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[Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

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[Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Alm el Miér Nov 21, 2018 9:36 am

A pesar de que la estancia en Shindu fue de las más cortas que había hecho el grupo, a Alm se le había hecho eterna. Iluso de él, que pensaba que sus heridas sanarían en un par de días y más iluso fue todavía al pensar que en todos los territorios a los que viajaban había emergidos que derrotar. —Los caballeros estaban antes que los emergidos, Alm—le había dicho su general cuando le escuchó resoplar aburrido. "Pues claro que estaban antes. Apenas han pasado tres años desde su primera aparición" pensó, frunciendo el ceño y esforzándose para no exteriorizar su mal humor.

Tres años. Tres años desde que dejó su aldea. Tres años desde que Mycen se llevó a Celica. Tres años sin tener noticias de ellos. Alzó la mirada al cielo ¿estaría bien? ¿y si los emergidos habían dado con ella? o ¿y si les habían encontrado las personas que les estaban buscando? Agitó la cabeza y trató de dispersar aquellos tristes pensamiento. "No, no es tan fácil derrotar al abuelo y Celica también sabe manejar la espada."

Los días de calma y reposo finalmente llegaron a su fin. Levantaron el campamento y se movieron hacia el continente vecino. Un jinete les había dado el aviso de que se había avistado a un gran grupo de emergidos por las tierras de Sacae y aunque el país contaba con su propia armada, no estaba de más tener un poco de ayuda del vecino, sobre todo teniendo en cuenta la buena relación que mantenían ambos continentes.

El viaje fue bastante largo, pues tuvieron que dar un rodeo hasta pasar la frontera. Un barco habría sido más rápido, pero los carros con las provisiones para el campamento y los caballos que llevaban la mayoría de los soldados eran demasiado numerosos como para ir en un solo barco. Y dos ya se les saldría del presupuesto. Por tanto, tardaron seis días en llegar ahí, sin descansar y cuando finalmente llegaron al anochecer del sexto día, a una de las planicies abiertas, la idea de montar el campamento ahí fue demasiado tentadora.

Alm ayudó a construir el redil para dejar a los caballos y también echó una mano a los jinetes para cepillar a las monturas que tan bien les habían llevado hasta allí. Miró curioso el camino de hierba seca y arbustos muertos que se dibujaba a lo lejos. Los emergidos no perdonaban ni a la propia naturaleza, al parecer.

Cuando ya habían dispuesto todo, el jefe de la cuadrilla les reunió y empezó a repartir las tareas. Alm quería participar en la misión de reconocimiento y miró con atención, rogando para que le dejasen hacer algo. Su herida en el hombro estaba más que curada, apenas la sentía ya. Sin embargo; una vez más, le hicieron quedarse en el campamento.

Te prometo que a la próxima, te dejaré participar —le había dicho el general, quizás sintiéndose un poco mal al ver la cara de decepción del chico. Revolvió su cabello, como solía hacerle para intentar animarlo, pero Alm se apartó y puso la excusa de ir a buscar algo de leña.

No iba a discutir. Era lo suficiente maduro como para no montar un berrinche, además, si se comportaba así, jamás le verían como a un adulto. Caminó por la oscura planicie y entonces cayó en la cuenta de que no había ni un solo árbol. Quizás no había sido tan buena idea ofrecerse voluntario para ir a por leña...

Siguió caminando, atento y apuntando con un pequeño farol a algunas zonas del camino en las que había arbustos. Las hojas secas y ramitas también le servían. Fue entonces, cuando divisó más luces, relativamente cerca y no pudo evitar acercarse con curiosidad.

¿Sería un poblado? ¿Una guarnición? sea lo que fuere, estaba convencido de que había personas. Hasta donde él sabía, los emergidos no necesitaban la luz para ver en la oscuridad ¿verdad? De todas formas, llevaba la espada consigo.

¿Hola? Perdón, estaba buscando leña y me llamó la atención la luz —dijo en voz alta, mientras se acercaba más. No quería pillar a nadie de imprevisto y que se pensase que iba con malas intenciones.
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Re: [Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Vie Nov 23, 2018 2:03 am

Música para el post:




Profundo y misterioso era el firmamento que se extendía sobre nuestras cabezas aquella plácida noche en la que, exhaustos tras las vicisitudes de la jornada, habíamos decidido plantar campamento bajo el amparo silencioso, lejano y brillante de las estrellas que, como guardianes imperturbables de las llanuras de Sacae, extendían su manto delicado y atento sobre la vastedad de las planicies, recordando casi a la mirada enternecida del aya ante una indefensa criatura que necesitara su presencia para dormir plácidamente en su cuna. Con los astros como testigos, mi discreta compañía se reunía cansada alrededor de la lumbre, abastecida por nuestras escasas reservas de leña, mientras, entre cuchicheos y coloquios alegres que surgían de la alegría de encontrarse al fin a tan pocos días de camino de sus hogares, trataban de asar unas descuidadas liebres cazadas el día anterior. Corría el vino con discreción, a sorbos suaves en sus humildes cuencos de madera, esperando a que las llamas de la fogata terminaran de preparar a aquellas pobres bestias que serían hoy nuestra cena, por desgracia para ellas.

Ajeno a los asuntos de la comida me hallaba acariciando a Duermevela, mi pobre y fiel yegua, que tantos varapalos se había llevado por culpa de su amo, alejado de mis hombres y del fuego del campamento, el cual perfilaba alargadas sombras que, de forma confusa, retaban a la oculta faceta de la imaginación infantil que pervive en todos nosotros, señalando asustados cualquier silueta que, de una u otra forma, pudiera perturbar nuestro espíritu, pues monstruos, pérfidos hados o seres del averno jamás dejaban de existir a nuestros ojos muy en el fondo. Desafortunadamente, no todo eran cuentos de viejas y, muy a nuestro pesar, todos los hombres de esta compañía nos habíamos enfrentado a esos seres que, galopando entre la vida y la muerte, llevan al hombre ante la más frenética y aterradora de las tinieblas: las que nacen del propio interior ante el miedo a lo desconocido.

Algo en mi interior me había hecho abandonar el calor de los míos y del fuego en pos de buscar la serenidad que transmitían nuestras bestias, bañadas por la luz de la luna y los astros. Me descubrí a mí mismo embobado cual zagal observando el cielo nocturno que entrañaba formas y significados que yo jamás alcanzaría a comprender, diminuto ante estas cuestiones que algunos juraban que dictaban nuestro destino y contaban una historia más vetusta que el más remoto de los escritos. Alguien muy especial para mí en cierta ocasión similar a esta me contó fábulas que decían que, en el brillo lejano de cada una de las estrellas reposaba el alma de un ser puro, que aguardaba pacientemente que los suyos se unieran a él. Que velaban por nosotros, desde la inmensidad de las alturas, emitiendo aquella luz para que, aun con el mundo en tinieblas, pudiésemos encontrar el camino. Sentí una profunda tristeza a la vez que mi garganta se tornaba seca y mi corazón se sentía atravesado por la acerina y fría fuerza de la melancolía, mientras mi mente se zambullía de lleno en los recuerdos.

"Si aquello era cierto, madre...", pensé, elevando mi añoranza y pensamientos a la vez que trataba de sonreír, llevando mi mano al corazón, "...¿veláis por nosotros aún?". Pedí a la Santa en silencio que hiciera llegar aquellas palabras escritas en mi mente. Cerré los ojos, calmado, respirando a continuación profundamente antes de volver a abrirlos a la majestuosidad del paisaje que se extendía ante mí, casi como si de una ensoñación se tratara.

No buscaba respuesta a aquellas plegarias. A veces, uno necesita esos pequeños momentos en los que creer que, de alguna forma, hay momento para estos altos que, más que descansar el cuerpo, reposan el alma. En aquel instante, sólo ajustaba cuentas con mis quimeras y demonios internos, en la soledad de los campos de Sacae.

Enfrascado estaba en mis cavilaciones cuando, de repente, pude oír movimiento a mis espaldas. Me giré, llegando a ver desde mi posición la silueta de alguien acercarse a mis hombres, de los cuales algunos se habían puesto de pie para recibir al extraño, de forma totalmente pacífica. Apenas distinguía la forma del visitante, por lo que anduve rápidamente en dirección al campamento, con el corazón algo más manso.

Entre las luces anaranjadas vislumbré a un joven que, de porte castrense, se presentó siendo educado, detalle que los demás notaron pues no vi un sola mueca contrariada ante su presencia. No parecía ser de estas tierras, mas no alcancé a ver nada que mostrara afiliación alguna.

-Acercaos, joven-dije con voz seria a la vez que alzaba la diestra y me acercaba más, dando a entender a mis hombres que no veía problema alguno. -Es obligación nuestra ofrecer comida y calor en la lumbre a todo aquel que lo necesite, faltaría más. Leña incluida-añadí con una sonrisa amable, pues algo en el joven de vista me generaba simpatía.

Me llevé la mano al cinto y agarré una bota de vino medio llena, ofreciéndola a modo de acercamiento. Miré rápidamente a su alrededor, por si veía acompañantes del joven, mas quedándome con las ganas, al menos por ahora. No debía tener malas intenciones, pues ningún mastuerzo se anunciaría antes de una emboscada y menos aún contra hombres armados como nosotros.

-Mi nombre es Gerhard, por cierto-dije, sosteniendo la bota.
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Re: [Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Alm el Jue Dic 06, 2018 9:34 am

Su intuición lo le había fallado y al parecer el grupo no era peligroso. Sonrió con educación y se acercó a la persona que le había invitado, persona que supuso que era el jefe de aquel pelotón. Intentó descubrir algún blasón o armadura que pudiese reconocer, para indagar sobre la afiliación de aquel grupo, pero su conocimiento sobre política no era muy extenso y sólo pudo concluir que no eran de aquellas tierras, por lo que quizás se encontraban en las misma situación.

Muchas gracias, Gerhard, sois muy amables —respondió y aceptó la bota de vino que le ofrecía. —Yo soy Alm, un placer.

Bebió un pequeño trago, pues aún no se acostumbraba al sabor fuerte del alcohol, pero habría sido muy descortés por su parte rechazar el ofrecimiento y si quería ser un caballero respetado, tenía que llevar al día las normas de cortesía. Devolvió la bota y se acercó hacia donde estaba el fuego, observando al resto de hombres que acompañaban a Gerhard, con la luz anaranjada de la lumbre. Su grupo era quizás más grande, aunque tal vez hubiese más hombres lejos de la luz y no pudiese verlos.

¿También habéis venido a ayudar con los emergidos? —preguntó curioso, pensando que si Sacae había pedido tantos refuerzos, el ejército enemigo debería ser realmente aterrador. Recordó el último enfrentamiento que tuvo contra los emergidos, un grupo bastante reducido y lo complicado que le resultó alzarse con la victoria. Con un ejército grande... no quería pensar cómo podría salir de esa.

Mi grupo y yo venimos de Valentia —explicó y señaló a su espalda, como si quisiera indicar dónde estaban. —No me han dejado ir con los demás a reconocer el lugar y como me aburría en el campamento, he decidido dar una vuelta con la excusa de ir a busca leña —comentó y agachó la mirada un poco decepcionado —Pero, parece que soy inútil incluso para eso. En este sitio, no hay ni un maldito árbol...

Si ya le trataban como a un mocoso, podía imaginar las risas de los demás cuando regresase con las manos vacías. O peor aún, si ese grupo le prestaba leña y le preguntaban de dónde la había sacado, tendría que reconocer que le habían echado una mano. Y una vez más, le mirarían por encima del hombro y le darían unas palmaditas en la cabeza. —¡Agh! ¡Estoy harto! —exclamó de pronto, dejándose llevar por sus emociones —¿Por qué la gente me infravalora? Todos hemos sido niños alguna vez, ¿verdad? —miró al mayor, como si él pudiese tener la respuesta.

"¿Qué demonios haces, Alm? Les vas a estropear la velada. Pide la leña y vete"; se reprendió mentalmente y soltó un suspiro —Perdón... me dejé llevar... ¿Habéis cogido la leña de aquí o ya la teníais?
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Re: [Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz Hoy a las 4:58 pm

Miré de arriba a abajo a nuestro joven huésped, llegado de las sombras de la noche, ataviado con coraza, notando agradecimiento real en sus gestos ante nuestra bienvenida, calurosa como mínimo, pues mis hombres se acercaban curiosos para acogerle tras mi beneplácito. Los hombres de Bern seremos duros como el hierro e implacables en el combate, mas jamás dejamos a un lado las buenas formas ante un zagal en medio de una noche de campaña. Al menos no bajo mi estandarte, mientras me quedara aliento. No pude evitar sonreír paternalmente mientras le oía darnos las gracias y cogía de mis manos la bota de vino y se presentaba propiamente, dando un sorbo más bien escueto. Algo en aquel chiquillo, que ya era soldado por lo que deduje, traía a mi cabeza imágenes que, aunque lejanas, me eran familiares. No sabría decir si se trataba de los resquicios de melancolía que me atravesaron durante mi velada con las bestias, o si, sin que me diera cuenta, había mutado con el paso del tiempo a aquello que mi venerable padre, desde la experiencia, llamaba "un perro viejo y nostálgico".

Tras devolverme el vino, se dirigió en solitario hacia el fuego, mientras los míos hacían hueco para él y podía ver cómo algunos, tratando de que no les viera, echaban mano de la cena para agasajarle como era debido, hecho que, aunque no me pasó inadvertido, ignoré sonriente, pues en el fondo les entendía. Hacía demasiadas lunas que no nos cruzábamos con nadie. O más bien, hacía demasiado que dábamos con alguien que, además de poseer brillo humano en los ojos y la gracia de la vida, no trataba degollarnos mientras dormíamos. Un pequeño alivio y alto en el camino que agradecía sobremanera, para qué negarlo. El ceño serio de los guerreros se tornaba amable, reflejo quizá de la añoranza que, en el fondo, todos sentíamos en noches como aquella.

Me acerqué dos pasos al fuego antes de contestar a la pregunta que pronunció Alm, llegando a la conclusión de que, aunque no de manera exacta, nuestra situación debía ser demasiado parecida.

-Podría decirse que sí-respondí, matizando acto seguido. -Pertenecemos al ejército de Bern, muchacho, aunque venimos de explorar en la fría Ilia. Planeamos acabar con los emergidos en esa nación para ayudar a su pueblo.

Parecía que las sorpresas no venían solas. Alm venía de Valentia, una tierra desconocida para mí, pues no había estado allí antes, aunque no distaba mucho de Elibe. Apenas poseía noticia alguna de la situación que había más allá de Elibe, pues los problemas ya se amontonaban alrededor de nuestras fronteras. Quise saber más y darle una conversación apropiada, por lo que anduve la distancia que nos separaba y me puse a su lado, mientras observaba los reflejos que las llamas creaban en su armadura, de tonos azulados y acabados, a mis ojos, exquisitos,

Fue entonces cuando empezó a hablarnos de sus circunstancias y de por qué se encontraba en esta zona. Guardé un respetuoso silencio, al igual que la mayoría de los soldados, incluso aquel que, diligentemente, se encontraba ya a punto de ofrecer algo de carne al valentiano. Conforme hablaba, sentí cómo una pequeña sensación de tristeza anidaba en mi estómago, fruto de la impotencia y la decepción que destilaba el timbre en la voz del joven, a la par que mi mente, que parecía encontrarse algo dispersa aquella noche, traía a mi mente algunos recuerdos salpicados. Yo conocía de buena mano lo que era que te miraran por encima del hombro. Nacido como primogénito, debía llegar a alcanzar la gloria que había caracterizado a mi padre toda su vida, que brillaba en todo, y cuyas expectativas, ocultas por las miradas de desdén de mis semejantes, pesaban como una montaña en mis pequeños hombros. Giró su rostro hacia mí, como si buscara respuestas. Por un momento, no veía a Alm, sino una faz que, de forma casual, podía verse en los cuadros de mi mansión...

Apenas pude oír las disculpas, perdido como estaba en mi mente. Mas yo, Gerhard von Salz, no dejaría las cosas así, no señor.

-Así es. Todos hemos sido niños, Alm-dije, poniéndole la mano en el hombro, aunque eso fuera un gesto demasiado cercano, quizá. -Y supimos lo que era ser como vos, desde luego-aparté mi mano de su hombro para luego hablarle con confianza, irguiéndome. -Y por eso mismo, os daré un consejo: no sintáis esa congoja, por la Santa, si no es para usarla en pos de alcanzar vuestro crecimiento. La fuerza y el valor nacen del corazón pequeño y humilde, después de todo- concluí atusándome el bigote.

De reojo, pude ver como Walt no podía contener la risa, pues se imaginaba lo que venía.

-No veo a un mozo de cuadra aquí entre nosotros, Alm, sino a un valeroso guerrero. Y por ello mismo, os propondré algo, si lo queréis. No hay leña más allá de la que traemos con nosotros, y que resulta que nos sobra. Mas no será gratis, no- dije de forma teatral, señalándole. -Noto algo en vos que me da brío, y para descubrirlo, os reto a un duelo amistoso. Será el filo de vuestro acero quien hable de valía, Alm, luchador de Valentia. ¿Qué me decís?

No sabía si podría ayudarle. Tampoco si eso era lo correcto. Pero, de alguna forma, mis emociones hablaban por mí, y no pensaba acallarlas.
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Re: [Entrenamiento] Preocupado por una hoja, no pude ver el árbol [Priv. Gerhard von Salz]

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