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[Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

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[Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Hrist el Vie Jul 20, 2018 3:49 pm

El duelo contra el príncipe Pelleas de Daein había acabado, como era de esperar, con la derrota de Hrist. Había despertado en la enfermería, donde le contaron los sanadores que hubo que usar un báculo para adormecer a Logi, que no había permitido que nadie se acercase a ella tras verla caer. Tras hacerla volver en sí, y atenderle el corte en el antebrazo derecho y la hemorragia de la nariz, poca faena más les quedaba por hacer con ella. La advirtieron que la fatiga le duraría aún unos cuantos días, por lo que debía olvidarse de hacer esfuerzos fuertes hasta no estar recuperada del todo. Además, le recomendaron comer algo dulce durante el día para, porque según ellos, le ayudaría a recuperar energía antes. No distaba mucho de lo que Mamá le contaba: que los dulces eran un chute rápido de adrenalina, si bien duraba poco.

Pero llamarlo fatiga era quedarse corto. El simple hecho de levantarse de la cama era una tarea titánica para Hrist. Y vestirse se le hacía un mundo. No es que estuviese muy cansada, es que estaba agotada, exhausta. No sólo le faltaba fuerza, también tenía unas agujetas espantosas. Todo reposo que hacía no era suficiente. Le costaba tanto hacer nada que ni siquiera tenía ánimos para hacerse un moño. Coger el cepillo y acercárselo a la melena rubia era pedirle peras al olmo. Y mucho menos para calzarse su atuendo de jinete de wyvern. De repente, encajar y desencajar el gorjal, ponerse el body, los pantalones de montar… ponerse en el orden correcto las coderas y el guantelete… Por Grima, qué suplicio. Le dolía la cabeza sólo de recordar qué pieza iba primero. Pese a que en el brazo derecho sólo quedaba un poco de dolor si forzaba mucho el músculo, tampoco tenía fuerzas para ir cargando con el hacha larga.

-Brfffft… -hizo, escapándosele la fuerza con cada soplido. –Estoy hecha un guiñapo… eugh… mamá… me duele todo…

Era lo que tenía ir por libre: sólo se tenía a ella sola, y a Logi. Y éste difícilmente le podría sujetar la ropa sin hacerla pedazos con sus dientes. Por otro lado, el wyvern no parecía acusar tanto los efectos de la magia del príncipe. A lo mejor los wyvern, pese a no estar hechos para resistir la magia, tenían mucha más salud que los humanos y se podían permitir perder más de ésta antes de desfallecer. O quizás el último ataque había sido más fuerte y por eso acabó con Hrist mordiendo, literalmente, el polvo de la arena.

Tras oír un par de veces a Logi gemir lánguidamente a través de la ventana, Hrist se obligó a sí misma a levantarse, cuál muerto viviente saliendo de su tumba. Dedicó sus buenos minutos a alcanzar la ropa en la cómoda, a los pies de la cama. Luego, tras atinar a atarse el corsé, tocaba vestirse con algo. Armándose de valor, se resignó a alcanzar sus ropas de calle, lo que solía llevar cuando no iba en “modo mercenaria”: su fiel vestido por encima de los tobillos, el corpiño, y el echarpe. Al acabar de calzarse las botas, estaba convencida de que le faltaría el aliento el resto del día.
Se acercó poco a poco al tocador para hacerse con el cepillo, y se peinó como pudo. Le hubiese gustado hacerse dos trenzas, pero separarse el pelo por la mitad y luego en mechones estaba, por el momento, muy por encima de sus posibilidades. Así que se contentó con poder atarse su querida pañoleta en la cabeza, al estilo campesino de las afueras de Windmire, con tal de que le quedase un poco ordenado y recogido. Se miró unos instantes al espejo. Dejando de lado su rostro agotado y la postura que indicaba que le costaba mantenerse en pie, por lo demás parecía otra joven más de las que caminaban por las calles de Regna Ferox.

Bajó a darle el desayuno a Logi, que tras desperezarse y estirar las alas, la saludó con un golpe de cabeza en el vientre que la hizo caer al suelo de culo.

-Logi, cielo, estoy para el arrastre… -le comentó con una sonrisa forzada. El contacto con el frío suelo le regaló un buen dolor en el trasero. –Vuelvo a la posada a tomar algo, a ver si espabilo un poco…

Agarrándose al morro del wyvern, se levantó despacito, con las piernas temblando. Le acarició suavemente el morro, agradeciéndole la ayuda. Se estuvo unos cuantos minutos abrazada a él. Era tan agradable apoyarse en algo firme…

-Estoy aquí al lado, así que ya sabes… -le dijo, arrastrando las sílabas con esfuerzo. –Pórtate bien.

Logi profirió un gruñido suave, y la vio alejarse fuera de los establos. Hrist entró de nuevo en la posada, y viendo que todas las malditas mesas estaban ya llenas a esas horas, caminó poco a poco hasta la barra, donde se apoyó con los codos cruzados y le pidió al posadero algo para beber. El posadero la reconoció al instante, pese a haberla visto sólo vestida de jinete de wyvern, y viendo el estado en que estaba, le ofreció un sitio en uno de los extremos de la barra, donde se oía un poco menos el jolgorio del resto de clientes. Hrist apoyó su cara en ambas manos, esperando lo que había encargado.  

Le trajo la bebida, una generosa jarra de hidromiel. La acompañaría con sus queridas galletas de miel, que llevaba siempre encima, del mismo tipo que ofreció a Sindri en Kilvas. Pero al levantar la jarra, algo fallaba. Le faltaba fuerza. El bíceps se le quejaba, no podía levantar tanto peso como antes, y el pulso le temblaba como si fuese una niña que había visto un fantasma. Le pareció notar que alguien ocupaba el taburete que había a su lado, pero estaba demasiado concentrada en sujetar bien la jarra con ambas manos, intentando reducir el temblor de su pulso. Por fin, logró acercar la jarra a sus labios y dar un placentero sorbo. Respiró hondo tras dejar la jarra en la barra, y se le ocurrió echar un vistazo al tendido. Fue al dirigir su mirada hacia su lado derecho, que sus ojos aterrizaron en cierto atuendo verde que le sonaba de algo. Tardó unos segundos en procesar esa información y en identificar al individuo.  

Don Resaca acababa de honrarla con su presencia.
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Roquentin el Lun Ago 06, 2018 6:36 pm

He ganado. Desconozco los detalles que me llevaron a acabar victorioso en tan esperpéntico duelo pero la verdad es que no me preocupan en exceso y simplemente me limito a asimilarlo ya que la alegría de tan inesperado desenlace me permite sobrellevar el pesado dolor que ejerce sobre mí las diversas heridas fruto de una batalla encarnizada de orgullos (aunque desde fuera seguramente se asemejaría a una actuación de un bufón). Intento convencer a la enfermera de que me dé alguna hierba tranquilizante, sin embargo no parece convencida por mis argumentos y me exhorta a irme del local para atender a gente que lo necesita más que yo.

Mi cuerpo me pesa, sin embargo me veo capaz de caminar debido al vigor que me confiere la victoria y no hay mejor celebración para una victoria que ir a beber hasta caer al suelo en alguna tasca cercana, el ver mi deseo tan cerca me motiva y me hace aligerar el paso. Camino por callejones bulliciosos, sin embargo no presto atención al mundo que me rodea ya que el interés que me suscita es más pequeño que ni siquiera parece existir, en realidad el Creador podría haberse ahorrado todas estas variables innecesarias en mi vida y simplemente crear un pasillo recto y vacío de una cama a una despensa con alcohol, la vida sería mucho más fácil. O bueno, podría haberse ahorrado mi mísera existencia, que tampoco estaría mal...

Calculando cuanto me quedaba de vida según el alcohol que consumía, una fuerte risa me saca de mis cavilaciones y me conecta de nuevo con el mundo real, el pasillo blanco infinito que había creado se desvanece y a mi alrededor aparecen barriles, redes, humanos y hasta un gato; sin embargo entre todos estos objetos no interesantes destaca el foco de aquella risa: un hombre obeso, calvo y con la barriga manchada de dios sabe qué, cráneo braquicéfalo y un cuello que parece funcionar por resorte y que sigue un movimiento mecánico que no parece cesar, pupilas grandes que al fijarme en ellas durante en unos minutos me sumerjo en un mundo negro, a su lado una caja de hongos que parecen el causante de todo aquel delirio. Había oído anteriormente sobre la existencia de tales alimentos, sin embargo hasta ahora no me habían suscitado interés, sin embargo aquel ser de sebo me ha seducido, con la seguridad por las nubes tras el combate decido coger la caja y salir corriendo, sin embargo no parece necesario gastar tanta energía ya que el hombre sigue quieto profiriendo fuertes gritos de vez en cuando. Me como todo el contenido de la caja y la tiro al suelo, ahora solo quedaba esperar a que sus efectos se hagan visibles, pero para antes de que eso pase veo conveniente pedir indicaciones para la taberna más cercana ya que no sé cómo me comportaré después de sumergirme en aquel prometido mundo de locura.

A pesar de que aquel señor me ha asegurado que no está muy lejos, llevo media hora caminando y no llego, camino, camino, camino, camino, un pie, ahora el otro, vuelta a empezar como un reloj... Visión borrosa... Una fuerte palmada de un soldado me devuelve al mundo real, no sé lo que me está ladrando pero más gente clava su indiscreta mirada en mí, ¿por qué? Al ver que estaba en una plaza circular dibujo mi trayectoria en la mente y llego a la hipótesis de que llevo andando en círculos un buen rato, avergonzado ligeramente me desvío sin soltar palabra y rezo por acabar en aquella tasca.

Intento rememorar y seguir las indicaciones que me dio el señor atacado por destellos de color, voces desconocidas y molestos rugidos de wyvern -a pesar de que no hay wyverns cerca-, siendo víctima del prejuicio social al ver como las madres exhortan a que sus hijos aparten su mirada de mí. Finalmente llego a la tierra prometida, abro la puerta con gran ímpetu y recobrando el amor propio despojado por el hastío que me produce vivir, me siento en la barra no sin antes tropezarme con bastante gente, sin embargo, ¡ningún altercado grave juas, juas, juas!

El señor de la barra parece darse cuenta de mi estado pero no le da importancia, no seré el primer colgado que aparece en ese estado por allí -Deme néctar de los dioses con urgencia, ¡por favor!- le pido así mi bebida confiando en su criterio para que decida él que es el néctar de los dioses a lo que me responde con una mirada que implora la muerte. Finalmente me trae cerveza, sin embargo me doy cuenta de que la petición fue por inercia, ya que en realidad no tengo ganas de beber, aun así contemplo aquel vaso que quiere enseñarme cosas bonitas, ¡está bailando para mí! Maldición, nunca nadie ha hecho algo tan bonito por mí, ¿verdad que sería un crimen bebérsela?

En aquel momento giro mi mirada a la izquierda y percibo como unos ojos se clavan en mí -Siento una presencia...- digo cómicamente, posteriormente me doy cuenta de que yo a aquella mujer la conozco, sin embargo las sensaciones que me transmiten son nuevas -¿Qué tal chica del wyvern? ¿Qué te ha traído a tierras tan lejanas? ¿La gloria? ¿El amor? ¿O quizá el torneo? ¡Oh gran torneo del que no sé cómo he salido victorioso de la primera ronda.- dije mientras me reía sin ninguna razón, el poder social que me confería esta cosa era... Demasiado grande, puedo ordenar mis pensamientos pero la parte de mi conciencia que maneja el habla parece haberse independizado completamente. Me hace cosquillas mi pelo.
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Hrist el Sáb Ago 11, 2018 7:31 pm

Hrist parpadeó unos instantes, boquiabierta. Sus ojos fatigados intentaban encajar lo que creían ver, y lo que sus confusos oídos escuchaban. ¿Qué estaba sucediendo? Aquél no era el mago arisco y huraño que recordaba de su estancia en Begnion. ¡Tampoco apestaba a alcohol! ¿Quién era él y que había hecho con el auténtico Don Resaca? Sin ninguna duda, aquello tenía que ser algún sueño extraño, producto del agotamiento agudo tras el combate. Tenía que ser eso. Luego despertaría en la enfermería. Seguro. Pero antes de despertar, como le sucedía en todos los sueños extraños que tenía, pasaría algo bizarro e incomprensible: a lo mejor Don Resaca se quitaría el sombrero teatralmente, su pelo castaño se habría vuelto morado, y una desquiciante risita (“Ahuhuhu~”) resonaría en toda la taberna.

Clavó la mirada en él. Aunque con el sombrero puesto apenas lograba verle los ojos ensombrecidos por el ala de éste. Ah… El sombrero… la fruta prohibida para Logi. Le costaba trabajo apartar la vista de la pluma amarilla que lo coronaba. No la recordaba tan llamativa.

-H-Hola, Señor Mago. –atinó a decir, con un hilo de voz, tras despegar los ojos de la pluma.

“Chica del wyvern”. Qué honor. La había ascendido de categoría. ¡Ya no era “tú”! Ahora era… la “chica del wyvern”. En ese caso, si él la llamaba así en su cara, sabiendo su nombre (porque tenía que saberlo, otra cosa era que no le resultase tan interesante para recordarlo… pero algo le decía que del de Mulitia sí que se acordaba), ella podía llamarlo “Señor Mago”. Y con más razón, porque el joven no le dijo en ningún momento su nombre. Ni antes, ni durante, ni después del trabajillo en Begnion. Ay… En qué situaciones la ponía Anankos… Necesitaba un trago.
Volvió a asir la jarra de hidromiel con ambas manos, escuchando a Don Resaca. La punzada de dolor en el brazo derecho al levantarla le hizo empequeñecer los ojos y fruncir los labios fugazmente, pero no se quejó. Tras dar un merecido sorbo, se relamió los labios lentamente para no desaprovechar ni una gota, y deshizo todo el esfuerzo para dejarla de nuevo en la mesa sin que se le escapase de las manos. De todos los días en que podía cruzarse con semejante individuo, tenía que ser cuando se le caían las cosas de las manos.  

-Pffft… -como no logró ahogar la risa tonta que le escapó, se tapó la boca. Apoyada en la barra, cogió una galleta, se la acercó a la boca, y le dio un mordisco desganado. -Bueno, “lejanas”… -gesticuló el entrecomillado con una mano no muy firme. –En realidad, Regna Ferox me cae mucho más cerca de casa que Begnion. –le contestó, antes de dar otro bocadito a la galleta. –Pero no, poca gloria le espera a una humilde mercenaria del montón como yo en un país como éste… -le respondió con un suspiro, cerrando los ojos con resignación.

Viendo las pegas que le habían puesto para entrar por ser nohria, lo mismo se encontraba con alguna ley que le impidiese cobrar recompensas por trabajos de alta remuneración. O una restricción que impidiese a cualquier nohrio realizar más de determinado número de encargos.

-Hahaha… el amor, dice… -se rio lentamente, muy bajito, con la fuerza escapándosele con cada “Ha”.

Se quedó unos instantes en silencio, con la cara apoyada en una mano. Era un tema que siempre acababa colándosele en los pensamientos. Y no le apetecía ponerse a pensar en ello. No cuando le costaba trabajo no tumbarse en el suelo, hacerse un ovillo, dar las buenas noches y taparse con su capa de viaje. Era una asignatura pendiente, y no tenía ni fuerzas ni ganas de reflexionar sobre ello. No en aquel momento, ni con aquellas pintas.  

-¿Y a ti? ¿Eso es que a ti sí te trae el amor a Regna Ferox? –quiso saber, pasándose las manos por la cara para espabilarse un poco.

¿Habría llegado hasta Regna Ferox buscando impresionar a alguna chica? ¿Huyendo de algún matrimonio concertado que no era de su agrado? ¿Perseguido por el padre de alguna jovencita casta y pura (o eso creería el padre) a la que le habría robado la “honra” en alguna sórdida taberna? Naaaaah… Apenas le había visto una vez, pero la intuición le decía que su amor verdadero eran las bebidas espirituosas. Lo imaginaba cantándoles baladas al anochecer y durmiendo junto a las botellas vacías hasta el amanecer. Con sumo cuidado, para no romperlas en mil pedazos mientras se daba la vuelta.  

-¿El torneo? –los ojos se le abrieron de repente. -¿Tú también has participado en la primera ronda? - Se lo quedó mirando, esperando su respuesta.

Por primera vez, sintió curiosidad sincera y genuina. ¿Qué podía haber atraído a un individuo como él a un evento de aquel calibre? Quizás se había metido en un embrollo gordo y necesitaba la pasta del premio para salir del aprieto. Arrufó un poco las cejas al pensar que podría haberse enfrentado a él, y no a Pelleas de Daein, en la primera ronda. ¿Hubiese acabado igual?

-Enhorabuena. –Acertó a felicitarle, con los párpados medio caídos. –Por lo menos a ti te ha ido bien…

Por el rabillo del ojo le pareció percibir a un par de clientes señalándola con más o menos disimulo, pero hablaban demasiado bajo como para saber qué decían. ¿Podía ser que la hubiesen reconocido, y que se estuviesen riendo de ella por la estrepitosa caída que sufrió en el combate? Bien pensado… ¿Habría hecho mucho el ridículo antes de caer derrotada al suelo? No recordaba mucho al respecto, sólo un remolino de imágenes borrosas y sonidos vagos… Puso los ojos en blanco durante unos instantes. Era mejor ignorar los supuestos cuchicheos.

Aunque, puestos a pensar en los combates… Si en vez de tocarle con el mismísimo príncipe Pelleas, su oponente hubiese sido, por ejemplo, Don Zifar, la cosa hubiese estado mucho más igualada. Pero prefería enfrentarse a un rival correcto y educado como el príncipe… en vez de a un mago malhumorado con resaca que daba puñetazos a las puertas, o a un jinete de wyvern cerca de la jubilación que se lanzase al aire gritando “¡TÉCNICA IGNOTA DE LA CABALLERÍA DE CARCINO!” y se fustigase innumerables veces si fallaba.

Borró inmediatamente esas dos últimas imágenes de su mente con una rápida sacudida de cabeza, antes de que fuese demasiado tarde.  

-Lo siento, he tenido días mejores. –Se disculpó por inercia, casi tapándose media cara con la mano en la que apoyó el rostro. Miró unos instantes sus galletas, y volvió a mirarle. -¿Te apetece? –hizo, acercándole una galleta de miel, con la mejor sonrisa conciliadora que el cansancio le permitía poner. –Te debe de haber ido muy bien si sales tan fresco y feliz… ¿Contra quién peleaste?

A diferencia de ella, que tenía la herida del brazo derecho cicatrizando todavía, y con algún que otro moratón en el cuerpo oculto por la ropa, a él no le veía ni un rasguño. Ni parecía estar hecho polvo. ¿Se habría enfrentado a otro mago? También estaba la remota, remotísima posibilidad, de que se hubiese enfrentado a alguien bebido o con resaca. O mejor, que ambos fuesen con una cogorza del quince. ¡Un duelo de borrachos, a ver quién veía más doble o triple al otro! O que los dos tuviesen resaca. ¡Duelo de resacas! ¡¿A quién le estallaría antes la cabeza con el griterío del público?! Lo mismo soltaron las armas y se liaron a botellazo limpio hasta que uno de los dos cayó…

-Vaya, me perdí tu combate. –comentó, centrando su mirada en él de nuevo.–¿Cuándo fue? Me debió pillar estando todavía en la enfermería…  

O mientras estaba molida, estirada miserablemente en la cama de su habitación en la posada, maldiciéndose a sí misma por no tener poderes mágicos que le permitiesen cambiarse de ropa sin moverse, o sufriendo en silencio dolores musculares y articulares, cada vez que tenía que levantarse de la cama.

-Supongo que para la siguiente ronda estaré mejor… Iré a verte pelear. –dejó caer sonriendo, cogiendo otra galleta de miel.

¿Don Resaca en acción? Eso tenía que verlo. Y desde las gradas, mucho mejor. Le contaría a Logi los detalles a la salida del combate. Como decía el abuelo, “el jinete y el wyvern que marujean unidos, permanecen unidos”.


Última edición por Hrist el Vie Sep 07, 2018 8:05 am, editado 1 vez
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Roquentin el Dom Sep 02, 2018 11:24 am

No sé cómo pero acabé entablando conversación con aquella mujer de la cual no recuerdo el nombre, ignorando si me lo llegó a decir, seguramente sí porque la gente normal no suele ser tan imbécil como yo. Aun así, dentro de mi difuminado pensamiento me sorprende que habiendo sido tan borde con ella con anterioridad fuese capaz de llevar una conversación tan alegremente conmigo, ¿iría borracha? Yo, con un ánimo sin precedentes en mí, no puedo sino responder a la amabilidad de aquella joven mercenaria, con la que compartí momentos muy tensos al borde de la muerte; seguramente mi disposición a socializar de buena manera pueda reflejar inconsistencia en su pensamiento sobre mí, pero de ninguna manera la vida de un navegante de los pequeños placeres terrenales puede ser tan recta como la migración de las aves con el cambio de las estaciones.

-No vine a buscar el amor a estas tierras ni mucho menos, de hecho se puede decir que vine fruto de la casualidad que a veces nos imponen desde arriba. Queriendo llegar a Bern, tomé un barco equivocado y llegué aquí, cabreado fui a ahogar mis penas en el alcohol y el efecto vigorizante que, como sabrás, causa este en mí me llevó a apuntarme al torneo para ver si generaba beneficios sanos con los que mantener mis habilidades sociales, de cuya primera ronda salí vencedor desconociendo todavía el cómo.- le digo haciendo una recapitulación de mis aventuras más recientes con una voz jovial, cuya área de influencia no se limito a mi vieja camarada sino a algunas personas más de aquella tasca.

Es curioso, comparándome con aquel hombre de gran barriga al que le he robado estos alimentos, mientras él parecía encontrarse en otro plano de la realidad yo simplemente me encontraba extremadamente feliz, algo curioso, aunque desconozco sí el consumió lo mismo que yo, también esta disparidad puede deberse simplemente a como reacciona cada persona bajo modificaciones tan extrañas.

Sin embargo la vida me imponía una prueba que, si bien con el ánimo modificado, no estoy preparado para superar; si bien ahora mismo puedo llevar una conversación amigable con otra persona, mi empatía sigue siendo nula, honestamente no me importa demasiado lo que le ocurra a la gente mientras no me afecte demasiado a mí; y en este momento la joven jinete de wyvern es obvio que no se encuentra en el mejor de sus estados de ánimo (al contrario que yo), si bien no me importa en exceso lo bien que va nuestra conversación me obliga a intentar actuar, me obligo a intentar, por una vez encajar en aquel complicado mecanismo que es la sociedad y donde el engranaje que yo represento no parece tener hueco.

Me ofrece una galleta que acepto de buena gana, al introducirla en mi boca noto como cada uno de los poros de la galleta se fusionan en mi lengua, con un intensísimo sabor a miel que dudo que alguien haya experimentado antes, compadeciéndome de ello porque es simplemente brutal. A cambio de este alimento la mercenaria parece exigir a cambio que le dé conversación, por lo que yo con mis habilidades como escritor fracasado me propongo intentar animarla.

-La verdad es que no recuerdo como se llamaba, al igual que no recuerdo tu nombre je, je, je.- digo intentando atenuar la situación con una pequeña risa con la intención de convertir una situación ofensiva en una anécdota cómica -¡Anímate mujer! ¡No hay nada peor que una bella cara enfeada por el amargo sabor de la tristeza!- espera, ¿de verdad acabo de decir eso? No sé a dónde voy pero no hay tiempo de pararlo -Mira, yo acabé el combate derrotado y al levantarme de la camilla mi sorpresa es que me han declarado ganador, ¡y ni siquiera sé cómo! En ocasiones nada es lo esperado, por ejemplo, ¿quién me iba a decir que tras la misión volvería a encontrarme con alguno de mis compañeros a los que deseaba no volver a ver? - Ugh, bueno, intento arreglarlo -Pero, o sea, a pesar de mi reticencia de volverme a encontrar con cualquiera de vosotros, ¡estoy pasando un buen rato!- flecha esquivada, espero que se contente con ello.

Detrás de nosotros parece haber unos hombres que se mofan de mi nueva compañera, motivado por las sustancias en mi interior me giro agresivamente y entablo un duelo de miradas con mi semblante más serio, si bien no tengo la musculatura de un mercenario, en estos últimos meses de aventuras he ganado bastante porte y tengo una cara de mala leche terrible, que a pesar de estar de buen ánimo no tengo problemas para sacar; evidentemente en un duelo cuerpo a cuerpo no los voy a ganar debido a mi poca destreza en ese arte (si bien no tengo un muy mal derechazo), aunque no parece que vayan a responderme con violencia, aun así a partir de ahora tendré que estar atento para tirar de tomo de viento para poder proteger mi pequeño honor.
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Hrist el Mar Sep 18, 2018 6:04 pm

Hrist escuchó de un tirón la fascinante historia de cómo Don Resaca había dado con sus huesos en Regna Ferox y en la Arena de su coliseo. Su cerebro filtró la paja y extrajo los datos relevantes: cogió el barco equivocado (por razones que desconocía, pero que le sonaban a repiqueteo de vidrio de botellas), pilló una cogorza al llegar, y borracho perdido se inscribió al torneo. Le resulto fascinante también que diese por hecho que ella “sabía” que el alcohol tenía un efecto “vigorizante” en él.
Y nada más lejos de la realidad. Lo único que “sabía” era que el chaval tenía un humor de mil demonios en el momento en que iban a abrir la puerta que les llevó ante el cabecilla emergido en Begnion, que le gruñó cuando se sentó a su lado en la taberna, y que en ningún momento le dijo su nombre.

-Fascinante. –atinó a musitar, con las cejas enarcadas tirando de los párpados arriba, más por el súbito despliegue de buen humor y predisposición a conversar que por lo absurdo del contenido de la historia. –Enhorabuena por tu victoria, pues. –arrastró las sílabas mientras acercaba la jarra de nuevo para beber.

En el momento en que Don Resaca se llevó la galleta de miel a la boca, Hrist supo que había cometido un grave error. Observó la cara del chico, cómo movía la boca, cómo arrugaba la nariz, el vaivén de las cejas… ¿Había hecho mal ofreciéndosela? ¿Tan mala estaba? ¿Qué leches significaba esa expresión en su rostro? ¿Qué…? ¿Qué le pasaba en los ojos? Lo que ya no le sorprendió fue, sin embargo, que admitiese no “recordar” su nombre. Tal y como imaginaba, lo había oído pero ni se había molestado en escucharlo. Lo mismo ni siquiera se había enterado, con las narices hundidas en su querido libro. Los músculos de la cara se le empezaron a tensar pese al agotamiento, pero frenó a tiempo, y todo quedó en una tensa cara de póquer. “Hahahaha… Yo tampoco me acuerdo del tuyo… Quizás porque no me lo dijiste” estuvo a punto de salir de su boca. Pero optó por llenar el pecho de aire, y contar hasta tres.

-No pasa nada. –Se esforzó en conceder, centrándose en el contenido de su jarra. Empequeñeció los ojos. –Tampoco soy nadie importante.-casi gruñó.

Desvió la mirada, con el ceño fruncido y los párpados entornados. Dio un sorbo de hidromiel. Quizás no se acordaba del nombre de nadie, y vivía así de feliz. A lo mejor ni siquiera se acordaba del suyo propio.

-Brfffft… cof cof…  

Se le fue el hidromiel por el lado equivocado de la garganta, y empezó a toser, parpadeando frenéticamente. ¿Había oído bien? ¿Había dicho “bella cara”… y refiriéndose a ella? No, no… tenía que haber un error… Ese chico no estaba del todo en sus cabales.

-Qué suerte. –soltó, un poco más indolente de lo que hubiese querido. –Yo sólo recuerdo una nube de magia arcana rodeándome, visiones borrosas, y despertar hecha polvo en la enfermería.

Hrist no esperaba en absoluto que hubiese oído hablar de su combate contra el príncipe Pelleas. Si ni se acordaba de su nombre, cómo iba siquiera a prestar atención a los combates de otros… Pero entonces, tal y como decía el dicho popular, “una de cal, y otra de arena”. Empequeñeció de nuevo los ojos, y los clavó en los de él tras recibir la de cal. Estaba prácticamente segura de que la estaba vacilando. Hasta él se dio cuenta de que había metido la pata. Respiró hondo, y le respondió.

-Vaya, siento haberme cruzado en tu camino. –le espetó con suavidad, pero haciendo sangrar todas y cada una de las letras de cada palabra, sin despegar la mirada glaciar de él. ¿Por qué tenían que pasarle estas cosas cuando no estaba de humor para ello? –De veras no era mi intención amargarte el día con mi presencia. –Añadió, con un deje cortante, tanto como el filo de su hacha larga. –Pero que conste que yo llegué primero. –incluyó a la velocidad del rayo.  

Pero inmediatamente después, los cuchicheos volvieron a sus oídos. Hrist se giró hacia ellos con parsimonia, con la mirada cansada. Tardó unos instantes en darse cuenta de que los sudores de los hombres no los había producido ella, sino la persona a la que desviaron después su mirada… Don Resaca. Por El Eterno, ¿Qué pretendía? ¿Empezar una pelea? Lo que le faltaba, con las agujetas lo iba a pasar mal. Le costaba levantar la jarra sin que temblase, y bloquear golpes y hacer llaves iba a ser misión imposible. Miró a los hombres, y luego a Don Resaca. Luego volvió a los hombres, a Don Resaca, y a los hombres de nuevo. Era el momento. Tenía que tomar medidas antes de que el conflicto escalase y se fuese de madre. Hizo un chasquido de dedos ante las narices del Señor Mago Con Cara de Mala Leche, y cuando comprobó que había desviado su atención hacia ella, se dirigió a los hombres.

-Disculpen, caballeros… ¿Querían decirnos algo? –preguntó con toda la naturalidad del mundo, con la misma dulzura que una madre que pilla a su hijo con las manos en la masa pero sin perder la esperanza de esconder el cuerpo del delito engañándola. Disimuladamente, se sujetó el silbato bajo la ropa. -¿No? Bien, entonces disculpen la intrusión, por favor.

Sus palabras, si bien pausadas y educadas, aterrizaron en la mesa de los sujetos con el aplomo del filo de un hacha, o de la pisada de un wyvern. Que llevase vestido no iba a evitar que llevasen un mensaje claro. Se giró rápidamente hacia la barra de nuevo para dar un generoso trago:

-Como te decía antes –retomó la conversación anterior, con los ojos entornados, el ceño fruncido, y tensando los labios. -: Perdona por cruzarme en tu camino. –sentenció.

Tras lo cual dio un generoso trago de hidromiel y resopló como un toro que escarba furioso en la arena. Estuvo tentada de haber usado el silbato para que Logi asomase la cabeza por la ventana y ahuyentase a los cuchicheantes aquéllos con unas cuantas abiertas y cerradas de mandíbula al aire. Pero se lo pensó mejor, y decidió aplacar su disgusto con otra galleta. Esta vez ni la mordió. Se la metió entera en la boca, y empezó a masticarla con fuerza, los mofletes llenos como los de un hámster, y con los ojos cerrados de rabia.
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Roquentin el Dom Nov 18, 2018 1:08 pm

La joven lee mis intenciones y antes que dejarme a cargo de la tensa situación, pareciendo ser aun con poco tiempo, conocedora de mis paupérrimas habilidades sociales, toma mi relevo a la hora de intimidar a aquellos hombres y les habla en un tono de voz tranquilo pero en el que puede entreverse un matiz siniestro, matiz que penetra en mi cuerpo como lo haría una flecha lanzada sobre mi carne desnuda, despertando con ella un gran tormento en mi cuerpo.

Algo no está bien, mi buen humor se ha volatilizado y le ha sucedido un estado de paranoia y miedo, de momento parece dentro de los límites controlables pero teniendo en cuenta que estoy profundamente drogado no sé hasta qué punto puedo considerarme en control de la situación. ¡Maldición! ¡Qué estoy en una conversación!

-Eh sí... No te disculpes por ello, supongo que si ha ocurrido es por algún motivo en concreto...- le respondo apresuradamente al notar que mi tiempo de respuesta era demasiado largo para los estándares de una conversación normal, sin embargo en esta respuesta noto como mis habilidades sociales que tan vigorizadas estaban han decaído hasta niveles muy bajos, de hecho no puedo centrarme en la conversación, el Roquentin un-poco-más-sobrio simplemente las ignoraba, pero este simplemente no puede fijarse, voces, murmullos, estímulos que atormentan mis pensamientos.

La paranoia se apodera de mí, en este momento todos los demás seres humanos del bar se han convertido en enemigos que clavan sus lenguas viperinas como cuchillos sobre mi honor, no con golpes rápidos y fulminantes, sino con pequeñas tajadas que provocan un desangrado lento. Izquierda, derecha, atrás... Muevo mi cuello buscando a los enemigos invisibles, aunque encontrarlos sería algo sin importancia ya que no me veo en el ánimo de poder reaccionar, enemigos cuya caras desdibujadas han acabado con todo recuerdo de su humanidad y me provocan verdadero pavor, ¿qué puedo hacer contra un enemigo que no existe? Si bien en el fondo sé que no existen no puedo convencerme completamente de esta idea, por lo que sigo realizando estos movimientos de cuello erráticos acompañados de sonoros crujidos de este.

Me estoy rayando. De forma atolondrada me levanto de mi silla casi derramando la jarra de mi ex-compañera... ¡Carajo! Por un momento me había olvidado completamente de que nuestras existencias se habían entrelazado brevemente, en una situación límite tomo una decisión precipitada de la que segundos después me arrepiento -Necesito que me dé el aire... Si quieres venir.- le digo de forma inquieta, si bien quiero salir a tomar el aire le oculto la verdadera causa de este deseo, ¿qué le voy a decir? ¿Qué le he robado sustancias alucinógenas a un gordo que yacía en la calle y me las he comido y ahora estoy pasando un mal rato? A lo mejor no es tan mala idea... Pero no creo que lo acabe haciendo.

Salgo de sopetón por la puerta habiendo olvidado si quiera de si tengo que pagar algo. Fuera decido esperar para ver si la chica decide acompañarme, me doy cuenta de que es de noche, y mirando el cielo estrellado me veo sumergido en la inmensidad del cosmos, mi espíritu se ha desplazado de la puerta de la taberna hasta kilómetros por encima de mi cabeza para formar parte del mismo plano de las estrellas, la verdad es que estaría guay ser una estrella, simplemente estar en el cielo haciendo cosas de estrellas y observando a los diminutos humanos disfrutando de sus desgracias como lo hacemos nosotros al leer ficción burlesca o cuando atacamos a seres inferiores (si bien yo nunca lo he hecho el quemar insectos es una práctica común en los infantes). Sí, está guay eso de ser una estrella.
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Re: [Social] Gran reserva [Priv. Roquentín]

Mensaje por Hrist Ayer a las 6:53 pm

Por algún motivo en concreto. Claro, tenía que ser eso, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Se habían cruzado de nuevo porque, muy seguramente, pensó, Anankos se aburría como una ostra en su trono del Pilar Oscuro y había decidido poner uno al lado del otro, a ver qué hacían. A lo mejor se quedaban mirándose, a lo mejor no se decían nada… A lo mejor se peleaban como chinches, uno le tiraba del pelo a ella y la otra le desgarraba el sombrero a mordiscos.

Fuese lo que fuese, Hrist sólo alcanzó a mirarlo de reojo, sintiendo los párpados pesados.

-Argh, mierda… - bufó, mirando las gotas de bebida que habían logrado alcanzar su vestido.

¿Le manchaba el vestido y se largaba, tal cuál? Aquél no era el día para encontrarse con alguien así. ¿No podía haberse topado con él días más tarde, cuando se encontrase mejor?

-Que le dé el aire, dice… -farfulló, con los ojos entornados.

Miró su jarra de hidromiel, y respiró hondo. Quedaba apenas un último trago. Alzó la jarra con ambas manos, temblorosas aún, los brazos agonizando entre calambrazos, y lo consumió en apenas dos segundos. Luego miró la jarra que había dejado Don Resaca. Aún quedaba para algunos sorbos de cerveza.

Cerró los ojos, contó hasta cinco, y dio un largo suspiro.

-Tabernero. –llamó al hombre con un rápido chasquido de dedos, que desentonaba con su cara casi ojerosa. –Cóbrame ésta también. –y señaló la jarra de cerveza (no… “néctar de los dioses”) del Señor Mago. -¿Si le conozco? Más o menos… -se restregó la cara con ambas manos, torpemente -es difícil de explicar.  

Hrist asió la jarra con ambas manos, y se la acercó. La observó durante unos instantes, dudando. La alzó con las manos temblorosas, notando el dolor de las agujetas a lo largo de todo el brazo. Leches, cómo se notaba que estaba más llena que la suya… Hizo un último esfuerzo, y bebió lo que quedaba de cerveza. Ya que el chico se había desentendido de la bebida, pensó que sería una feo terrible al artesano que la había elaborado el hecho de desaprovecharla. Luego salió tras el chico del sombrero que había cautivado a Logi, con paso calmado, procurando no agotarse antes de tiempo. Lo encontró a la salida, con la mirada perdida en el cielo.  

-Señor Mago –le informó, arrastrando la voz. -,he pagado tu “néctar de los dioses”.  

El aire nocturno, frío, hizo volar los bajos del vestido y estremecerse toda ella. El cabello le ondeó libre y desordenadamente, sin ningún lazo que lo sujetase.  Sintió un pinchazo a lo largo de la cicatriz que le había quedado bajo la mandíbula, en el lado derecho del cuello, recuerdo de su estancia en Grannvale.

–Y lo he aprovechado, ya que lo has dejado ahí abandonado, y yo me había quedado con sed. - Cerró momentáneamente los ojos mientras se tapaba mejor con su echarpe. Tenía ganas de recostarse contra la pared, sentarse en el suelo, y dormitar hasta la hora de la cena. -Espero que no te moleste. - Pobre de él que se quejase. Se largaba sin más, sin pagar, y habiéndole manchado el vestido. No tenía ganas de montar una escena, pero la fatiga la estaba poniendo de mal humor.

Se colocó junto a él, a su izquierda, protegida por el echarpe y con las piernas doloridas pidiendo vacaciones. Dejó una distancia prudencial, por educación. Se dio cuenta entonces de que era alto. Leches, más alto que ella. ¿Cómo no lo había notado antes?

-Ya me invitarás tú la próxima vez, ¿verdad? –sugirió, con ese tono de voz que, más que sugerir, asignaba una tarea sin admitir réplica.

Empezó a tiritar. Miró entonces al cielo. ¿Ya había anochecido? Por El Eterno, qué rápido oscurecía en Regna Ferox…
El cielo estrellado le traía recuerdos de infancia. Papá llevándola a caballito las noches de verano a la entrada del pueblo. Mamá enseñándole que no había que dejar la ropa tendida hasta muy tarde o se llenaría de bichos al entrarla en casa. El abuelo limándole las enormes zarpas a su anciano y cascarrabias wyvern… Tantos años habían pasado, y aún recordaba vívidamente algunas cosas, como los estridentes gritos del wyvern del abuelo, o el olor a flores que impregnaba las mañanas de primavera. Se sentía lejos de aquellos recuerdos, y a la vez, muy cerca. ¿Era acaso posible? ¿Sería aquello alguna secuela de la magia arcana?
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