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Mensaje por Sissi el Jue Ago 30, 2018 3:36 pm

Sissi había tenido prioridad en establecer una fuerte relación con el Príncipe Chrom y hasta que no había estado contenta con los términos de la alianza, reconocía que no había prestado la atención que merecía al miembro más joven de la realeza de Ylisse: la Princesa Lissa, invitada junto a su hermano mayor en Sindhu. Por supuesto, la había saludado las veces en las que habían coincidido para desayunar, o en las cenas y festividades a las que ambas habían asistido, pero hasta el momento no habían tenido ninguna conversación extensa y personal con ella. Puesto que la reina entendía que la diplomacia debía hacerse no solo con aquel en el poder, sino con aquellos de su confianza, que eran aquellos que mejor podrían describir a un líder más allá de lo que ella podría llegar a ver, había decidido concertar una reunión con la joven alrededor de un interés que ambas tendrían en común: la diosa Naga. El interés que tenía de hablar con Lissa no solo era, pues, político, sino también religioso y personal. ¿Cómo vivían la experiencia de la religión a la sagrada figura de la diosa manakete en Ylisse? Nadie sabría mejor que una sacerdotisa cómo contestar sus preguntas. Por otro lado, su razón personal era que quería que la princesa se llevara una buena experiencia de Sindhu y que regresara a casa contenta de su largo y exótico viaje.

Así, la había invitado a acompañarla en una peregrinación al Pico de Naga, aquel que era considerado el lugar más sagrado de su país. Era un volcán dormido situado en la Isla de las Perlas, y la meta era subir sus 5.500 escalones durante la noche para poder llegar a la cima y ver el amanecer. Sissi lo había hecho ya varias de veces, aunque reconocía que alguna vez había hecho trampas y había volado hacia el templo que estaba en lo alto. Ya había dado aviso de que las esperasen a la mañana siguiente, pues la subida era dura, a veces con escalones tan empinados como un muro, y al llegar agradecerían mantas para el frío del rocía y una bebida agradable para recuperar las fuerzas. No podía esperar a mostrarle a Lissa la salida del sol sobre el mar, cómo iluminaba la costa rocosa de Sindhu e incitaba los cantos de las aves al despertar, o cómo reflejaba el azul turquesa de las aguas, que se volvían tan transparentes que los joyeros no tenían problemas en divisar ostras con perlas desde la orilla. A esa hora de la noche era imposible discernir nada del paisaje, pero llegado el amanecer era el espectáculo más bello que Sissi hubiera visto nunca, y quería compartirlo con la princesa de Ylisse.

Puesto que la subida sería dura, la monarca había optado por un atuendo apropiado: unos pantalones largos y anchos, unas sandalias con punta triangular de tela, una túnica larga hasta por debajo de las rodillas, y un lienzo de tela que llevaba alrededor de los hombros para protegerla del frío. El color de sus ropas era un marrón claro, parecido al de café con leche, y apenas tenía decoraciones y bordados con hilos de oro y plata, no distinto al que podían llevar muchas otras personas en Sindhu: mujeres y hombres por igual. La mayoría de peregrinos en la Isla de las Perlas irían así vestidos, por lo que Sissi había enviado un conjunto parecido al suyo pero con otros colores a la Princesa Lissa. Esperaba que el regalo fuera suficiente disculpa, pues sabía que despertarse a esas horas de la noche, apenas sin haber dormido, para subir una montaña no era plato de buen gusto para todos. Sissi había quedado con la princesa de Ylisse en el puerto de la Universidad, único lugar desde donde salían barcos de uso público a la Isla de las Perlas. La recibió con una sonrisa. – Buenas noches, Princesa Lissa, espero que esté preparada para nuestra aventura.

Junto con ellas iban muchos otros peregrinos cuya misión era ver el amanecer también: familias con niños pequeños, laguz de toda clase y condición, abuelitas que parecían de cristal pero con más vigor que los jóvenes, extranjeros, sacerdotes, todo el mundo era bienvenido a realizar el peregrinaje. También se habían unido varios guardias de la reina para vigilar que nada sucediera y guardar la seguridad tanto de la princesa como la de Sissi. Por suerte, el viaje desde la Ciudad Universitaria a la Isla no fue largo y la gente respetó el espacio de la monarca, pues en esos momentos ella era un feligrés más que deseaba rendir homenaje a Naga. Al llegar al puerto diminuto de la isla, desde donde subían unas escaleras de piedra que se perdían entre la salvaje vegetación tropical, los que no cargaban con nada en las manos encendieron antorchas para iluminar el camino. Al menos había una fuente de luz cada tres personas. Sissi se giró hacia Lissa. – Querida, mejor es que vaya sin nada en las manos, en caso de que necesite usar las barandas que, aunque no son muchas, a veces se hacen muy útiles. No se preocupe, no es una subida tan horrible como parece. Naga bendice a los peregrinos y les ayuda a llegar a ella. – Le sonrió.- Solo hay que tener fe y un poco de agua a mano.

Ropa de Sissi:
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [2]
DragonStone Plus [4]
Lágrima de Naga
Tónico de def [1]
Escrito Mítico
.

Support :
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Especialización :
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Experiencia :
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Gold :
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