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[Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

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[Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Miér Jun 27, 2018 10:20 am

Veronica estaba impaciente por irse del Fuerte Emblia, la única construcción imponente que aún le quedaba a su familia después de que se asimilaran con el Reino de Nohr. Había algunos que lloraban las glorias pasadas, pero la niña no. Para empezar, ella había nacido mucho más tarde, cuando no quedaba nada de Emblia salvo el recuerdo, por lo que las historias pasadas le daban igual. Además, había heredado el carácter utilitario y pragmático de su madre, por lo que tales sentimentalismos le eran una pérdida de tiempo y esfuerzo mental. Prefería concentrarse en su inminente marcha a Krakenburg, su sueño desde que había aprendido que la mayoría de los héroes y conquistadores de Nohr se formaban allí. Recibir la noticia de que se requería su presencia en la capital había sido el momento más emocionante de su vida. Llevaba esperando esa oportunidad mucho tiempo. Ahora podría enlistarse en el ejército y dirigir su propio batallón de soldados, o lo que fuera exactamente que hicieran los generales. Dar órdenes era algo que seguro que entraba en la descripción del trabajo. Por suerte para ella, esa era una de las cualidades que mejor dominaba como la niña malcriada, exigente y caprichosa que era.

Todos los habitantes del Fuerte se habían acostumbrado hace mucho a su personalidad y manierismos, así que obedecían sin rechistar por miedo a provocar una rabieta o la ira de Veronica. Sabían por experiencia que a una bruja de las artes arcanas no se la debía provocar, aún menos cuando era ahora la Señora del Fuerte Emblia, con poder para decidir sobre la vida y la muerte de sus sirvientes. Así pues, la servidumbre cumplía eficientemente con sus encargos. Veronica había querido que todo fuera empaquetado y cargado con la mayor diligencia posible una vez llegados los carruajes que la llevarían a Krakenbug. Mientras todo se llevaba a cabo, ella por su parte se preparó un delicioso té y supervisó desde lo alto de su torre que todo fuera según lo planeado. La comitiva de la capital consistía en varias carrozas tiradas por caballos con armadura en las que cabrían todas las personas que irían con ella. Varios carromatos tirados por burros irían detrás con los sirvientes y el equipaje que no cupiera en los carruajes. También los acompañarían varios jinetes armados con sus espadas y lanzas. Al principio le sorprendió la seguridad del séquito, pues pensaba que los caminos de Nohr ya eran seguros al haber disipado a la amenaza emergida, pero supuso que la vida de una Sacerdotisa de Anankos era algo que merecía tan protección.

No se tardó mucho en cargar todos los baúles, solo media tetera y cinco galletitas de jengibre y miel. Pero para entonces, Veronica ya estaba resoplando internamente porque quería irse ya. Sin embargo, cualquiera que la mirase beber de su tacita de porcelana no lo pensaría. Su rostro seguía con la misma expresión apática y lo único que había cambiado en ella había sido un leve fruncimiento de cejas.  Una vez entraron a avisarle de que la estaban esperando abajo, se levantó de un saltito y dejó la taza sin terminar encima de la mesa. Tenía ya puesta la capa de viaje, un manto negro con capucha que llegaba más allá de sus talones y arrastraba los bordes por el suelo. Había sido de su madre pero, como con muchas otras cosas, verónica había comenzó a usarlo aunque le quedase grande y lo llevaba con la mayor dignidad posible. Caminó sobre sus tacones rojos hacia Feh, que dormitaba encima del respaldo de un sillón, y la cargó contra su pecho sin despertarla. Con expresión seria le dio la orden a la criada de recoger sus últimas cosas, que ella misma había desempacado porque quería usarlas, y salió de la habitación.

Cuando nadie podía verla, comenzó a bajar las escaleras de caracol de la torre a grandes zancadas, a veces tres escalones a la vez. Su capa volaba a su espalda en el recorrido circular hacia los pisos inferiores y su grimorio daba golpes a su cadera en donde estaba guardado con una bolsa de tela. Al llegar abajo, su rostro pálido tenía un leve rubor del esfuerzo pero su expresión facial seguía siendo la misma de siempre. Con emoción escondida observó los carruajes preparados y sus ojos brillaron con una luz especial. Carraspeó para quitarse el nudo de la garganta y avanzó hacia la comitiva con la cabeza bien alta y aire de superioridad y arrogancia. Su enorme tiara-corona relucía en su cabeza. Podía ver a varios sirvientes terminando los preparativos y a sus tutores hablar con alguien que debía ser el encargado de llevarla a Krakenburg. Las personas a su paso le hacían ligeras reverencias con la cabeza y la reconocían con un “Milady” o “Lady Veronica”.  Por su parte, la niña no hizo caso a nadie salvo al paje que le abrió la puerta de su carruaje: Ya estoy lista para irnos. – Lo que en otras palabras era: Nos vamos. Ya.

Lo normal en esos casos era que el enviado a recogerla fuera en el mismo trasporte que ella, así que se quitó la capa y esperó con Feh en el regazo a que llegase. Sin embargo, no estaba preparada para lo que entró en el coche de caballos. Durante largos minutos, Veronica no hizo más que mirar al ser que tenía delante. Entornó los ojos rojos y analizó las orejas que sobresalían por su cabeza. ¿Esa eso lo que llamaban subhumano? Nunca había visto ninguno en carne y hueso, más bien las alfombras y mantas que podían hacer con sus pieles y que más de una vez habían regalado a su madre. Fuera de eso, su conocimiento sobre los laguz era inexistente. Por supuesto, era conocimiento popular que eran criaturas salvajes, como animales, pero el sujeto que tenía delante no parecía una bestia. Igualmente, Veronica no perdió las sospechas. En la carta de Krakenburg no venía nada de esto, así que por unos momentos pensó que el extraño la quería secuestrar, ¿un adepto de Naga?. Dejó a la Feh encima de su capa que le servía como nido, sin perder de vista al subhumano, y desinteresadamente abrió la bolsa con su tomo y lo puso sobre sus rodillas. Por si intentaba algo.

- Nunca había visto a un gato con traje – comentó de forma impertinente, su rostro apático. – Ahora me dirás cual es tu propósito y qué eres. Si te has perdido, en esta carroza solo podemos ir el enviado de Krakenburg y yo. Si vienes con extrañas intenciones vete mientras aún me siento magnánima.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Sacerdotisa de Anankos

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Tomo de ruina [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
71


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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Seimei el Sáb Jun 30, 2018 11:58 pm

"Una princesa secreta... una princesa secreta... ¡quién lo diría!... en qué locura te han metido, Seimei, en qué locura..."

Habría preferido estar él conduciendo alguno de los carruajes, con tal de estar ocupado. Porque sentado ahí adentro, apoyado como si nada en su asiento, con la pierna izquierda cruzada sobre la derecha pero moviendo la punta del pie inquieto... sólo tenía sus pensamientos y esa podía ser su perdición. La cabeza le daba vueltas con todo el asunto. La cola apoyada a su lado en la almohada del asiento se movía como dando pequeños azotes de acá para allá, toda frondosa pero muy limpia. No había nada que le interesara especialmente en el paisaje fuera de la ventana, así que miraba fijamente abajo, muy serio. Sobre su regazo tenía el único "regalo" que debía entregar a la princesa, aunque no era nada tan interesante, algún libro de escrituras religiosas o algo así que la señorita iba a tener que tener. Hasta se le hacía más interesante al gato el bolso en que lo cargaba, cuyo exterior tenía una capa de plumas negras muy lisas sobre la tela. Él mismo le había insistido al príncipe padre que no fuera muy dulce con la chica todavía, si no quería que se supiera que era su pequeña, así que nada de detalles de sobra pero...

"¡Tienes que pensar! Es que si es la hija de Xander... qué desatino, cuando vuelva yo ya vamos a hablar de cómo anda llevando sus asuntos personales, ¡Anakos! Pero, fuera de eso, tienes que pensar bien... ¿tendrá mano en el trono la niña? Es la hija, aunque no lo sepa... y si Xander tiene otra en el futuro, todavía va a ser la mayor... ¿pero se sabrá esto algún día o nunca? Sin olvidar que están mi señor Leon y mis damas Corrin, Elise y Camilla también... en resumen, ¿es importante la niña o no? En todo caso, me puede convenir, eso es una posibilidad..."

Obviamente, estaba muy complacido con ser conocedor del secreto. Significaba que era alguien de confianza. Sólo era normal de su parte que un descubrimiento tan grande le tuviera la cabeza tan ocupada, llena de posibilidades e ideas. Tantas que todo el tiempo del viaje no se le había hecho suficiente ni por cerca. Cuando hubieron llegado, tuvo que tomarse un minuto para calmarse a sí mismo y prepararse para el encuentro. Se paró, se acomodó el cabello con las manos, cerró los ojos, respiró un par de veces, movió los hombros y luego puso su mejor postura, a la vez que la expresión de rostro tranquila y un poco sonriente que siempre llevaba. Salió para confirmar los arreglos con otro de los sirvientes, el conductor, y esperó su momento. Aunque escuchó que saludaban a la damita, no llegó a verla. Una vez que lo mandaron con ella, al cómodo y lindo coche principal, no tardó en entender por qué.

Entró con una disculpa como era debido, además de con la mirada tan baja que casi se veían cerrados sus ojos, aunque ese hábito venía más bien de sus amos anteriores. Sin hacer ruido al moverse, se ubicó en el asiento frente a la niña, callado como una sombra. Cuando ella le dirigió la palabra (por cierto antipáticamente) alzó la vista y... menos mal que no se había arriesgado a hacerle ropa para regalarle, porque no habría atinado con los tamaños ni de broma. En su mente no la había hecho para nada tan diminuta como era. ¡Criaturita! Aunque lo más increíble era que mirándola, mirándola a la cara bastante redonda y de ojos grandes... ¡tenía la arruga de entrecejo igual a la de Xander! ¡Igualita! El esclavo moría de impresión. Esa partecita que Xander tenía ya permanente, cosa que lo hacía ver siempre un poco tenso, la mostraba la jovencita en ese instante. Quería reír. En todo caso, era el único rasgo que le veía parecido en verdad. Sólo sonrió un poco, casi con culpa, bajo las duras palabras. Así que esa clase de niña era... de las difíciles. ¿Tendría que arrastrarse de más a sus pies? Qué vida... pero lo que tuviera que hacer para seguir bien parado estaría bien.

-
Lo lamento mucho. -

Agachó la cabeza tanto que casi tocó sus rodillas con su frente. ¿Por qué se disculpaba? No era necesario ser exacto. Sólo ser humilde. Se enderezó luego de un par de segundos.

-
Mi nombre es Seimei. Sirvo al primer príncipe, Xander, al resto de la familia real y por el día de hoy a usted... sacerdotiza. Para que llegue sin problemas a su lugar en la capital. Pídame cualquier cosa que necesite. - Moviéndose sin prisa, empezó por entregarle el bolso con el libro de escrituras. - Esto también es suyo. Tiene derecho a tenerlo y me pidieron que lo ponga en sus manos antes que todo. Ya que será de grado importante... -

Encerrado en un carruaje por unas horas con una niña altiva... bueno, de alguna forma estaría bien.







un premio portado con honor:
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Feral Cat

Cargo :
Esclavo

Autoridad :
-

Inventario :
Concoction [3]
Pócima Sanguinolenta
Escrito mítico [1]
.
.
.

Support :
Xander
Artemis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1907


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Re: [Social] Let's embrace the point of no return. [Priv. Seimei]

Mensaje por Veronica el Jue Jul 12, 2018 7:35 am

Veronica no perdió detalle de los movimientos del gato, su ceño fruncido y una expresión de desagrado en los labios. No entendía qué hacía alguien como él en el carruaje con ella. Casi hubiera preferido que hubiera sido un enemigo con el que acabar, al menos le habría salido intacta la dignidad y el orgullo. - Todos en Nohr sirven a la familia real y a los sacerdotes de Anankos, no es ningún puesto especial. – le respondió de forma tajante. Le había sentado bastante mal que enviasen a un mero subhumano a por ella, que era una suma sacerdotisa de gran importancia y sería en el futuro la mayor conquistadora de toda la historia de Nohr. Para Veronica, Seimei estaba en un escalafón social muy bajo, tanto que era insultante que le hubieran ordenado llevarla a Krakenburg. Esperaba a un noble, a un ministro, a un consejero, incluso a algún miembro de alguna orden sacerdotal, no a alguien que debía ser un mero mayordomo como mucho. El descontento de la niña era más que patente en su forma de arrugar la frente y mirar con grandes ojos rojos al gato, como si todo fuera culpa suya. Sus disculpas le daban lo mismo.

-       Hmp. - Con la cabeza bien alta aceptó el presente sin demasiada curiosidad. Una mirada por encima le informó de que el libro no era de magia oscura, sino de ritos sobre Anankos. Perdido el interés por un tema que siempre había estado presente en sus estudios desde pequeña, Veronica centró su atención en el bolso de plumas negras que parecía haber sido hecho para ella, incluso iba a juego con su atuendo que también tenía esas mismas decoraciones. Pasó una mano pálida por el dorso del obsequio y se maravilló con la suavidad del material y el brillo que desprendía a la tenue luz del interior de la carroza. De inmediato sacó el libro de escrituras de ahí y lo reemplazó por su propio tomo de las artes arcanas. Hizo lo mismo pero al revés con su anterior bolso de cuero, que ahora le parecida feo. Dentro metió el regalo y lo dejó olvidado en el asiento más lejano a ella, como si no mereciera ni que lo mirase siquiera. No le dio las gracias a Seimei porque él no había sido quién le había obsequiado el regalo. Se lo tendría que agradecer al Príncipe Xander o a la familia real, o sus tutores, cuando averiguase quién se lo había mandado.

El carruaje comenzó a moverse una vez todo el equipaje estuvo colocado en su lugar. Para entonces, Veronica ya se había olvidado de que Seimei podría ser un enemigo y ya no tenía su tomo en las rodillas como si lo fuera a usar en cualquier momento. Ahora estaba cuidadosamente a resguardo dentro del bolso de plumas negras aunque colocado a su lado, en caso de que fueran atacados y necesitase usarlo. Todo mago sabía que sus libros debían estar siempre a mano. Sin embargo, eso no quería decir que la niña hubiera dejado de mirarle con condescendencia y cierta irritabilidad que ni siquiera el regalo había podido apaciguar. Hubiera deseado tomar un té, pero no creía que se pudiera beber bien con el transporte en marcha. Apreciaba demasiado su vajilla como para que en un sobresalto se le cayera una taza o un platillo de fina porcelana y se rompiera. Así, su único medio de distracción era el subhumano que tenía delante.

¿Qué es lo que comes? – le preguntó después de lo que había sido un tenso silencio de meditación. La voz de Veronica rompió la quietud de forma abrupta y sin dar opción a ser ignorada. Sin esperar respuesta, continuó: Esta es Feh, mi amiga. ¿Sabías que los búhos son grandes depredadores nocturnos? Mucho más listos y rápidos que otros animales. Cuando Feh comenzó a vivir en el Fuerte se comió a todos los ratones y dejó sin trabajo a los gatos. Tuvieron que marcharse a otra parte. – sin perder de vista a Seimei, alargó la mano y acarició la cabeza emplumada del búho, con un cuidado tal que no pareciera que tal muestra de cariño pudiera venir de alguien con palabras tan cortantes. – Espero que eso no sea un problema. Feh necesita comer presas vivas para mantenerse fuerte, otro tipo de comida no sirve. –Veronica nunca admitiría ante alguien que no conocía que no sabía algo, era una muestra de debilidad y ella no era débil, era fuerte. En ese caso, las costumbres subhumanas se le escapaban al entendimiento, más que nada por falta de contacto con ellos. Seimei era el primero en carne y hueso que veía en su vida, el resto habían sido mantas y alfombras que decoraban los salones del Fuerte Emblia.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Sacerdotisa de Anankos

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Tomo de ruina [2]
Vulnerary [3]
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None.

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