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[Social] ¡Hay una víbora en mi bota! [Priv. Shuten Douji]

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Mensaje por Frederick el Jue Feb 21, 2019 9:06 am

La tarde estaba llegando a su fin y el sol se ocultaba perezosamente tras el horizonte, coloreando el cielo de tonos naranjas y dorados. Había sido un día extrañamente tranquilo y aunque Frederick se había pasado la mayor parte del tiempo en el cuartel de los Custodios organizando y ajustando diversas campañas contra los molestos emergidos, tenía la sensación de haber estado descansando. Era extraño no participar en las batallas que el mismo organizaba, ni sentir el peso de la armadura sobre sus hombros, ni regresar al cuartel cansado a causa de las largas cabalgadas a lo largo de Ylisse.

Cuando sus compañeros se retiraron, echó un vistazo por la ventana y fue testigo de los últimos rayos de sol. Soltó un suspiro, aburrido y salió también del cuartel, rumbo a la Casa de Ylisse, con la esperanza de encontrarse con Chrom y que éste le diese alguna tarea que realizar. Odiaba quedarse quieto y perder el tiempo, aunque ya estuviese anocheciendo.

Recorrió los largos y silenciosos pasillos del palacio, cruzándose de vez en cuando con algunos sirvientes, hasta llegar a uno de los salones principales. Ese lugar solía estar frecuentado por los príncipes, pues era un sitio muy agradable al tener una biblioteca, cómodos sillones y una chimenea que hacía muy buena compañía en las noches más frías. Sin embargo, cuando entró, sólo encontró una persona y no era a quién estaba buscando. Maribelle, una Custodia, estaba sentada en uno de los sillones leyendo un libro. Fue a preguntarle si había visto al príncipe, pero en ese momento, un grito captó la atención de ambos.

Una de las doncellas corría por el pasillo y Frederick se apresuró para dar con ella y preguntar qué había pasado. —¡Alguien o algo ha entrado en el castillo! Creo que es un tejón... Está en uno de los cuartos del servicio...

No se preocupe, señorita, yo me encargo —respondió rápidamente, contento por tener por fin algo que hacer antes de la cena.

Según las indicaciones de la joven, el supuesto animal estaba en el primer piso en el cuarto de uno de los mayordomos. Supuso que alguien se había dejado alguna ventana abierta y el furtivo animal se había colado por ahí, oliendo posiblemente la comida que estaban preparando para la cena. Seguramente estuviese desorientado y asustado, así que se hizo con una toalla para poder atraparlo sin recibir arañazos, mordiscos o lo que quiera que usase el intruso en cuestión. Al llegar al cuarto, se detuvo unos instantes enfrente de la puerta, esperando escuchar algún sonido.

Despacio, abrió la puerta. Estaba completamente a oscuras y sólo la luz del pasillo que se colaba por la abertura, dibujaba una línea en el suelo. Agarró la toalla con las dos manos y paseó la mirada por el oscuro cuarto, atento a cualquier movimiento.
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Mensaje por Shuten Douji el Vie Mayo 03, 2019 8:00 am

- ¡Iaah...! - Se escuchó una aguda queja, a pesar de todo mantenida en un precavido tono de voz, similar al chillido de una marta o un zorro al ser atacado. Y es que, en verdad no se esperó ser atrapada de aquella estúpida manera mientras intentaba colarse en el castillo de Ylisse.

Tras el arduo viaje que realizó por Grannvale bajo las órdenes de Plegia, llegó el momento de cambiar de destino, de volver a buscar algo nuevo debido a que... aunque las riquezas le pudieran llamar la atención, necesitaba algo más que solo oro, comida y alcohol. Necesitaba algo con lo que entretenerse. Algo con lo que divertirse. Y en ese momento fue cuando se acordó de aquel tonto y atractivo príncipe de las tierras vecinas de Plegia que tanto le recordaba a un perro. Ese encuentro había sido divertido... Mucho... Y a efectos, había quedado inconcluso.

Pero para cuando quiso llegar a Ylisse tras haber logrado colarse en uno de los carruajes de unos mercaderes ambulantes, ya era entrado el atardecer, y con ello el animado público que había visto en la capital durante su anterior instancia se sustituyó por un aspecto más relajado. Pero su objetivo era claro: no le interesaba nada de aquello, solo tenía un objetivo. Y encima sabía llegar. ¿Qué podría salir mal?

Gracias a su aspecto pequeño y a los descalzos pies que no hacían ruido alguno no fue demasiado difícil esquivar la guardia del castillo con la intención de rodearlo. Dudaba mucho que fueran a dejarla entrar así de fácil, así que... ¿por qué no buscar al guapo chico de cabellos azules para que le diera el permiso? Directamente, sin tapujos ni medias tintas.

Fue rodeando el edificio en busca de algún recoveco, hueco o... como lo que encontró, una ventana abierta que le ayudara a poder acceder al interior del castillo. Y ayudándose de una hiedra que había cerca y de poseer un cuerpo flexible y ágil gracias a los bailes que realizaban a menudo para ganarse unas monedas para comer o beber algo, logró colarse con bastante soltura por la ventana. Desgracia suya que cuando fue a esconderse una de las criadas que debía pasar por allí debió de ver su figura a duras penas. ¡Y eso que se había asegurado de colarse en una ventana de la que no procediera ninguna luz! Suspiró en cuanto escuchó los chillidos de la mujer mientras resonaban los tacones a medida que se alejaban. Ahora el tema era... ¿le daría tiempo a huir de allí? ¿O mejor se quedaba allí?

Para cuando se había decidido a moverse, varias sombras cubrieron la poca luz que accedía del pasillo unido a voces. Pues... ya no le daba tiempo. Ahora tenía dos opciones: o se quedaba quieta, o arremetía y salía corriendo por el pasillo. Vamos, lo de antes solo que con la capacidad de arrollar incluida. Pero decidiendo ver si se largaban creyendo loca a la criada, fue que quiso acomodarse mejor en el sitio, pero sin querer golpeó con su cadera una de las escobas que estaban al lado de una cómoda donde se había escondido segura en la oscuridad. La escoba se tambaleó y, para cuando quiso sujetarla, cayó al suelo con un ruidoso estruendo.

...Perfecto...

Ahí, quizás creyendo que el efecto sorpresa podría funcionar, intentó moverse, pero fue cuando sintió algo cayendo encima suyo similar a una manta que la retuvo con bastante eficacia a pesar de que se removió bruscamente en busca de zafarse. Y de hecho, supo que tan mal no lo había hecho pues sintió cómo sus cuernos golpeaba contra algo que parecía blando en primera instancia e incluso el escuchar la tela rasgarse era un indicativo bastante gracioso dadas las circunstancias. Pero el mal estaba hecho, la habían atrapado. Y ahí, en medio del forcejeo, no fue consciente de que la pequeña y valiosa piedra que tenía engarzada al adorno de su cabello se había soltado, cayendo por debajo de la cómoda con un par de rebotes. Para cuando quisiera darse cuenta, ya sería muy tarde...
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Mensaje por Frederick el Miér Jun 26, 2019 2:13 pm

Estaba tan atento a lo que sucedía dentro de la sala a oscuras, que cuando la escoba cayó y sonó de manera contundente en el suelo, se asustó. Pegó un ligero bote en el sitio, pero estaba acostumbrado a reaccionar a las sorpresas así que, casi de inmediato, se abalanzó a la parte donde estaba la escoba y logró atrapar algo con la toalla. —¡Te tengo! —exclamó mientras batallaba con el escurridizo bulto, el cual le tenía intrigado sobre qué clase de criatura sería. Era demasiado grande como para ser un mapache o un tejón y demasiado pequeño como para ser un lobo o un jabalí -además, dudaba que ese tipo de animales silvestres pudiesen escalar los muros del castillo- pero el chillido que soltó sin duda le recordó a una marta o a un hurón.

¡¿Pero qué demonios es esto?!... ¡Agh! —la pequeña bestia se movía con tanta violencia que se vio obligado a ponerse de rodillas y sostener su presa, envuelta aún en la toalla, contra su vientre, rodeando el bulto con los brazos y ejerciendo cierta presión para que dejase de moverse. —¡Q-quieto! No quiero hacerte daño, pero al final lo vas a conseguir... —y justo cuando dijo eso, recibió una fuerte embestida justo en el pecho. Estaba tan confundido con aquello que en un primer momento el golpe no le dolió, sólo bajó la mirada y aunque aún la sala estaba oscura, pudo ver la silueta de dos cuernos rasgar la toalla y aparecer debajo de ella.

¡AH! ¡UN DEMONIO!— exclamó y rápidamente soltó la toalla, mientras retrocedía hasta que su espalda dio contra la pared. No podía ser, sencillamente, no podía creerlo. Los demonios no existían y si así fuese, estaba seguro que para eso ya estaban los emergidos, como figuras que encarnaban el mal y la confusión en las personas.

Miró entonces la puerta y se dio cuenta de su error garrafal. Al haber retrocedido había dejado vía libre a esa extraña criatura. ¡No podía permitirlo! No quería ni pensar lo que podría pasar si dejaba a un demonio, cabra, comadreja o lo que quiera que fuese eso, suelto por el castillo cuando previamente había dicho que se encargaría. Sería una decepción, una mancha en su impecable historial y lo peor de todo, su señor Chrom estaría profundamente decepcionado con él.

Esos pensamientos le dieron el valor suficiente como para levantarse y lanzarse de nuevo, pero esta vez directamente hacia el intruso. Y una vez más, fue sorprendido cuando sus manos sostuvieron una fina cadera. Incapaz de poder pensar o mediar palabra sobre el asunto, salió a la luz del pasillo y descubrió una niña... ¡Una niña! ¿Qué demonios estaba pasando ahí?

... ¿Y tú quién eres? —guiñó los ojos con sospecha, sin soltar a la cría. La tenía agarrada por la cintura y levantada, como si estuviese sosteniendo a un cachorrito.
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