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[Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

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[Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Narrador el Dom Sep 09, 2018 10:50 pm

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Tras el inesperado ataque y saqueo, la Escuela Necromante puede confirmar con toda seguridad el resultado del suceso: nada más que un sólo libro falta, un conjunto de páginas viejísimas que en algún momento habían recibido un encuadernado básico de tapas de papel grueso y costura en uno de los costados. Los emergidos no han tomado nada más que esto. Las criaturas, ahora, han puesto buena distancia entre ellos y el recinto, marchando a través de Renais a pie pero a formidable paso. Un ejército mayor les aguarda para recibirlos en la capital del reino caído; sin dudas, si el grupo llega hasta allí, el documento y todo rastro de este pueden considerarse perdidos, mas de momento los caminos son largos y el enemigo sigue al alcance.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada, por el lado Este del mapa.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Pelleas el Mar Sep 18, 2018 4:55 pm

Si el retraído y mayoritariamente pasivo sabio era movido a actuar, no se debía tanto al secreto de aquel diario robado, del que bien estaba enterado también, sino a obrar en favor de la Escuela Necromante. Ante todo se trataba de la institución, que tan largamente había ansiado visitar y en la que al fin había arribado, la noche anterior. Bien recibido por su grado como hechicero, maestro y sacerdote, había apenas tenido ocasión de descansar del viaje, ni siquiera de iniciar sus asuntos propios en el lugar; ya por la madrugada una campana de alarma y el ajetreo del lugar lo habían despertado, pero el incidente entero había transcurrido para ese entonces. Un robo notado sólo al ser demasiado tarde, con la retirada de los emergidos y la muerte de un estudiante desprevenido que trabajaba ordenando archivos. Levantado a indagar, Pelleas había sido puesto en breve al tanto de lo que acababa de acontecer. E inclusive antes de que fuese dicho nada más, declaró él mismo que acudiría a resolverlo. Declarar sus intenciones sin tres preguntas tímidas antes era el acto más voluntarioso que cometía en largo tiempo, pero la situación apremiaba y él tan sólo se dejaba llevar por lo que le parecía necesario. En ese momento, ir por lo robado y terminar con los perpetradores parecía una forma, aunque tardía, de proteger y velar por la escuela arcana.

No demoró su partida más que el tiempo de tomar su más potente libro mágico. De inmediato se dirigió a la única persona a la que sentía que podría permitirse incordiar un poco: otro peregrino mago con el que había compartido la última legua de viaje la tarde anterior, ayudándolo a hallar su camino a una misma destinación. Hombre de discreto carácter, pero que había adivinado con toda seguridad no ser un principiante en la magia. Pese a su arrebato por actuar no se atrevía a partir enteramente a solas y esa persona parecía la única posibilidad disponible. - Si pudiera pedirle sólo este favor de regreso... o poniéndome en su deuda, si así sea... - Le dijo. El príncipe era un hombre notablemente alto, como todo daeinita, largirucho además, mas en momentos así su leve encorvar y cuan gacha dejaba la cabeza le reducían un buen tanto. Buscó con mayor ahínco palabras. - O, este, o cuanto menos por esta escuela, por el ataque que sufrió... acompáñeme, se lo pido. -

Por su mente no cruzaba, de momento, el asunto del diario en sí. Rara vez era consciente del mundo fuera de la torre en que desarrollaba sus estudios mágicos, tan sólo de saber el estado de su preciado Daein se preocupaba, o de las cartas recibidas de otras escuelas; los demás asuntos su consejero se lo refería cuando era oportuno, mas no siempre ganaban relevancia en la mente del sabio. Por lo demás, en lo que a esa situación respectaba, era menester que partiese cuanto antes si pensaba dar alcance a los emergidos en marcha. Sin más preparativos que realizar, su intención transmitida ya a los eruditos del sitio, partió.

Sabía en qué dirección debía de ir, cuanto menos. El paisaje de Renais se había tornado en la antítesis de la gloria o la belleza, la maleza crecida comenzaba a tragarse los caminos y los restos de batallas ya no eran retirados sino en la más cercana inmediación de la Escuela Negromante; más allá, los metales oxidándose al aire y los restros atrayendo aves de carroña no eran rara aparición. No obstante, era precisa quietud e imagen inerte sería lo que facilitaría tanto oír a los emergidos desplazándose más allá, como divisarlos cuando se hubieran acercado. Pelleas se movió en la dirección indicada, hacia el cruce de uno de los varios ríos que separaban aquel lado de Renais de la ciudad capital, a pasos largos y de momento seguros, moderando su prisa para no agotarse antes de tiempo, colmado de intención. Sujetaba el libro cerca ya, anticipando el momento en que viese siquiera a los enemigos.
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Poe el Jue Oct 04, 2018 1:21 am

Su viaje le había llevado directamente a… problemas. Desde que había salido de Durban había caído de problema en problema como un grano de maiz saltando en una sartén caliente. Había pasado desde encontrarse con ladrones, emergidos y hasta arrestado y casi puesto en prisión por hablar de la magia arcana. Estas experiencias le habían enseñado a ser más cauteloso con mostrar interés en su pasión y viajar a más bajo perfil.

Saliendo de Sindhu tan rápido como había podido, se había tomado el primer barco que salía del puerto y permitían pasajeros, su intención había sido ir a Akaneia, Plegia, pero el único barco que salía al continente iba a Altea y zarparía en 15 días, mientras que al otro día partiría uno a Magvel, al país de Renais recientemente caído. Según se le había informado, en ese mismo país había un colegio de nigromancia que pese a la condición actual del país, seguía funcionando, al parecer finalmente estaba cambiando su suerte. El barco era mayoritariamente de mercenarios, muchos de ellos buscando trabajo y siendo de origen de varios paises de Magvel habían estado en las costas de Sindhu cuidando los caminos de varios mercantes que cuando finalmente llegaron a puerto les habían despedido con la correspondiente paga, durante los largos días él había socializado con varios de ellos, sobretodo en las horas de la comida y en la cantidad de veces que Karl había decidido salir a explorar y gustosamente le habían ayudado a buscarlo por el barco. En su mayoría eran hombres de familia que buscaban ganarse el oro en tiempos difíciles, perdiendo su estabilidad y trabajo en sus países cuando estos fueron azotados por emergidos. Él había pagado una buena cantidad para viajar cómodo y sin colaborar con las tareas del barco, pero por quedarse conversando con varios de sus nuevos amigos se había puesto a ayudar ya sea pelando patatas o sosteniendo cuerda, pues mucho más no sabía hacer y sus manos no estaban curtidas como las de aquellos hombres quedando rápidamente doliendo o él mismo cansado. Conocer las vidas de muchas personas le ayudaba a dar realismo a sus cuentos, saber diferentes realidades, teniendo la capacidad de la imaginación podía revivir lo que aquellos hombres habían vivido a través de sus palabras y él a través de su pluma podía trascribir con el sentimiento adecuado para hundir al lector en aquellas vivencias.

Cuando tocaron puerto le permitieron seguir con ellos por un largo trecho del camino pero eventualmente debió de separarse para seguir el suyo propio. No había mencionado en ningún momento sus intereses, temeroso de ser echado por la borda, así que se valió de un mapa para intentar llegar por sus propios medios a la escuela Necromante. A lomos de su fiel caballo que en larga travesía le había acompañado, pasó por un par de pueblos destruidos, abandonados, de pastos crecidos y animales de granja andando libres, se veía que en un momento no muy lejano aquel país había sido rico y pleno, pues las casas estaban muy bien construidas y los plantíos, ahora destruídos, eran de buen tamaño y su mayoría con cercos de piedra. Los caminos estaban empedrados en varios puntos y en general no se veía abandonado por más de unos pocos meses, tampoco era una destrucción de años como había visto en otros sitios. El camino eventualmente se volvió difícil de seguir, cubierto por la hierba que comenzaba a crecer en este y cubrirlo, el escritor debía de regresar sobre sus pasos algunas veces para retomar el camino real. El sonido de marcha le llamó la atención y sin haber visto emergidos bajó su guardia y siguió por el sendero creyendo que con suerte serían mercaderes o algún grupo viajero que migraba desde otro lugar a esas zonas más aisladas.

No eran… ni mercaderes, ni mercenarios, ni viajeros, si no que un grupo de emergidos que marchando agrupados por el camino, emprendieron al ataque al verlo aparecer. Pensando rápido se bajó del caballo jalando su alforja y tomando por debajo de las patas delanteras a su mapache y golpeó las ancas del caballo que corrió hacia los emergidos, el por su parte se alejó lo más que pudo por el camino tan gacho como le era posible para camuflarse entre el pasto especialmente crecido por el rio que allí había. El caballo se desvió del camino al ver los emergidos, viendo que era solo un animal sin jinete le dejaron pasar siguiendo su camino. El pelinegro llegó a ver por el camino cerca del punte una figura acercarse directamente al peligro, un hombre alto, seguramente tan o más alto que él con una amplia capa blanca que llamaba tanto su atención como el cabello violeta, y entre sus manos… un libro de portadas purpura, muy probablemente un libro de magia oscura ¡Era un mago oscuro! ¡Seguramente de la escuela Necromante! Debía estar cerca, y ese mago, con su acompañante iban directo hacia el peligro. Debía advertirles. Rápido comenzó a dirigirse hacia ellos entre los pastizales altos, soltando a su mascota para que caminase a su lado sujetando con fuerza la correa de su bolso. Apareció ante ellos a un lado del camino, cubierto por una capa de viaje con la capucha baja y su cabello sobre su rostro - D-disculpen… ¡Al frente hay emergidos! No sigan por este camino o les encontrarán. Es peligroso. - su voz temblorosa tomó un poco de seguridad después de las primeras palabras, su mirada se mantenía firme, no en los rostros de los hombres si no que en el libro que el pelivioleta tenía entre sus manos, un tomo avanzado de magia arcana.
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Mar Oct 16, 2018 6:05 pm

¿Por qué siempre que parece que haya encontrado un objetivo al que dirigir mi vida este se desvanece y en sus ruinas solo puedo adivinar que fue un sueño patético? Hasta hace poco tiempo se encontraba dentro de mí ansias de ser una persona poderosa, pero tras lo que creo que ha sido bastante tiempo (el paso del tiempo no es algo que me preocupe demasiado) me parece un objetivo vacío y falto de contenido, a fin de cuentas nunca he querido ser un guerrero ni tengo un temperamento apto para tal menester.

Ahora simplemente me dedico a respirar e ir moviéndome poco a poco ganando un poco de dineros con pequeños recados para seguir moviéndome alrededor del mundo conocido, ¿qué es lo que busco? La verdad es que es algo que no puedo definir con palabras exactas, sin embargo tengo la sensación de que me gustaría asentarme en un sitio tranquilo y dedicarme a la vida de un escritor contemplativo, lo complicado es que si ahondo en este deseo me encuentro con la problemática de las turbulencias que asolan la mayoría de países, y es que países tranquilos pocos... Y su tranquilidad suele tener las horas contadas, lo que me lleva a la necesidad de mejorar mis habilidades de combate, a esto me refiero.

Al llegar por el azar a Renais se me ofreció la oportunidad de quedarme en la Escuela Nigromante, había oído que era relativamente segura, además de que el camino lo haría acompañado de un chaval joven que parecía capaz de defenderse a sí mismo y defenderme a mí. Me caía bien, no hablaba mucho, lo que lo hacía un compañero de viaje ideal; sin embargo temo que el no debe pensar lo mismo sobre mí, ya que en un proceso por desintoxicarme del alcohol he adquirido manías "extrañas", como tics en el ojo, rascarme fuertemente el cuello y la cara (lo que me ha provocado heridas bastante visibles) y una actitud ensimismada que parezco haber disimulado bajo un tupido velo de silencio.

Aun así a pesar de toda la seguridad que me vendieron, parece que yo o mi acompañante atraemos el peligro ya que poco tiempo después de llegar a nuestro destino un asalto a la Escuela por los emergidos causa que se pierdaun solo libro que seguramente es bastante importante. Y sin quererlo ni beberlo mi acompañante me casi suplica que le ayude en la misión de recuperarlo, no me apetece mucho pero no tengo nada mejor que hacer, iba a pedirle a cambio alcohol, pero mejor resistir la tentación -Vale, tomaré tu vida a cambio.- le digo en un tono jocoso, aunque debido a mi inexpresividad mi broma seguramente ha causado confusión en mi nuevo compañero.

Camino siguiendo a mi compañero que queda automáticamente designado como líder de nuestro pequeñito grupo, la verdad es que no me molesta demasiado, bastante tengo con respirar y no morirme como para además ser responsable de la estrategia de nuestra pequeñita misión. Una vez hemos avanzado en nuestro objetivo de alcanzar a los ímpios emergidos nos "asalta" otro joven para advertirnos del peligro al que nos encaminábamos, ¿la gente no es capaz de meterse en sus asuntos? ¿No es evidente que somos dos magos y que por lo menos yo no parezco un empanado que va a dar una vuelta cerca de donde ha habido recientemente un asalto emergido? Nada, mejor intentar ser buena persona e ir avisando a la gente de los peligros sin tener en cuenta que hay gente que dirige intencionadamente a este.

-Eso es precisamente lo que buscamos.- le dije en un tono seco y poco diplomático, ¿por qué tengo tan mal carácter?
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Pelleas el Miér Oct 24, 2018 5:33 pm

Con solemnidad había inclinado la cabeza ante los términos de su acompañante y con solemnidad se disponía el sabio a cumplir cuanto requiriese, aunque en efecto le hubiera dejado descolocado y confundido. Fuera como fuera, no le era propio darle gran valor a nada referente a su persona, el costo en favores o dinero que se le pudiera cobrar al final no habría de significarle molestia. Se esforzaría por cumplir una petición si la había. En cuanto a lo monetario, aún menos tendría que pensárselo; desde que había sido reconocido como heredero en Daein tenía más oro del que pudiera gastar, y lo que era peor, ni el mas mínimo sentido de cuanto valía cada moneda, pues lo que de un día a otro empezaba a verse infinito rara vez podía ser bien cuidado. Por lo demás, se hallaba dispuesto a cuidar que el otro mago no incurriese en excesivos riesgos, pues al ser él quien pedía su presencia en la repentina y peligrosa empresa se tornaba él en responsable. De preferencia, no quería ni causarle muchas molestias, por lo que seguramente también temiese pedirle demasiado. Era un hecho que no entendía del todo el carácter o el pensamiento de su breve compañero de viaje ni exponía muchos el suyo propio, mas también que no le parecía necesario hacerlo, sino sólo estar en acuerdo en el asunto al que se lanzaban y tener aquella voluntad de completarlo sin fallo.

No obstante, lo miró a él primero cuando los pastizales comenzaron a agitarse junto a su paso, en silencio constatando e imitando la tranquilidad de su reacción. Si Roquentin no se ponía en guardia no debía tratarse de mucho. Primero correteó fuera de la vegetación alguna clase de animal pequeño que Pelleas no llegó a ver en detalle, luego un joven en capa de viaje, tan cuidadoso que ni siquiera sobresaltaba su aparición, sino que inspiraba en el príncipe una preocupación inmediata por cual fuera su desventura. Se detuvo, vuelto hacia el desconocido con mirada ya paciente para con lo que pudiera necesitar, pues lucía un tanto temeroso aún con el espeso cabello ocultándole la mayor parte de la expresión. El joven habló y Pelleas deseó asegurarle que no habría problema, pues se encargarían de los emergidos ellos mismos, mas su compañero habló mucho más rápido, en una forma tan llana y brusca que rechinó hasta en sus propios nervios.

- Señor Roquentin... - Murmuró, aunque no había nada que fuera a atreverse a decir como reproche. En su lugar, carraspeando, giró la cabeza hacia el viajero y como pudo explicó, intentando disipar cualquier humor tenso. Aunque su voz era profunda, carecía por naturaleza de toda imponencia. - E-Este... así es, de todas formas. Han robado de una escuela de magia cercana. Es-- es necesario que los detengamos. Si por aquí es donde están... - Informó, enseguida regresando la vista al mago de ánima. Desde luego, eso significaba que les tocaba combatir, en ese mismo momento. Bajando la voz un poco para distanciar de los oídos del viajero los detalles del riesgo venidero, aunque con creciente seriedad, Pelleas prosiguió sin dilación. - Será mejor que conjuremos apenas se hallen a la vista, sin aproximarnos. Si ellos lo hacen, le pido que se mantenga tras de mi, mis... um, mis estudios me preparan para la eventualidad... - Dijo, vuelto ya hacia el camino que sabían como correcto, una mano grande y algo huesuda apuntando con discreción, reluciendo en ella los anillos y joyas. No había palabras delicadas con que explicar su pensamiento, pero apenas surgieran a lo alto de las pequeñas colinas seguramente habrían de ver a sus enemigos y él, habiéndolos ya enfrentado en tantas ocasiones, conocía lo que podría acontecer, desde el comportamiento de ellos hasta su propia metodología para aniquilarlos. Los magos oscuros estaban hechos para las líneas frontales, sus maldiciones estaban hechas para tentar heridas y sus cuerpos acostumbrados a distanciarse de su propio dolor; era tan simple como eso, esperaba que su compañero lo comprendiese. Antes de andar, dedicó una mirada más al joven que les había advertido.

- Le agradezco avisarnos. Usted póngase a salvo, por favor. Habremos de encargarnos de esto con rapidez, será seguro dentro de poco... - Dijo, inclinando un tanto la cabeza en gratitud. Por seguro habría de buscarlo nuevamente cuando el asunto estuviera resuelto, para hacerle ver que todo había pasado y quizás unir caminos, mas entre tanto lo más razonable era dejarle. Preparándose, el sabio no hubo dado más que el primero paso cuando acomodaba ya el tomo en su mano, con la tapa hacia arriba, aunque tan sólo estuviera pasando los dedos para despertar las nefastas energías. Las tenues hebras de humo negro que se desprendían del contacto eran señal inequívoca de la clase de doctrina mágica que practicaba.
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Poe el Sáb Oct 27, 2018 12:33 pm

No albergaba otras que buenas intenciones, solo había querido advertirles y a cambio había recibido una respuesta tajante y seca. Mudo y sintiéndose tremendamente fuera de lugar apretó sus manos en torno a la correa de su bolso, su boca se abrió como si fuese a decir algo pero no pudo encontrar palabras de disculpas suficientes para lo que acababa de hacer. El calor subió a sus mejillas con velocidad y bajó la mirada ocultando aún más su rostro bajo el espeso cabello ondulado, como si quisiera, efectivamente, ocultarse. Cuando un hilo de voz logró salir el mago arcano habló con un tono mucho más amable y al menos con una explicación que hizo alzar de inmediato el rostro del otro y disparar su atención a la situación. - ¿La escuela de magia? - Su tono tan bajo y tímido apenas se hizo escuchar por debajo de las explicaciones e indicaciones del otro.

Movió un poco su cabeza para que su cabello se apartase un poco de sus ojos, con profundas ojeras oscuras que realzaban el tono claro de estos miró con notorio interés el tomo que despertaba en las manos del arcano. Los suaves hilos de oscuridad comenzaban a filtrarse entre las páginas y la oscuridad se manifestaba a voluntad de aquella persona, al alzar la vista y por primera vez mirar su rostro le reconoció del torneo, habiendo llamado en particular su atención por ser un usuario de magia oscura.

Habiendo olvidado la vergüenza y timidez de un momento atrás, se adelantó para quedar en el camino frente a ellos, al enderezar su cuerpo encorvado dio gala de su altura. - Es usted Pelleas de Daein… ¿no es así? Le vi en el torneo de Regna Ferox… - su mirada, ahora un poco más despejada miró el tomo entre sus manos nuevamente, sintiendo la respiración pesada y la necesidad de extender su mano para tocar aquella oscuridad, como una voz sobre su hombro que le insistía que lo hiciera, como si manos fantasmales le empujasen hacia ellos. Pero resistió aquella necesidad apretando sus manos en puños y mordiendo con fuerza el interior de sus labios. Según decían la escuela a la que se dirigía él mismo estaba en peligro y no había mucho que pudiese hacer pero no podía simplemente apartarse sin más.

Miró al otro mago y luego nuevamente al príncipe oscuro. - Pe-permítanme acompañarlos. Me dirigía a la escuela pues… soy estudiante de mago… oscuro. - mencionó la última palabra muy bajo, casi en un susurro inentendible, había pasado por muchos lugares donde simplemente mencionar aquella palabra le había metido en líos que aún no sabía como había salido. Apoyó su mano sobre el bolso que llevaba e insistió nuevamente incluso antes de una respuesta que temía que fuese negativa. - A-aún no puedo manejar un tomo pero tengo medicina que puede resultar útil y procuraré ayudar y no ser un estorbo. Me sería de mucha utilidad verlos actuar de cerca y quisiera contribuír ayudando a la escuela que pretendo visitar. E-es lo menos que puedo hacer... - Miró con esperanza a ambos hombres. Restaba decir que su mascota se había alejado tomando un lugar seguro sobre un árbol donde observaba al grupo con cautela.
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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Lun Nov 12, 2018 1:58 pm

Tras mi seca respuesta mi acompañante adopta un papel mucho más diplomático e intenta redimir mi "ataque". En realidad no era ningún ataque, simplemente respondí por inercia lo primero que se me pasó por la cabeza, es simplemente mi forma de ser; no es algo de lo que esté orgulloso ni mucho menos, pero tampoco voy a estar martirizándome por ello, simplemente es.
Aun así tampoco entiendo los esfuerzos de mi compañero en arreglar la situación: ¿qué más da si el otro ser se ha sentido ofendido? Seguramente no lo volvamos a ver en nuestra vida y al día siguiente ni se acuerde (yo por lo menos no me acordaré).

Mientras los dos hombres conversan empiezo a rascarme de forma insistente el cuello, tic que he adquirido y que me ha provocado numerosas heridas en este, señal de que estoy nervioso y es que tanta charla me parece innecesaria, simplemente quiero acabar con esta misión y poder seguir adelante y cuanto menos tiempo tarde en cumplir esto más tiempo tendré para encaminar mi vida, que honestamente siento que a mi sendero vital no le queda demasiada longitud por la que ser recorrido...

La situación es todavía peor cuando el joven, alegando no sé qué motivos pregunta para unirse al grupo, en realidad no me importa demasiado, pero puesto que las presencias de otros humanos me parecen una carga se me hace psicológicamente más duro tener que estar al lado de dos personas que de tres, sin embargo puesto que vamos a entablar un combate será mucho mejor no crear conflicto ya que en una situación de emergencia puede usarse de cebo.

-Haz lo que quieras...-doy mi aprobación, puesto que al convertirme en el arisco del grupo lo veo conveniente -Aunque no voy a esforzarme demasiado si te pones en peligro tú solo.- fuera de que por naturaleza sea borde que alguien que no puede combatir se meta en un combate me parece absurdo, por su seguridad más que nada, ya que al no haber sido asignado a mi cargo en ningún momento yo no me voy a sentir mal por lo que le pueda pasar. Es curioso, la muerte de un soldado "a mi cargo" en Bern fue algo que me causó una gran impresión, sin embargo aquí no parece que pueda ocurrir igual, ¿qué ha cambiado? ¿De verdad una falsa autoridad conferida por una persona externa puede modificar mi ánimo de tal manera? ¿O es que simplemente con el tiempo me he ido endureciendo?

No, debo concentrarme para no morirme hoy.

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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Narrador2 el Dom Nov 18, 2018 10:31 pm

De entre los arboles al noroeste surgen los emergidos con clara hostilidad, más allá de ellos pueden ver un mago oscuro custodiando un palanquín. La presencia del grupo humano a ojos emergidos es clara y también sus intenciones de acabar con ellos antes de seguir su travesía.

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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

Mensaje por Pelleas el Dom Dic 02, 2018 12:05 am

Ni allí, ni en su propio país, ni en prácticamente ningún sitio hubiera Pelleas esperado ser reconocido y llamado por nombre, ameritando que pausara un instante más y mirara nuevamente al viajero, parpadeando. Estaba seguro de no haberlo visto a él nunca antes, aunque claro, su explicación tenía sentido. Precisamente de Regna Ferox había llegado hasta ese sitio, ansioso de ocuparse en algo durante el largo interín hasta el cambio de estación y las rondas finales del torneo; y siendo que los competidores restantes habían llegado a ser escasos en ese punto, no era enteramente extraño que alguien le recordara a él en particular, aunque no cesaba de hacerse un tanto difícil de asumir. La grata sorpresa ponía una tenue sonrisa en sus labios. Tímidamente, asintió para confirmar que de él se trataba. Que el joven hombre fuese también un estudiante de las artes oscuras era inclusive mejor y más tranquilizador, generaba un inmediato interés de parte del daeinita en conocer de donde procedía, qué clase de instrucción recibía en tan inusual doctrina y qué tan avanzado estaba, cosas de las que sin dudas tendrían que hablar después.  

El único problema era lo que pedía. De haber sido ya un mago propiamente tal, habría sido hasta un alivio tener una línea de hechizos adicional para ayudarles en su cometido, pero como estaban las cosas, con el joven todavía sin tener medios para defenderse, no parecía muy prudente decisión. Sin poder responder con un "no" o siquiera un "personalmente no estoy de acuerdo", cosa que nunca se le había dado con facilidad, el sabio sólo miró nerviosamente por unos momentos, indeciso. En ese intervalo, el señor Roquentin dio ya su propia respuesta, empujándolo a murmurar enseguida, con poca congruencia. - Pero, ajem... si usted no está en condiciones de combatir... aunque, si el señor Roquentin está de acuerdo, supondría que... - Su opinión, a fin de cuentas, no quedaba clara en absoluto. Así era como le sucedía constantemente que las voces que hablaran primero y más firme lo vencían, en la corte o fuera de esta. De cualquier modo, todo potencial intento de expresarse debió ser pospuesto al sobresaltarle numerosos sonidos, mucho más cercanos de lo que esperaba: los de los emergidos surgiendo de la espesura y bajando el palanquín que cargaban para tomar armas en su lugar. Al volverse hacia ellos, Pelleas reconoció instantáneamente que habían sido notados antes de lo deseado.

- El enemigo nos ha visto, me temo que no hay tiempo para... por favor, sólo no se acerque demasiado. - Terminó por decir, aprisa. - Señor Roquentin-- - Y al mirar al mago, con toda intención de buscar en él lo que fuera mejor hacer con el forzado cambio de estrategia, halló que su imagen no resultaba por completo tranquilizadora. Parecía que había estado rascándose nuevamente, pues bajo su mentón todo su cuello lucía irritado y parecía haber arrastrado con los dedos algo de sangre. No tenía sano aspecto. Frunciendo el entrecejo con preocupación, el príncipe sólo musitó por lo bajo. - Y-Yo iré adelante. - En ese momento, tanto más le quedaba confirmado que el mago de viento debería permanecer tras él, al resguardo que pudiera ofrecer. Sin perder más tiempo, sin constatar lo que hiciera o no hiciera el viajero, se adelantó él a pasos largos hacia los soldados de ojos rojos, cruzando el bajo puente y los escasos pasos que los separaban.

Alzó la mano por delante, las palabras arcanas ya en sus labios. A su señal, la oscuridad que antes manaba del libro se derramó con acrecentada rapidez, abundante e impenetrable como la misma tinta, mas a su vez liviana como el humo, acumulándose a los pies del hechiero y trepándolo hasta el brazo guía. Sus enemigos eran un grupo pequeño, tal como en la escuela nigromante se había descrito, nada más que tres de ellos. Debía de ser posible encargarse de ese tanto antes de que arribaran más. Abriendo sobre el antebrazo libre el tomo, Pelleas conjuró también una suerte de seguridad adicional, una maldición de orden superior que apenas recientemente había descubierto y estudiado; la marca de esta, con sus simples y breves runas, se trazó en la palma alzada, preparada para su uso.

Aún al estar en rango de conjuro, el daeinita no detuvo sus pasos. Aunque sus hombros reflejaran su tensión y tragara espeso, prosiguió recto e inimpedido hacia los soldados en armadura pesada. Sólo al hallarse cerrando la última distancia desató su hechizo, enviando con un murmullo final a la magia sobre uno de ellos, lanzándose esta contra la voluminosa figura, envolviéndola casi por completo y buscando todo resquicio en la armadura para colarse a dañarlo. La oscuridad pasaba a impedir en cierta medida la vista de lo que yacía justo allí, mas no afectaba el próximo acto del hechicero: apresurándose al tomar aquella cercanía final, Pelleas se aproximó lo suficiente al otro general emergido como para posar la mano brusca y repentinamente sobre su cabeza, sosteniendo allí el instante que le era necesario para ejercer sobre él su maldición. El blanco era su mente. Se hallaba convencido ya de que no debían poseer un alma o un corazón de características humanas, pero respecto a la mente y el intelecto no cabía duda, y con eso bastaba para que la magia negra lo contaminara.

Spoiler:
Pelleas va al cuadro entre los 2 Generals, ataca al que está a la izquierda yyyy también usa Pesadilla en el que está arriba. Vamo' con todo 8D

Pesadilla - Reduce a su blanco a una agitación ciega mediante alucinaciones visuales, auditivas o sensoriales, particulares a cada individuo, que pueden aterrar, confundir o simplemente desbaratar la mentalidad por el resto del tema, llevando al borde de la pérdida de razón. Su efecto es igual y considerado bajo los mismos parámetros que un estado de Veneno, restando 1 HP al blanco al final de cada turno, sea porque este se daña sin notarlo o por mero desgaste. Sólo puede utilizarse una vez por tema.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sorcerer

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Concoction [1]
Tomo Nosferatu [1]
Vulnerary [2]
tomo de Worm [3]
.
.

Support :
Judal
Virion
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
180


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Re: [Misión] El Testimonio II [Pelleas, Poe, Roquentin]

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