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[SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

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[SOCIAL] Bergentrückung [Priv. Zephiel]

Mensaje por Gangrel el Miér Dic 05, 2018 3:18 pm

El intercambio de misivas había sido un rotundo éxito. El rey Zephiel había aceptado y a Plegia le interesaba tener cuantos menos enemigos mejor. En su libro lo había contemplado, que todo reino que mostrara signos de ser fuerte (como era el caso de Bern) sería considerado digno de negociar diplomáticamente con el rey. Sabía que dos naciones tan “diferentes” a la par que “idénticas” podían compartir mucho y aprender muchísimo la una de la otra.

Por lo tanto, tras informar de la marcha del rey Gangrel, las tropas empezarían a preparar la compleja parte de la armada que se encargaría de su escolta. El gobierno del reino quedaba temporalmente en manos de Morgan y Marc, pero les había limitado sus capacidades a simplemente mantener el orden establecido. No quería revueltas ni cambios hasta que él volviera. Y la verdad, confiaba en aquellos dos jóvenes más que en su propia sombra. Solo esperaba que no le fallaran… Pero siempre estaría Vincent para encargarse de que todo fuera como lo quería el rey. No tenía que preocuparse.

Por lo tanto, en una semana, del puerto zarparían cinco opulentos barcos, completamente cargados de soldados que conformaban la guardia personal del rey. ¿Una exageración? Sí. ¿Un malgasto de presupuesto? No. A Plegia le sobraba la riqueza. Todos los soldados iban ataviados con armaduras doradas, y el mismo rey tenía una sorpresa preparada para cuando llegaran al puerto de Bern.

Los barcos del reino grimante eran rápidos, así pues, estimaba que en menos de una semana estaría ahí. Y el barco llevaba comida de sobra. Teniendo en cuenta el sobrio estilo de vida del rey y lo poco que tenían que consumir los soldados para sentirse satisfechos, las provisiones que llevaban servirían para muchos más días de travesía. Gangrel pasó esa semana completa enviando misivas con sus caballeros wyverns a los dos jóvenes y a Zephiel, avisándole de su inminente llegada, pero también leería de historia del reino que se disponía a visitar y filosofía, pues la posición relativamente neutral que había tomado este le extrañaba gratamente.

Sea como sea, el rey no se aburrió precisamente. Y su fuerte estómago, el cual estaba acostumbrado a las más tristes condiciones por sus humildes orígenes, no causaría ningún tipo de problema al monarca. Incluso a los marineros más experimentados les extrañaba la naturalidad que presentaba el rey, que se paseaba por la cubierta con alegría, a veces maldiciéndose por no haber traído a la única mujer de su serrallo o maldiciendo a alguien en concreto por algún error que este había cometido y otras tantas cantando el himno de la nación o hablando de lo que fuera con los soldados, intentando obtener su aprobación y no parecer “el rey”, si no “el líder” de aquel lugar. Sabía que una rebelión en alta mar podía ser peligrosa para su propia persona.

Pasaron siete días. Con sus seis noches. Y al fin, uno de los primeros barcos avistaría la tierra a la que se dirigían, Bern. Por supuesto, no se habían detenido: Sindhu no tenía buenas relaciones con Nohr y preferían mantenerse neutrales en ese conflicto de momento, y Shaka simplemente no le agradaba al rey. Lo veía un proyecto de reino decadente, que verdaderamente, era eso mismo.

Conociendo los planes del monarca, los cuatro barcos tomarían una extraña posición alrededor del cual estaba utilizando Gangrel para hospedarse durante aquella travesía. Se colocaron uno frente al otro, creando una línea recta en la cual el último de los barcos era el del mismo rey.

El monarca había preparado un concreto plan para impresionar al pueblo llano de aquel reino, y todo debía salir tal y como él había dicho. Entre los soldados, no solo habían embajadores y generales, también cantantes y bailarines. Y músicos. Y diversos actores de gran fama en Plegia, y también escritores de prestigio y miembros de la comunidad religiosa. Estos últimos con una función diferente, que sería la de transferir la palabra divina, pero el resto tenían una función muy clara. Y esta sería la de dar una MUY cargada impresión de lo que habría una vez él bajara del barco.

En menos de una hora desde que se avistó tierra, llegaron al puerto. Todavía en forma de esa línea recta. En cada barco se colocarían tablas que los conectarían. Y de todos los barcos saldrían hacia fuera los soldados del rey, formando filas una vez llegaban al suelo haciendo el saludo a la romana y mostrando sus doradas ropas. Una vez formaron filas en el suelo (tampoco es que fueran demasiados, tal vez mil) los que desembarcarían serían los embajadores, que se dirigieron con total solemnidad a hablar con los dignatarios que les habían salido a recibir, algunos ya preparados para lo que tenía pensado el rey hacer.

Los cantantes y actores también saldrían. Y estos, colocándose en las últimas filas, comenzarían a cantar y hacer sonar con sus instrumentos típicos de Plegia una solemne y rápida marcha. Y una vez esta se inició, sería Gangrel quien saldría del barco. Con sus ropajes también dorados y la corona en su cabeza, llevando cerca de él sus armas, que portaban dos fieles pajes, bajaría poco a poco. Sabía que los curiosos se llevarían una increíblemente extraña opinión del reino de Plegia. Los escritores y demás miembros de la corte tenían una misión clara: gastar tanto como pudieran y poner en circulación cuantas más monedas con el blasón del reino mejor, los sacerdotes hablar en las calles y los artistas transmitir la cultura plegiana a quienes estuvieran dispuestos.

Al fin y al cabo… Esa sería una grandiosa muestra del poder del reino plegiano a la par que un gesto de buena voluntad. De todas formas, ese no era su lugar en Bern. Tenía una reunión mucho más importante.

***

El palacio de Bern contrastaba con el contraste entre oro y minimalismo del suyo, pero… Tampoco es que le desagradara. Le encantaba la opulencia y el poder que mostraban todas y cada una de aquellas estructuras, que se habían mantenido impasibles ante las oleadas emergidas. Y tal logro solo podía conseguirse si alguien lideraba bien a las tropas. Y sabía que ese alguien era Zephiel. No sabía demasiado sobre ese hombre y ni tenía constancia de la existencia de obras redactadas por este, pero por lo que le habían contado, se trataba de un ser impasible y frío, algunos le llamaban sabio, otros tantos pragmatista. Pero aun en los dos casos, eso le encantaba al rey de Plegia.

Los soldados tenían como norma no entrar en el palacio, y simplemente acamparían en las cercanías para proteger al rey en caso de que pasara algo. Junto a Gangrel, se encontraba una corte formada por embajadores y religiosos, los cuales deberían reunirse con los consejeros del reino de Bern y así establecer alguna que otra alianza comercial que beneficiara a ambos.

El monarca se inclinaría una vez llegó a encontrarse con el señor de aquellas tierras.

-Su majestad –saludó para volver a levantar la cabeza poco a poco- No sabéis cuanto me alegra haber sido recibido por vuestra persona –chasqueó los dedos, y uno de sus mayordomos se acercó con un gran libro de tapas negras, que entregaría al rey con el máximo respeto posible- Por favor, tomad este pequeño obsequio como muestra de buena fe. Es un libro escrito por mí, con algunas de mis reflexiones de la juventud –era costumbre en él regalarle a los otros monarcas que visitaba aquel libro, tal vez como un recuerdo de cuales eran sus intenciones y pensamientos- Sea como sea… ¿Dónde deseáis que hablemos, rey de Bern?
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Thief

Cargo :
Rey de Plegia

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Daga de bronce [2]
Vulnerary [3]
-
-
-
-

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
569


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