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[Social] Looking for trouble and if I cannot find it, I will create it. [Priv. Eugeo]

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[Social] Looking for trouble and if I cannot find it, I will create it. [Priv. Eugeo]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Ago 08, 2018 3:09 pm

Los tacones de la informante no se escucharon con el ajetreo del gentío, pero aun así su presencia captó la mirada de muchos en la grada por la que caminaba y en aquellas superiores. Kanra se había vestido ese día para sorprender, causar celos y admiración a partes iguales. Su vestido de tirantes de satén negro, que apenas le llegaba a mitad de muslo, se movía de un lado a otro a medida que la joven avanzaba entre los espectadores que habían acudido al Torneo. El traje estaba adorado con pequeños aros de plata en los bordes y cruzando desde el pecho hasta el extremo contrario con el patrón de una estrella argéntea que, desde la lejanía, daban la impresión de ser cadenas de extrema finura. Dos cordones delgados funcionaban como los precarios tirantes, lo que dejaba al descubierto su pálido cuello, escote y parte de la espalda cuando Kanra hacía caer su abrigo corto de pieles negras hasta el antebrazo, en un premeditado movimiento de descuido. En la garganta portaba dos collares: el primero era de cuero, parecido a un cinturón por la hebilla que lo ataba, y el segundo colgaba justo por debajo de la clavícula y se asemejaba a una cadena desigualada y con un triángulo hueco en el centro.

Aunque pretendiera que no se fijaba, Kanra sabía qué personas posaban sus miradas en ella. Sin embargo, la estratega solo tenía ojos para un caballero rubio que estaba sentado una fila más delante: el alabado Caballero de Altea, espadachín y héroe al servicio de su Alteza el Príncipe Marth. A pesar de su juventud, era portador de un arma única y poderosa, y se había labrado una fama esparcida por los rumores de sus hazañas. Eugeo. Campeón de Naga. Había visto su nombre inscrito con anterioridad, pero hasta entonces no había puesto un rostro al caballero cuyas habladurías situaban como uno de los mejores soldados al servicio de Altea. Todo había cambiado con su enfrentamiento a la Dama de Elimine, que le había resuelto la duda de su especulado poder y había dado un nombre al famoso hombre. Lo que una podía aprender siendo una mera espectadora en un torneo en el que la mayoría de los asistentes eran personas comunes, pero que disfrutaban de un buen rumor como cualquiera. Kanra había bebido de toda la información que había tenido a su alcance, aunque no se había quedado satisfecha solo con eso.

Como informante, su trabajo allí había comenzado mucho antes que los enfrentamientos. Había estado allí desde que se hiciera el anuncio para que personas de toda clase y distinción se animasen a participar. Así, había rondado por Arena Ferox durante días, examinando a los que se apuntaban y sonsacando datos sobre sus nombres, armas y procedencia. Pero incluso eso era poco: como Izaya, había seducido a la hija del jefe de inscripciones, el sumo encargado de llevar el listado de todos los participantes y sus correspondientes contrincantes, y entre revolcones en la cama había aprendido una cosa o dos sobre ellos. La mayoría eran unos cualquiera, pero otros eran el premio gordo. Más de un nombre le resultó más que familiar y le habían provocado un ataque espontáneo de carcajadas. Había hecho bien en recorrer medio mundo de vuelta a Akaneia, aquel torneo sería el Torneo del Siglo, y quería enterarse de todo lo que sucediera. Así pues, había asistido a todos los combates por penosos o aburridos que fueran. Oh, pero lo que había visto en aquellos que habían pasado a la etapa final. ¡Tanta promesa! Por supuesto, Izaya no podía ser Izaya allí, ya que había muchos rostros conocidos y deseaba pasar lo más inadvertido posible. Así, había asumido su alter-ego femenino, la misteriosa Kanra.

Y Kanra tenía las cosas muy claras: era momento de crear un poco de caos. Con los elementos reunidos allí, un poco de fuego que los hiciera explotar estaba a la orden del día. Había esperado que los que formaban parte de su plan fueran subiendo de categoría, y una vez hecho, solo debía aguardar que su peón elegido asistiera al combate oportuno. Efectivamente, llegados a ese punto, nadie se perdía las peleas de los demás pues era el momento de analizar las técnicas defensivas y ofensivas, sus armas de uso, así como sus movimientos en la arena. No fue sorprendente que Eugeo, al haber ganado su propio enfrentamiento, estuviera en el de otros posibles futuros adversarios. No le había perdido el ojo desde hacía horas. Le había seguido entre la extensa muchedumbre como una sombra cualquiera, y hasta que no se había acomodado en una de las gradas no se había abierto paso hasta llegar a donde estaba él y sentarse con un suspiro de cansancio a su lado. – He tenido que saltar tres familias, cinco ancianas, y dos vendedores para poder sentarme. Lo que una debe hacer para encontrar un buen sitio. – Exclamó y se limpió una falsa gota de sudor de la frente. Después, se apartó el cabello negro que le llegaba hasta los hombros con un ademán femenino hacia atrás.

En el mismo gesto, giró el rostro hacia Eugeo y clavó sus ojos rojos en los verdes del caballero, con la curiosidad de cualquiera que quiere saber quién se sienta a su lado. Y, de repente, sus labios pintados de rojo formaron una O perfecta. Se llevó una mano a la cara como para esconder su sorpresa y exclamó: ¡Por Naga! ¡Sois vos! ¡El Campeón de Naga y el Soldado Argénteo del Príncipe Marth! – Con teatralidad parpadeó y su rostro se ruborizó antes de continuar: Hubiera creído que se encontraba festejando su reciente victoria, mi señor. Aquí todos hemos seguido su combate con entusiasmo. Ha sido maravilloso, reconozco que su poder hizo que me recorriera un escalofrío. – y acompañó el comentario con una risa suave y un batir de espesas pestañas. Aunque no soy la única que opina así, Lord Caballero. He escuchado a muchas otras hablar de vos y del tamaño de su espada, es realmente impresionante. También es todo un honor poder estar sentada a su lado. Lo cierto es que me hace sentir más segura, sobre todo teniendo en cuenta que han dejado a plegianos participar en el torneo. – bajó un poco la voz y arrugó las finas cejas con fingida preocupación. Miró de soslayo a la arena, donde los siguientes combatientes, Morgan y Gaius, estaban ya a punto de iniciar su lucha. Esa gente ha debido de mentir en la inscripción, sino no me explico cómo nuestro querido Príncipe ha dejado pasar algo así.

Ropa de Kanra:
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Informante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Tónico de def. [1]
Tónico de res. [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3246


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Re: [Social] Looking for trouble and if I cannot find it, I will create it. [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Sáb Nov 24, 2018 11:50 am

Eugeo aún sufría algunas secuelas de su primer combate en el evento principal del torneo. Las más visibles se dejaban ver a través sus mangas: El enmarañamiento de vendas y bandas de lino cubrían por completo sus dos antebrazos -manos incluidas- por culpa de los daños que sufrieron al llevar su espada al límite, o más bien el límite que su cuerpo era capaz de soportar. Fue una insensatez de la cual era consciente, mas sintió que debía hacerla con el fin de conocer la frontera de lo que podía y no podía hacer. Ahora estaba pagando las consecuencias de unos brazos doloridos y mermados, sumado a una serie de incomodidades tales como las curas diarias y la falta de autonomía en labores tan triviales como el cambio de ropa. La otra fuente de intranquilidad del soldado alteano provenía de su visceral aversión a ser el centro de atención, motivo principal por el que no estaba ocupando una de las privilegiadas localidades reservadas para el príncipe de Altea y su séquito. Además, aunque la forma de su uniforme no había variado ni un ápice, eligió su atuendo grisáceo para agregar más discreción a su apariencia. A Eugeo le hizo ilusión vestir esos colores que empleaba en los días libres de entrenamiento nuevamente, pues aquellas jornadas se truncaron durante semanas por la intensa campaña de control de emergidos en Regna Ferox y las actividades subyacentes al torneo.

Ya fuera porque no lo reconocieran o porque decidieran no importunarlo, el espadachín había conseguido un espacio propio para contemplar los combates que se desarrollarían ese día. Su ojos iban de un lado a otro de la arena, así como las gradas que quedaban al frente, al otro lado del ruedo, permitiendo que su mente divagara con pensamientos poco relevantes en el tiempo que restaba hasta que se diera el enfrentamiento. Estaba ajeno a lo que sucedía a su alrededor, evitando interactuar nadie por si su identidad quedaba al descubierto. Unos compañeros de barracón no andaban muy lejos, como “fieles guardianes de la princesa desvalida”, autodenominación que aplicaba a la necesidad de bromear sobre el estado de Eugeo y mantener seguro al único activo del ejército que seguía en pie en la competición. No podría sentirse más protegido ni en los palcos reales, lugar donde claramente sería objeto de las miradas de la muchedumbre. El sonido de la banda musical rompió su ensimismamiento, como el de muchos otros, produciendo un -relativo- silencio que aprovecharía el presentador de los siguientes contendientes. Era curioso que, a pesar de que odiara que pronunciaran su nombre, una sensación contraria aparecía cuando ese anuncio se hacía para una tercera persona. Los vitoreos del público conseguían que se le erizara la piel. Le evocaban una emoción nostálgica y lo transportaban a aquellas veces que presenció espectáculos en el coliseo de Seraphew, en Renais, cuando sólo era un niño. Con esa edad deseaba justo lo contrario que entonces, fue parte de su motivación para entrenar con la espada antes de entrar en el ejército, más de una vez soñó con convertirse en campeón de los torneos.

¿Acaso eso lo estaba motivando entonces a pesar de su aversión al protagonismo? No pudo meditar demasiado en esa traicionera pregunta, pues, una extraña -que ya había ignorado en su primera intervención- exclamó aquello que estaba tratando de evitar. Su semblante se tensó con cierto nerviosismo a la vez que su mirada se dirigió a la mirada bermeja de la mujer. Sintió un calor incómodo seguido de un sudor frío, ver su intimidad violentada y miradas indiscretas se estarían clavando en él desde ese mismo momento. Para colmo, ella seguía enfrascada en hablar con él aunque no se le hubiera invitado a ello. Además tampoco dejaba el tiempo necesario al alteano para que respondiese, ella simplemente seguía hablando, como si su verdadera motivación fuera descargar todos sus pensamientos más que tener una conversación con el caballero. Todo se sumaba a un aura demasiado íntima en su forma de expresarse, por supuesto que no podía sentirse cómodo.

Por el rabillo del ojo, pudo ver como sus compañeros -a varios metros de distancia- hicieron un amago de acompañarlo en aquella situación, mas aquello solo conseguiría provocar un mayor revuelo. Con un discreto ademán con la mano les hizo saber que todo estaba bien dentro de lo que se podía. - Oh, señorita, créame si le digo que no es para tanto. - Entonó, aplastando la tensión anterior con una sonrisa que combinaba modestia y circunstancia al mismo tiempo, como respuesta general a todos los cumplidos que le había propinado en su verborrea. - No fue una pelea fácil, debería saberlo. Y apenas ha empezado el evento, podría irme en la siguiente ronda. Todos los participantes son realmente fuertes. - Agregó con una leve risa, quitándole toda importancia al hecho de que él también fuera uno de los dieciséis mejores del torneo. - Te aseguro que si pierdo, no tardarían ni una semana en enfocar sus cumplidos a cualquier otra persona, hehe...

Con respecto a los “intrusos” de Plegia, Eugeo sospechaba que había hablado por hablar para mantener el hilo de la conversación, mas no descartaba que ella hubiera acertado inconscientemente. No era descabellado, a fin de cuentas, que con el inmenso volumen de personas visitando el país con motivo del torneo los controles fronterizos hubieran perdido efectividad. Ese hecho no le preocupaba después del gran esfuerzo que él y el ejército había tenido para mantener seguro el entorno cercano al coliseo. Tanto la arena, como la ciudad y villas cercanas estaban bien guarecidas para evitar que fuerzas enemigas trataran de boicotear el evento. Si los plegianos estuvieran intentándolo, su logística no llegaría a ser más peligrosa que la de los ladrones de los suburbios. Y si se han colado en el torneo, a fin de cuentas estaban atados a sus reglas, no había forma de que pudieran causar problemas.

A pesar de sus pensamientos, creyó conveniente encerrar su opinión para dejar paso a una más políticamente correcta, ya que en ese ámbito debería actuar como un soldado de Altea. - No tiene nada de qué preocuparse, la frontera con Plegia lleva cerrada mucho tiempo y se han tomado las medidas necesarias para que éso siga así. ¿Por qué cree vos lo contrario?

Ropa de Eugeo:
Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Vanguard | Myrmidon

Cargo :
Caballero Real (Ejército de Altea)

Autoridad :
★★

Inventario :
Blue Rose Sword [3]
Elixir [1]
Lanza de madera [1]
Esp. de plata [3]
esp. de bronce [1]
Esp. de bronce [1]

Support :
Marth
Artemis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
493


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