Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

[Entrenamiento] Consequences [Einar Strand]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Entrenamiento] Consequences [Einar Strand]

Mensaje por Cormack el Miér Jul 25, 2018 7:32 pm

¿Será mejor regresar a casa?
¿Será mejor olvidarse de los ideales?
Heridas en pecho que concuerdan con ello,
pero un empedernido corazón que sigue un rumbo incierto.

Los músculos del hombre seguían entumidos, cuerpo atizado y marcado con las consecuencias de un acto de aparente heroísmo y bondad. Sí, no iba a recibir dinero alguno por ello, pero nunca es algo sano ir a combatir frente a frente contra un grupo de bandidos, sin importar lo débiles o miedosos que sean.

Había pasado ya un par de días desde que conoció a ese extraño ser, Zeta, en una pequeña incursión por el rescate de un niño y sus pertenencias. La guarida de los bandidos no había sido descubierta, pero interrumpir sus operaciones no sería más que un deseo de muerte, abrirse ante el grupo de fornidos maleantes y dejar que éstos despedazasen su vitalidad de mil y una maneras. Las heridas no eran ni mortales ni graves, pero sí constantes, desde la tensión en su musculatura hasta las cortadas sobre su piel gracias a las hachas ajenas. Tenía la suerte de que fuesen débiles, tal vez más débiles que la suya misma, los mangos quebrantados poco después de su uso en contra del desconocido pero enfurecido "héroe" de la nada. El cansancio le devoró por unas horas, pero la familia apoyada supo cómo recompensar sus esfuerzos y, asimismo, el riesgo que tomó no por sí mismo, sino por el hijo, el niño secuestrado por el grupo pequeño de bandidos. Y, claro, las pertenencias mercantiles que llevaban.

Owch... —, la quejumbre del leñador, más que nada una quejumbre visual, observando su abdomen desnudo desde el espejo del cuarto al que le condujeron y le permitieron quedarse por el tiempo que quisiera. El hacer nada no era su fuerte, mucho menos su deseo, pero el reposo por las heridas y el cansancio físico era algo que debía tomar en cuenta. Pelear contra los soldados misteriosos era muy diferente que contra bandidos en un bosque, éstos esbozando estilos combativos cuales bárbaros, lanzando su hacha de lado a lado y atizando el suelo con la esperanza de acertar un golpe sobre el oponente. Cormack habría sido mejor evadiendo sus ataques, pero su ímpetu no era más que un detrimento, haciéndole optar por el contacto físico y un salvajismo afín al de los mismos bandidos, como si él fuese uno de ellos. Su fuerza física y el apoyo del misterioso joven fueron más que suficiente para dejar inconscientes a algunos de los bandidos, uno más de ellos observando la aparente derrota que sostuvieron y, asimismo, emprendiendo huida, manifestando la cobardía que les ejemplificaría. De algún modo, tuvieron mucha suerte, todavía conservando sus vidas y la mayor parte de sus sentidos, nervios y aptitudes.

Las marcas de los cortes no eran más que cosas superficiales, pero todavía considerables, uno siendo una línea diagonal, abarcando cantidad de los cuadros señalados por su considerable físico. Un mero toque con su índice hacía que ardiera, por lo que era mejor permanecer en cama, pensando en la siguiente ruta que tomaría y, de una vez por todas, un destino, un objetivo al cual llegar. El problema era... ¿dónde? La pregunta no era simple, todavía menos si no era sabiondo respecto a la geografía de Ylisse, tan sólo siendo un maestro de su aldea, sus pasajes y sus bosques, y de ahí en más: nada. Tal vez sería un buen momento para dormir un rato, pues la cortada del abdomen no cicatrizaría tan rápido. Bien, preferiría salir de una vez, continuar con su travesía, poder avistar más del bello paisaje que es su nación. Tal vez, hallar algún grupo viajero con ansias de aventura y, con algo de suerte, albergando información respecto a la milicia de Ylisse. ¿La Casa de Ylisse, posiblemente?

[...]

Otra hora transcurrió. En vez de permanecer dormido, siquiera en su cama, se levantó de ésta y merodeó por el contorno de la habitación cual león enjaulado, sin saber qué era lo que podría hacer y, así, pensando en cómo decirle a esa amable familia que no podía perder el tiempo dentro. Ni una oportunidad de practicar son su hacha, reposando sobre su "mochila" improvisada, su filo ligeramente demacrado pero aparentemente útil para una batalla más. Miraba el bronce de su fiel aliada y suspiraba, sabiendo que no tardaría en ceder ante el uso y caer como los bandidos y sus propias armas. Ostentaba su vestimenta de piel, trataba de hallar cortes o vulnerabilidades en la misma, y la forma de evitar tales debilidades. Tomaba el mango de su segur y tocaba el filo, ligeras manchas de sangre que pertenecieron a los bandidos. Fueron buenos golpes, pero no lo suficientemente profundos para acabar con sus vidas, ¿o sí? Era difícil pensar en ello, más con el fulgor del combate, una llama prendida en su corazón que le hacía incapaz de prestar atención a los hematomas que surgieron por el contorno de su físico, de sus brazos, y la cortada de su abdomen. Hasta que concluyó el ataque, pudo darse cuenta de lo sucedido.

Ya, suficiente descanso. —, se dijo a sí mismo, volviendo a equipar los revestimientos de cuero sobre su ropa y, con ello, alistándose con sus provisiones y su confiable herramienta. Nada más saliendo del dormitorio se le dio una grata bienvenida por la familia, todavía agradecida por el apoyo que Cormack les brindó, por haber rescatado a su niño. Sin embargo, ya había recibido lo suficiente, más siendo una familia humilde como la de ellos; más no podía permitirse comer y tomar, por lo que puso en práctica lo ideado desde el dormitorio. — Gracias por su ayuda, pero debo retirarme. — mencionó con una voz firme, preparado para las explicaciones. Los padres se miraron uno a otro, pero asintieron con sus cabezas. — Lo comprendemos, eres un joven viajero. ¡Mucha suerte en tu travesía! — fue la respuesta del superior, quien agradeció una vez más su acto de valentía. Cormack se sintió extrañado, pues fue más fácil de lo que supuso, pero aceptó el evento. Energías renovadas y únicamente unas pocas consecuencias a través de su ser; se sentía listo para continuar su travesía por Ylisse.

Abandonar las murallas de aquél establecimiento era una sensación similar a la que experimentó cuando abandonó su pueblo natal, pese a la enorme diferencia entre ambos lugares. Aquí, fue recibido con gratitud y esperanza del reposo, como una clase de recompensa por su valentía. Allá, vivió toda su vida y fue donde aprendió casi todo lo que sabe hasta el momento, lo poco que no siendo aquello que vivió en las praderas de su país, confrontando a los bandidos y conociendo a los aldeanos de la otra aldea. Era un buen inicio, pero no era suficiente para él; no era ni el inicio de su verdadera travesía, ¿o sí?
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Fighter

Cargo :
Leñador

Inventario :
Hacha de bronce [2]
Vulnerary [3]
-
-
-
-

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
425


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.