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[Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

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[Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Miér Jun 27, 2018 10:20 am

Veronica estaba impaciente por irse del Fuerte Emblia, la única construcción imponente que aún le quedaba a su familia después de que se asimilaran con el Reino de Nohr. Había algunos que lloraban las glorias pasadas, pero la niña no. Para empezar, ella había nacido mucho más tarde, cuando no quedaba nada de Emblia salvo el recuerdo, por lo que las historias pasadas le daban igual. Además, había heredado el carácter utilitario y pragmático de su madre, por lo que tales sentimentalismos le eran una pérdida de tiempo y esfuerzo mental. Prefería concentrarse en su inminente marcha a Krakenburg, su sueño desde que había aprendido que la mayoría de los héroes y conquistadores de Nohr se formaban allí. Recibir la noticia de que se requería su presencia en la capital había sido el momento más emocionante de su vida. Llevaba esperando esa oportunidad mucho tiempo. Ahora podría enlistarse en el ejército y dirigir su propio batallón de soldados, o lo que fuera exactamente que hicieran los generales. Dar órdenes era algo que seguro que entraba en la descripción del trabajo. Por suerte para ella, esa era una de las cualidades que mejor dominaba como la niña malcriada, exigente y caprichosa que era.

Todos los habitantes del Fuerte se habían acostumbrado hace mucho a su personalidad y manierismos, así que obedecían sin rechistar por miedo a provocar una rabieta o la ira de Veronica. Sabían por experiencia que a una bruja de las artes arcanas no se la debía provocar, aún menos cuando era ahora la Señora del Fuerte Emblia, con poder para decidir sobre la vida y la muerte de sus sirvientes. Así pues, la servidumbre cumplía eficientemente con sus encargos. Veronica había querido que todo fuera empaquetado y cargado con la mayor diligencia posible una vez llegados los carruajes que la llevarían a Krakenbug. Mientras todo se llevaba a cabo, ella por su parte se preparó un delicioso té y supervisó desde lo alto de su torre que todo fuera según lo planeado. La comitiva de la capital consistía en varias carrozas tiradas por caballos con armadura en las que cabrían todas las personas que irían con ella. Varios carromatos tirados por burros irían detrás con los sirvientes y el equipaje que no cupiera en los carruajes. También los acompañarían varios jinetes armados con sus espadas y lanzas. Al principio le sorprendió la seguridad del séquito, pues pensaba que los caminos de Nohr ya eran seguros al haber disipado a la amenaza emergida, pero supuso que la vida de una Sacerdotisa de Anankos era algo que merecía tan protección.

No se tardó mucho en cargar todos los baúles, solo media tetera y cinco galletitas de jengibre y miel. Pero para entonces, Veronica ya estaba resoplando internamente porque quería irse ya. Sin embargo, cualquiera que la mirase beber de su tacita de porcelana no lo pensaría. Su rostro seguía con la misma expresión apática y lo único que había cambiado en ella había sido un leve fruncimiento de cejas.  Una vez entraron a avisarle de que la estaban esperando abajo, se levantó de un saltito y dejó la taza sin terminar encima de la mesa. Tenía ya puesta la capa de viaje, un manto negro con capucha que llegaba más allá de sus talones y arrastraba los bordes por el suelo. Había sido de su madre pero, como con muchas otras cosas, verónica había comenzó a usarlo aunque le quedase grande y lo llevaba con la mayor dignidad posible. Caminó sobre sus tacones rojos hacia Feh, que dormitaba encima del respaldo de un sillón, y la cargó contra su pecho sin despertarla. Con expresión seria le dio la orden a la criada de recoger sus últimas cosas, que ella misma había desempacado porque quería usarlas, y salió de la habitación.

Cuando nadie podía verla, comenzó a bajar las escaleras de caracol de la torre a grandes zancadas, a veces tres escalones a la vez. Su capa volaba a su espalda en el recorrido circular hacia los pisos inferiores y su grimorio daba golpes a su cadera en donde estaba guardado con una bolsa de tela. Al llegar abajo, su rostro pálido tenía un leve rubor del esfuerzo pero su expresión facial seguía siendo la misma de siempre. Con emoción escondida observó los carruajes preparados y sus ojos brillaron con una luz especial. Carraspeó para quitarse el nudo de la garganta y avanzó hacia la comitiva con la cabeza bien alta y aire de superioridad y arrogancia. Su enorme tiara-corona relucía en su cabeza. Podía ver a varios sirvientes terminando los preparativos y a sus tutores hablar con alguien que debía ser el encargado de llevarla a Krakenburg. Las personas a su paso le hacían ligeras reverencias con la cabeza y la reconocían con un “Milady” o “Lady Veronica”.  Por su parte, la niña no hizo caso a nadie salvo al paje que le abrió la puerta de su carruaje: Ya estoy lista para irnos. – Lo que en otras palabras era: Nos vamos. Ya.

Lo normal en esos casos era que el enviado a recogerla fuera en el mismo trasporte que ella, así que se quitó la capa y esperó con Feh en el regazo a que llegase. Sin embargo, no estaba preparada para lo que entró en el coche de caballos. Durante largos minutos, Veronica no hizo más que mirar al ser que tenía delante. Entornó los ojos rojos y analizó las orejas que sobresalían por su cabeza. ¿Esa eso lo que llamaban subhumano? Nunca había visto ninguno en carne y hueso, más bien las alfombras y mantas que podían hacer con sus pieles y que más de una vez habían regalado a su madre. Fuera de eso, su conocimiento sobre los laguz era inexistente. Por supuesto, era conocimiento popular que eran criaturas salvajes, como animales, pero el sujeto que tenía delante no parecía una bestia. Igualmente, Veronica no perdió las sospechas. En la carta de Krakenburg no venía nada de esto, así que por unos momentos pensó que el extraño la quería secuestrar, ¿un adepto de Naga?. Dejó a la Feh encima de su capa que le servía como nido, sin perder de vista al subhumano, y desinteresadamente abrió la bolsa con su tomo y lo puso sobre sus rodillas. Por si intentaba algo.

- Nunca había visto a un gato con traje – comentó de forma impertinente, su rostro apático. – Ahora me dirás cual es tu propósito y qué eres. Si te has perdido, en esta carroza solo podemos ir el enviado de Krakenburg y yo. Si vienes con extrañas intenciones vete mientras aún me siento magnánima.
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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Sáb Jun 30, 2018 11:58 pm

"Una princesa secreta... una princesa secreta... ¡quién lo diría!... en qué locura te han metido, Seimei, en qué locura..."

Habría preferido estar él conduciendo alguno de los carruajes, con tal de estar ocupado. Porque sentado ahí adentro, apoyado como si nada en su asiento, con la pierna izquierda cruzada sobre la derecha pero moviendo la punta del pie inquieto... sólo tenía sus pensamientos y esa podía ser su perdición. La cabeza le daba vueltas con todo el asunto. La cola apoyada a su lado en la almohada del asiento se movía como dando pequeños azotes de acá para allá, toda frondosa pero muy limpia. No había nada que le interesara especialmente en el paisaje fuera de la ventana, así que miraba fijamente abajo, muy serio. Sobre su regazo tenía el único "regalo" que debía entregar a la princesa, aunque no era nada tan interesante, algún libro de escrituras religiosas o algo así que la señorita iba a tener que tener. Hasta se le hacía más interesante al gato el bolso en que lo cargaba, cuyo exterior tenía una capa de plumas negras muy lisas sobre la tela. Él mismo le había insistido al príncipe padre que no fuera muy dulce con la chica todavía, si no quería que se supiera que era su pequeña, así que nada de detalles de sobra pero...

"¡Tienes que pensar! Es que si es la hija de Xander... qué desatino, cuando vuelva yo ya vamos a hablar de cómo anda llevando sus asuntos personales, ¡Anakos! Pero, fuera de eso, tienes que pensar bien... ¿tendrá mano en el trono la niña? Es la hija, aunque no lo sepa... y si Xander tiene otra en el futuro, todavía va a ser la mayor... ¿pero se sabrá esto algún día o nunca? Sin olvidar que están mi señor Leon y mis damas Corrin, Elise y Camilla también... en resumen, ¿es importante la niña o no? En todo caso, me puede convenir, eso es una posibilidad..."

Obviamente, estaba muy complacido con ser conocedor del secreto. Significaba que era alguien de confianza. Sólo era normal de su parte que un descubrimiento tan grande le tuviera la cabeza tan ocupada, llena de posibilidades e ideas. Tantas que todo el tiempo del viaje no se le había hecho suficiente ni por cerca. Cuando hubieron llegado, tuvo que tomarse un minuto para calmarse a sí mismo y prepararse para el encuentro. Se paró, se acomodó el cabello con las manos, cerró los ojos, respiró un par de veces, movió los hombros y luego puso su mejor postura, a la vez que la expresión de rostro tranquila y un poco sonriente que siempre llevaba. Salió para confirmar los arreglos con otro de los sirvientes, el conductor, y esperó su momento. Aunque escuchó que saludaban a la damita, no llegó a verla. Una vez que lo mandaron con ella, al cómodo y lindo coche principal, no tardó en entender por qué.

Entró con una disculpa como era debido, además de con la mirada tan baja que casi se veían cerrados sus ojos, aunque ese hábito venía más bien de sus amos anteriores. Sin hacer ruido al moverse, se ubicó en el asiento frente a la niña, callado como una sombra. Cuando ella le dirigió la palabra (por cierto antipáticamente) alzó la vista y... menos mal que no se había arriesgado a hacerle ropa para regalarle, porque no habría atinado con los tamaños ni de broma. En su mente no la había hecho para nada tan diminuta como era. ¡Criaturita! Aunque lo más increíble era que mirándola, mirándola a la cara bastante redonda y de ojos grandes... ¡tenía la arruga de entrecejo igual a la de Xander! ¡Igualita! El esclavo moría de impresión. Esa partecita que Xander tenía ya permanente, cosa que lo hacía ver siempre un poco tenso, la mostraba la jovencita en ese instante. Quería reír. En todo caso, era el único rasgo que le veía parecido en verdad. Sólo sonrió un poco, casi con culpa, bajo las duras palabras. Así que esa clase de niña era... de las difíciles. ¿Tendría que arrastrarse de más a sus pies? Qué vida... pero lo que tuviera que hacer para seguir bien parado estaría bien.

-
Lo lamento mucho. -

Agachó la cabeza tanto que casi tocó sus rodillas con su frente. ¿Por qué se disculpaba? No era necesario ser exacto. Sólo ser humilde. Se enderezó luego de un par de segundos.

-
Mi nombre es Seimei. Sirvo al primer príncipe, Xander, al resto de la familia real y por el día de hoy a usted... sacerdotiza. Para que llegue sin problemas a su lugar en la capital. Pídame cualquier cosa que necesite. - Moviéndose sin prisa, empezó por entregarle el bolso con el libro de escrituras. - Esto también es suyo. Tiene derecho a tenerlo y me pidieron que lo ponga en sus manos antes que todo. Ya que será de grado importante... -

Encerrado en un carruaje por unas horas con una niña altiva... bueno, de alguna forma estaría bien.







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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Jue Jul 12, 2018 7:35 am

Veronica no perdió detalle de los movimientos del gato, su ceño fruncido y una expresión de desagrado en los labios. No entendía qué hacía alguien como él en el carruaje con ella. Casi hubiera preferido que hubiera sido un enemigo con el que acabar, al menos le habría salido intacta la dignidad y el orgullo. - Todos en Nohr sirven a la familia real y a los sacerdotes de Anankos, no es ningún puesto especial. – le respondió de forma tajante. Le había sentado bastante mal que enviasen a un mero subhumano a por ella, que era una suma sacerdotisa de gran importancia y sería en el futuro la mayor conquistadora de toda la historia de Nohr. Para Veronica, Seimei estaba en un escalafón social muy bajo, tanto que era insultante que le hubieran ordenado llevarla a Krakenburg. Esperaba a un noble, a un ministro, a un consejero, incluso a algún miembro de alguna orden sacerdotal, no a alguien que debía ser un mero mayordomo como mucho. El descontento de la niña era más que patente en su forma de arrugar la frente y mirar con grandes ojos rojos al gato, como si todo fuera culpa suya. Sus disculpas le daban lo mismo.

-       Hmp. - Con la cabeza bien alta aceptó el presente sin demasiada curiosidad. Una mirada por encima le informó de que el libro no era de magia oscura, sino de ritos sobre Anankos. Perdido el interés por un tema que siempre había estado presente en sus estudios desde pequeña, Veronica centró su atención en el bolso de plumas negras que parecía haber sido hecho para ella, incluso iba a juego con su atuendo que también tenía esas mismas decoraciones. Pasó una mano pálida por el dorso del obsequio y se maravilló con la suavidad del material y el brillo que desprendía a la tenue luz del interior de la carroza. De inmediato sacó el libro de escrituras de ahí y lo reemplazó por su propio tomo de las artes arcanas. Hizo lo mismo pero al revés con su anterior bolso de cuero, que ahora le parecida feo. Dentro metió el regalo y lo dejó olvidado en el asiento más lejano a ella, como si no mereciera ni que lo mirase siquiera. No le dio las gracias a Seimei porque él no había sido quién le había obsequiado el regalo. Se lo tendría que agradecer al Príncipe Xander o a la familia real, o sus tutores, cuando averiguase quién se lo había mandado.

El carruaje comenzó a moverse una vez todo el equipaje estuvo colocado en su lugar. Para entonces, Veronica ya se había olvidado de que Seimei podría ser un enemigo y ya no tenía su tomo en las rodillas como si lo fuera a usar en cualquier momento. Ahora estaba cuidadosamente a resguardo dentro del bolso de plumas negras aunque colocado a su lado, en caso de que fueran atacados y necesitase usarlo. Todo mago sabía que sus libros debían estar siempre a mano. Sin embargo, eso no quería decir que la niña hubiera dejado de mirarle con condescendencia y cierta irritabilidad que ni siquiera el regalo había podido apaciguar. Hubiera deseado tomar un té, pero no creía que se pudiera beber bien con el transporte en marcha. Apreciaba demasiado su vajilla como para que en un sobresalto se le cayera una taza o un platillo de fina porcelana y se rompiera. Así, su único medio de distracción era el subhumano que tenía delante.

¿Qué es lo que comes? – le preguntó después de lo que había sido un tenso silencio de meditación. La voz de Veronica rompió la quietud de forma abrupta y sin dar opción a ser ignorada. Sin esperar respuesta, continuó: Esta es Feh, mi amiga. ¿Sabías que los búhos son grandes depredadores nocturnos? Mucho más listos y rápidos que otros animales. Cuando Feh comenzó a vivir en el Fuerte se comió a todos los ratones y dejó sin trabajo a los gatos. Tuvieron que marcharse a otra parte. – sin perder de vista a Seimei, alargó la mano y acarició la cabeza emplumada del búho, con un cuidado tal que no pareciera que tal muestra de cariño pudiera venir de alguien con palabras tan cortantes. – Espero que eso no sea un problema. Feh necesita comer presas vivas para mantenerse fuerte, otro tipo de comida no sirve. –Veronica nunca admitiría ante alguien que no conocía que no sabía algo, era una muestra de debilidad y ella no era débil, era fuerte. En ese caso, las costumbres subhumanas se le escapaban al entendimiento, más que nada por falta de contacto con ellos. Seimei era el primero en carne y hueso que veía en su vida, el resto habían sido mantas y alfombras que decoraban los salones del Fuerte Emblia.
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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Vie Jul 27, 2018 1:21 am

Las palabras de la jovencita lo dejaban un poco congelado. Sí que era dura. ¿Cuando había sido la última vez que alguien le había hablado así? Poniéndolo en su lugar, a un brazo de distancia y prohibido cruzar límites. Como la mayoría de personas mantenían a los esclavos y sirvientes. Ni siquiera el príncipe Leon, que era de naturaleza casi tan paranoica como el mismo Seimei, había sido tan duro. - Claro, claro... - Dijo el gato, bajito y parpadeando un poco. Tenía mucha dignidad para ser tan pequeña esa niña. Trataba sus cosas sin gratitud, como trataba uno lo que le pertenecía nada más, a gusto. No había cómo negar que daba impresión. Seimei había visto otros nobles de carácter así, pero nunca le habían tocado en Nohr y por una vez le daba de qué preocuparse.

"Bueno, bueno. Siempre te las arreglaste para evitar el látigo, Seimei. A ver si no te toca uno de estos días, con la nueva señorita, haha. Porque queda claro que no es tan como el querido Xander... ¡no me aprecies, criatura, pero no me mires así!..."

¿Qué iba a hacer él de ahí en más? ¿Qué hacer en ese instante ante esos ojos sin una gota de aprecio? Temía que la forma usual de actuar no alcanzara para hacerse querer en ese caso, como lo iba viendo. Quizás, simplemente, ella sólo lo tendría así. Bajó su mirada sin alteración y se quedó quieto como estatua mientras decidía la forma de tratar a la joven, excusas mejores para hablarle. Ella no preguntaba por el itinerario del día ni nada, no le dedicaba más aliento. Obviamente uno no empezaba a dirigirle la palabra a los superiores porque sí tampoco, libremente, lo más normal era no hablar hasta que no le hablaran a uno. ¡Pero es que... tenía que centrarse y en algo tenía que pensar! ¡Qué inesperada le había venido esa impresión repentina de ella! El carruaje ya se ponía en marcha y tenía que aprovechar el camino... o al menos pasarlo sin arruinar nada. Serían varias horas. Aunque el gato se quedara así de quieto como estaba, la imagen viva de la calma y la placidez dentro de ese silencioso lugarcito, vestido en sus ropas de mayordomo perfectamente limpias y derechas, con una expresión inmóvil en el rostro rodeado de peinado cabello azabache, estaba dándole vueltas a todo ello en su mente a un ritmo enloquecedor. Movió los dedos un poco en sus rodillas. Finalmente, justo cuando estaba pensando en rendirse al hecho de que ser rastrero no funcionaba con todo mundo y que no había nada que hacerle, ella le habló. Seimei sonrió felizmente, alzó las orejas, casi brillando de contento. Aún si Verónica no le decía nada amable.

-
¿Le preocupa la dieta de los felinos? ¿Qué cree usted que los gatos de mi tamaño comemos, cielito? - Quizás no era la persona correcta a quien hablarle en términos cariñosos... pero era parte del habla del esclavo. Muy difícil que se le quitara de la lengua. Miró al búho, haciendo nota mental del nombre. - Pero sí, sé sobre animales... irónicamente. No se preocupe usted. En el castillo no hay nada de ratones, pero puedo yo encargarme de conseguírselos o sacar a su amiga de cacería, si me dice usted que ella vuelve cuando sale. -

A propósito de lo cual, tras pasar unos momentos con la señorita, Seimei había comenzado a captar un aroma sutil en ella. Nada extraño, el aroma particular de cada criatura era una cosa, pero ella tenía un deje a masa de miel con un toque de jengibre. También a hojas de té, pero poco, por lo que podía ser de su ropa o sus cosas. Lo que era definitivo era que había estado comiendo algo dulce, como era de esperarse de una niña. No sabía qué haría con esa información, seguramente tardaría en servirle, pero era bueno acordarse. Se sintió un poco aliviado, un poco más valiente. Se paró sin el menor ruido, sin que el carruaje moviéndose por el camino rocoso afectara su equilibrio tampoco, y le abrió un poco la pequeña cortina para que mirara el paisaje si lo deseaba. Él todavía no aprendía a verle el encanto a esos paisajes de Nohr, encima que parecía a punto de llover, pero bueno... era algo. Todavía alegre siguió hablando.

-
En verdad, es bueno que me deje algunas tareas como esa a mi. Lo que necesite, pruebe a pedirme y verá que puede ser hecho. Ya que me parece que en Krakenburg usted comenzará a estar muy ocupada, ¿sabe? Si está informada ya por qué o para qué va hacia la capital... -







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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Miér Ago 01, 2018 8:20 am

Cielito. Veronica no esperaba que le llamara algo así. Su primera reacción fue ruborizarse de forma violenta, dos pelotas violetas decoraron sus mejillas pálidas de una forma tan visible que la misma niña podía sentirlas encendidas como un fuego. Nunca en su vida le habñian dedicado un solo apelativo cariñoso. Los sirvientes, invitados y soldados del Fuerte Emblia se referían a ella como “lady”, “mi señora”, “señorita Veronica” o “suma sacerdotisa”. Otros nombres que indicaban cercanía y cariño estaban fuera de contexto. Por su parte, su madre tampoco la había llamado nada más que Veronica. A veces, en momentos de mayor cercanía, había escuchado como se refería a ella como “querida”, pero Amora, al antigua Señora de Emblia, lo solía emplear con todas las personas con las que deseaba ser condescendiente o conseguir algo. Veronica no era la excepción. Así, la niña creció pensando que nunca nadie le diría palabras como cielito, ni siquiera entraba en su mente que eso sucediera. Por eso se quedó aturdida, con las cejas alzadas y el rostro encendido, sin saber muy bien qué responder. Le había agradado ser tildada de un calificativo tan agradable, su corazón había latido con fuerza y se había sentido querida y útil; pero al mismo tiempo recordó lo que le dijo su madre: “no confíes en quién es amable contigo, seguramente quiera algo de ti. Nunca nadie será amable contigo por que sí. Recuérdalo, Verónica.

Frunció el ceño. Ese gato pretendía algo. Nerviosa, aunque no se notó en su semblante serio y tajante dijo: Coméis niñas y niños. También carroña y todo tipo de criaturas que podáis. – le respondió. Y era la verdad, al menos en relación a lo que había leído de los subhumanos y lo que le habían contado. – Pero si intentas comerme a mí, o a Feh, serás sacrificio de Anankos. Quedas avisado. Tanto ella como yo nos podemos defender muy bien. Protegimos el fuerte de los Emergidos cuando no llegaron a tiempo los refuerzos de Krakenburg. Fuera de las ciudades uno debe saber pelear para sobrevivir, y mucho más en Nohr. Feh y yo hemos salido mucho de cacería. Sabrá volver a donde sea que yo esté. – Le explicó con orgullo, y al mismo tiempo amenazándole. Veronica nunca había visto un laguz, y todo lo que sabían era que eran bestias. Que hubiera uno sentado allí con ella con traje de mayordomo la desconcertaba. Prefería dejar las cosas claras antes de que nada sucediera. Por su parte, no dudaría en atacarle si se sentía amenazada, pero si su búho dormitaba tranquila, eso también quería decir que Seimei no era un enemigo, por lo que la sacerdotisa aún se mostraba tranquila, sus amenazas algo verbal y no físico.

Le observó con ojos entrecerrados como movía las cortinas un poco a un lado. – No las abras del todo, puede ser peligroso. Lo decía Madre.  – advirtió con seriedad, pero aun así no pasó un segundo hasta que dirigiera la mirada rojiza al exterior, con suma curisoidad y entusiasmo. Nohr era el país más precioso del mundo, o al menos eso le parecía a Veronica, que apenas había visitado unos pueblos y templos cercanos. Ni siquiera había ido a otros países o la capital. En sus pequeños viajes, su madre le había prohibido asomarse por la ventana alegando que si un enemigo de Nohr las veía, podían intentar secuestrarlas o hacerles daño. Así, veronica había ido siembre en medio de la oscuridad, sin poder apreciar el paisaje. Pero ahora que su madre ya no estaba allí, podía hacer lo que quisiera. Si alguien osaba atacarla, ella respondería de igual manera y acabaría con ellos, fueran quienes fueran. Por abrir un poco las cortinas no pasaría nada, solo quería ver un poco su país, su tierra. Habría estado en silencio un poco más, absorta en sus pensamientos, pero el subhumano volvió a hablar y la distrajo de paisaje.

Dirigió su mirada entonces al gato, su rostro apático. – Sé para lo que voy a Krakenburg. Las mejores sacerdotisas van a su templo a terminar sus estudios. Ahora que madre ya no puede instruirme, necesitaré los siguientes mejores tutores. – dijo sin mucho interés, como algo que había escuchado una y otra vez y por eso se lo sabía de memoria. Por su parte, Veronica tenía otros planes que nada tenían que ver con ingresar en una orden sacerdotal. Se sentó derecha y miró con fijeza al gato. – Has dicho que sirves al Príncipe Xander. Bien. Quiero reunirme con él lo más pronto posible. Tengo asuntos que le conciernen. – le exigió. Si Seimei era un charlatán, lo averiguaría en ese momento. Podía haberle mentido sobre a quién guardaba lealtad. A ella solo le serviría hablar con el príncipe heredero, el mayor conquistador actual de Nohr y todo un ídolo en el campo. Si quería dedicarse a ello, debía tener el apoyo de los mejores. – ¿Alguna vez has ido con él de conquista en nombre de Anankos? ¿Le has visto luchar? Dicen que su fuerza no tiene rival, y que su caballo es el más bravo y resistente del continente. – pese al rostro serio de Veronica, se notaba en el brillo de sus ojos que ese tema le gustaba. – Es el mejor conquistador del mundo y por eso harás que me reúna con él. O sabré que me has engañado.
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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Vie Ago 10, 2018 12:40 am

Qué curioso, ¿por qué sonrojaba tanto la niña? Seimei hacía y decía muchas cosas a propósito, con mucho pero mucho cuidado, pero justo ahí no había hecho nada especial. Así que no se daba cuenta. Oh, pero quizás solo se debiera a que él era muy bello y eso afectaba a cualquiera con buen gusto, sí, eso podía ser y nada más complicado. Lo cual sería gracioso. Pese a estarse muy complacido no se quedó mirando a la jovencita ni nada, sólo siguió acomodando la cortina, como por cortesía a ella, por no hacer falta avergonzarla... hasta que dijo aquello de que los laguz comían niños pequeños. ¡Qué cuento de antes de dormir...! El gato no pudo evitarlo, era demasiado impresionante, no pudo contenerse y se tapó la boca con espanto en el instante. ¡Y así no más se lo decía! Pero no desmintió. Siguió con lo suyo enseguida. La verdad era que no se atrevía a contradecir a la niña, así que sólo la dejó dar su explicación entera. No dudaba que tuviera experiencia en combate o al menos práctica y quizás se lo estaba imaginando, pero en ese momento todavía se sentía con el cuello en peligro, por lo que le parecía que le estaban diciendo sutilmente que podría recibir magia negra en lugar de azotes si algo no iba bien. Bajó las manos lentamente al terminar. Según las instrucciones, no había abierto del todo, aunque hacía poca diferencia.

-
No será peligroso ahora, mi vida. Estamos entre amigos y Nohr estando en su gloria... - Explicó dulcemente. Algo tenía el asunto de las ventanas, lo dejaba pensativo...

"Más que esconderte de asesinos, en tu propio país, ¿no será que escondían tu cara de la gente en sí? ¿De quienes que te pudieran conocer? Me pregunto yo..."

Qué triste asunto. Fuera como fuera, triste asunto. El esclavo volvió a su asiento, todavía moviéndose lento para todo, inconscientemente se comportaba así por si la joven quería vigilarlo bien. En el momento en que lo hizo, algo dio un golpecito suave en el vidrio, desde afuera, pero el gato no se sorprendió. Ni siquiera miró hacia ahí, después de todo a él el paisaje todo oscuro no le inspiraba nada. De inmediato hubo dos golpecitos más, gotas, las primeras gotas de lluvia contra la ventanita. De a poco, empezaron a multiplicarse. Él sólo sonrió pacientemente a la niña en frente, como para demostrar que ese era todo el peligro que había. ¿Acaso no sabía lo bien que le estaba yendo a Nohr? No, no era eso. Sus palabras demostraban que sabía bien el camino por el que estaba yendo el país. Lo irónico eran las ganas que tenía de reunirse con su padre cuanto antes, de todas las cosas que podía querer o pedir, aunque quedaba claro que era por motivos distintos. Una coincidencia normal y predecible. ¿Qué diría Xander cuando le dijera que Verónica no quería nada más que verlo ya, cuanto antes? Por supuesto que accedería, especialmente si Seimei le decía que era buena idea. Pero, ya que estaba y que esa era su tarea, le pareció inteligente mantener la impresión de que era cosa difícil.

-
El príncipe Xander es un hombre muy muy ocupado, así es... - Suspiró y se puso la mano en el pecho. - Pero supongo que tendré que lograrlo. ¿Cual le tendría que decir que es el asunto? Entienda usted, corazón, que mucha gente quiere hablarle en persona o pedirle favores. Sacerdotes y sacerdotizas también. Pero haré un buen caso para que la reciba. -

Se apoyó un par de dedos en el mentón, pensando, con la cabeza ladeada. De alguna forma... le gustaba ir por ese rumbo, sí. Además, tenía tiempo de sobra, encima con la lluvia seguramente hasta más. Habló a sus anchas.

-
Lo que se cuenta del príncipe siempre queda corto. Estuve ahí cuando llevó a Nohr a la libertad... también fui con él a Grannvale, muy muy al Norte. Y a Hoshido. Pasa que rompe mucho la ropa y necesita a su sastre, haha~ - Bromeó. Pero enseguida siguió en un tono serio, poniendo todo de sí para hacer más interesante la cosa. - Puedo ser yo el que no es humano, pero es mi señor Xander el que no parece... o puede ser que Anankos lo tenga bendito, ¿no será? Lo he visto ser atravesado por armas de lado a lado, le he visto bien las heridas y él pelea como si nada. Como si no se lo pudiera matar, así de claro se lo digo. Lo del caballo puede que sea o que no sea, a mi no me ha hecho una impresión tan especial, pero la fuerza que tiene él... ¿no le dará espanto si le cuento todo, mi niña? -







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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Jue Ago 16, 2018 2:56 pm

Veronica sabía que estaba a salvo. Los soldados de Emblia y los enviados por Krakenburg cabalgaban al lado del carruaje. Feh dormía tranquila a su lado. Y afuera solo se podía ver el paisaje, apenas oscurecido por las nubes negras y las gotas de agua que no tardaron en llegar a ellos. La niña lo sabía, pero aun así sentía una ansiedad terrible al ver cómo las cortinas se abrían mucho más de lo que su madre hubiera permitido. Se quedó unos instantes en silencio, con el corazón latiendo en su pecho y en sus oídos, con un miedo tan atroz que solo se daba en los infantes que aún creen en los monstruos bajo la cama. Apretó el tomo de ruina con fuerza entre sus pálidos dedos. Ahora madre ya no estaba. Debía aprender a vivir sin sus miradas de desacuerdo y sus tantísimas limitaciones sobre su vida. Respiró, y aunque su rostro era igual de inexpresivo y serio que antes, comenzó poco a poco a perder la tensión que había acumulado durante la acción de Seimei. Como el gato había indicado, Nohr estaba en su apogeo, no había ningún enemigo a la vista. Más tranquila y contenta, Veronica regresó a la conversación.

Hablar del mejor conquistador de todos los tiempos, el Príncipe Xander, tenía ese efecto en la niña. Ni siquiera registró que antes la había llamado “mi vida” o “corazón”, cosa que la habría terminado por volver a sacar un fuerte rubor en las mejillas. En cambio, la promesa de poder encontrarse con él provocó que Veronica se pusiera en el borde de su asiento y mirase con extrema fijeza al laguz. Tenía una mirada de completa decisión, sus cejas fruncidas y una expresión de fuerza. – No le pediría ningún favor, sino su bendición. Tengo la de Nuestro Señor Anankos, ahora solo necesitaría la del Príncipe para poder comenzar mi entrenamiento como futura conquistadora al nombre de Nohr. Anankos me ha hablado. La vida de sacerdotisa es para otras. Ellas se pueden quedar sus bastones y sus cánticos, yo siento en mi sangre que debería luchar por la gloria de Nohr. Eso es lo que le dirás si pregunta. Espero que comprendas que es de mucha importancia esto que te acabo de contar, y que no se lo puedes decir a nadie salvo a su alteza. Y si escucho algún tipo de habladurías al respecto antes de que yo hable con él…

No terminó de hablar, pero era totalmente visible que era un tema sensible para ella y que le importaba mucho. Se había expresado con vehemencia y pasión, algo que hasta entonces había faltado en su rostro y gestos. Por primera vez, los ojos rojos de la niña habían brillado con luz propia en vez de estar sumidos en el tedio o la desconfianza. Había revelado uno de sus secretos más íntimos porque pensaba que así podría hacer su sueño realidad, y no bromeaba en cuanto a su amenaza. Si se filtraba entre la corte que quería dedicarse a otro oficio, con seguridad sus tutores lo evitarían a toda costa. Ya se rumoreaba que sería la sacerdotisa del siglo, pero ella no quería ser eso. Antes prefería ser nombrada como la conquistadora del siglo. Y por eso nadie podía saberlo hasta que el Príncipe diera su bendición. Nadie se atrevería a negarle lo que quería de ser así. Seimei había dicho que estaba a su servicio, ahora debía honrar esas palabras y Veronica se lo recordaría. Pero, por ahora, se limitó a escucharle.

Interesada con el cambio en la conversación, la niña se acomodó con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza apoyada en las manos que le servían de soporte para la barbilla. Ante lo primero, casi se ríe. Pensar que el Príncipe Xander necesitaba un sastre en sus campañas le hacía mucha gracia, pues nunca hubiera imaginado algo así. Pero de inmediato pasó de tener los labios curvos a tenerlos en forma de o. Sus ojos se quedaron muy abiertos, casi como platos, ante las anécdotas de sus batallas. Esa clase de palabras solo podían venir de alguien que verdaderamente había conocido y luchado junto al príncipe, pensó Veronica, y eso le hizo sentir un nuevo respeto por el laguz. - ¡¡No!! Por favor, continua. – casi imploró preocupada cuando se detuvo en sus relatos, como si temiera que la iba a dejar ahí sin terminar de contarlo todo. - ¿Cómo rompe su ropa, o es que se la rompen?, ¿Es verdad que se puede agrandar tanto como si fuera un volcán?, ¿Y le atraviesan de delante a atrás o de un lado a otro? Eso es una bendición de Anankos, seguro… ¿Y tú no luchas con él? Si comes niños, supongo que un emergido no es tan diferente, solo que la carne debe de saber pasada.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Sacerdotisa de Anankos

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Tomo de ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
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Experiencia :

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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Dom Sep 09, 2018 9:14 pm

Ya le quedaba muy muy claro que la señorita no iba a soltar fácilmente el arma que tenía en las manos, el tomo de magia. Pero a medida que le hablaba, el gato aceptaba eso. No podía decir que le tenía menos miedo, tener miedo era primordial para sobrevivir largo tiempo, era una de las primeras señales de la inteligencia. Y los niños con actitudes eran de lo más temible en el mundo. Pero, de alguna forma le era más fácil continuar ahora. Quizá porque sabía que en camino con barro el carruaje podía tardar todavía más y que estaría todo ese rato con la princesita. O quizá porque le divertía así de mucho el tema de conversación, eso de contar cuentos de su propio señor, de Xander... sí, en gran parte eso. Era una ocupación divertida y saber quien era Verónica se lo mejoraba. Pero primero, escuchó muy curioso el motivo por el que ella se quería reunir con su padre, que al final no era nada ni remotamente relacionado. Sólo quería verlo por motivos de guerra. Cosa que confundía un poco al gato, lo dejó bajando un poco las orejas, guardándose sus pensamientos, pero... ¿una niña tan pequeña? ¿Haciendo las cosas que Xander hacía? Él había visto cómo se destrozaba el hombre a diario cuando salía en esas campañas de meses con el ejército. ¿Y ella? ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Por donde tenía sentido esa idea?

"¿Pero qué tiene de malo si quiere eso? ¿Sea porque se lo dijo Anankos o por lo que sea? Seguramente puede hacer magia temible, que la use para eso no es nada malo, al contrario. Más fuerzas en esto de las conquistas sirve bien... sí, esto está bien de todas formas que lo mire." Pensó, convenciéndose solo. "Y si yo fuera Xander, primer príncipe de Nohr y mi hija secreta quiera arriesgar la vida en lo que sea, me tendría que considerar de suerte. Porque ahí sería el destino el que diga si se desaparece ella y se muere el secreto, o si se queda. Pero yo no soy ese hombre... y ese hombre no es de este modo, ¿no? Me pregunto qué pensaría el padre del año..."

Mucho pensamiento. De todas formas él sólo tenía que hacer una cosa, que era obedecer a la muchacha. Se quitó ese aire callado y pensativo de inmediato.

-
Anankos le ha hablado para que se una a conquistar... ya veo. Bueno, lo haré exactamente como dice, corazón. No se preocupe, yo hago mi trabajo y nada más que lo que se mandó como trabajo, ni una palabra de sobra~ -

Sonrió sin problema alguno. Entendía cómo tenían que ser las cosas por su lado, así que no había nada de qué preocuparse. Además, quería seguir con sus cuentos. La lluvia ahora golpeaba constantemente la ventanita, le daba una ambientación que le gustaba bastante. También evitaba tener un carruaje en silencio, cosa que hacía el aire peor cuando la señorita lo miraba mal. Cosa que igual ya no hacía. Realmente se estaba metiendo en la historia, al parecer. Lo miraba con ojos enormes y ¿le había sonreído? Podía ser. Qué cosa impresionante. El gato se jactaba inmensamente por dentro y le costaba no ronronear de lo complacido que se sentía consigo mismo. De hecho, al hablar, se le mezclaba sutilmente en la voz ese 'algo' extra, como si tuviera otro timbre distinto.

-
No no, vaya, yo sólo voy con él, le trato las heridas, le arreglo la ropa... yo de pelear no sé nada. Míreme las manos si no me cree. Son la nada misma estas garras. Y ni un sólo callo. En fin, que yo no. - Rió y efectivamente se quitó el guante para enseñarle una mano. Blanca, perfecta, sin el menor daño, cuidadosamente mantenida. Su físico era su orgullo. - Pero mire, lo han atravesado por todos lados, uno diría que no tiene más sangre adentro un hombre después de todo ese reguero. ¡Pero nada! A él nada lo detiene, parece imposible. Debe ser una bendición. Ya van a empezar a decir que es inmortal. Y no se hace más grande de lo que es, pero tiene algo mejor... -

Sí, tenía más detalles que agregar. Cerró los ojos por un segundo, como si recordara algo muy lejano.

-
Una vez, se fue a solas de viaje. Sin mi ni nadie, a solas. Y cuando volvió, tenía una espada muy muy rara, una cosa que daba miedo tocar, pesada como un muerto. ¿Y qué podía ser? Él dijo que era sagrada y ahora era suya. Cuando pelea, la espada tiene algo. A veces no alcanzar a cortar a los enemigos y los mata igual. Es una espada impresionante, pero no vaya a pensar que mi señor sólo es así de fuerte por la espada... así no funcionan las cosas, ¿no cree usted, mi niña? Que no es tan fácil como eso. -







un premio portado con honor:
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Feral Cat

Cargo :
Esclavo

Autoridad :
-

Inventario :
Concoction [3]
Pócima Sanguinolenta
Escrito mítico [1]
Vulnerary [3]
Vulnerary [4]
Llave de cofre [2]

Support :
Xander
Artemis

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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Dom Sep 16, 2018 4:17 pm

Veronica no era una niña confiada por naturaleza. El ambiente en el que había crecido la había vuelto hostil, defensiva y atenta. En cuanto el gato hizo el movimiento para quitarse el guante y mostrarle la mano, se puso erguida y con todos los sentidos atentos a lo que haría el subhumano a continuación. Su mirada rojiza, que momentos antes había estado abierta con curiosidad y algo cercano a la amabilidad, ahora se había vuelto una fina línea inquisitiva. Efectivamente, la mano era una mano normal, nada parecido a las garras de un monstruo o algo así que antes hubiera pensado que Seimei escondía bajo sus guantes. Y, sin embargo, la joven bruja no hizo más que alzar la nariz con actitud condescendiente y mostrarle la suya propia, con la piel joven y blanca, sin ningún tipo de cicatriz, la mano de una niña de doce años que nunca había empuñado un arma, sino libros y báculos. – Hmp. No hace falta tener un callo feo para saber luchar. Mi madre tenía uñas mejor limadas que las tuyas y podía arrancar de cuajo los ojos de cualquiera. – musitó de forma pedante, en una actitud de dama ofendida.

¿Y por qué no iba a estarlo? Era por comentarios como esos que subestimaban a personas como ella que no blandían espadas y su educación les había llevado a terrenos más académicos. Los magos eran tan capaces, y en su opinión incluso más que los soldados rasos, de derrotar a todo tipo de enemigos. Pero por alguna razón a niñas como ella las metían en templos a servir y a orar y a hacer rituales. Ella adoraba a Anankos y creía en él con todo su ser, pero sabía que su sangre no la llamaba a estar entre cuatro paredes de piedra frente a un altar, sino en el campo de batalla con las banderas de Nohr ondeando al viento a su espalda. Había gente que ya había resoplado ante tal idea cuando Veronica lo había mencionado como una posibilidad para un futuro distante, a lo que habían seguido comentarios como que una niña pequeña nunca entraría en las filas del ejército nohrio, que una sacerdotisa debía dedicarse a sus libros y no a las conquistas y expansión del reino, que la guerra afeaba a muñequitas adorables y que entonces nadie querría casarse con ella.

Solo pensar en esas palabras la llenaban de rabia, tanto que apretó las manos con tanta fuerza que se le comenzaron a quedar las marcas de las uñas en las palmas. Indignada, giró el rostro a un lado y se negó a mirar a Seimei durante largos segundos. Le acababa de decir cuál era su misión al ir a Krakenburg y se atrevía a insultarla de la peor forma posible. Y además no solo eso, sino que la estaba mintiendo. Sí. La mentía porque los subhumanos eran peludos, como algunas mantas que habían decorado el salón privado de su madre, y él tenía menos pelo que las muñecas con las que a veces jugaba. ¿Dónde estaba el pelo que le faltaba? Estaba claro para Veronica que no podía fiarse de ese sujeto depilado, casi se arrepentía de haberle dicho que quería ser una conquistadora, pero confiaba en que su amenaza hubiera surtido efecto y que el gato no hablaría más de la cuenta si no quería morir. Incluso si comía niños, algo que no había negado, acabaría con él si se pasaba de la raya como la bestia que debía ser en realidad. Haría bien en recordar que estaba allí porque la joven bruja se lo permitía, y le daba igual que trabajara para la realeza o el mismísimo Rey Garon, le echaría del carruaje si volvía a decir algo de mal gusto.

No quiso volver a prestarle atención, pero era imposible no escuchar su voz suave en aquel transporte tan pequeño y en el que solo estaban ellos dos y Feh, que aún dormitaba. Aunque lloviera con más fuerza, el sonido no era suficiente como para bloquear de sus oídos las explicaciones de Seimei. Sin quererlo, volvió a dirigirle la mirada aunque con menos hostilidad que antes. Su entrecejo seguía fruncido, como si estuviera analizando si merecía la pena enterarse de lo que el otro decía. Oh, pero si era una historia de extraños objetos mágicos no podía negar su interés. Como si estuviera haciéndole un favor, suspiró y giró el cuerpo para quedar de nuevo frente a frente con el subhumano. Negó con la cabeza. – Los objetos mágicos tienen su propia personalidad, no todo el mundo puede emplearlos o manejarlos. A veces, pueden tener tanto poder que dejan de ser un “objeto” y son más bien como un “ente” atrapado en algo físico. – explicó como si estuviera aburrida, aunque lo cierto era que era uno de los temas de estudio favoritos de Veronica. - Pueden saber cosas de aquellos que los toquen o los posean. Si no eres digno de portarlo, la magia puede o no funcionar, o en el peor de los casos puede matarte o poseerte. Pero si eres digno y el objeto te reconoce como su maestro, y tu reconoces al objeto como tuyo… Entonces podrás ser una de las personas más poderosas del mundo.

Y por lo que el gato había dicho, el Príncipe Xander tenía una espada mágica en su poder. Solo pensar en ello hacía que le temblasen las piernas de emoción. ¿Le permitiría estudiarla? O mejor: ¿Le dejaría ver como funcionaba en batalla? Tenía verdadera necesidad de comprobar si era verdad que podía acabar con enemigos a la distancia. Había hecho bien en querer pedir su bendición para dedicarse a su nueva carrera como conquistadora. Pensar en el futuro la hizo relajarse un poco, de nuevo olvidando lo que le había hecho estar tan en tensión momentos antes. Dubitativa, preguntó:  ¿Cómo pudo hacerse con una espada así? Al menos pertenece a Nohr ahora y no a ninguna otra nación enemiga que fuera tras su poder. Sin duda Anankos ha bendecido al Príncipe Xander y le ha debido de otorgar una espada sagrada. Las reliquias deben protegerse, aunque también usarse si son útiles. – a ella también le gustaría tener algún tomo de gran poder algún día.
Afiliación :
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Dark Mage

Cargo :
Sacerdotisa de Anankos

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Tomo de ruina [2]
Vulnerary [3]
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