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[Social] Cuando los Cuervos vuelan bajo [Priv. Skjöld]

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[Social] Cuando los Cuervos vuelan bajo [Priv. Skjöld]

Mensaje por Shade el Sáb Dic 08, 2018 1:49 pm

A Shade no le disgustaba Ylisse. El cuerpo le agradecía muchísimo que de vez en cuando se fuese pasando por parajes en los que gozaban de temperaturas agradables, aire limpio que respirar, y luz solar de sobra para alegrar la vista y, ya de paso, el color de la piel. La noche eterna de Nohr habría sido una fuente de inspiración a un sinfín de poemas y canciones, pero una vez llegados al punto de permanecer bajo su amparo año tras año tras año, se terminaba aborreciéndola. Era una auténtica cruz para alguien como ella, con la tez y el cabello tan pálidos que parecería un fantasma de no ser por sus escapadas de negocios.

Por eso prefería conjuntar con prendas oscuras. El negro era un color que a su juicio aportaba elegancia, y que casaba a la perfección con sus propios matices blanquecinos. No solo era uno de esos contrastes de tonos opuestos que resultaban vistosos, sino que también era una curiosa manera de criticar el tan adorado pensamiento del “blanco y negro” que la mayoría de monarcas en Akaneia seguían. O dicho de otra forma, que mientras algunos solo aceptaban una de las dos caras de la moneda, ella estaba por encima al quedarse con ambas.

Aunque ese día no habría telas ni sedas negras para ella. Y la verdad, tanto blanco era desagradable para la vista. Pero por la cuenta que le traía, debía parecer lo más “blanca” posible… a ojos de Naga.

Ropa de Shade:

Entonces, señorita. ¿Cuánto tiempo tenía pensado quedarse por aquí? Podría recomendarle un par de sitios a visitar en la ciudad en sus ratos.

Aquella mañana, Shade se las había ingeniado para quedarse acomodada entre dos grandes rollos de lino destinados a una humilde sastrería, varios paquetes cuyo contenido acabaría debutando en los tenderetes del mercado, y siendo mecida por el suave traqueteo del carro que los transportaba. Otro detalle que le gustaba de Ylisse era su gente. Siempre tan acogedora y dispuesta con los viajeros, que saltaban a la vista sus dotes como mediadores para alianzas mercantiles. A diferencia de una Nohr austera que hacía décadas que tiró la toalla por formar acuerdos con otras naciones (al menos aquellos en los que las agresiones no eran la principal vía democrática), el Sacro Reino se podía considerar su antítesis.

Y de ahí que fuese tan fácil sacar provecho de la buena voluntad de sus ciudadanos con nada más que apariencias. Por lo que acaecía a aquel mercader, tan solo estaba siendo amable con una supuesta estratega alteana en búsqueda de nuevas experiencias con la que se cruzó, y a la que justamente le venía de perlas que la acercasen al puesto de control más próximo.

Es muy amable por su parte, buen hombre. Pero me temo que mi apretada agenda no me va a permitir demasiado tiempo para explorar las calles de la ciudad. —En realidad, ya conocía de sobra todo lo necesario que Ylisstol podía ofrecerle a alguien como ella—. Es más, creo que no seré la única por estos lares con tanta faena entre manos.

Puede que el hombre hubiese pecado de ingenuo al tragarse tan a la ligera la mentirijilla de una extranjera a la que acababa de conocer, pero al menos era lo bastante avispado para entender a lo que se refería Shade con su última frase. El bufido de apatía que se le escapó hablaba por sí solo.

Esos malnacidos de ojos rojos son peores que una plaga de liendres, ya se lo digo yo. Con el esfuerzo que desempeñó el ejército real para echarlos de nuestras tierras… Y vuelven una vez más, como si nada.

Comprendía la decepción y el resquemor que llenaban las palabras del mercader. Los Emergidos habían demostrado en los últimos años ser una lacra de la que deshacerse resultaba una gesta titánica, por no decir imposible. Pero Shade no compartía la misma opinión de que Ylisse fuese víctima del infortunio, porque la Dama Fortuna poco había tenido que ver con el aumento de ataques emergidos. Si se había dado lugar aquella situación de desequilibrio, era por el mayor y gran defecto que tenía el Sacro Reino: era un país de conformistas.

Siendo sinceros, gran parte de la culpa de que ello fuese así, se debía a los actos poco ortodoxos que llevó a cabo el antiguo Venerable del reino. Emmeryn no tuvo otro remedio que incitar una política ultrapacifista para que su pueblo no se hundiese en la miseria que su propio padre dejó como legado. Triste, pero cierto. Ylisse renació como lo que es a día de hoy, pero a cambio de cohibirla hasta tal punto que la desproveyó de toda ambición, y anclarla a un exagerado anhelo de paz que le estaba haciendo más mal que bien.

Y los Emergidos eran la prueba viviente de ello. Altea y Nohr habían conseguido ponerlos en jaque por su capacidad para sobreponerse a la adversidad, pero Ylisse seguía siendo esa niña apocada que albergaba potencial, pero que se conformaba con lo que tenía. Mal, mal, mal. Había tres cosas que Shade no toleraba de ninguna manera. Una era la praxis de costumbres arcaicas, brutales e innecesarias en la Magia Oscura. La segunda era la actual ley plegiana y su Rey Cavernícola que la promulgó. Y la tercera eran los alumnos que no se esforzaban por superarse.

Quedaba pues, ver si esta vez Ylisse había aprendido la lección y anotar sus progresos, o tendría que echarle mano a la vara y enseñarles a esos pomposos Custodios su faceta de Maestra Mala. Y nadie, absolutamente nadie, quería ver a Shade haciendo de Maestra Mala.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Tutora e Informante

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
382


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