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[Social] Lo que traman las sombras [Priv. Azazel]

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[Social] Lo que traman las sombras [Priv. Azazel]

Mensaje por Kagura el Sáb Sep 01, 2018 2:17 pm

“Reúnase conmigo mañana en la posada principal…”

Aquellas eran las escuetas palabras del príncipe oscuro que habían estado resonando en su cabeza desde el día anterior. Una propuesta inesperada y susurrada en un tono de voz prácticamente inaudible para los espectadores del torneo, quienes desde las gradas creyeron ser solo testigos de un mero apretón de manos entre los dos contrincantes. Había sido un enfrentamiento breve y poco vistoso, en el que el noble procedente de Nohr terminó por coronarse vencedor del encuentro. Pero, aunque el príncipe Leon no fuese más que un joven altivo y distante a los ojos de la multitud crítica del coliseo de Regna Ferox, Kagura era incapaz de albergar rencor hacia su rival. Quizá víctima de un pasajero encaprichamiento, la muchacha hoshidana se veía más bien atraída por el aura orgullosa del mago oscuro de cabello rubio y de mirada afilada. Se trataba de una emoción que experimentaba por primera vez en su vida, y pese a que no sabía explicar bien los motivos, sentía el fuerte anhelo de aprender más cosas de él. De conocerle mejor a pesar de las trabas que dictaba la jerarquía social. Para Kagura, que había crecido aprendiendo a distanciarse de los demás por su condición mestiza, significaba mucho haber captado la atención de aquel chico que aparentaba tener su misma edad, a pesar de pertenecer a la aristocracia. El príncipe había dicho que hablarían solo de negocios, mas la kunoichi pelirroja albergaba en secreto la esperanza de que al menos pudiesen conversar de otras cosas.

En parte agradecía a los dioses el desenlace abrupto de la batalla. Las heridas que ambos habían sufrido durante el enfrentamiento eran tan leves que sanarían pronto y sin dejar cicatrices. Pero lo que de verdad le pesaba a la muchacha hoshidana era el recuerdo de haber insultado el orgullo del noble de Nohr con tal de ayudarle a mantener su imagen ante un público exigente. Suponía que lo apropiado sería pedirle disculpas ni bien lo viese de nuevo, pero no sabía si este estaría dispuesto a perdonarla, o de siquiera a creerla. La inquietud la carcomía por dentro, y por ese motivo, desde la mesa que había ocupado en la Posada Perdida de Regna Ferox, dirigía nerviosas miradas hacia la entrada del local cada vez que escuchaba la puerta abrirse.

Las indicaciones del príncipe no especificaban cuándo pretendía dejarse caer por el lugar, por lo que Kagura había estado esperando su llegada durante casi medio día. Tampoco estaba muy convencida de que aquella fuese la “posada principal” a la que llegó a referirse el joven rubio el día anterior, aunque desde luego fuera la más frecuentada por viajeros oriundos de todas partes.

Vaya, me pregunto si me habré equivocado de sitio… —pensó en voz alta tras suspirar con inquietud. Había decidido tapar su vestido hoshidano con un largo manto de color marrón, por lo que su presencia pasaba más desapercibida que de costumbre.
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Re: [Social] Lo que traman las sombras [Priv. Azazel]

Mensaje por Azazel el Jue Nov 01, 2018 7:22 pm

Las horas después de su combate se habían hecho interminables, y no porque no pudiera soportarlas, sino porque simplemente Azazel no tenía qué hacer en Regna Ferox que no fuera esperar a su barco de regreso. Por supuesto que no se iba a quedar allí, por muy bonita y rara que pudiera ser la nieve y los edificios; no estaba preparado en absoluto para soportar la vida que rondaba dicho coliseo, considerando que al día de permanecer allí ya había aprendido a aborrecer a la población local. Simplemente ya no quería nada en absoluto con aquella arena, pues ¿Tenía una razón para conocer al ganador de todas las batallas? No en absoluto. Para él todo había acabado con su combate, y bien podía olvidarse de cual venía siguiente, de los premios y de la gente sedienta de sangre.

Por eso decidió marcharse a cualquier otro lugar que le diera calor. Si su raza no se lo impedía, y evitaba de alguna forma que le hicieran cualquier pregunta, podría quedarse donde fuera. Primero intento meterse a algunos establos, de los cuales fue ahuyentado inmediatamente con piedras y rastrillos. Intentó también colarse a alguna tienda, pero a los minutos de ingresar, y viendo los dependientes que no se interesaba en ninguna de sus mercancías, era echado de igual manera hacia la calle. Intentó lo mismo en una carnicería como en una herrería, de las cuales lo sacaron con aún más prisa que de las provisiones generales. Bueno, ¿Qué lugar sí sería el mejor? Hartado de llamar la atención y de caminar de un lado para otro, Azazel acabó encontrando un edificio mucho más grande que los otros. "Posada" ... ¿Alojamiento? probablemente debió haber ido allí de un principio, aunque el manakete tenía sus propios impedimentos: odiaba dormir sintiéndose inseguro. Y conociendo a los habitantes de Regna Ferox, no importaba donde quisiera dormir, pues probablemente no podría hacerlo. Eso no significaba, eso sí, que no estuviera helado hasta dentro de sus huesos. Tenía que entrar, incluso si debía recurrir a esconderse, debía hacerlo.

Una vez allí, abrigado por el calor del fuego, se arrinconó rápidamente en la oscuridad, temiendo que lo ahuyentaran apenas fuera visto. Pero entonces nadie reaccionó, no el dueño ni quienes estaba allí, excepto por un par de ojos, los cuales no alcanzó a enfrentar. Azazel miró inmediatamente en esa dirección, notando a una figura cubierta, de la cual podía adivinar al menos un par de mechones rojos. Ah... ¿De quién había llamado la atención ahora? Quizás, por una vez, había alguien que se interesaba por su presencia. Azazel caminó en dicha dirección, simulando que observaba el interior del lugar. El techo era muy alto y estaba adornado con un hermoso candelabro, todo iluminado. En las paredes cabían decenas de estanterías, cada una repleta de aún más botellas, las cuales no podía descifrar si estaban vacías o llenas. En las paredes habían trofeos de caza: cornamentas, cráneos colmilludos, y algo que parecía una cabeza enorme de un roedor, por sus dientes incisivos. Azazel sintió un breve escalofrío, prefiriendo cambiar la vista hacia la persona a la que estaba rondando. Logró adivinar un rostro femenino, el cual ganó su interés. Levantó ambas orejas, caminando hasta estar por enfrente de ella.

Entonces se acercó, agachándose hasta quedar debajo de su rostro, y mirándola hacia arriba. Captando así toda su atención, o al menos creyendo que lo hacía, se acercó algo más hacia ella y le habló con una voz no mal intencionada, pero si misteriosa en sus motivos.

 - ¿Qué pasa? ¿Acaso no ha venido tu príncipe a buscarte? -Bromeó, sin tener ni la menor idea de por qué podría estar allí en verdad. Usualmente el manakete no solía conocer de cuentos populares como para referirse a historias de príncipes y doncellas, pero en el barco que lo había traído ya se había hartado de esas historias. Azazel sonrió cómodamente una vez supo que lo escuchaba.- Te voy a acompañar. -aquello, por supuesto, no era una pregunta. El dragón parecía determinado a interponerse en su camino, incluso si ni siquiera había tomado asiento aún. Simplemente, tras ser rechazado de cada cosa en aquel maldito continente, hallar a aquella chica le había hecho ganar una gran curiosidad.- ¿Cómo es tu nombre?
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Re: [Social] Lo que traman las sombras [Priv. Azazel]

Mensaje por Kagura el Dom Ene 13, 2019 9:26 pm

La arquitectura y la decoración feroxí era tan diferente de la de Hoshido, que habría bastado para hacerla sentir incómoda si no hubiese estado familiarizada con ella de antemano. Kagura, como una de las miembros más jóvenes de un extinto clan de ninjas, conocía mucho acerca de las costumbres extranjeras gracias a los innumerables viajes que había tenido que llevar a cabo durante su adiestramiento. Antaño, cuando la familia real hoshidana no estaba desaparecida, y las autoridades se servían de los shinobi para conseguir información sobre el estado de los demás reinos, Kagura había tenido la oportunidad de visitar Elibe, Magvel e incluso Tellius. Viajes bastante largos que podían durar meses, pero que cuyos propósitos eran incuestionables. En una era donde se sabía que coexistían civilizaciones tan distintas al mismo tiempo, establecer relaciones diplomáticas y trazar estrategias bélicas contra la amenaza emergida eran objetivos prioritarios para la realeza hoshidana. Pero tantos años de dedicación y trabajo habían resultado ser al final totalmente infructíferos, y Kagura no podía evitar sentirse frustrada cada vez que pensaba en los muchos errores que terminaron por propiciar la caída de Hoshido. Sin clan al que dedicarse en cuerpo y alma, sentía que su vida carecía de propósito. Su día a día se había convertido prácticamente en una lucha por la supervivencia, aunque no todo era tan malo. Presumía de tener al fin tanta libertad que ya no sabía qué hacer con ella. Hasta podía permitirse un viaje desde el sur del continente hasta el norte con el único objetivo de participar en un torneo que ni siquiera le interesaba, o esperar pacientemente en una posada lejana a que un príncipe de Nohr apareciese por la puerta de un momento a otro.

“¡Pero no hay ni rastro del príncipe Leon por ningún sitio!”, se quejó en silencio. Desde su mesa, zapateaba con nerviosismo el suelo de madera. Sentía una mezcla de aburrimiento e impaciencia difícil de describir, y apoyaba su rostro sobre una mano mientras dirigía miradas fugaces hacia la puerta. A pesar de la tenue iluminación del tugurio, sus grandes ojos azules le permitían ver un poquito mejor en la oscuridad que el resto de los clientes ebrios que brindaban en mesas lejanas.

Fue entonces cuando oyó el portón de entrada abrirse, y no pudo evitar voltearse con brusquedad con la intención de encontrar en el umbral al joven rubio y de expresión serena. Pero lo que encontró en su lugar le resultó… decepcionante. No porque sintiese desagrado hacia aquel que acababa de adentrarse en la posada, sino debido a que no lo conocía de nada. Estaba deseando reunirse por fin con el príncipe para abandonar ese lugar incómodo lo antes posible, y que fuese aquel hombre descalzo y con apariencia desaliñada el que entrase en su lugar, significaba que tendría que seguir esperando. Con expresión alicaída, volvió a dirigir su atención a las vetas de la madera de su mesa. Quizá si se ponía a contarlas con diligencia lograría entretenerse un poco. Estaba tan distraída en la ardua labor de no hacer nada, que no pudo evitar pegar un brinco al descubrir que el recién llegado se había acercado hasta ella, y que ahora le estaba hablando. La primera pregunta fue corta y concisa, pero suficiente como para que Kagura se pusiese tensa y alerta.

¿Cómo lo sabes? —le preguntó con un susurro, dispuesta a hacer aparecer una de sus dagas si llegaba a sentirse amenazada. El príncipe había tenido especial cuidado en no revelar en voz alta lo de aquella reunión, así que se tomó el comentario desenfadado de su interlocutor como un intento pobre de intimidarla—. ¿Acaso eres un asesino o un espía?

Pero el hombre manifestó su propósito de hacerle compañía y sin preguntar de antemano si le parecía bien. Solo entonces la muchacha de cabello pelirrojo reparó en las orejas puntiagudas del desconocido, y empezó a sentir cierta curiosidad por su identidad. Aún tensa, puso los ojos en blanco en el momento en el que le preguntaron por su nombre. ¿Acaso la gente en Regna Ferox no tenía modales? ¿Qué era eso de preguntar sin presentarse primero?

No tengo por qué decírtelo, abuelo —respondió con tono de voz insolente, y sin sospechar que se encontraba delante de un dragón capaz de percibir que ella no era del todo humana. Era una marcada, producto de la unión entre un laguz gato y lo que en Tellius denominaban beorc, y su existencia era rechazada tanto por humanos como por hombres-bestia.
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Re: [Social] Lo que traman las sombras [Priv. Azazel]

Mensaje por Azazel el Lun Feb 25, 2019 4:44 pm

Azazel levantó ambas orejas y abrió sus ojos, sorprendido. Lo había tomado legítimamente por sorpresa.- ¿Que yo qué? No vengo a matar a nadie. ¿Acaso hay un príncipe de verdad aquí?-dijo esto con tanta naturalidad que un par de ojos miedosos le miraron. Tenía pinta de poder hacerlo, por lo que no le convenía insinuar sus capacidades asesinas si no quería ser echado de nuevo. Pero ignorante del peligro que podía correr entonces, el manakete siguió allí presente frente a la desconocida, con una media sonrisa que demostraba lo perdido que estaba entonces.- ¿¡Abuelo!? -frunció el ceño, acercando su rostro más a ella, aunque aún profundamente confundido y sin verdaderos ánimos de causar ningún problema.- ¿Acaso eres TAN menor? -faltaba decir que Azazel no era quién para diferenciar la edad de los humanos. Le era una tarea brutal, por lo que su pregunta era muy sincera.

Fue entonces, habiéndose acercado, que alcanzó a percibir un aroma en particular en la chica. Le recordó a Senay, a la multitud de prisioneros que allí había. No quería desacreditarla, ella no olía tan mal ni tenía los ojos exhaustos y sin vida de esos criminales, pero sin duda significaba que no era “normal” como la mayor parte de la fauna de Regna Ferox. Puesto que la isla lejana poseía una conglomeración de razas increíble, y por lo mismo no era extraño para él identificar a una gran variedad de criaturas.- Uhuhuh… creo que he pillado a alguien diferente. -pero no sabía en verdad cómo.

El manakete tenía poco conocimiento de los híbridos, y por lo tanto no sabía de la discriminación que podían llegar a sufrir ni que quisiera ocultarlo. Tampoco sabía qué clase de mezcla era, tan solo pudiendo identificar que no era pura. Lo cierto era que poco importaba. Sacudiendo su cabeza, el dragón se decidió por sentarse por fin a su lado, poniendo ambas manos abiertas sobre la mesa de madera. Después apoyó su mentón en la misma, mirando a la chica con sus bien abiertos y anaranjados ojos.

-Pues sí, soy mayor que tú, seguro. -dijo con voz desanimada, como cediéndole ese punto, si es que aquello tenía sentido. Obviaba que en verdad no conocía ni su propia edad.- Pero sí tienes por qué decirme, ¿O sino, cómo te voy a conocer? -abrió su boca de lado a lado, revelando su baraja de colmillos de forma contenta.- A ver si adivino. Tú también viniste por eso del coliseo. Todos vinieron por eso. -empezó a decir, bajando sus orejas y mirando hacia otro lado. De pronto parecía sinceramente sentido por sus propias palabras, aunque no pasó mucho para que su semblante cambiara.- Pues yo perdí. ¿No parece que acabo de pelear? -sacó una mano de la mesa y se la pasó por el cabello, ahora recostando la cabeza de medio lado, como si la madera fuera una cama. Parecía que estuviera rogándole a la chica que huyera y se alejara de él, pero simplemente no tenía tacto y le importaba poco o nada si la llegaba a incomodar. Por su parte, estaba disfrutando cómodamente el calor y el espacio que le brindaba la posada, cual animalito abandonado que encuentra por fin un refugio.

-Azazel, el manakete de Senay… -comenzó a desvariar a gusto.- ...vencido por un corte en la lengua. -sacó esta última y la mostró, señalando con una de sus garras negras la cicatriz que le había quedado. El felino que lo había derrotado no había tenido piedad con sus papilas gustativas, pero estaba seguro de que aún podía saborear algo. Aunque fuera su lengua, seguía siendo una parte muy resistente de su cuerpo, y por lo tanto no podía tener secuelas tan graves por tan poco.
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