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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Gangrel el Sáb Ene 05, 2019 12:15 pm



Con Manster tan tomada como la tenían, el gobierno plegiano podía permitirse el enviar tropas al extranjero. Renais, un país que otrora llegó a considerarse ajeno a la nación, ahora resultaba ser una potencia grimante en ciernes, y eso significaba que debía colaborar con ella. Para que eso fuera factible, estaban “forzados” (aunque de muy buen gusto lo harían) tenían que tener territorios en aquel continente. Y el mismísimo rey de Renais le había dado permisos de conquista en la zona de Carcino exclusivos para su reino. En pocos días, ya habían tomado una zona considerablemente grande la cual llenaron de campamentos y puntos de seguridad, justo como se hizo en Manster. ¿La estrategia? Exactamente la misma. No hacía falta cambiarla, pero sí perfeccionar tácticas para el relieve montañoso que poseía la zona. De todas formas, aquel territorio era algo que en breves podrían tener como suyo. A los miles de títulos que se debían poner detrás del nombre de Gangrel se le debería añadir el de “Protector de Renais”. Y el de mariscal, por qué no. Bueno, la verdad es que el mismo monarca estaba haciendo una lista de todos los títulos nobiliarios que se añadiría a su nombre una vez conquistara todo lo que deseaba tener como suyo.

Sin embargo, para poder hacer todo eso, primero debía tomar la zona, y eso mismo era lo que hacía cada día: conquistar. Él mismo comandaba a las tropas desde el frente, montado en su blanco y poderoso caballo de color blanco el cual iba con una réplica de la armadura que normalmente portaba el monarca (obviamente, adaptada a una versión ecuestre).

Cabalgando con una legión de caballeros (una de los pocas que poseían los plegianos, ya que eran más partidarios de la infantería y las tropas de aire), el rey hacía la tarea de inspeccionar las cercanías, en busca de supervivientes y arrasando con los enemigos utilizando tácticas tan inteligentes como el círculo cántabro o el disparo parto, que si bien no efectivas en guerras contra grandes formaciones, sí servían contra los pequeños pelotones que iban a su ataque, destrozándolos en cuestión de segundos sin a duras penas sufrir bajas excepto en contadas ocasiones, y a veces ni heridos.

Era en esos días que uno de los soldados de la avanzadilla se acercaría a Gangrel para darle la noticia. Uno de los grupos encargado del control del control marítimo (pues Plegia había rodeado el continente para poder controlar lo que salía y entraba, para evitar así la entrada de refuerzos enemigos) había encontrado lo que parecía ser un barco mercante. A pesar de haberle dejado entrar, pues no suponían amenaza alguna, pero aun así, tal y como era de esperar en cualquier plegiano, les habían estado vigilando. Solo por precaución. Y por si poseían algo que pudiera resultar mínimamente pernicioso. Y no, todo lo contrario. Según habían visto, uno de los mercaderes (o lo que sea que fueran, poco importaban esos detalles) portaba con él lo que algunos habían dicho que era una gema de valor por determinar… Y más importante, fácil de “obtener”. De qué mala educación seria no ayudarles, ¿cierto? Lo que venía ahora, y era lo que le interesaba al monarca, es que habían avistado cerca del grupo otro bastante más grande de unos seres no muy amistosos que dijéramos. Gangrel sonrió. Si bien en ocasiones normales ni se hubiera preocupado por ello, lo de la gema podía ser interesante. Y bueno… Todo el que estuviera en Carcino era técnicamente suyo. ¿Y cómo permitir que alguien, fuese quien fuese, tocara una de sus propiedades?

No lo podía tolerar. La estrategia era ser lo máximo de pacíficos que pudieran con los emergidos, tomar el país pero mantener la posición que Plegia tenía con ellos en lo que en breves se llamaría “Madre Patria”, sin embargo, se había dado cuenta que en caso de exterminar todas las moscas, era imposible que el resto se enteraran de su desaparición. Protegerían a los mercaderes. Y luego, les harían pagar por los servicios… Con sus mercancías, o con la libertad. Lo que fuera más a cuenta. Al fin y al cabo, los reyes tenían que participar en un negocio mucho más duro que cualquier vendedor…

***

Tras movilizar el escuadrón de caballería que había decidido utilizar para escoltarle, llegaron al lugar que marcó el hombre. Menos de diez minutos. En total, tenía con él unos quinientos soldados a caballo, los cuales estaban entrenados en las lanzas y jabalinas, pues gran parte de la estrategia se podía reducir a huir del rival para luego matarlo desde la lejanía. Podían ver al grupo de mercaderes desde ahí. Y también podían ver, que en los bosques cercanos y descendiendo de las montañas, empezaban a aparecer emergidos.

Bien. Sería mucho más divertido de lo que esperaba. Se acercaría lentamente con dos de sus jinetes de más alto rango hacia los mercaderes, con el resto del ejército a unos metros de distancia. El atardecer cubría con un manto de luz al borde de fallecer todo, y el sonido de los pasos de las monturas era lo único que podía escucharse.  

-Grima salve al rey de Plegia, Gangrel I –se presentaría él mismo, imponiéndose con la voz al mismo viento o al sonido de los caballos que les habían llevado hasta ahí- Estáis en suelo que en un futuro próximo será plegiano, y a pesar de todo, me veo en la obligación de advertiros… Que este camino dejará de ser seguro en breves. Entregadnos vuestros víveres y os escoltaremos hacia un lugar seguro


Última edición por Gangrel el Jue Ene 31, 2019 10:50 am, editado 1 vez
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Shiven el Sáb Ene 05, 2019 7:37 pm

Shiven era lo que se podía denominar un ser modesto, dentro de lo que cabía. Había tenido la suerte, propia de un Dios, había que decirlo, de encontrar lo que supuso sería una gema rara e importante en su trayecto. Y eso que solo había salido de Sindhu para dirigirse a Magvel junto a un grupo de mercaderes. Pero... Si la suerte lo había golpeado con tan solo poner un pie fuera de las tierras de su hermanastra... ¿Qué suerte le sonreiría de alejarse aún más de allí? Por ejemplo... Tellius, mucho más lejana e inhóspita de lo que se habían vuelto aquellos continentes circunstantes.

Todo aquello y más se le habían ocurrido durante todo el transcurso del viaje por mar. Sentado sobre la verga mayor del barco, apoyado contra uno de los palos y manteniendo los ojos cerrados, como si nada pudiese quebrantar su calma. Mera costumbre ¿Cuántas no habían sido las veces que se sentaba y observaba a los mortales en su templo? Ciertas costumbres uno no podía deshacer, sobretodo cuando habían pasado tantos siglos de ello. Aún a pesar de la preocupación permanente de poder caer y lastimar aquella figura humana que era, la experiencia era suficiente.

No bajó hasta que llegaron a su destino: uno cuanto menos extraño. ¿Qué buscar en Carcino cuando prácticamente estaba invadida por plagas enemigas? ¿No era como meterse en la boca del lobo? ¡Era una locura! Y no era necesario ser extremadamente ilustre para saber aquello. Miró a su alrededor, además de mercaderes y unos cuantos mercenarios que supuestamente debían de actuar como protectores, estaban los insufribles profesores de la universidad, quizás empujados por la curiosidad que se parecía a estupidez en aquella situación, pero prontos a descubrir las novedades del mundo a fin y al cabo.

La travesía en aquella carreta fue hasta cierto punto amena, eso, hasta que alguien se interpuso a su avanzar.  Al principio fueron los cascos, después, una voz molesta. Shiven levantó su atención hacia el atardecer y entrecerró su única orbe visible. Aún cruzado de brazos, nunca había hecho ademán de querer empezar una conversación o de unirse a placeres mundanos. Solitario como siempre, solo en ese entonces prestó total atención.

"Grima salve al rey de Plegia, Gangrel I"

... ¿Había dicho?

"Estáis en suelo que en un futuro próximo será plegiano, y a pesar de todo, me veo en la obligación de advertiros… Que este camino dejará de ser seguro en breves. Entregadnos vuestros víveres y os escoltaremos hacia un lugar seguro"

... ¿Se había atrevido a continuar?

Giró su cabeza por fuerza mayor, observó a lo lejos a los oscuros seres removerse y bufó. De un salto bajó de uno de los carromato y, ante los susurros de duda, avanzó al frente. El haori limpiamente colocado en sus hombros, kosode de dibujos floreales, getas en los pies y cuerpo parcialmente cubierto por vendas que intentaban ocultar las marcas en su cuerpo se paró ante los mercaderes.

Cruzado de brazos miró al frente con una confiada sonrisa en los pálidos labios— Temo que te equivocas —¿Honoríficos? No sabía a quién tenía al frente, pero quería creer que de ser un rey, no se auto proclamaría de semejante forma escandalosa— las tierras no pueden pertenecerte. No te equivoques, siquiera le pertenece a Carcino. Que ustedes, los seres humanos, hayan decidido usarlos como excusa para luchar y morir en el intento, es otra cosa a parte y aunque digan que os pertenece, no lo hará más que en palabras, la tierra seguirá siendo única —Ladeó con suavidad hacia un costado su rostro.

El rosado cabello, recogido en una coleta de lado, dejó al descubierto las alargadas orejas y los llamativos pendientes que algo recordaban al Apatite— La tierra le pertenece a la tierra... Y quizás a sus Dioses —Porque claro, su misión había sido la de proteger una aldea, porque aquellos habían sido sus dominios, sus tierras. Cerró los ojos, se cruzó de brazos por debajo del Haori y permaneció impasible— Tampoco es necesario que te molestes, puedo proteger un par de mercaderes yo solo —Entreabrió los ojos, rasgados, finos, como aquellos de un gato a punto de atacar.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Gangrel el Dom Ene 06, 2019 6:39 am

Gangrel sonreía, a la espera de alguna respuesta mientras miraba cómo detrás de todo empezaban a acercarse los soldados emergidos. Estaba esperando pacientemente poder forzarles a decidir entre algo tan simple como era la vida o el dinero. ¿Se preocupaba por ellos? No. Quería la gema que presuntamente poseían en sus manos y posiblemente esclavizar a los que pudieran valer un poco de dinero con el que rellenar todavía más las arcas plegianas, las cuales, si bien todavía tenían importantes ahorros, iban vaciándose por el gasto en las guerras. Por mucho que dijeran, al final Plegia sería la ama y señora de Magvel. Irían a por todo, lo consumirían todo. Y si aquellos mercaderes debían ser devorados para seguir con la conquista, lo harían. Aunque solo les dieran cinco segundos más con su sacrificio de guerra, lo harían.

Lo que no esperaba es que le dieran una respuesta que no fuera un sí. Cuando vio que de entre todos aquellos se adelantaba un joven para (presuntamente) hablar en nombre del resto, el monarca plegiano arquearía pronunciadamente una ceja. Simplemente, patético. ¿Desde qué día la moral podía justificar quien era el amo de un lugar? ¿Acaso estaba ante un sacerdote dracomante? Porque en caso de ser cierto, aquello iba a acabar extremadamente mal… Muy mal. Mirando a aquel joven pelirrosa desde lo alto de su montura, se podía notar que en los ojos del rey aparecía poco a poco aquella pérfida chispa que haría temblar hasta a los más poderosos monarcas de otros países. Él era Gangrel. ¿Acaso no lo había dicho? ¿Por qué aquel iluso seguía de pie sin arrodillarse y pedir por clemencia?

Por un lado, quería matarlo, sacar las dagas que llevaba ocultas por la armadura y arrojarlas contra él sin compasión. Pero no… No, aquello daría muy mala imagen de la corona plegiana. Y qué mala situación podría hacer dar lugar si mataba a alguien y luego resultaba que el resto huían y lo iban diciendo en otros lugares. Tendría que… Rebajarse al nivel del contrario y hablar.

Chasqueó los dedos, y le entregaría las riendas del caballo a un escudero cercano, para descabalgar de un simple salto hacia un lado. El rey se acercaría lentamente al que estaba hablando mientras desenvainaba una de sus cuchillas, la cual estaba estratégicamente colocada en la manga de su armadura.

-Parece que alguien –movería la daga entre los dedos de su mano, lanzando un largo silencio que se prolongaría por un largo minuto mientras dejaba a lo que fuera que tuviera delante terminar de hablar- Debería revisar su concepto de “nación”. Este mundo está dirigido por hombres, no dioses. Las deidades nos vigilan desde el cielo y ahí está su gran imperio, pero… El mundo ha de ser regido por los humanos, quienes reciben la vindicación deífica

Volvió a callarse. Y con otro chasquido de dedos, los soldados que iban tras él desenvainaron sus espadas y demás armas. No se estaba refiriendo a darles protección ante los emergidos. Sí, eso se incluía en el trato, pero de lo que verdaderamente estaba hablando él al referirse a “protegerlos”… Era de los soldados que iban detrás, guerreros preparados para matar a cualquier enemigo por muy poderoso que fuera. El pueblo plegiano era como una colmena en su gran frenesí. Cuando iban a por uno, se enfrentaban contra todos. Y cuanto más cerca estuvieras de la abeja reina, que era Gangrel, más hostiles y agresivos se volverían.

-De todas formas. No hablaba de que pudieras defender a esos mercaderes frente a los emergidos. Me refiero a que habéis violado las fronteras de lo que algún día será la Gran Plegia y ahora vais a tener que pagar. Los víveres, o estaréis rodeados de enemigos. No habrá piedad contra los enemigos de la corona –la pérfida sonrisa del monarca se extendió más y más. El rostro antes tranquilo pero maléfico del monarca se desfiguraría para dejar lo que sin duda era la cara de un loco. Una cara cruel, sin ápice de humanidad, casi metálica por lo poco que se movían los músculos de la misma- Y además… Has osado tratar al rey como un igual. ¿Sabes lo que significa eso? Que ahora mismo deberías estar detenido. Pero no, tengo algo mejor preparado para ti. Cede a mi orden o si te atrapo, voy a convertirte en uno de mis juguetes. Y nunca nadie ha huido del Rey Loco
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Shiven el Lun Ene 07, 2019 5:21 pm

Fue su tiempo para escuchar ahora. Cuando finalizó su propio discurso, selló sus pálidos labios y esperó paciente a que el otro ser hablara. No dejó que las emociones se reflejaran en su rostro, tan calmado e impasible como de costumbre, simplemente escuchó y en cierto momento, hasta parecieron moverse aquellas alargadas orejas suyas, aunque capaz y solo era por la luz lunar que empezaba a reflejarse en lo alto. Si algo había aprendido durante todos aquellos siglos, era que los humanos, en su corta vida, estaban terriblemente equivocados con respecto a todo.

No los iba a culpar, no podía culparlos ¿qué creador culparía a sus propias creaciones por las estupideces que hacían? Eran como niños pequeños que acababan de empezar a caminar, su trabajo era el de guiarlos, desde lo lejos, pero guiarlos al fin y al cabo. Lo único que uno necesitaba era paciencia, una paciencia infinita. Cerró su ojo, suspiró sonoramente y al final negó con un gesto seco de la cabeza— Es lo mismo que yo dije dicho con otras palabras —Comenzó con calma.

¿O acaso crees que solo por vivir en ella, tú y todo tu ejército, o por clavar una bandera que ondeará en lo alto de una montaña hará que la tierra te pertenezca? Solo te habrás asentado en ella momentáneamente, dentro de mil años, cuando tú ya no vivas, habrá pasado ya por otras muchas manos más —Fue el sonido metálico de las espadas al desenvainarse que le hizo voltear la atención a ellos.

¿Iban a luchar? ¿A amenazar a los mercaderes? Una carcajada escapó de sus labios, casi se formó una solitaria lágrima en la comisura de su única orbe visible.

¡¡Ahhh!! ~ —Exhaló, volviendo a enderezarse correctamente. Tomó el costado del haori y lo atrajo más hacia él, impidiendo que cayera— había olvidado lo hipócrita que puede llegar a ser el humano —Se encogió de hombros, volviendo a endurecer su expresión, aún cuando en sus labios una vaga sonrisa maliciosa parecía curvarse.

En ese caso, preguntadles a ellos —Señaló la carovana con un gesto de la barbilla, hacia los mercaderes que observaban, preocupados, toda la escena— yo puedo protegerlos de la plaga gris, más no de sus desvergonzados hermanos —Efectivamente, mientras hablaba, comenzó a caminar, se dirigió a su izquierda, entre ambos: rey y escuadrón, mercenarios, a lo lejos aquellos que había apodado plaga gris.

En cuanto a tu propuesta: la rechazaré amablemente —Mentira, de amable estaba teniendo poco. Manteniéndose en perfecto equilibrio en las dos tiras de madera de las getas, miró hacia el susodicho y autoproclamado rey— ¿o esperabas que me arrodillase ante ti y te venerara cual Dios sobre la tierra? —Quizás, y tan solo quizás, era momento de actuar— Indiscutible —Sentenció, cerró los ojos y si no se transformó, fue por mera curiosidad enferma.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Gangrel el Mar Ene 08, 2019 4:11 pm

¿Quién se creía ese maldito? Él es Gangrel. Gangrel de Plegia, el más poderoso hombre que jamás había pisado el suelo de su país. Y él una rata que podría pisar solo con mover la mano. No era fuerte, ni de broma. Pero era mucho más mezquino que cualquiera. Podía mover sus hilos para acabar forjando una red tan sólida que podría atrapar a cualquiera. Y él no era excepción. Nadie lo era. Poco a poco, estaba creando esas peligrosas redes para cazar al contrario.

Pero no… Todavía podía divertirse mucho. Parecía que los emergidos todavía no estaban llegando, así que podría intimidarlos un poco antes de unirse a la marea de seres malvados. Y como aquel se acababa de convertir en su rival, le dejaría hablar. Obviamente, si desacreditaba a alguien en un debate antes de empezar tachándolo de diferente o inferior lo perdería antes de empezar.

-Sea dicho pues –no pudo evitar aun así interrumpirle un segundo, retomando la seriedad que debía tener como representante de la corona- Que el cambiar las palabras cambia el significado. Solo un mentecato podría decir que en estas no se oculta un aura diferente. Las palabras son como nuestra esencia. Por mucho que tú y yo compartamos discurso, lo que hay trascendiendo del mismo es totalmente diferente

Se rascó lentamente la perilla mientras le escuchaba hablar. Por mucho que por fuera estuviera serio, en su interior, aquella pérfida mente, aquella putrefacta alma, estaba pensando en cómo castigar debidamente la osadía del joven. ¿Tal vez ahogarlo en la sacra Agua de Grima, la brea? ¿O quizá venderlo como esclavo? Quién sabía, quién sabía… Sería de todas formas divertido.

Pero, no, no, debía escuchar de momento… Y poder responder como se merecía cualquier mortal que osara alzar la voz al terrible plegiano. Aquella tierra era suya, por la fría y divina vindicación de Grima todopoderoso que le había dado el poder para tomar el trono como lo hizo. Carcino había sido predestinada, no había más. En el mismo momento en el que el gran rey de Plegia puso un pie sobre ella, pasaron a ser parte del imperio colonial que poco a poco se estaba formando.

Gangrel arquearía nuevamente una ceja al escuchar hablar al sujeto con tales fuertes faltas de respeto hacia su persona. Cómo se le ocurría poner en duda su posición como monarca. ¿Qué acaso no era la corona que llevaba en su rostro la máxima prueba de su nobleza? ¿O es que quizá la armadura de oro que llevaba no significaba que se trataba de un hombre de altísimo rango? No lo comprendía. Pero bueno. Rebeldes siempre serán rebeldes. Moscas siempre serán moscas. Ambos pueden acabar muertos si caen en las redes de un ser más poderoso. Las moscas con las arañas… Y aquel aparentemente joven frente a él también podría ser consumido y envuelto en frágiles hilos que trazarían su final nada más se entrelazaran.

Y había llegado su momento de hablar al fin. Ese bello momento en el cual podría convencer a los mercaderes de quién estaba siendo el que se oponía a la salvación y quién la estaba ofreciendo, por muy duras que fueran sus condiciones.

-Solo Grima es dios. Yo, en cambio, soy un mero siervo del mismo. Pero no soy cualquier siervo. Soy Gangrel de Plegia. El rey de la teocracia divina. Y nadie puede desobedecerme en esta tierra. –miró a los enemigos. Efectivamente, ya estaban demasiado cerca como para dejar oportunidades a cualquiera que quisiera salir vivo- Solo los que vienen detrás. Y créeme que ellos… Acabarán contigo y el resto si no ayudáis a mis tropas. Tú mismo
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Shiven el Miér Ene 30, 2019 4:55 pm

Eran humanos, se había dado cuenta hace mucho ya que no tenía caso molestarse con ellos. ¿Cuándo habría sido? ¿En los momentos de soledad en aquella abandonada aldea? ¿Antes incluso? Se había dado cuenta que la vida de los humanos eran cortas, que sus formas de ver las cosas no eran iguales, probablemente por ese mismo discurso. Cruzado de brazos no se molestó en interrumpir al otro, más bien permaneció callado, atento, con su único ojo visible fijo en la oscura silueta del otro.

¿Cómo molestarse cuando es obvio que cualquier humano cometería el mismo error, por muy banal que sonara?— Si me gustaras, me gustarias incluso siendo un méndigo. Si no me gustas, no me gustaras aún siendo un emperador —Sentenció, con un tono calmado, amable, hasta dulce. Ladeó su cabeza hacia un costado sin más, como si le permitiese ver mejor. Por desgracia, Gangrel no se salvaba de la clase de humanos que él había visto. En el fondo, muy en el fondo, eran todos iguales.

A tales alturas no era su intención ser venerado ni mucho menos. Terminó por suspirar en bajo, negar con la cabeza y avanzar unos pasos más. ¿Por qué debían de ser así las cosas? Por naturaleza divina iba a ayudar a los humanos, su madre así le había enseñado que era lo justo, así había considerado durante mil años y así seguiría siendo por mucho tiempo más.

Quizás exactamente ese era el problema: su larga vida.Mentecato también es no entender lo básico: la tierra no te pertenece, nunca lo hizo, nunca lo hará. De quererlo derribará tu castillo, dispensará tus recursos y ahogará tu gente —En un final la idea le hizo reír en bajo, entre dientes, revelando así los prominentes colmillos, ligeramente más alargados de la norma.

La situación era chistosa ¿Cómo no serlo? Tan solo había que imaginar a Gangrel hablar con madre naturaleza y recibir arena en la boca.

Hm. Hm —Carraspeó. Dio un paso más al frente, entre arrogante y confiado— como se suele decir: dona una gota de generosidad y recibirás un manantial primaveral —¿Realmente esperaba recibir algo a cambio de aquél sujeto? No.

Nunca había recibido nada a cambio de su bondad por los humanos. ¿Por qué cambiaría a esas alturas? Eran como un caso perdido. Y aun así, era él quién tenía la dragonstone en su mano y llamaba a su ser más primitivo. En una fracción de segundos, su figura se rodeó de luz, una luz cegadora que lentamente iba cambiando aspecto a un ser enorme, alargado, cuando la luz desapareció, dejó al ser visible: un dragón cuya cola había terminado por enroscarse sin lastimar a los mercaderes, que parecía levitar en el cielo y de cuyas fauces un cálido y vaporoso aliento emanaba, una figura casi de ensueño.

Al final sus extremidades tocaron suelo y de lo hondo de su garganta un gruñido emergió. Amenazante, sus ojos de un brillo antinatural, miró hacia la plaga gris sin piedad.


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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Gangrel el Jue Ene 31, 2019 10:48 am

El rey esperó. Un silencio demasiado frío se asentaría en su persona. Y es que cuando callaba tan súbitamente y de una forma tan extraña como la que estaba teniendo lugar, nunca pasaba nada bueno. Hasta sus generales lo sabían, y estos se apartaron ligeramente temerosos de la furia que pudiera descargar el rey en ese momento, la cual posiblemente pagarían todos y cada uno de ellos. Aquellos rubíes rojos que poseía el rey como ojos apuntaban al contrario con total indiferencia. En su rostro había desaparecido todo ápice de humanidad. Si alguien viera al rey loco en ese momento, no dudaría ni un segundo en temblar. Era como si todo aquello que le podía volver un ser corriente hubiera desaparecido, dejando solo una cáscara de maldad y odio. Nadie osaría hablar en ese instante. El silencio invadía las filas plegianas, hasta los soldados que se encontraban en últimas posiciones temblaban por lo que pudiera declarar o sentenciar su supremo rey en aquel momento.

El emperador de Plegia alzó la cabeza poco a poco, para mirar con mayor superioridad todavía que la que le brindaba la altura añadida de estar en montura al joven muchacho. ¿Quién se creía él para hablar de esa forma al gran y temible líder de una de las campañas más ambiciosas del mundo?

-Que la tierra ose hacer tal blasfemia, que yo personalmente me encargaré de segar sus bosques, exterminar sus animales y violar todo aquello que la vuelve de esa forma

Las palabras cesarían tan rápido como empezaron. Gangrel alzó una mano al ver que el joven se alejaba, acatando las normas y órdenes que le habían dado. Lo que jamás se esperaría el monarca plegiano es tan brutal transformación. Tan fuerte que hasta sus generales tuvieron que cerrar los ojos para evitar la fuerte luz que nació del cuerpo de aquel manakete. Pero Gangrel no. Gangrel simplemente seguía indiferente ante el peligro.

-Veo que has cedido –dijo alzando un poco la voz, casi con ironía. Le parecía cómico el hecho de ver a aquel joven dirigirse al ejército emergido, pero no expresaba emoción alguna. Lo que ahora quería hacer era demostrar que si bien los suyos no se convertían en dragones, podían ser tan poderosos y más incluso que él- Mis generales, por favor.

Se dirigió por un momento a sus siervos de mayor rango, los cuales dieron la orden. El ejército plegiano defendería a aquella caravana. La división que iba tras él era un fragmento de un tercio, que era como había llamado a sus escuadrones. Y no un tercio convencional. Era el Tercio del Hálito Negro, la división encargada de la conquista y defensa de Magvel. Los soldados más especializados y veteranos de todos, lo cual les volvía tremendamente fuertes y poderosos, expertos en mil y una situaciones que podrían matar a un enemigo corriente. Entre las filas de la tropa plegiana se alzaría un estandarte. La bandera personal del rey plegiano. Y eso significaba que iban a entrar en combate.

Y Gangrel, cabalgando al frente, se acercaría a la marea emergida. Había llegado el momento de luchar. Y nadie se quedaría de brazos cruzados si el emperador de Plegia entraba en duelo.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Shiven el Lun Feb 04, 2019 2:35 pm

Aunque lo hagas, dentro de mil, dos mil años, los bosques volverán a crecer, los animales los volverán a poblar e incluso las crueles memorias de una violación injusta quedará en lo olvido —Siempre había sido así, siempre lo sería, tampoco recaería en Gangrel ser una excepción a la norma— y tú y tu ejército habrán desaparecido desde mucho tiempo atrás —El cruel paso de la vida que a él no le afectaba.

No se asustaba ante la ira de un hombre corrupto por el poder. Había sido abandonado por los suyos, olvidado en las profundidades de un bosque, lo había perdido todo en un intento de complacerlos. Ahora, a esas alturas, era como un muñeco que no buscaba nada en particular, que no quería nada porque estaba seguro poder conseguir cualquier cosa que se propusiese. Y por tener tal seguridad era que no anhelaba nada.

Sí, quizás algo sí quería. Lo primero que había querido en mucho tiempo y era igual de infantil.

Pero las cosas cambiaron en el momento en que asumió la imagen de un dragón, siquiera las palabras sin fundamento de un rey loco por el poder. Su alargada cola se enroscó un poco más, como quién intentaba acostumbrarse a una nueva piel, pero, al mismo tiempo manteniéndose atento, sin ser demasiado brusco, o apretar con demasiada fuerza a los humanos que protegía con ella.

Era una criatura anciana, sus escamas ya no eran tan frágiles como hacía un tiempo, cuando era solo un niño y se dedicaba a volar entre los bosques, atentamente supervisado por su madre.

No te confundas, no he cedido —Su voz resonó, aún cuando sus fauces solo se mantuvieron entreabiertas, como una voz cavernosa, de lo profundo de su pecho resonara— tan solo mantengo mi deber para con los humanos —Enderezó su cabeza, miró al frente y se removió un poco.

Una vez Gangrel se alejó lo suficiente con su ejército, él también hizo su movimiento. Se levantó lentamente en el cielo, ondeando como si hubiese pactado con el aire. Soltó a los mercaderes y avanzó libremente, como un serpiente, siseante, en dirección a los emergidos al frente.

No les dirigió palabra, no había necesidad. A cambio, llenó sus pulmones de aire, de energía, tanto que, en cuanto volvió a abrir sus fauces, un halo de energía golpeó contra los seres grisáceos del suelo. Debilitándolos, matándolos en el acto, cuidando de no tocar a las tropas humanas que se arrodillaban y veneraban a la figura humana del rey loco.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de la Gloria [Priv. Shiven]

Mensaje por Gangrel el Lun Feb 04, 2019 3:36 pm

Los bosques no crecerían si él no lo decía. Eso lo tenía totalmente claro. Los quemaría con brea, dejaría seca la tierra si era su capricho. Pero no todavía. Carcino sería suya, por mucho que ese maldito dijese o dejara de decir. Como emperador, debía tener las cosas muy claras y trascender de estupideces como aquella. Protegería a su pueblo incluso de la propia naturaleza que les daba vida si era necesario. Solo él prevalecería en aquel miserable y absurdo mundo de caos y confusión. Es decir, un mundo prácticamente hecho para los locos. Y nadie estaba más loco que él. Absolutamente nadie.

Y así de claro quedaba su estado mental cuando se lanzaba contra la marea gris sin ningún tipo de protección, desenvainando dos dagas y empezando a cortar con ellas en rápidos y ágiles movimientos a todo aquel que se le acercara demasiado. Tal vez no fuera fuerte, pero sí rápido y escurridizo, y así lo demostró cuando esquivó los hachazos rivales y demás armas con suma maestría. Así, hasta que sus caballeros llegaron para continuar el ataque. Dividiéndose en tres fragmentos idénticos de número, dos de ellos se fueron para los lados, mientras el primero avanzaba por el frente con fiereza, intentando hacer que los emergidos retrocedieran. Lo que quería era simple. Utilizar la táctica del martillo y el yunque que tan útil había sido contra la infantería de Manster, los cuales, al no conocer las técnicas de los Tercios, no pudieron hacer nada contra la poderosa caballería del emergente imperio. Y de nuevo, pasó. No pudieron hacer nada antes de acabar rodeados por las tropas imperiales. Y no solo eso. Ahora resultaba que por el aire tenían un fuerte aliado en forma de dragón que estaba aplanando el terreno de una forma grotescamente cómoda para los caballeros de Plegia, quienes solo debían clavar su arma y seguir luchando. La táctica era simple a la par que inteligente. Y Gangrel, quien ahora se había retirado a una segunda línea para poder acabar con sus enemigos de una forma más elegante, que era arrojarles dagas a la cabeza cuando más vulnerables estaban, disfrutaba de aquella actuación.

-…¡El deber con los humanos parece volverte fuerte, dragón! –la voz del rey se impuso a los gritos de la batalla. Sus tropas acallaron al instante para ayudar a que este pudiera alzarse entre todos los sonidos- ¡Sigue así y parece que podremos olvidarnos el uno del otro antes de tiempo!

Pero no. Gangrel había visto el potencial de aquel joven. Y francamente, no podía dejarle escapar. Era fuerte, poderoso, y con pocos ataques podía hacer lo que uno de sus tercios haría en dos asaltos. No. Simplemente, una joya de ese poder no podía estar en otro lugar que no fuera Plegia. Solo debía esperar un poco más… Alargar la batalla y dejarlo exhausto. El resto sería hasta fácil.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
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