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[Campaña de liberación] A la sombra de los cerezos [Priv. Takumi]

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Mensaje por Corrin el Lun Ene 14, 2019 6:42 pm

El palacio Shirasagi poco a poco iba recuperando su esplendor pasado. Estaban siendo los grandes esfuerzos de los locales la mejor fuente de energía que hubieran podido encontrar, pues gracias a su esfuerzo y a su sudor el aspecto del edificio volvía a erigirse imponente. No obstante, había dejado de ser la única edificación grandiosa del territorio, ya que prácticamente al lado se estaba levantando un nuevo palacio, en esta ocasión para los miembros de la realeza de Nohr así como para sus trabajadores y enviados, como si dos caras de la misma moneda se tratase. Las dos torres se dibujaban en el horizonte a cada día que pasaba, recordando a todos los presentes el nuevo estatus de Hoshido como provincia de su reino vecino, Nohr. Tanto una como otra construcción albergaban a decenas de personas, más incluso de las que se podía imaginar, sobre todo si se tenían en cuenta guardias, trabajadores de toda índole, personal al servicio directo del reino regente y, por supuesto, los miembros de la familia real.

Corrin suspiró mientras negaba con la cabeza. No podía creerse que ya era la cuarta vez en un espacio corto de tiempo que uno de los hermanos de la realeza hoshidana volvía a provocar que lo encerraran. Hasta el momento había preferido mostrarse distante y encargarse de las otras tantas tareas que, bajo su punto de vista, requerían de su máxima concentración y responsabilidad, pero la situación del príncipe comenzaba a complicar otras. Que todo su esfuerzo en procurar el correcto trato a los aldeanos, a sus consejeros procedentes tanto de Nohr como de Hoshido, incluso a la antigua familia real se viera emborronado por el grosero temperamento de uno de ellos ya había superado los límites de su paciencia.

Ataviada con un kimono de fondo morado con los detalles en blanco y rojo, perfectamente confeccionado y entallado a su figura, dejó que sus descalzos pies la guiasen hasta donde había sido encerrado el menor de los antiguos príncipes. Por norma general, se encontraban vigilados, debiéndose mantener en todo momento en el interior de su antiguo hogar. A pesar de estar recluidos y de no ser quienes guiaban a su reino desde la liberación de este de los emergidos, se les había permitido cierta libertad deambulatoria en el interior. Mucho más amable que confinarlos al interior de una fría y húmeda celda, reservada a los delincuentes, a quienes provocaban altercados que pudieran entorpecer la seguridad pública, o a jóvenes maleducados con una lengua sucia. Suspiró al llegar a la puerta de los calabozos, para sorpresa del guarda. A pesar de su ofrecimiento, rechazó la ayuda del joven, que sin mayor dilación le abrió la puerta para que pudiera descender hasta el interior. Continuó hasta llegar al final del pasillo, deteniéndose a apenas un par de metros de las rejas –No me gusta haber tomado esta decisión, pero me has obligado a ello, si tan solo pusieras un poco de tu parte y trataras de convivir con la realidad actual de Hoshido… –No necesitaba más que observar el rostro implacable del joven para saber que sus palabras serían llevadas por el viento, sin servir para nada.

Se mordió el labio por dentro, de manera casi imperceptible. Estaba siendo extremadamente difícil tomar decisiones que beneficiaran a la mayoría pero que, a su vez, se mantuvieran en la senda marcada por Nohr. Procuraba que cada uno de sus movimientos estuviera dirigido a conciliar ambas culturas, a fomentar la convivencia entre los nuevos y los antiguos residentes, pero actuaciones como la del peligrís hacía que se cuestionase si estaba actuando correctamente, si todo aquello merecía la pena de verdad, o incluso si era ella la persona indicada y no alguien con mayor experiencia –¿Qué puedo hacer que esté en mi mano para que puedas comportarte como se espera de alguien de tu posición? Si verdad piensas que existe una posibilidad de mejorar, puedes decírmelo y escucharé tus palabras –Terminó por añadir, en un tono serio pero conciliador. No quería dar imagen de una persona frágil o débil, por muchas dudas que tuviera dentro de sí misma. No ante una persona que fácilmente podría usarlo en su contra. Ahora sí que era capaz de comprender algunas decisiones a las que antes no lograba hallar explicación, el esfuerzo que hacían su padre y su hermano, el quedarse muchas noches hasta altas horas de la madrugada, ¡quién lo supiera entonces!
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Mensaje por Takumi el Dom Ene 20, 2019 2:03 am

Al momento en el que Takumi abrió los ojos y vio el oscuro y húmedo techo de su celda, soltó una maldición entre dientes a sí mismo por su falta de autocontrol, cosa que llevaba haciendo desde que lo habían encerrado ahí para que se calmase y que ya se estaba volviendo una costumbre y la única forma de mantenerlo bajo control por un tiempo. El joven había tenido problemas desde que Hoshido había sido conquistado por Nohr o, por cómo se llenaban la boca según el de cabello gris, lo “habían salvado”. Sí, es cierto, ahora los focos de emergidos en su país habían sido reducidos a algunos sueltos, pero, él seguía sin aceptar los acontecimientos.

Mientras se frotaba los ojos para adaptarlos a la casi oscuridad de su celda, un cuenco de humeante sopa era depositado con cuidado en el suelo cercano a él, haciéndole levantar la cabeza. Vio la roja cabellera y los ojos húmedos de su hermana menor a través de los barrotes y sonrió sombrío, suavizando la mirada para ella, recordando que solamente la más pequeña de la familia era el que lo podía ir a ver y no los mayores, sintiendo una incomodidad en el pecho que no quería tener ahí, como si fuese un dejo de rencor infantil y que quería suprimir a toda costa. Le preguntó lo de siempre con la voz más ronca de lo normal, sobre si había algún trato o si no les había causado más problemas de los normales a sus hermanos, y Sakura le daba la misma respuesta ambigua al no tener mucha idea de lo que pasaba, dejándole pensativo al tiempo que un guardia llegaba para escoltarla de vuelta, despidiéndose sin palabras y dándole tiempo libre.

Muchas veces había considerado que lo mejor era tolerar lo mejor posible la situación dentro del castillo, mas, se le hacía imposible al ver a todos los uniformados y las expresiones de confusión en la cara de la menor de su hogar y las de gélida entereza de los dos mayores, volviendo a quedarse en medio de ellos. Sabía que a sus hermanos y a él mismo le dolían en el orgullo no poder haber ayudado muchísimo más a su gente, especialmente Takumi, sintiéndose en deuda más de lo que debería y aquello le enfurecía de sobremanera, a tal punto que terminaba siempre son desahogarse gritándole al resto y regresábamos al inicio.

Él no era el rostro visible de su familia, era una sombra y, únicamente por esta vez, prefería que siguiera así. O eso pensaba cuando escuchó pasos descalzos acercándose a su celda, con el cuenco de sopa ahora más tibio siendo sujeto por sus manos, intentando ignorar el instinto que le ordenaba buscar su arco y mirando fijamente el suelo hasta que, en el momento en el que el sonido se detuvo, levantó la vista. Observó a su interlocutora con el rostro estoico y apretando la mandíbula con fuerza, marcando aún más su molestia, sin embargo, éste no era el momento adecuado y no la interrumpió ni una vez, ni siquiera cuando se lamentó de la falta de compromiso del varón, evitando por poco el fruncir el ceño y haciendo que las ojeras baso sus ojos se marcasen muchísimo más de lo usual. —Te guste o no, sigue siendo tu decisión, nohria. Ahora aguántate como yo lo hago dentro de esta porquería—. Se contuvo de seguir con la seguidilla de insultos, tampoco quería empeorar la situación delicada en la que estaba, simplemente era algo que no aguantaba y ya, no había más explicaciones que ésa, cosa normal viniendo del príncipe.

Soltó un bufido en señal de burla, sin querer creerle ni una sola palabra. ¿Por qué debería? ¿Por haberles obligado a quedarse entre esas enormes cuatro paredes? ¿Por qué habían más choques de lo que parecía a simple vista únicamente por ser culturas extremadamente opuestas de sí? Éso le era más bien risible en vez de motivo de preocupación. Bebió un poco del cuenco, detectando de inmediato que era sopa de miso y, sintiéndose ligeramente mejor, buscando las palabras e intención adecuadas como rara vez hacía. Aunque mantenía sus reticencias, el tono de la albina sonaba que de verdad era importante su opinión en el asunto, tomándolo como un incentivo para responder con una actitud ligeramente menos desdeñosa contra todo lo que era de Nohr pero, no por éso quitaría del todo el rechazo que le producía el mero recuerdo.

Preocúpate de la gente normal, de los que trabajan en los campos o se encargan de la reconstrucción, en vez de mí que, aunque esté encerrado, sigo teniendo un cargo alto—. Siguió dando tragos largos de sopa, aprovechando que no estaba demasiado caliente y evaluando a la fémina, sintiendo que la conocía de algún lado, pero, no tenía el tiempo suficiente como para evocar sus memorias y analizarlas una por una. —Por lo poco que he podido ver y oír por ahí, tenéis problemas con, al menos, algunos de ellos. Mueve el trasero, empieza por ahí y deja de perder el tiempo conmigo, chica—. Seguía siendo brusco excepto en la manera neutra en el que decía cada palabra de lo último, buscando ofender lo menos posible y no seguir metiendo la pata, cosa que aceptó luego de pasar al menos dos días sin contacto humano más que el de su hermana.

Prefería mostrarse más reservado por ahora, no se fiaba ni un pelo de ella. Había visto suficiente de su hermano mirar con añoranza disimulada más allá de los muros del palacio y escuchado tanto a Hinoka como a Sakura llorar lo más quedo posible en sus habitaciones. Él mismo se quedaba mirando lo que eran los campos de meditación y las dianas de entrenamiento, deseando poder caminar o tener la cuerda de su arco tensada bajo sus dedos nuevamente, pero, le había sido vetado por su hermano mayor en pos de evitar un problema muchísimo más grande. Debería estar agradecida de que, incluso en pleno arranque de ira, aún no haya lastimado de gravedad a nadie.
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Mensaje por Corrin el Mar Feb 05, 2019 3:06 pm

No había nadie más en la zona de los calabozos, no en ese momento, por fortuna. Se apoyó con cuidado sobre los barrotes de la celda situada justo en frente a la del prisionero, gracias a lo cual tenía una visión completa y podía observar sus reacciones al completo. Saber leer a una persona no solo se conformaba por lo que decía o dejaba de decir, sino también por su lenguaje corporal. Durante mucho tiempo no le había dado la importancia que tenía, pero desde su llegada a Hoshido era un método más para saber sobre la hostilidad de una persona hacia ella, hacia Nohr, y con ello la posibilidad de conflicto.

Con una de las manos se frotó la sien ante el comentario claramente ofensivo del príncipe hoshidano. Respiró hondo, pero le respondió con una sonrisa pacífica, sin buscar burlarse de su posición, sino más bien todo lo contrario. Intentaba empatizar con quienes se encontraban al otro lado, con las personas del reino de Hoshido, ya fueran estas un humilde labrador de los campos de arroz o un miembro de la familia real –Sé que es mi decisión, y a veces aunque no guste, es necesario tomarla para mantener o restablecer el equilibrio, ¿no crees? Tu comportamiento estaba haciendo que se tambalease la atmósfera de tranquilidad que con tanto esfuerzo intento conseguir, así que tú también eres responsable de tu propio destino, de estar aquí encerrado –Se cruzó de brazos, acercándose hasta que el borde de su kimono rozó los barrotes de la celda del peligrís.

No había tenido la oportunidad de estar tan cerca de ninguno de los hermanos de la familia real de Hoshido. Cuando había llegado, ya se encontraban dentro de Shirashagi, por lo que su presencia no fue requerida más que para terminar de amoldar todos los asuntos. Y en cierto modo le dolía que la primera vez que iba a tener una conversación tan directa, de príncipe a princesa, de peligrís a peliblanca, fuera a través de unos barrotes. De alguna manera todavía no se sentía completamente cómoda en aquel lugar, pero con el tiempo se estaba volviendo su hogar, ¡había tantísimas cosas nuevas que aprender! Y, muchas de ellas, increíbles.

Sin embargo, por su boca solo pudo exhalar un nuevo suspiro. Apoyó sus finos dedos sobre los fríos barrotes, buscando mirar al prisionero a través de ellos, pero también queriendo abrir esa segunda celda que era él mismo, su persona como tal. No parecía estar tanto encerrado en un calabozo, sino en una pelea interna consigo mismo, y ello se reflejaba en su rostro, lleno de sufrimiento, de angustia, que transmitía en sus palabras. No podía reprocharle por llenar de odio las palabras que iban dirigidas a su persona o a lo relacionado con Nohr, pero tampoco las podía permitir –Eso es lo que estoy intentando con todas mis fuerzas, aunque no te lo creas. Me importan las personas de aquí, quiero que su futuro sea esperanzador, que no tengan necesidades pero también que se sientan protegidos –Apoyó la frente contra dos de los barrotes, mirando seriamente a su interlocutor –Podrías simplemente engañarme, o negarte a responder, pero tú conoces más a estas personas que yo, si de verdad eres un buen príncipe, si de verdad los quieres, dame alguna recomendación al respecto –No podía obligar a nadie a hablar. Nunca aprobaría el uso de una tortura para sonsacar información. Jamás. No obstante, sí entendía que el joven no quisiera servir en bandeja de plata el cariño de su pueblo a un enemigo, ¿por qué todo tenía que ser tan complejo?
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Mensaje por Takumi el Lun Mar 04, 2019 4:43 am

Pese a la expresión del príncipe que no dejaba entrelucir ninguna expresión, sí que se notaba en su rostro el peso de no haber podido cerrar los ojos en varias noches, quizá más de las que llevaba encerrado en aquel cubículo de ladrillos y barro seco. Puede que las ojeras ya eran de un tono violáceo sumamente oscuro, casi negro, y que le daban un tono tétrico a su rostro con la luz de las antorchas en contraste con la piel pálida al tener esa zona de los ojos hundida. Estuviera o no tranquilo, Takumi no podría dormir del todo calmo en ningún lugar, incluso su habitación; todos en el palacio estaban acostumbrados, pero, al parecer, a la nohria nadie le había notificado que él tenía aquel problema.

Respiró hondo, mejor no decía nada acerca de ello e intentaba mantenerse algo más diplomático incluso si su primer instinto al ver la albina acercarse fue tensarse en su lugar y apretar el cuenco que tenía entre sus manos, conteniéndose a duras penas para no lanzarlo o romperlo por no controlar la fuerza que ejercía. Le irritaba la tranquilidad y amabilidad de la albina, mas, no diría ni una sola palabra sobre éso. Más que respeto, casi lo veía como un insulto, como si no tuviera sangre en las venas; sin embargo, lo sopesó durante algunos instantes y, con mayor agilidad de la que esperarías de alguien que había pasado horas sentado y mirando al suelo, se puso de pie y se acercó a su interlocutora, terminando por apoyar la espalda en la piedra fría y el hombro en la reja.

Toma, bébetela—. Le acercó el cuenco de sopa lleno hasta la mitad con la diestra como si no fuese la gran cosa. —Ya no la quiero. Puedes empinártela, no está tan caliente—. Insistiría hasta no tener el cuenco en la mano y se quedaría de brazos cruzados mirando la pared opuesta con actitud pensativa y considerativa. ¿Debería creerle a la princesa de un reino conquistador? ¿Debería considerar el entregarle información de su país a ella específicamente a espalda del resto? Takumi seguía considerando todo lo ajeno a Hoshido como un enemigo, como algo que no merece siquiera ser mencionado incluso en los sueños más profundos.

Y se odió por ser tan débil. —Para serte sincero, los que tenían mejor relación con los agricultores eran mis hermanos mayores, conozco más a los herreros y obreros por haber trabajado con ellos al menos un par de veces—. Con los dedos pulgar e índice, apretó y frotó el puente de la nariz, considerando si seguir hablando o no, ganando lo primero después de un momento de deliberación mental. —El asunto es echar una mano con lo que son los arrozales, sigue siendo la base de la alimentación en Hoshido—. Comenzaba a sentir las garras del sueño llegar casi de golpe a él, teniendo que sacudir la cabeza al ser una sensación casi olvidada; ya no recordaba cómo era el dormir más de cuatro horas diarias y se ponía más gruñón que de costumbre el no poder hacerlo.

¿Qué si de verdad quería a su gente? ¡Él seguía regañándose por no poder protegerlos cuando pudo! Si podía reivindicarse, el hoshidano estaría contento. —Delega a gente de tu confianza el controlar lo que son las tareas de reconstrucción y reestructuración. No podrás sola con todo—. Takumi no era amable, para nada, el príncipe era el tipo de persona que gruñía y era brusco casi todo el tiempo sin darse cuenta la mayor parte de las veces, sin embargo, se estaba esforzando ahora mismo en usar un tono neutro de voz pese a lo cansino de su rostro y gestos, como si ya estuviese absolutamente harto de todo lo que había pasado. Terminó por apoyar la parte trasera de su cabeza en el muro y cerró los ojos con pesadez, marcando que no seguiría hablando hasta que la más baja decidiera seguir preguntando o cambiando el tema.
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