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[SOCIAL]Hablemos de Plegia[Priv.Grangrel]

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[SOCIAL]Hablemos de Plegia[Priv.Grangrel]

Mensaje por Vincent el Miér Dic 05, 2018 12:04 pm

Con los brazos cruzados tras la espalda, el rubio observaba en la entrada de la casa plegiana a dos personas encapuchadas en pie, esperando lo que se les había prometido como fieles servidores del Dragón Caído y de la nación. Gangrel así lo había establecido. Ataviado de una camisa blanca, chaleco negro, pantalones y zapatos de mismo color, Vincent no hacía sino aguardar la llegada de su gloriosa dama Odelia, cuyos tacones hacían eco desde el pasillo contiguo anunciando su llegada. Giró sy cabeza con disimulo, viendo de reojo quién acompañaba a la Archiduquesa de azabaches cabellos. Dos guardias de completa armadura junto a una doncella, quien agarraba de la mano a un niño pecoso de ojos verdes, rubia cabellera. Odelia hizo un gesto con la mano, la doncella se limitó a tirar del infante asemejándose a la tarea de guiar al ganado. No le sacarían las tripas para cocinarlo, mas desearía que lo hicieran si supiera por lo que iba a pasar.  Ya no preguntaba por su madres, sabía que no iba a despedirle. Los grimantes revenciaron a la gran Odelia, correspondiendo ella con el mismo movimiento.

—Grima salve a Plegia—una frase que retumbó entre las paredes de la casa, de la mansión más bien. La señora y el sirviente compartieron una breve mirada, cómplice, gélida. Sus corazones habían aprendido a no retorcerse delante de escenas como aquella que romperían el alma de la persona más compasionada. La señora se marchaba, los sirvientes regresarían a su rutina, mas las puertas no se cerraron. Entró un mensajero, solicitando la presencia de nuestro querido criado en Palacio. Nada fuera de lo habitual por supuesto. No se iba a demorar demasiado. Nada más tenía que coger la capa e irse, no se encontraba muy lejos del Palacio de Plegia. Odelia se enorgullecía de ese hecho. Sus aligerados pasos lo llevaron hastas su habitación, cogiendo del armario la mencionada capa. Una vez puesta, se disponía a abandonar la mansión, informando de su ausencia a uno de sus compañeros, mas sintió el agarre de alguien en su brazo, su respiración entrecortada. Una mujer rubia, de ojos castaños. Era Millie, otra de las doncellas de Odelia.

—Mi hijo. ¿¡Dónde está mi hijo!?—antes de que hiciera jirones la capa, Vincent la agarró de la muñeca, apartándola con éxito de él.

—Donde debe estar Millie. Agradece que la Señora te permite quedarte en la Mansión en vez de armar un escándalo en medio de la cocina. Estás molestando al servicio—pronunció con suma calma, aunque tal actitud no hacía sino enervar más a la madre.

—¡Dije que no os llevaráis a mi Óscar! ¡MI ÓSCAR!—¿Ira, desesperación? Vincent sencillamente se limitó a soltar la muñeca de Millie, ésta casi perdiendo el equilibrio pues se había apoyado prácticamente en él.

—Tu esposo prefirió perder una pierna a marchar al frente. Tú nada más has tenido un hijo, cuando la norma son cuatro. Lamento decir que no estás en situación de quejarte, menos de reprochar. Ya sabes lo que sucederá en las calles Millie—los dedos cubiertos por guantes se entrelazaron con los escasos mechones que se escapaban del moño de la doncella—Un hombre no te dejará escapar, vivirás en la calle con quien sabe cuántos hijos sin poder alimentarlos, viendo cómo se mueren por tu incompetencia y pensarás en lo cómodo que era vivir bajo este techo. Quien debería darse prisa y hacer lo que se le dice… eres tú—.

Fue una charla seguramente poco fructífera. Esa mujer frustrada por un matrimonio que no daba fruto ni se imaginaría que a lo mejor era ella quien no comprendía la magnitud de su situación. No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes… Millie debería pasar por eso al parecer. O son estúpidas o unas harpías ansiosas de poder. Curiosamente no era ella quien ocupaba su mente de camino a ver al monarca, sino la cena de esa noche. Esperaba que no la arruinara con sus gimoteos o sus protestas. Era la hora preferida de los sirvientes para quejarse de las “malas condiciones” a los que se les sometía. Había una plantilla que llevaba años trabajando para Odelia Eilhart, en la que ella confiaba para deshacerse de gente que no sabía agradecer lo que les ofrecía. Vincent estaba entre ellos.

En Palacio ya le habían visto varias veces, su presencia no era desconocida. Lo recibían con la naturalidad del respirar. Otras puertas se abrían ante él, las del salón del trono. Pasos decididos, no muy rápidos pero tampoco lentos para no quemar la paciencia del rey. Se arrodilló ante la figura de poder suprema del país.

—Grima salve a Plegia, mi rey—no se iba a levantar hasta que le dieran permiso. Sumo respeto, obediencia. ¿Cuál sería entonces el motivo de su llamada? Se preguntaba el rubio.
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Re: [SOCIAL]Hablemos de Plegia[Priv.Grangrel]

Mensaje por Gangrel el Jue Dic 06, 2018 5:40 am

La vida en Plegia era un extraño híbrido entre riqueza y miseria total y absoluta. Por un lado, teníamos la hambruna que asolaba la nación. No era suficiente como para matar a nadie de hambre, pero Gangrel reconocía que no habían tantos alimentos como le gustaría para mantener mayor natalidad. El reino estaba llegando a un punto de colapso y no le gustaría verse suplicando por comercio a Ylisse. Así pues, todo debía estar optimizado, no con el control del estado sobre las tierras, sino con la redistribución de la propiedad según el mérito y la eficiencia del campesino y también fundando una especie de cooperativas para que nadie pasara hambre. Los impuestos no solían recaer sobre la persona directamente, sino por su riqueza, así pues, por mucho que les desangraran, siempre tendrían dinero para subsistir. El sistema funcionaba, pero no había tierras suficientes. Por ello, iban a por Manster, por ello, Gangrel estaba obsesionado con aquella conquista. Pero cuando la tuviera, posiblemente cesaría su intento de expansionismo, así que posiblemente le propondría a otros reinos un trato para obtener ese reino y tener ayuda… Sea como sea, eso no era lo importante.

Estaba en su trono, mirando a un conjunto de bailarinas y cantantes que intentaban entretenerle en vano. Movimientos de cintura que no le provocaban lo más mínimo, voces repetitivas que no sabían entonar los acordes capaces de conmover al rey y una sonata que ya conocía. Simplemente, aburrido. No las mandaría a ejecutar porque bien era cierto que alguna había tenido el honor de dar a luz a alguno de los “primos lejanos” (como bien decían los reyes de la época con bastardos) del rey, que también se tomó muy a pecho eso de dejar descendencia, aunque no fuera legítima. Ninguno de sus muchos vástagos, los cuales ni siquiera se había molestado en conocer llegaría al trono, eso lo tenía claro. Pero había muchos. Y no se limitaba a una docena, precisamente, aunque algunos de ellos ni supieran quien era su padre.

Al final, el monarca tendría una fabulosa idea para la cual necesitaría aliados. Alzó la mano. Y casi al instante, todas las artistas cesarían sus bailes, haciendo una reverencia para retirarse, a la espera que algún otro noble precisara de sus servicios para entretenerse. Un mayordomo se acercaría lentamente a él para escuchar cuales eran sus peticiones.

-Traed a mi espía. A Vincent

Por primera vez en mucho, le llamaría por su nombre de pila, pero en cuanto este entrara por la puerta, eso cesaría. Simplemente, le había tomado un “cariño” especial al joven como para tratarle de alguna forma que no fuera con aquel apodo que se le ocurrió un día espontáneamente, “Bean”. Había tenido suerte al seleccionar a un siervo tan capaz de la casa de aquella archiduquesa cuyo nombre no le apetecía ni pensar en aquel momento simplemente por capricho, y que era demasiado eficiente como para expulsar. Su casa era de las pocas que quedaban anteriores a la llegada de Gangrel al poder porque se mostraron fieles a él… ¡Y de qué forma! Un claro ejemplo del prototipo de familia perfecta de aquel reino. Todos los hijos iban al ejército o al sacerdocio, e incluso los vástagos de criados sufrían el mismo destino. Pero aun así, sabía que tenía que controlarla. Y Vincent era justamente quien se encargaba de darle información al rey sobre lo que pasaba en familias nobles, e incluso podía tomar el papel de embajador de vez en cuando. Había visto que en él tenía un fiel siervo que no dudaría en hacer que se hiciera justicia.

Y por ese mismo motivo le dio acceso a la sala del trono tan fácilmente. Un lugar reservado a los altos mandos del ejército y los sacerdotes de mayor rango, no para gente sin un rango. Y no es que en ese lugar la entrada a plebeyos estaba prohibida, pues la gran mayoría de los nobles de Plegia provenían de las calles y Gangrel les había cedido puestos por su fidelidad durante el golpe de estado. De todas formas, pocos podían entrar ahí. En aquella sala que contrastaba el oro que formaba prácticamente todo con una sobriedad absoluta, sin ningún tipo de mueble o decoración más allá del trono que se encontraba en el centro del lugar, y ni siquiera tenía paredes propiamente dichas, más bien eran grandes ventanales cubiertos con cortinas púrpuras que teñían la luz de este color hasta que eran abiertas, porque entonces, el sol entraba con toda intensidad y se reflejaba en todos lados, prácticamente cegando a quienes no estuvieran acostumbrados.

Ese era el lugar en el cual Gangrel dictaba sentencias y promulgaba las leyes. Y ese era el lugar en el cual entraría Vincent, el cual, ya a sabiendas del protocolo, se inclinaría ante el rey. Al fin había llegado. Al fin podría empezar a dar rienda suelta a sus nuevos planes.

-Grima salve a Plegia, Bean –dijo mientras se levantaba poco a poco de su trono, extendiendo los brazos a los lados y dando así al joven permiso para levantarse también- Me alegra verte. ¿Te trata bien la archiduquesa? –su tono era relativamente amable, lo cual era bastante extraño- Sea como sea… Lo primero es lo primero: dame un informe de lo que sucede en la casa de Odelia, y ya sabes a lo que me refiero… –volvería a sentarse mientras hablaba en aquel frío trono de oro, que no tenía nada para acomodar, pues a ojos de Gangrel la función de este era simbólica. El rey podía sentarse ahí, pero debía hacer frente a todos los problemas de Plegia. La fría sensación que sentía en su espalda cada vez que se sentaba se lo recordaba siempre- Y luego… Tengo buenas noticias para ti. Plegia va a aumentar sus territorios en breves
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Re: [SOCIAL]Hablemos de Plegia[Priv.Grangrel]

Mensaje por Vincent el Jue Dic 06, 2018 11:48 pm

Bean. ¿Desde cuando le había puesto aquel sobrenombre la persona más poderosa que pisaba Plegia? Vincent seguía sin comprender la mente del monarca con suma certeza, sencillamente poniendo de excusa la pronunciación que compartía la primera sílaba de su nombre con su adquirido, aceptado mote. Se había acostumbrado, no le desagradaba, era… nada. Por lo menos no cambiaba la expresión de su rostro, labios curvados que desembocaban en una sonrisa serena. Con el permiso del rey, se incorporó en el sitio, sin avanzar ni un solo paso. Solo Gangrel diría quién se acercaba más, quién tendría tal privilegio hacia su persona—Sí—un único vocablo le dio tiempo antes de que le demandaran para lo que se le seguía manteniendo vivo, el trabajo que se había depositado en las manos de guante blanco. No un ladrón, sino un simple mayordomo. Su cabeza hizo una sencilla reverencia antes de proceder.

—La Señora Odelia Eilhart no guarda por ahora segundas intenciones contra la corona. Busca más su aprecio, Lord Gangrel. Posiblemente esté esperando su decimosexto hijo a estas alturas. Todos los sirvientes siguen bajo la norma de entregar a sus hijos o al ejército o al gran Dragón Caído. La Señora vigila que su ley se cumpla, majestad. Una de las sirvientas, Millie Bognar, esta noche seguramente quede embarazada. Tan solo ha tenido un hijo y hoy mismo ha sido entregado a los fieles grimantes. Por lo demás, sigue aportando cantidades descomunales de capital a la Patria. La única persona que puede llegar a ser una molestia en su círculo de amistades es la baronesa Dalca. No parece compartir su visión sobre Plegia lamentablemente, y he de de decir que lo único en lo que es buena es la palabra… La baronesa Dalca es conocida por haber tenido exclusivamente descendencia masculina, pero ha llegado a mis oídos que tiene dos hijas. Ni la Señora Odelia lo sabe. De todas formas, su desagrado hacia el gobierno actual preocupa sumamente a la Archiduquesa, lo que se me rogó comunicar. Rumores de su servicio son que posiblemente la baronesa intente dejar el país o intentar convencer primero a aquellas con los privilegios suficientes para intentar una... protesta en contra de la política hacia las mujeres de Plegia. La servidumbre por lo menos estaba bastante animada pues había una "gran" oportunidad gracias a este plan. Por ahora… eso es todo—esta vez realizó una reverencia más pronunciada.

Nunca debías subestimar la red de información del servicio. Jamás. En tu vida. Cercanos a sus patrones, pegados a las paredes. Visitas la casa ajena y te enteras de lo que sucede entre los cuatro muros. Doncellas no muy discretas, hombres no muy expertos… Debilidades que la Señora Dalca no sabía cubrir bien, porque era exactamente lo que había afirmado antes: Era buena únicamente con las palabras. Carisma, un don, lo que quisieron llamarlo. A pesar de que la Archiduquesa Eilhart todavía gozaba de la treintena -que ya para muchos era una edad bastante crítica para una mujer- Dalca ya estaba por los cuarenta y uno. No era una florecilla recién arrancada del campo. Le habían deshojado, arrancado cada uno de sus pétalos, machacado hasta dejarla en su estado actual, una mujer inconformista que prefería armar provocar revuelo en un nido de avispas que disfrutar de los años que le quedaban. Un pavo real que se lucía con una arrogancia desmedida.

—No solo para mí, sino para Plegia. Debería agradecer su interés por la Nación aunque no he sido heraldo de noticias concretamente complacientes, mas espero no arruinar una buena ocasión como ésta—realmente no deseaba haber destruído el comienzo de una conversación con su informe rutinario—Ahora si se me permite preguntar, ¿con qué territorio va a aumentar sus fronteras Plegia?—el sirviente mantenía un tono de voz aterciopelado, humilde, dévoto. Era su deber.  Gangrel seguramente lo sabía: Vincent era leal a Plegia, y sabía que la traición no pasaba por su mente. Primero porque era absurdo, segundo porque el joven mayordomo no era sino eso, alguien que seguía. Tampoco es que alguien lo esperara fuera de ese lugar.
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Re: [SOCIAL]Hablemos de Plegia[Priv.Grangrel]

Mensaje por Gangrel el Sáb Dic 08, 2018 9:14 am

Ya volvíamos con lo de siempre. Revoluciones feministas. Qué bien. La verdad es que a Gangrel le gustaba incluso verse forzado a pararlas porque, aquello que las mujeres que se pasaban de listas reclamaban, era justo lo que perdían multiplicado por varias veces. El procedimiento a las causantes del problema era casi rutinario: violaciones de tal forma que acaban por tener los cuatro hijos que marcaba la ley de una manera tan seguida que su cuerpo se desfiguraba, luego eran castradas y posteriormente vendidas como prostitutas a las gentes de Plegia. Chasqueó los dedos sin dejar terminar el discurso a Vincent, pero dejándole todavía que hablara. Quien se acercaba al rey era ahora un Assasin ataviado con armadura negra. Era miembro del temido escuadrón de ejecución de la casa real. Conformado solamente por los mejores verdugos y asesinos, estos seres eran verdaderamente la mano mágica que se deshacía de los problemas del rey. Si un campesino un día tardaba demasiado en pagar sus deudas, posiblemente a la mañana siguiente se despertara con la casa desvalijada y sus hijos completamente desaparecidos. Entre sus funciones no solo estaba la de matar, sino también la de hacer que se aplicara todo castigo demasiado sucio como para los soldados de dorada armadura. Quienes estaban condenados a llevar esas ropas, normalmente mujeres por su capacidad superior de ocultarse con la gente normal y que nadie sospechara de ellas (excepto contadas excepciones como la de ese hombre que se había inclinado para escuchar el designio del rey), tenían el privilegio de no tener por qué cumplir la ley de los cuatros hijos. Pero tampoco podrían tener un hijo… Jamás.

-Asesinad a la baronesa Dalca. Llevad a todos sus hijos varones a trabajar en las minas de oro y violad a cualquier mujer que se muestre mínimamente a favor de las ideas de esa zorra. Cuando hayáis terminado, quemad la casa de la baronesa e informad a los intendentes que tienen un poco más de terreno que utilizar… Y la desgraciada destrucción al completo de una casa real plegiana por orden del rey. –esto lo iba diciendo a medida que Vincent hablaba, en rápidos murmullos para no interrumpirle- Y recordad… Todo metal que encontréis dentro de su hogar debe ser utilizado para fabricar más armas

Y así, se finalizaba una crisis. A sabiendas de que el escuadrón de la muerte solo incluía en sus filas miembros altamente traumatizados por las torturas impuestas en las academias en las que participaron, estando además todos esterilizados para quitarles la dura carga que implicaba ese reloj biológico que a algunas damas les hacía querer tener descendencia… El rey estaba tranquilo. Posiblemente, en menos de cinco horas volvería el mismo hombre que ahora se alejaba poco a poco siempre inclinado y sin dar la espalda al rey para informarle de que la ejecución había sido exitosa. Gangrel prestaría ahora más atención al informe. Por suerte, esa archiduquesa todavía no había desarrollado ideologías disidentes. Gracias al bendito cielo. No es que ningún noble de Plegia tuviera demasiadas tierras (tal vez el conjunto de zonas controladas por nobles en vez de por la corona caía al 20% de todo el territorio), pero sí eran fuentes de ingresos importantes para el reino. Los ojos de Gangrel enfocaban constantemente al joven espía, aunque por… “Educación” este recibía oficialmente el tratamiento de “embajador”, más que nada para que si alguna vez era visto fuera del reino nadie sospechara. Hizo bien en escogerle a él de entro todos los siervos que poseía la archiduquesa para que fuera su fuente de contactos. Pero esto era algo que ni esa mujer sabía. Solo él y unos pocos consejeros conocían cuál era la verdadera labor del joven.

Pero ahora era su turno de hablar.

-Manster –fue lo primero que dijo el rey, mientras se levantaba de su trono, moviendo violentamente la mano a un lado, a lo cual los mayordomos que se ocultaban camuflados en la sala responderían rápidamente entregando a Vincent un mapa del lugar- Queda un poco lejos… Pero está al lado de Grannvale, territorio nohrio. Es un país rico en bosques y pobre en lo que puede consumirlos: seres humanos. Por eso mismo, tengo intenciones de convertirlo en una colonia de explotación. Los pocos supervivientes que quedan de la invasión emergida serán usados de esclavos, como es habitual en el protocolo… Y con esto, obtendremos una cosa muy importante –alzó su brazo hacia arriba, con una pequeña sonrisa que se iba dibujando poco a poco en su rostro- Frenar a nuestro querido aliado, Nohr… El cual tiene una deuda demasiado grande con la nación plegiana como para olvidarla
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