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[Social] A la luz de las velas [Priv. Virion y Sindri]

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Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Sep 02, 2018 9:31 pm

Ram Amelia Isabella de Montmorency suspiró antes de apoyar su espalda sobre el muro de la fachada exterior del coliseo con expresión desinteresada. A escasos metros a su derecha se alzaba el enorme portón de madera frente al que se había reencontrado con una cara conocida hacía apenas dos noches. A unos centímetros a su izquierda, tenía la siempre valiosa compañía de su estimado señor: el ilustre Custodio Virion del reino de Ylisse, hacia el que profesaba una profunda devoción y respeto. No había nadie más presente en los alrededores, pues los enfrentamientos de aquel día habían finalizado hacía unas pocas horas, por lo que la mayoría de los espectadores ya se encontraban de nuevo descansando en sus hogares. Se respiraba una agradable brisa húmeda y fresca procedente de las montañas, que junto a los últimos rayos de luz del atardecer conferían al paisaje una apariencia anaranjada, bella y nostálgica. Casi irreal. Las ramas de los abetos se mecían con suavidad al son del viento, y las aves cantaban con su gorjeo habitual. En medio de semejante escena, la muchacha de cabellos rosados no decía nada en absoluto, limitándose a observar con ojos serenos aquellas tierras que la habían visto nacer, pero que pronto tendría que verse obligada a abandonar para seguir sirviendo a su amo. Llevaba un tiempo comportándose de una manera extraña frente al arquero. Concretamente desde el día de su enfrentamiento y derrota ante el espadachín enmascarado que decía llamarse Anri. La joven maga ya apenas hablaba, como si su personalidad hubiese sufrido un severo retroceso, y a menudo parecía más perdida que de costumbre en su propio mundo.

Por otra parte, antes de marcharse posiblemente para siempre de Regna Ferox, le había rogado a Virion permiso para quedarse un día más a contemplar un único enfrentamiento en particular. Un duelo entre otra de las Custodios del reino de Ylisse, y un sencillo mago que respondía al nombre humilde de Sindri. El combate hacía un tiempo que había terminado, y por esa razón Ram aguardaba paciente a que el hechicero bibliotecario saliese en algún momento por aquellas enormes puertas que ahora vigilaba con diligencia. Quería felicitarle por su victoria, presentarle al amo que ahora servía, y finalmente despedirse de él. Una visita cortés producto de una promesa. Imaginaba que el arquero ylissense quizá estuviese confundido, pues por el momento se mostraba reacia a revelarle los motivos detrás de aquella inesperada visita, como tampoco le había revelado lo acaecido hacía dos noches.

Amo Virion, os ruego que aguardéis un poco más —dijo entonces de repente, tratando de aplacar una potencial impaciencia. El hechicero de Ilia no debería tardar mucho más en salir al exterior, y sería entonces el momento de las presentaciones.
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Mensaje por Virion el Lun Sep 03, 2018 7:50 am

La vista era despampanante. El Coliseo, uno de los edificios más emblemáticos de Regna Ferox, estaba ante ellos dos, en toda su majestuosidad. Incluso Virion, el más grande de los hombres, se sentía pequeño al contemplar tal colosal creación beorc. Un monumento dedicado a la fuerza, al valor y al honor al combate. Uno podía pasarse horas enteras contemplando tan histórica y relevante obra arquitectónica.

Pero Virion no prestaba ni un segundo su atención al Coliseo. En su lugar, su mirada estaba puesta en su muy apreciada sirvienta, que se mantenía en continuo silencio. Un silencio completamente antinatural, incluso para ella. Aquello no era normal, nada normal. El arquero sabía de sobras lo reservada que era Ram, pero desde que habían llegado a la titánica estructura, no había abierto palabra ni dicho absolutamente nada. Su mirada estaba perdida, como si estuviera en otro lugar, seguramente en los albores de sus propios recuerdos.

El arquero, a pesar de todo el tiempo que habían pasado juntos, no sabía muchos detalles de la vida de Ram, debido al carácter introvertido de su sirvienta. Pero sabía que su país de origen era Regna Ferox. Uno podía pensar que se sentía nostálgica por volver al reino que la vio nacer, pero Virion creía que había algo más.

Cuando llegaron a Regna Ferox para que Virion participase en el torneo de Lord de la Arena, Ram le pidió un par de días libres. Era la primera vez que su criada le hacía tal petición, así que el arquero aceptó. Ahí sí que supuso que simplemente quería volver a visitar por si sola su antiguo hogar, o lo que quedase de él. Pero al volver a él, hizo una petición igual o más extraña aún. Le pidió que viniese al Coliseo para conocer a un mago oscuro llamado Sindri.

Lo extraño no es la petición en sí, sino que no le dio explicación alguna sobre la misma. No le dijo quien era ese tal Sindri o por qué quería que el arquero se reuniera con él. Ram era callada, pero normalmente respondía cuando el arquero le preguntaba alguna cuestión concreta. Esta vez, solo había silencio. Y eso saltaba las alarmas del arquero. De hecho, solo habló una vez y fue para decirle que tuviese paciencia, que el mago no tardaría en llegar. Algo no iba bien en Ram. Y eso preocupaba al arquero.

-Ram… Ya sabes que me encanta hablar y oír el dulce tono de mi melodiosa y fabulosa voz. Pero eso no quita que también sea un maestro a la hora de escuchar. Lo digo porque… porque si necesitas hablar de algo, lo que sea, que sepas que puedes contar conmigo.-le comentó el arquero a su sirvienta en poco más de un susurro, pero perfectamente audible ya que apenas había nadie alrededor.

Era la primera vez que Virion se ofrecía a escuchar los problemas que pudiera tener su criada. El ex duque conocía de primera mano que había algo que atormentaba a su adorada Ram, pero nunca quiso presionarla a la hora de contarlo, por temor de hacerla más daño que ayudarla. No ha sido hasta verla así que decidió dar aquel paso.

Igualmente, aunque Ram decidiese no responder nada aún, Virion esperaba que las respuestas que buscaba, o al menos parte de ellas, llegasen junto con el misterioso Sindri al que estaban aguardando. El arquero también tenía interés por saber quién era ese tipo, y qué clase de relación tenía con su amada, preciosa y maravillosa Ram.

OFF:
Post breve, para avanzar rápido. Me he permitido rolear lo de los “días libres” de Ram para justificar así que tuviera las manos libres para la batalla contra Marth. Si no gusta, o hay alguna otra cosa que queráis cambiar, decídmelo y lo haré enseguida.
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Mensaje por Sindri el Vie Sep 07, 2018 9:45 am

Inspiró y expiró profundamente. Tranquilidad y silencio al fin.

La oscuridad del túnel había envuelto al muchacho como una mullida manta de serenidad rota solo por algunos insultos en forma de antorcha. Las pesadas paredes de piedra mantenían frescas el interior de los túneles y, todavía más importante, insonorizaban en gran medida el incesante estruendo del público. No lo había notado antes, pero el clamor de la afición era un ruido especialmente taladrante y sus oídos agradecieron el repiquetear de sus pasos y el crepitar de las antorchas como únicos sonidos. No quería más que apoyarse en una pared y rumiar sobre todo lo que había ocurrido en la arena, pero se obligó a continuar caminando en busca de la salida, desandando así el camino que había hecho antes de comenzar el combate. Había muchas cosas en su cabeza… y muchas cosas más sobre sus hombros, pero se consoló con el pensamiento que estas cosas se dilucidaban mucho mejor con una comida caliente y una jarra de vino en una buena posada. No lo había notado hasta ahora, pero estaba hambriento y su cuerpo le pedía a gritos una cama donde echarse durante unas horas. Y eso sólo lo encontraría fuera de la Arena.

Pero ya había terminado todo. Había vencido aquel combate contra la Custodia Alanna, la valiente hachera de Ylisse. Una victoria, sí, pero… ¿Había valido la pena? Oh, no, cuestiones éticas y filosóficas ahora no… al final iba a necesitar más de una jarra de vino aquella noche. Para sacarse esos pensamientos de la cabeza Sindri saludó con fingida efusividad a los guardias del torneo y ellos, a su vez, le devolvieron una cálida respuesta y una sincera felicitación por su victoria. ¡Ah! ¡Cuán diferente era ser usuario de la Magia de Ánima! ¡Aquellos hechizos empleados por los heroicos magos de las leyendas! Un taumaturgo respetado y visto con buenos ojos por aquellos que habían presenciado su combate. Distaba muchísimo de la faceta de Malvado Mago Negro que solía vestir en otras ocasiones para su público dedicado y entregado. No pudo sino disfrutar de aquella (inmerecida) fama, de aquellas sonrisas y, en cierto modo, de aquellos vítores. Tal vez, y sólo tal vez, utilizar la Magia de Ánima de muy vez en cuando tenía sus ventajas.

Al llegar al final del túnel, los amables guardias le abrieron con presteza los enormes portones que separaban el frío y oscuro Coliseo y la calle. Los últimos rayos de sol eran tenues, pero eran una luz mucho más intensa que la penumbra del túnel, por lo que Sindri dudó por un momento si abandonar las sombras, pero el pensamiento de una comida caliente y una cama mullida pudo más que nada en este mundo y acabó cruzando el umbral con paso decidido. Volvió a inspirar y expirar profundamente, ahora disfrutando del fresco aire del atardecer. ¿Qué era mejor? ¿Volver directamente a su posada o deambular por las calles llenas de casas de comidas que seguramente estarán a punto de ofrecer deliciosos menús de cena? Decisiones, decisiones…

¡Oh! Esto sí que es una sorpresa. – al girar hacia la izquierda de manera inconsciente, varios colores llamaron inmediatamente su atención. El rosa, el blanco y el negro. Una forma se aclaró en su visión rápidamente, una doncella pelirrosa vestida de sirvienta. Su doncella pelirrosa vestida de sirvienta preferida, de hecho: Ram de Montmorency. ¿Qué haría en tal lugar? ¿Lo estaría esperando, como él hizo dos días atrás? Una vez más, llenó de aire los pulmones y trató de dotar a sus gestos de una dicharachera alegría despreocupada, alejando el cansancio – ¡Señorita Ram Amelia Isabella de Montmorency! ¿Qué le trae por estos lares a estas horas del día? ¿Que ha visto mi combate, por casualidad? – habló con buen humor y revistió cada palabra de la familiaridad de dos amigos que se reencontraban. Seguramente eso no era del agrado de la Maga de Ánima, que debía disgustarle que algo como él se dirigiera a ella con tantas confianzas… pero era divertido representar ese papel de todos modos – Espero encarecidamente que haya disfrutado del espectáculo de Magia de Ánima que ofrecí hoy aquí. Una Custodia de Ylisse fue una rival feroz y honorable, pero con la ayuda de este maravilloso grimorio de fulgente fuego pude acabar venciéndola. – mencionó a modo de broma y de guiño de ojos metafórico a la magia que había visto usar en Ilia tiempo atrás. Bien era cierto que no sentía por la Custodia Alanna nada que no fuera el más absoluto respeto y así lo demostró con sus palabras. Cambió su sonrisa a una más radiante y se encogió ligeramente de hombros, antes de decir con un guiño de ojos el mal chiste que tenía obligación de decir de vez en cuando – Supongo que me tocó a mí custodiar a los Custodios hoy, ¿no cree?

Reparó sólo entonces que había una segunda figura en escena, un hombre demasiado cerca de la doncella para considerarse que eran completos desconocidos. Un hombre de altura similar a la suya, quizá un poco más bajo, con un cabello azul claro ni muy largo, ni muy corto, pero sí muy bien cuidado. Sus ropajes eran bastante elegantes y de tonos azulados y marrones, a vista del Hechicero bien confeccionados y a medida. Sindri aprobó fervientemente el color azul de los dos, hacía tiempo que no veía a nadie de ese color. ¡Oh, y el cravat! No recordaba haber visto a nadie llevando uno fuera de las pocas ilustraciones de los libros de historia y cuetos para niños sobre nobles valerosos en busca de aventuras – Creo que usted y yo no hemos coincidido antes, buen señor. ¿A quién tengo el maravilloso placer de conocer? – mencionó locuazmente, conocer nueva gente siempre era algo divertido, al fin y al cabo. Y si realmente era un conocido de Ram de Montmorency, aquella conversación podía acabar resultando muy interesante…
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Mensaje por Ram de Montmorency el Jue Oct 04, 2018 8:09 pm

Le habían enseñado que una buena sirvienta tenía que permanecer siempre en silencio. Ser discreta y reservada. Nunca convertirse en una carga para su señor, sino más bien todo lo contrario. La clave era sostener una compostura firme y una disciplina férrea bajo cualquier circunstancia, tal y como solía decirle su antiguo mentor. Eran tantas las lecciones interiorizadas con el transcurso de los años, que lo que al principio había nacido siendo solo una fachada de cordialidad y serenidad forzadas, había terminado convirtiéndose en algo más. En una especie de barrera mediante la cual mantener a raya todas esas emociones contradictorias que amenazaban con explotar de un momento a otro. Ram se conocía a sí misma. Entendía que, en el fondo, era mucho más temperamental de lo que había sido en vida su querida hermana pequeña, y que eso era lo que la hacía especialmente vulnerable. Reprimir una vorágine impetuosa de sentimientos cargados de ira, de vergüenza y de sed de venganza había sido una carga muy pesada de llevar durante tanto tiempo. En el momento de pisar el suelo de Regna Ferox por primera vez desde su exilio, había creído que encontraría por fin la paz que anhelaba si se encargaba de aquello que había venido a hacer. De ahí la extravagante estratagema de la mascarada aviar en el popular torneo del coliseo. Pero ahora que todo estaba hecho… podía notar que las cosas eran bastante diferentes a como las había imaginado en un principio. La tormenta ya no existía. La venganza culminada. Debería estar dichosa por haber llegado tan lejos. Entonces, ¿por qué sentía semejante vacío en su interior?

La clave era sostener una compostura firme y una disciplina férrea bajo cualquier circunstancia. Sí, eso ya se lo sabía de memoria. ¿Pero qué podía hacer ella cuando todo parecía derrumbarse a su alrededor? Cada mañana al despertar veía su reflejo dibujado en la superficie del agua que usaba para lavarse la cara. Un rostro menudo, con unos ojos grandes del mismo color de su cabello. La otra Ram Amelia Isabella de Montmorency le devolvía esa mirada tan gélida que solía intimidar a muchos, pero siempre había tenido la certeza de que la chica del reflejo era ella. Ahora ya no estaba tan segura. Se veía a sí misma y aún así no se reconocía en la superficie del agua. Algo no iba bien, pero no sabía el qué. Por ese motivo, al escuchar las palabras preocupadas de su señor, sintió que le había fallado como sirvienta.

Basta —le dijo con una brusquedad impropia de ella. Ram también se sorprendió a sí misma al descubrirse hablándole de manera imperativa al hombre al que había jurado servir. En el fondo sabía que debía disculparse de inmediato. Era lo justo, porque no quería herir ni su orgullo ni sus sentimientos. Pero su rostro más bien se ensombreció de repente, y de sus labios surgieron unas palabras tan duras que evidenciaban que algo había cambiado.

Para vos no soy más que una carga. No merece la pena que intentéis decir lo contrario. No soy una ingenua. Siempre lo estropeo todo. Incluso en este mismo momento estoy haciendo que os preocupéis por mí… —empezó a decir atropelladamente todo eso que alguna vez había pensado, pero que nunca había querido decir en voz alta—. Vuestra alma es demasiado noble y gentil. No merecéis tener a alguien como yo a vuestro lado.

La mirada de Ram estaba puesta en la hierba seca del suelo mientras hablaba. Sabía que no era el momento ni el lugar para tener una conversación semejante. También que quizá estuviese hiriendo el arquero. Pero no podía parar. Sentía una especie de satisfacción al liberar todos esos pensamientos. El coste o las consecuencias le eran triviales. Tal era la vil naturaleza de su alma. Una naturaleza que había intentado rechazar durante tantos años, pero que ahora, tras el encuentro con Angus acontecido hacía dos noches, abrazaba sin reparos. En el fondo siempre había temido a la oscuridad que dormitaba en su interior. ¿Qué era más loable? ¿Rechazar por miedo lo que era en realidad? ¡No! Ya lo había intentado por demasiado tiempo. ¿Y para qué? Al final seguir negando la evidencia traía más dolor y miseria a aquellos que cometían el error de confiar en ella. La razón por la que en verdad había querido volver al coliseo para presenciar la batalla de Sindri no se debía a su promesa. Surgía de su egoísmo. De su necesidad de ver si aquel que vivía sumido en las tinieblas podía ayudarla a encontrar la paz que necesitaba. El amo Virion era en cambio bastante más predecible. Quizá trataría de consolarla. De decirle que todo estaba bien, o inclusive tratar de averiguar lo que le había ocurrido. Pero esa conversación tendría que esperar. Las puertas del coliseo de Regna Ferox se abrieron, y de su interior surgió una figura delgada que la sirvienta reconoció enseguida. El rostro ensombrecido de Ram recobró de un momento a otro su semblante inexpresivo, y como si no hubiese ocurrido absolutamente nada entre su señor y ella, salió al encuentro del joven para saludarle de manera apropiada.

Os felicito por vuestra victoria. Habéis hecho ostentación de una destreza increíble en la manipulación de la magia de fuego —dijo con mesura, tratando de ignorar el chiste de custodiar a los Custodios. Acto seguido se interpuso entre él y su amo, y procedió a llevar a cabo las presentaciones pertinentes—. Amo Virion, este joven talentoso es Sindri. Un Hechicero irregular que solía trabajar en la Gran Biblioteca de Ilia. Señor Sindri, estáis en presencia del señor Virion, Custodio de Ylisse al servicio del príncipe Chrom y arquero sin parangón.
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Mensaje por Virion el Dom Oct 07, 2018 6:12 pm

El arquero preguntó, y la respuesta no tardó en llegar. Una respuesta arrancada del dolor, de la culpa, de la decepción y la autocompasión. Virion podía sentir la furia hiriente en cada una de las palabras que pronunció su amada sirvienta. Eran como agujas clavándose en la piel, como bañarse en un lago gélido. Era fuego, un volcán en erupción.

La primera reacción que sintió el exduque dentro de su ser fue la de intentar calmar a su sirvienta. Intentar contradecirla, decirle que todo iba bien, que para nada pensaba él que Ram fuese una carga o una inútil y que realmente estaba muy orgulloso de ella. Pero se contuvo de inmediato. La compasión en aquellos momentos tan crudos solo servirían para hacer más daño al amor de su vida. Y eso era lo último que deseaba causarle a Ram. Por lo que tras un par de segundos de silencio, meditando en paz su siguiente paso, decidió tomar otra dirección. Decidió ser honesto por una vez en la vida. Sonrió abiertamente a su amada sirvienta.

-¡Ya era hora, Ram! En serio, me has quitado un buen peso de encima, gracias.-contestó soltando un suspiro, como si estuviese aliviado.-Te seré sincero: Al principio no preguntaba qué pasaba por tu bellísima cabecita porque el misterio que te envolvía en tus silencios y miradas perdidas tenía su encanto. Te hacía adorable. Desentrañar los secretos que guardaba tu alma se volvía un reto divertido. Pero esa magia desapareció pronto, y la diversión pasó enseguida a frustración. Y más cuando era evidente que lo único que hacías era torturarte sin parar. No te puedes imaginar lo molesto que es ver como la persona que amas se hace daño a sí misma continuamente y no poder hacer nada para evitarlo. Es realmente desesperante, agotador incluso.-Virion se acercó a su querida Ram e hincó una rodilla al suelo, para que sus ojos estuvieran a la altura de los de su sirvienta. Cogió ambas manos de su amada con delicadeza y las juntó con las suyas propias.-Gracias, Ram. Gracias por abrirte a mí de una vez. No te puedes ni imaginar lo importante que han sido tus palabras para mí. Gracias.

No había falsedad alguna en las palabras de Virion. Desde que llegasen a Regna Ferox, el arquero se sentía preocupado por Ram. Dioses, mucho antes de llegar hasta allí, posiblemente desde el primer día en que se conocieron. Algo atormentaba a su amada, eso era más que evidente ya. Algo que la carcomía por dentro, y cada vez con más intensidad. Pero hasta ese mismo instante, Ram no le había dicho absolutamente nada al respecto. El que se hubiese atrevido a hacerlo ahora era señal de que su querida Ram empezaba a confiar en él. Y eso valía para el arquero más que todo el oro que se recaudase en el torneo de Regna Ferox.

Sin embargo, la conversación no pudo ir más allá. Una voz hizo al arquero volverse y observó como un mago de pelo violeta se acercaba hacia ellos dos. Dedujo que era un mago por las túnicas y ropajes que llevaba y sus palabras pronto confirmaron su sospecha. Reconoció a Ram y Virion dedujo que se trataba de Sindri, el hombre que Ram quería que él conociese, aunque todavía desconocía el por qué.

El mago tampoco parecía saber nada de aquel encuentro. Según sus palabras, era una sorpresa encontrarse a Ram ahí mismo. Por lo visto, salía del coliseo, de donde había tenido un encuentro con una guerrera de los Custodios de Ylisse. Como miembro de los Custodios, no pudo evitar sentir una punzada en el pecho, lamentando la pérdida de su compañera. Con ella fuera, temía que se había acabado la representación de los Custodios en el torneo, y eso no les dejaba en demasiado buen lugar. Pero para el arquero, había cosas más importantes que la reputación del cuerpo de guerreros de élite de Ylisse.

Cosas más importantes como la propia Ram, que tras la aparición de Sindri actuó con naturalidad, como si las palabras que soltase hacía solo un momento nunca hubiesen pasado. Virion lamentaba perder la oportunidad de profundizar en los demonios internos que atormentaban a su amada sirvienta, pero no le quedaba más remedio que aceptar que habría que continuar la conversación en otro momento y lugar. Virion se levantó e hizo una reverencia al mago, mientras era presentado por Ram.

-Que modesta que es mi dulce Ram. Siempre se le olvida añadir lo apuesto, admirable, gentil, sabio, honorable, temible, caballeroso, heroico, inteligente, creativo y humilde de mi ser.-dijo al mago nada más terminar de hacer la reverencia.-Si preguntáis que estaba haciendo hace unos instantes con la rodilla hincada cuando vos llegó, simplemente estaba pidiendo a Ram su mano en matrimonio. Por descontado, estáis invitado a la boda.-bromeó el arquero, preparándose mentalmente para recibir un buen tirón de orejas por el comentario o algo peor.

Echó una mirada de arriba abajo al mago. Si había superado la primera ronda y vencido a una compañera miembro de los Custodios, debía de ser alguien a quien no menospreciar. Pero el arquero no podía intuir todavía qué esperaba su amada Ram del encuentro entre ambos ¿Tendría algo que ver con el estado de ánimo que mostraba su sirvienta? ¿Sería él el causante de la depresión que había hecho estallar a su amada? Por un lado, la reacción de Ram al encontrarse con él no parecía indicar que hubiese rencor o algo por el estilo, pero Virion no descartaba nada.

Virion acababa de conocer a ese hombre, y aborrecía los enfrentamientos inútiles, pero si se enteraba que ese mago le había causado un verdadero daño a su querida Ram, no dudaría un instante en sacarse un guante y abofetear la cara de Sindri para retarle a un duelo de caballeros. Un combate que, a diferencia de su compañera Custodia, no iba a perder.
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Mensaje por Sindri el Mar Oct 09, 2018 6:40 pm

Se abre el rojo y pesado telón. Tiene que ser rojo, claro. ¿De qué otro color podría ser?

En el escenario decorado como el exterior de la Arena de Regna Ferox puede verse una escena harto extraña, una que estaría fuera de lugar excepto en cualquier otro sitio. Un hombre vestido de azul, que más tarde se presentaría como el Custodio Virion, se encontraba haciendo una genuflexión ante la señorita Ram de Montmorency en actitud romántica y típica de las novelas rosas que no gustaban más que a las nobles más pizpiretas. No se extrañaba que la gente se hubiera parado a mirarlos como si aquello fuera un espectáculo de alguna clase, de estar en su lugar el Hechicero hubiera hecho exactamente lo mismo. Pero ellos no eran más que actores secundarios, por lo que no importaban para la función, simplemente eran un accesorio más para el público. No podía negar que había un hálito de absurdidad en todo aquello, casi un cariz onírico incluso. No sabía bien si se esperaba una risa de él, pero lo que sí iba a hacer era sonreír y entrar a escena.

Lo primero que hizo fue dibujar una sonrisa amigable y afable en su rostro mientras daba unos pasos hacia la señorita con aire distendido. A una distancia respetable, Sindri se paró y puso los brazos en jarras para decir con voz jovial – ¡Señorita Ram de Montmorency! ¡He empleado un Tomo de Archfire, un Tomo de Ánima de alto orden! La mayoría de Sabios ni siquiera se atreven a tocar este hechizo e incluso los Archisabios piensan dos veces antes de abrirlo. Considero que mis habilidades de Magia de Ánima merecen más halagos, ¿No cree? – la teatralidad de sus gestos, como los de aquel que se cree ofendido a más no poder, dejaban patente que estaba bromeando. De hecho, ni siquiera esperaba ningún tipo de reconocimiento, el mero hecho que la doncella se hubiera acercado a felicitarle y a alabarle ya era una sorpresa en sí. Una sorpresa que supo ocultar tras toneladas de dramatismo – Oh, ¿Acaso tendré que llenar el cielo de Ylisse con las llamas del Tomo de Valflame para conseguir un halago en condiciones? Ahuhuhu~ – ah, Tomos Legendarios de Magia, perdidos en las eras y mitificados por las eddas. Estaba seguro que Ram de Montmorency conocía bien las leyendas sobre el tomo en posesión de la Casa Velthomer de Grannvale, por lo que no necesitaba decir más para completar la broma – Ahora en serio, aprecio muchísimo que una seguidora de la Senda del Ánima me dedique estas palabras. Gracias, Ram de Montmorency, y gracias también por observar mi combate. – dijo con voz tranquila volviendo a una posición más respetuosa y menos lúdica.

Ah, un arquero. – mencionó con el mismo tono que alguien diría “oh, un panadero” o “eh, un pescatero”. Pero su cara amigable no cambió, no señor, aunque intentaran venderle que los lanzadores de trozos de madera punzantes tenían parangones. Uno que llevaba arrodillado un buen rato, además – Es un placer ver en persona finalmente al empleador de la señorita de Montmorency, siempre me he preguntado qué clase de persona sería. Encantado de conocerle, Custodio Virion. – cuando dijo su nombre, Sindri le devolvió la reverencia con una típica de las cortes de Lycia, ensayada y ensayada durante años para ser lucida sólo en las fiestas de postín y otros eventos anuales y distantes entre sí – Creo recordar que usted participó en el Gran Torneo de Regna Ferox representando a los Custodios como mi oponente, la Custodia Alanna. ¿Me equivoco? – preguntó cortésmente algo que ya sabía, puesto que él había estado entre la multitud de espectadores de todos y cada uno de los combates disputados hasta la fecha. Menos el suyo, claro. Haciendo memoria, Sindri recordaba una actitud poco deportiva del arquero en su combate: había intentado que su contrincante bajara la guardia utilizando baratos trucos de distracción. ¡Un verdadero caballero jamás haría eso! Pero se enfrentó con la nómada Lyn de Sacae, una mujer íntegra y capaz que supo sobreponerse y derrotarle sin hacer caso de sus chanzas y desmoralizaciones.

Veo que lo que no se le olvidó apuntar es cuán breve es usted. – mencionó con una sonrisa entretenida una vez el hombre terminó de enumerar sus virtudes, como si en vez de disgustarle tal acto hedonista y narcisista le hubiera hecho gracia. Y, en cierto modo, era un soplo de aire fresco escuchar semejantes alabanzas a uno mismo cuando muchos otros preferían guardar secretos y no decir lo que pensaban – Por mi parte, considero que la señorita ha hecho una maravillosa descripción de mi persona. Soy un Hechicero. Soy poco ortodoxo en mis investigaciones y estudios. Y ya no trabajo en la Gran Biblioteca de Ilia. – el muchacho estaba siendo extremadamente comedido y correcto, lejos de la actitud distendida y jocosa con la que solía vestirse. No movía mucho los brazos ni se desplazaba por el escenario, sino que se había quedado quieto con la espalda bien recta, casi como si estuviera en un acto oficial – Aunque creo que llamarme “talentoso” es quizá darme demasiado crédito. No creo tener ninguna clase de talento, pero aprecio el gentil cumplido. – a tal modestia añadió un movimiento de cabeza hacia Ram de Montmorency, como agradeciéndole tal gesto también de una forma no verbal.

Pero, ¡Uy! ¿Qué es esto? ¿Un intento de broma? ¿Una clase de comedia de entre todas las cosas? Quizá la sirvienta le había hecho caso y se había acabado uniendo a una troupe… eso ciertamente explicaría el extraño comportamiento del Custodio Virion, alejado de lo que uno vería en la realidad de cada día. Oh, bueno, si era el momento de interpretar un papel… Commedia dell’Arte. Sí – ¡Una boda! ¡No me diga! ¡No me lo puedo creer! – alzó su mano derecha hasta su boca, dejando que la yema de los dedos índice y corazón tocaran su boca, simulando un gesto de sorpresa. Pero tras la mano podía verse una juguetona y pícara sonrisa que no hacía más que anticipar lo que iba a decir. Tengan en cuenta, queridos lectores, que todo lo que dirá Sindri a continuación es Verdad, por lo que su voz sonará con la tranquilidad de un lago a plena medianoche – ¡Señorita Ram de Montmorency! ¡Ahora que había conocido a su familia después de tanto tiempo! ¡Después de decirle a su primo que usted y yo estamos prometidos en matrimonio! ¡No puedo creer que haya hecho esto a mis espaldas! – la Verdad resonaba en sus palabras como un eco en una cueva, una sinceridad imposible de fingir y a prueba incluso de los escrutinios más minuciosos. Nadie en este mundo podía negar que él había conocido a un miembro de su familia, Angus de Montmorency, y que le había dicho que pretendía casarse con ella… para ganar algo de tiempo e idear una estratega adecuada para vencerle. Verdades desde un punto de vista y guardando la mayoría de información, pero verdades como puños. La palabra “verdad” era especialmente divertida para el Hechicero. Si la repetías muchas veces, dejaba de tener significado. Verdad, verdad, verdad, verdad… – Me temo que tendrá que reconsiderar las invitaciones a la boda, Custodio Virion. No querrá que dos pasteles nupciales se echen a perder el mismo día, ¿verdad? – y dejó el juego ahí por el momento, no quería que lo acusaran de mucho ruido y pocas nueces. ¿Acaso no conseguiría que las alegres comadres de Windsor hablasen mal de él si seguía por aquel camino?

No es que me desagrade tan noble y agradable compañía, no crean, me honran inmensamente con su presencia. Pero hay algo que es menester que pregunte. Bueno, en realidad dos cosas. – movió la mano de su boca y cruzó los brazos detrás de su espalda en actitud relajada y distendida, casi como si se encontrara entre amigos. Casi – ¿Desean algo de mí? ¿Puedo ayudarles en algo? – y con esas preguntas hizo eco a una que había sido pronunciada en aquel lugar, la salida del Coliseo de Regna Ferox, unos días atrás por alguien mucho más pelirrosa que él.

La Commedia non è finita.
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Mensaje por Ram de Montmorency el Miér Oct 17, 2018 11:59 am

Demasiado ruido. Tanto que tenía ganas de taparse los oídos y gritar de rabia. El paisaje apacible que la rodeaba parecía la contradicción de la violenta tempestad que intentaba reprimir en su interior. El mero acto de pensar se tornaba en una tarea difícil cuando lo único que quería hacer era olvidarse de todo y desaparecer. La afligía una confusión que por las noches le impedía conciliar el sueño, y durante el día la acuciaba desde la hora del alba hasta la del crepúsculo. ¿Había sido el encuentro con Angus Isidore Windrince de Montmorency la consecuencia o el catalizador? No tenía modo de saber la respuesta, y tampoco le importaba mucho conocerla. Solo tenía por seguro que algo debía de haberse roto en ella, pues la asaltaban preguntas que ponían constantemente en duda sus convicciones morales. La inseguridad más absoluta hacía tambalear los pilares que sustentaban su manera de comprender el mundo a su alrededor, que cada vez le parecía más mudable y aterrador. Ni siquiera estaba segura de seguir siendo ella misma. Todo en lo que alguna vez había creído se volvía un dogma subjetivo sin que pudiese hacer nada para evitarlo, y por esa razón creía necesitar más que nunca la compañía y el consejo de su querida hermana gemela. “Pero Rem está muerta, ¿no?” “No…” “¡Tú la mataste!” “¡¡No!!”. A menudo se sorprendía dialogando consigo misma cuando se encontraba a solas. Voces de ultratumba que la acusaban sin piedad de todo aquello que alguna vez la había atormentado. Ram sabía que debía de estar perdiendo la cordura. Sus recuerdos más nefastos. Sus temores más espeluznantes. Se había esforzado por mantener reprimidos tantos secretos, que ahora que sus principios titubeaban por culpa de sus inseguridades, habían quedado libres y la atormentaban sin descanso.

La inesperada reacción de su señor no hizo más que evidenciar que incluso su intuición podía ser falible en su precario estado emocional. Su rostro quedó atónito al escuchar las palabras del amo Virion, quien lejos de enfurecerse ante las duras réplicas de la muchacha de cabellos rosados, la elogió por decidir sincerarse por primera vez después de tanto tiempo juntos. El arquero le decía que se había estado torturando todo ese tiempo. Siempre sufriendo en silencio. Siempre procurando portarse bajo la protección que le brindaba su máscara de perenne inexpresividad. Ram ni siquiera reaccionó al ver al hombre de porte galán arrodillándose frente a ella, y le dejó tomar sus manos sin ni siquiera oponer resistencia. Tampoco reaccionó al recibir por tercera vez un agradecimiento inmerecido. Solo cuando el arquero hubo terminado de hablar, sus ojos se oscurecieron, y el labio inferior empezó a temblarle como si quisiera decirle algo más, pero desistiendo al final de hacerlo.

“No… eso no es lo que yo necesitaba escuchar…”

La angustia que la atormentaba tenía raíces más profundas; arraigadas con tanta fuerza en su psique que con el tiempo habían pasado a formar parte de su melancólica personalidad. Bajó la cabeza y esbozó una sonrisa amarga antes de convertirla en la expresión cordial que utilizó para recibir después al mago oscuro. Él era luz. Ella oscuridad. Su señor no merecía tener como criada a alguien tan patética. Decidió fingir una serenidad que en realidad no sentía para protegerlo de sí misma, y de los demonios que la atormentaban. Pronto, la conversación pareció adoptar un aire bien distinto. La explosión de sentimientos encontrados dio paso a un saludo que en principio debía de ser de lo más cordial, pero que resultó no serlo tanto al final. En primer lugar, Virion añadió una nueva tanda interminable de calificativos para lustrar aún más su nombre. Algo predecible, si una tenía en cuenta su tendencia a referirse a sí mismo con la lista de adjetivos más extravagantes. Pero Ram temía que semejante presentación pudiese incentivar al mago oscuro a responder con algo que pudiese acrecentar las tensiones entre ambos varones.

Tampoco pareció ayudar el hecho de que Virion hiciese alusión a una hipotética boda. Ram sabía que su señor estaba bromeando. Empezaba a conocerlo lo suficiente como para saber que, sin un anillo de por medio, el arquero de Ylisse jamás se atrevería a proponerle matrimonio en serio. Era demasiado poético y cuidadoso en el cortejo después de todo. Pero sus peores temores parecieron hacerse realidad en cuanto Sindri pareció tomarse la declaración de intenciones del arquero a su manera, exclamando a pleno pulmón la sorpresa que decía sentir ante el falso anuncio nupcial. Los ojos de Ram se abrieron de par en par, conforme miraba a ambos lados para asegurarse de que no hubiese nadie más en las inmediaciones oyendo semejante sarta de tonterías. Un leve rubor se manifestó en sus mejillas cuando el hechicero hizo referencia al encuentro con uno de los miembros más infames de su familia un par de noches atrás.

S-silencio —le ordenó de repente con una expresión que mezclaba vergüenza e ira. Una combinación que dejaba entrever que no quería que Sindri le dijese al arquero nada más. Lo que había ocurrido debía mantenerse en secreto. La sirvienta cerró los puños con fuerza, a modo de amenaza en caso de que el mago oscuro decidiese pasarse de pícaro elocuente. ¿Acaso no podían volver un poco más atrás? ¿Al principio de las presentaciones? Hasta el antiguo bibliotecario de Ilia había parecido complacido tras recibir sus elogios con respecto a su dominio con la magia de fuego. Ram podía notar que la atmósfera se estaba empezando a cargar de cierta tensión, que era justo lo contrario a lo que deseaba en realidad, así que le lanzó una mirada penetrante a Sindri para que este escogiese sus siguientes palabras con más cuidado.

Hace dos noches me comprometí a ver vuestro combate, ¿recordáis? Por eso estoy hoy aquí —respondió con gesto indolente a la pregunta que el otro joven formuló y que, por algún motivo, la hacía evocar cierto déjà vu—. Sin embargo, mentiría si os dijese que eso es todo…
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Mensaje por Virion el Lun Oct 22, 2018 3:03 pm

Su amada Ram reaccionó con asombro ante las palabras de Virion. Su cara de sorpresa fue un cambio radical ante la máscara que solía llevar siempre. Sin embargo, solo duró unos pocos segundos, volviendo a su expresividad habitual mediante una triste sonrisa. Ni siquiera respondió nada.

Virion lo entendía. El arquero no le había dado aquel agradecimiento en un intento de aliviar su dolor, ni hacer que se sintiese mejor por dentro. Por muy hábil que fuese el ex duque con las palabras, no existía discurso alguno que pudiese curar unas heridas del alma tan profundas en tan poco tiempo. Lo máximo que se podía aspirar era a meros parches que a la larga solo harían más daño. Si Virion le había dicho esto era porque consideraba que Ram necesitaba saber cuánto de verdad le importaba ella, así como el paso que había dado para abrirse ante él.

Por desgracia, no iba a haber tiempo para más. Al menos, no mientras tuviesen a su lado a aquel mago que Ram había invitado. La atención del arquero se tuvo que volver inevitablemente en aquel beorc de pelo violáceo, le gustase o no.

Lo primero que pudo deducir el arquero de Sindri era que se trataba de un muchacho que adoraba llamar la atención. Eso era bueno, ya tenían algo ambos en común. La teatralidad de sus manierismos y las formas exageradas con las que se expresaba denotaban que era la clase de hombre que no se preocupaba por qué fueran a pensar otros de él. Solo por eso, ya le empezaba a caer bien. Aunque aún tenía sus sospechas acerca de si el mago tenía relación con el estado deprimido de su adorada sirvienta.

-No se equivoca, estimado Sindri. Yo también luché en el torneo, y al igual que mi compañera, fui eliminado en la primera ronda. No tengo más que interminables halagos para con mi rival. La forma con la que me derrotó fue limpia, rápida, honorable y hermosa. Vencer al Arquero de Arqueros de semejante forma es todo un histórico hito y los bardos deberían perpetuar semejante hazaña por siempre con miles de canciones que vuelen y se oigan en todos los continentes. Jamás podré olvidarla.-Virion no pudo evitar soltar un suspiro romántico ante el recuerdo de “Lyn de las Llanuras” y la batalla que tuvo lugar entre ambos en el torneo. El arquero no mentía, jamás podría olvidarla, ni aunque pasasen mil siglos.

Sindri, tras burlarse de la ristra de títulos del arquero, se describió a sí mismo. Virion no se creyó ni por un instante los intentos de falsa humildad del mago. Si había sido capaz de vencer en combate singular a una compañera de los Custodios, desde luego que tenía talento, por mucho que lo negase.

Y entonces llegó el turno de la broma. La típica broma del matrimonio. Uno podía pensar que Virion gastaba ese tipo de bromas porque así era él y no había que darle más explicaciones. Y en parte era así. Pero había otras razones. Una de ellas es conocer mejor a una persona a través de las mismas. No todos reaccionan igual ante una broma, al contrario, cada respuesta es única. Y uno puede empezar a deducir cómo es alguien a través de esa respuesta.

La respuesta de Sindri fue seguirle la corriente. Pocos se atreven a eso, lo que permitió evaluar definitivamente el carácter del mago como de excéntrico. Pero además, sirvió para conocer algo más. Un dato inesperado sobre su querida Ram. Un dato que podría ser el verdadero detonante del estado anímico de su amada. Virión se encogió de hombros y lanzó una sonrisa amistosa al mago.

-No veo por qué tenemos que desperdiciar las tartas. Casémonos ambos con ella. Si eso hace feliz a nuestra querida Ram, yo no tengo inconveniente alguno.-volvió a bromear el arquero, lanzándole un guiño cómplice a su querida sirvienta.-Aunque reconozco tener alguna que otra duda ¿deberíamos invitar a ese primo tuyo a la ceremonia?

Virion desconocía por completo que Ram se había encontrado con un familiar en Regna Ferox. Se imaginó que la parte de casarse con el mago no iba en serio, pero tenía interés en saber si el encuentro con aquel primo suyo había sido real. Después de todo, quizás fuese aquel el verdadero motivo por el cual su sirvienta estaba tan alicaída.

Pero la cuestión no pudo seguir adelante ya que Ram exigió silencio. Otra cuestión que tendría que esperar, pero al menos Virion se sentía un paso más cerca de desentrañar el misterio de su amada.

Aparentemente, Sindri tampoco sabía por qué estaban ellos allí. Y decidió preguntar abiertamente si querían algo de él. El arquero negó con la cabeza con la teatralidad propia que mostraba el propio mago.

-Tengo tan poca idea como vos de la razón de este encuentro, Sindri. A Ram le encanta dejarme siempre en ascuas. Una de las múltiples razones por las que la amo tantísimo.-y entonces se volvió hacia su adorada sirvienta, quien afirmaba que había otra razón aparte de simplemente ver el encuentro que había tenido el mago con la Custodio en el torneo.-Te escuchamos, Ram. No sé Sindri, ya que acabo de conocerlo, pero sabes que conmigo puedes contar para lo que haga falta. Por algo soy el Arquero de Arqueros.-sentenció golpeándose el pecho orgulloso, antes de dedicarle una mirada amable a su querida sirvienta. A lo mejor aquello podría empezar a explicar verdaderamente qué es lo que sentía la su amadísima Ram por dentro.
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Mensaje por Sindri el Mar Oct 23, 2018 7:50 pm

Me temo, buen señor, que por el momento tendrá que contentarse con alguna canción en alguna taberna de Regna Ferox. – salvo que contratase un buen bardo para actuar en alguna plaza concurrida, Sindri no veía como un combate que no era la final iba  a ser inmortalizado en la cultura popular. Por mucho que él dijera que quería “combates para ser recordados” la verdad es que no confiaba mucho en los métodos del vulgo, así que había tomado sobre sus hombros la responsabilidad de escribir unas crónicas fidedignas del torneo. Pero él no compondría canciones, claro que no. No porque no supiera cantar o tocar instrumentos, sino porque un Hechicero cantautor sonaba algo oximorónico – ¿Oh? ¿Interesado en la señorita que lo venció? – mencionó humorísticamente el Hechicero mientras ladeaba la cabeza con curiosidad. ¿Estaría diciendo la verdad el Custodio? No estaba convencido del todo que sus chanzas hacia la señorita Lyn fueran mucho más que palabras destinadas a distraerla el tiempo suficiente para dejarla como un colador con sus flechas. Es decir, un arquero es un luchador a distancia que poco podía hacer cuando alguien enarbolaba una espada a escasos centímetros de su cara, a diferencia de un mago que podía luchar a corto y largo alcance. Un oponente distraído era un oponente que no cargaba contra ti a toda velocidad, al fin y al cabo – Yo conocí a la señorita Lyn de Sacae durante mis peripecias por Elibe y luché a su lado varias veces, por lo que si necesitara alguien que les presentara formalmente sólo tiene que pedirlo. – se ofreció con perfecto conocimiento que no sabía ni dónde se alojaba la nómada, ni qué lugares frecuentaba como para ir a buscarla. Pero eso no era impedimento para extender una metafórica mano a alguien, ¿verdad?

Ah, y allí seguía la broma del matrimonio. Lejos de disuadir al hombre de continuar por aquellos derroteros, el Custodio cogió al aire diestramente las palabras lanzadas como afables dardos y les dio la vuelta, devolviéndolos de una manera jamás vista antes por el Hechicero. ¿Qué tipo de persona dedicaría su preciado tiempo en bromas así? Seguramente porque el Custodio Virion era así y ya, dudaba que tuviera muchos motivos ulteriores más allá de pasar un buen rato discutiendo amigablemente. Pero, aún así… poliandria (y la poligamia también, eh). El mero pensamiento de algo así le rechinaba como una puerta que llevaba ochenta años sin abrirse aunque fuera una chanza de alguna clase. Quizá estaba hablando su educación en la corte sobre lo que se esperaba de un noble, siendo la castidad y la fidelidad cualidades indispensables para cada relación. Quizá simplemente estaba demasiado chapado a la antigua y las costumbres de Akaneia no le acababan de hacer el peso. Quizá. Quizá.

Pero decir lo que de verdad pensabas era para gente aburrida, por lo que eligió sonreír cortésmente antes de mirar a la vez al empleador sonriente y la sirvienta que parecía incapaz de hacerlo. Quizá él le había robado todas las sonrisas. ¡Qué cursi!  – Son una caja de sorpresas ustedes dos, ¿verdad? – en cierto modo le caía bastante bien el Custodio. Dividir la gente entre “buena” y “mala” era algo tan demodé… era mucho más interesante clasificarlas en “encantadora” y “tediosa”. Y tratar con este hombre estaba resultando un divertimento inesperado, por lo que su clasificación todavía estaba pendiente – ¡Acepto sin dudarlo, Custodio Virion! Verdaderamente sería una pena si se desperdiciase un delicioso pastel por un leve contratiempo, como por ejemplo que la novia ya esté casándose con otra persona. ¡Y además! ¡Un novio más implica un tercio más de invitados! Habrá que buscar un lugar suficientemente grande para el banquete nupcial. – se llevó la mano al mentón simulando un gesto pensativo. Realmente Sindri no tenía mucha gente a la que enviar invitaciones en caso de casarse… más que nada porque la mayoría de gente que conocía no sabía ni leer ni escribir. Obviamente no iba a acceder a una relación poliándrica ni por encima de su cadáver, pero decidió continuar la broma un poco, más que nada por pura curiosidad de como actuaría la pequeña maga y el arquero ante tal declaración de intenciones.

Ah, pero ahí estaba, al final salió. Aquel genio. Aquel carácter. Ram de Montmorency podía imitar todo lo que quisiera a las estatuas de mármol que decoraban los pasillos de los castillos de Lycia, pero Sindri sabía bien que dentro escondía un incendio listo para ser desatado. En cuanto vio que la sirvienta apretaba los puños, el Hechicero se llevó distraída y casualmente los brazos tras su cuerpo y se arqueó muuuuuy ligeramente hacia delante para poder mirar mejor a los ojos de la doncella. Bueno, al ojo. Esas amenazas veladas y esa hostilidad sin medida alguna… sí, ya se sentía cómodo, casi como si fueran una mullida manta que ponerse en las noches más frías de Ilia, esas en las que había ventiscas y el viento ululaba sin parar. Sindri sostuvo la mirada iracunda y fulminante con unos ojos claros y tranquilos que no dejó transmitir ningún tipo de emoción más allá de jocosidad y ganas de divertirse. Finalmente se llevó el dedo índice de su mano derecha sobre sus labios: si la mujer quería silencio y secretos, secretos y silencio tendría. Aunque por el momento debería conformarse con los secretos sólo.

Se incorporó poco a poco mientras su cara tomaba un cariz especialmente entretenido. Algo en lo más hondo de su ser le decía que no, que Angus Isidore Windrince de Montmorency no podría asistir a ninguna boda en un futuro – ¿Ram de Montmorency? ¿Siendo misteriosa y enigmática? No puede ser, no me lo creo. Ella nuuunca hace eso. Con lo parlanchina que es~ – mencionó socarronamente mientras se giraba hacia el Custodio peliazul, como queriéndole hacer partícipe de la broma también. Una broma que sólo podría entender alguien que conociera a la peligrosa pelirrosa durante… oh, digamos cinco minutos – Así que, por favor, ilumínenos. ¿Cuál es el otro motivo de esta reunión? – el hombre se golpeó el pecho en signo de confianza y de hombría, pero Sindri se limitó a quedarse donde estaba quieto como una gárgola. Ahí estaba el silencio deseado por la mujer, un silencio expectante. El silencio del público que observa con deleite como se alza el telón.
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Mensaje por Ram de Montmorency el Vie Dic 21, 2018 4:56 pm

El amo Virion era un hombre de porte galante y pico de oro. Sindri un hechicero siniestro y sumamente astuto. Eran tan diferentes como el día y la noche, y si aquella misma mañana se lo hubiesen preguntado, Ram Amelia Isabella de Montmorency habría afirmado sin titubear que conocía lo suficiente a ambos como para predecir sus reacciones. Pero para su desconcierto, el devenir del peculiar encuentro social del que estaba siendo testigo le demostraba lo muy equivocadas que estaban sus suposiciones. Ignoraba si atribuir la manera en la que los dos varones congeniaban a la perfección a la famosa camaradería masculina, pero tampoco estaba dispuesta a perder mucho tiempo intentándole buscar un sentido. Al menos reconocía que ella era mucho más nula que el bibliotecario o su señor a la hora de socializar con los demás, por lo que supuso que no debía de extrañarse tanto ante el hecho de que sus invitados se llevasen así bien de repente. La muchacha de cabellos rosados también podía apreciar, no sin algo de desconcierto, cómo el arquero reconocía su derrota en el torneo de Regna Ferox carente de complejos. Haciendo gala de una humildad de tintes cuestionables, el amo Virion parecía inmune a los ácidos comentarios de su interlocutor, aprovechando el momento para dedicar todo tipo de alabanzas hacia quien había sido su rival en el enfrentamiento. “Lyn de las llanuras”. Ése era el nombre de aquella esbelta muchacha procedente de Sacae. Como era de esperarse, Ram había presenciado el duelo de su señor mientras aguardaba su turno para salir a luchar en la arena, y por ese motivo no le quedaba otra alternativa que reconocer la encomiable destreza de la mujer salvaje. Aunque Virion dejó escapar un suspiro romántico, probablemente ante la idea de volver a encontrarse con ella, Ram tan solo apartó su mirada delatando cierta contrariedad. Sobre todo, cuando el arquero de Ylisse decidió alargar la broma del matrimonio un poco más. La maga de ánima decidió guardar silencio por el momento… o intentarlo al menos, consciente de que, si desoía los comentarios de Virion y Sindri, quizá la dejasen por fin en paz. Ni siquiera quiso contestar a la pregunta acerca de su primo. Su señor no sabía nada acerca de Angus Isidore Windrince de Montmorency, y era preferible que las cosas siguiesen así. Pero la insistencia de sus falsos pretendientes terminó por hacerse imposible de ignorar.

N-no me puedo creer lo que estoy oyendo —tartamudeó esforzándose por mantener una compostura sobria y respetable, aunque seguía temiendo que hubiese algún ciudadano escuchándolos en las cercanías. A pesar de que según los estándares imperantes en la sociedad estaba en edad de casarse, el matrimonio era algo sobre lo que nunca se había detenido a pensar. Sentía mucha más atracción hacia una vida dedicada al estudio y el dominio de la magia que a otra en compañía de un esposo. Casi sin percatarse de ello, y debido al bombardeo incesante de información procedente del arquero y del bibliotecario, Ram estaba empezando a enterrar sus pesadumbres en aras de defenderse de los comentarios ajenos. Al menos por el momento. Cansada de oír tantas tonterías, cerró los puños con aún más fuerza que antes y encaró a los dos varones visiblemente contrariada.

Si tantas ganas tenéis de un matrimonio, permitidme sugerir que seáis vosotros dos quienes contraigáis nupcias —dijo señalando primero a Sindri, y luego a Virion—. Quién sabe. Os lleváis tan bien que cualquiera que os viese diría que hacéis buena pareja.

Acto seguido se dio la vuelta y, sin esperarles, empezó a caminar en dirección a las calles de la ciudad. Si eran tan inteligentes para tratar de molestarla por diversión, sabrían que la muchacha de cabellos rosados les estaba pidiendo en silencio que la siguiesen. Mientras tanto tendrían que quedarse con las dudas y las preguntas sin contestar. La sirvienta avanzaba rápido a través de los caminos empedrados, sin volver la vista atrás y dispuesta a acelerar el paso si percibía que Virion o Sindri se acercaban para ponerse a su lado. Quería estar sola hasta que llegasen a su destino: una enorme y antigua taberna feroxí ubicada en la zona septentrional de la ciudad. Solo cuando estuviesen los tres sentados alrededor de una mesa y a la luz de las velas, se dignaría a volver a separar sus labios para revelarles el verdadero motivo detrás de aquella reunión tan extravagante.
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Mensaje por Virion el Mar Dic 25, 2018 3:32 pm

-Agradezco enaltecidamente vuestra disposición en ayudarme, mas no será necesario, mi nuevo amigo.-dijo el arquero soltando un nuevo suspiro romántico mientras se colocaba su mano en el pecho con orgullo y entusiasmo.-Los hados no permitieron que nuestro encuentro se resolviera exclusivamente en la Arena y dispusieron todo para que volviéramos a encontrarnos en un encuentro lleno de emociones que jamás podremos olvidar.

No mentía. Efectivamente había tenido la inmensa suerte de encontrarse con la bellísima Lyn en una taberna poco tiempo después de que el encuentro entre ambos tuviese lugar. Mas por desgracia, aquel no era el momento de continuar aquella conversación. No delante de Ram, al menos. Ya habría oportunidad de preguntarle a Sindri en el futuro sobre la preciosa Lyn de las Llanuras que tanto había cautivado su corazón.

El mago volvió a seguirle la corriente con el tema de la boda. A Virion no se le escapó el que tardó un poco en responder. Seguramente evaluando si aceptar la proposición o no. Seguramente no se esperaba que Virion le llegase a proponer un matrimonio polígamo. Nadie se lo espera, después de todo. Pero sintió que aquello le sirvió para conocer un poquito más a Sindri, y eso le gustaba independientemente de si lo que aprendía de él acababa siéndole útil o no.

A quien no le gustaba para nada todo aquello era Ram. Su amada sirvienta trataba de mantener la compostura, pero era obvio a ojos del arquero (y seguramente del mago también) que estaba a punto de explotar. Las palabras que soltó no fueron un grito, ni estaban inundadas de rabia, pero Virion podía notar el mismo dolor que había mostrado escasos momentos antes, justo antes de la llegada de Sindri. Podría ser… ¿Podría ser que estuviese celosa?

En circunstancias normales, hubiera seguido la broma un poco más. Hubiera dicho algo como que si Sindri fuese mujer, le propondría matrimonio a ella sin dudarlo o algo por el estilo. Pero decidió callarse por una vez. Aunque muy posiblemente el mago no lo hiciese, decidió parar con los comentarios.

Su sirvienta se alejó de ellos enrabietada, más su aguda vista del arquero le permitió discernir que no se alejaba demasiado de ellos. Como si no quisieran que ninguno de los dos la perdiese de vista. Para Virion solo podía significar una cosa, quería que la siguieran. El arquero soltó un suspiro, pero esta vez fue de resignación. Reconocía su parte de culpa, la había provocado en un momento en el que estaba demasiado vulnerable, algo que un verdadero caballero como él jamás haría ¿Pero por qué no seguía el consejo que el arquero le había dado y le decía realmente lo que sentía en vez de dar tantas vueltas? Sería todo mucho más fácil así, no solo para él sino y ante todo para ella.

Virion caminó siguiendo a Ram, pero manteniendo las distancias como era el claro deseo implícito de su sirvienta. Mientras caminaban, el Arquero de Arqueros volvió a centrar su atención en todavía misterioso mago oscuro que lo acompañaba.

-Mi estimado Sindri. Mi amada Ram se encuentra en un estado de ánimo inusual, imagino que desde que tuvo lugar vuestro último encuentro ¿Vos no sabréis qué es lo que le ocurre a mi querida Ram, verdad?-preguntó en un tono de voz serio y sereno, bastante distinto del mantenido hasta hacía unos instantes con el mago oscuro.

Odiaba admitirlo. Odiaba reconocer que no sabía qué estaba atormentando a Ram. Al principio pensó que se trataba de algo que el propio mago oscuro había hecho, pero de ser así, no tendría sentido nada de lo que había dicho su sirvienta nada más aparecer Sindri. Algo había pasado durante el tiempo libre que había despertado en Ram todos sus demonios internos. Y quería saber de qué se trataba. Quería saberlo de verdad. Porque no soportaba verla sufrir de esa manera. Porque no aguantaba no poder hacer nada mientras ella se consumía en la autocompasión. Porque la amaba de corazón.

Ram los acabó conduciendo hasta una taberna. Si antes el arquero no tenía duda alguna de quería que los siguiera, el hecho de que hubiese pedido una mesa para tres y que los estuviese esperando sentada era evidencia extra que lo confirmaba por completo. Virion se acercó a la mesa, pero antes de sentarse, hincó una rodilla al suelo y volvió a coger la mano de su sirvienta de manera parecida a cuando habló con ella justo antes de que apareciese Sindri.

-Mi querida Ram, ahora escucharemos Sindri y yo todo lo que tengas que decirnos. Pero permíteme antes disculparme por el indigno comportamiento que he mostrado hace un momento y que ha sido causa para vos de un mayor sufrimiento. Un caballero de verdad jamás se comportaría de esa forma ante la mujer que realmente ama. Lo siento, Ram.-el arquero bajó la cabeza, dirigiendo su mirada al suelo como gesto de arrepentimiento, antes de volver a levantarse y dirigirse hacia su asiento para conocer por fin el motivo por el cual los había llamado a ellos dos.

Virion descubriría qué era lo que atormentaba a Ram y encontraría la manera de eliminar aquella fuente de dolor. No pararía hasta verla sonreír, una sonrisa pura, llena de felicidad. Lo juraba por su honor.
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Mensaje por Sindri el Miér Dic 26, 2018 9:30 pm

Los hados suelen ser caprichosos, sí. Yo soy más parcial a las hadas, si le soy sincero. – mencionó jocosamente Sindri mientras se encogía de hombros muy levemente, como si tratara de conservar fuerzas. Eso que ganaba el Hechicero: una ayuda rechazada era algo que no estaba obligado a hacer y, por lo tanto, tiempo que podía dedicar a quehaceres más divertidos. Trató de imaginarse por un segundo si el hombre continuaría con la charada de conquistador incluso en momentos de paz y tranquilidad o si se reservaba los truquitos mentales para el campo de batalla sólo para desistir tras unos instantes. No es que fuera a recibir ninguna respuesta o confirmación de sus sospechas en el futuro inmediato de todos modos, por lo que no era menester buscar aquellas respuestas.

Una Ram tartamudeante era una Ram que Sindri no había visto hasta el momento, por lo que giró la cabeza hacia ella y la ladeó poco a poco, como si tratara de comprender lo que estaba presenciando. A continuación trató de reseguir su mirada, primero a la derecha, luego a la izquierda… desgraciadamente no había mucha gente por ahí a esas horas por lo que, al parecer, había malgastado una magnífica actuación en un escenario sin audiencia. ¡Diantres! ¡Las funciones sólo eran divertidas cuando había un público que te aplaudiese! Y, claro, no te van a aplaudir lo bien que lo has hecho tus compañeros en el escenario… – Ah, pero si uno no puede creer lo que uno oye… ¿Qué puede creer? ¿Lo que oyen los demás? ¿Lo que los demás dicen que otros oyen? No, no, no. – en opinión de Sindri, las preguntas retóricas se llamaban así porque era un reto responderlas con humor del rico. Al parecer a la sirvienta no le hacía mucha ilusión pasarse su vida esposada a alguien y, teniendo en cuenta quién eran los pretendientes, Sindri no podía sino empatizar con ella. Al fin y al cabo, sólo uno de ellos ya sería suficiente castigo para cualquier doncella… ¡No digamos ya dos!

Y tras espetar un intento de chiste, o así quiso verlo el Hechicero, con una voz enfadada y cercana a la irritación, la mujer se dio la vuelta sin más y se perdió entre la muchedumbre que recorría una calle cercana. ¡Menudo carácter! Todo aquello no era más que una broma para aligerar el ambiente, uno que hasta el momento parecía suficientemente tenso como para cortarse con un cuchillo. Hay gente que no aprecia el humor, al parecer. Y hablando de eso… – Me señaló a mí primero~ – mencionó con una cantinela girándose ágilmente hacia el arquero, como si eso significara algo en absoluto. Que no era así. Nada significaba nada – Ah, por cierto, si usted siguiera interesado permítame decirle que el Gremio de Hechiceros me impide, por convenio, vestir de blanco. Así que, ya sabe usted. – mencionó suavemente con una sonrisa picaresca antes de hacer un gesto con la mano hacia donde se había marchado la mujer. Parecía bien, bien que Sindri estaba dándole paso al arquero… al fin y al cabo la mujer quería que la siguieran y el muchacho asumió que el hombre sabía a dónde se dirigía la pequeña maga.

El Hechicero era un bibliotecario de profesión por lo que tenía un buen nivel de observación y concentración, un maravilloso ojo para los detalles y figuras aunque fueran diminutas y una capacidad de análisis a primera vista envidiable. Para las cosas completamente estáticas, claro. Cosas completamente distintas a tratar de seguir a ciegas a una bajita sirvienta con un traje de tonalidades monocromáticas. Sindri trataba de ponerse de puntillas ahora sí y ahora también para tratar de ver un destello de rosa a través de la multitud sin suerte alguna, por lo que se resignó a seguir al Arquero de Arquero por las calles de Regna Ferox – ¿Puedo sugerirle una adición al uniforme de doncella de nuestra querida pelirrosa? Un cascabel. O dos. O cinco. En la cofia, por ejemplo. O en la gargantilla. O en los zapatos. Eso es lo de menos. – comentó quedamente el estudiante de las Artes Arcanas respecto a pequeños detalles que podrían hacer el seguimiento de una sirvienta tirando a menudita por una calle a pleno tránsito. Mas no le dio tiempo a comentar sus otras muy ingeniosas ideas para mejorar los uniformes de sirvienta (y es que tenía muchas) puesto que el hombre le hizo una pregunta a él empleando el típico y tópico tono de “esto es importante”.

Si sabía qué le ocurría a Ram de Montmorency. Había muchas maneras de contestar a esa pregunta. Había unas pocas menos si Sindri quería ceñirse a la verdad, que era lo que solía hacer. Y de esa larga lista había que quitar las que seguramente Ram de Montmorency no quería que la persona que le daba su sueldo a final de mes conociera. A ver, a ver, ¿Cuánto podía decir sin llegar a emplear las evasivas que sólo la gente aburrida emplea? – ¿Le puedo ser sincero? ¿Pero sincero, sincero, sincero desde el fondo de mi corazón? No conozco lo suficientemente a la señorita Ram de Montmorency para saber cuál es su estado de ánimo usual. – ah, ese era un muy buen comienzo. Era algo completamente verdadero: Sindri sólo había coincidido con la pequeña maga un par de veces durante su vida: una en Ilia y otra hace poco aquí en Regna Ferox – Soy virtualmente incapaz de decirle hasta qué punto han afectado a la señorita Ram los sucesos que yo presencié. Es decir, usted la debe conocer mucho más que yo puesto que sólo he tenido el placer de tratar con ella tres veces… contando el encuentro de hoy, claro. – se lavó un poco más las manos, explicando porqué él era incapaz de ser un juez de calidad de los sucesos de la noche anterior. Si la mujer no le había explicado lo sucedido a su amo entonces tendría razones de peso para no hacerlo. No era el lugar de Sindri inmiscuirse en relaciones ajenas de ninguna clase, verdaderamente no era asunto suyo – Si le sirve de algo, la primera vez que me encontré con ella trató de matarme. La segunda vez se contentó sólo con hacer un ademán de atacarme. A decir verdad, este encuentro ha sido el más pacífico de todos… ¿Tal vez porque está aquí usted? Ahuhuhu~ – y tras compartir aquella confidencia, Sindri se limitó a caminar en silencio mientras esperaba que el arquero no se perdiera por Regna Ferox. Que todo era posible y aventuras esperaban a cada esquina, pero él tenía curiosidad sobre lo que sucedía ahí. ¿A qué lugar maravilloso y único en su especie los estaría llevando Ram de Montmorency? ¿Una tienda exótica de productos mágicos? ¿Un lugar secreto con protecciones mágicas? ¡Oh! ¡Oh! ¡Tal vez era una biblioteca secreta de la familia de Montmorency llena a rebosar de conocimiento arcano sólo para los ojos de los miembros más avanzados del clan! ¿O quizá…?

¡Una tasca de mala muerte! ¡Claro! ¡¿Por qué no se lo habría imaginado?! Un lugar cerrado, obtuso, oscuro y demacrado que olía a grasa, humo y cosas quemadas. Una densa y oscura neblina de algo que podía ser tabaco si se miraba con optimismo sobrevolaba el techo del lugar como un ave de presa. Y los únicos focos de luz eran unas pocas velas de grasa vieja que daban al lugar un aire rústico a la par que casual. Suspiró mientras el arquero salió disparado hacia el lugar donde estaba Ram de Montmorency esperándolos mas, ya que estaban tal establecimiento, no iba de más aparentar ser un comensal. Con paso distraído, el Hechicero se acercó a la barra donde le esperaba un posadero con todos los años del mundo que casi ni se dignó a mirarle, dedicándole un pequeño gesto con la cabeza para dejarle ver que estaba escuchando – Una jarra de vino y tres tazas, por favor. Vino. No cerveza. No sidra. No hipocrás. No perada. No aguardiente. No orujo. No agua de los floreros sazonada con pimienta. No aguamiel. Especialmente nada de aguamiel. Vino. Por favor. – pidió de una sola vez con una sonrisa radiante mientras dejaba unas monedas en la mesa. El posadero ya se las debía conocer todas puesto que se limitó a coger las monedas y a poner delante de él una jarra vetusta de barro con un líquido rojizo dentro y olor un poco agrio y tres pocillitas cascadas de barro más oscuro.

Ni corto ni perezoso Sindri se encaminó hacia la mesa enarbolando expertamente los cuatro utensilios de bebida para encontrarse otra extravagancia del Arquero de Arqueros. Una escena que estaba tan fuera de lugar que le causó especial gracia entre la penumbra del establecimiento – Parece que arrodillarse cada dos por tres es algo harto común para el Custodio Virion. ¿Acaso no piensa en la pobre doncella? ¿La que tendrá que limpiar las manchas de sus pantalones? ¡Mire cuánta grasa tiene el suelo! Hasta para ser sirvienta hay que tener suerte en este mundo… – mencionó divertidamente mientras dejaba cada pocilla delante de cada persona y el vino en el medio, como debía ser. Después de llenarse su vasito hasta el tope, claro, puesto que esto era autoservicio del primero que estiraba la mano y con el vino no se juega. Sólo entonces eligió uno de los asientos libres en la mesa y se sentó – Oh, yo no me disculpo de nada. ¡Ha sido divertidísimo! ¡Hacía taaaaanto tiempo que no me encontraba con una situación tan estrambótica! Deberíamos repetirlo de nuevo alguna vez… pero encima de un escenario, si es posible. – comentó antes se llevaba el vaso a los labios. Sólo entonces pudo determinar que sí, aquella bebida era vino, un poco aguado, un poco pasado, un poco rancio y con bastantes posos, pero vino al fin y al cabo. Y un mal vino era mucho mejor que la mayoría de bebidas alcohólicas.

Tras apurar el vaso, lo dejó tranquilamente en la mugrienta mesa y paró su atención en la doncella Ram de Montmorency. No dijo nada de nada, Sindri estaba seguro que la mujer le diría lo que les tenía que decir cuando lo considerara adecuado por lo que entró en el más absoluto silencio. Además, tenía una jarra de vino al lado, por lo que no le importaba en absoluto esperar un ratito más si fuera menester...
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Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Ene 13, 2019 9:12 pm

A la doncella de cabellos rosados le gustaba tenerlo todo bajo control. Ya fuese durante sus investigaciones o a la hora de encargarse de sus quehaceres de sirvienta, procuraba organizar cualquier tarea que se le antojase con una diligencia casi enfermiza. Tal y como lo había sido su hermana gemela, y a diferencia de lo que dictaba el estereotipo de viejo sabio mago ermitaño, sentía gran predilección por el orden y la limpieza. Su propio grimorio manuscrito, pese a que sus páginas estuviesen codificadas en un idioma antiguo y difícil de descifrar, estaba organizado de manera pulcra y meticulosa para facilitar su lectura, además de que ni siquiera tenía ni una sola mota de polvo que ensuciase su cubierta. El amo Virion ya había tenido la oportunidad de presenciar sus dotes organizativas durante el viaje a las llanuras de Sacae, donde su minuciosa investigación había resultado útil para localizar un antiguo asentamiento plagado de emergidos. Mientras que Sindri sabía mejor que nadie que, a pesar de que las apariencias diesen a pensar lo contrario, todas sus acciones estaban bien organizadas y premeditadas. Por esas razones, intuía que a ninguno de los dos le sorprendería descubrir un libro viejo descansando sobre la mesa de madera de la taberna. A Ram no le gustaba en absoluto el ambiente rústico y el aire seco de aquel establecimiento, pero reconocía que ahí estarían más cómodos que en el exterior, sobre todo porque la llegada de la noche traía siempre consigo un frío atroz a la ciudad. Fue la primera en tomar asiento frente al libro, y trató de ignorar las miradas curiosas que se posaban sobre ella mientras esperaba a los dos varones.

Todavía estaba algo contrariada por el devenir de la conversación. Se le hacía frustrante que sus dos únicos conocidos fuera de la mansión del amo Kato estuviesen tan empeñados en marearla con comentarios banales, pero tampoco pretendía protestar abiertamente al respecto. Suponía que debía de ser un impulso lógico desde un punto de vista empático el querer probar su compostura, en intentar estirar los límites de aquella máscara de porcelana que llevaba de manera perenne. Pero los esfuerzos serían al final fútiles. A pesar de todos los demonios que la atormentaban últimamente, tampoco se sentía en el derecho de declararse infeliz. Tenía todo cuanto necesitaba, un trabajo digno y un propósito que cumplir. Una vez se recompusiese de lo sucedido hacía unas pocas noches, estaba convencida de que conseguiría salir adelante. Por el momento seguiría intentando centrarse en sus deberes como sirvienta del amo Virion.

Clavó el codo sobre la mesa, y apoyó su rostro sobre una mano mientras jugueteaba con algunos mechones de su cabello. Al menos hasta que por fin escuchó los pasos del mago oscuro y del arquero adentrándose en la taberna, señal que le sirvió para recobrar la compostura y sentarse con la espalda totalmente erguida, tan rígida como podía estarlo una auténtica estatua de mármol. Fue una sorpresa ver cómo Virion se arrodillaba para pedirle disculpas, captando de inmediato la atención de todos los demás clientes que atestaban el lugar. Demasiadas miradas. Demasiados cuchicheos. Ram movía su vista por la estancia tratando de asegurarse instintivamente de que todo estaba bajo control, mientras que al mismo tiempo procuraba prestar atención a las palabras del ex duque. ¿Acaso era necesaria tanta pomposidad en público?

No tenéis por qué disculparos, amo Virion. Que mi conducta no os aflija, pues se trata de un malestar pasajero. Soy yo quien lamenta no estar a la altura de vuestras expectativas —respondió algo incómoda por la situación, y sin saber muy bien qué decir para tranquilizarlo. Pero la irrupción de Sindri bastó para suavizar la tensión cuando éste se acercó enarbolando una botella y tres jarras. Desde luego que podía coincidir con él en el hecho de que aquella taberna estaba demasiado sucia para su gusto. Parecía un local más frecuentado por plebeyos que por miembros de la nobleza, pero al menos serviría para mantener una conversación discreta.

Me he estado preguntando últimamente por vuestra tendencia a hacer símiles con el teatro, ¿sois un admirador de ese arte, por algún casual? —le preguntó tras fijarse en cómo mencionaba una vez más los escenarios. Pero tampoco es que sintiese gran curiosidad por indagar al respecto, tan solo quería asegurarse de que tenía la atención de ambos interlocutores antes de empezar la reunión. Se fijó entonces en la jarra que había traído el mago oscuro, y luego en los dos recipientes libres.

Lo siento, pero nunca he bebido alcohol —admitió mirando con cierta desconfianza al brebaje de color granate. Pero tras asegurarse de que nadie más los escuchaba en la taberna, adoptó un tono de voz solemne y, tras aclararse la garganta, empezó a hablar.

En fin. Quería que el amo Virion y yo nos reuniésemos con vos, maestro Sindri, porque he estado recopilando información sobre ciertos mitos locales que han capturado mi entera atención. Se trata de un libro. Un libro de magia legendario, al que las leyendas locales atribuyen un poder siniestro y superior al de un tomo convencional. Intuyo que, en este punto, y dado a que me he tomado la molestia de convocaros hoy aquí, seréis capaz de suponer de qué tipo de magia estoy hablando, ¿no es así?
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Mensaje por Virion el Miér Ene 16, 2019 8:39 am

Aquella situación podía considerarse de esperpéntica. En una taberna mundana, cuya clientela suele ser hombres y mujeres de baja clase social y no muchos recursos, un noble vestido con ricos ropajes se arrodillaba ante una sirvienta pidiéndola perdón, mientras un tercero se limitaba, de forma bastante teatral, a pedir vino para los tres. Murmullos en la taberna empezaron a circular con escaso disimulo, acerca de si lo que estaban viendo era algo real, o una obra de ficción elaborada por un grupo de bardos disfrazados que habían escogido aquel local para ensayar. A los oídos de Virion llegaron esos murmullos, pero él los ignoró completamente, puesto que su atención estaba centrada en su amada Ram.

La conversación que había tenido con Sindri le trajo más preguntas que respuestas. Según el hechicero, Ram había intentado matarlo la primera vez que se conocieron y en apariencia casi le atacó la segunda vez. Lo cual se le antojaba absurdo, ya que aunque pudiese ser un poco inestable como en aquellos momentos, jamás había visto a su sirvienta actuar de manera tan extrema por un mero impulso. También cabía la posibilidad de que el mago estuviese mintiendo, pero Virion lo dudaba bastante. Aunque Sindri había demostrado lo mucho que le gustaban las bromas, en el poco tiempo que le conocía no podía imaginar por qué razón le mentiría en un asunto tan serio como ese.

Y había otra razón por el que confiaba ahora un poco más en el hechicero. Sindri se negó a contarle qué es lo que exactamente pasó en su anterior encuentro, salvo el hecho del supuesto ataque. A Virion no le costó intuir que el mago no quería revelar algo que invadiera la intimidad de Ram, sin contar con su permiso, y por eso había sido tan vago en su respuesta. Eso era señal de que, de alguna forma, se preocupaba por sus sentimientos. Y mostraba que bajo esa apariencia de bufón podía albergar un corazón honesto.

Afortunadamente, el paseo pareció relajar un poco las emociones de Ram, quien aparentaba mucho más relajada. Rechazó las disculpas del exduque, preocupada por la escena que éste estaba montando en la taberna, mientras se disculpaba ella por “no estar a la altura”. A Virion le daba rabia esos constantes ataques que se hacía a ella misma, pero se limitó a negar con la cabeza mientras se levantaba.

-No, no, no. He obrado mal contigo y eso no puede esconderse bajo la alfombra. Estoy muy orgulloso de tu servicio y tu lealtad, y eso merece recompensa además de mi eterno amor, no bromas pesadas. Por ello mismo, me comprometo a darte un buen regalo sorpresa como gesto, no solo de disculpa sino de mi infinita apreciación hacia tu persona. Obviamente no diré qué será el regalo ni cuando lo recibirás, puesto que entonces, ya no sería sorpresa.-y con un guiño, tras sacudirse un poco el polvo que llevaba encima, se volvió se sentó en uno de los asientos de la mesa, justo enfrente de su amada sirvienta.

Sindri ya estaba sentado, y además se había servido un poco del vino que había traído de la barra. Ram le preguntó al mago acerca de si le gustaba el teatro, viendo efectivamente lo mucho que le gustaba actuar, mas luego reconoció que no le gustaba el vino. Virion no tardó en actuar.

-¡Un té para la señorita! ¡Bien caliente, por favor!-gritó a la barra levantando la mano para llamar la atención al posadero, para luego volver su mirada hacia su querida Ram.-Temo que el té que sirvan aquí esté a kilómetros de distancia de tu propio té, pero tampoco es que haya muchas opciones.

Entonces, una vez pedido el té, Ram explicó por fin porqué se habían reunido ellos dos con el hechicero. Aparentemente, su sirvienta había logrado recopilar información acerca de un libro oscuro de extraordinario poderío. Virion empezaba a entender por qué no le había dicho nada de entrada a él, ya que el arquero era sapientísimo en muchos temas, pero en el caso de la magia, y sobre todo la magia oscura, era bastante iletrado. Todo lo contrario que Ram, quien no solo era una maga de gran talento, sino una gran erudita. Su saber tenía poco rival, y era otro motivo más de orgullo para el arquero.

-Si habéis hecho llamar a Sindri, imagino que no se trata solo de simples mitos, sino que realmente ese libro existe ¡Estupendo! Puedes contar conmigo para conseguirte el tomo, solo dime dónde hay que ir a buscarlo.-dijo el arquero golpeándose el pecho antes de sorber un poco del vino de la taberna de su propia taza. Estaba asqueroso para el refinado paladar del arquero, pero a esas alturas, tampoco le importaba.

Virion no ponía en duda a Ram. Ya había podido comprobar que su capacidad de recopilar información era excelente como mínimo. Y estaba dispuesto a ayudarla en lo que hiciese menester. No la volvería a fallar.
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Mensaje por Sindri el Vie Ene 18, 2019 3:10 pm

¡Ugh! ¡Tanto melodrama, tanto melodrama! El muchacho tomó con presteza media copa más de vino mientras observaba desinteresadamente el tira y afloja dialéctico que protagonizaban la maga y el Custodio. Que si hay razón para disculparse, que si no hay razón para disculparle. Que si la culpa es de uno, que si la culpa era de la otra. Ah, y el colofón del pastel, “he hecho algo malo y pienso darte un regalo para que me perdones”. Si Sindri tuviera ahora mismo una viola de arco se sentiría tentado a entonar una banda sonora original para tal escena emotiva y sentimental… más lo único que podría aportar ahora mismo era un ritmo simple tamborileando los dedos al borde de la vieja mesa. Y no lo iba a hacer, claro. Tiempo invertido en tal melódica tarea era tiempo perdido en no pensar la eventual muerte del universo a manos de la inexorable Entropía y tiempo que podía invertir en rellenar de nuevo su pocillita de barro de vino hasta el tope. ¿De veras la pequeña maga lo había arrastrado por buena parte de la ciudad hasta una tasca que incluso las ratas evitarían para ver tal demostración de falta de talento teatral? Había visto actores novatos haciendo de árbol número 3 que mostraban más pasión por lo que estaban haciendo que aquel par de dos.

¡Ah, el teatro! Fetén reino de Talía y Melpómene. Sí, sí, uno siente una ferviente admiración por tal bello arte, una pena que últimamente sea difícil de encontrar vaya donde vaya. ¿Dónde si no encontrar realidades alternativas en carne y hueso? Sí, la lectura es apasionante, pero el hecho de poder ver como lo escrito cobra vida es una maravilla en sí misma. – omitió el detalle que durante sus años formativos como aprendiz de Mago Arcano formó parte de una compañía de feriantes que viajaban de pueblo en pueblo para ganarse el pan. Ahora bien, Sindri no tenía (ni tiene) ninguna clase de talento por lo que las tareas que recibía estaban acordes con las habilidades que había adquirido durante su tiempo en la corte. Sabía leer, escribir y tocar instrumentos por lo que normalmente actuaba en la improvisada orquestra de las obras de teatro u otros entretenimientos y, a veces y si tenía muuuuuuucha suerte, hacía de actor secundario. Simplemente no tenía la hermosura ni el carisma para ser actor principal. También aprendió de su maestra el noble arte de la adivinación y el ocultismo o, lo que era lo mismo, de decirle a la gente lo que querían oír con palabras misteriosas – Supongo que tengo que contentarme con el Teatro de la Vida en el que actuamos todos cada día. No es tan entretenido, pero menos da una piedra, y de vez en cuando encuentro algo que vale la pena ver. – se encogió levemente de hombros en su silla como si se hubiera resignado a tal funesto destino.

Siempre hay una primera vez para todo, mas no beba vino si lo considera adecuado. – “nunca he bebido alcohol” no le sonaba sinónimo a “nunca beberé alcohol”, pero cada uno tenía sus manías y él no era nadie para juzgar el estilo de vida de los demás. Si no quería beber, que no bebiera; si quería probar un sorbito, que lo probara; y si quería beberse la jarra entera, pues mala suerte porque Sindri le llevaba ventaja – ¿Algo hecho con agua? ¿En una taberna así? ¡Menuda gesta de valentía heroica! – mencionó el muchacho con una voz entretenida y una ceja alzada tras girarse hacia el Custodio. Sabía dónde estaba, ¿verdad? – No le puedo asegurar que el agua del local esté en buenas condiciones… o el pozo de donde la saquen… o el barril donde la contengan. Al menos el alcohol mata todas las enfermedades que pueda haber en la barrica. – pasó su dedo enguantado por el borde de su vaso de manera distraída mientras decía eso. Bien era conocido por todos que pedir una tinaja de agua era una manera agradable de pasar unos pocos días encamado sin poder hacer nada… y eso si uno tenía mucha suerte. Eso sí, que el alcohol fuera más seguro de beber no implicaba necesariamente que tuviera buen sabor, pero con algo había que remojar el gaznate en un bar. No podías entrar en una taberna y no pedir nada, simplemente iba contra todas las reglas del sentido común.

Ah, pero ahí estaba el quid de la cuestión, ¿verdad? La razón del secretismo, las palabras en voz baja y la búsqueda de lugares apartados. Investigar mitos, historias y rumores era algo común entre los magos de todo tipo y clase, nunca sabías qué grano de verdad había originado una leyenda o una habladuría que se compartía cada noche en la posada del pueblo. Así pues, interrogando a los pueblerinos con promesas de recompensas si te decían la verdad y yendo a los lugares más misteriosos y “malditos” del lugar podías encontrar un gran pasatiempo con una conclusión raramente satisfactoria. Pero eso no fue lo que atrajo la atención del muchacho, no. Historias sobre tomos de magia de leyenda los había a puñados, pero que la mujer se hubiera interesado por uno “con poder siniestro y superior al de un tomo convencional” era algo que no encajaba en absoluto con la visión que tenía de la doncella. ¿Ram de Montmorency? ¿Buscando un tomo de Magia Arcana? ¿Acaso el mundo se había vuelto del revés en unos pocos días? Había gato encerrado ahí. Y no uno de esos gatos que podían estar muertos y vivos a la vez, sino un gato muy, muy, muy vivo.

Cuando el Custodio dijo la suya Sindri no le respondió inmediatamente sino que se limitó a mostrarle la palma de su mano izquierda en un calmado gesto aparentemente autoritativo, el que los padres solían emplear cuando los niños querían meterse en las “conversaciones de mayores” – Espere un segundo, por favor, Custodio Virion. Si lo que busca su sirvienta es un tomo legendario de Magia Arcana tal y como me ha hecho entender, magia que quizá usted conoce bajo los nombres Magia Oscura o Magia Negra, entonces creo que es necesario hablar de ello un poco más. – mencionó suave, pero a la vez férreamente el Hechicero con una voz que rezumaba tanta condescendencia que podría llenar hasta rebosar el vaso vacío de la mujer pelirrosa. Si fuera tan fácil encontrar tomos legendarios, grimorios de poder inimaginable creados por maestros en el arte con técnicas perdidas en las nieblas del tiempo, todo mago tendría uno bajo el brazo… y no era el caso. Los tomos legendarios de Magia Arcana que conocía el muchacho tras leer leyendas y leyendas podían contarse con los dedos de la mano de un manco. Apocalipsis, Imhullu, Loptyr… canalizadores de poder ansiados por todos los Magos Arcanos habidos y por haber pero que nadie había logrado encontrar.

Necesitaba tiempo para aclarar sus pensamientos por lo que dedicó unos momentos de silencio a la conversación. Negar que a Sindri le interesaban los tomos legendarios sería una tontería, a nadie le desagrada un dulce. Y menos cuando ese dulce podía catapultarte hasta las esferas más altas de la hechicería de un plumazo. Eventualmente, el muchacho puso los codos sobre la mesa con los antebrazos verticales y las manos haciendo un puentecito entrelazando los dedos de cada mano, tras el cual ocultó la boca y la parte inferior de su cara. Tenía una mirada curiosa pero extrañamente concentrada dedicada únicamente a la mujer que tenía delante de él, como si además de estudiar sus palabras estuviera tratando de analizarla a ella – Espero que no me tenga en cuenta mi actitud, pero considero que es necesario un breve prefacio antes de discutir esta materia con la gravedad que merece. – su voz tenía tintes de desconfianza y de deseo de conocer más a partes iguales. Pero las historias sobre tomos legendarios también tenían la fama de ser el fin de uno y de mil magos que sobreestimaron sus habilidades. Muchas eran incluso trampas recubiertas de miel hechas por otros magos para eliminar sus competidores.

¿Por qué razón le interesa a usted un tomo legendario de Magia Arcana, señorita Ram de Montmorency? – una pregunta bastante… estándar. A los oídos de cualquier persona podía parecer que le estaba preguntando la razón por la que buscaba un grimorio tan poderoso como aquél, una pregunta segura sobre el trasfondo de dicha búsqueda. Mas la mujer era inteligente, seguramente sabría leer entre líneas lo que realmente el Hechicero deseaba saber. La razón por la que quería encontrar un tomo legendario de Magia Arcana teniendo en cuenta sus opiniones sobre esa rama de la magia. Opiniones que había dejado claras como el cielo de una mañana de verano durante los anteriores encuentros con él – Y, ¿Por qué yo? – otra pregunta que escondía más de lo que aparentaba. Teniendo en cuenta sus encuentros pasados… ¿Por qué le interesaba que Sindri conociera la potencial existencia y, todavía más potencialmente, el paradero de un tomo legendario de Magia Arcana? Esperaba que la mujer pudiera arrojar algo de luz a aquellas dudas, dudas que valía la pena resolver antes de entrar en el tema de por sí.
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Mensaje por Ram de Montmorency el Mar Jul 02, 2019 9:55 am

Insisto en que no hace falta que os preocupéis tanto... —murmuró algo avergonzada al presenciar cómo el arquero solicitaba al tabernero que le preparase un té. No le gustaba abusar de las atenciones del distinguido varón, pero tampoco podía decir que le disgustase recibir un trato tan preferente. Era solo que todavía no estaba acostumbrada a aquella jerarquía amo-sirvienta tan singular. Por otro lado, consideró en el último momento que sería un detalle bastante feo rechazar el vino al que Sindri les había invitado, así que mientras esperaba la llegada del té, decidió probar aquel líquido de tonalidad rojiza por cortesía. Nunca había bebido vino con anterioridad, pero tenía entendido que el vulgo lo consumía por diversión y para socializar. Su pulso temblaba nervioso mientras vertía la bebida sobre su taza, y cuando más tarde se la llevó a los labios, dio un sorbo apresurado sin dejar entrever si el vino le gustaba o no.

A pesar de que normalmente su rostro no reflejaba más expresión que la de un profundo y hasta patológico desinterés, en realidad uno de sus mayores talentos era la recopilación de información. Ram de Montmorency no era carismática ni muy buena con las palabras, pero como sirvienta sabía escuchar y prestar atención a aquellos pequeños detalles que la mayoría de la gente obviaba. Bastaba con adentrarse en una taberna concurrida, tomar asiento junto al fuego, y prestar el oído a cualquier conversación ajena que sonase relativamente interesante. La bebida aflojaba a la lengua de los hombres, y tarde o temprano siempre había alguien que cometía el error de decir algo que no debía. Entre confesiones y la narración de gestas grandilocuentes, de vez en cuando se filtraba algún que otro rumor local. Y si algo había aprendido la joven maga después de tantos años vagando por el mundo, era que todo rumor solía albergar algo de verdad. Todo lo demás dependía de una exhaustiva y bien orientada investigación posterior, que no solo aportase pruebas de la veracidad de las palabras de un borracho cualquiera, sino que también ampliase la información disponible sobre la materia en cuestión. Así era como había encontrado aquel importante campamento emergido en Sacae, y también como había aprendido de la existencia de aquel libro del que hablaba en esos momentos.

En efecto, los tomos legendarios de magia oscura no llevaban el adjetivo “legendario” como mera decoración, pero Ram tenía en su haber la suficiente evidencia como para demostrar que aquel al que se estaba refiriendo de verdad existía, además de sentirse preparada para poder señalar su ubicación aproximada si llegaban a ponerle un mapa de Akaneia sobre la mesa.

Sin embargo, y dada la naturaleza de la reunión que acababa de convocar discretamente, comprendía las precauciones que Sindri estaba manifestando en esos momentos. Tal y como había imaginado que sucedería, el señor Virion había sido mucho más fácil de convencer que el hechicero, sobre todo porque su oficio le eximía de la necesidad de tener conocimientos sobre los saberes arcanos para no ser tildado de ignorante. Ella en cambio, como una maga elemental tradicional, conocía lo justo y necesario como para recelar de la Oscuridad. Pero sin duda alguna el verdadero experto en la materia era el propio Sindri. Su semblante se había tornado mucho más serio que de costumbre, y sus siguientes palabras no tardaron en evidenciar que prefería cubrir el tema con las debidas precauciones. Fueron dos las preguntas que manifestó en voz alta, y Ram consideró justo responderlas con la mayor sinceridad posible. Después de todo, si pretendía involucrar al hechicero en la búsqueda de un tomo de inimaginable poder, intuía que al menos le debía una explicación convincente.

No me malinterpretéis, Sindri. No me tienta en absoluto el poder que pueda albergar un sucio y polvoriento volumen de magia impía —dijo con voz cortante antes de hacer una pausa enigmática—. Pero tengo razones para creer que la información de la que dispongo está también en manos de alguien más. Teniendo en cuenta vuestros talentos, lo que de verdad deberíais estar preguntándoos es si estáis dispuesto a permitir que otros se hagan con este tomo.

Ram no recordaba haberle hablado al amo Virion sobre su aversión enfermiza hacia la magia oscura, aunque intuía que lo que acababa de decirle al hechicero como respuesta bastaría para dejarlo bien claro. Estaban hablando de poderes prohibidos que solían escapar de la comprensión humana, y que por ese motivo debían ser perseguidos con dureza para que quedasen condenados al olvido. Al menos… eso era lo que se repetía a sí misma para evitar que sus convicciones flaqueasen. Lo cierto era que tampoco podía negar que sintiese cierto interés en el tomo legendario que pretendía encontrar, pero reconocerlo en voz alta sería como darle un caramelo a Sindri. El bibliotecario era un auténtico enamorado de la oscuridad a la que veneraba como un fanático, y seguramente interpretaría semejante confesión como una pequeña victoria a su favor. Al fin y al cabo, no todos los días una maga de ánima que despreciaba de forma activa las artes arcanas cambiaba de opinión, aunque fuese ligeramente.

En cuanto a la razón porque la que he decidido recurrir a vos, preferiría abstenerme de responder a esa pregunta… —dijo clavando su mirada inexpresiva sobre el rostro ajeno, casi sin parpadear. En realidad, no había ningún secreto detrás de su elección. Sencillamente había aprendido a confiar en el bibliotecario después de lo ocurrido la otra noche, por lo que quería devolverle el favor a su manera. Pero decirlo delante del arquero podría ser no solo embarazoso, sino que también conllevaría que éste empezase a hacerle preguntas que por el momento no se sentía preparada para contestar. Dejaría que Sindri pensase un poco. Que encontrase la respuesta correcta a la pregunta que había formulado. Quedase o no satisfecho, tampoco era como si el hechicero pudiese permitirse el lujo de levantarse de la mesa y abandonar la taberna feroxí. Si de verdad existía un tomo de magia legendario en el continente akaneo, era preferible que se quedase a escuchar más sobre su paradero, en lugar de arriesgarse a que Ram lo encontrase primero y lo redujese a cenizas en un arrebato de ira esporádico.

¿Y bien? ¿Tenéis alguna pregunta más que queráis hacerme, Sindri? ¿Y qué hay de vos, amo Virion? —preguntó volviendo a darle un sorbo a su taza de vino.
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Mensaje por Virion el Mar Jul 02, 2019 12:59 pm

Virion estaba agradecido de aquel encuentro. Le servía para aprender muchas cosas de su querida Ram. Su preciada sirvienta, siempre con una máscara para ocultar sus emociones, se mostraba bastante más abierta de lo normal. Claro que no llegaba al extremo de hacía un rato, cuando se autoflajeló con furia inusitada por motivos que Virion desgraciadamente aún desconocía, pero era lo suficiente para seguir aprendiendo más cosas de ella… y de su misterioso hechicero al que acababa de conocer.

Por ejemplo, rápidamente aprendió el curioso contraste entre Ram, quien hacía referencia a la magia arcana (magia negra u oscura, como también la definió Sindri) de forma claramente despectiva, mientras que el hechicero se mostraba claramente orgulloso en el conocimiento de ese arte. La nada disimulada condescendencia ante el tema del libro que mostró Sindri con el arquero era evidencia palpable para el mismo que por muy gustoso de las bromas que fuera, había temas que se tomaba en serio.

Antes de empezar a hablar del libro en sí, Sindri hizo un par de preguntas bastante evidentes. La primera era porque estaba interesada ella en tal libro. Y la segunda era por qué había escogido al hechicero. Virion fingía calma, sorbiendo un poco del vino de la taberna, pero escuchaba con los oídos bien atentos el diálogo que mantenían Ram y Sindri.

El beber vino sirvió para evitar soltar una carcajada ante la primera respuesta de Ram. Había muchas cuestiones que desconocía de su sirvienta, pero reconocía una mentira tan obvia. Acababa de aprender del desdén de su sirvienta hacia la magia arcana, lo cual llamaba su atención, pero eso no la iba a echar atrás en su búsqueda incesante de conocimiento. Era una erudita de pies a cabeza, y si algo le permitía aumentar su saber, especialmente relacionado con la magia, se lanzaría de lleno a por ello, sin importar los prejuicios que tuviera. Igualmente, no quería estropearle el engaño a Ram, así que decidió seguirle la corriente.

-Entonces con razón debemos actuar con premura y recoger ese tomo. Si un hechizo legendario de tal calibre cae en manos equivocadas, quien sabe qué terribles acontecimientos pueden ocurrir en nuestro querido mundo.-expresó Virion con total teatralidad.

Realmente, la existencia de un tomo legendario de magia oscura no podría significar menos para Virion. Si fuera un arco legendario, la historia sería completamente distinta. Sin embargo, no tenía la más remota idea de qué podía hacer con semejante objeto místico, salvo dárselo a Ram para estudiarlo. Y Ram lo quería para estudiarlo. Eso para Virion era suficiente ¿Embarcarse en una misión suicida por un tomo inútil para él solo con el fin de hacer feliz a la mujer amada? Obviamente sí.

La siguiente respuesta de Ram también llamó la atención a Virion. O más bien, su falta de respuesta. Sindri tenía todo el derecho del mundo a preguntar por qué se solicitaba su ayuda, y lo que hizo Ram fue directamente retarle a adivinar el por qué. El arquero era incapaz de desentrañar los motivos de aquello, pero algo le dijo que a Sindri no le importaría esa respuesta. Quizás hasta la disfrutaría.

Ram preguntó entonces si tenía alguna duda, a lo que Virion respondió asintiendo con la cabeza mientras sacaba pluma y trozo de papel para escribir, además de una pequeña tarrina de cristal con un poco de tinta. Un auténtico sabio como él tenía que estar preparado para todo en todo momento.

-Mi pregunta inicial se mantiene ¿Dónde podemos encontrar ese libro? Imagino que no debe estar muy lejos, o si no, no llegaríamos a tiempo de rescatarlo, viendo la premura que nos metes para ello. Pero tampoco demasiado cerca o ya lo habrían encontrado ese que también sabe dónde está. Habrá que calcular cuántos días de viaje, para preparar  método de transporte, provisiones, y armas por si nos encontramos con Emergidos o alguna otra sorpresita por el camino.

Virion empezó  a tomar notar con enorme rapidez. No solo apuntó la respuesta de Ram a su pregunta, sino todo lo que había aprendido hasta ahora. Hizo apuntes sobre lo que había aprendido de su sirvienta, desde su cambio de carácter, su problema de autoestima, su desprecio y al mismo tiempo interés en la magia arcana. También hizo apuntes sobre Sindri, su conducta estrafalaria, su experiencia con la magia arcana y su relación misteriosa con su adorada sirvienta. También hizo algunos apuntes extra, mientras bebía algo más de vino.

Cuando hubo terminado el vino, ya había terminado de apuntar prácticamente todo lo que necesitaba para su nueva y emocionante aventura. Cerró el bote de tinta con cuidado y lo guardó en su bolsillo, junto con la pluma para escribir, una vez limpiada. También guardó los papeles que había escrito, una vez la tinta estuvo seca, no permitiendo que Sindri o Ram vieran su contenido.

Aunque no todo fue guardado. Virion hizo un leve roce con la pierna a su querida sirvienta para llamar su atención sin que Sindri se diera cuenta, y con total disimulo, le pasó un trozo de papel por debajo de la mesa con los “apuntes extra” que había anotado. Todo de manera oculta a la mirada del hechicero, o al menos eso esperaba el arquero de arqueros. Aunque en cierto modo, si Sindri les pillaba, e incluso lograba leer su contenido, tampoco era algo que fuese a molestar al arquero en sí mismo. Pero había prometido comportarse como un caballero, y eso significaba obrar con un mínimo de cautela.

Contenido de la hoja que le pasa Virion a Ram:

Ram exquisita, belleza suprema
Sus ojos brillan cuan plateada luna
Es especial, mágica, tan solo una
Fogosa y ardiente, siempre me quema.

Su saber vale más que cualquier gema
Corazón lleno como una laguna
Como ella no hay en realidad ninguna
Por ello le dedico este poema.

Su sonrisa me permite volar
Su mirada me permite vivir
Sus palabras me permiten soñar

Su alegría me permite sentir
Su gran lealtad me permite amar
Sin Ram no podría volver a escribir

PD: Esto no es aún el regalo prometido. Lo he escrito simplemente porque me da la gana y porque te quiero. Atentamente, Virion.
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Mensaje por Sindri el Mar Jul 09, 2019 10:00 am

¿Y debo –debería– asumir que dicho tomo caerá en mis manos dependiendo cómo transcurra esta conversación? – automáticamente, el Hechicero alzó una ceja en un arco de pura curiosidad. Cuando fue su turno de hablar, el Hechicero habló lentamente, muy, muy lentamente, vocalizando cada una de las letras de cada palabra. Si no conociera mejor a la Maga de Ánima que tenía delante encontraría incluso insultante cuán lacónicas habían sido sus respuestas… pero sabía bien que soltar pocas palabras era una de las prerrogativas de la pelirrosa – ¿Y si lo que de verdad me preocupase es que acabase en sus manos, señorita de Montmorency? Un Hechicero al menos tendría la decencia de tratar de emplear tal tomo, pero creo que usted no tendría muchos reparos en que acabara sus días como meras cenizas. – justo cuando ella puso sobre la mesa el tema de “la magia impía” su mente volvió atrás en el tiempo, a los interminables pasillos de la Gran Biblioteca de Ilia. A una especie de pacto que Ram de Montmorency extendió a un aprendiz de Mago Oscuro: que ella no contaría a nadie cierta cosa si él se abstenía de comunicar otra cosa igual de cierta. En otros momentos hubiera reído quedamente, pero ahora se tuvo que conformar con reír para sus adentros. Ya no tenía problemas con gritar a los siete vientos su rama predilecta de maga y tan solo se abstenía de hacerlo cuando le beneficiaba… pero por alguna razón que no llegaba a entender no quiso incumplir su “parte del trato” y contar al arquero lo mucho que ella detestaba la Magia Arcana. Al menos no hasta que ella lo hizo primero.

¿Oh? ¿No se le ha ocurrido que yo sea esas malas manos, Custodio Virion? – sonrió con el buen humor de un gato que ha encontrado un ratón en la cocina y tenía ganas de jugar un ratito. La seriedad lo había abandonado durante unos instantes para poder poner algo de humor en aquella mesa de taberna. ¡Las tabernas debían ser llenas de vida y de jolgorio! Y, todo sea dicho de paso, en un lugar así destacan mucho más tres ciezos que cualquier otra cosa – Es decir, sólo imagine qué clase de persona soy cuando nuestra queridísima Ram de Montmorency asegura que empleo sin ningún tipo de vergüenza ni remordimiento algo conocido como magia impía – aprovechó para guiñar el ojo descaradamente y sin ningún tipo de sutileza a su compañera maga – ¿Y si con sus acciones consigue que yo pueda llevar a cabo tales “terribles acontecimientos”? ¿No pesaría eso sobre su conciencia? – realmente no sabía qué opinaba el arquero sobre la Magia Arcana, extrañamente no se había posicionado a favor ni en contra. Al parecer lo que le preocupaba, si es que eso se podía llamar preocupación, era el poder del tomo legendario y no tanto el color de su magia. Pero viendo su estrecha relación con la Maga de Ánima, dudaba que este buen hombre tuviera una visión muy positiva de su rama predilecta de taumaturgia.

Aprovechó para observar con atención el comportamiento del Custodio, quién parecía muy ocupado tomando una especie de apuntes. El esfuerzo que el buen hombre ponía en evitar que otros leyeran lo que escribía le parecía, a falta de cualquier otra expresión, enternecedoramente pueril. No es que Sindri tuviera mucha curiosidad por ver lo que otros escriben, especialmente en un lugar donde estaba él y sobre eventos que había presenciado. De haber querido apuntes, los habría tomado él mismo. Aunque, de hecho, sí que tomó mentalmente el apunte que el Custodio Virion sabía escribir y, por ende, leer. Una habilidad muy codiciada, pero estaba más que seguro que no entre el gremio de arqueros, precisamente. Interesante. Muy interesante. Eso sí, si el Hechicero vio o no, si sospechó o notó algún tipo de mensaje secreto entre el arquero y la sirvienta, el mundo no lo sabrá jamás puesto que no hizo ningún ademán que demostrara su conocimiento sobre el hecho. Tal era la falta de exactitud y ambivalencia, que de haber presenciado algún científico esta situación con pleno conocimiento de causa, quizá hubiera podido ser persuadido de poner el nombre del bibliotecario a algún experimento raro de meter gatos en cajas.

Miró en derredor a los comensales en su mesa y, sin pensárselo mucho, se rellenó el vaso de vino con una familiaridad pasmosa y una destreza digna de un usuario asiduo a las tabernas. Una dicha que ocultaba los aciagos pensamientos que se movían en su mente como engranajes oxidados. Tenía algo claro por encima de todo: no podía ahora por ahora depositar su confianza en la maga Ram de Montmorency ni en el Custodio Virion, el Hechicero estaba seguro que sabían mucho más de lo que le estaban haciendo partícipe aquí y ahora. No le importaba que guardaran secretos, es algo normal y Sindri tampoco estaba ahí para denunciar a los enemigos de la verdad y el amor. Mas era bien cierto que un tomo de tal calibre (si de verdad existía) podría ayudarle a extender su poder más allá del espacio exterior. Decisiones, decisiones, decisiones. Estaba ahí en completa desventaja y, lo peor, es que los tres ahí lo sabían. Simplemente no podía permitirse levantarse de ahí y largarse, porque, como bien había apuntado la pirómana en ciernes, dejar que un tomo legendario cayese sobre manos ajenas no era una opción.

Suspiró sonoramente y puso las cartas boca abajo sobre la mesa, era el momento de avanzar un poco más en aquella conversación – Picaré, Ram de Montmorency, como un pobre besugo. Pero, ya que su última respuesta me ha dejado un sabor agridulce de boca, permítame una tercera pregunta in extremis. – su voz tenía un matiz de derrota y de tácita aceptación, como si tuviera que hacer una concesión de algún tipo que no quería hacer. Su cabeza, un poco más gacha que de costumbre. Su ánimo, igual que este vino, aguado – ¿Qué espera encontrar donde quiera que esté el tomo legendario que requiera la asistencia un Mago Arcano? – un lector avispado podrá identificar que esta “nueva” pregunta no era más que una reformulación impersonal de la pregunta sin respuesta. Quizá no necesitaba este Mago Arcano, pero quizá había una razón por la que necesitaba un Mago Arcano – Además, aprovecho para adscribirme a la pregunta del bisoño en las artes mágicas aquí presente: ¿Dónde está este preciado libro que ha podido eludir a los Magos Arcanos de Akaneia? – aunque no lo dijo, Sindri sospechaba que no era el dónde lo que mantenía “a salvo” este libro sino el cómo estaba escondido. La mayoría de Hechiceros del pasado se llevaba a la tumba su conocimiento… literalmente. Y a ninguno le haría especial gracia que algún Hechicero del futuro se lucrase con el trabajo de su vida, por lo que se aseguraban de dejar bien escondido todo su conocimiento y sus más valiosas posesiones.

Y, ya que estamos hablando de Hechiceros, ambas cosas solían ser sólo una.
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