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For the glory of Hoshido [Ryoma ID]

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Mensaje por Ryoma el Sáb Feb 16, 2019 8:02 am

Ryoma
Myrmidon
For the glory of Hoshido...

Datos
Nombre: Ryoma

Edad: 33

Clase: Myrmidon

Especialización: Espadas

Afiliación: Hoshido

Ocupación: Antiguo príncipe heredero (Actualmente, Ronin)

Personalidad

No sientas. No temas a la muerte.

Ryoma fue antiguamente el mayor guerrero de Hoshido. Un hombre de pocas palabras, siempre amables, y que sonreía a los suyos hasta en el campo de batalla. Un digno heredero a rey que amaba por encima de todo a su país y el código de honor Bushido, que respetaba a rajatabla. De teorías pacifistas como su madre pero carácter tan duro como su padre, él parecía ser la esperanza de Hoshido. Era imposible verle llorar. Incluso cuando su querida hermana fue secuestrada por el pérfido rey Garon, él no derramó una sola gota. Se castigó a sí mismo por no haber podido proteger a los suyos. Esa es su doctrina. Su fuerte honor le haría dar la vida por los más débiles, mucho más si son compatriotas suyos.

Sin embargo, eso era antes. Antes de la gran tragedia. Antes de que los emergidos tomaran su país y Nohr pasara a conquistarlo. Ese mismo día, algo cambió en él. Si le preguntaban a los suyos, nadie dudaría ni un segundo en decir que era un grandioso hombre que hizo lo que pudo por su país. Pero Ryoma no piensa eso. Cree haber perdido todo derecho. Humillado y siempre cabizbajo, fue el primero en ceder la corona a Nohr al ver que ellos estaban más capacitados para controlar su país. Quiso acabar con su vida. Pero no pudo. Y eso también está marcado en su cuerpo y manera de ser. Su sonrisa, si bien todavía existe, es taciturna, carente de la seguridad que otrora tuvo. Sigue manteniéndose fiel al código samurái, pero él no se siente de esa forma.

Su doctrina de proteger al débil también sigue ahí, más fuerte que nunca. Ni siquiera lo dudes. Pero ahora se entrega a los brazos de la muerte de una forma tan constante que hasta es preocupante. No lucha protegiéndose, a duras penas tiene aprecio por respirar. Y bien es cierto que eso es algo típico de los que luchan con el Bushido… Pero no en un príncipe. Las horas de meditación se han doblado, pasando casi todo el día intentando purificarse mentalmente. Come lo justo para vivir y vive lo justo para poder seguir protegiendo el linaje que tan orgullosamente representó otrora. En él, orgullo es una flor que se pudrió hace mucho. Solo le queda el entregarse totalmente a los otros y protegerlos con su vida.

Si bien es nagardiano, a duras penas practica la religión, entregándose más a los cultos locales y paganos que todavía subsisten a pesar de la conquista de Nohr. Esto le permite conocer todavía mejor a su pueblo, con el cual debe convivir para poder saber qué es lo que se siente. No puede perdonarse a sí mismo no estar en Shirasagi, junto a los suyos, pero su sentido del deber es demasiado fuerte: debe terminar con todo lo que dejó pendiente antes de poder volver a su hogar. No para reclamar nada, pues él ya no se considera heredero a ningún trono, pero sí para exigir venganza por el estado que según se rumorea por los callejones tienen en cautividad a sus hermanos biológicos, a los cuales ama más que a nada por ser lo único que le queda de su padre, Sumeragi. Incluso a Corrin.

Está más que adaptado a la situación. No se niega a creer nada, todo lo contrario: con seriedad acepta que cometió graves errores y que debe buscar la purificación antes de poder seguir considerándose un samurái. Entrenar se ha vuelto todavía un pilar más fuerte en él. Y sabe que hay una cosa que todavía le pertenece: el derecho a recuperar el honor que le fue arrebatado.

Historia del personaje

Ryoma nació como el primero de los hijos del poderoso rey Sumeragi y su primera mujer, Ikona. El día de su nacimiento fue bendecido con prosperidad y buenas cosechas para el pueblo. El nacimiento del primer vástago fue celebrado y los sabios de palacio le auguraban buena dicha y salud. Es por eso mismo que el príncipe hoshidano fue tratado desde la infancia con… ¿Amor? Sí, pero no. A la tierna edad de tres años, le dieron su primera arma, una espada de madera. Y rápidamente él entendió qué quería decir eso. Entrenaba con el mejor, que era su padre, y para educarle vinieron los mejores samuráis de todo el país. Desde pequeño destacó entre los demás, derrumbando a hijos de otros nobles con una facilidad tremenda. No era invencible, pero sí talentoso. Y muy aplicado. Desde el primer día, primero como si fuera un juego pero luego con una seriedad inhumana, el príncipe entrenó y se instruyó en el código de honor hoshidano, el bushido. Su objetivo en la vida era simple: ser como su padre, que para él era un modelo a seguir.

En primera instancia, se dedicó a imitarlo, hasta en la forma de hablar (y eso con a duras penas cinco o seis años). Pero luego se le volvió algo tan natural como respirar. Nunca descansaba. E incluso tan joven poseía algo que pocos niños y adultos pueden enorgullecerse de tener: respeto y comprensión hacia la muerte. Y un sentido del honor y el respeto indudable.

Los años pasaron, y la primera de sus hermanas nació, Hinoka. En ese momento, algo cambió en él. Amaba a su hermana (en el sentido fraternal). Pasaba las noches mirándola en la cuna y protegiéndola de cualquier peligro. Hasta podía quedarse en vela días y días si la veía encontrarse enferma. Y luego vino Takumi. Y Sakura. Lo único que le faltaba al joven príncipe era amar, cualquier cosa. Y eso fue justo el pilar que necesitaba. Los amaría más que a su propia vida y se decidió a sacrificarse si era necesario por protegerles. Pero algo adverso sucedió.

La muerte de su madre.

Si el nacimiento de sus hermanos le dio fuerza, esto le volvió un muro. Fue la última vez que lloró en su vida. Nunca más lo haría. El mismo día del entierro Sumeragi hizo entrega al joven príncipe de un arma. Un cuchillo ritual de mango blanco, el tanto. Ese era el arma con la que un samurái debe poner fin a su vida si llegaba al deshonor, cosa que era poco posible en Ryoma, pero podía suceder. Todo samurái debía poseer uno. También Takumi. Y las pequeñas deberían tener un kaiken, el arma del suicido ritual femenino. Pero Sumeragi también se percató de que era imposible que su hijo pudiera crecer solo. Era fuerte, pero le faltaba comprender el apoyo de los otros. Por eso mismo, le ordenó buscarse vasallos.

Esos dos fueron escogidos en persona por Ryoma. Dos personas que le acompañaron y él veía tan capaces como el que más. Saizo el Quinto, y la ninja Kagero. Ellos le acompañarían en sus días a partir del momento en el que su madre murió. Y de nuevo, entrenar y proteger a su familia se volvió todo para él. No guardó luto. Solo entrenó. Había prometido sobre la tumba de su amada madre que no volvería a llorar nunca. Y así fue.

Cuando llegó a los dieciocho años, se le permitió luchar en primera fila. Ahí descubrió la crueldad del ejército nohrio y lo importante que era mantener a ralla a esas bestias. Y mientras él se encargaba de dirigir a las tropas en la constante y permanente guerra entre los dos reinos, llegó Mikoto a palacio. La que sería la nueva mujer de Sumeragi. Y traía consigo a Corrin. Eso fue tal vez lo que hizo volver a Ryoma a palacio, aunque fuera un escaso tiempo, para conocerlas. La noticia devolvió un poco la alegría al príncipe hoshidano. Una alegría que se mantendría por años. Hasta la brutal muerte de su padre, cuando fue engañado para ir a una supuesta cumbre de paz entre los dos reinos rivales. Por miles de flechas. Y eso no fue lo peor. También se llevaron a su querida hermana adoptiva, a la cual había cuidado con alegría desde el primer momento. La furia del samurái nació más fuerte que nunca. Exigía que Garon pagara por ello. Sin embargo, encontró la paz que necesitaba en la que se volvería reina de Hoshido, Mikoto, y que le trataría como si fuera su verdadero hijo. Ella luchó por la paz, incluso cuando los suyos organizaron tretas como el secuestro de Azura para tener una moneda de cambio, la cual, por cierto, también se volvió una más en la familia real hoshidana.

Y la situación se calmó por años. Había conflicto, sí, pero era una falsa guerra en la que nadie se movía con ataques verdaderamente significativos. Hasta que ellos llegaron. Los emergidos. Una marea gris de tropas imbatibles que destruyeron todo el reino en cuestión de meses. Si bien pudieron sobrevivir de una forma más o menos correcta, al final, el reino cayó. Y el infierno se desató para Ryoma. Él se creía impasible ya ante la adversidad. Pero se equivocaba. Hasta ese momento, no había perdido el honor. Pero tuvo que darse cuenta de que no fue un buen príncipe. De lo contrario, ¿por qué su reino había caído? Él se declaró totalmente culpable. Y el mismo día en el que las tropas nohrias llegaron al palacio, estando entre ellas la que fue su hermana, decidió acabar con su vida. El suicido ritual, Seppuku. Y utilizaría para ello el arma más poderosa de todo el país, la legendaria katana Raijinto, que utilizaba como símbolo de la comandancia. Frente a la nada más absoluta, con un pequeño vaso con sake y vestido de blanco (con la armadura que aun a día de hoy lleva), desenvainó por primera vez en años su espada para acabar con la vida de uno de los suyos. Él mismo. Era cuestión de tiempo que se la clavara y falleciera en el acto, para purificarse por lo hecho. Pero por suerte para él, alguien llegó para evitarlo. La reina Mikoto.

Ella pidió a su hijo adoptivo que no lo hiciera. Le dio una nueva finalidad. No podía morir todavía porque… No había encontrado la iluminación. Esa excusa rápidamente creada por la pobre mujer sirvió para hacer que el príncipe cesara en su intento. Dejó la espada en el acto y se dirigió a su nueva misión, acompañado solamente por sus fieles vasallos. Encontraría lo que su madre quería decir con iluminación.

Y una vez empezó su peregrinación, el palacio caería frente a Nohr en días. Saizo y Kagero se encargaron de hacer que no llegaran a sus oídos noticias sobre sus hermanos. Rápidamente, se alejaron del país. No solicitó el asilo político. Se dedicaría a partir de ese momento únicamente a luchar y meditar. Y así sigue. Hasta el día de hoy.

Extras
*¿Y por qué no le han encontrado todavía las autoridades nohrias? Bueno. Saizo y Kagero le han enseñado a ser discreto…

*Lleva el cuchillo ritual siempre consigo. Como un recordatorio. Y antes de irse, robó a sus hermanos todas las armas que un buen miembro de la realeza debería usar para el suicidio. No quiere verles morir.

*Fue portador del arma definitiva del país, la Raijinto. Una katana  que puede igualar a la Siegfried de Nohr, estando bendecida por la reina Mikoto y el Sabio Lumen, pues otrora perteneció a su padre. Los rayos que lanza son tan poderosos que pueden destruir estructuras si se golpea correctamente.

*¿Y dónde se encuentra ahora? No tiene hogar fijo. Va por el mundo con la máxima austeridad y buscando la forma de volverse más fuerte. Su único objetivo es recuperar el honor.

Prueba de rol

Ryoma llevaba un día dejando caer sobre él agua de una cascada que había encontrado por el camino. Un día sin comer, dormir o beber, solo meditando con esa fuerza sobre su espalda, totalmente desnudo y con el pelo recogido en una coleta para facilitar el paso del agua. Era una forma de meditación que había tomado desde hacía meses para fortalecerse y perder la vulnerabilidad que comportaba el ser humano. Nada más que eso. Absolutamente nada más que eso. Respirar era la clave. Una respiración relajada pero fuerte permitía tensar más los músculos y resistir hasta golpes de sus fuertes ninjas. Había dejado a su lado la espada que sustituyó en su vida la Raijinto, y no podía evitar suspirar al recordar los rostros de sus hermanos. La pequeña Sakura, siempre tímida y oculta detrás de lo que podía, la tranquila Azura, su tal vez demasiado altiva Hinoka… Las echaba de menos. Y también a Takumi. Incluso añoraba los pocos años en los que estuvo con Corrin. En ese exilio voluntario se había vuelto más sabio. Apreciaba más el detalle de los recuerdos.

Pero estaba agotado. Tanto que no pudo evitar cerrar los ojos… Y caer al frente. Ese era el resultado final siempre de todos sus entrenamientos. Caer totalmente extenuado. Muchas veces podría haber muerto por insolación o hambre si no fuera porque ahí estaban Saizo y Kagero para socorrer a su antiguo príncipe. Y siempre lo hacían con la máxima velocidad, a veces tan rápidos que Ryoma era incapaz de verles. Como esa vez.

-Estoy bien… Solo un poco cansado, eso es todo

Los dos ninjas le habían sacado del agua rápidamente para dejarle en la orilla del lago en el que había estado meditando, junto a la ropa que se había quitado para sentir directamente en su piel el golpe del agua. Se vestiría con lentitud para luego deshacer la coleta que había improvisado. Sus dos vasallos seguían ahí. Ya estaban acostumbrados al silencio que había ordenado siempre el príncipe cuando estaba meditando o cesando sus entrenamientos. Era una forma que tenía de relajarse. Lanzó un largo suspiro al puro aire de Sindhu, país en el que se había ocultado como un refugiado político más.

Pero ese día era diferente. Había algo que le faltaba desde hacía mucho… Y ya se le hacía insoportable recordarlo. Su amado hogar estaba ahora siendo devorado por la tiranía. Sí, el pueblo nohrio había liberado Hoshido de las garras emergidas, pero sabía que el estado de sus hermanos no era el mejor por mucho que los dos ninjas se esforzaran por ocultarlo. Ryoma se cruzó de brazos, mirando la cascada que anteriormente le había estado azotando con la misma fiereza que él pensaba que lo hacía Izanagi (una de las diversas entidades paganas a las que rendía culto junto a Naga) a su persona como castigo por no haber protegido al pueblo correctamente. Debía enmendar ese error. Era cierto que no había purificado su cuerpo ni había encontrado la iluminación de la que su amada madre le habló, la última charla que tuvo con alguien de su familia. Pero había llegado al hora.

El cálido y húmedo aire del país decoraba el cuerpo de sus vasallos con gotas de sudor, y él también estaría así si no fuera porque recién había decidido salir de una cascada. Y ni siquiera había sido él quien lo hizo. Había sido su débil y mundano cuerpo.

-Muy bien. Creo que… Llevamos tiempo sin ir a casa. Sé que es arriesgado, pero… Vayamos a Hoshido. Debo hablar con alguien.

La sorpresa inundó el rostro de sus vasallos. Pero no hablaron. Todavía no. La fría serenidad del príncipe les hacía no necesitar palabras para comunicarse con él. Y su idea era un claro no.

-Madre está ahí. Mis hermanas están ahí… Takumi también. Vámonos. Ahora

Y no se dijo más. Se fueron. Había llegado la hora… La hora de recuperarlo todo. Lo necesitaba. Por su honor. Por sus hermanos. Por Hoshido.
Afiliación :
- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Ex-príncipe heredero | Ronin

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
Vulnerary [3]
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Support :
None.

Especialización :
For the glory of Hoshido [Ryoma ID] Espada%201

Experiencia :
For the glory of Hoshido [Ryoma ID] Jm5byz1

Gold :
128


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Mensaje por Eliwood el Vie Feb 22, 2019 6:05 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.
.

Support :
Marth For the glory of Hoshido [Ryoma ID] Iwzg0SR
Lyndis For the glory of Hoshido [Ryoma ID] JEIjc1v
Nils For the glory of Hoshido [Ryoma ID] JEIjc1v

Especialización :
For the glory of Hoshido [Ryoma ID] Espada%202

Experiencia :
For the glory of Hoshido [Ryoma ID] Iu4Yxy1

Gold :
873


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