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[Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

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[Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Loana el Dom Nov 11, 2018 7:38 pm

- Tierra a la vista !!! - gritaba uno de los marineros anunciando la proximidad a mi punto de destino; no era una fanática de los viajes marítimos e incluso algunos mares causaron ciertas ganas de querer abandonar la travesía, pero les prometí a mis hombres, camaradas, compañeros de espadas, que conseguiría ayuda para volver a retomar nuestras tierras, las cuales nos fueron despojadas por esas criaturas que desconocíamos su procedencia. Quedamos aislados de todo, no sabemos de nada sobre el estado del concejo de sabios, ¿seguirán vivos? ¿mi abuelo continuara en Carcino? ¿habrán evacuado todos? Quizás debí haberme negado en participar de aquel combate que me dejo lejos de la Capital, jamas sabre que hubiera pasado...
-Señorita, no podemos quedarnos mucho tiempo, pueden percatarse de nuestra presencia y atacarnos... - el capitán del barco acepto llevarme a cambio de algunas monedas, no tuve mas remedio que optar por esta vía para poder llegar a las tierras de Illia, ¿mi misión? conseguir personas que apoyen mi causa, la recuperación de Carcino, un territorio que fue totalmente dominado por el enemigo. - Muchas gracias Capitán,comprendo la situación ,me iré preparando para abandonar la nave - le respondí mientras iba realizando los últimos ajustes a mis cosas, solamente traía conmigo mi espada, una bolsa con algunas monedas de oro y un abrigo de piel que me mantenía protegida del intenso frió de la región.
El golpe del barco con el muelle anuncio que ya debía de bajarme, dos monedas de oro me costo el viaje, si seguía realizando estos viajes tarde o temprano me quedare sin dinero, tendré que ser mas cuidadosa en ese aspecto. Al pisar tierra firme veo como el barco que me trajo se iba desapareciendo a la distancia, la soledad me generaba cierta incertidumbre, tenia el recuerdo de que este sitio tenia cierto transito de gente, pues parece que las cosas han cambiado. Las casas se veían cerradas, selladas mas bien, no hubo señales de lucha pero si de evacuación, no cabía duda, por aquí también habrán pasado esas criaturas... la nieve dificultaba el andar, las pisas se me hacían mas pesadas e incluso el viento frió me dificultaba un poco el respirar, se estaba formando una pequeña tormenta de nieve, si seguía afuera podría enfermarme y me demoraría en realizar mi objetivo. - Esa casa de allí se ve acogedora - Por como se ve la zona no creo que alguien se enojara al verme entrar, con tres fuertes patadas a la puerta bastaron para poder entrar, la oscuridad invadía el sitio - Quizás pueda prender la chimenea, necesito algo de calor hasta que acabe la tormenta - Me llevo un buen rato encenderla, el viento de afuera no facilitaba las cosas y la puerta quedo rota, por lo cual la misma corriente de aire la abría , lo solucione colocando una silla que la trabara, lo único desafortunado era que el lugar no contaba con comida, pero ni bien acabe la tormenta saldré a cazar algo , si es que se puede...  
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Re: [Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Gerhard von Salz el Lun Nov 12, 2018 1:10 am

Aullaba sobre nosotros inclemente el gélido aquilón, cual soplo de parca, característico de las frías tierras del nordeste de Elibe, enmarcadas en un montañoso y escarpado paisaje similar al de mi hogar. La que fue otrora Ilia reino de las nieves y tormentas, nevada, aislada, misteriosa y oculta por los devenires de su implacable clima, yacía ahora a merced de aquellos seres que, negándose a recibir el abrazo de la muerte, se afanaban en arrancar a los vivos el calor de sus hogares y su aliento. Marchábamos en total diez hombres, envueltos en varias y gruesas capas de piel de venado, alternadas entre las armaduras que, debajo de aquellas capas llevábamos, e incluso habiendo metido entre las placas de acero bultos de lana y piel,  en pos de proteger nuestros cuerpos de la ferocidad y el helado viento que nos azotaba sin descanso en nuestra patrulla cautelar bordeando la afiladas y rectas costas del territorio conquistado.

Habíamos salido de las fronteras de Bern hacía ya diez jornadas, por tierra, bordeando la frontera septentrional con la liga de Lycia tras pedir permiso diplomático, así como en Etruria, revelando la intención que yo, con un contingente de veinte hombres, caballería preparada para campaña fundamentalmente, nutrida de fieros y honorables jóvenes del ejército regular en su mayoría, poseía: viajar a Ilia con dicha patrulla de reconocimiento por iniciativa mía y beneplácito de mi señor en respuesta a las aciagas noticias que nos llegaban del norte. Anhelaba comprobar de primera mano la ardua situación a la que se enfrentaba el país, a la vez que deseaba asimismo, debido a mis votos e incluso a motivos personales, liberar de esas ponzoñosas alimañas no sólo mi patria, sino el continente entero. Pero para ello primero requería de información. Jamás había pisado territorio Iliano, y por eso mismo, aun disponiendo de mapas relativamente precisos de su orogenia y división, carecía de la experiencia y visión estratégica que una expedición podría brindarme. Este viaje serviría también, desde luego, para tantear el terreno de cara a la posterior marcha que dirigiría personalmente para liberar a Ilia y restaurar su potestad como reino del continente, esperando devolver a sus gentes de vuelta a sus hogares y que el país en sí volviera a la normalidad.
Llevábamos unos pocos días bordeando la costa tras evitar los nevados picos que ya empezaban a asomar por la frontera meridional, buscando la seguridad en el camino. No habíamos atravesado demasiadas penurias, pero el frío empezaba a apretar a la vez que empezábamos a ponernos en alerta por si aparecían los emergidos, mas la fortuna por ahora nos daba tregua.

La nieve crujía bajo nuestras botas mientras caminábamos en dirección a un pequeño poblado que habíamos divisado desde una colina cercana al campamento improvisado que habíamos montado a menos de media legua de distancia de aquel núcleo de población portuario. había cogido a nueve hombres en total para realizar una pequeña patrulla con el fin de comprobar si había habitantes que resistieran los elementos y a los monstruos, así como comprobar que no hubiera enemigos en aquella zona. Mis órdenes habían sido claras: ante mayor número, trataríamos de escabullirnos, mas si podíamos acabar con los emergidos, así lo haríamos.

Nos encontrábamos en las afueras de la aldea, provistos ante el temporal de nada más que del cobijo de nuestras mantas y en mi caso del recuerdo de todo lo que había dejado atrás en Bern, aguantando firme entre mis subordinados con la cabeza alta, envuelto mi rostro en pieles, al igual que ellos, pues el aire que se arremolinaba entre nosotros podía perfectamente cortar el rostro de los incautos cual navaja de barbero. Observé pensativo las casas selladas que conformaban el lugar, de madera, tapiadas sus puertas y ventanas, claro símbolo de abandono por parte de sus habitantes, pues no parecía que por allí hubiera transitado una sola alma. Mas por increíble que pudiera parecer, uno de los míos, de nombre Walt, me había jurado que vislumbró en nuestra marcha un navío que abandonaba el muelle del lugar perdiéndose entre la bruma y el frío mar. No vi mentira en sus ojos, al igual que tampoco signos de delirio, por lo que todo el asunto me escamaba. En ese justo instante el mismo Walt acompañado de dos más señalaba una columna e de humo que, por culpa del viento, apenas podía verse completa, emanando de una chimenea. Parecía que aquel lugar sí que albergaba algo de vida...

Moví mi diestra hacia adelante, haciendo un gesto simple. "Adelante". Asintió la compañía y nos internamos en el pueblo, echando mano mis hombres de las lanzas cortas o filos que portaban ocultos entre las pieles y fardos con comida y enseres de campaña. Si no me fallaba la memoria, los emergidos no necesitaban prender chimeneas ni cobijarse del frío, encendiendo fuego sólo para ver o atacar, por lo que debía tratarse de algún ser humano. Deseé en silencio mientras andaba que se tratara de refugiados y no de saqueadores, pues no entraba dentro de mis planes tener que pasar a cuchillo a un apanda de impresentables.
Comprobado el perímetro, planté a mis hombres frente a la fachada de aquella casa, tratando de que fueran sigilosos, gracias a que las pieles amortiguaban el ruido de las armaduras al andar por la nieve. Levanté la diestra abierta para que pararan, a la vez que hacía un leve movimiento para indicar que se prepararan para lo peor. Observando la puerta, pude ver sin problema que la cerradura estaba abollada por un golpe, presumiblemente reciente. Tomando aire, que entró como hielo por mi tráquea, di un paso al frente, y con el puño, llamé a la puerta golpeándola con firmeza tres veces, de forma lenta y contundente, notando cómo ésta temblaba ante cada toque, mas no abriéndose, deduciendo que algo la bloqueaba.

-¡Disculpen!-exclamé tras los toques. -Requerimos asilo e información a los habitantes de esta aldea, en nombre del reino de Bern y la seguridad de Ilia. Si sois civiles-proseguí, con tono solemne, cual si recitara un edicto-se os protegerá de todo mal y se os tratará de forma grata, a cambio de información por el bien de todos.

La propuesta estaba en el aire. Como dictaban sus votos, él había tendido la mano, en pos de acercar la paz y la prosperidad a estos lares tan fantasmales como nostálgicos.
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Re: [Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Loana el Lun Nov 12, 2018 2:29 am

Con el calor de la chimenea aquella casa había cambiado en su interior, me generaba una pequeña sensación de hogar, como si fuese de mi propiedad, siempre anhele tener una vida tranquila, estar aislada de todas esas situaciones que la aristocracia enfrentaba, por momentos recuerdo a mi abuelo como contaba los distintos casos o debates que surgían en la cámara de sabios. Hasta que cese la tormenta debería matar el tiempo, pues me puse a ordenar el lugar, por lo que fui encontrando la casa fue abandonada no hace mucho y fue con mucho apuro, sobre el suelo algunas prendas sorteaban la sala de estar, algunas de mujer y otras de niñas, un par de muñecas de trapos en una de las habitaciones, la prisa nos le dejo llevarse todo. Para mi mala suerte no encontré nada de comida, y tampoco esperaba la ausencia de personas en este poblado, recordaba aquellas anécdotas que me contaba mi tutor, en este mismo poblado se podía conseguir un excelente pescado, era caro, pero su carne suave era la envidia de la región, viejas historias se me vinieron a la cabeza , por momentos extraño a aquel viejo que me fue enseñando todo lo que me formo para ser aquella mujer que lidera parte del ejercito de Carcino, juro que volveré a mi país, y quitare aquella peste que no solo nos afecto a nosotros, sino que también a todo el continente; mientras la impotencia invadía mi cuerpo y mucho mas mi cabeza, miraba aquella muñeca abandonada - ¿Que sera de aquella niña? - me pregunto en voz alta, pensando en alguien que jamas conoceré, ni siquiera se si seguirá viva...
Ya la temperatura en la casa se encontraba estable, organice el sitio y levante todo lo que había tirado en el piso, por las prendas y la cantidad de camas llegue a la deducción que aquí vivió una madre con dos hijas, su evacuación fue forzada, quizás fueron victimas de lo mismo que nos paso a nosotros, de no ser por mis hombres yo ya no estaría aquí pensando en esto, jamas se los agradecí, lo único que les dije fue que me esperaran, confió en que me esperaran, pasamos por varios combates juntos, ellos me siguen sin vacilar, me vieron crecer como yo a ellos, ya extraño a mis guerreros.
Tres golpes en la puerta me hicieron volver a la realidad, todos los recuerdos que tengo se hicieron a un lado para poder discernir del complejo panorama en el que me encontraba ahora, personas de Bern estaban afuera, desconocía el numero, pero quien hablaba sonaba con seguridad, indicando quizás que era el líder del grupo, no teníamos problemas con la gente de Bern, no seria necesario algún intento de violencia, en cuanto a números yo me encontraba en desventaja, lo que tampoco se es si en verdad la búsqueda de información es su verdadera intención. Me coloque aquella piel que me cubría del frió de afuera, mi espada se encontraba debajo de ella, si algo raro ocurría no pienso dudar en pelear...
-Si están buscando civiles aquí no los van a encontrar!!! - Grito del otro lado de la puerta, no me servia de nada mentirles, una mujer en un pueblo abandonado, iba a ser para peor. Dando dos pasos para atrás con mi pie alejo la silla que bloqueaba el acceso, con el fuerte viento esta se abre, logro ver quien estaba detrás de ella, como lo supuse, eran mas de uno, el mas cercano, una persona con una imponente barba, de esas que anuncian experiencia y sabiduría, manteniendo la distancia me anuncio - Ni siquiera soy de estas tierras - respondo mientras mis dos manos se van levantando levemente con las palmas apuntando hacia el -Yo también he venido por información... - no me agrada encontrarme en desventaja pero donde cualquiera de ellos hiciera cualquier movimiento extraño mi espada algún cuello probara...
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Re: [Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Gerhard von Salz el Lun Nov 12, 2018 1:28 pm

Los segundos posteriores a mi declaración de intenciones, frente a la maltrecha puerta de aquella casa pasaron lenta y amargamente, notando en el espinazo una sensación que no me era del todo desconocida a estas alturas: la tensión producida por la incertidumbre de saber que, en cualquier momento, en ese mismo lugar, las cosas podrían torcerse sobremanera con azaroso resultado. Durante ese instante, breve a decir verdad, pude sentir claramente cómo los hombres situados a mi espalda tragaban saliva de forma pesada, agarraban con fuerza sus armas, se preparaban física y mentalmente para cualquier respuesta que pudiéramos obtener tras al umbral, pues la seguridad la abandonamos a la par que salíamos de la comodidad y el amparo de nuestras cerradas fronteras entre las altas y escarpadas montañas de nuestro hogar, para nosotros refugio inexpugnable.

Entrecerré los ojos a la vez que suspiraba dejando salir vaho de mis labios, sin moverme ni medio palmo de la entrada, firme y dispuesto. No tardó en llegar a mis oídos una respuesta cuanto menos curiosa, transportada por la voz de una mujer cuyo acento no distinguía a través de las rendijas de los tablones de la casa, indicándonos de forma enérgica que no encontraríamos civiles en aquel lugar. Sentí alivio al comprobar que, como había deducido, no era éste el escondrijo de aquellas alimañas pendencieras, pues estos no soltaban palabra alguna, al menos en un idioma inteligible para los vivos. Sin dejarme tiempo a responder siquiera, un ruido contundente fue seguido de la frase recibida como respuesta, la cual sólo dejaba un interrogante: ¿Quién era entonces quien se refugiaba en semejante lugar, rodeada de la fantasmagórica y gélida atmósfera que acompañaba estos lares? No tardaría mucho en saberlo, pues el golpe desbloqueó la puerta en un rápido movimiento, seguido de una ráfaga de viento que entró sibilante en la morada, presto a asfixiar el calor del fuego del hogar que nos había alertado sobre la presencia de vivos en la población costera.

Tras la apertura, la dueña misteriosa de aquella voz se plantó tras el umbral de la puerta, frente a mí, observándome rápidamente para pasar a hablarme guardando las distancias, como si no terminara de fiarse, hecho muy justificado, desde luego, pues recibir la visita de unos hombres armados siempre genera cierta desconfianza. Su porte frío pero elegante me hizo pensar desde un primer momento en que aquella mujer, desde luego, no era una civil, y mucho menos un saqueadora, pues en su rostro afilado y pálido podía ver sin ningún atisbo de duda los rasgos característicos de la nobleza, así como deduje que, además de su belleza, gélida como las montañas y los vientos que rodeaban aquellos lares, encerraba algunas cualidades ocultas. No pude vislumbrar mucho más del interior de la morada, mas no había oído ninguna otra voz o ruido, por lo que supuse que se hallaba ella sola en aquel refugio improvisado. Sus siguientes palabras fueron seguidas de un gesto pacífico, por lo que, ni corto ni perezoso, negué con la cabeza a la vez que con la diestra realizaba un movimiento de izquierda a derecha con el dorso de la mano, pidiendo a mis hombres que envainaran sus aceros.

-Os pido perdón por las formas, señora, no quería importunaros-dije mientras realizaba una ligera reverencia con la cabeza en señal de respeto. - Como os he dicho, somos hombres de Bern que se encuentran reconociendo el terreno, no tenemos ningún interés en haceros daño-aclaré, sonriendo levemente.
-Decís que buscáis información, y creo que podríamos beneficiarnos mutuamente, si me permitís decirlo. Os pido a vos que nos acompañéis de buena gana a nuestro campamento, bajo promesa de que no habrá malas intenciones por parte de ambos. No puedo dejar que os quedéis aquí a merced de descuideros o esas horribles bestias, seáis o no civil, seáis o no Iliana, señora, pues así somos los soldados de Bern-solté de forma rápida, tratando de no parecer descortés, a la vez que aligeraba la conversación en pos de que el frío no acabara con nosotros o nos descubriera una patrulla enemiga.

Me intrigaba sobremanera la presencia de dicha mujer en territorio hostil, siendo además "extranjera" y "en busca de información", por lo que trataría de forma amistosa preguntarle sobre su paso por esta zona y los posibles rumores de los que pudiera disponer. Y si podía además hacerme con una posible nueva aliada en esta expedición, pues mejor, desde luego.
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Re: [Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Loana el Lun Nov 12, 2018 7:22 pm

Caballeros de Bern eran los que merodeaban la zona, tienen una gran reputación militarmente hablando, mi tutor contaba sobre combates frente a soldados de aquella bandera, quizás vinieron para averiguar el porque de la evacuación, vaya uno a saber, lamentablemente me encontraba en una mala situación como para intentar escapar. La voz del soldado mas cercano se hizo notar, acompañada por el frió viento que iba invadiendo el recinto,  no había dudas, era este quien dirigía a los demás, con solo un movimiento de brazo los demás subordinados tomaron distancia. Me tomo desprevenida la invitación a acompañarlos, ir con ellos no suena mal, ellos deberán disponer de suministros y yo la verdad que me encontraba con pocos recursos.
No tenia mas remedio que presentarme, mi mano , cubierta por el abrigo de piel que ocultaba la mitad de mi cuerpo, fue soltando levemente aquella espada que tantas travesías me ha acompañado, no era el momento... - Mi nombre es Loana y pertenezco a Carcino -  No pretendía dar mucha información, prefería mantener en el anonimato mi cargo como mi apellido, pero lo que si pretendo es averiguar exactamente quienes invadieron mi país;mirando a mi alrededor, por el estado de la casa actualmente, es muy difícil que hayan sido ladrones quienes invadieron el pueblo pues faltarían algunas cosas de valor que todavía siguen estando en su sitio. Lo mas seguro quienes provocaron el desalojo de este poblado fueron aquellas  criaturas con las cuales mis hombres se enfrentaron, no había duda, solo buscaban pelear, jamas destruir. - Pertenezco al ejercito de Carcino y he llegado hasta este punto para averiguar quienes o que cosa son las que atacaron mi región...- Mirándolo fijo al que tengo frente logro notar cierta prudencia, la distancia que tenemos es la justa, no estoy frente a un aficionado - Lamentablemente busco información pues yo no poseo ninguna... - Mis manos nuevamente son enseñadas, dando a entender que no podría ayudarlos - Sus palabras suenan muy nobles caballero, los acompañare , lo que si quisiera conocer su nombre, ya que ustedes saben el mio - Exigí sus identidades, me resultaría incomodo el compartir un viaje  con desconocidos, aunque quizás el frió de la zona me volvió mas reclamadora que de costumbre.  Mi confianza volvió en si, ya me sentía mas tranquila en el ambiente, mi cuerpo se relajo y se fue acercando hacia el hombre de barba.
- Caballero, otra duda surge en mi , ¿de que bestias me esta hablando? -
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Re: [Entrenamiento] Tierras blancas a donde ir (Priv. Gerhard von Salz )

Mensaje por Gerhard von Salz el Jue Nov 15, 2018 11:24 pm

Mis ojos se quedaron fijos en la figura de la mujer que nos había recibido como único ser vivo entre el inmaculado manto que cubría al pueblo, que crecía y se espesaba, silencioso, como si planeara tapar por completo todo rastro del paso del hombre por el lugar, por acción de la pesada nevada que caía sobre nosotros de forma interminable. Por un instante, pareció dudar de la sinceridad de mis palabras, o eso me pareció, pues vaciló brevemente antes de presentarse, de forma breve pero educada. No alcanzaba a comprender qué podía hacer aquella dama en medio de semejante aldea perdida en la Ilia posesión de los emergidos, y mucho menos que se escondiera de forma tan precaria en una de sus casas con el hogar encendido. No parecía imprudente ni audaz a juzgar por su aspecto, por lo que...sólo me quedaba que supiera muy bien lo que hacía, y por lo tanto, seguro que iba armada.

"¿Carcino?", pensé algo atónito, mientras soltaba un suspiro meditativo. Si no me fallaba la memoria, era uno de los reinos del continente conocido como Magvel, situado al noreste de Elibe. Había oído algunos rumores de aquellas tierras, antaño prósperas, emplazadas en los mapas del mundo en el centro de éste, siendo destacable Carcino si no erraba por poseer un sistema de gobierno único en su especie, completamente ajeno a las monarquías del resto de naciones, siendo el Estado del mismo conformado por un Consejo o algo así, elegido por votación. Una extraña y rocambolesca idea para mis oídos, desde luego, pero harto curiosa cuanto menos. Sin embargo, poseer tal "avance", como algunos lo llaman, no lo salvó del aciago destino que acabó por acabar con el país, dejándolo en una situación parecida a la de Ilia, con la mayoría de sus habitantes masacrados por la plaga, que no tardó en extenderse a las naciones vecinas. Y ahora, aquel territorio central lucía conquistada por los emergidos que, sedientos de lucha, asolaban en sus marchas incomprensibles todo lo que pudieran tocar sus difuntas manos. Si Loana, como se hacía llamar mi interlocutora, era oriunda de esa nación, puede que tuviera rumores e información fresca de dichas latitudes. Mas lo importante era una duda que me carcomía el interior ante sus palabras: "¿Qué podía hacer aún con más motivo alguien de Carcino en aquellos helados y vastos páramos, sin más compañía y calor que el fuego de un hogar abandonado?".

Callé, para poder escuchar qué más tenía que decirme la misteriosa mujer, notando que mis hombres, los cuales, me aventuraría a decir, no sabían dónde diablos estaba Carcino, hacían sonidos y gestos, extrañados, a mis espaldas. Hice caso omiso de esto, pues ni quería interrumpirla para darles unas muy necesarias lecciones de geografía , ni era el momento para andar interrumpiendo.

Voto a Santa Elimine que no sabía cómo mostrarme ante la declaración que realizó Loana, de Carcino, sobre su pertenencia al ejército de su tierra, pues eso complicaba las cosas si, por algún azar de la caprichosa fortuna, resultaba que no andaba sola aquella dama. Sin embargo, sus ojos, aunque fríos cual aquilón, parecían completamente carentes de malicia o intenciones aviesas, mucho menos de agresividad, por lo que tomé aire tranquilo. Sin embargo, y pese a que no pareciera hostil, sus palabras sobre su situación sugerían de alguna forma que no conocía qué era lo que había acabado con los suyos a tantas leguas de aquí, y que, de alguna forma se hallaban en una situación demasiado similar.

-Es todo un honor conoceros, Loana-dije, irguiéndome un poco, queriendo mostrar respeto ante un miembro del ejército de un país extranjero, como dictaban las formas. -Aunque no dispongáis de información, os ofrezco en nombre de mi nación algo de cobijo en tierra de nadie, y algo podremos sacar en claro dialogando sobre la situación que nos lleva a este lugar dejado de la mano de la Santa, me temo, a la vez que puede que os sirva de algo, por supuesto-expuse a la vez que insistía en mi oferta, desde la generosidad más que desde la práctica, aunque bien es cierto que la curiosidad me quemaba por dentro.

-¿Dónde quedaron mis modales? Debe habérselos llevado el viento nevado, disculpadme-sonreí levemente a la vez que me llevaba la mano derecha al corazón, para presentarme debidamente. -Mi nombre es Gerhard von Salz, heraldo real, alférez del ejército de Bern y oficial al mando de esta incursión en nombre de su majestad el rey Zephiel y en pos de la liberación de Ilia.

Señalé entonces al bueno de Walt, como de costumbre a la zaga,, siempre leal y preparado para asistirme. -Me acompaña el suboficial Walt, que tiene mejor vista que un halcón. Gracias a él os descubrimos aquí, Loana-aclaré orgulloso del buen hacer de mi subordinado. Pensaba recomendarle por su entrega para un ascenso, a la Santa pongo por testigo. El aludido, que aunque perspicaz era desconfiado como un gamo, se limitó a hacer una pequeña reverencia con la cabeza, a la vieja usanza.

Tras la presentación formal, sentí que la tensión se esfumaba de repente, tal y como había llegado. Lástima que, tal como se había marchado, fuera a volver como si de un golpe de viento se tratase, pues realizó una pregunta que me dejó de piedra, pues no cabía en mi cabeza que no supiera de qué estaba hablando con anterioridad.

-¿No lo sabéis?-pregunté arqueando una ceja. -Estas tierras están plagadas de emergidos. Han tomado Ilia por la fuerza, como lo hicieron con Bern hace no tanto o con la misma Carcino, aunque no sé mucho más. Sus frías manos carentes de vida buscan ahogarnos poco a poco-expuse, moviéndome para dejarle espacio para que saliera. -No es momento ni lugar para hablar de ellos, sintiéndolo mucho, pues basta con que pronuncies su nombre para que aparezcan a decenas. Coged vuestras cosas si las tenéis y acompañadnos, por favor-pedí, con educación. -Responderé a todas vuestras dudas por el camino, os lo prometo.

Alcé la diestra y tras girarla en el aire, mis hombres pasaron de estar apostados a la salida de la casa a peinar la zona, en busca de cualquier pista sobre el paso de los emergidos o los refugiados, buscando asimismo algunos enseres que pudieran servir para la creación del campamento o la campaña que se avecinaba, dejando todos los objetos valiosos donde estuvieran, pues no éramos ladrones, ni saqueadores de medio pelo, sino orgullosos hombres de Bern.
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