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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Devastación [Priv. Mishael]

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Mensaje por Gangrel el Dom Ene 27, 2019 4:07 pm



Lo que era innegable es que Plegia había entrado con todo en el panorama mundial con fuertes conquistas que dejarían con la boca abierta al mejor estratega del mundo. Todo gracias a su rey. Y eso era simplemente imposible de rebatir. No existían argumentos en contra del monarca en esos precisos instantes dentro de la que ahora era madre patria de un emergente imperio colonial. El nuevo objetivo del imperio era Carcino. El por qué, simple. Para poder bloquear toda Magvel teniendo de aliados a los renaiseños, destruyendo así el comercio internacional por completo, lo cual beneficiaría especialmente a sus países aliados en contra de toda potencia nagardiana, pues los de Sindhu no podrían comerciar con Akaneia usando los puertos de Magvel, y eso sería un fuerte golpe a sus economías. Por eso mismo es que aceptó el tratado con Renais, que era especialmente ventajoso para Plegia. Quien controla el centro del tablero, siempre manda. Y Plegia sería ese país en muy poco tiempo.  

Gangrel estaba orgulloso consigo mismo, obviamente. Estaba al borde de ganar una gran guerra que acabaría con la formación de un imperio totalmente propio. Por eso mismo, cualquier aliado era aceptado con los brazos abiertos. Aunque este pidiera dinero. Y es que muy en el fondo, una gran parte de lo que estaba luchando en Carcino no era el ejército de Plegia, que estaba principalmente en Manster y en la propia Plegia, sino mercenarios contratados para la tarea, pues el ejército del país todavía tenía mucho que mejorar en terrenos montañosos.

De todas formas, Gangrel era simplemente demasiado inteligente como para que detalles como el terreno interfirieran en sus planes. Ya lo tenía todo pensado. Y es que para sustituir lo ineptos que resultaban sus soldados en esas zonas, contrató guías muy capaces en la tarea. Con ellos, podía asegurarse de que las tropas no se perderían, de que los caminos estarían preparados para resistir el paso emergido, sabrían donde se encontraban los que antiguamente mandó a construir el gobierno republicano y muchos más detalles de la misma índole. Normalmente, estos no daban problemas, eran callados y se limitaban a guiar a los soldados sin demasiado más. Personas normales, inteligentes, normalmente bien formados y más importante. Con ropa.

Sí, ropa, aquellas prendas de tela que los varones y las féminas de la raza se ponían para ocultar sus zonas pudorosas, las cuales francamente no eran del interés de nadie. A veces complementadas con prendas metálicas para proteger el cuerpo del sable rival. Bueno, cosas que por educación se solían llevar, a veces por vergüenza, otras porque simplemente si se iba con cierta parte al descubierto muchos podían acabar con la boca abierta de pura envidia. Bueno. Muchos motivos para llevar algo tan esencial como la ropa, ¿no? En pleno siglo diez parecía normal pensar que la gente había comprendido que llevarla era necesario para un correcto funcionamiento de la sociedad. Bueno, al menos la gran mayoría de la sociedad lo había comprendido. Por suerte. Hasta en Plegia, en plenas épocas de calor, se llevaban atuendos, aunque mucho más ligeros. Con la comprensión y el apreció que se nota que tenía el rey por el correcto atuendo, es fácil pensar qué opinaba él de cosas como el nudismo público. Lo toleraba, ciertamente, pero tampoco es que lo fomentara.

Pero volvamos al tema de los guías. ¿Por qué toda esta explicación de lo que opinaba Gangrel de la ropa? Muy sencillo. Porque en el mismo momento en el que se enteró por escuchar ligeramente las conversaciones de algunos soldados sobre uno de los guías contratado por el ejército, tuvo que verificar que había escuchado bien preguntando directamente a los que hablaban. Y francamente, tuvo que contenerse la risa.

Una risa que siempre se guardaba porque muchos de sus consejeros la catalogaban como terrorífica. Así pues, se debe imaginar cual fue la situación cuando el monarca se encontró en su tienda de campaña, empezando a reír fuertemente por lo que él consideraba que era un hecho insólito. Posiblemente, y por lo que podía deducir, no era humano quien hacía eso, pero qué importaba. Laguz o humano, había producido la risa del rey, que se prolongó durante un buen rato. Y es que cuando Gangrel empezaba a reír era imposible pararlo. Por algo le llamaban como lo hacían: “rey loco”.

Fue al día siguiente, cuando todavía con el recuerdo en mente decidió conocer un poco más de aquel curioso personaje. Por eso mismo, miró el mapa de la república, lanzando un largo suspiro al aire. Había llegado la hora de atacar alguna posición montañosa. Y la elegida fue un fortín en lo alto de una montaña que conectaba con la carretera del país, y mucho más importante, cercana a la antigua capital que todavía tenían que tomar. Era importante tener cuanto más controladas las carreteras mejor, pues si bien toleraría la existencia de emergidos en sus territorios, era importante ser siempre capaces de controlarlos.

Y aprovechando la situación… Pidió que se buscara quién era ese joven y que lo trajeran ante él para darle la gran noticia: tendría el honor de guiar a Gangrel y sus escuadrones, uno de los mayores privilegios de la nación. Es evidente que también pidió que a este se le intentara poner de la mejor forma posible o por la fuerza unos pantalones. Más que nada porque el rey todavía respetaba un poco la etiqueta. Y dentro de su pequeña tienda de campaña, esperó. Estaba acostumbrado a ello. Al fin y al cabo, resultaba que los humanos no podían cumplir instantáneamente órdenes.

Y al llegar el joven, no pudo evitar sonreír por unos segundos. Irónico le parecía lo que le había hecho llegar ante él.

-Os saludo, laguz. Decidme vuestro nombre, por favor, y a poder ser, quién os contrató para llegar aquí. ¿Sois conscientes de la situación por la que os encontráis frente al emperador de Plegia? Y mucho más importante… ¿Cómo debería dirigirme a vos?


Última edición por Gangrel el Miér Abr 24, 2019 4:20 am, editado 1 vez
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Mensaje por Mishael el Mar Ene 29, 2019 9:27 pm

Había pasado tiempo, bastante de hecho desde que alguien había decidido contratar los servicios de guía de ese peculiar ser. Su viaje, aparte de buscar aquello que anhelaba con todo su ser, también era para poder ver con sus propios ojos los distintos entornos que presentaba este basto mundo, y de esa manera encontrar la mejor manera de cruzarlo. Desde desiertos tan calurosos que provocaban ilusiones para los viajeros, riscos tan empinados que harían dudar incluso a la cabra más alocada que hubiese en el rebaño; toda fauna poseía su toque especial y único, pero a la vez, poseían peculiaridades como el saber donde crecía los víveres para los viajeros que guiaba, los paisajes que tan solo se hallaban en alguna cueva o incluso ruinas perdidas a lo largo de las primaveras. Desde las lejanas costas de Hatari, hasta viajar por el enorme océano hasta Ylisse, sus patas lo llevaron a ser contratados por los sirvientes de un noble. Estos necesitaban seres con conocimientos del entorno montañoso para surtir los peligrosos caminos, con la finalidad de invadirlos o en los términos utilizados por ellos "Para limpiar el sitio de toda alimaña". Ya había escuchado ese término utilizado por los humanos y solo significaba guerras innecesarias. Odiaba a toda criatura carente de pelos sobre sus cuerpos pero eso no evitaba que les tendiera una mano, con la finalidad de verlos destruirse uno a los otros y de esa manera, poder dar declaración con bases fundamentales que los Beorcs eran la peste negra de este mundo.-

Como era de esperarse que, la manera en que afrontaba la vida, le iba a traer problemas con sus contratistas pues Mishael era una criatura que no soportaba el uso de telas innecesarias sobre su fisionomía. Utilizando sus largos cabellos para cubrir las zonas pudorosas o esto se encargaba el destino, que cooperaba con aquellos que tenían vergüenza de como los dioses los trajeron al mundo. Por ello, adoptaba la fisionomía del animal tratándose de un enorme lobo blanco que les indicaba el camino a seguir por las montañas, llevándoles la delantera por unos 5 minutos. Esto se debía a que tenía que asegurarse que el suelo estaba firme y que, por el peso de las armaduras, caballos y las cosas que llevaban con ellos, no cediera provocando una avalancha de seres vivos cayendo de forma estrepitosa contra al fondo. Luego de unas horas en ser uno de los tantos guías de ese numeroso ejército, tomo descanso a la lejanía del grupo, bebiendo el agua fría y pura que caían al borde de las piedras y alimentándose de carne cruda que solicito como forma de pago. La presencia de ese enorme humanoide no era bien recibida por los ajenos, ya sea por la personalidad altanera y egocéntrica o también, que les exigía más a los soldados que el resto; pues a su entender, si eran hombres fuertes esto no sería nada.

Grata fue sorpresa en cuanto escucho que el jefe de ese grupo requería su presencia en su carpa y que debía llevar consigo unos pantalones para dicha reunión. En primera instancia lo rechazo, dándole la espalda a los soldados los cuales lo acusaron de desacato y lo atacaron, siendo arrojados lejos de su persona, observándolo con desprecio y con ganas de asesinarlos. Pero fue un sabio consejero que se le acerco y hablándole de forma apacible, le dijo que lo mejor sería ir por las buenas. Que lo viera como un halago ya que, eran muy pocas las personas que tenían el agrado de compartir en su tienda junto a él.

Una enorme sombra contrastaba las claras telas de la carpa. Los custodios veían absortos a la enorme criatura que se acercaba hacia ellos, percibiendo el peligro en el aire preparando sus lanzas para el ataque. Pero basto una simple mirada fría, inclinando su cabeza levemente hacia atrás, para intimidarlo. Los humanos eran criaturas como los ciervos y los jabalíes, por lo tanto, podían sentir cuando el depredador los tenía en la mira a punto de ser devorados sin que pudiesen poner resistencia. Estos cayeron pesadamente contra el suelo, siendo la "música" utilizada para su ingreso. La gran altura del laguz, que superaba los 2 metros, hacían ver a los demás humanos como seres pequeños. Su torso se encontraba desnudo, mostrando las infinidades de tatuajes tribales en cada centímetro de su piel. La ropa utilizada para esta ocasión era unos pantalones largos, pero por la fisionomía del moreno, estos parecían tratarse de unos pantalones muy cortos que se pegaban contra sus piernas y, donde el menor movimiento, los haría romper en decenas de partes.-Mi nombre es Mishael. -Hablo con un tono de pocos amigos mientras su mirada estaba puesta en su entorno. Analizando los distintos artefactos que podrían encontrarse allí: como muebles, telas, armas y los distintos humanos que se juntaban para la ocasión.- Un sujeto pequeño y calvo, con una gran cicatriz en su rostro que recorre desde su mentón hacia su ojo. Creo que lo conoces ¿Verdad? Él fue quien me contrato a cambio de cumplirme mis caprichos. -Prosiguió con su habla desinteresada sin siquiera mirarlo fijamente a su interlocutor. Su diestra se elevaría mostrando las largas uñas de sus dedos, haciendo el recorrido que tendría ese hombre con la herida vieja en su cara.-

Finalmente, sus orbes azulados se fijaron en quien gobernaba sobre todos esos peligrosos soldados. Era extraño, muy extraño pues el aroma que desprendía de sus poros le advertían al animal que tuviese mucho cuidado con él, que no era como el resto de los presentes.- ¿Eh? No entiendo que quieres decir con eso último que has dicho. -Comento rascándose su nuca, refiriéndose a la manera en que debía dirigirse.- Lo único que se con exactitud, es que los beorcs con mucho dinero suelen utilizar términos rebuscados para algo tan sencillo como "es la hora de comer" o "asesínalo por traidor". A veces ser corto y sencillo tiene un mejor trabajo que intentar hablar con palabras "bonitas". ¿No le parece? -Finalizo cruzando sus brazos e inflando su pecho. A decir verdad, su mente era corta y quería ir al grano con todo. Por qué necesitaban de su presencia allí.-
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Mensaje por Gangrel el Miér Ene 30, 2019 3:31 pm

Gangrel se quedaría mirando al sujeto en silencio. ¿Qué sentía el monarca frente a tan imponente ser? Muchos temblarían. Pero él no. Él le miraba con una macabra y pérfida sonrisa dibujada en su rostro. Si bien Gangrel tenía medio metro menos de altura y sin duda no tanta fuerza física, era suficientemente poderoso (y lo sabía) como para no necesitar las manos para ganar. Solo las palabras. Solo con palabras había reunido a su gran ejército. Solo con palabras se había colocado la bandera plegiana en Manster. Solo con palabras estaba sentado en el trono. ¿Y de verdad no servirían para ganar una batalla? Gangrel tenía una respuesta clara a quienes pensaran así. Y esa respuesta sería una seca y fuerte risa.

Por eso mismo, ni se movió de la silla cuando vio entrar a tan intimidante figura. Porque sabía que él era el triple de intimidante. Sabía que su mera presencia podía hacer palidecer a quienes eran sus enemigos. Y más importante. Porque a Gangrel no le importaba su propia vida más allá de lo que la muerte de su persona podría causar a la nación. Y es que los ojos del rey eran dos esferas carmesíes, similares a las de una serpiente, a las de un animal peligroso y traicionero que podría acabar con tu vida con un mordisco. Algunos le comparaban con un hurón.

-Mishael. Bienvenido seas pues a la gran familia que son los Tercios del Hálito Negro, la fracción de la armada plegiana destinada a la toma y protección de Magvel

Las palabras del rey fueron tajantes y secas, correspondiendo a las del laguz. Pero aun así, parecía haber algo en ellas. Algo que las inoculaba y convertía en terroríficas. Por suerte, no parecía que los consejeros del rey o sus soldados estuvieran familiarizados con ellas. Pero estaba ahí ese doble sentido. Lo que había en las palabras del rey… Cómo describirlo. Era el frío aliento de un peligro casi asegurado. Era como si alguien te estuviera gritando que tuvieras cuidado frente al abismo.

-…No, no me suena –dijo al escuchar hablar del hombre que le contrató. No, simplemente, no podía saber cuales eran los nombres de todos los generales reclutadores que tenía su mando, pues eran cientos- Sin embargo, deberíais conocer mi nombre antes de nada –el rey esperó unos segundos, alzando la mano al aire para mirarse el dorado guante que la cubría- Futuro emperador de Manster, Jehanna y Carcino, Rey de Plegia, Gran Almirante de la Armada Plegiana, Capitán General del Ejército de Aire y Tierra, Protector de Magvel y del culto a Grima. Mi nombre, más allá de tantos títulos, es uno simple. Gangrel, Gangrel I de Plegia. A eso me refería con que me dijeras la forma de dirigirme a tu persona, Mishael. El nombre –el rey se levantaría poco a poco, acercándose a la gigantesca figura que le estaba hablando. Era hasta cómico ver que efectivamente, el terrible emperador de Plegia a duras penas llegaba a la barbilla del contrario- Concuerdo contigo. El humano cae en la necesidad de acomplejar el diccionario para poder expresarse. Pero compréndenos. Tan carentes como somos de nada más que la palabra, hemos de aprovecharla al máximo para poder comunicarnos. Yo también soy partidario de simplificar las cosas, pero como rey, he de comportarme con un nivel que sea relativamente similar al que se espera de mí

Y era cierto. Prefería recibir respuestas cortas que largos discursos. El por qué, simple. Más palabras eran más errores, más errores eran más formas de poder devorar a un rival intelectual, y eso conllevaba menos diversión. Si bien la forma simple de pensar del contrario no era útil para la faceta de filósofo del rey, sí lo era en su visión como estratega. Todo tenía ventajas, al fin y al cabo.

-…Una atípica forma de ver el mundo, joven. Permíteme felicitarte por poseer esa perspectiva del panorama mundial. Pero no estamos aquí para eso

Ni mucho menos. El rey se dirigiría a un humilde escritorio que se encontraba a un lado de la pequeña tienda de campaña imperial, con una gran cantidad de tratados de estrategia bélica y mapas colocados sobre el mismo, los cuales el rey investigaba para poder pulir sus técnicas como estratega.

-Existe un fortín de bastante tamaño que se encuentra en lo alto de una montaña. Está en un punto estratégico, pues conecta cinco carreteras de montaña con un camino que dirige a un puerto de suma importancia anteriormente –el rey tomaría un mapa de la zona que mencionaba y se lo enseñaría a Mishael, apuntando a una conveniente X que había hecho él con tinta roja y marcaba el lugar del que estaba hablando- Con esto, tendremos una vía de comunicación asegurada. No sé si comprendes lo importante que es poder transportar comida y demás vituallas entre campamentos, pero ya te digo que resulta de una prioridad máxima. Llevaré conmigo uno de mis tercios para la operación, y obviamente, deberás guiarnos. Ese es el trabajo que te designo como emperador de la gloriosa corona plegiana. Y ahora te preguntarás… ¿Qué ganas con esto? Pues te pagaré, obviamente. ¿Dinero? Lo tendrás si lo deseas. ¿Quieres acabar con un señorío en este lugar? Si lo haces bien, lo tendrás. ¿Caer en el pecado carnal de la mujer y la gula? No te detendré si quieres recibir la compensación de esa forma. Solo guía a las tropas y lucha por Plegia. Y a cambio, tendrás aquello que desees


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Mensaje por Mishael el Dom Abr 14, 2019 12:29 am

Escuchar a un hombre sabio con infinidades sobrenombres sobre sus hombros, tener la capacidad y el conocimiento necesario para llevar nación hacia la prosperidad e incluso expandir sus tierras para beneficiar a mucha gente, debería ser agradable, rico para saber más de este basto mundo e incluso cualquier ser humano se sentiría suertudo, pero Mishael no era así. El oír los innumerables títulos que poseía provocaba que los ojos del laguz se volteasen hacia arriba, mostrando lo que muchos llamarían una falta de respeto a la autoridad. Incluso se atrevió a llevar sus brazos en jarra mientras adoptaba una posición cómoda, inclinándose levemente hacia la izquierda conteniendo lo que sería un bostezo de su parte, pues podía sentir como las numerosas miradas de los soldados presentes y que servían a ese caballero, se posaban sobre su fisionomía con ganas de hacerle pagar su irresponsabilidad.- Se ve que no eres un simple charlatán como los anteriores nobles que me han querido capturar en las anteriores ocasiones.- -Inicio su respuesta ante el monologo de su interlocutor, acercándose hacia la mesa en donde yacían los mapas, posando sus orbes en ese papel que, por suerte, eran una de las pocas cosas que sabía leer en este mundo. Pues las tareas que requerían un uso más elevado de su cerebro como leer o escribir, era una cosa incapaz de realizarla pues era un analfabeta.- No solo posees una lengua mordaz y tan fatal como lo es una serpiente cascabel. Por el aroma a sangre que despides en cada poro de tu cuerpo, no sueltas a la presa que le has decidido poner los ojos, tal como lo hace un águila. -Prosiguió a medida que sus yemas tocaban aquella hoja recorriendo lo que sería un sendero celeste que salía por el oeste y se acercaba hacia la montaña a tomar. Sus palabras serian dichas cabizbajo y no porque mostraba respeto, sino que su atención estaba enfocada en leer cada centímetro y buscar la mejor manera de cumplir con la tarea asignada.-

Me atrevería a decir que tengo muchas maneras de concretar este plan y que no sufras ninguna baja de tus hombres. Incluso podría provocar que el enemigo se rinda y no tengamos que entrar en batalla. -Mascullo provocando que los hombres presentes en la sala comenzaran a murmurar entre ellos. ¿Cómo era posible que una criatura que no tenía ninguna decencia de usar ropa frente a un noble tuviese semejante plan? Las provocaciones y las burlas no se hicieron esperar haciendo que los pelos de su cola y de sus orejas se irisaran, lanzando un gruñido lo suficiente fuerte para opacar todo sonido y un silencio sepulcral se hiciese en ese cuarto.- Se podría cortar el suministro de agua, arrojando rocas sobre este arroyo. Según este mapa es el único que cruza por esta zona. Tus hombres necesitarían cortar las carreteras para que el suministro tampoco llegase a la ciudad. Pero la comida es lo de menos: mi experiencia siendo guía en el desierto de Hatari, me ha demostrado que tu especie solo puede vivir sin comer bastantes días, pero el agua es tan esencial que en menos de 3 días podrían estar acabado. Como aquí el sol no es tan fuerte como allá, se podría usar un método que usaba los lobos para cazar criaturas enormes y que nos superan en fuerza: la paciencia. Seguimos a nuestra presa, haciéndole saber que estamos allí día y noche, sin darle la oportunidad de descansar ni comer. En cuanto vemos que esta lo suficiente débil la atacamos pues, si viaja en grupo, estos aseguraran la mayor cantidad de vidas posibles si eso amerita arriesgar a uno. -Comenzó con su monologo, pensando en las experiencias previas de su vida. Recorriendo cada tarea que tuvo en su pasado para sacarle el mayor provecho posible para este día que, luego de tanto tiempo, tendría el primer asiento para observar como los beorcs se asesinaban entre ellos.-

Derrumbaremos estas rocas de por aquí- -Señalo una zona alejado unos 150 metros del fuerte, donde se elevaba una pequeña pendiente.- Desde aquí, puedo suponer que el agua les servirá para aguantar unos 3 o 5 días dependiendo de cuantos humanos haya en el interior. Y si desea apresurar aún más las cosas, podemos las cosas que nos da la Madre Tierra: como serpientes marinas que suelen ser venenosas y que, aquellos que se asomen a juntar agua sean mordidos por estas. O incluso echar hierba venenosas junto con hongos alucinógenos, esto podría hacer que el agua estancada en dirección hacia el fuerte no sea para consumo y provocaría un daño a la moral del enemigo. -Se tomó la molestia de realizar una pequeña pausa, tomándose un respiro a tantas palabrerías pensando en las otras posibilidades para el plan.- Pero para que sus soldados no se aburran tengo pensado en usarlos como aquellos lobos que siguen a su presa: haremos que no puedan descansar en ningún momento; con pequeños ataques esporádicos en diferentes horas acentuándose a la noche con flechas encendidas como así también normales, de esa manera no verán venir estas últimas. También se puede usar ruidos molestos para no dejarlos descansar tal como bombos, trompetas, gritos, todo aquello que produzca sonido y cause confusión en estos beorcs encerrados, hará que su mente se quiebre más rápido de lo normal.

Una vez tomado la fortaleza, se limpia el arrojo y el interior de este, para que no haya rastro del veneno. Luego se saca las rocas de su lugar y la ciudad tendrá nuevamente agua potable para que sea habitable otra vez. Sus hombres podrán actuar un poco para llevarse crédito pero creo que quien quedara beneficiado es usted. -Levanto su azulados orbes mientras su ceño se frunció y ahora observaba los contrario, aquellos ojos carmesí como la sangre que le arrebataba a sus enemigos.- "El rey que tomo una fortaleza sin perder a ninguno de sus hombres" No todos logran ese cometido y aquellos líderes que suelen hacer tales hazañas, sus nombres recorren el mundo como si fuesen una hoja atrapada en un fuerte viento. ¿Qué le parece? ¿Tiene algo para decir? ¿Para agregar? ¿Fue de su agrado?
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Mensaje por Gangrel el Dom Abr 14, 2019 4:41 pm

Cuán curioso era encontrarse con un laguz de más de dos metros frente a él, con un pequeño pantalón que más que cubrir, parecía creado para dejar espacio a la imaginación. Y la evidente confianza que poseía este a pesar de la dura situación en la que se encontraba. Parecía no entenderlo… Pero… Sí, era un guía mercenario, mas, en el mismo momento en el que Gangrel lo decidiera, tendría problemas. Pero sus soldados tendrían que contenerse, pues, a pesar de lo que se creyera, era difícil llegar a enfadar al emperador de Plegia, y más importante, mucho más difícil era que este intentara tan siquiera dañar a alguien tan arrogante. Le recordaba a él. Con un par de metros de más, pero en algunas cosas ese laguz se parecía a un joven Gangrel que otrora tomó el trono de un país muerto para revivirlo, por las malas o por las buenas (aunque como él esperaba, tuvo que ir por el primer método). Arrogante, vivaz, altivo. Buenas características para un hombre que tuviera que instruirse en el ejercicio de armas.

-…Con que te han intentado capturar antes… No te lo vas a creer, pero hay nobles que también caen en la lujuria con otros de su mismo sexo, entre ellos yo, por cierto. Tal vez, si no fueras con cierto miembro al descubierto, no hubieras tenido que enfrentarte a ninguno de esos cantamañanas. Considéralo un consejo. Si quieres, puedo pedir a mis tejedoras que te preparen algo de ropa de tu talla… Como un regalo –comentaba al escucharle compararle con una serpiente, y es que, en parte, bien era cierto que existían similitudes entre él y ese animal. Pero bueno. Si tocabas a la serpiente, esta avisaba. Y sabía que normalmente, comentar ese tipo de cosas podía llegar a sonrojar a los más rudos. Posiblemente, no funcionaría con ese hombre, aunque, aun así, debía intentarlo- Efectivamente, me halagas. Soy como un halcón que espera a precipitarse contra su presa. Y muchos han muerto por creer que no sería capaz de arrojarme contra ellos. Mas… Yo también tengo una parte animal en mí, Mishael, una parte que me haría querer salir y luchar con mis propias manos como una bestia. Y eso significa que los de tu raza me caéis especialmente bien. Y tú, sin duda alguna, tienes no solo la sangre de un lobo. También noto en ti el valor y la imponencia de un león. Y no sabes cómo me alegra tener a hombres… Si es que se te puede llamar así, como tú en mis filas

Era un halago. Un halago de un depredador hipotético, pero no por ello menos peligroso a uno real. En su imperio, en su poderoso ejército, el lobo era un animal respetado. Un animal que luchaba fuerte en solitario… Pero no dudaba en pedir ayuda a la manada, y que cuando le llegaba la hora, se retiraba para dejar entrar a quienes le sustituirían. El Tercio se basaba en la manada de lobos. Si uno era herido, todos iban a la caza. Y Mishael era en parte la viva imagen de todo en lo que Gangrel creía.

Escuchó su plan en completo silencio, levantándose del cómodo asiento en el que había estado hasta ese momento para colocarse al lado del laguz, escuchando su plan detalladamente y mirándole de vez en cuando, arqueando una ceja francamente impresionado. En cuanto se dio cuenta de que ese joven estaba hablando verdaderamente serio y con una lógica que a veces faltaba a sus estrategas, se giró para dar una orden simple con los labios a los soldados que permanecían ahí dentro. “Marchaos”. Y obedecieron.

Simplemente, no le gustaban los murmullos. Y esos idiotas murmullaban demasiado. Ahora podía poner su atención en el mapa y las palabras del joven. Solo había un pequeño problema, pero decidió dejarle seguir hablando, rascándose la perilla interesado.

Una técnica inteligente, consistente en destruir al propio enemigo desde dentro sin recurrir a la violencia. También, para redondearlo, podría haber sugerido lanzar cadáveres catapultados a la fortaleza, para propagar enfermedades, pero aun así, se comprendía bien lo que él quería. Obviamente, deberían tener para esa situación una forma de contener el veneno para que no se expandiera, y las más que seguras enfermedades que tendría.

Pero seguía habiendo un problema. Uno minúsculo, nada importante. Ya lo comentaría. Más adelante. Estaba disfrutando mucho escuchando las palabras del laguz, colocando una mano a un lado del mapa y la otra seguía rascando la barbilla del rey instintivamente. Lanzó un pequeño suspiro. Si él tampoco tuviera en mente ese “pequeño” detalle, ya hubiera dado un abrazo al joven y posiblemente, pondría en marcha su táctica. En cuanto terminó, le miró por unos segundos a los ojos, con una clara chispa de orgullo en estos. Le resultaba impresionante. Digno de elogios y alabanzas que ni siquiera era capaz de imaginarse. Lo que había hecho ese gigantesco ser era una táctica digna del mejor estratega.

-…Sabes… Creo que después de esta exhibición de poder mental, más que pagarte con mujeres, es que te daba a mi propia concubina e incluso yo mismo me ofrezco voluntario como pago –comienza a reír estridentemente. Simplemente, maravilloso. Necesitaba hombres así cerca de él- …Y después de esta crees que te voy a dejar libre. Si sigues vivo después de esta, te nombraré hijo adoptivo y príncipe imperial. Luego haz el estúpido como quieras, pero necesito poder decir que tengo un vástago con semejantes dotes. No lo dudes. Has demostrado ser útil… Así que te pagaré muy bien, tal vez incluso seas el primer laguz que obtenga un título nobiliario en toda Plegia –suspiró, cesando sus risas en ese mismo instante, para dirigir su mano a un pequeño documento y acercándolo a los ojos de ambos- …Solo has cometido un error de nada. Y aquí lo pone

Coloca su mano en la cintura del gigantesco ser (no por lujuria ni ningún sentimiento así… Simplemente, es que no llegaba al hombro de este sin estirar el brazo y no quería someterse a tal humillación) para señalar lo que ponía en ese papel. Algo muy simple. Un informe de situación de esa zona. “El castillo está defendido por emergidos”.

-No sé si sabes leer… Pero aquí pone que el enemigo es una guarnición emergida. Es decir, que no necesitan agua. Ni comida. Ni les podemos enfermar de forma alguna. Es un simple fortín armado hasta los dientes con esas cosas. Eres un lobo astuto, chaval, y francamente, hasta yo, como supremo comandante general de este ejército, debo arrodillarme ante tus capacidades. Solo has fallado en eso –suspira, tomando una pequeña pluma que hasta ese momento descansaba en un tintero rojo- Ahora deja que te cuente mi plan personal. Pero me plantearé el tuyo contra poblaciones disidentes… Sin duda. Entonces, procedamos –comienza marcando su localización exacta, haciendo un círculo en el lugar donde se aproximaba que estaba el campamento en comparación al fortín. Debían haber unas horas de camino para un ejército, y eso, teniendo suerte- …Tardaríamos mucho. Por eso, hoy, las guarniciones aéreas tendrán suma importancia junto a la base del ejército, que es la infantería y los magos. Y… Creo que lo que tú has dicho se puede adaptar de cierta forma. Colocaremos una gran cantidad de soldados por el río, todos ellos magos oscuros, que se ocultarán como deban y puedan –iba trazando líneas a medida que hablaba, sin quitar la mano de la cintura del león porque… Era un sitio agradable en el que posarse, sin duda- Mientras tanto, las tropas aéreas llevarán el “Arma Secreta” Imperial con ellas. El Agua de Grima. No puedo hablarte mucho de ella… Solo te diré que arde más que el carbón, que es más pesada que el metal y que si la tocas, quedarás totalmente atrapado en ella. Como las llamas de Grima todopoderoso. Pues bien. Arrojarán un caldero completo de esa cosa en el interior del fortín, concretamente, en la plaza central que todos poseen. Y luego, harán que arda. Obviamente, los emergidos, saldrán para apagar el fuego… Hacia el río. Y entonces, mis magos harán su oficio. Pero no solo eso, porque tú y yo estaremos llevando al Tercio hacia el interior, y aprovechando sus debilitadas defensas, procederemos a tomarlo. Es peligroso, pero aun con esas, la estructura se mantendrá. Y eso es lo único que me importa. Las bajas serán mínimas. Y ya está –vuelve a mirar al laguz, con una sonrisa pícara en su rostro- ¿Tú qué opinas, lobo?

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Mensaje por Mishael el Mar Abr 23, 2019 11:11 pm

Ha decir verdad, he tenido suerte que mis secuestradores siempre han ignorado que poseo una forma similar a la de ellos. Siempre me han mantenido encadenado en los que ustedes, los beorcs, llaman jardín en mi forma animal. Como si fuese algo "exótico", creo que esa fue la palabra que ha usado ese noble. -Contesto con rapidez a su interlocutor, llevando su diestra hacia su mentón, adoptando una pose pensativa mientras sus ojos observaban hacia el techo en un intento por recordar las distintas vivencias de su pasado siendo tratado como una "mascota".- Así que, nadie se ha sentido atraído hacia mi persona y mucho menos los beorcs, ya que usted debe saber que, incluso entre la clase baja de su especie, es un pecado el procrear con nuestra raza, sea cual sea. Y dudo que alguien se atreva siquiera a pasar una noche conmigo. -Prosiguió con un tono neutral, explicando algo que ya sabría alguien de su clase. Mas la experiencia de Mishael en ese aspecto no se lo podría considerar un experto pero tampoco un principiante, pues … la falta de delicadeza en cada aspecto de su vida, le hacía difícil el ponerse en el lugar del otro.-

La conversación continuaría su rumbo asintiendo con un rostro sereno a los halagos de ese rey pues, era su cliente del momento y le debía los respetos que le daba, incluso a los humanos, que se encontraba en el vasto desierto de Hatari. Pero finalmente la hora de la verdad llego y como si fuese un balde de agua fría, no pudo evitar sufrir un espasmo bastante notorio al oír que su plan, no fue tan acertado como lo creyó en primera instancia. Acto seguido su cabeza se movió hacia los lados, negando a la pregunta retórica que le hizo el pelirrojo.- Siempre es un hecho que no intento ocultar a quienes desean mis servicios. No se leer ni escribir en ningún idioma pues, la manada a la que pertenezco, toda nuestras experiencias y vivencias son pasadas hacia los demás de boca a boca, sin que ningún detalle se perdiese en el camino. Así que no veíamos necesarios que el resto supiese algo tan trivial como esos conocimientos, excepto los patriarcas o matriarcas. -Se tomo el minuto de descansar su garganta antes de proseguir su plática.- Así que, todos mis conocimientos, se basan en la experiencia de mi vida o de ciertas cosas que he oído a lo largo de mi viaje. Por lo tanto, si hay más detalles que debo tener para formar un nuevo plan y que este pasmado en esta … "cosa"... -Señalo el papel con su dedo índice, dejando que su larga uña se posase sobre este señalando el fortín.- Por favor hágamelo saber. -Respondió, antes de saber que el mismo Rey de ese enorme ejército, ya había ideado algo con la información suya y la que poseía de sus hombres. Era de respetar e incluso hizo que el moreno arqueara su ceja, sorprendido por la rapidez de su cabeza al trabajar. Con cada momento que pasaba al lado de ese noble, se percataba que no era como el resto que conoció y que intentaron capturarlo. Incluso discrepaba demasiado con aquella niña que decía ser la princesa de Ylisse.-

Su mente se encontraba en otro sitio y no se percató en que instante, la distancia entre ellos se acorto tanto que los perfumes raros e intensos que usaba, de a poco se le iba impregnando en su nariz ocasionando que tuviese que desviar su cabeza hacia otro lado.- Es casi como la misma esencia que despide Artemis cuando toma un baño, aunque esta es más intensa. -Pensó para sí mismo observándolo de reojo al notar que era bajo y que la mano ajena se había posado sobre su piel desnuda, a la altura de su cintura. Intercalo la mirada entre su interlocutor y el área que tocaba, pues era raro encontrarse con alguien que no conociese el aspecto del "área personal" como el peli-blanco, pero decidió no darle mayor importancia ya que su olfato más desarrollado que los de su clase, ya sufría por las constantes "aromas" que desprendían sus telas y su cabello.- He decir, mi estimado Rey de Plegia, que me ha dejado asombrado con su habilidad única. Es la primera vez que conozco a un beorc de clase alta que trabaja incluso más que sus propios hombres de armas, pues la gran mayoría, descansa en sus enormes palacios en la seguridad de los muros y no conocen el mundo como usted lo hace. A pesar de que no me caen tan bien los nobles, creo que con usted puedo hacer una excepción porque podría aprender una o dos cosas a su lado. -Hablo con un tono que reflejaba la sorpresa y la conformidad estaba con el reciente plan que trazo el susodicho. Dirigió su mirada hacia el mapa, memorizando los recorridos que deberían hacer los hombres a cargo de Gangrel, ya sea aquellos que atacarían por agua como así también los que poseían la habilidad de surcar por los cielos. No quería perderse ningún detalle ni por el mínimo que sea ya que era algo nuevo y atrapante para su mente curiosa.- Su plan no presenta ningún fallo en la teoría, incluso se podría decir que es perfecto. Pero … la experiencia me ha dicho que trasladarlo a la vida real a veces tiene sus variaciones pero creo que, en esta ocasión, no serán tan drástica para que sean arregladas en el instante que ocurran. -Prosiguió con su habla, adoptando nuevamente la posición de pensante, viendo que realmente estaba todo bien planeado.-

Mas no pudo evitar poner la mano sobre el hombro ajeno, como si hubiese una confianza excesiva entre ambos.- Con su experiencia en el campo de batalla y la rapidez que ha trazado un plan … me hace pensar … ¿Para qué necesita a los guías que no conocen estas tierras para idear un plan de ataque? Si usted mismo lo pudo hacer en un instante. Eso me hace dudar realmente por qué estoy aquí. ¿Tiene algo para decir con respecto a eso? -Interrogo algo que a simple vista salía a la luz y que, al estar ellos dos solos en el interior de la carpa, podría darse el lujo de preguntar sin pelos en la lengua y yendo al grano. Acaso el aroma no solo a perfumes sino a sangre que desprendía ese sujeto … ¿Era como una advertencia a que debía tener sumo cuidado con él?.-
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Mensaje por Gangrel el Miér Abr 24, 2019 9:20 am

Miró el mapa otra vez, asegurándose, pasando el dedo por encima para apreciar las líneas que representaban las montañas, siguiéndolas e intentando imaginarse la costosa faena que sería para los suyos atravesarlas. La infantería tendría problemas, y si bien normalmente para una misión así recurriría a los prácticamente invictos Cuervos, su élite mercenaria, no podía abusar de ellos ni cambiarles de misión. Mucho menos en un día como ese en el que según tenía entendido se encontrarían haciendo pillaje, un privilegio que difícilmente se veía capaz de arrebatarles. Debería recurrir a sus menos experimentadas tropas de incursión, que todavía debían aprender demasiado sobre el arte de la guerra en la montaña. El monarca vuelve a mirar al laguz como un método para despejar la mente unos segundos y dejarla descansar. Obviamente, el ejercicio mental que suponía empezar a crear una estrategia militar así en tan poco tiempo no tenía nombre. Y dar su opinión le serviría para relajarse un poco.

-Pues no sé por qué se priva a la humanidad de relacionarse con la raza laguz. Como supremo gobernante de Plegia, siempre he tenido la opinión de que no se debe discriminar a nadie por su nacimiento: todos pueden ser siervos fieles de Grima. Y todos los seres inteligentes pueden poner su arma al servicio de una nación –sí. Era cierto. Gangrel era una persona con una opinión más “relajada” respecto a las relaciones entre las dos grandes razas que imperaban en el mundo. Eso sí: todo lo que permitía y cedía en este tipo de contactos lo recortaba contra las otras religiones. Veía más puro a un híbrido de beorc y laguz que a un creyente de Naga- Así pues, no veo el por qué no debe existir el amor entre un laguz y un humano. Es una estupidez pensando que la raza más irracional de todas, que somos nosotros, no pueda enamorarse de un similar de otra

Una muestra más del pensamiento filosófico que poseía Gangrel, que si bien era fascista y cruel contra lo que fuera en contra del nacionalismo, también veía inhumano separar a las personas por razones tan patéticas como la raza. ¿Acaso no podía nacer un hijo de esos dos? ¿Sí? Entonces es que Grima permitía ese cruce, y ya se justificaba por ese solo argumento. Si no fuera porque el joven estaba admitiendo conocer el arte de la lectura, el rey ya le hubiera regalado uno de sus tratados para que comprobara que efectivamente, no mentía. Pero bueno. Ese tema era el menos importante ahora. Solo tenía que concentrarse en conquistar. Conquistar e invadir. Tomar el fortín y volver victorioso para un banquete.

-En fin. Sigamos con lo que nos incumbe. No es necesario que me halagues por mis dotes de estratega. La posición de un monarca no es detrás, en el trono, sino en el frente, como estandarte de los valores que tiene un pueblo. Cosa que muchos de los míos deberían saber, pues solo combaten cuando les apetece y en batallas ya ganadas –dijo, apartando la mano de la cintura del joven y usándola para a tomar el mapa de nuevo, agarrándolo por los lados con dominancia y seguridad. Todo eso era suyo, al fin y al cabo: todo palmo de tierra descrito en ese mapa acabaría perteneciéndole- Y no te preocupes. Ya conozco mejor que nadie, a partir del conocimiento empírico, que no es posible tener una táctica sin contratiempos. Ya me imagino que algo fallará. Pero si en algo destacan los míos, es que no fallan. No desertarán ni harán nada que no se les haya ordenado. No te preocupes por eso. En casi seis meses de guerra, no han desobedecido ni una vez. Los casos de traición se cuentan con los dedos de una mano, y nunca pasan de ser soldados rasos

Inhaló una larga bocanada de aire antes de continuar. Y luego exhaló. Con toda la tranquilidad que podía, y siempre desde las maneras elegantes que se esperarían de un rey, se dispuso a responder. Porque hasta alguien tan arrogante como él debía reconocer que tenía errores. Y casi sufría cuando estaba haciéndolo, pero el joven laguz merecía una respuesta a su última pregunta.

Miró la mano que se había colocado ahora en su hombro extrañado, sonriendo con curiosidad al verla ahí. Pero perdonaría el gesto de confianza porque efectivamente, confiaba en Mishael. Y es que se notaba que en un lance a corta distancia como el que podía originarse en cualquier momento, Gangrel lo tendría crudo para salir libre. Si ese laguz hubiera querido atacarle, ya lo hubiera hecho hacía mucho. Y algo como estar cerca de él sin dañarle era para Gangrel una cierta muestra de lealtad, aunque no fuera a él, a algo que sí poseía en demasía: oro.

-…Bueno, Mishael. Sobre el papel, o en un discurso, puedo destruir a cualquiera. Puedo devorar a cualquier rival y hundirlo en la más profunda miseria. Pero si de algo carezco es de verdadera fuerza para estar al frente de la batalla. Voy al combate, sí, pero debo limitarme a luchar contra enemigos uno a uno y sin asumir los riesgos que me gustarían, porque mi vida es un asunto de estado demasiado importante como para ponerla en juego –vuelve a mirarle, esta vez, con algo más de su característica picardía natural. Le gustaría responderle de otra forma, le encantaría decirle al lycan que sus servicios no eran necesarios, pero hubiera sido una mentira, y no le gustaba mentir más de lo justamente pragmático- La labor de un guía es también hacer algo que yo no puedo a pesar de lo mucho que me gustaría: estar al frente. Es por eso, Mishael, que tú estás aquí. Estarás al frente, guiando a las tropas y haciendo que se cumpla el plan. Lucha, porque yo también lo haré.

Sonríe, señalando hacia la pequeña cortina que les separaba del resto del campamento. Ya habían hablado lo que tenían que hacer. No había nada más. Solo proceder.

-Bueno… Vayamos a la batalla. Ahora te enseñaré cómo no me equivoco cuando digo que mi ejército no falla. Y yo, como rey, menos. Prepárate para ver el poder de Plegia, laguz
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Mensaje por Mishael el Dom Mayo 05, 2019 12:33 am

¿Un noble, hablando de esa forma? ¿Relacionarse los humanos y los laguz? No era extraño que el rostro de Mishael se presentase con unas facciones no tan habitual en él, confundido, extrañado e incluso incrédulo ante cada una de sus palabras. Toda su vida se pasó escapando a los de su clase, hasta encontrarse con ese ser raro porque, a pesar de la diferencia de aura entre ambos, ya sea Lissa y Gangrel, ambos tenían el mismo razonamiento de que los de su raza podían convivir en paz. Muy agradable para ser tan cierto hasta el punto de que sospecharía que querría algo más con él, teniendo más precaución con su persona. Su pasado con respecto a los humanos adinerados no era bueno y era de esperarse que, mantuviese cierta alerta con el peli-rrojo y más, cuando expreso que no le preocupaba en lo mínimo que fuese una bestia con la capacidad de hablar; pues creía que esperaba el momento adecuado para actuar a sus espaldas, cuando tuviese las defensas baja al momento de atacar a su enemigo. Pero eso se contradecía a lo que sus oídos y sus propios orbes azulado habían presenciado minutos antes, cuando le demostró confianza hacia el moreno. Estaba realmente confundido por la manera en que debía actuar a partir de ahora.- Perdone si sus palabras me han tomado desprevenido. Creo que usted puede llegar a comprender si desconfió de tal anuncio; Mi pasado con respecto a los de su clase, los nobles o incluso reyes, hacen que tenga muchas dudas con respecto a ser posible la convivencia entre ambos. No quiero faltarle el respeto pero … es muy bueno para que todo sea real. -Intento excusarse de su atrevimiento por hablar de esa manera frente a la persona que contrato sus servicios y aún más, le debía respeto por tratarse de una persona con enorme jerarquías entre los suyos. Tal vez, solo porque estaba realizando un trabajo le había permitido que lo tocase o incluso actuar de esa manera. Ponía en primer lugar su tarea como guía ante todas las cosas.- Hasta que no lo vea con mis propios ojos ese reino o mundo, como quiera llamarle usted, no lo creeré. Seguiré diciendo que solo se trata de un sueño infantil de un viejo compañero. Concluiría con ese tema, dejando que la conversación prosiguiera con el siguiente punto a tratar: la misión para el cual fue solicitado sus servicios.-
 
La confianza excesiva que poseía sobre los suyos era impresionante, hasta el punto de que le hizo recordar a los Patriarcas que eran, raramente, nombrados en las diferentes manadas de los lobos de Hatari. Ese nombre era diferente a los que se cruzó en su prolongada vida: en primera instancia fue peligro lo que percibió dejándose llevar solo por sus instintos de supervivencia. Pero ahora que podía compartir vivencias y hablarle como un igual, se daba cuenta que su guía y el conocer a sus hombres, le permitía contar con esa experiencia que lo llevaría a la victoria. Alguien sorprendente a los ojos del peli-blanco y que, al tratarse de un ser curioso por naturaleza, querría saber más; hasta donde llegarían sus planes o hasta qué punto sus hombres responderían a sus deseos.- ¡¿Un beorc con alma de laguz?! -Pensó para sí mismo, sin poder de dejar de mirarlo aprovechando la diferencia de altura que esto pasase desapercibido. Era la única explicación coherente, que encontraba él, al sentirse atraído por sus ideales o la manera de actuar.- En cierta manera, creo comprender sus palabras. En nuestra manada, si se llegase a perder al Patriarca o a la Matriarca, justo en el momento que más es lo necesita esto atraería desgracia a los nuestros. Por ello es quien idea los planes, pero intenta concretarlos mientras confía en la fuerza de cada uno de los lobos. Porque sabe de lo que somos capaces y que cualquiera, intentaría llevar a cabo dicha misión que sea. -Explico un poco el funcionamiento de una manada de lobos que tenía la facultad de cierto raciocinio. A pesar de que el líder era elegido meramente por su fuerza, esto no serviría si solo era físico. También debía poseer cualidades que a Mishael se le escapaba: usar más seguido su cerebro y no solo sus músculos.- Pero si estar al frente de sus tropas seria mi real trabajo, puede garantizar que su plan será realizado con éxito. Hasta el momento nunca he fallado en mi trabajo y esta no será la primera vez. -Continuo con su habla denotando una excesiva confianza y orgullo en su frase, acompañado por una sonrisa picarona que fácilmente demostraba los sentimientos latentes del lobo.-
 
Sino fuese porque Artemis le enseñó un poco de las costumbres de los nobles, por supuesto en contra de sus peticiones, nunca hubiese sabido que el "Rey" debía salir primero de la carpa. Por ello realizó un gesto con sus manos, indicando que Gangrel, fuese el primero en abandonar la carpa donde numerosos hombres estarían esperando las órdenes a concretarse en ese día. Los ojos del laguz debieron acostumbrarse a la luz del exterior, pero en cuanto logró su cometido, se sorprendió al observar como los beorcs se encontraban formado en una posición militar. Era la primera vez que podía mirar de cerca esos despliegue e intentaba grabarse en su mente cada detalle, nunca se sabría hasta qué punto podría llegar a servirle.- Si mi deber es guiarlos, permítame tener la oportunidad de dirigirme hacia ellos a mi manera. Claro, si eso no le molesta. -Comentó con un tono apacible a su interlocutor pero más que una petición, esta sería una manera de advertirle lo que estaba a punto de hacer para que no se sorprendiese. Se adelantó un poco con respecto al noble, dejando que su altura y su fisionomía llamasen la atención de los presentes. Hizo crujir su cuello al igual que sus dedos, ocasionando que el silencio fuese la única música presente en el escenario.- Muy bien, malditos beorcs. Su Rey que se encuentra detrás mío, me ha dicho que confía plenamente en sus capacidades hasta el punto de que no morirán al cumplir cada uno de sus deseos ¿Y saben qué? Yo creo que eso es mentira. -Esto último ocasionaría que, los diferentes capitanes de los escuadrones, no tardasen en adoptar una posición hostil con el que hablaba. Sabía que los laguz eran discriminados por los humanos hasta el punto de creerlos una aberración de la naturaleza y utilizaría esto para "motivar" a cada uno de los presentes.- He visto cachorros recién nacidos con más determinación y mucha más fuerza que estos estúpidos humanos. Le he apostado que la mitad de su "manada" terminará exterminada por el enemigo y que deberá inclinarse hacia aquellos que no demuestra ningún sentimiento. Por ello, si creen que me equivoco los invito a demostrarme lo contrario. Tomen sus espadas, escudos. Monten a las diferentes criaturas del campamento. Usen cada fuerza latente en su cuerpo para demostrar que el Rey de … -Tuvo que realizar una repentina pausa, ya que no recordaba muy bien al reino que pertenecía.- Plegia nunca se arrodillara a nadie. Al contrario. El mundo mismo se arrodillará cada vez que oigan su nombre. Que temblarán cuando su bandera sea desplegada o que huirán al oír como su "manada" se aproxima a sus presas, sabiendo lo peligrosos que son. Demuestren a esta "aberración" que son capaces de sobrevivir, llevando el plan que he creado para la victoria de su Maestro: La tropa aérea, montaran a sus bestias ¡Su Gran Rey me ha permitido utilizar "aquello" para una victoria asegurada! -Cuando pronuncio aquel misterioso objeto no esperó que los soldados comenzasen a murmurar entre ellos, como si estuviesen confundidos y no comprendiesen a que se estaba refiriendo. Pero entre la muchedumbre, un grupo selecto supo muy bien a lo que se refería y no dudo en realizar las preparaciones necesarias para cumplirlas.-
 
Un grupo de soldados juntos a aquellos capaces de utilizar magia oscura, estarán en el rio esperando al momento adecuado para actuar. El resto tendrá la oportunidad de ser guiado por mi persona hacia el interior y déjenme decirle que … Si están esperando a negarse a actuar bajo mis ordenes … Piénselo dos veces. Aquel al que veneran estará muy cerca mío, observando a cada uno de ustedes. Viendo si tienen lo necesario para recibir una jugosa recompensa de su parte. Así que … Lúzcanse. Demuestren de lo que son capaces y si sobreviven, seguramente algo bueno recibirán por su accionar. Por ello, no mueran de una forma patética. Háganlo una vez que el sueño de su Maestro sea concretado. -Concluiría con el discurso, esperando que sea lo suficiente bueno para quien contrato sus servicios, para los hombres presentes y que, de una buena vez por toda, el trabajo diese inicio. Estando confiado que concluiría el trabajo de una manera excelente.-
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Mensaje por Gangrel el Dom Mayo 05, 2019 12:19 pm

Miró al laguz arqueando una ceja, sonriente. Sí, se notaba en él algo extraño. Una chispa de juventud que todavía tenía que aprender mucho y podría ser útil en cualquier persona de su edad (claro, siempre que ese alguien fuera de su ejército, porque como empezaran a aparecer estrategas jóvenes y empiristas en Altea, podía ir cavando su tumba). Una chispa que podría intentar exprimir. Pues en las almas tan jóvenes se encontraba además de la energía algo que les hacía enfermar: la inocencia. El engaño podía corromperles poco a poco, y Gangrel lo sabía mejor que nadie. Tener a alguien así entre sus filas podría serle útil. A esas alturas de la historia, ya lo tenía claro: tenía que conseguir atrapar a ese pequeño laguz entre sus palabras para poder utilizarlo en futuras batallas (y si ya conseguía llevarlo a Plegia, muchísimo mejor). Las redes del rey necesitaban a efectivos así para poder ser todavía más largas.

-No te preocupes. Podemos tomar un día de estos un té y gustoso te explicaré lo que opino de los vuestros. –sus palabras fueron amables y gentiles a pesar de la extraña reacción que tuvo el contrario, casi se podría confundir con cortesía- Sí. Siempre existirá desconfianza entre nuestras razas, pero contra el enemigo común… Deberíamos unirnos. Y ya te lo he dicho. Para mí, laguz y beorcs son lo mismo. Todos acaban pudiendo servir a Grima todopoderoso, que al fin y al cabo, se parece más a un manakete o aun dragón de los vuestros que a un humano, como bien se sabe. Y no te preocupes… –chasqueó los dedos, sonriente, mostrando su seguridad respecto al asunto- Cuando el mundo se arrodille ante mí, la igualdad entre las razas será factible. Y créeme. Todos me acabarán obedeciendo. Purificaré el mundo de la debilidad a la que Naga lo condenó y haré que solo la verdadera fuerza sirva para juzgar los actos de alguien, independientemente de su raza, condición sexual o género. Un mundo en el que el padre Grima podrá darle tanto poder como desee a quien sea y el resto obedecerán a quienes sean emisarios de su fuerza

Esa fue su forma de finalizar la conversación, saliendo con total solemnidad de la tienda de campaña para dirigirse al punto donde les esperaría la guarnición, saludándoles con el característico saludo a la romana de sus tropas en completo silencio. Un gesto que sería imitado por todos los ahí presentes que conocían la etiqueta del ejército imperial.

Y lo que impresionó fueron sus formas de dirigirse a las tropas. Seguridad. Fuerza. Había quienes tardaban demasiado en poder responder, y perdían el respeto de quienes debían escucharle. Mishael era verdaderamente intimidante. Sin saberlo, la gran altura de este hombre le servía para llamar la atención como debía, a las formas del monarca plegiano. En cierta forma, le parecía hasta morboso ver su personalidad y oratoria en un joven mucho más… Dotado y vigoroso que él. Tenía mucho potencial. El suficiente como para merecer la pena entrenarle y enseñarle cómo debía ser alguien con sus capacidades. Y cada vez le quedaba más claro. No había fallado precisamente al dejarle a él tomar la iniciativa aunque solo fuera en eso.

-…Ya le habéis oído. Tomaremos el fortín y volveremos antes de la noche para celebrarlo como es debido. No hay mucho más que hoy os pueda decir. –se acercaría poco a poco hacia donde estaba Mishael, dejándole una palmadita lo más cerca del hombro que pudo con su inferior altura para luego dirigirse a la tropa. Sí. No le favorecía nada estar al lado de alguien más alto, pero sabía compensarlo. Colocando los brazos en jarra, y sacando parte de su pecho para ganar aparentemente un par de centímetros, alzó la cabeza, orgulloso. Arrogante, casi retando a los ahí presentes (que seguían en su inviolable formación sin moverse un solo palmo) a contradecirle en algún momento o reírse de él. “Intentadlo”. Eso era lo que mostraba la expresión corporal del rey- La corona precisa otra vez de vuestros servicios, camaradas. Vosotros, que sois el escudo y la espada de este gran imperio, quienes protegéis su soberanía y la expandís más allá de donde se pone el sol. Luchad hoy, como habéis hecho siempre, por vuestros hermanos. Morid hoy si es menester para mantener la paz en este emergente imperio. ¡Y SI DE VERDAD FUERAIS CAPTURADOS POR LAS GARRAS DE LA MUERTE Y FORZADOS A CONOCER A NAGA, OS INVITO PERSONALMENTE A REÍR EN SU TRONO Y A RESPONDER CON UNA SONRISA EN VUESTRO ROSTRO! ¡RECORDADLE QUE ESTE ES EL MUNDO DE GRIMA, RECORDADLE QUE EL SELLO SE ROMPERÁ EN CUANTO EL IMPERIO SE EXPANDA MÁS! ¡RECORDADLE EN QUÉ DIOS CREEMOS NOSOTROS! ¡LOS DÍAS DE LA FELICIDAD INDIVIDUAL HAN LLEGADO A SU FIN! ¡LOS DÍAS DE LOS CAPRICHOS QUE NO LLEVAN A UN LADO, ESOS PECADOS QUE NAGA HA PUESTO EN NUESTRAS MENTES, VAN A TERMINAR! Y CON TAL DE QUE LLEGUEN ESOS DÍAS… –Gangrel tomó aire en ese momento, mirando cómo el nerviosismo característico de la emoción comenzaba a apoderarse poco a poco de las adoctrinadas tropas del Tercio- Hermanos míos, hoy os pregunto. ¡¿QUERÉIS LA GUERRA TOTAL?! –“GUERRA, GUERRA”. Esas palabras comenzaron a extenderse entre los soldados con emoción. Gangrel miraría por unos segundos a Mishael, sin perturbar su posición más allá de un leve giro de cadera, con una sonrisa cargada de picardía- ¿Y POR QUÉ LO HARÍAIS, CAMARADAS? PUES POR LA PATRIA. ¡POR PLEGIA, PUESTO A QUE ES LA PATRIA LA QUE NECESITA DE NUESTROS BRAZOS, QUE NECESITA QUE MANTENGAMOS LA FORMACIÓN INQUEBRANTABLE DEL TERCIO, QUE DEMOS LA MUERTE POR LA BANDERA, PUES ES LA PATRIA LA QUE ES MADRE Y ESPOSA DE TODO SOLDADO DE PLEGIA! ¿Y SABÉIS QUIÉN ES EL SANTO CREADOR DE ESTA PATRIA? –“GRIMA, GRIMA”. Miles de brazo se alzaron en ese momento, para hacer el saludo oficial del imperio. Un brazo recto diagonalmente no tenía por qué significar nada, pero cuando lo hacía un ejército entero, resultaba un espectáculo verdaderamente digno- ¡Miles de asesinatos ocurren en tierras de Naga día tras día! ¡No somos conquistadores, somos libertadores! ¡Libraremos al mundo del dominio de esa vieja harpía! ¡Pues es el deber del plegiano, es la carga con la que hemos nacido, acabar con el pecado que ella pone en el corazón de los hombres y mujeres! ¡No tenemos derecho tan siquiera a hablar de un sexo débil si ella ha debilitado a todos por igual! ¡Así pues, Tercios de Plegia! Hoy, ¡haremos que la Diosa y su Innombrable tiemblen de miedo ante el poder imperial! ¡GRIMA LO VULT! ¡GLORIA FORTIS MILES! –el rey alzaría en ese momento el brazo, imitando a sus soldados para hacer el ejemplar saludo a la romana, mientras entre sus tropas seguían saliendo una vez y otra recitados hasta la saciedad los dos lemas que Gangrel había dicho antes de finalizar con el discurso. El monarca de Plegia daría la espalda a las tropas, chasqueando los dedos para permitir que rompiesen filas y preparasen los últimos detalles. En menos de cinco minutos, deberían estar todos ahí. Más bien. Se podía ver cómo algunos salían disparados ya para tomar armas para decenas, facilitando así la tarea- …Este es mi ejército.

Aprovechando que los gritos de fervor y las alabanzas a la corona y a Grima seguían, el rey se dispuso a hablar con Mishael, desenvainando ya una daga para tenerla cuanto antes mejor. Cientos de wyverns comenzaban a invadir el cielo, cargando algunos misteriosos calderos y barriles. Eso era donde se almacenaba el agua de Grima, y si bien era algo que pasaba inadvertido en primera instancia, era mucho más peligroso de lo que se creía. Y verdaderamente, muy pocos de los ahí presentes sabía hasta dónde llegaba el potencial destructivo del arma secreta del imperio plegiano. No había otro reino que la usara. Y no había ningún espía que pudiera informar de su existencia. Y saber de ella después de usarla… Era imposible. Prendía. Desaparecía.

Pero no solo había eso. Algunos escuadrones de magos ya comenzaban a moverse, tomando como líder a quien fuera más mayor para salir a la carga, preparándose para ir a los lugares que se les había asignado.

-Verdaderamente, Mishael, creo que no te podría dejar ir. Tu trabajo no está como un salvaje. Eres fuerte y astuto. Tienes todo lo que debería tener un príncipe. Es por eso que tienes mis respetos. Y es por eso que te voy a ofrecer desde ya un puesto a mi lado, como barón e hijo adoptivo directo. Yo podría enseñarte mucho más de lo que jamás aprenderías en un desierto –intentaba convencerle, sí, mas su tono se mantuvo frío, neutral, casi exponiendo un hecho futuro- Pero ya hablaremos más del asunto cuando volvamos. Ya sabes. Da la orden y los soldados te obedecerán. Tienes libertad creativa siempre que… Obedezcas el plan.
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Mensaje por Mishael el Vie Mayo 17, 2019 10:54 pm


Un cosquilleo molesto pero a la vez placentero comenzó a recorrer cada extensión de su cuerpo, sintiendo como un incendio voraz comenzaba arder justamente en el centro de su pecho. Sus orejas reaccionaban con cada grito de guerra que daba él y sus hombres, sus manos se movían como si de serpiente se tratrase capturando solo el aire alrededor de ellos. Habia pasado tanto tiempo de aquel sentimiento eufórico en su persona, su vida de nómade lo llevo a solo combates de supervivencias donde el mas fuerte sobresalia del otro pero, el hecho de presenciar como aquel ejercito gritaba en unisono en respuesta a su su Gran Señor, le hizo recordar lo que había olvidado durante su viaje, las ansias de peleas. Su lema era que sus musculos hablaban ya que carecia de muchas ignorancia con respecto al mundo que lo rodeaba y el hecho de no saber leer ni escribir, lo limita a ese conocimiento; por ello, durante su infancia y toda su vida, utilizaba sus puños, garras y su hocico para avasallar todo aquel ser vivo que quisiese encadenarlo. Su sangre hervia, sus ojos se abrieron como platos exorbitados por tal escenario enfrente de ellos, los dedos de su pierna se clavaban contra el suelo, impacientes por entrar en acción. No seria ninguna sorpresa que, en su rostro, se dibujase una sonrisa de oreja a oreja, exclamando con exageración ante los distintos espectáculos que se daban en ese campamento: ver como esas enormes lagartijas con alas se alzaban de la tierra, como si de un solo individuo se tratase, volando a la par sin chocarse las unas con las otras. Luego su cuello giraría hacia la infantería, aquellos individuos que avanzaban a pie junto con sus armas de distinto largor. Era magnifico e increíble verlos desde un costado, notando como ninguno se adelantaba con respecto al de su izquierda o derecha; las enseñanzas y las docttrinas de ese reino eran de admirar a la hora de ir a la guerra.- ¡Magnifico Discurso! ¡Y que tan enorme manada cuenta a su servicio! ¡Es increíble! -Vociferaba sin dejar de tener aquella expresión de alegría y sorpresa, como si de un niño pequeño se tratase. Se sentía como si fuese a ir a su primera cazeria, el sentimiento era inexplicable pero era lo mas cercano a lo que su mente y sus palabras serian capaces de describirlo.-

Ignoraba muchas cosas de las que escucho en el discurso como quien era Naga, o aquellos seres que intentaban oprimir a su reinado. Esos interrogantes serian dichos mas adelante pues la euforia del momento hacia que quedase en un segundo plano, sin importancia. Volveria en sí, en el momento que Gangrel se digno a dirigirse hacia él con un tono mas calmo, ocasionando que ladease su cabeza como si quisiese poner sus pensamientos en su lugar, en un intento por disimular aquella postura boquiabierta.- He de admitir que estoy impresionado con su figura y como logra mantener la calma, como asi también inspirar a su manada a combatir sin miedo a morir en el campo de batalla. Es la primera vez, luego de tanto tiempo, que alguien ha logrado despertar en mi este sentimiento de placer hacia las peleas. Hasta ahora solo fueron batallas vacias, sin ningún significado pero puedo estar seguro que, muera o viva, me ire de la misma manera que sus soldados, orgulloso por combatir a su lado. -Su odio hacia los humanos y mas a los nobles, se veía opacado por el carisma de ese hombre. No podía decir que, pero algo en su ser hacia que el moreno se sintiese atraído a su accionar ¿Su misteriosa aura a muerte? ¿Su carisma y la forma en que utilizaba las palabras? Tampoco sabría explicarlo, su ignorancia lo limitaba a seguir sus deseos del momento y ahora solo quería dirigir, combatir y disfrutar sea lo que sea que este enfrente suyo.- No se preocupe, Gangrel. El plan seguirá su trayecto pase lo que pase. Sus hombres ya saben que hacer, asi que … si me disculpa … -Se inclino levemente enfrente de él para darse la vuelta y ver como su cola se movia de un costado al otro, demostrando lo emocionado que estaba su portador. Otra de las señales que seria incapaz de ocultar por mas que quisiese.-

Ahora que no se encontraba enfrente de aquel Rey no dudo en hacer un poco de fuerza con los musculos de sus piernas, ocasionando que aquel pantalón se rasgaras en decenas de pequeñas partes dejándolo como los dioses lo trajeron al mundo. Con sus puños postrado en su cintura, alzo el pecho orgulloso no sin antes gritarles a la infantería.- Nosotros seremos quienes abriremos paso a los magos y aquellos que lo protegerán en los botes. Debemos asegurarnos que el camino hacia el rio sea seguro, mientras las lagartijas volaran por los cielos custodiando aquellos que su Dios les ha otorgado. -Grito impaciente por entrar a la acción y eso se pudo ver en el instante que salto hacia el enfrente. Durante el aire su cuerpo sufriría las consecuencia de su transformación cambiándolo totalmente su aspecto a un lobo albino de enorme tamaño. Ya las palabras, en aquella forma, no serian formulados en un idioma entendible para los humanos. Mas algunos gruñidos y un poderoso aullido seria todo lo que oirán, como asi también la señal para que los hombres comenzaran a marchar. Sus cuatros y poderosas patas se moverían con rapidez, ocasionando que los soldados se le dificultara seguirle el paso con esas pesadas armaduras, pero eso no le importaba en lo mas minimo. Su lengua escaparia a un lado jadeando y sintiendo como la brisa golpeaba de lleno su rostro, haciendo que su corazón latiese aun mas deprisa. Se sentía vivo luego de tanto tiempo, como si se despertara de un profundo sueño.

El camino hacia el fortin seria fácil hasta llegar a la pendiente de la montaña. A simple vista un solo camino, desde el lado que arribaron, se podía notar y ninguna defensa presente ¿Acaso esto seria fácil? Detuvo sus pasos mientras al horizonte, se podía ver como el ejercito de Plegia comenzaba a llegar. Alzó su nariz intentando captar alguna esencia en el aire pero recordó que esos individuos eran bastante raros, como si no estuviesen con vida y por lo tanto, no llevaban sudor consigo, algo fácil de reconocer y captar. Hasta que, desde lo alto de una roca enfrente suyo, se asomaba un arquero bien camuflado con su entorno que no dudo en arrojar su flecha en dirección hacia el canino. Este logro saltar hacia atrás y de esa manera esquivarlo, observando como la punta se clavaba contra el suelo.- ¿Un centinela? -Fue lo primero que vino a su mente. Si era asi debía ser rápido, por mas que no los escucho emitir ninguna palabra en el pasado, de una manera u otra, debian tener una manera de comunicación para mover tal cantidad de hombres sin ninguna falla. Con esto en momento se lanzo hacia su presa, realizando movimiento en zig zag para que se le dificultara a la hora de apuntarle. Y aun mas demostraría destreza pues, su gran cuerpo se movia de forma grácil con su entorno, utlizando las rocas a su alrededor como si de un escudo se tratase. Corto su respiración y con sus pupilas contraídas se lanzo, desde la espalda, de aquel arquero. Su mandibula se aferró en su hombro derecho empujándolo con brusquedad contra el suelo, allí tuvo la inercia de mover su cuello hacia los lateras para acrecentar aun mas el daño de la mordida. Pero allí no acababa todo, por unos escasos segundos, su hocico se abrió para dirigirse hacia su cuello donde una de las venas principales transitaba por esa zona. Sabiendo esto cerro sus dientes en aquella zona, sintiendo como el liquido vital de aquel misterioso sujeto empezaba a bañar su garganta.

Emergiendo desde las rocas, llevando un cadáver entre sus fauces, Mishael haría acto de presencia con las tropas arrojando aquella cosa a los pies de los soldados. Su fisionomía volveria a cambiar, mostrando como la piel morena de su rostro se encontraba manchada de un rojo intenso al igual que sus manos en un intento en vano de limpiarse.- Por lo visto, han puesto algunos centinelas en los alrededores. No sabemos la manera en que pueden advertir a los otros, asi que esten atentos. No dejen a nadie con vida en esta montaña a menos que sea de Plegia. ¿Escucharon? -Su figura ahora podría intimidar a mas de uno y era de esperarse, una enorme figura humanoide con el olor a sangre fresca en su cara, la cual relamia como si la estuviese probando, estaba enfrente de esos beorcs. ¿Acaso podría servirle a ese Rey como este esperaba? Solo el tiempo lo dira.
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Mensaje por Gangrel el Sáb Mayo 18, 2019 5:31 pm

Una mirada calmada al que ahora tenía delante. Casi desafiando a seguir esa conversación, pues sabía que si lo lograba, conseguiría hacer que sus redes se expandieran sobre un hombre más. Y eso no era nada más que beneficioso para su proyecto imperial.

-Ese es el sentimiento de agresivo mas pragmático fervor hacia la justa causa, que es la de la guerra y la conquista sin importar el motivo de tal empresa. Recuerda estas palabras que, si bien ahora pueden parecerte vacías de sentido, encontrarás su significado en el medio de la batalla –las palabras del monarca comenzaron a teñirse de emoción. Ni tan siquiera él era inmune ante tal marea de gritos frente a lo que estaba por venir. Gritos de miles de hombres y mujeres que posiblemente morirían, pero que aun así, marchaban en tropel hacia el peligro, como si no fueran capaces de verlo- Nos veremos en el combate. No pienso quedarme de brazos cruzados mientras los míos ponen su vida en peligro. Y cuando llegue el verdadero momento… –desenvainó. Una afilada daga aparecería en la mano del rey, saliendo disparada del compartimento secreto que su armadura llevaba a un lado de la muñeca- Verás que no todos los nobles vivimos rodeados de seda. Los augurios lo marcan. La hora enemiga ha llegado. La hora enemiga está cumplida. Vuelve vivo al campamento conmigo, y lo harás como un verdadero guerrero. Muere en la batalla y se te recordará como un héroe. Que la muerte suponga tu única capitulación, Mishael

Fue su último deseo de ánimo hacia el joven, alzando la mano con los dedos índice y corazón alzados y el resto cerrados, con el pulgar levantándose también poco a poco. Un pequeño gesto de bendición, por el cual muchos hubieran pagado toneladas de oro. Era la bendición del rey de Plegia. Uno de los mayores gestos de respeto que cualquier laguz o humano extranjero podía recibir por parte del gran monarca de las desérticas tierras de Plegia. Pero ya no había tiempo para mucho más.

El monarca giró la cabeza para encontrarse con uno de sus más fieles coroneles, un hombre de mediana edad que, en sus últimos posibles años de servicio hacia el imperio, se mantenía riguroso y fuerte, con una mirada totalmente fría y severa. Junto a él, esperaba un wyvern de muchísimo mayor tamaño a los que normalmente paseaban por ahí, prácticamente el doble, ataviado con una dorada armadura que imitaba las formas del cuerpo de Grima.

-…Bien me conoces al saber que te iba a pedir poder ver en primera mano el verdadero espectáculo. El arma definitiva caer sobre el enemigo –sonrió. Una sonrisa que sería devuelta por el coronel mientras el monarca señalaba a su armadura, decorada desde hacía poco con dos cintas cruzadas de color rojo que cubrían parte de su peto. Una representando su título como Gran Maestre de la Armada, y la otra como Capitán General de los Tercios- A veces me gustaría poder zafarme de estos títulos y luchar en primerísima fila, mas no será posible. Llévame por los cielos allá. Yo haré que Grima vea este espectáculo como propio.

Poco a poco, usando una reverencia como forma de aprobación a las palabras del rey, Gangrel iría dirigiéndose poco a poco hacia la montura, colocándose detrás a la espera de que el otro tomara las riendas. En cuanto esto sucedió, el animal abrió las alas, saliendo disparado hacia el cielo junto a todos los demás wyverns. Y casi poéticamente, al igual que él alzó el vuelo, lo hicieron a su lado criaturas idénticas a él, de color negro, y junto a ellas, colgadas de sus patas, grandes calderos que tenían que llevar entre todas. Los calderos que darían fin a la guarnición emergida que se encargara de proteger el lugar.

***

Solo quince minutos se necesitaron para llegar las tropas del aire, sobrevolando el lugar en rápidas inspecciones para luego alejarse, con tal de no llamar la atención. Sí. Todos los emergidos esperaban un ataque, pues estaba claro que eso sucedería y era algo que bien tenían en consciencia los ahí presentes.

La Muerte se acercaba a ellos en forma de aquel extraño líquido negro que había en el interior de los calderos. Y junto a ellos, ahí estaba Gangrel, agarrándose con sumo cuidado a su coronel. Ya quedaba menos. Todavía con la daga en mano, esperaba el momento adecuado.

Y ese momento llegó igual de rápido que su llegada al lugar.

Los wyverns encargados de la operación avanzaron, precipitándose contra el centro del fortín para ser posteriormente disparados y aniquilados por los arqueros emergidos, cayendo el jinete con ellos hacia el interior del fortín. Mas, ¿qué caía junto a ellos? El caldero. Y… ¿Qué portaban aquellos guerreros, que en honrado sacrificio, daban su vida? En total, serían diez. Y cada uno de esos diez, ahora con los calderos habiendo desperdigado el líquido negruzco por todo el patio de armas del fortín, solo necesitaban una cosa. Prender. Usar su arma y hacerla chocar contra cualquier cosa para producir una sola chispa. Y así, la brea ardía. Y así, el agua de Grima demostraba por qué se llamaba de tal forma. Una llama imparable que se expandía rápidamente y que los emergidos no podrían apagar por mucho que lo intentaran. El plan debía empezar ya. Mishael y las tropas del suelo deberían ver perfectamente lo que sucedía desde ahí. De alguna forma, en cuestión de segundos, se había desatado un incendio en el fortín.

Ya estaba hecho. Lo más difícil, estaba hecho. Podría haber prescindido de sacrificar esas vidas, sí, pero poniendo en riesgo muchas más. Los que habían muerto pasto de las llamas, eran mártires. Y ahora, Gangrel descendía con el wyvern que le había estado llevando y su respectivo piloto, buscando a los soldados que deberían estar por las cercanías.

Cuando se encontró a escasos diez metros del suelo, sobre aquella multitud, saltaría sin temor alguno. Ni él podía explicar cómo consiguió caer de pie sin a sufrir daño alguno, pero era algo a lo que ya se había especializado.

-Mishael, apresurémonos. Es cuestión de tiempo que intenten ir al río. Hay que ser rápidos. Acabaremos con ellos de un solo golpe, como debe ser.
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