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[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko]

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Mensaje por Yuuko el Vie Jun 14, 2019 3:15 pm

Tras su estancia en Daein era hora de que la reina volviese a casa. No había estado en el lugar tanto tiempo como le hubiese gustado. Solo había podido disfrutar enteramente de la capital. Solo había sido capaz de ver una pequeña porción de Begnion y de los caminos que surcaban el país aliado, durante sus trayectos en aquellas misiones en las que se habían ofrecido voluntarios para acompañar a los soldados daenitas. No había sido suficiente para conocer por completo aquella tierra que ahora estaba enlazada a la suya. Ni había podido disfrutar de la compañía del príncipe tanto como hubiese deseado, aunque la reina de las Islas de Durban estaba segura de que de todo aquello que no había podido apreciar por la falta de tiempo el no poder estar tanto tiempo con Pelleas como hubiese querido era el menor de sus problemas. Aquello que mejor solución tendría.

Muchos nos, muchos deseos incumplidos. Por falta de tiempo, por responsabilidades. Porque no podía olvidarse el motivo de su visita a tierras extranjeras. El firmar una alianza. Porque no podía olvidarse de su propio país,de sus ciudadanos. Aquello que estaba a su cargo, bajo su protección, bajo su cuidado. Aquello que había dejado en buenas manos antes de partir pero de lo cual no podía desatenderse demasiado tiempo. Debía volver a sus mares,a sus tierras que ahora se habían ampliado. A pesar de que eso hiciese que su primera visita al extranjero hubiese sido corta.

Una visita corta pero bien aprovechada por ella y los magos que le acompañaban. Incluso el viaje de vuelta estaba sirviendo para cumplir con alguno de los puntos que habían acordado en el tratado recién firmado. Junto con los barcos del ejercito de las Islas de Durban viajaba un destacamento de soldados de Daein. Unos pocos soldados de infantería les acompañaban en los navíos, habiendo sitio de sobra para ellos una vez repartidos en las naves. Aunque la mayoría de miembros del ejercito daenita que los acompañaban de trataban de jinetes wyvern. Algo que hizo el viaje de vuelta mucho mas largo que el de ida.

No disponían de espacio para que los wyverns descansasen en los navíos, no con la cantidad de hombres,armas y provisiones que los mismos debían cargar.Por lo cual aquellas criaturas debían hacer el viaje volando. En si eso no era un problema,después de todo la naturaleza les había otorgado esa capacidad y sus jinetes habían sabido entrenar con las criaturas tanto como para que ellos mismos se apoderasen de los cielos. El problema era que no podían volar eternamente. Eran seres vivos y como tales debían descansar, algo que no podían hacer en mar abierto o sobra la cubierta del barco por falta de espacio. Así que el viaje en lugar de ser una travesía constante hasta las islas que la maga arcana gobernaba , se había convertido en una ruta con múltiples paradas.

Navegaban cerca de las costas,con los wyverns volando a su lado cuando el clima se lo permitía,casi escoltándolos. Volaban tan cerca que desde la cubierta de los navíos podían mantenerse conversaciones con los jinetes que viajaban al lado. Algunos de sus hombres habían entablado cierta amistad con los soldados ajenos después de las misiones y el tiempo que habían compartido ,por lo que aprovechaban la ocasión para afianzar esos lazos. Contándoles con orgullo como era el país al que se dirigían, aprovechando para pedir otro viaje en wyvern a los habilidosos soldados daenitas,los cuales aceptaban encantados ante el reconocimiento de sus habilidades,ante el interés que los magos mostraban en sus compañeros con escamas.

Cuando llegaba la noche se detenían , echaban anclas en cualquier lugar cercano a la costa, siempre que los wyvenrs pudiesen permitirse descansar en la misma. Gran parte del trayecto trascurría rodeando costas de países laguz,con los cuales la relación era inexistente en el caso de Durban,complicada en el caso de Daein. Mejor no acercar los navíos demasiado a esas tierras, mejor esperar a que oscureciese para detenerse, salir al amanecer si la condicionado de los wyverns se lo permitía. El ultimo trayecto fue el mas duro, pues con Phoenicis siendo un país emergido sus costas estaban fuera de cuestión,eso apenas les dejaba lugar para descansar. Tuvieron que hacer viajes mas largos a lo que estaban acostumbrados.

Y a pesar de todo el trayecto fue tranquilo. Sin incidentes con emergidos o piratas,con el clima a su favor. Largo y precavido si,pero entretenido por la compañía y las nuevas experiencias vividas en dicho viaje. Tanto que apenas se percataron cuando entraron en las aguas que rodeaban sus islas, un día atrás. O fueron conscientes pero nadie dijo nada, sintiendo la reina en sus magos la pena por que la experiencia finalizase,aunque la misma no fuese mas que el comienzo de todo. Después de todo uno de los motivos de que los soldados extranjeros los acompañasen era que parte de ellos iban a quedarse en Durban por tiempo indefinido, como representación de Daein en las islas como parte del acuerdo. Se acercarían a las islas al norte de la isla principal. Aquellas que contaban con las minas que se explotaban en el país. Aparte de las mismas en ellas solo había un par de pequeñas poblaciones y un puerto con su correspondiente núcleo urbano. Eran de tamaño pequeño y clima frió y sus características geográficas no daban pie a mas habitantes u otros modos de vida que no fuesen la minería y la explotación de dichos minerales, y el comercio. Aun así era adecuado para que los wyvern y sus jinetes se acomodasen en ellas,al menos al principio. Habia montañas y espacio para que los animales campasen a sus anchas y algunos  almacenes vacíos que podían adaptar como residencia provisional para los soldados. La mayoría se alojarían allí los primeros días, ya lo habían hablado durante el viaje. El capitán de los jinetes y algunos de sus hombres sin embargo acompañarían a la reina a la isla principal,donde no había tanto espacio para sus monturas pero se encargarían de acomodarlas. Desde allí con ayuda de habitantes de ambos reinos examinarían los mapas de las islas y decidirían en que puntos construir los cuarteles y residencias de los soldados de daein,así como un espacio para sus wyverns. Todo por cuenta de Durban por supuesto.

Todos los soldados elegidos para viajar a la isla habían sido seleccionados por el ejercito daenita. Después de todo eran quienes mejor conocían a sus hombres y sus necesidades, era una decisión que recaía sobre ellos,el decidir a donde destinar a los suyos y que misión otorgarles. No era decisión de Yuuko,no debía inmiscuirse en aquellos asuntos,por respeto. Y sin embargo hizo una petición. Que un jinete en especifico le acompañase durante la travesía hasta la isla donde la monarca residía. Aunque solo se tratase de una escolta y volviese a su país en cuanto Yuuko estuviese en su reino. Su petición había sido escuchada y cumplida ,tal y como la reina esperaba.

La monarca termino de hablar con el capitán de su navío, el cual había llegado a la misma conclusión que ella. En menos de una hora llegarían a la primera de las islas mineras,en pocos minutos comenzarían a avistar tierra a lo lejos. Sus soldados deberían comenzar los preparativos para echar anclas en breves. Ella sin embargo ya había finalizado sus quehaceres diarios,al menos hasta que tomasen tierra. Paseo su mirada por la cubierta del barco, por los seres voladores que los rodeaban. Se abrió paso con elegancia y lentitud entre los hombres, correspondiendo a los saludos y reverencias que recibía con un simple asentamiento de cabeza,mostrando que habían sido escuchados. Así hasta llegar a la barandilla de la cubierta. Se apoyo sobre la misma, alzo la mirada hacia el jinete que había pedido que le acompañase. Le sonrió levemente,con cierta malicia vislumbrándose en la comisura de sus labios. Le agradaba el carácter ajeno y le había tomado cierto aprecio a la mujer de cabellos rojizos durante su misión en Begnion. Le alegraba poder mostrarle su país,expandir sus horizontes. A la reina no le cabía duda de que en unos años el progreso de Jill le haría alcanzar un alto cargo en el ejercito de su patria. Ver dicha evolución, aunque fuese de lejos,sonaba... interesante, divertido...

-Espero que estáis disfrutando de la travesía... En breves llegaremos a nuestro primer destino... Decirme Jill... que os a parecido el viaje en compañía de las naves y los soldados de Durban?

La mujer se acomodo las ropas. Ese día portaba un vestido bastante simple en comparación a otras prendas que solía portar. Era de color Gris y tela suelta que llegaba hasta sus tobillos. El escote en pico,donde descansaban unas decoraciones de terciopelo anaranjado que simulaban las hojas que caían de los arboles en otoño. Desde dichas hojas decorativas caían filas de perlas blancas, creando semicirculos desde su pecho hasta su cintura. Sobre el vestido llevaba un manto,que era lo que hacia llamativa la vestimenta. Era un un gris mas oscuro, tirando a marrón, con el mismo estampado de hojas anaranjadas y rojizas expandiéndose por todo de forma desordenada. Cubría por completo los brazos de la reina, incluso parte de sus manos, bajaba hasta sus muslos, decorando la parte baja de la tela unas ondas azuladas que simulaban olas marinas,un tejido mas oscuro y cálido,pieles de abrigo,rodeaban los bordes del manto. Las uñas de la reina estaban pintadas del color de las hojas, su cabello recogido en un moño elegantemente desordenado,con bastantes mechones sueltos que no hacían mas que darle mas personalidad al atuendo. Tenia un trozo de tela del mismo color del vestido sobre su cabello,rodeando su cabeza en sus vueltas. Mas hojas como las del vestido en el lado izquierdo de su cabeza,detrás de su oreja, acompañado por mas hilas de perlas. Incluso tenia otra fila de perlas rodeando su muñeca derecha en dos filas,por encima del manto que le cubría. Los zapatos del mismo color del manto y con otra hoja sobre ellos,con un tacón de aguja ,el tomo del mismo color del vestido con otra hoja sobre su cubierta, colgando de su cintura con un trozo de tela decorado por otro hilo de perlas. Tenia el tomo oculto bajo el manto. Se acomodo el mismo una vez mas.

off:

Como describir ropa no es lo mio,el traje de Yuuko
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Mensaje por Jill el Lun Jun 17, 2019 8:48 am

Jill volvía a sentir emociones encontradas en su interior: éxtasis, entusiasmo, alegría… y al mismo tiempo preocupación, miedo y hasta cierta tristeza. No era la primera vez que se sentía así, de hecho, había tenido unas semanas donde se podía decir que la había pasado de todo… y sin embargo ni se le había pasado por su pelirroja cabeza lo que le iba a deparar el destino.

Centrándose en lo positivo, Jill disfrutaba enormemente de aquel viaje. Ya no podía decir que aquella era la primera vez que salía de Daein, pero aquello era completamente distinto a avanzar unos pocos kilómetros fuera de su patria para tomar un puesto fronterizo. No, estaba viajando hacia las mismas Islas de Durbán, tierra que solo conocía de haberlo visto en los mapas. Una experiencia totalmente nueva para ella.

No iba a sola en el viaje. Un escuadrón de jinetes wyverns viajaba con ella, y también soldados de infantería. Viajaban como gesto de buena voluntad entre Daein y Durbán, para ponerse al servicio de la reina Yuuko en toda batalla que hiciese menester contra Emergidos, piratas, subhumanos o cualquier otra amenaza que se cerniese contra aquellas tropicales islas.

Aquello era toda una aventura. Una que podría permitir a Jill elevar todavía más su rango o su categoría y alcanzar la ansiada gloria con la que poder hacer que todo el mundo en Daein la aceptasen a su padre y ella de una vez. Eso la entusiasmaba completamente, y más cuando descubrió que había sido la reina Yuuko en persona la que la había escogido personalmente para que la acompañase hasta su hogar. Todo un privilegio que la soldado agradecía desde lo más profundo de su corazón, aunque no era capaz de comprender los motivos por los que la reina había decidido que fuese ella quien la acompañase hasta tan lejos.

Claro que todo no eran buenas noticias. El ser la escogida por la reina era algo de dominio público entre el los jinetes wyverns que la acompañaban. Y no todos se lo tomaban muy bien. Después de todo, la mayoría son grandes guerreros con mayor rango y muchos más años y experiencia de combate que la joven soldado. Sin embargo, la soberana de Durbán la había escogido a ella.

Algunos de sus “compañeros” intentaban comportarse bien con ella, pero se podía notar la envidia o los celos en sus miradas, y trataban de mantenerse alejados, utilizando palabras educadas pero que tenían poco sentimiento detrás. Otros iban más lejos y la hacían completo vacío. Y hasta había llegado a sus oídos el nuevo mote que la habían puesto los más indeseables: la “cortesana” de la reina.

Aquel mote lo odiaba. No porque no estuviese acostumbrada a recibir trato similar en la propia Daein, siendo la “niña de papá” para muchos. Sino porque insultaba también a la propia reina ¡La reina Yuuko era alguien admirable, maravillosa, elegante, grácil, fabulosa! Hablar de que tenía una cortesana justo cuando iba a casarse con el gran príncipe de Daein era toda una blasfemia para la soldado.

Afortunadamente, Jill no estaba realmente sola. Por un lado, tenía a los magos arcanos de Durbán. Quizás porque conocen directamente a la reina, pero ninguno de ellos pareció extrañado de que la soldado fuese escogida por ella, y la trataban como una más. Gracias a distintas conversaciones que tenía con ellos había podido aprender algo más de las islas, de su curioso social donde los magos están situados por encima del resto o de cómo no se podía llevar armas sin autorización. Eran diferencias notables con Daein, en donde cualquiera podía portar un arma siempre que quisiera y donde la magia era importante, pero no se utilizaba como diferenciación entre distintos estratos sociales. En Daein, el status lo da el rango militar, que lo puede alcanzar desde un mago a un jinete wyvern o un soldado de infantería por igual.

También tenía la compañía de su amada Diotima. Su querida amiga había viajado con ella y se mostraba llena de energía durante todo lo que llevaban de trayecto. Al principio, temía que la wyvern no fuese capaz de soportar tan largo viaje. Sabía de lo mucho que podía aguantar su compañera, pero nunca antes habían iniciado un trayecto tan largo. Afortundamente, eso fue algo previsto por la reina, quien decidió tomar una ruta larga rodeando la costa de Tellius para que los wyverns, incluida Diotima, pudieran descansar de vez en cuando. Jill se sentía un poco culpable, pues se imaginaba que de no ser por Diotima y el resto de wyverns, la reina haría ya días que estaría sentada en su trono. Pero es que tampoco había otra opción. Ninguno de los wyverns estaba entrenado para comportarse dentro de un barco, y dudaba que en los navíos hubiera espacio para todos.

Y en cierto sentido, aunque estaba extasiada por aquel viaje, su mente no podía evitar de vez en cuando volver a Daein, y preguntarle como estarán las cosas ahí. La amenaza de los Emergidos sigue vigente en su tierra, y además está la conquista de Begnion, que recién había comenzado ¿cómo estaría yendo? ¿Llegaría el ejército a tomar la capital antes del cambio de estación? Y ante todo ¿cómo estaría su padre? Hacía tiempo que no sabía de él, y no podía negar que le echaba de menos.

El viaje parecía llegar a su fin, o eso había escuchado. Lo cierto es que, a lomos de Diotima, solo veía infinito mar a su horizonte, pero si los expertos marineros de Durbán decían que en unas horas llegarían a la primera isla de Durbán, Jill no tenía ninguna razón para dudar de ellos.

La reina la llamó desde la cubierta con una mano. Jill no dudó en obedecer tirando de las riendas de Diotima de inmediato, mirada fija en la regente de Durbán. Llevaba ropas distintas, mucho más adecuadas para el clima y el viaje. Y sin embargo, no perdía ni un ápice de la elegancia que la caracterizaba. Todo lo contrario a Jill, que a pesar de todos los cambios de clima, seguía usando su tradicional armadura roja.

La soldado tardó en responder a las preguntas de la reina, completamente obnubilada por la presencia que siempre lograba imponerle la reina. Tan majestuosa, tan maravillosa, siempre increíble…

-El viaje… ¡El viaje es estupendo, Alteza!-respondió con energía una vez se pudo recomponer, tratando de actuar con naturalidad.-Jamás había visto antes el océano, es toda una experiencia para mí ¡Realmente es precioso! Muero de ganas de conocer la belleza de vuestras islas. Y vuestros hombres son muy simpáticos. Además de ser estrictos en el estudio de su arte y disciplinados, eso no elimina su sentido del humor y el entusiasmo que conlleva serviros. Realmente podéis estar orgullosa también de vuestros propios soldados.-comentó hablando de corazón tras la experiencia con los hombres de Durbán, que ojalá fuese similar a la de sus propios compañeros de Daein.-Estoy muy feliz de que me hayáis escogido para este viaje. Jamás podré pagaros este favor, ni aunque pasen mil años.

La gratitud que sentía Jill hacia la reina era sincera, como su aprecio y admiración. Sin embargo, la soldado obviamente omitía su tristeza y sus miedos que también sentía, pues no quería cargar a la reina con preocupaciones que no eran en absoluto de su incumbencia. Había sido escogida para servir a la reina, y para esa función, iba a darlo absolutamente todo de sí, costase lo que le costase.
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[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] Empty Re: [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Lun Jun 17, 2019 4:55 pm

Una de las cosas que mas le agradaban a Yuuko sobre la soldado daenita era la sinceridad que desprendía su persona. No se trataba de que no mintiese , o no omitiese información. No era lo que decía,si no como se comportaba. La transparencia de sus gestos y sus expresiones, de su lenguaje corporal. La claridad con la que se percibían los sentimientos que acompañaban a sus palabras. Era fácil de leer,de interpretar. Se notaba su nerviosismo aunque hiciese todo lo posible por ocultarlo,al menos a ojos de la reina era evidente. Se notaba su emoción por mas que intentase disimularla. No era algo nuevo desde luego, pero no era usual tampoco el poder percibir con tanta claridad a la persona ajena. Menos aun en el ambiente de la reina. En la política,en el ejercito,donde el mostrar que se tienen sentimientos puede ser un peligro.Donde hay mil mascaras y otras mil mentiras ocultas tras ellas. Donde hasta el mayor de tus aliados puede clavarte un cuchillo por la espalda... y la culpa sera tuya por no verlo venir.

La reina estaba segura de que ninguno de sus hombres le traicionaría. Era cauta y observadora, se le daba bien leer emociones e interpretar bien a la gente, quizás por eso veía aun con mas claridad la sincera emoción y gratitud de Jill. No iba a tener cerca suyo gente en quien no confiaba, no al menos si se trataba de ciudadanos de Durban. De su escolta,sus compañeros de armas,sus hombres... aquellos que ella podía elegir...

Siendo consciente de su posición,en sus islas,en el mundo. Siendo consciente de lo que implicaba su rango,de la situación en la que su titulo le posicionaba... La actitud de Jill no era nueva, pero si resultaba refrescante

-Mis ciudadanos son mi orgullo y mi alegría... Tantos los civiles como mis soldados... y de entre ellos traje conmigo en este viaje a aquellos mas fuertes, aquellos cuya compañía me era mas grata y agradable...

Después de todo no iba a recorrer medio continente de Tellius en barco y permanecer la mayor parte del día rodeada de aquellos soldados cuya presencia y carácter o no le agradasen o no tolerase. Tenia buenos hombres,buenos soldados,eso nunca lo pondría en duda ni lo negaría. Pero eso no significaba que la personalidad de la reina fuese igual de compatible con todos, o que todos le agradasen al mismo grado. Así que ya que era suyo el deber y privilegio de elegir a sus acompañantes,que menos que disfrutar de los mismos...

-Y no podrás pagarme,porque no tienes nada que pagarme. El viaje se iba a realizar de todas maneras y los soldados de Daein iban a acompañarnos, tu presencia ahora en este lugar es porque reúnes...

-Majestad...

La monarca vio sus palabras interrumpidas. Habia notado a su soldado llegar, un mago con un tomo de fuego colgado a la cintura. Pero había ignorado su presencia,tal y como la de aquellos que se movían alrededor suyos,pasando al lado de la reina mientras se encaminaban a realizar las labores previas al desembarco. Este hombre,sin embargo se detuvo frente a la reina, llamando a la misma e interrumpiendo su conversación. Aquello le mostraba a la reina que no se trataba de ninguna nimiedad ni ningún asunto que pudiese posponerse. Pues de serlo no la habrían interrumpido,no sin un buen motivo.

La mujer se giro,encarnado directamente al soldado que le dedicaba una leve reverencia.

-Lamento interrumpiros,pero el capitán solicita su presencia...

El soldado se giro levemente hacia atrás, señalandole a la reina con la mirada el motivo por el que había sido llamada,o al menos dándole pistas sobre el mismo. Una columna de humo se alzaba desde la isla a la que se encaminaban,la cual poco a poco se hacia visible. Apenas un hilo lejano que subía hacia arriba, serpenteando, difuminándose en el cielo que partía. No era una imagen preocupante. Después de todo en la isla aparte de extraer los minerales también los manipulaban. Las forjas no se encendían a diario,pero cuando lo hacían se encendían todas al mismo tiempo, y el humo que desprendían alzándose hacia el cielo y siendo visible en un día despejado como lo era ese no era una imagen sorprendente. A simple vista no había nada fuera de lo común... a simple vista... desde la distancia...

-De acuerdo...

Dirigió su mirada una vez mas hacia aquella con la que había estado conversando minutos atrás.

-Puede que no se trate de nada, pero mas vale prevenir... Prepara tu arma y a tu montura e indicale a tu superior que el y tus compañeros hagan lo mismo... Después acércate a la cubierta superior,junto al timón.


Dio instrucciones con naturalidad. Como si la pelirroja fuese parte de los suyos, como si siempre lo hubiese sido.

Sin esperar respuestas se encamino hacia la cubierta,con su soldado tras ella. Sus pasos eran elegantes y fluidos,algo mas apresurados de lo normal mientras se movía entre sus hombres,los cuales le abrían el paso,los cuales andaban con tranquilidad. Sea lo que fuese que ocurría aun no lo sabían,seguramente porque ni el mismo capitán sabia que ocurría. Cuando la reina subió las escaleras y se coloco al lado del hombre que controlaba su navío el mismo le paso su telescopio como única explicación y saludo. La mujer lo tomo, y con movimientos fluidos y expertos lo enfoco.

-Ya veo...

Las forjas estaban posicionadas en el interior de la isla. Mas cercanas a las minas ,separadas del puerto. De esta manera el puerto corría menos riesgo en caso de algún accidente en la forja,pues la mayoría de las construcciones eran de madera. De esta forma era mas fácil transportar el material directamente de la mina a la forja. Pero el humo no salia del interior de la isla. Era una columna mas gruesa de lo habitual , y se originaba en la costa. En el lugar donde se ubicaba el puerto.

-Tenemos que aumentar el ritmo y alcanzar la isla cuanto antes. Soltar todas las velas y usar los grimorios de viento para ello,pero con cuidado...


La mujer aun seguía con el telescopio delante de su rostro. Esperando ver algo mas ,buscando mas información,información que no dispondría hasta acercarse mas. Retiro el instrumento de su ojo solo para alzar la mirada al cielo ,buscando a Jill con la misma. Hasta encontrarla.

-Los wyverns tendrán problemas en aumentar su velocidad ? Necesitamos que se alejen de los barcos para que la magia no les perjudique y que vayan mas rápido para poder seguirnos el ritmo hasta alcanzar tierra. Podrán hacerlo?
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Mensaje por Jill el Mar Jun 18, 2019 8:00 am

La primera respuesta de la reina no sorprendió a la soldado. Aquello no era malo. Era completamente normal sentir orgullo ante gente tan capaz y al mismo tiempo tan amable como los magos de Durbán. Ojalá Jill pudiese sentir lo mismo de sus propios compañeros. Ellos también eran buenos soldados, muy bien entrenados en el combate y disciplinados a la hora de luchar. Pero en lo referente a camaradería dejaban mucho que desear.

Lo que sí sorprendió a Jill fue la segunda respuesta. Había una razón por la que había sido escogida por la reina para ese viaje. La soldado ya suponía que su elección no se debía a un vano capricho, pero no esperaba que dicho motivo le fuese revelado, y menos en mitad del viaje.

O al menos así habría sido sino fuera porque uno de los magos interrumpió a la reina justo en el momento más importante. La frustración fue evidente en el rostro de la soldado durante unos instantes, lo suficiente para darse la vuelta y comprender el porqué de la interrupción.

Una columna de humo se veía en el horizonte. En principio, no debía ser nada. Después de todos, los magos ya le habían comentado que había minas en muchas de las islas de Durbán y que se hacían forjas en varias de ellas. Pero la gravedad del tono con el que se dirigió el mago hacia la reina mientras señalaba la columna de humo daba a entender que el origen del mismo probablemente fuera distinto al de la forja… y mucho más dramático.

-¡A sus órdenes, alteza!-comentó la soldado de manera natural, haciendo un saludo militar para tirar de las riendas de Diotima y volar para cumplir con su nuevo cometido.

Los wyverns estaban volando en círculos sobre el barco volador, con el comandante justo en el centro. Había otros dos jinetes que la acompañaban. Los tres frenaron su vuelo cuando vieron acercarse a la soldado pelirroja.

-¡Comandante! ¡Traigo un mensaje urgente de la reina Yuuko!
-Por supuesto… ¿Quién si no la Elegida de la Reina para trasmitirnos a nosotros, pobres soldados daenitas, las palabras de su Alteza de Durbán?-comentó en voz alta uno de los dos soldados acompañando al Comandante.
-¡Silencio, soldado! ¡No se te ha dado autorización para hablar!-regañó el comandante, pero Jill sentía que lo hacía por obligación de mantener la disciplina y desde luego no porque le importase lo más mínimo las emociones que pudiera sentir la soldado pelirroja ante esas hirientes palabras.-¿Cuál es el mensaje?
-Debemos dirigirnos todos hacia la cubierta superior del barco de la reina… y prepararnos para el combate.
-Ya decía yo que el viaje estaba siendo demasiado tranquilo ¡Avisad a todos! En formación triangular sobre el barco de su Alteza ¡Ya!

Los otros dos jinetes obedecieron las órdenes del comandante, lo mismo que la propia Jill. Al cabo de poco tiempo, todos estaban avisados, armas en mano y listos para cargar, contra fuese lo que fuese.

Cuando Jill estaba en posición, sobrevolando el barco, la reina volvió a llamar su atención. Aparentemente iban a usar magia de viento para acelerar el viaje y quería saber si los wyverns serían capaces de mantener el ritmo.

-La distancia hasta la isla ya no es muy grande, así que sí que serán capaces de hacer un esfuerzo extra para aumentar la velocidad. Pero necesitaremos instrucciones para cuando lleguemos a la isla. No estamos acostumbrados a este tipo de combate naval y no queremos acabar en medio de un fuego cruzado. Seguiremos vuestras instrucciones al pie de la letra.-respondió Jill, preguntándose si no estaría extralimitándose en sus funciones. La reina le había preguntado a ella, y por eso era ella la que respondía ¿pero no debería hablar de la situación de los wyverns directamente con su comandante?

Nuevamente se sentía honrada por haber sido escogida para trasmitir las órdenes al resto, pero al mismo tiempo sentía el temor de que sus compañeros jinetes la fueran a faltar más al respeto por ello. Igualmente, ocultó el miedo que sentía ante la mirada profunda de la reina. La soberana ya tenía demasiados problemas como para preocuparla con una pequeñez insignificante e infantil como ese. Y mucho menos, justo antes de un combate.

-¡Vamos, Diotima! ¡Es hora de volver a combatir!-comentó Jill tirando de las riendas con una mano, mientras que con la otra mantenía sujeta su nueva lanza, tras perder la anterior en la batalla del fuerte de Begnion. La wyvern verde pareció comprender las palabras de su jinete, pues soltó un poderoso rugido de furia, anticipándose ya a la batalla.

Se dirigió de nuevo hacia su superior, quien afortunadamente estaba solo en ese momento, y le trasmitió las nuevas órdenes. Haciendo sonar un cuerno, dio la señal para ponerse en formación a todos los jinetes wyverns, colocándose a una altura superior para no ser afectados por la magia de viento.

Ya desde esa altura, se podía comprobar como el humo no venía del interior de la isla, sino de la costa. Aquello solo podía indicar que uno de los puertos de aquella isla estaba siendo atacado ¿Piratas? ¿Emergidos? ¿Subhumanos? ¿Piratas subhumanos Emergidos? Todavía era demasiado pronto para saberlo. Pero quien quiera que fuese el enemigo, los jinetes wyverns de Daein habían acudido para proteger y servir a la reina de Durbán. Y no iban a fallar en su cometido. El honor y el orgullo Daenita estaba en juego.

Y sobretodo también para Jill. En aquel combate iba a demostrar que no era ni la “elegida” ni la “cortesana” de la reina. Sino que estaba ahí de pleno derecho. Iba a darlo absolutamente todo en aquella contienda que se avecinaba. Volando con toda la velocidad de la que Diotima y el resto de wyverns eran capaces de asumir para no quedarse atrás y volar a la par de los barcos de Durbán, Jill iba a demostrar que era una verdadera soldado de Daein de corazón.

No iba a dejar a ningún enemigo de Durbán con vida en aquella batalla. Lo juró para sí misma por su honor. Por Daein. Y por la reina Yuuko, que tan maravillosamente bien la estaba tratando.
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Mensaje por Yuuko el Mar Jun 18, 2019 5:15 pm

-Por el momento manteneros a la espera...

En otras circunstancias con esas simples palabras seria suficiente. Sus hombres no necesitarían de mas,sabiendo que si la mujer les pedía paciencia tenia su motivo para ello, sabiendo que  las ordenes aun no habían sido repartidas por que no el momento,porque el plan mas idóneo para la situación no podía aun plantearse... Pero los soldados Daenitas no la conocían. Apenas habían compartido tiempo con ella y sus magos,apenas habían compartido una batalla juntos y no todos los soldados extranjeros habían estado presenten. A ellos por respeto les debía una explicación.

Por ello la mujer descendió unos instantes el catalejo y alzo la mirada,centrándola esta vez en el comandante ajeno,no en la soldado pelirroja. Jill ya había echo llegar sus palabras al resto de sus camaradas y ya había respondido a su cuestión sobre los wyverns. La estrategia,las instrucciones y las ordenes se las debía al comandante daenita. Por respeto a el y su rango. Por el echo de ser el quien mejor conocía a sus hombres y quien mejor sabría dividir entre ellos las distintas tareas que les fuesen encomendadas.

-Necesitamos acercarnos mas para tener una vista clara de la situación. No podemos arriesgarnos a crear un plan si nos mantenemos en la ignorancia. Aun si las probabilidades son escasas puede tratarse de un desastre natural o un accidente, en cuyo caso nuestra intervención innecesaria no haría mas que agravar la situación... En cuanto tengamos información repartiré ordenes entre mis hombres y os daré instrucciones para usted y los suyos... Por el momento con saber que podréis mantener el ritmo es suficiente. Volar en la formación que creáis mas correcta pero hacerlo o por delante de la primera de las velas o tras el barco, de modo que la magia quede fuera de vuestro rango... Os llamare cuando os necesite.

Espero a que los jinetes se moviesen siguiendo sus consejos,fuera del rango del aire que seria empleado para aumentar la velocidad del navío. Tal y como muchas otras veces había ocurrido. Las velas estaban ya extendidas,los magos preparados. La reina movió el brazo y los hechizos comenzaron a ser conjurados, colocándose los magos unos junto a otros para que mientras uno recitaba el conjuro el viento del otro estuviese tocando la tela, enviando aire constantemente. Con ello el navío aumento de velocidad,igual que aquel barco hermano que los acompañaban y al cual también le habían sido enviadas las mismas instrucciones,tal y como siempre ocurría. Con esa acción el tiempo que tardarían en alcanzar tierra se reduciría dramáticamente.

Volvió a tomar el catalejo. Estuvo unos minutos observando a través de el antes de ver algo... Habia un barco atracado en el puerto. Las velas y las banderas no eran de su patria ni de ningún país aliado. Desde la distancia creía que se trataba de la bandera de Phoenicis pero no podría asegurarlo. No era de los suyos y eso era suficiente. Los muelles no estaban ardiendo, seguramente para evitar comprometer su propia embarcación. Salia un leve y casi invisible hilo de humo del faro, la columna mas expresa ,aquella acompañado de un brillo anaranjado provenía del pueblo unido al puerto. De las casas y los almacenes que había tras los muelles.

Estaba enfadada. Como osaban a atacar a sus islas,como se les ocurría solo pensar en prender fuego a sus hogares y tierras. Bañarlas de sangre... iban a bañarlas,fuesen piratas o emergidos... Y por su propio bien esperaba que sus soldados hubiesen evacuado la población a tiempo y ni uno solo de sus civiles hubiese sufrido daño. Porque no habría luz que fuese a salvarlos de la oscuridad de la reina como no fuese así.

Bajo el catalejo,elevo la mirada buscando al comandante Daenita,cuando lo localizo lo llamo con la mano. Elevando el brazo y haciendo movimientos mas bruscos de lo habitual para llamar su atención. Hasta que acudo a ella.

- Han desembarcado en el puerto pero han dejado las infraestructuras intactas,lo que significa que no quieren que su embarcación sufra daños, y que han ido a atacar directamente a la población. Si estáis de acuerdo me gustaría que os adelantaseis y sirvieseis como distracción. Mantener al enemigo ocupado y centrado en vos y vuestros hombres mientras atracamos y descendemos de nuestro navío. Nos encargaremos de destruir su transporte y finalizar las labores de evacuación si mis hombres en la isla aun no las han dado por finalizadas.

Clavo su mirada rojiza en los ojos del líder de los soldados daenitas.

-Creo que es la manera mas adecuada de proceder,reduciendo los daños al mínimo y haciendo que los métodos de combate que poseen nuestros reinos no interfieran el uno con el otro. Pero entiendo que pediros actuar como cebo pueda resultar egoísta. Si no estáis dispuesto a poneros a vos y vuestros hombres en esa situación decírmelo con franqueza, encontrare otra solución. Siempre hay otra solución aunque no lo parezca... Si por el contrario os parece una estrategia aceptable... poneros en marcha cuanto antes y nosotros haremos lo propio... Tener cuidado con el faro. No lo han destruido pero sospecho que se han apoderado de el mismo. Es la única torre de vigía que hay en esa área. Os verán llegar desde allí, lo que actuara a nuestro favor,pero no se si habrá algún mago o arquero que pueda perjudicar vuestro vuelo guardando la estructura.... Acercaros con cuidado... No me gusta sacrificar ni ver caer a los míos...
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Mensaje por Jill el Miér Jun 19, 2019 8:59 am

Tras levantar el vuelo para colocarse en formación, la reina pasó a darle las órdenes pertinentes no a Jill sino al comandante. Para la soldado aquello era un alivio, pues servía para no echar más leña al fuego acerca de ser la “favorita” de su Alteza, pero dudaba que aquello sirviera para cambiar de manera mínima el cómo percibían el resto de soldados a la pelirroja. Aquello era mejor que se acostumbrase de una vez, porque ellos no iban a alterar su forma de ser en un futuro próximo.

Cuando el comandante volvió de recibir las órdenes, dio la señal al resto de jinetes mediante gestos. Jill pudo interpretar que la reina quería que los jinetes wyverns daenitas marchasen delante de los barcos, lo suficientemente alejados para protegerse de la magia de viento, pero que no cargasen todavía contra el puerto, sino que se mantuviesen a la esperan en formación.

Aquello era contrario a la forma de actuar de Daein, que era más propia de atacar primero y preguntar después, pero nadie en el escuadrón wyvern levantó objeción alguna. Como había comentado Jill antes, ninguno de ellos estaba entrenado en batallas navales y por eso no tenían reparos en dejar las decisiones estratégicas a quienes sí que contaban con largos años de experiencia en el tema.

Jill estaba deseosa de combatir, de lanzarse a la batalla y demostrar por sí misma que estaba allí por méritos propios y no por ser la “elegida” de la reina. Pero ella también debía obedecer las órdenes. Nada la sentaría peor que ser la responsable del fracaso de la operación por haberse dejado llevar por sus emociones en vez de actuar como debía hacer una soldado profesional.

Al estar desde las alturas y volando por delante del barco, Jill pudo observar más o menos lo que veía la reina sin necesidad de catalejo. Aparentemente, los atacantes provenían de un barco cuya bandera no reconocía. No habían atacado el puerto, pero si la población que se encontraba cerca del mismo. Aquel era el origen de las llamas, aunque también había un hilo en el faro del puerto. Todavía no era capaz de deducir si el enemigo eran piratas comunes o Emergidos, pero lo cierto es que estaban causando verdaderos estragos en la aldea costera.

No pasó mucho tiempo cuando el comandante recibió las siguientes instrucciones por parte de la reina. Era la señal esperada, cargar directamente contra el enemigo. Jill se imaginó que aquello daría tiempo suficiente para que los barcos de la reina llegasen al puerto y cortasen la retirada al enemigo. A Jill ni a ninguno de sus hombres les molestaba aquella tarea, la gloria se la suelen llevar los primeros que cargan a la batalla y sobreviven para contarlo. Y la gloria es el máximo credo de Daein. Ser escogidos para dar el primer golpe era todo un privilegio, idea que Jill compartía.

Lo que sí, el comandante también advirtió de la posibilidad de arqueros y que tuviesen cuidado con el faro. Era posible que el enemigo estuviese allí situado, con lo cual el factor sorpresa desaparecería bien pronto. Era preocupante, pero también había que tener en cuenta que solo había un barco atracado en el puerto, frente a la flota que acompañaba a la reina. En otras palabras, el bando de Durbán y Daein contaba con clara ventaja numérica. La victoria estaba decidida de entrada, pero eso no significaba que fueran a bajar la guardia.

El comandante dio por fin la señal de atacar. Pero no cargando de frente, sino mediante movimientos circulares y zigzagueantes, que aunque pudieran hacer tardar un poco más en llegar a la costa, permitiría confundir a quienes estuviesen vigilando desde el faro. Sí, sabrían que los wyverns se acercaban, pero no podrían asegurar cuántos lo hacían.

Diotima soltó un rugido furioso. Aquella estratagema obligaba a los wyverns a gastar todavía más energía, pero Jill trató de relajar a su querida amiga acariciándola el lomo.

-Tranquila, Diotima. Una vez acabado el combate estaremos ya en tierra firme ¡Podrás descansar todo lo que quieras!-al menos hasta que tocase volver a zarpar y marchar a la isla principal de Durbán, pero eso era algo que la wyvern no necesitaba escuchar. Además, seguramente después de la batalla sí que tendrían uno o dos días de descanso para garantizar el orden en la población y asegurarse que no habría otros atacantes poniendo en peligro la isla minera.

Jill viajó en un escuadrón de tres, en formación triangular. Ninguno de los dos jinetes le dirigió la palabra, pero a la soldado ahora eso hasta le venía bien. Había que concentrarse en el combate y no distraerse con tonterías. Tras un largo vuelo con rodeo, asegurándose no ser atacados por posibles arqueros y sembrando la mayor distracción posible en el aire, los tres jinetes se acabaron posando sobre el tejado de una casa, que de milagro pudo soportar el peso de las tres criaturas.

Desde allí, pudieron contemplar al enemigo al que se estaban enfrentando correteando por las calles de la población costera, y para sorpresa de nadie, se trataban de Emergidos. El color de la piel y el brillo rojo de sus ojos los delataba descaradamente. Llevaban espadas y hachas en una mano, pero antorchas en otras. No parecían interesados en saquear nada, solo convertir la aldea en cenizas. Repugnante. Al menos, no parecía haber civiles a la vista. Los soldados residentes en aquella isla seguramente los habrían evacuado a tiempo. Aquello era todo un alivio. No solo porque no tenía que temer por las vidas perdidas, sino también porque significaba que ninguno de los jinetes wyverns tendría que contenerse lo más mínimo contra esas criaturas infames.

-¡¡Por Daein!!-gritó Jill y los otros dos jinetes la siguieron a coro, justo antes de lanzarse en picado contra un pequeño grupo de Emergidos que pasaban por un callejón delante de ellos.

Los Emergidos no pudieron hacer nada. En un extremo del callejón se puso Jill, en el otro se puso el segundo jinete y el tercero los atacaba con una jabalina desde el aire. En el caos, trataban de huir en una u otra dirección, solo para chocarse contra la soldado pelirroja o su compañero y probar el sabor de sus lanzas en el pecho. Fue bastante equitativo, cada uno mató a dos de los Emergidos sin ninguna dificultad. Los tres jinetes asintieron con la cabeza y volvieron a alzarse en el aire, para continuar la caza.

Aquello era hermoso. Los soldados de Daein podrían tener sus diferencias fuera de la batalla. Pero en medio de la misma, todos se comportaban como auténticos profesionales. Casi se podía decir que actuaban como hermanos…
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Mensaje por Yuuko el Vie Jun 21, 2019 2:41 pm

Al parecer los soldados daenitas estaban de acuerdo con el plan de la reina, pues el comandante se dispuso a organizar a sus hombres tan pronto como la monarca le explico la estrategia a seguir. Ni siquiera se despidieron el uno del otro antes de dirigirse cada uno a sus soldados, un formalismo innecesario en aquellos momentos.

Yuuko observo unos instantes como el líder de los jinetes les dirigía a los suyos palabras que desde la distancia la reina no era capaz de escuchar,pero que hizo que los soldados se reagrupasen y se adelantasen en dirección a la isla. La mujer de cabellos oscuros los vio partir y espero unos minutos a que hubiera mas distancia entre ellos,o mas bien espero a que se hubiesen acercado lo suficiente a la isla. Dejo de observar el cielo y dirigió su mirada a su izquierda.

A la derecha de la reina se encontraba el capitán del navío. A su izquierda uno de los generales del ejercito que la había acompañado durante todo el viaje de ida y vuelta y había estado en su presencia gran parte de su estancia en el pais aliado. El hombre estaba en silencio, observando a su monarca mientras esperaba las ordenes que debía de transmitir al resto de sus hombres. Tal y como siempre hacia. Con su mano apoyada sobre el grimorio que guardaba en la funda habilitada para ello en el cinturón de cuero que portaba.

-Da la orden para que detengan el viento...

A la distancia en la que estaban de su objetivo era mejor detener los hechizos y descansar el ultimo trayecto del viaje. La velocidad extra que les proporcionaba el viento empleado hasta el momento pronto no les seria necesaria,no cuando tendrían que recoger las velas para prepararse para detener el navío. Era mejo detener el uso de la magia unos instantes antes, instantes que sus soldados utilizarían para tomar un pequeño respiro. Yuuko lo sabia,el general lo sabia y sus hombres también. Por lo que no necesito añadir mas explicación.

-Los soldados de Daein se encargaran de distraer al enemigo. Nuestra misión sera asegurarnos de cortar su ruta de escapa y de ser necesario terminar con las labores de evacuación. Solo tienen un barco en el puerto,a no ser que hayan rodeado la isla es la única manera en la que tienen de escapar. Formaremos un cordón de magos en el puerto y acabaremos con cualquier enemigo que intente entrar en los muelles. Un pequeño escuadrón entrara en la aldea, quiero que se aseguren del estado de los civiles y soldados del lugar, que ayuden en la evacuación si hace falta. Que acudan a pedir refuerzos de ser necesario. Si los soldados destinados a la isla tienen toda la situación bajo control entonces que intenten controlar el fuego. Que el escuadrón este formado por magos de viento y arcanos. En cuanto al navío enemigo,quiero todas nuestras esferas ígneas apuntándolo. Que estén preparados para disparar a cualquier objeto en movimiento tanto dentro como fuera del barco. Y que se preparen para destruir el mismo en cuanto de la orden... Adelante!

El hombre escucho con atención todas y cada una de las palabras que la mujer le transmitía. Para salir corriendo a comunicar las mismas al resto de soldados en cuanto Yuuko le dio el visto bueno. Ella misma tomo el grimorio entre sus manos, mas no lo abrió aun.

Vio como sus hombres comenzaban a moverse. Alguno comenzaban a recoger las velas, otros se armaban, se dirigían a tomar posición en las esferas ígneas con el que el barco estaba equipado o se reunían en pequeños grupos, preparándose para cuando desembarcasen. Las armas estaban desenfundadas y los tomos abiertos.

En cuanto el barco se detuvo el ancla ya había sido echada y la tabla que usaban como puente para descender colocado. Los suyos comenzaron a bajar de dos en dos. Los jinetes wyvern sobrevolaban el cielo de la aldea desde hacia un rato,descendiendo de tanto en tanto para volver a alzarse poco después. Los magos bajaban y acudían rápidamente a la zona designada, formando un par de filas que dividían los muelles de los almacenes y la población. Una fila que solo se abrió en una ocasión para dejar paso a aquellos que debían acudir a la aldea.

Yuuko había descendido de la zona del timón y se había acercado al puente, se coloco junto al general que se encontraba supervisando el desembarco. Detuvo a la ultima docena de hombres que faltaba por abandonar la nave, un simple gesto con su mano que basto para que se detuvieran en el acto. Esperando una palabra de la mujer que desde que había visto que todos seguían las ordenes dadas y tomaban la posición que les correspondía había clavado su mirada en el navío enemigo. Sobre el cual solo se apreciaban dos figuras en la cubierta,figuras simbólicas según sus años de experiencia en el mar. Habia poco movimiento y se les veía aburridas y distraídas mientras caminaban sin pena ni gloria por la cubierta. La reina saco dos conclusiones. En primer lugar que los enemigos se trataban efectivamente de emergidos, y de Phoenicis. En segundos que estaban tan seguros de su plan que habían dejado su barco sin vigilancia y sin nadie que les cubriese la retirada. Seguramente no los esperarían... Pero cosas inesperadas ocurrían. Como el echo de que en un principio la mujer planease quemar ese barco. Ese barco tan grande y nuevo,tan hermoso y resistente... y vació...

-Asaltad el navío enemigo. Recorrerlo de arriba abajo y acabar con todos los emergidos. No creo que os superen en numero... El objetivo es apoderarnos del barco y que pase a formar parte de nuestra flota... Pero si surgen imprevistos...

Si en realidad había enemigos en bodega, si en realidad si los esperaban y todo era una trampa.Si la situación les superaba...

-Entonces salir de allí inmediatamente y gritar. Dispararemos desde aquí,os cubriremos las espaldas.... Adelante!

Y los dejo marchar, y desembarcaron. El navío del ejercito no había quedado vació. Ni el barco hermano que había echado anclas en el muelle continuo. Quedaban aun magos cuya misión era custodiar,y aquellos destinados a las esferas ígneas... Todos en su posición... ella también debía tomar la propia.

-Vamos...

Y desembarco,junto con su general.Abriendo su grimorio mientras sus pies cruzaban la tabla de madera.
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Mensaje por Jill el Lun Jun 24, 2019 3:57 pm

Aquello se había convertido en el juego de cazar al ratón y al gato. En un principio, tender emboscadas a los Emergidos había resultado fácil, pues se les había pillado por sorpresa. Pero esas criaturas eran listas, y sabían cómo defenderse.

Y por defenderse no hay que entender como que saben luchar. Los guerreros Emergidos podían ser más peligrosos que un humano corriente, pero se enfrentaban contra la disciplina, la fuerza y la habilidad capaz de proporcionar el ejército más grande y poderoso de Tellius. Ante todo un escuadrón de jinetes wyvern, un puñado de piratas Emergidos no son nada.

El problema es que sabían bien mantenerse escondidos. Los primeros grupos habían sido fáciles de encontrar gracias al humo que desprendía las antorchan con las que ardían la villa. Pero en cuanto acabaron con la vida de esos miserables asesinos, el resto de monstruos apagó las antorchas y se puso a cubierto.

Oculto bajo balcones, corriendo por callejones estrechos que no podían acceder los wyverns, arrastrándose por el suelo para dificultar el poder ser encontrados… Los wyverns sobrevolaban el pueblo, observando desde las alturas, tratando de localizar a los Emergidos que todavía quedaban en el pueblo, pero la tarea se volvía cada vez más difícil. Los Emergidos mostraban bastante astucia.

Jill mismamente se encontraba frustrada. Tras el primer combate, ella ni los otros dos jinetes wyverns que la acompañaban pudieron encontrar a ningún otro Emergido, por mucho que rastreasen la zona. Para incendiar toda aquella aldea no podían ser solo unos cuantos. Aquel barco era enorme, debería haber todo un destacamento ¿Dónde se encontraban?

El sonido de un cuerno llegó hasta la soldado pelirroja. Lo reconocía perfectamente, era el comandante que los estaba llamando a todos. El comandante se encontraba bien a las alturas, a salvo de posibles arqueros y el resto de jinetes voló en su dirección a toda prisa, formando un círculo a su alrededor.

El comandante tuvo que gritar bien alto, y utilizar señales y signos para poder hacer que desde aquella altura se le pudiera escuchar. Pero todas sus palabras lograron llegar a cada uno de sus soldados.

-¡Escuchad! ¡El enemigo nos ha visto y se esconde! ¡Pero no se limita a mantenerse escondido! ¡Sabe que es cuestión de tiempo que les encontremos, así que no les queda otra opción que huir! ¡Y en esta isla, solo puede huir en una dirección!-El comandante señaló con el brazo bien visible hacia el barco que estaba amarrado en el puerto, el barco de los Emergidos.-¡Vamos a tenderles una emboscada! ¡Un grupo permanecerá en el pueblo, presionándolos para que sigan huyendo hacia el puerto! ¡Y el otro aguardará escondido en el puerto y asaltará a los Emergidos cuando intenten subir al barco!-Con gestos rápidos indicó quienes se encargaban de seguir en el pueblo y quienes se encargaban de tender la emboscada.

A Jill le extrañó que en un principio no la señalase para ninguna de las dos tareas, pero cuando hubo terminado con el resto, el comandante se dirigió volando hasta donde estaba ella, para poder hablar sin necesidad de gritar… ni que le escuchasen los demás.

-Tú tienes una misión especial, soldado. Necesito que vueles por mar abierto hasta la reina y la avises de la emboscada que estamos preparando. Es fundamental que sepan que se avecina hacia ellos toda una horda de Emergidos.-explicó el comandante en tono serio, para luego mostrar una sonrisa como nunca había visto en él.-Que digan lo que quieran, ser la “Elegida de la Reina” tiene sus ventajas. Es más fácil que le llegue el mensaje si eres tú quien lo trasmites. Por Durbán y por Daein ¡Adelante, soldado!
-¡A sus órdenes, mi comandante!-hizo un saludo marcial y tiró de las riendas con fuerza, para trasmitir a Diotima que no había tiempo que perder.

La distancia entre el pueblo y el puerto no era grande, pero el rodeo por mar era necesario, para evitar posibles emboscadas. Igualmente, Jill trató de forzar el ritmo para volar a máxima velocidad. Diotima soltó algún que otro gruñido de frustración, no estaba acostumbrada a esos trotes tras un viaje tan largo como el que estaban haciendo. Jill solo podía acariciar a su amiga para tratar de aliviar su agotamiento un poco.

-Aguanta, Diotima. Cuando acabe todo, le pediré a la reina que celebre una fiesta ¡y que te traigan buena comida! ¿Cuánto hace que no comes carne de vaca? No sé si tendrán vacas en Durbán, pero de haberlas, te prometo un buen festín.-comentaba la soldado a su querida amiga, buscando relajarla un poco. Y pareció funcionar. Siguió gruñendo, pero con menos fuerza.

No fue difícil localizar los barcos de Durbán, ya que estaban atracados en el puerto, junto con el de los Emergidos. Lo que le resultó un poco más difícil fue localizar a la reina. No se encontraba en ninguno de aquellos barcos. Pero solo tuvo que dirigir la mirada al puerto mismo para encontrarla. Aquellos ropajes suyos destacaban a millas de distancia. Le pidió a Diotima que hiciese un último acelerón hasta aterrizar justo enfrente de la mismísima reina.

-¡Alteza, traigo un mensaje del comandante!-gritó saltando del wyvern con agilidad para hincar la rodilla y hacer una reverencia ante la magna soberana nada más tocar el suelo.-Los Emergidos se están escabullendo del pueblo. El comandante cree que buscan reagruparse para huir en su propio barco. Estamos preparando una emboscada en el puerto desde la retaguardia, pero aun así debéis prepararos. Una horda de Emergidos se dirige hacia aquí.-La soldado dijo todas aquellas palabras con la mirada al suelo, como manda el protocolo. Solo faltaba recibir las órdenes de la reina.
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Mensaje por Yuuko el Lun Jun 24, 2019 7:01 pm

Cuando la reina descendió del barco se encontró con la imagen de sus hombres frente a ella. Los últimos en descender ya se habían desviado hacia el navío enemigo, la mujer desvió su mirada levemente para ver como una bola de fuego perfectamente formada y controlada impactaba con uno de los escasos seres que había en cubierta. Derribandolo de forma instantánea y dando libertad a sus soldados para abordar el navío enemigo,para cargar directamente contra el legitimo dueño del transporte. No estaban teniendo problemas en su misión,no estaban teniendo problemas abriéndose paso sobre la cubierta de madera... Y por ello la reina pudo volver una vez mas la mirada al frente. Donde la imagen era bien distinta.

Habian formado en dos filas que separaban por completo la aldea de los muelles del puerto. Yuuko había llevado consigo a su viaje apenas una docena de soldados no magos. Hombres que portaban espadas,lanzas y hachas, armas de metal de corto alcance. Ellos se habían situado en primera fila,en el centro de la formación. Rodeados por los soldados de infantería de Daein,a los cuales habían guiado sobre que posición tomar ,dándoles instrucciones mientras descendía del navío y siendo invitados por los soldados de las islas a acompañarles.Pues hasta ese momento las ordenes e instrucciones repartidas a los soldados daenitas se habían centrado únicamente en aquellos que formaban parte del escuadrón de jinetes wyverns, los mas numerosos....

Aun con la adicción de los soldados extranjeros la cantidad de los mismos no era suficiente para cubrir todo el terreno que debían cubrir para separar por completo las dos áreas. Para formar una cordón que impidiese al enemigo huir. Por ello algunos magos,los mas rápidos en conjurar sus hechizos,se habían posicionado también en primera fila. La segunda fila estaba formada por magos al completo.

Todos habían desenfundados sus armas y abiertos sus tomos.Las manos apretando las empuñaduras,apoyándose sobre las paginas. Mientras contenían la respiración y esperaban,sin moverse.Sin hacer nada... sabían que la espera era importante. Pero los magos estaban tomando el barco enemigo. Los jinetes persiguiendo a los emergidos en el núcleo urbano... y ellos... nada... La tensión era palpable y la reina sabia que poco a poco el ansia se apoderaría de ellos. La mujer alzo la vista.

Si los jinetes no habían vuelto a ellos significaba que el enemigo seguía vivo y correteando a sus anchas,al menos parte del mismo. Pero el enemigo no había dado señales de vida en las inmediaciones del puerto, ni había aumentado el humo,ni el ruido... Y los jinetes se encontraban en esos momentos mas tiempo en el aire,sobrevolando las casas,que abalanzándose contra el suelo. Algo... no es que la situación no fuese bien,ni mal. Es que en el lugar que había decidido ocupar en esos momentos le faltaba información para saber como se estaba desenvolviendo todo. Y aquello a la reina no le agradaba.

Vio como los jinetes se reunían , y por un momento pensó que ya habían finalizado. Que se reunían para volver. Mas no era esa. Volvieron a dispersarse. Habrian cambiado de táctica. Algo que no le parecía mal a la mujer. En el campo de batalla los planes rara vez salían exactamente como se habían planeado. Los inconvenientes existen,el enemigo existe, saber adaptarse era esencial. Tan y como ella,que cambio de parecer respecto a quemar el navío ajeno cuando lo vio tan desprotegido. Tal y como el comandante daenita ,que al no ver los resultados esperados en sus tácticas habría reunido a los suyos para dar nuevas ordenes.

El viento levantándose llamo la atención de la reina. Un viento que provoco múltiples cortes a un enemigo que había salido entre unos almacenes, caminando hacia los muelles, y que lo derribo por completo. Y tras el el mismo viento y una masa de oscuridad ajena derribaron a otros dos, que habían salido tras su compañero emergido.

El enemigo comenzaba a salir,mas a cuenta gotas. De una manera en la que ni siquiera parecía una amenaza. De echo la mayor parte de los suyos ni se había molestado en moverse para atacar, pues eso rompería la formación, ni había comenzado a conjurar sus hechizos. Sabiendo que sus compañeros en primera fila serian capaces de acabar con esos seres.

Su mirada se enfocaba en todo lo que podía,intentando atrapar cada detalle, cada cambio en el ambiente.La atención,la velocidad de reacción,era vital. Por eso vio venir a Jill antes de que la misma la llamase,reconociendola en el aire por su wyvern y el color de su armadura, o al menos intuyendo que se trataba de ella. Su voz se lo confirmo.

-En pie.

Ordeno una vez que la explicación fue dada. La mujer sonrió,con malicia. Aquello no explicaba porque estaban tardando tanto en... "venir" sus enemigos. Pero al menos ahora sabia que vendrían, mas bien que serian atraídos hacia ellos. Lo que la reina esperaba,pillarlos mientras intentaban huir,desesperados,sorprendidos por la situación... Y si eran los soldados daenitas quienes los atraían hacia ellos significaba que estarían rodeados. De frente les esperaban los magos.A sus espaldas los jinetes wyverns. Estaban rodeados.Confiaba en que no fuese necesario dar la orden a los jinetes de que impidiesen que los emergidos intentasen huir al interior de la isla. Ya lo habrían tenido en mente, no seria necesario aclararlo. Y aunque no lo fuera , estaba segura de que a esas alturas la aldea había sido evacuada y parte de los soldados se habían quedado a la salida de la misma,asegurándose de que el enemigo no siguiese a los civiles.

Pobres seres sin corazón que se creían capaces de dañar a sus islas... Como iban a sufrir por tal osadía...

-Estamos preparados desde hace un rato... De echo es lo que estábamos esperando... que vinieran a nosotros mientras intentaban huir... Supongo que esto no es mas que la calma antes de la tormenta...

Aumento aun mas la sonrisa. Y junto con su sonrisa elevo su tono de voz,para que todos la escuchasen.Al tiempo que abría su grimorio.

-Nuestros hermanos de daein están atrayendo al enemigo hacia nosotros. Preparaos para recibirlos con una tormenta...Mantener la formación y tener cuidado de no destruir el puerto de la emoción... Que aprendan lo que significa atreverse a tocar las Islas de Durban...

Los suyos asintieron,con voz clara y al unisono,animados por la leve broma de la reina sobre la destrucción del puerto. Pues la monarca sabia que solo destruirían aquello que les fuera ordenado destruir,y sus soldados sabían que la reina lo sabia... Y tras eso el silencio volvió. Era curioso como el tiempo se distorsionaba cuando uno esperaba,cuando sabia que el peligro vendría frente a frente ,a por ellos. Los minutos se acortaban pero los segundos se alargaban. Costaba decidir si se había tardado mucho o poco . Si la espera había sido larga o corta. Y eso ocurría,la reina era incapaz de saber cuanto tiempo llevaban esperando, cuando el silencio fue roto. Por pasos.

No salieron todos en manada. No salieron dos o tres figuras aisladas. Las figuras eran numerosas,salían de la aldea,de entre los almacenes y cajas. En parejas,en grupos pequeños,dispersados a lo largo de todo el puerto. Encontrándose frente a frente con la imagen de los soldados en fila. Esperándoles.

Antes de que la infantería fuese capaz de alcanzar al enemigo, de que los emergidos apuntasen sus armas. La magia ya había sido lanzada. Rayos que se adentraban en el centro de los torbellinos. Ráfagas de aire cortante. Fuego comprimido,mas fácil de manejar. La oscuridad abriéndose paso entre los pies de todos ,zigzagueando hasta alcanzar su objetivo. Los emergidos que apenas daban un paso fuera de la aldea y ya recibían su ataque. Aquellos a los que no les estaban dando tiempo de reaccionar,a los que no deberían darles tiempo de reaccionar.

Estaban tan lejos de acercarse a la primera fila que la reina aun ni había tenido la necesidad de mover sus labios y llamar a su propia magia.
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Mensaje por Jill el Mar Jun 25, 2019 8:25 am

Cuando la reina ordenó a Jill que se levantase, ella lo hizo automáticamente, como un resorte. Echó un vistazo a su alrededor mientras la reina le seguía hablando. No era un gesto descortés, estaba comprobando con sus propios ojos la veracidad de las palabras de la reina.

Efectivamente, estaban preparados. Los magos de Durbán todos con tomos abiertos en sus manos, y un grupo de soldados de infantería en primera línea, con armas desenvainadas. Todos listos para luchar. Estaban colocados en medio entre los barcos y el puerto propiamente dicho, esperando la llegada de los Emergidos que intentasen volver al barco. La reina lo había previsto todo de antemano. Jill no podía dejar de mostrar asombro por la habilidad estratégica de la reina Yuuko.

-Realmente sois sabia y astuta, Alteza. Vuestros hombres son muy afortunados de teneros a vuestro lado en la batalla…-e iba a decir que ella también se sentía muy afortunada, pero no sabiendo como la reina iba a interpretar aquellas palabras decidió callarse. Aunque el rubor rojo de sus mejillas la delataba un poco.-Permitidme luchar a vuestro lado una vez más.

Jill hizo una nueva reverencia y se dirigió de nuevo a Diotima, montándose sobre su lomo. La wyvern todavía lucía cansada, recuperando el aire tras un vuelo tan largo. Jill acarició la cabeza y el cuello del animal, relajándolo, mientras la reina dedicaba unas palabras a sus hombres. Breves, pero que sirvieron para relajar un poco la tensión que se vivía en el momento.

Pero solo un poco, la tensión era evidente. Sabían que los Emergidos llegarían en cualquier momento, pero no sabían exactamente cuándo lo harían. La espera resultaba toda una prueba, ya no de paciencia, sino de templanza y serenidad. Perder los nervios en una situación así podría llegar a ser fatal.

Por eso, la atención de Jill seguía fija en la reina. Todos parecían mantener la calma ante la situación, pero la reina lo llevaba al extremo… Era el ejemplo de la calma misma, de la dignidad y del orgullo. Totalmente impasible ante el peligro que se avecinaba. En aquellos momentos de silencio, donde nada salvo el ruido del viento se escuchaba, Jill no pudo contenerse más. Había algo que la carcomía desde ya hacía horas, y necesitaba sacárselo de su pecho. Y aquella ocasión quizás no fuera el mejor momento, pero temía que no fuera a haber otro muchísimo después, cuando ya fuese demasiado tarde.

-Alteza, perdone mi impertinencia. Ahora me colocaré para combatir en primera fila, pero antes hay algo que necesito saber, si a vuestra grandeza le parece bien… Antes, cuando nos encontrábamos en el barco, vos estabais diciéndome algo sobre los motivos por los que me escogió, cuando fuimos interrumpidas por culpa de los Emergidos… ¿Puedo preguntar qué es lo que deseabais decirme en aquel entonces?

Era posible que la soldado se estuviese extralimitando enormemente, preguntando directamente a la mismísima reina cuando debería estar en guardia contra el enemigo. Pero necesitaba saberlo. Necesitaba saber por qué ella era la “Elegida de la Reina”. Porque una simple soldado como ella, tan joven y con tan pocos conocimientos de diplomacia y etiqueta, y ante todo, tan inferior ante la grandeza que representaba la reina de Durbán, había sido escogida para acompañar hasta su regreso a tan elevadísima persona.

Fue la única vez que intervino, pues ya sentía que había abusado demasiado de la bondad de la reina molestándola con esa pregunta en aquel momento. No queriendo causar más problemas, se dirigió a ocupar su lugar en primera fila, junto con la infantería, a la espera de los Emergidos.

¿Cuánto hubo que esperar más? Se le hizo eterno. Diotima soltó algún que otro bostezo, y Jill tuvo que regañarla, tirando de las riendas y dándole alguna que otra colleja en el cuello. Entendía que estuviese cansada, pero no podía dormirse justo antes de que empezase la batalla. Al menos, no estaba volando y podía descansar las alas.

Y todo llega en esta vida. También los Emergidos. No aparecieron con cuentagotas, pero tampoco masivamente. En grupos de entre dos a cinco Emergidos, cargaban desde distintos callejones para llegar al barco. Jill imaginaba que trataban de marear a los magos creando distintos blancos a los que tener que responder al mismo tiempo.

Pero los magos de Durbán no podían ser engañados tan fácilmente. Utilizando su magia en perfecta coreografía, atacaron los distintos puntos de acceso por los que iban apareciendo los Emergidos no dejando a ninguno sin probar ración alguna de viento, trueno o fuego. Probablemente aquel tipo de ataque estuviese ensayado, con años de práctica incluso, pero no dejaba de ser asombroso ante la vista.

Ningún Emergido parecía ser capaz de dar tres pasos en el muelle antes de recibir un impacto mágico. La infantería, incluida Jill, permanecía inmóvil, a sabiendas que cargando contra el enemigo solo serviría para ponerse en medio de los magos y sufrir de fuego amigo. Pero la soldado no se aburría. Ver aquel despliegue de magia, con sus explosiones y sus descargas, logrando acabar con todos los Emergidos sin dañar o impactar ninguna de las casas del puerto era toda una proeza sobre la que no podía haber otra emoción más que el asombro.

Desde el fondo empezaban a escucharse rugidos. Eran los propios jinetes wyverns que estaban provocando que el enemigo acudiera hacia el puerto. El que se les pudiera oír significaban que estaban cerca, y por tanto, también lo estaba el grueso de los Emergidos, tratando de escapar. Más y más Emergidos salían de los callejones en dirección al barco, solo para ser acribillados por los magos de Durbán. Y parecía que los tomos tenían suficientes cargas para aguantar todavía más asaltos sin siquiera sudar.

¿Tanta espera para esto? Resultaba un poco decepcionante. Pero servía para comprender el valor de la magia de que se practicaba en aquellas islas. Lamentaba perderse la diversión, pero no podía negar que estaba aprendiendo mucho de todo aquello. Aprovechó entonces un momento de calma tras ver que se extinguían las oleadas para preguntar al resto de miembros de infantería, en su misma situación, otra pregunta que tenía desde hacía ya un rato en la cabeza.

-Perdonad, compañeros. Una simple pregunta de nada… ¿Hay vacas en Durbán?
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Mensaje por Yuuko el Miér Jun 26, 2019 6:10 pm

Yuuko mantuvo unos instantes de silencio antes las palabras de Jill, ante la pregunta que le formulaba,planteándose si responderla o no. Su mirada seguía fija al frente, moviéndose sus ojos levemente para captar las esquinas que quedaban fuera de su rango de visión. Ampliando el mismo,captandolo todo. No era el momento ni el lugar de mantener esa conversación. No cuando toda palabra que no tuviese relación alguna con el campo de batalla podía considerarse una distracción. No cuando en cualquier momento el enemigo podía aparecer,interrumpirles,pillarles por sorpresa... Y aun así,tampoco era apropiado dejar la pregunta al aire, indicar que pospondría la respuesta. Pues el no tener una respuesta,el no saber algo que se tenían tantas ganas de saber como para haber formulado la pregunta en mitad de la batalla... no era algo que se desvaneciese de la mente tan fácilmente. Podía convertirse en un zumbido constante,letal, una distracción peligrosa... Ante ello, y ante el echo de que su presencia no era requería aun en batalla, se decidió a responder.

-Veo mucho potencial en ti. Eres humilde y sabes ver tus errores, sabes obedecer algo que no todo el mundo sabe hacer. Ante pones tu misión a ti misma, algo vital para todo soldado.Rebosas energía que contagias a otros,cosa que aunque no lo parezca es una muy buena cualidad cuando se trabajo con otros. Tienes buenos reflejos y velocidad a la hora de analizar la situación en la que te ves envuelta. Tu vinculo con Diotimia es tan fuerte como el de los mejores jinetes... y lo mas importante de todo... Amas a tu país sobre todo lo demás,y lo demuestras con tus actos... Aun te queda mucho por vivir , pero esas características están allí y te harán llegar muy alto... Es interesante, ver el desarrollo de gente así, el camino que tomaran ,a donde les llevaran sus decisiones... Me gustan las cosas interesantes...

Sus labios se curvaron en una mueca un tanto maliciosa. Después de todo todas sus palabras eran ciertas. Pero no dejaba de ser un capricho,el ver crecer a la soldado junto a ella, el observar con curiosidad como se desenvolvería fuera de su patria... Pero no era el momento para ello. Para decir mas,para añadir mas. Esperaba que esa respuesta satisfaciera a la soldado,que callase la voz que en su interior le pedía una respuesta.

Y no supo la reacción a la respuesta,pues nada mas terminar de formular sus palabras Jill partió,a colocarse junto a los soldados de infantería,en primera linea. Vio como le hacían sitio al verla llegar, yendo un par de magos hacia la segunda fila en esos momentos que su presencia ya no era requería para completar la misma. Pero Jill no participo en la batalla, ninguno de los soldados armados con metal lo hicieron. Pues no hacia falta. Los magos se estaban encargando de todo, eliminando a la amenaza antes de que la misma se acercase demasiado. Con ataques en perfecta sincroniza, atacando por relevos para que de dicha manera mientras un ataque era lanzado el siguiente mago fuese conjurando el suyo,para que no hubiese ni un solo instante en el que los ataques no se dirigiesen a los emergidos. Era un control sobre la magia que requería años y estudio de practica. Una sincronizan entre la magia propia y ajena que requería la participación de múltiples batallas para poder llevarse a cabo de aquella manera. De una manera a la que la reina no le sorprendía. Intentaba que los escuadrones no variasen,que se luchase siempre con la misma gente,para adquirir esa armonía y confianza. Y con ella había llevado a pocos hombres,para no dejar a sus islas sin defensa, pero se había llevado a los mejores. A los que normalmente combatían con ella.

Los wyverns comenzaron a no solo escucharse,si no también verse. Acercándose al puerto sobrevolando el poblado, planeando a apenas un metro de las edificaciones, o incluso saliendo de alguna calle ancha,con un emergido por delante de la criatura, huyendo de la misma. Era una señal de que ya habían terminado de guiar a todos los enemigos al cordón de magos que los esperaba para recibirlos con sus hechizos. La cantidad de enemigos que emergían de entre las edificaciones era también cada vez menor. No faltaba mucho para finalizar la batalla. Una batalla en la que a esas alturas ni la reina ni el general descansando a su lado habían tenido la necesidad de usar sus magias, ni la de las esferas ígneas de los navíos en los que habían llegado. Cosa que seguiría así,pues todo había acabado...

... o eso pensaba la monarca. Un ruido llamo su atención en uno de los laterales,detrás de las filas formadas por sus hombres. Un sonido proveniente del navío enemigo,de cuya cubierta había saltado un emergido. Cayendo sobre los tablones de madera de los muelles, tropezando e incorporándose rápidamente mientras tomaba la espada que se le había caído, para huir de su propio barco. Para huir de los magos que habían asaltado el mismo y de los ataques que a su ser dirigían, corriendo fuera del alcance de los mismos.

Yuuko estaba segura de que los soldados descenderían del barco y no tardaran en darle caza. Y si no lo hacían su general lo haría,pues corría en dirección a ellos. O cualquiera de los hombres en segunda fila que hubiesen apreciado la escena. Pero la reina tenia el tomo abierto en sus manos, y su papel aparte de dirigir,era luchar junto a los suyos. Vencer y sobrevivir con sus hombres.

Apoyo la mano sobre las paginas del tomo, movió los labios conjurando sin emitir sonido alguno. Las letras se movieron de su lugar,se acercaron a la palma de su mano, apilándose en la misma,siendo tragadas por la pálida piel de la reina. Despego la mano del tomo,la dirigió al suelo en el cual apareció una sombra,una sombra que seguía la dirección que el dedo indice de la soberana marcaba, una linea casi recta hacia el emergido. Y cuando lo alcanzo elevo la mano y la cerro en un puño,al mismo tiempo que la oscuridad rodeaba al ser y lo atrapaba por completo. Haciéndole soltar su arma,detener sus movimientos. Temblar,llevarse sus manos a la garganta,rascando,intentando liberarse de aquello que lo atrapaba,que lo consumía... pero nadie puede escapar de la oscuridad... no si la oscuridad no lo desea... Abrió la mano y la bajo,desvaneciéndose la oscuridad con ese acto.Dejando tras de si el cuerpo del emergido.Con la piel mas pálida que antes y los ojos completamente en blanco, su carne consumida casi por completo... el cuerpo cayo totalmente inerte,sin vida. Y la mujer sonrió mientras cerraba su tomo y lo soltaba,dejándolo balancearse en su cintura.

Los pasos apresurados de los magos que habían seguido a ese ser se detuvieron frente a la reina. Disculpándose por haber dejado escapar a esa criatura. Informando que era la única que aun quedaba con vida en el navío. Informando de que lo habían recorrido por completo y habían acabado con todo emergidos dentro de el. Investigando hasta sus bodegas,donde no encontraron víveres pero si un pequeño montón de madera y hierro. Y armas,muchísimas armas.

La reina desvió la mirada al frente una vez mas,donde la mayoría de soldados ya no participaban en la caza de enemigos, pues apenas quedaba una docena de ellos.

-En la bodega de nuestro barco quedan banderas de nuestra patria verdad? Traedme una...

Ordeno la reina, y sin saber con exactitud el propósito de dicha orden acudieron corriendo a cumplirla. Sabia que encontrarían el objeto pedido,después de todo había velas y banderas de repuesto.Pues el clima en alta mar siempre era caprichoso, las tormentas una realidad, y el coser una vela no siempre servia si las mismas habían sido inclementes con los navegantes. Lo mismo con las banderas. Navegar sin bandera era peligroso,pues desde la distancia si no desvelaban su identidad podrían ser confundidos con piratas o contrabandistas. Algo que no podían permitirse cuando acudieron a Daein. Tenían que anunciar su llegada,demostrar que eran ellos. Era preferible el llevar telas de sobra y no usarlas a descuidar ese aspecto.

Los gritos desordenados indicaron el fin de la batalla. Gritos de emoción,de euforia, palabras que no eran palabras que se entremezclaban con las felicitaciones que se hacían unos a otros. Los magos se acercaron a elogiar el trabajo de los jinetes, los compañeros de batalla se daban palmaditas en el hombro unos a otros mientras cerraban sus tomos,incluso pudo ver como Diotimia recibía una palmadita en el lomo. Los mas cautos aun esperaban ordenes, esperaban la palabra de la reina para cerrar los tomos, enfundar las armas. Pues no sabían si habían terminado.Pues una batalla nunca terminaba cuando se eliminaba al enemigo.

-Quiero que se atienda a los heridos,si los hay. Manda a algunos de los nuestros, aquellos que mas energía tenga, a inspeccionar el pueblo. Quiero que lo recorran de arriba abajo,en busca de heridos o de pequeños focos de fuego que aun no hayan sido apagados. Examinar primero la taberna...

Pues allí era a donde evacuaban a aquellos civiles que por su edad o condición física no podrían dejar el pueblo a tiempo.

-Manda a otro pequeño grupo al interior de la isla,en busca de los soldados de la misma. Que informen de que la batalla a finalizado y el enemigo vencido,pero que esperen a que evaluemos la situación antes de volver a la cuidad,iremos a buscarles cuando sea el momento. También quiero un informe de daños, tanto materiales como humanos ,lo antes posible,aunque es una tarea de mínima prioridad. Después de esto sera prudente descansar aquí un par de días antes de volver a partir,el informe puede realizarse durante esos días. Cuando todos hayamos descansado y celebrado apropiadamente la vuelta a casa... o al menos una celebración improvisada hasta que alcancemos palacio... Espero que no haga falta decir que todas las ordenes son para nuestros hombres, nuestros invitados solo deben tratarse las heridas que hayan podido recibir y descansar. Informarles de que pueden hacerlo tanto en el barco como en la aldea si lo desean, son libres de moverse por ella.

En cuanto termino de darle las ordenes a su general el mismo se despidió con una reverencia y partió donde sus hombres.Sabiendo que la reina ya no corría peligro y podía marcharse de su lado. Justo en el momento en el que se despedían sus magos llegaron con la bandera en la mano,tendiéndosela a la reina la cual cogió con cuidado la tela cuidadosamente doblada.

-Perfecto... me acompañáis?

La pregunta era por pura cortesía,sabia que la acompañarían. La reina encamino la marcha,a pasos lentos y elegantes,recorriendo primero los muelles hasta quedar frente al barco enemigo. Aquel que ahora estaba vació. Deteniéndose ante el unos instantes,admirándolo,antes de cruzar con el mismo cuidado la pasarela de madera que habían dispuesto esos seres para desembarcar en su isla. Aquella que habían usado los suyos para abordar el navío y apoderarse de el. Camino por la cubierta hasta el mástil mayor,deteniéndose ante el ,subiendo la mirada y admirando la imponente estructura de madera.El centro del barco... Se acerco hasta el obenque,formado por cuerdas perfectamente colocadas y atadas hasta formar una red por la que ascender por el mástil. Las manos de la reina podían parecer suaves y delicadas. Pero tenían fuerza,resistencia. No solo la que el usar la magia le confería,si no la fuerza de un ciudadano de las islas de Durban, la fuerza de aquel que nace y vive tanto en tierra como en mar. La de un navegante... Habia aprendido a dirigir un barco antes de aprender a montar, a pesar de que sabia que en su posición siempre tendría a un capitán a su lado,de que no navegaría nunca sola y de que no necesitaba saber como dirigir un barco. Pero lo sabia. Habia dado sus primeros pasos en su palacio, y en la cubierta del barco de su padre. Sabia cada tarea del lugar, cada pequeño detalle a tener en cuenta por pequeño que fuera,tanto de forma teoría como de forma practica. Porque si no tenia ese conocimiento... como sabría que estaba mal? Como sabría como proceder,que ordenes dar? Cuando sabia cuando debían echarse a la mar y cuando no?

El subir por el obenque, por mas abultadas e inadecuadas que sus prendas parecieran para tal tarea,por mas afilados que fuesen los tacones de su calzado, era una tarea sencilla para ella. Tan fácil como subir cualquier escalera. Aunque una de sus manos tuviera sujetaba la tela entre sus dedos y usase esa misma mano también para aferrarse a la cuerda, cuerda que a esas alturas ni producía rojeces en su piel ni durezas,a diferencia de sus experiencias en la infancia.

No tardo nada en subir,a pesar de la altura del mástil. No tardo en adentrarse en la cola del vigía,la cual había sido dejada vacía de forma muy imprudente. La mujer se permitió unos instantes,descansando la mano en la superficie de manera,bajando la mirada para observar a los soldados que le habían acompañado al transporte,que se habían quedado abajo sabiendo que la reina no necesitaría ayuda al subir. Que no caería. Les sonrió a pesar de saber que dicha sonrisa no llegaría a ellos. Suficiente. Dejo descansar la bandera sobre la barandilla de la cola, asegurándose de que el viento no se la llevaría a pesar de separar sus manos de la tela. Se giro una vez mas a lo poco que quedaba del mástil en aquella altura. Estiro sus manos a la cuerda que sostenía la bandera enemiga en el aire, la que la alzaba el símbolo de los emergidos y declaraba a los vientos y los mares a quien pertenecía el barco... pero ya no les pertenecía a ellos.

Bajo la bandera, con movimientos expertos deshizo los nudos y la soltó por completo. Tomo la que le pertenecía, la que le representaba a ella,a sus gentes,a sus islas... La ato con delicadeza a la cuerda,usando los agujeros que la bandera tenia creados para ese fin. Se aseguro de que estuviese bien sujeta a pesar de saber que los nudos habían sido correctamente realizados. Y la alzo, ocupando el espacio que había poco había ocupado la bandera rival. Y admiro su insignia ,el amplio trozo de tela que ahora hondeaba a los cuatro vientos en todo su esplendor. Clamando aquel barco como propio, como propiedad suya de sus islas. Igual que el mar sobre el que se encontraban, igual que los navíos que les habían traído a ese lugar, igual que las tierras que se extendían ante sus ojos y que tan bien contemplaba desde las alturas.

El viento trajo consigo algunos aplausos,algunas exclamaciones de jubilo diluidas por la distancia, provocadas por el cambio de bandera que era una señal de que habían vencido la batalla. De que la isla estaba a salvo una vez mas... Yuuko se digno a saludar con la mano,a corresponder con ese gesto silencioso la alegría que se vivía abajo. Pues ella aun no iba a bajar, no... Disfrutaría al menos de un par de minutos mas de todo lo que sus ojos captaban desde ese privilegiado lugar. Todo lo que le pertenecía, todo y todos lo que había jurado proteger y cuidar...

Amaba a su país y sus ciudadanos mas que cualquier otra cosa en el mundo...
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[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] Empty Re: [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko]

Mensaje por Jill el Jue Jun 27, 2019 9:07 am

La reina podía haber ignorado perfectamente la petición de Jill. Y la soldado lo habría entendido. Aun en la aparente calma que se encontraban, todavía estaban en plena batalla y no les estaba permitido bajar la guardia ni un instante. Además, la reina de Durban no tenía por qué responder a las dudas de una simple soldado que ni siquiera formaba parte de su ejército personal.

Pero la reina respondió. Y lo hizo de manera extensa, con una sonrisa juguetona en su cara. Jill escuchó cada una de sus palabras, y sentía que su corazón ardía a cada una de las mismas.

Primero la llamó humilde, capaz de reconocer sus errores. La soldado no sabía qué pensar ¿aquellas virtudes no eran normales en los de un soldado? Un soldado debe saber cuál es su lugar, y no tratar de imponerse a otro. También la llamó obediente. Lo que se espera también de alguien de su rango. En ese sentido, la reina de Durban no estaba respondiendo a su pregunta, había miles de soldados que cumplían con esas características en todo Daein.

Luego dijo que tenía energía, que sabía trasmitir a los demás. Jill no estaba tan segura, no era quien se decía muy sociable. Pero era cierto que en el poco tiempo que había pasado con la reina, se sentía mucho más abierta con ella que con mucha otra gente, incluso dentro de su escuadrón. Y eso sin dejar de lado la diferencia de posición entre ellas dos.

Habló de los reflejos y la velocidad a la hora de analizar su situación. Las mejillas de Jill se pusieron muy rojas en aquel entonces. No podía sacar el tema y olvidar el primer encuentro entre ellas dos. Efectivamente, ahí había previsto la situación y había reaccionado antes que nadie. También se había “sacrificado” por otro, en este caso la reina. Habían pasado semanas de eso, pero seguía siendo bastante embarazoso de recordar.

Mencionó su vínculo con Diotima. No podía negarlo. A ver, tampoco se atrevía a hablar ella del resto de jinetes. Pero desde luego que había un “vínculo” entre las dos. Diotima no era una montura, ni un arma. Era su amiga, su mejor amiga. Y eso no cambiará jamás.

Y lo más importante para la reina también era lo más importante para Jill. Era cierto, amaba a su país. Amaba a Daein. No solo era su hogar, donde se había nacido y criado. También amaba lo que representaba. Amaba los valores de Daein. El orgullo, la fuerza, pero ante todo, que cualquiera puede llegar a ser alguien con solo demostrar que tenía la capacidad para ello. No importaba si era noble o plebeyo, si era nativo o extranjero. Si su lealtad a Daein era completa y lo demostraba, podía llegar hasta el cielo.

Y por eso, las siguientes palabras fueron las que más impactaron a Jill de todas. Su Alteza veía potencial en ella, y preveía que podría llegar muy lejos. Aquello era el sueño de Jill, y la reina se lo estaba profetizando. Un par de lágrimas empezaron a asomar por parte de los ojos de la soldado, lágrimas de felicidad.

Quería haberla podido responder. Quería decirle cuánto la admiraba. Cuánto respetaba su elegancia, su porte, su saber estar. Cuanto envidiaba su inteligencia, muy superior a la de la soldado. Cuanto la sorprendía siempre la calma que mostraba independientemente de la situación en que se encontraba. Cuanto valoraba infinitamente el trato que mantenía con sus hombres y lo que pensaba de cada uno de ellos. Cuán importante había sido para ella el rato que habían pasado juntas las dos. Cuanto había podido aprender solo estando a su lado. Cuánto representaba la reina para ella.

Pero no pudo ser. No en aquel momento. Porque el combate empezó. Un combate completamente sencillo, pero que no podía servir de excusa para que la soldado ocupase su lugar en aquella batalla.

Si la espera se sintió eterna, el combate en sí se sintió como un suspiro. Jill no tuvo que pelear pero no fue la única. Entre los magos debidamente posicionados y sus hechizos coordinados por un lado, y la presión del escuadrón wyvern por el otro, la infantería entre la que se encontraba la soldado con Diotima no tuvo que mover ni un solo músculo.

La reina tampoco tuvo que hacer nada, salvo por un Emergidos que se escapaba del propio barco que los otros Emergidos estaban desesperados por alcanzar. Podían habérselo dejado a cualquiera, pero su Alteza consideró que aquel ser, por el motivo que fuera, era merecedor de morir por su propia mano. Jill contempló como sin apenas esfuerzo, desde la distancia la reina Yuuko acababa con la vida de ese Emergido mediante un único hechizo de oscuridad.

Había otra cosa más por la que Jill admiraba a la reina. Admiraba su poder.

Pronto estallaron los júbilos, de los cuales Jill también manifestó con gritos de alegría. Incluso Diotima parecía contenta, a pesar del agotamiento. Tanto que cuando uno de los soldados de infantería dio una palmada en su lomo de camaradería, su amiga no intentó responder con un mordisco en la cabeza.

Claro que, aunque la batalla había terminado, todavía quedaban cosas por hacer. La reina dio una serie de órdenes a su general. Y éste no tardó en repetirlas a sus propios soldados, aunque el comandante de Jill apareció para escucharlas también y ver cómo podían ayudar a la realización de la misma.

No fue el único que apareció. Varios de los jinetes wyverns acudieron detrás de Jill, mostrando una sonrisa socarrona en sus caras. Jill se dio la vuelta en cuanto empezó a escuchar sus palabras cargadas de venenosa envidia.

-Hay que ver que bien se vive siendo la “Cortesana de la Reina” ¿no crees?
-Ya ves, nosotros ocupados en el centro de la lucha, y la “Elegida” disfrutando de la batalla sin tener que hacer nada, como si fuera un espectáculo de teatro ¿Te lo has pasado bien?

Haría solo unas horas, aquellas palabras hubieran herido a Jill. Pero ya no. Tenía los ojos rojos, pero era por las lágrimas que había soltado cuando le respondió la reina. Aparte de eso, tenía una brillante sonrisa.

-Sí, soy la “Elegida de la Reina”, y estoy muy orgullosa por ello. Mientras dure la alianza entre Daein y Durban, mi lealtad a la reina Yuuko es tan absoluta como la de nuestro rey Ashnard y el príncipe Pelleas. Daré gustosa mi vida por ella. No puedo dar las suficientes gracias a Ashera y a todos los dioses por haberme dado el privilegio de viajar a su lado. Mi único deseo es el de estar a la altura de las expectativas de mi reina. Le demostraré lo que soy capaz, todos lo veréis.

Era la primera vez. La primera vez que Jill llamaba a la reina Yuuko como “mi reina”, a pesar de que no era la reina de Durban. La alianza entre Durban y Daein la convertirían pronto en reina consorte, si todo iba bien. Pero eso no era lo importante para Jill. Mucho más vital era el vínculo que había formado Jill con la reina. El respeto y admiración que sentía por ella se habían convertido en plena lealtad. No vacilaría, mientras fuesen aliados, Jill serviría a la reina Yuuko de todo corazón.

Los jinetes wyverns le dedicaron más palabras, pero Jill las ignoró todas. Su mirada estaba centrada en su reina, mientras colocaba la bandera de Durban en el barco Emergido. Y como el resto de los hombres de Durban, empezó a aplaudir con fuerza y gritar de júbilo ante la victoria y los saludos que les dedicaba la reina a bordo del barco capturado.
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Mensaje por Eliwood el Vie Jul 05, 2019 12:31 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Yuuko ha gastado un uso de su tomo de Worm.
Jill ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Ambas obtienen +2 EXP. Gracias al incremento de experiencia, Yuuko obtiene un nuevo skill de la rama Sorcerer:

[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] IeufE0i Pesadilla - Reduce a su blanco a una agitación ciega mediante alucinaciones visuales, auditivas o sensoriales, particulares a cada individuo, que pueden aterrar, confundir o simplemente desbaratar la mentalidad por el resto del tema, llevando al borde de la pérdida de razón. Su efecto es igual y considerado bajo los mismos parámetros que un estado de Veneno, restando 1 HP al blanco al final de cada turno, sea porque este se daña sin notarlo o por mero desgaste. Sólo puede utilizarse una vez por tema.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
espada de acero [5]
.
.
.
.

Support :
Marth [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] Iwzg0SR
Lyndis [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] JEIjc1v
Nils [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] JEIjc1v
Izaya [Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] Espada%202

Experiencia :
[Campaña de liberación] Bienvenidas a casa [Jill-Yuuko] Iu4Yxy1

Gold :
93


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