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[Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

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[Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Narrador el Dom Sep 09, 2018 10:47 pm

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En un castillo cerca de la frontera entre Ylisse y Regna Ferox es donde se ha reportado la aparición del grupo emergido, así como el robo de un atado de viejos documentos que ni lucían especialmente importantes, ni estaban cobijados en un sitio especial. Y sin embargo, es claramente por ellos que los emergidos han tomado el lugar y forzado la huida de los ylisseos que lo defendían. Ahora parece que se preparan para marchar otra vez, el gran líder mostrándose ya en las afueras, revestido de pesada armadura, sus seguidores terminando de saquear el castillo, y los documentos robados en ningún sitio que se adivine a simple vista.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada, por el lado inferior del mapa.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Chrom el Lun Sep 17, 2018 7:05 pm

Los cálidos rayos de sol incidían sobre el castillo que se alzaba imponente a lo lejos, junto a la frontera con Regna Ferox. No era una zona que frecuentara en demasía, pues la geografía del lugar dificultaba que tanto enemigos como aliados se distribuyeran por dicha área. Siendo cuidadosos con las aldeas adyacentes, las últimas antes de adentrarse en los baldíos feroxíes, evitaba cualquier situación que pudiera transformarse en una amenaza potencial, o por lo menos en la mayoría de las ocasiones. No obstante, siempre era recomendable mantener el área vigilada, y los allí destacados se habían apresurado en informar sobre la presencia de un número mayor de huellas, como pertenecientes a un grupo más o menos numeroso, posiblemente organizado. No querían escribir con ánimo pesimista, pero claramente se hallaban desubicados con la ferocidad que, una vez más, el número cada vez creciente de emergidos que se acercaban a sus fronteras parecían desplegar.

Miró hacia atrás por un momento, observando a sus jóvenes acompañantes. Quizás a ojos de otras personas pareciera sobreprotector, o incluso egoísta, pero dado que había prometido a ambas que lo acompañarían la siguiente vez que tuviera que realizar una actuación con los Custodios, ya fuera preventiva o de un ánimo más beligerante, prefería mantenerlas a su lado. No se trataba de confiar o no en sus habilidades, las cuales habían mejorado inmensurablemente en los últimos tiempos, pero sí conocía su propio poder; sabía la capacidad de lucha que su espada le ofrecía, que su concentración aumentaría, al igual que su cuidado, si su hermana y la joven guerrera se encontraban caminando a su lado. Era todo un cúmulo de razones por las que había dividido el grupo en partidas de menor número, formadas por tres o cuatro integrantes, con una única pero importante misión: encontrar el foco de la amenaza.

Nos acercaremos hasta el edificio, ya que algunas de las huellas parecían dirigirse a dicho lugar, no os separéis ninguna de las dos —Con un tono tranquilo, a pesar de los nervios que, a cada segundo, florecían en su interior, se dirigió a las dos menores rubias. Tan diferentes pero a la vez iguales, como dos caras de una misma moneda. No se había percatado de cuán estrecha se había vuelto la relación de ambas en su ausencia, mientras habían permanecido en Ylisstol. Una minúscula sonrisa hizo ademán de brotar, pero el ambiente cargado le devolvió a la realidad —Estad sumamente atentas, nos estamos acercando, si se vuelve demasiado peligroso os ordeno que huyáis inmediatamente. Las dos. —Posó una mirada más severa que de costumbre, primero sobre su hermana, a pesar de conocer que las órdenes que pudiera darle podía acatarlas o no; después, sobre la joven perteneciente a los Custodios, sobre quien supuso tendría un mayor peso.

Quizás solo estaba siendo demasiado precavido, de una manera u otra deseaba que Naga los acompañase.
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Alanna el Vie Sep 28, 2018 7:56 pm

Aquel no era el día de Alanna.

Tras los eventos ocurridos en el torneo que organizó el gobierno alteano, no esperaba tener que volver a cruzar por las zonas limítrofes con Regna Ferox en una buena temporada. Gracias al cielo que su estancia allí tuvo nada más que los contratiempos justos para que no acabase desquiciada perdida, y que se prometiese a si misma que no se acercaría a territorio feroxí más de lo necesario y con sendas razones de peso detrás.

Pues bien, semanas después ya estaba volviendo a recorrer la ruta fronteriza que tomó tiempo atrás para llegar hasta la colonia del país y participar en uno de los eventos más bochornosos y suntuosos que había presenciado en su corta vida. Un claro ejemplo de que Altea se podía permitir el lujo de montar espectáculos banales cuando tenían problemas mucho más significativos que atender. Como, por ejemplo, un auténtico motivo de peso que implicaba que se tuviese que dirigir hasta un viejo castillo del lugar. Uno que, si apenas seguía en uso por los yilissenses, era porque servía como base y puesto de vigilancia para las tropas destinadas a la región.

De ahí que no entendiese muy bien por qué los Emergidos tenían tanto interés en este como para asaltarlo y ponerse a rebuscar hasta debajo de sus cimientos buscando quien sabe el qué. Al menos eso era lo que contaban los reportes de los soldados que estuvieron bajo ataque enemigo y se vieron obligados a abandonar el edificio. No eran nuevas noticias que la actividad de los Emergidos había aumentado horriblemente en Ylisse desde hacía unas semanas (las cuales ella y otros tantos hubiesen podido aprovechar en reforzar las defensas de no haber estado ocupados con cierto torneo), pero que concentrasen tantas tropas en un lugar que apenas les aportaría ventaja de terreno… ¿Todo ello con qué motivo?

Fuera como fuese, los Emergidos que pudiesen encontrarse en el castillo no eran precisamente el motivo principal de que la Custodia tuviese los nervios a flor de piel desde que partieron. Ahí era donde residía el problema: ese “partieron”. Por orden del príncipe Chrom y, por lo tanto, su superior como capitán de los Custodios, se habían tomado medidas al respecto para que los destacamentos fuesen más eficientes y que no llamasen la atención de los Emergidos más de la cuenta. Por ejemplo, formando grupos reducidos para moverse con mayor presteza y sorprender al enemigo. Dentro de lo que cabía, no le terminaba de coger desprevenida que el príncipe se hubiese decantado por elegirla a ella para que le acompañase en esa ocasión.

Lo que sí la tenía aterrada de verdad era la tercera integrante de su grupo. De no haber sido por su presencia, aunar fuerzas con el príncipe no le hubiese preocupado apenas. ¡Diantres! Si se habría sentido más segura de sí misma como nunca antes.  Pero, claro ¿cómo no temer por la peor de las posibilidades si se sumaba a la ecuación la princesa de Ylisse? ¿La hermana menor de su capitán?

No es que Alanna estuviese infravalorándola. Estaba convencida de que Lissa tendría unas grandes dotes como sanadora, las cuales siempre se consideraban invaluables en el campo de batalla. Ojalá todos los soldados pudiesen contar con un curandero que supiese emplear la maravillosa magia de los bastones. No obstante, seguía tratándose de la princesa menor de la familia real. No. No, no, y mil veces no. Ni hablar. ¡Por la diosa que ni hablar! Bajo ningún concepto estaba dispuesta a permitir que Lissa pudiese ponerse en una situación en la que uno de esos endemoniados monstruos de ojos carmesíes le tocase un solo pelo de su cabellera.

Por desgracia, que ella estuviese allí no dependía de Alanna, si no de quien no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer y dejarla venir tras tantas súplicas. Estaba convencida de que el nivel de preocupación al que estaría el príncipe Chrom no se podría ni comparar con el suyo. Tal debía ser que a la mínima que tuvo oportunidad, el hombre se giró para advertirlas de que abandonasen el lugar ipso facto si la situación se complicaba. Todo dicho con una de esas entonaciones que no iban a aceptar un “no” por respuesta. Alanna titubeó durante un par de segundos, gesticulando una expresión con la que parecía que se le hubiese atorado un hueso en la garganta, hasta verse con la decisión suficiente para asentirle con la cabeza. . Sí, tiempo le estaba faltando ya para rezarle a Naga y que no llegasen hasta ese punto.

La Custodia aprovechó también para girarse hacia la princesa y falsear una máscara de calma y aplomo en su rostro. Lo único que necesitaba es que ella misma se creyese que contaba con esa calma. —Princesa, ruego que no os separéis de mí en ningún momento, por favor.
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Lissa el Sáb Oct 13, 2018 7:12 pm

Lissa no podía sentirse mucho más contenta que en aquel día. Tal parecía que aquel sentimiento no era compartido con los que la rodeaban. Su hermano mayor había cedido a sus constantes insistencias y, en esa ocasión, por fin pudo acompañarlo en una de las patrullas. La mayoría de las veces, este último solía partir sólo con los soldados, pero está vez, ¡ella si pudo acompañarlo! Últimamente Chrom evitaba llevarla con los custodios si se le comparaba a tiempos atrás. ¿Tal vez era debido a que ahora los riesgos fuera del Castillo de Ylisse habían aumentado en gran medida?

Ya no era una novedad el hecho de que la amenaza emergida había resurgido y recuperado fuerzas dentro de las fronteras de Ylisse. Todos lo sabían : Los caminos ylissense ya no eran ni la mitad de seguros a como lo eran en los anteriores meses. Si veía las cosas desde ese punto de vista, era comprensible el comportamiento de Chrom, pero aún así, ella no quería ser dejada a un lado. ¡Oh, que no! ¡Ella también podía ser de alguna ayuda! Tenían que buscar un modo de remediar nuevamente el problema con aquellas feas y aterradoras criaturas.

Un grupo de emergidos habían sido reportados por aquella zona. Y lo extraño era que el reporte decía que parecían más “organizados” de lo normal. Era bastante preocupante. Al final decidieron dividirse, y para la gran dicha de la rubia, se encontraba Alanna también. Al escuchar las palabras de su hermano mayor, la pequeña princesa levantó su cabeza y pestañeó varias veces como si acabase de emerger de una ensoñación. Asintió energéticamente y soltó – ¡Mantendré los ojos bien abiertos! – Levantó sus puños delante de ella como si estuviese dando ánimos así misma. La idea de huir no le gustaba para nada. Ya que eso anunciaría el peor de los escenarios, uno muy aterrador y desagradable. Lissa prefirió no pensar en eso. Ambos acompañantes tenían una expresión lúgubre, cualquiera creería que alguien se había muerto.

La ojiazulada dejó escapar un suspiro. Sentía un nudo en la garganta que le dificultaba tragar saliva. ¿Estaba asustada? No lo iba a negar. Por mucho que intentase esconderlo, el silencio sepulcral no ayudaba mucho. Toda esta tensión en el ambiente no era para nada buena para la salud. Tras este pensamiento entrelazó las manos detrás de su espalda y se dispuso a avanzar. Mas se detuvo en seco al ver como la esbelta rubia se giraba hacia ella. Sus miradas se entrelazaron y Lissa agradeció interiormente el hecho de estar junto a Alanna y su hermano. Era de cierta manera… reconfortante. Un intento de sonrisa se dibujó sobre su rostro y se inclinó un poco para suavemente tomar la mano ajena. – No te preocupes. ¡Estaré toooodo el tiempito a tu lado! Digamos que si no estoy cerca, no podré curarlos como se debe. – Afirmó, tratando de poner en su voz el tono jovial de siempre. Dudaba mucho en haberlo logrado de un modo "natural".

El astro sol los bañaba con su luz y un viento fresco hizo balancear su coletas así como las telas de su vestido. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. ¿Aquello fue debido a la frialdad de la brisa contrastando con el calor solar o un mal presagio? No estaba del todo segura. Pero algo le decía que, cuando estuviesen dentro de aquellas cuatro paredes, las cosas empeorarían. No tardaron mucho en matar la distancia que los separaba de las grandes puertas del Castillo. El aire que se respiraba ahí era pesado, casi como si pronunciase una sola palabra : peligro.
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Chrom el Sáb Oct 27, 2018 2:05 pm

El halo de inseguridad que los acompañaba a cada paso no hacía más que incrementarse. Con su llegada a las grandes puertas macizas que los separaban del interior del castillo, un gran suspiro de resignación se abrió paso, a pesar de no intentar ser visto por las dos jóvenes que lo acompañaban —Espero que recordéis mis palabras y no se os ocurra ninguna idea descabellada —No iban a tener mucho tiempo de reacción si las pisadas que, aunque dispersas y medio borradas, había observado a lo largo del recorrido hasta el presente lugar, igualaban en número a los posibles emergidos del área.

Casi sentía lástima por sus monturas, dejándolas atadas en aquel lugar a su suerte. Las inmediaciones del castillo rebosaban de un silencio sepulcral, vacío. Como si estuviera roto o hueco. Muchos quizás pensarían que el silencio denotaba buenas noticias, pero todo lo contrario en un escenario como aquel. Más bien significaba que ni siquiera los animales se encontraban seguros. Ni el canto de un pájaro, ni los berridos de un venado. Ni moscas ni mosquitos. La vida parecía prácticamente extinta de no ser por la flora que, diezmada de medios para desplazarse, no contaba con más opción de permanecer Valente en su posición a esperas del futuro venidero, como el rezagado soldado del batallón posicionado en la retaguardia, como el último símbolo de la paz.

Indicando silencio con un gesto con la mano, se cercioró una vez más de la inexistente presencia de enemigos en el área. Se volvió para acortar la distancia que lo alejaba de las jóvenes, utilizando un tono de voz menos vivo de lo que era usual, más comedido y en guardia, manteniendo los brazos cruzados —Iré yo primero, quedaos unos pasos por detrás. Alanna, te encargarás de cubrir nuestras espaldas por si a algún descerebrado se le ocurriera venir desde detrás a sorprendernos. Esto no significa nada, pero prefiero prevenir ahora que solamente estamos los tres.

Quizás la mejor opción habría sido regresar sobre sus pasos, avisar al resto de la compañía y organizar una batida fuerte y seria. No obstante, si era cierto que un grupo de emergidos circundaban en la zona, no tardarían en detectarlos y en moverse diligentemente antes de su llegada. Porque si en los últimos tiempos habían sido capaces de evitar sus patrullas es que conocían su modus operandi, no podía perder una oportunidad como la que el destino le acababa de brindar.

Sin mayor vacilación, caminó con paso decidido, dejando atrás la enorme escalera de piedra antigua. En más de una ocasión había pensado que aquellos demonios eran capaces de percibir el miedo, de oler cada una de las sensaciones que el cuerpo de sus adversarios desprendían. Un pequeño cosquilleo se extendió hasta las yemas de los dedos. No era necesario desenvainar la espada todavía, no vislumbraba peligro alguno. Las grandes puertas se encontraban entreabiertas, invitándole a entrar. Rechazar semejante proposición, le habían enseñado, era de mala educación, por lo que con ambos brazos se dispuso a abrirlas del todo, dejando que los tímidos rayos de sol inundaran el principio de la estancia que se extendía frente a sus ojos. El sonido muy posiblemente había alertado a quienes allí estuvieran, si es que todavía restaba algún ser en el castillo. El anuncio de un desafío, directo y sin esperas.

Con la gran puerta descansando a su espalda, se frotó los cabellos de la nuca, despeinándose un poco más de lo que acostumbraba, ¿quizás habían pecado de soberbia al pensar que los emergidos estarían aún ahí, y que serían capaces de esperar una derrota con los brazos abiertos? —Parece que está despejado —Se encogió de hombros, lanzando un rápido vistazo hacia atrás.

Porque si algo tenía bien claro era que la presencia de su hermana menor y de la joven Custodia a su lado conseguirían sacar la mejor versión de sí mismo.
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

Mensaje por Alanna el Vie Nov 09, 2018 1:04 pm

Antes se había visto forzada a mostrarse calmada, serena como un témpano, delante de los dos príncipes, con todo el pavor que le estaba provocando la situación. Pero la media sonrisa que le sacó esa muestra de entusiasmo de Lissa no fue fingida. Seguía igual de recelosa, por supuesto, pero es que ese comentario que hizo la pilló con la guardia baja. Si la muchacha era igual de habilidosa curando heridas físicas del mismo modo que lo hacía con el desasosiego, sí que les iba a cundir mantenerla cerca. En fin, no le quedaba otro remedio que intentar centrarse en las ventajas de traerse a la hermana de su capitán a la batalla.

Al llegar a las cercanías del humilde fortín que tenían delante, fueron recibidos por una de las cosas que más detestaba Alanna en este mundo: absoluto y sepulcral silencio. Ni una mísera alma en un kilómetro a la redonda que estuviese vigilando el terreno, o que estuviese allí apostada con la finalidad de recibir a posibles atacantes, como ellos. Alanna apretó los dientes para que no se le escapase un resuello frustrado. Como animales de presa en un coto de caza particular, así es como se sentía con cada paso que avanzaban hacia el edificio. Sabía de antemano que los Emergidos no eran unas bestias descerebradas y podían llevar a cabo estrategias complejas, por lo que no desestimaba que le lloviese un ataque en pinza desde el castillo y las afueras.

No titubeó ni un ápice ante la orden del príncipe, con la mano ya suspendida sobre el mango de su hacha y una mirada encendida de inquina oteando a sus espaldas. Por el momento, no había ningún enemigo a la vista, pero eso era justo lo que la Custodia quería que cambiase cuanto antes. Cada segundo de incertidumbre allí era como una punzada en el estómago que la mataba por dentro. Y no tenía intención de doblegarse y bajar la guardia por un solo segundo; en cualquier momento bien que les podría salir de debajo de las piedras un demente abalanzándose sobre ellos con la espada en ristre. O peor, que se llevasen un oportuno flechazo de un arquero refugiado desde su escondrijo.

Un arco. Qué bien le hubiese venido uno en esos momentos para resguardar a los príncipes de peligros que no tuviese al alcance del hacha. Preparar la flecha, tensar la cuerda, y disparar. La mecánica sonaba simple en su cabeza, pero en la práctica… oh, no había punto de comparación posible. Quizás, de haber avanzado un poco más en su entrenamiento con el arco, se hubiese planteado llevárselo. Pero con lo verde que estaba, para cuando quisiese cargar la flecha ya les habrían caído un aluvión de saetas. Qué irónico destino habría sido.

El capitán de los Custodios empujó los portones de entrada al castillo, los cuales chirriaron con un sordo y desagradable sonido que a Alanna se le erizaron los pelos de la nuca. Amén de que tendrían que haberse topado con los Emergidos más sordos de toda Akaneia para que no se hubiesen percatado de que tenían intrusos. Aunque se suponía que los verdaderos intrusos eran esos malditos demonios. Fuera como fuese, la joven siguió con los dedos muy cerca del hacha, casi rozándola con las yemas, para que al menor indicio de peligro la tuviese lista.
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Re: [Misión] El Testimonio I [Chrom, Alanna, Lissa]

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