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[SOCIAL] Friends on the Other Side [Priv. Elise]

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[SOCIAL] Friends on the Other Side [Priv. Elise]

Mensaje por Gangrel el Mar Dic 04, 2018 10:33 am


Nohr era un reino oscuro. Y bien lo sabía el monarca plegiano. No se sentía a gusto en ese lugar, siendo partidario del oro y el equilibrio entre una estética cargada y barroca y la sencillez. Las calles de su reino, a pesar de tener emergidos, estaban organizadas, limpias, no había delincuencia y todos sonreían (la mayoría por obligación social) o hablaban. En Nohr, en cambio, todo era diferente. Digamos que a pesar de admirar el modelo absolutista de Garon, sabía que él no debía aspirar a ello. La nación plegiana era famosa no por sus territorios, sino por su riqueza y su armada. Por ello, las ciudades eran grandes y la gente no temía. No como ahí. No vio ni una sola alma hasta su llegada a Krakenburg. Y no es que fuera con demasiada escolta, solamente dos mirmidones y un escuadrón de caballeros wyvern que vigilaban desde el cielo y eran casi imperceptibles al ojo humano que no estaba atento.

Pero sabía, como buen criminal que fue, que posiblemente la vida estaba en el subsuelo o las cloacas, no en las calles. Pensar en la situación de aquel poderoso pero podrido reino le hacía sonreír. Su ejército era fuerte, y precisamente, estaba ahí para pedir ayuda a Garon y reclamarle que este devolviera todo lo que Plegia había hecho para ellos. Que no era poco. Y tal vez a ofrecer una alianza matrimonial entre Morgan y Xander, pero eso era otro tema que se le estaba ocurriendo mientras caminaba y todavía debía perfilar mucho antes de presentarlo ante el más poderoso monarca de Akaneia, incluso por encima de él.

Llegó al palacio. Y tras las formalidades innecesariamente complejas con los generales nohrios que ya conocía de memoria, se dirigiría directamente a la sala del trono del rey Garon. Pero por el camino algo se encontraría que haría variar su ruta.

Una capilla, a Grima, dios oscuro y padre de toda la creación. Sabía que podía excusarse, pues había llegado con una brutal antelación simplemente para tener más tiempo para que sus embajadores hicieran los trámites correspondientes con los dignatarios de la nación nohria. Y sintiendo aquel fervor hacia su señor que tanto podía cegarle, decidió invertir el tiempo y aclarar sus ideas ahí antes de iniciar un largo y tendido debate. Sabía que tras sus rezos, la fortaleza de los argumentos que defendía acababa yendo en aumento, y casi como si se tratara de una iluminación, su ya de sí maquiavélico ser acababa trabajando con todavía más precisión.

Así pues, entró a la majestuosa habitación consagrada a Anankos (que venía a ser la misma entidad que Grima como bien todos sabían) y se colocaría en la última fila para orar. Y retiró la corona de su cabeza. Y la colocaría con solemnidad frente a él mientras se inclinaba poco a poco, uniendo las dos manos y cerrando los ojos. Sabía que había alguien más en la sala. Pero poco le importaba. Todos sabían que en la casa del dios oscuro nadie tenía derecho a interrumpir al rey. Absolutamente nadie. Pues en los pocos momentos que podía dedicar al rezo, ese hombre se convertía en alguien piadoso y moral, al menos dentro de la filosofía grimante. Pero aun así, no le importaría lo más mínimo ejecutar a cualquier desgraciado que osara interrumpirle, fuera cual fuera su cargo nobiliario.

Ni tan siquiera se molestó en analizar con quién estaba compartiendo oración. Solo Grima y la oscuridad importaban en aquella sala. Así pues, empezó con una silenciosa plegaria que le fue enseñada por su amado padre adoptivo. Sabía de todas formas que no podía costearse tardar demasiado, pues la puntualidad era algo totalmente necesario a su parecer.

Pero tal y como era de esperar teniendo en cuenta su adverso porvenir, algo alteraría su plan. Uno de sus consejeros entraría poco a poco, colocándose de rodillas a su lado. Tras cinco minutos en completo silencio, decidiría hablarle.

-Los consejeros nohrios me han informan… El rey Garon se encuentra ocupado y no podrá reunirse con vos. Hasta el momento en el que se vuelva a encontrar disponible, podéis descansar… ¿Deseáis que diga algo?

Gangrel movió la mano. Simplemente, no le importaba demasiado. Ya conocía a ese hombre y sabía que lo mejor no era interrumpirle. Pues a pesar de las fuertes telarañas que él poseía, Garon también había forjado poderosas redes… Mucho más poderosas. Tal vez no fueran doradas y ricas como las de Plegia, pero sí más extensas y brutales. Aun así, también sabía que la riqueza plegiana era necesaria para Nohr. Ellos eran un reino muerto que ganó poder de sus conquistas, mas con las arcas desgastadas por tanta guerra. Mientras tanto, el dinero en Plegia era algo que sobraba, al menos para el estado. Las políticas de austeridad y los exigentes impuestos que impuso el rey enriquecerían mucho al reino, y ahora, tras tanto tiempo, había decidido usar parte de sus recursos para ir a por Manster, y eso era lo que le llevaba ahí justamente. Pedir tropas a Garon a cambio de más apoyo en Mitgard del tipo económico. Por lo tanto, al necesitarse tanto ambas naciones, sabía que eso no era ningún tipo de falta de respeto.

El consejero movió la cabeza al ver que el rey le daba permiso para partir sin decir nada. Y una vez este salió por la puerta, Gangrel decidiría que había llegado la hora de finalizar la plegaria que le había mantenido ocupado. Se levantó lentamente para acercarse a aquella silueta femenina que había visto que se encontraba también en la capilla. La princesa Elise.

-Su majestad –declaró mientras volvía a colocarse sobre la cabeza su corona, con una indiferencia y frialdad que chocaba con lo que cualquiera podía haber escuchado de él- Siempre es un placer encontrar a alguien de la realeza por estos lares. ¿Qué estáis haciendo en la capilla? ¿Orabais a nuestro sacro dragón caído?
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Re: [SOCIAL] Friends on the Other Side [Priv. Elise]

Mensaje por Elise Nohr el Miér Dic 05, 2018 6:25 pm

-Anankos nuestro que sobrevuelas los cielos,
glorificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu aliento;
hágase tu voluntad,
así en Akaneia como en todos los reinos.
El fuego purificador de cada día dánosle hoy,
y perdona nuestras blasfemias,
así como nosotros castigamos a quien te ofende.
No nos dejes caer en la complacencia
y líbranos de Naga.
Alabado seas
.


De rodillas, sentada frente al altar del dragón oscuro en la capilla del castillo Krakenburg, se encontraba la princesa Elise rezando en voz baja. Vestida con su habitual vestido negro, se aseguraba que no se arrugase ni que las faldas se manchasen al tocar el suelo, para luego dirigir sus plegarias al dios nohrio con las palmas de sus manos juntas a la altura de su boca.

Uno podría pensar que la juguetona y traviesa Elise encontraría aburrido el rezar en la capilla. Que preferiría estar haciendo otra cosa como jugar o corretear por el castillo. Pero lo cierto, es que le gustaba hacerlo.

En primer lugar, porque servía de descanso a las horas de estudio aburridísimo a la que estaba siendo sometida prácticamente todos los días. Rezar era fácil, simplemente había que recitar las mismas palabras una y otra vez. Nada que ver con memorizar discursos, textos larguísimos llenas de palabras raras que no entendía y fechas muy pasadas.

Y en segundo lugar, porque no se sentía sola. En el castillo siempre se encontraba sola, a menos que estuviese con sus hermanos. Los profesores no la hacían caso, salvo para ordenarla que estudiase e hiciese los deberes. Los soldados trataban de ignorarla, sabiendo que no les estaba permitido intimar con la princesa. Lo mismo podía decirse de los sirvientes. La mayoría del tiempo, Elise no tenía a nadie con quien hablar, mucho menos jugar.

Pero no era así en la capilla. La capilla era donde podía hablar con su querido amigo Anankos. Sí, debía rezarle y ponerse de rodillas y tal, pero era alguien que no se molestaba en escuchar a la princesa. Era algo callado, había que reconocérselo. Y bastante quietecito, jamás se movía del altar en el que estaba representado. Sin embargo, eso no le importaba a Elise. Anankos era su amigo, y como amigo que era, la princesa estaba dispuesto a perdonarle algún que otro defectillo.

-Hoy he sido buena, Anankos. No he hecho ninguna trastada. Hasta he hecho los deberes. Y me he comido las verduras ¿A que estás orgulloso de mí? Me merezco una recompensa. Reconozco que sigo muy aburrida ¿Crees que podré salir del castillo pronto? No tiene por qué ser a escondidas. Me encantaría dar un paseo con Camilla por la ciudad y comprar cositas juntas. Un vestido más colorido estaría bien, aunque el negro es bonito ¿tú que piensas?

La voz de la princesa era baja, como un murmullo. Así le habían enseñado como debía rezar, y la princesa mantenía ese tono cuando pasaba a una conversación más coloquial. Centrada en su conversación, apenas se fijó que alguien más había entrado hacía rato en la capilla. También la habían enseñado que era de muy mala educación molestar o interrumpir a alguien cuando estaba rezando.

Sin embargo, cuando la princesa hubo terminado, fue el hombre el que se dirigió a ella. A Elise le extrañó no reconocer a simple vista quien era la persona que se acercaba a ella con tanta confianza. La princesa conocía de vista prácticamente a todo el mundo en el castillo, por lo que infirió inmediatamente que se trataba de alguien de fuera. No era ni de lejos la primera vez que Elise veía a un extraño en el castillo, pero sí que era la primera vez que dejaban a alguien de fuera del castillo a solas con la princesa. Además, no parecía ser un hombre ordinario. La corona que se acababa de poner en la cabeza era indicativo de ello. Sólo su padre llevaba una semejante, y solo la portaba en ocasiones especiales ¿sería ese hombre también un rey?

-¡Sí, estaba rezando!-reconoció la princesa con una sonrisa bastante alegre en su rostro, casi como si estuviera reconociendo haber hecho una travesura.-Nuestro querido Anankos se siente muy solo, me gusta rezarle para hacerle compañía y así hacerle feliz contándole mis cosas ¿Vos habéis venido también a rezar? ¡Seguro que eso le pone muy contento! Incluso podemos rezar juntos de nuevo y luego pensar a qué juego podemos jugar con él.-y aquí dio un par de saltitos y palmadas para acentuar la felicidad que sentía la princesa.

Aquella situación era idónea para la princesa. Sin ningún mentor o miembro del castillo que la obligase a comportarse o mantenerse en silencio, la princesa podía permitirse ser ella misma y actuar con plena naturalidad. Como el ser puro e inocente que es ella.

-No recuerdo haberos visto antes, así que imagino que acabáis de llegar. Si es así ¡Bienvenido al castillo Krakenburg!-y sin previo aviso, se abalanzó sobre aquel hombre con las brazos extendidas para hacerle un efusivo y afectuoso abrazo. Normalmente, si no estuviera sola, no daría tal muestra de afecto, ya que no le era permitido. Pero como ahora no había nadie… Cuando la princesa estuvo satisfecha, retrocedió unos pasos y elevó la cabeza para mirar al rey a la cara, todavía sonriendo.-Soy la princesa Elise, la quinta hija del Rey Garon.-se presentó la princesa con una reverencia, olvidando que el hombre ya la había reconocido.-¿Y usted quien es?-preguntó directamente, reconociendo que no tenía ni idea de quien era la persona que tenía enfrente.
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Re: [SOCIAL] Friends on the Other Side [Priv. Elise]

Mensaje por Gangrel el Jue Dic 06, 2018 12:03 pm

Recordaba a la princesa Elise. No por haberla conocido, pero todos los nacimientos de nobles eran celebrados, mucho más si eran de alguien tan importante como lo era su camarada, el rey Garon. Por supuesto, había estado muchas veces anteriormente en Krakenburg, aunque la gran mayoría de ellas fueron tan discretas que solo Garon y sus generales se enteraron, por lo tanto, podía identificar perfectamente a los miembros de la familia real, del más mayor al más joven. A diferencia de Plegia, aquel negro reino sí poseía algo que él deseaba… Descendencia que podría ocupar el trono.

Y tal vez esa descendencia era hasta demasiado cariñosa con supuestos desconocidos. Habían dos cosas que nunca le habían dado a Gangrel. La primera de ellas, un heredero. La segunda, un abrazo. Y ahora le habían dado lo segundo sin ningún tipo de consentimiento. Francamente, ahora sabía mejor que nunca que aquello no era de su agrado. Simplemente, apartaría un poco a la princesa en cuanto pudo, sin mostrar un ápice de sentimientos en lo que durase aquel acto. En ocasiones normales, todos sabían que un mero roce sin consentimiento al monarca acabaría con la muerte instantánea. Pero no creía poder ejecutar a una mujer tan importante… De todas formas, veía aquello completamente innecesario.

-¿Jugar… Con Anankos? ¿Nuestro dios? –tal blasfemia le hizo arquear una ceja ligeramente con fingida frialdad, aunque en el fondo no le gustaba nada aquello. ¿Qué le habrían contado a la joven sobre el padre Grima?- …Sea como sea, su majestad… Bueno es ver tal fidelidad hacia el Dragón Caído

Pero lo que no sabía la princesa es que se encontraba ante uno de los reyes más poderosos del mundo, el único que sin expulsar a los emergidos se había librado del problema y también el único por el cual no corría sangre noble por las venas, sino que llegó al poder con el apoyo del pueblo. Y ahí estaba ella, tratándole como si se tratara de un niño más. Teniendo en cuenta que era más mayor que Xander. Le resultaba un poco gracioso, no lo podía negar, pero aun así, la etiqueta siempre debía estar presente. No iba a indignarse ni a criticarla ante Garon, pero… Le resultaba entre curioso e inédito.

El rey Gangrel acariciaría la cabellera de la pequeña como una especie de muestra de afecto, intentando no quedar del todo mal ante ella. Según recordaba, tenía unos trece años. A esa edad, Gangrel estaba maldiciendo en tabernas a la monarquía anterior mientras todos los borrachos le aplaudían por aquellas verdades como puños que soltaba. Y pasaba hambre. Estaba literalmente famélico, delgado como un palillo. Y en cambio, por lo que podía ver en ella, no veía constancia de que esta conociera de oratoria y… Bueno, era bella, pero eso significaba que más que seguro comía las tres o cuatro comidas diarias con todo lujo.

-Princesa. Soy el Rey Gangrel de Plegia –se presentó haciendo una ligera reverencia, siempre mirando a los ojos de la joven- Habéis crecido mucho desde la última vez que vine… Pero creo que nunca hemos llegado a entablar conversación. Siempre he estado ocupado con vuestro padre –que era al fin y al cabo lo único que le importaba en aquel palacio. Nada más- Pero veo que hoy deberé estar por aquí un rato antes de reunirme con vuestro padre…

Su presentación fue de todo menos correcta, y lo sabía. Tenía entendido que había un protocolo en concreto para hablar con las princesas nohrias, pero ya había visto que en ese caso en concreto no sería menester seguirlo. También era cierto que su gran cargo haría que fuera ella quien debiera ceñirse al protocolo en caso de encontrarse con un rey, pero… Lo dejaría pasar. Al menos la pequeña podría disfrutar de una infancia, no quería mancharle demasiado esa etapa porque sabía que en cuanto tuviera dieciséis, Garon la acabaría casando o la enviaría al frente. Conocía perfectamente al rey de Nohr, y sabía que era mucho más violento que él.

-De todas formas… Tengo un poco de tiempo libre que aprovechar. –declaró mientras se sentaba en uno de los bancos de la capilla cercanos, mirando todavía a la princesa- ¿Qué le estabais pidiendo a Grima? –ya podía imaginarse que nada digno de mención como pedir más prosperidad para las tierras o fertilidad. Pero desde pequeños los niños necesitaban pedir ayuda a una figura intangible pero infinitamente sabia como lo era el padre de la oscuridad. Y hasta la muerte, y tal vez más allá, en la ultratumba, las personas seguían implorando al dios verdadero de la oscuridad por más poder o salud- Si puedo preguntar, por supuesto, me gustaría saberlo… Al fin y al cabo, lo que pasa dentro de esta sala no sale de ella… Es el único lugar donde podemos agradecer al padre Grima todo lo hecho por nosotros

Miró al frente por unos segundos, a la silueta del padre dragón de la oscuridad que se encontraba ahí. La solemnidad que este daba a la sala contrastaba con la alegría que parecía contagiar la fémina y la indiferencia absoluta del rey. De todas formas… Siempre era bueno tener buenas relaciones con todos los miembros de la realeza nohria.

-¿Qué tal se encuentran vuestros hermanos?
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Rey de Plegia

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