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Mensaje por Invitado el Vie Ago 24, 2018 8:34 am

-Así que esto es Regna Ferox, ¿eh?-

Y ahí estaba, en frente de la entrada a la gran muralla del reino de Regna Ferox, el más grande en cuanto a terreno en todo el continente. A pesar de que había empezado a viajar por mi cuenta desde hace unos dos años, apenas había salido de Ylisse. Pero últimamente las ganas de explorar nuevos lugares, vivir nuevas experiencias, encontrar nuevos rivales con los que mejorar mi habilidad con la espada, entre otras cosas, me animaban a salir de lo conocido. Y las noticias sobre el gran torneo anual que organizarían los feroxíes ya se habían expandido por todo Akaneia, y me atrevería a decir que incluso por todos los demás continentes. Ese era mi principal motivo para venir aquí: Ver a los talentosos guerreros que pelearían por intentar alcanzar la victoria. Me hubiera gustado apuntarme en él, pero aún no me sentía capacitado para algo así. No aguantaría ni en la primera ronda, estaba seguro de eso.

-Es incluso más impresionante de lo que me esperaba...- Ciertamente, nunca me hubiera imaginado una muralla de tal tamaño. Y un factor aún más impresionante es que, además de sus grandes dimensiones en cuanto a altura, ocupaban toda la frontera de Regna Ferox. -Está claro que se han tomado su tiempo para asegurarse de tener unas buenas defensas-. Era difícil de creer que habían caído ante el ataque de los Emergidos, teniendo una muralla de tal tamaño que pudiera servirles para protegerles. Pero supongo que una guerra no se gana solo con protecciones.

No tardé en bajar de nuevo mi mirada, la cual estaba clavada en los impresionantes muros, para pasar por las grandes y destacábles puertas, las cuales se encontraban abiertas. Mi destino era la ciudad donde se encontraba la famosa arena feroxí donde daría lugar el torneo, así que supuse que lo mejor sería ponerse en marcha si quería llegar a tiempo para no perderme ningún combate.

En cuanto llegué a la ciudad, empecé a mirar detalladamente las calles, las cuales tenían alguna que otra decoración festiva. El ambiente era bastante animado, tal cual como esperaba. Pero más me valía empezar a orientarme bien, ya que perderse aquí, en un lugar completamente desconocido no sería algo demasiado beneficioso. Me dediqué alrededor de una hora a pasear por las calles, tratando de memorizar un poco las calles principales y más importantes para poder tener un punto a donde ir en caso de perderme, hasta que frené en seco mis pasos. Un cartel con indicaciones sobre hacia donde había que ir para llegar hasta la arena captó toda mi atención. Mantuve mi vista un par de segundos en el cartel, para luego dirigirla hacia la dirección de la arena, esbozando una pequeña sonrisa. -Creo que ya va siendo hora de ir. No quiero perderme los combates más interesantes-. Y empecé a seguir las direcciones indicadas.

No me tomó más de cinco minutos llegar hasta allí, aunque me pareció extraño llegar tan rápido, teniendo en cuenta que el ritmo era un poco lento por la gran cantidad de personas que había. Seguramente había empezado a ir a un ritmo bastante rápido sin darme cuenta, tratando de compensar la lentitud y la falta de movilidad que me daba la multitud. Por suerte, llegué a tiempo para poder entrar en la arena y ver algunos combates, pero me llevé la sorpresa de que ya me había perdido las rondas preliminares. Pero tampoco es algo que me quitase la emoción, sino todo lo contrario. Eso significaba que los que habían aguantado hasta ahora debían de ser de los mejores que habían decidido participar, por lo que podría aprender más cosas de ellos.

Eran bastante variados los estilos de combate que usaban cada competidor. Desde impresionantes magos dando uso a sus grandes dones mágicos, o destacados caballeros con una gran habilidad con la espada, inlcuso arqueros con una puntería y velocidad bastante impresionantes, y por supuesto, no podían faltar...¿Dragones? Era consciente de que existían algunas razas con aspecto humano que podían transformarse en diferentes animales o criaturas mitológicas, pero nunca me hubiese imaginado ver a uno de tal tamaño. Seguramente había más de ellos, pero al llegar un poco tarde no pude verlos. Otros de los combatientes que me llamaron la atención fueron un miembro de la realeza de Nohr, el cual tenía un gran control sobre el uso de su espada y tenía un arma bastante...diferente, el cual ganó contra un zorro de varias colas. Estaba claro que este torneo no estaba hecho para cualquier persona normal y corriente... Acto seguido, también apareció otro caballero usando la espada, pero estaba claro que no era una espada cualquiera... Era como si, además de combatir con su espada, también usara algún tipo de magia, y bastante poderosa. Su enfrentamiento entre él y un mago terminó con la victoria del caballero, aunque después de usar un ataque tan potente, me sorprendía que el mago no parecía tener ninguna herida grave ni sangre.

-Creo que me iré a comer algo. Espero no perderme ningún encuentro importante mientras tanto...-. No había comido nada en todo el día, y aunque me gustaría quedarme todo el día ahí sentado, analizando todos los enfrentamientos, tampoco quería morirme de hambre. Me levanté y salí de la arena, y una vez fuera, empecé a mirar en todas direcciones, tratando de buscar un local donde poder comer a buen precio, ya que andaba un poco justo de dinero. Anduve durante más de media hora por las calles, y ahora me encontraba en unos puestos de comida que se encontraban no muy lejos de la arena, seguramente para aprovechar y vender a todos los turistas que habían venido a ver el torneo.

-Cuanta comida... ¡No se ni que elegir!-. Yo siempre disfrutaba de una buena comida bien hecha, de la cual hacia bastante tiempo no probaba, ya que últimamente solo me alimentaba de algunos animales que cazaba en el bosque y de algunas otras comidas variadas que me daban como recompensa en algunos pueblos por mi trabajo. Pero estaba claro que no se podía comparar con lo que tenía enfrente de mis ojos... Me daban ganas de comerme uno de aquellos pasteles que se encontraban expuestos en uno de los puestos de comida, pero me costaba decidirme por uno... Pero algo me sacó de mis pensamientos sobre mi comida y me puso completamente alerta.

-¡¡AAAAAHHH!!-

-¡Coged al ladrón! ¡Qué no escape!-

Se trataba del grito de terror de una mujer y la voz de un hombre hablando sobre un ladrón. Me giré hacia mi derecha rápidamente para ver como una mujer se quedaba completamente inmóvil, mientras que el hombre que había parecido dar el grito de alarma se encontraba un par de pasos por delante de la chica, tratando de moverse entre la multitud para atrapar al supuesto ladrón, mientras que más adelante podía ver como las personas soltaban algún grito mientras que una figura que se desvaneció rápidamente entre la multitud corría rápidamente en la dirección opuesta hacia donde estaban el hombre y la mujer.

Casi por acto reflejo, mis piernas se movieron solas y empecé a correr esquivando los grupos de gente, aunque era inevitable algún que otro choque. Alguien tenía que atrapar a ese ladrón, y pensaba que si conseguía ir a la velocidad adecuada, tendría la oportunidad de darle caza, igual que ya había hecho anteriormente con algún animal en el bosque.
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Mensaje por Eugeo el Mar Ago 28, 2018 12:52 pm

La actuación en el enfrentamiento de la arena y el empleo de su espada mágica en un combate real lo llevaron directamente a la enfermería una vez labró su victoria. - Nunca pensé que hubiera quemaduras provocadas por frío extremo, ¿Qué te parece? - Comentó una de las curanderas, sorprendida de la naturaleza de sus heridas. Altea no era una una región precisamente fría, unos síntomas similares sólo podrían conseguirse en los inviernos más crudos de Regna Ferox. Sin embargo, para el nacido en las tierras gélidas del norte de Jugdral, era algo lamentablemente común. Los viajeros que se perdían o los sin techo presentaban estas heridas con frecuencia, la mayoría de las veces era demasiado tarde para los desdichados cuando se les trataba. - Me parece una imprudencia como poco. Tienes suerte de que no hayas perdido ningún dedo, tienes los brazos hechos un desastre. - Eugeo sostenía con dolores muy molestos sus dos brazos muy cerca de una lumbre mientras las dos mujeres empleaban su magia curativa. El entumecimiento y las manchas oscuras de su piel desaparecían paulatinamente para el alivio del caballero alteano. Poco a poco estaba recuperando la sensibilidad y movimiento en sus articulaciones, aunque era tremendamente doloroso para él hacer flexión alguna.

El sermón de las clérigas proseguía. - Y todo por utilizar esa espada ¿Verdad? ¿Estás loco? Nadie sabe cual es el límite de lo que puede hacer. - Eugeo no podía hacer nada más que asentir a la reprimenda, pues tenían razón en todo lo que decían. - Por eso yo estaba intentando conocerlo. La espada es mía y por tanto soy el responsable de inten- - Respondió por primera vez, mostrando una sonrisa que denotaba arrepentimiento y honestidad. Pero no dejaron que terminara de explicarse - ¡Idiota! - Gritó la otra, alzando la mano para propinar una amenazadora colleja que se frenó en el ultimo momento. - tarlo... Lo siento, lo siento. - Exhaló una risa nerviosa como resultado de no saber qué mas decir o hacer para redimirse. - Haha - ¡Ouch! ¡Ay! - Las mujeres habían terminado de darle la sesión curativa una vez vieron que la gravedad de sus quemaduras se habían rebajado, entonces, empezaron a mover todas las articulaciones para comprobar en qué estado estaban. - Te vamos a vendar para que no se te infecte. - Cómo no, el ejercicio de moverle los brazos y apretárselos con bandas de tela no estuvo exento de dolor.. - ¿Eh? Pero si casi ni te he lo movido. ¡Por Naga! Tienes el brazo izquierdo fatal por el frío que ha pasado. Vamos a tener que inmovilizártelo.

- “Genial...” - Maldijo para sus adentros, ya podía escuchar las inofensivas burlas de sus compañeros de cuartel. Se miró de arriba a abajo, con ambos brazos cubiertos de vendas hasta la altura de los hombros. - “Parezco una momia.” - Y no podía hacer nada para remediarlo. Sólo acudir a la enfermería al día siguiente para seguir tratando sus brazos, su siguiente combate estaba a un par de días de llegar y no podía permitirse acudir a éste sin estar en plenas capacidades. Mientras lo ayudaron a vestirse y le ponían el cabestrillo, comprobó su brazo derecho. - Está entumecido, pero, puedo moverlo sin problemas. Algo es algo. - Divagó en voz alta. - ¿Eso es todo? - Preguntó sonriente a las curanderas, pues la tortura parecía haber terminado por ese día. - Sí, vuelve mañana. - ¡Y no hagas tonterías con esa espada! - A lo que Eugeo ofreció un saludo militar con el dorso de la mano en la frente como respuesta. Sin mediar más palabra, recogió el resto de sus pertenencias y salió de la enfermería.

[…]

Pero haría unas cuantas horas para volver al cuartel, todas las que su cuerpo estuviera dispuesto a darle antes de desfallecer de agotamiento, atrasando de ese modo los comentarios jocosos de sus camaradas. Eran buena gente, les confiaría su vida sin titubear, pero... ¡Por Forseti, como les gustaba bromear a veces! Eugeo decidió perderse en la urbe y pasear durante un rato para retrasar la inevitable “humillación” que le esperaba a su vuelta. - Dichoso torneo... - A pesar de haber avanzado en la clasificación no se sentía como si fuera algo bueno pero irónicamente tampoco quería sufrir una derrota que lo dejara en mal lugar. El espadachín siguió avanzando por las abarrotadas calles intentando asimilar su hipocresía.

Casi sin darse cuenta acabó en las inmediaciones del distrito comercial de la villa. La actividad allí era especialmente activa ya que era la hora de almorzar, los puestos de alimentos estaban atestados de clientes hambrientos y la preparación incansable de sus productos llenaron el ambiente de un aroma de lo más apetecible. Amenazadoramente sabroso para Eugeo, quien empezaba a ver como el nudo de su estómago empezaba a deshacerse a medida que el pasado enfrentamiento del torneo se alejaba en la linea temporal. Llegó a la conclusión de que comer algo le ayudaría a recuperarse más rápido, y se encaminó hacia la entrada de la calle principal del barrio. El olor de la carne a la brasa y verduras asadas embriagó el olfato del joven desde que puso un pie en la vía, despertando definitivamente el apetito del caballero alteano. Una placentera sonrisa se esbozó en su rostro una vez sus ojos comenzaron a inspeccionar el género que ofrecían en cada tenderete. Todo se veía tan apetecible que no era capaz de elegir algo, bendito problema, deseaba que todas sus tesituras fueran iguales a la que se estaba enfrentando en ese momento.

Sin embargo su felicidad quedó truncada abruptamente al igual que la tranquilidad de los transeúntes, cuando un fuerte grito resonó en todo el distrito comercial. Por las voces que la siguieron, todo apuntaba a que se trataba de un robo. Un consecuente problema que acarreaba la llegada de tantos visitantes a la ciudad, la oportunidad de perpetrar hurtos aumentaba considerablemente, y no siempre se disponía del personal suficiente para garantizar seguridad plena a los aldeanos. Eugeo era consciente de ello, se libraba de las guardias por estar participando en los enfrentamientos, pero tenía dos cosas muy claras: La primera era que se uniría a las labores de vigilancia cuando acabara su camino en el torneo; la segunda y más importante, aún estando de permiso, incluso herido como estaba entonces, actuaría de oficio siempre que una injusticia se produjera ante sus ojos.

Se elevó sobre la punta de sus pies para ganar unos centímetros de altura y tener una perspectiva general de los acontecimientos. La huida del ladrón se producía hacia delante, sumado a su lejanía inicial y la cantidad de personas en la calle hacía imposible que pudiera alcanzarlos. - Maldición. - Tomó dirección contraria para salir rápidamente de la calle y tomar un camino paralelo, de seguro más despejado que la vía principal. Confiaba que podría acortar distancias de ese modo, y quizás interceptarlo si se desviaba hacia el lado adecuado.
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Mensaje por Invitado el Mar Ago 28, 2018 4:43 pm

Corría por las calles a la máxima velocidad que la multitud me permitía, pues me chocaba constantemente con alguien, mientras que seguía el rastro de gritos o gestos de sorpresa de la gente, los cuales indicaban por donde se encontraba el ladrón y que dirección tomaba. La calle principal llegaba a un punto en el que se dividía en dos, obligando a elegir uno de los caminos. El perseguido fue inteligente y cogió el lado derecho, el cual parecía un poco menos transitado, y por lo tanto le daba una mayor opción de escapar al poder ir más rápido.

-¡Paso por favor! ¡Apártense!-

Daba algunas señales de aviso sobre mi paso a gran velocidad para que la gente se moviese a los lados, lo cual me fue un poco útil, pues fueron varias las personas que consiguieron quitarse a tiempo antes de chocar conmigo, aunque los que no eran lo suficientemente rápidos acababan recibiendo un empujón, no tan fuerte como para tirarles, pero estaba claro que nadie se esperaba ser empujado de la nada. La figura que estaba persiguiendo no tenía un ritmo tan rápido como esperaba, ya que ahora era incluso capaz de visualizarle, ya no era necesario guiarse solamente por el oído.

El ladrón, a pesar de no tener tanta velocidad, sabía mantener el ritmo, ya que no había frenado su ritmo ni en lo más mínimo desde el momento en el que había empezado a correr. Pero si esto seguía así, solo podrían ocurrir dos cosas: Podría alcanzarle, debido a que mi velocidad es levemente mayor a la suya; o bien podría acabar perdiéndole de vista si empezara a meterse entre estrechos callejones. Y al parecer el bandido sabía que su única opción si quería escapar era esconderse, puesto que fue lo que hizo. Vi como tomó nuevamente un callejón hacia el lado derecho de la calle, al cual me metí yo nuevamente. Por suerte, era lo suficientemente grande como para moverme por él sin problemas, pero el perseguido se sabía bien estas calles, ya que cambiaba constantemente de dirección tomando otros callejones. -Parece que todas esas veces persiguiendo animales del bosque han servido para algo, a parte de para no morir de hambre-. Aunque en vez de perseguir a algún pequeño animalillo para comer, perseguía a un ladrón que ni siquiera sabía qué es lo que había robado, y en vez de esquivar árboles y arbustos, anteriormente había tenido que evitar chocarme con la gente y ahora debía pasar entre lugares un tanto estrechos.

-Más que una ciudad, esto parece ser un laberinto...- Pensaba para mi mismo mientras mantenía el ritmo para tratar de no perder al ladrón, hasta que de repente, en un cruce, pude escuchar como sus pasos se frenaron en seco. Tomé la misma dirección que él había tomado, y pensé que la razón de su frenada era un callejón sin salida.

-¡Se acabó, ya no tienes a donde—... - No pude terminar mi frase debido a un factor sorpresa que no me esperaba. Lo que había obligado al hombre encapuchado a detenerse no era un muro, sino una persona de cabello rubio que se encontraba en medio de su camino.
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Mensaje por Eugeo el Dom Oct 14, 2018 12:38 pm

- ¡Disculpen!, ¡perdón!, ¡lo siento! - Gritaba en intervalos cortos de tiempo, cada vez que veía que su trayectoria acelerada podía poner en peligro el paseo de terceras personas para alertarlos de su inminente intromisión. De ese modo consiguió abrirse paso por una de las calles laterales, con bastante menos gente, pero aún así muy transitada. Eugeo celebró internamente la decisión mientras trataba de mantener su velocidad. Tenía un brazo vendado y el otro igualmente dolorido, el esfuerzo físico de la carrera se combinaba con las molestias de sus heridas, haciendo que su avance no fuera agradable para él. A pesar de todo, su determinación y sentido de la justicia le obligaba a seguir esforzándose en pos de evitar el crimen que estaba perpetrándose a unos cuantos metros de distancia. Nada le garantizaba que conseguiría alcanzar a los malhechores, todo lo contrario, el rodeo le había llevado unos segundos y ni siquiera podía escuchar nada que pudiera darle una pista de en qué dirección estaban escapando.

Mientras corría, comenzó a pensar en cuales eran las opciones del ladrón para salir impune de aquél crimen. La ciudad estaba llena de guardias por motivo del torneo, por lo que las calles principales deberían estar fuertemente vigiladas para garantizar la seguridad de los ciudadanos ante ese tipo de delitos. Eso le cerraba las principales vías de escape, mas analizando el comportamiento del ladrón podía entenderse que no era la primera vez que lo hacía, y que su estrategia le había surtido efecto más de una vez. Eugeo no estaba seguro de si aquél era su modus operandi o si aquella vez le habían descubierto durante el hurto y se vio forzado a escapar. Sea como fuere, el escenario era el mismo, y el criminal debería perder a todo el mundo de vista si quería pasar por los accesos principales de la urbe. A la vez que pensaba en las múltiples posibilidades, su propio instinto lo guió eventualmente hasta una callejuela cercana al deducir que la intención del ladrón sería la de utilizarlas para pasar más desapercibido. Las calles secundarias eran bastantes más estrechas y solitarias, y contaban con diversas ramificaciones que daban acceso a las viviendas de la zona. Si bien muchas eran callejones sin salida, había otras que aparentaban serlo pero contaban con más conexiones, lugares perfectos para las intenciones del susodicho criminal.

Cuando las esperanzas de encontrar al ladrón comenzaban a desaparecer, una extraña sensación comenzó a invadirle, lo que hizo que forzara su aguante haciendo un sprint final. Esa sensación no era más que el ruido de unos pasos acelerados que se camuflaban con la carrera que estaba haciendo Eugeo, pero que de forma no consciente fue capaz de interiorizar. Sus zancadas le llevaron hasta una callejuela de dos únicas salidas, él bloqueando una de ellas, mientras que el ladrón y un perseguidor aparecieron desde el otro extremo. Su rostro reflejó sorpresa por unos instantes, para después transmitir la tensión del lo que estaba por venir. El encapuchado quedó helado por la inesperada presencia del espadachín que le bloqueaba el paso, quedando inmóvil por unos segundos. - No tienes a donde ir. Entrégate, devuelve lo que has robado, y enfréntate a un juicio justo. - Declaró con autoridad, contrastando con el aspecto delicado que daban sus signos de agotamiento y su brazo izquierdo en cabestrillo.

- ¿¡Hah!? ¿Un caballero de Altea que se molesta en atravesar estos suburbios? - Fue lo primero que masculló al ver el sello real bordado en el uniforme de Eugeo. Su evidente inseguridad se transformó una vez reparó en el lamentable estado físico del caballero. - ¿Crees que puedes retenerme así? Ni siquiera tienes los dos brazos para defenderte, ¡Lamentable! - Graznó con una estridente risa, rebuscándose entre los bolsillos. Como era de esperarse, no tenía pensado rendirse, y el estado vulnerable del rubio le dio la confianza de que podría abrirse paso utilizando una daga de tamaño medio. - Apártate, chaval, o te abriré el canal.

Ambos sabían que la otra persona no daría su brazo a torcer, y se reflejaba en un deje de agresividad en sus rostros. El criminal ni siquiera le importaba lo que estaba a su espalda, pues su plan consistía en herir -de cualquier gravedad- al entrometido rubio para seguir corriendo una vez la ruta de escape estuviera despejada. Eugeo sí que reparó en el testigo pelinegro, un joven de una edad similar a la suya, pero le evocaba más preocupación que seguridad su presencia. Ejecutar la detención era labor suya, y no le agradaría que ningún civil saliera herido por tratar de ayudarlo, y el ladrón ya había demostrado que defendería su botín -y libertad- a cualquier precio. Los segundos previos a la pelea se agotaron cuando el ladrón agachó su cuerpo para coger impulso en su carrerilla. Eugeo llevó la mano derecha a la empuñadura de su espada y gritó. - ¡Sal de aquí y pide ayuda! - Entonces, estaba en manos del chico de negro hacerle caso o ayudarlo en la refriega.
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