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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Vie Dic 07, 2018 5:00 pm



Ya estaba todo preparado. Gangrel lo había conseguido. Las tropas de la nación plegiana habían sido movilizadas y tres cuartas partes del ejército junto a nueve décimas partes de la armada del reino. Y el rey estaba desbordante de felicidad y alegría. ¿Y dónde iban todos esos soldados? ¿Por qué Gangrel había tomado de las arcas públicas dinero para financiar aquella operación? Simple. Iba a ir a un lugar que era puramente bosques. Donde la población había sido masacrada y los emergidos se encontraban rodeados sin posibilidad de defenderse gracias a la conquista nohria de Grannvale y la resistencia de Thracia. Ese lugar no había podido ser explotado y tenía lo que a Plegia le faltaba para poder ser un reino rico: zonas que cultivar. Así, dejarían de necesitar comerciar por comida. La hambruna se acabaría. Y esa era una batalla ganada, como todos sabían. Ningún reino reclamó ese reino que sin embargo podía ser completamente reconstruido. Estarían defendidos por el norte con el gran territorio anexionado por Nohr y al sur Thracia debería hacer frente a las hordas que se les venían encima. Y las estrategias estaban marcadas. Fue Gangrel quien preparó las tácticas y se encargó de las tareas de reclutamiento.

Y el ejército plegiano, ya de sí aberrantemente grande, estaba reforzado por muchos mercenarios. Y lo mejor de todo, es que las arcas no se habían visto tan dañadas como le habían dicho los consejeros que pasaría. Seguirían siendo de los reinos más ricos incluso con aquella inversión. Los emergidos del reino no harían nada pues la paz seguía vigente con ellos en aquel lugar, y cuando recuperaran los recursos perdidos, y ganando tantas riquezas de Manster, que sería brutalmente desangrada como una colonia, y los pocos pobladores del lugar posiblemente acabarían como esclavos, las mujeres de cortesanas de soldados pervertidos que abusarían de ellas hasta el final… Y la población de Plegia sería feliz. Y su popularidad iría más en aumento.

Y cuando todo terminara, Nueva Plegia sería el nombre de Manster. La armada estaba preparada. Las banderas se alzaban y del puerto salían cientos de miles de soldados haciendo el saludo a la romana y los que se quedaban gritaban ese pequeño himno, un fuerte grito unánime: “¡GRIMA SALVE A PLEGIA!” que hacía retumbar hasta los edificios. La gente había salido a la calle para ver cómo todos aquellos soldados salían dirección al puerto. Tenían recursos para décadas de lucha preparados, los emergidos de Plegia ni se preocupaban pues estaban ocupados atacando Ylisse y Altea… Todo era perfecto. Todo estaba saliendo a salir de boca. Tanto que el rey había salido para comandar las tropas. Pondría de rodillas personalmente a los emergidos del lugar. Y ahí estaba él, montado a caballo delante de su gran ejército, que marchaba por las calles de la ciudad costera con el puerto seleccionado para partir, con la mano en alto haciendo el saludo a la romana mientras recibía halagos y aplausos por parte de sus súbditos. Y lo mejor es que sabía perfectamente que eran sinceros… Porque si eso salía bien, el hambre se acabaría en aquel lugar. Y todos lo sabían.

Pero aun así, lo que ocupaba la mente del rey eran los cálculos. Aproximaban él y sus matemáticos que tardarían unas tres o cuatro semanas en llegar a tierra enemiga, y casi dos meses o tres en conquistarlo todo si las cosas iban bien. De lo contrario, que lo dudaba, sería en medio año. Y retroceder no era una opción ya. Los barcos estaban repletos de soldados y mercenarios, Marc y Morgan habían recibido órdenes de mantener el orden en Plegia mientras él no estuviera y… Bueno, digamos que las ganas que tenía de dar un discurso no tenían nombre. Tanta gente exaltada era algo que invitaba a gritar y animarles a mantener viva la nación mientras tres cuartas partes del ejército no estuvieran ahí para protegerles.

Esperó hasta la llegada a la barcaza central para ello. Y no fue hasta que subió y consiguió colocarse en el punto más alto y que le permitiría a la gente que le escucharan mejor, que empezó a hablar.

-Me dirijo a la nación de Plegia como su máximo representante en el día de hoy –verdaderamente, estaba gritando. Y no haría falta, pues las bocas cesarían de moverse al ver que había empezado a hablar su rey- Para prometerles a sus gentes una gran nación que se impondrá sobre todos los dracomantes. Ya ha llegado la hora de relegar a Nohr en el puesto de reino grimante más temido. A pesar de la hambruna, vuestros impuestos enriquecen al reino. Hemos financiado sus campañas. ¡HA LLEGADO LA HORA DE RECLAMAR LO QUE NECESITA EL PUEBLO DE ESTE PAÍS! ¡POR GRIMA, POR PLEGIA, POR NUESTROS HIJOS Y POR LA VIDA, VOLVEREMOS CON MANSTER EN NUESTRAS MANOS! –alzó un puño con fingida furia mientras con la otra mano agarraba la corona, extendiéndola al frente- ¡COMO VUESTRO REY, PROMETO QUE NO VOLVERÉIS A PASAR HAMBRE!

Y mientras los aplausos y los gritos volvían a invadir las gargantas del pueblo llano, Gangrel se dirigiría a los que se encontraban con él en aquel barco. Hiren, Shuten, Rayink, Vincent, Sarah, Tyamat, Skjöld, Luigi… De entre todos los generales y mercenarios, ellos habían sido elegidos, algunos por más razones que otras, para ir en el mismo barco que el rey. Y entre todos los soldados que ahí había, estos eran los que más habían ganado la confianza del rey.

-General Rayink. Las tropas de magos negros se muestran positivas. Quiero que lideres los escuadrones mágicos encargados de la vanguardia –no estaba dando órdenes, simplemente pidiéndoles qué quería de cada uno- Hiren, por favor… Intenta no matar a nadie de la risa. Shuten, Tyamat, mis queridos manaketes, arrasad las filas enemigas como sabéis, pero no queméis más de lo necesario… Recordad el ducado y la taberna que os esperan a cambio, compañeros –veía como los soldados empezaban a marcharse. El contramaestre del barco estaba gritando ya a los marineros y el timonero parecía esperar a que el rey diera la orden- Vincent… Mi querido Bean… Simplemente sé tú mismo e intenta no morir, ¿sí? Skjöld, tus Cuervos van a cantar por noches eternas en los bosques cuando hayamos terminado con este problema, así que por favor, muéstranos la fuerza de tus garras… Luigi, recuerda, la guerra terminará, pero todavía es necesaria… Y… Cómo olvidarme de ti, Princesa –ahora se estaba dirigiendo a Sarah, su única “concubina” y lo más parecido a una esposa que tenía- Enseña a tu amo esas dotes con las que humillaste a mis wyverns –chasqueó los dedos, alzando el brazo mientras se giraba, dirección de nuevo a la proa del gran barco- ¡Y ahora, camaradas, destruyamos a los enemigos! ¡Salgamos de aquí y arrasemos con todo emergido que haya en nuestro camino…!

¡GRIMA SALVE A PLEGIA!


***
El viaje había trascurrido sin problemas. Habían destrozado a todo barco que se les ponía por el medio con intenciones de atacarles sin problemas. Aun tomando la ruta más rápida, y como era de esperar, se demoraron un par de semanas. Durante las cuales las tropas se entrenaban, comían juntas y confraternizaban, lo cual era perfecto para el correcto funcionamiento del ejército.

Y el desembarco… Había sido perfecto. La gran armada se había dividido en dos fracciones, las cuales atacaron por este y oeste, siendo la primera la mayoritaria sin duda, y teniendo cada una provisiones para cinco años… En una guerra que duraría a duras penas cinco meses como mucho. No podían haber imprevistos. De todas formas, el rey desembarcó en el este por su mayor proximidad a las fronteras de Grannvale, territorio aliado.

Gangrel fue el primero en poner pie en tierra, y nada más esto pasó, la guerra empezó con todo. Las tropas se movilizaron utilizando feroces ataques centella que destruían a las desorganizadas avanzadillas enemigas sin a duras penas sufrir daños, para luego retirarse unos metros a territorio seguro. Crearon rápidamente campamentos sólidos para defenderse y tomaron algunas antiguas villas costeras que servirían para protegerse y preparar nuevos asaltos. La táctica era simple: atacar, y antes de poder sufrir bajas, replegarse. Siempre avanzando, nunca dejaban un solo segundo de paz a los emergidos. Y las tropas no se cansaban. Pues se dividieron en seis grandes fracciones, tres en el este y tres en el oeste, que se sucedían a la hora de atacar: primero una, cuando esta se retiraba otra y así sucesivamente. Y con esta sucia y deplorable técnica, se consiguió asegurar un considerable terreno de costa, que sería la base de operaciones del resto.

Y ahí se encontraba Gangrel. Paseando en el campamento acompañado de su fiel espía, Vincent, con una lista que le informaba de la situación. Por supuesto, la velocidad con la que habían desembarcado no había dejado lugar a los emergidos a prepararse, así que podría considerarse una temporal victoria. Las bajas eran mínimas y se había conseguido una línea de comunicación aérea con la otra mitad de las tropas, que estaba luchando por el oeste para dividir en dos el país y poder destruir todavía más a los emergidos.

Todo eso emocionaba a Gangrel.

-Bean. Prepara a la guardia real… Voy a ir al frente a ver cómo están luchando mis soldados

Fueron las palabras del monarca, el cual seguía totalmente engatusado en el pergamino.

De todas formas, había llegado la hora de Plegia.

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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Vie Dic 07, 2018 10:28 pm

—Las ciudades costeras no están suponiendo una gran resistencia para nuestro ejército. No hay grandes aglomeraciones de emergidos cerca unos de otros, por lo que realmente nos ha dado una ventaja sustancial. Seguramente estén esparcidos por todo el país pero en pequeños grupos. Hemos encontrado varios de susodichos grupos en el camino que atraviesa Manster, y se está despejando éste para facilitar la comunicación de los batallones. La experiencia de Skjöld también resulta de ayuda en este tipo de terrenos. He tenido la ocasión de luchar a su lado no hace mucho—el plegiano acompañaba ese día a su monarca en el paseo por el campamento tras varias misiones realizadas. Había tomado un buen descanso, comido, hasta lavado. Sentirse limpio era una sensación sumamente agradable para el joven arquero, quien por un pasado no más que turbio, estaba acostumbrado a ser lo contrario. Su vida rodeada de lujos era el colchón que le permitía dormir por las noches tras una extenuante labor, que para muchos no era sino la mejor de las bendiciones. Había visto a la nueva mascota de su señor de lejos, ni siquiera había hablado con ella. No obstante, entregaba su cuerpo a cambio de una vida mejor. A lo mejor hasta había caído a los pies de Gangrel, enamorándose. Mujeres, son mujeres. No obstante, a pesar de que destacaba por su excentricidad, llegaba a sentir aprecio por el rey plegiano. Muchos años haciéndole visitas.

—Como desee, su majestad—una breve reverencia antes de marcharse junto a uno de los mapas de Manster. Al no llevar su ropa de mayordomo, confundiría cualquiera a Vincent con un soldado más, o incluso un mercenario. No iba a ponerse el casco, era agobiante, te pesaba la cabeza... Solo le hizo falta acercarse a las carpas correctas, chasquear los dedos una sola vez. Su tono de voz, avidez de sangre y conquista—Salimos con el Rey Gangrel al campo de batalla. Sabéis el premio de matar a más emergidos, caballeros. Espero que no decepcionen a nuestro rey—eran gritos eufóricos. Algunos mantenían la compostura tan solo por protocolo, por el decoro que les quedaba. Todos subían a sus caballos en busca de la gloria, otros por su país, por llegar de nuevo junto a sus familias lo antes posible. Cada cual tenía sus motivos, pero nadie, absolutamente nadie, se quedaba sin hacer nada. Era una falta de respeto y lealtad hacia Plegia no contribuir a la causa siendo un soldado de la armada. ¿Vincent por qué se subairía al caballo llegado el momento? Porque era su deber. No tenía familia con la que volver, el ascenso lo tendría -no estaba acostumbrado a grandes cargos eso sí-. No necesitaba pedir más. Velar por la seguridad del monarca plegiano sería su prioridad número uno. Caminó nuevamente hasta donde se encontraba Gangrel, enfrascado en uno de sus pergaminos.

—Ya está todo preparado para partir. Cuando dé la orden marcharemos al frente—con un semblante serio y a la vez amable, el fiel sirviente se quedaba a uno de los lados del rey.

Plegia conquistaría Manster.

Para unir a todos los pueblos en una sola nación.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Sáb Dic 08, 2018 10:29 am

Las buenas noticias no paraban de llegar, y aquel que a veces había tenido que ser el portador de las malas nuevas en algunas ocasiones así lo confirmaba. Al menos en Manster, el frente estaba asegurado y las conqusitas empezaban con fervor. Haber destruido la costa este en tan poco tiempo y haber puesto a los emergidos de la zona de rodillas no solo era gracia a la fuerza de sus guerreros y el poder de sus magos, también de la aguda y mezquina inteligencia que marcaba a todos y cada uno de los estrategas plegianos, estando él incluido en ese grupo… Pues él había sido quien había organizado a las tropas, quien había elegido la estrategia final y quien había reunido a aquel inmenso ejército. Por eso mismo, Gangrel podía permitirse visitar el frente y ver con orgullo cómo los suyos podían exterminar a aquellas minúsculas moscas que eran los emergidos de Manster.

Pero cualquier tipo de precaución era poca. Por supuesto, él como rey no podía permitirse luchar en el frente ya que eso podría herirlo… Y si moría, la casa real plegiana desaparecería por completo. No. Antes de poder jugarse demasiado la vida, debía tener asegurada la descendencia. Y eso era algo que el rey tenía claro. Por eso mismo, Gangrel había ordenado a Vincent que movilizara a la guardia real, el grupo más poderoso de soldados plegianos, la élite de la élite. Conformada en total por cincuenta personas que podrían destruir y arrasar cualquier batallón enemigo sin problemas, estos soldados, la gran mayoría de ellos sorcerers y Assasins, eran de suma importancia para la defensa de una figura tan importante como lo era el rey. Su tarea era simplemente esa, la defensa del monarca, y tal vez de quienes estuvieran cerca de él, pero no luchaban nunca si no era por eso mismo. Así pues, movilizar a un grupo de personas tan conocidas en Plegia como lo era la Guardia Real haría que los rumores se dispararan por el campamento. No era algo que beneficiara, pero tampoco perjudicaba de ninguna forma al rey, así que dejó que esto pasara mientras le dedicaba una palmada amistosa a Vincent como recompensa por lo hecho para la nación, dejando de lado así pues el documento que había estado leyendo hasta ese momento.

Y el mero hecho de que el rey te tocara… Bueno, era un honor de tamaño titánico. Solo esperaba que la movilización no fuera demasiado extrema. Su orden había sido simple: siempre debía haber como mínimo un escuadrón descansando, para que los diversos ataques centella que tenían lugar no fueran cesados por el sueño o el cansancio. De todas formas… Lo que a Gangrel le importaba era ganar. Y sabía que para eso, el estado de las tropas debía ser óptimo.

-Acompáñame a mí y a la guardia real, Vincent. Mis exploradores me han informado de una pequeña montaña que servirá de mirador para esta batalla… Y precisamente está al lado de una ciudad con comunicación a la carretera que usan los emergidos y todavía no hemos tomado. Ese será el lugar al que iremos.

***
Y tal como el rey había dicho, ahí estaban. Todavía montado en un corcel de blanco pelo ataviado con una armadura dorada a juego con la del rey, y seguido detrás de él por Vincent y más atrás los soldados encargados de su custodia, Gangrel miraba aquella ciudad que las tropas que se encontraban desplegadas por debajo de él se encargarían de destruir. No podía evitar reír. Reír como un poseso. Las cosas iban demasiado bien hasta para lo que él creía.

-¡MUAJAJAJAJA! –aquel sonido retumbaba por todos lados, y gracias a la altitud que tenía el rey por encima del resto, era completamente audible- ¡ARRASAD CON ESA PANDA DE BÁRBAROS, MIS QUERIDOS SIERVOS! ¡HACED QUE LA SANGRE CORRA!

El hecho de estar presionados por la presencia del mismísimo futuro emperador de la Gran Plegia intimidaba a las tropas. Tanto, que luchaban como si no hubiera un mañana. Nada más el rey gritó aquello, entraron con todo en la ciudad, enfrentándose a los pocos emergidos con los que se encontraban, y siempre retrocediendo si se veían en apuros para poder encontrarse con más y poder hacer frente a la amenaza. Con este juego de “ir y volver”, en menos de quince minutos la calle principal de la ciudad había quedado totalmente invadida por las tropas plegianas.

Y esto emocionaba también a Gangrel… Demasiado.

-¡PERFECTO! ¡MIRA ESO, VINCENT! ¿¡¡¡LO ESTÁS MIRANDO?!!! ¡ESTO ES MEJOR QUE EL SEXO! –se estaba descontrolando. Y él lo sabía. Pero por algo era el “Rey Loco”, ¿no?- ¡VALE, SE ACABÓ! ¡VINCENT, GUARDIAS! ¡VAMOS A BAJAR A LUCHAR TAMBIÉN! ¡QUIERO VER SANGRE EMERGIDA EN MIS ROPAJES POR UNA VEZ!
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent Ayer a las 4:26 pm

Cualquiera que observara la escena desde el exterior se horrorizaría ante la maniática risa de su rey. Él no, lo conocía demasiado bien como para asustarse a esas alturas de cualquier comportamiento errático. Nada más que la infantería era capaz de manejar la situación a las mil maravillas, haciendo correr por la calle principal sangre emergida a borbotones. Al tomarles por sorpresa, el enemigo tampoco se había preparado debidamente. Tenían una ventaja desmedida, lo que era bueno para ellos y para sus tropas. No iba a mirarle los dientes a caballo regalado. Eso sí… la euforia ya hacía que la cara de Gangrel se deformara en expresiones retorcidas, espeluznantes. Vincent por el contrario mantenía una expresión estoica, calma. Debía ser ese tipo de persona en esas situaciones. Mejor que el sexo... En su caso, mientras no le tocara a él ser ensartado por la espada o la lanza, estaba de acuerdo. Ver a tu enemigo sucumbir era una sensación de lo más satisfactoria.

Los soldados no hacían falta ser avisados, lo habían escuchado, el grito de Gangrel a pleno pulmón.

El ímpetu del monarca movilizaba las tropas. Siguiéndolo, todos bajaban de la colina a galope, unificándose con las tropas que atacaban la ciudad a un solo grito.

—¡GRIMA SALVE A PLEGIA!—.

Los emergidos temerían a Plegia. Debían hacerlo si querían sobrevivir. Esconderse en las madrigueras de las que habían salido para no volver a salir jamás. La ofensiva plegiana era sumamente destructiva, sin piedad por ningún soldado emergido que asolara la ciudad que querían conquistar. Vincent, arquero que era, se mantenía alejado de la primera línea, buscando un buen lugar desde el cual disparar y escoltar al futuro emperador de Gran Plegia. Finalmente dio con una de las primeras casas que habían sido purgadas de presencia emergida, dejando el caballo resguardado de la vista de cualquier enemigo. Otros arqueros se repartían entre el resto de edificios, otros decidiendo quedarse junto a la aglomeración de tropas plegianas. Se hizo con su arco, sacando una flecha de su carcaj. Acertaba flechas que atravesaban las ventanas rotas donde se ocultaban magos enemigos. Agradecía tener flechas suficientes para encargarse de toda molestia. Siempre dando por culo desde su escondrijo, una rata que mordía y volvía a esconderse.

Se giró hacia la posición del rey Gangrel, tensando la cuerda. Uno, dos… tres. Soltó la flecha en dirección a su espalda. El silbido de la flecha cortó el aire, aterrizando en el cuello de un soldado enemigo. A ese hombre le gustaba demasiado la guerra, metiéndose de lleno en la faena.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel Hoy a las 11:00 am

El rey de Plegia era un monstruo. Antaño, movilizó las tropas para arrasar con toda la realeza anterior a él, y bien que lo hizo, pues toda la Casa de Plegia fue erradicada. Algo había aprendido en tantos años controlando al ejército y esto era que pasara lo que pasara, el rey nunca debía moverse, como si fuera una partida de ajedrez. Pero si el rey se movía… Todos debían hacerlo con él. Por eso mismo, a medida que las tropas veían cómo el corcel blanco iba descendiendo a toda velocidad junto a la guardia real, el ataque se volvería mucho más agresivo. No podían permitir, evidentemente, que aquel hombre que los había llevado hasta ahí muriera. La vida del rey loco se había convertido en la máxima prioridad a proteger.

Y eso significaba que no dejarían que el rey entrara en combate pasara lo que pasara. Y Gangrel, muy en el fondo, comprendía el por qué. Nada más desmontar del corcel, dejándolo improvisadamente atado en un árbol cercano a la ciudad, el rey alzó el puño, lanzando un inentendible grito para que su guardia real despejara el camino. A pesar del buen trabajo que estaban haciendo los miembros de la infantería reteniendo a los emergidos para que se fueran alejando de la ciudad y la excelente actuación de los magos oscuros, cuyos hechizos iban destruyendo a los emergidos antes de que estos pudieran llegar a dañar demasiado las líneas defensivas, algo fallaba.

El rey veía poco movimiento. Eso nunca era bueno. Una estrategia que estuviera siguiendo la técnica del desgaste no era buena en ningún sentido. Lo que para algunos era el fragor de una encarnizada batalla, el rey lo tomaba como una partida de un juego de mesa. Los miembros de la guardia se encargaban de proteger al monarca con poderosísimos conjuros y ataques de los emergidos que conseguían llegar hasta el punto donde se encontraba, y cuando no eran ellos, se trataban de los arqueros en las lejanías, entre los cuales bien sabía que estaba Vincent. Pero aquella estrategia fallaba.

Poco a poco, la mente del rey lo iba entendiendo. Y sabía perfectamente lo que hacer. La velocidad de los pasos del que en un próximo futuro sería emperador de Nueva Plegia iría en aumento, mientras intentaba llegar a la plaza central de la ruinosa ciudad, la cual era el principal punto en disputa. Los emergidos repelidos de las calles habían decidido dar una última resistencia ahí, y eso era algo que el monarca no se podía permitir.

-¡¡¡ARQUEROS Y JINETES WYVERN!!! –exclamó con suficiente potencia como para hacerse oír en el fragor de aquel apasionado y fragoroso baile de armas- ¡¡¡UNÍOS Y ATACAD DESDE EL AIRE!!! ¡¡¡NO OS QUEDÉIS DETRÁS!!!

La orden sería rápidamente recibida. Los generales en pie se encargaban de hacerlo llegar a los comandantes de los batallones aéreos, hasta ese momento totalmente ausentes en la batalla; empezarían su ataque. Se dirigieron hacia las últimas filas, donde se encontraban los arqueros, para dejar que estos subieran a las monturas que tan imprescindibles les volvían. Ahora venía la parte verdaderamente divertida.

-¡¡¡CADA CINCO FLECHAS ARROJADAS, QUE CADA JINETE ATAQUE CON SU HACHA!!! –como si se trataran de altavoces, los soldados iban propagando la orden que el rey daba, sin ningún tipo de error para repetirlas. Gangrel sabía muy bien lo que hacía- ¡¡¡Y LA CABALLERÍA TERRESTRE, QUE SE DESPLACE POR LAS AFUERAS DE LA CIUDAD Y ENTRE DE NUEVO PARA DEJAR RODEADOS A LOS EMERGIDOS!!! ¡¡¡HECHICEROS, COLOCAOS EN LAS ÚLTIMAS LÍNEAS Y LOS LUGARES DONDE MEJOR PODÁIS APUNTAR Y NO ESCATIMÉIS EN RECURSOS, GRIMA HARÁ QUE LOS HECHIZOS ACIERTEN!!!

Dar tantas órdenes tan cerca del peligro (pues las batallas estaban librándose a escasos metros del rey) y de una forma tan seguida podría ser un desafío para cualquier comandante. Pero el concepto de “vida” era algo que no quedaba demasiado claro al rey, y viendo la efectividad y aguante de sus tropas, sabía que podía forzarlas a más. Aquella estrategia que acababa de idear permitiría crear un cerco alrededor del bando emergido local y exterminarlo desde arriba sin sufrir bajas por abajo, pues las tropas estarían apoyadas ahí con los hechizos de los magos negros.

Una técnica rudimentaria, básica, que cualquier estratega hubiera recomendado, pero tan efectiva como cualquier ataque. El rey alzaría la mano mientras se acercaba un poco más a las primeras filas, para lo cual quedaban a duras penas diez metros. Uno de los miembros de la guardia real, que iba montado en un caballo, se acercó para saber lo que quería.

-Trae el Agua de Grima –declaró el rey con una sonrisa de oreja a oreja, viendo que muchos emergidos empezaban a verse forzados a salir por los pocos callejones que las tropas plegianas no habían tomado para huir por la carretera. El soldado rápidamente obedecería, yendo corriendo hasta el campamento. Gangrel sabía que no volvería hasta una hora más tarde como mínimo- Ha llegado la hora de hacerles sentir el peso de la furia de nuestro dios. ¡¡Y EL RESTO, ATACAD!! ¡¡¡COMO UN SOLO EMERGIDO LLEGUE HASTA DONDE ME ENCUENTRO YO CONSIDERARÉ ESTO UNA DERROTA, AUNQUE LUEGO LOS EXTERMINÉIS!!! ¡Y DEJAD QUE ESCAPEN POR UNO DE LOS CALLEJONES A LA CARRETERA QUE TODAVÍA TIENEN TOMADA! ¡VAMOS A MASACRARLOS EN CAMPO ABIERTO!
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