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La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro]

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La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Empty La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro]

Mensaje por Ryutaro el Dom Feb 10, 2019 1:44 am

Ryutaro
Myrmidon
No temo a la espada que me apunta, sino a aquella que permanece como un dragón dormido.

Datos
Nombre: Sakai Ryutaro

Edad: 25 años

Clase: Myrmidon

Especialización: Espadas

Afiliación: Hoshido (aunque se encuentra en Regna Ferox en este momento)

Ocupación: Rōnin (samurái vagabundo)

Personalidad
"Sacó lentamente su espada del cuerpo de aquel pobre diablo que había tenido a bien enfrentarle, cayendo con un ruido sordo justo después, con una calma que, lejos de ser tranquilizante, turbaría el alma de quien lo viera, marcado su rostro con una mueca firme que no cambió ni por un segundo incluso cuando el hombre que yace ahora sus pies, que apenas un rato antes bebía a su lado, trató de asesinarle a cambio de dinero tras pedirle disculpas. Su espada, tintada de carmesí, goteaba aún el elixir alojado en la carne del difunto, al igual que su rostro, barbado y descuidado, se hallaba totalmente manchado por el salpicar ocurrido tras el primer tajo, seguido de las estelas cortas de la estocada que le dio fin, atravesando su corazón de forma rápida, casi un obsequio para aquel tipo. Miró al cadáver durante unos segundos, haciendo luego un movimiento para limpiar de sangre su arma, envainándola de forma casi ceremonial lentamente, oyéndose un chasquido al terminar. No realizó ningún gesto al cuerpo, y ni siquiera se dignó a mirarlo con otra cosa que no fueran aquellos ojos estrechos, como los de un animal salvaje, que más que casar con su expresión estoica, parecían los de un demonio sediento de sangre, cansado de aguantar al ser humano que habitaba tras ellos Simplemente, se cruzó de brazos y se alejó, dejándole allí sin mediar siquiera palabra entre ambos. Las palabras sobraban en aquel lugar, entre abedules blancos y silenciosos, pues ya estaba todo dicho,"

Ryutaro, hombre de afilado semblante, al igual que su rostro, parece a simple vista un resquicio viviente de lo que alguna vez fue su amada tierra, la oriental Hoshido, nación próspera de honorables guerreros y férreas tradiciones, enmarcados en un misticismo estoico y reverencial que, imperecedero, poblaba todos los aspectos de su cultura y sus habitantes. Vestido con sus ropas tradicionales, sucias y mal cuidadas, encarna un papel desdichado entregado por el destino, del cual se burla en ocasiones, a medio camino entre el solitario guerrero y el vagabundo en peregrinaje. Callado y reservado, hombre desde luego de pocas palabras y consignas, expresión distante y calmada, perdido en sus pensamientos y reflexiones, harto lejanos de las personas que le rodean, que le describen como una suerte de loco que, despreocupado en cuanto a su aspecto o a su propia vida, acomete con terquedad en lo que se proponga, sea lo que sea, mirando al mundo con esos ojos de demonio sanguinario que, desde luego, no hacen nada bien a su imagen. Marcado como un extraño en todas las tierras, repudia a los demás seres humanos, alejándose de estos hasta el punto en el que es difícil que alguien llegue a llamarle por su nombre, un secreto para todos los que se han encontrado con él por los caminos, siendo otro de sus grandes rasgos su voz, calmada y profunda, de lenta pronunciación y marcado acento hoshidano, que casi pareciera que en un rezo de su tierra se hallara aun cuando lo único que hace es pedir asilo en alguna posada o taberna para su cuerpo, cansado y espigado. Agresivo de carácter cuando cree que se le provoca, no dudará en demostrar su habilidad con la espada tajando de arriba a abajo a aquel que cometa un agravio en su persona, sin siquiera soltar una mala palabra, como dictan las tradiciones, a la par que sus formas, las de un guerrero abandonado a su suerte, a medio camino entre lobo y perro, sugieren un enfoque más práctico, a la par que cuando hay alcohol de por medio, su malhumor agrio sale a borbotones para pasar a decir crueldades innecesarias y retorcidas.

Criado en la tradición guerrera de Hoshido, Ryutaro es un hombre estoico y firme, que no se deja doblegar por nada ni nadie, llegando al punto de ser tozudo y obstinado, peculiar en el trato y desde luego, incorruptible en unos valores que, aun lejanos dada su situación, jamás abandonará del todo. Despiadado guerrero en el combate, disciplinado en todas sus facetas, honorable en algunos ámbitos, respetuoso cuando hay que serlo, aun renegando de su tierra, carga con los valores de su tierra natal, aunque en silencio cargue con el mayor de los deshonores, fruto de la guerra y la derrota de su país a manos de los grises emergidos, implacables como la fuerza de un tifón, de paso marcado como el de la lluvia en primavera.

Desde joven, había sido entrenado para ser un samurái, orgullo de su familia, Naga, los ancestros y su señor, representante de la voluntad de éste por medio de su acero, tan firme como su espíritu, una ola en medio del mar, bravío en la tormenta, inmutable en la calma como la superficie del mismo. De manos de su padre, Sakai Mukaido, había heredado todo lo necesario para ser un gran hombre, digno de portar su apellido y perpetuar el linaje al servicio de los señores de la nación, alzando su cabeza orgulloso. Esta etapa en su vida le trajo la visión del honor, y la adoración a su tierra, ahora marchito este sentimiento, aunque por mucho que lo niegue, desea volver a la misma para cumplir su último cometido. Hombre de fe en su juventud, ahora rechaza los designios de Naga, vacíos a sus ojos, que abandonó su tierra a manos del enemigo, fijándose sólo en las supersticiones implantadas por su madre y hermana, en las que los espíritus cercanos a Naga tienen un peso mayor en el día a día. Mas aunque ahora diga apartarse de la senda del dragón, en el fondo trata de reconciliarse con su lado espiritual día a día, brindado por la persona que le salvó de la desgracia tras su caída en una especie de revelación de su verdadero sino y del motivo por el que sigue vivo pese a todo.

Tras haber negado Mukaido su derecho a suicidio ritual tras la conquista de Hoshido a manos de Nohr, cosa que sí realizaron   con honra sus compañeros e incluso su mismo padre, huyó marcado por el mayor de los deshonores a los ojos de los suyos, dejando atrás un pasado glorioso y un descanso eterno junto a sus ancestros, que ahora le miran con desprecio, al igual que la fortuna, quedándose a fuego grabado en su mente el estigma de la vergüenza, que necesita ser acallado, y que se ve en sus anhelos personales, a la vez que una desconfianza enorme ha anidado en su interior, pues muchos han tratado de matarle por dinero tras sus crímenes en tierras extranjeras, a la vez que viajar le ha enseñado que el ser humano es un monstruo inmisericorde que no entiende de compasión o buenas formas.

Perdido como una ola en medio del mar, Ryutaro lucha actualmente por elevar su espiritualidad a la par que su destreza en las armas, tratando de buscar respuestas a la vorágine de cuestiones que le carcomen los huesos, entre recuerdos en su tierra y las atrocidades que realiza como vagabundo espadachín, pasando por la aceptación de su nueva identidad, su acercamiento a la religión, la moral y su existencia, a la par que su amor por su propia cultura le hace expresarse para sus adentros en forma de haikus, recitados al aire en un mundo que no se para a escuchar brisas vacías. Destacable asimismo es su odio visceral hacia los nohrios, a los que ve como perros oportunistas y barbáros, que se jactan de seguir al mal en el mundo como si ese fuera el camino correcto, hambrientos  de territorios que no les darán más que desgracia.

Vive de forma ascética, sin amasar posesiones materiales, casi siempre en medio de la naturaleza, practicando un desapego total, pues no ve el brillo del oro como algo tentador, si bien le da la supervivencia, repudiando todos los lujos y dejando ver a os que los acaparan como simples necios, riéndose a carcajadas de su falta de espíritu. Cosa aparte es su gran vicio, adquirido al salir de Hoshido: el gusto aumentado por el alcohol, sobre todo el sake de su tierra, con el que acalla a sus demonios internos que buscan atravesarle con sus espadas de condena como endulzar sus viajes entre trago y trago. Opina que el infierno, generado por los deseos del hombre, ha tomado el mundo, tornando a sus habitantes corruptos en demonios y seres malévolos, exentos de castigo o salvación, a la par que su senda es un reflejo del camino que debe tomar en pos de la rendición, lleno de sombras, muerte y desolación, regado con las almas malditas de aquellos que sufren, en una búsqueda de paz y de reconciliarse con su pasado plagado de momentos agrios y de relaciones sin resolver, como la suya con su padre, un hombre estricto y orgulloso que, de férreos valores, jamás cejó en ninguno de sus empeños incluso llegando al punto de no dejar que su hijo muera de forma honrosa como todo un samurái por no considerarlo digno de ello.

Su filosofía marcial pasa por el sacrificio realizado en pos de la mejoría, viendo los demás aspectos de la vida como una simple prolongación del arte de la guerra, llegando a comparar su camino con el de los artesanos o reyes, a la par que cree que el crecimiento pasa por adoptar la actitud de un samurái en todo momento, desde la mirada hasta la forma de hablar, mientras que su forma de entrenar pasa por descubrirse a sí mismo de forma espiritual en la naturaleza, tratando así de entender la realidad de los demás seres antes de plantarse desenvainando para acabar con la vida de una persona.






Historia del personaje
En la lejana y oriental Hoshido, enmarcada entre ríos y flores de cerezo en medio de una tierra fértil y generosa, bendita por la gracia de Naga y los espíritus, donde el honor y la virtud se ensalzan como valores supremos y deseables por todos y en el que, aun con las tensiones con su país vecino, Nohr, enemigo ancestral de las gentes de esta nación, el sol salía radiante y glorioso para iluminar un día más todo aquello bajo el cielo con sus dones. Alzándose el cantar de las cigarras, entre rayos de sol y poniente fresco, en la residencia Sakai, en el corazón de uno de los feudos, hoy se cumple un sueño ahogado por la vejez. Sakai Mukaido, samurái ya maduro y herido, vieja gloria del reino y fiel servidor a los señores de su tierra, espera inquieto el nacimiento de su segundo hijo, en la sala contigua a la habitación de su esposa y concubina, Sakai Kaede, la cual se encuentra de parto, mientras reza a Naga y a los ancestros que, en esta ocasión, nazca un heredero de su apellido, pues su otra hija es doncella ya casadera y se niega a dejar el apellido en sus manos dada la tradición. Sus canos cabellos y su barba larga y bigote se mueven mientras intranquilo mira al horizonte con sus ojos rasgados y grisáceos, de rodillas y en kimono gris, reflexionando sobre su legado. Trata de calmar su corazón empezando por su respiración, entrecortada a veces, esperando a la comadrona que le dé la noticia sobre el alumbramiento. La anciana y venerable mujer sale de la habitación emocionada y con los ojos llorosos, servidora de la familia desde que recuerda, y se arrodilla delante de su señor, hombre respetable y orgulloso. Sus palabras entre sollozos, casi acallados por el canto de las cigarras, apenas pueden decir el motivo de su alegría, haciendo que su señor, con el rostro lleno de dicha, se levante y vaya a la habitación, abriendo la puerta de golpe. En el camastro, se hallaba su amada esposa, con el pelo revuelto y su faz sudorosa, sonríe jadeando, con un pequeño bulto entre mantas blancas en sus brazos cansados. Tres palabras en un susurro son capaces de hacer temblar de gozo al guerrero adulto, con las mejillas temblándole de emoción, mirando con respeto a la mujer a la que dedicó su vida: "es un niño".

Ese día de verano nació Sakai Ryutario, como segundo hijo y heredero del apellido familiar y el título de su padre como samurái a las órdenes del país, como una señal de que Naga responde a las plegarias y oraciones que los humanos realizan entre susurros perdidos. Por ello, su padre procedió a criarlo con ilusión, mostrándole desde que pudo levantar un bokken lo que era el camino del samurái en el sentido más marcial de la expresión, educándole en los preceptos del honor y el Bushido, como debía ser, y a su vez queriendo prepararle para lo que vendría luego, un camino de virtud y rectitud en el que debería abrazar a Naga y los designios de los ancestros para poder avanzar, siendo el estoicismo una de las mayores actitudes que debería tener, acero en mano y corazón sincero y listo para servir a su señor. Ya de niño demostraba ser alguien que, de ademanes agresivos y arrojado, de espíritu candente, mostraba interés y talento en el arte de la espada y la guerra, siendo inseparable de su padre cuando éste pasaba el tiempo en su hogar, queriendo siempre aprender nuevas cosas de él y sobre los entresijos del camino del guerrero. Charlas largas llenas de reflexiones le dedicaba Mukaido a su hijo, con tal de convertirle en un hombre que, tras superar los instintos agresivos que poseía por naturaleza, fuera capaz de ser culto, firme y honorable. Disfrutaba Ryutaro de estos momentos de paz junto a su padre, mas su infancia fue marcada por una gran soledad, provocada por el distanciamiento de su madre tras cumplir él la edad de nueve años, tras un incidente extraño. Umeko veía en los ojos de su hijo los de un demonio salvaje, ávido de sangre y reconocimiento, que necesitaba verter su furia en el hombre, implacable como las tormentas en los altos cielos. Aterrada al ver que su mirada se volvía siniestra conforme iba aprendiendo de su padre y de las formas del guerrero, decidió renegar del mismo tras un extraño sueño, mudándose junto a su hija Umeko a casa del marido de ésta, alejándose de su hijo y su esposo. Ryutaro de golpe pierde a su madre, que desde la distancia ni cartas envía y a su hermana mayor, a la que aunque no conoce apenas dadas las circunstancias, amaba de corazón y de forma mutua, viéndose desgarrado por una soledad que, como las sombras en el ocaso, se hacía con el control de su vida y de su hogar. Pasando tiempo con los criados y siervos de su padre, Ryutaro crecía sin ver apenas a su padre, que envejecía poco a poco, convirtiéndose en un señor anciano que, arrugado y amargado conforme pasaban los años, agriándose su carácter y volcando sus deseos de perpetuar un legado próspero en su heredero, presionándole con fuerza, obligándole a aprender de historia, estrategia, política y poesía durante su preadolescencia.

Sin embargo, Mukaido no estaba preparado para ver lo que vio cierto día de primavera durante una tarde nublada cuando el muchacho contaba ya con una quincena de edad, mientras estaban entrenando con espadas de verdad. Sus hojas chocaban una y otra vez, mientras el cielo anunciaba lluvia, cayendo gotas conforme los tajos se sucedían rápidamente, con firmeza, entre guardias y pasos rápidos, estocadas y reveses bajos. sonando acero como truenos en la lejanía. El combate se decidía para el joven y brioso Ryutaro, de espalda ancha y complexión fuerte, mucho más vigoroso que su padre aunque falto de técnica, mas el destino quiso que la hoja del mismo cortara con precisión la frente del mozo, haciéndole sangrar y marcándole para siempre. Tras el corte, lejos de acabar la pelea, no desiste. Llevado por el olor de la sangre y el empuje del momento, Ryutaro desencadenó un aluvión de golpes dirigidos al cuerpo de su padre, que los bloquea de forma precaria, quebrando su arma en el proceso, y siendo herido en la pierna derecha a la altura del muslo, acabando la pelea de esa forma. Cayendo la lluvia sobre ellos, Mukaido observa aterrado la sonrisa de su hijo manchada de sangre, acompañada de esos ojos tétricos e intensos, como los de una bestia salvaje, casi deseosa de cobrarse una vida. Viendo que la visión que tenía su esposa sobre su hijo puede ser verdad decide tomar cartas en el asunto al día siguiente, mandándole a entrenar en las montañas como parte de su entrenamiento. Ryutaro marcha son la frente alta y vendada, acompañado de su espada y de su determinación, para aparecer tres años después en la residencia de su padre, orgulloso y más fuerte que nunca, tras haber sobrevivido a los inclementes estragos del tiempo y empezar a formar su propia filosofía, entre pequeñas cazas y duelos ocasionales con espadachines errabundos, volviéndose un hombre ya hecho y maduro, agresivo y fiero, mas de mirada calmada y aterradora, tras aprender entre montes que la meditación y la reflexión eran las únicas maneras de no ceder a la locura como un animal salvaje.

Mukaido al principio no se fía de su hijo, mas tras comprobar que éste ha cambiado en parte y ha adoptado una actitud más serena, concierta un matrimonio de conveniencia con la hija de uno de sus mejores amigos, empezando a ver el legado con el que soñaba desde el nacimiento de Ryutaro. Siendo aceptado por su padre, sus ánimos se vuelven mejores, jurando defender el honor de su familia y de Hoshido, volviéndose un samurái entregado a su país y a un camino lleno de gloria y determinación. Conociendo a su futura esposa, Himiko, y empezando una relación a distancia con ella en pos de casarse en un futuro, intentando mientras elevar sus conocimientos y habilidades. Sin embargo, el esplendor de Hoshido y del futuro de Ryutaro se desvanecen lentamente en un horizonte lleno de incertidumbre conforme, tras tres años, y a punto de realizar su casamiento de conveniencia con la joven Himiko, aparecen los emergidos y la gran amenaza que suponen, tumbando las defensas de Hoshido, demasiado descentradas y poco preparadas para ganar y resistir, generándose una alerta que obliga a todos los samuráis a abandonar su hogar, haciendo que Ryutaro y Mukaido marchen al frente.

Durante una escaramuza con el grisáceo enemigo en medio de un castillo sitiado, Ryutaro se ve completamente superado por el adversario junto a sus hombres, y deseando superarse, realiza una maniobra arriesgada y estúpida de avance, que culmina con la muerte de todos los guerreros, perdiéndose sus vidas de forma estúpida, y sobreviviendo él por pura gracia de Naga, llegando al punto de perder la posición, con la deshonra que ello conlleva tras la quema del mismo. Tras la batalla, Mukaido y los pocos oficiales supervivientes, avergonzados, deciden realizar seppuku, acabando con su vida, pero Mukaido, viendo que su hijo ha roto su sueño de poseer un apellido grande en su amada nación y consumido por el resentimiento y la rabia, impide a su hijo realizarlo, condenándole a una vida de deshonor y culpa, castigo por su necedad y sus instintos agresivos. Ryutaro, sabiendo que el deseo de su padre era legítimo y viéndole morir a sus ojos, huye del lugar y se interna en los caminos rurales, escapando de la civilización en Hoshido, como un lobo apaleado y renegado. Con sus veintiún años, Ryutaro se convierte en un samurái vagabundo, tratando de sobrevivir por su cuenta entre emergidos y hombres que desean su muerte, incluido él mismo, regresando a su agresividad y fiereza natural, sediento de sangre, encerrándose en sus oscuros sentimientos, renegando de Naga y de sus ancestros, que le miran coléricos desde los cielos.

Pasa el tiempo, y Ryutaro acaba huyendo a los lugares más recónditos, encontrándose en el camino con un anciano monje que, en un santuario derruido, malvive en soledad, dedicándose a Naga y reflexionado sobre la senda de la rectitud. Al principio, maltrecho, desconfía del amable sabio, pero tras curarle y alimentarle, pasa a refugiarse con él en medio de aquel lugar, empezando a reconciliarse de nuevo con su lado espiritual. Takuan, que era como se llamaba el monje, le muestra que la vida, lejos de ser un infierno como cree Ryutaro, violento e iracundo, es un regalo divino y que, aunque hay veces que la violencia es necesaria, no debe ser despreciada en una senda llena de odio, que sólo te hace esclavo de la misma. Ryutaro encuentra en él a un maestro, que le devuelve la humanidad y el sentido en la vida, decidiendo convertirse en su discípulo, aunque con reservas. Desgraciadamente, la tuberculosis hace estragos en el pobre asceta, llevándose su vida, pidiéndole moribundo al joven que realice un viaje para librarse de esa senda y crecer como ser humano, a la par que le ruega que se lleve uno de sus mayores bienes con él, un bello rosario que, en teoría encontró tras una cascada un día de meditación. Tras aceptar, Ryutaro se marcha con el rosario, dejando atrás el santuario en el que vivió durante un año y su amada tierra luego, embarcándose en un barco hacia Regna Ferox. Cogiendo como consignas de vida la meditación y la contemplación, comienza su viaje, oyendo desde la distancia como su país es conquistado por Nohr y reprimida su cultura, vagando por los caminos mientras crece espiritualmente, cediendo en parte a sus instintos huraños y agresivos, malviviendo como puede, pero tratando de, algún día, cumplir su promesa y convertirse en el espadachín y filósofo que quiere ser, poco a poco.

Extras
-Ha renegado de su apellido, por lo que se presenta como Ryutaro si llega a hacerlo.
-Sus formas descuidadas sugieren que es un tipo inculto, pero sabe bastante de historia y poesía, haciendo haikus en su tiempo libre.
-Suele meditar y contemplar la naturaleza cada mañana para concentrarse.
-Realiza trabajos como espadachín a sueldo o yojimbo, ya sea de asesino o mercenario o como guardaespaldas.
-Algunos de sus encargos han implicado matar a otras personas inocentes por dinero, aunque él no quiere pensar en ello.
-Su filosofía marcial es compleja y está sujeta a cambios conforme madura, pues su senda sólo acaba de empezar.
-Adora el sake y la sopa de cebolla.
-Reniega de la influencia de Naga en su vida, pues piensa que es irónica, pero no duda de su existencia, a la par que respeta realmente sus enseñanzas.
-Algunos se sienten incómodos por sus ojos penetrantes y su aspecto.
-No deja que nadie nada más que él dirija su vida.
-No soporta estar en la civilización, deseando estar siempre o al raso o en lugares rurales.
-En el fondo, siente que su deshonra es real y que mereció morir ese día.
-El recuerdo de su padre le atormenta.
-Desearía que Hoshido volviera a ser libre y poder volver a enseñar las ideas de su maestro a otras personas.
-Sabe montar a caballo y tirar con arco y manejar pequeñas embarcaciones pesqueras.
-Le gustaría saber qué fue de su prometida Himiko y de su hermana Umeko, de las que no sabe nada desde hace años.
-La cicatriz de su frente no ha desaparecido jamás, y es una marca que piensa que merece.

Procedencia
Nombre original del personaje: Miyamoto Musashi
Procedencia: Vagabond
Spoiler:
Afiliación :
- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Ronin

Autoridad :
-

Inventario :
Espada de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Espada%201

Experiencia :
La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Jm5byz1

Gold :
104


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La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Empty Re: La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro]

Mensaje por Eliwood el Miér Feb 13, 2019 2:00 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
No olvides pasar por el Registro de Físicos.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.
.

Support :
Marth La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Iwzg0SR
Lyndis La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] JEIjc1v
Nils La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] JEIjc1v

Especialización :
La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Espada%202

Experiencia :
La verdadera fuerza se halla en el mar en calma. [Ficha Ryutaro] Iu4Yxy1

Gold :
1092


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