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[SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

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[SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Gangrel el Miér Dic 05, 2018 3:18 pm

El intercambio de misivas había sido un rotundo éxito. El rey Zephiel había aceptado y a Plegia le interesaba tener cuantos menos enemigos mejor. En su libro lo había contemplado, que todo reino que mostrara signos de ser fuerte (como era el caso de Bern) sería considerado digno de negociar diplomáticamente con el rey. Sabía que dos naciones tan “diferentes” a la par que “idénticas” podían compartir mucho y aprender muchísimo la una de la otra.

Por lo tanto, tras informar de la marcha del rey Gangrel, las tropas empezarían a preparar la compleja parte de la armada que se encargaría de su escolta. El gobierno del reino quedaba temporalmente en manos de Morgan y Marc, pero les había limitado sus capacidades a simplemente mantener el orden establecido. No quería revueltas ni cambios hasta que él volviera. Y la verdad, confiaba en aquellos dos jóvenes más que en su propia sombra. Solo esperaba que no le fallaran… Pero siempre estaría Vincent para encargarse de que todo fuera como lo quería el rey. No tenía que preocuparse.

Por lo tanto, en una semana, del puerto zarparían cinco opulentos barcos, completamente cargados de soldados que conformaban la guardia personal del rey. ¿Una exageración? Sí. ¿Un malgasto de presupuesto? No. A Plegia le sobraba la riqueza. Todos los soldados iban ataviados con armaduras doradas, y el mismo rey tenía una sorpresa preparada para cuando llegaran al puerto de Bern.

Los barcos del reino grimante eran rápidos, así pues, estimaba que en menos de una semana estaría ahí. Y el barco llevaba comida de sobra. Teniendo en cuenta el sobrio estilo de vida del rey y lo poco que tenían que consumir los soldados para sentirse satisfechos, las provisiones que llevaban servirían para muchos más días de travesía. Gangrel pasó esa semana completa enviando misivas con sus caballeros wyverns a los dos jóvenes y a Zephiel, avisándole de su inminente llegada, pero también leería de historia del reino que se disponía a visitar y filosofía, pues la posición relativamente neutral que había tomado este le extrañaba gratamente.

Sea como sea, el rey no se aburrió precisamente. Y su fuerte estómago, el cual estaba acostumbrado a las más tristes condiciones por sus humildes orígenes, no causaría ningún tipo de problema al monarca. Incluso a los marineros más experimentados les extrañaba la naturalidad que presentaba el rey, que se paseaba por la cubierta con alegría, a veces maldiciéndose por no haber traído a la única mujer de su serrallo o maldiciendo a alguien en concreto por algún error que este había cometido y otras tantas cantando el himno de la nación o hablando de lo que fuera con los soldados, intentando obtener su aprobación y no parecer “el rey”, si no “el líder” de aquel lugar. Sabía que una rebelión en alta mar podía ser peligrosa para su propia persona.

Pasaron siete días. Con sus seis noches. Y al fin, uno de los primeros barcos avistaría la tierra a la que se dirigían, Bern. Por supuesto, no se habían detenido: Sindhu no tenía buenas relaciones con Nohr y preferían mantenerse neutrales en ese conflicto de momento, y Shaka simplemente no le agradaba al rey. Lo veía un proyecto de reino decadente, que verdaderamente, era eso mismo.

Conociendo los planes del monarca, los cuatro barcos tomarían una extraña posición alrededor del cual estaba utilizando Gangrel para hospedarse durante aquella travesía. Se colocaron uno frente al otro, creando una línea recta en la cual el último de los barcos era el del mismo rey.

El monarca había preparado un concreto plan para impresionar al pueblo llano de aquel reino, y todo debía salir tal y como él había dicho. Entre los soldados, no solo habían embajadores y generales, también cantantes y bailarines. Y músicos. Y diversos actores de gran fama en Plegia, y también escritores de prestigio y miembros de la comunidad religiosa. Estos últimos con una función diferente, que sería la de transferir la palabra divina, pero el resto tenían una función muy clara. Y esta sería la de dar una MUY cargada impresión de lo que habría una vez él bajara del barco.

En menos de una hora desde que se avistó tierra, llegaron al puerto. Todavía en forma de esa línea recta. En cada barco se colocarían tablas que los conectarían. Y de todos los barcos saldrían hacia fuera los soldados del rey, formando filas una vez llegaban al suelo haciendo el saludo a la romana y mostrando sus doradas ropas. Una vez formaron filas en el suelo (tampoco es que fueran demasiados, tal vez mil) los que desembarcarían serían los embajadores, que se dirigieron con total solemnidad a hablar con los dignatarios que les habían salido a recibir, algunos ya preparados para lo que tenía pensado el rey hacer.

Los cantantes y actores también saldrían. Y estos, colocándose en las últimas filas, comenzarían a cantar y hacer sonar con sus instrumentos típicos de Plegia una solemne y rápida marcha. Y una vez esta se inició, sería Gangrel quien saldría del barco. Con sus ropajes también dorados y la corona en su cabeza, llevando cerca de él sus armas, que portaban dos fieles pajes, bajaría poco a poco. Sabía que los curiosos se llevarían una increíblemente extraña opinión del reino de Plegia. Los escritores y demás miembros de la corte tenían una misión clara: gastar tanto como pudieran y poner en circulación cuantas más monedas con el blasón del reino mejor, los sacerdotes hablar en las calles y los artistas transmitir la cultura plegiana a quienes estuvieran dispuestos.

Al fin y al cabo… Esa sería una grandiosa muestra del poder del reino plegiano a la par que un gesto de buena voluntad. De todas formas, ese no era su lugar en Bern. Tenía una reunión mucho más importante.

***

El palacio de Bern contrastaba con el contraste entre oro y minimalismo del suyo, pero… Tampoco es que le desagradara. Le encantaba la opulencia y el poder que mostraban todas y cada una de aquellas estructuras, que se habían mantenido impasibles ante las oleadas emergidas. Y tal logro solo podía conseguirse si alguien lideraba bien a las tropas. Y sabía que ese alguien era Zephiel. No sabía demasiado sobre ese hombre y ni tenía constancia de la existencia de obras redactadas por este, pero por lo que le habían contado, se trataba de un ser impasible y frío, algunos le llamaban sabio, otros tantos pragmatista. Pero aun en los dos casos, eso le encantaba al rey de Plegia.

Los soldados tenían como norma no entrar en el palacio, y simplemente acamparían en las cercanías para proteger al rey en caso de que pasara algo. Junto a Gangrel, se encontraba una corte formada por embajadores y religiosos, los cuales deberían reunirse con los consejeros del reino de Bern y así establecer alguna que otra alianza comercial que beneficiara a ambos.

El monarca se inclinaría una vez llegó a encontrarse con el señor de aquellas tierras.

-Su majestad –saludó para volver a levantar la cabeza poco a poco- No sabéis cuanto me alegra haber sido recibido por vuestra persona –chasqueó los dedos, y uno de sus mayordomos se acercó con un gran libro de tapas negras, que entregaría al rey con el máximo respeto posible- Por favor, tomad este pequeño obsequio como muestra de buena fe. Es un libro escrito por mí, con algunas de mis reflexiones de la juventud –era costumbre en él regalarle a los otros monarcas que visitaba aquel libro, tal vez como un recuerdo de cuales eran sus intenciones y pensamientos- Sea como sea… ¿Dónde deseáis que hablemos, rey de Bern?
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Re: [SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Dom Dic 23, 2018 12:51 am

Precisaba Zephiel tener un encuentro con el rey de Plegia -monarca de una tierra extranjera y lejana, de la cual las noticias eran escasas en aquella parte del mapa- justo ese mismo día. Existía a disposición de su llegada un puerto de naturaleza más que modesta, de entre los pocos de Bern, que yacía junto a las laderas de las montañas con la tarea de recibirlo.

Aguardaba las noticias de su recibimiento, las cuales llegarían a él en vuelo a pocas horas de los hechos. Ignoraba Zephiel, por supuesto, la opulencia con la que Gangrel, el rey, se mostraría a su pueblo, el cual, al estar en la frontera, vivía en una zona de conflicto tal que cualquier diferencia en su lucha se volvía un hecho impactante. Y claro, solo pudo saberlo cuando ya la caravana del otro monarca se hacía camino hacia la ciudadela de Bern, oyendo de boca de su jinete de wyvern la información de lo sucedido. Zephiel por poco y se halló sin palabras ante la descripción de los hechos, pues, ¿Cómo podía responder a una incursión así a su reino? Supo también que sus ciudadanos habían rechazado sin mucha consideración la extraña demostración de grandeza extranjera, por ser la gente de su reino recatada y modesta, y por lo mismo reacia a lo extravagante. Difícil era sorprender de buena manera los ojos y oídos de los habitantes de Bern, quienes rechazaron la palabra religiosa de Plegia. No por nada era Elibe un continente donde se alababan a los héroes que habían exterminado hace siglos a los dragones, por lo que, evidentemente, la palabra de Grima fue fácilmente ignorada.

Zephiel intuía, de forma superficial, que Gangrel deseaba dejar una impresión y solo eso, no importando realmente si esta era positiva o todo lo contrario. Imaginaba que, una vez llegara a las alturas de su castillo, se reprimiría de recrear la misma escena que en su puerto, y al menos en ese aspecto cumplió sus expectativas.

Equiparó el ejército de Bern el número de tropas de Plegia, pues así era la naturaleza precavida del mismo, no pudiendo contemplar una cantidad tal de soldados sin comparársele de alguna forma. Zephiel esperaba expectante en el salón de trono, acompañado por sus guardias y sus consejeros más cercanos. Recibir dentro del territorio a otro rey, considerando que en Elibe las monarquías no eran tan empoderadas como en otros continetes, era una ocasión sobre muchas inusual y poco prevista, sobre todo por ser Plegia una nación de la cual su rey nunca se hubiera esperado se presentara en persona, dada la gran distancia que separaba ambos reinos.

Zephiel se abría al encuentro sin dilación, incluso si en su situación actual priorizaba ser precavido a cualquier conexión que Bern pudiera tener con el exterior, siendo que aún se encontraba en un lento proceso de abertura a su propio continente, conservando el hábito al recato que tanto tiempo habían cultivado.

Entonces, finalmente, Gangrel por fin se hizo presente a sus ojos. Zephiel halló frente a sí a un hombre cuya apariencia hallaba sorprendente, por no decir exagerada. Alzó una ceja modestamente, sin dejar que ese solo gesto permaneciera en su semblante. No era el rey una persona superficial, por lo que, por mucho que el rey de Plegia quisiera transformar su impresión de sí con su apariencia, esperaba hallar a través del diálogo sus intenciones de la manera más clara posible.

- Rey Gangrel. -asintió con la cabeza a su reverencia, manteniendo su postura inamovible.- deseaba hacia tiempo tener frente a mí al monarca de Plegia. -comentó. Observó cómo el otro llamaba entonces a quien, sin darle el rostro, le ofrecía un libro como un presente. De la misma forma que Gangrel había llamado a su mayordomo, aunque solo alzando la voz, Zephiel ordenó a uno de sus sirvientes que recogiera el tomo. - Lo aceptaré, aunque me gustaría, por supuesto, conocer una sinopsis propia de su autor. -le miró incluso de manera curiosa, aunque no era posible discernir si esta era cierta o no.- No comparto eso si la práctica de intercambiar textos, pero veré a futuro cómo equilibrar el presente. -Terminó por decir Zephiel una vez el libro estuvo ya fuera de escena.

El rey miró fijamente los ojos ajenos, desviando después su mirada alrededor de la habitación cuando Gangrel hizo su pregunta.- Me parecería adecuado caminar hacia los jardines.-dijo sin dudar demasiado en su elección. El castillo era silencioso entonces, y de la misma forma, estuvieran donde estuvieran, habían pocos oídos que pudieran escucharlos. Zephiel levantó una mano y sacudió el borde de su capa, mirando a Gangrel e invitándolo a que lo siguiera, comenzando a caminar en dirección a los pasillos. Siendo que el castillo de Bern se encontraba en altura, siempre se hallaba iluminado por fuertes rayos de sol, los que entonces traspasaban las ventanas en secuencia, dando un aspecto ominoso a los caminos que componían el castillo de Bern. Zephiel no tenía ninguna prisa en su paso, interrumpiendo de vez en cuando el trayecto de la luz mientras se hacía paso por el lugar.

- Rey Gangrel. -comenzó a hablar.- tuve noticia del particular arribo que organizaste al desembarcar en la frontera de mi reino. ¿Puedo acaso preguntar, sin ningún ánimo de desacreditarte, el porqué de una presentación de esa naturaleza? -pudo oírse en la voz del monarca un sutil tono animado, como si efectivamente aquel hecho le pareciera una broma. Sin embargo era difícil descifrar esto desde el exterior, por lo que la impresión que Gangrel pudiera tener a lo que decía estaba dispuesta a su imaginación.- Espero que sea de tu conocimiento que en Elibe como tal no es una práctica común el adorar dragones. Es más probable ser repudiado por lo mismo. -terminó por decir, viendo el rostro ajeno de reojo. Zephiel, de momento, parecía más interesado en conocer a su interlocutor que en los tratados políticos que lo acompañaban. Su evaluación del rey extranjero era silenciosa e inaparente, cruda y crítica.
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Re: [SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Gangrel el Dom Dic 23, 2018 4:52 pm

Uno de los reyes más poderosos de Akaneia inclinado ante otro de un territorio totalmente ínfimo a su comparación. Sin embargo, Bern era una antigua potencia militar que había destruido mil y una veces la amenaza emergida. Gangrel sabía que en aquel reino encontraría al menos una forma de comercio con Elibe. Y era importante mantener la neutralidad con naciones que podrían ser traicioneras si las dejaban demasiado libres. A pesar de ser partidario de la guerra, el que ahora portaba la corona de Plegia no quería librar un gran conflicto mundial.

De todas formas, de momento, parecía que el trato cordial del contrario significaba un posible diálogo fructífero. Eso era algo que al monarca de dorada corona bastaba para satisfacer. De todas formas, ahora tocaba hacer un juicio visual de aquel hombre como posiblemente estaba haciendo con él. Un ser gigantesco, fuerte y que claramente dejaba claro que había nacido para estar sentado en el trono. Intimidante para cualquiera que tuviera un poco de ceño (es decir, que para Gangrel no). Posiblemente, aquel hombre se las bastaría para poder hacer frente a un batallón entero de emergidos solo. Ya había escuchado rumores de su indómita fuerza y resistencia. Y por lo que el monarca podía ver, Zephiel era literalmente como un gran muro de hormigón inamovible. Pero… Hasta el más fuerte se hacía débil ante el veneno de las palabras. Solo debía esperar.

-Cuando nos encontremos a solas os daré tal sinopsis, su majestad –dijo el rey levantando lentamente la cabeza, siguiendo las normas protocolarias habituales en lo que respectaba a reuniones con altos dignatarios- De todas formas, no os preocupéis. Creo que ya es suficiente regalo para mis gentes y mi persona el ser recibido por una nación tan históricamente rica como lo es esta en la que me encuentro

Un reino con grandes armas y que seguía luchando por ser liberado, pero más débil que Plegia o Nohr. El perfecto modelo de estado neutral que él buscaba. Ya se imaginaba la alegría que provocaría al pueblo saber que gracias a esa unión podrían ser todavía más estrictos con el cierre de fronteras con Ylisse al no necesitar ya tanto de las tierras fértiles que este lugar poseía.

Aceptó la oferta del monarca de ir a los jardines. Un buen lugar para poder charlar, teniendo en cuenta que los que poseía él eran zonas repletas de huesos y arena. En Plegia, no habían jardines, ni en el más rico de los palacios, que era el suyo. Sonrió ligeramente mientras caminaban. Aquel palacio era un bello lugar. Jugaban tanto con la luz como lo hacía él en su morada, pero de otra forma más bella. En el palacio plegiano, la luz era una forma de mostrar las columnas doradas y las grandes cantidades de joyas que poseía por los pasillos. Ahí, por el contrario, mostraba opulencia y sobriedad, pero también una indescriptible sensación de calma y elegancia difícil de imitar en cualquier otro lugar del mundo. Gangrel se quedaría admirando la bella arquitectura berniana mientras caminaban, siempre unos pasos por detrás del rey. Miraba con calma a ambos lados (alternando constantemente) mientras que con una mano jugaba con el filo de su cuchilla, la cual llevaba visible en una funda al lado de su cintura por respeto al anfitrión del lugar.

Y así, hasta que llegaron a los jardines. Hacía mucho que el monarca no veía una flor viva y bien cuidada. Por ello, lo primero que haría sería acercarse a una y tocarla con suavidad y curiosidad. A pesar de llevar un guante, podía imaginarse el tacto de la misma. Su frágil y fugaz belleza que poco duraría antes de marchitarse. Justo como una vida humana. De todas formas, parecía que el monarca de Bern tenía preguntas que hacer. Y parecía que sí había llamado la atención con su presentación.

-Oh, no os penséis… No ha sido tan particular como vuestra persona podría especular. La idea original era sacar a bailar también a pobladores de vuestro lugar, pero en último momento decidimos cambiar de idea –más que nada porque a los encargados de organizar aquello les dio por leer de la cultura de Bern y vieron lo mezquinos que eran estos. Y ante aquella situación, decidieron volver un poco menos “interactivo” el espectáculo- De todas formas, mis bailarines tenían una orden simple. Dar a conocer la cultura plegiana. En mi reino, el baile forma parte de la vida, y es una forma de expresión. Erótico, animado… Eso es indiferente. Cuando se vive en medio de un desierto, cualquier tipo de ocio vale más que el oro que no falta en el suelo del país -¿Era esa la explicación que pedía Zephiel? No. Pero sí era una buena forma de justificar los actos e introducir la conversación- Y la otra orden que han recibido es la de comprar y dar vida al comercio. Muchas monedas serán puestas en juego en la economía del poblado. Tal vez la religión sea un tema crítico y discrepante entre nuestros reinos, pero el comercio jamás lo será. De todas formas… Ese es el tema menos importante que nos reúne

Retiró de su mano el guante con el que había estado tocando la flor, y con ella ya desnuda, seguiría acariciando con sumo cuidado la misma. Tal vez fuera de mala educación no mirar al rey Zephiel, sin embargo, ambos poseían la misma categoría social, aunque fuera en diferentes lugares. Podía permitirse ciertas rupturas del protocolo si este no se quejaba.

-Habíais pedido un resumen de mi libro. Permitidme que os lo de –en ese momento, se giraría lentamente para volver a prestar atención al monarca- Yo tenía dieciocho años cuando realicé el golpe de estado que me llevó al poder. Soy el único monarca que no tiene sangre azul en sus venas por ello. Sin embargo, quería demostrar al sacerdocio de Plegia que eso no me volvía menos capaz. Y por ello, escribí ese libro. “Meditaciones de la Corona”, lo llamé. Hablé del sistema económico que debía seguir el país para resurgir, de los roles sociales en el reino plegiano y del nuevo sistema de nobleza. Es más un tratado filosófico que otra cosa, pues también planteo una vez y otra qué es la guerra o la verdad. De todas formas, su lectura es algo que vos deberéis decidir si emprendéis o no –sonrió. Una sonrisa leve y carente de emoción- Solamente espero que me enviéis por misiva qué os ha parecido el mismo si decidís leerlo

Aunque se tratara de una verdadera monstruosidad de miles de páginas escritas a mano por el rey e imprimida en una imprenta lo más fidedignamente posible. De todas formas, Gangrel confiaba en la cultura y educación del contrario y sabía que posiblemente algún día podría mantener un debate con él sobre lo que había escrito en el libro.

-Y ahora… Pasemos al tema importante –llevó una mano a su frente, masajeándola mientras buscaba las palabras adecuadas- ¿Tenéis unos veinticinco años, si no me equivoco? No sé. La capacidad de deducir la edad con la vista se lo dejo a la sabiduría popular. De todas formas, de lo que estoy más seguro es que habéis conocido la silueta de una mujer y podido tocarla a vuestro antojo por muy corta edad que tengáis –la mano descendió. Ahora estaba rascándose la barba- ¿Y sabéis qué? Hace poco llegó a palacio una dama que ahora es mi concubina. Una mujer joven, ylissense, atractiva, sumisa e inteligente. Perfecta. Y tengo muchas ganas de volver a mi palacio para encontrármela de nuevo y poder estar con ella… Bien, ya sabéis cómo. –loco total. Eso era lo que pensaría cualquiera que le escuchara hablar así al rey de Bern- Así que le diré claramente lo que quiero. Un tratado de neutralidad absoluta entre Bern y Plegia y asegurar la unión aduanera y la libre circulación de mercancías entre los dos reinos. A cambio, me comprometo a dar a Bern tropas para la causa de liberación que estáis llevando a cabo. ¿Os parece quizás un proyecto personal demasiado exagerado, mi señor
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Re: [SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Zephiel el Jue Ene 03, 2019 12:19 am

Zephiel observaba los jardines como quien mira hacia un muro blanco, sin impresionarse de sobra por una belleza ya conocida, pero siendo capaz de contemplarla con detención incluso si aquel paisaje no aportaba nada nuevo a su persona. Que Gangrel ingresara más dentro llamó la atención de su vista, pero no se concentró demasiado en lo que hacía, pues no suponía que fuera a causar nada a los jardines, y aunque así fuera, no era de su preocupación impedirle una nimiedad así.

- No especulo, me fue narrado con claridad. -respondió Zephiel con la mirada seria, observando aún la nada.- Que sea costumbre allá en Plegia no lo hace menos impresionante e innecesario para mí. -cortó finalmente con el tema. Ya no le importaba discutir ese hecho tan irrisorio, y no daría círculos alrededor de algo que lo desconcentraba así. - Espero no se vuelva a repetir hecho similar en Bern en lo que respecta al futuro, al menos mientras pueda impedirlo. -sonrió apenas, mirando sus ojos. No discutía la circulación de la moneda de Plegia, pues era oro, al fin y al cabo, algo que sus ciudadanos necesitaban sin excusa que valiera de intermediaria. Zephiel entonces se giró para enfrentar a Gangrel, siendo que comprendía que debían cambiar el curso de aquel diálogo. Pero siendo que este no le daba la cara entonces, simplemente siguió contemplando el escenario a su alrededor como había estado haciendo todo ese tiempo, al menos hasta que el otro cedió su semblante de nuevo.

El rey de Bern oyó el relato sin inmutarse, aunque se podía adivinar que fijaba toda su atención a lo que el otro hombre decía.- Entonces, narraste un sistema que creías infalible. Supongo que, para influenciar a quien fuera tu sucesor, o en este caso, para que otras coronas comprendieran tus medidas. Interesante. -dijo, aún estoico. En la biblioteca de Bern existían, o habían existido regentes que, en el pasado, se habían dedicado a narrar textos similares. Sin embargo, era de su conocimiento que el rey Desmond había mandado a la hoguera a más de la mitad de ellos, al no concordar con su visión de gobierno, y sobre todo porque enfatizaban el linaje puro de la monarquía. Por eso Zephiel apenas había tenido la oportunidad de conocer en concreto los pensamientos de los reyes anteriores, aunque en verdad fuera la menor de sus intrigas. No era mentira que a veces aborrecía la cultura de gobierno sobre la cual se erigía Bern, pero eso era porque la comprendía de sobra, y por lo mismo no necesitaba que se la repitieran.- Puedo hacerlo, mas advierto que mis opiniones son fijas, y mis ánimos de discusión nunca han decaído.

Zephiel frunció el ceño cuando Gangrel comenzó a referirse a su edad. Esta no era un secreto, y que no la conociera podría haber sido razón suficiente para indignar a un rey. Por suerte, a Zephiel no podía importarle menos, e incluso estuvo a punto de decírselo, si entonces no hubiera interrumpido sus palabras con lo que dijo a continuación. El monarca de Bern prefirió aguardar, acumulando las palabras en la punta de su boca, filtrando lo que entonces debía decir para concluir con lo más preciso, lo más importante de su reacción. Finalmente, Gangrel terminó de hablar, momento en que Zephiel se halló a sí mismo inmóvil como una estatua, también tan inexpresivo como una de ellas. Sin embargo no se hallaba corto de palabras, ni de opiniones.

- No esperaba hallar frente a mí a un monarca cuyo libido fuera más expresivo que su hablar. -entrecerró los ojos.- aunque no debería sorprenderme, después de todo, siento un aspecto de la cultura Plegiana. ¿Erótico, habías dicho, eran sus bailes? Han de acumular una frustración sin par. -Zephiel hizo el esfuerzo de no pisotear de sobra el mismo tema, para no dar la impresión de que aquello en particular le molestaba. El tema en sí no, pues no era un ser humano que desconociera la razón de los hombres. Lo que en verdad le parecía increíble era que pusiera en frente su propia situación como si a él le interesara saberlo. Hizo una pausa suficiente para recobrar la neutralidad de sus ánimos, concentrándose en aquello que en verdad le concernía.

- Entonces, ¿He de referirme a este posible tratado comercial como una transacción de tropas? -preguntó Zephiel, cuestionando cada detalle de aquella proposición.- Y debo suponer que es un solo proceso de compra y venta, en una sola dirección. Pues hasta ahora no se me ha ofrecido más que neutralidad, y las armas de tropas cuyas verdaderas intenciones y fidelidad están puestas en un reino el cual aún no he tenido el placer de conocer. -le miró fijamente a los ojos.- Seré claro. La única bandera que en estos tiempos de crisis se ha ondeado en mi territorio, es la de Bern. La única ayuda que me he permitido es el contrato de mercenarios, cuya causa es simple e incluso fidedigna. Sin embargo, ¿Cuál sería la opinión de mi pueblo si dejo que Plegia se apropie de su confianza? ¿En qué situación se hallaría posicionado mi ejército ante un atropello de navíos en mis poco desarrollados puertos? ¿Cuáles serían las órdenes exactas de estas tropas, y cómo puedo controlarlas para que cumplan con sus límites, sin desacreditar lo que es mi cultura y mis fronteras? -Zephiel por fin se detuvo, con los ojos abiertos, atento y concentrado. Aún evaluaba el carácter de Gangrel, e incluso intentaba suponer sus respuestas. Dependía de este sorprender o no al rey de Bern, quien aún se resistía sobremanera a lo que el otro planteaba.
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Re: [SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Gangrel el Jue Ene 03, 2019 6:46 am

Gangrel, tan partidario como era de conservar la cultura plegiana, no comprendía el por qué de aquel sucedáneo de… Molestia que inundaba el cuerpo del contrario. ¿Es que acaso no era la cultura lo que unía a los pueblos? Tal vez no sirviera para liberarlos, sin embargo, una nación tan rica y libre de emergidos (a pesar de estar bañados en ellos) debía hacer alarde de su manera de ser. Una forma de vivir que algunos tacharían de retrógrada, mirándola por el lado en el que no veían mal la violación y consideraban esta necesaria para mantener una alta natalidad. Pero otros tantos dirían que en Plegia se respiraba la innovación, siendo el primer país de Akaneia donde había total libertad de amor (sin importar el género), se había abolido algo tan inútil como lo era la monogamia para todos los géneros y todos los ciudadanos poseían un fuerte sentido del deber que les llevaría a suicidarse para proteger a Grima y a la nación.

Pero decidió dejar atrás el tema. Lo último que necesitaba era dejar una mala impresión a ojos del monarca, aunque bueno. Respecto al libro. Maravilloso tema de conversación, y efectivamente, Zephiel había acertado en el verdadero objetivo que tenía aquel libro. El rey de Plegia también sonreiría. Guiar a un heredero era lo que verdaderamente quería el tratado que escribió en su juventud. Sin embargo, ya a sus más de treinta años era un tema que empezaba a preocuparle demasiado. Todavía no había dejado un descendiente, y no tenía hermanos o familiares que pudieran tomar el trono. Posiblemente, la dinastía de Gangrel moriría con él si no encontraba una reina pronto. Pero decidió también dejar atrás aquel tema. Simplemente, agacharía la cabeza frente a Zephiel por unos segundos como muestra de conformidad ante la propuesta de poder llegar a hablar del tema.

-Yo también he recibido las enseñanzas en el arte de la oratoria, rey de Bern. Será divertido enfrentarme a un igual en debate sobre a lo que mi sistema respecta. Aunque ya os aviso, que por muy oscuro o duro que pueda parecer lo que narro ahí, este modelo ha permitido a Plegia desarrollarse de nuevo y de una forma mil veces superior tras la brutal guerra y genocidio que protagonizó Ylisse contra mi pueblo

Y de todas formas, parecía que sus palabras habían dañado la coraza indestructible que era el rey. Por mucho que sus palabras mostraran indiferencia, Gangrel no era ningún cretino. Sabía cuáles eran las emociones que sus palabras despertaban en los oyentes. Esa habilidad “empática” (aunque aquello era algo que el rey poco tenía) le había permitido adaptar mil y una veces su discurso para poder conmocionar y provocar al pueblo.

-El estado de los humanos en la verdadera naturaleza hace que la libido les posea, mi señor. Intentar fingir que carecemos de esos sentimientos es mentirnos a nosotros y al padre Grima todopoderoso. –lanzó la reflexión al aire, mientras se acercaba ligeramente a él para poder proseguir con el diálogo como iguales que eran- Y… No sé a lo que os referís, su majestad. No encuentro frustración en la manifestación del erotismo. El baile, más bien, da todo lo contrario a quienes lo practican: felicidad y desahogo. Y en un reino militar como lo es el mío… Digamos que los ciudadanos han de encontrar alguna forma de buscar el descanso y el ocio. ¿No veis lícito acaso que las parejas puedan llegar a expresar su amor hacia el contrario con el baile, una de las más arcanas disciplinas del mundo?

Y tras dejar otra reflexión en el aire (Que esta vez tenía más la forma de una pregunta retórica pues no quería recibir respuesta alguna… Para evitar un debate peliagudo), pasaría a escuchar con completa atención lo que el rey pensaba del tratado comercial. De lo que no cabía duda es que aquel hombre era tan hábil en el uso del arma más letal como lo era Gangrel: la palabra. Y por mucho que posiblemente tras aquellas palabras un rey cualquiera no hubiera tenido más oportunidad que admitir su inferioridad ante el argumento que cedía el monarca de Bern, ese no era el caso del plegiano. Versado como lo era en mil y una batalla verbales, enfrentarse al argumento del contrario sería relativamente simple. Pero simplicidad no equivalía a facilidad, y aquello era algo que bien sabía Gangrel.

Esperó. Y esperaría hasta que el rey de Bern terminó con su argumentación, con la mirada manteniéndose en el suelo e intentando ocultar una gran sonrisa. Una sonrisa fría, una sonrisa tan antinatural que cualquiera podría tacharla hasta de galvánica e inhumana. No sería hasta que el rey terminó su discurso que Gangrel decidió levantar poco a poco el rostro, dejando a la vista lo que este se desfiguraba una vez aparecía en él aquella asesina forma de mostrar su alegría que tan popular le había hecho como para ponerle de título “el Rey Loco”.

-Mi señor. Si algo he aprendido desde la guerra con Ylisse –una lúgubre pausa, acompañada de una risa profunda que rápidamente cesaría- Es que la autarquía entre naciones ricas y poderosas solo trae desgracia y desdicha. La guerra fluctúa, el cambio prevalece. Si las naciones no siguen el curso como agua de un río, se quedan estancadas y varadas. ¿Qué es mejor? ¿Caer en el fondo del río y morir ahí, o ser parte de la corriente y el cambio? –la sonrisa del rey desapareció. Extendió los brazos con violencia para apuntar con ellos al cielo, con una total seriedad en su rostro- ¿Por qué el padre Grima nos ha concedido un elemento que nunca cambia si no fuera para que entendiéramos la importancia de ser como ese mismo? La oscuridad siempre se mantiene fija. Solo Grima puede moverla y comprenderla. Nosotros, en cambio, tenemos que estar en un mundo repleto de reflexiones cambiantes. Lo que antes fue una semilla ahora es un árbol. Lo que antes fue vida ahora es la muerte. Solo el sabio puede comprender la oscuridad y obtener así un conocimiento único. El resto de mortales, debemos ceñirnos a las leyes de la caótica luz –volvería a la normalidad en ese mismo instante, lanzando un largo suspiro- Lo que quiero decir es que Plegia es una nación que busca la oscuridad y el conocimiento, escapar de aquello que obtienen nuestros sentidos para poder obtener el verdadero poder. No sé si lo sabíais, pero Plegia es un país que ayuda y protege. En Renais hemos dado ayudas económicas a su rey, intentando liberar el territorio, y en mis manos recae ahora el título de Protector de Magvel porque mis tropas se han movilizado para liberar de las fauces emergidas por completo el continente. Solo queremos obtener la liberación de un pueblo como es el vuestro para buscar un mundo inamovible y por ello perfecto. Hasta entonces, me temo, que no es posible pensar en el conservadurismo como una forma política correcta. –nadie comprendería qué pasaba por la mente de ese bellaco, ni tan siquiera sus consejeros le entendían cuando empezaba a lanzar ese tipo de reflexiones al aire. Pero sin embargo, el rostro del rey no mostraba ningún tipo de locura. Estaba muy cuerdo. Y sus ojos habían recobrado la calma que los reyes debían tener- Mi país necesita comida, el vuestro armas. Si es firmado un tratado por el cual todos obtenemos lo que necesitamos, creo que tanto Bern como Plegia verán días más prósperos con panzas llenas y comida en la mesa de los ciudadanos, que es lo verdaderamente importante
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Thief

Cargo :
Rey de Plegia

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
.
.

Support :
Vincent

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1239


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