Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

Heart of a Humble Warrior | Cormack ID

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Heart of a Humble Warrior | Cormack ID

Mensaje por Cormack el Lun Jul 23, 2018 10:39 pm

Cormack
Fighter
These crapheads ain’t got anythin’ against me!

Datos
Nombre: Cormack Lumberjack

Edad: 26 años

Clase: Fighter

Especialización: Hachas

Afiliación: Ylisse, Akaneia

Ocupación: Leñador

Personalidad

Tan animoso como podría ser alguien nacido, criado y fortalecido por el estado de la humildad y los vientos de la ambientación rural, Cormack tiene la efusividad que manifestaría aquél que es joven y diestro en las artes del campo y la ganadería, tan emocionado con la vida y lo que es pasearse por las planicies de su amado pueblo, con el gusto de portar un hacha y fortalecer las murallas y los hogares de su pequeña pero amable y amada patria, con el furor de amanecer cada mañana para lanzarse a las arboledas y cortar árboles hasta la llegada del anochecer y, asimismo, repetir el ciclo del día a día. Por lo menos, esa emoción era el ímpetu del día a día, lo que le motivaba a levantarse de una aplanada y rígida cama, tomar su hacha, y pensar en el aroma del bosque. Sin embargo, ahora… […]

Verle sonreír no es extraño, sino todo lo contrario, una señal de saber que está en sus propios sentidos, que está consciente de lo que le rodea, que sabe qué está haciendo ahí; que es, propiamente, el Cormack que todos sus allegados conocen. Bien lo decía su padre, ”trabajar forja una personalidad tan fuerte como la mejor de las hachas, y ningún trabajo mejor que cortar unos árboles tan duros como la personalidad a forjar”, el mantra de cada madrugada y las órdenes que daba su padre desde el otro mundo, donde sea que haya ido al perecer y dejar a cargo del hogar y el negocio a su esposa, a sus hijos, y a Cormack. Fue por eso mismo que dejó de trabajar con la ganadería, a sus dieciséis tomando por primera vez su hacha.

Cormack reprime sus debilidades con la misma prioridad que tiene su respiración, ocultando aquello en lo que tenga desventaja y buscando la manera de compensarlo con sus propias habilidades y fortalezas. Incapaz de negar su terquedad innata, posee un sentido de impulsividad y terquedad que va más allá de lo que le permite el sentido común, su necedad pudiendo convertirlo en un hombre de aptitud implacable que avanzará sin importar las condiciones. En la nieve, en el lodo o en la tierra; tras arboledas, pantanos o montañas; sobre planicies ensombrecidas por la noche o aquello reclamado y consumido por el olvido y la naturaleza; ni las peores tierras cesarían el imponente paso de un leñador que se ha hecho uno con el calor de la batalla.

Apto con los músculos y poderoso con su herramienta —y arma de elección—, hubo algo en lo que Cormack no pudo practicar mucho: conocimiento, sabiduría, inteligencia. Él, como un granjero de Ylisse, alberga únicamente los asentamientos del sentido común y la experiencia con los campos, siendo esto los cultivos, el manejo de animales y, por supuesto, cómo manejar una dualidad de filos con la barbarie necesaria para lidiar con la progenie de la Madre Naturaleza. La política llega a ser su perdición, pensando que arreglar un conflicto internacional recae únicamente en dinero o en combates para ver quién es mejor, y mejor ni preguntarle sobre la hechicería o las artes de la nobleza y la formalidad, temas totalmente alienígenas para el antes campesino.

Conforme él crecía y la nación se enteraba de las malezas que crecían y surgían desde hace menos de un lustro, hecho iniciado por la caída de los reinos y el fulgor emergente de una posible traición, el cortar árboles dejó de ser su mayor prioridad, la constante amenaza de los Emergidos e, inclusive, sus imponentes arribes a las tierras agrícolas de su pueblo haciendo que el dormir se tornase más y más complicado, y el despertar fuese un reto de gran supervivencia. Nunca olvidará la primera vez que fue forzado a empuñar su segur sin un árbol enfrente, sino con un soldado mismo, alabarda alzada cual mártir de una nación más allá de los mares, encarnado con los ojos de la oscuridad y un semblante de malicia injustificada. Día, momento y lugar exacto en el que su padre decidió luchar por el bien de su pueblo y, frente a los suyos, entregó su vida por la aldea. Lo que antes habría sido el espíritu parcialmente infantil de un hombre feliz, comenzó a forjarse, madurar como debía ser, pero bajo los medios más peligrosos que él y su familia podrían haber visto. Como tal, su alegría plantó sus propios límites, pero su corazón superó los propios.

Así, quien antaño era alguien de carácter siempre emocionado y despreocupado ante lo que amenazase con salir mal, creció como un hombre confiado en sus propios instintos y en lo que puede lograr. Todavía es efusivo, todavía feliz; todavía esmerador de buenos resultados, todavía un tanto fuerte y feliz la mayor parte del tiempo. Así, leones de su ser domados, pero cierto de sus habilidades, empleándolas no sólo por el bien de su persona, sino por el de sus amigos y, en especial, su familia, lo más importante para él en su mundo, antes que su nación y el siempre bien recibido dinero. ¿Por qué otra razón habría decidido brindar su fuerza a una causa mayor? No por la necesidad de hacer un cambio, no por justicia contra la raza externa y opresiva, sino por defender a los suyos, por el bien de su nación y, ¿por qué no?, para practicar con objetivos que no hayan echado raíces sobre el suelo.

Historia del personaje

”Bajo cada leño hay una memoria; bajo cada árbol, una historia.”


La costumbre de Ylisse, una mañana siempre alumbrada con los poderosos rayos áureos que daban a conocer la hora de levantarse; una fuerte luz que atravesaba cuanta paja y ventanal separase a los perezosos del trabajo, a los cansados del mundo exterior. Es una tradición imperecedera que no dejará de marcar siempre los corazones de cada granjero, cada ganadero, cada miembro de los pastores y los aldeanos de la humildad. Como si fuese aquello que les motiva e impulsa en su día a día, el fervor de cada campesino responde con alegría al llamado del Sol y sus mudas palabras, compartidas por los superiores de cada familia para llevar a sus hijos adelante. ”¡Despierta! Es hora de trabajar”, decía el padre. ”¡Buenos días! Aquí está el desayuno”, decía la madre. Y como tal, hermanos e hijos madrugaban con sus parientes y con el astro de la luz, el aroma del simple apetito siendo la entrada principal hacia los cultivos que faltaban por cuidar o cosechar, el ganado por atender y alimentar. O, en varios casos, los árboles por talar.

Aún desde su niñez, aquél de cabello marrón y físico prometedor añoraba las horas de sueño extendidas que llegó a tener cuando no era más que un mero bebé, la luz solar siendo cubierta con un brazo tapando sus ojos y unos párpados temblorosos en un esfuerzo por no levantarse ya. Pese a ello, el llamado de los padres era uno que no se podría ignorar, sin importar la pereza que invadiese sus sentidos, o el ánimo por permanecer dormido unos cinco minutitos más. ”El sueño de belleza”, argumentaba su hermana menor, quien prefería él pudiese reposar un rato más. No por su bien, no por su trabajo, no por la ardua labor que desempeña en el día a día, sino por la promesa de que podrían trabajar juntos y, concluidas las tareas diarias, jugar un poco con él y con el resto de sus hermanos. Una familia bastante unida, podría decirse. Unión, trabajo en equipo, y las voces constantes que suscitaban un pequeño fastidio: la mezcla perfecta para reanimarlo de su sueño y ponerlo a trabajar.

Años atrás, Cormack no era más que otro de los pequeñuelos que iban de granja en granja, ofreciendo ayuda para atender al ganado y ofrecerles comida, fomentando a la engorda de los mismos, a la recolección de leche, la adquisición de lana de uno que otro borreguito. Para ir de siembra en siembra, esparciendo las semillas de un futuro próspero y el nacimiento de nuevas vidas justo en la tierra fértil tras los hogares. Era una vida agradable, pero pronto, se tornó tan aburrida como sería el mismo ciclo un día tras otro, tras otro, tras otro, por años enteros. Ni había alcanzado la mayoría de edad y exigía una nueva labor, algo trascendental que le ayudase no simplemente al aprendizaje de los animales o el cuidado de plantas, hierbas, las frutas y las verduras. No, había algo que su padre hacía y que él siempre había deseado hacer, que siempre se le fue negado por su edad y por su tamaño. No obstante, pese a no ser un adulto en cuestión técnica, podría tener la fuerza de uno, la astucia de uno, la durabilidad que requería alguien tan fuerte como su padre para su “empleo”. La tala de árboles, el uso de segures sin miedo alguno, el desafío del equilibrio y el peligro del doble filo. ¿Estaba seguro de hacerlo?

La terquedad era virtud suya, insistencias implacables haciendo que su padre pudiera ver finalmente el potencial que su hijo podría tener como un leñador. August Lumberjack, reconocido entre los taladores de la aldea como uno de los mejores para empuñar un hacha, sin importar su peso, su forma, ni la curvatura de sus hojas; ni el árbol más viejo evitó ceder ante la fuerza de sus brazos, el ímpetu de su espíritu y la furia con la que atizaba cada tronco. Fresnos, pinos y ni mucho menos, todo caído ante quien aceptó continuar el legado de los leñadores, su padre mismo habiendo sido una eminencia más contra los árboles. Cormack demostró que podría ser el siguiente destructor de arboledas con tan sólo un poco de práctica, y una buena hacha. Sus hermanos le verían menos, o le verían más agotado, sin tiempo suficiente para pasar el rato con ellos. Al menos, los primeros días de práctica, empuñando hachuelas de diferente índole para dejar un rastro de tocones secos, planos e inertes. La primera semana fue dura, las marcas del agotamiento dejando su huella en la musculatura del joven, desarrollándose y ejercitándose con la práctica. Pero no se rendía, sin importar qué tan vencido se sintiera. Con su docena inicial derribada en cuestión de algunos días, August compartió con su hijo no sólo la alegría del legado creciente, sino una frase que su padre mismo le ofreció cada mañana.

Trabajar forja una personalidad tan fuerte como la mejor de las hachas, ¡y ningún trabajo mejor que cortar unos árboles tan duros como la personalidad a forjar! —, las enseñanzas del padre, el abuelo, el bisabuelo y del más allá, cayendo en manos del hijo, el siguiente Lumberjack.

Así, el leñador comenzó a forjarse, pronto un ejemplar como su padre.


”Tu segur no es simplemente una herramienta.
Es tu aliada, es tu amiga, y es tu protectora.
Y si el deber obliga, recuerda:
la carne no es más que madera glorificada y debilucha, hijo.”

Las palabras fatídicas cuando las grietas de lo desconocido surgieron en todos los continentes, aquellos más allá de los mares y aquél que alberga su amado pueblo. Ya habían transcurrido años desde que Cormack trajo a casa su primer montón de leña, amarrado con una fuerte soga y preparado para la siguiente hora de cocinar. Antes, no era más un muchacho todavía aprendiz del arte de cortar árboles, pero ahora había crecido como un muchacho ejemplar, afín a las enseñanzas de su padre y a su misma fuerza. La musculatura prometedora se desarrolló, convirtiéndole en un hombre con verdadera fuerza, gran resiliencia, y demás dotes físicos que no sólo le hacían distinguir de entre otros granjeros, sino que le harían uno de sus mejores ayudantes físicos. No obstante, él y su segur nunca lograron separarse, ni él de su deber con la tala de árboles. Entonces, ¿qué fue lo que salió mal?

Dos años atrás, corriendo el año 979 del calendario de los dragones antiguos, era en la que el mundo, habiendo atravesado una época de descubrimientos entre otros continentes, cayó presa de algo que, bien, podría definirse como el porvenir de un futuro cataclismo, tan sólo las fases iniciales de aquello que, de no contrarrestarse, podría brindar un buen fin a todo lo que se conoce como la civilización. Una fúnebre y ceniza sensación que trajo consigo la marcha imperecedera de fuerzas desconocidas, pasos aullando con la furia de algo incierto, y lanzas, espadas, hachas alzadas bajo el estandarte de otras naciones, impecablemente arribando en continentes ajenos sin rastro previo. Tales rastros surgieron hasta la aclaración de mortales sospechas, inocencias en puertos cediendo ante fuerzas oscuras y soldados impiadosos. No pasó mucho antes de que esos ataques se esparcieran cual vil plaga, llegando desde el nexo marino hasta los interiores de cada continente y, con ello, los pueblos dentro de cada nación.

Incluso, hasta la fecha, varias aldeas de Ylisse se ven asediadas por hordas espontáneas de los Emergidos, entes de total misterio cuyas identidades verdaderas son disfrazadas por banderas ajenas. Elibe, Magvel, Valentia y Jugdral, símbolos de horror cuando éstos arribaban a cada pueblo y saqueaban hogares, campos, granjas y viviendas, la humildad de los campesinos permitiéndoles no más que la defensa con sus trinches, machetes, rastrillos y segures, la carencia de fuerzas militares haciendo de la supervivencia un verdadero desafío, y la noche una pesadilla, sueños plácidos cortados por épocas de insomnio y temor. El primer asedio cobró la mayor cantidad de vidas y terreno, tan inesperado como brutal. La memoria perfecta para mantener a alguien despierto por el resto de una pobre noche.

August sostuvo las manos de sus hijos más pequeños antes de abrazarlos, prometiéndoles que ellos estarían bien, que ningún mal abordaría la puerta de su hogar y amenazaría con ellos o con su esposa, Marina. El padre era grande, fornido, las canas ya presentándose en lo que restaba de su cabellera, pero con músculos y fuerza que cederían hasta su muerte. Aún tras muros de madera y piedra unida, era imposible no escuchar los alaridos de terror de los inocentes, o las llamaradas bélicas de todos aquéllos tan valientes o tan suicidas, armaduras que no superaban la calidad del cuero y mucho menos el bronce. Calmarse era difícil, la lumbre encendida de las antorchas iluminando tras las entradas o los huecos de la madera, pero August dio lo mejor de sí para abrazarlos y hacerles saber que mientras estuviese vivo, ni los dragones llegarían a por ellos.

Pasados unos cruciales minutos, el mayor agarró su hacha más grande, fuerte y pesada, suficiente para partir a algún Emergido por la mitad si la oportunidad se presentaba. Apoyó el mango sobre su hombro, pero se le presentó una de las decisiones más difíciles de su vida: Cormack, vestido con ropajes de cuero y ya empuñando su hacha personal, dispuesto a luchar junto a su padre. Éste se negó, al instante, pero Cormack insistió, esa misma terquedad imponente que nació el día que buscó la tutela de quien realmente sabía, que comenzó su carrera como leñador y su historia como verdadero Lumberjack. Éste rechazó su propuesta, una vez más, pero Cormack nunca se detuvo, confiando en su propia fuerza y sus propias habilidades. La sangre de ambos hervía, uno por impulsivo y otro por desesperado. Lo que podría haber evolucionado en un combate entre padre e hijo cedió con los gritos de una aldeana inocente, joven de tono, probablemente conocida de Cormack. ¿Cómo podría resistirse? No era por matar, no era por luchar, sino por proteger a los suyos, a su familia, y a su pueblo. August se rindió, y aceptó.

Así, le murmulló aquellas palabras fatídicas que se grabaron en el corazón de Cormack, haciéndole saber que no lucharía por su cuenta, sino con su mejor aliada, curvatura de bronce que reflejaba el brillo de las ascuas, y la sonrisa casi egocéntrica de alguien sin sabiduría de la guerra, pues a lo que se enfrentaría no era una simple tala, sino algo real. El padre y el hijo compartieron un abrazo más, conscientes de lo que ponían en juego. Ambos podrían regresar con vida, o ninguno podría lograrlo. Podría permanecer el padre, o sobrevivir el hijo. Estaban seguros de ello, tensos por lo que llegó, pero también ciertos de su decisión. Así, August con un hacha de hierro y Cormack con una de bronce, echando su vida en pro de la aldea y de aquéllos suyos. — Y no lo olvides, hijo: tu familia, protégela siempre.

Así, cerraron la puerta de la casa y aseguraron la entrada, antes de lanzarse al combate.


”Fin de una vida, el memento de una hoja caída.”

El fin del asedio marcó gritos de alegría entre los aldeanos supervivientes, entre aquellos bienaventurados que inclinaron la balanza a favor de los campesinos. La guerra entre humildad y maldad había cedido, por ahora, marcado por la retirada de las pocas fuerzas restantes. Pero, ¿realmente era una victoria?

El último Lumberjack había sobrevivido, brazos sosteniendo heridas de combate, prontamente cicatrices nacidas por el fulgor del combate. Su paso ralentizado por la aldea le presentaba con la horrenda visión de un par de familias de luto, lamentando la pérdida de sus cercanos, sus padres, sus hijos, quienes hubiesen perecido ante los Emergidos. Las lágrimas de los inocentes, las heridas de los valientes, y los restos de un cruento combate; una eficiente manera de enseñarle lo cruel que llegaba a ser la guerra. Horrenda, pero eficiente, sin duda alguna. Cojo y agotado, llegó finalmente a su casa, el paisaje después de la invasión habiéndolo dejado con sentimientos encontrados, y tristeza en su corazón. Una familia más yacía honorando la memoria de uno más de los caídos, y era la suya.

Los abanderados trajeron consigo muerte y destrucción, saqueo y aniquilación, pero ahí yacía su padre, violentas heridas en su pecho marcando el fin de su vida como leñador, como amigo de la aldea, como valiente luchador y, más que nada, como padre de familia. La primera vez que Cormack se permitió el llorar en público fue al presenciar a su difunto señor. Todavía con segur en mano, no se dignó a soltarlo ni ante la emboscada de varios Emergidos, éstos sabiendo que August no lograría caer tan fácilmente. Cormack se deprimió, se enojó, atizó el suelo y saboreó la más agria de las victorias.

La lápida del campeón de los leñadores fue formada sobre una colina solitaria, no muy grande en altura, pero albergando la singular sombra de un único tocón, todavía señalado con las marcas de hachazos fallidos. Cada visita a la tumba de August Lumberjack obsequiaba las brisas desde las arboledas, lluvias de hojarasca honrando su viaje hacia el otro mundo. El aroma a pino todavía adorna la tierra donde fue sepultado, junto a su valiosa hacha. Así, la memoria de August Lumberjack viviría en esa aldea con aquélla de los demás inocentes perdidos en el primer asedio de los Emergidos. Triste saber que los ataques continuaron de forma esporádica, periódica y terrorífica, pero el pueblo no volvería a perder tantos de los suyos. Así, Cormack fue partícipe de más ataques, siempre presente para combatir contra los Emergidos y al lado de sus compañeros, la unión haciendo la mejor de las fuerzas.

Su constante práctica con las hachas trascendió de los árboles hasta los campos vacíos, ahora empuñándolas no solamente con la madera frente a él, sino el aire mismo, tajos poderosos ansiando el mejor equilibrio posible. Noches enteras sin dormir, cuestionándose y dudando de su potencial. Su familia no le veía con frecuencia, ya; sus amigos no lograban relajarse con él, pues era un leñador cada vez más ausente; los árboles de cada día eran talados con rapidez y precisión, pero cuando se le buscaba, siempre se le hallaba fuera de las arboledas, donde no estuviese ningún otro campesino, donde nadie pudiera molestarle. Cortes verticales, ataques horizontales, movimientos rápidos de lado a lado y estrategias para la lucha en tiempo real: todo fomentando a la decisión final que tomó, ésta siendo la de abandonar su pueblo.

Habló con su familia. Un déjà vu cruzó por su mente cual navío en la peor de las tormentas, la reminiscencia de su padre despidiéndose de su esposa e hijos, a sabiendas de que podría perecer en combate contra los Emergidos. Pero, al fin y al cabo, fue su decisión, y fue en lo que se apoyó el joven leñador para librar una última merienda con sus hermanos y su madre. Así, cual padre, abrazó a todos y a cada uno de sus dos hermanos y tres hermanas, todavía jóvenes e infantes sin experiencia en lo que yacía más allá de las pobres murallas de la aldea. — ¿Cuándo regresarás? —, la pregunta del millón que nubló la certeza del muchacho por varios segundos, pero intentó sonreír, sonreír por su amada familia y por su madre. — Cuando todo esto acabe.

El luchador abandonó la aldea, una gentileza de provisiones y su poca ropa llevada consigo en la clásica bolsa improvisada de tela, amarrada a un palo y cargada sobre el hombro por el muchacho. No sabía si lograría ser enlistado como valiente luchador en pro de Ylisse, pero ciertamente, además de la eterna necesidad del dinero para su familia, sabía cuál era su objetivo principal: luchar por su pueblo, por su país, y por Archanea.

Extras


  • Actualmente, guarda sus provisiones en una tela de tamaño considerable, tomando en cuenta su estado de humildad y falta de recursos con la que abandonó su pueblo. Esta tela fue reforzada con parches de cuero, y alberga la mayoría de sus recursos, siendo éstos escasos.
  • No busca únicamente combatir por el continente, sino que, gratamente, acepta las oportunidades que puedan recompensarle con un buen ingreso monetario. No es únicamente para él, sino por su familia.
  • El hacha de bronce que posee fue la primera que recibió para entrenarse en la tala de árboles. Su filo ha sido recreado muchas veces, pero pese a ello, no durará más que hachas de bronce convencionales para acto bélico.
  • Entre sus pertenencias se halla un pequeño ídolo de madera con la forma de un águila, alas extendidas hacia los lados y demostrando su valía, teniendo además unos adornos de hojarasca reseca sellados de alguna manera sobre el contorno. Fue tallada por su madre, y los adornos incrustados por sus dos hermanas.
  • Adora el aroma de los árboles, una buena manera de tranquilizarlo y forzarlo a regresar a sus sentidos.
  • Añora las noches en las que su madre, sin previo aviso, organizaba una gran cena, completa con un buen ternero asado a la brasa para la familia. ¡Nada mejor que la carne bien cocinada!
  • Muy pocas veces se le ha introducido el alcohol, pero la sensación es abrumadoramente relajante para el muchacho. Ante la oportunidad, no dudará en unirse a la pequeña fiesta.
  • Pese a su decente popularidad entre los pastores, nunca logró tener la oportunidad con un par de las otras aldeanas que llamaban su atención, bellos ejemplares que florecían aún con el concepto de la humildad. Cormack adora a las mujeres, en realidad, pero interactuar con ellas nunca ha sido su verdadero fuerte.
  • Las banderas de los Emergidos pertenecientes a los demás continentes, exceptuando el suyo, y Tellius, son de su personal desagrado. Es muy difícil que logre confiar en alguien que pertenezca a aquellas nacionalidades, pues será necesario que demuestren su valía y, asimismo, que los Emergidos son punto y aparte en la historia y el honor.
  • Le aburre la nobleza exagerada, esto incluyendo dialecto bastante refinado comparado con lo que él ha experimentado en sus años. Los nobles, en particular, son objeto de cuidado para él, pues pocas veces tiene buenas expectativas de ellos, siempre creyendo que pueden ocultar algo, o que albergan un ego simplemente por el estado económico. Puede ser envidia, puede que no, pero sólo logra ahorrarse esas sensaciones con aquellos que han logrado demostrar un corazón de humildad y benevolencia por los suyos.


Procedencia
Nombre original del personaje: Reyn
Procedencia: Xenoblade Chronicles
ABCDE
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Fighter

Cargo :
Leñador

Inventario :
Hacha de bronce [2]
Vulnerary [3]
-
-
-
-

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
176


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Heart of a Humble Warrior | Cormack ID

Mensaje por Marth el Lun Jul 23, 2018 10:47 pm

• Ficha aceptada •


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord | Pegasus Knight

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de acero [4]
Vulnerary [2]
lanza de bronce [2]
Espada de plata [5]
Gema de Chispas
.

Support :
Eliwood
Eugeo
Artemis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
745


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.