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[Social] La senda del guerrero [Priv. Takumi]

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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 13, 2019 11:16 am


Hoshido. Lo que otrora fue un país soberano e independiente, cuna de la civilización más bella que los ojos de cualquier hombre o mujer en Akaneia pudieran disfrutar. Ese lugar que anteriormente había visto florecer en él la cultura y las artes, el más riguroso sistema social y también esa inevitable pero bella forma incluso de hacer la guerra. Ese lugar del que tuvo que huir. Ese bello lugar en el que la masa emergida entró y rompió con todo. Y luego, la invasión nohria. Como una funesta hoja cortando una caña de bambú, miles de años de tradición habían sido derrotados frente a la fuerza de las armas.

Ni tan siquiera él podía comprender por qué había vuelto ahí. Todavía se conservaba, obviamente, esa belleza. Pero era una belleza vacía. Ryoma lo comprendía cada vez más a medida que caminaba por esas calles de la ciudad que una vez fue su hogar. Pero no había tiempo para lamentos.

Ryoma había vuelto a Hoshido tan ambiguo y difuminado como lo habían sido sus últimos meses de vida. Ataviado por encima de la armadura tradicional de príncipe con una túnica negra que la cubría por completo, con el cabello recogido en una coleta y la mitad superior del rostro protegida con una máscara que intentaba simular las formas de un oni, esas criaturas con las que se espantaba a los niños en aquella tierra, los pasos del samurái le iban llevando poco a poco a un lugar muy concreto. El antiguo palacio real.

Había calculado todo hasta el último detalle. Había elegido un día especial para la ocasión. Un día en el que la tormenta inundaba el cielo, los rayos atronaban con fiereza sobre esa zona del grandioso imperio nohrio y el agua mojaba a quienes, incautos, seguían por la calle. No le acompañaba nadie más que su sombra. Había conseguido convencer a Kagero y a Saizo para que se abstuvieran de actuar ese día. No quería ponerles en peligro.

Porque ni él estaba seguro de lo que estaba haciendo. Solamente, se estaba dejando llevar por un impulso. Solamente, quería conocer cuál era la situación de su familia durante el exilio que se auto-impuso. Mucha gente podría pensar que la entrada al palacio era algo imposible. Más bien, posiblemente, Nohr había puesto guardias hasta debajo de las piedras. Pero habían muchos caminos que llevaban al interior, muchos caminos que los propios vasallos de Ryoma se encargaron de ocultar en su máxima medida para que resistieran la ausencia del único hombre vivo que los conocía, a parte, por supuesto, de la reina Mikoto. Lugares tan recónditos que podían conectar al palacio… Como lo que parecía ser una aparente tienda de víveres.

Entró, saludando con la cabeza a la anciana que se encargaba de regentar ese pequeño establecimiento. Un gesto que le fue correspondido. Y es que esa mujer, además de sabia y curtida por la vida, era una de las pocas vasallas que aceptaron seguir los mandatos del príncipe en el exilio.

Una pequeña estantería era la entrada al pasillo secreto. Una estantería que, al quitar de ella un papiro aparentemente inofensivo, comenzaba a moverse para dejar paso a un largo y angosto pasillo completamente a oscuras.

-…Que el entrenamiento sea tan duro que la batalla parezca un descanso –rezó el samurái entre dientes, desenvainando la katana como una medida de precaución, comenzando a caminar hacia el interior del lugar- Si os adentráis en el camino inexplorado, al final aparecerán infinitos secretos.

Y así comenzó ese pequeño recorrido. Guiándose por la mano y fiándose del veredicto de su memoria, Ryoma comenzó a desplazarse por el lugar, contando los segundos que pasaban en su cabeza como una medida de precaución para no perder la compostura. Así, hasta que su mano se topó con lo que parecía ser el final del pasillo, que bajaba con unas escaleras hasta las antiguas mazmorras del palacio.

Una pequeña trampilla que le llevaría a una pequeña celda cuya puerta llevaba demasiado tiempo rota. Comenzaría a levantarla poco a poco, intentando hacer el mínimo ruido, para luego asomar la cabeza con cuidado.

No había nadie a la vista. Y la puerta, tal y como esperaba, seguía rota. No era algo fácil de percibir, pues estaba cerrada en apariencia. Era solo que… La cerradura no la bloqueaba nunca, y a propósito trucó el samurái eso en su debido momento.

Los pasos de Ryoma prosiguieron, sin producir sonido alguno. Las pocas celdas que se crearon en su momento para aquel palacio no eran de su atención. Su objetivo era llegar al que una vez fue su cuarto. Mas cuán caprichosos eran los designios de Amaterasu, la entidad pagana a la que el samurái rendía culto, cuán cruel era la madre Mila, cuán irónicas podían ser las enseñanzas de Naga…

Que tal vez, había encontrado una verdadera razón para entrar en ese lugar.
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Mensaje por Takumi el Miér Mayo 15, 2019 8:55 pm

Luego de un pequeño tiempo en el que el aislamiento casi se le había hecho costumbre, el segundo príncipe varón de Hoshido fue liberado de las mazmorras y ahora podía caminar por los pasillos del palacio con cierta libertad. No era mucha considerando que debía seguir en el recinto, sin embargo, le bastaba por ahora. Takumi, si bien no era de aquellos que obedecían de buenas a primeras, tampoco era idiota o del todo ingenuo y prefería acatar de la mejor manera posible el mandato de la que era la señora actual del lugar fuera o no nohria. Comenzaba a sospechar, mas, cuando intentaba rebuscar entre sus recuerdos, un ligero dolor de cabeza hacía acto de aparición de forma paulatina y aumentaba exponencialmente su normalmente controlado mal humor.

Después de varios intercambios tanto de golpes como de palabras, pudo volver a portar un arco y pasearse por los pasillos durante las noches; con sus dificultades para dormir, aquello también le servía para poder vigilar a sus hermanas y asegurarse de que no corrían peligro alguno. Seguía manteniéndose desconfiado y alerta ante todo, notándose en los círculos negros alrededor de sus ojos cada vez más pronunciados y en el tiempo invertido en el campo de tiro flecha tras flecha dando en el centro de la diana. Ahora mismo, los pasos silenciosos lo llevaban sin rumbo en plena noche, esquivando guardias y, a los que no podía, intentaba convencerles con las mejores -y, cuando su paciencia mermaba, no tanto- palabras que incluían muchísimo su casi incapacidad para conciliar el sueño de manera normal.

El haber estado tanto tiempo encerrado en los calabozos terminó por agarrotarle un poco las piernas al prácticamente haberse quedarse sentado o acostado en el desvencijado catre y el cabello le costó la vida entera el poder deshacerle los nudos que le habían quedado producto de la suciedad y la falta de cepillado, así que se limitaba a que la velocidad de sus pasos fuera perezosa y apenas y sí avanzaba, a veces quedándose mirando por las ventanas que permitían tal acción y otras el ir ensamblando flecha tras flecha para que su carjad permaneciera abastecido, un viejo hábito que le seguía siendo difícil de ocultar y evitar.

Estaba en medio de aquella ronda cuando el leve sonido que producía la madera vieja al ser pisada con cautela se abrió paso a través de sus oídos sobre sensibilizados frente a la ausencia de sonido y su permanente estado de alerta justo en la dirección en la que la habitación que solía ser de su hermano mayor -y que a estas alturas creía muerto- se hizo presente en el pasillo. Por reflejo y con la mayor cautela que podía tener, sacó una flecha del carjad y la colocó en el arco, posicionando lentamente los dedos a través de la cuerda y tensándola al tiempo que se acercaba hacia donde había detectado la fuente del sonido, topándose con un hombre cubierto por una túnica oscura larga y algo que podía ver como una máscara entre las tinieblas que habían en ese sitio. —Tú, quien demonios seas, acércate a la maldita luz y responde: ¿cómo entraste y por qué estás aquí? Si haces algún movimiento brusco, dispararé—. Su voz salió en forma de un gruñido bajo y más ronco de lo que cualquiera pensaría que pudiese proyectar Takumi, las sombras que proyectaba su rostro producto de la luz de la luna solamente acentuaban sus ojeras y le daban un aspecto más demacrado de lo que realmente estaba.

No sabía el porqué, pero, había algo en aquella figura que se le hacía extremada y dolorosamente familiar, pero, desechó el pensamiento al no saber si la persona a la que estaba haciendo referencia seguía viva o no, siendo que el príncipe hoshidano consideraba lo segundo como la mejor opción posible. —"Álzate sobre las masas de gente que teme actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un guerrero debe tener valor heróico"—. La única parte de los siete estamentos del Bushido que Takumi quería seguir a rajatabla, éso era como un mandato para sí mismo aparte del credo del guerrero, algo que le habían enseñado desde que había llegado al mundo y había puesto en práctica desde que pudo lanzar su primera flecha con todas las de la ley. —"No tengo espadas. Yo hago de mi no-mente mi espada"—. Una ironía siendo que él era un arquero, no un espadachín. Al menos no tanto como la mayor parte de su familia lo fue.
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 16, 2019 4:44 am

Mas qué desagradable decepción, qué triste voluntad del fatum, fue caer descubierto en tan poco tiempo. Ni tan siquiera cuando entrenaba con Saizo era interceptado tan rápidamente. Por debajo de su hakama, las piernas del samurái ya se prepararon para moverse en cuanto fuera necesario, cubiertas gracias a la larga pieza de tela que las volvía invisibles para quienes no estuvieran demasiado cerca. No desenvainaría todavía. No era necesario. Si tuviera de verdad que acabar con la vida de quien estuviera delante. La oscuridad no permitía identificarlo, mas él solo se había delatado: usaba un arco. Un verdadero error, pues si no lo supiera, Ryoma hubiera caído en el engaño y no podría defenderse con tanta seguridad como podría hacerlo en ese momento.

Amparado por la poca luz que tenía el lugar, el samurái podría moverse lo suficientemente rápido como para esquivar un movimiento tan rectilíneo como el de una flecha. O eso creía él. Tenía la saya a un lado de su cintura. Solo necesitaría moverse rápido y a ese maldito no le daría tiempo ni a respirar. Luego, bastaría con llevar la hoja de la katana a su ropa y limpiar la sangre con un rápido y único movimiento de mano. ¿Por qué no lo hizo? A saber. Pero antes de moverse, cometió un gran acierto al esperar a que su vista se adaptara al lugar. De lo contrario, muy seguramente, el que tenía delante estaría muerto antes de que a Ryoma le surgiera la necesidad tan siquiera de tomar el arma.

Un silencio sepulcral inundaría el lugar en cuanto vio el rostro de quien estaba delante de él. ¿Cómo no podía haberle reconocido antes? Gran error suyo. Un error que evidentemente, no podía perdonarse. Ese que tenía delante, aquel ser al que segundos antes había estado al borde de atacar, no era nadie más ni nadie menos que su hermano. Takumi.

Alzó las manos en ese preciso instante como una muestra de rendición, devolviendo los pies a su lugar. Bueno. No era rendición. En ese preciso instante, la respiración de Ryoma se volvió mucho más pausada, y sus ojos se clavaron sobre los del contrario. Una pose más intimidatoria que cualquiera de las que podría dedicar antes, incluso teniendo las manos levantadas.

-…El verdadero Budo, el verdadero espíritu del guerrero, es aceptar el espíritu del universo, mantener la paz del mundo, producir, proteger y cultivar correctamente todos los seres de la naturaleza. –su mano se dirigiría poco a poco, sin muestra alguna de hostilidad, hacia la máscara que cubría la mitad de su rostro- Mas se ve que tú prefieres ser un guerrero en el jardín que un jardinero en la batalla... –Una frase que el samurái había repetido mucho a esa persona en concreto desde que le vio combatir por primera vez. La mano comenzaría a retirar a un ritmo paulatino y sosegado la máscara, dejando poco a poco el rostro del samurái totalmente desnudo- Y me enorgullezco de que así sea. No has flaqueado ni un solo segundo al atacarme. Ese es el verdadero espíritu que todo aquel que se consagre al ejercicio de armas debería poseer.

Un fuerte rayo caería en las cercanías, siguiéndole cual compaña su equivalente en forma de trueno. Y aun así, el samurái se mantuvo indómito, dejando caer sus brazos para luego cruzarlos. No había ápice de emoción o sentimiento en el rostro de Ryoma. Pero poco a poco, comenzó a aparecer, en forma de una paternal sonrisa hacia el que era su hermano pequeño.

-De todas tus acciones, solo has fallado en una. No has disparado. No sabes hasta qué punto llega el poder de un rival. Me has despreciado al no matarme rápidamente. Y eso me daría oportunidad a mí para acabar contigo. Sabes que una katana puede ser más larga y llegar más lejos que cualquiera de las saetas de tu carcaj. Pero eso es indiferente. –sus palabras cesaron repentinamente, mientras el samurái tomaba el arma con la vaina todavía cubriéndola, dejándola caer con gracilidad y sin producir el más mínimo ruido sobre el suelo- Yo también he cometido errores. El aprendizaje no cesará nunca en ninguno de los dos. Y tú vas por el buen camino. Te he echado de menos, hermano mío. Ahora, por favor… Baja el arma.
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Mensaje por Takumi el Lun Mayo 27, 2019 9:52 pm

Se mantuvo firme en su posición, aprovechando que su carjad se mantenía tan bien colocado que, si disparaba, solamente bastaba con bajar el brazo para colocar una nueva flecha. Toda la vida se entrenó con espadachines y lanceros, aquello ya se había vuelto un acto reflejo con todas las de la ley y le era tan fácil como respirar; también sabía cómo atacar mientras se movía y agradecía tantos años de heridas y su propia terquedad a quedarse sentado sin hacer nada. Un trago amargo que debía procesar aún era el asunto con los emergidos, sin embargo, era algo que tendría que hacer tarde o temprano.

Daba igual si ese espadachín podía esquivar un simple disparo, Takumi sabía cómo poder darle a cada disparo algún tipo de efecto, especialmente ahora que sus sentidos estaban tan agudizados que una mínima brisa que entrase por la ventana podía ser una ventaja para él. Tensó más la cuerda del arco y preparó sus pies para correr en caso de necesitarlo y, justo cuando iba a soltar la flecha, una voz conocida se abrió paso a través de sus oídos, deteniéndole un par de segundos en lo que veía al intruso levantar las manos y quitarse la máscara. Maldijo mentalmente, sin abandonar su posición de advertencia. Después de tanto tiempo, ¿cómo se atrevía a poner un pie en el palacio? ¿Cómo se atrevía a presentarse como si nada hubiese pasado y ahora le soltaba una lección como las que le otorgaba antaño?

—"¡Mil veces maldito, Ryoma, mil malditas veces!"—. Un gruñido salió de su garganta sin permiso. Si Takumi hubiese sido un animal, ahora mismo estaría mostrando los colmillos con furia muy pobremente contenida. —Abandonaste a Hinoka, abandonaste a Sakura, abandonaste a Hoshido—. Se omitió a propósito de la oración; de todos sus hermanos, ellas eran las más afectadas al no poder hacer nada para evitar que el mayor se fuera y la moral se viniese abajo de golpe y el propio pueblo también. El arquero tampoco podía hacer mucho, más que acercar a la gente, la alejaba con su siempre perenne molestia. Lo poco y nada de respeto que Takumi aún resguardaba por el que solía ser el príncipe heredero se terminó de desvanecer en este instante con solamente reconocer su rostro y voz. —Abandonaste a todos. No te mereces una muerte rápida ni por asomo; lo que te mereces es pudrirte en una celda por lo que te quede de tiempo en este mundo—. No intentaría disfrazar el rencor con palabras dulces, desde que supo que su hermano mayor había dejado de lado todo y marchado, estaba tan furioso que apenas y podía razonar correctamente.

Su malhumor solamente aumentaba a la par de sus horas perdidas de sueño, un monto que no hacía más que aumentar de manera tan brutal que poco y nada podía hacer para evitarlo. Puede que lo peor es que no quisiera evitarlo. Ante la mención de su supuesto error, Takumi disparó, dándole el suficiente efecto a la saeta como para que se clavase a centímetros del rostro de su hermano. Antes de que siguiese hablando, ya tenía en total unas tres flechas tensadas en el arco, listo para volver a hacerlo si era necesario, ahora sin fallar a propósito. —No es un error, es una mera precaución. Nunca disparo una flecha sin verle antes la cara al enemigo, mucho menos a uno que ha causado tanto daño—. El tono gélido tampoco era disimulado, raspando como vidrio molido a través de su garganta, correspondiendo a la sonrisa del contrario con una expresión que por poco y rozaba el rechazo total.

¿Por qué debería volver a seguir los pasos de un cobarde que no tiene las agallas como para arriesgarse a dar la vida por su familia? Por su única familia—. Él mismo quería creer en sus propias palabras, que, ahora mismo, no las estuviera diciendo al aire y se les grabasen al contrario aunque fuese una mínima parte. —No, Ryoma, no bajaré el maldito arco. Por una puta vez, haz las cosas bien en tu miserable vida y deja que una flecha te atraviese la garganta—. Aquella ira ya había dejado de ser contenida y se mostraba cual antorcha en la oscuridad del pasillo, quemando a través de sus venas y de la misma sangre que compartía con el castaño. Si sus hermanas viesen ahora mismo aquella postal, era casi seguro que terminasen de derrumbarse.

No podía negar a que estaba tentado de bajar el arco, mas, si hacía éso sería para darle un puñetazo en pleno rostro con la mayor cantidad de fuerza que pudiera ejercer. No lo haría, no por ahora. —Puede que una katana sea más larga que cualquiera de mis flechas, pero, no es más fuerte que una flecha clavada en el cuello a mano limpia—. Tenía varias entre sus dedos, podía dar fe de ello. Lastimosamente, que él recordase, el mayor nunca le había visto combatir. Era la única ventaja que Takumi tenía en este preciso momento. —Si quieres que baje el arco, aléjate de tu espada lentamente. Provecha que la basura nohria no vendrá—. Puede que estuviese de más, pero, tal y como estaba el joven de cabello platinado, era lo segundo más razonable que podía hacer.
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 28, 2019 11:34 am

Los ojos del samurái miraban ahora con severidad al contrario, indiferencia total y absoluta. Sí. En efecto. Tenía razón. Los había abandonado a todos, mas era su misión como príncipe heredero de aquel lugar hacerlo. No podría encontrar esa verdad que buscaba si tenía distracciones. Y sabía que esa verdad era la clave para volver con su familia.

-Abandoné a Hinoka, mas ella es una verdadera guerrera. Abandone a Sakura, mas ella debe aprender el arte del Budo. Abandoné a Azura, mas ella ni tan siquiera es nuestra verdadera hermana, como tanto te gustaba remarcar. Abandoné a Mikoto, mas ella misma me encomendó tal empresa. Abandoné a Corrin en su niñez, mas eso es un pecado del que ya me expié. Abandoné a Hoshido, mas lo hice porque había fallado al país. Y te abandoné a ti. –el samurái miró por unos segundos al suelo, suspirando. Bajando la guardia unos segundos al recordar la dureza de sus actos y con la que ahora estaba siendo juzgado- Lo que Naga depara a cada uno de nosotros es verdaderamente inescrutable.

No era buen momento para empezar con esas reflexiones, ciertamente. Pero Ryoma no tenía otra forma de expresarse. Su vocabulario no incluía palabras como el “perdón”, no que a él le gustara admitir. Y sin embargo, si no fuera por su gigantesco orgullo como samurái, debería haberlo hecho. Era cierto. En su obstinada búsqueda de recuperar la libertad de Hoshido, abandonó a sus gentes en las garras de ese tiránico régimen que lideraba Garon. Suspiró en ese instante, agachando más la cabeza, y apretando la mano zurda con fuerza.

-Mas. ¿Dejarse capturar por el enemigo es lo que haría un guerrero, o este entrenaría para vengarse? Takumi. Yo tomé mi decisión. Y ojalá hubiera haberte podido llevar conmigo, pero… No estaba seguro de si yo podría sobrevivir en esa misión. Y no iba a poner tu vida en riesgo. Tu lugar no estaba a mi lado.

Fue entonces cuando se percató de la flecha que había lanzado el joven hacia él. Fue entonces cuando por primera vez en casi un año, el samurái arqueó una ceja extrañado. Cómo había osado atreverse… Y cómo demonios tenía que actuar él ante eso. Ni se había dado cuenta, pero aun así, ahora podría y en cualquier momento lo haría. Desarmarle. En cuanto fuera necesario, lo haría. Ni el arma necesitaba. Pero… El pacifismo natural de Ryoma se lo impedía.

Pero no podía hacer demasiado más. Comprendía la ira de ese hombre. Y sin mucha queja, desenvainó la katana, dejándola caer con cuidado sobre el suelo. No iba a combatir con el que era su hermano. No todavía. Y esperaba no hacerlo nunca… Pues sabía que eso no acabaría bien para ninguno de ambos. Suspiró, alzando las manos con calma sobre su cabeza. Dudaba también de si su hermano verdaderamente podría atacarle. Esa no era la senda del bushido. Y esperaba que a pesar de la ocupación nohria eso se mantuviera en el corazón de quien era uno de sus más cercanos seres queridos.

-No dudo de tu fuerza –dijo Ryoma, bajando poco a poco las manos, y colocando el pie delantero por delante, aprovechando que su largo hakama le cubría lo suficiente como para que esto no fuera visto por Takumi- Y tampoco de tu bondad. Ese es el problema. Que sé perfectamente que se te ha criado en un hogar repleto de respeto al mayor y al bushido. ¿Y un samurái, tú crees, que atacaría a alguien desarmado?  Porque yo sé que no…

Da un paso con lentitud, intentando acercarse a Takumi, y alejándose así de su arma, que descansaba todavía en el suelo. Casi le retaba a disparar. Casi. Porque eso sería romper todos los fundamentos del budo. Y si tenía que morir, lo preferiría a ver al joven corromperse por los métodos grimantes.

-Baja el arco… Por favor. Y si muestras verdadero honor, desapareceré como el sol al caer la noche. Pero eso no es lo que quieres. ¿De verdad piensas que he venido aquí a pasear? No. Vengo a prepararlo. A sacaros de aquí. A ti, y a quien pueda… Pero antes… Dime la verdad. ¿Eso es lo que deseas? ¿Me ayudarás a recuperar el honor familiar y buscar la verdad…? O por lo contrario…Decidirás caer en la deshonra... Lo dejo a tu decisión. Y es que sé perfectamente que tú prefieres el honor al combate, ¿Verdad? ¿O has adoptado las duras costumbres nohrias, bárbaras y bestiales? Por favor… Dime que no. Sé que para Corrin puede ser demasiado tarde… Pero tú… Tienes la luz de Hoshido en tu interior. Te lo imploro. Baja el arma… Sumeragi no querría vernos así.
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Mensaje por Takumi el Dom Jun 16, 2019 2:05 am

Lo que yo hice fue intentar mantenerlas a salvo incluso si yo mismo sufro las consecuencias, algo que tú no te atreviste a hacer, grandísimo idiota. Sí, es cierto, Hinoka es una guerrera con todas las de la ley y Sakura es fuerte, pero, una sigue siendo demasiado temeraria como para evitar que el resto se preocupe por ella y la otra es demasiado amable como para aceptar la soledad y endurecerse con ella como hemos hecho nosotros—. Se calló el "aunque tú lo hiciste a base de ser egoísta" pese que esa frase luchaba por salir de su garganta con uñas y dientes. Ryoma no tenía ni idea de que, por lo que el de cabello gris había visto y oído, Sakura sentía algo de culpa apenas supo el cómo había muerto la madre de al menos cuatro de los príncipes de Hoshido, cosa que solamente encrudecía las llamas de furia que Takumi siempre tuvo en su interior. Que le diesen a esa supuesta misión de príncipe heredero, si hubiera podido, Takumi hubiera escupido a un lado en señal de hastío.

Aunque, en su interior, seguía sintiendo que, desde los siete años, tenía las manos manchadas con la sangre de su madre y, pese a toda el agua que pudiese correr por el cauce de un río, sería imposible lavarla sin dejar rastro alguno.

Olvidas que hay gente que no nace para ser un guerrero, nuestra hermana menor es un ejemplo. ¿¡Y qué si dije éso sobre Azura!? Ella también conoce su maldito lugar, al igual que todos nosotros. Después de todo, ¡ni tú ni Sumeragi han parado de repetirnos esa puñetera porquería desde que tenemos memoria! ¡Tú no estuviste ahí en ningún momento malditamente importante!—. Debería contenerse aunque fuese un poco, los guardias podrían venir y no era la idea. Aunque muy escondido estuviera, en su corazón aún había una pizca de lealtad fraternal por muy mísera y corrompida de estuviera. Injurias, mentiras, palabras sin sentido. No dejaba de pensar en éso mientras escuchaba a Ryoma hablar como si supiera cuantos sentimientos Takumi escondía en su interior o el nivel estratosférico de su confusión al ya no saber qué creer y qué no, ya demasiado roto como para tolerar más cosas sin sentir que tenía el peso del mundo sobre sus hombros.

Estaba harto, estaba tan malditamente harto que no le fallaría la mano incluso si terminaba lastimando realmente a su hermano mayor ahora o en un futuro. De éso que no hubiera duda alguna. Vio como su hermano mayor desenvainaba la katana con lentitud, como si tuviera la sensación de poder ganarle en un mano a mano antes de dejarla en el suelo y alejarse de ella. El arco no le daba demasiada ventaja con ello, mas, era suficiente para el joven de cabello grisáseo, él también tenía sus trucos bajo la manga, de hecho, tenía el arco únicamente por costumbre. —¿Por qué debería dejar este arco? Nunca dije que sería un samurái, nunca dije que seguiría tus pasos o los de Sumeragi—. Una risa amarga brotó de su garganta. —Siempre fuiste el ojo derecho de nuestro padre, ¿por qué debería creerte a ti, una de las personas bendecidas por ser de los mayores en este lugar?—. Tantos años soportando el ser la sombra del hombre frente a él, que ningún logro suyo fuese debidamente felicitado por muy pequeño que fuese y el estrés de dormir poco y nada aparte del de haber estado en una celda más veces de las que le gustaría aceptar comenzaban a causar estragos en su convicción, terminando por bajar poco a poco el arco sin que se diera cuenta.

Deja de hablar como si me conocieras, Ryoma, tú no tuviste que cargar ni con la mitad de lo que cargo yo. Tampoco metas a Sumeragi en este lodazal, ya hizo suficiente daño, pero, todos fueron tan ciegos como para ignorarlo—. Su instinto competitivo comenzaba a hablar por él y su propia inseguridad y rencor también, como si quisiera restregarle en la cara todos los sentimientos negativos que había ido acumulando desde que tenía uso de razón. Anteriormente, se mantenían bien guardados y suprimidos gracias a Ikona, la madre de ambos, pero, con el nacimiento de Sakura y la muerte de su progenitora, ya no tenía nada que le resguardase del vivir ignorado por su propia familia y ahora simplemente estaba explotando poco a poco. Sentía algo de calor en la zona de los ojos, característico de las lágrimas acumulándose con poco control sobre ellas. No quería llorar, pero, ya no podía seguir así, no podía seguir caminando con aquellas viejas esperanzas que, de una u otra forma, no dejaban de lastimarle sin descanso alguno.

Cuando pensaba que podía respirar, todo se iba al demonio. Aparte de la esperanza y la confianza, tu tranquilidad y fachada de hielo también se resquebrajaba. —Detén el carro justo ahí, la basura nohria no tiene nada que ver en todo ésto—. Sin importarle si alguien le veía, se secó las lágrimas de un manotazo rápido con la diestra una vez hubo guardado las flechas en el carjad. Tampoco le importaba si a estas alturas su voz sonaba trémula, casi como si volviese a tener siete años y regresaba a tener a su hermana menor en brazos siendo una bebé. —Tú eres el niño mimado que necesita que le acompañen a todos lados. No me pidas que lo haga, no sería yo si aceptase—. Prefería tomar el camino de alguien solitario antes de seguir junto a alguien que, a base de decisiones sin consultarlas primero, había fragmentado lo poco y nada que les quedaba de unidad familiar.

Respiró profundo un par de veces, ya sin ánimos de seguir peleando y con su raciocinio de vuelta para poder ordenar sus pensamientos de nueva cuenta y, luego de chasquear la lengua, se acercó con pasos silenciosos. —Bien—. Takumi no añadiría nada más incluso después de arrancar la flecha que había lanzado anteriormente de un tirón y pasar al lado del castaño, dirigiéndose a la que se suponía era su habitación en un llamado silencioso de que podía seguirlo. Independientemente de que si lo hacía o no, seguía teniendo la incomodidad de que su habitación ya no se sentía del todo propia, como si allí durmiese un extraño después de haber pasado varios días en una celda con muy poca luz solar y lunar. Aunque ya había llegado a su destino y alcanzado a tomar una bolsa que, en un muy infantil impulso, había llenado con algunas prendas de ropa muchísimo más discretas que la que usaba normalmente, salió nuevamente al pasillo.

Te seguiré con dos condiciones: nunca más vuelvas a mencionar a Corrin frente a mí—. No iba a decirle que ella estaba en Hoshido en ese preciso momento, no le quedaban fuerzas como para decirlo y mucho menos admitir que, tal vez, se volvía de a poco algo más que una amiga. Hizo una pequeña pausa para asegurarse que ningún guardia estuviera por la zona, aprovechando que ya conocía el notorio sonido de sus pisadas y el tintineo que producían sus armaduras encima de la cota de malla. —La segunda es que me dejes dejar al menos una nota para Sakura para explicarle la situación. Ella sabrá que decir y que no, al menos para justificar mi ausencia—. Si bien todo lo que había dicho hacia Ryoma era también para Hinoka, Takumi no podría reprocharle nada siendo que ella era la que se encargaba de la menor durante sus propias ausencias en las que permanecía entre rejas e incluso cuando él mismo intentaba recuperarse y dormir aunque fuese una hora diaria. Se cruzó de brazos, esperando la respuesta del mayor, destacando sin querer el hecho de que su insomnio había ido de mal a peor y ya comenzaba a causar muchísimos más estragos en su cuerpo y semblante. Fuera de su mente, su cuerpo también tenía carga excesiva encima.

Todo lo que ha dicho ahora, no lo volverá a repetir en lo que le quede de vida si es que le quedan años por vivir.
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