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Mensaje por Tyamat el Dom Jul 22, 2018 7:25 pm

El día en que Tyamat había ingresado a la línea fronteriza de Bern, el cielo estaba pintando bajo unos tonos de color azul y naranja, consecuencia de la filtración de la luz del sol realizada por la atmósfera y la interacción de los gases atmosféricos. En un principio parecía que esa mañana resultaría tranquila y no muy diferente a las que había tenido el chico últimamente, por lo que, de a momentos, él se encontraba un poco más tranquilo que de costumbre.

Una vez que Tyamat llegó hasta el cordón montañoso de la frontera, su situación se complicó un poco, pues no tardó demasiado en ser detenido por varios soldados que se encontraban vigilando y que lo guiaron hasta portón oficial para hacerle unas cuantas preguntas. El manakete, quién era bastante tranquilo y reservado, no opuso ninguna resistencia y se disculpó por su comportamiento, pues desconocía que el control tan estricto que llevaban en ese lugar antes de llegar ahí. Aunque se sentía intimidado y nervioso por el comportamiento de los soldados de Bern que lo atendieron, de alguna manera logró expresar en palabras que quería que se le dejasen entrar, ya que su intención era ayudar con la eliminación de la amenaza emergida a cambio de una razonable recompensa monetaria.

Durante esas horas, Tyamat no hablo demasiado y tampoco fue capaz de mantener la mirada fija sobre aquellos rostros que lo observaban fijamente mientras lo estaban interrogando. Y su comportamiento se hizo aún más más sospechoso cuando se negó a ser inspeccionado o que se quitase la máscara que cubría parte de su cara y bajarse la capucha que llevaba para ocultar sus orejas.

- No busco problemas, así que por favor, dejen de presionarme…- Masculló el chico tratando de excusarse, mientras su mirada se volvía más intensa bajo la máscara- He hecho lo que me pidieron, he respondido a sus preguntas… ¿Por qué no es suficiente? ¿Por qué me tratan como si fuera un criminal?…- Al ver cómo reaccionan los soldados, el manakete procedió a intentar calmarse, bajando con su mano su capucha para ocultar aún más su rostro bajo ella- Lo siento. Lamento si los he decepcionado, lamento si los hice perder su tiempo. No soy un criminal. No soy, nadie… Si me lo piden, me iré pacíficamente, y buscaré dinero en otra parte…

Después de eso, el chico no fue capaz de articular otra palabra. Y por razones personales, que no quiso comentar, continuó negándose a ser inspeccionado y por tanto, siguió siendo retenido hasta que un superior decidiera lo que harían con él.
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Mensaje por Zephiel el Mar Jul 24, 2018 11:02 pm

En tiempos como aquellos, la vista desde el palacio real acababa siendo muy comprometida. Manejar todo a través de palabras y mandatos en vez de encuentros no era la forma que acostumbraba Zephiel de procesar su deber. Desde siempre había preferido la presencia al mensaje, el ver para creer, su movilización, la cual al fin y al cabo acababa siendo un sacrificio de energías. Y sin embargo, de esa forma se había acostumbrado su cuerpo a funcionar tras la resistencia que lideró en el pasado. Si no podía presenciar los problemas de frente, bien podía pensar que no existían, no en tiempos de miseria y aguante. Por eso no faltó la ocasión en que Zephiel fuera en persona a comprobar las fronteras y su manejo, sobre todo por el incidente ocurrido en la capital, en el cuál debió tratar con un individuo que las había traspasado vergonzosamente. Había recibido noticia de que más que nada intentaban ingresar comerciantes extranjeros, tan solo para descubrir que dentro de las fronteras doblaban los precios de todos sus productos, lo que les costaba la expulsión del territorio y el resquicio de todas sus pertenencias. No había manera en que el rey pudiera permitir que tomaran ventaja del estado de Bern, incluso de las formas más ínfimas. Por eso quería ser testigo de lo que en las puertas del reino sucedía.

Y entonces llegó el día de su arribo. La línea que dividía Bern de los demás países estaba resguardada por un muro construido recientemente, el cual escondía tras de sí un pequeño campamento para asegurar a mercenario y a los mismos guardias. Habían varios más de aquellos puestos vigilando la frontera, pero el que había escogido Zephiel era el que recibía más peticiones de ingreso, la frontera con Lycia. Era temprano amanecer, las nubes recorrían el cielo en largas estrías, y el clima helaba a nivel de suelo.

- Hemos recibido un ingreso moderado de trabajadores, constructores que buscan moneda fácil. Comerciantes, los de siempre. Hacen falta más mercenarios, eso sí, pero tenemos especial cuidado con sus motivos. No siempre desean trabajar en lo que nosotros proponemos, si usted me entiende, mi Rey. -comentó el guardia a cargo, caminando lado a lado con Zephiel. Este último observaba hacia las puertas, hace no mucho abiertas, que permitían el acceso a los extranjeros. Eran unas defensas aceptables, los ciudadanos de Bern habían hecho un buen trabajo a pos de conservar su seguridad. Entonces ambos se encontraban transitando por el patio interior, donde se hallaba el campamento, el cual apenas comenzaba a despertar.

- ¿Alguna novedad a estas horas? -preguntó Zephiel, habiendo escuchado ya el resumen que necesitaba. El guardia hizo ademán de pensar en alguien en particular, y al recordar miró a su rey con un semblante despreocupado.

- Un hombre joven, un niño que quería trabajar por oro. Muy raro, se negaba a ser inspeccionado. Ni siquiera sabemos bien de dónde viene. -se encogió de hombros. Sin embargo, a pesar de no inmutarse en lo más mínimo, Zephiel no pareció restarle importancia a aquella información. Miró a su subordinado fijamente, y tras una pausa, requirió que lo llevaran a donde esperaba. Fue hecho de gran sorpresa, por supuesto, ¿Por qué querría el rey encontrarse cara a cara con quien estaba retenido como un sospechoso? No era de ninguna forma un hecho personal, pues, nuevamente, lo que el rey quería era presenciar la efectividad de sus guardia, y no había mejor manera que comprobar por qué exactamente aquel sujeto en particular no había sido admitido o expulsado de Bern tras su interrogatorio.

Fue llevado sin demora al interior del muro, donde al fondo de su longitud se encontraba una celda, y en efecto, el extranjero. Era un lugar estrecho, paredes de piedra oscuras, iluminadas por la tenue luz que permitía pasar un hueco entremedio de los bloques que la conformaban. Los guardias presentes se levantaron de sus sillas y reverenciaron al monarca, sin habla. Habían sido notificados de su visita, pero nunca creyeron posible que entrara a ese lugar.

- Este es. Lo único que dice querer es oro, una mente simple entre tantas... -comentó el jefe de la guardia, mirándole aún con desprecio.

- Como las suyas. -habló Zephiel, silenciándolo inmediatamente. Con su voz el ambiente caía en inmediata tensión, sin nadie saber la razón de su seriedad.- Mencionaste que se negaba a ser inspeccionado, y bien, ¿Por qué no lo han hecho? ¿Qué impide a soldados de Bern llevar a cabo tareas de fuerza bruta? Investiguen sus pertenencias, no importan sus objeciones. -finalizó por ordenar Zephiel, inquebrantable, como siempre. Su rudeza solo podía provenir de un líder militar, como bien había sido entrenado. Los guardias asintieron aún sin decir palabra alguna, y sin más entraron a la celda, dispuestos a obligar al chico a desprenderse de su capucha y mostrar además sus pertenencias.
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Mensaje por Tyamat el Miér Jul 25, 2018 9:16 am

Después de negarse a ser inspeccionado, Tyamat fue llevado sin demora por unos guardias del lugar fuera de donde lo estaban interrogando antes, hasta adentrarse hacia el interior de la muralla, donde seria retenido.

- ¿A dónde me llevan?- Preguntó preocupado el chico no ya muy cercar de donde se encontraba ubicadas las celdas. En cuanto supo de la respuesta, este palideció y su cuerpo comenzó a moverse casi de inmediato oponiendo resistencia- ¡Esperen! ¡Por favor! ¡Si me dejan ahí, moriré! ¡Sólo déjenme marchar! ¡Prometo nunca volver aquí!

Aunque quería huir, Tyamat no era lo bastante fornido o veloz en aquella forma humana como para hace frente a unos soldados entrenados como los que lo estaban reteniendo. Por lo que fue rápidamente inmovilizado y después encerrado dentro de una celda hasta decidir qué harían con él. El manakete, por su parte, estaba ansioso, pues dentro de su mente inocente había imaginado un escenario diferente que este, y no se había preparado para algo así.

- ¡Por favor, sáquenme de aquí…! No soy un criminal… Llévenme a otro lugar, todo menos una celda…- Suplico por última vez, sujetando los barrotes. Pero las condiciones habían cambiado para él por querer resistirse, y si querían recibir un mejor trato, debía al menos dejar que lo inspeccionaran- No... No puedo…- Respondió con voz queda.

Después de eso, Tyamat se alejo de los barrotes y busco un lugar alejado donde pudiera sentarse para poder esperar a lo que pudiese deparararle el destino.

¿Buscan castigarme? ¿Quieren torturarme?” Pensaba asustado, mientras que en su mente recordaba que hacía mucho tiempo, cuando eras más pequeño, le encerraron en una jaula similar a la celda en la que se encontraba, cuando fue capturado y después vendido de esclavo en Begnion “ Si les muestro mi cara, o si les muestro mi piedra, ellos sabrán, sabrán que no soy humano. Querrán mantenerme encerrado para siempre, y usarme para su diversión

La opción de escapar se veía plausible en este caso, pero el chico no se sentía seguro de poder atravesar toda una fortaleza entera y menos en atacar a unas personas que sólo estaban intentando cumplir con su trabajo, y que principalmente, todavía no le habían hecho ningún daño. Aún así, no podía evitar sentirse nervioso e incómodo estando adentro, pues no dejaba de pensar que algo malo iba pasarle y el aire parecía que se hacía más delgado y sofocante.  

No podré sobrevivir a eso de nuevo. No de nuevo… De cualquier manera, haga lo que haga, van a descubrirme” Pensaba ahora tembloroso, mientras intentaba controlar su respiración y se aferraba al bolsillo donde guardaba celosamente su Dragonstone “Cuando lo hagan, todo lo que hice no habrá valido la pena, me quitaran mi piedra, deberé obedecer a todas sus demandas…

El chico había comenzado a sudar y desmoronarse progresivamente debido la presión. Siendo arrastrado por Los recuerdos que había estado reteniendo en su memoria de su tiempo de esclavo. Los minutos para él parecieron tan eternos, que apenas pudo reaccionar cuando la voz del humano que había llegado a visitarlo silencio los susurros inelegibles que escuchaba de los guardias.

¿Él es… su jefe?” Se preguntó, mientras una parte de él regresaba a la realidad “¿Su amo?” Su mente comenzó a funcionar nuevamente y su atención pasó a enfocarse en aquel humano.

Tyamat ni siquiera se movió de su sitio, y tuvo que ser obligado por un par de guardias para que este se levantara y de esa forma mantenerse de pie, desprendieron la capucha que llevaba encima y sacaron todas las pertenencias que llevaban en sus bolsillos. Dentro de ellos tan sólo había unas pequeñas botellas que contenían medicinas, una llave maestra con una extraña forma y diseño, y la Dragonstone que desde su escapa siempre había llevado con él. Cuando le quitaron la máscara, el chico parpadeo un poco y entrecerró los ojos, para adaptarse a la intensidad de la luz que había en el lugar. Su respiración aun era rápida y profunda, y sus ojos habían perdido parte de su brillo durante el tiempo que estuvo dentro de la celda. Sin embargo, lentamente estaba volviendo en sí, gracias a los estímulos que sus cinco sentidos recibían. Aunque todavía se encontraba algo confuso y débil, contuvo el aliento y alcanzó a pronunciar unas palabras en cuanto terminaron de registrarlo.

- Ahora que saben que no soy un humano como ustedes... ¿Qué es lo que harán conmigo?- Preguntó seriamente, con todo el valor y fuerza que podía reunir en su cuerpo, para poder levantar su cabeza, hacerse entender y poder hablar con el hombre que gobernaba aquellos soldados que lo sostenían, mirándolo directamente- Vine aquí porque escuche que a los mercenarios se les pagaban bien por eliminar emergidos… Por favor, su Majestad, si me dan otra oportunidad, prometo serle útil… Si me sacan de esta celda y me devuelven mis cosas, obedeceré a todo lo que usted ordene. Le ayudare a deshacerse de la amenaza emergida.
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Mensaje por Zephiel el Miér Jul 25, 2018 12:52 pm

Zephiel observaba delante de sí en silencio, asegurándose de que se cumpliera su palabra. No fue difícil doblegar al extraño, tal como esperaba, sin embargo pronto pudo comprender por qué este último había ofrecido su debida resistencia a ser registrado, cosa que le estremeció la piel bajo sus ropas. No eran solo sus orejas, sino que ahora que le veía el rostro sin impedimentos, podía adivinar cuanto menos la rama de su raza. Y no cupieron dudas que se trataba de un manakete y no la raza endógena de Tellius, que también había conocido en otra oportunidad. La piedra que habían descubierto era suficiente como para comprobarlo, pues ya había adiestrado sus ojos el monarca a diferenciarlas de las joyas comunes, al menos a primera vista. Su análisis fue en la inmediatez de un segundo, incluso antes de que sus soldados o el mismo chico dijera nada.

 - ¿Oh? ... -murmuró finalmente. A pesar de que su voz no se oyera sorprendida, su expresión si demostraba ingenuidad. Hasta entonces nunca había hallado a raza diferente, y mucho menos un dragón que viniera a su país a ejecutar el sucio trabajo de un mercenario. Su vida se guiaba por el oro... ¿Sería una criatura muy joven, acostumbrada de sobra a la sociedad humana? Cerró los ojos un momento, desprendiéndose de la situación para concluir sus pensamientos.

 - No tenemos ninguna política contra otras razas, para tu información... -comentó el guardia a cargo, al parecer con cierta dificultad. Probablemente se sostenía con prejuicios, como todo humano ignorante. Sin embargo, frente a su rey recordaba las leyes a la perfección.- Supongo que podrás tener tu permiso.... Bah, sáquenlo de ahí. -ordenó al par de guardias, quienes le hicieron espacio y lo arrastraron de un brazo al exterior, todo mientras Zephiel mantenía aún su silencio. Que situación tan inconveniente.

 - Así como has oído, no estás aquí para obedecerme. -Zephiel parecía notar de sobra la humildad del manakete, tanto que llegaba a incordiarle. Ya se había encontrado en una situación similar, y ante el mismo caso se encontraba actuando de la misma forma, decepcionado, quizás. En algún momento le había causado gran distorsión encontrar tal falta de dignidad en criaturas que deberían sobrar de ella, mucho más valiosa que el orgullo mundano. Sin embargo, el efecto de su sorpresa cada vez decrecía, y entonces en su mente solo recurrían las preguntas fundamentales: ¿Qué clase de manakete era, cuáles eran sus orígenes, y por qué había llegado a Bern de entre todos los lugares? Era al final lo único que le inquietaba conocer por el momento, aceptando su trabajo de mercenario.- Ve a concluir tu registro. -dijo finalmente, dándose la media vuelta. Sin embargo, antes de retirarse, Zephiel se detuvo y quedó de pie un momento. Y mirando hacia atrás con el rabillo del ojo, preguntó al manakete.- Tú... ¿Te transformarás para luchar? -parecía una respuesta obvia considerando que el chico no portaba ningún arma consigo. Aún así debía saberlo, y todos los presentes tenían que también.  

Ante las palabras del rey los presentes se desestabilizaron, no contando con aquel detalle en particular. Entonces no sabía el capitán de la flexibilidad de permiso que le daría, si debería reducir su facilidad de tránsito a límites específicos de Bern. Pareció que dudaba de qué hacer, por lo que Zephiel volvió a intervenir.

 - Me habían mencionado que habían divisado una patrulla de emergidos al este del campamento, ¿No es así? -afirmó, volviéndose a ver con un semblante extraño, uno de interés.- Quisiera que este mercenario mostrara sus cualidades frente a ellos, entonces. Seré testigo de como gana su recompensa. - y con ello ya había definido el trabajo del manakete dentro de Bern, sin que nadie pudiera objetar. Dejando a los guardias de lado, el rey, su guardia y el manakete, ya habiéndole devuelto sus pertenencias, comenzaron a dirigirse al lugar indicado, abandonando aquellos muros por fin. Se dirigían a un bosque que se encontraba cerca del campamento en cuestión, donde los vigías creyeron ver a un grupo de emergidos aún haciendo resistencia. La cantidad exacta no la habían determinado, pero era manejable.
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Mensaje por Tyamat el Jue Jul 26, 2018 10:25 am

Tyamat continúo observando al monarca, conteniendo en gran parte su respiración y suplicando para sus adentros que bajo aquel duro exterior que mostraba aquel hombre existiera la misericordia que buscaba para que le ayudase en esta situación. La expresión que vio en aquel humano no supo cómo interpretarla en el instante en que el chico revelo su identidad de manakete, pues este ya sufría bastantes dificultades en mantener la mirada fija, y estaba más ocupado obligándose a sí mismo el mantenerse de esa forma ante tanto estrés. El ruego silencioso del laguz pareció haber sido escuchado, ya que uno de los guardias comentó que no había políticas contra otras razas.

- …¿Es eso cierto?- Pregunto al rey, pues era difícil para el chico pudiese creer lo que los soldados presentes le dijesen, dado a todo el mal que le habían hecho pasar en toda esta mañana.

La persona que había hablado sostuvo su afirmación y ordenó al par de guardias que sostenían al laguz que lo sacaran de la celda. Tyamat se descompensó un poco cuando dejaron de retenerle, consiguiendo apenas estabilizarse por si solo debido al gasto de energía que había tenido que hacer para tolerar la rudeza de ese grupo de humanos y la celda que le hizo revivir una parte de sus recuerdos reprimidos. Una vez que salió al exterior el chico miro brevemente al hombre que había decidido obedecer durante su estadía, escuchando que no estaba ahí para hacer eso precisamente.

- Um… No creo poder entenderlo… Tan solo soy un mercenario, y, usted es un rey. El rey de este país…- Fue lo que expresó, inhibiéndose de prestar demasiada atención a como todos lo estaban mirando en ese momento y esperando no parecer un idiota al decir lo que pensaba- …De todas maneras, gracias por sacarme de esa celda.- Agregó, sonriendo levemente al sentirse un poco afortunado y también aliviado.

Después de decir eso, el laguz se quedó callado nuevamente, y cubrió parte de su cabeza con la capucha que estaba unida a la capa blanca que llevaba encima. Evitando de esta forma tener que sentirse incomodo por el ambiente a su alrededor y evitar mirar directamente hacia otra cara humana.

Después de caminar un poco, el chico fue escoltado por algunos guardias hasta salir al exterior, donde pudo su cuerpo se relajo un poco, sintiendo que podía respirar con mayor libertad en aquel espacio abierto, sintiendo mejor el olor en la brisa y el calor de los rayos del sol que se había elevado en el cielo después de varias horas. Tyamat tomó el aire que pudo y lo soltó en un suave suspiro que le ayudo a calmarse, y sus oídos captaron la voz del monarca que le hablaba de nuevo antes de retirarse.

- Si. Eso hare.- Respondió el chico con seriedad, como si concluir el registro se tratara de una orden en este caso. Antes de moverse, comenzó a recibir y guardar sus pertenencias en sus bolsillos. Mientras hacía esto, su mirada regreso a la del monarca, esta vez para responder a su pregunta- Si, lucharé en mi forma de dragón.- Respondió, poco antes de bajarse la capucha para colocarse la máscara que llevaba en las manos en el rostro.

Antes las palabras del rey, Tyamat intuyo entonces que este estaría presente en el combate y lo vería luchar. Con ese pensamiento en mente y aquella presión sobre sus hombros, supo que este no sería un trabajo más que debería realizar como mercenario, y que su paga podría aumentar considerablemente si llegaba a causar una buena impresión. Pensó en cada situación posible y principalmente, miro cada posibilidad de fracaso si cometía un error. La expectativa solía distraerle bastante y ponerlo nervioso, pero se mantuvo centrado en que iba a lograr esto, por el bien de su hermano, a quién estimaba mucho y deseaba comprarle una nueva posada más grande con el dinero que ganaría, cuando Mitgard estuviese menos invadida de emergidos.

Por mi hermano, por mi padre…Puedo hacer esto solo...

Una vez que completó su registro y obtuvo su permiso, Tyamat caminó en silencio hasta el lugar de encuentro, fuera de las murallas, cerca del lugar donde habían divisado a la patrulla emergida. En el campamento, el manakete sacó la piedra de su bolsillo y la mantuvo en su mano, en forma de puño para caminar hacia donde podría encontrar al estratega o líder al que pudiese informarle sobre sus habilidades.

- Um. Disculpe la interrupción… Si me lo permiten, me gustaría adelantarme primero.- Mas que una sugerencia, era una petición por parte de Tyamat, que no esperaba del todo que quisieran aceptar por su condición de mercenario- De esa forma, no estorbare a los soldados cuando deba atacar. Puedo volar rápido y reducir el número de emergidos con una sola…- Cerro los ojos por breve momento, pensando en la palabra que quería decir- Una sola “llamarada”- No estaba seguro si era así como debía llamársele a una “concentración de energía que escapa de tu boca”, pero estaba completamente seguro de que era una tipo de poder que cargaba que era bastante destructivo. Si tenía la oportunidad, quería acabar ese trabajo rápido y evitar causar todo daño posible a los soldados.
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Mensaje por Zephiel el Jue Jul 26, 2018 4:14 pm

Se permitió a todo uniformado de Bern conocer los hechos sucedidos, como precaución ante el descontrol que podría causar ver en forma al manakete, el cual al parecer lucharía lado a lado con ellos en una pequeña escaramuza ese mismo día. Aceptaron su ingreso con debida duda, pero sin ninguna objeción de por medio. Eso sí, todos los presentes cuidaron de relacionarse con él, tanto por temor como por curiosidad. Era inusual, sin duda, pero siendo que el rey estaba involucrado en su contrato, solo les quedaba observar y callar, viendo como se desenvolvían los hechos. Finalmente el manakete llegó a quienes se enfrentaban al bosque, dirigiéndose al jefe de aquel pequeño escuadrón de no más de una veintena de soldados. El monarca se encontraba observando el objetivo a un par de metros de distancia de todos ellos, pero aún siendo capaz de oír perfectamente la petición del mercenario, el cual advertía de su poder. Cuando este terminó de hablar el hombre al que se había dirigido no tuvo palabras para responder, mirándolo fijamente y quedando en blanco. Probablemente ya debía de haber visto dragones, de todas formas el reino de Bern parecía ser atractivo para ellos, todavía más en tiempos de guerra. Por eso, antes de que alcanzara a pronunciar siquiera una sílaba, el monarca se aproximó e intercedió en la conversación, su rostro aún más serio que de costumbre.

- Antes de actuar. -habló Zephiel, guiado enteramente por su deber.- Incluso si de esa forma puedes acabar con todos ellos, no admito que destruyas la integridad de mi reino en el proceso. Abstente de causar daño a los bosques. -no era necesario aclarar que estos eran fundamentales para la supervivencia del campamento cercano, pues poco a poco se había regenerado la vida que contenían, de la cual la gente asentaba subsistía. No importaba lo mucho que fuera útil para el enemigo a la hora de resguardarse, no podrían revertir sus daños si se propagaban.- Brindaré el espacio necesario, sin embargo, una vez el enemigo dirija su atención a mi, contraatacaré. Has, entonces, de atacarlos por la retaguardia, tanto como para no ser un estorbo como para destruir sus defensas. -con eso Zephiel esperaba dejar en claro que el primer movimiento sería todo del manakete, debiendo actuar como lo creyera mejor. Aún estaba expectante de verlo, de saber cómo lucharía. No lo demostraba y no podía adivinarse de su mente, pero aquella seguía siendo la ocasión perfecta para descubrir su potencial y habilidades.

No debían tardar el repeler al enemigo, pues sabían que entonces era su momento de mayor ventaja. Zephiel se desprendió de su capa y preparó su mano sobre el mango de su espada, el grupo de soldados que lo acompañaba imitándolo. Habían formado una línea horizontal a una distancia prudente del bosque, y aún sin anunciar su presencia. Sabían que el enemigo estaba estacionado allí, pero no podían iniciar el ataque ciegamente. Una lluvia de flechas sería ahogada por los espesos árboles que los cubrían, y de la misma forma podían ser atacados a distancia si se revelaban sin precaución, pudiendo ser eliminados mucho antes de saber dónde se encontraba siquiera el primer emergido. Finalmente que el manakete los acompañara podría ser tremendamente útil, solo si es que lograba amedrentarlos y hacerlos salir de sus escondites. Si volaba llamaría inmediatamente la atención, por lo que incluso podían aprovechar el momento en que se transformara para cargar contra ellos.

- Definitivamente hay arqueros, alrededor de diez. -comentó el guardia en jefe que todo ese tiempo los había acompañado.- uno de nuestros soldados resistió esa misma cantidad de flechas simultáneas antes de caer muerto. Será magia, o la mejor coincidencia. Pero de los enemigos a pie no tenemos ninguna información. -masculló entre dientes.- Ir a ciegas sería un suicido... -entonces el guardia miró al muchacho, como diciéndole que ese era su momento de actuar.
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Mensaje por Tyamat el Vie Jul 27, 2018 11:01 am

Tras escuchar la orden del monarca, Tyamat asintió levemente, siendo capaz de comprender la situación trazada por el humano, a sabiendas de,  antes de que este lo mencionase, que debía ingeniárselas para tratar de no dañar el territorio de Bern y mucho menos el bosque. Parecía bastante obvio, pero le parecía bueno que el rey tuviese la misma preocupación por la tierra y la naturaleza que el chico.

- Umm… Me disculpo si soné algo agresivo cuando mencione lo de la “llamarada”, majestad. Quería que se comprendiera un poco lo que podía hacer como dragón…- Quiso explicarse Tyamat, intentando hacer entender que no había sido contratado para eso- No tengo intenciones de dañar el bosque, o de destruir su territorio. Pero, es comprensible su manera de actuar- Y con ello, quiso decir que sentía como varios los presentes no confiaban en él y que quizás le tenían miedo- Tendré cuidado y hare lo necesario para no defraudarle. Usted solo concéntrese en el contraataque, y yo lo apoyare en todo lo que pueda.

Dicho esto, el manakete afirmó que estaba listo para partir a su destino. Así que se despidió y se alejó de ellos, caminando hasta salir del campamento para buscar un lugar donde pudiese usar su Dragonstone, que fuera espacioso y donde hubiese poca gente. Por naturaleza se ponía muy nervioso cuando alguien lo miraba fijamente, o cuando estaba rodeado de personas, así que necesitaba cierta tranquilidad y concentración para poder transformarse. En su mente muy bien sabía que habría ojos curiosos que querrían verlo, por lo que tuvo que cerrar los ojos y pretender que no estaban ahí, con tal de no impacientarse.

En pocos momentos, una luz blanca comenzó a envolver al manakete por completo mientras que su cuerpo poco a poco aumentaba de tamaño y cambiaba de forma hasta transformarse completamente en un gran dragón alado de poco más de 5 metros de alto, cuyo cuerpo estaba cubierto de plumas suaves y de un color azul pálido. Bajo esa nueva forma, Tyamat dejó escapar un gruñido y extendió sus alas para emprender vuelo, dejando detrás de él una corriente de aire, producida por la fuerza de impulso del laguz.

Estando arriba, en el cielo, el dragón fue capaz de sentir las corrientes de aire pasar entre las plumas de su cuerpo y el calor del sol cerca de su rostro. Abrió los ojos y miro hacia abajo, examinando desde aquella altura el territorio por el que sobrevolada, observando el cordón montañoso que rodeaba la frontera de Bern y el enorme bosque que estaba cerca del campamento.

Probablemente, tomando en cuenta la cantidad de árboles que hay y su tamaño, será difícil atacar directamente a los emergidos desde el cielo. Pero…Esta bien. Mi fuego no será necesario para acabar con todos ellos de forma inmediata, porque lo más probable es que ninguno este esperando que los ataque un manakete. Solo necesitaré atraer la atención de varios de ellos para que me sigan fuera del bosque.

El laguz se desplazó desde el aire y aterrizó en un lugar espacioso cerca del bosque, donde hubiese pocos árboles para que se pudiera moverse con mayor libertad sin verse estorbado por los mismos, cuando sus patas tocaron la tierra usó sus finos sentidos para intentar ubicar el escondite de los emergidos. Bajo esa cubierta de plumas azules y blancas, el manakete era capaz de percibir la energía que había su alrededor, observando que está teñida por la presencia de los invasores que habían dañado la integridad del bosque.

Están aquí

El manakete se movió hacia un lado y esquivo una flecha que pasó rozando cerca de su rostro, siendo capaz de verla venir gracias a su percepción. Después de esta, le siguieron otras flechas, pero el chico no se molestó en esquivarlas todas y se levantó en dos patas para usar la fuerza de sus alas para generar una fuerte brisa que desvió la trayectoria de los proyectiles que iban dirigidos directamente hacia él y que también sacudió las ramas de los árboles enfrente.

Puedo verlo.

Entre tanto y tanto, el manakete fue identificando el número de emergidos que rondaban por aquella área determinada del bosque y uso su cuerpo para desplazarse hacia los sitios donde estaban escondidos principalmente los arqueros.

Son muchos. Pero… Puedo contra ellos. La fuerza de sus flechas no se comparan en nada a los colmillos de Tyan o de Tyrone…

Inspiró, llenó sus pulmones de aire y en un abrir y cerrar de ojos, la llamarada que exhaló el laguz fue bien diferente del fuego, casi más como un destello de energía que se dirigió meticulosamente contra el emergido objetivo, chamuscando gran parte de su cuerpo en segundos.

Al final no he podido hacer mucho, pero espero que los demás puedan moverse sin problemas… Debo seguir también…

El manekete no se quedó en el mismo sitio y continuó moviéndose, intentando llegar al otro lado del bosque, cargando con su cuerpo lo que hubiese en su camino, enfocándose más en deshacerse de la mayoría de los arqueros y atraer la atención de aquellos soldados para evitar tener que hacer daños sobre el terreno al usar su aliento.
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Mensaje por Zephiel el Vie Jul 27, 2018 11:42 pm

Zephiel relajó su expresión cuando el manakete recurrió a explicarse. Por supuesto, el rey no tenía el conocimiento suficiente, el cómo podría ser su aliento, y mucho menos sus impulsos de combate, ya que desconocía la tribu de la que este provenía. Se había contenido de preguntar un aspecto tan específico de su ser, esperando a descubrirlo una vez utilizara el poder de su piedra. Sin embargo, si lo hubiera sabido de antemano habría podido identificar varias de su características por simple conocimiento académico.- Juzgaré una vez te vea actuar. -contestó el rey brevemente para así dar cuenta de su comprensión.

Observó cómo se alejaba, sin nunca perder de vista su figura. No quería ignorar el más ínfimo detalle de su cambio, por lo que puso especial atención en lo que hacía. La última vez que había visto a un manakete transformarse y luchar... ni siquiera había podido reconocer lo que había sucedido exactamente. No estaba seguro de lo que sucedería, pero siendo que su determinación era verdadera, esperaba entonces apreciar a los emergidos siendo diezmados con una facilidad con la cual no serían capaz de compararse sus fuerzas. Y entonces, comenzó. Aquella luz sobrenatural, que a esa distancia parecía el destello del sol, descubrió entre sí a una criatura enorme, más grande que cualquier otra que había visto antes. ¿Cómo era posible? Sabía bien que la edad de la criatura lo superaba a un nivel centenario, pero no sabía cuánto podía influenciar esta a su verdadera forma. Inspiró hondo entonces, y se preocupó de notar las características que lo diferenciaban como manakete, notando sobre todo su color y sus plumas.- ... ¿Divino? -murmuró para sí, abriendo algo más los ojos. Calzaba dentro de su descripción de estos, sí, pero medía sus expectativas. Por mucho que así lo quisiera, no significaba que estuviera viendo a un dragón divino de Elibe, la tribu más poderosa entre todas las que habían poblado el continente. Guardó para sí estas reflexiones, retrocediendo hasta integrarse en el escuadrón, y continuó admirando entonces el vuelo de la criatura por los aires.

Finalmente aterrizó y emprendió el ataque, no pudiendo ellos ver la totalidad de sus movimientos al bloquearlo el mismo bosque. Los uniformados de Bern esperaban inquietos, sus posturas firmes, cada quien asombrado a su manera por el apoyo que les otorgaba el manakete. Muchos de ellos nunca habían tenido la oportunidad de encontrarse con una raza distinta, aún menos probable que estuviera de su lado. Los murmullos no acababan, e incluso el guardia al mando debió intervenir, ordenándolos para que no perdieran la concentración de sus propias armas. No fue mucho lo que estuvieron despistados, eso sí, pues la atención de todos se dirigió al fino silbido de un par de flechas, y junto con ellas un soplo de viento que contrarrestaba el ya existente. No mucho después, el ataque sobrenatural de la criatura, el cual brilló con una potencia increíble. El ataque ya había iniciado, lo que significaba que era su momento de acercarse.

Zephiel comenzó a avanzar rápidamente, desenvainando su filo con determinación. El movimiento del manakete delataba que se dirigía hacia el lado contrario de ellos, por lo que podrían sorprender al enemigo si los encontraban por detrás. Deberían luchar entre los árboles, pero siempre que mantuvieran su formación, podrían superar toda fuerza a pie. Ingresaron, hallando enfrente al primer enemigo calcinado por el dragón. Su poder era temible, tal como esperaba. El monarca dejó escapar una sutil mueca de satisfacción, comprobando finalmente el potencial que tenía el dragón, tal como imaginaba. No se detuvo más de lo necesario, haciendo uso del sigilo. El movimiento ligero de los emergidos era fácil de determinar, por lo que no tardaron en atrapar al primer grupo de ellos, un trío de arqueros que intentaba apuntar de entre unos arbustos a las alas del manakete. Fue el rey quien atravesó su espada en la espina del más cercano de ellos, pateándolo para hacerlo caer, y dejando que el resto de sus hombres se encargara de los rezagados. Entonces pudieron diferenciar más allá a guerreros cuerpo a cuerpo, los cuales corrían sin temor a encuentro del enorme reptil. Eventualmente los alcanzarían, pero aún no podían delatar su posición hasta al menos saber que todos los arqueros fueran eliminados. Por eso continuaron con una marcha cautelosa, acabando con todo emergido herido en el suelo de hojas. Lograron terminar a varios de ellos sin ser aún descubiertos, pero aún estando alejados del manakete.
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Mensaje por Tyamat el Sáb Jul 28, 2018 1:14 pm

La marcha del manakete era veloz y constante, sus movimientos eran precisos y cuidadosos en todo momento, como los de un estratega con un enorme poder y resistencia, que prestaba debida atención a lo que le rodeaba y realizaba increíbles juicios tácticos. Sin embargo, ser demasiado cuidadoso tenía sus riesgos, porque eso involucraba tener que contenerse y dejar que algunos ataques que iban dirigidos hacia él lo alcanzarán con tal de ganar un poco tiempo para pensar, además, el terreno era todavía algo angosto para que un dragón de su tamaño se pudiese mover libremente entre los árboles.

Todos los emergidos deberían de haber salido de su escondite para atacarme… Pero, puedo sentir que varios de ellos no se están moviendo…” El chico guardó silencio para concentrarse y continúo observando mientras atacaba “Esto no es una simple coincidencia, alguien debe estar dirigiendo sus movimientos desde algún lugar.” Tyamat era desconfiado, y sabía perfectamente que sus enemigos eran criaturas inteligentes y atemorizantes. Mientras intentaba pensar, sentía una aprehensión constante en el pecho y la impresión de que algo malo pasaría si se descuidaba. “Antes de llevarlos fuera del bosque, tengo que descubrir qué esconden.

Tyamat siguió explorando y pensando, hasta que sus pies por si solos pisaron lo que parecía ser una fosa profunda con estacas afiladas, la cual había sido previamente enterradas y preparadas por los emergidos para que los que intrusos grandes como el cayeran sobre ella. El dragón soltó un rugido, trascendiendo entonces a unos gruñidos dolorosos que poco a poco calló por voluntad propia para concentrarse en no caer completamente por el agujero y elevarse con sus alas.

Ahora lo entiendo todo, esta perturbación que sentí cuando entré en este bosque, la razón por la que dejaron de seguirme…” Su respiración comenzó agitarse mientras daba pasos hacia adelante y veía a los emergidos que iban velozmente a atacarle para aprovechar ese momento de debilidad “Ellos manipularon la tierra para plantar estas trampas, y he caído en una de ellas. Qué astutos…”  

Aunque el chico había aprendido algunas cosas sobre el uso del terreno (como el bosque y el desierto) gracias al tiempo que estuvo conviviendo con Tyan y Tyrone, el chico era consciente de que no tenía el mismo instinto de supervivencia que la raza de los lobos y que cometería más errores aunque no lo quisiese. Tyamat soltó otro rugido hacia el grupo que se acercaba rápidamente a atacarlo, esta vez mucho para detener su avance aturdiéndolos con el fuerte sonido de su voz. Durante ese preciado tiempo que había conseguido, intento elevarse entre los árboles con sus alas, lo suficiente como para querer alejarse y perderse un rato.

Los he subestimado… Todo lo que me queda por hacer ahora… Es llegar al otro lado del bosque. No puedo convertirme en una carga… Aún tengo que… Destruir lo último de sus defensas…

A pesar de sentir un gran dolor proveniente de la herida provocada por la estaca clavada a la altura de su pierna, el manakete continuó manteniendo su transformación, golpeando algunas ramas en su camino y dejando un visible rastro de sangre en el suelo y en los árboles. Finalmente, cuando la cantidad de árboles disminuyó, el laguz aterrizo en un área más abierta, caminando lentamente por el lugar, con el cuerpo tenso, mientras se detenía por unos momentos para tomar aire. Su mirada fue en dirección al bosque y espero que los emergidos comenzarán a salir poco a poco para poder atacarlos a todos en conjunto en el momento adecuado: Elevándose en el cielo, y dejando salir una concentración de energía desde su boca a su ubicación.
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Mensaje por Zephiel el Dom Jul 29, 2018 5:19 pm

Aún intentaban seguir el paso a la criatura, pero retrasándose cada vez más al encontrar al enemigo cara a cara, debiendo contenerlo cada vez antes de que revelaran de todos la posición. Encontraban además cadáveres que ellos no habían derrumbado, lo que daba cuenta del progreso del manakete, el cual sin duda había matado a un considerable número de enemigos mientras se movía por entre los árboles. Casi parecía que en verdad era imparable, hasta intocable para aquellos emergidos, los cuales daban la imagen de no saber contener su gran tamaño y fuerza. Zephiel no deseaba confiarse de más, pero observando cómo se desenvolvía aquella emboscada era capaz de vislumbrar el bosque libre de amenazas, el trabajo del dragón recompensado, y con ello, ninguna vida perdida. Y tan solo en aquel momento se permitió imaginar no solo a uno, sino a cientos de aquella raza combatiendo contra los seres inanimados que marchaban por Bern y el resto del continente. Probablemente hubieran sido capaces de negar todos sus avances, de no permitir ninguna clase de destrucción. Sin embargo se hallaba en una tierra desprovista casi por completo de aquella raza de antaño, de su fuerza, y rodeado así solo de la soberbia humana, de la cual la mayoría de los reinos eran culpables, cayendo derrotados ante un enemigo que jamás serían capaz de conquistar como sus propios iguales. Los eventos del mundo se desarrollaban como una negra comedia, no dejando ver ninguna clase de esperanza ante el combate constante, la lucha interminable y sin solución. Un solo manakete no era capaz de alzar ningún tipo de esperanza, pues eventualmente hasta ellos eran capaces de fallar y morir a manos del filo emergido. Finalmente el dragón detuvo su andar, desde allí pudiendo Zephiel oír su rugido de dolor.

Trampas... incluso siendo que los emergidos conocían de su ventaja, aún así se habían preparado por si alguna ilusa presa conseguía internarse de más en la espesura del bosque. Quizá la distracción del dragón los había mantenido en el anonimato, evitando así que los guiaran hacia una trampa como a la que este había caído. Sin embargo, estando este último herido y alejándose para recuperar terreno, las fuerzas de Bern no tardaron en ser notadas por los vástagos del mayor grupo de emergidos, los cuales anunciaron la presencia de Bern con un atronador grito, completamente inhumano. Hasta ahora los habían mantenido divididos, pero siendo que el manakete emprendió vuelo, cosa que pudieron ver y sentir claramente, el enemigo no tardaría en volver a agruparse, esto si no los volvía a distraer a tiempo.

- ¡Formación defensiva! -exclamó Zephiel antes que nadie, orden la cual sus soldados obedecieron en el acto, retirando de sus espaldas sus escudos. La mejor de las opciones era estacionarse en un área estrecha, protegerse del inminente ataque, y esperar sobre todo que no los emboscaran flechas que no pudieran negar con el acero. Habían matado ya muchos arqueros, por lo que querían creer que ya no quedaba quien pudiera dispararles. Por suerte ninguna flecha llegó, un soplo de vida que los soldados de Bern supieron aprovechar, alzándose con gran moral ante el inminente enemigo. Un número casi igual de emergidos llegó a ellos, cargando con fuerza con la sola intención de derrumbar el muro que habían construido. Zephiel y sus hombres avanzaron contra ellos, chocaron escudos contra escudos, y comenzaron así a atacar, poco a poco separándose unos de otros para que los de las filas traseras pudieran también alcanzar al enemigo. El rey se encontraba entonces escudado por dos de sus soldados, bloqueando las armas contrarias con su espada y permitiendo así que otros pudieran matar a quienes se enfrentaba. Poco a poco el enemigo se fue diezmando, al menos los que podían ver, conteniéndolos exitosamente después de unos minutos de combate. No parecía entonces que vinieran más de ellos a enfrentarlos, lo que significaba que o habían eliminado a todo enemigo cercano, o el resto había preferido atacar al manakete herido, del cual habían perdido la posición exacta.

- ¡Allá! -exclamó el guardia a cargo, señalando en la lejanía al dragón elevado por sobre sus cabezas, lanzando de su boca otro destello de luz. Chocó su aliento contra el suelo, el cual pudieron percibir al estar ellos a nivel de tierra, incluso si ellos no habían sido el blanco.- Su majestad, ¿Qué hacemos?

- Marchemos al lugar del ataque. -ordenó Zephiel. Estaba seguro de que el manakete podría diferenciarlos del enemigo, por lo que deseaba aproximarse con la intención de derrotar a los emergidos que hubieran sobrevivido al ataque del manakete. Pisaron entonces la hierba a sus pies, cruzando por encima del rastro de sangre, siguiéndolo mientras aún mantenían las armas alzadas. Probablemente aún quedaban varios de ellos contra los que el manakete se enfrentaba, por lo que debían tener prisa para llegar a su encuentro.
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Mensaje por Tyamat el Dom Jul 29, 2018 9:35 pm

Al momento en que Tyamat vio los emergidos salir del bosque, supo que estos se acercarían hacia él para atacarlo. No había que observar demasiado para darse cuenta de que el manakete estaba ya en su límite, pero aun así, este se arriesgó a todo para seguir atacando con tal de poder cumplir con su objetivo.  Sin embargo, su ataque no duró tanto como hubiese querido y no fue tan poderoso como los primeros ataques que el dragón había realizado antes. Después de un tiempo sus alas se tensaron, y cayó bruscamente sobre sus cuatro patas, sintiendo entonces una desagradable sensación transmitirse de forma aguda desde su herida al resto de su cuerpo, haciendo que el chico tuviera que contener un alarido que escapo de su boca.

Aaah… ¡Esto es malo!” El manakete comenzó a temblar con frustración y miedo, e intento levantarse para poder defenderse de los pocos emergidos que quedaban vivos. “Esto en verdad duele…” Sin embargo, después de realizar algunos ataques, el cansancio le invadió nuevamente y no tardo en paralizarse y caer en el suelo otra vez “¿Cuánto más debo seguir haciendo esto? No creo poder resistir un minuto más… Pero si me destranformo ahora, seré presa fácil…

Tyamat dejó escapar una concentración pura de energía para alejar a los últimos atacantes que querían acercarse, la cual termino siendo aún más débil que todas las anteriores y no redujo demasiado el número de emergidos que aún quedaban. Ese intento fallido fue suficiente para sumir al laguz en la desesperación y dejarle al final tan indefenso como cuando estaba en su forma humana. Firmemente, pensó que moriría ahí y que no podría volver a ver a su familia de nuevo. Sin embargo, escuchó ruidos venir a lo lejos y miro como el ejército que había estado ayudando todo este tiempo se acercaba para acabar con los últimos emergidos que quedaban. Tyamat comenzó a sentirse mareado y su concentración fue disminuyendo progresivamente cuando vio como más de ese grupo de personas seguían apareciendo, así que, antes de volver a su figura humana, el laguz utilizó lo último de sus fuerzas para intentar levantarse y moverse, solo consiguiendo causarse más dolor y sufrimiento de lo que ya tenía.

Todo están viendo… No puedo dejar que me miren en este estado…

Estar frente tantas personas lo ponían nervioso, así que fue incapaz de seguir transformado una vez que inicio el combate. Tras unos minutos, el cansancio desapareció momentáneamente del cuerpo de Tyamat, dándole el tiempo al chico para que pudiera tomar el palo afilado clavado a la altura de su pierna, y extraerlo sin miramientos fuera de su cuerpo. Uno de los soldados que estaba presentes miro lo sucedido y se acercó a él entonces para ver cómo estaba. Pero Tyamat no parecía estar prestando demasiada atención a lo que le estuviesen diciendo.

- Estoy bien, solo necesito descansar…- Dicho esto, sacó una botella de Vulnerary del bolsillo de su chaleco y bebió de esta para estabilizar el estado de sus heridas.

Luego de eso, se levantó del suelo e intentó caminar hacia un lugar menos atiborrado donde pudiese descansar apropiadamente. Aun cuando el cansancio del manakete disminuyó un poco gracias a la medicina, y parte de las heridas que tenían presentes sanaron, todavía lucía un poco pálido tras las máscara que llevaba puesta y su pierna no había sanado completamente.

- ¿Yo hice… un buen trabajo?- Preguntó tímidamente al soldado, esperando no haber fracasado en su misión como mercenario a pesar de todos los inconvenientes.
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Mensaje por Zephiel el Lun Jul 30, 2018 5:29 pm

No pudieron ignorar la caída del dragón, la cual fue súbita, violenta e inesperada, cosa que cambio el ritmo de la marcha a una completa carrera. Cuando por fin lo tuvieron en su línea de visión notaron la verdadera gravedad de sus daños, los cuales no impedían a la criatura seguir defendiéndose ante sus atacantes.  Sus ataques por suerte no los alcanzaron a ellos, e incluso si su aliento no logró acabar con todos los emergidos, los pudo dañar y distraer el suficiente tiempo para que ellos pudieran llegar y así sorprenderlos. El número restante de emergidos era miserable, pero a ellos no pareció importarle en absoluto, enfrentando las defensas de Bern como un insecto intentaría atravesar un muro de frente. Entonces en medio del combate Zephiel pudo notar como todos que el dragón había acabado su transformación, por lo que ordenó aprisa que lo rodearan y protegieran, logrando salvar su vida mientras este se recuperaba de la situación. Después de que el enfrentamiento se desarrollara completamente a favor del pequeño escuadrón, fue el mismo rey quien mató al último de ellos, tomando su espada con ambas manos y así atravesando el torso del desafortunado. No habían más ataques, no veían a nadie alrededor, y la agresividad ya no emanaba de los rincones inexplorados del bosque. La misión había finalizado con completo éxito.

Mientras el manakete se había aproximado a un solo uniformado de Bern, quien parecía mucho más interesado en la rareza del extraño por sobre los otros. El rey notó que no necesitó exigir que lo sanaran, pues había hecho esto por su cuenta. Eso no impidió, eso sí, que se acercara a observar lo que sucedía, al mismo tiempo que todos atendían sus propios daños. Vino entonces una pregunta del chico, la cual todos los presentes hubieran contestado de la misma forma. El soldado, por supuesto, asintió en silencio sin saber realmente qué palabras decirle. Zephiel, sin embargo, intervino para responder a la pregunta del manakete, teniendo entonces una apariencia gastada por el combate, pero igual de imponente como el momento en que se habían conocido.

 - Sin duda has ganado tu paga, e incluso más. -murmuró Zephiel, cerrando sus ojos. Un segundo después volvió a abrirlos, dirigiéndose al tercero que los acompañaba.- Adelante, ayuda al mercenario a volver al campamento. Una vez allí ataremos cabos pendientes. -dicho esto el monarca se retiró, volviendo así a comentar los pormenores de la batalla con el segundo al mando.  

El soldado suspiró entonces, y, con notoria timidez entremedio de sus acciones, prestó su mano al manakete para ayudarlo a levantarse, y así además brindarle su hombro en el camino de vuelta. Uno de los soldados del grupo se adelantó sobre los otros para así informar de lo acontecido, pues debían contar los cuerpos, las trampas y en lo posible deshacerse de todo ello para así librar el bosque de su rastro. Finalmente regresaron, siendo recibidos por los presentes tras la victoria. El miedo del campamento aún no cesaba alrededor del manakete, por supuesto, pero nada podía hacerse al respecto. Una vez el mercenario fue dejado a solas fue llamado a cobrar su recompensa a un pequeño pero robusto puesto, mucho más resguardado que el patio en general. Dentro de allí se guardaban un par de arcas, de donde el tesorero a cargo retiró la suma establecida para cada trabajo. Sin embargo, antes de que pudiera entregar su parte al manakete, el rey ingresó también por la puerta, siendo rápidamente reverenciado por quien tenía las monedas en su mano. Zephiel asintió, y sin quitar mucho tiempo, tan solo requirió que añadieran unas decenas más de oro a la paga.

 - ¿Puedes repetir tu nombre... "mercenario"? -preguntó entonces el monarca mientras contaban las monedas faltantes delante de ellos.- Debo admitir, nunca he visto en persona una transformación como la tuya. -sonrió apenas, cerró sus ojos y los abrió para mirar hacia nada en específico. No tenía realmente ninguna cosa que comentar aparte de lo ya dicho. Había sacado sus conclusiones, aunque no sabía si sería capaz de comprobarlas con preguntas ignorantes. Lo único y último que se atrevió a cuestionar lo mencionó rápidamente, como si en verdad no tuviera importancia.- ¿Cuál es tu país de origen? -tan solo quería conocer aquella respuesta, y con ello su encuentro habría acabado.
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Mensaje por Tyamat el Mar Jul 31, 2018 10:25 am

Tyamat observó con una expresión apagada como el soldado asentía en silencio, creyendo entonces que solo lo estaba haciendo para que no se enojara o se sintiera mal, en cambio, miro como el rey se acercaba personalmente para responder a su pregunta, consiguiendo el efecto contrario que el soldado estaba induciendo en su baja autoestima. El manakete dejó escapar una leve sonrisa y bajo su cabeza, aceptando las palabras del rey como la prueba que necesitaba para poder sentirse más tranquilo, disfrutando en ese momento de una leve, pero cálida sensación que percibió en su cuerpo.

Había hecho un buen trabajo, y para él, eso era importante.

Tyamat pidió permiso para retirarse luego permaneció en silencio, sin poder moverse de inmediato de su lugar hasta que el soldado que los acompañaban se acerco para ayudarle a volver al campamento. El chico no fue capaz de negarse, pues estaba un poco adormecido y necesitaba prestar atención al caminar para no caerse.

Ya estando en el campamento, el manakete trató mejor la herida de su pierna y tomó un buen descanso dentro de la carpa que le habían asignado al momento en que le habían dado su pase. Se quedó sentado sobre la cama, sin poder dormir lamentablemente, ya que estaba bajo un estado de vigilia constante por los últimos acontecimientos de las últimas horas. El miedo del campamento aún no cesaba alrededor del manakete, por lo que este no podía sentirse complemente cómodo y mucho menos, bienvenido. Así que si iba dormir, lo haría después de recibir su recompensa y en un lugar donde se sintiera a salvo, lejos de los humanos y de la amenaza emergida.

Finalmente, luego de varias horas, Tyamat fue llamado para cobrar su recompensa, caminando entonces hacia pequeño, pero robusto puesto, donde estaba esperándolo el rey y algunos soldados. Tyamat esperó pacientemente, permaneciendo de pie y en silencio, mirando enfrente de él como contaban las monedas. El monarca preguntó por el nombre del mercenario, a lo que este respondió de forma inmediata.

- Tyamat. Mi nombre es Tyamat.

El manakete volvió hacer una pausa, escuchando lo que el rey le decía, y sin poder concretar claramente si lo estaban adulando o burlándose de su transformación. El laguz decidió no preguntar y tampoco se quejó al respecto, limitándose solo a dar la información que creyó necesaria y responder a las preguntas que le hacían. En cuanto a su país de origen, el chico dudo por un momento, debido al contexto de la pregunta y lo que significaba responder de una manera u otra.

- Nací… en Crimea… En alguna parte de Crimea…- Respondió honestamente, pero con poca seguridad, dado a lo poco que podía recordar de ese lugar y las cosas que vivió antes de ser un esclavo- ¿Puedo… retirarme?- Preguntó poco después, comenzándose a sentir un poco incomodo y mostrándose un poco tenso por la dirección en la que iba esa conversación.

Después de decir eso, Tyamat recibió su recompensa y salió fuera de la tienda sin recibir más preguntas, caminando entonces cerca de las tiendas de los soldados y de las personas que lo observaban con miedo. Después de mirarlos por un segundo, el manakete procedió a ocultar su rostro con la capucha, para poco después chocarse accidentalmente con una de las personas que pasaban cerca.

- ¡Ah! Lo... Lo siento mucho…

El hombre no parecía molesto con lo sucedido, pero Tyamat parecía no verlo de esa forma, caminó con un poco más de prisa lejos de ahí, esperando poder ignorar en todo el camino aquella atención que yacía sobre él y de esa manera poder relajarse. Se aferró celosamente a la Dragonstone que llevaba en su puño, vigilando no tropezar, y mucho menos, chocarse con alguien de nuevo en el camino. Tyamat no podía comprender muy bien por qué se sentía de esta forma, pero supuso que una vez que durmiera se sentiría mejor. En cuanto halló un lugar tranquilo y cómodo, no muy lejos del campamento, pero si fuera de la vista de los humanos, se sentó un momento bajo la sombra de un árbol. Tyamat cerró los ojos y al cabo de unos minutos se durmió tan rápido y profundamente que no tuvo tiempo para pensar en nada más, hasta que se despertó unas horas después.
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Mensaje por Eliwood el Dom Ago 19, 2018 11:06 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Tyamat ha gastado un uso de su dragonstone.
Tyamat ha gastado un vulnerary.
Zephiel ha gastado un uso de su espada de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.
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