Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

[Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

Mensaje por Zephiel el Mar Jul 17, 2018 1:57 am

La Isla del Viento Este, o como últimamente se le llamaba, "Isla olvidada" había sido por mucho tiempo la menor de las preocupaciones para la corona de Bern (comparándola, por supuesto, con el territorio continental), razón por la cual en los últimos tiempos había ganado tan característico apodo tanto del ejército como de los ciudadanos. Siendo de playa pequeña y altos acantilados, rocosa y no muy abundante de árboles, no era considerada provechosa para el reino, conteniendo dentro de sí no más que un pequeño asentamiento de pescadores y un torreón, el cual se alzaba por sobre la cumbre más alta de la isla, construido con el único objetivo de vigilar la amplitud del mar a su alrededor. El contacto con el islote, tanto durante como después de la reconquista del país había sido escaso, tanto que no se sabía siquiera si había sido invadida también por los emergidos durante el curso de la guerra. Lo irónico era que tampoco podía ser importante para el enemigo, pues solo servía como un punto de descanso entre viajes, acción que los emergidos rara vez ejecutaban, según se tenía entendido. La otra ventaja que poseía era que colindaba con un par de rutas marinas que en algún momento de su historia habían sido bastante transitadas, pero que ahora se encontraban en desuso, por lo que tampoco podían alardear de ser útiles.

Pero a pesar de todo esto, nada significaba que debiera ser ignorada por mucho más tiempo. Zephiel, rey de Bern, tenía pensado retroceder sobre sus propios pasos y reconsiderar así las posibilidades de la isla. Si era cierto lo que se rumoreaba, que aquel lugar se encontraba intacto, virgen de todo enfrentamiento armado, podía servir como un punto de reflexión respecto al estado del reino, en ejemplo a seguir, un último bastión, podría decirse. En todo caso, requería una visita por muy breve que fuera.

Bern nunca había poseído fácil acceso a la costa, no contando con una flota propia, por lo que el transporte de Zephiel no fue por mar. Algo de inconveniencia trajo el viaje aéreo al tratarse de un camino directo y sin descanso para las bestias, pero él y su séquito pudieron manejar la situación y llegar a destino. Lo único que preocupaba la mente del rey era lo que no podía adivinar ni controlar: descubrir si la isla seguía siendo habitaba, o al contrario, había caído. Lo descubriría al aterrizar, por lo que no perdió el tiempo sobrevolando a su alrededor. El wyvern descendió sobre la arena y al sentir tierra firme no dudó en reposar, permitiendo a su jinete descender con mayor facilidad. Desde allí podían avistarse las casas, pocas y humildes, paralelas todas por un camino que atravesaba hasta el interior de la isla. La tarea de comprobar si aún seguían habitadas recaía en sus soldados, los cuales no tardaron en abrirse paso e investigar rasgos de vida. De algo podían estar seguros eso sí, y ese algo era que no habían rastros de destrucción alrededor de la playa. Tampoco en las casas, las cuales si hubieran sido atacadas probablemente estarían hechas cenizas sobre el suelo.

Sin embargo, ni una sola alma. Aquello hizo sospechar a Zephiel que los pescadores probablemente habían emigrado ante las noticias de la caída de Bern, temerosos de ser alcanzados también por la horda emergida. Costaba sorprenderse por esa clase de cobardía, pues, entre la vida o la muerte los humanos nunca consideraban la otra elección. No importaba, quizás porque por esa misma razón la isla no había sido tomada. Tenían entonces a disponibilidad la torre para hacer de ella su descanso hasta que fuera propicio viajar de nuevo. Esta última también se encontraba abandonada, pero no había perdido con el tiempo su valiosa cualidad de vigilancia. Y con la luna apareciendo ya sobre el manto negro de la noche, los soldados de Bern se permitieron iluminar las antorchas, reclamando una vez más aquel territorio a nombre de su rey.

Zephiel, por su parte, observaba solitario desde el puesto de vigía el andar de las olas. El viento constante hacía honor al nombre de la isla, pero su tacto era suave como la seda, el clima tranquilo, despejado y silencioso. Era una calma, podría decirse, preciosa, e incluso el rey no faltaba en apreciarla. Cualquiera notaría su imagen algo más apagada, acorde al escenario que lo rodeaba. El Rey hacía recuerdo de sus viajes a Etruria durante su juventud, pocos y breves, pero que de la misma forma lograban alejarlo del constante entrenamiento, la eterna visión de los muros del castillo, y de las preguntas y respuestas que siempre llegaban a su mente. Era una particularidad rescatable del caos y la ruina.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
Khigu

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1962


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

Mensaje por Kuroyuki el Jue Ago 23, 2018 7:55 pm

- ¡Tierra a la vista! - El anuncio del oteador, entusiasmado por haber encontrado un lugar seguro en el que amarrar y descansar por la noche, se vio interrumpido cuando una superficie oscura tapó su campo de visión. - ¡Tierra a la...¡¿eh?! Pe-pero Kuroyuki, ¿Cuando ha llegado ahí? - Eran las alas de la sirvienta de la reina Sissi, sin que el marinero se diera cuenta, ella había escalado el palo mayor hasta lo más alto, un par de metros por encima de donde se encontraba la cofa del vigía. Muy a pesar de los tripulantes, debían lidiar con ella durante todo el trayecto, ida y vuelta, pues de ella dependía en gran medida la protección del convoy de mercancías formado por tres veleros de mediano tamaño. Un dragón siempre ayudaba a inclinar la balanza en una batalla naval, y curiosamente a la manakete de la selva le entusiasmó la idea de montar en uno de esos “artilugios humanos” en una larga travesía. Una semana la ida, y otra la vuelta. Algo que la princesa de la nieve negra haría por su cuenta en diez veces menos tiempo, pero, para ella suponía un interesante logro humano la invención de la náutica. No sólo poder mantener un objeto inerte a flote, también el de orientarse gracias al sol y las estrellas cuando no había continente a la vista con el que ayudarse. Los libros que leyó al respecto la dejaron más que intrigada, pues los verdaderos secretos del diseño de barcos, su funcionamiento, y la navegación habían sido transmitidos de padres a hijos y no quedaron fielmente reflejados en el papel. Y es por eso que la infante anduvo los primeros dos días de travesía de aquí para allá investigándolo todo, siendo una completa carga para la tripulación, incluso cambió de barco un par de veces planeando con sus alas desde lo alto de los mástiles.

- Hmm, tienes razón, sí, hay tierra a la vista. - Divagó con un tono de voz completamente indiferente, lo contrario a lo que realmente sentía. Habían pasado tantas cosas nuevas para ella en ese margen de tiempo y, afortunadamente para todos, su sentido dilatado del tiempo le permitiría entretenerse con esos menesteres durante meses si hacía falta. Una manakete entretenida sería menos insufrible que una aburrida. Entonces, aprovechándose de su cargo de protectora del convoy, se tomó la libertad de echar un vistazo a la isla que habían avistado. Podía estar segura de que no había emergidos cerca de su costa, pues los habría sentido desde la lejanía. De haber humanos, de seguro que se alertarían de su llegada en forma ancestral, pero estimó que no darían problemas con los barcos que amarrasen cerca de sus playas. Eso era lo único importante, es decir, investigar la nueva tierra. - Me voy. - No esperó a que el vigía pudiera replicarle, sólo se dejó caer del mástil y se alejó un poco del barco planeando. Después se envolvió en las membranas para canalizar su transformación a la forma dracónida. Sus escamas negras habrían sido imperceptibles de no ser por la luz remanente que desprendían las rosadas membranas conductoras de la energía de su piedra dragón. Su movimiento se veía en el firmamento como el producto de un extraño hechizo, mas sus efectos eran mucho más notables que los que se podían conseguir con la magia común. Con su nueva forma, el desplazarse era poco más que rutinario, y en cuestión de unos minutos llegó al islote. Sus enormes patas se posaron cerca del centro de la isla, en llano, antes de que el terreno escarpado empezara a ser notable.

Había podido divisar varias estructuras humanas mientras sobrevolaba el lugar, pero, kuroyuki lo sintió vacío y puro. La naturaleza predominaba en ese lugar, aunque no tuviera nada que ver con la selva, y aquello le recordó en cierta manera a la paz que vivía en su antiguo hogar. Antes de que Sissi la encontrara y todo cambiara para ella. No es que se arrepintiera de ello, pero, también echaba de menos su antiguo pasado. Sin prestar atención a nada más, sólo dejó caer todo su peso sobre el suelo para poder disfrutar de la fina hierba acariciando sus escamas, rodeando su largo cuello y aspirar el olor de la pradera con cada bocanada. La sensación era embriagadora, hasta el punto de sentir que podría dormirse si permanecía así por mucho tiempo. No le importaba, no obstante, aún teniendo mil años su mentalidad seguía siendo la de una niña. Tenía sobrada confianza en que podía cumplir sus tareas y satisfacer sus caprichos personales al mismo tiempo. De ese modo, hizo rodar su cuerpo por la hierba para acicalarse, emitiendo unos tranquilos gruñidos por las cosquillas que le provocaban las hebras vegetales al pasar entre sus escamas.
Afiliación :
- Sindhu -

Clase :
Manakete

Cargo :
Sirvienta real

Autoridad :

Inventario :
Dragonstone [2]
Sello Maestro
Vulnerary [3]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
94


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

Mensaje por Zephiel el Mar Oct 16, 2018 2:12 am

No fue su atención distraída hasta que, de pronto, el mecer del viento atrajo su oído, una diferencia particular de quien lo corta, igual que el diestro vuelo de un wyvern. No podía ser uno de ellos, eso sí, a menos que uno de los suyos hubiera escapado, o un mismo jinete de Bern hubiera venido a su encuentro, cosa improbable. La negrura de la noche era alarmante, y quizás por eso no había conseguido notar qué era aquella presencia desde la distancia, mas el estruendo de su llegada en la tierra fue suficiente para llamar la atención de cada uno de los presentes. Muchos se alarmaron... pero la mayoría conocía también que los encuentros de su rey con aquellas criaturas eran todo menos coincidencias, pues cierto era que la mayoría había experimentado lo mismo que él, habían escuchado cómo se comunicaba con ellos. Aún así fueron a pedir su consejo, inquietos, más Zephiel no podía hacer otra cosa que intentar buscar su imagen, hallando de pronto el distintivo color de sus alas entre la maleza. No era un color natural, sino atractivo e incluso alquímico.

"¿De dónde... y por qué?", se preguntó en silencio, por fin atendiendo a los llamados de sus súbditos. Ninguno confiaba en que lograrían escapar si resultaba ser una criatura agresiva, y por lo mismo, lo más inteligente que podían hacer era, o ocultarse, o enfrentarla desde un principio, fuera con palabras o con armas. Por supuesto, el rey de Bern se sentía más inclinado a esto último, pues no era su primer instinto alzar sus armas contra dicha raza. Pero entonces debía decidir cómo se aproximaría. Su presencia sola no sería mejor que la de sus hombres, si es que les ordenaba ir en su lugar. Además de eso, un dragón no debía tomarse como tan ignorante como para no suponer la existencia de todo un batallón en esa isla, si es que siquiera un solo soldado se desvelaba a sus ojos. Zephiel no tenía la apariencia de quien viajaba en solitario, pues portaba su atuendo real, y por lo mismo no valía la pena ocultar su situación.

Las antorchas de la torre fueron encendidas bajos sus órdenes, así descubriendo con su luz los alrededores, y dando así forma a las construcciones. Los soldados de Bern se afirmaron a las ventanas de la torre, armas en mano, pero precavidos de siquiera mostrar sus rostros. La visibilidad que habían ganado sería suficiente para distraer a la criatura de su soledad, o al menos eso suponía el monarca, quien pronto se había prestado para alzar la voz en lugar de todos ellos.

 - He de interrumpirte... -debía anunciarse con calma, viendo que de la misma forma se comportaba el dragón en su tranquilidad. Incordiarle de cualquier forma bien podía entenderse como una amenaza, o aún peor, un obvio signo de agresión. Debía ser precavido, y por lo mismo, debía empezar conociendo si aquella criatura poseía algún tipo de afiliación o inclinación a algún reino, nación o nombre. Eran aquellos tiempos en que los dragones manejaban países, eran súbditos, y al mismo tiempo, esclavos. Sin embargo, tal tenía toda la apariencia de ser una criatura libre, la cual probablemente poseía un objetivo al divagar hasta aquella isla, entremedio de dos continentes.- ...para hacer claro, que estás frente a una división del ejército de Bern, y junto con ellos, quien los comanda. -así ya se había identificado por su parte, pero no era suficiente. Si se había permitido hablarle, no era sino por respuestas.-  Mi intención es descubrir quién eres, y el por qué te has detenido aquí, en este asentamiento. -intentaba ser lo más dialéctico posible, pero nada indicaba que a quien hablaba fuera a contestar sus palabras. Tenía la fácil opción de irse, de abandonar y no preocuparse ya de un humano y sus seguidores.

Zephiel, consciente de su situación, miraba atento, tensando su mano, y congelando su expresión en una expectante. Mantener la calma era un ejercicio que dominaba, pero que entonces hallaba en su límite. ¿Qué diría? ¿Respondería con agresión, tal vez? También imaginaba la situación en que decidiera engullir aquel edificio en llamas. No sabía realmente que haría en ese caso, si es que siquiera podría hacer algo. Su vida bien podía pender de un hilo entonces, pero no temía, todo lo contrario.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
Khigu

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1962


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Social] Entre distancia y ruina [Priv. Kuroyuki]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.