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[Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

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[Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Hiren el Jue Nov 15, 2018 7:32 pm

Inspiró hondo, tanto que sus pulmones se congelaron y necesitó inclinarse sobre si mismo para toser, le dolía el pecho de tan solo intentarlo y al final, con ojos llorosos y mejillas rojas por el frío volvió a enderezarse, a abrazarse a si mismo en un inútil intento de transmitirse calor. Suspiró con ojos entrecerrados, observando hacia delante, hacia un punto no muy claro de aquella pequeña plaza. Había algo que no acababa de convencerlo, que de hecho, era desde el primer momento que no le convencía: había demasiado silencio, a pesar de tratarse de la plaza central de un pueblo. Lo único que veía era la nieve amontonada y la falta de pisadas: seguramente hacía días alguien no salía de casa, si es que seguía alguien con vida allí, porque, siendo sinceros, él no había visto nevar.

Fue hasta casi aburrido que volvió a soltar un suspiro, bajó su cabeza en un gesto desanimado y al final, simplemente se decantó por seguir adelante, a ser el primero en manchar aquél manto blanco con pisadas andrajosas. En sus labios, seguía firme una sonrisa de oreja a oreja, como si de por si la situación sola no fuese lo suficientemente complicada. En realidad tampoco tenía claro que podría estar buscando: más allá de pensar en una posibilidad de matar el tiempo y de entrar en calor. Pero de pensarlo bien ¿encontraría madera lo suficientemente seca como para poder encender una hoguera? Lo más probable era que no, no había forma, no a esas alturas ya: cuando la nieve había cubierto hasta los techos de las cabañas.

Seamos sinceros —Habló para si mismo. De todas formas ¿quién debía de escucharlo? No había otro ser vivo a parte de él, probablemente, en aquella desolada y blanquecina plaza— aunque le diese fuego a una casa y pretendiese hacer una hoguera enorme... —Estornudó de forma escandalosa. ¿Qué tal si encontraba algún animal para cazar y comía de paso también?— ¿pero qué estoy diciendo? —Negó— seguro hasta ellos murieron congela... —Una luz de genialidad se encendió en su cabeza. Armado de un alocado valor, avanzó haciendo caso omiso de la nieve que mojaba sus pies y se paró frente a una de las muchas puertas. Miró a un lado, hacia el otro, como si estuviese dispuesto a correr de su atacante.

¡CON PERMISO! —En el segundo siguiente, tenía una rodilla flexionada y de una fuerte patada abrió la puerta de par en par. Una ligera capa de nieve se desprendió de la cabaña y cayó ante él, a sus pies. Pero Hiren sonrió de nuevo y atrevido, avanzó hasta adentrarse en la misma. El polvo le dio la señal suficiente para saber que estaba abandonada desde hacía ya suficiente tiempo y que, a pesar de que no olía bien, tampoco podía decirse que la persona cuya casa perteneció, había muerto allí. Por lo que, asegurado de lo que le interesaba, pasó a rebuscar en busca de dos cosas básicas: comida y madera para encender una hoguera ¡Estaba cansado del frío! ¿Qué hacía él allí? ¡Era una insensatez! ¡Quería volver a casa!
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Mar Nov 20, 2018 10:56 pm

Llevé mi diestra a la boca, tapada por una gruesa capa de piel de venado que, de forma improvisada, llevaba sobre los hombros y el cuello, tratando de cubrirme del gélido y constante abrazo que esas tierras brindaban a aquellos lo suficientemente incautos como para adentrarse en ellas, caminando sobre la cuajada y eterna capa de nieve que, de forma más visible que los emergidos, parecía haberse hecho con el control de estas. El frío se colaba incluso por los recovecos de aquella bufanda, cortando cual navaja de barbero mis labios y mejillas, cubiertas estas últimas por la espesa barba que, desaliñada por el paso del tiempo, la humedad y las vicisitudes de la campaña militar asignada, había crecido superando el límite que tanto mi señora como yo considerábamos aceptable, dándome más el aspecto de un salvaje guerrero montañés que el de un noble oficial del ejército de Bern, siendo sincero. Solté mi cálido aliento, notando apenas un ligero efecto embriagador por las comisuras de mis labios, observando desde la lejanía las siluetas deformes de un pueblo entre la nieve y el viento, que arreciaban con fuerza sobre nosotros en medio de aquella planicie perdida en Ilia.

Tras presentar los resultados de nuestras pesquisas y patrullas ante su majestad, había sido enviado de nuevo a aquel territorio, esta vez no como líder de una patrulla de reconocimiento en pos de conocer la situación de las tropas enemigas en el terreno, sino como oficial al mando y máxima autoridad en el campo de la que sería una empresa militar en beneficio de todo Elibe, o eso esperábamos: la liberación de Ilia, expulsando para lograr dicho objetivo a los no muertos de la nación. La honra que sentí al recibir del monarca la orden de partir inmediatamente en pos de la gloria y la salvación vecina duró poco, pues mi corazón se quebró cual rama seca al dejar atrás a mi familia de nuevo sin apenas tiempo para disfrutar de la profunda dicha que me embargaba sólo poder pasar un día entre los míos. Conocía de sobra aquella sensación desgarradora que, de una u otra forma, llegaba a aquellos que abrazaban la vida castrense. Marchar lejos de aquello por lo que luchabas y por lo que morirías dejaba un estigma que todos los que empuñábamos las armas éramos capaces de ver a la legua en el rostro de nuestros camaradas: la mirada perdida en la jornada, la mueca nostálgica ante las llamas de las fogatas del campamento y el brillo ardiente de los recuerdos que, con el pecho oprimido y los hombros cansados, estábamos dispuestos a cargar sobre nuestras espaldas durante la matanza y, si Santa Elimine nos dejaba en su infinita misericordia, de vuelta a casa una vez más.

Eché la vista atrás, en dirección a la quincena de hombres que comandaba, envueltos como yo de cabeza a pies para evitar morir congelados de mala manera en aquel maldito lugar. Apenas se podían distinguir las armas que portaban, simples lanzas y escudos en su mayoría, entre los fardos de piel que les rodeaban, cubiertos de aguanieve y escarcha, al igual que se encontraba la capa de viaje que a duras penas colgaba de mis hombros por culpa del viento, que amenazaba con arrastrarla. Hice un gesto con la cabeza a Walt, mi fiel suboficial, dando inicio a la caminata que nos dirigiría al pueblo. Casi inmediatamente, pude oír las órdenes ahogadas que daba a mis hombres para proseguir con el avance, de forma sigilosa y constante, como llevábamos haciendo desde el precario campamento que nos habíamos visto obligados a desplegar más atrás. Una ventisca imprevista nos había despojado de parte de nuestras provisiones y enseres, haciéndolos inservibles, por lo que tuvimos que detenernos en las cercanías para dilucidar la dirección que tomaríamos a continuación. Llegué a la conclusión de que lo más sensato era mandar a un destacamento pequeño al pueblo que había cerca, de forma parecida a cuando estábamos de patrulla, pero con el objetivo de tantear el terreno y montar un campamento estable tras llevar al grueso de la tropa allí de forma segura. Sólo esperaba que aquel lugar no fuera un nido de emergidos, pues lo único que nos faltaba era que tras no encontrarnos a ninguno durante el avance nos cayeran encima en ese mismo instante.

"Maldita nieve", pensé mientras trataba de andar con aquella fría masa por los tobillos, la cual me trababa al poner un pie en ella, y ya no hablemos de sacarlo. Pasado apenas un rato, podíamos distinguir ya de forma más acertada el contorno de las casas de aquel lugar, sumido en un silencio profundo y misterioso, carente de toda vida y movimiento, demasiado incluso para la abandonada Ilia.

Frené a los soldados levantando la diestra, mientras observaba la plaza que conformaba el centro del pueblo, seguramente antaño lleno de vida y ahora caído en desgracia, aguantando el incesante e inmaculado llanto de los cielos, que casi parecían buscar inundar aquel lugar en su tristeza sin par. ¿Sería aquel sepulcral pozo de amargura y abandono todo lo que quedaba en estas tierras? De ser así, ¿seríamos capaces de liberar Ilia no sólo de los emergidos, sino del agónico aspecto al que se veía reducido en esos momentos?

Sólo nos quedaba esperar que así fuera.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Hiren el Vie Nov 23, 2018 6:26 pm

No le resultó completamente difícil dar de unos trozos de madera y, si no los había, simplemente tomaría una silla y la golpearía contra el suelo con tirria, entonces, sí o sí iba a conseguir madera para usarla en la hoguera. La comida era algo completamente diferente: solo había encontrado avenas ¿Y qué podía hacer una persona con avenas? Considerando el pan y todos los demás alimentos demasiado complicados, se decantó por simplemente hervirla en agua, formando así unas gachas que poco tenían que envidiar, pero que al menos tendrían el hambre a raya.

Entre mezclar y mezclar, se alejó hacia una de las ventanas de la que alguna vez fue la cocina. Se apoyó en la pared, cruzándose de brazos mientras colaba la mirada por lo que había afuera, como si en unos escasos minutos algo podría cambiar y la nieve repentinamente se convirtiese en ron o en lava. Sonriendo como un tonto, tamboreó con los dedos su propio brazo hasta que algo llamó su atención: ¿estaría ciego? ¿o lo que había allá era un grupo de pobres hombres congelados por el clima? Parpadeó y se apresuró a volver hacia la puerta de entrada, medio derribada, medio aún en pie.

Se inclinó al frente, retractándose al instante por el frío. ¿Emergidos? ¿Amigos? ¿Enemigos? ¿Ciudadanos de Illia? ¿En serio? ¿Por qué? Repitió la misma acción que antes, entrecerró los ojos en un vago intento de ver mejor lo que había al frente y en un final sonrió, divertido, despreocupado ante la situación. No importaba de todas formas, no para él— ¡¡HOLA!! —En un vago intento de ser visto balanceó el cucharón de madera en el cielo con vehemencia, tentado incluso a dar saltitos para ser más alto, pero conteniéndose por mero frío ¿qué pasaría si iba a saltar así, tal cual, en semejante gelidez?

Cuando pero se sintió conforme, volvió a cruzarse de brazos, a dibujar una altiva sonrisa en los labios y apoyarse en el marco de la misma, sin desviar su mirada de ellos: de aquellos hombres que parecían osos armados hasta los dientes y cuya presencia allí era más rara que ver un conejo en la luna. Aguardó paciente unos pocos segundos antes de seguir— ¿Quieren acomodarse? ¡Vengan a comer! ¡Acabo de preparar la cena! —Y la pregunta más oportuna en ese momento era: ¿cuán comestible podía ser la comida de aquél muchacho? ¡Había que tener atención! Por no hablar de su voz levantada, suficiente de seguro para despertar a los muertos.

Pero no era algo que le preocupara, claro que no. Como tampoco le importaba la cantidad de condimento picante que había echado en las avenas, o lo mucho que había gritado, mucho menos entonces la nieve que cubría completamente la aldea o el frío que podían tener los demás. Él había logrado calentarse vagamente gracias a la hoguera escondida en una de las habitaciones cercanas, confiaba que manteniendo la puerta de allá cerrada impediría que el calor desapareciera. Pero... ¿Pero qué había olvidado?

¡¡LA COMIDA!! —Cual relámpago oscuro, Hiren dio media vuelta, corriendo en dirección a la sala contigua, la cocina que daba al comedor y, medio cayéndose por el camino, tropezando aquí y allá, logró llegar hasta el fuego y mezclar lo que había dejado en este dentro de una enorme olla— ¡Vamos, entren, no se echen para atrás! ¡No como gente! —Los animó desde dentro, nuevamente levantando la voz en el proceso. Sí, esa historia a ese paso no terminaría bien.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Sáb Dic 01, 2018 11:23 pm

Mis botas se hundían pesadamente en la nieve, cuajada del todo, cada vez que daba un paso en aquella forzosa y gélida marcha a través de la planicie. Sentí cómo se me cortaba el aliento conforme avanzaba, envuelto en aquella mortaja de acero y pieles que me cubría ya húmeda y pesada, dificultándome el paso mientras, inclemente, el viento aullante cortaba mi rostro cual fría daga, sedienta de sangre. La ventisca arreciaba furibunda sobre la compañía, desprotegida y silenciosa, que a base de redaños proseguía con el nada fácil cometido de llegar a la plaza de la población que se encontraba más adelante. Añoré el calor de mi hogar, confortable en las noches de invierno, rodeado de los míos contando historias de glorias pasadas alrededor de la lumbre, deseando que aquellos momentos de paz repletos de dulces memorias y sublime felicidad no se perdieran como el esplendor de las tierras que pisaba en estos momentos, presas del asfixiante pero inexorable paso de la calamidad que, implacable, se cernía sobre nuestro mundo, en forma de esos terribles seres. El recuerdo de los brillantes ojos de mi hijo, inocentes y felices la primera vez que le dejé probarse un yelmo una tarde de primavera parecía desvanecerse entre los fríos susurros del temporal que caía sobre nuestras cabezas, casi como si, más que helar nuestros cuerpos con sus acometidas, tratara de despojarnos de nuestros espíritus. Traté de apartar de mi mente los pensamientos nostálgicos que la asaltaban constantemente, perdiéndome en el fluir armonioso de la voz de mi esposa, el radiante esplendor del sol cuando paseaba a su lado en los bellos jardines de nuestra residencia en Bern, la leve y esquiva curva perfecta de su sonrisa, tan evocadora como siempre. Su recuerdo me perseguía en aquel páramo helado, susurrándome las bellas palabras que me dirigía estando en la intimidad de nuestros aposentos, instándome a no desistir, a que avanzara en mi cometido. Algo en la atmósfera de estos lares hacía vibrar mi cuerpo de una forma desconocida para mí, alimentando la añoranza en mi interior, invitándome a reflexionar sobre todo aquello que, brillante en un momento, ahora yacía olvidado y polvoriento,  como lucía desde la corta distancia el conjunto de casas que, desoladas y abandonadas, aguantaban mejor que yo el clima.

Entrecerré los ojos, viendo las casas del pueblo de forma algo más nítida, sin ver movimiento en un principio. Giré mi rostro a los soldados, haciéndoles señas para que nos internáramos en su interior. Pude ver como uno de ellos, repentinamente, parecía sorprendido, señalando al frente estupefacto. Dirigí de nuevo mi mirada hacia adelante, creyendo haber oído algo, un grito perdido en la nevada. Abrí la boca sorprendido entre las pieles, sin poder creerlo del todo. Lo que parecía ser un zagal se encontraba en el portal de una de las casas, balanceando de forma vehemente, y que me aspen si me engañaba la vista, un cucharón para captar nuestra atención, mientras a voces nos daba la bienvenida al pueblo. Oí como Walt, en un ejercicio de humanidad, se reía a carcajadas atónito como yo, mientras me preguntaba para mis adentros si no se trataría de una alucinación causada por el frío. Tras invitarnos a pasar a cenar de forma altiva con una sonrisa de oreja a oreja, aquel joven de rasgos delicados pasó a entrar como una exhalación tras una exclamación. Miré de reojo a la patrulla que, ante el recibimiento, parecía complacida, como si de repente el extraño embrujo de esta nevada desapareciera, para luego en un vistazo mirar las casas de alrededor, convencido de que si se encontraba nuestro anfitrión tan tranquilo en aquel lugar, sería adecuado para nuestro propósito. Asentí rotundamente y conmigo a la cabeza, entramos en la casa pesadamente, encontrándonos con el olor requemado de algún tipo de cereal, junto con un hogar en ruinas convertido en refugio.

-Con permiso, señor-dije educadamente mientras atravesaba el umbral de la puerta. -Muchas gracias por la calurosa bienvenida, la ventisca nos ha pillado de imprevisto-añadí, mientras veía como Walt cerraba la puerta con dificultad, pues estaba a medias.

Repasé con la mirada el interior de forma curiosa, no sin escuchar a mis hombres quitarse las pieles para mantenerse algo más cómodos, tarea que no compartía. Yo andaba observando al muchacho que nos había cogido, que estaba absorto en la tarea de vigilar una olla que había puesta en el fuego.

-Su hospitalidad nos hace estar en deuda con vos, pues en estos tiempos no sobra. Espero que no le moleste que mis hombres se pongan cómodos. Hemos pasado un auténtico calvario para llegar hasta aquí. No estaba siendo imprudente aceptando la invitación, desde luego, mas no estaba de más fiarse de lo que parecía un superviviente de todo este cataclismo albo. Retiré las pieles de mi cabeza dejando ver mi faz y me dispuse a presentarme. -Mi nombre es Gerhard, amable señor, y os estoy muy agradecido- expuse, sonriendo, a la vez que dirigía mi mano hacia él en un gesto amable.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Hiren el Dom Dic 09, 2018 4:33 pm

Y volvió a la sala donde los otros se habían acomodado. Dejando la olla descansar una vez la quitó del fuego, permaneció firme y relajado apoyado contra el marco de la puerta, de madera qué, de bien o de mal, parecía ya haber visto muchas cosas extrañas en el mundo. Se cruzo de brazos, ladeando su cabeza hacia un costado observó con ojos curiosos al grupo de guerreros que habían entrado en la casa.

Cualquiera con dos dedos de mente podría pensar en que no era exactamente una de las ideas más brillantes el admitir a desconocidos peligrosos en aquella que parecía ser su escondite del momento, pero tampoco era como si realmente se preocupase por ello. Tan solo había actuado como muchas otras veces hacía, sin tener demasiado en cuenta las consecuencias, como si viviese solo el presente y nunca en el futuro. De alguna forma así era, pero no era necesario pensar demasiado en él y en su particular forma de ser, no tendría una respuesta lógica más de la normal: así era él.

No hay necesidad de tanto agradecimiento —Pronunció sin miramiento, balanceando una mano de un lado a otro delante de su rostro. Se enderezó— estaba en la misma situación. Tan solo me aseguré que no hubiese nadie viviendo dentro y me acomodé —Literalmente había sido así. Por lo que, volvió a adentrarse en la cocina que acababa de crear, sacar platos que se aseguró limpiar bien para poder servir a sus inesperados acompañantes también— pero acomódense, es obvio que hace mucho que alguien no pisa esta casa —El polvo estaba por todos lados y la madera chirreaba bajo sus pies sin contenerse ni un ápice.

Si aquella hubiese sido su casa, habría cuidado más de ella sin duda alguna. Pero no era el caso. Sirvió dos cucharadas a cada plato, junto a lo que era una cuchara para comer— Espero que no os disguste el sabor algo picante —Muy picante de hecho, que él no lo notara era otra cosa. Con platos en mano volvió a aparecer donde los demás— no esperé tener visita, pero creo que me paré en el momento correcto —Y a cada uno de ellos se le fue entregado un plato rojizo, sospechoso, que realmente olía a cosa picante.

Pero Hiren avanzó, con un plato para él después de dejar al lado de cada hombre un cuenco igual al suyo y, con una cuchara se atrevió a tomar un poco y llevarlo a sus labios. Era tan picante que cualquiera estaría echando fuego por la boca, Hiren en cambio, sonrió como si acabase de comer una delicia— Soy Hiren, es todo un placer —Ensanchó su sonrisa antes de volver a apoyarse a un lado de la ventana y mirar al otro lado con curiosidad: acababa de escuchar algo sospechoso, de alguna forma presentía que siquiera les dejarían terminar el plato que tenían entre manos— pero, me temo que nuestros queridos amigos no van a parar porque haya una tormenta de nieve cerca... Sino que se nos complicarán las cosas —Con los nudillos de sus largos dedos dio dos pequeños golpecitos en la ventana.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Dom Dic 23, 2018 2:03 pm

Nuestro anfitrión, con sus extravagantes ademanes, había predispuesto los preparativos para lo que sería una extraña mas calurosa velada, y no precisamente por el calor de la lumbre, que invadía tímidamente la sala en pos de calentar nuestros huesos, que parecían más muertos que el gaznate de un emergido, dado el glaciar clima de esta región, que tanta fuerza tenía que casi parecía tratarse de la obra de algún encantador. La olla que el muchacho, de claros rasgos extranjeros, ahora que mis ojos podían posar mi vista de forma más pausada, había preparado despedía un aroma que, a poco que tuviera uno olfato, no había duda que contenía algún cereal caliente, en efecto, mas asimismo mezclado con alguna especia cuyo olor entraba por mis fosas nasales, advirtiéndome de que, quizá, ardía más que el propio infierno.

Mientras me deleitaba con el olor de la estancia, el joven nos aclaró que no se trataba del dueño de la morada, sino que, como nosotros, vagaba por estas tierras conquistadas y arrasadas, y que por pura bondad compartía con nosotros sus recursos, a poco que fueran. Mi rostro, escondido por mis barbas poco acicaladas, se torció en una mueca de sorpresa frente a las palabras inocentes que pronunciaba, completamente alejadas de la crueldad y locura que parecía haberse apoderado de nuestro civilizado mundo. Mientras se movía por la casa con brío y destreza, en mi mente se agolpaban diversas dudas. Dados sus rasgos, no podía ser de Ilia, e incluso parecía foráneo al continente. Si mis sospechas eran correctas, ¿quién sería? ¿Qué hacía en estos yermos y helados parajes, en búsqueda de un refugio? Preguntas sin respuesta que por cortesía aún no debían salir de mis labios, cortados por el frío viento.

Antes de querer darme cuenta, y sin oír su advertencia sobre la condición de la comida, me ofreció un plato de gachas, que cogí aturullado por las cuestiones que me asaltaban, un cuenco que, modesto, parecía ser más grande debido a la generosidad de su cocinero, y al hambre que arrastraban nuestras tripas, que carcomían al menos mi interior si bien no lo mostraba por tozudez. La superficie de aquella comida lucía, desde luego, como olía, con cierto tono escarlata que, a modo de advertencia, parecía decir al incauto comensal que se preparara para masticar nieve con tal de aplacar lo que sentiría su desgraciada lengua de meterse una sola cucharada en la boca. Volví en mí para dirigirle un gesto de agradecimiento, inclinando mi cabeza, a la vez que trataba de pensar en una manera de evadir el peligro que podía suponer la comida que nos ofrecía sonriente, pues el picante me mataba el paladar, desde que era mozo.  

Mis hombres, por su lado, eran otra historia. Unos se habían dado cuenta de la naturaleza de las gachas, mas Walt, incauto y sin ningún tipo de tapujo, se abalanzó sobre el plato nada más tuvo ocasión, dando su primer envite a éste, cuchara en mano. Su cara, al entrar la comida en su boca, se descompuso, realizando un gesto que casi era agónico, a la vez que parecía morderse la lengua y tragarse el fuego que contenía  para no incomodar al joven, que se presentó como Hiren momentos después.

-El placer es mío, Hiren-dije, mientras hacía acopio de valor y me disponía a probar aquel plato.

Cuando entraron las gachas en mi boca, una angustiosa sensación de calor anidó en mi paladar, el cual parecía arder con más fuerza que el sol, a la vez que un sudor repentino se abría paso por mi cara, a la vez que jadeaba, fruto de las especias que el cocinero quiso echar a su gusto en el plato, y que, en el interior de mi garganta, parecían el hálito candente de un dragón enfurecido, que se cebaba con mis entrañas, matándome con aquel sabor. Temblé mientras trataba de mantener la compostura, por mi propio honor, echando mano de una bota que llevaba entre mis fardos que contenía agua, la cual volqué en mis labios ardientes para paliar el sabor. Con las mejillas encendidas y el semblante casi roto, miré a Hiren, que se encontraba en la ventana, observando al exterior, diciendo algo que, en ese momento, me puso alerta, al igual que a los pocos hombres que se contenían la risa al verme sufriendo.

-¿Veis emergidos? Maldita sea-pronuncié dejando el plato diabólico en el suelo, mientras me acercaba a la puerta con pasos rápidos,, asiendo el pomo de mi espada. -Muchachos, echad mano a las armas, vamos a tener que dejar la velada para otro momento-ordené presto.

Todos sabían que defender la casa, dada la situación, sería harto difícil por su estado, algo deplorable, a la vez que apenas conocíamos el poblado, cosa que nos ponía en desventaja. Podía oír el sonido de los emergidos marchando por la plaza, mas no podía asegurar su número. Por su lado, mis hombres cogían sus armas, preparándose para lo que podía ser un baño de sangre en medio de la nieve.

-Hiren, os agradezco la hospitalidad, pero nos dirigimos camino de expulsar a esas criaturas de este lugar-le miré, sin saber si sería descortés hacer mi petición. -¿Nos acompañaréis en la tarea u os quedaréis en la retaguardia?-pregunté, sin saber si era un luchador o un civil, pidiéndole ayuda u ofreciéndole protección.

Fuera como fuera, en el exterior, los muertos acechaban.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Hiren el Lun Dic 31, 2018 8:49 pm

¡Miren el lado positivo: ya no tendrán frío! —De hecho, era de esperarse ¿quién seguiría recordando el frío de las afueras cuando comían el mismo infierno? Hiren de por si no tenía problema alguno con ello, estaba acostumbrado a los sabores picantes, incluso demasiado como para reaccionar ya a ello.

Los observó a todos con una sonrisa de oreja a oreja, cruzado de brazos con despreocupación extrema. En aquél momento, podían incluso ir en contra de la casa y tirar la puerta al suelo que él, probablemente no reaccionaría en lo más mínimo. Efectivamente, cuando vio por la rejilla a los emergidos acercarse y al caballero reaccionar, retrocedió, riendo en bajo. ¿Así que permanecer en la retroguardia y esperarlos de vuelta a casa? Esa no era una buena idea, nada emocionante de todas formas, nada fuera de lo común.

Con una mano en la empuñadura de su espada, Hiren levantó la cabeza en un gesto confiado, en sus labios la sonrisa aún no había desaparecido y de sus ojos la emoción parecía casi visible— ¿Qué haré? —Inquirió en bajo— es bastante obvio, no puedo quedarme aquí cruzado de brazos —Asintió varias veces con un gesto de la cabeza. Pero, de la nada dejó de sujetar la empuñadura del arma y dio media vuelta.

Mi comida es picante ¿verdad? —Era bastante obvio, siquiera era necesario escucharlo de los labios de ellos. Con cuidado de no quemarse, levantó la olla de rojizo contenedor y se encaminó a la puerta— ¿creen que a nuestros queridos amigos eso va a gustar? —Él realmente rezaba para que no fuese el caso, sino más bien todo el contrario.

Y así la historia se repitió: abrió la puerta de una patada y avanzó hacia la plaza nevada con olla y cuchara de madera en mano.

Golpeó un par de veces la caliente superficie, llamando innecesariamente la atención de los emergidos circunstantes. Cuando todos se voltearon, Hiren sonrió cual bobo y, a pesar de que sus dientes estuvieron por castañear del frío, se tragó las ganas de volver corriendo a la chimenea y en cambio, cuando un emergido se acercó a él y gruñó, el Myrmidon metió cuchara en la olla y, con gachas demoníacas se las metió directo en las fauces de su enemigo antes de retroceder entre carcajadas.

Come todo ¿sí? ¡La comida no hay que desecharla! —De todas formas, en su cintura la espada balanceaba por sus repentinos movimientos y su destreza con ella era lo suficiente como para usarla en el momento más necesitado, aunque aquél fuese ahora mismo. A pesar de todo, prefirió aguardar, observar con atentos ojos al grisáceo ser que por instantes parecía tomar cierto color en las mejillas.

¿Acaso su comida demoníaca podría darles vida a aquellas cáscaras vacías que poseían? ¡Realmente no importaba! Lo que sí era necesario, recaía en la diversión, solo y exclusívamente en ello.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Miér Ene 09, 2019 6:38 am

Pronunciada mi cuestión, esperaba la respuesta del exótico anfitrión que, en estas extrañas circunstancias, al punto de alimentar a mi compañía había llegado, mostrando una humanidad impropia de los tiempos aciagos que vivíamos bajo la sombra de los malignos resurgidos, que de perdición mantenían la mirada llena. Contraste enorme el del enemigo de la vida con aquel joven de largos y finos cabellos, que risueño y divertido parecía ante la mayor de las tempestades, y que de brillo que desprendía, podía eclipsar al níveo manto de Ilia durante el alba. Pareció hacerle gracia mi pregunta, como si hubiera dicho alguna sandez, cosa que, en el fondo, sabía yo mismo. Había notado que él, a pesar de lo que pudiera parecer por su semblante, formas e incluso por su actitud, llevaba acero consigo, lo que, sin ninguna duda, o eso al menos interpretaba yo, sabía usarlo, o lo llevaba por decoración, siendo harto improbable esta última opción.  Rió por lo bajo con sus delicados labios, casi de forma juguetona, mientras oía el inconfundible sonido de mis hombres sacando sus enseres para nuestro oficio, deber y orgullo al mismo tiempo. Su gesto de sonreír mientras repetía mi consulta dejóme claro entonces sus intenciones, como si de un golpe de claridad se tratase, confirmado por su siguiente frase, a la par que su expresión cabiaba a la de alguien emocionado por los hechos que ocurrirían a continuación. Movióse hacia atrás mientras por mi parte desprendía el sayo raudo, dejando al descubierto mi reluciente coraza, bastión inquebrantable, preparándome para la contienda, por lo que no vi qué se tramaba Hiren, en el interior de la estancia.

-Preparaos para defender el poblado, a sangre y nieve-comencé a decir, dirigiéndome a mis hombres. -A mi señal, lanzaremos ofensiva sobre ellos en bloque, y nos cubriremos los unos a los otros, sea por la gracia de la Santa. Unión y fuerza-murmuré, como convenciéndome a mí mismo.

Ni siquiera había oído bien qué proclamaba el espadachín tras de mí, dejando caer lo que sería la estrategia más audaz, aleatoria y descabellada que habría de ver en mis largos años como hijo de Bern. A medias, creí escuchar algo sobre el estado de la comida, maldita por el ardor que producía en los incautos, y el dolor que llegaría con ello más tarde, fruto de lo que parecía ser la sopa de los infiernos sobre las gachas. Observé desde la ventana, oyendo pasos a mi espalda, creyendo ver una docena de sombras entre la nevada.

-Doce de ellos hay, a fe mía. No son nada contra nosotros, voto a bríos. Acero al frente y...

De repente, oí un sonoro golpe y llegué a entrever una sombra que salía despedida por ella, como una exhalación, sin darme tiempo siquiera a terminar la orden dirigida a mis hombres, ensimismado como estaba en la táctica, seguida de los exabruptos que los míos soltaron a destajo sobre la situación. Sorprendido, pude ver cómo Hiren, cazuela y cucharón en ristre, se dirigía al medio de la plaza, como poseído por un temerario arranque, con el objetivo de cruzarse con los emergidos.

-¡¡Santa Madre!! ¡¿Qué hacéis, mozo?!-exclamé, ojiplático. -¿Queréis morir antes de tiempo? ¡¡Hombres de Bern!!-grité, desenvainando la espada y cogiendo el escudo,  a la par que salía por la puerta tras él, lanzando conjuras. -¡¡¡Cierra Bern!!! ¡Al ataque!-ordené, con mis hombres detrás, oyendo cómo algunos daban risotadas ante todo esto.

Tras el umbral, la nieve caía en chuzos, y el aquilón castigaba rudo la tierra, mas no me importó en su momento. Frente a mí, se estaba dando una escena que, de no ser porque sentía mi boca arder y mi corazón palpitar desenfrenado, hubiera jurado que era obra de funesto encantador. El zagal, con todo su valor, o estupidez, aunque prefiero hablar de coraje, pues redaños no le faltaban, frente a uno de los emergidos, enarboló la cuchara, herramienta diabólica en sus manos, y se la estampó en las fauces a la bestia, llenando, al menos en mi mente, de sus gachas su asquerosa boca. Corrí a trompicones por la nieve, acompañado de los soldados, que me seguían a la zaga, llegando a uno de los muertos que, en busca del muchacho, me pillaba en mi camino, propinándole severo escudazo en el cráneo, apartándolo de un golpe. Encaminándome a Hiren, que se encontraba aun a unos metros, y jadeando, no pude sentir sino profunda risa al ver que el desafortunado muerto parecía no moverse, debido al alimento mortal. Por su parte, los guerreros se acercaban, adoptando formación en bloque, adelantándome para acercarme a nuestro extravagante aliado, voceando entonces.

-¿Habéis perdido la cabeza?-pronuncié entre la nieve. -Si queríais rematarme tras vuesra comida, lo habéis hecho. Pero ahora...¡¡Acabemos con ellos!!-rugí, alzando espada y escudo, preparado para mandarles de vuelta a la tumba.

Extraña alianza, picante cuanto menos, la que había encontrado en estas heladas tierras.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Hiren el Mar Feb 12, 2019 4:24 pm

Ante semejante imagen: el emergido quieto como muerto viviente ante él, Hiren no se contuvo y dejó escapar una carcajada propia de alguien a quién seguramente le faltara uno o dos tornillos en la mente. No se inmutó ante nada, ni ante la llegada del fornido hombre, ni ante el avanzar titubeante del ser grisáceo ante él. Pero, mentiría de decir que no hizo caso a las advertencias del otro hombre, quién, en semejante situación no podía ser más que un aliado en aquella complicada situación.

Se encogió de hombros, quitándole importancia al asunto y con seguridad cargada de orgullo, se deshizo del cucharrón y su demoníaca comida tirándolas hacia un lado. Si alguien hubiese prestado atención, casi podía ver la nieve derritirse bajo la comida tirada al suelo y bajo ella, el suelo casi quemar. En cambio, con su oscura mirada hacia el frente, llevó la mano hacia la espada que tenía sujeta de su cintura y sonrió como lo que era: un jóven idílico, alguien quién le gustaba actuar genial y salvar el mundo.

Pues claro, déjamelo a mi —Afirmó sin atisbo de duda en su tono. Desenvainando su espada, la movió hacia un costado suyo. Aprovechó el momento y tomó la oportunidad de moverse hacia el grisáceo ser aún de pie ante él, levantando lo justo la espada, rajó su garganta con un rápido y conciso movimiento. La sangre emanó de la herida, era curioso pensar que tenía sangre bajo la piel aquél desagradable ser y, antes siquiera de darse cuenta, su enemigo ya estaba en el suelo, manchando de rojo la impoluta nieve.

Ante un nuevo ademán de su mano, limpió su espada del líquido vital y miró al frente con curiosa seriedad. De ponerse a pensar podría jurar que antaño le había escuchado a su madre, o alguien cercano suyo, contar una extraña y aterradora historia: una de esas para mandar a los niños a dormir, sobretodos aquellos que, como él, eran infrenables y llenos de vitalidad.

Algo de un asesino, y del hecho que los cuerpos de sus víctimas eran escondidas bajo árboles de cerezo y que por aquellos cuerpos era que dichas flores recibían tan vivo color: por el alimento humano del cual se alimentaban. Miró la silueta en el suelo y arqueó una ceja pensativo— Tengo una perfecta historia de terror que contar ante una hoguera —Asintió varias veces con un gesto de la cabeza: en sus labios la sonrisa seguía danzante. Pero no era ese el momento ni el lugar adecuado.

Fue ante un nuevo movimiento, una finta hacia un lado, con espada desenvainada, seriedad en la mirada, se deslizó entre la nieve que no era su elemento como cualquier nacido allí y, con un rápido movimiento cortó los tendones de las rodillas de uno de aquellos seres que se había atrevido a levantar una nueva espada en su contra. Manchando la nieve de rojo, cayó al suelo de rodillas, Hiren parado detrás del susodicho, con la espada rozando su cuello, peligroso— Si tan solo existiese una forma de controlarlos... —Musitó en bajo.

Consciente pero de que era un peligro, rajó su cuello, dándole muerte y dejando que su cuerpo se enfriase hasta convertirse en hielo en el suelo.

¿Dijeron Bern? ¿Son de Bern, supongo? —Levantó la mirada hacia los fornidos hombres y sonrió, animado y bonachón.
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Re: [Campaña Lib.] Thought we found a way [Priv. Gerhard von Salz]

Mensaje por Gerhard von Salz el Dom Feb 17, 2019 4:11 pm

Tras haber logrado ponerme a la par que nuestro inesperado aliado de ardiente cuchara, creí que nada podría sorprenderme más tras la estampa de la que acababa de ser testigo, de la que si contaba alguna anécdota al llegar a casa sólo me quedaría jurar en nombre de la Santa Madre y de mi honor como hombre de armas y heraldo de la gran Bern que todo cuanto relataba era verdad, pura y cristalina. Mas volvía a equivocarme, válgame Elimine, pues en un momento Hiren. observando al emergido frente al que había blandido semejante y culinaria arma, estalló en una carcajada que, de tan efusiva y explosiva que era, parecía la de alguien que perdía el juicio o al que debían haberle contado la chanza más jocosa habida sobre la faz de la tierra, soltando la cuchara y echando mano al acero. Por mi parte, yo me encontraba en la más absoluta vanguardia junto a él, mientras los míos llegaban y podía oír cómo despachaban tras de nosotros a esos mastuerzos sin alma y de mirada ensangrentada que se atrevían a plantarnos cara, viendo cómo a nuestro alrededor se empezaban a acercar los emergidos, llevados sin ninguna duda por la destacada aparición que ambos habíamos hecho en el campo de batalla. Oí alto y claro como afirmaba mi arenga de cara a plantar batalla, a la par que el sonido distintivo de la vaina de su hoja liberando su espada, signo inequívoco de que empezaría la contienda. Giré mi rostro raudo ante el emergido al que había derribado de una acometida de escudo, el cual ya se había levantado para plantarme cara, asiendo firme una lanza cuya punta enfrentó a mí, posicionado mientras uno de sus aliados se empezaba a acercar para prestarle socorro.

Fruncí el ceño, alzando mi guardia, para luego dar un paso amplio en la nieve, parando una estocada que venía dirigida peligrosamente hacia mi testa, apartando luego el arma del oponente con un sonoro chocar de metales seguido de la madera del asta de la lanza al deslizar por mi escudo, rematado en un avance rápido que acabó con un revés improvisado de mi acero en su pechera, para luego con maestría acabar atravesándolo de lado a lado con una estocada sencilla, tan sanguinolenta como efectiva. Tras un estertor grave, empujé al ser para que cayera en la nieve con un golpe seco, pasando a ponerme a la defensiva con el que se acercaba a mí amenazador y despacio, portando un hacha de aspecto bastante contundente. Me permití el lujo de dirigir una mirada preocupada al impetuoso joven, para descubrir sorprendido que, en un abrir y cerrar de ojos, había acabado con su rival, el cual se hallaba sangrante frente a él, y se hallaba limpiando su hoja manchada del licor que bañaba sus venas. No podía creer que alguien que parecía delicado y pacífico pudiera haber realizado tal destrozo, y mucho menos que, en vez de ponerse a resguardo como debiera o mínimamente preparado para el envite de otro enemigo, se pusiera a asentir frente a su cadáver, mencionando algo que medio no oí sobre una historia de miedo mientras un maldito atacante se disponía a acercarse.

-¡Cui-!- traté de gritar, mas un ruido detrás de mí me hizo girarme bruscamente. Puse el escudo en medio por instinto, y sin saber cómo, paré a duras penas un fatal tajo que venía directo a mi cabeza, sintiendo en ese momento un dolor agudo en el antebrazo que se traspasó inmediatamente a mi codo, fruto de la maniobra mal ejecutada, una guardia que aunque precaria me había salvado la vida. El impacto, demoledor cuanto menos, me hizo trastabillar, casi haciéndome caer a la nieve, pero por fortuna fui capaz de plantar los pies en el suelo y encararme a él, aunque con el escudo bajo, sintiendo punzadas en el brazo al intentar levantarlo. "Maldición..." pensé mientras miraba cómo el soldado enemigo, vestido con un simple peto de hierro y a telas, que asía de nuevo el hacha a dos manos preparándose para la siguiente machada.

Le arrojé una expresión decidida, levantando mi arma, en una guardia adelantada. Si el brazo me dolía horrores y no podía usar el escudo como me gustaría, debería probar otra estrategia. Poniéndome lejos del alcance de la cabeza de su hacha, flexioné las rodillas y me preparé para responder a su siguiente ataque. Rápidamente, cargó contra mí lanzando un poderoso golpe vertical dirigido a aplastarme la cabeza, por lo que tenía que actuar raudo. Dando un paso lateral, me posicioné a su izquierda, lanzando un corte rápido a la altura del rostro, impactando en sus ojos, para luego, y aprovechando mi nueva posición y la distracción, atravesé su cadera de una estocada hasta que acabé tocando hueso, para luego con todas mis fuerzas acabar con su lamentable existencia de otro revés rápido en su cabeza, chorreando sangre antes de caer de bruces como un muñeco de trapo.

Jadeé intensamente recuperando poco el brío en el brazo del escudo, levantando la cabeza para mirar a mi alrededor, viendo que los míos se acercaban a Hiren triunfantes dando vítores.

-¡¡Vaya con el canijo, si es un gran espadachín!!- pude oír decir a Walt, el cual llegaba a nuestro encuentro portando una lanza quebrada, seguramente por el encontronazo con alguna de esas criaturas.

Pasé a echarle un vistazo a Hiren, que tenía a otra de esas alimañas frente a él, y a la que acababa de dar muerte sin que siquiera llegara yo a verlo. Parecía extremadamente calmado, incluso rodeado ya de dos cadáveres, y con su ánimo sonriente que sospechaba que se trataba de su humor habitual nos preguntó a voz alzada si nos tratábamos de soldados de Bern, dados nuestros gritos al entrar en combate.

-Efectivamente-  respondí acercándome mientras recuperaba el aliento. -Pertenecemos al ejército real de la corona de Bern, la cual ofrece su ayuda para limpiar este lugar de estos despojos- aclaré al joven, girándome después para ver a Walt. -¡Muchachos, seguimos en medio de una contienda! Peinad la zona y acabemos con los que queden.

-Hiren, muchacho, cuando acabemos con ellos, me gustaría hablar con vos-bajé la voz para dirigirme a Hiren, situándome cerca de él alzando de nuevo mis armas, en busca del siguiente rival al que despachar en honor a nuestra nación y en beneficio de Ilia.
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