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Mensaje por Gangrel el Lun Ene 07, 2019 11:43 am


Y con Manster prácticamente bajo su poder, Gangrel decidió ir a por más tierras. Y tras tan tentadora oferta como lo era la del rey Ephiram de Leonis, de ceder los intereses de Carcino a la corona plegiana, y también de Jehanna (que la reclamarían, más adelante, pero lo harían), una cuarta parte del ejército aberrantemente poderoso de Plegia se desplegaría en la antigua República. En poco tiempo, tomaron una parte importante de territorio para ellos, y el campamento estaba firmemente creado al lado de lo que otrora fue la capital. Y el rey fue el primero en llegar a aquel lugar, dispuesto a comandar a las tropas desde ahí si hacía falta para que todo saliera a pedir de boca. Sus tácticas habían resultado cruciales para poder llegar hasta donde estaban en la formación de un nuevo imperio. Si bien era cierto que las tropas eran suficientemente fuertes como para poder poner contra las cuerdas cualquier ejército, no podían hacerlo sin una mente maestra que les dirigiera, como lo era la del temible Gangrel.

Y por supuesto, si él iba a algún lado, le tenía que acompañar su concubina, Sarah. ¿Qué era un rey sin su método de entretenimiento? Absolutamente nada. A pesar de no poder permitirse demasiados lujos, tenía derecho a disfrutar, ¿no? Tampoco es que fuera tan tiránico con ella. Si no la llamaba, a duras penas tenía que hacer algo, aunque tras su excelente actuación en Manster era muy cierto que sus trabajos habían empezado a ser más requeridos como una guerrera. Culpa suya. ¿Quién le mandaba a ella destacar en una operación de combate? Casi se reía al escuchar las palabras dulces y pomposas alabanzas que le dedicaban los generales bajo los que la destinaba cuando era necesario. Y así, fue como en pocos meses la reputación de Sarah pasó de hacer que en las conversaciones se refirieran a ella como “el juguete del rey loco” a la “reina guerrera” y mil tonterías más. En las bocas de los soldados aparecieron rumores sobre ella, muchos que hacían reír al monarca cuando los escuchaba de casualidad.

De todas formas, en el fondo como se llamara a aquella mujer no importaba, lo que le importaba al rey es que esta acudiera fielmente si la necesitaba. Y así hacía ella siempre. Aprovechando que ese día no tenían demasiadas misiones que hacer, el rey la llamó a su tienda de campaña, una bastante más humilde que la que utilizaba en Manster, cuya diferencia con las tiendas de los soldados era que tenía una cama para dos… Y un pequeño escritorio en el rey hacía su trabajo. Nada más. Y él se encontraba en ese momento sentado a los pies de la cama, leyendo tranquilamente un libro del arte de la estrategia. Lo colocaría cerrado con tranquilidad tras plegar un poco por el borde la página en la que había dejado la lectura. Se levantó para recibirla como era debido.

Es decir, acercándose a ella para lanzarla contra la cama con una sonora carcajada mientras lo hacía. ¿Qué? Tampoco lo hacía con malicia, ni lascivia, solo quería hacer eso. Un saludo tan estúpido que solo se le podía ocurrir a Gangrel.

-Buenos días, princesa. Me dicen que te estás volviendo popular, querida mía. No está mal. Puede que me ahorre al final presentarte si algún día aparece el rey de Nohr por el palacio. Creo que te mereces descansar un poco aquí. Yo… Supongo que estaré leyendo por aquí. Y por favor, cuando estemos a solas… Llámame por mi nombre real, anda

Sonrió, mientras se sentaba frente al escritorio para dejarla por libre el poco tiempo que tuvieran de descanso. Volvió a abrir el libro con calma para proseguir con el estudio del arte de la guerra. Calculó que estuvo unos diez minutos pudiendo leer hasta que como siempre, un mensajero tuvo la grandiosa idea de entrar para dar la noticia.

-Grima salve a Plegia –saludó, mientras se inclinaba ante la puerta. Por la armadura que llevaba, de impoluto cuero, Gangrel podía deducir que se trataba de un miembro de los escuadrones de exploración- Hemos encontrado un bastión enemigo que nuestros estrategas no pueden tomar, y según dicen, en él se ocultan supervivientes humanos. Tal vez deseéis tomar el mando de la investigación vos propiamente

Y el rey se giraría lentamente, lanzando un largo suspiro al aire mientras volvía a soltar el libro en cuestión. No, sin duda no podría aplacar su sed de conocimiento aquel día.

-Iré yo mismo. No poder con un maldito castillo… No entiendo cómo podéis ser tan incompetentes, de verdad –el rey cerraría el libro bruscamente mientras se dirigía al hombre, dándole permiso para volver por donde había venido y poder estar a solas con Sarah- …Si quieres quedarte a descansar, estás autorizada, querida mía. Sin embargo, yo he de comandar a las tropas. Te traeré algo de regalo si es que no quieres ir

Y como siempre, el rey debería partir a combatir, a dirigir a su reino. Era su responsabilidad. No podía permitirse descansar. Absolutamente nunca.
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Jue Ene 10, 2019 4:08 am

Tras una batalla victoriosa el deber que exigía mi amo al final era mucho mas atareado que el solo servirle a él y ya, si tras cumplir todas las ordenes de Gangrel en lo que fue declarado como mi primera misión dio lugar a que siguiera sirviendo como un elemento mas de combate, una mas en la fila del ejercito de Plegia.


Al final no importaba pues estas fueron ordenes directas ya fuera que me dejaba a cargo o servir a alguno que otro general al final mis encargos los tomaba con seriedad y claramente me tomaba la completa responsabilidad de cumplir estos de forma perfecta, en forma y en tiempo para que no hubiera fallos en estas mismas.


Ahora con todo eso podía sentir un ambiente menos hostil y mucho mas confiable en cuanto a el ejercito pues tal parecía que en verdad mis acciones me habían dado un lugar dentro de esas filas y claro también algo de respeto por parte de todos los que había servido junto conmigo.


Ahora tras una buena conquista del poblado pero también de la tierra completa solo quedaba la expansión y conquista todavía en nombre de Plegia, seguir yendo justo al lado del rey o detrás suyo dependía de que situación fuera, un mensaje era el que llegaba a mi por parte de los mensajeros del rey quien claramente solicitaba de mi presencia en sus aposentos.


Y obvio no tenia ni por que dudar solo dejar todo en orden y despedirme de mi compañero alado para salir directamente hacia al tienda donde se me esperaba , un camino de lo mas tranquilo sin los habituales "curiosidades" que los ajenos a mi soltaban tras verme, ahora las cosas eran mucho mas calmadas así que ningún comentario ofensivo me era incluso mucho mas cómodo el saber que la "opinión" publica había cambiado por mi propio esfuerzo y trabajo.


Amo!....., intentar anunciarme fue lo que no paso gracias a las acciones del contrario quien parecía estar esperando mi llegado con un movimiento muy peculiar y que este uso por primera vez tras solo entrar dentro de su tienda.

Tomarme de la cintura como siempre hacia pero levantarme de inmediato y lanzarme directo a la cama escuchando ya su risa a la que podía reconocer como su "risa" del mejor humor posible pues en verdad dejaba a entender que si disfrutaba del momento, Quedando algo perpleja por su acción pero que daba su comprensión de necesitar un descanso algo que en verdad no negaría si necesitaba.


Y a decir verdad el sentir la suavidad de la cama tenia cierta sensación relajante, no sin antes responder a la petición de mi amo, Como deseé am.......se hará como digas mi señor Gangrel......., costaba trabajo pues ya había tomado cierta costumbre en solo llamarle amo.



Pero tendría que corregir todo eso tras su aprobación de llamarle por su nombre solo estando los dos juntos, dejando escapar un bostezo y quedar algo adormilada acomodándome dentro de los mantos.

......

¿Cuanto tiempo paso?, no creía que fue mucho pero una voz ajena a la de mi amo me trajo de vuelta a despertar, pensar y procesar las noticias de aquel hombre, en verdad esa situación exigía la presencia del rey en esa bastión enemiga, ¿como decirlo?, no estaba acostumbrada a tanta libertad.


Y que se supino que hiciera todo el tiempo en la tienda de mi amo sin él presente hasta que volviera, eso en verdad era algo que ni mi mente podía procesar tan rápido pero que entendía una cosa, sufriría mas el quedarme que de ir junto a él


Negando con la cabeza y levantarme de la cama solo para ir a su lado y salir junto con él, Amo Gangrel......mi deber es servirle siempre, repetí mirando el camino que ahora tenia como meta el acabar con los problemas que evitaban la conquista de este territorio.
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Mensaje por Gangrel el Vie Ene 11, 2019 1:42 pm

En cuanto movió la tela para salir, un haz de luz penetraría en toda la tienda de campaña. El rey entrecerraría los ojos poco a poco. Sus tropas se estaban preparando, como siempre, dispuestas a tomar lo que una vez fue una república, para convertirla en una nueva colonia de Plegia. Su imperio en construcción.

Tras haber dado la orden según la cual una guarnición debería salir para acompañar al rey, los soldados estaban en movimiento, repartiendo las armas y vistiéndose correctamente para la batalla. Un táctico se acercaría para entregarle un pergamino con la situación escrita del bastión. El rey lo desplegaría con cuidado. Además de haber un mapa bastante detallado de las fronteras del lugar, también se encontraba en él una descripción de la zona.

Una antigua ciudad que fue tomada por los emergidos y cerca de la cual se encontraba un importante refugio de supervivientes. Si obtenían ese apoyo, la toma de Carcino sería algo asegurado. Y al fin podrían ir a Jehanna. La orden era no dañar a los emergidos si no era estrictamente necesario para mantener la concordia, sin embargo, ese día era totalmente obligatorio destruir a los que vivían en esa ciudad. Un punto enclave de máxima importancia con el cual podrían controlar el paso de tropas de un lugar a otro dentro de la república.

Y por supuesto, sus dotes de estratega y liderazgo deberían estar presentes en el campo de batalla para ganar. Y también su concubina, la cual, para sorpresa de Gangrel, había decidido acompañarle. Pensaba que esta decidiría descansar, pero no, ahí estaba ella, como una guerrera más de Plegia. Eso era algo claramente positivo. El hecho de mostrar al mundo una nobleza fuerte y no cortesana crearía rumores sobre la fuerza de la misma, algo que todavía debían demostrar.

Y es que era cierto que muchos de los generales que antaño lucharon como uno más en el frente ahora vivían una vida de excesos, siendo el rey uno de los pocos que todavía seguía yendo al frente y preocupándose por la situación del país.

Al final, llegaría donde se encontraban algunos de sus altos mandos, que se reverenciarían para rendir respeto a su gran y poderoso gobernador y soberano. Por supuesto, muchos ya conocían a Sarah, sin embargo, la ignorarían de una forma bastante tajante. El rey, al ver eso, no pudo evitar lanzar una fuerte carcajada. Al menos no habían hecho ninguna arcada, no estaba mal. Iban mejorando. Uno de ellos se acercaría a ella, con una pequeña caja en las manos en la que se encontraba la cruz de hierro que el monarca le había entregado anteriormente como una muestra de su cargo.

-Bien, con esto ya tienes de nuevo el poder correspondiente para comandar a las tropas por tierra, mi querida princesa –el monarca volvería a echar una ojeada al mapa. Sin duda alguna, las legiones de wyvern serían necesarias para poder tomar con éxito aquella ciudad. Más que necesarias, de crucial importancia- Así pues… Trae a tu montura. Llevaremos a las tropas a la ciudad en breves. Yo dirigiré la situación como siempre…

Y tomaría la victoria para su país. Era su deber como monarca. Así pues, tras dar la primera orden, dio un movimiento de mano para que sus soldados se movieran, mientras uno de sus mayordomos le traía sus armas. Una cantidad inhumana de dagas que se colocaría estratégicamente en las zonas de su armadura preparadas para guardarla, entre ellas, una oculta en la zona de su muñeca. Por supuesto, para un soldado tan dependiente de los combates rápidos y la agilidad, era casi obligatorio ocultar sus armas.

Quedaban escasos minutos para partir. Ya veía un gran movimiento de tropas moverse hacia la salida, montándose en sus monturas y afilando las armas para prepararse. Por supuesto, la conquista tendría que empezar. El caballo blanco del rey le sería traído por un paje. Y Gangrel, como uno más de sus caballeros, se prepararía. Tenía un largo camino que hacer. Pero antes de empezar, quería ver a Sarah. Tenía una orden que darle especialmente importante. Todo era necesario para conquistar aquel país. Hasta las técnicas más sucias debían emplearse.

Así pues, esperó ahí. Esperó con paciencia. Esperó a que llegara aquella joven concubina que era suya llegara con su montura. Al fin y al cabo, lo que le iba a decir era fundamental para tomar aquella ciudad todavía enemiga.
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Jue Ene 24, 2019 10:25 pm

La libertad de poder escoger esa tal vez era de las pocas cosas que en verdad podía decidir por mi misma y tal vez fuese mi ahora ya costumbre pues claramente prefería seguir sirviendo al rey de plegia que a otro de sus generales, en cierto modo estar junto a él me protegía de los demás hombres que yo no quería que inclusive me miraran, por eso me dedicaba a ser util para este hombre y a cambio su sola presencia mantendría a raya a todo aquel ser que intentara siquiera en pensar hacerme algo y mi forma de pagarle era mi completa obediencia y sumisión ante el, pues desde el momento en que Gangrel había dicho que solo el podía tocarme esta se había convertido en una orden absoluta que ningún hombre por estúpido que fuera se atreviera a desafiar tal mandato.



Entregarme a él por completo y entonces obtendría su protección, por esa misma razón había decidió acompañarle a la batalla de nueva cuenta, caminando a su lado viendo como es que se burlaba por la situación y al final aquella cruz de hierro bien pulido regresaba a mi, una vez mas el mandato me era otorgado por el mismo rey para que la misión fuera un éxito, tenia que serlo pues por eso me entregaba tal responsabilidad de poder dar ordenes a otros para que la victoria pasara de ser segura a absoluta, no había espacio para fallos, dudas o pensamientos innecesarios.


Tomando aquella cruz colocándole al rededor de mi cuello como el adorno que estaba diseñado y asentir con la cabeza ante su orden, una misión que ocuparía de mi habilidad especial el montar con mi compañero el cual me permitía volar a su lado y sobrevivir juntos confiando plenamente el uno del otro, retirándome tras haber acabado con sus palabras e ir en dirección a los establos de nueva cuenta no me había separado casi nada de Brego.



Este parecía estar ansioso pues al verme comenzó a relinchar e inquietarse, para así solo dejar escapar una pequeña risa y acercarme para calmarle, Vamos Brego, tranquilo hoy volvemos a tener trabajo juntos y es importante como la ves pasada no debemos fallar, comentaba para obtener aquella calma en el pegaso y así montarle con facilidad saliendo del establo y estirando mi mano en aquella salida donde estaba mi lanza.


Se notaba el movimiento de las tropas la mitad de los hombres ahora estaba marchando a esa bastión enemiga, algo que tampoco tardaría en movilizarme ya que tenia que volver y pedir mas instrucciones para la misión, aquellos momentos de total soledad eran los que me dejaban pensar con claridad, donde llegaba a pensar en todo por lo que había pasado para llegar hasta ahora donde yo me encontraba.


Un camino lleno de problemas y batallas que no parecía tener fin sin embargo me sentía mucho mas a gusto con las decisiones que ahora tomaban al rededor mio, desde aquella vez escuchaba como se quejaban de plegia y su conquista sin embargo cuando algún aldeano me trataba de cuestionar simplemente les recordaba que ahora no tenían por que preocuparse de morir de una forma cruel y violenta, si prefería estar de esa manera y asegurar un lugar en donde los hijos lloraban por sus padres a una edad de mas de 20 o 30 años que en vez de estar llorando su perdida desde los 5 años o menos sin siquiera haberles conocido.




¡Amo!, ¡¡estoy lista para servir!!, no tenia mas dudas era hora de combatir por aquello en lo que ahora si podía creer aunque el resto del mundo lo marcara como malo eso para mi era lo que en verdad garantizaba el que me sintiera cómoda, tras reportarme y cabalgar a su lado en lo que las tropas se movilizaban esperando a sus ordenes las cuales me ocuparía que cada soldado las cumpliera con extrema exactitud.
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Mensaje por Gangrel el Sáb Ene 26, 2019 7:04 pm

Sarah era adorable. Por sobrevivir había sido capaz de vender su cuerpo y alma al rey. Y él lo aprovechaba cada segundo que pasaba. La utilizaba como quería y para lo que quería. Y aun así, cada vez la apreciaba más. Se había convertido en la preferida del rey en todo palacio. Su fuerza y utilidad la volverían una buena candidata a reina, bien vista por la plebe porque sus orígenes eran inciertos. La relación tampoco estaría tan mal vista internacionalmente, incluso habría quienes dirían que era algo positivo porque Sarah venía de Ylisse. Parte del plan de Gangrel, por supuesto, pasaba por la propaganda. Y qué mejor forma de traer a la élite del mundo a Plegia que con una boda, aunque no fuera por amor verdadero, por todo lo alto.

Y es que en el fondo aquello era un verdadero contrato entre ambos. Ella le daba su cuerpo y él le daba la mejor vida que una mujer podía imaginar en aquella época. Absolutamente la mejor. Sin responsabilidades más que las que ella misma decidía tomar, como aquella. En el fondo, no tenía que obedecer órdenes más que las de los altos cleros, y muchos de ellos ni se la acercaban por temor a lo que Gangrel pudiera decir si les veía cerca. Es decir, que aquella mujer tenía mucho más poder de lo que muchos jamás podrían aspirar aun con una vida de dedicación a la corona. El único caso de favoritismo en toda la historia del gobierno de Gangrel, que ya se prolongaba por casi dos décadas.

Verla a su lado, colocándose la cruz de hierro en el cuello, hacía al rey esbozar una extraña sonrisa. Y es que solo ella conseguía hacer que el rey dibujara ese gesto en su rostro sin parecer macabro u oscuro, como solía ser siempre. Y por eso mismo, le toleraba que tardara en prepararse, cuando un soldado ya debería tener la montura y estar en el cielo entrenando para el ataque. Por eso mismo, consentía que esta pudiera tocarle, lo cual era un privilegio que pocos poseían. En lo que iba de año, solo ella y la princesa Elise (esta porque básicamente se le había abalanzado encima) habían tenido el privilegio de poder tocar directamente el cuerpo del rey. Y si ya contábamos el número de personas que tocaba él, si bien el número aumentaba, seguía siendo inferior a la docena. Eso demostraba a cualquiera lo mucho que apreciaba el rey a la fémina de cabello negro.

Y por eso mismo, una vez la escuchó volver a su lado, lo primero que haría sería acercarse poco a poco con su noble y majestuoso corcel blanco a ella. Gracias a que ambos estaban montados en sus respectivas monturas, le era fácil mirarla. El rey posó una de sus manos sobre la mejilla de la joven, acariciándola cálidamente para luego dirigirse al pelo, que también acariciaría con lentitud, disfrutando del tacto del mismo. Suave y cuidado, liso y simplemente, perfecto teniendo en cuenta lo mucho que esta luchaba. Y eso era algo que verdaderamente la volvía atractiva a sus ojos, por encima del más que innegable físico que ya de sí poseía.

-Nunca me había fijado en tus ojos con la suficiente atención –declaró el rey tras unos segundos en completo silencio- Son como dos zafiros

Y es que lo decía en serio. Contrastaban con su mirada asesina. Proporcionaban calma en su loca mente. Una mente inestable, que cambiaba tanto como el mar lo hacía. Momentos así, tan escasos como lo eran en su vida, le servían para clarificar las ideas. Ordenarlas y saber cómo actuar correctamente. Por supuesto, nunca moralmente. Pero sí pragmáticamente. Era la misma sensación que tenía cuando rezaba. Y esta la había empezado a desarrollar tras las primeras batallas junto a la joven. El anterior sentimiento que notaba aflorar en él había hecho de las suyas, y así, sin hacer demasiado, Sarah había conseguido los avances hechos hasta ahora en su relación con el rey. Mucho mayores a los que algunos sacerdotes todavía intentaban, por cierto.

-Pero ya me fijaré más en ellos cuando volvamos a casa y tengamos la fiesta de recibimiento por todo lo alto –dijo el rey, volviendo a su tono habitual mientras movía el caballo para desplazarse hacia el frente. No era momento de absurdos sentimentalismos- ¡Marcha al cielo, Sarah! Tus aliados sabrán la ubicación de la ciudad a la que vamos. La infantería y el apoyo terrestre llegará en breves, no te preocupes por ello. Destruiremos todo lo que se ponga en nuestro camino
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Dom Feb 10, 2019 7:00 am

Con solo mencionar aquello pude notar que este se acercaba a mi, una ultima nota o quizá solo un recordatorio de lo importante que era mi papel, si no podía ser otra cosa, sin embargo en todo mi tiempo junto a este hombre por mas que me esforzara en poder adivinar su movimiento este hizo unas cuantas caricias algo dentro de lo normal mas sin embargo su comentario fue algo que ni en otra vida esperaba a escuchar.



Un cumplido hacia mi persona de manera especifica de mis ojos los cuales en su tiempo llegue a compartir también con mi madre, todos aseguraban que yo tenia un color mucho mas profundo que parecía gustar, si zafiros esa descripción la había oído antes, no pude ocultar mi sorpresa por aquellas palabras, en verdad que habían salido de la nada y aunque eran palabras agradables y bien recibidas esa sorpresa no terminaba de caer por completo.



Sin dudas, el solo necesitaba dar la orden y le dejaría mirar mis ojos cuanto quisiera pero ¿a que se debía esto?, esa aclaración suya, sin importar cuanto me esforzara no tenia palabras para responder, simplemente nada salia de mi garganta, este dio su orden y se aparto del camino yendo como si nada hubiera pasado.


Pues eso mismo, ese algo que había pasado solo paso en ese momento y aunque fue corto comenzaban a apreciar esas palabras, ver como es que este se retiraba viendo solo su espalda la cual se movía a la velocidad de su montura, Es Jane......, susurre entre mis labios para asi llevar los dedos indice y corazón directo a la cruz de hierro sintiendo ahora un tipo de responsabilidad diferente.



¿Señora?...., unas palabras de un subordinado pues seguía sin moverme, pero que rápidamente conteste con seguridad pues ahora tenia que cumplir la misión y  nuevamente ser de utilidad para ese hombre al cual llamaba amo, Guie el camino soldaldo, ya vamos retrasados y tenemos que reunirnos con las tropas, seremos lso primeros en ejecutar los deseos del rey .



Miraba a ese soldado con frialdad para ver como este empezaba a elevarse y tomar dirección hacia los demás dentro de nuestras unidades aéreas algo que tras pocos segundos ahora me encontraba a su lado pues la velocidad de Brego me permitía alcanzar y rebasar a estos soldados en comparación lentes pero que claro no me atrevía a dejar solos, sentir el aire sujetándome firmemente a mi compañero alado mirando constante mente hacia atrás para asegurarme de que seguía en compañía de esos soldados.



Faltaba poco para entrar en batalla, se podía sentir en la atmósfera algo que dude en calmar como palabras directas, Por algo están aquí, por que cumplen ordenes, por que saben que esto se tiene que hacer, que grima les juzgue y perdone pues nosotros solo seremos los que den el privilegio de conocer a nuestro rey y su fuerza!.


Terminaba por comunicar mientras preparaba mi lanza pues en cuestión de segundos todos nos lanzaríamos en un ataque masivo el cual ya estaba coordinado con las ordenes del Rey.
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Mensaje por Gangrel el Dom Feb 10, 2019 8:07 am

Ni él sabía de qué lugar de su mezquina y oscura mente había salido aquel cumplido. Era tan extraño que no lo comprendía. Tan habituado como estaba en ser frío e indiferente con todo el mundo, el hecho de poder mostrarse verdaderamente amable era algo que le extrañaba. Agradable, pero esperaba que nadie a parte de sus generales hubiera visto eso. Y por lo que veía en el rostro de estos, estaba claro que ni ellos se lo esperaban. Solo tenía que girar un poco la cabeza para ver que todos habían dibujado con su boca una gran “o” de asombro. Era algo totalmente insólito. Y quizá no lo volverían a ver en años. Podían decir con orgullo que habían visto que el terrible líder de Plegia tenía corazón. Aunque fuera un poco.

Pero sin decir nada más, había empezado a ir con los suyos, cabalgando en su noble y poderosa montura. El ritmo en el que lo hacían era tremendamente rápido, mucho más de lo que deberían hacer las unidades de caballería, pues debían ponerse en el frente y las tropas ya se les habían adelantado.

En ese tiempo, el rey estaba totalmente en silencio. No daba crédito a lo que había hecho. Ni él, ni ninguno de los nobles guerreros que le acompañaban. Solo cuando pudieron reducir el ritmo al conseguir adelantar al grueso del ejército uno de ellos abrió la boca para decir algo al que en apariencia era terrible monarca.

-¿Os encontráis bien, mi señor? No habéis hablado desde…

Gangrel alzó una mano para hacer que aquel insensato cesara su intento de animarle. La mirada de odio y maldad que había creado en un segundo contra él ya era toda la respuesta que se necesitaba. Estaba totalmente bien, claro quedaba. El silencio era su única respuesta a ese comentario, tan poco pragmático e innecesario antes de entrar en batalla.

-Céntrate en lo que tienes delante

Esa fue toda la respuesta del monarca. La taberna estaba totalmente rodeada por emergidos que parecían sitiarla, sin darse cuenta de que ahora tenían un problema detrás en forma de un ejército que los doblaba en tamaño sin ser ni siquiera una décima parte de todo lo que tenía Plegia en la zona. La infantería era lo que imperaba por completo. Su idea era lanzar un solo ataque en un flanco con todo y cuando estuvieran en el centro, atacar por todos los lados, mientras la caballería aérea rodeaba a los emergidos por los lados, encerrándolos así mientras ellos pensaban que quienes habían quedado en mal estado eran los soldados a pie de Plegia. Una táctica de engaño que funcionaría además por las nuevas tácticas que tenía la infantería.

Lanzas. Esa era la clave de todo el plan. Usar la formación típica del tercio para poder destrozar a los enemigos mientras estaban protegidos por miles de picas de gran tamaño, mientras los magos dispararían sin compasión sus hechizos desde el interior de aquel lugar. Todo estaba pensado y sabía que su plan no iba a fallar. Sus tácticas estaban strozado Manster por completo, y en Carcino por el mismo camino iban. Todo estaba preparado para dejar con la boca abierta a los estrategas emergidos, los que habían conseguido destruir el mundo completo. No había mejor general en la faz de la tierra que él, y lo iba a dejar muy claro. El hecho de ver a las tropas aéreas acercarse era la clara señal de poder empezar. El rey sonrió, mientras uno de los escuderos cercanos le entregaba la bandera de Plegia, que consistía únicamente en su escudo real. La alzaría con solemnidad antes de empezar a hablar, el típico discurso que daba previo a la gran batalla.

-¡Gentes de Plegia! ¡Soldados, hermanos de armas! ¡Que las tropas marchen de la capital al resto del mundo! ¡Con la toma de este lugar, si bien muchos podemos llegar a morir, estaremos un paso más cerca de ser señores y soberanos del mundo! -descabalgó de su montura, la cual tomaría rápidamente el mismo escudero, mientras daba unos pasos al frente para clavar con furia la bandera en el suelo de aquella tierra que en breves sería suya-¡INFANTERÍA, AVANZAD CON TODO AL FRENTE, QUE LA CABALLERÍA ATAQUE POR LOS LADOS! ¡DEBEMOS LIBERAR ESTE PAÍS Y HACERLO NUESTRO, MIS CAMARADAS! ¡GRIMA SALVE A PLEGIA!


Y sin más palabras, el gran grito alzaría e inundaría el aire. Como si fuera un himno, el “Grima Salve a Plegia” haría que los emergidos se giraran, dándose cuenta de lo que estaba ahí preparado. Y sin más, las tropas saldrían en tropel y sin una organización fácil de analizar a primera vista contra el frente, con Gangrel entre ellos.

Muchos les llamarían monstruos. Pero el plan era tan perfecto que no iban a fallar. Nada más vieron que los emergidos respondían imitándoles, las tropas se agruparían en cuadros de soldados que alzarían sus lanzas, empalando así a todo emergido y caballo de estos que se les acercara, mientras los magos hacían su oficio empezando a lanzar miles de hechizos que rápidamente inundaron el aire con fuego, rayos y magia oscura.

-¡POR EL REY, POR PLEGIA! -estando protegido por sus lanceros, Gangrel podía alzar la vista para mirar al cielo. Y entre los wyverns que tenía su país, encontró a una sola jinete de pegaso- ...Por ti


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Mensaje por Sarah J. Belfast el Vie Feb 15, 2019 12:41 am

La estrategia la cual se me puso al corriente durante el corto trayecto fue suficiente para saber cual era mi papel, faltaban segundos para que el ataque iniciara y no tenia siquiera algo para decir, algunas palabras de animo, que aunque poco efectivas fueran al menos a los mas dudosos pondrían en su lugar para que estos no presentaran mas problemas durante la batalla. 

Sin dudas nuestra fuerza alada mostraría la efectividad en combate así como el cumplimiento inmediato de las ordenes a dar, desde el aire se pudo ver como es que nuestro rey plantaba la bandera de Plegia sobre tierra que pronto seria reclamada por nuestro reino solo teníamos que terminar con esta bastión enemiga, las tropas empezaban a caer en la trampa o mas bien en la carnada pues un flanco estaba descuidado. 


El grito del rey no era audible mas sin embargo todos sabíamos que había gritado,  algo que no dejaría pasar para que todos bajo mi comando también hicieran lo mismo que las tropas del rey gritar lo mismo. ¡¡¡¡Por Plegia!!!!, al unisono escuchaba los gritos detrás mio viendo el éxito para así empezar a caer en picada bajando la velocidad para dejar que dos unidades se adelantaran a mi y abrieran el paso a esa puerta tan grande con su embestida solo para atravesar en medio de ellos y así reclamar al primer emergido atravesando su cabeza con la punta de mi lanza. 



Ya saben que hacer, barran la zona y eliminen a los tiradores antes de que intenten atacar a nuestra fuerza de ataque, ordenaba mientras sacudía mi lanza para des hacerme de l resto de sangre para así volver a volar buscando aquellos puntos estratégicos que se marcaban como puntos de concentración y estos en verdad estaba distribuidos por las zonas aparentemente acordadas. 


Las torres donde los tiradores comenzaban a acumularse para hacer un contra ataque con sus lluvias letales que pronto apuntarían a nuestro ejercito, ¿la orden?, destruirlas a todo lugar,  entre cuatro o mas wyverns se juntaban para demoler las torres de piedra claramente atacando sus cuatro puntos vitales para que esa torre siguiera en pie, por mi parte el encontrar una torre completamente de madera era algo mas fácil y muy conveniente pues era la que mas estaba cercas de hacer su ataque a las tropas del rey. 



Volar hasta la punta de esta para robar una antorcha no sin antes reclamar la vida de los enemigos que se preparaban para disparar y asi volver a bajar y lanzar dicha antorcha en la base de esta donde mas material para quemar había paja y demás materias las cuales eran muy susceptibles a arder rápidamente. 


En cuestión de minutos aquella torre caía como un castillo de naipes ardiente claramente dejando ver a los enemigos que salían del fuego corriendo para solo morir unos cuantos metros lejos de la torre derrumbada, la primera parte esta completa, sin dudas miraba hacia donde se encontraba el batallón central esperando a ver la señal de lo que seria la segunda parte para conquistar y reclamar esta base como parte de Plegia.
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Mensaje por Gangrel el Vie Feb 15, 2019 12:47 pm

Su misión era luchar. Y dirigir a los Tercios. Pero tenía claro que en ese momento había algo que le entretenía mucho más que lo otro. Desde las campañas en Manster se había vuelto mucho más fuerte. Y se lo dejaría claro a los suyos. Ya no solo era buen orador. Poco a poco, si bien todavía seguía siendo mucho más débil físicamente hablando que quienes luchaban cuerpo a cuerpo, se volvía poderoso. Sabía mejor que nunca dónde lanzar sus dagas para desarmar a los rivales. Y cuando alguien caía desarmado… Solo era cuestión de tiempo que los hachazos acabaran con su vida. Esa era la misión de quienes se encontraban en el Tercio y no llevaban lanzas. Confundir a los rivales para que acabaran clavados contra los metales de los suyos. Esa, si bien no funcionaba siempre, servía para rivales como los emergidos, y mucho más útil era el hecho de no tener que preocuparse por arqueros gracias a los movimientos de las unidades aéreas. Eso hacía que los contrarios cayeran como moscas frente a la formación plegiana. Muchas muertes se contaban en el bando rival, y es que ni la infantería, que era la forma más eficaz de acabar con la infantería normalmente, podía hacer nada contra un Tercio. Una técnica maestra para quienes no la conocían. Es decir, que Plegia… Tenía cierta ventaja añadida contra cualquier ejército.

Por eso mismo, el frente principal cayó en cuestión de segundos. El plan debía seguir de esa forma para poder terminar impolutamente. Al fin y al cabo, la principal preocupación era perder tropas. Y en todo lo que llevaban, no había visto a absolutamente nadie caer. Eso era positivo. Y también era positivo saber que todas las flechas, dagas y hechizos plegianos daban en su objetivo. También los suyos lo hacían, clavándose ágilmente en la frente y cuello de los enemigos para permitir que las lanzas los empalasen mejor. Era una lluvia constante que acababa destruyendo todo lo que había frente a él. Un ataque dirigido y ejecutado por el rey más simplemente mezquino de todos. Y evidentemente, esa maldad propia del emperador de Plegia se reflejaba en todo. Era hasta cruel ver lo indefensos que quedaban los emergidos frente a la estrategia plegiana. Atacados por todos los flancos, incluso desde arriba.

El ver cómo los enemigos se dispersaban tras la caída de algunos de los torreones era una fantástica noticia. Significaba que habían ganado… A ojos de un estratega normal. Pero no en los de Gangrel. Sí, no habían emergidos. Las bajas eran mínimas (a duras penas veía más de dos o tres cadáveres en el suelo de los suyos) y los heridos eran también mínimos. Sarah parecía pensar así también. Los soldados que tenía cerca, al verla, decidieron sentarse y descansar, tras lanzar los correspondientes gritos de júbilo. Pero ahí nadie había preguntado si el rey opinaba que todo aquello había cesado o no. Y claramente. Para él no.

Posó una de sus manos en el muslo de la joven, acariciándolo con suavidad mientras le dedicaba una sonrisa totalmente carente de emoción alguna, más que la frialdad que le caracterizaba.

-Qué ingenua que eres. Casi medio año a mi servicio y todavía no sabes que esto no es todo…

No pudo evitar sonreír. Lanzó una de sus dagas a lo que parecía ser la nada, pues la neblina tan característica de Carcino no permitía ver demasiado. Pero sabía perfectamente a dónde estaba lanzando. Lo había escuchado. Un emergido rezagado. La daga del rey caería sobre la pierna de este, y un soldado remataría al pobre desgraciado antes de que Gangrel pudiera tan siquiera dar la orden.

-Hay una taberna. Llena de supervivientes. En las cercanías. Vamos a ir a ella y liberarla. Son futuros ciudadanos del imperio, al fin y al cabo. Baja del caballo. Iremos tú y yo junto algunos soldados a pie. Si vamos en tropel llamaríamos demasiado la atención de los emergidos supervivientes, y eso no es útil. Los nuestros se encargarán de preparar la base para su futuro uso como parte del imperio plegiano, no te preocupes por ello -la mano del rey se separaría del cuerpo de Sarah en ese momento, pues el oscuro monarca ya empezaba a caminar al frente- Hazlo de ti misma. Te será más útil
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Jue Feb 28, 2019 4:28 am

El plan del monarca había salido nuevamente bien, todo marchaba al pie de la letra, por en mi descuido el bajar la guardia causo que los soldados al rededor mio también se relajaran, si bien no había dado una orden de descanso mi acción bien se prestaba a que eso sucediera y por eso mismo tras llegar el rey este dio su comentario del cual se podía escuchar la decepción.



Mis disculpas amo, sus ordenes son mi único mandato, jamas me tomare la libertad de adelantarme a usted jamas.

Afirmaba para solo ver como este mismo evitaba que un emergido atacara incapacitando a este solo para ser ejecutado por un soldado cercano el cual también reaccionaba de manera rápida, era la hora de proseguir con el plan y el que el rey ordenara tal cosa no era mas que comprensible y todo esto con una sola mano pues la otra se mantenía ocupada al tener un tacto directo con mi pierna hasta hace poco.


Acariciar el cuello de mi montura y así bajar tomado aquella lanza la cual podía notar comenzaba a desgastarse, por el uso continuo y poco cuidado que le daba a esta herramienta, era hora de seguir las ordenes y por eso mismo dar un pequeño trote para lograr alcanzar al rey quien con cada paso obtenía un nuevo soldado detrás suyo.


Esta niebla tan rara sin duda era algo muy fuera de lo normal pues a pesar de que era el medio día esta no rompía hasta parecía que inclusive tratara de tomar fuerza, la atmósfera del lugar tenia mucho que ver tal vez, no era algo de lo que quisiera indagar pero si que para algunos menos preparados mostraría ser una gran desventaja.


El liberar aquella taberna llena de supervivientes mostraría un gran acto de virtud para que al final no hubiera dudas sobre si pertenecer o no al imperio de Plegia, de no ser asi al final solo se tomarían las vidas necesarias para lograr que nadie se opusiera a la voluntad del rey gangrel y de Plegia, ya estaba acostumbrada a eso pues yo misma habia sido la encargada de convencer a los aldeanos para que cedieran sus tierras, ahora seria mejor pues solo necesitábamos rescatarlos y eso seria suficiente para que mostraran su gratitud dejándose gobernar por un gobierno estable.
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Mensaje por Gangrel el Jue Feb 28, 2019 3:58 pm

Su querida concubina y él en una taberna. Qué irónico. Eso le traía recuerdos de su juventud… Más o menos de cuando tendría la edad de esa joven jinete pegaso que tan desgraciadamente para ella había caído en sus oscuras garras. Con esa edad, él estaba en las tabernas, haciendo discursos y preparando el gran golpe de estado para poder conquistar la dividida y quebrada Plegia, convirtiéndola en una nueva monarquía mucho más fascista pero organizada que la otra. Dulces recuerdos que le traía la juventud de su concubina y compañera de batallas… Demasiado dulces hasta para él. Tal vez se estaba volviendo viejo. Tal vez al final sí iba a resultar que poseía corazón y podía sentir algo más allá del odio hacia aquello que él tachaba como estúpido.

La salida de tal vez cientos de antiguos habitantes de lo que fue una vez fue una república era lo que le resultaba francamente más preocupante. Debería calcular los gastos en ellos. Obvio era que por misericordia debía darles ayuda humanitaria. Pero hasta que pudiera declarar como suya aquella fracción del mundo, posiblemente los haría trabajar como esclavos a cambio de comer. Luego proclamaría leyes en pos de ganar más popularidad.

Él mismo dio la orden. Todos esos civiles debían ser llevados al campamento más cercano y a poder ser, darles atención médica a los más necesitados. Y luego pedir ayuda a quienes “voluntariamente” quieran ayudar al gobierno plegiano en la “liberación” de esas tierras. En pocos minutos, se quedaría a solas en la sala, con la única compañía de Sarah. El rey de Plegia miraba con tranquilidad a la contraria buscando palabras que decir.

Se encontraban en una pequeña taberna que otrora fue algo glorioso. Pero el tiempo y lo que soportó bien habían jugado en su contra. Los tablones de madera crujían al caminar. La poca luz que entraba, al estar las ventanas tapiadas, no era suficiente como para dar suficiente iluminación, lo que era suplido con pequeñas velas que se encontraban en la barra en la que alguna vez se sirvieron cervezas y hubo alegría. El rey suspiró. Un ambiente que muchos tacharían de romántico. Pero él no lo era. Todo lo contrario.

-...Al fin intimidad, querida mía. Llevábamos meses sin un poco de esto… Y en especial mi persona… Pues qué bien...

El rey sonrió, acercándose al lugar donde por experiencia sabía que se solían guardar los refrigerios y la bebida en los locales de esa índole. Poco quedaba en ellos. Es decir, que si sus tropas no hubieran llegado, posiblemente esos campesinos hubieran muerto de hambre. Solo un poco de carne seca y botellas de oscuro vidrio que más que seguramente almacenaban un líquido alcohólico que el rey conocía de sobra. Sacaría una de esas botellas y un poco de carne seca, que parecía ser cecina. Se mantenía irónicamente en buen estado, pero al fin y al cabo para eso se solía deshidratar ese tipo de alimentos. Los dejaría en una pequeña mesa circular en la que todavía quedaban dos taburetes en un estado más o menos decente. En sus labios había algo que solamente solía ver ella. Una sonrisa, sí, pero no cualquier tipo de sonrisa. Una sonrisa cálida y con algo de sentimiento, lo que era tremendamente inusual en él. Se sentó, haciendo algo también extravagante en su figura como rey. Invitarla a sentarse a su lado.

-No es la comida más romántica del mundo, ni el mejor festín que puede dar un rey a sus generales, pero… Querida mía… He de decir que esto no lo he hecho en mi vida con ninguna mujer. Deberías sentirte halagada. Y ahora, comamos. Considéralo una pequeña recompensa por tus ayudas en el día de hoy. Y… Creo que antes de irme del campamento me habías dicho algo, querida mía, en una especie de suspiro. Los ladrones tenemos fama de tener buen oído. ¿Puedes repetírmelo?
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Dom Mar 03, 2019 2:26 am

El mismo Rey abrió esa puerta, el pánico en el que entraron los ciudadanos refugiados dentro de aquella taberna, con tan solo escuchar los gritos de desesperación, ver como es que comenzaban a culparse por que habían sido descubiertos mas todo eso cambio tras ver como es que esta nueva cara ofrecía ayuda, para sacarlos de ese lugar.


Todo ese revuelo de antes que se había encendido como fuego ahora se apagaba del mismo modo, mostrando cierto alivio en el rostro de todos los habitantes, la cantidad de gente que salia de las sombras fue lo que tal vez sorprendió a todos pues en verdad parecía que en ese cerrado espacio habían encontrado la forma de ocultar a todos los habitantes.


Ver como es que agradecían era tal vez uno de los alivios mas grandes, ver a esas familias agradecer me hacia recordar lo que yo ya no tenia, una huérfana que había perdido todo tras la invasión de los emergidos, al menos estos niños que salían tenían todavía a sus padres y por eso tenia que ser ya agradecidos.


Me sentía conforme, me sentía satisfecha de haber logrado tal cosa, de lograr que esos niños tuvieran un motivo para seguir sonriendo, todo había salido acorde al plan como se planeaba y seguramente Gangrel ya pensaba en como ayudar a los aldeanos, en como utilizarles para que estos se ofrecieran solos ante la necesidad, eso ya era característico de él.


A donde el iba yo también le seguía y el optaba por quedarse en aquel lugar ahora ya vació, escucharle su alivio era significado de que este buscaba esa intimidad y por supuesto no negaría nada que fuera su deseo,  hacia mucho tiempo que el pensar en si quiera negarme a algo había desaparecido de mis ideas, pues en verdad le seguía debiendo su protección, prefería mil veces seguir sirviendo le a él que a otro hombre.

Ahora podia ver todo, desde el primer dia su sonrisa algo extraña hasta ahora que mostraba una sonrisa mas natural y cálida, una que estaba segura no llegaría a ver en él sin embargo no despreciaba esto, al contrario en verdad sentía que corría con suerte de ver tales rasgos en el hombre que me había ofrecido ser su concubina.

Que mi amo Gangrel prepare algo para ambos ya es algo de agradecer, muchas gracias por su esfuerzo amo, asentía con la cabeza para así tomar mi lugar al lado suyo también teniendo un leve momento de sorpresa pues este había alcanzado a escuchar parte de mi deseo sin embargo claramente lo había dicho muy tarde como para que él escuchara.  


Poseo un segundo nombre.....Jane es el nombre que mas aprecio tengo y que solo mi familia usaba conmigo, amo......deseo que solo usted me llame con ese nombre de nuevo, quiero que solo usted me llame por ese nombre.

Aclaraba tras así tomar aquella botella de oscura bebida para destapar y ofrecer el primer trago al hombre a lado mio, al amo que solamente yo servia.
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Mensaje por Gangrel el Dom Mar 03, 2019 12:01 pm

...Entonces se llamaba Jane. Interesante. Bien era cierto que en ningún momento de su convivencia el rey se había preguntado qué ocultaba esa J con la que Sarah decoraba su nombre, pensando que se trataría de algo simbólico o simplemente estúpido. Al fin y al cabo, a ojos del monarca un nombre se reducía a una forma que tenían los humanos de identificarse y poder diferenciarse entre ellos, obtener individualidad. Un buen tema a tratar en un libro de filosofía. Al fin y al cabo, esa mujer se había convertido en su musa desde hacía meses. Hasta sus libros habían cambiado desde que la conoció. Como si la llama misógina que siempre ardía en la fragua de su corazón se fuera apagando poco a poco.

La voz de esa misma fémina le hizo poder escapar por un momento del laberinto que era su mente para volver al mundo de lo tangible. Tan ensimismado como lo estaba siempre en sus pensamientos, constantemente solía olvidarse de que además de una mente tenía un cuerpo al que la gente hablaba. Bueno… Ella había sido sincera al darle a alguien como él su nombre… Debería devolverle el favor.

-Muy bien, querida. Entonces… Yo te llamaré Jane, pero a cambio tú deberás dirigirte a mí como Gangrel. Nada de señor o amo. Solo Gangrel -sentado sobre aquel antiguo taburete y mirando fijamente a los ojos de la fémina, le entregó uno de los mayores privilegios de ese país. Poder dirigirse a él con su verdadero y único nombre- De ahora en adelante esa debe ser tu forma de hablarme, Jane

Observó con calma cómo la joven le tendía aquella botella de cerveza. Sonrió por unos segundos antes de tomarla, pensando si era prudente beber o no. Al fin y al cabo, un estratega debía estar cuanto más lúcido mejor. Pero qué más daba. La misión estaba terminada. Y no iban a tomar otro objetivo ese día. No tenía ganas para ello. Tomaría por el cuello aquella botella para dar un rápido trago, sin a duras penas colocar los labios en la boca.

El amargo pero conocido sabor del lúpulo y la cebada inundarían la seca garganta del rey. Y con el alcohol, vendrían recuerdos de una vida pasada. Recuerdos de su infancia y juventud, en las humildes calles de la capital. De sus primeros amoríos y de las clases con un clero grimante que sin afán alguno le ayudó a sobrevivir. Siempre había cerveza de por medio. En los discursos, en las preparaciones de su golpe de estado. Absolutamente siempre utilizaba alcohol, desde una edad demasiado tierna. Y sin advertencia alguna, se levantaría, devolviendo la botella a Sarah por si ella también quería probar aquella dulce ponzoña.

Algo estaba volviendo a su alocada cabeza. Un fugaz recuerdo de la juventud. Un cántico que él y sus más fieles generales cantaban en honor a su dios, a Grima todopoderoso. Sin advertencia previa, tomaría a Sarah por la mano, llevándola al centro de aquel abandonado local y luego tomarla por la cintura de una forma pícara y confiada, para luego empezar a bailar en pequeños y lentos círculos entre ambos, para que la contraria pudiera seguir su ritmo. La normalmente severa y candente voz del rey cambiaría. Dulce, entonada, aflautada, para intentar imitar el ritmo de los instrumentos con los que esa canción se cantaba.

-Sierpes flamígeras descienden... Desde los bosques hasta los valles… Portando antorchas estivales... Perpetuando el viejo culto.

¡Vivid el festejo que las llamas dan al sol, que el verano traiga su calor! Atrás queda el frío del invierno, arraigará la semilla que ya se sembró. ¡La gente reunida alrededor de aquel fulgor! Que las llamas cumplan su misión, ¡portad en las manos las antorchas por las largas jornadas que verán tras hoy!

¡Vivid el festejo que las llamas dan al sol, que el verano traiga su calor! Atrás queda el frío del invierno, arraigará la semilla que ya se sembró. ¡La gente reunida alrededor de aquel fulgor! Que las llamas cumplan su misión, ¡portad en las manos las antorchas por las largas jornadas que vendrán con el calor!


Llevaba más de quince años sin cantar, mucho menos bailar. Y por primera vez en tanto tiempo, el rey permitió que alguien le viera así, aunque fuera una sola persona. Una alegría que obviamente desaparecería nada más volvieran al campamento. No podía permitirse que le vieran así. Pero ahí estaba, con aquella mujer (¡una mujer! Para más redundancia recordar lo que pensaba de ellas antes de haberla conocido) bailando y cantando algo que no fuera el himno de Plegia.

Pero siempre pasaba. Siempre que él era feliz, algo tenía que llegar ahí para arruinarlo todo. Entre vuelta y vuelta de baile, el monarca vio algo. La puerta del local estaba abierta. Cuando él la había cerrado para estar a solas con ella. Alguien había entrado. Y su afinado oído escuchaba pasos. A la espalda. Entre las sombras. Cada vez más cerca de ellos. Y concretamente. Más cerca de Sarah. Solo un ladrón como él podría percatarse de pasos así… Pasos que solo podía dar un igual a él.

Lo que hizo a continuación fue casi instintivo, no compasivo. Instintivo, como un hurón que se abalanza contra su presa. Empujarla a un lado, desenvainando su daga con furia y dirigiéndose a la oscuridad con furia. Ahí estaba. Un emergido, el cual fue rápidamente atravesado por la daga del terrible monarca a la altura del cuello.

Sin embargo, algo fue mal. Y por primera vez, el rey conoció el dolor. Una herida en su abdomen. Una herida en su cuerpo, en él, que era Gangrel todopoderoso, por haber sido bárbaro y no haberse escudado en cualquier cosa como hubiera hecho normalmente, aunque ese algo fuera Sarah. El emergido había muerto en el lance. Gangrel cayó al suelo de rodillas, llevándose la mano a la pieza de armadura que había sido destruida por la daga emergida. No era un corte profundo, mucho menos letal. Pero él llevaba décadas sin sufrir daños de ningún tipo.

Un alarido de dolor se escaparía de sus labios. Debían llegar rápido al campamento. Solo ahí habían curanderos.

-Mierda -murmuró el rey, mientras se apoyaba en una mesa poco a poco para levantarse, todavía con una mano en su herida- ...Necesito ayuda ya. Volvamos. Jane. Volvamos… Rápido

Otro humillante alarido. Pero poco le importaba. Esa herida era una deshonra a sus ojos. Pero para sus soldados sería un héroe. Y más importante. La misión quedaba oficialmente concluida.
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Mensaje por Sarah J. Belfast el Lun Abr 01, 2019 9:25 pm

Mis deseos de volver a escuchar mi segundo nombre por solo el rey de plegia, me hacia enterarme de aquel cariño que ahora era consciente tenia hacia él, pese a saber de las cosas que el era capaz de cometer pero que sin duda había tenido la fortuna de ser lo que el esperaba, tal vez aquella sumisión fue lo que me había dado la pequeña posibilidad de lo que ahora era capaz de comprender.


Sin duda mujeres con inclusive mejor cuerpo al mio había en plegia sin embargo Gangrel había optado por mi, ante todas ellas, tenia entendido de que incluso alguna que otra deseaba aquella vida a la cual ahora yo me entregaba sin rechistar, servir todas sus exigencias y comando sin ponerlo a duda o cuestionarle en sus decisiones.


Era por ella tal vez que ahora presenciaba un lado que claramente podía asegurar era la uncia en disfrutar de aquella interpretación del rey cantando el himno y bailar juntos por esa misma voz entonada de Gangrel, escucharle en silencio y observar nuestra danza sin duda era algo especial, entre vuelta y vuelta alcanzaba a ver los lugares del local, las ventanas la barra de servicio la puerta abierta.


¿La puerta abierta?, pensando mas a fondo y recordando lo sucedido en ese instante en el cual llegaba a pensar que el mismo rey nos dejara encerrados específicamente viendo el momento en mis memorias de como es que él, suspiraba por tener la un momento a solas juntos, ser interrupida de mis recuerdos por el empujón de mi amo dando a parar al suelo de tablas rechinan tes aterrizando sobre manos y rodillas sintiendo un leve dolor en estas cuatro extremidades.


Voltear con rapidez y ver a Gangrel apuñalando a un emergido, era claro alguien se había colado  y tras ese encuentro el ver a Gangrel caer de rodillas también me puso nerviosa sintiendo un escalofrió en todo el cuerpo escuchando aquel grito de dolor por parte del monarca.


Mi.......A.....Sangre¡......si al campamento debemos de llegar....., acercándome al rey para asi tratar de ayudarle a reincorporarse viendo aquella herida que aunque carecía de profundidad o de letalidad me seguía sintiendo culpable de ser un estorbo inclusive de no ayudarle a que saliera ileso.


Tomando aire para asi silbar con fuerza pues sabia que con ese llamado mi compañero se presentaría justo en la entrada, y con solo abrir con cuidado aquel umbral de luz viendo aterrizar a BRego justo enfrente del local.


No se preocupe por dirigir a Brego....el sabe los caminos al campamento., aseguraba para dejarle montar primero y que este pudiera sujetarse del corcel y su pelaje en el cuello, por mi parte subirme detras suyo y tomar de la carga de Brego una venda blanca comenzando a girarle al rededor suyo para al menos parar por unos cuantos minutos el sangrado.


Sintiendo aquella calidez del corazón de Gangrel, mediante su sangre, algo que me seguía arrepintiendo por no serle de utilidad al rey, sujetándome con poca fuerza de él para no caer pues en cuanto este sintió que estábamos listo no dudo en arrancar para  tomar velocidad y después despegar desplegando las alas.



---------

Con los minutos pasando Brego cumplió su cometido pues incluso mi rey seguía cociente y quejándose del dolor,
aterrizando en el lugar a pocos metros de su tiendo de campaña, la tienda del rey.


Curanderos del rey!!!!! a la tienda pues el monarca de Plegia resulto herido!!! ya!!!!, ordenaba con cierta impaciencia, que estuviera así era parte de mi culpa, eso sentía, estos últimos actuaron rápido pues tan solo bajar de Brego comenzaron a atender su herida llevándole dentro de la gran carpa, siendo yo la ultima en entrar y mirar a todos los presentes que parecía acumularse al rededor de esta, para solo cerrar con ambas manos la entrada de esta.
Afiliación :
- Ylisse -

Clase :
Pegasus Knight

Cargo :
Cazarrecompensas

Inventario :
Vulnerary [3]
Lanza de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] Lanza-1

Experiencia :
[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] VO4IE4z

Gold :
332


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Mensaje por Eliwood el Sáb Abr 20, 2019 10:14 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Gangrel ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Sarah ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
espada de acero [4]
.

Support :
Marth [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] Iwzg0SR
Lyndis [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] JEIjc1v
Nils [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] JEIjc1v

Especialización :
[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] Espada%202

Experiencia :
[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Eternidad [Priv. Sarah] Iu4Yxy1

Gold :
326


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