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[Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

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Mensaje por Zephiel el Mar Jul 17, 2018 1:57 am

La Isla del Viento Este, o como últimamente se le llamaba, "Isla olvidada" había sido por mucho tiempo la menor de las preocupaciones para la corona de Bern (comparándola, por supuesto, con el territorio continental), razón por la cual en los últimos tiempos había ganado tan característico apodo tanto del ejército como de los ciudadanos. Siendo de playa pequeña y altos acantilados, rocosa y no muy abundante de árboles, no era considerada provechosa para el reino, conteniendo dentro de sí no más que un pequeño asentamiento de pescadores y un torreón, el cual se alzaba por sobre la cumbre más alta de la isla, construido con el único objetivo de vigilar la amplitud del mar a su alrededor. El contacto con el islote, tanto durante como después de la reconquista del país había sido escaso, tanto que no se sabía siquiera si había sido invadida también por los emergidos durante el curso de la guerra. Lo irónico era que tampoco podía ser importante para el enemigo, pues solo servía como un punto de descanso entre viajes, acción que los emergidos rara vez ejecutaban, según se tenía entendido. La otra ventaja que poseía era que colindaba con un par de rutas marinas que en algún momento de su historia habían sido bastante transitadas, pero que ahora se encontraban en desuso, por lo que tampoco podían alardear de ser útiles.

Pero a pesar de todo esto, nada significaba que debiera ser ignorada por mucho más tiempo. Zephiel, rey de Bern, tenía pensado retroceder sobre sus propios pasos y reconsiderar así las posibilidades de la isla. Si era cierto lo que se rumoreaba, que aquel lugar se encontraba intacto, virgen de todo enfrentamiento armado, podía servir como un punto de reflexión respecto al estado del reino, en ejemplo a seguir, un último bastión, podría decirse. En todo caso, requería una visita por muy breve que fuera.

Bern nunca había poseído fácil acceso a la costa, no contando con una flota propia, por lo que el transporte de Zephiel no fue por mar. Algo de inconveniencia trajo el viaje aéreo al tratarse de un camino directo y sin descanso para las bestias, pero él y su séquito pudieron manejar la situación y llegar a destino. Lo único que preocupaba la mente del rey era lo que no podía adivinar ni controlar: descubrir si la isla seguía siendo habitaba, o al contrario, había caído. Lo descubriría al aterrizar, por lo que no perdió el tiempo sobrevolando a su alrededor. El wyvern descendió sobre la arena y al sentir tierra firme no dudó en reposar, permitiendo a su jinete descender con mayor facilidad. Desde allí podían avistarse las casas, pocas y humildes, paralelas todas por un camino que atravesaba hasta el interior de la isla. La tarea de comprobar si aún seguían habitadas recaía en sus soldados, los cuales no tardaron en abrirse paso e investigar rasgos de vida. De algo podían estar seguros eso sí, y ese algo era que no habían rastros de destrucción alrededor de la playa. Tampoco en las casas, las cuales si hubieran sido atacadas probablemente estarían hechas cenizas sobre el suelo.

Sin embargo, ni una sola alma. Aquello hizo sospechar a Zephiel que los pescadores probablemente habían emigrado ante las noticias de la caída de Bern, temerosos de ser alcanzados también por la horda emergida. Costaba sorprenderse por esa clase de cobardía, pues, entre la vida o la muerte los humanos nunca consideraban la otra elección. No importaba, quizás porque por esa misma razón la isla no había sido tomada. Tenían entonces a disponibilidad la torre para hacer de ella su descanso hasta que fuera propicio viajar de nuevo. Esta última también se encontraba abandonada, pero no había perdido con el tiempo su valiosa cualidad de vigilancia. Y con la luna apareciendo ya sobre el manto negro de la noche, los soldados de Bern se permitieron iluminar las antorchas, reclamando una vez más aquel territorio a nombre de su rey.

Zephiel, por su parte, observaba solitario desde el puesto de vigía el andar de las olas. El viento constante hacía honor al nombre de la isla, pero su tacto era suave como la seda, el clima tranquilo, despejado y silencioso. Era una calma, podría decirse, preciosa, e incluso el rey no faltaba en apreciarla. Cualquiera notaría su imagen algo más apagada, acorde al escenario que lo rodeaba. El Rey hacía recuerdo de sus viajes a Etruria durante su juventud, pocos y breves, pero que de la misma forma lograban alejarlo del constante entrenamiento, la eterna visión de los muros del castillo, y de las preguntas y respuestas que siempre llegaban a su mente. Era una particularidad rescatable del caos y la ruina.
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Mensaje por Kuroyuki el Jue Ago 23, 2018 7:55 pm

- ¡Tierra a la vista! - El anuncio del oteador, entusiasmado por haber encontrado un lugar seguro en el que amarrar y descansar por la noche, se vio interrumpido cuando una superficie oscura tapó su campo de visión. - ¡Tierra a la...¡¿eh?! Pe-pero Kuroyuki, ¿Cuando ha llegado ahí? - Eran las alas de la sirvienta de la reina Sissi, sin que el marinero se diera cuenta, ella había escalado el palo mayor hasta lo más alto, un par de metros por encima de donde se encontraba la cofa del vigía. Muy a pesar de los tripulantes, debían lidiar con ella durante todo el trayecto, ida y vuelta, pues de ella dependía en gran medida la protección del convoy de mercancías formado por tres veleros de mediano tamaño. Un dragón siempre ayudaba a inclinar la balanza en una batalla naval, y curiosamente a la manakete de la selva le entusiasmó la idea de montar en uno de esos “artilugios humanos” en una larga travesía. Una semana la ida, y otra la vuelta. Algo que la princesa de la nieve negra haría por su cuenta en diez veces menos tiempo, pero, para ella suponía un interesante logro humano la invención de la náutica. No sólo poder mantener un objeto inerte a flote, también el de orientarse gracias al sol y las estrellas cuando no había continente a la vista con el que ayudarse. Los libros que leyó al respecto la dejaron más que intrigada, pues los verdaderos secretos del diseño de barcos, su funcionamiento, y la navegación habían sido transmitidos de padres a hijos y no quedaron fielmente reflejados en el papel. Y es por eso que la infante anduvo los primeros dos días de travesía de aquí para allá investigándolo todo, siendo una completa carga para la tripulación, incluso cambió de barco un par de veces planeando con sus alas desde lo alto de los mástiles.

- Hmm, tienes razón, sí, hay tierra a la vista. - Divagó con un tono de voz completamente indiferente, lo contrario a lo que realmente sentía. Habían pasado tantas cosas nuevas para ella en ese margen de tiempo y, afortunadamente para todos, su sentido dilatado del tiempo le permitiría entretenerse con esos menesteres durante meses si hacía falta. Una manakete entretenida sería menos insufrible que una aburrida. Entonces, aprovechándose de su cargo de protectora del convoy, se tomó la libertad de echar un vistazo a la isla que habían avistado. Podía estar segura de que no había emergidos cerca de su costa, pues los habría sentido desde la lejanía. De haber humanos, de seguro que se alertarían de su llegada en forma ancestral, pero estimó que no darían problemas con los barcos que amarrasen cerca de sus playas. Eso era lo único importante, es decir, investigar la nueva tierra. - Me voy. - No esperó a que el vigía pudiera replicarle, sólo se dejó caer del mástil y se alejó un poco del barco planeando. Después se envolvió en las membranas para canalizar su transformación a la forma dracónida. Sus escamas negras habrían sido imperceptibles de no ser por la luz remanente que desprendían las rosadas membranas conductoras de la energía de su piedra dragón. Su movimiento se veía en el firmamento como el producto de un extraño hechizo, mas sus efectos eran mucho más notables que los que se podían conseguir con la magia común. Con su nueva forma, el desplazarse era poco más que rutinario, y en cuestión de unos minutos llegó al islote. Sus enormes patas se posaron cerca del centro de la isla, en llano, antes de que el terreno escarpado empezara a ser notable.

Había podido divisar varias estructuras humanas mientras sobrevolaba el lugar, pero, kuroyuki lo sintió vacío y puro. La naturaleza predominaba en ese lugar, aunque no tuviera nada que ver con la selva, y aquello le recordó en cierta manera a la paz que vivía en su antiguo hogar. Antes de que Sissi la encontrara y todo cambiara para ella. No es que se arrepintiera de ello, pero, también echaba de menos su antiguo pasado. Sin prestar atención a nada más, sólo dejó caer todo su peso sobre el suelo para poder disfrutar de la fina hierba acariciando sus escamas, rodeando su largo cuello y aspirar el olor de la pradera con cada bocanada. La sensación era embriagadora, hasta el punto de sentir que podría dormirse si permanecía así por mucho tiempo. No le importaba, no obstante, aún teniendo mil años su mentalidad seguía siendo la de una niña. Tenía sobrada confianza en que podía cumplir sus tareas y satisfacer sus caprichos personales al mismo tiempo. De ese modo, hizo rodar su cuerpo por la hierba para acicalarse, emitiendo unos tranquilos gruñidos por las cosquillas que le provocaban las hebras vegetales al pasar entre sus escamas.
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Mensaje por Zephiel el Mar Oct 16, 2018 2:12 am

No fue su atención distraída hasta que, de pronto, el mecer del viento atrajo su oído, una diferencia particular de quien lo corta, igual que el diestro vuelo de un wyvern. No podía ser uno de ellos, eso sí, a menos que uno de los suyos hubiera escapado, o un mismo jinete de Bern hubiera venido a su encuentro, cosa improbable. La negrura de la noche era alarmante, y quizás por eso no había conseguido notar qué era aquella presencia desde la distancia, mas el estruendo de su llegada en la tierra fue suficiente para llamar la atención de cada uno de los presentes. Muchos se alarmaron... pero la mayoría conocía también que los encuentros de su rey con aquellas criaturas eran todo menos coincidencias, pues cierto era que la mayoría había experimentado lo mismo que él, habían escuchado cómo se comunicaba con ellos. Aún así fueron a pedir su consejo, inquietos, más Zephiel no podía hacer otra cosa que intentar buscar su imagen, hallando de pronto el distintivo color de sus alas entre la maleza. No era un color natural, sino atractivo e incluso alquímico.

"¿De dónde... y por qué?", se preguntó en silencio, por fin atendiendo a los llamados de sus súbditos. Ninguno confiaba en que lograrían escapar si resultaba ser una criatura agresiva, y por lo mismo, lo más inteligente que podían hacer era, o ocultarse, o enfrentarla desde un principio, fuera con palabras o con armas. Por supuesto, el rey de Bern se sentía más inclinado a esto último, pues no era su primer instinto alzar sus armas contra dicha raza. Pero entonces debía decidir cómo se aproximaría. Su presencia sola no sería mejor que la de sus hombres, si es que les ordenaba ir en su lugar. Además de eso, un dragón no debía tomarse como tan ignorante como para no suponer la existencia de todo un batallón en esa isla, si es que siquiera un solo soldado se desvelaba a sus ojos. Zephiel no tenía la apariencia de quien viajaba en solitario, pues portaba su atuendo real, y por lo mismo no valía la pena ocultar su situación.

Las antorchas de la torre fueron encendidas bajos sus órdenes, así descubriendo con su luz los alrededores, y dando así forma a las construcciones. Los soldados de Bern se afirmaron a las ventanas de la torre, armas en mano, pero precavidos de siquiera mostrar sus rostros. La visibilidad que habían ganado sería suficiente para distraer a la criatura de su soledad, o al menos eso suponía el monarca, quien pronto se había prestado para alzar la voz en lugar de todos ellos.

 - He de interrumpirte... -debía anunciarse con calma, viendo que de la misma forma se comportaba el dragón en su tranquilidad. Incordiarle de cualquier forma bien podía entenderse como una amenaza, o aún peor, un obvio signo de agresión. Debía ser precavido, y por lo mismo, debía empezar conociendo si aquella criatura poseía algún tipo de afiliación o inclinación a algún reino, nación o nombre. Eran aquellos tiempos en que los dragones manejaban países, eran súbditos, y al mismo tiempo, esclavos. Sin embargo, tal tenía toda la apariencia de ser una criatura libre, la cual probablemente poseía un objetivo al divagar hasta aquella isla, entremedio de dos continentes.- ...para hacer claro, que estás frente a una división del ejército de Bern, y junto con ellos, quien los comanda. -así ya se había identificado por su parte, pero no era suficiente. Si se había permitido hablarle, no era sino por respuestas.-  Mi intención es descubrir quién eres, y el por qué te has detenido aquí, en este asentamiento. -intentaba ser lo más dialéctico posible, pero nada indicaba que a quien hablaba fuera a contestar sus palabras. Tenía la fácil opción de irse, de abandonar y no preocuparse ya de un humano y sus seguidores.

Zephiel, consciente de su situación, miraba atento, tensando su mano, y congelando su expresión en una expectante. Mantener la calma era un ejercicio que dominaba, pero que entonces hallaba en su límite. ¿Qué diría? ¿Respondería con agresión, tal vez? También imaginaba la situación en que decidiera engullir aquel edificio en llamas. No sabía realmente que haría en ese caso, si es que siquiera podría hacer algo. Su vida bien podía pender de un hilo entonces, pero no temía, todo lo contrario.
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Mensaje por Kuroyuki el Lun Feb 11, 2019 4:37 pm

- “ Con que finalmente acudieron... ” - Comentó internamente la dragona, cuando sintió que la esencia humana que había en la isla se aproximaba al punto donde ella tomó tierra para disfrutar de su recreo. Aunque deseara que la hubieran dejado tranquila, tampoco le molestó, y en parte comprendió sus motivaciones cuando el líder del grupo de humanos le dirigió la palabra. La curiosidad del hombre no fue correspondida, la indiferencia de la manakete se hacía patente al recibir al extraño aún panza arriba y mirándolo de reojo. ¿Si lo ignoraba se acabaría marchando? Tras desechar aquél pensamiento en pos de mantener el buen nombre de la reina y su país, después de un silencio de algunos segundos, se aseguró de que no golpearía por error a nadie con su cola y se ayudó de ésta para rotar su cuerpo en una postura en la que pudiera incorporarse. Si su indiferencia por los beorcs fuera la mitad de lo que era, quizá hubiera asimilado el aura de Zephiel cuando él estuvo en la corte de Sindhu lo suficiente como para reconocerla entonces, mas sólo le despertó un inconsciente sentimiento de familiaridad cuando ella analizó con más detenimiento al general.

Kuroyuki no podía hablar el nuevo idioma en su forma ancestral y tampoco sintió que sus intenciones con ella fueran negativas. Por tanto, tras una fuerte exhalación nasal y  agitar su cabeza sutilmente, plegó sus alas alrededor de su cuerpo para iniciar el proceso de transformación a una forma más “amigable” para ellos. No podía decirse que fuera humana al cien por cien, pues, el recuerdo de sus alas quedaron presentes en los élitros rosados de mariposa que aún permanecían en su espalda. Además de unas orejas prominentes, mas el largo pelo azabache ocultaba dicha alteración morfológica. - ¿Asentamiento? - Respondió, algo confundida. Desconocía el sentido militar de aquella palabra. Para ella, un asentamiento sólo lo era si estaba habitado, pues de no estarlo sólo serían las ruinas de uno. - Pensaba que también estabais de paso, como las casas están tan descuidadas... - Aunque comparadas con las tribus de indígenas de la selva podían considerarse todo un lujo. - Lamento haber perturbado vuestro descanso. Me llamo Kuroyuki, súbdita de la Reina Sissi de Sindhu. Vengo en compañía de un barco de mercancías en dirección a la capital de este país. - Tras presentarse, señaló en la dirección en la que estaría el barco en cuestión. La penumbra nocturna hacía difícil localizarlo, mas una sutil sombra de la proa del barco podía distinguirse a nivel del horizonte. - Van a amarrar en lugar seguro para descansar hasta el nuevo día, yo me adelanté para asegurarme de que no hay peligro.

La luz violácea de su piedra aún latía entre sus manos, muy tenuemente, antes de resguardarla en un bolsillo oculto de su falda. Lo hizo con absoluta normalidad, sin importarle que miradas indiscretas pudieran haberse percatado de ello. El recelo de los manaketes hacia el secreto de su poder no era algo que ella comulgara. Su expresión fue completamente neutral durante toda su contestación, hasta el punto que podía ser incómodo, mas eso no le importaba a Kuroyuki. De hecho, su siguiente pregunta fue obligada por puro protocolo. - ¿Hay algo que pueda hacer? Marcharme... ¿Quizá?
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Mensaje por Zephiel el Vie Mayo 10, 2019 2:16 am

Nunca había visto criatura similar tan a gusto con su entorno. Aquella noche de cielos despejados no hacía sino traer un aura de misterio a aquel encuentro, entre dos entidades tan distantes. Cerrando los ojos, Zephiel no pudo sino recordar aquellas oportunidades anteriores en las que había chocado con aquella raza; todas situaciones de conflicto, todas cargadas de una prominente tensión que jamás había sido capaz de subsanar. Era la primera vez que hacía el intento de comunicarse con un dragón de una manera tan espontánea y casual, como si fuera un ave que hubiera aterrizado en su jardín sin acarrear ninguna preocupación consigo. Sin embargo, ¿Sería esta criatura igual de fácil de espantar que un gorrión?

Lo que no esperaba, por supuesto, era que dejara su forma primordial por aquella que en esencia no le pertenecía. Así se mostró con una figura que jamás hubiera imaginado, no por poseer el cuerpo de una joven, aunque esto por si solo era sorprendente. Aquello que lo asombró sobremanera fueron las alas que aparecieron acompañándola, como parte de su cuerpo. Hasta entonces jamás había visto rasgos tan prominentes de la sangre dragón en la raza de los manaketes, y esto lo descolocó, tanto a él como al escuadrón que lo acompañaba. Más aún siendo que realmente no parecían las alas de las criaturas de sus libros, que poseías escamas o plumas. No, aquella portaba en sus espalda dos enormes alas de mariposa, las cuales simplemente parecían no pertenecer a su cuerpo.

Todavía distraído por tal escena frente a sus ojos, el rey tardó en alzar la voz y continuar aquella conversación, sin embargo poniendo atención a las primeras palabras que dicha dragón le había dirigido.-...Sí, es cierto. Nuestra estadía es temporal, más veo en un futuro la posibilidad de repoblar esta isla. No por nosotros, sino por ciudadanos de Bern, los cuales puedan darle un mejor uso que el de un puesto de vigilancia -respondió tranquilamente.

-No imaginaba volver a tener contacto con Sindhu de una forma tan inesperada. -comentó. Zephiel, por supuesto, no acompaña sus comentarios con ninguna emoción o tono en particular, ya que simplemente no acostumbraba a hacerlos. Sin embargo, se veía interesado, al menos esa vez, de compartir palabra de manera extensa.- Pero así es. Bern espera dicha nave con ansias. Me conforta saber que va a buen puerto. -volvió a hablar, revelando, por supusto, que conocía de ella. Realmente parecía más abierto al diálogo de lo usual, tanto que sus soldados pronto se vieron absorbidos por su diálogo antes que la aún extravagante apariencia de la manakete. El monarca continuó con su discurso sin que en ningún momento cayera la duda en su voz.

-Kuroyuki, tal como has dicho, eres una súbdita de la Reina Sissi. No podría sino darte la bienvenida, sobre todo a esta isla que hemos ocupado, más imagino que no posees ningún interés en conocer el interior de esta torre, o quizás la villa abandonada a mis espaldas. Sin embargo, corrígeme si no es así. -le ofreció de manera sutil un recorrido por dicho asentamiento. Obviamente parecía suficiente a gusto en la intemperie, sin ser perturbada. Aún así Zephiel, por supuesto, era quien impulsaba aquella conversación entre ambos, y a pesar de que se mantuviera todavía en las alturas de aquel torreón, estaba dispuesto a descender con tal de hacer aquella presentación más amena. Y así como conocía la indentidad de aquella criatura...- No es mi deseo poner de lado mi nombre, pues lo veo necesario. Soy Zephiel, Rey de Bern, en una misión que requiere, por supuesto, de mi presencia. -pensaba que sería difícil descifrar su indentidad y el por qué de su participación, pero dicho tema no le incomodaba.- Considerando que probablemente no habría tenido contacto contigo, Kuroyuki, si el navío dejara su carga y diera su trabajo como cumplido, aprovecharé esta ocasión para pedirte que saludes a tu reina de mi parte. De esta forma, dime ¿Cuál es el estado de Sindhu? ¿Y cómo es que no pude encontrarme contigo durante mi visita a dicho reino? -preguntó con debida curiosidad.


Última edición por Zephiel el Mar Sep 03, 2019 10:26 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Kuroyuki el Mar Ago 20, 2019 8:21 pm

- Agradezco su consideración conmigo y con la reina Sissi. Da por seguro que le haré llegar vuestro mensaje a mi regreso, rey Zephiel. Es un placer conocerle. - Enunció una vez la otra parte la recibió y se presentó formalmente. Con una mecánica  reverencia, extendiendo el faldón y flexionando sus piernas levemente, culminó el protocolario saludo. - Sindhu está en una situación favorable: El pueblo prospera gracias a que los ataques de los emergidos han sido minimizados. - Reportó. - Poco a poco, todos están haciéndose un hogar en esa nueva tierra, la estabilidad se está asentando... - Añadió después, con la recopilación fragmentos de conversaciones de corte en las que ella estuvo presente parcial o completamente. No le agradaba recordar que su hogar estuviera siendo sometida a aquellos cambios. Acoger una sociedad como la sindhi suponía un riesgo para el equilibrio de la naturaleza, sobre todo el de la selva. Mas quedaba lejos el día en el intentó oponerse a ese cambio. Y perdió. Se conformaría con supervisar que no se producían excesos en la obtención de recursos naturales, al igual que confiaba en que la monarca atajaría el problema de ser necesario.

- Tal y como habéis supuesto, esta torre no tiene nada que capte mi interés. - Indicó con la pausa y neutralidad que la caracterizaba. - El pueblo luce como cualquier otro, pero hay cosas que no entiendo. Tengo curiosidad en cómo ha podido prosperar una colonia humana aquí, sin ninguna fuente de agua dulce cerca. - Kuroyuki estaba acostumbrada a vivir rodeada de ríos y lagos, donde los mamíferos y otros animales de gran tamaño empleaban para saciar su sed. Aquella isla, por contraparte, carecía de los accidentes geográficos necesarios para tener una reserva de agua constante en forma de nieve y ríos. Además, no sentía el clima propenso a llover con tanta frecuencia como en la selva. Era la primera vez que le surgía aquella incógnita, y del mismo modo era ignorante de los posibles avances que solventaban ese problema. - ¿Bebían agua del mar, quizá? - Preguntó con ingenuidad, denotándose en un tono de voz curioso. - Por otro lado, la ausencia de desperfectos me hace pensar que abandonaron el lugar por su propio pie. Eso tampoco lo entiendo... - Mientras se explicaba, se fue aproximando a la base de la torre vigía, con cortos pero ininterrumpidos pasos. - Si no es muy desconsiderado por mi parte, me gustaría que me mostrase cómo vivían.

[...]

Eventualmente, Kuroyuki estaba recorriendo las calles abandonadas de la villa acompañada del rey y dueño de la misma, y éste de un séquito indeterminado tanto en número como en distancia. Para la sirvienta de Sindhu no era relevante, sólo desentrañar los secretos que escondía la aldea. No había pasado demasiado tiempo desde su despoblación, pero sí el tiempo suficiente para que pequeñas plantas y musgo se arraigaran en las baldosas y paredes de piedra. No pudo evitar experimentar aquella armonía entre naturaleza y civilización con las yemas de sus dedos, de manos y pies, con sumo cuidado para que su presencia no perturbara lo que allí descansaba. Mientras tanto, la joven milenaria parecía proseguir con una conversación que no se había interrumpido en ese tiempo. - […] no creo que nuestra raza sea superior a ninguna otra, pero hay diferencias que tampoco pueden ignorarse. Siempre he pensado que aunque ambas partes puedan influenciarse de forma beneficiosa, cada uno tiene su lugar en el mundo. Humanos y dragones no ocupan el mismo sitio en el tiempo. Del mismo modo los humanos e insectos. Cada ser cumple su función dentro de su tiempo de vida. Así ha sido siempre... Es por eso por lo que no suelo relacionarme con vuestra raza. Vuestras pretensiones y objetivos son completamente distintos a los míos, y además no suelen interesarme. Sin embargo, es la primera vez que veo a una persona que no se ve abrumada por esta realidad. No se si es comprensión, aceptación, o respeto. La gente nos trata como dioses o como engendros pero vos no está en ninguna de estas dos partes. - Después de explicarse, se mantuvo silente, con un rostro en el que se podían diferenciar trazos de duda, quizá curiosidad, por la respuesta que daría el monarca a sus palabras.
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Mensaje por Zephiel el Mar Sep 03, 2019 11:27 pm

Zephiel se halló contento con las nuevas noticias del reino próximo, el cual cumplía con sus expectativas. Motivó sus ánimos, y no pudo sino imaginar un nuevo encuentro en el reino de Valentia, en donde la guerra no fuera quien le diera la bienvenida.

-Así imaginaba. Poco hay aquí que no sean armas y bienes. -sonrió, tentado también de abandonar aquella vista privilegiada, tan solo para continuar su conversación con su invitada.

Llamó su atención la notable curiosidad de la manakete, y no supo decir si era ingenua o le interesaban las ironías. ¿Qué sería del mundo si las aguas del mar fueran potables? Probablemente, los humanos aún encontrarían una manera de depositar en ella su avaricia.- Hay multitud de pozos que aún se conservan por el corazón de la isla. -aclaró con tranquilidad.- Sin embargo, ahora mismo nos abastecemos de los recursos traídos en nuestro barco, pues tampoco hemos podido comprobar su profundidad y abundancia. -si en verdad la isla iba a repoblarse, convenía rezar que aún fueran abundantes. La manakete al parecer sí poseía un interés por el pueblo a sus espaldas, ante lo que Zephiel asintió, a gusto de poseer algo que explicar.- Entonces, haremos pronto una ronda de vigía. Pues de igual manera poseo la curiosidad de evaluar cómo sobrevivían. -tan anexados se encontraban esos habitantes que podían con gran facilidad distanciarse de todo lo que era su reino.

Al andar, se permitió explayar lo que sabía cierto. Que se trataban de pescadores, una población pequeña pero determinada, la cual abandonó la isla por la dificultad de su territorio y por anhelar una conexión con el reino, el cual en el pasado prosperaba como nunca en habitantes y recursos. Sin emabrgo, Zephiel halló en su camino una conversación que captó su interés, tanto así que su proximidad a Kuroyuki se hizo presente. Por ser la única de su raza, y por hallarse en particular privilegio, había reconocido que para Zephiel ella era más que una representante de Sindhu. Por lo tanto, sus palabras llamaron su atención con cautela.

-No… no habría de tratarte jamás como una deidad. En esencia, los dragones son solo otro tipo de criaturas en el mundo, tal como dices. Sin embargo, no puedo negar, de ninguna manera, que reduzcas tu raza a nuestro nivel. -comentó sin dirigirle la mirada.- Es por esta misma razón que los humanos os adoran. Temen a su poder y sabiduría, y piensan que con gratitud pueden ganar sus favores. Por supuesto, existen dragones que han aceptado esta realidad, solitarios y desprendidos de sus anteriores vidas, se permiten cuidar de nosotros como harían con niños indefensos. -Zephiel entonces pensó que estaba diciendo demasiado, más recordó su conversación con Sissi, y cómo ante ella había logrado también desprenderse de sus muros y hablar con una subjetividad igual de alarmante. Sindhu, de todas formas, era un hogar para la discusión y el conocimiento, por lo que entonces se creía permitido compartir aquello con la mano derecha de su majestad.- ¿Qué piensas de la adoración a Naga? ¿Imaginas que es un ser diferente a ti, al permitir florecer una religión a sus pies? -preguntó, entonces siendo él quien tomaba las riendas de aquel diálogo.- He leído de manera vasta y larga los textos que se refieren a sus hazañas, y por lo que tengo entendido, la reina de Sindhu le aprecia por su benevolencia, a pesar de que sean, en esencia, seres idénticos, así como los humanos adoran a sus héroes de antaño.

Entonces dirigió su mirada a un pozo que encontraron en su camino, recordando cómo se había referido a ellos anteriormente. Se encontraba cubierto de musgo, y todos los aparatos que servirían para sustraer el agua se habían desbaratado con el paso del tiempo. Tranquilo,  se acercó a su borde y lo tocó con su mano enguantada, percibiendo el frío de su superficie de piedra.- ... ¿Pero qué función cumplen los humanos, que no sea adorar a una criatura superior? ¿Qué bien hay en cultivar la tierra y crecer ganado? ¿En formular guerras y disputar territorios? Al menos los insectos sirven de comida a sus gallinas y peces. Los dragones, por otra parte, no disturban de ninguna forma la naturaleza. De esta manera hallo diferencias, Kuroyuki. -se dio entonces la vuelta para enfrentarse a ella, mirándola. Sus soldados se acercaron mientras a investigar el pozo, uno lanzando una pequeña piedra a su profundidad. El minúsculo rebote de una gota al fondo de aquel agujero alegró el rostro de todos los presentes, los cuales celebraron silenciosos mientras el monarca continuaba su conversación.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Great Knight

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
Eckesachs [3]
Concoction [3]
Llave Maestra [1]
DragonStone [1]

Support :
Khigu [Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki] JEIjc1v
Sissi [Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki] JEIjc1v

Especialización :
[Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki] Espada-4

Experiencia :
[Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki] XONGImw

Gold :
593


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