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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Vie Dic 07, 2018 5:00 pm



Ya estaba todo preparado. Gangrel lo había conseguido. Las tropas de la nación plegiana habían sido movilizadas y tres cuartas partes del ejército junto a nueve décimas partes de la armada del reino. Y el rey estaba desbordante de felicidad y alegría. ¿Y dónde iban todos esos soldados? ¿Por qué Gangrel había tomado de las arcas públicas dinero para financiar aquella operación? Simple. Iba a ir a un lugar que era puramente bosques. Donde la población había sido masacrada y los emergidos se encontraban rodeados sin posibilidad de defenderse gracias a la conquista nohria de Grannvale y la resistencia de Thracia. Ese lugar no había podido ser explotado y tenía lo que a Plegia le faltaba para poder ser un reino rico: zonas que cultivar. Así, dejarían de necesitar comerciar por comida. La hambruna se acabaría. Y esa era una batalla ganada, como todos sabían. Ningún reino reclamó ese reino que sin embargo podía ser completamente reconstruido. Estarían defendidos por el norte con el gran territorio anexionado por Nohr y al sur Thracia debería hacer frente a las hordas que se les venían encima. Y las estrategias estaban marcadas. Fue Gangrel quien preparó las tácticas y se encargó de las tareas de reclutamiento.

Y el ejército plegiano, ya de sí aberrantemente grande, estaba reforzado por muchos mercenarios. Y lo mejor de todo, es que las arcas no se habían visto tan dañadas como le habían dicho los consejeros que pasaría. Seguirían siendo de los reinos más ricos incluso con aquella inversión. Los emergidos del reino no harían nada pues la paz seguía vigente con ellos en aquel lugar, y cuando recuperaran los recursos perdidos, y ganando tantas riquezas de Manster, que sería brutalmente desangrada como una colonia, y los pocos pobladores del lugar posiblemente acabarían como esclavos, las mujeres de cortesanas de soldados pervertidos que abusarían de ellas hasta el final… Y la población de Plegia sería feliz. Y su popularidad iría más en aumento.

Y cuando todo terminara, Nueva Plegia sería el nombre de Manster. La armada estaba preparada. Las banderas se alzaban y del puerto salían cientos de miles de soldados haciendo el saludo a la romana y los que se quedaban gritaban ese pequeño himno, un fuerte grito unánime: “¡GRIMA SALVE A PLEGIA!” que hacía retumbar hasta los edificios. La gente había salido a la calle para ver cómo todos aquellos soldados salían dirección al puerto. Tenían recursos para décadas de lucha preparados, los emergidos de Plegia ni se preocupaban pues estaban ocupados atacando Ylisse y Altea… Todo era perfecto. Todo estaba saliendo a salir de boca. Tanto que el rey había salido para comandar las tropas. Pondría de rodillas personalmente a los emergidos del lugar. Y ahí estaba él, montado a caballo delante de su gran ejército, que marchaba por las calles de la ciudad costera con el puerto seleccionado para partir, con la mano en alto haciendo el saludo a la romana mientras recibía halagos y aplausos por parte de sus súbditos. Y lo mejor es que sabía perfectamente que eran sinceros… Porque si eso salía bien, el hambre se acabaría en aquel lugar. Y todos lo sabían.

Pero aun así, lo que ocupaba la mente del rey eran los cálculos. Aproximaban él y sus matemáticos que tardarían unas tres o cuatro semanas en llegar a tierra enemiga, y casi dos meses o tres en conquistarlo todo si las cosas iban bien. De lo contrario, que lo dudaba, sería en medio año. Y retroceder no era una opción ya. Los barcos estaban repletos de soldados y mercenarios, Marc y Morgan habían recibido órdenes de mantener el orden en Plegia mientras él no estuviera y… Bueno, digamos que las ganas que tenía de dar un discurso no tenían nombre. Tanta gente exaltada era algo que invitaba a gritar y animarles a mantener viva la nación mientras tres cuartas partes del ejército no estuvieran ahí para protegerles.

Esperó hasta la llegada a la barcaza central para ello. Y no fue hasta que subió y consiguió colocarse en el punto más alto y que le permitiría a la gente que le escucharan mejor, que empezó a hablar.

-Me dirijo a la nación de Plegia como su máximo representante en el día de hoy –verdaderamente, estaba gritando. Y no haría falta, pues las bocas cesarían de moverse al ver que había empezado a hablar su rey- Para prometerles a sus gentes una gran nación que se impondrá sobre todos los dracomantes. Ya ha llegado la hora de relegar a Nohr en el puesto de reino grimante más temido. A pesar de la hambruna, vuestros impuestos enriquecen al reino. Hemos financiado sus campañas. ¡HA LLEGADO LA HORA DE RECLAMAR LO QUE NECESITA EL PUEBLO DE ESTE PAÍS! ¡POR GRIMA, POR PLEGIA, POR NUESTROS HIJOS Y POR LA VIDA, VOLVEREMOS CON MANSTER EN NUESTRAS MANOS! –alzó un puño con fingida furia mientras con la otra mano agarraba la corona, extendiéndola al frente- ¡COMO VUESTRO REY, PROMETO QUE NO VOLVERÉIS A PASAR HAMBRE!

Y mientras los aplausos y los gritos volvían a invadir las gargantas del pueblo llano, Gangrel se dirigiría a los que se encontraban con él en aquel barco. Hiren, Shuten, Rayink, Vincent, Sarah, Tyamat, Skjöld, Luigi… De entre todos los generales y mercenarios, ellos habían sido elegidos, algunos por más razones que otras, para ir en el mismo barco que el rey. Y entre todos los soldados que ahí había, estos eran los que más habían ganado la confianza del rey.

-General Rayink. Las tropas de magos negros se muestran positivas. Quiero que lideres los escuadrones mágicos encargados de la vanguardia –no estaba dando órdenes, simplemente pidiéndoles qué quería de cada uno- Hiren, por favor… Intenta no matar a nadie de la risa. Shuten, Tyamat, mis queridos manaketes, arrasad las filas enemigas como sabéis, pero no queméis más de lo necesario… Recordad el ducado y la taberna que os esperan a cambio, compañeros –veía como los soldados empezaban a marcharse. El contramaestre del barco estaba gritando ya a los marineros y el timonero parecía esperar a que el rey diera la orden- Vincent… Mi querido Bean… Simplemente sé tú mismo e intenta no morir, ¿sí? Skjöld, tus Cuervos van a cantar por noches eternas en los bosques cuando hayamos terminado con este problema, así que por favor, muéstranos la fuerza de tus garras… Luigi, recuerda, la guerra terminará, pero todavía es necesaria… Y… Cómo olvidarme de ti, Princesa –ahora se estaba dirigiendo a Sarah, su única “concubina” y lo más parecido a una esposa que tenía- Enseña a tu amo esas dotes con las que humillaste a mis wyverns –chasqueó los dedos, alzando el brazo mientras se giraba, dirección de nuevo a la proa del gran barco- ¡Y ahora, camaradas, destruyamos a los enemigos! ¡Salgamos de aquí y arrasemos con todo emergido que haya en nuestro camino…!

¡GRIMA SALVE A PLEGIA!


***
El viaje había trascurrido sin problemas. Habían destrozado a todo barco que se les ponía por el medio con intenciones de atacarles sin problemas. Aun tomando la ruta más rápida, y como era de esperar, se demoraron un par de semanas. Durante las cuales las tropas se entrenaban, comían juntas y confraternizaban, lo cual era perfecto para el correcto funcionamiento del ejército.

Y el desembarco… Había sido perfecto. La gran armada se había dividido en dos fracciones, las cuales atacaron por este y oeste, siendo la primera la mayoritaria sin duda, y teniendo cada una provisiones para cinco años… En una guerra que duraría a duras penas cinco meses como mucho. No podían haber imprevistos. De todas formas, el rey desembarcó en el este por su mayor proximidad a las fronteras de Grannvale, territorio aliado.

Gangrel fue el primero en poner pie en tierra, y nada más esto pasó, la guerra empezó con todo. Las tropas se movilizaron utilizando feroces ataques centella que destruían a las desorganizadas avanzadillas enemigas sin a duras penas sufrir daños, para luego retirarse unos metros a territorio seguro. Crearon rápidamente campamentos sólidos para defenderse y tomaron algunas antiguas villas costeras que servirían para protegerse y preparar nuevos asaltos. La táctica era simple: atacar, y antes de poder sufrir bajas, replegarse. Siempre avanzando, nunca dejaban un solo segundo de paz a los emergidos. Y las tropas no se cansaban. Pues se dividieron en seis grandes fracciones, tres en el este y tres en el oeste, que se sucedían a la hora de atacar: primero una, cuando esta se retiraba otra y así sucesivamente. Y con esta sucia y deplorable técnica, se consiguió asegurar un considerable terreno de costa, que sería la base de operaciones del resto.

Y ahí se encontraba Gangrel. Paseando en el campamento acompañado de su fiel espía, Vincent, con una lista que le informaba de la situación. Por supuesto, la velocidad con la que habían desembarcado no había dejado lugar a los emergidos a prepararse, así que podría considerarse una temporal victoria. Las bajas eran mínimas y se había conseguido una línea de comunicación aérea con la otra mitad de las tropas, que estaba luchando por el oeste para dividir en dos el país y poder destruir todavía más a los emergidos.

Todo eso emocionaba a Gangrel.

-Bean. Prepara a la guardia real… Voy a ir al frente a ver cómo están luchando mis soldados

Fueron las palabras del monarca, el cual seguía totalmente engatusado en el pergamino.

De todas formas, había llegado la hora de Plegia.

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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Vie Dic 07, 2018 10:28 pm

—Las ciudades costeras no están suponiendo una gran resistencia para nuestro ejército. No hay grandes aglomeraciones de emergidos cerca unos de otros, por lo que realmente nos ha dado una ventaja sustancial. Seguramente estén esparcidos por todo el país pero en pequeños grupos. Hemos encontrado varios de susodichos grupos en el camino que atraviesa Manster, y se está despejando éste para facilitar la comunicación de los batallones. La experiencia de Skjöld también resulta de ayuda en este tipo de terrenos. He tenido la ocasión de luchar a su lado no hace mucho—el plegiano acompañaba ese día a su monarca en el paseo por el campamento tras varias misiones realizadas. Había tomado un buen descanso, comido, hasta lavado. Sentirse limpio era una sensación sumamente agradable para el joven arquero, quien por un pasado no más que turbio, estaba acostumbrado a ser lo contrario. Su vida rodeada de lujos era el colchón que le permitía dormir por las noches tras una extenuante labor, que para muchos no era sino la mejor de las bendiciones. Había visto a la nueva mascota de su señor de lejos, ni siquiera había hablado con ella. No obstante, entregaba su cuerpo a cambio de una vida mejor. A lo mejor hasta había caído a los pies de Gangrel, enamorándose. Mujeres, son mujeres. No obstante, a pesar de que destacaba por su excentricidad, llegaba a sentir aprecio por el rey plegiano. Muchos años haciéndole visitas.

—Como desee, su majestad—una breve reverencia antes de marcharse junto a uno de los mapas de Manster. Al no llevar su ropa de mayordomo, confundiría cualquiera a Vincent con un soldado más, o incluso un mercenario. No iba a ponerse el casco, era agobiante, te pesaba la cabeza... Solo le hizo falta acercarse a las carpas correctas, chasquear los dedos una sola vez. Su tono de voz, avidez de sangre y conquista—Salimos con el Rey Gangrel al campo de batalla. Sabéis el premio de matar a más emergidos, caballeros. Espero que no decepcionen a nuestro rey—eran gritos eufóricos. Algunos mantenían la compostura tan solo por protocolo, por el decoro que les quedaba. Todos subían a sus caballos en busca de la gloria, otros por su país, por llegar de nuevo junto a sus familias lo antes posible. Cada cual tenía sus motivos, pero nadie, absolutamente nadie, se quedaba sin hacer nada. Era una falta de respeto y lealtad hacia Plegia no contribuir a la causa siendo un soldado de la armada. ¿Vincent por qué se subairía al caballo llegado el momento? Porque era su deber. No tenía familia con la que volver, el ascenso lo tendría -no estaba acostumbrado a grandes cargos eso sí-. No necesitaba pedir más. Velar por la seguridad del monarca plegiano sería su prioridad número uno. Caminó nuevamente hasta donde se encontraba Gangrel, enfrascado en uno de sus pergaminos.

—Ya está todo preparado para partir. Cuando dé la orden marcharemos al frente—con un semblante serio y a la vez amable, el fiel sirviente se quedaba a uno de los lados del rey.

Plegia conquistaría Manster.

Para unir a todos los pueblos en una sola nación.


Última edición por Vincent el Vie Dic 21, 2018 5:39 pm, editado 1 vez
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Sáb Dic 08, 2018 10:29 am

Las buenas noticias no paraban de llegar, y aquel que a veces había tenido que ser el portador de las malas nuevas en algunas ocasiones así lo confirmaba. Al menos en Manster, el frente estaba asegurado y las conqusitas empezaban con fervor. Haber destruido la costa este en tan poco tiempo y haber puesto a los emergidos de la zona de rodillas no solo era gracia a la fuerza de sus guerreros y el poder de sus magos, también de la aguda y mezquina inteligencia que marcaba a todos y cada uno de los estrategas plegianos, estando él incluido en ese grupo… Pues él había sido quien había organizado a las tropas, quien había elegido la estrategia final y quien había reunido a aquel inmenso ejército. Por eso mismo, Gangrel podía permitirse visitar el frente y ver con orgullo cómo los suyos podían exterminar a aquellas minúsculas moscas que eran los emergidos de Manster.

Pero cualquier tipo de precaución era poca. Por supuesto, él como rey no podía permitirse luchar en el frente ya que eso podría herirlo… Y si moría, la casa real plegiana desaparecería por completo. No. Antes de poder jugarse demasiado la vida, debía tener asegurada la descendencia. Y eso era algo que el rey tenía claro. Por eso mismo, Gangrel había ordenado a Vincent que movilizara a la guardia real, el grupo más poderoso de soldados plegianos, la élite de la élite. Conformada en total por cincuenta personas que podrían destruir y arrasar cualquier batallón enemigo sin problemas, estos soldados, la gran mayoría de ellos sorcerers y Assasins, eran de suma importancia para la defensa de una figura tan importante como lo era el rey. Su tarea era simplemente esa, la defensa del monarca, y tal vez de quienes estuvieran cerca de él, pero no luchaban nunca si no era por eso mismo. Así pues, movilizar a un grupo de personas tan conocidas en Plegia como lo era la Guardia Real haría que los rumores se dispararan por el campamento. No era algo que beneficiara, pero tampoco perjudicaba de ninguna forma al rey, así que dejó que esto pasara mientras le dedicaba una palmada amistosa a Vincent como recompensa por lo hecho para la nación, dejando de lado así pues el documento que había estado leyendo hasta ese momento.

Y el mero hecho de que el rey te tocara… Bueno, era un honor de tamaño titánico. Solo esperaba que la movilización no fuera demasiado extrema. Su orden había sido simple: siempre debía haber como mínimo un escuadrón descansando, para que los diversos ataques centella que tenían lugar no fueran cesados por el sueño o el cansancio. De todas formas… Lo que a Gangrel le importaba era ganar. Y sabía que para eso, el estado de las tropas debía ser óptimo.

-Acompáñame a mí y a la guardia real, Vincent. Mis exploradores me han informado de una pequeña montaña que servirá de mirador para esta batalla… Y precisamente está al lado de una ciudad con comunicación a la carretera que usan los emergidos y todavía no hemos tomado. Ese será el lugar al que iremos.

***
Y tal como el rey había dicho, ahí estaban. Todavía montado en un corcel de blanco pelo ataviado con una armadura dorada a juego con la del rey, y seguido detrás de él por Vincent y más atrás los soldados encargados de su custodia, Gangrel miraba aquella ciudad que las tropas que se encontraban desplegadas por debajo de él se encargarían de destruir. No podía evitar reír. Reír como un poseso. Las cosas iban demasiado bien hasta para lo que él creía.

-¡MUAJAJAJAJA! –aquel sonido retumbaba por todos lados, y gracias a la altitud que tenía el rey por encima del resto, era completamente audible- ¡ARRASAD CON ESA PANDA DE BÁRBAROS, MIS QUERIDOS SIERVOS! ¡HACED QUE LA SANGRE CORRA!

El hecho de estar presionados por la presencia del mismísimo futuro emperador de la Gran Plegia intimidaba a las tropas. Tanto, que luchaban como si no hubiera un mañana. Nada más el rey gritó aquello, entraron con todo en la ciudad, enfrentándose a los pocos emergidos con los que se encontraban, y siempre retrocediendo si se veían en apuros para poder encontrarse con más y poder hacer frente a la amenaza. Con este juego de “ir y volver”, en menos de quince minutos la calle principal de la ciudad había quedado totalmente invadida por las tropas plegianas.

Y esto emocionaba también a Gangrel… Demasiado.

-¡PERFECTO! ¡MIRA ESO, VINCENT! ¿¡¡¡LO ESTÁS MIRANDO?!!! ¡ESTO ES MEJOR QUE EL SEXO! –se estaba descontrolando. Y él lo sabía. Pero por algo era el “Rey Loco”, ¿no?- ¡VALE, SE ACABÓ! ¡VINCENT, GUARDIAS! ¡VAMOS A BAJAR A LUCHAR TAMBIÉN! ¡QUIERO VER SANGRE EMERGIDA EN MIS ROPAJES POR UNA VEZ!
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Lun Dic 10, 2018 4:26 pm

Cualquiera que observara la escena desde el exterior se horrorizaría ante la maniática risa de su rey. Él no, lo conocía demasiado bien como para asustarse a esas alturas de cualquier comportamiento errático. Nada más que la infantería era capaz de manejar la situación a las mil maravillas, haciendo correr por la calle principal sangre emergida a borbotones. Al tomarles por sorpresa, el enemigo tampoco se había preparado debidamente. Tenían una ventaja desmedida, lo que era bueno para ellos y para sus tropas. No iba a mirarle los dientes a caballo regalado. Eso sí… la euforia ya hacía que la cara de Gangrel se deformara en expresiones retorcidas, espeluznantes. Vincent por el contrario mantenía una expresión estoica, calma. Debía ser ese tipo de persona en esas situaciones. Mejor que el sexo... En su caso, mientras no le tocara a él ser ensartado por la espada o la lanza, estaba de acuerdo. Ver a tu enemigo sucumbir era una sensación de lo más satisfactoria.

Los soldados no hacían falta ser avisados, lo habían escuchado, el grito de Gangrel a pleno pulmón.

El ímpetu del monarca movilizaba las tropas. Siguiéndolo, todos bajaban de la colina a galope, unificándose con las tropas que atacaban la ciudad a un solo grito.

—¡GRIMA SALVE A PLEGIA!—.

Los emergidos temerían a Plegia. Debían hacerlo si querían sobrevivir. Esconderse en las madrigueras de las que habían salido para no volver a salir jamás. La ofensiva plegiana era sumamente destructiva, sin piedad por ningún soldado emergido que asolara la ciudad que querían conquistar. Vincent, arquero que era, se mantenía alejado de la primera línea, buscando un buen lugar desde el cual disparar y escoltar al futuro emperador de Gran Plegia. Finalmente dio con una de las primeras casas que habían sido purgadas de presencia emergida, dejando el caballo resguardado de la vista de cualquier enemigo. Otros arqueros se repartían entre el resto de edificios, otros decidiendo quedarse junto a la aglomeración de tropas plegianas. Se hizo con su arco, sacando una flecha de su carcaj. Acertaba flechas que atravesaban las ventanas rotas donde se ocultaban magos enemigos. Agradecía tener flechas suficientes para encargarse de toda molestia. Siempre dando por culo desde su escondrijo, una rata que mordía y volvía a esconderse.

Se giró hacia la posición del rey Gangrel, tensando la cuerda. Uno, dos… tres. Soltó la flecha en dirección a su espalda. El silbido de la flecha cortó el aire, aterrizando en el cuello de un soldado enemigo. A ese hombre le gustaba demasiado la guerra, metiéndose de lleno en la faena.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Mar Dic 11, 2018 11:00 am

El rey de Plegia era un monstruo. Antaño, movilizó las tropas para arrasar con toda la realeza anterior a él, y bien que lo hizo, pues toda la Casa de Plegia fue erradicada. Algo había aprendido en tantos años controlando al ejército y esto era que pasara lo que pasara, el rey nunca debía moverse, como si fuera una partida de ajedrez. Pero si el rey se movía… Todos debían hacerlo con él. Por eso mismo, a medida que las tropas veían cómo el corcel blanco iba descendiendo a toda velocidad junto a la guardia real, el ataque se volvería mucho más agresivo. No podían permitir, evidentemente, que aquel hombre que los había llevado hasta ahí muriera. La vida del rey loco se había convertido en la máxima prioridad a proteger.

Y eso significaba que no dejarían que el rey entrara en combate pasara lo que pasara. Y Gangrel, muy en el fondo, comprendía el por qué. Nada más desmontar del corcel, dejándolo improvisadamente atado en un árbol cercano a la ciudad, el rey alzó el puño, lanzando un inentendible grito para que su guardia real despejara el camino. A pesar del buen trabajo que estaban haciendo los miembros de la infantería reteniendo a los emergidos para que se fueran alejando de la ciudad y la excelente actuación de los magos oscuros, cuyos hechizos iban destruyendo a los emergidos antes de que estos pudieran llegar a dañar demasiado las líneas defensivas, algo fallaba.

El rey veía poco movimiento. Eso nunca era bueno. Una estrategia que estuviera siguiendo la técnica del desgaste no era buena en ningún sentido. Lo que para algunos era el fragor de una encarnizada batalla, el rey lo tomaba como una partida de un juego de mesa. Los miembros de la guardia se encargaban de proteger al monarca con poderosísimos conjuros y ataques de los emergidos que conseguían llegar hasta el punto donde se encontraba, y cuando no eran ellos, se trataban de los arqueros en las lejanías, entre los cuales bien sabía que estaba Vincent. Pero aquella estrategia fallaba.

Poco a poco, la mente del rey lo iba entendiendo. Y sabía perfectamente lo que hacer. La velocidad de los pasos del que en un próximo futuro sería emperador de Nueva Plegia iría en aumento, mientras intentaba llegar a la plaza central de la ruinosa ciudad, la cual era el principal punto en disputa. Los emergidos repelidos de las calles habían decidido dar una última resistencia ahí, y eso era algo que el monarca no se podía permitir.

-¡¡¡ARQUEROS Y JINETES WYVERN!!! –exclamó con suficiente potencia como para hacerse oír en el fragor de aquel apasionado y fragoroso baile de armas- ¡¡¡UNÍOS Y ATACAD DESDE EL AIRE!!! ¡¡¡NO OS QUEDÉIS DETRÁS!!!

La orden sería rápidamente recibida. Los generales en pie se encargaban de hacerlo llegar a los comandantes de los batallones aéreos, hasta ese momento totalmente ausentes en la batalla; empezarían su ataque. Se dirigieron hacia las últimas filas, donde se encontraban los arqueros, para dejar que estos subieran a las monturas que tan imprescindibles les volvían. Ahora venía la parte verdaderamente divertida.

-¡¡¡CADA CINCO FLECHAS ARROJADAS, QUE CADA JINETE ATAQUE CON SU HACHA!!! –como si se trataran de altavoces, los soldados iban propagando la orden que el rey daba, sin ningún tipo de error para repetirlas. Gangrel sabía muy bien lo que hacía- ¡¡¡Y LA CABALLERÍA TERRESTRE, QUE SE DESPLACE POR LAS AFUERAS DE LA CIUDAD Y ENTRE DE NUEVO PARA DEJAR RODEADOS A LOS EMERGIDOS!!! ¡¡¡HECHICEROS, COLOCAOS EN LAS ÚLTIMAS LÍNEAS Y LOS LUGARES DONDE MEJOR PODÁIS APUNTAR Y NO ESCATIMÉIS EN RECURSOS, GRIMA HARÁ QUE LOS HECHIZOS ACIERTEN!!!

Dar tantas órdenes tan cerca del peligro (pues las batallas estaban librándose a escasos metros del rey) y de una forma tan seguida podría ser un desafío para cualquier comandante. Pero el concepto de “vida” era algo que no quedaba demasiado claro al rey, y viendo la efectividad y aguante de sus tropas, sabía que podía forzarlas a más. Aquella estrategia que acababa de idear permitiría crear un cerco alrededor del bando emergido local y exterminarlo desde arriba sin sufrir bajas por abajo, pues las tropas estarían apoyadas ahí con los hechizos de los magos negros.

Una técnica rudimentaria, básica, que cualquier estratega hubiera recomendado, pero tan efectiva como cualquier ataque. El rey alzaría la mano mientras se acercaba un poco más a las primeras filas, para lo cual quedaban a duras penas diez metros. Uno de los miembros de la guardia real, que iba montado en un caballo, se acercó para saber lo que quería.

-Trae el Agua de Grima –declaró el rey con una sonrisa de oreja a oreja, viendo que muchos emergidos empezaban a verse forzados a salir por los pocos callejones que las tropas plegianas no habían tomado para huir por la carretera. El soldado rápidamente obedecería, yendo corriendo hasta el campamento. Gangrel sabía que no volvería hasta una hora más tarde como mínimo- Ha llegado la hora de hacerles sentir el peso de la furia de nuestro dios. ¡¡Y EL RESTO, ATACAD!! ¡¡¡COMO UN SOLO EMERGIDO LLEGUE HASTA DONDE ME ENCUENTRO YO CONSIDERARÉ ESTO UNA DERROTA, AUNQUE LUEGO LOS EXTERMINÉIS!!! ¡Y DEJAD QUE ESCAPEN POR UNO DE LOS CALLEJONES A LA CARRETERA QUE TODAVÍA TIENEN TOMADA! ¡VAMOS A MASACRARLOS EN CAMPO ABIERTO!
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Lun Dic 17, 2018 4:10 pm

El rubio salvaba al rey y él los amenazaba con quitarles la recompensa de la victoria si un emergido llegaba hasta él. Era caprichoso, sin duda alguna, mas el miedo era una buena técnica para exprimir los talentos ajenos, o por lo menos para que se esforzaran más. Quería ver a los soldados en movimiento no de brazos cruzados. Conforme los emergidos se reunían en la calle principal, más fácil era acertar las flechas. Incapaces de escapar por las callejuelas, la estrategia del monarca se aplicaba a las mil maravillas. Los sedientos de sangre atacaban con las hachas rápidamente, deleitándose con la vista de un enemigo menos delante y ojos que perdían su brillo. Los menos entusiastas simplemente pensanban en quitarse a una molestia más de en medio. Los arqueros en concreto no se recreaban mucho en las muertes. Eran soldados que buscaban la muerte rápida para seguir con el siguiente objetivo, lo que calmaba la conciencia de quienes los contrataba. Un tiro a la cabeza o a un punto vital y sería su último aliento.

Desde su correspondiente posición Vincent tensaba la cuerda y disparaba su flecha para que le siguiera otra más, las tres siguientes y luego las armas. Era limpiar la calle con una escoba de metal en la que los insectos no tenían escapatoria, unos pocos sencillamente deslizándose a una trampa para ratas. Con el liderazgo de Gangrel la batalla se agilizó, los emergidos fueron perdiendo a un ritmo vertiginoso, y pronto lo que quedaba en la calle principal eran restos que intentaban retirarse hacia otras casas más allá de la calle principal, como si eso le fuera a funcionar. Caminando por los tejados el arquero ágilmente se dedicó a cazar a sus presas felizmente. Con todos los que se habían escapado a campo abierto ya tendría el señor suficiente para un gran entretenimiento, no deseaba complicaciones que le costara la vida a uno de sus soldados por un emergido escondido. Entonces silbó, escuchando el trote de un caballo. Vio entonces a su corcel negro debajo de la casa, saltando primero a un muro más bajo, luego al suelo.

Montado a caballo, se dirigió junto al grueso del ejército plegiano, donde se encontraba el rey, quien parecía disfrutar de haberse librado de una peste más. Se acercó tranquilo, adentrándose entre los soldados—Cuando desee nos dirigiremos a campo abierto, nos hemos deshecho de los emergidos que habían invadido la ciudad. Hay unos cuantos soldados asegurándose de que no haya ninguno escondido entre los edificios, no se preocupe—realizó una breve reverencia con la cabeza, puesto que se encontraba encima del caballo. Todos se encontraban a la espera de una orden del supremo líder de Plegia para seguir a sus presas a campo abierto cuales perros de caza.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Mar Dic 18, 2018 10:21 am

Un frenético ataque que castigaba a los soldados incompetentes y compensaba el fervor y lo potenciaba, contagiando entre las tropas aquel instinto asesino y genocida que todos los plegianos tenían en su interior. Podía escuchar los gritos, las hachas caer como rayos centellantes contra el cuerpo enemigo y sus ojos contemplaban con contenida emoción y una máscara de indiferencia cómo la sangre brotaba cual fuente de las gargantas emergidas, saliendo disparada para mojar con solemnidad las ropas de sus aliados en carmesí. Gangrel seguía acercándose a medida que veía que el cerco se estrechaba. La victoria estaba asegurada. Por eso mismo, podía permitirse el lujo de ayudar. Movió la mano ágilmente a la capa que llevaba consigo, y con un rápido movimiento de mano, una daga fue arrojada contra un emergido que había conseguido tumbar a un lancero aliado. La daga se incrustaría contra el desprotegido cráneo de este. Y ahí no cesaría. Gangrel llevaba consigo siempre más de un cuchillo arrojadizo. Tal vez poseía decenas ocultas por la armadura.

Una daga más contra un dark mage que intentaba escapar tras haber recibido demasiados impactos. Y luego contra un arquero emergido que había conseguido pasarse de listo y posicionarse dispuesto a disparar a un soldado. La puntería del rey, si bien oxidada por el paso del tiempo, era infalible. Luego ya recogería nuevamente las dagas, utilizadas, pero hasta que ese momento llegara, podía seguir divirtiéndose atacando. Sus ataques no eran tan potentes como un hechizo enemigo o una flecha de arquero, pero sí mucho más inesperados. ¿Qué emergido podría pensar que aquel hombre de dorada armadura podía empezar a disparar cuchillas como si no hubiera un mañana? De todas formas, debía escatimar un poco en recursos. Tal vez las dagas le seguirían siendo útiles en otro momento. Gangrel miró con aprobación a un soldado que aprovechó un momento muerto para devolverle las dos dagas que había arrojado, para luego volver a luchar como uno más.

Vio a Vincent volver donde él estaba. Le saludó con una pequeña sonrisa antes de volver a mirar al frente. Efectivamente, habían hecho recular a los enemigos y sacarlos a la carretera sin demasiadas complicaciones. Eso era perfecto. Llevarlos a campo abierto solo podía significar una cosa, y Gangrel quería ver si era cierto. Dio un largo silbido para llamar a su montura, la cual empezó a corretear hasta llegar a su lado, y luego respondería al sirviente.

-Esperad a que vengan refuerzos enemigos. Derrumbad los edificios cercanos y cread barreras con sus runas. Quiero que cerréis por completo la ciudad. ¡Dejad que los emergidos nos rodeen!

Una técnica terriblemente arriesgada para cualquier ejército corriente. Pero no para el plegiano, que contaba con el Agua de Grima. Solo deberían estar esperando mientras acribillaban enemigos con los arqueros y magos oscuros, y en cuanto los jinetes wyvern volvieran con el arma definitiva… Todos los emergidos caerían. Con un solo movimiento de tropas, Gangrel conseguiría tomar más de cinco ciudades. Pues todos los emergidos cercanos aprovecharían la oportunidad para atacar. Y eso les condenaría. No eran inteligentes, al fin y al cabo, se trataban de bestias bien organizadas.

Todo estaba dentro de los planes del rey. Vio como los magos oscuros ya empezaban a obedecer las órdenes y con sus hechizos creaban verdaderas barreras de escombros que cortaban las calles de la ciudad, los arqueros se iban posicionando en puntos altos y creando torres de vigilancia para poder atacar desde ahí y los caballeros que no podían atacar a distancia se encargaban de reforzar las defensas. Todo era perfecto.

-…Tengo un arma, Vincent –admitió cuando vio que ya no se encontraban con ningún soldado raso cerca. En aquel momento, solo se había probado una vez el Agua de Grima (que en realidad no era más que brea lanzada desde gran altura), y había sido un éxito rotundo- Podrá acabar con todos los enemigos de un solo golpe. Pero debemos aguantar. Es pesada, así que aproximo que tardarán una hora o dos en llegar con ella. Se llama “Agua de Grima”. Si bebes de ella, te mueres. Si la tocas, necesitaremos cortarte la mano para salvarte. Y si prende en llamas… Bien. No saldrá nadie vivo de su ataque si ha osado acercarse a ella. –era completamente necesario que el joven supiera de la existencia de aquel arma. Sobre todo por lo que vendría a continuación- …Y vamos a usarla. Por eso, debemos aguantar y atraer al máximo de enemigos. Dale la orden a las tropas. Si esto sale bien, podremos liberar una gran parte de la carretera en poco tiempo
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Mar Dic 18, 2018 10:36 pm

Se le hacía raro a Vincent no dejar que los enemigos entraran a la ciudad para poder acabar con ellos, dañando todavía más las estructuras de la ciudad al no dejarles entrar. El rubio observaba al rey dubitativo, pensando en lo que se le cruzaba al monarca de rojizos cabellos. Acariciaba a su corcel azabache, el cual acostumbrado a la milicia y a la sangre corriendo por las calles, mantenía un semblante calmo, sumiso ante su amo. He de ahí que le hubiera tomado cariño el entonces mayordomo plegiano, quien en los animales veía nada más que impulsos sin motivos escondidos. Cuando los soldados se hubieron alejado de ambos, rey y sirviente, el primero comenzó a compartir una interesante confidencia con el perro arquero. Agua de Grima… Morirías al contacto. Era irónico, siendo el Gran Dragón Caído, sagrado para todos los plegianos, pero al fin y al cabo, trataría a todos por igual, otorgándoles el honor de la muerte por su mano, o bueno… por eso. Se le escapó una sonrisa a causa de toda la situación que se estaba desarrollando en el campo de batalla. Si todo salía bien, sería un espectáculo digno de ver.

—Sea pues, Lord Gangrel. Daré la orden—con un movimiento del pie el caballo comenzó a trotar por las calles de la ciudad haciendo correr la voz.

“Amigos plegianos, toda la ciudad debe ser rodeada de emergidos lo más pronto posible, con la mayor cantidad de esas aberraciones que seamos capaces de reunir. Que Grima todopoderoso se apiade de nosotros si no cumplimos nuestra misión”.

Todos sabían que se referían a Gangrel con la última frase. No cumplir con la orden directa del monarca conllevaba un castigo que los soldados no estaban dispuestos a afrontar, lo que los motivaba más. Poco a poco, una marea negra empezaba a congregarse alrededor de la ciudad que se hallaba a esas alturas sellada, mas el ejército, sin saber exactamente por qué, se limitaba a evitar que el muro callera, eliminando simplemente a los emergidos que se atrevían a lanzar hechizos o atacar las murallas. Era una batalla de desgaste en la que debían sobrevivir hasta que los wyverns acudieran junto al Agua de Grima que caería del cielo como castigo divino sobre los infieles, sobre esa plaga que asolaba Manster. Vincent dejó el caballo cerca de la muralla sur, derribando las escaleras con las que los emergidos intentaban subir a la vez que lanzaban hechizos no solo de fuego o rayo, sino magia oscura. Dominaban los elementos tan bien como cualquier mago. Sin lograr tener éxito en uno de sus intentos de invasión, los emergidos no cesaban al arremeter, utilizando grandes troncos de robustos árboles, o incluso metal. También la lluvia de flechas.

El aguante. Plegia debía poder sobrellevar todo eso y más.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Miér Dic 19, 2018 10:59 am

Era un suicidio. Sabía que su escasa avanzadilla (obviamente, no iba a llevar más de mil tropas para un ataque a una mera ciudad) no podría aguantar demasiado y habrían bajas, aunque no creía que llegaran a más de dos o tres docenas. En caso de ser solo una batalla corriente, eso sería un caos y una vergüenza. Pero el plan permitiría a Plegia liberar una gran parte del camino de los emergidos en un solo golpe. Sería un espectáculo digno. Y además, estaban con ellos los miembros de la guardia real. No sería demasiado caótico con suerte. Pero en poco tiempo, ahí podría haber más de cinco mil o hasta ocho mil emergidos. Gangrel quería más. Quería que la proporción de soldados fuera de un plegiano por cada diez emergidos. Al fin y al cabo, sería una guerra de desgaste, y los muros no serían tan fáciles de derrumbar al ser pura runa. No podían ser azotados con arietes pues eran traicioneros, cualquiera podría ser dañado con ellos, y a su vez, los plegianos los defenderían con su vida si era necesario. La orden era resistir. Y aquel pequeño grupo podría dar su vida por el bien mayor. Todos los plegianos eran adiestrados con el ideal de “la nación sobre el yo” desde pequeños, y por ello, además de un fuerte nacionalismo, poseían un fuerte sentido del deber que podía llevarles a cometer verdaderos suicidios como ese.

Era algo que Gangrel sabía. E iba a aprovecharlo hasta puntos insospechados. Pero había algo que faltaba. Los ataques estaban empezando, y muchos morirían. Debía levantar la moral. Como esta decayera, tendrían un grave problema. Por eso mismo, debía hacer algo totalmente necesario. Llamó a uno de sus mayordomos, para que le trajera el caballo blanco, con el cual ganaría suficiente altura como para lo que quería proceder a realizar.

Cuando se montó sobre este, el rey tragó saliva. No era fácil hablar en momentos como ese. Pero un discurso se dibujó en su mente. Como si las musas le hubieran iluminado, Gangrel supo qué decir.

-¡¡¡Soldados!!! –su voz era totalmente audible. Sabía que hasta los magos que estaban defendiendo los puntos clave podrían escuchar a medias lo que decía. Pero solo con que la infantería y el ejército de tierra supiera lo que quería comunicar, ya serviría para propagar el fervor- ¡¡No quiero que penséis que os estoy enviando a la muerte segura!! ¡¡Si sentís que el miedo inunda vuestros nervios, no seréis capaces de pensar, hermanos míos!! ¿¡Cuándo pedimos nosotros opinión sobre si existía una diosa caritativa que trabaja de sol a sol por nosotros!? ¡NUNCA! ¡Porque la respuesta está clara! ¡NO HAY UNA DIOSA BENEVOLENTE, SOLO GRIMA PREVALECE! –sabía que hablar del enemigo verdadero levantaría los ánimos. El odio serviría para hacer que las hachas cayeran con el triple de fuerza- ¡SI SU VENERABLE VISTE DE ORO, NOS ENCARGAREMOS CON NUESTRAS PROPIAS MANOS DE DESNUDARLA! ¡SI SU DIOSA NOS INVITA A MORIR, SUBIREMOS HACIA DONDE ELLA ESTÉ PARA ESCUPIRLE Y DECIRLE EN QUÉ CREEMOS! ¡ESTO NO ES UN SUICIDIO! ¡HOY, ENSEÑAREMOS AL MUNDO HASTA DÓNDE LLEGA EL VALOR PLEGIANO!

“¡Grima salve a Plegia!” fue el unánime grito que apareció en las gargantas de los soldados que podían permitirse el lujo de escuchar, defendiéndose ahora con más fervor y animando a los que no habían podido escuchar al rey a hacerlo. Hasta Gangrel empezó a galopar con su montura para llegar a un edificio alto, desde el cual un grupo de arqueros intentaba defenderse de los ataques mágicos que lanzaban los emergidos. Se escondió en un pilar semi-derruido del mismo. Y volvió a lanzar una daga tras unos segundos, apuntando a un emergido a caballo que intentaba atacar el muro de runas para derrumbarlo, y concretamente, dándole en la crin al animal, lo cual hizo que este descabalgara de forma abrupta.

No tenían la ventaja, estaban rodeados. Si no fuera por lo estrechas que resultaban las calles, el ejército enemigo los hubiera matado en cuestión de minutos. Pero debían aguantar con todo. Hasta Gangrel luchaba lanzando dagas sin ton ni son para facilitar la tarea, lo cual hacía que los ánimos siguieran en buen lugar.

Plegia ganaría. Solo era cuestión de tiempo que acabaran con el enemigo y Grima azotara las tierras con su aliento.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Miér Dic 19, 2018 5:29 pm

Tenía la ventaja de ser un luchador de largo alcance, sin tener realmente que exponerse al peligro si no quería, mas aquellos que portaban hachas, espadas o lanzas estaban en primera línea del muro, evitando que la amenaza atravesara los muros. Los plegianos eran guerreros de élite, mas eso no significaba que fueran inmortales o invencibles. Flechas pasajeras que atravesaban los cráneos de los aguerridos guerreros, hechizos con la más oscura de las intenciones volando hasta un edificio derribando por lo menos parte de la pared. Las bajas quisiera un estratega militar o no, afectaban en el campo de batalla, concretamente para mal. Veían a sus compañeros caer delante suya, lo que les hacía dudar de su capacidad para mantener ese muro en pie. Encontrándose él en la muralla sur, veía a los emergidos ya congregados frente a sus puertas para deshacerse de cualquier defensa que tuvieran preparada los hombres de Plegia. El rubio de ojos bicolor no hacía sino dejar caer sus flechas sobre los rebeldes soldados de aura tenebrosa que no cesaban al poner una escalera. Ya valía de la condenada escalerilla.

Los discursos de Gangrel eran inevitablemente efectivos con las tropas. Eran promesas de que conseguirían llegar junto a lo que consideraban dioses y retirarlos de esos pedestales en los que los dracomantes los habían colocado. Grima sería el único que prevalecería, el que destruiría el mundo, que resurgiría a través de uno de los cuerpos elegidos para acabar con todos, mas era una mejor esperanza para los grimantes que el continuar conviviendo en un mundo que se dirigía por el camino que no les agradaba. El rubio iba a morirse de todas formas, de un modo u otro, por lo que una religió u otra no se la hacía demasiado diferente. Además, probablemente la profecía de Grima jamás se llegara a cumplir a pesar de todos los esfuerzos de los miembros del culto al Dragón Caído, mas siempre se debía creer en los milagros, ¿no? Creer en que la malicia de todos los continentes despertaría al gran Dragón Caído.

Hablando de dragones, el diestro arquero divisaba a la distancia los wyverns plegianos. Ese era el momento de la verdad, el cual haría que el plan de Gangrel se realizara al completo.

—¡Su majestad, al sur!—vociferó Vincent desde una posición alta, un balcón que le permitía ver más allá de la muralla. Escasos emergidos siquiera habían prestado atención a la inminente amenaza que les suponía lo que llevaban consigo los wyverns, mas era demasiado tarde para hacer algo al respecto.

Plegia había ganado la partida.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Jue Dic 20, 2018 2:01 pm

Y así, el gran ataque de Plegia daría lugar. Un solo golpe que daría fin a todos y cada uno de los emergidos ahí presentes. Las filas emergidas que ahí se encontraban caerían pasto del gran poder de la nación grimante. Aun sin saber un por qué exacto, las tropas plegianas se animaron todavía más con aquel grito de advertencia que dio el joven sirviente de la casa Eilhart. Definitivamente, fuera lo que fuera aquello, la batalla acababa de declinarse en favor suyo. Plegia podría mantener la posición y más importante. Con una sola jugada, terminarían de conquistar docenas de ciudades. Gangrel lanzaría una última daga contra un arquero enemigo antes de apartarse ligeramente, buscando un lugar más alto con el que avistar todo aquel espectáculo que daría inicio en breves.

Era el gran golpe. Las bajas que habían sufrido (que eran bastantes más de lo que al rey le hubiera gustado) serían compensadas perfectamente, y a fin de cuentas, no habían sido tantas como para considerar aquello una verdadera vergüenza. Más bien, sería una de las más importantes victorias militares en suelo enemigo que tendría Plegia, y con la cual daría inicio el principio del fin.

Sin esperar órdenes, pues deseaban ayudar a las tropas de suelo, los jinetes se dispersaron para dejar caer todas las calderas. El líquido negruzco saldría de todas ellas y haría de las suyas. En pocos minutos, todas las cercanías de la ciudad estaban inundadas en él. Las tropas emergidas no podrían defenderse. Aplastados por la gran masa que les había caído encima, y estando entretenidos intentando derrumbar los muros, no pudieron esquivar el ataque. Miles de emergidos se encontraban ahora intentando moverse sin esfuerzos entre la brea. Y eso no acabaría ahí. Por supuesto, estos seres seguían vivos. Y aquello era algo que Gangrel no podía consentir. Chasqueó los dedos. Uno de sus siervos más cercanos se acercó para escuchar la orden que este quería dar. Le entregó una de sus dagas y proclamó, con solemne seriedad:

-Bañad mi arma en Agua de Grima y traedme una antorcha. Ha llegado la hora de acabar con ellos. Y traed a Vincent. Quiero que él esté conmigo cuando el infierno se inicie en la tierra

Y así se hizo. El arma sería impregnada con las sobras de uno de los calderos que un jinete wyvern se encargó de traer. Cuando Gangrel la tuvo en la mano, se percató perfectamente de lo pesada que se había vuelto aquella daga. Podía imaginarse lo que estarían pasando todos los emergidos que intentaran escapar de aquel líquido (en vano), mas su dolor sería apagado en breves.

Uno de los miembros de la guardia portaba en sus manos la antorcha que el rey había solicitado, y este no tardaría ni un segundo en preparar lo que solo él sabía que podía llegar a hacer el Agua de Grima. Tomó la daga y la colocó sobre la antorcha. Rápidamente, la brea comenzaría a prenderse, a una velocidad vertiginosa. Era claro lo que quería el rey.

-Vincent… –dijo con calma al tenerle más cerca- ¿Por qué crees que le hemos puesto ese nombre al Agua? Ahora tendrás tu respuesta. Ordena a los arqueros que impregnen sus armas también en fuego y los magos de la llama que se preparen. Lo que viene ahora es verdaderamente peligroso. Así que… Vamos con calma

Pero eso era algo que le faltaba al rey. Y demasiado. Se podía notar en su mano un temblor nervioso. Se encontraba verdaderamente en un éxtasis por ser el único que conocía lo que deparaba a aquellos emergidos que seguían intentando zafarse del arma plegiana. Pero ya habían sido condenados. Gangrel, desde uno de los balcones, arrojó su arma en llamas hacia la brea.

Y el infierno nació en la tierra. El gesto sería rápidamente imitado por los arqueros y los magos de fuego.

Y la brea empezó a arder.

Miles de emergidos habían muerto con solo un ataque de unos novecientos plegianos que debían haber todavía dentro de la ciudad con vida. Los gritos de asombro no tardaron en hacerse presentes entre aliados. Y ahí estaba Gangrel, en medio de todo aquello, con la mano haciendo ahora el saludo a la romana y una sonrisa triunfal. Su plan, como siempre, había surtido efecto. Solo quedaba una cosa.

La pared de llamas había rodeado por completo la ciudad. El olor a carne quemada era fuerte y también había tanto humo que hasta en el campamento central podrían avistar aquel incendio. Pero por suerte para Gangrel, no habían tocado un solo bosque. La brea no expandía sus llamas más allá de lo que podía prenderse. El plan del rey seguía intacto.

-Bien. Hemos terminado, caballeros –declaró el rey ante los miembros de la guardia real que se encontraban con él- Ahora, preparad a los jinetes wyvern. Debemos evacuar la ciudad por aire. Cada soldado debe ir en un wyvern junto a su respectivo amo y los caballos deberán ser evacuados cuanto antes mejor. Dejad a las tropas a unos diez metros de la ciudad y volved a por los animales que tengamos dentro. Uno de vosotros deberá entregar en el campamento el mensaje correspondiente para que ancho del ejército se desplace y avance tras esta clara adquisición de territorio. No quiero ni una sola baja por estas llamas entre los nuestros. Sé que contamos con efectivos para ello… ¡Y traed aquí a nuestro mejor paladín! Necesito salir de aquí cuanto antes mejor, y a poder ser, sacad conmigo también al joven Vincent. Deseo hablar con él más tranquilamente…

Esas eran las órdenes del rey, y de nuevo, deberían cumplirse. Aunque de todas formas, lo único que importaba ahora a Gangrel era la victoria. Habían ganado. Ni él podía creérselo por completo. Solo con realizar uno o dos ataques de este nivel, ya estaría todo hecho.

Él sería emperador. Y contra los emergidos, había dejado en jaque a todos y cada uno de los peones siendo rey. En breves, podría decir aquellas palabras.

Jaque mate
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Vie Dic 21, 2018 5:44 pm

La marea negra se hacía con los miles de enemigos que amenazaban con atravesar los muros de la ciudad. No escuchaba gritos por supuesto. Eran meras marionetas al mando de un desconocido del que todavía no sabía nada, receptáculos vacíos que se movían por el mero hecho de conquistar. Debían estar preparados mínimamente para lo que pudiera suceder, incluído aquello. El rubio observaba el paisaje ensimismado, semejante al volar de un pájaro o al movimiento de las olas cuando el viento soplaba con más fuerza. Era un espectáculo que no mirabas con una sonrisa o con disgusto, sino sencillamente lo contemplabas en su total y completo esplendor. Mas ese instante de contemplación fue roto por un soldado plegiano.

Gangrel lo llamaba para ver juntos el espectáculo.

Bajó del balcón donde se encontraba sentando, rápidamente desplazándose hasta donde el rey de Plegia se encontraba. El rubio lo sabía, lo notaba. El éxtasis en el que se encontraba el hombre de rojizos cabellos, el saber que todo su plan culminaría pronto con la victoria de la Nación. Realizó una breve reverencia, colocándose en un punto más alto desde donde le oyera todo el ejército, quienes se debatían entre vida y muerte.

—¡ARQUEROS! ¡PRENDED VUESTRAS FLECHAS! ¡MAGOS DE LA LLAMA, APUNTAD A ESA MAREA NEGRA! ¡QUE ARDAN CON LA LLAMA DE PLEGIA, LA VOLUNTAD DE GRIMA TODOPODEROSO!—era una voz que hacía eco entre las calles, en los oídos de todo aquel que deseaba salir vivo—¡A LA SEÑAL!—.

El propio Vincent había prendido su arma en fuego, tensando la cuerda. Por respeto, además a sabiendas de la emoción de Gangrel, esperó a que la daga del rey aterrizara entre el silencio de las tropas y sobre la brea para él mismo iniciar el ataque.
La llama ascendió junto al asombro, la euforia de los plegianos. Los soldados ya no necesitaban defender el muro, los emergidos sucumbiendo al fuego que los arrasaba. Eran carne quemada en el asador que se pudriría sin dejar rastro. Mejor dicho, ya de por sí no quedaría carne que pudrirse ni cabezas que colgar o huesos que lanzar a los perros. La armada levantó sus brazos hacia el cielo, sus voces siendo la mejor serenata a oídos del rey seguramente. Los labios de Vincent se torcieron en una sonrisa triunfante a la vez que más relajada.

—¡¡GRIMA SALVE A PLEGIA!! ¡¡GRIMA SALVE A PLEGIA!!—repetían con vehemencia. El arquero levantó su brazo a la romana al igual que la máxima figura de autoridad que se hallaba a su lado, mas no con un grito que dejaría sin aire sus pulmones, sino una voz suave, aterciopelada y a la vez desprendiendo cierta admiración. Gangrel era el destinatario de ese vitoreo al fin y al cabo.

—Grima salve a Plegia—.

El resto de la jornada había transcurrido sin sobresaltos. La ciudad había sido evacuada, quedando sencillamente un mar de llamas que antes había sido un ejército. La ciudad no se había visto afectado en absoluto salvo por los muros que habían servido para sellarla, lo que suponía una sustanciosa victoria para Plegia. Vincent y Gangrel habían recuperado sus caballos como la mayoría que los estaban esperando, los wyverns sacado a los soldados, y el fuego se mezclaba con los tonos rojizos y anaranjados del atardecer, siendo aquel momento en el que finalmente todas las órdenes de Gangrel se habían completado, capaces nuevamente de regresar al campamento si así lo deseaba su majestad. Los novecientos plegianos se encontraban cansados después de la batalla, por lo que sería la mejor decisión. No obstante, el sirviente se dedicó nada más a mirar a el líder supremo, esperando una orden más. Era el rey loco Gangrel, mas Vincent se sentía relajado al lado del más loco villano de todos. Era irónico, o costumbre quizás.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Gangrel el Dom Dic 23, 2018 3:50 pm

Y ya estaba. Habían ganado. Gangrel aproximaba que tenían unas doscientas, tal vez en el mejor de los casos cien y en el peor trescientas bajas. De todas formas, teniendo en cuenta la gran cantidad de muertes enemigas, merecían la pena. Serían recordados como héroes. Pero… Lo que le importaba ahora era que las tropas llegaran para expandir y asegurar la zona tomada antes de que los emergidos pudieran reorganizarse. Debería encontrar la forma de compensar también a los que sobrevivieron, aunque fuera con más raciones de comida.

¿Dónde estaba el monarca? Simple. Había decidido descansar sobre una roca, totalmente agotado por las fuertes emociones vividas. Sentado en total silencio y con una daga todavía sobre las manos, el rey intentaba buscar errores en la estrategia utilizada. Tal vez, muchos llamasen al monarca “loco”. Pero no lo era. Estaba muy cuerdo. Y lo que le atormentaba ahora eran los cientos de soldados que habían caído y por culpa de las llamas no recibirían digna sepultura. Sus familias les llorarían. Nunca podrían recomponerse tras eso. No serviría de nada crear un monumento en honor de estos. Eso no curaría a los muertos.

Las llamas empezaban a apagarse y para aquel pelirrojo hombre no había nada mejor que ver a las tropas descansar y hablar entre ellas, descansando tras tan brutal ataque. Aquel ser que muchos imaginaban como una bomba atómica de energía pura estaba ahora sosteniéndose la cabeza con un fuerte dolor en la misma, el cual él mismo auguraba como un posible síntoma de no estar acostumbrado a luchar. Definitivamente, dejaría la guerra para las tropas y él se limitaría a dar las órdenes, que era lo que verdaderamente se le daba bien.

De todas formas, había llegado la hora de dar una pequeña inyección de motivación a las tropas. Ver al rey de aquella forma no daría buena imagen a nadie. Se levantó poco a poco para colocarse sobre la gran roca de pie, llamando a la calma con un par de sonoros chasquidos de dedos.

-Tropas de la nación. Vuestra actuación ha sido la mejor que mis ojos han visto. Posiblemente, las páginas de los libros de historia recogerán este suceso y vosotros estaréis en él como sus legítimos protagonistas. –dio un largo suspiro. Era la primera vez que daba un discurso tan agotado como lo estaba. Ni tan siquiera el día de su coronación se vio forzado a sentir tanta presión- A cada uno de los que quedan vivos se os asignará una parte proporcional de emergidos asesinados. Y en el día de hoy, tendréis la ración triple de comida todos y cada uno de vosotros. Hablaré con vuestros superiores para que se os otorgue un ascenso militar a su vez –ya sabía lo que decir. Sabía como dejar claro cuán piadoso e innovador era el imperio que estaba creando Plegia- Pero hoy uno de vosotros se merece una especial mención. Guardas, traed ante mí la mejor espada que poseamos, por favor

Sería uno de los miembros de la guardia real quien acataría la orden. Y en manos del monarca acabaría una gran arma de empuñadura delgada y dorada y una hoja de plata pura, por lo que podía ver el rey, con rica decoración y presidida en el centro por el símbolo de Grima. Era pesada, y Gangrel no estaba acostumbrado a llevar armas así, pero de todas formas, su utilidad sería puramente estética en lo que se disponía a hacer.

-Avanza de entre los tuyos, Vincent, e inclínate ante el futuro Emperador de la Gran Plegia.

Los murmullos cesaron. Todos sabían por deducción lo que se disponía a hacer el monarca. Era un momento insólito, impresionante… Y eso era justo lo que el rey sabía que debería normalizar.

Una vez el joven se colocó ante él, movió la espada hacia uno de los hombros de este. Y luego a otro. Y una vez finalizó con aquello, colocó el arma sobre la cabeza del joven.

-Yo, Gangrel I de Plegia, recompenso a Vincent, ciudadano de la nación, con el mayor de los premios. Por su labor y dedicación, le es otorgado el título de barón y pongo a su cargo la ciudad tomada a día de hoy. La decisión del rey es inamovible. ¡En pie, Vincent! ¡Grima bendiga a este joven y a todos los que en el día de hoy habéis hecho posible las conquistas realizadas!

Un “Grima salve a Plegia” saldría al unísono de todas las gargantas. Por supuesto, había quienes sentían envidia, pero las gentes de Plegia poseían el sentido de la cooperación muy desarrollado (de otra forma no sobrevivirían) y por ello, todos se alegraban de los logros de los demás. Aplausos. Un agotado Gangrel devolviendo la espada a su propietario original…

Y un ejército gigantesco avistándose en las lejanías, preparándose ya para tomar las ciudades obtenidas y montar campamentos ahí. La operación de aquel día, dentro de lo que cabía, había sido un rotundo éxito.
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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Vincent el Lun Dic 24, 2018 1:21 pm

Veía a su rey agotado quizás por ese subidón de adrenalina que daba el campo de batalla. ¿Dolores de cabeza, miembros cansados? Probablemente. A lo mejor no deseaba ni hablar con él, tan solo descansar. Los soldados, acostumbrados al fragor de la batalla, a pesar de estar fatigados todavía podían sonreír, hablar entre ellos como cualquier día común y corriente de entrenamiento. Sin embargo Vincent se percataba que otros extrañaban a los que ya no estaban. Quizás mejores amigos, conocidos a los que se les tenía cariño. Vincent no tenía relaciones personales con nadie de la armada por lo que no recordaba ningún rostro en particular, lo que se vería no muy comprometido por parte de las tropas, mas realmente no le interesaba. Encariñarse con alguien para que luego pereciera tan repentinamente… ¿No era acaso una pérdida de tiempo?

Mas aunque Gangrel no se encontrara en plena forma, sacó las energías para hacer de rey como le correspondía, sorprendiéndole a él mismo. Sabía motivar a las tropas, sabía hacer justicia. Quisiera poder compararlo a los ylissenses, quienes en esos momentos parecían una nimiedad, gusanos escondidos debajos de las piedras en comparación del hombre de rojizos caballos que se alzaba entre las tropas con digno porte, voz imponente y gracia. Le pilló ligeramente desprevenido, mas el rubio mantuvo la compostura, avanzando entre las miradas de los soldados a paso ligero para no dejar al emperador esperando. Porque Manster era suya, no importaba lo que dijeran el resto. Él era quien había movido todo un ejército para conquistarla, devolverle la poca dignidad que tenía antes de que llegaran los emergidos a esas tierras. Hincó la rodilla en el suelo, notando la plata fría sobre él.

Una vez terminada las formalidades, Vincent se levantó del suelo, haciendo el mandado saludo a la romana, gritando un “Grima salve a Plegia” tal y como estaba mandado por supuesto. Barón, un cargo importante aunque fuera de bajo escalafón… Creía que iba a ser sirviente toda la vida, y siquiera sabía si era el mejor puesto para él, mas debía aprovecharlo, hacer las cosas bien. Tendrían que organizarse para seguir la conquista -ya bastante avanzada a decir verdad- pero antes quería asegurarse de algo, por muy tonto que pareciera el gesto para algunos.

El rubio se acercó al futuro emperador, quien de nuevo se dirigía a algún rincón del que sería un nuevo campamento plegiano.

—Le agradezco este inmenso honor, su majestad—le dedicó una reverencia—Espero que ahora descanse. Sé que es una gran campaña, pero intente conservarse no solo por usted, sino por sus súbditos. Ahora si me disculpa, que tenga una buena noche—.

Así pues, ya sin nada más que decir, se despidió de su rey nuevamente con una reverencia para retirarse junto a sus labores a la espalda. Manster iba a ser una ardua tarea en sí.

La hora de Plegia había empezado.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Archer

Cargo :
Sirviente

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Arco de bronce [2]
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Support :
Gangrel

Especialización :

Experiencia :

Gold :
454


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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

Mensaje por Eliwood el Sáb Feb 09, 2019 9:00 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Gangrel ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Vincent ha gastado un uso de su arco de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al incremento de experiencia, Gangrel obtiene un nuevo skill de la rama Thief:

Desarmar - Una técnica hábil con la cual el ladrón puede, a través de un leve truco de manos, retirar el arma de la mano de otro, sea este un enemigo, NPC u otro personaje jugador. Al hacer que el arma de este caiga al suelo, cuenta con un momento extra o una ventaja (1 turno).

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
984


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Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] La hora de Plegia... Ha empezado [Priv. Vincent]

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