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[Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

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[Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Veronica el Jue Jun 28, 2018 8:53 am

El castillo Krakenburg era, por decirlo en una palabra: inmenso. Llevaba ya varios días viviendo en sus paredes de roca oscura y aún debía usar la ayuda de los sirvientes para saber donde se encontraba y hacia donde debía ir. El único camino que se había aprendido había sido el que iba desde la entrada principal hacia sus aposentos, pero el resto de los pasillos le eran desconocidos e imposibles de reconocer. En muchas ocasiones, su propio orgullo le había impedido pedir direcciones a los criados, y eso le había hecho estar horas deambulando en soledad hasta que o bien desistía y exigía que la llevaran de vuelta a sus estancias, o bien por obra de Anankos llegaba a una zona ya conocida. Pero ese día había tenido muy mala suerte. Se debía de haber adentrado en una zona poco transitada, pues apenas había puertas a los lados, las antorchas estaban dispersas y había zonas completamente a oscuras entre una y otra, y no había visto a un mísero sirviente en media hora. El único sonido discernible era el de los tacones de la niña, que hacían un ruido persistente al caminar sobre el suelo de piedra.

Que Anankos le diera fuerzas, porque como no viera una salida pronto aplicaría el método final de escapar por una ventana, o algo poco digno como tener que llamar a una puerta a pedir auxilio. O quizás se tiraría al suelo a esperar la muerte porque eso era preferible a humillarse de las otras maneras. Qué manera de acabar su carrera de conquistadora cuando aún no la había ni comenzado. Así fue que, entre lamentaciones internas, Veronica fue a parar frente a un portón inmenso, una entrada con antorchas a los lados y un aura extraña. La falta de personas, el silencio atronador y la llamada de lo oscuro indicaban una sola cosa: peligro. Pero, para una niña acostumbrada a la falta de personas, los silencios atronadores y la llamada de lo oscuro, aquella puerta era una puerta normal. Más grande que lo habitual, sí, pero una puerta como cualquier otra. Veronica la miró unos instantes, como evaluándola, antes de levantar la mano y girar el pomo para abrirla. Tuvo que hacer fuerza con las piernas y los brazos, ya que la estructura era pesada, pero en cuando apareció una rendija se coló en la habitación a través de ella.

A su espalda, el portón volvió a cerrarse con un sonido alto y chirriante. Frente a ella, reinaba una penumbra más grande que la que había encontrado en el pasillo. Había unas pocas velas aquí y allá, lo suficiente como para que no se chocara contra una de las miles de estanterías que encontraba en su camino. Había deseado visitar la Biblioteca desde que había pisado Windmire, pero había tenido demasiado orgullo como para que la escoltasen, así que se había limito a ordenar que le trajeran libros a su habitación, pero hasta ella misma reconocía que eso no era suficiente. Además, le habían dicho que había algunos libros fuera de su jurisdicción ya que eran de una sección prohibida para usos públicos, por pertenecer a altos maestros de las artes arcanas y a la familia real. Si algo llevaba Veronica muy mal era que le negasen algo. El mismo Anankos debía de estar de acuerdo, pues había sido quién le había llevado a la Biblioteca sin ella saberlo. Ya que estaba allí, sería una lástima irse sin ver cuál era el problema con ojear libros avanzados de magia. ¡Era una gran estudiante de las artes arcanas y merecía avanzar en sus estudios! Estaba en todo su derecho.

Se levantó de puntillas sobre sus tacones para agarrar una vela que colgaba de la pared con algo de dificultad ya que estaba muy alta, y después trató de moverse en silencio para que nadie supiera que estaba allí, aunque la luz de la vela la hacía muy identificable en la oscuridad. Se paseó entre las galerías de libros observando los títulos para ver qué categoría le podía interesar. Había miles para escoger, pero ella buscaba los prohibidos, no los que eran para el uso de todo el mundo. Debían de estar bajo llave, o quizás tras una rejas en una zona restringida. Sin mayor interés en las estanterías normales, avanzó hacia los rincones más aislados y profundos de la biblioteca, y ahí fue cuando vio que había unos barrotes con un candado grande que separaban una parte en la que no brillaba ni una sola luz. ¡La había encontrado! Trató de tirar de la puerta metálica pero no se abrió. Tiró también del cerrojo pero no cedió. Con el ceño fruncido dejó la vela en peligrosa posición en el suelo y sacó su tomo oscuro de un bolsito de tela.


Última edición por Veronica el Dom Nov 25, 2018 9:09 am, editado 2 veces
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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 01, 2018 11:18 pm

Habían pasado apenas unos días desde que regresara de Ragna Ferox, por lo que su cuerpo todavía estaba cansado por todas aquellas batallas, y sin contar con la travesía que había tenido que batallar para traer a su nuevo invitado. Pero eso no era algo de lo que lamentarse en aquel momento. Cansado o no el joven príncipe se había desplazado hacia la imponente biblioteca de Nohr presuroso por recolectar toda clase de pergaminos y tomos que le ayudasen en la faena que le ocuparían las siguientes veladas. Una que requería mucha concentración, pero también hechizos avanzados, de esos que solo encontraría en la zona restringida.

Con paso marcado, Leon caminó sin que le importase que el golpetear de sus tacones retumbara por los muros de piedra del castillo. Era sabido que este tipo de calzado le era habitual, así que todo criado que le escuchara sabría que se trataba de una doncella o del príncipe en persona, de igual manera ya le recibirían con modales y no tomaba a nadie por sorpresa, para su propio bien.
Llegó a la gruesa y pesada puerta de doble hoja, de madera negra y pesadas bisagras de hierro frio manteniéndolas en su lugar. Tuvo que tirar con todas sus fuerzas del picaporte para conseguir una apertura suficientemente pesada como para poder pasar, metiéndose dentro como una sombra escurridiza.
El silencio habitual en este santo lugar le abrazó dándole la bienvenida, en lo que el príncipe se acomodaba el cuello de su camisa revuelta por el esfuerzo de tirar de la puerta, descansando unos instantes para recuperar el aliento y dejar que sus ojos se acostumbraran a la penumbra.
Si bien no era del todo extraño encontrarse a solas en la biblioteca, cierto era que era común que un veterano y su asistente deambularan de aquí para allá acomodando y cargando libros, o incluso reparando algunos que habían sufrido roturas menores por el paso del tiempo. Pero hoy no era el caso, por lo que podía apreciar y oír, estaba por completo a solas en el recinto.

-Mejor, así podré leer a mis anchas sin que me molesten-

Se dijo y marchó con paso confiado hacia la sección que ya tanto conocía y a la cual tenía su propia llave de acceso, regalo dado por su padre cuando de forma sobresaliente deslumbró a la mayoría de sus tutores en sus exámenes finales.
Al terminar de doblar por una de las altas estanterías y quedar de cara al largo pasillo que terminaba en la entrada a la zona restringida, su corazón casi le da un vuelco cuando, delante de la entrada de rejas sosteniendo un tomo de tapas violáceas y comenzando a alzar la mano para iniciar un ritual, una jovencita que tendría apenas unos años más que su hermana menor se disponía a lanzar un hechizo contra la cerradura de la reja, dejando desatendida y en una peligrosa posición la vela con la que se había servido para llegar hasta allí.
Sin pensarlo, siquiera sin pestañar, Leon se lanzó sobre la vela antes de que esta terminara de doblarse sobre sus preciados libros, tomándola de un manotazo y aprovechando el impulse para tomar a la jovencita por la mano libre antes que terminase su cantico.
Al tocarla pudo sentir las energías oscuras arremolinadas dentro de la chiquilla, las cuales fueron contenidas justo a tiempo.
Rojo de rabia por lo impertinente e irresponsable de la niña el mago dejó libre su aura atemorizante, la cual generaba escalofríos y resquemor en sus enemigos.

-Qué crees que estás haciendo! Podrías haber causado un incendio! Y encima intentabas colarte en la sección restringida? …
Ven conmigo, te entregaré a los guardias de inmediato.-


Dijo con tono frio y severo.
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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Veronica el Jue Ago 02, 2018 2:59 pm

Veronica no quería causar un estropicio, y mucho menos dañar alguno de los libros, por lo que debía concentrarse para solo destrozar el candado y no todo lo que había alrededor. Cerró los ojos y sintió cómo la oscuridad palpitaba en su interior, salvaje, indómita, suya. Era una parte de sí misma que siempre estaba ahí, casi desde su mismo nacimiento y potenciada por su pronta iniciación a las artes oscuras tantísimos años atrás. Siempre le había respondido de forma acorde, donde el mundo se deshacía en dudas, la magia negra siempre había sido su compañera leal: fiable, constante. En ese instante no fue diferente, acudió a la niña cuando la llamó con sus cánticos. Podía imaginársela extendiéndose sobre la cerradura, cada vez más próxima a su objetivo. En breve podría disfrutar de los libros de la sección restringida. Pero, de repente, algo la alteró. Su cuerpo se zarandeó hacia el lado en el que su mano había sido agarrada con fuerza, y la oscuridad que antes había estado a unas palabras de ser invocada regresó a su interior de forma abrupta, lo que dejó a la joven bruja confundida y alterada.

Abrió los ojos rojos, y su mirada se posó en el inesperado extraño con sorpresa que a los segundos se transformó en enfado. Su ira se dirigió hacia él en forma de un gesto de odio en su rostro normalmente serio. El agresor además se atrevía a insultar sus habilidades como maga. Podía sentir a través del tacto que contenía su magia que él era como ella, un hechicero de las artes arcanas. Debía de ser poderoso por el modo en el que su propia oscuridad se retorcía en su agarre, sin poder liberarse. Odiaba esa sensación. Su madre le había hecho cosas parecidas cuando Veronica no actuaba de acorde a sus planes y exigencias, o cuando la niña sufría algún descontrol y su magia debía ser dominada. Fueran cuales fueran los motivos, había detestado cuando eso sucedía, cuando la dejaban inválida y sin acceso a su propio poder. Era como no poder respirar, y le hacía sentirse pequeña y manejable como una de las tantas muñecas con las que solía jugar. Aún más ira le provocaba cuando alguien le dirigía un mal augurio, capacidad de los magos oscuros de mayor nivel del que ella poseía en la actualidad.

Sin poder remediarlo, Veronica comenzó a temblar, su cuerpo entero un manejo de nervios y de miedo por la mera presencia del desconocido. Al terror se le unía la frustración al no poder hacer nada y la rabia contra el atacante. Tenía el rostro rojo del enfado, de tal manera que sería muy semejante al del joven que en ese instante le gritaba, aunque Veronica no querría compararse en nada a ese inconsciente que en ese instante le había arruinado el día con sus gritos y tonterías. Con furia alimentada por su miedo y el odio que tenía ante los que intentaban abusar de ella, exclamó: ¡Yo sí que debería llamar a los guardias!, ¡No me toques, estúpido!, ¡Déjame!, ¡DÉJAME! – Y no solo se refería a que la liberase del agarre físico, sino también del mal augurio que le provocaba un miedo terrible. Le traía muy malos recuerdos, de mucho dolor y sufrimiento durante partes de su iniciación y su entrenamiento. Veronica había aprendido a enfrentarse a esos sentimientos con rabia y odio, muchas veces productos del temor.

-¡Tengo derecho a entrar allí, no iba a generar ningún incendio! Tú sí que no tienes derecho a atacar a una sacerdotisa de Anankos. – le había además acusado con mentiras y la había agredido sin razón alguna. Ese chico era peligroso y no se le debería permitir vagar por el palacio sin vigilancia. Quizás era un enemigo de Nohr que pretendía matarla o asustarla. Quizás un ladrón en busca de secretos. Veronica no podía reconocer que era el Príncipe Leon, pues nunca le había visto en persona y en la oscuridad de la biblioteca no podía distinguir su traje de calidad excepcional y la tiara en su cabellera rubia. Habían coincidido en el torneo, pero había estado tanto tiempo fuera hablando (y discutiendo) con los celebradores del torneo y tratando de entablar conversación con los héroes, que prácticamente solo había tenido tiempo para ver los combates del Príncipe Xander, sin perderse ni uno. Habría querido el destino que se conocieran a la vuelta del mismo. Y por tanto, para Veronica, ese chico era un simple extraño que la había atacado y que merecía represalias graves.

Tiró de su brazo para zafarlo del agarre repetidas veces, pero mucho no podía hacer con una mano ocupada con su propio libro. Su tomo era morado, pesado y viejo, se notaba que no se lo habían renovado en mucho tiempo. Aunque el estudio de magia negra era importante, en los últimos tiempos habían enfocado su estudio a otro tipo de artes más relacionadas con el sacerdocio por lo que hacía mucho que no aprendía ningún tipo de magia nueva. Aun así, y aunque sabía que su rival era un brujo mucho más experimentado y sabio que ella, Veronica no se echó hacia atrás. Pataleó y tiró con todas sus fuerzas de niña para que la soltase. Tanto fue así, que en un momento dado su manga del vestido cedió de sus costuras y eso fue lo que el extraño se quedó agarrando en la mano. Por su parte, la sacerdotisa cayó del impulso al suelo. - ¡Ay! – exclamó cuando quedó sentada de culo en los fríos suelos de piedra.  

Cuando se dio cuenta de lo que había pasado, y que parte de su traje se había quedado en el agarre del enemigo, su mirada pasó a ser la de una damita muy ofendida por el acto. Veronica no dejaba de ser femenina y pulcra, y toda desmejora de su apariencia causada por otros era algo que no toleraba. - M-me has roto el vestido. Lo pagarás caro. – le amenazó indignada. Se incorporó como puso pese al temblor de sus piernas, agarrándose con fuerza a los barrotes que separaban la zona restringida. Estaba sudando y su respiración estaba alterada, pero no se rindió. Abrió su libro de ruina y trató de concentrarse. Si lograba acabar con un enemigo en el mismo castillo, seguro que verían un futuro a su posible carrera como conquistadora de Nohr.
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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 30, 2018 6:16 pm

Leon sintió temblar a la pequeña y, la ira que había sentido en una primera instancia fue cambiada de súbito por pena. Mirando nuevamente a la invasora de su santuario, esta no tendría mucho más que su pequeña y adorada Elise, por lo que respiró hondo y volvió a guardar dentro de si aquella presencia inquietante que de vez en cuando se le escapaba de dentro de él.
Maldijo internamente haberse dejado llevar por la situación. Justificaba su comportamiento, por supuesto que lo hacía. La pequeña podría haber generado un incendio en la biblioteca y máxime, cerca de donde se encontraban los manuscritos arcanos más peligrosos y mortales del reino. Pero, por más justificada que fuera su ira, Leon siempre se reprendía a si mismo por dejarse llevar por la situación.
Inhaló lento y dejó que el aire se fuera despacio de su interior, volviendo a tomar el tono pálido en su rostro.

-Tengo todo el derecho de detener intrusos, si eso es lo que le preocupa, señorita.-


Dijo con tono espeluznantemente tranquilo y frio, mirando a la muchacha directamente al rostro y sin soltarla en ningún momento.

-Soy el príncipe Leon, cuarto en la línea de sucesión, orgulloso portador de la sangre de Anankos en mis venas.
Todo morador de este palacio sabe quién soy con apenas verme de reojo.-


La pequeña, pese a que león le hablaba, seguía tironeando de la manga intentando zafarse al punto que el príncipe se preguntó si estaba escuchando sus palabras.
No llegó a tener tiempo de repetirse. Con un agudo crujido la delicada tela del vestido de la sacerdotisa cedió ante sus tirones. Ante la sorpresa, aflojó el agarre que cernía sobre la muchacha, por lo que esta calló de cola al suelo, dejando al príncipe con una parte de sus prendas en la mano.
La chica casi de inmediato comenzó a protestar una vez más, por lo que Leon dejó de lado toda amabilidad. Aunque si continuo hablando con su conocida calma.
Desechó la manga del vestido dejándola caer como si de un trapo barato se tratara y se paró delante de la muchacha, con ambas manos a la espalda como estaba acostumbrado posar en las cortes.

-Bueno, señorita, va a seguir mucho más actuando como una niña pequeña? Si persiste en estas escenas pasaré por alto el hecho de que usted es una estudiosa del arcano y la trataré como la niña pequeña que me está demostrando ser, llevándola de las orejas hasta la guardia.
Le parece así bien? –


Soltó un suspiro. Había hablado de más, la estaba reprimiendo de más. Tenía que calmarse y concentrarse en lo que de verdad importaba.

-Si no me ha reconocido todavía, significa que usted no es oriunda de este palacio. Pero me llama poderosamente la atención que me trate a mí como un intruso…
Estoy intrigado como una recién llegada cree que tiene más poder que uno de los príncipes en entrar a la biblioteca real. Así que dígame en este momento quien es usted. Y que hace en MI biblioteca-


Dijo Leon con frialdad.
Si bien no era cierto que la biblioteca le perteneciera a él, había pasado allí tantas horas en su vida que ya lo sentía como una extensión de sus alcobas.
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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Veronica el Miér Sep 19, 2018 5:23 pm

Veronica estaba tan furiosa que apenas escuchó las excusas que le puso el chico, todo debían ser mentiras, estaba segura. No podía encontrar sentido a lo que decía, las palabras apenas un eco en sus oídos taponados por los tambores y la niebla de su ira. A veces le sucedía que si experimentaba emociones negativas muy fuertes y estaba en contacto con su magia, dejaría de ser consciente de su alrededor y tomaría una posición ofensiva y agresiva. Nunca había logrado controlar por completo su propio poder, en una persona tan joven como ella, que había sido iniciada a las artes arcanas a una tierna edad, la magia era como una identidad que dormía en su interior con voz y voto propio. La mayoría de las veces descansaba en su interior sin hacerse presente, pero en casos como esos podía sentir su fuerza expandiéndose, una voz hablándole en el oído y convenciéndola de hacer cosas que no haría en un caso normal. Y en esos momentos, le estaba diciendo que la persona que tenía delante era un mentiroso.

El extraño había elegido bien el rol que quería jugar, pues Veronica aún no había coincidido con el Príncipe Leon ni en Krakenburg ni en Regna Ferox, y por causas del destino se había perdido su participación en la Arena. Pero sí que conocía a otros miembros reales como el Príncipe Xander y la Princesa Corrin, y ambos habían sido amables con ella y nunca la habían atacado o agredido de ninguna forma. La niña pensaba que alguien de sangre monárquica debía de ser implacable con sus enemigos pero magnánimo con sus ciudadanos, y ella como nohria de nacimiento y bruja al servicio de Anankos se merecía un respeto, algo que su agresor no había mostrado. - ¡No eres el príncipe Leon! Un príncipe no se portaría así con una invitada real. – le dijo de forma pedante, sus labios fruncidos con disgusto y las cejas pálidas fruncidas. Habría deseado tener a Feh ahí con ella, pero su leal búho estaba en sus aposentos durmiendo, así que no podía hacer uso de sus garras para sacarle los ojos al intruso. Le indignó mucho la manera en la que tiró su manga al suelo. ¡Esa era su ropa!, y no solo la rompía sino que la ensuciaba y abandonaba como si fuera un simple trapo de limpieza.

– Te crees que puedes engañarme, pero te has metido con la persona equivocada. Yo soy Veronica de Emblia,  Suma Sacerdotisa de Anankos y futura conquistadora de Nohr, y hoy seré quién te derrote. – declaró con más facilidad ahora que el enemigo había dejado de usar su habilidad para hacerla temblar de miedo. Ahora que podía pensar con más calidad y no estaba paralizada, sus palabras salían de sus labios como la niña mimada y creída que era, una actitud que tomaba en especial con aquellos que consideraba inferiores a ella. En ese caso, el impostor era la peor escoria que pudiera osar ponerse en su camino, y era su obligación proteger su nuevo hogar de su presencia. Ni siquiera pensó que haría un hombre así en la biblioteca, de todos los lugares del castillo, sino que simplemente tomó como cierto que había ido a por ella en específico. Su madre le había metido ideas muy específicas sobre mantenerse a salvo, lejos de miradas indiscretas, operando en las sombras, pues solía decir que siempre habría gente que trataría de hacerle daño, pero Veronica no era así. Más bien al contrario: quería destacar y ser reconocida por todo el mundo.

Y no dejaría que un ataque sorpresa la humillase. Se defendería con lo que tuviera, y todo el mundo sabía que la mejor defensa era una buena ofensiva. - No veo tu nombre en ningún lugar. Oh, es verdad, que no eres el Príncipe Leon, sino un triste niño que se atreve a tomarme por tonta. Y, además, tampoco te pareces al Príncipe Xander. Deberías haber escogido otra persona por la que hacerte pasar para llevarme contigo. Eso es lo que querías, ¿no? ¡Secuestrarme! Pagarás caro esta infracción. Cuando el verdadero Príncipe Leon sepa que has usado su nombre para atacarme… - sonrió de forma leve, pero no con ningún tipo de amabilidad, sino con condescendencia y arrogancia; y abrió la boca para susurrar su primer hechizo.
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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

Mensaje por Shade el Miér Oct 31, 2018 7:43 pm

Krakenburg no dejaba de erigírsele tan inmenso y tan imponente por muchas veces que lo visitase. Como un titán impasible ante el paso del tiempo.

Pero los estilos arquitectónicos de la Nohr de hacía siglos no eran lo que intrigaba tanto a Shade cada vez que se adentraba en los muros del castillo. Indudablemente albergaba cosas más interesantes que toneladas enteras de piedra a las que se les atribuía valor por ser el hogar de la Corona, o incluso más que las arcas nacionales y otras tantas reliquias que se escondían en sus entrañas, pero eso el ojo inexperto que se dejaba engatusar por el oropel lo ignoraba por completo. Para ella, tan solo había dos elementos muy singulares por lo que valía la pena acudir al castillo cada vez que la convocaban.

La primera, sin lugar a dudas, era reencontrarse con viejos rostros. ¿De quienes? ¡Pues de cualquiera que recordase, y viceversa! El haber frecuentado tanto Krakenburg en su época de estudiante de las Artes Arcanas, como en los años llevaba sirviendo como informante al reino, le sirvieron para conocer e interactuar con multitud de miembros del castillo. Nobles y no nobles, humildes y no tan humildes. De cualquier manera, cada vez que llegaba a la casa real nohria era lo más común que se topase con varios sirvientes que la reconocían y le dedicaban amplias sonrisas. No eran pocos los que dejaban sus menesteres por un momento para acercarse a hablar con ella y agradecerle algún que otro favor que la mujer hizo por ellos. Siempre era agradable y conveniente a la par tener tantos rostros contentos.

Pero debía reconocer que los mejores rostros no eran los que se alegraban de verla, si no justo todo lo contrario. Pues, una parte muy pícara y muy sagaz de ella bullía de imperiosa satisfacción cada vez que a un soldado o criado que deambulaban por los pasillos del edificio le empalidecía la cara al cruzársela, casi como si hubiesen visto a un espectro. Y ella bien que sabía la razón detrás de ese miedo; para bien o para mal, en toda sociedad estaba presente esa manzana podrida que aprovechaba cualquier desliz en la seguridad, un mero descuido de sus superiores, y sacaba provecho de cualquier forma en la clandestinidad. Nadie se hacía la menor idea de cuantos sirvientes tenían la mano demasiado larga como para ir sustrayendo alhajas de la cómoda de sus amos. O de todos esos guardias a los que era tan sumamente fácil de sobornar. Pero para su mal fario, Shade sí. Y en cuanto ella descubría sus travesuras (lo cual tarde o temprano acababa haciendo), sus pescuezos pasaban a bailar en la palma de su mano, junto con la posibilidad de pedir algún que otro oportuno favor.

¿Y la segunda? Las nuevas oportunidades, por supuesto. Cada vez que los altos cargos solicitaban sus servicios, era otra puerta abierta que la llevaba a mayores posibilidades para ella: ponerse al corriente de las últimas noticias antes que nadie, viajes subvencionados a los que sacarles partido, o más contactos que añadir a su red personal. El reino de Nohr era muy generoso cuando se trataba de ofrecerle empleo, y ella no iba a quejarse que pudiese seguir permitiéndose su estilo de vida actual gracias a este.

Aunque lo que su nobleza quería de ella esta vez la tenía muy, pero que muy intrigada. Esa vez, no querían a Shade, la sutil informante que les facilitaba datos para que siguiesen entreteniéndose con su expansión territorial, si no a su cabecita llena de teoría, fórmulas y maldiciones sobre la Magia Oscura. Querían que esa vez fuese la tutora de alguien.

Por supuesto que la mujer seguía ejerciendo como maestra e instructora de magia en los periodos que no tenía que salir del país. La gente seguía teniendo muy buenas referencias de ella y pidiéndole que se encargase de las nuevas promesas, cómo no. Pero hacía años que la Corona no le pedía algo semejante desde que estuvo supervisando junto a otros expertos del Arcanismo al joven príncipe Leon durante su aprendizaje. En dicha ocasión, le habían pedido que se encargase de una joven noble, una tal Veronica de Emblia, que aspiraba a formarse como sacerdotisa de Anankos. La premisa no es que apuntase a ser muy tentadora para ella, pues su animadversión por el culto del Dragón Oscuro era algo con lo que solía lidiar día tras día. Pero tratándose de una petición directa de la realeza, el no aceptarla era de necios. También había tratado de informarse acerca de los orígenes de la muchacha para tener una base en la que asentarse, aunque lo único que pudo sacar en claro es que provenía de una familia muy devota en la que la antigua Señora de Emblia, su madre, también ofició como sacerdotisa.

Así pues, Shade había acudido a una pequeña salita del castillo tal y como le había indicado una de las sirvientas, en donde esperaría a que la señorita Veronica llegase para presentarse y comenzar con una escueta entrevista para comprobar de primera mano a que se enfrentaría los próximos días. Sin embargo, tras haber esperado unos tres cuartos de hora en los que no había aparecido nadie, pudo hacerse una primera idea de que la puntualidad no era uno de los puntos fuertes de Veronica. Pese a que los criados se ofrecieron a buscarla, la mujer rechazó su ayuda y tan solo les pidió una leve descripción de la niña para tomar cartas en el asunto ella misma. Le había bastado con que uno de ellos mencionase por lo bajo que la señorita era “un pelín complicada” para saber que su nueva alumna ya tenía toreado al personal.

Shade deambuló por los accesos y pasillos que conducían a las zonas comunes que la chica solía frecuentar, tal y como le habían informado. No llevaría cerca de diez minutos paseando a un ritmo tranquilo cuando lo notó y se detuvo en seco. Se llevó las yemas de los dedos al pecho al poco de que la oscuridad que residía en su interior latió ante la reacción de una energía similar que no estaba muy lejos. Su sensibilidad hacia la Magia Arcana le facilitaba enormemente el localizar a cualquiera que estuviese empleándola a su alrededor, y que alguien recurriese a esta en las dependencias comunes del castillo daba que pensar.

Siguió el rastro de magia hasta encontrarse con no una, sino dos sorpresas. La primera es que la oscuridad la llevó hasta los grandes portones de la biblioteca. Vale que era el lugar más indicado de Krakenburg para buscar conocimiento de lo Arcano, pero también el mejor para ganarte un lugar en los calabozos si pretendías usarla como recinto de prácticas. Y luego estaba el hecho de que la energía ya era lo bastante nítida para diferenciar dos fuentes. Una de ellas la conocía demasiado bien, pues el aroma de la magia que destilaba la sangre de la familia real era tan característico como el perfume más sofisticado de Cyrcensia. Pero la otra le era desconocida. Potente, pero sin refinar e hirviendo a causa de un torrente de sentimientos que desbordaban a quien la estuviese empleando.

Confiada y dejándose llevar por la intriga, abrió las dos hojas del portón y se adentró en las penumbras que devoraban la biblioteca. Que de recuerdos comenzaron a aflorar al sentir el ya conocido abrazo de los tenues candelabros que la iluminaban. ¡Y qué decir del viejo aroma a cuera de los libros! Era como viajar al pasado y verse a sí misma vagando entre los enormes estantes como la niña curiosa que era. La niña curiosa e ingenua que era…

Entonces una voz aguda y femenina resonó. La maga oscura estiró el cuello con huroneo y se llevó un dedo a los labios, curvándolos una divertida sonrisa cuando la pequeña se reveló como la alumna que llevaba cerca de una hora esperando, con una de las presentaciones más llenas de orgullo y prepotencia que había atendido. Pero siendo un orgullo de esos que nacía de la ingenuidad, y que resultaba hasta encantador. Después llegó la declaración de guerra que la muchacha le lanzó a un supuesto impostor que se hacía pasar nada menos que por el Príncipe Leon y… Oh, por todos los Cruzados de Jugdral. Tuvo que llevarse la mano a la boca y aguantar el aire en la garganta para no romper en carcajadas allí mismo. ¡Pero que encanto de criatura, por favor! La pobrecita se creía que tenía delante a un farsante cuando resultaba ser el auténtico; la oscuridad que emanaba no daba pie a dudas y lo identificaba como tal.

Aunque, ¿que era esto? Sentía que las fuerzas oscuras que apoyaban a la niña se arremolinaban y que su amenaza no quedase en balde. —Cariño, no estarás dispuesta —susurró para sí misma, ladeando la cabeza. Pero sí que estaba dispuesta, así lo leía en cómo su magia borboteaba con ganas de hincar sus colmillos. Debía darle a la pequeña Veronica el beneplácito de mostrar arrojo, claro que iba a ser un problema si su futura pupila intentaba agredir a un miembro de la realeza, por muchos malentendidos que hubiese.

Vio pues que ya era el momento de interceder, por lo que cruzó la esquina de la estantería que los separaba y allí los vio. El joven príncipe que se le apareció en su rango de visión. Seguía igual de tozudo y duro de mollera como siempre, incluso con una niña desubicada a la que acababa de encontrarse rondando por SU biblioteca. Y después bajó la vista hasta aquella pequeña figura de larga melena pálida coronada con una tiara. Shade enarcó una ceja, escéptica. Le habían informado de que se encargaría de tutorizar a una niña, pero a falta de que le facilitasen una edad, había presupuesto de antemano que sería una muchacha más mayor que la jovencita que tenía allí. En fin, ¿qué más daría un par de años menos? La pequeña era una auténtica monada para el genio que se gastaba.

Con la sutileza de un depredador que se agazapaba en las sombras, la maga se acercó sin hacer ruido hasta la espalda de la niña y extendió su mano. Previo a cualquier movimiento, susurró unas palabras con las que convocó a las penumbras de sus entrañas y las exteriorizó en sus yemas. Su mano descendió con un movimiento lento y cerró los dedos sobre el hombro derecho de Veronica en un apretón suave. Entonces, la magia se desprendió de ella y anidó dentro de la niña, poniendo en marcha una sencilla maldición que devoraba casi todo rastro de hostilidad en el huésped y lo dejaba en una falsa calma. De entre todas las maldiciones que la mujer se conocía a conciencia, sin duda las que afectaban al estado anímico eran sus preferidas, y las que mejor representaban la auténtica naturaleza de la Magia Oscura.

¡Bueno, bueno! Con que por aquí rondabas, querida mía. Hay que ver lo que me ha costado encontrarte, ¿sabes? ¿No te habían comentado que hoy ibas a tener visita? —le preguntó con un tono divertido, todavía con su mano reposando en el hombro de la joven. Si los criados la habían informado de que hoy su nueva tutora iba a acudir al castillo, o bien la niña no les prestó apenas atención, o se esfumó de sus aposentos a explorar el castillo poco antes de que nadie pudiese notificarla. Al parecer, las cosas no cambiaban en Krakenburg. —¡Oh, Príncipe Leon! ¡Cuánto tiempo sin veros! Diría que casi ha pasado una eternidad desde la última vez que nos reunimos a charlar. —Después, volcó su mirada en el príncipe y lo recibió con una amplia sonrisa mientras levemente la cabeza—. Me encantaría que nos sentáramos a hablar y que me pusieseis al día con vuestros avances en la hechicería, pero veo que ambos tenemos asuntos que tratar. Si nos disculpáis…

Y con un sutil movimiento, deslizó la mano hasta la espalda de verónica y la invitó a que la acompañase. Los efectos de la maldición todavía la mantendrían un pelín desconcertada, por lo que no sería muy complicado sacarla de allí y llevársela a otro lugar más tranquilo, ya que tenían mucho, pero mucho de lo que hablar.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Tutora e Informante

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
388


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Re: [Social] Dark as the midnight hour. [Priv. Shade]

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