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[Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

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[Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Vincent el Miér Ene 23, 2019 2:06 pm

El arquero observaba el musgo de los árboles, discerniendo qué lado portaba más. Cargado con el zurrón, el arco y el carcaj repleto de flechas Vincent avanzaba sigilosamente por la foresta sin producir el más mínimo ruido. Mantenía la mirada fija al frente, parpadeando lo mínimo, asemejándose a un depredador en busca de su presa. Su iris carmesí era la caída de la calamidad sobre quien posara su vista, los animales lo presentían. Sin embargo lo que perturbaba el bosque no era la presencia del plegiano; los pájaros no cantaban, se escondían en sus nidos. Las presas se ocultaban, no había actividad por el camino que estaba siguiendo. El viento no soplaba con tanta fuerza como en la playa, las hojas meciéndose con suavidad en la cuna, protagonizando un solo en vez de la sinfonía que le correspondía a un ecosistema de tal calibre.

Tomó el arco de su espalda, una flecha de su carcaj. Sería lo que necesitaba para deshacerse de lo que le rondaba, porque él era el objetivo si nada salía a su encuentro. Aligeró sus pasos entre los árboles, mas seguía sin escuchar nada. Muchos dirían que aventurarse solo en el bosque, concretamente en el de un país donde jamás había estado y que actualmente estaban conquistando era mala idea, mas para lo grande que era el grupo de mercenarios que iba a asistir, no vio necesario gastar más tropas plegianas, menos para la misión que se les había encomendado: Arrasar con el campamento de emergidos cercano a cierta ciudad de Carcino. Cogió de su zurrón un trozo de cecina, dándole un mordisco para guardar el resto, bebiendo de la bota.

Saltó de un saliente mediano, intentando visibilizar alguna salida de la espesura. No obstante lo que le llamó la atención fue otro detalle más interesante. Se agachó lentamente, acercando la mirada a lo que posiblemente eran huellas. No eran las de una persona sino de un animal, por su aspecto se atrevería a decir que un felino.

Las hojas se movieron nerviosas, agitadas. Vincent no perdió tiempo en mirar hacia atrás sino que rodó hacia un lado, esquivando lo que era una emboscada. Le dio tiempo a apuntar mientras un gato sumamente grande -porque los llamaría a todos mininos con cariño- se agazapaba con ojos golosos, espectante a las acciones del arquero, preparando su siguiente salto. El rubio, de cuclillas, hizo amago de moverse hacia delante, lo que para el puma fue señal para abalanzarse sobre él. Nuevamente el arquero rodó, mas no perdió tiempo y disparó la flecha que había tenido preparada todo este tiempo para el depredador. La saeta voló rapaz hacia el cuello del felino, haciéndose escuchar el gemido de la bestia.

Su enemigo había caído. Aun así, otra voló hacia el espacio entre el hombro y las costillas.

Acercándose con precaución al abatido, decidió arrancarle la flecha para ahorrar en suministros. El puma no era capaz de moverse, observando a la muerte acercarse despacio, con cuidado. Le acortó el arquero ese sufrimiento primero rodeando el cuello del puma con los brazos, luego con un sencillo movimiento sonando un pequeño “crack”. Arrancó la que quedaba en el lomo, dando por finalizado el peligro que se cernía sobre él, que al final resultó en un breve duelo.

Tras todo aquello, llegó finalmente pasado el mediodía hasta la linde del bosque, o al menos hasta una loma cercana donde los avistó a todos y cada uno de los afamados Cuervos, encabezados por la mole con piel de oso. Le reconocieron bendito sea Grima, y pudo acercarse a Skjöld sin demasiado problema. No había tantas miradas curiosas de su grupo como la anterior vez.

—Buen día Skjöld. ¿Has localizado el campamento del que se nos informó?—preguntó sin dar ningún rodeo el plegiano, sonriente al igual que el sol coronándolos.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Dom Ene 27, 2019 1:09 pm

Rechiné los dientes por lo bajo mientras coronábamos lentamente la cima de aquella sima que nos serviría de atalaya en las devastadas tierras de Carcino una luna más. Oía al viento sobrevolarnos inclemente viniendo del nacimiento del sol, el cual se acercaba a su punto más álgido, azotándonos con su fría indiferencia, similar a la que sentíamos nosotros mientras nuestras botas pisaban ruidosas los resquicios de lo que una vez fue un país próspero, ahora caído, con el ansia en mi corazón de que se convirtiera en la atroz carnicería que los espíritus ferales de mi interior demandaban furibundos. Hacía ya muchas jornadas que habíamos desembarcado en Carcino con el fin de masacrar a los emergidos a cambio del jugoso pago que nos daba el Hurón de Plegia, y por suerte para él, ya habíamos tenido la oportunidad de alzar nuestras voces quebradas sobre montañas de cuerpos, rugiendo como un solo ser bajo nuestro demacrado estandarte, símbolo de nuestro camino, voluntad y cruento destino. Y por fin tras tantos días de marcha y escaramuzas, llegaba el momento de demostrar nuestra verdadera naturaleza, ya no como guerreros ni hombres, sino como aves de presa tras esas alimañas que poblaban estos bosques, hogar de bestias y dioses, ahora refugio de muertos y sus malas artes escondidas tras sus rostros podridos y sus ojos ruinosos, perdidos entre llamas. Alcé la cabeza a la vanguardia de las tropas cuando llegué a la parte más alta de la loma, de hierba corta y casi inexistente, entre restos de lo que fueron una vez altos sauces, ahora tocones ennegrecidos por la guerra y el paso del frío aliento del olvido sobre ellos. Casi podía oler la putrefacción que traían consigo conforme avanzaban como un hervidero entre las colinas. Y eso me enfurecía.

Clavé mi hacha en tierra mientras Sigbjörn ordenaba que se asentaran y se prepararan para el combate, o como nosotros lo llamábamos "batir las alas". Se acercaba la masacre, podía sentirlo en mi piel, que se estremecía ante la vista frente a mí, nuestro próximo campo de batalla. Nos hallábamos en una zona de bosques enredados, salteados de llanos hacia el norte, usados alguna vez como pastos, pero que a mis ojos no eran más que campos marchitos y rotos. En la espesura, bajo algunas inclinaciones del terreno se hallaba oculto el motivo de tantos altibajos en la tierra, atestiguados por uno de mis exploradores, pero cuya mayor prueba se hallaba en la misma tierra que pisábamos. Me agaché rápido, arrancando con mis zarpas la hierba que, seca en las puntas, ocultaba unas raíces húmedas, a la par que amasaba un trozo de polvo y suelo entre mis palmas y lo alzaba hasta mi rostro, olisqueándolo con fuerza, entrando por mis fosas nasales el distintivo aroma que buscaba. Humedad y vida. Esta zona poseía un par de ríos de los cuales desconocía sus nombres, que a su vez eran afluentes de aquel que nutría de agua la totalidad de la nación, nacido de las montañas más altas de ésta. Tomar esta posición aseguraba el agua, bien preciado para los vivos e innecesario para ellos, infectos seres entre dos mundos. Al oeste de esta colina se hallaba uno de estos ríos, al cual habían acudido los muertos en tropel en su despliegue, queriendo dirigirse a dar refuerzos en pequeños gruesos para formar una legión con la que expulsar a los plegianos conquistadores. No conseguirían tal hazaña. Habíamos sido enviados para emboscar y arrasar los campamentos que formaran, y ya habíamos dado con el primero de estos, sobre que nos abalanzaríamos llegada la oscuridad, en compañía de aquel plegiano de funesto mirar que despertaba la curiosidad del engañoso Hogr hasta el punto de cederle sus bendiciones, tenebrosas como la misma noche.

Frente a aquel paisaje, grotescos sonidos surcaban mi mente, pintando el lugar como una foresta llena de peligros de los cuales debía salir victorioso, amparado por las grandes bestias, en especial a aquella que me encomendaría con ayuda del saetero, danzarín entre sombras, llegado el momento. Ya podía oír cómo movía las alas el cuervo, anunciándome su llegada, mientras los míos se apartaban para cederle el paso. Cachorro leonino del monarca de Plegia, de nombre esquivo, pero aspecto amenazador bajo sus finos rasgos. Casi podría decirse que podía verle en mi propia mente, bajo el ala del córvido, de siniestra risa y horrible cantar, deseoso de ver cómo sus tinieblas me envolvían con cada uno de sus ritos, entre plumas, picos y sangre derramada, creando figuras dispersas. Suspiré cuando noté que se acercaba, levantándome lentamente, notando cómo mi interior se llenaba de neblinosas sensaciones, ocultas bajo el manto de noche que tejían las maquinaciones de los espíritus, dándoles a ellos una sola palabra, en el idioma que ellos mismos me enseñaron mientras Jorundr se presentaba glorioso, padre astado y rey de todos ellos.

Ante su saludo, me giré para observarle, en absoluto silencio al principio, dejando que mis pulmones se llenaran, notando cómo mi cuerpo volvía a tener calor tras un trance pasajero, llenándose del licor rojizo que transportaban mis venas, pudiendo ser testigo de la sonrisa que me lanzaba el joven flechero.

-Vincent-pronuncié su nombre con dificultad, absorbido por los pensamientos que me rondaban, anunciando la gloria que me esperaba al oeste de este maltejido continente. Volví en mí lo suficiente para poder responderle. -Sí. El campamento se halla al suroeste de esta loma, como dicen mis exploradores, en la cuenca de un río olvidado. Atacaremos al anochecer, bajo el manto de las estrellas.

Fue entonces cuando el ave azabache me habló con susurros ladinos y sinuosos, como las trayectorias de los arroyos que poblaban esta zona, perdidos, unidos y a la vez, retorcidos por su propia naturaleza esquiva.

-Mi garra, sus llamas, nacidas de sus ojos y encarnadas en saetas mortales en el crepúsculo, a la espera de que la misma noche se trague a su compañera plateada.

Ante esta revelación, añadí algunas palabras en tropel, casi sin pensar.

-Y tú...vendrás conmigo, pues necesitaré tu ojo-dije, fulminando con la mirada su iris carmesí.

Sólo quedaban tres días para que ocurriera lo que decía Hogr con enigmas y rodeos, y para ello debíamos estar preparados.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Vincent el Dom Feb 03, 2019 2:37 pm

El líder bárbaro se veía ausente, aunque lo suficientemente despierto como para saludarle. La localización del campamento era un dato bastante útil, lo que le ahorraba al rubio la exploración del terreno. Ya había tenido suficiente con el animal de esa mañana como para ponerse a recorrer más naturaleza salvaje.

Por unos momentos el saetero tuvo la sensación de que su orbe sería extraído de su cuenca con esas palabras, aunque no mostró el desasosiego que esa idea le producía exteriormente. Escuchaba los dedos estrechar su ojo. Él mismo había extraído un ojo antes al servir a un verdugo, siendo quien torturaba antes de las ejecuciones. Sabía lo desagradable que se podría tornar si fuera su turno, más con alguien tan descuidado y poca delicadeza como él. No se molestaría en cortar ninguna vena o nervio; él lo haría tirando, a lo mejor ni sobreviviría al proceso.

Se dio cuenta de que estaba divagando en posibilidades que quizás ni sucederían, por lo que se limitaría a responderle. Sí, ese era su papel, ser un buen acompañante, un excelente compañero de armas.

—Sea pues que no vean más allá de las flechas, Skjöld—confirmó el rubio antes de sentarse en el campo verde, no muy lejos del guerrero de las hachas, líder de los Cuervos. No se sentiría amenazado, fuera la interpretación de sus palabras una u otra. Las acciones era lo que dejaba claro qué es lo que quería ese hombre.

Al contrario que cuando llegó a Carcino, en esa loma daba el sol, soplaba con escasa fuerza el viento mas con la suficiente como para sentirla. Inevitablemente el arquero sonríe, dejando el arco y el carcaj a un lado. Los rayos de la estrella diurna producían cierto brillo en su pelo a la vez que mantenía al barón cálido. Era imposible no querer dormir plácidamente en el campo teniendo un clima tan envidiable. Se cruzó de brazos, colocándolos sobre las rodillas y apoyando su cabeza sobre éstas. Realmente lo que tenía que hacer era esperar a la batalla para devastar el campamento enemigo, nada más y nada menos. Si deseaban hablar con él solo tenían que avisarle, estaba a mano al fin y al cabo.

Ver el bosque de lejos era curioso teniendo en cuenta que acababa de salir de ahí. Era ya un recuerdo lejano.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Miér Feb 06, 2019 1:44 am

Miraba absorto el brillo carmesí de su iris, como si en aquel lago de sangre alojado en su rostro se hallaran las respuestas a las preguntas que llevaba largo tiempo haciéndome, desde que empezara a oír la llamada de las bestias en mi mente. Sentía cómo la superficie lisa de su ojo ocultaba una profundidad mayor que la del mismo mar, a la par que me invitaba a observarlo casi como si de una tentación se tratara, intentando absorberme al oscuro e inquietante interior del mismo, donde sabía que su radiante forma se diluiría en un espacio rojo y abismal, en el que no podría ver, hablar o respirar siquiera, atrapado por la cautivadora y oscura belleza del color de la sangre, funesta señal y orbe de ruindad. No sabía si se trataba de una broma cruel del destino o un aviso del mismo el hecho de que aquel joven rubio frente a mí se dedicara a despachar a sus enemigos a saetazos, observándolos con aquel ardiente ojo antes de arrancar de sus cuerpos el aliento de la vida de un sólo y certero golpe, encarnado en cada una de sus flechas, negras como las plumas que cuelgan de mi capa, retales de la misma noche y del vacío tras abandonar el calor de la hoguera. Ocultas sus ambiciones, ¿qué había tras esa sonrisa de labios finos y esos cabellos de brillos solares? ¿Acaso un depredador aún más depravado que su amo, monarca demente y regidor del caos? ¿O por el contrario había sólo un cachorro que se hacía a sí mismo entre batallas y escaramuzas? No había respuesta a esas preguntas en mi interior, ni siquiera entre aquellos que danzaban en otro plano, superior al de un mortal como yo, necio e insignificante a sus ojos, perdido entre salvajes tonadas. Sólo reinaba silencio por un momento en mi cabeza, recordando a aquellos con los que me había cruzado en las campañas pasadas desde que acepté la invitación de aquel hurón huidizo de mirada perversa y colmillos como dagas.

Mas este trance se disipó en cuanto el timbre de su voz llenó mis oídos, saliendo del letargo hipnótico que despertaba su mirada desigual. Asentí ante sus palabras tras comprenderlas, pues aunque hablábamos el mismo idioma, sentía como si, aun entendiendo lo que decía, necesitara más tiempo para asimilar el verdadero significado de sus frases. Roto el velo de aquel delirio, vi cómo se sentaba en la hierba que pisábamos, verde y brillante. Con un movimiento apacible, pareció sonreír mientras el viento movía su melena leonina, desarmándose para tumbarse plácidamente. Sin mediar palabra, giré mi cabeza para dirigir la vista hacia las vistas que nos ofrecía la colina sobre la que estábamos. Manteniendo el silencio, veía los bosques, atravesados de arroyos, que se convertirían esta noche en nuestro coto de caza, una espesura sangrienta y ardiente.  Asiendo mi hacha, acariciaba su asta, llegando a mi cabeza imágenes de la estrategia que usaríamos cuando cayera el sol y mis hombres estuviesen listos. Recuerdos de Dandr me asaltaban, mas los repelí, negando con la cabeza levemente y dirigiendo un vistazo a Vincent, que yacía en el suelo inmóvil, con una calma tal que parecía dormido. Carraspeé ruidosamente para llamar su atención, pues había caído en la cuenta de algo.

-¿Tienes la garra que te di en Manster, plegiano?- pregunté sin alzar demasiado la voz. -Si es así, antes de que muera el sol debo hablarte de algo que sólo tú podrás hacer en la escaramuza.

El cuervo había hablado anteriormente, dándome la indicación que necesitaba. Ahora sólo quedaba convencer al arquero de que realizara su voluntad.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Vincent el Vie Feb 08, 2019 8:28 pm

Cualquiera que supiera un poco de Plegia o que la hubiera visitado sabría que era un completo desierto en el que se luchaba por sobrevivir, y no en el que la vida rezumara por cada grieta que se abría en el suelo. Éste era áspero, el polvo se te pegaba a las manos, tu cara se llenaba de tierra y tu lengua se secaba, incapaz de encontrar una fuente de agua en millas a tu alrededor. Era un país que había resistido a base de pura fuerza de voluntad. Ver la hierba verde atravesar los campos era un paisaje que colmaba el alma de paz, un sitio en el que a Vincent no le importaría reposar eternamente llegó a pensar el desgraciado arquero. Procediendo de un terreno baldío abandonado tanto por Naga como por el mismísimo Grima, envidiaba a aquellos que disfrutaban sin ningún esfuerzo de tales panoramas, del olor a pasto fresco, de bosques por los cuales circulaba agua limpia y no estancada.

Plegia estaba podrira, y nadie podía hacer nada por evitarlo.

Despertó de su ensoñación gracias a las palabras del bárbaro, quien le preguntaba sobre unas garras… Las garras… Sí, las llevaba. Lo que no conseguía unir era las garras y el plan para arrasar con el campamento de emergidos. ¿Acaso ese amuleto lo convertía en elegido para una misión que solo Vincent solo podía llevar a cabo? Tanta responsabilidad en sus hombros acabaría por hacer que le brotaran canas antes de tiempo, lo que le sentaría fatal a su imagen. Frunció ligeramente el entrecejo con tan solo imaginar tal catástrofe. Nadie quería a un hombre canoso de baja calidad, lo que descartaría a varios hombres de la comunidad de Skjöld a decir verdad. El rubio ni se dignó a mirar a su interlocutor, sino que continuó con los ojos cerrados, mas respondió a la duda que carcomía al guerrero de capa peluda.

—Habla pues Skjöld; tengo las garras conmigo, y la intención de seguir tu plan si es lo suficientemente convincente—declaró el plegiano no petulante sino lógico y calculador.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Skjöld Heilfsson el Miér Feb 20, 2019 12:04 am

Llegaban a mis oídos los tonos rudos de las voces de mis cuervos, hablando entre sí, preparándose para la emboscada que nos esperaba bajo el oscuro manto nocturno, que igual de azabache que las plumas de nuestra ave hermanada, nos serviría para ocultar nuestra presencia del enemigo. Los hombres bajo mi enseña se consagraban a la batalla venidera preparando sus armas, amuletos y espíritus entre historias de tiempos pasados, bebida y muestras de poder en augurios ya perdidos, transmitidos entre susurros, tan antiguos como peligrosos, que de poder bañaban sus cuerpos y, sobre todo, sus ferales instintos antes del combate. Se entregaban a su naturaleza, al igual que yo mismo, violenta y salvaje, ya fuera por medio de los cantos que entonaban en la guerra o las costumbres que, arrastradas de sus diversos orígenes, aún conservaban, libres de realizarlas mientras cumplieran el juramento que nos unía como una manada, leal e inquebrantable. Desconocidas eran para mí la mayoría de las historias que aquellos guerreros portaban a sus espaldas, marcadas por sus acciones, curtidas y heridas por mil envites, mas no me importaba. Diversos oficios y habilidades tenían cada uno de ellos, pistas al aire del misterio que sus vidas pasadas representaba, aunque se negaran a hablar de las personas que una vez fueron, ahora sólo un pequeño recuerdo ante la verdadera identidad que ahora poseían: bestias implacables que servían a los espíritus y honraban a la mayor fuerza que ha modelado al hombre desde que este fue capaz de empuñar un arma: la guerra. Ahora, orgullosos y dignos combatientes, libres se alzaban en un mundo en el que, si no eres lobo, te toca ser cordero. Mas yo les había ofrecido ser cuervos.

Ajeno a los simbólicos actos que realizaban los míos afilando sus armas, preparando sus abalorios y trofeos y observando al horizonte con sus ojos sagaces e inmunes a los estragos de los campos de muerte, se encontraba el rubiasco arquero siervo de Gangrel, tumbado en el suelo, respondiendo a mi pregunta tras una pausa que, a diferencia de lo que pensarían otros, a mí no se me hacía incómoda, sino natural. Dirigiéndole una mirada más punzante que los venablos en su carcaj, asentí en silencio aunque intuyera que ni siquiera me estaba mirando dada su postura y el tono de sus palabras, tan arrogante como una urraca en su nido. Múltiples pensamientos convulsos surcaban mi mente mientras trataba de poner en orden las palabras de mi siguiente frase, aún afectado por el trance que me había venido antes de la llegada del joven. Aclaré mi garganta con un sonido ronco como el del suelo resquebrajándose, y sin levantar mi mirada de él ni pestañear, alcé la voz.

-Muy bien. Sígueme, y te contaré tu papel en mi estrategia. Juro por la zarpa del blanco que saldrás satisfecho con lo que te reservo, Flecha Negra- solté rematando con un gruñido grave, fruto de que mi garganta se había trabado de mala manera, haciéndole un gesto con la cabeza, invitándole a seguirme, sin saber si me veía o no.

Le di la espalda entonces, cargando mi hacha al hombro, dando pasos largos, sintiendo en mi nuca las miradas curiosas de los guerreros. Avancé en dirección oeste apenas unos diez pasos, hacia un quejigal que, negándose a morir aún como un lobo viejo, se alzaba nudoso ataviado de corteza gris y con las raíces levantadas y anchas como uno de mis brazos, siendo su tronco tan ancho como yo mismo y que alcanzaba a medir a mis ojos inquietos unos treinta codos, con su copa orgullosa y poblada mecida al viento, orientado el majestuoso árbol a la zona donde podía divisarse a lo lejos el arroyo cercano al campamento enemigo. Ante una de sus raíces me paré, observándola en silencio esperando que el plegiano me siguiera.

-Vincent- llamé con voz grave. -Bajo estas colinas en la cuenca de aquel flujo de agua se encuentra el enemigo- señalé con la cabeza de hacha en la dirección correcta. -Ocultos como sierpes, varios de los míos nos hundiremos en el agua dando un rodeo, para situarnos a su espalda. Tú guiarás a mis arqueros hasta una buena posición, y tras eso, serás tú quien dé inicio a todo. Con tu ojo carmesí- rematé enigmático girándome.

Fuego naciendo de las garras del cuervo. El augurio funesto de Hogr tomaba forma en el plegiano de mirada rojiza y ruinosa, como el color de la sangre de los vivos.
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Re: [Campaña de Conquista]A medianoche los Cuervos volarán[Priv.Skjöld]

Mensaje por Vincent el Miér Mar 13, 2019 9:44 am

Al contrario de lo que llegara a pensar el bárbaro, Vincent escuchaba perfectamente al líder de los Cuervos, salvo que por su posición y por el clima, su actividad predilecta hubiera sido dormir bajo el cálido astro rey. Parecía enfadado con él, posiblemente por sus palabras. Vincent no seguiría a otro vasallo de Gangrel si sus ideas no eran buenas, lo dejó claro y cristalino al responderle. Con desgana se levantó de la cómoda hierba, sacudiéndose sus prendas con energía. Algunos incluso lo observaban por su actitud altiva, un león rodeado de cuervos hambrientos por sus entrañas. Daba pasos ligeros para alcanzar a Skjöld, quien se detuvo bajo un árbol que no había envejecido del todo bien. Acarició el áspero tronco, esperando quizás algún resquicio de vida que le sorprendiera.

Divisó entonces el famoso campamento emergido -más grande de lo que pensaba a decir verdades-, analizándolo desde la colina. Si su orbe carmesí lo convertía en un diablo, entonces el mismo Grima haría que los emergidos sucumbieran bajo sus oscuras llamas. Esa era su función al fin y al cabo, atraer la desgracia a sus enemigos. La estrategia de Skjöld no era mala, sorprendiendo al enemigo por el agua, e incluso había pillado la indirecta—Quieres que haga arder el campamento, ¿no es así, Skjöld?—pronuncié con curiosidad y a la vez con cierta apetencia, haciendo que nuestros objetivos fueran pasto de llamas y troceados por el hacha del bárbaro. No era sádico debía aclararse. Gustaba de que sus campañas salieran bien sin demasiado problema. No era eso pecado, ¿verdad? En la eficiencia residía la victoria, la cual no se le hacía lejana ni mucho menos.

—Hay cierto punto al noreste que podríamos usar para una emboscada. verán las flechas cuando ardan sus tiendas. Daremos un escaso rodeo por la foresta y estaremos al mismo tiempo que vosotros pero desde un punto más alto. ¿Ve la prominencia cerca de la cuenca?—señaló con su dedo índice en la dirección correcta, siendo una debilidad poderosa para los emergidos. No pensaron en que el peligro no les vendría de frente sino por encima—La primera flecha debería ser una señal adecuada para vuestra embestida si no me equivoco, ¿verdad, líder de los Cuervos?—lo miré astuto, semejante a un zorro cerciorado de que su presa acabará en el estómago; no eran ellos quienes debían temer a la noche sino los propios seres oscuros que se ocultaban en tiendas y una cuenca. Me encogí de hombros, dando por hecho un destino del que no serían capaces de escapar.
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