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Mensaje por Lucina el Miér Oct 24, 2018 4:44 pm

Habían pasado dos años desde que la habían pillado jugando con ese palo de escoba que había encontrado en las cocinas mientras se paseaba por ahí, limpiándolo en la seguridad de su habitación y habiéndolo escondido entre los maderos de su cama. Dos años desde los que Lucina había comenzado su entrenamiento y conocido el ardor que producen las ampollas en las manos luego de pasar horas y horas intentando bloquear ataques sin cesar. Ahora mismo, la Lucina de doce años se había tomado un pequeño descanso del entrenamiento, sentada bajo la sombra de un árbol de roble cercano al patio de armas del castillo de Ylisse.

Ya se había acostumbrado un poco al dolor muscular tan intenso al que se había visto expuesta durante todos estos meses, trabajando duro en dejar su punto claro y que nadie la obligarse a rendirse a mitad del camino. En ese momento, tenía la espada con su correspondiente funda sobre su regazo, la cabeza apoyada contra el tronco del árbol y permanecía con los ojos cerrados, abandonándose a la sensación del viento acariciar su rostro infantil y alborotando la larga y lustrosa melena azulada de la que era poseedora. Por supuesto que estaba cansada, se había pasado la mañana y parte de la tarde entrenando, incluso se le había olvidado comer algo al estar tan concentrada con el trabajo en cuestión que intentaba realizar.

Desde siempre, se había sentido segura en el castillo, pero, ahora había empezado a entrenar hábitos de soldado de manera inconsciente como pequeñas siestas reparadoras y pocas horas de sueño, disminuyéndolas de a poco sin darse cuenta. Cuando las criadas iban a despertarla, ella ya solía estar sentada en su cama con un libro como mesita y la pluma escribiendo furiosamente sobre lo que parecía ser una carta, un hábito que había tenido en algún lugar de su interior para mejorar su letra y hacerla agradable para la vista, un pequeño remanente de aquella señorita que aún estaba en su interior pese a estar volviéndose poco a poco en una guerrera.

El asunto ahora es que sentía un dolor punzante en la parte baja de la espalda y estaba casi segura que comenzaba a amoratarse esa zona además de su ojo derecho y una pequeña zona de su muñeca izquierda, pero, no era nada a lo que no estuviese acostumbrada, un poco de maquillaje y sería como si no hubiese pasado absolutamente nada. En fin, la chiquilla estaba prácticamente inmóvil pese a tener la mano izquierda justo sobre la empuñadura de su espada y la derecha sobre la vaina. ¿Ventajas del duerme-vela? No te cuesta demasiado despertar y seguir alerta.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Lord

Cargo :
Princesa de Ylisse

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
Espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Flashback][Social]¡Un, dos, tres, toco la pared![Priv. Chrom & Lissa] Espada%201

Experiencia :
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Mensaje por Chrom el Sáb Nov 03, 2018 9:48 pm

Viajar a las tierras lejanas siempre era una aventura que adoraba contar tanto a sus hermanas como a su hija. Las dos más pequeñas disfrutaban escuchando las distintas historias que traía, desde sus ya famosas peleas contra osos que asediaban algún pueblo recóndito de las montañas más al norte, junto a la frontera con Regna Ferox, o cómo atrapaban ladrones y truhanes que se aprovechaban de la buena voluntad de las personas del reino de Ylisse. Como encargado de la seguridad del reino contaba con una gran carga sobre sus hombros, pero la llevaba con honor, dando siempre lo mejor de sí mismo y de su espada para mantener la paz y la seguridad dentro de sus fronteras. Ningún maleante permanecería impune en su amado territorio.

Pero ese día regresaba a su tan querido hogar. Disfrutaba de cada una de sus salidas de la capital, aunque no había mejor recompensa para un trabajo bien hecho que regresar al lado de sus seres queridos. A pesar de estar cansado, la posibilidad de disfrutar junto con su familia de una agradable velada le infundía nuevas fuerzas, no había nada con lo que más disfrutase.

El eco de las coces de los caballos resonaba por el suelo adoquinado que atravesaban, rumbo al palacio. Una vez en los establos, dejó en buenas manos a su montura, antes de estirarse largamente mientras caminaba rumbo a la entrada del ilustre edificio. Sus pasos, ligeramente apresurados, le habían llevado hasta el patio de armas, el cual debía atravesar primero si quería llegar hasta su destino. Sin embargo, una silueta que reconocía a la perfección se encontraba dormitando, apoyada sobre uno de los árboles que se alzaban vigorosamente en el lugar.

Se acercó con sumo cuidado, evitando hacer cualquier tipo de ruido que pudiera despertar a la pequeña. Sobre su regazo, guardada por una de las manos que descansaban sobre esta, se hallaba la vieja espada que utilizaba para entrenar. No había estado especialmente de acuerdo en un primer momento con la posibilidad de que su hija aprendiera a una edad tan temprana el manejo de un arma, pero por otra parte su habilidad aumentaría cuanto antes lograra una buena soltura, por lo que no tuvo más remedio que aceptar los deseos de la más pequeña de la familia real. Se cruzó de brazos frente a ella, carraspeando de manera audible —¿Pero qué modales son estos para una señorita? —Dio un par de golpecitos sobre el suelo con el pie, manteniendo el rostro serio.

Uno, dos, tres…

No pudo mantener el semblante frío por mucho más tiempo, ya que una carcajada se abrió paso, incapaz de ser retenida durante más tiempo. Se puso de cuclillas, extendiendo un brazo para posar la mano sobre los azulados cabellos de la joven princesa —Creo que este no es el mejor lugar para echarse una siesta, ¿no te parece? —Una nueva risita volvió a escaparse de entre sus dientes mientras algunos sedosos hilos azulados se enredaban entre sus dedos —Vas a resfriarte como sigas durmiendo fuera sin nada que te cubra, vamos dentro, ¿vale? Tengo que avisar a tus tías de que ya hemos regresado —Le extendió la mano para ayudar a levantarse a la pequeña. Cada día estaba más grande, más fuerte y más bonita.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Ylisse

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de def [1]
Elixir [1]
Espada de madera [1]
Espada de acero [3]
espada de bronce [1]

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Mensaje por Lissa el Mar Abr 02, 2019 11:42 pm

El día se anunciaba pacífico. El cielo estaba coloreado de un azul intenso acompañado de esponjosas nubes blancas que flotaban sin preocupación alguna y sin un destino fijo. Era un espectáculo digno de admirar. Al menos para Lissa. Los pajarillos intercambiaban agradables cantos entre ellos, llenando el aire de melodiosos sonidos cuando estos emprendían el vuelo de árbol en árbol. Un cálido viento hizo bailar las ramas de los árboles, lo que provocaba que las hojas emitieran una especie de susurro el cual daba la impresión que, avisaban con gran alegría, que la hermosa calidez de la primavera había tocado las puertas del Reino de Ylisse. Ese hecho logró dibujar una sonrisa sobre el rostro de la joven princesa.

La primavera era una estación TAN encantadora. Era en esa época del año donde el frío se veía desterrado, las flores se encontraban en toda su linda esplendor y los rayos solares traían calidez y felicidad a todos los habitantes del país. Todo esto era perfecto para pasar el tiempo afuera, ¿no? Y exactamente eso era lo que hacía la rubia ese día. Como muchas veces acostumbrada a hacer, estaba recostada sobre el césped absorbida en sus contemplaciones. Sabía que su pequeña sobrina no se encontraba a gran distancia de su ubicación. Visto que la última vez que fue a ver como estaba, la peliazul se encontraba muy concentrada en su entrenamiento con la espada, así que decidió dejarla sola para no molestarla. Mas tampoco se alejó mucho, Lucina tenía tendencia a hacerse daño así misma con esos movimientos bruscos que exigía tal ejercicio, por lo tanto, era siempre ella quien la sanaba o aliviaba los golpes que se daba.

No obstante, hacía ya unos minutos que la tranquilidad reinaba en aquel espacio. ¿Acaso la niña ya había terminado? A continuación se levantaría del suelo a la vez que estiraba su espalda y las manos entrelazadas arriba de su cabeza. – ¿Mmmm? – ¿Había visto bien? Afinó su mirada turquesa escrutando mejor al recién llegado que se dirigía hacia al árbol donde vio por última vez a Lucina. Aquella figura le resultaba felizmente familiar… Una gran sonrisa se pintó sobre sus labios y, sin más preámbulos, agarró el bastón y se dispuso a acercarse mientras daba saltitos. Pero tuvo sumo cuidado de pasar inapercibida a los ojos de esa personita.

Avanzaba escondiéndose detrás de la vegetación del terreno, caminando en puntillas, como si se trajera algo entre manos. Fue ahí donde pudo escuchar claramente la inconfundible voz de su hermano dirigiéndose a su sobrina. Solamente el tronco del árbol los separaba, ellos se encontraban delante de este y ella detrás. Viendo una gran oportunidad para hacer de la suyas. Lissa supuso que era hora de anunciar su presencia. – ¡BUUUUUUUUUUU! – Vociferó utilizando la voz más sepuctral que tenía mientras saltaba de su escondite improvisado y levantaba las manos de un modo que se suponía “amenazante”. Luego se echó a reír a carcajadas al ver la reacción de los presentes. – ¡Chrom! ¡Bienvenido a casa! – Soltó entusiasmada. Un par de pasos los separaba y Lissa simplemente lo abrazó con fuerza pensando lo mucho que lo había extrañado. Bajó su mirada y extendió su mano a Lucina invitándola a unirse al momento de afecto. – No pueden negar que les pegué un buen susto, ¿eh? –  Balbuceó de repente sintiéndose casi orgullosa de su maldad. Bueno, en realidad se sentía muy pero muy orgullosa.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Cleric

Cargo :
Princesa de Ylisse

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★ ★ ★ ★

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Báculo de Heal [2]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Báculo de Sleep [2]
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