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Mensaje por Shuten Douji el Lun Jul 16, 2018 8:30 am

Shuten Douji
Manakete
Ah...sinceramente, estoy muy feliz. Pensé en cambiarlo un poco para ser más útil, pero... ¿me pregunto? Si dices que encaja, me convertiré en un verdadero demonio. .. ¿Qué dices?

Datos
Nombre: Shuten Douji

Edad: Unos 900 aprox. / aparenta 14

Clase: Manakete

Especialización: Dragonstone

Afiliación: Hoshido

Ocupación: Viajera

Personalidad

¿Cómo describiríais el aire? ¿Qué característica sacaríais de una llama? Algo tan abstracto, pero que puedes sentir... Eso es Shuten Douji. Volátil, efímera... Como un extraño sueño, tratar con ella puede ser difícil y ameno a la vez, depende de cómo sea su ánimo. De gustos variados, hospitalaria, nunca tomará un sorbo de su copa sin haber ofrecido antes. De antiguas y casi olvidadas tradiciones, mantiene la tenacidad del pasado pero sin olvidar vivir el presente.

De carácter originalmente caprichoso, realmente a veces puede parecer una niña mimada, pero nada más lejos de la verdad en realidad, pues sabe lo que cuesta conseguir las cosas, aun cuando sea simplemente una porción de comida, sacar una sonrisa a alguien. Aprecia la belleza en su grado más abstracto, y también, a pesar de todo lo ocurrido en su pasado, prefiere la compañía. No hay juego más divertido que el de una vida compartida... aunque haya sido compartida con miles de seres por el camino. Viciosa empedernida del alcohol en todas sus variantes, la sensación de desahogo que le produce aquellas bebidas espirituosas la llevan a un grado superior de desenfreno y despreocupación que quiere alcanzar el mayor tiempo posible a lo largo de su día. Banquetes... Delicias que degustar, diversión, placer... Crueldad... El sabor de la sangre... Hay muchas cosas que pueden llegar a llamar la atención de este pequeño demonio con forma aniñada. Y conoce lo que es el sufrimiento de la soledad, del desprecio, de la desesperación y frustración... En ese sentido, no es solo una persona que nunca haya conocido lo malo. No, precisamente por haber conocido lo malo es por lo que optó a dirigir su vista hacia aquello que quisiera. A adaptar el mundo a ella de la misma manera que ella en su momento tuvo que adaptarse y huir a las circunstancias.

De amplios conocimientos a pesar de su orden selectivo de la 'compañía' que quería cerca, en verdad le gusta conocer cosas nuevas, y esa curiosidad puede llevarla a ser algo imprudente en ciertos aspectos. Confiada de sí misma, cree en sí misma a la hora de solucionar sus problemas y no le importa llegar a niveles extremos para conseguir lo que se propone. Con cero vergüenza, no le importa decir cosas hirientes al igual que usar las palabras como un juego, usando los dobles sentidos de las palabras con un pícaro tono. Gustosa del humor, le gusta gastar bromas, sin preocuparse si la broma puede ser o no hiriente hacia aquel que la escuche.

Con Shuten puedes pasar un momento inolvidable... o pasar al mismísimo infierno acompañado de una embriagadora voz y una sonrisa. ¿Cuál será tu suerte...~?



Historia del personaje

Ibaki nació cuando aún había una paz palpable. Cuando aún se podía conocer la naturaleza pura y hermosa en su esplendor y aún podías permitirte enamorarte de ella y de todos sus detalles como si de un milagro sublime se tratase. Esos momentos donde la única preocupación podía ser que una flor no abriese sus pétalos al exterior, cuando la única preocupación podría ser que un invierno pudiera ser un poco más frío de lo habitual... Era una época calmada, pacífica. Oh, esa época fue placentera... Una etapa donde no conocías ni te conocían. Donde la ignorancia era la que dictaba tu felicidad. Pero no todo sería así... El tiempo cambiaba, los tiempos cambiarían... Incluso para aquellos considerados prácticamente inmortales.

Antes siquiera de la llegada de la humanidad al conocimiento de los manaketes, ya empezaron a ser conscientes de una verdad irremediable. Una verdad que los golpearía con fuerza: una extraña condición que no solo alteraba su percepción y su salud mental, si no también su capacidad de generar descendencia. Dicho de otra manera... Esa condición, podría hacer que su especie desapareciera. Eso, fue una gran preocupación que causó una verdadera conmoción e, incluso, discusiones entre aquellos que durante mucho tiempo habían vivido en paz y calma. Y la solución a todo aquello fue, bajo el criterios de los Ancianos Dragones, fue tomar forma humana en busca de evitar aquella enfermedad que los consumía lenta pero inexorablemente. Por supuesto, Ibaki era joven cuando tuvo que decidir si seguir en su forma dracónica, como sus orgullosos y honorables padres pretendían hacer, o si tomar aquel nuevo, extraño aspecto que dictaría el resto de su vida unida a una pequeña piedra que sería la poseedora de su verdadera apariencia. Ibaki... la pequeña, esperanzada Ibaki... decidió, a pesar de las palabras de sus progenitores, tomar una forma humana.

Pero incapaz fue de abandonar a pesar de todo a sus padres, su moral no le permitía abandonarlos a pesar de los desprecios que ahora ellos le dirigían a ella. Y poco a poco, fue consciente de primera mano de los efectos de aquella enfermedad que carcomía sus mentes y carnes. Pudo ver, en la piel de sus majestuosos padres, como deterioraban hasta el punto de enloquecer, de tener que huir para mantenerse en vida. Ahí, la primera veta venenosa se instaló en su alma. La primera de muchas vetas más... Muchas, muchas más.

Cuando abandonó sus tierras de origen para descender a zonas más llanas, fue cuando comenzó a descubrir lo que era la humanidad. De lejos, descubriendo sus casas, sus costumbres de lejos, escondida, dudosa. Realmente... se parecían a ella, visiblemente tenían muchas semejanzas... Pero Ibaki seguía siendo diferente. Seguía siendo diferente. Lo sabía, y aun así, conservaba la esperanza de poder acceder a un mundo nuevo, con compañía. No quería estar sola... Quería volver a ese mundo idílico de ignorancia... Ahí, cuando hizo contacto con los humanos, fue cuando la segunda veta de veneno se esparció de nuevo por su alma, empoñozándola, conociendo la adversión y el odio que los humanos eran capaces de transmitir, física y moralmente. Haciéndola sentir como un monstruo, agrediéndola, en algunos casos pretendieron atraparla para cosas que ni la joven Ibaki quiso imaginarse. Había abandonado su cuerpo... había abandonado a sus gentes... Había dejado atrás todo lo que había sido su totalidad del mundo para ella. Ahora... ¿Ahora qué?

Vetas ponzoñosas... embriagadoras y  mortales para un alma pura, comenzaba a aturdir sus sentimientos, a cuestionarse qué era verdad y qué solo una mera utopía. Realmente... ¿pretendía ser querida en un mundo atestado de una especie que no era la suya? Ahora era algo parecido a un híbrido... No sabía dónde se habían escondido el resto de sus congéneres transformados... Por buscar una nueva esperanza, se había topado con un muro imposible de escalar, de superar. Ahora... ¿ahora qué?

Confundida, desesperada, frustrada, angustiada... Muchos sentimientos enturbiaban su razón hasta el punto de sentir incluso malestar físico en aquel débil, pequeño cuerpo frágil. Huyendo de toda civilización... Llegó un punto en el que no sabía si prefería estar sola o tener compañía. Ambas sensaciones eran terribles, esa contradicción moral la estaba destrozando. E internada de nuevo en los bosques adyacentes a los montes, fue que decidió residir allí, sola. Si el mundo era cruel con ella... ¿por qué ella debía de sufrir en silencio ese calvario? ¿Por qué debía permitir que la tratara así el destino, aun habiendo escogido la opción que le daba la vida, la esperanza? ¿Para eso quería vivir? ¿Para ser maltratada? Despreciada por su familia ahora desaparecida, también por los desconocidos... ¿también la humillaría todo aquello a su alrededor? Incluso la naturaleza parecía darle la espalda, renegándola... Pero eso no se quedaría así.

"Si todos son crueles... Yo me divertiré con ellos. Yo disfrutaré de aquello que el resto no pueden. Haré lo que quiera... para mi gozo y disfrute personal..."

Abusó de la naturaleza, haciendo suyos los animales, disfrutando de esa nueva sensación que era cazar, de ese delicioso momento en que sentía cómo les arrebataba la vida, esa esencia vital y, tomar aquello que les pertenecía. Desde la carne hasta el interior de sus huesos... Hizo suyo el explorar. Sí, se podría decir que llegó a un estado similar al de un salvaje, pero, seguía estando coherente. De vez en cuando bajaba a residencias humanas, robaba lo que tenían allí, probaba lo que antes no había probado. Hacía incluso suyas las residencias que eran abandonadas de vida humana para asentarse ella. La tercera veta se expandía, creando una cuarta, quinta, sexta... Su alma ponzoñosa ya no era lo que fue en su momento, y cada vez se embriagaba más de una tonalidad carmesí. De los vicios que iban encontrando. De aquellos que ya no podía abandonar... Quería más... Más...

Fue una etapa liberadora para Ibaki aquella, en la cual no tenía casa ni la necesitaba, y  no tenía compañía pero la buscaba, raptando a quien le apetecía y deshaciéndose de él cuando le apetecía. Era liberador... Pero, a la vez, buscaba algo nuevo. Algo que no le hubiera ocurrido. Sí... Buscaba algo que le permitiera divertirse más de un par de días.

Ahí fue cuando un hombre se atrevió a adentrarse a los bosques. Un extranjero... Aunque ¿quién no era extranjero para Ibaki? Todos eran desconocidos. Todos debían ser desconocidos. ¿Para qué conocerlos? Sabía cuál sería el resultado de aquello, aquellos oscuros sentimientos saldrían a flote, embotando sus sentidos y activando sus instintos más grotescos. Pero... ese hombre fue diferente. Ese hombre no la miró con terror, ni con odio, ni desprecio. Lo único capaz de percibir Ibaki era una profunda curiosidad provenir de aquel humano que ahora estaba tirado contra el suelo y con las uñas de la manakete clavándose en su cuello. Y ahí, fue cuando Ibaki se percató, en el reflejo de la cornea del hombre del aspecto que ofrecía. ¿Cuándo...? ¿Cuándo se había convertido en aquello? En una fiera de cabellos desordenados, rozando el umbral de ambos mundos, siendo lo único que reconoció como suyo la pequeña piedra turquesa que brillaba sobre su frente, sujetada por el dorado adorno y que era la que controlaba que mantuviera su aspecto humano. La voz del humano la volvió a la realidad, no reconoció del todo lo que le estaba diciendo, pero hizo que se apartara mientras intentaba buscar vagamente algún oscuro sentimiento en contra de su persona, cosa que no parecía ser. En verdad... ¿ese hombre no la reconocía como un monstruo? ¿No tenía miedo de ella?

Efectivamente, era así. Ese hombre de nombre Kyle pudo explicarle al cabo de algún tiempo lo que le había ocurrido. Un desterrado de su tierra, un delicuente... Era interesante aquello. ¿Quizás por eso era por lo que no se había espantado de ella? Hubo un intercambio de 'bienes', ya que mientras que la manakete le ofreció como hospitalidad que había tenido olvidada todos esos siglos una habitación donde residir dentro de la casa que había adquirido a la fuerza dentro del bosque, Kyle en cambio le ofreció ayuda para reparar cosas dañadas en la cabaña, le ofreció el lado razonable que había olvidado. Le devolvió la cordura, al menos la más superficial. Cortó su oscuro cabello, le ofrecióo una compañía que hacía siglos que no había tenido la laguz.

Conversaciones interesantes, ideas que procesar, una rutina nueva que restaurar, incluso le cambió el nombre de Kyle a Kimura... Era algo nuevo, pues no era lo que su dañada moral recordaba, si no otra cosa diferente. Ese humano... parecía feliz a su lado, a su vera. ¿Quizás estaba teniendo su propia etapa liberadora? Para Ibaki, esa fue otra etapa nueva... Una en la que no tardó en sobresalir la recuperación de su elegancia, de sus modales. Similar al nacimiento de una mariposa de su crisálida. Era hora de brillar... de actuar, de vivir. De todas formas... ¿Acaso tenía otra cosa que hacer? Descubrió con aquello otra faceta de la vida diferente, y con ello, otra veta más se esparció por su ser: la de la manipulación, el juego de la insinuación, de la superioridad, del placer. ¿Podría lograr que ese humano estuviera a sus pies... Obedeciéndola en todo lo que ella quisiera? Su propósito no solo fue superado con creces, si no más allá.

Ella le enseñó las costumbres de aquellas tierras, le enseñó los modales que en su momento conoció, ese valor de la hospitalidad y hacer sentir a los invitados bien. Le enseñó la correcta forma de hablar, de ser servicial y adaptable a las circunstancias. Ese hombre, en cambio, parecía estar cada vez más y más interesado, pero ya no solo en esos temas que en un futuro le salvarian, si no sobre todo en ella, en su persona. Mientras que a ojos de la manakete era solo una mascota que cuidar por entretenimiento, ese hombre realmente la idealizó al punto de adorarla. Y aunque encontró en la ciudad su hueco al conseguir trabajar en un ryoukan que pronto acabó estando a su mando, se dio cuenta de que algo fallaba cuando comenzaron a pasar los años. Pues él envejecía sin remedio, mientras que la aniñada figura de su amada Shuten Douji, tal cual la llamaba cariñosamente, no envejecía nada. Seguía igual a cuando la conoció... Y aunque eso, a ojos de Douji, sería motivo suficiente para que su mascota se alejara, aterrado, no fue así. Eso la sorprendió, hasta el punto de que dejó que los acontecimientos siguieran.

Ese humano seguía amandola... Incluso habiendo creado una familia para no ser sospechoso, familia que pronto pasó a ser un clan. El clan Kimura, a mando de un ya anciano que seguía haciendo un esfuerzo por llegar a aquella casa tradicional del bosque donde residía su idolatrada diosa. Incluso al borde de la muerte... Antes de darse cuenta, tenía a los hijos de ese extraño hombre extranjero allí, a sus pies, dentro de aquella casa tradicional de Hoshido que acabó siendo algo similar a un pequeño templo con el paso de los años, de las décadas...

Nunca imaginó que los humanos tendrían tal capacidad para considerar a su persona, a su especie, algo en un rango tan alto como lo que ellos llamaban 'diosa', aun cuando ellos nunca dijeron nada de ella fuera de su familia. Le concedían cualquier deseo... La atesoraban como un tesoro el cual no se podía mostrar... Cualquier capricho... Lujosas prendas, sake de la mejor calidad, deliciosos banquetes acompañados de una gran música y ambiente. Oh, los había enseñado bien, a todos aquellos humanos que iban cambiando ante sus ojos a una velocidad abismal... Incluso le ofrecían sacrificios para su gozo. Danzaba bajo los efectos del alcohol y de la emoción de la fiesta, animada por aquella raza que una vez la insultó y maltrató. Oh, sí, eso era divertido. En ese momento era feliz.

Pero, llegó un momento en el que supo que era hora de descansar. De descansar como era debido, de dejar a un lado todo aquello. Tenía curiosidad... si se dormía... ¿Qué ocurriría cuando despertara? ¿Qué pasaría cuando volviera a estar en aquel cruel y despiadado mundo que había logrado hacer a su gusto y forma? ¿Seguiría igual? ¿Seguiría teniendo a subordinados adorándola? Se distanció, logró hacer creer a la siguiente generación de que ella era inalcanzable y que su representación solo era la de una sacerdotisa, les avisó de lo que habría... Había llegado el momento.

Su figura dracónica se dirigió hacia una de las cuevas alejada varios kilómetros de aquel templo que anteriormente solo había sido una casa maltrecha que fue poco a poco arreglada, acompañada por algunos de los varones. Allí su escamoso cuerpo se acomodó, sus alas cubiertas de plumas cubrieron gran parte de su cuerpo, y un único suspiro indicó el último momento en que Shuten Douji estuvo 'viva' en ese momento. A partir de ahí, para el clan Kimura, ella estaba dormida, y era cierto. Pero ellos con el paso de las décadas fueron creando diferentes leyendas, diferentes creencias. Unos decían que ella estaba escondida y que lo único que había en aquella cueva era una estatua. Otros decían que Shuten Douji realmente sí estaba allí dormida, pero solo la creían con forma de dragón. Otros, en cambio, sabían la leyenda de la figura de Shuten Douji que era una figura humana, cercana, que podía transformarse en aquella majestuosa forma tallada que estaba guardada en la cueva. Y cada vez dichas leyendas pasaban a modificarse más, muchos años pasaron, muchas décadas... hasta que, pasados tres siglos, fue despertada. Sí, fue directamente despertada, de una manera extraña y, para su sorpresa, con una especie de ritual extraño en la que unas extrañas vibraciones procedían de aquellos humanos allí dispuestos. Unas vibraciones que le dieron en primera instancia una mala sensación, probablemente la culpable de que se despertara de aquella hibernación voluntaria. Sus ojos de pupila rasgada se abrieron, y el denso líquen que se había formado en su dracónica figura se craqueló y fue cayendo en densos bloques a medida que su esbelta figura se movía y estiraba sus músculos tras siglos de sueño. Un hondo ronroneo escapó de su garganta, haciendo temblar dicha gruta y, bajó su cabeza hasta que sus fauces se apoyaron directamente en el suelo, a la altura de todos aquellos humanos que ahora la miraban con terror. Un terror mezclado con una honda admiración y emoción. Ah... eso no parecía cambiar... La capacidad humana de sentir terror por aquello que no conocían... Que a todo eso, ella no reconocía a nadie de los de allí situados.

Su forma humana retomó pocos momentos después. Su boca se abrió en un breve bostezo que dejó mostrar sus colmillos visiblemente más marcados y, miró a aquel humano abandonado en medio de aquel circulo extraño y al que acababan de liberar mientras se apartaban. Lo miró con curiosidad y aun adormilamiento por lo obvio del momento, ya que... No sé qué se pensarían esos humanos que habían hecho, si invocarla o qué, pero ella aún estaba ensimismada en su estado de sueño vigía. Pero se acercó unos meros pasos hacia la figura del joven allí tirado como si fuera un sacrificio, cuando un ruido curioso, peculiar, metálico, retumbó en toda la gruta y el cual pareció hacer alarmar a todos aquellos humanos del clan Kimura, ya que comenzaron a correr por todos lados como si buscaran defenderse de algo. Mas tiempo a Douji no le dio, pues se vio de golpe alzada como si de un saco se tratase, y todo se hizo un borrón ante sus ojos al no enfocar como era debido mientras alguien se la llevaba lejos. Ahí, en esa etapa, fue establecida la caída de Hoshido a manos de aquellos seres que no logró ver en ese momento Douji, pero que no tardaría en conocer de cerca tras volver al mundo real. A aquel mundo cruel y devastado acompañada solo por un humano joven y alocado de nombre Hiren que, curiosamente, sí era un sacrificio hacia su persona. Ahora, tenía ese nuevo mundo que investigar, que descubrir, que hacer suyo. Porque ella era Shuten Douji... Y así sería.

Extras

- Actualmente no hay conocimiento de que algún miembro del clan Kimura esté vivo a excepción de Hiren tras la masacre en la gruta.

- Su nombre original era Ibaki, pero dicho apodo de 'Shuten Douji' se lo proporcionó Kimura (Kyle) y, decidió tomarlo para sí misma.

- Es especialmente buena realizando danzas tradicionales de su país de origen. Debido a su situación actual, suele realizarlas junto a una máscara tradicional de Hoshido que lleva consigo y que la ayuda a disimular sus cuernos.

- Uno de sus grandes placeres son los banquetes animados y acompañados de alcohol y compañía.

- Mide 1,45m.

- A pesar de su carácter, conserva el honor de la hospitalidad y considera algo importante en una persona.

- Odia la leche, da igual la procedencia de la misma.

- Le encantan las bebidas alcohólicas hasta el punto de querer cargar consigo siempre una vasija de cristal con dicha bebida, y ser capaz de lo que sea para conseguirla en caso de carecer de dicha bebida espiritual.

- Le encanta romper huesos y poder tomar el tuétano de los mismos. Lo considera un manjar, aunque no desprecia ni la carne ni la sangre (ni aun siendo humana), siendo en ese sentido diferente a los manaketes aún afianzados a la naturaleza.

- Siente cierto placer por el sufrimiento ajeno, pudiendo jugar incluso con las vidas por mero gozo y disfrute.

- Su manera de hablar es diferente, incluso considerada con toques arcaicos, lo cual hace de su hablar algo curioso e incluso a veces confuso de comprender.

- No le gusta que le toquen de improvisto sus cuernos. Puede llegar a volverse muy agresiva en caso de que alguien se salte esa norma.

- Le gusta descubrir cosas nuevas, experimentar, da igual en el ámbito que sea.

- A pesar de sus aspecto aniñado, su voz no es tan infantil como podría esperarse, cosa que puede llegar a sorprender a la gente que la escuche hablar.

- Aunque le tiene recelo a los humanos por lo que ocurrió en su pasado, no indica que no le tenga recelo al resto de razas, considerando de esa manera que el mundo es un lugar cruel en el que hacerse hueco es necesario. Por eso, prefiere divertirse a carcomerse la cabeza con sentimientos como la venganza o similares.

- Tiene un humor retorcido y cruel, pero eso no hace que pueda divertirse con bromas más sencillas.

- Su dragonstone se encuentrad adherida al adorno que lleva siempre sobre su cabeza.

- Kimura tenía como objetivo investigar en la magia negra y en la necromancia para poder revivir y seguir viviendo para siempre junto a Shuten Douji, por eso los descendientes del clan Kimura investigaron esa rama de magia negra."

Procedencia
Nombre original del personaje: Shuten Douji
Procedencia: Fate Grand Order

Spoiler:

Forma Humana:




Forma dracónica:


Última edición por Shuten Douji el Lun Jul 16, 2018 3:19 pm, editado 1 vez
Afiliación :
- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Manakete

Cargo :
Viajera

Autoridad :
-

Inventario :
Dragonstone [3]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
298


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Re: // Shuten Douji ID \\

Mensaje por Eliwood el Mar Jul 17, 2018 1:56 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenida!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3428


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