaban apoyados detrás de un armario que amenazaba con derrumbarse de un momento a otro, por lo que la joven tuvo mucho cuidado al hacerse con ellos y, tras cargarlos sobre su hombro, procuró salir del cobertizo lo antes posible. A decir verdad, tenía ganas de abandonar la costa. Le daba mala espina la atmósfera del lugar. Aparte del pescador que le había vendido el bote, no había visto a ningún otro ser humano merodeando por los alrededores. La mayoría debía de haber abandonado la zona al descubrirse actividad emergida en la isla próxima, o al menos eso era lo que la muchacha imaginaba. Fuera como fuese, lo cierto era que se respiraba un aire cargado de tensión e inquietud, que la acuciaba a regresar al bote para terminar lo que había venido hacer.

Sin embargo, el destino quiso que encontrara frente a su embarcación a una chica que parecía tener más o menos su misma edad. La desconocida, que aún no se había percatado de su presencia, parecía estar observando con sumo interés el interior de la robusta estructura de madera, lo que hizo que en un primer momento Hana desconfiase de sus intenciones confundiéndola con una ladrona. Pero al acercarse más ella y contemplar sus ademanes algo ingenuos e impropios de una maleante, se relajó optando por articular la primera pregunta que se le pasó por la cabeza.

Oye, ¿con quién estás hablando? —quiso saber antes de arrojar con brusquedad los remos sobre la cubierta del bote. Hana emitió un suspiro de alivio. Pesaban tanto que se alegraba de no tener que seguir cargando con ellos—. Este bote es mío y me temo que no está a la venta… si lo que quieres es comprarlo, claro.

Al decir esto, la samurái se cruzó de brazos a la espera de una respuesta por parte de la otra joven. No obstante, a pesar de declararse propietaria de una pequeña embarcación pesquera, sus ropas delataban que su verdadero oficio no tenía nada que ver con ello. A sabiendas de la posibilidad de enfrentarse a numerosas amenazas una vez pisada la isla de la Espada de Sellos, Hana se había preparado de antemano equipándose con su antiguo uniforme de guardia real. El conjunto de telas de patrones exóticos, así como la coraza blanca y dorada de cuero lacado, la distinguían como una guerrera procedente de un país lejano, y no como una pescadora a punto de irse a trabajar. La muchacha hoshidana alzó entonces la mano y señaló la isla que podía verse enfrente.

Si por el contrario no tienes miedo de los emergidos y buscas algún modo de llegar hasta ahí, ¡estás de suerte! Yo también me dirijo a la isla, así que puedes subirte al bote. ¡Zarparemos de inmediato!
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Mensaje por Shade el Mar Sep 17, 2019 12:56 pm

Elibe, Elibe, Elibe. ¿Por qué le gustaba tanto viajar a Elibe? Era una pregunta sencilla, a la par de complicada. Para ella, al menos. Pero bueno, en realidad lo que pasaba es que había más de una respuesta a esa pregunta. Para empezar, Elibe era tierra de muchas epopeyas tras su cultura e historia: era gracias a los Ocho Heroicos que se hubiese granjeado su fama y se plasmasen en centenares de libros de historia y cuentos. Ojalá haberlos tenido al alcance en su infancia. Sus maestros eran muy cerrados de mente y solo le facilitaban obras en las que destacase Anankos o, en su defecto, se vanagloriase a algún campeón o figura nohria importante. Lo cierto es que también hubiese sido complicado convencerles cuando, bueno… Los vencedores de La Batida serían famosos en Elibe, pero al fin y al cabo se trataban de asesinos de dragones. Y para la gran mayoría de acólitos de Akaneia, eso era una ofensa mayúscula.

La otra razón de que le gustase Elibe era que más allá de lo que se narrase acerca de La Batida, no habían acontecido conflictos bélicos (que no incumbiesen a los Emergidos) que siquiera se pareciesen a lo que vivían cada cierto tiempo en Akaneia, o incluso en Jugdral. Ventajas de que su figura religiosa cuasi totalitaria no fomentase la purga de infieles a toda costa. Quizás, si cualquier devoto de la Santa Elimine la sorprendiese usando sus dotes Arcanas, se llevaría a lo sumo una mirada de reproche muy severa. Pero nada más. También había que añadir que los practicantes de la comúnmente conocida por Magia Oscura no estaban tan centralizados allí. La gran mayoría preferían dedicarse a sus proyectos personales en solitario… o irse a la nueva nación fundada en las islas de Durban. ¿Qué pensaría el legendario bárbaro si supiese lo que habían hecho con su archipiélago a rebosar de clanes de guerreros?

Pero dejando a un lado aquellas divagaciones, había una razón de peso por la que se decidió a visitar Elibe una vez más.

No es por llevarte la contraria, mujer. Eso me es lo de menos. Pero lo que no entiendo es por qué quieres ir a esa maldita isla infestada de Emergidos.

Pues sí, a veces ni ella misma entendía sus propias motivaciones. Y a pesar de que aquel mercenario al que trataba de convencer por un transporte rápido tenía cierta razón, necesitaba llegar hasta esa isla y hacer su trabajo. Shade frunció el ceño en una mirada cansada, dejando caer sus manos sobre la cintura, y dijo:

Pregúntate esto, querido: ¿por qué un mercenario le da más valor a un puñado de monedas de oro que a su propia vida?

El hombre esbozó una mueca de desconcierto y se le quedó mirando, sin saber que responder a aquello. Por lo visto, Shade había topado con un grupo de espadas a sueldo que parecía tenerle más aprecio a su pellejo que a una sustanciosa paga. Difícil de creer, pero posible. Por desgracia, eso no le iba a facilitar las cosas para llegar a la isla en donde decían que se hallaba el Artefacto.

Bulo o no bulo, tenía que confirmar si de verdad existía. Y que de ser verídico… no iba a decir que tuviese que llegar a buenas manos porque eso era de ilusos, pero sí que no lo hiciese a aquellas que tachaba de problemáticas. Si lo que se contaba en los escritos acerca de esos Artefactos, esos… “Sellos Ígneos” era cierto, no convenía que naciones belicistas de otros continentes llegasen hasta allí y se apropiasen de este. Lo último que necesitaban era tener que darle la razón a la estúpida idealista de Kaltrina de Thabes, cuando fueron ella y sus delirios de “salvadora” de la humanidad los que les metieron en este lío desde un principio.

Como sea. Si tantas ganas tienes de poner un pie en esa isla del demonio, vas a tener que buscarte a otro…

Las escusas del mercenario fueron interrumpidas por una voz que provenía de la costa, a unos pocos metros de donde estaban. Shade enarcó una ceja y, como si de un estorbo se tratase, empujó con delicadeza al hombre hacia un lado y dirigió la mirada a la figura que se hallaba junto a aquel bote. Había oído las palabras “expedición” y “viaje” perfectamente. Pero no suficiente con ello, una segunda mujer llegó, dejando unos anchos remos sobre el bote. A esta, en cambio, sí que la llegó a escuchar del todo.

Los ojos de la informante se iluminaron cual centellas en un cielo tormentoso. Ya había encontrado su salvoconducto.

Con paso ágil, se aproximó hasta la pareja y esbozó una sonrisa interesada. Su dedo índice viajó hasta su labio inferior en cuanto las tuvo a un palmo.

Disculpad, pero por un casual no tendréis espacio para una tripulante más, ¿verdad? —les cuestionó a ambas, intercalando miradas—. Digamos que no he tenido mucha suerte dando con alguien que me pudiese acercar hasta esa isla. Hasta ahora. —Ensanchó aún más su sonrisa. Miró a la chica de pelo castaño, quien dijo ser propietaria de ese bote—. ¿Qué me dirías si os ofrezco una pizca de fuerza mágica extra para esos Emergidos?
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Mensaje por Mallory el Lun Sep 23, 2019 10:03 pm

Una gran habilidad de Mallory cuando niña, era la de poder saltar charcos. Las competencias improvisadas que montaba con sus hermanos  pequeños, eran dignas de admirarse desde un imaginario palco, donde las multitudes podrían vitorear la agilidad que poseían los pequeños para evitar las salpicaduras, y por supuesto, la de no embarrarse los zapatos. Pero nunca ganaban en velocidad a Mallory, que con saltitos cortos pero rápidos, terminaba alcanzando la seguridad de suelo seco en un segundo. Algo seguramente de esos entrenamientos camuflados como juegos, fue lo que le sirvió a Mallory para que, sorprendida por una voz y esos remos que hicieron bambolear al bote, pudiera dar marcha atrás sobre las rocas que uso para acercarse, antes de tocar la seguridad de la orilla. Aun tambaleándose, busco recuperar su integridad lo mas veloz posible, mientras contemplaba un poco curiosa a la persona que reclamo el bote como suyo. Era necesario disimular un poco el pánico que aquel momento le había dado, por una causa mayor.

-¡Ah…!- Suspiro, tratando de hallar mejores palabras que decir. Mas la oferta que le hizo la muchacha, realmente cayó como un rayo de luz del cielo, por más que el día no estuviera excesivamente soleado. Cualquiera fuera la forma, le devolvió la sonrisa y el humor a Mallory. -¡Realmente…. Era lo que estaba buscando…!- Exclamo con ánimo, antes de hacer una pequeña reverencia a quien fuera su compañera de expedición. -¡Soy Mallory, mucho gusto! ¡Pongo a tu servicio mis conocimientos mágicos para la misión!-  Se presento enseguida, antes de quedar atontada por unos segundos, pensando que iba a explicar, o mejor dicho, preguntar. –Disculpa, Pero… ¿Tienes alguna tarea en especial que hacer sobre la Isla…? He venido de bastante lejos para investigar sobre la posible presencia de una espada en ese lugar.- Trato de ser lo más discreta posible, aunque seguramente terminaría revelando toda la información que dispusiera en el momento. No quería verse nerviosa, ni tampoco urgida. Aunque su mirada sobre la jovencita en frente suyo, podía asumir que al igual que ella, venia de bastante lejos. La espada que portaba, no era precisamente una que estuviera remotamente acostumbrada a verla. ¡Por el contrario, se le hacía difícil no poder verla demasiado! Se exalto, dándose cuenta que quizás sus ojos estaban demasiado concentrados en su uniforme.

-¡Oh, lo lamento…!- Se disculpo de inmediato. –Tampoco quise cuestionar tu viaje hasta este lugar, pero tienes una armadura diferente a las que suelo ver en Daien.- Se excusó levemente apenada. Al menos antes de que una segunda aparición le hiciera voltear con curiosidad.

La mujer que apareció dejo muda a Mallory, aunque no precisamente de un mal modo. ¡Entre tantas cosas que no había visto aun en su vida, una mujer tan alta era una de ellas! Con derroche de carisma, no dudo en introducirse. En apariencia, parte de la conversación había sido oída, y aunque algunos que pudieran ser mas prejuiciosos sobre que tan “bien“ estaba meter narices –o mejor dicho oídos- en charlas ajenas; particularmente encontró la situación muy bienvenida. Al menos de su lado, pues no era ella quien precisamente decidía quien zarpaba y quién no. Voltearía inmediatamente hacia la que, de momento, comandaba la expedición: la señorita de hermosa armadura. –¡Creo que realmente estaría bien tener a alguien más con nosotras!- Abogó por la mujer.  –Es decir… Si realmente hay muchos Emergidos, seguramente necesitaremos ayudarnos todo lo posible.- Dijo, un poco más tímida al respecto. ¿Estaba haciendo mal en apoyar la idea? Se recluiría por el momento, esperando la afirmación de su pequeño e improvisado grupo de expedición. Si es que debían de aparecerse otras personas según su carta, lamentaba por ellos si la esperaban. Ella ya zarpaba.




═════ ❀∘❀∘❀∘═════



-¡Perdón…! Estoy algo nerviosa…! Creo que las aguas profundas me ponen así… Las aguas profundas y algo movidas…- Se disculparía Mallory ante la recientemente descubierta inutilidad de su parte para poder remar. ¿Cómo un movimiento tan automático se le hacía tan difícil…? Sus brazos a pesar de que normalmente no tendrían problema de cargar algo pesado para su cuerpo, se entumecían al momento de girar los remos para empujar aquel botecito tan tierno, que parecía querer romperse a cada choque de alguna ola burlona hacia contra su estribor. Casi sentía que le dolían las manos con la fuerza que apretaba el remo, buscando copiar el ritmo necesario para que su avance fuera rápido.

La isla en teoría, no parecía verse ya muy lejos desde donde estaban, a diferencia de la orilla de donde se encontraron en un primer lugar. Aquel lugar seguro, se  despedía disimuladamente en el horizonte, acompañado de una brisa ligeramente fría. Las pequeñas gotas que salpicaban desde el lago al bote, también hacían lo suyo. Mallory no quería pensar mucho sobre el asunto, considerando que en sus pensamientos, mantenía la sospecha de que en realidad habían logrado llegar hasta donde estaban por mera suerte. Y por supuesto, esperaba que esa suerte siguiera acompañándolas apenas sintió como las primeras piedras de la orilla raspaban con un sonido preocupante la base del mismo. No solo le preocupaba eso, sino lo que les esperaba cuando tuvieran sus pies colocados nuevamente sobre tierra firme.
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Mensaje por Hana el Miér Oct 09, 2019 5:23 pm

Como antigua vasalla de la princesa Sakura de Hoshido, Hana estaba acostumbrada a tratar con todo tipo de gente. Centenares de emisarios de los feudos aledaños solían acudir a diario al palacio Shirasagi para recibir audiencias con la reina Mikoto, por lo que era inevitable que, con el tiempo, una empezase a descubrir que las palabras no siempre eran sinceras, y que en ocasiones los lobos se disfrazaban de corderos. Proteger a la familia real a diario conllevaba desarrollar una especie de sexto sentido especial para las personas; un sexto sentido que permitía intuir la verdadera naturaleza subyacente con tan solo prestar atención a los ademanes y la presencia de los demás. A pesar de que tamaña habilidad —producto de tantos años de experiencia sirviendo a los descendientes del Dragón del Alba—, no era infalible, Hana solía jactarse de saber juzgar a las personas mucho mejor que cierto auriga celeste empeñado en demostrar su perfección. Por ese motivo, supo casi de inmediato que la joven que tantas ganas parecía tener de llegar a la otra isla no tenía malas intenciones. Podía verlo en la ingenuidad de sus gestos, en la manera en la que su rostro se iluminaba tras escuchar que podía subirse al bote, y también en la educación con la que pronunciaba sus palabras. Parecía tratarse de una muchacha bastante tímida, así que, restando el pequeño susto de los remos arrojados a la embarcación con brusquedad, la samurái decidió mostrarse comprensiva.

¡Venga, sube! —insistió con una sonrisa benévola en cuanto la otra chica confirmó que deseaba atravesar el mar para llegar a la isla de la Espada de Sellos. Por su parte, Hana ya se encontraba dentro de la embarcación, apartando sus cosas para hacer hueco a la desconocida que no tardó en presentarse como Mallory. Un nombre bastante peculiar desde el punto de vista de la muchacha hoshidana, pero no quiso decir nada al respecto por educación.

Yo soy Kazahana, pero puedes llamarme simplemente Hana. ¡Un placer! —dijo mientras le ofrecía una mano como punto de apoyo para que se subiese. La mar no estaba picada, pero aun así el oleaje hacía que el pequeño bote se tambalease de vez en cuando. Con Nohr bloqueando toda ruta de comercio por tierra con las demás naciones akaneas, Hoshido era un reino que había aprendido a depender en gran medida de la pesca para sobrevivir, por lo que muchos de sus ciudadanos estaban acostumbrados a viajar atravesando el océano. No parecía ser el caso de Mallory, quien parecía desconfiar de la idea de abandonar la seguridad que proporcionaba estar en tierra firme. Fue en ese momento cuando ésta le interrogó sobre sus razones para visitar la isla que las aguardaba en la distancia.

Hum… lo cierto es que yo también he oído que hay una espada legendaria escondida ahí dentro. Quiero comprobar si el rumor es cierto, y no me quejaré si de paso puedo servir en bandeja de plata la cabeza de dos o tres emergidos…

A pesar de que su tono de voz sonó desenfadado, si una prestaba la atención suficiente, sería capaz de entrever cierto ápice de rabia en sus palabras. Hana sabía que el código del guerrero la obligaba a mantener siempre una mente tan tranquila como un mar en calma, pero no podía evitar que en ocasiones sus emociones la desbordasen. Sobre todo cuando éstas involucraban el recuerdo de la fatídica caída de Hoshido por culpa de los emergidos. Cualquiera que hubiese presenciado lo que ella sentiría lo mismo. La repentina disculpa de Mallory, no obstante, la sacó de su ensimismamiento. La otra joven pedía perdón por entrometerse, alegando que le llamaba la atención la armadura oriental que llevaba. Hana parpadeó dos veces antes de mirar su coraza de colores blancos y dorados, y emitir una carcajada amable. Llevaba tanto tiempo viviendo como exiliada entre los ciudadanos Sindhu, que en ocasiones se olvidaba de que su forma de vestir era exótica a ojos de aquellos que no conocían la cultura de Akaneia.

No es una armadura exactamente, sino más bien algo así como una coraza ligera… supongo. En todo caso, lo que importa es que todos los guardias reales de Hoshido solíamos llevar una como esta —dijo a sabiendas de que estaba revelando una información bastante delicada. Sin embargo, Hana era optimista por naturaleza. Apenas acababa de conocer a su nueva compañera de viaje, pero había algo que la hacía confiar en ella. Todo lo contrario de lo que sintió al escuchar la voz taciturna de una mujer que, acercándose a la embarcación con una sonrisa que a la samurái se le antojó enigmática, irrumpió en la escena. No se presentó con su nombre, pero reveló que también tenía interés de subirse al bote para acercarse a la isla de la espada legendaria.

A priori no parecía mala gente, pero había algo en ella que a Hana le inquietaba y no sabía señalar el por qué. ¡Además vestía de una forma muy rara! Mallory fue la primera en contestar, alegando que le parecía buena idea contar con la compañía de la recién llegada. Tras meditar su decisión durante unos pocos segundos, la muchacha hoshidana decidió que coincidía con el argumento, y así se lo hizo saber a la mujer que aguardaba una respuesta en la orilla.

Eres una augur, ¿no? —inquirió utilizado el término con el que en Hoshido se referían a los magos. Los augures solían estar rodeados de un aura bastante extraña que le recordaba a la de aquella desconocida, por lo que supuso que sus sospechas podrían estar quizá infundadas.

Bueno, si estás dispuesta ayudar, no veo por qué rechazar tu propuesta. ¡Bienvenida a bordo! ¡Yo soy Hana, y ella Mallory!

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Casi había transcurrido una hora tras zarpar desde la orilla en dirección a la misteriosa isla que se alzaba por encima de las olas del mar. Hana pensó que sería buena idea turnarse para remar, y aunque en ese momento le tocaba a Mallory tirar de los remos, se notaba a la legua que tenía dificultades para mantener la pequeña embarcación en movimiento. Preocupada, procedió a arrebatárselos de las manos para que dejase de hacerse daño.

Mallory, deja que yo me ocupe de esto —le dijo con una sonrisa. La musculatura de sus brazos, acostumbrada a blandir sus pesadas katanas, le permitiría mover los remos con mucha más facilidad. Además de que el esfuerzo físico le serviría de calentamiento antes de desembarcar.

No tardaron mucho más en llegar a la orilla de la isla. Sin decir nada en especial, Hana saltó a tierra firme con sus dos katanas sujetas a su obi. Esperaba que sus dos compañeras de viaje actuasen con la misma cautela, ya que después de todo, si los rumores eran ciertos debían de encontrarse en territorio enemigo. Era mejor no hacer ruido para evitar alertar a los emergidos.
Hana
Hana
Afiliación :
- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Guardia Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Espada de bronce [2]
Espada de madera [1]
Katana de bronce [3]
vulnerary [1]
Katana de bronce [3]

Support :
None.

Especialización :
[Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana] Espada%201

Experiencia :
[Misión] Espada de Sellos [Valkoinen, Mallory, Hana] XyoARbx

Gold :
1267


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