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[Campaña de Conquista] En tributo a Plegia... La sangre correrá [Priv. Hiren]

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[Campaña de Conquista] En tributo a Plegia... La sangre correrá [Priv. Hiren]

Mensaje por Shuten Douji el Vie Dic 07, 2018 5:56 pm

Sal. Era inevitable no percibir el aroma salado de aquellas brisas que corrían con ligereza por todos lados. El mar... esa extensión amplia, ruda y traicionera de agua con vida capaz de acongojar a los más valientes cuando se embravecía, pero a la vez capaz de enamorar a los descuidados con sus suaves olas. Miles y miles de hombres se dedicaban a viajar sobre sus aguas, ya fuera por trabajo, ya fuera por gula de los deliciosos manjares que escondían las profundas aguas. Y otros... las cruzaban con el claro objetivo de la ambición. Del poder...

La manakete sonrió, percibiendo sobre sí esa suave brisa, agitando los oscuros cabellos cortos de su melena. Sentía ese sabor tan característico del aire... Aspiró aire con su boca, pero ya no lo percibió. El terreno era ya tierra. El mar había sido abandonado hacía ya un rato. Y además... había tenido un extraño viaje por llamarlo de alguna manera. Con extraños soldados. Con extrañas cosas. Y aun así, era seguro que lo más raro de ese barco y de ese viaje era ella. Ah... estaba segura. La primera batalla que habían librado había sido exitosa. Una de muchas por lo que intuía.

Había ido allí con las ideas claras y más claro objetivo: iba a luchar junto al ejército plegiano a cambio de un sustentoso pago. ¿Sencillo? Lo era. Shuten no necesitaba mucho más para pelear. De hecho... podía hacerlo por simple gusto en algunos casos. No le importaba el caos de la batalla, no le afectaba el terror de la misma. No le importaba acabar bañada de sangre y con su boca entumecida por el característico sabor ferroso de la sangre. Nada de eso le importaba, si no que la llevaba a un grado superior de éxtasis, de diversión. De una adictiva sensación de adrenalina y poder. De poder viciar sus oídos con los gritos de terror y agonía de aquellos que se creyeran capaces de oponerse...

Era un monstruo. Oh, bien lo sabía. Era un verdadero monstruo, daba igual en qué forma se encontrara. Un monstruo camuflado bajo dos máscaras: una humana y esa misma cubierta por otra máscara más. Y aun así, nunca era suficiente para ocultar sus intenciones siempre... para ocultar sus vicios, sus deseos... Sus pequeñas manos de color anacarado como la pureza de una perla habían sido también manchadas muchas veces, despojando de cuerpos inertes de vida de sus más preciadas posesiones en vida. Alimentándose de dichas posesiones como si del más exquisito manjar robado se tratara. Sus labios rosados habían sido teñidos de un rojo intenso como el amanecer en esas 'comidas'. Y sus colmillos se habían hundido en los tiernas carnes, marcando todo más aún del sangriento fluido vital.

Y de nuevo, se mancharía más. Igual que su corrupta alma, seguiría empozoñándose. Más y más. No había marcha atrás. Y la nueva batalla estaba a punto de estallar: Se visualizaba ya la tropa de emergidos acercándose a la zona más cercana de la costa donde ya los barcos procedentes de tierras plegianas habían atracado y se habían defendido de la primera horda de enemigos. Y la oscura manakete estaba preparada. Sus ojos se abrieron, clavando su exótica y rasgada mirada índigo contra los que pronto acabarían bajo sus garras y fauces, expuestos a la tiranía y crueldad que pudiera desear ejecutar la laguz. - Fufu...~ Cuanta vida véase de golpe en aquellas tierras que tenemos enfrente...~ - Murmuró para sí la extrambótica mujer astada de corta estatura. Mientras, aquella pequeña pero vistosa piedra que tenía insertada en el adorno de oro de su cabeza comenzó a tililar... Primero suavemente, poco a poco fue aumentado el destello hasta ser casi cegador. Y ahí fue que alzó su mano y, con un simple y elegante gesto indicó a las tropas que tenía detrás dispuestas a que avanzaran. - Adelante. Vamos a dar de comer a dichas tierras con el cálido licor de los vivos... La sangre~

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Tomo de Ruina [1]
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Re: [Campaña de Conquista] En tributo a Plegia... La sangre correrá [Priv. Hiren]

Mensaje por Hiren el Vie Dic 07, 2018 6:37 pm

Y todo habría sido tan simple...
Y todo habría ido tan bien...


¡Si no apareciese él! ¡El peor de todos los seres! ¡El más aterrador ser vivo de aquél mundo extraño! ¿Emergidos? No eran más que pulgas ante aquél ser del cual estaba huyendo. Incluso Gangrel, con su forma de ser tan peculiar, con su reino oscuro lleno de magos negros que no tenían piedad siquiera para una mosca. Incluso él era mucho menos aterrador y peligroso que aquél perro que lo seguía, ladrando y enseñando sus colmillos afilados y saliva sobresaliente.

Admitiría que habría preferido cien veces luchar contra los emergidos que encontrarse con un perro. Y de hecho ¿Cómo es que un perro estaba en Manster, en una ciudad abandonada? ¿Que acaso ellos no tenían amos a los que venerar y a los que menear la colita? ¡¿Por qué aquél seres del mal estaban detrás suya como si fuese un bonito trozo de carne al que darle un mordisco y de la que disfrutar llenando su barriga pulgosa?! Y si tan solo hubiese un instante de calma en él, y su mente valiese al momento para pensar con claridad, quizás la idea de que hubiesen seres vivos que no fuesen emergidos era una buena señal.

Pero no, claro que no había calma, sino todo lo opuesto. Había sido solo escuchar el ladrido del perro y salir corriendo, gritando cual muchacha que acababa de ver una cucaracha, sí, algo aún peor. Con brazos levantados al cielo, internamente rezándole a Grima y a Naga en conjunto para que lo salvaran de su mala suerte, Hiren corría cual alma que se la llevaba el purgatorio lejos de sus enemigos naturales: los perros. No supo la dirección que tomó, ni por qué lo hizo, ni cuando se alejó de Tyamat, pero sí que no había tenido tiempo para fijar su atención bien en el animal que lo seguía: un perro delgado, desalineado y minúsculo en comparación a lo que era Hiren. Por no hablar que tenía una espada, pero que nunca se atrevería a usarla ante aquél animal sin temblar peor que una hoja en el intento.

Hasta a propósito se dirigió en dirección donde vio los emergidos, quizás esperando que el perro se asustara y corriese en dirección contraria y, su ánimo se levantó aún más cuando al frente reconoció los inconfundibles cuernos de su amiga de aventuras: Shuten— Mi Di... —¿Diosa? ¿En serio? ¿En medio de un ejército plegiano? ¡Blasfemia!— ¡Di-Dinosaurio! ¡¡SHUUUTEN!! ¡SALVA MI EXISTENCIA! —Imploró entre llanto escandaloso de cocodrilo. Los ladridos del perro se escucharon aún más cerca y casi dio un tropezón, siguió corriendo— ¡¡UN PERRO!! ¡¡UN DICHOSO PERRO!! —Encontrándose con soldados dispuestos a la marcha, a la lucha contra los enemigos, se apoyó en uno y en otro, buscando el auxilio que, bajo su percepción, necesitaba más que nunca.

Pero, cuando por fin estuvo a un lado de la Diosa, y a punto de esconderse detrás de ella como antaño había hecho, quedó estático, firme como una estatua y con los ojos cual plato clavados en la linda y diminuta imagen que tenía enfrente. Su frente brillaba... ¿Por qué su frente brillaba?— ¡¡POR NA...!! —¡STOP! ¿Por Naga? ¿EN serio? ¿De nuevo? ¿Y que lo siguiente fuese una estaca en su corazón?— ¡¡Na-Nacho el sin barba!! ¡¡Por Grima bendito!! —¡¿Qué más daba?! Pegando otro grito, se alejó nuevamente, entre ladridos y gritos de guerra. ¡Había olvidado que esa niña en realidad era una lagarta enorme! Y como última forma de escaparse de su maldita suerte, se abrazó con fuerza a un árbol, rezando que fuese lo suficientemente alto como para no ser mordido en su parte más vulnerable por el ser rabioso.

¡¡SOY INOCENTE!! ¡¡WAAAAHHH!! ¡NO ME MATEN! ¡NO ME MATEN! ¡Traidores! ¡Traidora! ¡No me recordaste que eras... Que eras ESO! —¡¡Ya nada importaba!! Ni Manster, ni Plegia, ni emergidos, ni rey. ¡Esa era una tragedia! Y con los ojos fuertemente cerrados, Hiren decidió casarse con el padre árbol.
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