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[Campaña de Liberación] Trust in others what you can't do [Priv. Daraen]

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Mensaje por Alanna el Miér Nov 14, 2018 7:53 pm

Con todo lo que llevaba cargando a sus espaldas de su etapa como mercenaria, ya debería tener aprendida la lección. Y pese a todo, aunque quiso aprovechar su nombramiento como Custodia para esforzarse en corregir esa costumbre, volvía a caer en el mismo error de siempre.

No pretendas aparentar que, ante las adversidades, lo tienes todo bajo control cuando sabes que no es verdad. Daba igual que fueses un necio imprudente que necesitaba crearse una falsa confianza para sentirse mínimamente seguro. O que esa seguridad se intentase infundir a los más cercanos por muy responsable que fueses de ellos. Al final, todo aquello quedaba en saco roto; se acababa mintiendo a los demás y, lo peor de todo, es que uno se acababa mintiendo a sí mismo.

Días como aquel, en los que se tenían demasiadas responsabilidades entre manos, eran nefastos para poner a prueba esa mentalidad. hace unas pocas horas, Alanna y un grupo de soldados venidos desde la capital se asentaron en las inmediaciones del poblado ganadero que les mandó una misiva urgente. Al parecer, los guardeses de la zona avistaron un movimiento de tropas bastante importante mientras realizaban la ronda por las carreteras que utilizaban los comerciantes. Se los reconoció enseguida como fuerzas Emergidas por los blasones de sus armaduras y uniformes, dado que ya habían acusado ataques anteriores bajo la misma bandera.

Otro ataque Emergido, otra contienda más para los Custodios. A decir verdad, le daba un poco de congoja el cómo se había adaptado tan rápido a los asaltos de esos demonios desde que servía a la Corona de Ylisse. La sensación de recelo cuando se enfrentaba a ellos seguía ahí, pero notaba que ya no cargaba con tantas cadenas que la cohibían a la hora de luchar. Ya no era la misma muchacha que de lo único que debía preocuparse era de rufianes y maleantes que se creían los dueños de las rutas transitadas por carromatos. Tenía mucho más arrojo, mucha más libertad para pensar y actuar. Y, cómo no, mucha más confianza en sí misma que la convencía de que sería capaz de superar cualquier adversidad.

Pero quizás había pecado de confiarse más de la cuenta, y puede que por eso estuviese metida en semejante embrollo…

¡Orden, por Naga! ¡Berreando como animales no vamos a llegar a ningún lado! —exigió una frustrada Alanna, dando un golpe con la palma sobre un barril que se estaba utilizando como mesa improvisada. Dioses, era desesperante. Allá donde pusiese la vista, no hacía más que ver a soldados gesticulando con exasperación, discutiendo entre ellos y señalando las armas y monturas con las que disponían—. ¡He dicho orden! ¡OR-DEN!

Todo, porque ninguno de ellos creía que con los medios que contaban no sería suficiente para afrontar la que se les venía encima. Y lo peor de todo es que la Custodia empezaba a pensar igual. Las tropas y armamento de los que había sido provisto el pelotón no es que destacasen por su fuerza bélica. Pero con la preparación adecuada y unas nociones de guerrilla básicas, eran más que suficientes para dotarles de lo necesario para repeler a una cuadrilla de Emergidos como la que les habían descrito los guardeses.

Pero con lo que no habían contado era que, del mismo modo que el ejército de Ylisse acudió ante la llamada de socorro de los humildes ganaderos de la región, los Emergidos no se demoraron en pedir refuerzos de última hora y mandar al traste sus formaciones de combate.

¡Basta! Si tenéis tiempo para querellas que no nos van a aportar en lo absoluto, también lo tenéis para calmaros y evaluar la situación como corresponde. —Ya harta, avanzó unos pasos hacia la marabunta desperdigada de soldados y les inquirió con un tono más tajante. La tormenta de voces indignadas se fue atenuando conforme la Custodia repasaba con una mirada severa a los presentes. Un suspiro se le escapó de entre los labios mientras se llevaba la mano a las sienes—. De acuerdo. Necesito saber de inmediato de cuantas armas capaces de perforar escamas disponemos en los barracones.

Wyverns. De todas las desdeñosas criaturas que habitaban en el mundo y tenían que ser wyverns. Odiaba tener que reconocer sus propios miedos, pero es que les tenía absoluto pavor a esos mastodontes cargados de colmillos, garras y mala baba.

¿Cuántos… wyverns llegaron a avistar los exploradores?

Creo recordar que vieron sobrevolar los cielos a unos tres.

Gracias a los cielos que tenía las facciones de la cara tan tensas que apenas se le deformó el rostro en un rictus de horror. Tres. Tres reptiles gigantes que se podrían arrojar sobre ellos como mirlos hambrientos en busca de lombrices.  

Si no se había dejado llevar por la misma desesperación de sus compañeros y convertido en una más del gallinero que se había montado en el campamento, se debía a una fuerza ulterior que no sabía ni de donde estaba sacando. Su escuadrón podría bien equipado para contrarrestar fuerzas terrestres como jinetes y e infantería, pero sin disponer de arquero o practicante de magia alguno entre sus filas, iban a tener serios problemas con esos jinetes de wyvern. Su fábrica de ideas trabajaba a una velocidad demencial, pero solo para toparse una y otra vez con un muro infranqueable.

En momentos así, se daba cuenta de que no podía pretender ser una estratega milagrosa cuando ella siempre había sido una guerrera de primera línea. Su ingenio podría haberle sacado en el pasado de atolladeros bastante turbios, pero aquel era su límite. Y, aun así, por fútil que ya fuese a esas alturas, era incapaz de admitir su derrota delante de todos, pues de ella dependía que el escuadrón se mantuviese unido y alentado en los momentos más arduos.

Aunque tuviese que zambullirse en un lodazal del que no podría salir.
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Mensaje por Daraen el Dom Feb 03, 2019 5:14 pm

Cada aviso de emergido en cualquier lugar parecía no acabar, no importaba lo que sucediera su presencia se mantenía hasta en los lugares más tranquilos, era como un virus, una plaga, algo que quiere contaminar a su paso, hacerlo suyo. La gente amante de su hogar, amante de su reino, cualquier autoridad que fuera se pondría los pantalones y lucharía sin descanso hasta que aquella pesadilla de seres sin vida llegara a su fin.

La información de la llegada de estos seres a territorios ylissianos era algo que posiblemente se volvía de a poco más habitual, a pesar de que ya fue mandando un grupo a detener este problema no era alguien que se quedara sentada con un libro a esperar, si fue aceptada por el príncipe del reino e incluso la hija del mismo no podía estar aprovechándose de la noble ayuda que recibía, claramente si no fuesen ese tipo de personas de buen corazón seguramente ya estaría en otro lugar vagando sin rumbo en quién sabe dónde. Además, ya estaba incluida en parte de los custodios, pero seguramente no presentada a sus integrantes debido a la situación que hasta ahora se presenta.

Cargando un tomo de magia se dirigía sin interrupciones posibles hacia el lugar del hecho, una estratega en sus filas siempre iba de maravilla, nunca era suficiente en nada y a medida que daba paso hasta llegar a lugar amplio se hacía la idea de cómo estaría la situación. En su mente se quejaba de no haber sabido rápidamente del tema, pero como era claro no podían mandar siempre a las mismas personas en todo, somos seres humanos y se necesita descanso de vez en cuando, pero con emergidos así …el descanso no parecería eterno.

Tras pasar unos hogares ganaderos vio como un grupo de gente se encontraba armado, Daraen arqueo la ceja al ver que la situación no era muy comprometedora, cabe agregar que la presencia  de siluetas en el cielo a lo lejos al parecer inquietaba la situación, no estaba preparada para esto pero podía pensar en algo rápidamente, solo debía saber que armas contaban y al menos poder abatir rápidamente en lo posible a los blancos más complicados que se presentaban.
Apresuró el paso hasta encontrarse entre los soldados que se encontraban ahí, algunos pendientes de las cosas en el cielo que daba una mala impresión, en cualquier momento volarían hacia ellos y atacarían, otros desinteresados y posiblemente entretenidos afilando sus armas, no sé sabía con detalle, había de todo. Con la mirada no podía encontrar algún soldado con un arma de rango, esto comienza a complicar las cosas.

¿Quien está a cargo aquí? — alzo la voz entre los soldados rápidamente, algunos la miraron como si nada, otros sintieron que era otra llamada de atención por alguien que conocían, pero no era así. Un soldado se acercó a la estratega.

La chica rubia de ahí, es la encargada del grupo— indicó con el dedo la dirección entre los soldados, Daraen asistió en un gesto de agradecimiento y avanzo apresurada. No había que perder tiempo, nada de tiempo. Si se llega a poner una estrategia a tiempo terminaría siendo efectiva, rápida y sin muertos, solo lo que queda es saber más de los que se acercaban.

¡Hey! ¡Disculpa! — llamó a la rubia entre los soldados y se acercó para hablar mejor — ¿Eres quien guía este grupo? — preguntó — Mi nombre es Daraen, es un gusto. como estratega he venido a dar una mano en las filas — se presentó aun cargado su tomo en sus manos —En lo posible necesito saber la situación, si no es mucha molestia —  con la información que pudiera recibir, debería idear algo ,l os segundos que pasaban eran claves para el enfrentamiento.
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