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[Social] Gold runs in our blood. [Priv. Chrom, ft. Kuroyuki.]

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[Social] Gold runs in our blood. [Priv. Chrom, ft. Kuroyuki.]

Mensaje por Sissi el Jue Ago 30, 2018 3:33 pm

Sissi había hecho enviar a los aposentos del príncipe Chrom y la princesa Lissa una invitación formal para la festividad de aquella noche. Junto al papel, que había sido entregado por varios pajes y doncellas, había incluido una serie de trajes típicos de Sindhu para que ambos miembros de la realeza de Ylisse pudieran decidir qué ponerse. La Reina había podido comprobar el atuendo de Chrom, y realmente pensaba que podría tener un golpe de calor si no se acomodaba a la moda de su país. Aún no había visto a la princesa, pero supuso que a Lissa también le gustaría poder decidir qué saree llevar esa noche. Los sirvientes, algunos de ellos sastres, se harían cargo de que la ropa fuera ajustada a su medida y a sus gustos. La misma Sissi había decidido los atuendos de entre la colección del Sastre Real que había viajado con ella desde la capital, por lo que esperaba que fueran de su gusto al menos uno de ello. Precavida, había enviado al menos ocho conjuntos con horas de antelación para que pudiera decidir sin prisa.

No había podido concentrarse demasiado después de su fortuito encuentro con el príncipe en la Biblioteca, así que se había marchado de allí con los libros que le interesaban, que incluían al menos cinco tomos más, y había ido a arreglarse y ultimar los preparativos del festival. Sus criadas, en especial Kuroyuki, la habían adecentado mientras daba unas últimas órdenes sobre la comida que debía ser servida y la música que la orquesta tocaría. Había indicado explícitamente que deseaba que Chrom se sentara a su derecha, un puesto de honor para su excelentísimo invitado. Lissa había indicado que debía colocarse entre los respetados miembros de la Universidad, en caso de que quisiera compartir sus experiencias como clériga con compañeros de profesión. Además, Sissi prefería poder hablar tranquilamente con el príncipe, pues tenían mucho que discutir sobre el futuro devenir de sus reinos y la posible alianza entre ambos.

Mientras la manakete sagrada meditaba sobre el asunto, sus sirvientas la acicalaron en su bañera privada que, siendo un cuadrado escalonado en el suelo, era perfecta para que Sissi se recostase y dejara obrar a Kuroyuki y el resto del servicio. No era tan grande como la que tenía en el Palacio, pero el agua tenía pétalos de rosas, lotos flotando y esencia de jazmín, que unido a los variados aceites y jabones que usaron para limpiar su piel y su cabello, le dejaron un agradable aroma floral y especiado, además de un brillo dorado y lustroso. Después de secarle el cuerpo con lienzos blancos de lino, la vistieron en un saree rojo y dorado, con un choli ajustado y una falda larga cuya tela sobrante se enrollaba alrededor de su pecho y descansaba sobre sus hombros. Recostada en un diván, algunas criadas comenzaron a pintarle las manos y brazos con henna, otras las plantas del pie de color rojo y un sol con el mismo tinte en el empeine. Su rostro, que casi siempre estaba despejado de maquillaje, fue adorado también con el clásico punto rojo en la frente, a los que seguían lunares más pequeños de color bermellón y blanco por encima de las cejas hasta la sien.

El viento entraba por el balcón de los aposentos reales en la Universidad, y con él una miríada de sonidos y de olores. Los músicos comenzaban a practicar y a entretener a las personas que habían llegado antes a ayudar, y los cocineros que habían estado durante todo el día preparando los platos a disfrutar por todos empezaban a colocarlo todo para los huéspedes. Sería una fiesta privada en la Universidad de Sindhu, pero aun así acudirían toda clase de personas: intelectuales de la Universidad, maestros joyeros del Valle Diamante que estaban de viaje, estudiantes aventajados, comerciantes distinguidos por su colaboración al país, dignatarios y embajadores de otros países y que se hospedaban allí, y todo aquel que tenía un lugar en los dos consejos que gobernaban Sindhu y que tenían la suerte de estar en la Ciudad Universitaria. Y, por supuesto, una gran cantidad de personas cuya misión era deleitar y entretener. La música sonaría toda la noche y los bailarines harían su mejores pasos para el gusto de los asistentes. Con tan agradable ambiente, Sissi se quedó en un estado ligero de sopor cuando le estaban secando el cabello con humo de incienso, y solo despertó del todo cuando le avisaron de que ya habían finalizado y que ya estaba lista. La cena empezaría pronto.

Así, Sissi se incorporó de su cómodo lugar de descanso y repasó su imagen en un espejo que le habían traído. Tenía todo el pelo recogido en un moño alto, donde habían atado con joyas un velo traslúcido rojo con decoraciones de flores doradas que iban a juego con sus brazaletes, collares y pendientes de oro. En la parte alta de su frente descansaba una joya redonda que se unía por hilos de bolitas doradas a la parte trasera del moño. Y en lo alto, tenía una corona blanca con detalles en rojo que podía asemejar a los pétalos de un loto. Realmente Kuroyuki y sus criadas habían hecho un excelente trabajo en darle una apariencia monárquica y elegante. – Muchas gracias. – Agradeció de forma sincera y amable, pero la que ultimó su atuendo fue ella misma al colocarse un gran aro de oro en el lado izquierdo de la nariz. Casi nunca usaba el agujero que tenía hecho desde niña ahí, sino que prefería dejarlo para ocasiones especiales como aquella.

Sintiendo que ya estaba lista, descendió con un pequeño comité de pajes, damas y sirvientas, entre las que no podía faltar Kuroyuki, a la celebración que ya gozaba de mucha animación. La mayoría de los invitados ya estaban allí hablando entre ellos o colocados en su respectivo asiento asignado a la espera de poder iniciar el banquete. La Reina fue anunciada como dictaba el protocolo y a su paso recibió reverencias y bendiciones. A su vez, Sissi les dedicó a todos un cortés asentimiento de cabeza y palabras y gestos amables. Al divisar al Príncipe Chrom entre los asistentes fue hacia él. – Príncipe Chrom, me alegra verle de nuevo. - Juntó las palmas de las manos e inclinó el cuerpo hacia delante en la típica reverencia sindhi. Después, tocó los pies contrarios en señal de respeto. Una vez se hubo incorporado le dedicó una sonrisa amable. – Por favor, acompáñeme. Nuestro lugar es en el centro de la tarima, es el mejor lugar para ver a los bailarines.  

Caminó directa a el estrado colocado en el extremo norte del patio de celebraciones. El centro estaba libre para los bailarines  y las mesas se habían colocado de forma de U invertida. Ante la acción de la regente, los comensales comenzaron a hacer lo propio y tomaron asiento. El banquete estaba listo, la mayoría compuesto de platos para compartir. Había frutas de todos los colores y tamaños, todas típicas de la selva, platillos de verduras y carne que desprendían olores aromáticos y picantes, salsas de colores brillantes, panes finos y bebidas que variaban desde el vino a otras más típicas de la región. Y, como dictaba la costumbre, no había cubiertos salvo los que se empleaban para servir la comida en los cuencos y platos individuales. Tras unas palabras de bienvenida la reina, se dio comienzo al banquete. – Espero que todo sea de su gusto, sino Kuroyuki puede ir a buscarle algún plato que le apetezca más. ¿Qué desea beber? –. le preguntó como buena anfitriona.

Ropa de Sissi:
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [3]
DragonStone Plus [4]
Daga de bronce [1]
Lágrima de Naga
.
.

Support :
Sera
Chrom

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2311


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Re: [Social] Gold runs in our blood. [Priv. Chrom, ft. Kuroyuki.]

Mensaje por Chrom el Lun Dic 03, 2018 12:36 pm

Nunca hubiera imaginado cuán transitada podía ser una biblioteca con acceso libre a todos cuantos desearan impregnarse de nuevos conocimientos. Sin lugar a dudas, el cimiento fundamental de la ciudad en la que se encontraban no era otro sino la búsqueda del saber. Se lo había dejado bien claro ya no solo el número importante de estudiantes que había observado en su paseo en el interior de los muros del imponente edificio, sorpresa incluida, sino también quienes situaban la entrada como punto de encuentro, los que ofrecían direcciones partiendo desde su emplazamiento o, incluso, si se trataba de donde la propia reina del país decidía disfrutar de una velada de lectura en lugar de solicitar que le fueran llevados los ejemplares deseados hasta sus aposentos. El mayor o menor respeto de la población hacia una institución puede ser utilizado como un reflejo de la misma, y tener de la mano a sabios con altos conocimientos de una infinidad de materias no podía ser sino beneficioso.

Meditando las mil y una puertas que el conocimiento en tantísimas materias podría llegar a abrir, no tardó demasiado en regresar hasta sus aposentos. Lanzó una rápida mirada a través de la gran ventana por la que entraban ya los últimos rayos del sol, reflejando su color dorado sobre los adornos metálicos de la habitación. Le había llamado la atención las privilegiadas vistas de la ciudad, pero había gastado demasiado tiempo reconociendo las calles y los edificios más importantes de la ciudad valentiana.

Solicitó al personal que le preparasen un baño de agua caliente antes de que Lissa lo hiciera. Solía tardar bastante más en asearse, así que prefería contar con el primer turno para asegurarse de estar arreglado para la ocasión y no llegar tarde. ¡Qué ejemplo daría sobre la realeza de Ylisse si no fuera todo lo diligente que debía ser en ocasiones semejantes! Si bien no esperaba que fuera demasiado diferente a lo que estaba acostumbrado, se equivocaba. No solamente la estancia contaba con muebles y enseres diferentes, sino el ambiente, la amalgama de perfumes, fragancias, sales y productos para el cuidado del cuerpo no tenían comparación. A pesar de no sentirse cómodo con aromas tan fuertes, el resultado final le sorprendió. Podría llevar unos cuantos de los productos como recuerdo para su hermana y para Lucina.

Sobre su cama descansaban una serie de prendas que suponía local. De un color azul oscuro y detalles dorados, parecían captar bastante bien la esencia de su persona. Pequeños detalles como aquel insinuaban el esfuerzo que la reina estaba realizando para que estuvieran cómodos, para que se sintieran bienvenidos, siendo este el primer paso para un buen y posible acuerdo entre ambas naciones. Sin mayor dilación, vistió la túnica y los pantalones a juego. El tejido, mucho más transpirable que la ropa con la que había llegado al reino, era extremadamente cómodo, fino, pero muy elaborado y con un sinfín de pequeños detalles que le hacían pensar que el ornamento era de una gran importancia en el día a día de aquel lugar. Y, como consecuencia, unos sastres se encargaron de ultimar los detalles y terminar de ajustar la lustrosa prenda a su portador.

Suspiró ligeramente. Le recordaba a las ocasiones en las que debía usar atuendos nobles, dispuestos para ciertas ocasiones en la que no debía actuar tanto como un guerrero, sino como el príncipe que era. Suspiró de nuevo, levantando ambos brazos y realizando movimientos arriba y abajo. Por lo menos las costuras parecían aguantar bien sin romperse. Por mucho que no se encontrase del todo cómodo, no podía ofender a la soberana apareciendo con sus prendas ylissenses. Por lo menos estaba seguro de que a Lissa le iba a gustar la idea.

Llegada la hora, ambos fueron dirigidos hasta el lugar que debían ocupar en la cena. Apenas unos minutos después, el anuncio de la llegada de la reina inundó la estancia. Sonrió para sus adentros, realizando una cordial reverencia ante su llegada –El gusto también es mío, reina Sissi –Su primera reacción habría sido solicitarle la mano para saludarla como a una dama, pero la reverencia de la monarca lo dejó completamente fuera de lugar –Por supuesto, por favor –Con un gesto de cabeza más cotidiano para él, le pidió que diera los primeros pasos, manteniéndose siempre unos centímetros por detrás en señal de respeto. Era su hogar, la anfitriona, y desconocía la mayoría de las costumbres de un nuevo país y continente. Cuanto menos malentendidos pudiera causar, mejor estaría desempañando su tarea.

Se sentó a su derecha, disfrutando de su posición privilegiada tanto en la mesa como para contemplar los bailes y danzas que acompañaban la velada –Todo está siendo una agradable novedad tanto para mi hermana como para mí mismo, así que os lo agradezco en primer lugar, todo el esfuerzo que estáis haciendo. Mi hermana Emmeryn también disfrutaría mucho estando aquí con vos, pero como comprenderéis no cuenta con tantas facilidades –tomó su vaso vacío, pensando –En realidad cualquier bebida local estará bien, me gustaría probar algo nuevo, así que acepto recomendaciones –La rigidez de la nobleza de Akaneia era completamente opuesta a la jovial reunión a la que asistían. Las costumbres, los valores, los signos… en general toda la cultura era como la cara opuesta a la de su continente –Oh, y gracias también por las vestimentas, habríamos llamado demasiado la atención de lo contrario –le sonrió amablemente a la reina.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Ylisse

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Elixir [1]
Espada de madera [1]
.

Support :
Sissi

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1467


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