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[Social] Nos perdimos en el tiempo [Priv. June]

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[Social] Nos perdimos en el tiempo [Priv. June]

Mensaje por Azazel el Dom Sep 09, 2018 1:52 pm

Siempre era que la melancolía acompañaba a Azazel en su soledad, de una forma u otra. Sus pensamientos acababan siendo palabras que se sostenían dentro, que persistían, pero las cuales a simple vista no parecían permanecer. Nunca dejaba de habitar el fantasma de sus experiencias, de sus compañías. Ah, no era mentira que necesitaba un lecho para descansar su abarrotada mente, el cual bien podía hallarse en el silencio. Un manakete,  por naturaleza, era un ser que podía sobrevivir de pocas palabras. Y por eso requería de la soledad, de una abandonada noche como la que entonces estaba presenciando.

Cuánta lluvia. El aire se humedecía por culpa de ella, la arcilla se volvía blanda, la tierra, el barro. Todo era tibio, y sin embargo, el frío y el agua sola convertían tales noches en las más heladas de todas. Hacia dentro del corazón de la montaña el mundo era indiferente al clima, apenas y se molestaba en parpadear por un par de nubes blancas. Sin embargo, un alma sola prefería el exterior, siempre incluso si lo hallaba en su estado más inclemente. Sin temer de más a las olas, Azazel se abría paso por entre los túneles, cuidando de no resbalar entre las piedras húmedas, hasta hallar frente a sí una ventana natural que en más de una ocasión había tenido la necesidad de contemplar por el simple hecho de hacerlo. Era un agujero que se cortaba contra el acantilado, y que hacia abajo no revelaba otra cosa que enormes, afiladas rocas, y el vaivén impetuoso del mar. Entonces las gotas de lluvia apenas y rozaban la entrada, pero aún así eran suficientes como para disfrutar de sus besos. El manakete se acercó y se detuvo a unos metros de la entrada, dejándose acariciar por las chispas que ocasionalmente tocaban su rostro, respirando tranquilamente y cerrando sus ojos.

- Eran tiempos... de tormenta. Tú con tus ropas mojadas~... -murmuró, sonriendo un poco. Había tenido ganas de cantar a toda la capacidad de sus pulmones, pero entonces no daba abasto al ambiente que lo rodeaba, tan solo pudiendo permitirse un par de palabras antes de ser silenciado por el mismo. La imagen que se le presentaba era bellísima. Los contrastes eran bajos, por encontrarse los cielos nublados, pero aún así la luz cortaba las sombras dentro de la caverna, alcanzando a iluminarlo solo a él.  Si hubiera sido por esta luz, y por hecho de que simplemente ningún civil tenía permitido el paso hacia esa zona, el manakete habría creído que definitivamente se encontraba solo. Pero sus otros sentidos no lo traicionaban, y estos mismos no tardaron en descubrir una diferencia a su alrededor.

Hacia la derecha, donde no hallaba más que una profunda oscuridad, una fragancia en particular lo atrajo. Un aroma tenue, por completo diferente al potente choque que le causaban el resto de los habitantes del reino. Y este detalle fue lo que más llamó la atención de Azazel, incluso más que el hecho de no encontrarse solo. Levantó ambas orejas, curioso, y comenzó a caminar en esa dirección, sus pies crujiendo la grava que pisaba. No podía ver bien, pues a diferencia de sus otros sentidos, su vista humana no era nada especial comparada a la de otros. Sin embargo, su piel se estremeció al, efectivamente, percibir otra presencia. Estaba a sus pies, delante de él. Azazel inspiró hondo y abrió bien los ojos, curioso, pues alcanzaba a oír su respiración. Dormía.

Muchas preguntas se levantaron en su mente, pero la que más resonó, la que más le preocupó era saber si se encontraba bien, incluso por sobre las demás sensaciones que emocionaban su cuerpo. No olía sangre, pero eso no significaba nada. El manakete se resistió entonces de tantear el cuerpo con su pie, aunque sí se agachó a su altura, para tocar con su mano, adelantándose a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Sus uñas pincharon un poco la piel de quien tocaba, adivinando su pecho -el de una mujer- y su espalda. Azazel tenía un tacto todo menos sutil, por lo que si aquella persona se hallaba en capacidad, ya la habría despertado con su invasión. Sin embargo le dio otra razón para hacerlo, pues no dudó en acercar su rostro a su cuello, y así oler detenidamente en busca de cualquier particularidad que pudiera percibir. No descubrió nada que lo preocupara más de lo necesario, por lo que resopló. Se separó entonces, lúcido, asombrado... convencido de que había dado con una sorpresa de lo más maravillosa.

 - Linda, tu no eres de Senay. -murmuró divertido cara a cara con su rostro, sonriendo. Apoyó ambas manos en la tierra, sosteniéndose mientras aún intentaba mirarla, empujando sus orejas hacia atrás al sentir de pronto que la lluvia acrecentaba. Azazel temió , al menos por un momento,  que apareciera un tercero, alguien que fuera capaz de arrebatarle el nuevo tesoro que había encontrado.
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Re: [Social] Nos perdimos en el tiempo [Priv. June]

Mensaje por June el Dom Oct 14, 2018 11:17 pm

Las indicaciones habían sido claras, no creyó necesitar más del mapa. Mas todo fue un error. Su memoria y las borrascas marinas jugaron una mala pasada en algún punto de su trayectoria.

Con ayuda del rey de Bern, el beorc Zephiel, había partido en dirección a Sindhu, volando a través del mar que separaba aquellos dos reinos. Si bien sus continentes se unían por tierra, desde el principio ella había tenido claro que el camino más rápido hacia su destino no era otro si no aquel.
La teoría era fácil, simplemente seguiría recto y tendría que girar a la derecha en cuanto viese la tierra a sus pies. Y así lo hizo, aunque en aquel momento no esperaba encontrarse la costa a su izquierda, una bahía parecía ser. Supuso entonces que el viento la habría desviado, y para asegurar primero, descendería a ese lado y luego, a pie, seguiría por el camino de la derecha, tal cual le habían comentado.

Semanas, quizás meses, no supo calcular pero el tiempo era lo que menos le importaba. Estaba a salvo, no encontró muchos humanos por el camino, y si se topaba con emergidos, la geografía ayudaba a que pudiera escapar volviéndose a transformar y volando.
Pero había algo extraño, ya debía de haber llegado al reino, según sus cálculos. Intentó preguntar, armándose de valor, a la gente. Pero éstos eran tan o más desconfiados que la propia June, huyendo de desconocidos, viviendo escondidos de los emergidos. No tuvo remedio que limitarse a seguir su camino, recto, durante más tiempo... Hasta que por fin volvió a encontrar la costa. Desde allí, podría volver a guiarse mejor, a pesar de la niebla que poblaba los cielos.

Tras días volando en pleno mar, llegó hasta unos acantilados. Hacía un clima horrible, tormenta, lluvia, viento... Así que aprovechando el lugar y que estaba oscuro, se posó allí. No era el mejor lugar, ni lo llamaría tierra firme, pero estaba a cubierto dentro de aquella "caverna". Allí se destransformó, estaba... Exhausta. Pero notó algo bueno, aquellas montañas... Olían a laguz. Era un aroma bastante tenue debido a la brisa marina, y quizás algo cambiado per se. Pero provenían de un tipo de laguz familiar... De aquellos que provenían de Tellius, sí.

¿Quizás y sí que había llegado a su destino? No le extrañaba en absoluto que laguz de su continente de origen se refugiasen en aquel conocido reino donde tanto se rumoreaba que todos vivían en armonía.
Con la calma de esta noticia, pudo finalmente quedarse dormida al lado de una de las rocas. Tenía frío, eso sin duda alguna; sus ropas nuevas que le había ofrecido el monarca ya estaban todas mojadas de la lluvia, pero su cansancio era tal que nada de todo aquello importaba.

Con las horas, el tiempo quizás amainó un poco, aunque seguía nublado, lloviendo. Pero una suave brisa mecía sus cabellos, a la par que los filamentos dorados de sus pendientes, los cuales brillaban aún con la poca luz que pudiera pasar.
June descansaba, aún inconsciente e ignorante de lo que pasaba a su alrededor, o mas bien, de aquella presencia.

Tan agotada estaba que no fue hasta pasado un rato que por fin su consciencia comenzó a notar el tacto ajeno.
- Hmm...? -pestañeó un par de veces antes de seguir abriendo los parpados lentamente.
Y se lo encontró, lo vio, ¡a centímetros de su cara, oliéndola!

- ¡¡¡Iiiiihp!!!  -gritó, arrastrándose hacía atrás rápidamente, tan asustada que ya se le había escapado una lagrima, y su corazón latía fuerte.
Sus labios temblaban al haber despertado de aquella manera y aun no lograba reaccionar de forma lógica.

- A-a-a--a-a-a-a alej.. ..aaleja... a...t-t-te...! -tartamudeó violentamente mientras se tapaba todo el cuerpo con sus brazos, evidentemente temerosa ante el desconocido individuo cuyo rostro le daba aún más miedo en la penumbra.

Y lo más extraño, es que aunque estuviera cansada, podría haber sentido su presencia, pero realmente no lo había notado, como si su olfato ya lo hubiera dado por conocido. ¡Cosa que era imposible! Sabía que no recordaba mucho, estaba bastante segura que jamás había pisado aquellas tierras. Capaz solo estuviese confusa y su aroma se hubiera entremezclado con el del mar, muy probable.

Un momento... ¿Había dicho Senay?

- D-do... ¿¿Dón...de?? -seguía gimoteando, e intentando alejarse aún sentada.
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