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[Social] Mermelada mañana y ayer... pero nunca hoy. [Privado]

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Mensaje por Mallory el Mar Jul 16, 2019 9:39 pm

Su asentamiento en Nevassa ha resultado exitoso, tras un arduo viaje donde se demostró tener mas resistencia en sus pies de lo que una hubiera imaginado alguna vez. Acomodándose ahora en aquella ciudad, donde por lógica, debe de empezar a verla como un segundo hogar, termina sintiendo inevitablemente que algo le falta. Mallory no logra evitar extrañar todo aquello que conoció durante su vida, en una granja demasiado alejada de cruzadas nobles y tomos sobre Grima. ¡Era tan grande el añoro con el que despertaba, a tan solo días de distancia de una nueva vida por delante!

Aun así, debía ser optimista y mantenerse feliz de los avances, lentos pero firmes que venía demostrando. ¿No era aparte la educación un proceso largo y técnico? La joven apostaba de que mantener el ritmo que tenia, mas la correcta orientación sobre la información con la que procuraba nutrirse, estaría alcanzando los resultados que planeaba. ¡No eran expectativas alevosas en ningún sentido! Sino lo que pensaba básico para considerarse, y que la consideraran una maga oscura. Ya el verdadero esfuerzo, vendría apenas sucediera eso; su apellido no era digno de solo compadecer con un nivel "básico" si deseaba ser reconocida por el mundo como una Blacktall.

Pero el caso es que esa mañana, quizás más que nunca hasta ese día, había amanecido como una Berger. Una muchacha responsable que se despierta muy temprano y que desea de manera determinada el poder desayunar con mermelada unas pequeñas rodajas de pan. ¡Leche era otro pequeño lujo hogareño que extrañaba! Pero con la mermelada se daba más que satisfecha, al menos entre los objetivos matutinos que tenía en frente. El otro, no menos importante, era dominar otro hechizo base del grimorio mas básico en sus lecturas. Sabia en el fondo que tenía poco tiempo para que ese libro sea su "poema" favorito, pues la paz de Daeien no eximia a sus soldados ni sus jinetes ni a sus estudiantes de arcanas el no involucrarse en campañas. Aun no conocía esa guerra, pero las advertencias de sus mayores le instigaban a mejorar rápido, si es que tanto amaba estar viva.

Por eso es que ahora estaba caminando cuesta debajo de la zona privilegiada de Nevassa, alejándose paulativamente de la torre y de los ambientes que le eran mas familiares. Según habían sugerido uno de sus colegas estudiantes –ignorando un poco la malicia con la que se hizo tal cosa-, le habían indicado que podría comprar mermelada a un buen precio y de excelente sabor allí donde los callejones empezaban a intercalarse con fuerza entre las casas estrechas y los rostros menos amigables, entrando a la ciudad. ¡Realmente no era un problema el que estuviera unos cuantos minutos lejos! Aunque si temía en el fondo tener que perderse y volver tarde y sin mermelada. ¿Qué podría realmente ser la peor tragedia con la que pudiera encontrarse en tan pequeña travesía? ¡Ah, obviamente llevaba consigo uno de los libros que debía de estudiar! Con mucha suerte, entre lo que iba caminando buscando esa tienda, y releía los versos, algo de todo ello podría quedar de manera fija hasta su desayuno. Aprovechar cada segundo era importante en sus planes, y la tranquilidad de sentir que estaba utilizando bien sus tiempos eran la razón de su sonrisa ese día. Al menos hasta que un gesto de sorpresa la borro tras un llamado extraño.

-Psss… ¡Señorita, la de ojitos brillantes!- Dijo una voz que la hizo voltear por curiosidad mas que por adjudicarse personalmente algo tan halagador como el tener “ojos brillantes”, que de todos modos, no pensaba tuviera esa clase de mirada. No obstante, el llamado insistente se intensifico, como un susurro viperino que crecía paulatinamente anunciando un peligro que de momento, Mallory no reconocía. -¡Si si, usted, la que lleva ese libro!- Fue mas especifico en su descripción, logrando que la joven ahora si se detuviera, volteando a sus lados en busca de aquel clamor desconcertante. -¡Eres una estudiante de la torre de Daien, verdad! Ah, no se me escapa nada a mí. Justamente tengo algo aquí que podría servirte, una oferta única en su tipo. Algo que, si eres inteligente, y lo asumo por ese libro que llevas, no puedes dejar pasar, si que no. ¿Eres una chica inteligente verdad….?- Increpo un hombre a Mallory.

-Ay… No se… - Respondió aturdida, intimidada por ese acercamiento que termino con un sujeto respirando sobre su espalda y tomándola de sus hombros con una familiaridad que lograba erizarle los cabellos. Su reacción inmediata seria cerrar el libro que tenía entre sus brazos y abrazarlo contra su pecho, disminuida por su presencia. -¡Ah, patrañas, lo eres, por eso no dejaras pasar esta oportunidad! ¡Tu libro por esta piedra mágica, que disparara tus poderes arcanos, una joya extraña pero única! ¿Te preguntaras porque no me la quedo yo? Bueno, he vivido demasiado y ya la he usado mucho, y tú pareces recién comenzar. ¿ME EQUIVOCO? Considéralo un regalo, a ti que te he visto tan estudiosa. ¡Serás fuerte en nada!- Siguió su conversación, o mejor dicho, su monologo con insistencia, empezando a poner una de sus manos sobre el libro y jalándolo disimuladamente.

-¡No… ¡ Disculpe, Señor… Yo solo vine por mermelada….- Insistió ella, sosteniendo con más fuerza en libro entre sus manos, ya nerviosa. ¿¡A dónde diablos la habían mandado sus compañeros!? ¿Sería apropiado empezar a ser más asertiva  sobre su negativa…? Lo cierto es que la inseguridad que le daba ese hombre y algunas miradas intimidatorias que ahora reparaban en lo que ellos hacían, la empezó a poner nerviosa. ¡No necesitaba reconocerse inteligente, aun un tonto sabría que estaba metida en un problema bastante grande! Necesitaba hallar una salida rápido, antes de que…. ¿Qué le podría suceder…? Pensaría rápido una excusa…

-Uhm…! ¿Por qué yo…. Y no ese joven de ahí…?- Pregunto, señalando disimuladamente a un chico que venía caminando pasando casi a su lado. ¡Se sentía terrible de dar un chivo expiatorio! Pero con zafarse de ese agarre en sus hombros, podría actuar mejor.
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Mensaje por Sindri el Dom Jul 28, 2019 3:30 pm

Obviamente, la primera vez que el Hechicero planeaba algo en mucho tiempo se torció a la primera de cambio.

Después de las festividades que culminaron el torneo de Regna Ferox, Sindri decidió que, ya que estaba precisamente en el continente de Akaneia, sería buena idea visitar Plegia de una vez por todas. Uno de los pocos lugares del mundo (el único, decían muchos) que acogía plenamente los estudiantes de Magia Arcana y permitía el estudio de tal rama de magia libremente… algo completamente impensable en, digamos, Ylisse o Altea. Además, con sus contribuciones a las campañas de Plegia había ganado el privilegio de poder atender la mayor biblioteca de la capital del país austral de Akaneia. ¡Una biblioteca en la que era perfectamente legal contener tomos y grimorios de Magia Arcana! ¡Tratados y teorías plasmadas en papel sobre la Oscuridad! ¡Biografías y leyendas sobre hechiceros legendarios que vivieron cientos de años atrás! Todo eso y más le esperaba en un maravilloso lugar de Plegia al que no todo el mundo tenía acceso, no, no, no, no. Una oportunidad única en su especie de continuar con su investigación y desentrañar los misterios que residían en el misterioso tomo que portaba consigo, el Grimorio Náströnd que encontró en unas ruinas perdidas de Nohr. Un libro que parecía más de lo que parecía a simple vista… lo que era impresionante ya, puesto que era extremadamente imponente. Casi podía asegurar que el tomo tenía voluntad propia. Casi. Pero de lo que estaba completamente seguro era que era el mejor catalizador de Magia Arcana que había tenido entre sus manos en toda su vida.

Pero, tal y como se ha apuntado antes, no pudo ser. Justo cuando intentó encontrar alguna caravana que viajara hacia el sur, concretamente hasta Plegia, tuvo conocimiento de una noticia que le desbarató todo lo que tenía planeado: el país arenoso de los seguidores de Grima había caído ante la plaga que eran los Emergidos. Los informes eran vagos y bastante diversos: algunos hablaban de un desembarco masivo de Emergidos provenientes del oeste, de las lejanas tierras de Valm y Chon’sin. Otros, sin embargo, afirmaban que los Emergidos que habían causado el caos en el país ya estaban desde hace tiempo dentro de sus fronteras y que, simplemente, el ejército había sucumbido ante sus ataques cuando el rey de Plegia desvió su atención a la conquista de Magvel. No había información fiable salvo una: Plegia ya no existía como tal y la biblioteca seguramente había sufrido la misma suerte que la Gran Biblioteca de Ilia. Mentiría el muchacho si dijera que no se le pasó por la mente llevar a cabo una incursión semejante a las que había urdido en Ilia, pero pronto descartó tales ideas sin futuro. Había vivido años en Ilia y contaba con algo que los Emergidos carecían, el conocimiento del terreno y del clima, elementos que le permitían burlar cualquier enemigo de ojos rojos brillantes. De Plegia no sabía absolutamente nada, por lo que entrar ciegamente a un lugar no le repararía beneficio alguno y bien podría costarle la vida de una forma ignominiosa.

¿Dónde ir ahora, pues? No tenía nada más que hacer en Akaneia y volver a Elibe le sabía bastante agridulce, como si volviera a un lugar conocido sin haber explorado más teniendo perfectamente la capacidad de hacerlo. ¿Grannvale, tal vez, para poder estudiar de cerca el conocido como Imperio Blanco? Silesse estaba a un tiro de piedra y seguro que podía unirse a alguna expedición dirigida a combatir la nueva amenaza. ¿Magvel, quizá, para ver de cerca lo que quedaba de la expedición de Plegia y comprobar si habían traído con ellos algún tomo al que pudiera echarle un vistazo? Nada que se le ocurría le acababa de hacerle el peso. Y no fue hasta que comenzó a rememorar su último combate en la Arena de Regna Ferox que se encendió una lucecita en su cabeza: ¿Y Daein? El Príncipe de Daein, Pelleas, era un experto hechicero y culto en las Artes Arcanas, de eso no había duda alguna… seguro que tal país debía tener una floreciente comunidad de Magos Arcanos también y, donde la hay, también hay secretos y conocimientos interesantes para Sindri. Y, ya que había tomado la decisión de aventurarse en el nido de avispas conocido como “cualquier lugar con Magos Arcanos”, tampoco es que modificara tanto sus planes.

Así pues, ni corto ni perezoso, Sindri recorrió todo el camino hasta la costa este de Regna Ferox en una de las múltiples caravanas que abandonaban la ciudad al haber terminado el torneo y embarcó en el primer barco dirigido a Daein… o eso hubiera hecho, pero resulta que ninguno de los navíos siquiera se dirigía ahí. Así pues, tuvo que hacer varias escalas: de Regna Ferox a Jehanna, de Jehanna a Kilvas, hoy por hoy territorio de Durban y, finalmente, de Kilvas hasta el primer puerto de Daein tras rodear toda la costa oeste de Tellius. Semanas que se mezclaron con semanas hasta tomar tierra firme, lo que el muchacho aprovechó para seguir ininterrumpidamente con su querida investigación. Una vez en tierra no fue difícil encontrar una caravana hasta la capital de Daein, Nevassa, y el viaje fue completamente libre de sobresaltos y de eventos destacables. Salvo montañas, si había algo en Daein eran montañas y montañas. En cierto modo le recordó a Bern, ese territorio tan austero y militar de Elibe, por las escarpadas cimas y por lo mucho que escaseaba el color verde entre tanto gris y marrón. ¡Oh, y los wyverns! Tantos y tantos wyverns que sobrevolaban los cielos. Pero no era el momento de la nostalgia sino de conocer lugares nuevos.

Decir que Nevassa era espectacular era quedarse cortos: era una construcción magistral en piedra que, en un principio y desde lejos, creyó ser un único edificio de dimensiones descomunales. Pero no, pronto comenzó a ver mejor los enormes muros de piedra que fortificaban la ciudad y reparó en los callejones que serpenteaban por la blancura de la piedra, separándola en secciones que se veían cada vez más nítidas. No necesitó inquirir mucho para saber dónde encontrar cosas sobre Magia Arcana: al parecer “todo el mundo sabía” que uno podía encontrar objetos mágicos en un lugar bastante cerca de la entrada de la ciudad. Hablaban sin tapujos algunos de encontrar todo tipo de artefactos y artilugios para la taumaturgia… ¡Quizá no se había equivocado de destino de viaje! Así pues, lleno de curiosidad sobre el tipo de objetos relativos a su ámbito de estudio que podría encontrar en Daein, Sindri se despidió de la caravana en las puertas de Nevassa y entró en la ciudad con unas indicaciones de dudosa utilidad para encontrar lo que deseaba.

No tardó en llegar a unos callejones oscuros y deprimentes que gritaban a los cuatro vientos “nada legal ocurre aquí”, un lugar con ojos que lo miraban desde cada rincón al pasar y disimulaban al momento. Tiendas y escaparates con todo tipo de abalorios, armas decoradas, joyas brillantes, libros y artefactos estrafalarios de dudoso origen decoraban las paredes del callejón y se apretaban las unas a las otras en pos de un centímetro más. Gente que cuchicheaba al oído de otros, contándose secretos que pueden ser o no falsos y concluyendo tratos que era mejor que nadie conociera. ¡Ah, Sindri se sentía como en casa! Metafóricamente hablando, claro: un mundo donde todos desconfiaban de todos era como un camino cuesta abajo y engrasado, un mal gesto querría decir acabar con la cabeza en el suelo, pero si sabías moverte podrías llegar donde quieres mucho antes de lo esperado. Aunque no como esta mujercita de aquí, quién aseguraba haber visitado los bajos fondos de la ciudad de Nevassa para comprar mermelada… ¿Qué tipo de mermelada justificaba el viaje de alguien hasta tal lugar? Era algo que meditar mientras continuaba su viaje. Mermelada de contrabando. Mermelada de frutas prohibidas. Mermelada para comidas que no debían ser probadas por mortales.

¿Yo qué? ¿Qué yo? ¿Disculpe? – se paró en seco una vez oyó que se dirigían a él. O, más bien, que se referían a él. La muchachita parecía que quería que se encargase de algo. O probase algo. O comprara algo. Respecto la última opción, lo llevaba claro, el buen hombre que la mantenía en un firme agarre no parecía que tuviera nada interesante en su tienda. Y especialmente nada que cambiar por un Tomo de Ruina, un grimorio mágico ya difícil de encontrar por sí – ¿Piedras? ¿Que los Magos Arcanos nos hemos transformado de pronto en Laguz? No hay piedras que ayuden en ningún tipo de magia… ¡Traiga aquí, se lo demostraré! – aprovechando que el no-tan-buen hombre tenía una mano ocupada de tenaza, Sindri cogió la piedrecita con la mano derecha tras burlar rápidamente cualquier intento suyo de defenderla. Uno no puede estar en la procesión y repiqueteando campanas, al fin y al cabo – Mire que ocurre. – y con aquellas palabras, Sindri concentró un cúmulo de energía arcana en la piedrecita, que se oscureció al momento y comenzó a vibrar ligeramente hasta que estalló con un ligero “¡Puf!” y unas lucecitas púrpuras. No era nada de magia avanzada, sólo había acumulado algo de taumaturgia en la piedrecita y, al ver que no conducía ninguna energía, se reveló y la hizo explotar en signo de rebeldía – Lo único que puede “disparar” esta piedra es mi sentido del ridículo y la vergüenza ajena. ¡Por favor! – mencionó jovialmente, casi riendo, mientras se sacudía el polvillo que se le había quedado pegado al guante.

Y en cuanto a usted, joven maga, cuide bien su grimorio y no se deje llevar por patrañas que intenten separarlo de usted. ¿Qué es un mago sin su tomo, al fin y al cabo? – mencionó suavemente dirigiéndose únicamente a la mujercita, casi ignorando completamente el nada contento vendedor que tenía al lado – No hay atajos en el camino del mago, y cualquiera que diga lo contrario está mintiendo. O le está intentando vender algo. ¡Justo como en este caso! – exclamó despreocupadamente, con pleno conocimiento que aquí y ahora alguien estaba mintiendo y estaba intentando vender algo.
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Mensaje por Mallory el Dom Ago 25, 2019 1:35 pm

Una de las cosas que debería aprender rápido, incluso antes que los hechizos de sus grimorios, era que había gente malintencionada en el  mundo, y que obviamente le tocaría toparse con ella. Parecían bastante distante aquellos días –e irónicamente era menos de un mes-, en donde cosas tan ruines las oía solo de cuentos que sus padres le contaban a ella junto a sus hermanos, o bien eran atribuidas a esos títeres de la desgracia que son los emergidos. ¿Qué tan complicado debe ser el mundo, aun para que los del mismo bando terminaran tratando de clavarse puñales entre si? Aunque claro, tener ese pequeño pensamiento fugaz, tan rápido como un suspiro, también se lleno de culpa, mas rápido que de pena en si. ¿No había sido la misma Mallory quien procuro librarse de ese hombre que la empezaba a alterar con la oportuna presencia de un joven que paso a su lado? Para su suerte, ese sentimiento se disiparía rápido. No porque expiraba, sino porque otro ganaría terreno en un santiamén.

Volteo con asombro, casi sin poder creer la rápida intervención del muchacho al que señalo intentando escapar. ¿Había sido tan poco discreta cuando lo hizo, o es que él estaba mas atento de lo que hubiera imaginado? ¡Ni siquiera vaciló un segundo en apoderarse del momento, casi como si fuera un honor que le quisieran dar la experiencia de tener que tratar con un obvio estafador! Por supuesto que esa sorpresa también fue compartida por el hombre que consideraba buena idea cambiar un grimorio por una supuesta piedra mágica; incluso al punto en que Mallory sintió que sus dedos aflojaron el agarre de su hombro, cosa que ella noto y uso para escabullirse discretamente hacia un lado, no muy lejos.

-¡OIGA!- Reclamo el vendedor cuando entonces en el estrago de tan elocuente entrada, la piedra fue arrebatada de sus manos. Mallory lo compadeció un segundo, mientras su mirada seguía algo petrificada entre la sorpresa y un difuminado miedo. ¡Seguramente si a ella le querían robar algo, podrían haberlo hecho en ese instante! Tan absorta en lo que tenía en frente, y las palabras del joven que, jocosas, analizaban tan aparatejo que según el, nada prometía. Y nada cumplió. El ligero cosquilleo que solía sentir cuando se manifestaba magia muy cerca de ella (o ella mismo lo hacia), no se disipo aun hasta después de que la piedrecilla explotara con un sonido bastante discreto y dejando una estela que traslucía a la suave luz de la mañana que llegaba. ¡Ah, pero el sonrojo que subió a sus mejillas no desapareció aun mientras veía esas últimas partículas caer al suelo! ¿Cómo era posible que este hombre hubiera querido engañarla así, tanto la traicionaba su cara para que la vieran como una persona tan fácil de engañar…? Ah, sí, Mallory estaba realmente enojada, y sentía que el cosquilleo en sus manos era mas insoportable mientras dirigía una mirada llena de indignación al estafador. Por un segundo. La voz suavizada del joven mago la distrajo, antes al menos de que le ganara el deseo de golpear al estafador con el grimorio.

-¡Eh, perdón, perdón y muchas gracias por ayudarme!- Dijo avergonzada, pero sumamente agradecida, agachando su cabeza como si de pronto estuviera ante un lord o una eminencia; aunque por supuesto ya lo sentía así. No sabía si existían palabras suficientes para agradecer su buen gesto, aunque de haberlas existido, no pudo encontrarlas en ese momento.

-¡No pues, ahora me pagas esa piedra que tu amigo rompió!-
Irrumpió con un reclamo el estafador, haciendo que Mallory levantara su rostro de nuevo, ahora si con un sentimiento determinado. ¡Si que estaba enojada, aun tras todo pretender que iba sacarle dinero! No queriendo caer en su bajeza, aunque algún demonio en su oído derecho le sugería con terrible insistencia que le diera una patada, resolvió algo mejor. Mallory recupero su sonrisa, y la aparente calma. ¡Iba a demostrar que sus padres habían educado a una buena persona!

-¡Puedo tratar de arreglar su piedra!- Dijo con alegria, abriendo su grimorio como si tuviera la seguridad de saber que pagina era la que tenia bajo sus yemas, o de que se trataba. –Y con suerte, la piedra si se vuelve mágica. Y no pasa vergüenza de nuevo. ¿Le parece señor?- Añadio con amabilidad y buen deseo, una que no dejaba lugar a dudas, aunque no terminaba. –Pero debo aclarar, que soy nueva practicante. Que quizás el hechizo salga mal, que algo explote, quizás usted se queda sin dientes o sin una pierna. ¡Quizás, quizás… en el peor de los casos para mi futuro, y el suyo, se muere! Pero para lo demás, seguro el joven lo puede ayudar. ¿Usted sobria..?- Le pregunto al hechicero, pero no daría mayores tiempo de reparo al vendedor.

-¡¡¿Qué, COMO?!!-
Exclamo, obviamente asustado.

-¡Ahí vamos….! Klamari…- Dijo, y eso no más. Aunque sabía que el sujeto en cuestión huiría –pues ella misma lo haría-; pero no pensaba que sus piernas fueran tan rápido para su edad. ¡Solo esperaba que no fuera a acusarla en la torre o similar! Ya resuelto esto, tan rápido cerro su grimorio, volteo de nuevo al joven. Ya se había delatado como una novata, pero lo más reconfortante del asunto era que, a pesar de la enseñanza del día sobre ser mas desconfiada, también podía decir que aun quedaban buenas personas… Aunque sin pensarlo mucho, obviamente podría a llegar a ser algo contradictorio en algún punto. Pero tocaba volver definitivamente a lo importante.,

-¡Uh, gracias de nuevo, y perdón por haberlo molestado!-  Se disculpo y agradeció, sin saber realmente en qué orden de importancia acomodaría ambas cosas. -¿Usted también es un estudiante de la torre? ¡Porque no lo había visto…! Aunque puede que sea, porque no lo sea…- Murmuro al final, temiendo que fuera maleducado asumir cosas. ¡Quien no le aseguraba que era incluso un profesor al que estaba tratando con demasiada confianza! -¡Perdone!- Exclamo, algo nerviosa de tan solo pensar ello. -¿Podría devolverle la atención de algún modo?- Pregunto.
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