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[Campaña de conquista] Truenos y wyverns [Priv. Morgan]

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Mensaje por Nikola Tesla el Vie Jul 19, 2019 8:03 am

Había vuelto a pasar. Otra vez, había tomado un barco que le dejaba en un sitio totalmente desconocido para él y muy lejos de su misión. ¿Cómo se podía tener tan mala suerte con los barcos? O mejor dicho, ¿por qué a él siempre le mandaban de mensajero cuando su función estaba en el propio ejército? Empezaba a sospechar que no le querían por el cuartel y eso que cada vez era menos frecuente que electrocutase a la gente sin querer...

"Por lo menos, esta vez me pagaron el viaje" pensó en un intento por mantenerse positivo y se preparó para desembarcar cuando así lo anunció el capitán del navío. Fue hacia la bodega, donde le esperaba el caballo que debía entregar en Jehanna, pero que por culpa de una terrible tormenta el barco tuvo que desviarse y hacer una parada forzosa en Begnion.

Parece que nuestro tiempo juntos se alarga un poco más, Copo de Nieve Cuarto Quinto Primero Segundo— le comentó al caballo de extraño rostro mientras caminaban por el puerto. La opción más sencilla era preguntar por otro barco que fuese hacia Magvel, pero eso ya se salía de su presupuesto. ¿Y si buscaba algún trabajo para ganarse el gold? sonaba más convincente que el colarse en un barco mercante y rezar para que llegase al destino que quería.

Se adentró en el puerto, sumido en sus pensamientos y con Copo de Nieve detrás, siguiéndole como si fuese un perro muy grande. No le gustaban los caballos y estaba convencido de que ese sentimiento era mutuo, por lo que se negaba a intentar montarlo, a pesar de que el animal llevaba puestas las bridas y la silla. Tal vez, si hubiese desembarcado en una tierra más "normal" la gente se preguntaría qué hacía un soldado de Thracia paseando un caballo con el escudo de Regna Ferox grabado en el sudadero. Pero en aquel lugar todo el mundo lucía sospechoso y aunque no había un silencio absoluto, se percibía cierta tensión.

Tesla apretó el paso, sintiéndose muy incómodo en ese puerto e incluso se atrevió a agarrar de las riendas a Copo de Nieve para que avanzase más rápido. Tiró del animal hasta que salieron del puerto y se adentraron en un paisaje desolador, resultado de las múltiples batallas que ocurrían en el país. De hecho, el viento arrastraba el rumor del sonido del metal contra el metal y los inconfundibles sonidos de un wyvern. Colina abajo, se estaba desarrollando una batalla.

Parece que ahí se están pegando con alguien — se detuvo en el sitio y guiñó los ojos para intentar cotillear, desde lejos, qué estaba ocurriendo. No pudo distinguir más que figuras de gente moviéndose de un lado a otro, como si fuesen hormiguitas, pero supuso que se trataba de un pequeño ejército luchando contra emergidos. ¿Qué si no? Esos seres eran una auténtica plaga. —Esperemos a que se calme un poco antes de seguir.

Lo que menos le apetecía ahora era meterse en una lucha que no le concernía y aunque podía pedir una recompensa por los emergidos que derrotase, le daba cierto respeto lanzarse de cabeza al campo de batalla. Sin embargo, Copo de Nieve tenía un gran sentido del deber y no estaba dispuesto a quedarse a un lado. Con el cuello estirado en un gesto arrogante relinchó y golpeó el suelo con una de sus patas, levantando arena y polvo para llamar la atención. Al ver que no fue suficiente, empujó al mago con el hocico hasta hacerle caer y mordió la capucha de su capa, le alzó y echó a correr hacia la zona de la batalla.

¡¿Pero qué haces?! ¡Para! ¡¿Nos quieres matar?! — gritó aterrorizado, tratando de liberarse del agarre del caballo. ¿Por qué esas criaturas eran tan altas? —¡Detente! ¡Copo de Nieve! ¡Jamelgo feo e inútil! — ante estas palabras, el corcel aceleró el paso y cuando estaban ya casi bajando por la pequeña colina, Tesla se puso tan nervioso que liberó una descarga. La electricidad encerrada en su cuerpo iluminó la marca en forma de relámpago de su cabello, como si fuese una advertencia antes de que un montón de chispas saltasen. El sonido fue similar al retumbar de un trueno, el cual fue en parte ensordecido por el rugir de un wyvern que estaba bastante cerca.

La descarga sacudió al caballo y a su supuesto jinete y tras dar un par de brincos, el animal se derrumbó en el suelo, paralizado y Tesla rodó sorteando lo que quedaba de colina, completamente chamuscado, hasta casi los pies del wyvern que había oído rugir. No había caído justo en el centro del campo de batalla, pero terminar a los pies de un wyvern que parecía estar apartado del resto del ejército... no parecía muy seguro.
Afiliación :
- THRACIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Soldado

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Tomo de Trueno [2]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Truenos y wyverns [Priv. Morgan] Tomo-1

Experiencia :
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Gold :
872


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Mensaje por Morgan el Dom Ago 11, 2019 1:19 am

Estaba lejos de su tierra natal y a la vez exactamente en casa. Ciertas circunstancias la habían sacado semi-permanentemente de Plegia, cuanto menos para volar su trasero y el de su hermano en wyvern hasta donde sabía que estarían a salvo de la caída, pero su vida consistía ya por aquellos años en pasar más tiempo lejos que cerca de todos modos. Podría argumentarse, desde luego, que el conocimiento de que no podría simplemente regresar al hogar de su padre cuando lo quisiera debía significar una cierta diferencia, y quizás lo hiciera, si acaso Morgan se pusiera a pensarlo detenidamente, cosa que no hacía. En esos tres años de guerra había estado yendo de lugar en lugar, estudiando de los emergidos sus formas de estrategia militar nada desdeñables, tomando experiencia en combatirlos, aprendiendo, recogiendo libros y técnicas y chucherías en los lugares que visitaba y, en general, sacando provecho y hasta disfrute de las circunstancias. La situación actual en Begnion no era más que seguir en sus andadas. Una ronda nueva de desafíos para su (según ella misma) intelecto y talento incomparables, aliados y enemigos nuevos con los que trabajar y practicar sus formaciones e ideas, posibilidades nuevas de fortalecerse en un sitio en que había soldados experimentados, otras batallas que pelear y ganar para satisfacer su competitividad. Sólo era una buena guerra más. Tenía una espada en la mano y con todo, bastante en casa se sentía.

Además, limpiar Begnion de emergidos junto al ejército daeinita sería pan comido. Le gustaba la forma en que las tropas conquistadoras se movían, ni hablar de la fuerza de combate de cada unidad; tenía también la impresión de que emergidos más fuertes aparecían en las grandes potencias caídas, como era el caso de ese país, así que mejor que mejor. Sólo tenía que cuidar no caer atrás ella misma. Cosa que dudaba le sucediese, dado lo avanzada que se sentía como estratega de guerra y el hecho de que hasta comenzaba a expandir sus horizontes en dominar doctrinas distintas, teniendo consigo su wyvern relativamente nuevo. Esa misioncita de proteger los exteriores de un puerto en uso no habría de hacerla sudar.

En pensar eso, erraba. Erraba amargamente. En primer lugar, les había tocado una pelea que se complicaba; habían estado pudiendo perfectamente bien contra los emergidos que les llegaban, pero habían seguido apareciendo y apareciendo al punto de parecer interminables, y el grupo estaba agotándose. Cuidaban no perder formación, no recaer en hacer las cosas mal, pero hasta Morgan tenía los brazos cansados y los reflejos entorpecidos ya. En segundo lugar, el maldito wyvern sin adiestrar, que respondía a los golpes directos de su nueva dueña pero seguía pasándose de agresivo cada vez que podía, se había agitado de sobra e intentado ir a por un aliado. Tuvo que dejarlo atrás, algunos metros separado de todos los demás, gruñendo a todo y lanzando mordiscos a cualquier cosa que se acercara ahí a espaldas de Morgan. Luego, por tercer punto, estaba la aparición del hombre que caía rodando de la colina.

No era un emergido más del que preocuparse; eso, Morgan pudo identificarlo en no más que una mirada pasajera, la vista ya adiestrada para ello. El problema era que había ido a parar a ningún lugar mejor que cerca de su wyvern. Peligraba. Los instintos heroicos jamás habían sido muy prominentes en Morgan, pero bien podía tratarse de malhadados refuerzos para su lado del combate y lo cierto era que, viendo a su wyvern extender las alas exaltado y gruñir con fuerza a la nueva aparición, no podía evitar que sus pies se movieran por ella. Cansada, sudada, ni siquiera con su chaqueta de estratega puesta ya y la ropa debajo poco arreglada, se apresuró igualmente hasta la criatura, agarrándole las riendas y dando un tirón hacia sí. - ¡DEJA! ¡DEJA AHÍ, WYVERN! ¡VEN ACÁ! - Le gritó; ni siquiera nombre le había dado.

Aquella distracción resultó su próxima errata. No notó al emergido que había corrido justo tras ella sino que hasta que la blandida de un hacha la atrapó, el movimiento de costado poniendo el filo en su estómago y empujándole el cuerpo entero. Bajita y relativamente liviana, fue llevada por el impulso, cayendo de costado fácilmente un metro más allá. Ni siquiera había llegado a gritar, el impacto le había cerrado la voz, se lo había quitado de la garganta. Tan sólo emitió un quejido mezclado con un gruñido de frustración al girarse en el suelo, demasiado dolorida como para alzarse rápido. Y aún cuando consiguió alzarse sobre una rodilla, no cesaba de sujetarse el estómago sangrante, su mano apretando con verdadera fuerza el área resbaladiza por la sangre espesa que emanaba, habiendo sufrido y visto más que suficiente combate como para temer lo que pudiera ocurrirle a su cuerpo si dejaba aquel tajo abrir. La mano libre tanteó el suelo en busca de alguna de sus medicinas. Si pudiera continuar combatiendo de inmediato lo habría hecho, pero no era posible. Sólo necesitaba unos segundos para remediar su situación primero, la adrenalina y la frustración bloqueando buena parte del dolor y cualquier otra impresión. En una pelea real, unos segundos eran mucho.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Grandmaster | Wyvern Rider

Cargo :
Estratega | Figura Sagrada (religión de Grima)

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Espada de plata [1]
Concoction [3]
Levin Sword [3]
Siegfried [4]
Espada de acero [3]
Llave maestra [1]

Support :
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Especialización :
[Campaña de conquista] Truenos y wyverns [Priv. Morgan] Espada-4[Campaña de conquista] Truenos y wyverns [Priv. Morgan] Hacha-1

Experiencia :
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Mensaje por Nikola Tesla el Mar Sep 03, 2019 8:14 am

Estaba tan cerca del wyvern que no sólo pudo oír su feroz rugido, sino que también lo sintió. El suelo parecía estremecerse y pequeñas piedrecillas se tambalearon por la vibración del terreno. Confundido, el mago sólo pudo alzar la cabeza y ver unas temibles fauces que casi se ciernen sobre él, como si fuese una trampa para osos. Por fortuna, el tirón en las riendas del animal hizo que moviese la cabeza y sólo apresase el aire. Tesla se había quedado paralizado del susto y casi pudo ver su vida desfilando en imágenes frente a él, hasta que el movimiento del hacha que portaba el emergido le sacó de aquel trance.

Quiso avisar a su salvadora, pero para cuando alzó la mano y fue a pronunciar las palabras de alerta, el hacha ya había hecho su función y había impulsado a la chica lejos. El sentimiento de culpa fue mucho más intenso que el de peligro y aunque se cubrió la cara con los brazos, pensando que sería el próximo blanco del hacha, desvió la mirada hacia donde estaba la dueña del wyvern, con preocupación.

Sin embargo, la presencia del wyvern que tenía a la espalda fue lo suficiente intimidante como para que el enemigo cambiase el objetivo y fuese a por la chica que había atacado previamente, tomando ventaja de aquella situación. Le había regalado un tiempo precioso al mago y estaba dispuesto a utilizarlo en su favor. Echó a correr, aprovechando que el emergido se movía más lento por el peso del arma y pudo acercarse a la joven antes que el luchador. Las ideas corrían a toda velocidad en su desordenada cabeza y al principio pensó que levantar a la chica y apartarla de la trayectoria del emergido era la mejor opción, pero cambió de idea cuando la vio revolverse y buscar algo. Quizás la fastidiaba si la movía del lugar, además de que podía abrir sin querer más la herida.

No le quedaba otra que hacer de muro y darle el tiempo que necesitaba a su inesperada aliada. No tenía armadura, ni armas, tan sólo el tomo de magia que guardaba en su bolsa de viaje. No le daba tiempo a abrirlo, buscar un hechizo y lanzarlo al tipo del hacha, además de que ya estaba demasiado cerca, pero tenía un as bajo la manga. No en vano todos esos años había aprendido a convivir con esa energía que se había instalado en su cuerpo sin permiso. —¡Venga! ¡Ven aquí! — exclamó para parecer más genial, a pesar de estar muerto de miedo.

El emergido volvió a descargar el hacha, trazando nuevamente un arco en diagonal, pero Tesla agarró el arma con las dos manos. Sintió como el filo se clavaba en sus palmas y guiñó los ojos por el dolor, pero siguió adelante con su plan y tras asegurarse de que el hacha estaba inmovilizada, liberó las chispas eléctricas que ya estaban ansiosas por salir. Ráfagas de luz amarilla serpenteantes recorrieron el filo del arma. La electricidad adoraba el metal y cuando ya no le quedó superficie, las chispas saltaron a las manos del emergido, recorriendo su cuerpo y haciendo que soltase el arma, retrocediese en convulsiones y tropezase con sus propios pies.

El efecto no duraría mucho, al fin y al cabo no era un hechizo tal cual, sólo un calambre muy fuerte, pero al menos había conseguido desarmar al enemigo. Sostuvo el hacha por el mango de madera y con dificultad, arrastró el arma para asegurarse de que su dueño no la recuperaba. Giró la cabeza hacia la joven y sonrió con torpeza. —¿E-estás bien? Lo siento, te distraje y... — ahora que estaba más cerca y el peligro ligeramente controlado, pudo fijarse en aquella chica y comprobar que era muy bonita, a pesar de verse cansada —...te golpearon por mi culpa — terminó de decir, con las mejillas ligeramente encendidas.

Se hizo a un lado, aún arrastrando el hacha con las dos manos y miró a su alrededor. No había tiempo para charlas ni presentaciones, pero ya que se había metido en aquella batalla sin querer, echaría una mano. Los refuerzos siempre eran bienvenidos y contaban con la presencia del mejor mago de Thracia, o eso pensaba él.
Afiliación :
- THRACIA -

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Mage

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