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[LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

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[LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

Mensaje por Narrador2 el Dom Jun 10, 2018 7:15 pm

Grupo D - Ronda 1 - Alanna vs Sindri

Las peleas constaran de temas un de 4 post por luchador (8 posts totales), donde se considera el primer turno introductorio, el segundo y tercer turno de combate. Tras el tercer turno, entrará una cuenta Narrador a ayudarles a definir quién debería ganar, realizará un calculo del "potencial" de ambos personajes en el combate sumado al resultado de un dado aleatorio para meter un poco de azar y diversión, ganando quien logre tener el número más alto. De este modo, influenciará qué tan fuerte sea su personaje o qué tan bien equipado esté, pero la suerte también tendrá su influencia.

El calculo será el siguiente:
arma utilizada + progreso del pj + dado d4

Arma utilizada: valor del 1 al 4, siendo 1 bronce y 4 arma legendaria.
Progreso del pj: valor del 0 al 3, segun la cantidad de barras de experiencia completadas por el pj.

Definido así cual será el ganador, en el último turno se rolea ese desenlace.

Inventario :
Premio misterioso
Tónico de res. [2]
Tónico de def [2]
Elixir [2]
Arco de bronce [2]
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Re: [LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

Mensaje por Alanna el Miér Jun 13, 2018 7:15 pm

Sudor. Fragor. Acero. Polvo. Ruido. Y brutalidad, mucha brutalidad. Juntabas todo aquello en una caótica amalgama, lo arrojabas a una Arena de combate, y obtenías lo que en un principio pretendía venderse como un prestigioso evento. Alanna no sabía ni por dónde empezar con sus pertinentes discrepancias. Quizás lo único de “prestigioso” que había presente fuese la organización de Altea con el torneo, porque del resto… Bueno. Solo podía juzgar lo visto de unas fases preliminares que distaban muchísimo de lo que muchos llamaban ”el noble arte de la lucha”.

Una panda de brutos y engreídos. Todos y cada uno de sus rivales. En más de una ocasión le tocó aguantar sus comentarios de prepotencia, ya fuese porque fuesen más grandes, o más fuertes. O el que más le encendía de todos: porque era una mujer jugando a ser guerrera. Al final, resultó que un poco de maña fue más que suficiente para contrarrestar la fuerza y el tamaño. Y no pocos se llevaron la sorpresa de que una mujer tuviese más fuerza de la que se pensaban. Seguro que no olvidarían en mucho tiempo los golpes que les propinó con la parte roma del hacha.

Todo ello no hacía más que sumarse al aliciente de que su entusiasmo por participar en el torneo era más bien nulo. Pero el deber era el deber; Ylisse tenía que dar ejemplo de algún modo si su aliada echaba toda la carne en el asador. Aunque ella hubiese preferido no formar parte de esta muestra de camaradería entre naciones. ¿En serio que el príncipe Chrom no tenía disponibles a hombres más cualificados? Sabía que no era la única de los Custodios participando, pero aun así…

Alanna meneó la cabeza con resignación y se llevó las manos a la cadera. El pasillo al que la habían mandado para que esperase a su siguiente combate podía catalogarse como la herramienta de tortura perfecta: oscuro, frío, con la única iluminación pasando a través de una reja y, como colofón final, el eco hueco del griterío de los espectadores martilleándole la sesera. En momentos así se preguntaba qué demonios hacía ella allí. ¿Su trabajo? ¡Su trabajo era velar por la seguridad de Ylisse, diantres! No competir contra una panda de energúmenos que buscaban una gloria tan pasajera como su sentido común.

Entonces oyó un chirrido metálico y las rejas se abrieron con lentitud, siendo ya tarde para dar media vuelta y largarse de allí. Rezongó con pesadumbre. Quizás sí que se hubiese tenido que preparar un plan de huida mientras pudo. Para mayor escarnio, los gritos del público no hicieron sino aumentar con la inminente llegada de su aclamado combate.

Haciendo de tripas corazón, fue avanzando por el pasillo, como si se tratase de un corderito a punto de entrar en el matadero y era consciente de su funesto final.

”Alanna, Custodia de Ylisse”. Fue la frase con la que la presentaron nada más poner un pie en la Arena. La muchacha apretó los dientes con saña, esbozando una mueca de aprensión. Aquello era lo último que le faltaba, que clamasen su título a viva voz para que las gradas enteras supiesen de dónde venía. El aliciente perfecto para que, si caía derrotada, pusiese en evidencia con su deplorable actuación a los Custodios.

«Madre Naga, por favor. os lo suplico», no le gustaba tener que implorarle a la Diosa por sus propios percances. Es más, no le gustaba rogarle en general. Para ella, Naga era la icónica figura en la que apoyarse en momentos de adversidad y seguir adelante. No para pedirle que luchase sus propias batallas. Los dioses estaban para inspirar a su gente, no para servirles de escudo en sus actos… como hacían ciertos acólitos para justificarse. «Concededme aunque sea la oportunidad de que pueda acabar este día de locos cuanto antes y no manche el nombre de los míos.»

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Re: [LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

Mensaje por Sindri el Dom Jun 17, 2018 3:29 pm

Cuentan las leyendas que los primeros coliseos de Elibe fueron construidos por orden de Hartmut, Durbans y Roland tras la victoria de los humanos sobre los dragones en La Batida. “No querían que su pueblo se volviera blando”, al parecer. Sin embargo, esta para nada fiable información provenía de multitud de textos apócrifos, por lo que los expertos en historia del país le daban la importancia justa y necesaria. Lo que era bien cierto es que durante generaciones los enormes edificios ovalados esparcidos por todo Elibe alojaron multitud de combates que siempre levantaban expectación, hasta el punto que eran empleados como lugares de reunión de los nobles. El Hechicero recordaba muy bien que su padre lo había llevado una vez a la arena del puerto de Badon, en tierras de Caelin, cuando él era pequeñito. Desde el palco de los nobles, los luchadores eran poco más que unas figuras difuminadas contrastando con la tierra marronuzca. Pero… ¡Oh, los cantos! ¡Oh, el furor de la audiencia! ¡Oh, el ruido del metal chocando contra el metal! ¡Oh, la ovación final para el ganador! En ese momento no pudo evitar preguntarse porqué dos personas se jugarían la vida ahí… ¿Oro? ¿Honor? ¿Diversión? Por ésas y por una miríada de otras razones que sólo los gladiadores conocían. Normalmente era la experiencia. ¿A quién no le gusta la experiencia? Cosas buenas suceden cuando ganas mucha experiencia.

Y por experiencia estaba allí Sindri, leyendo distendidamente un libro de caballerías mientras esperaba que la colosal rejilla se levantara y marcara su turno de salir a escena. En su cara no se notaba el más mínimo atisbo de preocupación y el hecho que tarareara una cancioncita simple de taberna no hacía más que reforzar el aire de jovialidad que lo envolvía. No parecía alguien a punto de entrar en un combate serio ante un público inclemente, precisamente.

¿Por qué debería estar nervioso? Sindri no representaba a nada ni a nadie y estaba allí por voluntad propia. El resultado, ganara o perdiera, le traía sin cuidado puesto que lo más importante para él era el haber participado en el Gran Torneo de Regna Ferox. Oh, pero este “noble sentimiento” no nacía de una recién encontrada paz interior ni de una positividad digna de la moraleja de los cuentecitos para niños de cinco años, no, no. Sino porque el poder de todo estudiante de la Magia Arcana se basaba en el conocimiento. El conocimiento de participar. El conocimiento de ganar. El conocimiento de perder. A la Oscuridad no le importaba de donde provenía el saber adquirido siempre y cuando se consiguiese por el sudor de tu frente. Y el Hechicero sabía bien que una vez este combate acabara habría aprendido algo nuevo, por muy doloroso que fuera. Además, ya había avanzado lo suficiente como para satisfacer el atisbo de ego que tenía.

El sonido desagradable del metal chocando y chirriando fue una vez más su señal para apartar su mirada del apasionante capítulo y guardar su libro a buen recaudo y ajeno de todo mal. Con toda la paciencia del mundo se colocó delante del enorme portón y se bamboleó ligeramente de un lado hacia otro, esperando el momento de hacer aparición ante el público fiel de Regna Ferox.

Con todos ustedes, damas y caballeros… ¡Sindri!

El color morado contrastó con cualquier otro desde el primer momento que puso un pie dentro de la arena. Hacía tiempo que había dejado atrás la ropa insulsa típica de los practicantes iniciales de Magia Arcana para pasar a portar con sumo orgullo unos ropajes dignos de un Hechicero con hache mayúscula.

Lo primero que destacaba era una brillante y larga capa púrpura de Tiro que cubría desde sus hombros hasta sus tobillos hecha de una maravillosa (y cara) seda natural teñida con cuidado bordada con hilo de oro en sus bordes. Tal hermosa manufactura también contaba con una suntuosa capucha que le cubría los ojos ante cualquier tipo de inclemencia climática también decorada con hilos de oro y con un rubí pulido engarzado. Un broche de plata bruñida con un segundo rubí le servía para ceñirse bien la prenda y para atraer la mirada de aquellos que no tenían una reputación que mantener respecto los otros magos. Era conocido por todos que el mejor mago era el que vestía mejor, al fin y al cabo.

Bajo la capa el modista avispado podía ver un grueso jubón de cuero negro de alta calidad, manga larga y corte único que era ajustado por un cinturón oscuro de hebilla plateada también con un rubí pulido y engarzado. Unos pantalones anchos cárdenos sin detalles, pero de factura exquisita, y dos botas resistentes de cuero reforzado marrón y gruesa suela cerraban el Desfile de Moda de Verano 979/980 de Hechicero Masculino perteneciente a alguien que, claramente, había destinado más tiempo a pensar con qué vestirse para el Gran Torneo de Regna Ferox que qué armas usar.

Pero rompiendo el molde, el joven se quitó la capucha y, con una sonrisa radiante, comenzó a saludar efusivamente a la persona que estaba en el extremo opuesto del coliseo haciendo enormes aspavientos con sus brazos seguidos de una reverencia de cortesía – ¡Señorita Alanna! ¡Yuuujuuuu! ¡Hooolaaaaaa! – esa cabellera ni rubia ni castaña que tampoco era ni muy larga, ni muy corta. Esa ropita a la moda clara con multitud de cintas, cinturones y cordeles. Aquellos protectores de sus piernas que, en un primer momento, confundió con botas altas. Esa enorme hacha que no quería que se acercase a él por nada del mundo. ¡No había otra! Incluso en la distancia podía adivinar a la señorita Alanna, su compañera de armas en la lejana isla de Phoenicis. Bueno, ella nunca se había presentado, pero la señorita Corrin había dicho suficientes veces su nombre para que se le quedara en su dura cabeza. Además, el comentarista había apartado cualquier duda de su mente – ¡Qué maravilla encontrarla de nuevo! ¿¡Cómo se encuentra!? ¿¡Qué tal le ha tratado la vida!? ¿¡Lady Corrin y Lady L’Arachel se encuentran bien!? ¡Si las vuelve a ver dígales que les mando recuerdos! – vociferó con voz entusiasmada mientras esperaba que sus palabras llegaran al otro lado de la arena. Por su actitud parecía que el muchacho estaba esperando que alguien trajera una mesa con dos sillas, té y unos pastelitos para que ambos se sentaran a contarse las últimas noticias de Regna Ferox.

¿Así que es usted Custodia? ¡Fantástico! ¿Que conoce a la Familia Real de Ylisse? ¿Y usted, que es noble? ¿Debería dirigirme a usted como Lady Alanna? ¿Hay algún tipo de honorífico especial para los Custodios? – le comentó en una voz un poco más adecuada para lo que tenían entre manos. Ligeramente. Para alguien criado en una corte como Sindri la manera de dirigirse a los demás era de suma importancia, por lo que las preguntas que estaba haciendo tenían mucho peso para él – ¡Es un honor tener la oportunidad luchar contra usted en este torneo! Con una Custodia, nada menos. ¡Qué emoción! – su mano se dirigió automáticamente hacia el Tomo de Nosferatu que había adquirido hace poco, pero su mano se paró a medio camino. Emplear la Magia Arcana contra alguien que había sido tan amable con él como para acompañarle a buscar libros por Phoenicis se le antojaba… rudo. Zafio. Contrario a la decencia y al buen gusto. Movió un poco la mano y sacó el segundo libro de su zurrón, que a continuación dejó pulcramente apoyado contra la pared del túnel de entrada a la arena.

¡Espero que este sea un combate memorable durante generaciones! – el tomo rojizo refulgió con los rayos del sol identificándolo como un Grimorio de Magia de Ánima, un arma atípica de un Hechicero. Un Tomo de Archfire, marginalmente más fácil de encontrar que un Tomo de Magia Arcana cualquiera. Oh, el hecho que no empleara la Magia Arcana era una deferencia hacia la señorita Alanna, pero ni por asomo se le pasó por la cabeza el subestimar las habilidades de la guerrera empleando un tomo cualquiera de magia. Sería la manera más fácil y rápida de encontrarse con el filo de esa hacha en su cuello – ¡Adelante! El público nos espera. – y tras esas palabras abrió el Tomo de Archfire y lo apoyó en su antebrazo. Sonrió cándidamente mientras acariciaba con cariño la página escogida del grimorio de magia y esperaba ávidamente que el responsable del torneo indicara el comienzo del combate.

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Empleo en este combate mi Tomo de Archfire.
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Re: [LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

Mensaje por Alanna el Jue Jun 21, 2018 8:12 am

No había punto de comparación con sus experiencias durante las preliminares. Allí, el único acompañamiento con el que podía contarse era del equipo de árbitros que controlaban los combates, de su adversario en cuestión, y de unos pocos puristas que espectaban nada más que por quedarse con las técnicas de los luchadores. En las primeras fases no había tanto interés al tratarse de unas meras eliminatorias, un simple cribado, para seleccionar a los candidatos más aptos, los que sí tendrían el honor de pisar la gran arena feroxí y de un público digno que no perdería detalle de sus movimientos.

Dignos o no dignos. Nobles y no tan nobles. Eso a Alanna le daba igual cuando el problema que apreció a simple vista no fue “quienes”, sino “cuantos”. Nada más plantar un pie fuera del túnel, un ensordecedor barullo la sobresalto desde todo ángulo posible. Aterrada cual cachorrillo desorientado y con el corazón palpitándole, sus orbes divagan por todos lados y solo encontraba a figuras agitándose y gritando en sus asientos. De pronto, fue como si hubiese atravesado la puerta a otro mundo en el que reinaba el espectáculo, el afán, y la lujuria. En donde ella era la protagonista de una obra dantesca, y decenas de miradas por parte de un público hambriento se clavaban sobre su persona.

No se había sentido tan minúscula en su vida.

Oh, pero no sería la única protagonista. Su mente pronto le recordó que en aquel escenario compartiría sitio con alguien más. Como una pareja de baile, pero con la que debutaría para llevar a cabo una danza macabra al son del choque entre metales y de un sinfín de gritos. Fue percatarse de que la reja del túnel opuesto al suyo se abrió y que el clamor de los espectadores se ensordeciese un poquito en sus oídos. Alanna se quedó clavada en el sitio, con los músculos tensos y a la espera de ver emerger al que sería su contrincante en aquel mar de locura. Auguró que los sucesos de las preliminares volverían a repetirse y que se le presentaría en sus narices otra montaña de músculos, solo que más astuta, mejor preparada, y mucho peor que a las que se había enfrentado.

Por eso se quedó tan desconcertada cuando vio a aquella figura de tonos purpúreos salir a escena. Ni muy alta, ni muy fornida. O al menos, eso era lo que aparentaba bajo el manto que formaban su capucha y capa respectivamente. Un conjunto que le llamó en especial no por los colores, sino porque sus años como miembro de la nobleza la advirtieron que las telas en cuestión no eran las típicas que podías encontrarte en un mercadillo local. Parecía ser que a alguien no le faltaba osadía por traerse unas piezas tan caras y delicadas a una arena de combate. Le hubiese dedicado un aplauso velado por ello, pero su mente se puso a rumiar en otro detalle.

«¿"Sindri"?». Alanna se quedó un buen rato con el gesto de la boca torcido. Le sonaba. Le quería sonar, y mucho. Pero molesta consigo misma, no conseguía recordar de qué. No es que ello fuese un problema, porque antes de poder seguir dándole más vueltas, advirtió que el individuo en cuestión le estaba agitando los brazos con efusividad. A ella, sí. Porque de no ser así no hubiese gritado su nombre a viva voz.

Su capucha se bajó para revelar su identidad, y poco después, Alanna sintió como si le hubiesen derramado un jarro de agua helada. —Oh, dioses míos… —Recordaba el lila de su cabello. Recordaba esa actitud dicharachera. También recordaba la magia oscura. Y, por supuesto, también recordaba esa irremediable falta de urgencia ante la adversidad. ¿Cómo poder olvidar a aquel hechicero con el que cruzo caminos en sus desventuras por el archipiélago al sur de Tellius? Al menos, Sindri sí que se acordaba de ella, haciendo gala de la actitud propia de un niño que se topaba con su ídolo. Hubiese sido hasta enternecedor de no ser porque el muchacho ya tenía una edad, y que hasta un niño sería menos cargante que él. ¡Por Naga! ¡¿Pero por qué la estaba atosigando con tantas preguntas?! Para mayor escarnio, cada cual más comprometedora que la anterior. —¿P-p-pero que hacéis vos…? ¡¿Qué?! ¡No, dioses! ¡Nada de honoríficos! —Agobiada ante la andanada interminable de cuestiones, Alanna extendió las manos en frente en un desesperado intento por frenar la curiosidad del brujo. Para entonces, y con los nervios a flor de piel que ya traía de antes, estaba al borde de padecer un ataque de ansiedad. Sería el final más patético y lamentable de la historia, ¿verdad? Una Custodia vencida por la lengua sin control de su adversario, y antes de que comenzase el combate.

Y hablando del combate… La presencia de Sindri no solo le había roto los esquemas a nivel personal. ¿Era buen momento para cerciorarse de que no sería una lucha de contacto directo, sino de ella contra un lanzador de conjuros que no necesitaba acercársele para ser eficaz? Su hacha contra la maldita Magia Oscura. Maravilloso. Estuvo tentada por poner el grito en el cielo, pero solo conseguiría que el clamor del público se lo tragase y quedase en nada. Lo único que pudo hacer es observar con el estómago retorciéndosele cómo Sindri sacaba de su bolso uno de sus endemoniados…

Enarcó una ceja. No. Algo no le cuadraba con el libro que sacó el chico. Eso no podía ser un grimorio de Magia Oscura. Sería la persona más inepta en lo referente al mundo de la magia, pero ya había visto antes aquella cubierta en los libros que empleaban los aprendices de mago en la casa real de Ylisse. De un tono bermejo tan intenso que su similitud con el fuego era hasta irónica. Pues bien, por cualquier motivo, Sindri había decidido que lucharía usando la Magia de Ánima, lo cual Alanna no sabía cómo tomárselo. ¿Debía sentirse indignada por una supuesta infravaloración? ¿O aliviada de que su rival no fuese la oscuridad?

Fuera como fuese, Sindri estaba convencido de que buscaba un combate memorable por parte de ambos. ¿O tal vez su entusiasmo era sorna camuflada? La verdad es que era muy complicado comprender lo que quería con esa actitud tan estrambótica. Pero bueno, la Custodia no tenía ningún motivo que la pusiese en contra de quien les cubrió las espaldas en una isla infestada de emergidos. Tal vez debía ponerse en un punto de vista más optimista: conocía a su rival… en parte, y él a ella. Conocía de lo que era capaz con un grimorio, aunque no fuese a usar su especialidad. Y aunque no la hacía ni pizca exponerse a una ola de llamas, se debía a que su experiencia contra la magia era nula. Tarde o temprano debía prepararse para confrontar a magos.

El árbitro se dispuso a dar la señal en cualquier momento. Puesto que su rival ya tenía la página de su grimorio lista, ella no debía ser menos a la llamada de la batalla. Agarró el pomo de su hacha y se la descolgó de la cintura con un rápido movimiento de muñeca que la hizo rotar. Irguió la espalda y adoptó una postura solemne, digna de todos esos batalladores que leyó en las historias cuando era una niña. —Sea, pues. Es mi obligación como miembro de los Custodios dar ejemplo. —¿Se le había subido un pelín a la cabeza su cargo? Puede. Pero como mecanismo de defensa para no dejarse llevar por ansias era efectivo. ¡Y qué demonios! ¿No quería el príncipe Chrom que diese ejemplo como tal?

Y la batalla comenzó. Alanna no se lo pensó mucho en tomar la decisión de salir despedida cual flecha contra Sindri, con el hacha en ristre y siguiendo un trayecto en forma de arco para convertirse en un blanco tan fácil. Tampoco es que hubiese mucho que planear; ¿dejar a un mago libre albedrío para que preparase sus conjuros? Oh, no. De eso nada. Había una vasta diferencia entre un arquero y un conjurador, pero ambos seguían un patrón similar: cargar. Apuntar. Disparar. Todo dependería de cuán rápido era su contrincante conjurando llamas con el tiempo en su contra y su puntería contra objetivos móviles.
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Re: [LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

Mensaje por Sindri Ayer a las 5:22 pm

¡Ahahahaha! ¡Relájese! ¡Relájese! Tan sólo estoy bromeando, señorita Alanna. – el Hechicero llevó la mano libre que le quedaba adelante, casi como un ofrecimiento de paz ante la mujer que parecía tan y tan tensa. ¿Cuál era el problema? Aquel no era el fin del mundo, sólo era un juego. Como saltar a la comba o jugar al ajedrez con sus compañeros bibliotecarios. Vale, había un poquitín más de audiencia que unos pocos septuagenarios medio dormidos, pero tampoco había tanta diferencia… – ¿Que qué hago aquí? Pues mire esa es una laaaaaarga historia que seguramente no sea entretenida de escuchar aquí y ahora. Si quiere que compartamos historias quizá podemos tomar algo luego fuera de este estadio. Hay una paradita aquí al lado que vende un té frío que no está nada mal… – se perdió en el tren de sus pensamientos durante unos momentos, recordando la ingente cantidad de alimentos y bebidas frías que había tenido que consumir durante su estancia en Regna Ferox. No era un lugar tan malo como, digamos, el desierto de Hatari, pero para cualquier habitante de Ilia se le hacía difícil atemperarse a cualquier lugar con un verano suave – Mis disculpas, no quería ofenderla con mis palabras. Sólo que los nobles suelen querer relacionarse con los nobles y tenía entendido que los Custodios solían ser miembros de casas nobles. ¿Me equivoco acaso? – el muchacho ladeó la cabeza ligeramente con un semblante un poquito confuso. Si bien era cierto que no había hecho una enorme investigación sobre los Custodios sí que le sonaba que era un grupo que contaba con muchos nobles de Ylisse. Obviamente la información era… poco fidedigna, pero era la única con la que contaba a día de hoy.

Tras escuchar las siguientes palabras de la muchacha, Sindri no pudo sino incrementar su sonrisa exponencialmente. Se llevó las manos (y, por fuerza, el libro) detrás suyo y se inclinó un poco hacia delante, casi como si quisiera hablar más de tú a tú con la mujer del hacha. Con una voz melosa entonó con una pequeña cantinela – ¿Dar ejemplo de qué, señorita Alanna? – no pudo evitar preguntarlo. De veras que no pudo. No estaba burlándose, su tono inquisitivo mostraba respeto y comprensión, pero por nada del mundo pudo retener aquella pregunta. ¿Ejemplo de combate? ¿De cómo se hacen las cosas? ¿De lo que los Custodios pueden hacer? – Seguramente debe ser algo decepcionante para un miembro de los Custodios el luchar contra un… donnadie. Uno que no lucha ni por nada ni por nadie en especial, ¿cierto? ¿Quizá alguien más noble o importante hubiera sido mejor para el ejemplo? ¿Un combate más épico y novelesco? – la verdad era que Sindri era tan noble como un noble pudiera ser, solo que no estaba en ninguna posición para hacer valer su autoridad. Respecto su importancia… no era más que un bibliotecario de un reino invadido. Un Hechicero sin hogar ni residencia. Pero un Hechicero al fin y al cabo, por lo que… – Pero espero ser un contrincante aceptable para una Custodia de todos modos.

Y entonces el combate comenzó.

OST para el combate:

La mujer había comenzado a correr hacia él. Pero, ¿Quizá se había precipitado? ¿Estaba subestimando sus habilidades como lanzador de conjuros? No, la curva que estaba trazando con su trayectoria respondía al hecho que quería hacerse lo más difícil de golpear posible. Un hechizo completamente fallido le otorgaría a la hachera una oportunidad de lujo de cercenarle el brazo. O tal vez los dos, así no podría aguantar el libro. Bueno, podría hacerlo con las piernas o con la boca… no, con la boca no, necesitaba poder hablar bien o si no la magia no le haría ni el más mínimo caso. Sindri reflexionó unos instantes mientras volvía a su posición original. Seguramente contaba con que, como mago, necesitaría un buen tiempo para cargar un hechizo y que tendría serios problemas para apuntar algo que se estuviera moviendo a alta velocidad. Lo que era, reconozcámoslo, un pensamiento completamente correcto y que resumía las desventajas de los magos ante las armas cuerpo a cuerpo.

Pero Sindri no era un mago. Era un Hechicero. Estirando el brazo derecho hacia un lado con aires un poco dramáticos, comenzó a concentrar Magia de Ánima en la palma de la mano. El Tomo de Archfire comenzó a vibrar suavemente y las palabras escritas en sus páginas se encendieron como si la tinta misma hubiera estallado en llamas. Si bien era cierto que un mago necesitaba tiempo para encantar un hechizo, también era igualmente cierto que el tiempo se basaba en el tipo de magia que uno empleaba. La Magia Arcana era antigua y pesada, por lo que requería de ritos y de tiempo para encaminarla hacia su enemigo… ¿Pero la Magia de Ánima? La Magia de Ánima era liviana como una pluma y tan fácil de conducir como una mansa ovejita que volvía a su redil para irse a dormir. Tal vez se debía más a que él era un Mago Arcano y su manera de canalizar la Magia de Ánima se podía simplificar en “hazme caso o se lo diré a mi mamá a la Oscuridad”. Y los espíritus arcanos harían casi cualquier cosa antes enfrentarse a los Poderes Más Oscuros de este mundo.

Unos momentos después una bola de fuego compacta giraba sobre su eje unos centímetros sobre su mano. Un orbe llameante con una superficie perfectamente lisa y brillante que tenía más parecidos con una canica que con un ataque de magia de fuego, aunque era bastante bonita de seguir con la mirada . Trató de calcular un poco la trayectoria de la guerrera, que ya estaba comenzando a acercarse demasiado para su gusto y, una vez eligió su destino, estiró el brazo señalando el lugar escogido – Veamos cómo se me da a mí esto... – la esferita salió disparada hacia el lugar donde la mujer estaría si seguía corriendo sin ninguna variación… algo en lo que no creía mucho el Hechicero, ya que dudaba que Alanna tuviera los reflejos de un topo adormilado y sordo.

Pero la puntería no era 100% necesaria en aquel caso.

En el mismísimo instante que aquella esferita golpeó el polvoriento suelo se desintegró y liberó el verdadero poder del hechizo de Archfire en un abrir y cerrar de ojos. Una verdadera columna ancha de fuego devastador hizo erupción en el coliseo de Regna Ferox, elevándose varios metros hacia el cielo y tiñendo el escenario de naranja mientras duró. “Ooooh”, “Aaaah” y “¡Mis cejas, maldito mago idiota!” fueron frases coreadas por la audiencia durante unos deliciosos momentos en los que Sindri se sintió el centro de todas las miradas… o al menos lo sería cuando su ceguera momentánea hubiera pasado. Con cierto orgullo, el muchacho observó la hermosa y relajante pared cilíndrica de fuego que esperaba que le diera algo más de tiempo para pensar en una buena estrategia contra alguien que portaba en sus manos algo que podría hacer acabar el combate de un golpe.

Pero dudaba muchísimo que un mero hechizo de Archfire sirviera para disuadir a la mujer de practicar sus dotes de leñadora con su torso, por lo que esperando que la torre ígnea fuera defensa suficiente comenzó a moverse hacia la izquierda resiguiendo la pared de la arena sin decir ni mu. ¿Quizá podía confiar en que el fuego dificultaría la visión de la mujer momentáneamente? No es que el hechizo durara muchísimo tiempo… de hecho estaba a punto de desaparecer ya. Por si acaso comenzó a cargar otro hechizo en su mano derecha mientras por su frente comenzó a correr un sudor frío.
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Re: [LotA] Alanna vs Sindri [Ronda 1]

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