Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Sáb Abr 06, 2019 5:08 pm

Cambiaba el viento sobre mí, pasando de ser un apacible céfiro, manso como un cordero, a rugir poderoso e inalcanzable, trayendo el marín desde el horizonte la forma espesa y grisácea de nubes que, poco halagüeñas, clamaban iracundas que se cernía sobre nosotros la imponente mano del clima de aquellas tierras, el golfo de Carcino, sonrisa curva de la moribunda y podrida Magvel, otrora próspera, ahora postrada ante los pies de aquellas tropas que, portando rápidos estandartes cotas abolladas y silenciosas formas, reclamaban para sí toda nación a su paso, incansables e imparables. No terminaba de despuntar el alba cuando sentí el cambio en los cielos, soplando gélida aquella corriente que se tornaba huracanada, plantando cara sobre la cima de un montículo enfrentado al venir de un nuevo día que, aunque amenazador, podía ver que una vez más se alzaría una bestia sobre los dominios de los dioses, colosal y estoica mi figura entre rocas que, de tonos ocres, escondían entre ellas los restos decrépitos de matojos e hierbas que, desesperados, casi parecían saber que en breve serían regados. Gruñí a los cúmulos amenazadores como si así pudiera ahuyentarlos, escupiendo tras eso al suelo, lanzando en mi cabeza altas conjura y maldiciones, sabiendo la que se nos venía encima. Debía apresurarme en dar inicio a la marcha de este día, o perderíamos una oportunidad como ninguna otra.

Había acordado con el futuro rey de estas tierras no hacía demasiado sobre el pillaje y el saqueo que podíamos realizar durante las emboscadas y escaramuzas en estas campañas, llegando con él a un acuerdo tras ver mi desempeño en los hechos ocurridos en Manster, tan lejanas las memorias de aquellas batallas como lo estaban los recuerdos sobre mi tierra natal, cercana a esa nación. Si bien no podíamos arrebatar a los pocos supervivientes de la destruida Carcino de sus posesiones, alas que se aferraban con uñas y dientes pese a lo mermados que se hallaban sus cuerpos dada el hambre y la penuria que habían pasado, sí podíamos hacer lo propio sobre aquellas zonas que, bien por estar despobladas o por la muerte de sus dueños, poseían bienes que rapiñar a gusto, permitiéndonos hacer de carroñeros con algunos límites. Esto era lo que nos había traído a esta zona, dispuestos a ejercer como el ave que nos prestaba su nombre, escarbando entre los restos de la civilización que ahora pisoteábamos para encontrar riquezas con las que vivir un día más, a cambio de acabar con los emergidos que camparan por el lugar y de ofrecer en prenda al tétrico monarca todo cuanto tuviera que ver con escritos de la antigua república. Y para ello, no estábamos solos.

Traía con nosotros a un puñado de abanderados de Plegia que, siguiendo a ciegas las órdenes de su líder grimante, nos acompañaban para hacer de recaderos y llevar nuestros tributos a éste, ya fueran actas o cartas náuticas, o bien cualquier tipo de abalorio o retazo de pasado que pudiera serle de agrado, además de velar por hacerse también con su parte de tesoro, pues no había hombre que entregara su vida más conforme que uno calzado, vestido, ebrio y lleno de comedia su tripa y de oro su saca. Éste era el espíritu de algunos de mis Cuervos, por lo que en honor de recompensar sus virtudes, nos lanzaríamos sobre una de las ciudadelas costeras ahor abandonadas en busca de unos enseres que poder llevarnos como tesoro. Y si quería llegar en esta jornada debía bajar rápidamente al campamento que poseiamos en una zona más baja e ir iniciando la marcha, o de lo contrario nos veríamos atrapados entre riadas y corrimientos de tierra.

No tardó el cielo en romper en llanto sobre nuestras cabezas, cayendo a mansalva una cortina fría de agua que enfría a nuestro ánimo y empapa a nuestros cuerpos y mantos, dejando que chorrearan estos como canales, en una marcha que, silenciosa por nuestra parte, venía acompañada del rumor del agua cayendo sobre la tierra chuzos en punta que amenazaban con atravesarnos de lado a lado y el pisar pesado de nuestras botas en el lodo, dejando atrás nuestras huellas profundas y marcadas en el mismo, pesado y oscuro. Callaban los hombres lo que la lluvia tronaba, llegando el viento de nuevo a helar nuestros huesos bajo las pieles, haciendo chocar con el continente el furioso temporal que arrastraba desde alta mar, blanco nosotros de su ira irrefrenable, entre olivos de cortezas grises y mojadas cuyas ramas dibujaban trazados incomprensibles, senderos empantanados y matorrales que dispersos, parecían volverse más gruesos al ser alimentados, siendo arduo el avance dado el barro que se pegaba a nuestras botas, tratando de clavarnos al suelo. Me mantenía en vanguardia, guiando a los hostigadores en aquella marcha pasada por agua en la que un soplo de aire hacía llegar a mi nariz el penetrante olor del lodo y la humedad, mezclado con el de la foresta que nos rodeaba, mientras mi rostro era recorrido por flujos de agua que acababan en mi barba, cayendo algunos de estos por mis cuernos enhiestos y cada vez que me movía, sintiendo en mis carnes el helor de un clima que se me antojaba conocido, quizá hermanado en parte al de mi tierra. Alcé mi cabeza en una subida, viendo entonces el objetivo que nos habíamos marcado, distinguiendo entre las nubes bajas la silueta de la ciudadela que buscábamos, sonriendo triunfante en una mueca que, desde luego, poco conocida era a los míos, señalando con determinación a la cima de la colina, adelantándome entonces.

Los dioses parecieron interceder por nosotros durante la subida, pues conforme coronábamos aquella loma, remitía la tormenta, dándonos descanso a la par que empezábamos a adentrarnos en los restos de lo que alguna vez fue la marcada civilización anterior a la guerra. Rodeados por la espesura en un sendero a medio formar, podía distinguir como a ambos lados se hallaban sillares de piedra entre restos de vigas desvencijadas y podridas, anteriormente hogares situados fuera de la seguridad de las murallas, ahora escombros que se llevaría la corriente en cuanto un temporal más vigoroso hiciera acto de presencia. Sin embargo, y al poner un pie ante lo. Que una vez fue la puerta de la ciudad, no quedó ninguna duda en mi mente turbada, pues me hallaba frente a la quebrada faz de lo que quedaba de Carcino.

Un marco de madera hundido del que colgaban unas bisagras ennegrecidad y oxidadas era lo único que quedaba del portón de la ciudad, mostrando el hueco por el que entró la arrasadora ola de emergidos que asolaria el terreno poco después, dejando solo el muro que, de apariencia poco fiable, se alzaba aún, casi como un recuerdo difuso del ayer, tocado de sus cimientos y erosionado por la falta de cuidado. No abrí la boca, instando a entrar a los Cuervos como un hervidero, al igual que una vez lo hicieron los enemigos, entrando a lo que ya se trataba del interior del desastre. Edificios de baja planta y ladrillos a medias encalados dispuestos en hilera nos dieron una muda bienvenida, creando callejuelas húmedas y casi inundadas, mientras que la calle principal lucía una calzada levantada y abandonada, al igual que el aspecto de los hogares, en un ambiente espeso y poco agradable en el que no se veía un alma rondar las calles, y en el que parecía que ni siquiera las alimañas se atrevían a vivir. Tras un silencio largo en el que medité el siguiente paso, agarré el hacha con firmeza y miré a los guerreros alzando la voz justo después.

-Peinad la zona. Buscad cualquier objeto de valor, sois libres de llevároslo. Mas no se os ocurra faltar a nuestra palabra, o me aseguraré de ahogsros en un puto charco de agua de lluvia, ¿entendido? - amenacé moviendo el hacha de una mano a otra. -¡Estad atentos al enemigo y mantened los ojos abiertos! - concluí con un rugido imperioso.

Se disgregaron los Cuervos en grupos sacando hojas cortas como dagas, falcatas o hachuelas, internándose aún chorreando en los edificios y callejones con la cabeza gacha, como si se tratasen de sabuesos hambrientos. Por mi parte, dejé que marcharan para dejar que mi voz brotase de nuevo de mi garganta como una cascada mayor a la lluvia que nos había caído encima, llamando a los hombres de Gangrel, primero de su linaje.

-¡Plegianos! Necesito que uno de vosotros se acerque. Tengo algunas preguntas- bramé dirigiéndome a los saqueadores que nos seguían, esperando encontrar a alguien lo suficientemente valeroso para acercarse a mí.
Afiliación :
- Mitgard -

Clase :
Fighter

Cargo :
Mercenario

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
elixir [4]
Hacha de bronce [1]
Hacha de bronce [2]
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Hacha-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  R5AMTTX

Gold :
457


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Serenity el Dom Abr 07, 2019 6:51 pm

Las campaña de Carcino ya está finalizada. Serenity no sabe mucho de guerras ni de conquistas, pero si sabe cuando una batalla está perdida. En este caso, las tropas plegianas han dominado el campo de batalla y triunfado en el mismo. Lo que está sucediendo ahora en este territorio no es una guerra, ya que un bando ya no es capaz de luchar contra el otro, ahora esto es tan solo un dragón enfrentándose a la última resistencia de una tortuga panza arriba. Esto no significa que ya no haya oportunidades de sacar beneficio de la situación, ni mucho menos... Ahora están en la mejor parte, el reclamar los premios que esa tortuga guarda en su caparazón y que tan difícilmente puede defender ahora mismo. Un montón de muertos significa un montón de gente que tiene un montón de cosas que ya no usa ni va a usar, por lo que fácilmente pueden cambiar a unas manos que le concedan una mejor ocupación. ¿Y por qué no iban a ser estas las manos the Serenity? Es por esto por lo que la chica se presentó como voluntaria para acompañar a los mercenarios que tanto habían ayudado en la batalla en nombre del rey Gangrel. Los requisitos eran irrisorios. ¿Asegurarse de que los textos de la antigua república de este lugar le sean entregados al rey? Puede quedarse todos los papelajos que quiera, no es eso lo que busca la ladrona. Más de una vez la han contratado para robar cartas o libros, pero nunca la he visto utilidad a ello y siempre ha visto como un poco desorientados a sus patrones. ¿Tanto interés por un montón de letras? Adelante, pueden ser todas suyas, Serenity está más interesada en joyas y piedras preciosas... Cosas de verdadero valor que todo el mundo quiere, no viejos papeles cubiertos de polvo que nada pueden proporcionarle.

A la compañía de mercenarios en cuestión a la que estaba descontando, o más bien vigilando, isla de los Cuervos. La chica no la conocía personalmente, pero si había oído hablar de ella en los campamentos... Decían que eran medio hombres y medio animales, liderados por un gigante con cuernos. Fue necesario explicarle a la ladrona que esos hombres no eran laguz para que aceptase el trabajo, ya que por un segundo su odio afloró en sus pensamientos. Ahora que los ve de cerca y ha caminado junto a ellos... es verdad que tienen cierta aspecto feral. Le recuerdan a las bestias del bosque, pero no precisamente a los veloces conejos o a los elegantes ciervos, si no más bien a los brutales lobos o a los intimidantes osos. Nada malo en ello la verdad, todos esos animales son supervivientes natos, haciendo lo que está en su naturaleza... Pues como los seres humanos. ¿Qué tiene de malo eso entonces? Alguna vez ha escuchado lo de que la mayor bestia es el hombre, y eso solo es en parte verdad. El hombre es una bestia por supuesto, pero muchas veces intenta no serlo... Serenity no puede evitar preguntarse si esos hombres, con ese aspecto, han dejado de intentar serlo definitivamente, y cómo se sentirán de ser así.

La marcha la verdad es que es tranquila, o así lo es hasta que empieza a llover. La lluvia empieza a caer sobre todos de una manera bastante repentina e intensa, haciendo a Serenity cubrirse como puede levantando su capa por la parte trasera para tapar también su cabeza. No tiene capucha de ningún tipo de protección así, por lo que esto tendrá que bastar para defenderse de la lluvia. El clima es un problema para ella, que siempre ha vivido en la calle. Para alguien que sólo tiene la ropa que lleva puesta, el que esta esté mojada es una maldición, ya que no puede sustituirla con otra y tampoco puede quitarsela sin estar desnuda. A la chica no le queda más que la resignación mientras observa como el agua se desliza por sus ropas hasta caer al suelo, un suelo cada vez más embarrado en el que va dejando las marcas de sus zapatos, que también acabarán hechos una porquería al final del día. Serenity se toma un segundo para observar sus pisadas marcadas en el barro, mucho más pequeñas de las de la gente que la acompaña, y totalmente minúsculas comparadas con las del gigante que lidera a los Cuervos. Esto la hace esbozar una ligera sonrisa al pensar en lo dispar de esa compañía. ¿Quién es el raro aquí hoy, ella por pequeña o el por grande?

En esos pensamientos se va perdiendo Serenity mientras avanzan en su marcha, tomando con su paso la colina y vislumbrando los restos de la ciudad de Carcino que van a registrar como trofeo. El cielo para entonces de llorar, como dándoles su bendición para tomar lo que es suyo por derecho, y la chica le dedica una pequeña sonrisa al mismo. El gigantón que lidera a los Cuervos ruge entonces sus órdenes hacia sus hombres, dándoles carta ancha para llevarse lo que quieran dentro de lo establecido. Les amenaza de manera intimidante con lo que les hará si se pasan de la raya, y desde luego con su tamaño está claro que podría hacerlo, no parece a alguien que haga amenazas así en vano... La ladrona observa con envidia como los mercenarios se lanzan a la caza del tesoro antes que ella, solo deseando que no sean lo bastante hábiles como para poder llevárselo todo antes de que ellos lleguen. Al fin y al cabo, ella ha venido aquí por el botín, y el botín se va a llevar. Es entonces cuando el gigantón se dirige a los plegianos que la acompañan directamente, y lo cierto es que la mayoría de ellos parecen demasiado intimidados como para hacer caso al líder de los mercenarios, casi como si no se atrevieran a avanzar hacia el. Un espectáculo vergonzoso, eso desde luego... ¿Como se puede ser tan cobarde? Hay una diferencia entre ser precavido y no tener sangre en el cuerpo. Serenity deja escapar un suspiro de frustración al darse cuenta de que va a tener que ser ella la que lleve la fuerza de la interacción con el mercenario, no dudando entonces de acercarse al mismo.

-Nity puede responder tus preguntas si quieres, siempre que sea capaz de hacerlo más bien... Eso sí, vas a tener que agacharte un poco, porque por muy alto que salte Nity no habrá manera de hablar si no bajas tú también.-le dice la pequeña ladrona a este sin miedo. Es cierto que ya no es plegiana de origen, pero el resto seguían en duda sobre si acercarse o no, y cuanto más tiempo pierden allí más ventaja ganan los Cuervos y más cosas se llevan... ¡Si tiene que esperar a que los demás se decidan, cuando lo hayan hecho ya no quedará nada que rapiñar!
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Thief

Cargo :
Ladrona vagabunda

Autoridad :
-

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Daga-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Jm5byz1

Gold :
88


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Lun Abr 08, 2019 12:14 am

Posaba mi vista en el pelotón de soldados plegianos con la atención de una loba que, con  la serenidad y autoridad de una madre regia y majestuosa, espera a sus cachorros a la entrada de su morada con la intención de salvaguardarlos después de una reprimenda severa. Ni siquiera mis barbas se movían, plantado ante ellos como estaba en una pose que, amenazadora y terrible, dejaba en mi rostro impasible el ceño fruncido y pálido que me caracterizaba, con los pómulos rectos y mi faz oculta en parte por aquel bosque azabache que eran mis cabellos enmarañados con la chiva, chorreando aún agua por ellos, densos y unidos por la humedad, cayendo su peso y rozando mi pecho por su longitud, luciendo salvajes y libres como mi espíritu. Contemplaba los semblantes indecisos de la soldadesca perdido en mis propios pensamientos, estoico e inmóvil, negando a mis diminutos ojos el parpadeo, tratando de leer en sus gestos algún indicio que pudiera mostrarme el motivo de su falta de valor, llegando a mis oídos los susurros malintencionados de cierto córvido el cual, aunque no podía ver, sabía que rondaba sobre mis cuernos pico suplicante y deseoso, tratando de llevarse a golpe de lisonja graznante cualquier resquicio de mi moribunda cordura. Inspiré hondo, sintiendo el tacto húmedo y frío del aire acariciando mis pulmones, rajando mi gaznate como el mejor de los hidromieles, sumiéndome en el trance que me ofrecían las garras del cuervo que notaba posándose sobre mis hombros, rasgando mi piel bajo el manto de oso que los cubría, brindándome un dolor que incitaba a mis instintos a abrirse al mundo, y a sus palabras, llenas de secretos velados.

-No mires a los ojos de los hombres, buscando lo feral que sabes que no vive con ellos- me reprochaba Hogr, emplumado en sombras, dejando entrar sus conocimientos en mis oídos mortales a cuentagotas, casi temiendo sobrepasar mis límites. -Busca- ordenó, apretando su agarre, llegando a sentir en mis propias carnes con toda contundencia el fluir de mi sangre por mi cuerpo. -Deseo brillo antes de que devore al sol. No me falles, hijo de hombre- abrió sus alas batiéndolas enérgico, dejando sobre mí un vacío que se revolvía en mi interior conforme desaparecía, desvaneciéndose sus graznidos acusicas lentamente, retirándose igual que la lluvia que no hace tanto nos castigaba con vehemencia.

Apenas era capaz de rozar con la consciencia la realidad que me rodeaba, caído en parte en la ensoñación previa, provocada por un acercamiento divino, sutil como un hachazo en el hígado, sorprendiéndome a mí mismo al comprobar que, aunque me hallaba en la misma postura que antes, tenía el rostro bañado en sudor frío, habiendo vivido en medio de la entrada de la ciudadela una experiencia que, si bien no era igual de intensa que las cacerías y persecuciones que experimentaba al cerrar los ojos en la intimidad de la noche, aún perduraba el efecto del ave negra en mi espíritu y cuerpo, como si hubiera estado encarnado tocando mi ser. Aciagos eran los pensamientos que entonces se vieron quebrados por un suspiro que, suave aunque cargado de decepción profunda y mordiente, hacía acto de presencia entre las filas de los carroñeros, revelándose ante mí una persona que, desde luego, no parecía concordar con el ánimo de aquella compaña.

Unos pasos rápidos y cortos dio la figura aniñada de una moza de pequeña estatura, acercándose resuelta hacia mí, siendo dueña de aquel resoplido amargo que había traído mi atención de repente a su persona, menuda y de aspecto frágil, rosada su piel visible cubierta a medias por un manto que, similar a las umbras de la noche, oscilaba a su alrededor conforme se acercaba, deslumbrante el contraste de su cuerpo con el de sus ropas, siendo máximo en su cabello, corto y albo como la nieve, tan brillante que casi parecía de plata, insolente en sus gestos, o eso intuía desde las alturas. Traté de no caer presa de la profundidad de sus enormes ojos, verdes como las hojas húmedas de los olivos que antes atravesábamos, salpicados los mismos de los tonos más oscuros y claros del mismo, como si se tratase de un prado sobre el que hubiera llovido, mas no podía evitar fijarme en aquel destello vivaz que parecían portar, sin saber si correspondían con su propia naturaleza o eran pura fachada. Gruñí ante su cercanía de forma instintiva, pasando a oír su voz, algo aturdido por la elección de sus palabras, hablando de sí misma como quise entender como si no fuera ella, viendo detrás de ella como algunos de aquellos soldados que la acompañaban, luciendo bigotes orgullosos y frondosos, ladeaban la cabeza extrañados. Dejé que el silencio saliera de mi interior, tratando de observarla más a fondo, haciendo entonces caso a su petición de agacharme, pesadamente en mi caso, tratando de no ponerme de rodillas, pues moriría antes que verme postrado ante nadie, para que pudiera hablarme de forma más cómoda. Abrí la boca para responder entonces, mas cierto detalle llegó a mis sentidos entonces, haciéndome subir de nuevo la cabeza incrédulo,  en un gesto que torció mi rostro en una mueca extraña. Sus hombros, en los cuales no había reparado, lucían extraños tatuajes que, con un trazo que no entendía, dibujaban una forma que me recordaba a ciertos rumores que había oído durante mis travesías por el continente occidental, no pudiendo saber nada de la veracidad de los mismos entonces, confirmados durante las campañas de Manster, sobre aquellos que andaban marcados por su linaje. Arrugué la nariz, aspirando rápido, alejando de mi mente esos pensamientos, a la par que trataba de oler a aquella muchacha que se había atrevido a acercarse, sin un ápice de miedo, no llegando ningún aroma a mis fosas nasales, pues el temporal había robado su rastro a la moza. Bajé la cabeza de nuevo, carraspeando antes de abrir mis labios.

-Muy bien- asentí, decidido. -Respeto tu valor, entre los espíritus débiles de los que te rodean. Mereces más parte que ellos- dirigí una mirada penetrante a los demás cobardes antes de dirigirle la vista de nuevo. -¿Nity, no?- pregunté antes de lanzar mi siguiente cuestión. -¿Pelearéis con nosotros si aparece el enemigo? ¿O el rey ha ordenado a este hatajo de cobardes que preserven sus vidas? Algo me dice que tú no eres como ellos. ¿Qué hace una niña en las tropas de Plegia? Si me gusta tu respuesta, le pediré a mi segundo al mando que te recompense- dejé caer, mostrando tras esto los dientes, creyendo en mi mente que me encontraba frente a un ser que, diminuto comparado conmigo, parecía un ave buscadora de brillitos entre los muertos, dados sus ropajes y formas. ¿Sería un corvato inquieto lo que tenía frente a mí? Lo sabría viéndola caminar entre los muertos.
Afiliación :
- Mitgard -

Clase :
Fighter

Cargo :
Mercenario

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
elixir [4]
Hacha de bronce [1]
Hacha de bronce [2]
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Hacha-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  R5AMTTX

Gold :
457


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Serenity el Lun Abr 08, 2019 3:56 pm

En cuanto se aproxima el gran jefe de los mercenarios, Serenity puedes notar la mirada del mismo fija en ella. Es algo lógico y esperable al haber sido la única en responder a su llamada, pero no dejas de comer un poco incómoda a la ladrona. Nunca le ha gustado ser el centro de atención, es mucho más sencillo y cómodo pasar desapercibido... Por no hablar de que es mucho menos peligroso también. Aún así, si nadie se ha atrevido a acercarse al gigantón, mucho menos atreverían a avanzar a atacar la ella... Y sí fuera este el que tramase algo lo tiene a la vista, por lo que le sería muy difícil. Ese pensamiento tranquiliza un poco a la chica, pero aún así al sentir el escrutinio del mismo no puede evitar el taparse ligeramente con la húmeda capa, intentando transmitirse seguridad y protección. Es entonces cuando se decide a hablar, y cuando el gran mercenario se acuclilla intentando ponerse a su altura. Este evita el hincar la rodilla, quizás no queriendo mancharse de barro, pero a esta altura Serenity ya puede observarle con claridad. Es un hombre de piel morena, que no oscura, y su largo pelo y vello facial hace dudar a la ladrona de si este se lo habrá cortado alguna vez. Ella misma se lo corta muy a menudo ese que se dio cuenta de lo fácil que era que le agarraran por él. ¿No será consciente un mercenario de un peligro como ese? Seguramente sí lo sea, aunque también es verdad que hay que ser muy alto para llegar agarrarle el pelo... No es como en su caso que está al alcance de la mano de cualquiera, el vello del mercenario está en una zona inaccesible para la gran mayoría de la población. Efectivamente, cuando la gente hablaba de los cuernos de este parece ser que no era una exageración o una dramatización... Tiene cuernos literales, aunque aparentemente cortados y mellados, saliendo de su frente. Esto hace a Serenity levantar una ceja con cierta duda. No tendrá este hombre algo de bestia en tu interior, ¿no? La chica clava su mirada en los ojos del mercenario, juzgandolos, analizandolos... Estos son profundos, de un color cristalino, pero sin duda una niebla los cubre... Una niebla que Serenity no es capaz de traspasar, despertando esto su curiosidad.

Es entonces cuando el mercenario se dirige a ella, y la verdad es que sus palabras no pueden sino hacerla esbozar una media sonrisa. Este hombre parece ser de los que respetan el valor, pero si cree que dirigirse a él es una proeza hay dos opciones: o ve el valor de una forma muy ligera, o se sobreestima mucho. Puede que sea grande, pero todavía está por ver si es rápido. De nada sirve el tamaño o la fuerza si no eres capaz de golpear aquello que tienes que golpear. Es por inteligente y por escurridizo por lo que sobreviven animales como el zorro, no por su fuerza, y siguen siendo depredadores de todos modos. En la naturaleza, el tamaño es a la vez una ventaja y una desventaja. Al fin y al cabo, cuanto más grande seas más fácilmente te van a ver tus presas, y si tu tamaño hace que seas más lento que ellas te morirás de hambre cuándo echen a correr. Serenity vuelve a dirigir la mirada el mercenario cuando le hacen la primera pregunta, asintiendo antes a lo del nombre.

-Si, Serenity deja que la llamen Nity, así que puedes llamarla así. ¿Cómo podría llamarte a tí? Y sobre si Nity peleará si aparece el enemigo...-la chica repite entonces la media sonrisa que había mostrado antes, llevando la mano a su cintura y sacando una de sus dagas de bronce de las varias fundas que lleva, aunque en sus manos casi parece una espada corta. Esta toca la punta de la misma con su dedo vendado, mirando la cuchilla en su mano con una sonrisa cómplice dirigida a la misma. Han pasado por muchas experiencias juntos, sus armas son sin duda aquello en lo que se puede confiar, y ella intenta devolver esa confianza de la misma manera tratando con cuidado a sus armas.

-Es mejor para el enemigo que no aparezca, y seguro que este lo sabe... Pero si es estúpido del todo, Nity luchará encantada. Al fin y al cabo, cuantos más enemigos hay en el suelo más probable es encontrar cosas bonitas y brillantes en sus bolsillos...-comenta Serenity divertida, pensando al respecto en un encuentro con enemigos. El grupo en el que va son muchos, y casi todos parecen guerreros. Es cierto que van en busca de botín, así que tendrá que vigilar su espalda más de lo normal incluso... Este pensamiento la desviar la mirada un segundo hacia atrás, mirando a los plegianos por si acaso, pero de nuevo no es más que su paranoia adueñándose de su mente. A la pregunta de qué hace una niña en el ejército plegiano, esta de nuevo vuelve a esbozar una sonrisa. No es extraño que la confundan con una niña, al fin y al cabo es lo que aparenta, y tampoco tiene intención y sacarle de su error... ¿Qué necesidad hay?

-¿Y qué más da el tamaño de Nity? Su cuchilla está tan afilada como la tuya, y sabe usarla muy bien... Para vivir hay que comer, y para comer ayuda trabajar. Quien sabe conseguir su comida haciendo armas, las hace. Quién sabe conseguir su comida usando las armas, las usa. Y a Nity no se le da bien hacer armas...-bromea en esto último divertida la chica. Es un ejemplo tan solo claro, ya que la caza también te puede dar de comer, es algo que se le da muy bien también... Pero es un buen ejemplo al fin y al cabo.

-Nity está en el ejército de Plegia porque Plegia le da dinero por hacer lo que sabe hacer, y dado que no se quiere morir, acepta el contrato. Es sencillo, ¿verdad?-concluye explicación Serenity, aunque la verdad es que tiene cierta curiosidad por saber qué le podría dar a su segundo al mando... Por lo general, no suelo aceptar cosas de desconocidos con los que no haya hecho un contrato, es decir, no aceptar nada que no sea un pago por sus servicios. Pero una oferta así le despierta su curiosidad. Aún así, aún queda un asunto por aclarar...

-Serenity también tiene una pregunta para ti... No serás un laguz, ¿verdad? A Serenity no le parece que lo seas, si fueses ya lo habría notado, pero... Aún así, tienes que confirmarselo tú.-pregunta la branded directamente una mirada seria y firme, girando un segundo la daga en su mano, jugando con ella. La apariencia del mercenario es, cuanto menos, curiosa. El cómo intentó identificar su olor no les ha pasado en absoluto desapercibido a la chica, parece que los gruñidos son parte de su expresividad, y esos cuernos que tiene son cuanto menos sospechosos... ¿Existen los laguz con forma de toro? Serenity no lo sabe, pero si fuese así ese hombre tendría todas las papeletas... Y su odio hacia todos los laguz sigue tan presente como el primer día, no es una pregunta que la chica pueda pasar sin hacer.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Thief

Cargo :
Ladrona vagabunda

Autoridad :
-

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Daga-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Jm5byz1

Gold :
88


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Sáb Abr 13, 2019 1:38 am

Había clavado en mis hombros y mi alma la funesta ave sus garras afiladas y mortales, pidiendo no sólo mi carne y sangre la cual bebía con fruición en cada una de sus apariciones, nutriéndose de mi esencia antes de atormentarme con la oscuridad que salía de su pico, instándome a acabar con la luz en los ojos de los hombres normalmente, mas en esta ocasión, eran diferentes sus designios delirantes, los cuales aún me pesaban, resonando sus palabra aún en mis oídos y habiéndome dirigido a la faz aniñada de aquella soldado de Plegia que se había adelantado para responderme. El cuervo había hablado, de forma rotunda e insolente, imperioso y exigente sobre la naturaleza de aquellos que tenía enfrente, dejando caer algún tipo de revelación que, en el fondo, no estaba dispuesto a aceptar del todo, dando como siempre una de esas espirales en las pequeñas conversaciones que mantenía conmigo antes de desvanecerse. Mostrando una conducta parecida a la de un corvato, se tapó la joven con su capa, tratando de salvarse del frío y la humedad del entorno, el cual convertía en vaho el aliento que salía de mis labios cada vez que respiraba, fijándose en aquel momento mis pequeños ojos en unas marcas que, fugazmente, pude vislumbrar sobre sus hombros pálidos y desnudos antes de cubrirlos. El polluelo usaba su escaso plumaje para esconderse del mal tiempo y mi mirada penetrante, pensando qué decir durante nos instantes, observándome con sus ojos atentos y vigilantes, parecidos a los de un mochuelo en cuanto a su profundidad, moviéndose los mismos hacia arriba, en dirección a los quebrados cuernos que, pegados a mi cráneo, no eran sino un abalorio ritual con el que trataba de unir al rey de los dioses, mudo pero absoluto, capaz de acallar a las bestias con uno solo de sus suspiros, colosal y terrible desde su trono en las montañas más ocultas de mi mente. No me moví ni un ápice, quedándome congelado en el sitio, sin cambiar ni un instante la mueca que portaba mi rostro, totalmente impasible y expectante, piedra húmeda la piel de mi cara, arrugada por los años y las andanzas a las que me había expuesto, ni siquiera cuando su mirada llegó a la mía, cruzándose como el acero en medio de la batalla. Volvió el tiempo a su cauce cuando, tras procesar mis palabras, se movieron sus labios hasta convertirse en una media curva, fina y misteriosa, mostrando cierto parecido a un cachorro de zorro que acaba de encontrar la madriguera de un ratón despistado, próximo aperitivo del cánido rojizo, sabiendo yo en aquel momento que Hogr no había centrado mi atención en la misma con su habitual subterfugio para nada. Quería que encontrase algo en ella, fuera un brillo o aquello que buscara en aquel momento, pues no sólo traicionero era el emplumado, sino caprichoso hasta el hartazgo.

Brotó entonces del interior de su garganta una voz que, aunque de tonos algo infantiles, dejaba entrever que su aspecto era engañoso cuanto menos, pues notaba los matices de la experiencia en la misma, volviendo a hablar de aquella manera tan característica, y que junto con su aspecto sería de lo que me acordara más adelante al pensar en ella, remarcando lo que había deducido antes al oírla, y dándome su nombre en una afirmación rápida seguida de una pregunta. Serenity. Odiaba ese tipo de nombres por el sonido que hacía mi lengua entre mis dientes al pronunciarlos, pero trataría de recordarlo, y llevármelo a la boca. No me había dado tiempo a articular una sola palabra cuando metió mano a su cinto rápida como una centella, sacando de una de las vainas que revela en el movimiento una hoja corta, una faca algo grande en sus diminutas manos, tan afilada como la mirada que le dirigía, llegando a tanto que pensé que si apoyaba sin siquiera hacer fuerza el helado filo de la misma en mi garganta la cortaría sin esfuerzo, arrancándome la vida en el proceso. Parecía cómoda puñal en mano, casi como si no conociera una vida sin recurrir a él, dirigiéndole de nuevo una de sus sonrisas a la hoja del mismo, con una naturalidad que seguro hubiera perturbado a cualquier hombre que fuera testigo de la misma. Pero yo no era un hombre. Frente a mí se encontraba alguien demasiado parecido en formas al monarca al que servía, por lo que ya iba sobre aviso, llegando a tal punto la similitud que hasta compartían la sonrisa al coger sus dagas. Aunque ésto me divertía, no cambié el gesto de mi faz, absorto en las palabras que pronunciaba sobre el enemigo en un silencio deliberado sobre mi nombre, dándome cuenta de las intenciones que poseía la tal Serenity. Oyendo su última frase, su voz a mis oídos se tornó un graznido descarado, pues casi podía ver al infame alado en sus hombros, comportándose como uno en aquel momento, deseando la muerte y los restos de la guerra más que cualquier otra cosa.

-Skjöld- pronuncié en un carraspeo grave y tosco, levantando un poco la mirada antes de bajarla, sin siquiera especificar que se trataba de mi nombre, con mi profundo acento mitgardiano, burdo a los oídos de los plegianos normalmente. Olisqueé el aire ruidosamente antes de coger aire para hablar de nuevo, en un gesto más animal que humano. -Vendrán, si no me falla el instinto. Conozco lo que hacen esos cabrones de ojos rojos, y siempre aparecen cuando no se les quiere. Comida para mi hacha- escupí al suelo antes de mover el hacha de un lado a otro acompañando mis palabra con ese ondear. -Y si luchas, mejor. Odio hacer de niñera- gruñí echándole en cara la falta de valor que habían exhibido aquellos que tenía detrás la muchacha, zanjando el tema bruscamente.

Apareció la famosa curva en sus labios de nuevo ante mi pregunta sobre su presencia con la soldadesca de Plegia, pues destacaba por su baja estatura y su aniñada apariencia, delicada y casi indefensa, aunque ocultara en su manto sombrío acero  y habilidad, como me había dejado caer la fluidez del movimiento al desenvainar y mostrarme su arma, casi como un relámpago antes del trueno que lo persigue. Habló de nuevo, con una pregunta introductoria aludiendo a su tamaño, y dándome la razón en lo que pensaba y deducía con sólo verla, mas había malinterpretado la misma. Llevaba toda mi vida entre guerreros, caminando por una senda que nos llevaba lenta pero inexorablemente a nuestra esencia más primigenia y feral, viéndoles empuñar armas y herramientas para seguir con nuestras andanzas, paso a paso, batalla a batalla, tajo tras tajo. Podía ver en los semblantes y ojos de los hombres la ferocidad y el valor que poseen en la guerra, cuando sus instintos se hacen con el control y muestran su verdadera cara, rugiendo a un mundo frío y distante antes de vender caro el pellejo a punta de espada. Y en Serenity veía ese destello, parecido al de algunos de los míos, incluso. No. La pregunta iba por cómo llevaban los soldados su presencia en las filas, mas no iba a dejarlo claro, simplemente disfrutaría de su respuesta, captando una broma que, sin ser demasiado buena, era de mi agrado, respetando todo lo que decía con mi muda fachada, chasqueando la lengua al ver que acababa de responder a mi cuestión.

-Soy un Cuervo. Vivo de las masacres y conflictos. Yo no uso las armas, ni son éstas herramientas en mis manos. Mi naturaleza es lanzarme contra mis enemigos, y eso es lo que me diferencia, y me da sustento. Como de quebrar los cuerpos de los débiles, de cazarlos y arrancar la vida de su interior con mi hacha, llenando el mundo de carnicerías, rugiente. Voluntad de los espíritus- le espeté sonriente, soltando la siguiente oración arrastrando las palabras. -Me gusta tu actitud.

Y habiendo dejado eso claro, llegó una pregunta que me pilló de improvisto, sobre mi condición como ser, sin entender durante unos segundos aquello a lo que se refería usando palabras que las bestias en mi mente simplemente no se dignaban a pronunciar, pues estaban reservadas para los mortales desnaturalizados e insignificantes. Abrí los ojos con sorpresa, conteniendo el aliento antes de expulsarlo, convertido en una neblina dispersa y breve, helándose mi sangre ante las implicaciones de la cuestión. Hablaba de aquellos que eran cambiaformas, híbridos de hombre y fiera, licántropos completos y salvajes a los que los humanos temían con terror en algunos lugares, mientras que en otros se les esclavizaba como mascotas  exóticas, condenadas a una vida de servidumbre indigna de su posición. Respetaba la figura de esa raza en la lejanía, desconocida para mí, excepto por los pocos rumores que había oído de aldeanos, combatientes y viajeros, que hablaban en susurros asustados. Callé durante un momento, tratando de ocultar mi asombro de mala manera, pues no recordaba que nadie me hubiera confundido nunca con uno de ellos, y menos que me hubiera confrontado por ello, jugueteando acto seguido con su daga, esperando una respuesta, que iba a darle acto seguido.

-No. No soy un cambiaformas, ni un medio bestia, laguz, o como quieras llamarlo- respondí tajante, siendo mis palabras un golpe seco. -Si lo dices por esto...- dije, poniendo la diestra sobre mi frente, retirando el cabello que tapaba una pequeña cinta de cuero a la que iban atados mis prominentes cuernos grisáceos, revelándola. -Las cosas no son lo que parecen, ¿no? Pero tampoco me considero un hombre. Soy una bestia, como ya he dicho antes- retiré la mano dejando caer mi pelo a su lugar original, lanzándole una mirada que dejaba caer que había visto algo extraño en ella. -Al igual que tú...tienes que ver con ellos. O eso creo. Mi instinto aúlla eso, y mis ojos cansados creen haber visto algo en tus hombros...¿me equivoco, Serenity?- solté sagaz y desafiante, buscando respuestas que pudieran llevarme más cerca de los acertijos intrncados del desquiciado cuervo, que debía observar sobre nuestras cabezas la estampa que había creado con sus maltejidos graznidos.
Afiliación :
- Mitgard -

Clase :
Fighter

Cargo :
Mercenario

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
elixir [4]
Hacha de bronce [1]
Hacha de bronce [2]
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Hacha-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  R5AMTTX

Gold :
457


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Serenity el Sáb Abr 13, 2019 2:16 pm

El nombre del mercenario resuena corto y brusco en sus oídos durante un segundo, dudando de si ha sido su nombre como tal o un gruñido más, pero acabando por optarlo como el primero. Si no es su nombre, no hay duda de que le encaja bien, así que se lo concederá como tal. Skjöld... Nunca había oído un nombre así, es un nombre que es difícil pronunciar incluso al principio, aunque enseguida resulta un poco divertido. Es como un rápido estornudo o un sonido similar, algo que más que articularlo escapa de tu garganta veloz y con fuerza. ¿De dónde será? Serenity ya estaba segura de que el mercenario no provenía de aquí, y esto acaba de confirmar sus sospechas. No tiene ningún problema, tampoco ella es de aquí, es más un dato curioso a resaltar sobre el gigantesco guerrero. ¿Todos tendrán ese tamaño allá de dónde viene? Quizás incluso en su tierra en comparación él tiene en diminuto tamaño que tiene la ladrona. Ese pensamiento le hace reír un segundo, una risa baja y disimulada que intenta no dar a notar. Cuando Skjöld anuncia que probablemente los emergidos aparecerán la ladrona se encoge ligeramente de hombros.

-Pues que aparezcan entonces, mejor incluso. Somos muchos a repartir, más botín no vendrá nada mal. Nity estar atenta por si aparecen, y ahora espera que tengas razón. Viene preparada para llevarse mucho, así que espera que haya mucho que le llamé la atención... Serenity no necesita una niñera, sabe cuidarse muy bien solita, no es algo nuevo para ella, y no lo será hoy. Además... El objetivo más grande eres tú, eso ayuda que no se fijen en ella mientras los tira al suelo y se lleva su vida.-le responde esta con tranquilidad, esperando incluso por las razones ya expuestas que aparezcan enemigos tal cual dice que Skjöld. Los emergidos no suelen llevar cosas de demasiado valor, pero es mejor que nada... Y a al haberlo dicho en alto quizás engañe a alguno de los ahí presentes para que los registre y no se centre en botines más jugosos. Cuando menciona lo de las armas y las herramientas Serenity no puede evitar el esbozar una media sonrisa divertida, escuchando lo que dice y sobre todo lo último de los espíritus.

-Si Nity tuviera el tamaño de Skjöld y su fuerza quizás podría confiar solo en ella para dejar atrás a los enemigos, pero los espíritus la han hecho pequeña y rápida en su lugar. Por ello confía en sus cuchillas, porque aunque Skjöld vive de ser fuerte Nity no puede hacerlo, tiene que vivir de ser hábil. Ella también caza, pero no derrota a los animales con fuerza. Los engaña, los lleva a sus trampas, cae sobre ellos... Y es entonces cuando puede reclamar su premio.-explica la pequeña branded con esa media sonrisa esbozada, una sonrisa que desaparece al ponerse serie y preguntarle sobre los laguz por supuesto. Serenity puede notar que la pregunta ha pillado por sorpresa el mercenario. Seguramente no sea algo que le preguntan a menudo. Este es capaz de devolverle la sorpresa sin embargo cuando echa mano a su cabeza, retirándose los cuernos como el que se retira una capucha. La ladrona puede confirmar que no se trata más que un de un adorno. Su cara debe ser un poema, por lo menos durante un segundo mientras recupera la compostura, escuchando las palabras que le dedica a la explicación el mercenario.

-A Nity no le importan lo más absoluto las bestias, la respeta. Una bestia ataca a alguien porque tiene hambre, porque tiene algo que defender, porque la amenaza... Son los laguz, esos hombres bestia, los que atacan sin motivo. Si tan orgullosos están de ser lo que son deberían dejar de comportarse como humanos. Fingen ser lo que no son.-afirma Serenity con firmeza guardando la daga de nuevo en su sitio, levantando una ceja cuando Skjöld afirma que tiene algo que ver con ellos. Eso es verdad claro, con mucho que no le guste, y la branded tuerce un poco el morro antes de dejar caer la capa sobre su espalda y mostrarle claramente las marcas de sus hombros al mercenario, lamentándolo un poco por el frío del lugar pero considerandolo necesario para remarcar la situación.

-Así es, Serenity es lo que llaman una branded. Lo es desde que nació, tiene sangre de cuervo, pero también sangre humana. Ella si es una verdadera chica bestia, ella si puede ser una bestia y un hombre a la vez, porque es lo que es. O más bien no es ninguno de los dos. Los hombres no la quieren, los laguz no la quieren, pero ella no necesita que la quieran. Serenity se protege a sí misma, y es ella misma. Le da igual lo que le llamen, así que puedes llamarla como quieras mientras ella busca en el campo de batalla todos los objetos brillantes que pueda reclamar como tesoros. ¿Hay algún problema con eso?-le pregunta entonces la chica al enorme mercenario. Igual que ella no soporta y odia con toda su alma a los laguz, ese hombre puede odiar de igual forma a los branded. Está acostumbrada claro, y no le supondrá ningún problema si es el caso, siempre que le deje hacer lo suyo. Aunque, como siempre que lo revela, se pregunta si será el caso.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Thief

Cargo :
Ladrona vagabunda

Autoridad :
-

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Daga-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Jm5byz1

Gold :
88


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Lun Abr 29, 2019 7:53 pm

Con aquel ronco gruñido más similar al último estertor de un alce que a la voz de una persona, había entregado el maltejido nombre que me había sido impuesto por el cobarde de mi padre, castigado por los dioses por su debilidad tras haber traído al mundo a la bestia que acabaría por devorar a sus vecinos, a la diminuta saqueadora plegiana que, con las formas corvinas que parecían hoy amparar a toda la compañía que me había seguido colina arriba, siendo nuestra avaricia quizá uno de los designios retorcidos del espíritu portador de las umbras nocturnas, me plantaba cara en una conversación que se planteaba cada vez más interesante conforme proseguía, chocando enormemente con la repulsión que me daban las palabras vacías, más propias de blanduchos y fofos cortesanos de tez enfermiza y brazos débiles que de un verdadero guerrero, cuyos ojos y rostro lleno de hendiduras y marcas de guerra decían más que mil escritos solemnes, cuyos glifos no entendían aquellos que habíamos rasgado el velo de la civilización camino de una pura y poderosa existencia primigenia y feral, alejada de las formas agonizantes de los hombres. Atendía a cada pequeño matiz de su voz con la atención que presta un vulnerable osezno a su poderosa madre cuando ésta se dispone a pescar salmones en alta montaña, siguiendo sus vocablos como aquel pequeño ser seguía los flujos de agua helada que le llevarían a comprender el arte que realizaba su progenitora a zarpazos medidos, captando lo que quería decirme bajo esa forma tan curiosa que tenía de hablar, refiriéndose a sí misma en algunas frases como si se tratara de una persona completamente diferente. Había quedado claro anteriormente que estaba preparada para la batalla, y que, al menos no por ahora, no poseía un remarcable miedo a perecer bajo las hojas del enemigo, mostrándose como una superviviente que, armada de lenguas menudas y afiladas de frío acero, parecía ser capaz de apartar a sus enemigos a picotazos, antes de sacarles hasta los tuétanos, escarbando en sus bolsas y ropajes para dar con algo que llevarse a la boca, brillantes sus ojos como aquello que ansiaba de todo corazón.

No pude evitar soltar cierto suspiro enigmático, una mezcla entre una bocanada de aire que salía de mis pulmones ruidosamente y una carcajada que no llegó a formarse del todo en mis entrañas, puesto que cierta sensación que arrastraba desde el contacto con Hogr ahondaba en mi interior poco a poco, dejándome dubitativo y mudo, aún interesado por aquella pequeña persona que más que un humano parecía un ser nacido del nido de del dios de la nocturnidad y los rituales realizados bajo tinieblas. Respondí a la frase jocosa que dijo sobre mí con una leve inclinación de cabeza, sin pestañear siquiera, observándola fríamente como si me tratara de una estatua runificada de las que podía a veces ver en mis delirios oníricos, tan descabellados y frenéticos que arrancaban de mí los pocos atisbos que quedaban de mis días como hombre en la aldea cuya existencia era polvo en estos momentos, arrastrado por el mismo viento que ahora soplaba sobre nosotros, como único sonido entrecortado en aquel lugar que se alzaba a nuestro alrededor cual tumba silenciosa.

Mas no debía quedar callado mucho tiempo, pues quiso abrir la boca sobre cierto tema que, aunque no podía escudriñar los recovecos de su mente sagaz y despierta, me incitaba a pensar que algo podía intuir sobre mí y la naturaleza de las deidades que moraban en mi cabeza, pues habló de ellos como si de alguna forma tuviera alguna conexión con ellos, relatando el cómo era capaz de perdurar su presencia en el mundo, siendo sus formas las del emplumado, tan insidioso, traidor y rastrero como el mayor de los bribones, a la par que capaz de segar los cuellos de sus enemigos con sólo un movimiento de garras o pico conforme le viniera en gana. Sí. La rapiñadora con la que hablaba se trataba de alguien que portaba el beneplácito de Hogr, expresado en sus graznidos más pérfidos, o eso era a mis ojos, pues hasta la manera de mover su cuerpo me recordaba al ave de plumas azabaches. Y por ello, me tocaba sacar a relucir lo que guardaba en mis pensamientos trastocados y resquebrajados por el toque de las fieras que reinaban en mi cabeza.

-Creo que agradas a los dioses, pequeña. Te dieron un cuerpo rápido y pareces diestra, incluso para ir con los plegianos. De hecho, te pareces a tu rey, aquel que usa los colmillos que guarda bajo su manto para subyugar a todos los que le rodean- comenté bufando, como si estuviera molesto, aunque sólo me hallara divagando. -Y si opinas que sólo tengo vigor, olvidas que ni siquiera los más poderosos depredadores pueden sobrevivir a la saeta del cazador avispado. Siempre me guardo una sorpresa para el enemigo- mostré los dientes apretando el asta del hacha, sintiendo un ligero desazón en el estómago. Un mal presagio.

Habló con cierta molestia, dejando claro lo que opinaba de los laguz y las bestias, dejándolos como seres arrogantes que despreciaban a los demás por superioridad pura. Si bien no conocía a los cambiaformas, sí había oído que les repugnaban los seres humanos casi al mismo nivel que a sus mestizos, con una inquina y odio tal que casi pareciera que les fueran a exterminar, tan cerrados como yo mismo con mis malos humores. Sin embargo, deseaba aprender de ellos la comunión que poseían sobre las bestias, e incluso, como sugería Nöht algunas noches, cazarlos para comprobar si se tratan de fieras o simples hombres de rasgos bestiales. Moví la cabeza, casi negando lo que pensaba, para luego responder con la garganta cansada y los ojos distantes, sin siquiera prestar atención a la cara descompuesta que se le había quedado tras ver que mis cuernos no eran sino un tocado que me hacía parecer aún más monstruoso.

-No conozco sus formas en persona, mas su capacidad de pensar puede lo que sea lo que les vuelve tan poco dignos de ser los hermanos de aquellos que pueblan los bosques- murmuré casi sin ganas, pues aún no podía saber nada de los maltejidos laguz, tan temidos por algunos que había conocido en mis viajes, mencionados casi con terror.

Fue entonces cuando decidió responder al fruto de mi percepción, explicando con ciertos rodeos aquello que yo sospechaba tras haber visto las marcas en sus hombros pálidos, a la par que unida mi visión a la frase soltada por el cuervo antes de marcharse, dejándome en su presencia. Sentí en mi pecho el vuelco propio de saber que me encontraba ante un híbrido de aquello que mora en la salvaje natura, un ser que, si lo deseaba, podía caminar junto a los dioses por su propia transcendencia en el orden del mundo. No iba a opinar sobre los hombres que los rechazaban, o la hipocresía de los laguz que los echaban de sus cubiles cual madre predadora engañada por el olor extraño de su prole, lo que llevaría a la misma a devorar a su descendencia con sus colmillos crueles.

-¿Tengo cara de que me importe si eres marcada, muchacha?- pregunté con la voz rota y el tono firme, como si pasara el filo de mi hacha por una piedra de afilar con mucho énfasis. -Lucha con brío y honor, y serás respetada, temida, y hasta apreciada entre nosotros, los Cuervos. Los débiles te temerán y odiarán, malditos por su propia condición- gruñí a malas, haciéndome a un lado mientras mi instinto rugía que no teníamos mucho tiempo, lo cual me empezaba a poner nervioso, erizándose mi cabello y barba al mismo tiempo, mientras mis músculos se tensaban sobremanera, preparados para el momento en el que tuviera que empezar a moverme como un gigante furibundo por este lugar abandonado.

Si venía el enemigo, debíamos acabar con su existencia.
Afiliación :
- Mitgard -

Clase :
Fighter

Cargo :
Mercenario

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
elixir [4]
Hacha de bronce [1]
Hacha de bronce [2]
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Hacha-1

Experiencia :
[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  R5AMTTX

Gold :
457


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

[Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]  Empty Re: [Campaña de conquista] Aves carroñeras, malditas por su plumaje [Priv. Serenity]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.